sábado, 27 de julio de 2013

Escupiendo Rabia- Sobre putas, perros y lacayos




Ya he mencionado varias veces que cuando tienes un espíritu crítico la gente que te rodea te mira mal. El que no te ve como un pesimista a veces se dedica a tocarte los cojones dando a entender que eres un agorero que no está conforme con nada.
Lo mismo es verdad.
Lo mismo es que yo no soy de lamer manos, besar culos o agachar la cabeza cual fiel perrito que se postra ante el primer imbécil al que reconoce como superior. Lo mismo es que yo, a diferencia de muchos (insisto por enésima vez, no mejor ni peor, sino simplemente, hago las cosas a mi manera), no tengo nada que perder. O bien aun perdiéndolo, considero que sacrificar mi opinión personal, mi criterio o incluso mis valores por el mero interés me parece la forma más baja de rebajarse. De perder la dignidad. De prostituirse, si usamos el término aplicándolo solo a valores morales, porque la prostitución no es solo dejar que te la metan por el culo o cualquier otro orificio por una suma de dinero. En el momento en que tus intereses económicos, materiales y demás se anteponen a los principios, ya te estás prostituyendo.

El silencio puede ser prudencia y por lo general (subrayo, por lo general) respetable, pero la mentira, amigos... esa es una forma de prostitución de las más básicas. No hablo de la mentira piadosa, que es la que usamos para evitar destruir a alguien que no se lo merece, ni de la mentira que todos podemos usar en cualquier momento para sobrevivir. Hablo de esa clase de mentiras chapuceras, rastreras y perniciosas que algunos usan para escalar puestos. Para quedar bien. Es curioso que muchos, muchos de esos que vociferan a voz en pecho contra la casta política y contra las mentiras que van soplando día sí y día también al pueblo luego tengan los santísimos cojones de ponerse una máscara e ir mintiendo a diestro y siniestro al prójimo.
Decir una cosa, pensar la contraria al mismo tiempo.

Esto, mucho me temo, se puede aplicar a un sinfín de ámbitos sociales. Por favor, si conocéis alguno en que esto no suceda, os agradecería que me lo comunicaseis, porque yo al menos no tengo ni idea de cuál puede ser.
Echemos un vistazo a nuestro alrededor. Pensemos, por ejemplo, en el mundo que me rodea con más frecuencia a lo largo de los últimos años y no veremos más que una serie de criaturas chapuceras que intrigan, se mandan mensajitos y conspiran contra otros que no les han hecho nada en su puta vida. Seres que, en definitiva, no son más que pedos rastreros que viven creyéndose mierda y se rodean de una camarilla de acólitos, lameculos y aduladores. Cada día que pasa, no veo más que puñaladas traperas revestidas de discursos que parecen sacados de un libro de autoayuda. De gente que se pone su máscara de tolerante, de buen chaval, de conciliador e incluso van por ahí permitiéndose el lujo de decirles a los demás lo que hacer con su vida, en rollo mesiánico... gente que, así de puertas para afuera, pueden parecer el canon de la sabiduría. La personificación del Buen Rollito Beibi pero que, en el fondo, tiene tantos esqueletos en el armario como cualquier hijo de vecino.
Consejos vendo, que para mí no tengo.

"Que pase el siguiente, que le voy a decir qué tiene que arreglar de su vida"


Yo mismo, a lo largo de mi vida, he tenido que tragar con unos cuantos así: la filosofía del "Tú haz esto, tú haz lo otro". El mantra de "tú hazme caso, que yo sé lo que te digo". La letanía del "Lo que tienes que hacer es dejarte de tonterías y (inserte aquí curso de acción aleatorio)". Gente a la que, un día, le dices "Oye, tu consejo mola, pero ¿por qué no lo has aplicado para ti mismo?"
Recuerdo que hice esta pregunta a una persona hará ya bastantes años y la respuesta fue no menos alucinante:

- Haz lo que diga, pero no lo que haga.

Y luego los demás tenemos que hacer caso. Pues claro. En eso estaba yo pensando.
Pasan los días, los meses y los años, y ves que la cosa lejos de mejorar, se vuelve más retorcida e hipócrita. Esa misma gente que te mira raro, que te suelta indirectas en plan "Contigo es que no se puede" (como si fuera obligatorio "poder comigo") es exactamente la misma que ves que deja atrás a los que antaño eran amigos suyos porque han dejado de serles útiles. Al mismo tiempo, ves cómo se buscan sangre nueva a su alrededor que puedan cubrir la función de aquellos a los que abandonaron. Ves cómo los lamebotas y los besapiés se suceden día sí y día también y, poco a poco, descubres como aquello de Matrix no es algo tan descabellado: nada más cómodo (e irreal, ya puestos) que forjarte tu propio Universo, solo rodeándote de gente que te adula (ojo, no admira, sino adula, que no es lo mismo). Solo oyendo lo bueno e ignorando lo malo y convenciendo a todos los demás, sea cual sea su experiencia de que las cosas malas no existen, que en realidad son los padres.
Anda que no he tenido que escuchar a gente que asegura haberse encontrado solo buenas experiencias entre la gente que le rodea... obviando el hecho probado de que en realidad lo que han hecho ha sido echar a patadas de su alrededor al primero que les medio contradiga en algo. Porque que te cuestionen está feo, pero ojo, que alguien te exponga un punto de vista contrario con argumentos (que no tienes por qué compartir, pero sí entender) es una puta blasfemia, por amor de los Dioses.

No es muy distinto del Mito de la Caverna de Platón: mientras los tachados de pesimistas ven cosas buenas en un mundo impregnado de mierda hasta las trancas, hay otros que niegan lo malo, se quedan con lo bueno y se llegan a convencer de que el Universo de sombras chinescas que ellos solitos se han montado es lo real. Que lo bueno que les haya podido acontecer a ellos es lo normal y que lo malo no es más que un error de percepción de otros o un producto de su ignorancia. Que aquí todos son amigos, todos son buena gente y los demás no existen. Nunca existieron. Porque han sido borrados de la continuidad para garantizar una existencia feliz, a medida de lo que uno de sea.
Según este concepto de vida, amiguitos, eso es una visión objetiva y global de las cosas, en contra de la visión parcial y limitada que tienen aquellos pobres desgraciados que no son como ellos.


Resulta altamente descojonante cuando aquí los reyes del doble rasero se dirigen a ti para persuadirte más que convencerte de que te equivocas. De que el mundo en realidad es chupiguai. Que aquí todos somos amiguitos y que todo el mundo es bueno.
Y tú te lo tienes que creer.
No voy a dar nombres, como siempre. Aquí que cada uno haga de su capa un sayo, pero ya he visto cómo toda esta gente, sus subalternos, sus palmeros y sus manadas de perros falderos (los cuales, por cierto, ladran como putos Rottweilers, armando un escándalo de tres pares de cojones... y luego dicen de los demás) se dan golpes de pecho y predican el buen rollito, al tiempo que se dedican a injuriar y calumniar a otros. Para aquellos que no controlen muy bien la terminología jurídica, os acoplo por aquí articulitos de nuestro Código Penal. Porque uno lo mismo no sabe de todo de lo que habla, pero tiene el detalle de buscar información. Y si no la encuentra, de preguntar a quien sí la sabe.

Según el artículo 208 del Código Penal español, la injuria es "la acción o expresión que lesionan la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación". Dicho de otro modo, que todas esas campañitas sucintas de desprestigio, inventándose historias acerca de tal o cual con la idea de poner en entredicho sus logros incurren en injuria.

La calumnia también se da, en mayor o menor medida. El artículo 205 de nuestro Código Penal la atribuye a "la imputación de un delito hecha con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad". Es decir, el que te acusa de un delito (el que sea) sabiendo que es mentira y, por lo general, incluso sin pruebas.

Este tipo de actitudes, no empecemos todavía a rasgarnos las vestiduras, no pueden venir JAMÁS respaldadas por el artículo 20 de nuestra Constitución, que es el referente a la libertad de expresión, ya que entraría en conflicto con el 15, que es el derecho al Honor. Dicho de otro modo, tu derecho a putear al prójimo acaba justo donde empieza la dignidad del otro. Y oiga, los delitos contra el honor se consideran delitos, no hablamos de cualquier chorrada. Que igual no son delitos dolosos ni terribles fraudes fiscales contra los que los reyes de la conspiración se pasan el día rugiendo... pero no por ello son cosas disculpables, ni chorraditas menores ni hostias en vinagre. También se trata de cosas serias.
Si vamos a hablar de nuestros derechos, también tenemos que conocer la limitación que estos derechos tienen. Y no, amigos Distópicos: aquí no todo vale. Tener derecho a algo no nos convierte ni en dioses todopoderosos ni en criaturas intocables, porque el vecino también los tiene.

"¡Mi derecho está limitado! ¿Entonces no soy libre?"
Sí, hijo. Eres libre. Ea ea ea.


Pero volvamos a lo expuesto arriba, al concepto de Matrix. Es terriblemente curioso cómo estos seres ejercen un doble rasero automático dependiendo de la actitud que tengan los demás con ellos. Esto es algo que, de un modo u otro, lo hacemos todos: solemos reaccionar de mejor o menor manera con la gente según nos trate. La diferencia más notable, quizás, es doble: hay gente que no reacciona con la gente según la trate y se puede dedicar a poner a caer de un burro a gente que ya no es que no les haya hecho nada; es que no les ha hecho nada a nadie y su mayor pecado es no meterse en ningún terruño. Para estos, el mayor pecado es que esa gente que huye de complicaciones e historias no sea un aliado en este mundo frío y cruel.
El otro factor de este punto consiste en el hecho de que hay quien reacciona con otros, no conforme a cómo lo traten (que sería lo normal) sino a cuánto lo adulen. Hay quien prefiere vivir feliz rodeado de mentiras a escuchar lo que piensan realmente otros... que puede ser cierto o bien erróneo, pero que no te lo van a decir con afán de mentir.

El perfil del adulador es, como poco, interesante: en este mundillo si hay algo que destaca por encima de cualquier otra cosa es la terrible capacidad del rebaño humano para impresionarse. Suelta cuatro idioteces del calibre que sea una mañana y a los diez minutos tendrás una turba de aduladores diciendo que les has descubierto el sentido de la vida. Si tienes el suficiente séquito, puedes decir una burrada como que los negros vinieron de otro planeta y lo que buscan es invadirnos que habrá al menos un idiota diciendo que es verdad, que llevaba mucho tiempo pensándolo y que hasta ahora no se había atrevido a decirlo porque le daba miedo... pero ahora que tú lo has dicho, ya no se siente solo.
Escribe un día que el secreto para la vida eterna es hacerse pajas con la mano contraria y mañana surgirá todo un movimiento de Pajilleros de Mano Inversa que empezarán a predicar Tu Palabra, sin siquiera cuestionarse si lo que estás diciendo es una chorrada como la copa de un pino.
Y oye, que tú un día tengas ganas de soltar una parida no es malo. Quizás lo malo es cuando ves que el personal te sigue ciegamente, no importa lo gorda que la hayas soltado y, en vez de decir "Oye, igual se me está yendo la olla" te dediques a seguir. A alentar a las masas. A forjarte la figura del Mesías Resucitado que viene a traer la luz al mundo.

"¡Que se calle todo el mundo, que nuestro Mesías va a hablar!"


El ego, una vez más.
Y ojo, esto ya no es una cuestión interna, como me diría más de uno: viniendo de gente que está totalmente ajena a este mundillo, la percepción empieza a verse tal cual.

- Yo no es por nada- me dijo un colega que no forma parte de esto para nada hace justo una semana-, pero a mí desde fuera me da la impresión de que todo ese zanguango en el que te mueves no es más que una especie de lucha de egos y de peloteos constantes.

Creedlo o no, pero a este amigo no le cuento de la misa la mitad. Detalles concretos acerca de las putadas que le hacen a gente a la que han jodido pero bien jodida, me los ahorro y me limito a contarle las perrerías que me encuentro yo a nivel profesional, que tampoco son pocas.
Sabéis que no me gusta mentir a nadie, de forma que ni me molesté en negarlo. Hacerlo habría sido vender una imagen que considero se aleja muchísimo de la realidad que veo a diario y mentir a un amigo para mí es insultar a su inteligencia y mearme en mis propios valores. Mi respuesta, por tanto, fue más sencilla que lo que cabría esperar de alguien que escribe posts más largos que Guerra y Paz:

- No te haces una idea.

Ahora me pueden decir si quieren que mi visión es parcial, limitada o errónea. Qué casualidad, que mi visión lo es, cuando aparte de tratar con gente que no tiene absolutamente nada que ver con esto y ya está oliendo la cantidad de mierda que empieza a atufar, estoy en permanente contacto con mucha gente que me cuenta las guarradas que les van haciendo por ahí, con nombres y apellidos. Las indirectas, los insultos soterrados, los azuzamientos de lacayos, que organizan actuaciones que apestan a campañas de mobbing, bullying o como coño se llame hoy en día. Todos esos foritos públicos donde se puede leer entre líneas cómo alguien está pidiendo amiguitos para menoscabar la profesionalidad de alguien. Para dejar en entredicho su trabajo y, de paso, llevarse unas cuantas palmaditas en la espalda.
Veo casi a diario como un puñado de babosos se dedica a alabar a cuatro pobres diablos con vete a saber qué intención. Como si así se garantizara conseguir algo en esta vida... y, de conseguirlo, como si conseguirlo a base de lamer culos fuese un mérito. Como si no debiese serlo tu trabajo y nada más que tu trabajo.

Vaya, mucho rollo, mucho que se nos llena la boca, pero entra Ned Stark y ve el berenjenal que hay montado cada dos por tres y las chorradas que hay que tragarse y él solito se construye una guillotina para no tener que seguir aguantando majaronadas.


Respondiendo a lo que decía mi amigo, en realidad todo esto no es más que ego. Ego barato, inflado y hormonado, de unos cuantos pobres de espíritu que se han creído que por ver su nombre en un sitio público son alguien y los demás que no han llegado al mismo sitio son basura. Insignificantes, despreciables. Y no están solos: a su alrededor, doscientos millones de ilusos que, cual rémoras, se han creído que por arrimarse al sobaco de cualquiera de éstos que medio destaque y darles la razón en absolutamente todo lo que caguen, ya tienen garantizado un hueco.
Cada día que pasa no veo más que perros que se humillan, que lamen la mano que les da de comer al tiempo que les azota y que se dedican a ladrar a aquellos que no agachan la cabeza o que simplemente no tienen interés alguno en formar parte de una manada.
Estos perros no hacen más que engordar y criar más perros. Camadas enteras de estas criaturas que se arrastran por el mundo, meándose y cagándose por cualquier esquina, armando escándalo, gruñendo a otros (no necesariamente perros) a los que consideran más pequeños y sacudiéndose las pulgas entre ellos... pero que luego echan el rabo entre las patas al primer momento en que alguien rompe esa rutina a la que están acostumbrados y les enseña los dientes.
Porque en el fondo, no existe alguien más débil que el que se rodea de serviles y que ve única y exclusivamente lo que quiere ver.

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