Hace ya bastantes años, tenía una colega que, por algún absurdo motivo (como casi todo lo que hacía esta tipa, para qué nos vamos a engañar), se le puso en su santo pepe que me tenía que buscar pareja. Así, por cojones. Sin pedirme mi opinión, con calzador y por el morro. De estas cosas que, amablemente, como que rechazas... no por otra cosa, sino porque el criterio de los demás no suele coincidir con el tuyo, y el de esta tía en concreto a la hora de echarte a alguien como si fueras un perro de raza era tirando a "particular" (por no decir que carecía de él).
Recuerdo que en una de sus mil intentonas de hacer que me aparease con alguien llegó a soltar "Es que te veo muy solo", como si eso fuese sinónimo del peor de los males. Como si, amigos Distópicos, eso de la soltería fuese algo peor que la puta Peste Bubónica o como la lepra.
No deja de ser curioso el hecho de que, al menos, esta moza tenía la costumbre de aplicar ese criterio de mierda para sí misma y, en el momento en que se quedó soltera, se empezó a ver con una legión de capullos tan grande que te quedabas cuajado. Eso sí, sola no se quedaba, la tía, no...
Es precisamente esta clase de cosas la que te hacen pensar en cómo funciona la sociedad, así en general. Porque el pensamiento de esta examiga (por muy descabelladas que fuesen sus actuaciones sobre mi sacrosanta vida personal, en la que por lo general, no dejo que se meta ni Cristo) no es en absoluto algo aislado. Es más, si me permitís, diría que es hasta frecuente, pese a que no he hecho un estudio estadístico que avale mi tesis.
Llamadlo elucubración de índole personal, si queréis.
O que me lo he sacado del sobaco, que tampoco sería tan raro.
El caso es que si nos ponemos a verlo, la sociedad tiende a imponer ciertos patrones de conducta en el individuo. Más o menos sutiles, pero no por ello menos existentes: en este mundo parece ser que o encuentra a alguien con quien compartir el resto de tu vida o, en el momento en que superas la barrera de los treinta ya te empiezan a mirar raro. Esa edad curiosa en la que, poco a poco, tus amigos de toda la vida se van casando o incluso formando una familia y tú empiezas a tirar hacia otros derroteros; más concretamente, pasando de echar raíces porque, cojones, no has encontrado a nadie que medio merezca la pena. Y para perder el tiempo y pasar una temporada como un desgraciado porque estás compartiendo tu vida con alguien que, en el fondo, no te interesa, pues como que no. Porque aparte de hacerte tú mismo la puñeta y amargarte, lo que estás es "alegrándole" la existencia a alguien que lo mismo ni se merece verte todo el puto día con la jeta colgando.
También puede pasar que, habiendo conocido toda una colección de arpías y mozas menos fiable que Caracuero en la sección de jardinería del Leroy Merlín mirando motosierras, tu instinto de autoconservación te diga que oye, para que te hagan la puñeta y te toquen la moral de mala manera, pasando. Que para que otros te toquen los cojones, pues te los tocas tú, que al menos sabes cómo hacerlo para que no se te inflamen.
Claro que todos pasamos por esa etapa masoca en nuestra vida en que vemos un espantajo en este plan y encima decimos: "No, qué va, no puede ser tan malo".
Qué risas nos echamos cuando nos damos cuenta de lo mucho que nos habíamos equivocado.
Era PEOR.
Aquí supongo que soy el tío raro, pero no creo que esto sea tan difícil de entender; si os soy sincero, más me cuesta pillarle el punto a filosofías como "Pues mejor estar con alguien que estar solo", "La soledad es muy mala y hay que evitarla a toda costa" o "Estoy con tal porque no había otra cosa y no me iba a quedar para vestir santos".
Dicho de otro modo y, como he visto en unos cuantos casos, lo que se llama "Agarrarse desesperadamente a un puto clavo ardiendo para que no señalen por la calle como 'solterón'".
Eso es echarle cojones al tema, colegas.
No es el primer caso de gente que he conocido que se ha liado a sabiendas (y muy sabiendas) con gente que sabían que les iba a hacer la puñeta en Tecnicolor pero que, pese a ello, han ido cual corderitos al matadero. Porque mejor mal acompañado que solo. A esos mismos luego me ha tocado escucharlos con discursos a lo Maldito Hipogrifo, lamentándose de lo mísera que es su existencia, de lo crueles que son los Hados y del Destino, que tiene más mala leche que un heavy cabreado en el concierto de homenaje a los Backstreet Boys.
Y te tienes que reír, porque sabes que esa gente te ha llegado a mirar con condescendencia, en plan "Sí, este tío es soltero, no se come un rosco". "Qué raro que es, que no se cepilla a la primera que se le pone por delante".
Porque claro, en esta vida ya no cuenta con quién salgas o dejes de salir, con quién te relaciones y demás: al parecer tienes que contarlo a los cuatro vientos, pregonarlo en plan "Mirad el éxito que tengo con el sexo opuesto, chavales, envidiadme" y hacer gala de tu hombría como si estuviésemos de nuevo en la puta era de las cavernas. En el momento en que te sales de esa especie de vorágine de macherío, en el momento en que te planteas el simple hecho de que no tienes por qué demostrarle nada a nadie ni a su puta madre, es el momento en que ya pasas a la vía muerta de la sociedad. El momento en que, voluntariamente o no, eres visto de forma diferente a cualquiera de los demás.
Más gracioso es el hecho en el que dejas claro que te pasas por el forro de los cojones lo que piensen de ti.
Ese momento es quizás un momento de epifanía, en el que te pones a pensar que, ya que no tienes que dar explicaciones a nadie de lo que haces con tu puta vida (porque para eso es tuya y no suya), tampoco tienes por qué darle entrada libre al primer subnormal que pase. Es entonces cuando mucha gente, no sin cierta parte de razón, piensa que eres un solitario porque eres demasiado exigente.
Para mí "demasiado" es un adjetivo quizás desafortunado.
Yo soy más de pensar que se es exigente porque ya se ha topado uno con una caterva de desgraciados (y desgraciadas, aquí ya no solo incluimos el concepto de pareja, podemos hablar de amistad, compañerismo y todo lo que incluya a las relaciones humanas) tan grande que se permite reservarse el derecho de admisión.
Si vas a tocar los cojones, no entres.
Si vas a dedicarte a meterte donde no te llaman, vete a tomar por culo.
Si tu rollo son las puñaladas traperas, las mentiras, el chantaje emocional, la manipulación y otras lindezas dignas de las SS, lo sentimos. El gilipollas sin dignidad con el que intenta contactar está apagado o fuera de cobertura. Si el problema persiste, búsquese usted a su puta madre y deje de dar por culo, gracias.
Díselo al dedo.
Es interesante este hecho que, para mí no deja de ser un ejercicio de coherencia, para muchos es una especie de muestra de excentricidad. Con actitudes en este plan es fácil que se te catalogue a toda velocidad como rencoroso, huraño o simplemente raro. Todo porque algunos no soportamos chorradas. Porque estamos ya un poco hasta los huevos de tener que soportarle payasadas al prójimo, que ya los tenemos negros de peludos y no está el patio como para perder el tiempo con gilipolleces.
Qué raro es uno porque no le baila el agua a yo no sé quién. Que no quiere ni arrimarse a tal tía que hace años le hizo la puñeta y ahora es agua pasada.
Mis cojones, agua pasada. Yo seré un rencoroso, pero si alguien me hace la puñeta y no me ha dado una explicación en su puta vida, por mí se puede ir a hacer gárgaras. Y si me las ha dado y lo único que escucho son polladas del tipo "No sabía lo que hacía", ración doble de gárgaras, que uno no se ha caído de una higuera y sabe que existe gente tan rematadamente hija de puta que te hacen las putadas solo porque saben que no has echado la suficiente mala baba para defenderte. Pero luego pasa que, a fuerza de hostias, espabilas y les enseñas los dientes. Y oye, ahora todo son disculpas, todo son arrepentimientos y todo son ganas de comerte el rabo.
Valientes ganas de tomar a uno por subnormal, coño.
Supongo que, aparte de por mis miedos personales (no estoy diciendo nada que no sorprenda a nadie, puesto que todos tenemos miedos sociales de un tipo u otro) que no mencionaré aquí, este tipo de planteamientos son los que me hacen reafirmarme en mi actitud. Seré un cínico y no lo niego, pero qué queréis que os diga: estoy hasta los mismísimos cojones de gente que no merece la pena. De ver cómo el personal se aprovecha de uno hasta sacarle la misma médula, envenenándote con su toxicidad y meándose en tus restos. Un desfile de criaturas patéticas que lo único que aportan a tu vida es una terrible sensación de pérdida de tiempo. De haber derrochado tus energías con gente que, aunque pueda sonar soberbio (me la sopla el que lo piense), no se merece la compañía de uno. De gente que en realidad lo que ha hecho ha sido la política del embudo, quedándose la parte ancha y dándote a ti la estrecha, arrebatándote todo lo que puede y no dándote ni una puta migaja.
Y dices tú, qué fácil es hablar. Qué pequeños se ven los toros desde la barrera, ¿a que sí?
Mis cojones untados en manteca.
Para llegar a este tipo de conclusiones no te imaginas la de hostias que te has tenido que comer. La de puñaladas traperas, putadas y decepciones que has tenido que llevarte. La de desengaños, malos tragos y episodios de mala leche que te dan ganas de volverte verde y empezar a arrearle hostias a tanques y helicópteros hasta que no quede un puto bicho viviente sobre la faz de la tierra. Para que acabes tan hasta los huevos de la humanidad, créeme: te han tenido que calentar mucho la cabeza, porque en el fondo, la mayoría tenemos bastante mecha. Bastante fe, si quieres. Fe, pensando que igual los que nos rodean no son tan hijos de puta; que gente en la que depositamos nuestra confianza, nuestro cariño incluso, no nos la van a jugar... y si lo hacen, igual es que ha sido a causa de un error.
No podemos ser más imbéciles cuando pensamos eso.
No podemos ser más ingenuos.
Hay putadas que, en el momento en que pasa un poco de tiempo, te das cuenta de que no son a causa de malentendidos ni equivocaciones. Ni siquiera son la clase de cosas que cometa alguien "porque no sabía lo que hacía". No seamos cándidos, amigos Distópicos: según qué ofensas jamás pueden ser cometidas por error, y desde luego eso ya hace que el concepto de "perdonable" sea, como poco, discutible.
"Y aquí es donde acaban las gilipolleces y empiezo YO".
Así pasa, que mientras te están jodiendo la existencia, aquí nadie recapacita. Nadie se plantea que te está haciendo la puñeta y, si lo hace (ya he hablado de la no-inconsciencia de este tipo de cabronadas) lo normal son justificaciones del tipo "En realidad lo hago por ti" o "No espero que lo entiendas, pero yo es que soy así".
Qué bonito todo, qué puta preciosidad. Te estoy jodiendo y como no tienes fuerzas para revolverte, pues ahí sigo hasta que revientes, soplapollas de mierda.
Ahora, ¿qué pasa en ese momento en que dices "Hasta aquí hemos llegado"?
Que toda esa estirpe de malnacidos se caga en los pantalones. Es ahora -JUSTO AHORA- cuando "recapacitan", ¡Oh, sopresa! ¡Oh, milagro! Tienes que amenazar con arrancarles la puta garganta de una dentellada para que se den cuenta de que eres un puto ser humano al que han estado jodiendo al gusto y sin más motivo que echar el rato. O simplemente lo estaban haciendo y, más que disfrutar (no todo hijoputa es necesariamente un sádico), es que les importaba tres leches.
Claro, en el momento en que los mandas a tomar por donde amargan los pepinos vienen las lanzadas de balones fuera. Ni el puto Michael Jordan, colegas. Aquí es cuando surgen todo tipo de epítetos del tipo "Eres un rencoroso", "No veas cómo te pones" y demás.
Eso o el colmo de lo miserable, que es hacerse la víctima y venirte lloriqueando a moco tendido, arrastrándose en plan babosa y pidiendo perdón por todas las putadas que te han hecho. Claro que sí, ahora que te has dado cuenta de la gente se puede hartar de tus mierdas es cuando viene el perdón, no antes. Qué bonito está eso de pedir perdón una vez has hecho TODAS las putadas de las que has sido perfectamente consciente durante años.
Qué rencorosos y qué malas personas somos los demás cuando, habida cuenta de que eras perfectamente consciente de tu hijoputismo redomado (y a veces hasta admitido) y de que te daba igual joder al prójimo, te ponen en tu sitio y te mandan a la mierda, que es el lugar al que perteneces. Cómo debe joder cuando te dicen que ahora te va a perdonar tu puta madre y que te metas las disculpas por el culo porque ya no valen.
Ja.
Así pasa, que (dialécticamente) empalarías a todos estos cabrones y encima tú eres el malo malísimo.
Eres el puto mal.
Supongo que por eso es por lo que, en grandes rasgos, se suele decir (no sin falta de razón, tengo que admitirlo) que tiendo a echar a la mayoría de la gente de mi lado. Que llevo el cartel de "No pasar" tatuado en la frente. Ante esto, creo que negar según qué evidencias sería ridículo por mi parte, por no decir hipócrita; como mucho, haría un matiz: más que un cartel de "No pasar" es "Vete a joder a otra parte". Parece lo mismo, pero la diferencia, aunque sutil, es importante.
Quizás este tipo de actitudes que me he encontrado (y que tampoco he querido detallar demasiado) son las que, en cierto modo, han ido conformando la actitud cínica que muchos achacáis. No voy a entrar en si es una pose, como probablemente pensará más de uno... más que nada porque ya os he dicho lo que pienso de tener que demostrarle nada a nadie y, al final, aquí cada uno acaba abrazando la verdad que más gordo le pone el rabo, con lo cual pasando. La cosa es que, bueno... soy de esa extraña clase de personas que se han acabado hartando. Que han acabado por cansarse de ese circo que son las relaciones humanas. De que te digan "Tienes edad de estar con alguien, da igual si lo necesitas o no, es lo que se espera de ti". De que tengas que actuar como se espera que actúes. Que tengas que bailar al son de doscientos millones de subnormales sin vida propia que se permiten el lujo de opinar sobre tu vida como si tuviesen algún tipo de dispensa moral, como si fuesen tus gurús o como si fuesen el puto Dios de Dioses. Que tengas que soportar una infinidad de payasadas que, a decir verdad, no te interesa oír porque te importan de "poco" a "una puta mierda". Que haya todo un regimiento de mendrugos que no se hayan enterado de que es preferible vestir santos a desvestir gilipollas.
Y ahora venís a por otra.
Y con esto, quiero que quede claro que este no es un discurso de abjuración en lo más mínimo ni un caso de "De este agua no beberé", porque nunca se sabe lo que se encontrará uno mañana y es una imbecilidad como un piano hablar por un futuro que no ha llegado aún.
Tampoco es una especie de cántico en plan "Molo porque soy un solitario, besad el cuero de mis botas". Hacer apología de la vida que se ha encontrado uno, a mi juicio, es tan ridículo como formar un Frente de Liberación de Personas Con los Ojos Azules y organizar caravanas del Día del Orgullo de Gente con los Ojos Azules. Somos lo que somos y no necesitamos ir con banderitas ni chapas ni hostias ni slogans que demuestren nada a nadie.
En realidad, me gusta más pensar que es una forma de trazar la línea, nada más. De marcar la diferencia ante gente como la examiga que comentaba al principio del artículo, de esa que podía tener "buenas intenciones"; pero que en realidad lo que hacía era meterse donde nadie la había llamado y (creedme) de meterte en más de un aprieto "por tu bien".De dejar claro que las explicaciones se las doy a quien me sale a mí de los huevos, cuando me sale de los huevos y SI me sale de los huevos. Que no tener pareja, a ver si nos enteramos de una puta vez, no es ni mejor ni peor que tenerla (viendo la cantidad de gente que veo que está hasta los huevos de la suya, que no me vengan con monsergas) y que a ver si nos dejamos de señalar con el dedo a aquellos que no hemos encontrado a nadie con quien compartir nuestra vida y de hacer juicios de valor de portera marujona.
Viendo cómo está la alarmante proporción de soplapollas en esta humanidad de asco, es posible que lo que nos pase es que estemos desarrollando sentido común.




8 comentarios:
Bueno... esto lo podría haber escrito yo también. Sólo que con menos vulgaridades y añadiendo el rollo de tener la edad que tengo y haber renunciado a cualquier idea de tener hijos. Como máximo, sólo me preocupa la idea de vivir sola, tener un accidente doméstico y que me encuentren al cabo de una semana debido a la peste, medio devorada por el gato (porque seguro siempre tendré aunque sea un gato).
Yo también podría haber escrito esta entrada hace poco más de tres años, si acaso con menos diatribas contra hijoputas varios (no porque no me haya cruzado con ellos, sino porque soy mucho más pava y muchas veces no me entero de cuando me han hecho una putadita, o directamente ni se molestan en hacérmela porque se ve que ni para ellos valgo la pena :P). Pero en cuanto a vivir solo o emparejado, estoy de acuerdo al cien por cien. Yo he tenido la suerte de encontrarme con alguien con quien compartir mi vida a gusto porque realmente quiero estar con él y él conmigo, pero si no, pues oye, habría seguido como estaba, porque también he sido siempre de la opinión de "mejor solo que mal acompañado". Pero la gente es muuuuy pesada, en parte porque sospecho que no tienen vida propia, o muy poquita, y la presión social es muy grande. Se nota a todos los niveles: cuando vas de viaje sale más cara la habitación de hotel, en los restaurantes es más difícil cuadrar números impares de comensales, todas las invitaciones a eventos son por parejas... Dan por sentado que lo normal es que tengas pareja. Y lo es pero por pura presión numérica, qué leche. Mira que estoy feliz con Carlos, pero estoy contigo en que, cuando la gente se empiece a dar cuenta de verdad que es mejor estar solo que con alguien que te amarga la vida, el número de gente que vive sola (o compartiendo casa con familia o amigos porque no pueden permitirse económicamente vivir solos, pero que al menos conviven con alguien de confianza) va a aumentar exponencialmente. En ciudades como Nueva York o París ya pasa desde hace años. Aquí somos más lentos para ese tipo de cambios, pero todo llegará. Es el cambio de una sociedad más tradicional, basada en el grupo, a otra más individualista. No digo que sea perfecta, todo tiene sus ventajas e inconvenientes (como dice Gissel, te arriesgas más a que te encuentren muerta al cabo de varios días en tu piso :P), pero si la soledad es elegida nadie tiene por qué meterse en ello.
Toda la razón, señoritas. En esos inconvenientes que mencionáis que vienen a ser trabas para solteros (lo de la habitación del hotel lo he experimentado recientemente, por cierto) no había entrado porque no me había puesto a darle vueltas, pero es algo cierto como una hostia en la cara.
Yo tampoco creo que una sociedad individualista sea perfecta, pero sí es cierto que a veces se imponen cambios basados en las necesidades (o en la falta de ellas) a los que nos resistimos a creer, simplemente porque es lo que se nos viene diciendo desde hace años...
Yo cuando cumplí los treinta también tuve una época con una "amiga con buenas intenciones" que resultó muy agobiante, pero sé que no lo hacía con mala intención, quería ayudarme. Ahora ya me dejan más tranquila y me hablan más como con pena. "que no te has casado, pobrecita", me dijeron una vez xDDDDDDD Lo que dice Gissel de renunciar a tener hijos es quizás lo más duro, que si lo pienso, en realidad no es que quiera tenerlos, pero es una posibilidad que se te cierra y que los chicos siempre tenéis.
Bueno, tú sabes que estoy felizmente emparejada y blablabla... Pero en el tiempo que estuve soltera (desde que corté con mi ex hasta que empezamos Ximo y yo) sí noté parte de esa presión, no tan fuerte como podrías tenerla tú, pero sí noté que muchos colegas me "emparejaban" con algunos amigos y otros aprovecharon para tirarme los tejos descaradamente. Como si tuviera que elegir corriendo a alguno, algo así.
A mí ese tipo de cosas me da asco. He tenido suerte, pero si no hubiese aparecido Ximo y estuviera ahora sola tampoco se acabaría el mundo. Siempre he dicho y lo he mantenido que mejor sola que mal acompañada, así que eso.
Bueno, yo en el tema de tener críos la verdad es que ni tengo ni prisa ni ganas. No puede decirse que tenga un instinto paternal especialmente acusado, con lo que eso de perpetuar mi especie, pues como que no me entusiasma.
Sí, eso es otro detalle que me he dejado en el tintero: asociar "sin pareja" con "disponible". A veces se está soltero precisamente porque no se está disponible :D
Soy Caótica!
No puedo estar más de acuerdo contigo, prefiero vestir santos que desvestir gilipollas (ya llevo alguno) y aunque soy una yonky del amor, créeme que no me supone ningún trauma estar soltera, es más mi anterior relación (la única duradera) vino un poco así, por imposición social y al final yo le veia como mi compi de piso y amigo, le apreciaba pero pasión 0, así que para eso o encontrarte con capullazos pues mejor, muchisimo mejor la soledad de mi querido hogar, donde también tengo el cartel de "vete a joder a otro" y es mi rincón a compartir con las pocas buenas amigas que me entienden y no me juzgan, porque pienso lo mismo, nadie es digno de entrar en mi vida sin mi invitación previa (me marché muy joven del pueblo porque el deporte local eran la envidia, la crítica, el acuchillamiento por la espalda y el odio visceral) así que sí, soltera y con 31, pero me da igual lo que piensen de mi, en cambio otros hacen cosas como casarse o tener hijos no por voluntad propia sino para contentar a la familía, a los amigos, a los amigos de los padres, al jefe, etc. no paso por ese haro y sí, sigo siendo una yonky del amor, de la predestinación pero dudo mucho que él y yo nos encontremos en ésta vida, bueno esperaré a la próxima...
Buen post!!! te quedarías de lo más liviano, jajaja
Jajajajaaja nada que añadir a tu disertación, Caótica, porque creo que lo has dejado todo muy claro.
Sí, como en cada entrada de las mías, me he quedado de lo más a gusto ^^
Publicar un comentario