Iniciamos nueva sección con la idea de destripar y analizar esta novela que me he terminado hará escasos quince minutos. Como podéis ver, se titula La Guerra de la Doble Muerte y está escrita por un tipo muy simpático al que conocí la semana pasada, llamado Alejando Castroguer.
Ya habéis podido leer en blogs anteriores lo reacio que soy a las modas; ya he hablado también sobre lo que es el fenómeno zombi y el escepticismo que me produce ver cómo las editoriales saturan el mercado con decenas de novelas con la misma temática al mismo tiempo. Supongo que esto os hará imaginar que me la leí sin esperar nada más allá de ver un montón de muertos vivientes comiéndose al personal. En otras palabras, que me preparaba para leer algo entretenidillo, pero sin demasiadas pretensiones.
Sin embargo, hubo dos hechos principales que me hicieron darle el beneficio de la duda. Uno, fue el comentario de Juan Pablo, dueño de EnPortada Comics, que viene a ser una especie de Shangri-La espiritual para un humilde servidor. Desde hace años, confío tanto en su criterio como en el de su mano derecha, Peter. Me dijo que Castroguer tenía un estilo particular. Poético, incluso. ¿Poesía en una novela de zombis? Eso llamó mi atención.
El segundo hecho tuvo lugar cuando conocí a Castroguer en persona. No trató de venderme su libro como una obra maestra, sino que me dijo que el lo había hecho lo mejor posible (me incluyó esto en su dedicatoria) y que había intentado escribir una novela de zombis, pero en serio. Eso, por encima de lo que Juan Pablo me había dicho, fue el puntal definitivo que me impulsó a leerme de lleno La Guerra de la Doble Muerte.
Una vez leida la novela, pasaré a hacer la Autopsia a continuación, siendo lo más objetivo que mi propio bagaje mental me permita, con la idea de que aquellos que estéis leyendo estas líneas saquéis vuestras propias conclusiones de lo que me he encontrado aquí.
Como bien he dicho, la GDM parte de dos premisas que son sus bazas más fuertes: la primera es su tratamiento del lenguaje, que desarrollaré en el párrafo siguiente y su enfoque, que trataré un poco más adelante.
Estilo: Como bien apuntaba Juan Pablo, el estilo de la obra hace uso de un lenguaje bastante poético, siendo abundante el uso de símiles y metáforas, lo que confiere a la narración un carácter muy visual. Esto la llena de plasticidad, cosa que puede resultar bastante efectivo a la hora de describir situaciones. Al mismo tiempo, este tratamiento "embellecedor" evita que lo descrito caiga en el morbo de lo desagradable. Las escenas, por tanto, pueden narrar hechos realmente repugnantes (véanse ejecuciones, defenestraciones o canibalismo en su estado más primario) y el lector medianamente acostumbrado a la literatura de terror no tiene por qué sentirse especialmente asqueado al visualizarlas.
Como apunte personal (y por tanto, no ha de ser tenido en cuenta por aquellos que estéis leyendo esto), el único aspecto con el que difiero en este tratamiento es quizás que Castroguer puede ser ligeramente barroco a la hora de describir (especialmente situaciones secundarias), pero también es necesario hacer el apunte de que últimamente lo que he estado leyendo han sido obras que siguen vertientes diametralmente opuestas y apuestan por un minimalismo en el estilo. Mi segunda crítica se referiría a los primeros capítulos de la novela, donde el lenguaje del narrador en algunos puntos parece fusionarse con el de algunos personajes. Afortunadamente, es una impresión pasajera que desaparece conforme va avanzando la historia
Ambientación: Puede ser otro gran punto fuerte de la GDM, si el lector se encuentra ya cansado de historias que tengan como escenario las ciudades de Londres, Nueva York o Bangor, Maine. En este libro, la acción se desplaza a una Andalucía devastada, donde proliferan los detalles geográficos de la mayor parte de la geografía andaluza (si la memoria y mi análisis no fallan, tan sólo Almería, Jaén y Huelva no aparecen como escenarios explícitos de la guerra, aunque sí mencionadas). Se agradecen enormemente detalles claramente locales y culturales, lo que hace que Andalucía no se convierta sólo en un escenario físico, sino en todo un soporte de la cultura española, y más concretamente, de la sureña. Como ejemplo puedo contar (dicho así de pronto), referencias a cómo son las comidas de Navidad españolas, a un par de zombis que anteriormente formaban parte de la Sevilla cani (este detalle me resultó humorístico y realista a partes iguales), a los toros, a la paella... y todo esto sin caer en el tópico.
Contexto: Punto que, desde mi punto de vista, me resulta de lo más interesante de la novela. El enmarque temporal es totalmente contemporáneo, situándose la narración entre 2009 y 2010, con todos los elementos socioculturales que caracterizan a esos años: desde la crisis económica que azota España hasta el fútbol, la GDM funciona como "diario alternativo" de lo que sería la sociedad de esta década. Eso sí, con zombis.
En este punto, puede verse una vena crítica muy incisiva por parte del autor que, si bien a veces pienso que podría explotarla mucho más (véase el tratamiento del Gobierno ante la crisis zombi, la manipulación de los medios y demás), es bueno saber también que no cae en el panfleto fácil. Tal vez el hecho de echar de menos más escenas donde se nos cuenta cómo se ve el despertar de los muertos en otras partes de España nos haga hacer uso de la imaginación y pensar por nosotros mismos en la cantidad de mentiras que podrían surgir a partir de ahí.
Enfoque/ Personajes: Aquí radica lo más novedoso de la obra, puesto que si el lector está esperando ver al cachas, al ex-poli, el chuleta y la animadora recién salida del catálogo de Vecinitas de la revista FHM, ya puede irse olvidando, porque aquí los protagonistas son los zombis.
Castroguer hace uso de un concepto que no deja de ser arriesgado. Si yo tuviera que escribir una novela de muertos vivientes, lo último que haría sería dotarlos de mente y recuerdos, porque para mí un muerto viviente es lo más parecido a una ameba con patas que vive única y exclusivamente para comer. Sin embargo, en la GDM funciona, no me preguntéis cómo, porque ni yo mismo lo sé: aquí los zombis son inteligentes (aunque sus recuerdos andan bastante mermados y confusos, y hacen cosas bastante raras por culpa de ellos, como cepillarse los dientes compulsivamente o decir que vienen de Silent Hill). Si no fuera porque responden al patrón clásico de "sólo se mueren cuando les vuelas los sesos", casi me parecerían más víctimas de un virus similar al que vimos en 28 Días Después, que lo que podemos encontrar en películas como La Noche de los Muertos Vivientes. Prueba de ello es que estos zombis no sólo son capaces de correr; son lo bastante inteligentes como para conducir coches, negociar con soldados, intentar tender trampas a gatos, organizarse en grupos para asaltar un nido de supervivientes y mil cosas más. A mí me cuentan esto de entrada, sin leer la novela y no sabría si pensar que es una blasfemia ante el género o un concepto nuevo, oriundo del particular universo zombi de Castroguer.
Los personajes principales son tres, aunque vemos algunos secundarios que se van intercalando en la narración, lo que hace que la focalización interna se asemeje más a una "obra coral" en algunos momentos. Lo que los une es el hecho de que todos, tanto principales como secundarios, aparecen descritos de un modo "impresionista": nunca se nos da toda la información de golpe acerca de ellos, sino que vamos descubriendo cosas, tanto de su personalidad como de su pasado, a base de "pinceladas" con las que el autor nos va dosificando hasta las últimas páginas de la historia. Al principio, al tratarse de una novela que empieza in medias res, el lector se ve obligado a cooperar y ser un poco paciente. No será hasta más adelante cuando sepa más sobre los personajes que se va encontrando por el camino; de momento, tendrá que conformarse con los datos que va recibiendo. Si el lector tiene cierta experiencia atando cabos, no le resultará del todo complicado deducir quién era Judith antes de resucitar, por ejemplo.
Como he apuntado arriba, quizás el punto más débil en este apartado pueda ser el lenguaje a veces, que al principio de la novela queda "impregnado" del particular estilo del narrador, perdiendo coloquialismo en algunas ocasiones. Otra nota curiosa (que no resulta ni positiva ni negativa, pero sí de interés) es el hecho de ver un adolescente contemporáneo como Jonás tratando de usted a su madre.
Ritmo narrativo: La GDM es una obra que a todas luces procura evitar la tregua. Al tener el enfoque "cuasi-coral" que he comentado antes, las pausas narrativas quedan rápidamente eliminadas al trasladarse la acción a otro punto geográfico, protagonizado por otro personaje. Es por esto por lo que casi siempre están pasando cosas y se evitan momentos, que tal vez algún lector odie, en los que un personaje se detiene a observar el firmamento y plantearse el sentido de la vida, el Universo, y todo lo demás. A esto se suma el frecuente uso de flashbacks, que sirven no sólo para recortar esos momentos de tregua, sino que además perfilan a los personajes, aportando los datos que nos faltaban al principio de la novela. De esta manera, cuando llegamos a las últimas páginas tenemos CASI todas las piezas del puzzle (digo CASI, porque Castroguer se guarda algunos ases bajo la manga en los últimos dos capítulos... me refiero en lo tocante a las historias de Salvador y de Hawthorne. No digo más para no hacer spoiler)
Intertextualidad: En mi encuentro con Alejandro Castroguer, éste me comentó que en la Guerra de la Doble Muerte podrían encontrarse alrededor de ochenta referencias a otras obras, tanto literarias como cinematográficas o musicales. De un modo ameno, nos invitó tanto a mí como a los presentes a descubrir el mayor número de éstas posibles. Dado que he encontrado cerca de la mitad, considero que incluirlas todas en este análisis podría ser algo bastante tedioso para el pobre lector que lleva ya un rato viendo como divago una y otra vez, así que quizás lo dejo mejor para otro post futuro.
Lo que sí es cierto es que la GDM está llena de constantes referencias a... bueno, prácticamente a todo. Desde literatura clásica como La Divina Comedia (voy a tener que revisar mis fuentes literarias, porque yo también tengo tendencia a citar a Dante en mis novelas y voy a parecer un simple plagiador) o Hamlet (los que me conozcáis seguro que os reiréis mucho con respecto a esto último) hasta elementos más contemporáneos como 1984 (una de mis novelas favoritas), Conan o películas como Lo que el viento se llevó o Psicosis. Esto aporta una riqueza cultural de talla considerable a la obra, aunque a veces las referencias aparecen muy seguidas, lo que hace que, aquel que las esté descubriendo todas, tienda a perderse en su propio ego diciendo "¡Eh, esto es de El Nombre de la Rosa!" y pierda un poco el hilo de la narración. También puede pasar que, si no se pilla completamente la referencia, el lector se quede un poco en plan "Bueno, vale, supongo que querrá decir esto", pero sin estar del todo seguro.Por otra parte, las referencias no son en absoluto crípticas y esto no tiene por qué suceder muy a menudo.
Interpretación: Esta es la parte más personal de mi análisis, y por tanto la menos objetiva. Llegados a este punto, sois libres de sacarme a hombros por la puerta grande o ponerme en la picota para tirarme lechugas.
Para mí la GDM, pese a narrar lo que narra (una invasión zombi en Andalucía), lo cual a muchos les podría sonar a guasa, es una historia que esconde mucho más. Nos narra, de un modo encubierto, la crueldad de una guerra. Una guerra en la que no hay ni buenos ni malos: los soldados masacran sin pensárselo a civiles que se han rendido. Hombres, mujeres y niños que caen como guiñapos ante los fusiles en Torremolinos. Al igual que en la Guerra Civil española, la historia se repite y tenemos a los barcos bombardeando las caravanas de refugiados (aquí zombis) en la carretera de Almería. La propaganda lo silencia todo: La plaga en Andalucía está bajo control. Vengan en busca de una vacuna. Todo patrañas que convierten a los civiles en picadillo.
Alejandro Castroguer ya hizo algún comentario al respecto cuando le conocí, lo cual me acerca un poco a la idea que creo que tiene de lo que es la "cultura zombi"; al menos, a su particular punto de vista, más allá de modas. Vamos allá (Alejandro, si he metido la pata, te invito a que me pegues una colleja la próxima vez que nos veamos): En una sociedad occidental que parece necesitar cada día más que revisen sus conceptos de vida, con una crisis económica mundial que azota especialmente a nuestro país, no es difícil pensar que los zombis existan. No nos referimos al monstruo harapiento de los videoclips de Michael Jackson que sale de su tumba, sino al muerto en vida. Mucha gente ha perdido la fe en todo, las esperanzas. Los que no tenemos trabajo, vemos como la situación del paro creciente nos drena el alma (y la paciencia), mientras vemos que nuestro futuro es precisamente que no parece haber ningún futuro. Los que tienen trabajo, se ven cada día más ahogados por unos impuestos que no hacen más que subir. La vida se vuelve más cara y los sueldos y las condiciones laborales (y de vida) se quedan cada vez más estancadas en las circunstancias de hace quince o veinte años.
"Sólo hay vida después de la muerte", dice Juan Francisco Ferré en su comentario a la GDM. En el caso concreto de la novela, es cierto: Judith y sus compañeros de viaje luchan por la supervivencia de un modo mucho más desesperado y fiero que los propios vivos. Cada minuto que pasan en pie es un regalo, ya que ningún soldado les ha abierto la cabeza de un disparo. Aunque lastrados por unos recuerdos irregulares y temerosos de su futuro, al igual que los vivos, éstos viven mucho más el presente. El día a día. Aunque ese día a día consista en encontrar alimento.
Y esto es todo cuanto puedo decir acerca de La Guerra de la Doble Muerte. Espero haber sido todo lo objetivo que mi sentido crítico y mis estudios de crítica literaria de primero desde carrera hasta el curso de doctorado me hayan permitido, y que todo ese tiempo invertido haya servido para algo. Por supuesto, quiero que quede bien claro que estas líneas en ningún caso son la Sagrada Palabra y que las conclusiones que hayáis podido sacar de este análisis tan sólo os inviten a sacar las vuestras propias. Cualquiera que quiera ver otra cosa más allá de esto, ve en una dirección que en absoluto se corresponde con el objetivo que pretendo.
Y por supuesto, si alguno de vosotros tiene algún comentario que hacer, quiere rebatir algo o suscribirlo, o simplemente acordarse un rato de mis antepasados... sed bienvenidos.
Posdata: Lo de mis antepasados no iba en serio.

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