Hará cosa de unos días, creo que hace casi una semanita o así, me llegó el enlace de una escritora a la que conozco tangencialmente comentando que el mundillo le estaba causando una vergüenza ajena tan grande que casi le daba cosa decir que se dedicaba a esto. Palabras duras, muy duras, dirigidas a un caso concreto en el que no tengo intención alguna de entrar ni dar mi opinión, sea buena o mala. Me quedo más con el fondo de lo que estaba diciendo más allá de esto.
Y sobre todo, de lo corta que se quedó.
Venga, sí, ya seguro que iréis a decirme que estoy pesado con el tema... y lo peor es que es verdad: tengo que decir, por enésima vez, que yo también ando muy asqueado de esa gente a la que he considerado compañeros en esto de las letras. No porque me hayan hecho a mí nada en concreto (que yo sepa no, o no más que a cualquiera), sino por esa vergüenza ajena que menciona esta autora. Por esa política de patio de colegio, todo ese desfile de mentiras, medias verdades y verdades veladas de las que nos vamos enterando. De ese juego de poder de poca monta, donde el ego convierte a gente que no creo que llegase a ser mala persona antes de entrar en esta especie de república en decadencia en personajes irreconocibles. Harto de ver cómo gente se pone buena cara entre sí y a la primera de cambio se lanza puñaladas traperas al hígado.
No voy a dar nombres, porque lamentablemente esto es un caso generalizado. Se ve con tanta frecuencia que tal persona llame "perro judío" a otra y que a las veinticuatro horas (o menos) se empiecen a practicar felaciones dialécticas, etiquetándose en fotos o (capaces son) hasta yéndose de putas e invitándose a mamadas que llega un punto en que te ríes por no llorar. Es un panorama tan surrealista que empiezas cabreándote; luego simplemente alucinas, y por último acabas por encoger los hombros y darlo por normal.
Y eso es lo triste, que se está convirtiendo en algo normal. Tanto que ya forma parte de la existencia de este mundillo. Lo que en cristiano viene siendo el absurdo padre.
Tan a lo bestia está el patio que pasas unos días en Valencia y conoces a gente a la que te hacía mucha ilusión y empiezas a intercambiar impresiones con ellos. Resulta que te das cuenta de que tienes la suerte de que estos son un poco como tú, en el sentido de que van de cara y lo que tienen que decir te lo dicen (la experiencia previa con ellos los avala y no es la primera vez que has discutido con ellos... en buenos términos, por supuesto, pero ves que no te dan la razón en todo y que te dicen lo que piensan), y te vas enterando de cosas que te dejan, como poco, con las patas colgando. Te van confirmando cosas que ya sospechabas acerca de este mundo de camarillas y favores debidos. Van saliendo cosas acerca de gente con la que te llevabas nada más que regular o de las que directamente pasabas como de la mierda (o más, incluso, ya que a la mierda se la mira para no pisarla)... cosas que a ti en realidad no te afectan, pero que dejan muy clara la catadura moral de más de uno y más de dos. Peleas, peloteos y movidas en las que a veces los roles de enemigo y aliado se intercambian con tanta rapidez que necesitas una puta Wikipedia para enterarte de por dónde va la película. Algo más descacharrante y con más incoherencias que chuparte Melrose Place salteando capítulos... y con menos sexo del que nos habría gustado, para qué engañarnos. Es en ese momento en que te das cuenta de que lo mejor que puedes hacer en este mundillo es no querer formar parte de él. Ir a tu santo aire y dejar que cada uno haga de su capa un sayo. Dedicarte a lo que más te importa, que es CREAR, luchar por MEJORAR y dejar suficiente cuerda a los demás para que se ahorquen.
Lo mismo con esto basta. Si no, se busca más.
Y es que esto no deja de ser decepcionante. Ya he contado cómo en su día yo estuve liado en historias de grupos de música y rencillas con tal fulano que te pide explicaciones acerca de por qué has tocado en Quintocoño, Alabama y no has contado con su grupo (como si fuese tu puto jefe) para subirse al escenario juntos. De reproches y demás historias.
Cuando entré a conocer a otras personas que escribían, la impresión inicial fue que la cosa no era así, que había algo de más compañerismo y menos traperías. Menos camarillas, menos chupapollismo, menos estrellitas.
No pude ser más gilipollas por esperar algo así.
Llevo rodeándome de esto, no sé... pongamos tres años, aunque no llevo hecho el cálculo en condiciones. Pongamos que sí. En ese tiempo ya he visto más pugnas y tiros que en el puto Verdún. Cada semana veo a un Bruto apuñalando a un César básicamente porque le sale de los cojones y a la semana siguiente veo que eso no ha pasado jamás... para que el ciclo de mamadas y giliflauteces vuelva a repetirse continuamente. El poser de turno que necesita destacar a costa de forjarse una imagen de malote (cuando a lo mejor en su casa es un mierder, que no te extrañe) saca una barbaridad cagándose en la puta madre de alguien y ya tenemos un crossover entre la Patrulla-X y los Vengadores; cien capullos por un lado se enfrentan a cien capullos por otro (y suerte tenemos que no les dé por ponerse un pijama de lycra, ahora que lo pienso). Reproches, indirectas y gilipolleces que me hacen pensar que, más que rodearme de gente con pelos en la entrepierna, he vuelto a mi época de la guardería. Si alguno pidiese permiso a la seño para decir que tiene caquita os juro que no me resultaría tan raro. Y si dijésemos que estas son rencillas profesionales, donde el personal (como indicaba un amigo mío al que he referenciado por aquí alguna vez) se jugase el pan de su familia hasta podría llegar a entenderlo... pero no nos pongamos a alucinar, que aquí el personal por lo general tiene su curro que es el que le saca adelante y va sacando (si es que tiene esa suerte, que no todo el mundo puede) algún ingreso extra con los libros que publica.
Es de risa. De puta risa.
Juasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuas.
Alguno, llegado a este punto, podría decir que esta es la típica rabieta de alguien que no ha publicado y que ve cómo el mundillo le cierra las puertas. Típica, muy típica, si se pone a pensar esa persona acerca de mi actitud sobre eso de publicar (ya he mencionado en público y en privado que a mí, como tal, no me aporta nada a nivel personal; mucho menos, a nivel económico o profesional, con lo que me paso esa ambición por el forro de los putos cojones). Más absurda es aún si uno se pone a tirar de hemeroteca y se da cuenta de que publicar o no aquí no está siendo un factor en absoluto relevante: ¿Cuántos casos conocéis de autores que han publicado su primer libro y se han llevado hostias hasta en el carnet de identidad por el puto careto?
Puede que no muchos, diréis. Puede que la cosa es que nadie se atreva a reconocerlos, porque yo sí he visto unos cuantos casos. No, no voy a hablar de manos negras ni de hostias en vinagre: voy a hablar de ataques personales a gente que, bien ha pasado de relacionarse demasiado con los demás (por el motivo que sea, que me parece de lo más respetable) o gente que sencillamente ha ido de cara y ha dicho las cosas tal y como las piensa. A esa gente, y lo sé de buena tinta, se la ha crucificado, vilipendiado y mortificado hasta tal punto que en al menos dos casos han tenido que decir públicamente que al próximo que siga dando por culo se van para los juzgados y toman medidas legales, porque ya está bien de tanta gilipollez.
Y encima tienes que oír que esa defensa ante tanta subnormalidad es exagerada, desmedida y que hay que aguantar más, porque esto "es así". Hasta te granjeas enemigos por trazar la línea entre la gente que te rodea y el pedazo de carne con ojos de turno cuya única razón de ser es faltar al respeto al prójimo y tocar los huevos de mala manera.
Y encima tienes que oír que esa defensa ante tanta subnormalidad es exagerada, desmedida y que hay que aguantar más, porque esto "es así". Hasta te granjeas enemigos por trazar la línea entre la gente que te rodea y el pedazo de carne con ojos de turno cuya única razón de ser es faltar al respeto al prójimo y tocar los huevos de mala manera.
El caso es que por esto es por lo que estáis viendo que suelo decir que tengo un pie ya fuera de este mundillo. Ojo, no del mundillo de la escritura, ya que es algo que llevo en las tripas, sino del mundillo de camarillas y pelotas. Estoy hasta los mismísimos cojones de que, por llevarte bien con tal persona, te surjan otras treinta diciendo (sin conocerte de nada, que es de lo más fuerte) que no hablan contigo porque te llevas bien con tal... independientemente de que tú comulgues con el pensamiento de esa persona o que te parezca bien lo que hace o lo que suelta por la boca. A eso se llama culpables por asociación y es algo que tiene tanta lógica como una pelea en el patio del colegio porque el chaval de al lado tiene unas canicas más grandes que las tuyas. A eso se le llama dar por hecho de que aquí no hay la suficiente madurez para aceptar que cada uno libra sus propias batallas en lugar de meterse en las de los demás. No, lo que se lleva... la moda imperante es lo del "¿Y tú de quién eres?". Llegas, admites que te eres amigo de Fulanito (porque tampoco vas a ir negando a tus amigos), te ponen la etiqueta de "Círculo de Yonosequién" y hala, a mascarla.
"¿Tú eres vengador u Hombre-X?"
Vergüenza. Mucha vergüenza.
Es vergonzoso ver cómo cada día hay más gente que pone una cara en público y luego otra diametralmente en privado, contradiciéndose y admitiendo cosas que hace un momento negaba. Y no solo cosas que negaba, sino cosas que desmentía cuando otros más valientes las decían. Juicios parciales, carentes por completo de objetividad, prejuicios y esa política del avestruz, que es la de escurrir el bulto y cagarte sobre las patas cuando alguien te pregunta "¿Tú de qué coño vas?" ante tanta indirecta.
Madurez, honestidad y sobre todo, valor. Mucho valor.
A lo que dices tú, "Mira, si lo hiciera un pobre desgraciado al que no le hace caso ni su madre" pues todavía; el problema es que aquí lo hace el desgraciado y tiene otros doscientos alrededor que lo jalean y lo ensalzan como si fuera el puto Sócrates. Gente que, lejos de labrarse una imagen prefabricada y diseñada para ganarse más amigos que el chaval de los Donettes, lo que están haciendo es dejar claro la clase de gente que son en realidad y dar una imagen lamentable de sí mismos. Peor aún es esa imagen cuando, no contentándose con este despliegue de payasadas, tiene los cojones de ir por ahí dando lecciones a los demás. Pensando que éstos son tan subnormales que se van a creer ese despliegue de imbecilidades una detrás de otra solo porque esta persona es X y tiene un halo de veracidad inviolable.
Sí, claro que sí.
Es realmente crudo encontrarte cómo se cuestiona la profesionalidad de otros en base al ego: porque aquí el Héroe medio no tiene carencias, sino que siempre es culpa de los demás. Porque uno no tiene defectos, aunque alguien que tenga tanta o más experiencia que uno le señale cosas a mejorar. Porque si uno la caga, da la puta casualidad de que no la caga uno, sino que es que hay una mano negra, una mafia o una puta conspiración judeomasónica en su contra. Todo eso es mucho más fácil que aceptar que igual uno no es la criatura semidivina que pretendía revolucionar el mundo en su día. Igual es más difícil darte cuenta de que, a efectos prácticos, eres uno más. Puede que ni mejor ni peor. Con tus virtudes y tus carencias, pero uno más.
Es duro aceptar eso. Lo sé por experiencia propia, pero me alegra haberme dado cuenta de ello a tiempo y no caer en esa vorágine de pretender impresionar a los demás, montarme una máscara para que la gente me ame (o me odie, porque de todo hay en esta vida) y pasarme el puto día intentando estar a la altura de esa imagen. Bastante tenemos ya con la que proyectamos ante el prójimo sin darnos cuenta como para encima crear otra de la que dependemos continuamente.
Esto no es nuevo. Por mi parte me he tenido que enfrentar una y mil veces a la imagen que, sin darme cuenta, he proyectado. Eso de "Ah, pues no eres como me creía" es algo que he tenido que superar en muchas ocasiones, dicho con diferentes matices y diferentes sentidos. Porque generalmente la imagen que he dado siempre de mí mismo no me ha gustado nada.
Con esto lo que quiero decir no es que me retire ni que vaya a dejar de hablar a todo el mundo, ni mucho menos. Como ya indiqué en la conversación mantenida con un amigo hace algunas semanas, yo tengo ya hechos a mis amigos en este mundillo y estoy bastante contento con ellos, de momento. Escribo cuando me da la gana porque lo llevo en las tripas, sin sentirme en la obligación de darle explicaciones a nadie. Cuando no, me dedico a dibujar, simplemente porque es algo que me hace feliz, y me importa tres mierdas a quién le pueda gustar lo que hago; sé que no voy a convertirme ni en Cervantes ni en Azpiri. Sé que no voy a fascinar a millones como J.K. Rowling. No voy a ser un referente literario como dicen que es Stephen King. Puede que ese, en realidad, no sea el objetivo siquiera. Como decía otro amigo al que respeto muchísimo y cuya opinión me suele hacer siempre pensar, el secreto es producir. Da igual que publiques o no, da igual que tu mierda pase a la puta posteridad. No todo lo que haces tiene por qué proyectarse al público (menos aún al gran público), y si lo hace, da igual: dentro de varios millones de años, el sol engullirá la tierra y nos iremos todos a tomar por culo. Eso de la posteridad es en realidad efímero.
O igual un meteorito se descogorcia contra nosotros, que también puede ser. La historia es que no vamos a estar aquí eternamente.
A lo que venimos es a aprender, a mejorar, a darlo lo mejor que podamos. Y si no mejoramos, pues oye, al menos hacemos lo que nos gusta. Pero lo que nos gusta A NOSOTROS. No tenemos que demostrarle nada a nadie. No yo, al menos.
Supongo que por eso este mundillo lleva tiempo dándome igual. Me tomo a guasa el repertorio de gilipolleces de las que me voy enterando, porque es imposible tomárselas a ellas y a sus dueños en serio. Me da exactamente igual que tal o cual no me ajunte porque se piensen que soy no sé qué o por ser amigo/enemigo de no sé quién. Como digo, yo mi gente la tengo ya hecha y ellos mismos os pueden decir que no es gente a la que yo apoye de forma incondicional. Aquellos que me conocéis sabéis que eso es algo para lo que yo no valgo.
Y aquellos que no sabéis de qué va el patio o que seguís con la mierda de las camarillas y el chupapollismo... aquellos que os pensáis que el fin justifica los medios con tal de conseguir ver vuestra mierda en una tienda, sin importaros a quién pisoteéis, apuñaléis o traicionéis... aquellos que todavía vayáis con los prejuicios de "No te hables con tal, que es un hijoputa a ver si se te pega", con las mamarrachadas de "Busco amiguitos que me defiendan que me han pegao"... A todos esos os podría decir, que, bueno...
Ya habéis visto el título de este post.
Me vais a...
Me vais a...
Bueno, ya conocéis el resto.






6 comentarios:
Es usted la zorra más..bueno, ya conoce el resto ^^
Jajaajajajajajajaaj, has pillado la referencia. Sabía que te gustaría :P
Empezaré diciendo que no sé quién eres. He llegado a este post porque me lo ha recomendado un amigo. A mis 17 años gané un concurso literario a nivel meramente provincial. Escribía desde pequeñita. Sólo por eso y por no ser la persona que se esperaba que ganara dicho concurso, pude enterarme de varias cosas y comprobar el mamoneo que había en ese mundillo a ese bajo nivel. Me dio miedo pensar cómo sería si seguía por ese camino y dejé de andar por él. Continúo escribiendo para mí, porque es algo sin lo que no podría vivir. Leer tu post me demuestra, unos 10 años después, que hice lo correcto. Porque mi respuesta a todo ese "circo" hubiera sido parecida a la del título.
Me ha encantado el post :)
Escritora Ermitaña
Gracias, Ermitaña!
Tengo que decir que en el mundillo hay de todo... yo mismo reconozco que he hecho buenos amigos, pero me temo que muchos menos de los que me habría gustado. Lo importante es lo que tú dices, seguir escribiendo, produciendo y peleando, aunque sea haciéndolo para uno mismo.
Sigue con ello! :)
Me hace gracia lo que cuentas de gente que ha publicado cuatro chorradas y ya se creen que son los nuevos dioses de la literatura... y me acuerdo de Salinger y Juan Rulfo, que escribieron sendas obras maestras y no quisieron volver a publicar nunca más. Qué mal repartido está el mundo. No le des más vueltas, tú sigue escribiendo lo que te apetezca. El tiempo pondrá a cada uno en su lugar.
De hecho estoy en plan happilista, creo que lo he comentado alguna vez: no tengo el más mínimo interés en publicar (a menos que salga a la luz alguna cosa que mandé a editoriales hace siglos y de lo que todavía no me han dicho nada) y tampoco es que esté escribiendo. Ando dibujando y metido en otros proyectos, y más feliz que una perdiz ;)
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