viernes, 12 de julio de 2013

Mondo Chorra- Tirando de la manta




No es la primera vez que alguien me ha preguntado por qué no sigo con mi grupo de intercambio de idiomas. De hecho, la última vez que alguien me sacó el tema fue hace escasas cuarenta y ocho horas. A esta amiga le dije, como respuesta, que era una historia un poco larga y que se la contaría más adelante. Como han pasado ya varios años de aquello, lo que era un proyecto que inicié con muchísima ilusión se ha convertido en un puñado de cenizas pringadas de orina de buey, no tengo nada que perder y que además me moriré el día que el miedo me impida decir lo que pienso, me pondré manos a la obra.

Empecemos por el principio, para aquellos Distópicos que lleváis poco tiempo siguiendo mis aventuras y (muy especialmente) mis desventuras... El proyecto del grupo de intercambio de idiomas surgió allá por septiembre de 2006; yo acababa de terminar la carrera y me sentía terriblemente inseguro a la hora de manejarme con las habilidades más sociales del inglés, que son el speaking (o sea, parlar) y el listening (poner la oreja). Fue justo en verano de ese año, durante un curso de inglés comercial guiado por la gran Lola Gamboa, profesora que recomiendo a todo el mundo que quiera ponerse las pilas con el idioma, donde esta buena mujer me sugirió la idea de montar lo que por lo visto se llamaba un "English Club". Me pasó información útil, donde te daban ideas, consejos y sugerencias acerca de cómo montarlo. El plan era muy sencillito: te coges a un grupo de amigos de confianza y que estén dispuestos a comprometerse un día concreto a la semana. Te vas con ellos y pones carteles por todas las academias de español para extranjeros y formas un grupo de conversación. Cuando vienen los extranjeros, las reglas son sencillas: te los llevas a una cafetería y charlas con ellos. Tú les enseñas español y ellos te enseñan inglés... lo que en algunos contextos llaman un "tándem". Nada más.

La idea me pareció genial, así que hablé con los dos amigos más fiables que tenía de la carrera por aquel entonces. Fue así como surgió la primera alineación del grupo, que ya aparece más o menos narrada en el post Noches Bizarras, en la sección Spanish Bizarro de este blog.
Pasamos así cerca de dos años. Se unió algún español más, bastante voluntarioso, que por razones personales se vio obligado a abandonarnos. De mis dos compañeros, nos dejó uno por razones supongo que personales (a día de hoy todavía no las he recibido, o no ninguna que no sea una vaguedad... pero son cosas que hay que respetar) y seguimos mi otro compañero, el recién llegado y yo. Los tres, al pie del cañón, llegando al segundo año que menciono en ese post anterior.
Nuevamente, las razones personales se interponen entre mi compañero de carrera y yo y se producen unas diferencias insalvables entre ambos, que no mencionaré aquí. Baste decir que en ese momento me quedo yo solo al frente del grupo y me toca partirme la cara con la gente de las academias para que no me arranquen los carteles buscando estudiantes con los que hablar.

Igual esto último os parece exagerado, pero me temo que no. En las academias los grupos de intercambio "no oficiales" (luego explicaré esto) estaban vistos como el puto culo: el que no te veía como una especie de vikingo buscando jóvenes inocentes a las que privar de su honra, te veía como una especie de indeseable o, en el mejor de los casos, como competencia, ya que muchas academias vieron que eso de los grupos era una buena idea y acabarían por montar los suyos propios. En resumen, que si no te arrancaban los carteles, te hacían una especie de interrogatorio con preguntas tan surrealistas como "Intercambio, ¿pero de qué?" (a este que me dijo eso le respondí, un día en que estaba hasta los huevos de que me mirasen como a un apestado, "De idiomas, ¿de qué si no?") o, como cierto gilipollas que me crucé una vez, echarte de una academia con un: "No, no le permito colgar ningún cartel en MI tablón de anuncios. Márchese". Tócate los cojones con el fulano... el cartel lleno de carteles de fiestorros y demás, y parece que el de mi grupo era mucho más molesto. En fin.
Ni que decir tiene que nos tuvimos que currar MUCHÍSIMO eso de "A este grupo SOLO se viene a conversar, el que venga a follar que se apunte a Meetic". Que no es que fuésemos impidiendo nada o que fuésemos en rollo "Protectores de la Castidad" ni historias similares, pero nos gustaba dejarlo claro para evitar movidas raras. Aun así, ya tuvimos algún problema con algún personaje con las manos (o la lengua) demasiado largas que ponía incómodas a las chicas del grupo y con el que tuvimos que actuar de forma expeditiva. Imaginad si entre las chicas, como sucedió una vez, tienes una que es menor de edad. La responsabilidad era nuestra como organizadores, y gilipolleces, las mínimas.

¿Os acordáis de cuando echaban a Jazz en El Príncipe de Bel-Air? Pues casi casi.


La etapa en que me quedo solo en el grupo es algo más dura; al ver a una sola persona al frente, la gente no se fía tanto de ti (al fin y al cabo, eres un desconocido) y te llaman de una forma mucho más salpicada. Un mes te puede llamar un chico eslovaco (muy simpático, por cierto) y, tres meses más tarde, una chica polaca. Y así funciona esto. Tienes lo que tienes y te apañas.
Fue una temporada más o menos corta, hasta que volvió una de las antiguas componentes de la segunda generación del grupo. Una chica suiza, que se enteró de la movida y decidió unirse a mí para darle más impulso al proyecto. Fueron buenos meses, un poco de publicidad en sitios que no me había planteado, un par de mañanitas poniendo carteles en aquellas escuelas en las que no sacaban el espray antivioladores nada más vernos y ya teníamos un grupo relativamente grande otra vez: un puñado de españoles, otro puñado de extranjeros y hala, vamos que nos vamos.

Pasan varios meses, bastante productivos, hasta que un día me llega un mail de un tío de Norteamérica. No para unirse al grupo, o no para unirse del modo en que lo había venido haciendo todo el mundo; este tío, al parecer, tenía ya un grupo que venía funcionando cerca de dos años (es decir, si echamos cuentas, casi la mitad de lo que llevaba el mío) y quería que "uniésemos fuerzas".
Algunos ya me conocéis, no soy una persona excesivamente ambiciosa. Yo era feliz con mi grupo y no veía ninguna necesidad de meter a nadie más al mando, ya que solía entenderme bien con mi socia por aquel entonces. Teníamos un grupo grandecito, pero lo bastante manejable como para meternos en casi cualquier sitio del centro. Es decir, no necesitaba más de lo que tenía, por lo que pasé de él.
Sin embargo, este tipo apareció en nuestra siguiente reunión, probablemente porque mi socia si pensó que al menos podía escuchar lo que tuviese que decir.

A veces he mencionado que tengo una intuición bastante fuerte. No certera en cuanto a detalles, pero hay cosas que me dicen desde un principio "NO" y oye, es NO. En mayúsculas, en negrita, subrayado tres veces y marcado con rotulador fosforito.
Este fue uno de estos casos.
Aquí el colega vino al principio muy en plan "chico tímido", en plan simpático y tal. De estos no excesivamente habladores, que se encogen de hombros cada dos por tres con una sonrisita y procuran no hacerse notar demasiado. A mi socia le cayó bien y me dijo que tener un poco más de gente nunca nos vendría mal. Lo que es tener contactos y eso y gente que medio pudiese manejarse también en caso de que la cosa pasase por otra época de vacas flacas. A mí el tío me parecía que medio sabía lo que hacía, eso tenía que reconocerlo... pero si no me gustaba (que de hecho no me gustaba en lo más mínimo), tampoco tenía un argumento racional que pudiese respaldarme. Total, que de esta manera fue como el tipo pasó a formar parte del grupo. Por lo que a mí respecta, lo tuve "bajo observación"; una cosa es tener un pálpito y otra un prejuicio. Podía equivocarme, ya que mi intuición no funciona como una máquina engrasada (¡ojalá!). A veces acierta y otras veces falla. Era necesario, pues, comprobarlo de forma empírica.
Supongo que esta es la parte de mí que pasa del racionalismo a la gilipollez más absoluta.
En cuestión de nada de tiempo, el grupo había crecido casi al doble, de forma que éramos cerca de treinta personas en un día normalito. Treinta personas para meterlas en un bar es algo digno de putos héroes, hasta que encontramos un sitio en una céntrica plaza de mi ciudad donde acoplarnos. Para qué os voy a engañar: el local tenía más de tugurio que de local. Un chico de los españoles, sin ir más lejos, me escribió diciendo que sentía abandonar el grupo, pero que no quería tener relación con ese bar, ya que había oído hablar de ciertos negocios no precisamente legales en él. Yo nunca vi nada de ese tipo, salvando tíos algo raros alguna vez y algún que otro esperpento con problemas de gilipollez aguda.
En realidad, el verdadero problema  no estaba en las mesas de al lado, sino en las propias filas del grupo: sin que yo me estuviese dando del todo cuenta, aquí el Hijo de la Gran América estaba vendiéndole la moto a mi socia medio en mi cara, medio a mis espaldas, acerca del concepto del grupo.

Y por algún motivo, como que empieza a apestar a carroña...


Aquí es donde tengo que hacer referencia a lo de los "grupos oficiales" que comenté arriba. Veréis, en mi ciudad hacerse un hueco con un grupo de intercambio de idiomas es algo complicadillo. Esta es una ciudad turística y no es una idea en absoluto original. Ante eso, puedes ser un grupo más como el mío, que funcionaba de forma gratuita y, en cierto sentido, "anárquica". Para mí lo más honesto, porque coño... no es que ofrezcas un servicio, es que además los extranjeros, al enseñarte inglés a ti, te lo ofrecen ellos. Es un INTERCAMBIO, literalmente hablando. Aparte, que yo qué sé... ya habéis leído la relación que he tenido siempre con mis extranjeros. Por cuestiones de honor personal o como queráis llamarlo, me revolvería las tripas tratarlos como "clientes". Vamos, que por mí, no.
La otra opción es que tengas un grupo en plan "empresa", con un carácter algo más "oficial". Con tu logo, tu merchandising y toda clase de historias. El único grupo de ese tipo con el que he tenido un contacto tangencial  tenía una forma de hacer las cosas con las que yo no comulgaba en absoluto. Pongo el caso de un amiguete, que me contó que estuvo por allí y me contó cómo funcionaban: para empezar, era de pago, y con doble rasero: luego lo cambiarían, pero durante una temporada de dedicaron a cobrar SOLO a los españoles (yo soy de pensar que, o todos, o ninguno. Eso del cobro en base a la nacionalidad, como que no me mola mucho, por respetable que me digan que sea); luego, eran ellos los que elegían con quién ibas a hablar (generalmente ponían chico-chica, lo que a muchas chicas en particular les resultaba muy violento, según nos contaron algunas que fueron a sus reuniones) y durante cuánto tiempo, para asegurar que el intercambio era equilibrado al 50% (al parecer no tenían en cuenta cosas como nos pasaban a nosotros, en que algún extranjero nos decía que por favor, hablásemos todo el rato en inglés con ello, porque no se sentían con confianza aún para hablar en nuestra lengua). Además, prácticamente se exigía que el tandem debía ser uno-uno, por lo que tenía que haber el mismo número de extranjeros que de españoles casi por sistema. Si alguien por lo que fuese no podía venir y no avisaba, se le mandaba un mail (bastante borde y ligeramente chulesco en tono para mi gusto, cuando me lo reenviaron; creo que todavía lo conservo, pero no lo reproduciré aquí) en el que se "advertía" que a la persona que lo hiciese se le "sancionaría" no invitándola a la siguiente reunión. Es decir, todo muy rígido, muy estricto y, para mi gusto, más cuadriculado que un puto cubo de Rubik.

Lo que este fulano quería organizar era lo que podríamos entender por "La calle de en medio". Es decir, mantener el sistema de reunión que teníamos... pero cobrando a la gente. Yo desde un principio dije que esa idea no me gustaba, pero el germen de la revolución ya estaba plantado: a mi socia se le hacían los ojos bolillas cada vez que escuchaba la idea.
Supongo que gran parte de esto vino por el tema del bar que he comentado, que se empleó como coyuntura para meter la cuchara y presionar a lo basto. Dado que el bar era un puto cuchitril y nosotros éramos cada vez más, se empezaba a imponer la solución de buscar otro sitio en que reunirnos. Yo, por ejemplo, sugerí la cafetería a la que íbamos durante el segundo año, en la que llegamos a meter veintitantas personas una noche sin despeinarnos. Cinco o diez más, si entrábamos a buena hora, cabían sin problemas. Los grupos "Oficiales" a menudo pactan con algún bar precisamente para no tener este problema; el bar o tetería les reserva un sitio siempre y cuando se pueda garantizar un número mínimo de asistentes y salen ganando ambas partes. No era algo descabellado si nuestro grupo, a diferencia de otros años, tenía un número fijo de asistentes.

Al gringo aquí presente se le ocurre otra idea: alquilar un local para celebrar las reuniones. A mí al escuchar esto en un principio como que me parece guai, lo de tener una sede propia y demás, pero no tardan en saltarme las alarmas: ¿Un local? Eso implica mantenimiento, responsabilidad y, muy especialmente, un alquiler. Para mí el grupo de intercambio ha sido siempre una actividad lúdica que he usado para enseñar y aprender, no un negocio. Esta idea puede sonar de puta madre, pero en realidad no es más que un argumento para que la idea de empezar a cobrar al personal se ponga en marcha. Para entonces, mis funciones en el grupo han quedado un poco relegadas. Ha sido algo sutil, pero ya que la gente está viniendo sola gracias a la publicidad que mi socia ha estado haciendo, mi tarea se limita a controlar un poco cómo funciona todo y a dedicarme a mandar correos de reunión, así como resolver cualquier dudilla que pueda tener la gente.
Lo que viene siendo el trato de cara al público y, de surgir, solución de conflictos, para entendernos.
Para esta fecha, aquí el tío este, por algún motivo, empieza a comportarse como si fuese mi puto jefe. Él a lo más a lo que está llegando en el grupo es a presentarse en las reuniones a lo pavo real y mandar algún mail con un español que no hay ni Dios que entienda porque lo domina de puta pena. Eso y tocar los cojones, que también se le da bien: yo envío los correos a la gente, como llevo haciendo casi cuatro años y al rato me envía él uno diciendo que no debería decirle a la gente semanalmente que tenemos la reunión porque el que lo sabe lo sabe y el que no va a venir no va a avisar. Yo le digo que esa es mi forma de actuar y le doy a entender que no acepto órdenes suyas por mucho que las revista de "consejos", básicamente porque no los necesito. El fulano lleva la mitad de tiempo que yo en esto y me trata como si fuera un puto novato. Pero claro, a estas alturas mi socia ya está casi de acuerdo en todo lo que sale de su boca, así que he llegado al punto de coger y disfrutar de las sesiones del grupo de intercambio y a tomar por culo con todo.


Porque es tal la comedura de tarro que me intentan meter por activa y por pasiva que al final lo que acabo es cansado. Muy cansado.
Cansado de cojones.


Lo del local durante un tiempo es algo que está barajándose y que he mencionado alguna vez que ni fu ni fa. Mi socia (por aquel entonces amiga, ahora se queda en "conocida" y gracias) me intenta convencer, explicándome que a este tío lo han echado del piso en que estaba; que su trabajo como entrenador de animadoras (¿En España? ¿Perdona? ¿Con eso pretendías ganarte la vida, campeón?) está prácticamente acabado. Que el grupo de intercambio será su modo de sustento y el local, su casa.
Yo empiezo a preguntarme si alguien me ha visto a mí cara de ONG o algo.
O si aquí la gente se ha llegado a plantear si este tipejo es amigo mío como para hacerle un favor tan grande. Porque estamos hablando de renunciar al concepto de algo que yo mismo he creado, levantado y por lo que he luchado durante cuatro años de mi vida por hacerle un favor a un tío al que ni siquiera conozco y que, honestamente, no me cae ni bien siquiera. Es más, hablamos de un tío cuya actividad más reseñable, en el tiempo que lo he tratado, es fumar canutos y meterse litronas por el buche hasta quedarse más cocido que un botijo y que, tratándome con esa condescendencia y esa chulería barata con la que me trata, imaginad las ganas que tengo yo de echarle una mano.
Ante esto, yo le dejo muy claro a mi amiga que de historias de dinero no quiero saber nada. Que del local no quiero saber nada, ya que alquilar un local no es solo eso: para poder usar un local con actividades comerciales requieres unos pasos. Darte de alta como sociedad o dar de alta el local como bar. Las instalaciones necesitan reunir unas normativas y demás.
La idea de este tío, tras una mañana en que bajo con él para ayudarle a ponerse en contacto con los de Endesa (porque su español, pese a los no sé cuántos años que lleva por aquí, es penoso), es pinchar la electricidad del vecino.
Lo mismo no soy el Juez Dredd, y creedme cuando os digo que no me creo mejor que nadie ni leches, pero soy una persona de principios a la que, de paso, tampoco le gusta ni joder al prójimo, ni meterse en follones innecesarios.
Imaginad mi postura ante aquello.

Las obras del local de los huevos siguen adelante y yo sigo yendo a mis reuniones. He hecho algunos amiguetes ahí y procuro no pensar en la clase de historias que este tío le ha metido en la cabeza a mi socia, que parece fliparlo y pensarse que te puedes ganar la vida con un grupo de idiomas (no me las gano yo dando clase, y cobro algo más de lo que, según calculé, se podía sacar con un grupo grande). Entretanto, el Capitán América no viene porque anda de obras, adecentando la pocilga que ha alquilado (sin contar con el hecho de que de vez en cuando me insta a que vaya a trabajar en la obras, casi en plan chantaje emocional, con frases del tipo "Esto lo vamos a disfrutar todos" y demás majaderías).
A estas alturas de la peli, al caballero se le ocurre la fenomenal idea de hacer tickets y venderlos a los del grupo: por veinte pavos, le da derecho a consumición en su tugurio personal. Veinte pavos por un ticket en que hay veinte consumiciones... le cobras un pavo a la gente por una birra de lata, que te cuesta unos setenta céntimos en el Carrefour. No es tan caro como un bar, pero estás haciendo ahí un negocio algo trapero, considerando que ni estás dado de alta como sociedad, ni pagas impuestos de ningún tipo, ni agua ni electricidad ni putas hostias. No es que tengas muchos beneficios, pero no tienes que hacer prácticamente ningún gasto de cara a la administración. Lo que ganas, lo ganas en negro, aprovechándote de todo bicho viviente que tienes alrededor.
Como comprenderéis, lo que es mi sentido común y mis ganas de hacer las cosas bien ya andan montándome el puto 15-M en la cabeza. Más cuando mi socia está en su país de origen un par de semanas y este me pide el favor de que reparta yo los tickets en la siguiente reunión. Ante eso, le digo que vale (básicamente lo hago por la otra, a la que, no sé por qué, sigo considerando amiga), pero la cosa no queda así: cojo y cuando convoco a la gente para la próxima reunión, cuento lo de los tickets, cómo funcionan... y dejo MUY CLARO que yo no tengo NADA que ver con eso. Que yo no me pienso encargar del tema del dinero, que lo llevan otros. Que yo no voy a ver un puto duro de cualquier actividad que se haga al mando del Tío Sam y que mi tarea se ha quedado para convocar a la gente, nada más.
Porque sigo sin fiarme de este personaje. Y ahora, con dinero por medio, menos que nunca.

Si fuera Spider-Man, me habría zumbado el sentido arácnido a lo bestia.


A esa reunión vienen como mucho, seis, por primera vez en casi ocho o nueve meses. Ninguno de los presentes pregunta por los tickets (que dejo en la mesa a plena vista, para que se vean... pero sin decirle nada a nadie) y, desde luego, nadie se ofrece a pagarlos. Con las mismas, cuando termina, me voy para el local de este tío, le devuelvo los cartoncitos y le cuento lo que ha pasado. Para mi sorpresa, se lo toma extrañamente bien:

- No, no pasa nada, no te preocupes- me dice.

Me vuelvo a mi casa, no con la mosca tras la oreja. Lo que tengo es un puto pterodáctilo.
Esta vez sí hago caso a mis intuiciones y el pterodáctilo empieza a berrear como un cabrón tres o cuatro días después, cuando recibo un mail de mi socia, que parece que ya ha vuelto a la ciudad. En el mail me viene diciendo que a qué viene mi actitud, que parece que estoy poniendo en contra a la gente del grupo acerca de las actividades que ELLOS quieren llevar a cabo, que sospecha que estoy hablando con la gente para socavar su (SU, ahora es DE ELLOS) proyecto. Sin contar conmigo, con el que cuentan para todo lo que son gestiones y demás, pero para eso se ve que importo tres cojones.
Total, que en el mail mi socia (supongo que ahora entenderéis que me cueste usar el término "amiga" después de esta movida) me dice que si no estoy a gusto siempre puedo buscar un grupo más acorde con mi forma de ver las cosas. Llegados a este punto, estoy tan asqueado de todo que no me parece ni mala idea. Le digo que es algo que podría plantearme, visto lo visto (sí, gilipollas de mí), pero me centro sobre todo en intentar apaciguar un poco las cosas. Ha sido amiga mía durante un año y no es plan de que nos matemos vivos por una diferencia de opiniones.
Lo reconozco. A veces es que es para pegarme por lo rematadamente imbécil que puedo llegar a ser, sí.
En fin, medio solucionada esta especie de crisis, tras haber recibido calificativos como "condescendiente" y demás, me las apaño para llegar a un medio buen término con esta mujer y cierro el correo. Iluso de mí, hasta me siento contento porque la sangre no haya llegado al río, como suelen terminar otras desavenencias con amigos y conocidos.
Diez minutos y el Capitán América me manda un correo similar, pero carente por completo de las formas o la educación que mi socia había empleado conmigo.
Y ya tengo que sacar el hacha. Porque se ve que hay algunos que no están contentos si no tocan los huevos.

Para empezar, no hay ni un encabezamiento de "Hola" ni pollas en vinagre. Aquí Shakespeare entra a saco prácticamente cagándose en mi puta madre y acusándome de ponerlo en contra del grupo. Tiene gracia que lo mencione, le respondo, porque yo no he necesitado decirle nada a nadie. Yo me he limitado a ir a mis reuniones y pasar de él como de la puta mierda. Si la gente no ha querido ir es por lo que yo se lo advertí a él más de una vez y nunca quiso escucharme: les hablas de sacarles pasta tras varios meses de gratis y te mandan a hacer gárgaras.
El genio resulta que también es psicólogo y, como ya mencioné en el post de Jon Nieve, me viene diciendo que a mí lo que me da miedo es un grupo grande. Le agradezco el análisis psicológico que no le ha pedido nadie y le digo que estoy impresionado con sus dotes como mentalista; luego le recuerdo que el que lleva CUATRO PUTOS AÑOS llevando un grupo de intercambio soy YO y no él, y que ya he tenido grupos grandes anteriormente y no me he muerto. Pero que si quiere sacarse juicios de valor del sobaco, adelante. Yo ya le diré por dónde me los paso.
Me suelta que en mi ciudad las cosas están hechas para joderle la vida a los que quieren crear una empresa y que el ayuntamiento son unos explotadores que se aprovechan de la gente (él no, claro), y que no tiene más remedio que hacer un negocio al estilo okupa, como un famoso centro cultural de mi ciudad. A esto yo le recuerdo que también vivo en la ciudad, desde hace algunos años más que él y que ese centro al que me ensalza como si fueran el altar de la cultura también estuvieron a punto de cerrarlo, ya que lo habían okupado ilegalmente y el edificio pertenecía a la administración pública, sin contar con que el consumo de energía lo estaban mangando de los vecinos. Tardaron más de un año en darle un status legal al sitio, así que le digo que por favor, no me venga con chorradas, que no nací ayer.
A esto, despide su mail con un "Don't shit on our ideas" ("No te cagues en nuestras ideas"), sin más hostias. A pique he estado de responderle en quién me voy a cagar, pero no quiero ponerme a la altura de alguien que tiene la elegancia a medio metro del cráneo, dirección sur.
No obstante, creo que todavía conservo los mails, en caso de que estéis interesados. Como es correspondencia privada mía, no tengo demasiado inconveniente en que veáis la educación y el saber estar de este personaje.

Educación y saber estar del personaje, descripción gráfica.


La cuestión es que, como comprenderéis, aquí ya no había una posición conciliadora. En el momento en que un tío te falta al respeto (este vino haciéndolo en el momento en que se cameló a mi socia y empezó a tratarme como su puto subordinado, y cuando me infló los huevos a base de cabestradas una detrás de otra, tiene suerte de que no sufriera un estado de enajenación mental transitoria y me presentase en su nuevo hogar con un bidón de gasolina y una cerilla) ya no hay nada que hacer. Para mí si este tipo de actitudes no vienen respaldadas por una buena explicación, no hay ni disculpa posible ni putas hostias. Menos aún cuando la socia a la que conocías desde hacía casi dos años resulta que, lejos de apoyarte, se va con la otra persona, la apoya incondicionalmente y viene a soltarte la misma mierda, pero con otras formas... pero para el caso, la mierda es mierda y sigue oliendo aunque la disfraces.
El imbécil fui yo por verlo tan tarde.
En resumen, que me habían echado de mi propio grupo. Del grupo que yo mismo creé, levanté y por el que peleé muy duro durante cuatro putos años de mi vida. Mandé un último mail de convocatoria para la que sería la última reunión a la que asistiese, informando que ya no me verían más por ahí. Di las explicaciones que consideré oportuno (es decir, que me negaba por completo a convertir el grupo de intercambio en un negocio, porque esa jamás fue mi idea) y que las circunstancias (= los dos tíos que me acababan de echar a patadas) me obligaban a buscarme la vida por mi cuenta.
Es curioso cómo reacciona la gente: pudiendo no decir nada, me llegaron varias respuestas, diciéndome que mi salida no había podido ser más elegante o que no hay nada en esta vida como ser fiel a los principios de uno. Cosas con las que estoy de acuerdo, no te digo yo que no. Otra cosa es que yo necesitase más hechos que palabras de apoyo. Quizás lo más doloroso es que, pudiendo haberse callado, muchos se ofrecieron a venir conmigo al grupo de intercambio que yo crease a continuación. Que ya estaríamos en contacto.
Si alguno de vosotros ha recibido algún mail de esta gente que iba dirigido a mí, por favor, hacédmelo saber. Porque a mí, unos tres o cuatro años después de aquello, no me ha llegado nadie de aquellos preguntándome absolutamente nada más. Como mucho, una colega, que tenía buena intención, pero el asunto no llegó a nada más. Cosas que pasan.

No deja de ser curioso además ver cómo gente que en su día decía que no se fiaba del americano ni muerto,después de haber escuchado de labios de más de uno las palabras "oportunista" o "jeta", esos mismos que lo ponían a parir demostraron tal coherencia como para convertirse en asiduos del local de este pavo. Yo pasé de ser una persona "cabal" a convertirme, de la noche a la mañana, en "rencoroso".
Tócate los cojones.
Igual eso es por lo que al final no me molesté demasiado en buscar nuevos estudiantes de intercambio. Creo que al final me acabé aburriendo de la idea de tener que recrear, una vez más, mi grupo desde las cenizas y acabé por buscarme (o reencontrarme con) otras actividades.
Estas actitudes que me encontré, por parte de los que me rodearon en esa época, es la clase de cosas que me demuestran que las palabras se las lleva el viento y que la gente, en general, puede prometerte el oro y el moro, pero al final la mayoría a lo que va es al sol que más calienta. En el caso menos malo, a su puta bola. Pero pocos, muy pocos, son de mantener su palabra.
Ni que decir tiene, por supuesto, que me han sugerido que vuelva al grupo de intercambio de este tipo alguna vez. No él, ni mi antigua socia, por supuesto, porque ambos saben a dónde podría mandarlos con todos los gastos pagados si se dirigieran a mí con esa propuesta. Me lo han sugerido estos mismos que dicen que soy una persona rencorosa por no bailarle el agua al personaje que se pegó varios meses sin descansar hasta deshacerse de mí. De tomar una idea y reformarla (o deformarla) a su antojo, por cojones y sin importarle que otros estuviésemos antes.
Aplastando.
Pisoteando.
Luego lo ves por la calle y va sonriente por ahí, el tío. Poniendo cara de buen chaval.

Tendrás hasta de lo que tendrás que reírte, máquina.
Y estarás hasta orgulloso de ir como vas por la vida.


Y qué queréis que os diga: lo mismo es que soy un rencoroso por no poner buena cara a gente que me ha dado la patada porque le ha salido de los mismísimos cojones. A gente que me ha tratado con la punta del pie, que se ha puesto medallitas cuando las cosas han salido bien y que me han puesto de culpable cuando las cosas han salido mal. Pero yo con esa gente no puedo. Ni puedo ni quiero. Me meo en lo de poner la otra mejilla, en el karma y en su puta madre. Llamadme cruel si queréis, no me importa... pero si me entero que a estos los empapelan por tener un local ilegal, o de que la cosa llega a un punto en que no pueden mantenerla y el Capitán América se queda viviendo en la puta calle, no pienso lamentarlo, ni sentir pena ni decir que pobrecito.
No es que me vaya a alegrar. O no demasiado, para ser honestos.
Pero tampoco me va a importar.
En lo más mínimo.

4 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Ese remate me ha hecho recordar a Batman: "No voy a matarte. Pero tampoco voy a salvarte." :-)

Rumbo a la Distopía dijo...

Eso es porque no tengo lanzallamas a mano, of course :D

Juan dijo...

Enorme la foto de la educación y el saber estar! Siento mucho toda la historia, tío. Se ve que además de intuición tienes memoria y visión global de las cosas, cosa de la que tu socia (y ni decir el otro) carecen.

Increíble que seamos tan torpes las personas que se pueda truncar algo tan fácil como "quedar y hablar inglés".

Un abrazo. Un seguidor más por cierto! Gran post el anterior de San Fermín.

Rumbo a la Distopía dijo...

Muchas gracias, Juan!

Sí, he procurado no entrar mucho en el juicio de valor hacia estas personas (al menos en la medida de lo posible) e intentar explicar un poco lo que pasó, ahora que han pasado unos pocos de años y la cosa está ya "en frío"... que ya sabes, luego dicen que es un calentón o una pataleta.

Y bueno, lo de las malinterpretaciones de "quedar y hablar inglés"... es una historia para no dormir, en serio. Digamos que, en base a algunas noticias que me llegaron, se puede medio entender (no todos los que ponían carteles eran gente de fiar)... pero de ahí a generalizarlo de esa manera, era algo muy muy bestia.