sábado, 9 de octubre de 2010

Mis truños favoritos- Historia de Ricky (Rikki-Oh): Sí, es un truño, pero adoro esta película!!!



Anoche, tras una tardecilla bastante amena y cargada de buenas noticias personales, me encontraba de bastante buen humor para volver a ver esta película. Muchos de vosotros no la conoceréis de nada; otros, a lo mejor sí. Odiada por la inmensa mayoría de gente y amada por el resto, esta película no puede dejarte indiferente. ¿Por qué? Tal vez porque es, lo que mi amigo Carlos, que fue quien me habló de ella, la consideró "un puto clásico". Qué razón tenías, Carlos, que razón tenías.

La peli en sí viene a ser la típica peli de cárceles, al menos en principio. ¿Habéis visto Encerrado, de Stallone, Cadena Perpetua, etc? Bueno, pues esto es algo similar... o lo sería, si sólo nos quedamos con los topicazos de esas pelis y tiramos por el wáter el resto.
Una vez tenemos toda la ristra de clichés, como el que habla de una ristra de ajos, los mezclamos todos con clichés del manga más convencional (personajes ora fríos, ora idealistas a morir, malos que hacen el signo de la victoria cuando hacen alguna fechoría o supermalos que, por algún motivo que no entendemos, se hinchan y hablan con voz de travestí chungo) y ya empezamos a acercarnos a lo que es Historia de Ricky.

La ejecución de la película es pura serie-B. O serie-Z. Vale, digamos que es una serie muy baja, ¿vale? La falta de presupuesto se ve desde los mismos créditos: el doblaje tampoco es que ayude, porque nada más empezar la peli, la voz de un señor con bastante prisa te cuenta que en el futuro las cárceles se privatizan y los presos pasan a formar parte de empresas que se encargan de ellos. Ahí, con dos cojones. Sin tregua. El chiste es que, después del título, vemos que se nos aparece como 3 minutos más tarde, un rótulo que nos dice más o menos lo mismo (coordinación, que lo llaman).

Como en toda peli de cárceles, nos van presentando a los personajes. A diferencia de lo que pasa en las pelis de cárceles, aquí da exactamente igual. Los tíos que nos presentan tienen una historia que no nos vale para mucho... salvo la de Ricky, claro. Este tipo es un manga sobre dos patas. Literalmente. Físicamente es como el primo cutre del non-actor Mark Dacascos y su nivel interpretativo hace que éste parezca el puto DeNiro. Ricky es una especie de tío superfuerte con corazón de Teletubbie que, a modo de "recuerdos", tiene alojadas cinco balas en el tórax (otros se hacen tatuajes; este no, tiene que ir por la vía tremenda). Tiene momentazos de miraditas toscas en plan "¿Estás hablando conmigo?" que hacen que te partas. Lo mismo en un manga cuela. Aquí da risa.

Luego tenemos la escena del vejete. Un vejete al que ha visto cinco minutos. El vejete se suicida y por la santísima cara Ricky aparece en el patio de la cárcel (sin que nadie se pregunte qué hostias hace ahí) para romperle las esposas al cadáver (sí, yo también me pregunté por qué esposar a un muerto) y darle, a modo de regalo póstumo, un trenecito de madera que los malos se habían cargado. Este chico no sólo es un luchador que te cagas, también es un artista, el tío. Los alguaciles se largan con el vejete fiambre en unas parihuelas y dejan allí al bueno de Ricky, gritando "WAAAAAAHHHHHHH", como si fuera su mismísimo padre.

Las escenas de lucha intentan simular al gore... o lo intentarían si no fueran tan artificialmente espectaculares que tuviéramos la impresión de estar viendo un tebeo de los malos adaptado con una torpeza tremenda. Las tripas se salen, los ojos explotan de una colleja (sí, de una colleja, no es coña) y las cabezas revientan gracias a un primo oriental de Bud Spencer.




Así se pega una collega, ¡Qué grande eres, Ricky!

Los secundarios dan tantísima risa como el mismo Ricky: un proto-emo ochentero doblado con voz aflautada, el hijo de un Yakuza sin lengua que aprende a tocar la flauta en cuestión de DOS segundos (lo cual le hace inmensamente feliz), un tío con unos palotes que lanza con cuerdas, el ayudante del alcaide que es tuerto y manco (y aparentemente adicto a las pelis porno, a juzgar por lo que vemos en el despacho) y el hijo del alcaide que es un cruce entre Shin-Chan, Doraemon y cualquier niño tonto.

También hay flashbacks donde se nos cuentan la Historia de Ricky. De joven era un auténtico pazguato (o sea, como ahora, pero con uniforme blanquito para ir al cole) pero muy fuerte. Su tío le enseña Chi-Gong, o algo así, que es un arte marcial la hostia de guapo para canalizar aun más su fuerza (además, sin motivo alguno, Ricky cuenta que quiere proteger a los débiles. Todos tenemos un hobby). Como entrenamiento, se dedican a tirarse lápidas de un cementerio para romperlas con el pecho (viva la profanación). Como postre de esta escena, a Ricky le sale un aura sacado de los Caballeros del Zodiaco. Con esto nos dicen que ahora su poder esta en el punto guai.
Pero a la novia de Ricky se la cargan. Como en las pelis de Charles Bronson, está en el sitio menos indicado: paseando a las tantas por un parque y viendo a los yonquis campar a sus anchas. La secuestran, se escapa, se tira por una ventana y palma. Al enterarse, Ricky cobra venganza. Es omnisciente, sabe donde están los malos y los mata. No sin antes, recibir los cinco balazos que tiene en el pecho.

En la cárcel, Ricky no se termina de adaptar al rollo que llevan los presos. En realidad es muy fácil, consiste en murmurar por lo bajo cada vez que sucede algo, pero eso a Ricky no le va. Lo suyo es soplar hojas de árboles en plan flauta y poco más. Aparte, las injusticias le matan. Es que no puede con ellas. Los de la cárcel plantando opio, y él coge y quema la plantación porque con eso palman inocentes. También está la Banda de los Cuatro dando vueltas: cuatro pavos (el emo, el de los palotes, un yakuza cuyo "fatality" es hacerse un harakiri e intentar estrangularte con sus tripas y Bud Spencer) que corresponden a los pabellones norte, sur, este y oeste, que en realidad son carne de hostia pura. Superfuertes, pero nada que hacer contra Ricky, que se dedica a repartir justicia en una cárcel (WTF???)

Al final, aparece el alcaide, que es una especie de clon de poca monta del nazi aquel que nos encantó en En Busca del Arca Perdida con debilidad por ver peleas de presos a muerte. A diferencia de éste, este alcaide tiene la costumbre de hincharse (efecto secundario del mejor Kung-Fu, según las explicaciones que obtenemos de él mismo). Se enfrenta a Ricky en un combate a muerte que culmina en una picadora de carne. Este es el último paso para la libertad de todos esos pobrecillos que estaban ahí encerrados sin motivo alguno.

Como podéis ver, la peli es mala a morir. ¿Por qué la adoro? Pues quizás porque es tan ingenua que no puedes tomarla en serio: los guardias y los capos son malos, Ricky los presos más buenos que el pan. Está tan mal hecha que da risa (la escena de la cabeza de goma que se clava un clavo en el ojo es digna de verse a cámara lenta). Las escenas, agolpadas entre sí sin demasiado orden ni concierto, se debaten entre el topicazo (véase la cortísima pelea en la ducha) y lo directamente ridículo (como por ejemplo, la secuencia, a la que poco le falta para ser rodada en cámara lenta, donde se ven dos puños acercándose el uno al otro)
El personaje de Ricky es tan plano y simplón, y con un idealismo tan grande que dices "¿De dónde coño se ha escapado este?" (Recomiendo la escena en que sale detrás del ayudante del alcaide, apuntándole con el dedo y gritando "ES UN ASESINO!" ante toda la cárcel, sin contar el hecho de que siente una compasión totalmente incomprensible ante cada tío moribundo al que él mismo ha machacado previamente). En definitiva, la peli propia para pasar un rato de risas entre amigos, no tener que pensar en las cosas trascendentales de la vida y echar un Viernes por la tarde sin tener que rellenar el cerebro con demasiadas preocupaciones.

Muy recomendable verla justo después de Celda 211.

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