lunes, 21 de noviembre de 2016

Angst- Harto



Conoces ese sentimiento, ¿verdad? Lo conocéis todos.
Lo habéis sufrido en algún momento de vuestras vidas. Unos, de forma testimonial; otros, día a día.
Hastío.
Cansancio.
Esa sensación que tienes cuando te das cuenta de que ya no puedes más y, pese a todo, ahí sigues, obligado a aguantar lo que te toca.
Se supone que deberías hacer tal cosa, que deberías dejar de hacer otras tantas. Y tú ahí en medio, con un único pensamiento en la cabeza, que brilla como una bengala:
Estoy harto.

Os diré de lo que estoy harto yo.
Estoy harto de querer y no poder.
De intentar hacer las cosas siempre lo mejor que puedo, lo mejor que creo y lo mejor que sé. ¿Todo para qué? Para ser juzgado, tasado, evaluado y declarado indigno. Para recibir, metafóricamente hablando, patadas, bofetones y escupitajos en la cara.
Estoy harto de darme cuenta de que soy el único que se siente obligado a dar unas explicaciones que, pensándolo en frío, no tendría por qué dar. De claudicar, de capitular. De tener que agachar la cabeza y aceptar culpas solo por no seguir adelante en discusiones que no me llevan a ninguna parte.

Estoy harto de mi propio silencio.
Estoy harto de quedar enmudecido, de irme al rincón de pensar. Estoy harto de ver cómo mis pensamientos, sistemáticamente, son puestos en entredicho, ninguneados, declarados no válidos. De que todas y cada una de mis palabras me hagan sentir como un ignorante, como un pobre idiota que no sabe nunca de lo que habla.

Estoy cansado de sentirme inferior. De luchar siempre con todas mis fuerzas, poniendo mi corazón y mi alma en todo cuanto hago. De hacer lo que creo que es justo, de sacrificarme por el bien común. De seguir un camino lo más recto posible, de no desviarme por motivos egoístas. De ceder, de sentarme en la grada para ver la felicidad de los demás y recordarme a mí mismo que la mía parece estar vetada por algún motivo que no puedo entender. Estoy cansado de hacer todo esto para luego ser flagelado, pateado y crucificado.

Estoy harto de emprender mi propio camino al Calvario cada cierto tiempo. De subir a mi propia cruz y de ver cómo aquellos que en su día estuvieron a mi lado ahora me dan la espalda mientras cargo con ese pesado pedazo de madera. Estoy ya muy cansado de que me claven clavos en las muñecas y los pies, de que me atraviesen de parte a parte con una lanza y que luego me dejen a mi suerte para que los cuervos se echen a suerte mis restos.


Hala, a cargar con esto.


Estoy cansado de tener que visitar mi propio infierno una y otra vez. De ir añadiendo nuevas líneas a mi lista de errores vividos, y por los que no sé por qué tendría que perdonarme. De cuestionarme a mí mismo, tanto o más que lo que ya lo hacen los demás. De preguntarme constantemente qué he hecho mal y qué podría haber hecho mejor, si no he tenido nunca mejores opciones. Si, a fin de cuentas, siempre he hecho las cosas del mejor modo posible.

Estoy harto de vivir en círculos, de no avanzar, de sentir que mi vida no es más que un ciclo condenado a repetirse eternamente hasta el día que abandone este mundo. Estoy cansado de darlo todo y, a cambio, ser humillado, arrastrado y ninguneado. De esforzarme para que se me recompense con vacío, frío, oscuridad, silencio, desprecio o incluso odio.

No me quedan muchas fuerzas. Cada grito, cada palabra lanzada como si fuera un dardo envenenado; cada pulla, cada error restregado por mi rostro como si fuera un pecado mortal e imperdonable es una cicatriz que últimamente no hace más que sangrar. Al igual que un animal de laboratorio, siento que nada de lo que haga me llevará a un buen fin, por lo que al final opto por lo que haría él: me escondo en un rincón, me quedo en silencio. Aguardo la nueva oleada, sin demasiadas ganas de pelear. A veces, ya ni me pregunto por qué. Simplemente espero a recibir lo que sé que voy a recibir.

Estoy cansado de vivir con miedo. De medir mis palabras, para que no se me mande a callar, ni se me grite, ni se me diga cualquier cosa hiriente. De que se me recuerde que no soy lo que se esperaba de mí. Que no estoy a la altura, que no soy gran cosa. Que a mi alrededor cualquier criatura es mejor, que tiene una vida más plena. Que al final, sienta que tengo que dar explicaciones acerca de por qué no llego. De por qué no soy tan genial, ni tengo tanto éxito en la vida como otros.

Estoy harto de empeñar mi palabra una vez tras otra, y ver que soy una voz que predica en el desierto. Harto de ser el único en comprometerse y en mantenerse fiel a sus promesas, solo para ver cómo el resto de mi Universo hace simplemente lo que quiere, aunque eso implique pasar por encima de mí y arrastrarme por el suelo sin piedad alguna.

Harto de llevar una máscara para protegerme y de ser visto como un bufón solo porque pocos, muy pocos, se molestan en mirar qué hay más allá. Cansado de ser el último mono, de ser ignorado o no tomado en serio. Estoy más que harto ya de llegar a casa y, en el único lugar que considero un auténtico refugio, mostrar mi verdadero rostro tal y como es. Un rostro no tan alegre como la mayoría piensa; el rostro de alguien que no entiende por qué tiene que soportar según qué cosas.


Lo que se ve no siempre es lo que hay.


Estoy cansado de hacerme preguntas y de no encontrar respuestas jamás. Estoy cansado de tener que aguantarme, de tener siempre la mano perdedora o de pagar por los crímenes de otros. Estoy cansado de llegar demasiado tarde, o de actuar demasiado pronto. Estoy cansado de no ser capaz de ver en los demás para no sufrir decepciones tan amargas. Estoy cansado ya de trifulcas, de discusiones, de riñas, de peleas. Agotado de ver cómo los dedos acusadores se ciernen sobre mí y no poder hacer absolutamente nada para evitarlo.

Estoy abatido. Desgastado.
Harto de hablar y no conseguir hacerme entender. De esa rabia, de esa impotencia que surge cuando ves que todo a tu alrededor se desmorona y se corrompe y las miradas se giran hacia ti, como si esperasen que tú las fueras a solucionar, o como si tú fueras el único e irremediable causante de todo el Mal que se esparce a tu alrededor.

Cansado de huir, de esconderme, de emprender nuevos caminos para volver a empezar. De tener fe en aquello y en aquellos por los que no debería tenerla, pues estoy viendo que la fe en mí dura realmente poco. Estoy harto de acabar siempre sintiéndome mal, de encogerme casi hasta la nada. De que lo mejor que se me ocurra cuando todo empieza a temblar es acurrucarme en un rincón y rezar porque esta vez toda la marea no caiga sobre mí. También estoy harto de que mis rezos no me sirvan para nada y acabe siempre con una diana en el pecho.

Estoy harto de dobles raseros. De ser juzgado con mayor dureza, de ser golpeado y zarandeado solo porque soy yo. Porque se esperaba más de mí. Porque por lo visto, en según qué contextos, no soy como los demás. Estoy cansado de que estos argumentos se usen como principal excusa para descargar rabia sobre mí. Rabia de la que no soy responsable y rabia por la que se me hace pagar, de una forma desproporcionada. Estoy harto de no ser capaz de defenderme, por miedo a iniciar una nueva guerra de desgaste que sé que no me va a llevar a buen puerto.

Estoy cansado de tener que explicar por qué agacho la cabeza y me someto como un perro vagabundo cuando debería levantarla como un lobo y mantenerla firme. Estoy cansado de no ser fuerte, de ser herido con tantísima facilidad. Estoy más que harto de que encuentren mis puntos débiles y se hurgue en ellos con tanta libertad. De que llegue cualquiera y, con poco que me conozca, me haga sentir tan mal.


Eso harta.


Estoy harto de que el reconocimiento por lo que hago (por mucho o poco que sea) no exista. Que solo se vean mis defectos, mis errores, mis fallos y mis taras. Estoy harto de sentirme tonto, ciego, mudo e insignificante. Estoy más que cansado de merecerme algo bueno en mi vida y de no encontrarlo. De acabar comiendo migajas en el suelo y de que se me llame conformista por ello, cuando la cuestión es que logro lo que logro porque no he conseguido, no he sabido, hacerlo mejor. Porque eso es lo que he logrado poniendo todo mi empeño. Porque, admitámoslo: no doy para nada más.

Estoy harto de sentirme monstruoso, de que cada vez que intento mantenerme firme en algo en lo que creo, en ser fiel a mi palabra, y en aferrarme a lo poco que tengo, que son mis valores, se me ponga en tela de juicio. Se asuma que mi forma de pensar, de actuar, de vivir, es incorrecta. Que todo aquello en lo que creo no es más que un puñado de estupideces. Que soy intolerante, intransigente, inflexible. Ignorante, arrogante, torpe, inútil, vago. Rencoroso, cobarde, egoísta, mezquino. Me parto el alma por demostrar que no soy así. Que jamás he tenido intención alguna de serlo. No os imagináis hasta qué punto desgasta luchar por hacerlo y darte cuenta de que todo cuanto haces resulta ser total y absolutamente absurdo. Que ya has sido juzgado, tasado, evaluado y etiquetado.

Estoy ya exhausto.
Estoy cansado de que se me dé a entender que no hago una a derechas. Que valgo para poquita cosa, aparte de para soltar chistes guarros de los que, en el fondo, apenas se ríe nadie. De que, a cada paso que doy, siempre siempre siempre haya alguien poniéndome por delante una relación de todos y cada uno de los fallos que he cometido, sin importarle siquiera por qué los he cometido, o qué era lo que pretendía. Estoy harto ya de intentar construir algo para que se destruya, y luego tener que escuchar cómo se echa en cara que fue culpa mía por querer cometer la osadía de intentar ser un poquito feliz en esta vida.

Estoy harto de no tener ningún logro digno de mención por el cual nadie pueda restregarme mis carencias por la cara. De que, haga lo que haga, se achaquen siempre mi falta de ambición o de visión. De que todo el mundo conozca a alguien con quien compararme y dejar todos mis esfuerzos por los suelos. Estoy cansado de no haber podido nunca cerrarle a nadie la boca con lo que soy capaz de hacer... porque tampoco creo que sea capaz de hacer nada especial.


Que, a ver, ya me gustaría a mí... pero de donde no hay no se puede sacar. Y eso es lo que hay.


Estoy cansado de no ser nada del otro jueves. De no causar un gran recuerdo en la mayoría y acabar por ser olvidado tarde o temprano. Estoy cansado de que mi presencia incomode, sobre o directamente resulte ser una molestia. Estoy harto, muy harto, de darme cuenta de que acabo siendo la piedra que estropea los engranajes o la oveja negra. Harto de hablar un idioma que nadie entiende, o de no entender el idioma del mundo que me rodea. De sentirme como un alienígena en mi propio mundo, de querer encontrar mi lugar y estar condenado a errar de aquí para allá.

Estoy harto de todos y cada uno de mis fracasos, que me atormentan día sí y día también. De que, cuando no me los recuerde yo (lo cual ya es raro), siempre haya alguien que me los recuerde a mí, haciendo de paso que me sienta culpable. Y es que estoy también muy cansado de ver cada error como un fracaso y de no ser capaz de perdonármelos jamás.

Estoy cansado de hacerme daño. Estoy cansado de que me hagan daño. Estoy cansado de dejar que me hagan daño. Estoy cansado de no tener las fuerzas suficientes para trazar la línea que debería para que nadie más me pisotee.

Estoy cansado de que, lo único que pueda hacer cuando todo se hunde a mi alrededor, sea escribirlo para desahogarme... pero sin el cerebro, el valor o las fuerzas necesarias para dar con una solución que no implique el resultado habitual: que haga lo que haga, siempre acabe perdiendo. Siempre llevándome mi ración de heridas. Que, por buena voluntad que ponga, todo acabe saliendo mal. Que, por mucho que insista, se me va a considerar culpable de toda la destrucción causada.

De todo esto estoy harto.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Angst- Platos rotos




Hemos hablado ya varias veces de esto.
Si estáis hartos de leer lo mismo, nadie os obliga a continuar. Sois libres de coger el portante e ir a visitar algún sitio más interesante, donde cuenten noticias de actualidad, donde haya memes graciosos o un ranking sobre los muebles de cocina más estrafalarios que han inventado los escandinavos.
También podéis seguir aquí, nadie os echa. Sois hasta bienvenidos, en caso de que decidáis quedaros. A veces pienso que sois cada vez menos, lo que no digo como queja; eso me da cierta libertad para hablar sin tener que andar dando más explicaciones de las necesarias. Sin justificarme. Sin tener que desmentir lo que no he querido decir bajo ningún concepto.

Supongo que aquellos que os habéis quedado y seguís leyendo os habéis sentido alguna vez así. Me refiero a esos días en los que os levantáis por la mañana y sentís que no sois especiales. Que vuestras vidas no son lo que se diga gran cosa. Os dedicáis a vuestras tareas, a vuestras rutinas y dejáis la huella justita en el mundo como para avanzar al día siguiente y poco más.
Quizá sintáis que no estáis viviendo la vida que os merecéis. Consideráis que sois buenas personas, que no atacáis sin provocación a los que os rodean y que, en general, procuráis llevar una vida lo más pacífica y tranquila posible. Sin embargo, conforme pasan los días, las semanas... los años... os dais cuenta de que, por mucho que queráis, no progresáis. Seguís ahí, en una especie de bucle.
Os sentís los hijos medianos de la Creación.


"¡Feliz día del hijo mediano! Oh, ¿no te habías dado cuenta de que es el día del hijo mediano? No te preocupes, si nadie lo hace... no eres más que el relleno".


No siento vergüenza alguna al reconocer que me siento así con relativa frecuencia. No es la primera vez que, por motivos que no mencionaré aquí, me he sentido en ese plano: viviendo el rechazo, el olvido o la indiferencia de muchos de los que me rodean. Sin causar mella en poco más que en un puñado de personas que sí creo que realmente me entiendan; en el resto de los casos, no soy más que el de siempre: bufón, chivo expiatorio o como quieras llamarlo.
Desde que puedo recordar (y, creedme, es bastante tiempo, gracias a mi buena memoria) he podido sentir cómo mucha gente ha pagado conmigo su falta de paciencia, sus frustraciones o sus problemas personales. Ninguna de las tres cosas ha sido directamente responsabilidad mía, pero ha dado igual. A causa de ello, desde muy temprana edad, he tenido que soportar cómo se me levanta la voz, se me trata como si fuera una molestia o directamente ni se me trata.
Y yo, idiota de mí, he agachado la cabeza.

Ante eso diréis que eso de agachar la cabeza cuando me tratan de esa manera es culpa mía, y no os voy a quitar la razón. Pero antes de ser sometido a juicio sumarísimo me gustaría saber cuántos de vosotros habéis mantenido la cabeza alta cuando lo último que queréis es ser visibles ante un conflicto, o cuando simplemente no os quedan fuerzas. Cuando sabéis que, digáis lo que digáis, solo empeoraréis las cosas. Que no vais a arreglar nada plantando cara, salvo entrar en una discusión que sabéis que jamás ganaréis.
Quizás por eso, no lo sé, me considero una persona relativamente vulnerable. He estado pensando en ello últimamente y pienso que esa podría ser una de las razones. Cuando te conviertes en aquel que paga los platos rotos de todo bicho viviente, tarde o temprano acabas por asumir según qué cosas; o bien, te quedas sin defensas posibles. El embate constante hace que acabes tan cansado, tan harto ya de escuchar lo mismo que directamente no le ves sentido a seguir por ese camino.


Y a callar.


Lo más gracioso es justo lo que he mencionado arriba: lo que es por mi parte, jamás ha habido intención alguna de provocar nada. Jamás he cogido, me he levantado un buen día y me he dicho "Voy a tocarle las narices a fulanito y menganito para que se cabreen conmigo". Cualquiera de los que me conocéis solo un poco sabéis que no soy así. No a menos que se me haya atacado a mí o a mi entorno previamente. Y ni por esas actúo de esa manera hasta que considero que la afrenta ha sido lo bastante grave.
Sin embargo, he perdido la cuenta de todos los seres humanoides que han cargado sobre mí el peso de la culpa. Desde gente que pasa por un mal día y me pilla por banda hasta los que directamente prefieren acusarme a mí de sus miserias en lugar de reconocer las propias. Están también aquellos que consideran que lo más cómodo es responsabilizarme de cualquier puñetera cosa que no les gusta para así tener libre su conciencia.
Gente que me ha gritado, gente que me ha humillado sacando asuntos personales delante de quien no debía, gente que me ha tratado como si yo fuera la peor criatura jamás parida sobre la faz de la tierra. Gente que me ha hecho sentirme como un pedazo de mierdecita, y no por lo que me han dicho en sí, pues estoy por encima de según que cosas. Si me he sentido tan mal no ha sido por tal o cual palabra que se ha usado en mi contra, sino por la falacia que supone todo. Por ponerme la diana en el pecho y empezar a disparar con total libertad. Por lo injusto que es hacerme pagar a mí por algo que llevan ellos dentro. Porque saben que yo jamás habría hecho algo de ese calibre.
Porque sé que no me merezco ser tratado de ese modo.
Porque merezco algo mejor.

Es la clase de cosas que, metafóricamente, hacen que me den ganas de coger una manta y arrebujarme en ella en un rincón, donde nadie pueda acordarse de que estoy ahí para que sigan con esa política. En la vida real, metáforas aparte, no sería la primera vez que me han dado ganas de coger, levantarme y largarme a algún sitio tranquilo donde me dejen en paz. Donde nadie me acuse de lo que no he hecho. Donde no se me cargue con las culpas de otros. Donde no se viertan las iras contenidas sobre mí.
Llegados a este punto, hago como cualquier otro ser humano que se encuentra en esta situación: me pregunto por qué al final soy yo siempre el que se lleva los golpes. Por qué soy yo al que todo el mundo se permite el lujo de hablar así, cuando yo no hablo así ni a alguien que me está tocando la moral a dos manos. La cosa se pone complicada al no encontrar respuesta. Por mucho que lo piense, no doy con ninguna solución lógica a por qué ha venido sucediendo esto a lo largo de toda mi vida.


He aquí una sutil metáfora de adónde me ha llevado cuestionarme eso.


Es entonces cuando una parte de tu mente llega a una durísima conclusión. No a la de dar la razón a todo esto: cuando sabes que no eres culpable de lo que pasa en la cabeza de los demás, no puedes sentirte culpable de que la paguen contigo. No, no voy por ahí. La conclusión a la que llegas, de una forma inevitable, es a la de sentirte terriblemente inferior. Piensas que, si lo mismo fueras más de lo que eres, tal vez tu Universo personal no te vería como un punto donde descargar todas sus iras.
Lo duro, lo realmente duro, es darte cuenta de que no eres más de lo que eres. Eres así y punto (no es una cuestión de conformismo, sino de llegar a tu límite y ver que no puedes dar más de lo que ya das), lo que te lleva a asumir que el camino que te espera es justo ese: a que cualquiera, en el momento en que las cosas se pongan feas, te lance el dedo acusador, te haga culpable de lo que sea, te levante la voz, te mande a callar o directamente te trate como si fueras el responsable de todas y cada una de las cosas que le molestan.

Eso en el más evidente de los casos, pues la otra variante es sentirte que directamente has dejado de importar. Que tu voz no cuenta y que, en definitiva, ya no aportas lo bastante para que se siga contando contigo. Es ahí cuando te empiezas a dar cuenta de que, para ir resumiendo, no eres gran cosa, ¿vale? Que sí, que podrías aspirar a más y tal, pero tenlo claro: no llegas. No das la talla. Eres el que mete la pata cada vez que abre la boca, el que no parece tener  más que pifias en su haber, raramente perdonadas y jamás olvidadas (años recordándotelas, bien unos, bien otros, son la prueba fehaciente de ello). No eres lo bastante bueno o simplemente no te ajustas a según qué parámetros, según qué perfiles. Eres la pieza que no encaja en según qué engranajes y, como tal, te ves abocado a emprender tu camino por la vía muerta.
Divergencia.
Separación.
Frío.


Bienvenidos a su destino.


La parte más triste de esta última idea no es tanto la separación en sí (que también), sino el hecho de ver que no estás a la altura de lo que se esperaba de ti. Ese momento tan intenso en que te das cuenta de que, poco a poco, estás siendo descartado, desplazado. Lentamente rechazado. Personalmente, lo he vivido una y otra vez y, a estas alturas, lo único que me queda es agachar la cabeza y respetar cuando me lo hacen. ¿Por qué? Porque esa no es mi decisión. Porque no puedo obligar a nadie a estar cerca de mí. Porque, lo quiera o no, los demás tienen sus vidas y, en según qué circunstancias, yo dejo de formar parte de ellas, lo quiera o no.
Es la epifanía de darte cuenta de que sobras. De que ya no pintas nada, o no tienes nada que ofrecer. Estás obsoleto, o como quieras llamarlo. Sencillamente, has perdido tu brillo. Otros universos parecen florecer con fuerza, mientras que el tuyo mengua, decae y se enfría. Es así y a ver cómo lo enderezas.

Supongo que toca admitir que yo estoy para lo que estoy, pero para poco más. Solo hace falta que vuestras vidas evolucionen un poquito para que yo deje de ser necesario. Para que, de forma consciente o no, me apartéis de ella... o para hacer que sea yo el que lo acabe haciendo, lo que viene a ser tres cuartos de lo mismo. Llegará un momento en que mis palabras dejen de suponer nada para vosotros y os aburra lo que tenga que decir, cuando no os parezca una sarta de estupideces. Para que, en resumidas cuentas, mi mera presencia os canse. Muchos de vosotros tomaréis un curso de acción diferente y, sin hacerlo adrede, acabaréis por hacer lo que os he comentado más arriba: me gritaréis los días que tengáis un problema con otra persona, o simplemente cuando os levantéis con el pie izquierdo; otros la habréis cagado con vuestro entorno y me culparéis a mí de haberme comportado tal y como habéis hecho vosotros. Algunos de vosotros lanzaréis esas acusaciones de forma pública; otros no, pero me culparéis igual. Negaréis haberos cansado de mí, pero en el fondo, muy en el fondo, una parte de vosotros sí reconocerá estarlo, y será esa parte la que decida poner distancia.
Otros os dedicaréis a lanzarme pullas, a restregarme por la cara mis defectos (que sé que son muchos, pero ya me basto yo solito para recordármelos, gracias); a decirme una y otra vez que no soy suficiente, que soy falible. A recordarme con todo lujo de detalles mis errores, hasta el punto de hacerme creer que no sirvo para mucho. Juzgaréis mi vida de forma sistemática, aun a sabiendas de que yo jamás juzgaría la vuestra. Independientemente del grupo en que estéis, seréis gente que me hace daño. Algunos ni os daréis cuenta o daréis por sentado que según qué cosas no tienen que afectarme, y me tendrá que parecer bien ese criterio.
Ninguno de vosotros, se dé cuenta o no de lo que hace, se disculpará jamás. Y no exagero, me temo: hasta la fecha, de todos aquellos casos a los que me estoy refiriendo aquí (como siempre, no doy nombres, pero puedo deciros que superan con mucho la docena de personas, por no decir que son muchos), ninguno ha venido jamás a decirme: "Oye, mira, me parece que me he pasado contigo. Te dije cosas que no debería haberte dicho. Te he echado las culpas de cosas que no tenían absolutamente nada que ver contigo y has pagado los platos rotos cuando no tenías por qué. Te he tratado de un modo que no te merecías y sé que tú jamás te habrías comportado así conmigo".
En treinta y muchos años, ni uno me ha dicho ni una sola de estas cosas, ¿vale? Ni uno.


Estoy yo pa hacer de juez.


Si estáis leyendo esto, puede que algunos de vosotros digáis que eso jamás os pasará conmigo. Que exagero, que dramatizo. Y yo quiero creeros. Os lo digo de corazón, quiero creeros. Quiero tener la certeza de que me equivoco, pues nada me gustaría más que equivocarme en esto y, si hay alguien que piensa lo contrario y se cree que solo quiero llevar la razón, le diré que se está equivocando conmigo, y mucho.
La cuestión es que, salvadas honrosas excepciones en mi vida (y diría, sin mucho miedo a equivocarme y nuevamente sin dar nombres, que esas personas saben perfectamente quiénes son), la mayoría del mundo que me rodea solo se queda en lo que se ve y de ahí no se mueve: en los chistes malos. En las frases políticamente incorrectas. En las palabrotas. En las guarrerías. En mil y una cosas superficiales que uso para protegerme del mundo. Pocos, sin embargo, se han aventurado en ir más allá. En molestarse en echar un vistazo para ver la clase de persona que soy realmente, y qué es lo que me ha llevado a ser como soy. Sin juicios, sin lecciones.
A veces no necesitamos alguien que nos diga lo que tenemos que hacer.
Basta con alguien que nos diga que entiende por qué hemos hecho lo que hemos hecho y por qué somos como somos.

jueves, 13 de octubre de 2016

Mondo Chorra- Lo que aprendes viendo (una vez más) Los Caballeros del Zodiaco: La Saga del Santuario (2)




Como ya recordaréis, si leísteis el post anterior, Katya y yo nos propusimos hacer un visionado completo de Los Caballeros del Zodíaco desde su primer capítulo hasta las sagas más recientes. A lo largo  de ese visionado, hemos ido encontrando cosas de lo más curiosas, que hemos ido anotando y comentando. Debido a la enorme cantidad de material encontrado, hubo que recortar el post original y dividirlo en dos. He aquí la segunda parte de lo visto durante la primera saga, la del Santuario:


120. Para recuperar la vista tras espachurrarse las córneas, lo mejor es tomar té de hierbas, beber agüita mágica del Monte Polla, unos rezos y pasarse el Dante's Inferno.
121. Sabes que te han lavado el cerebro porque te sale conjuntivitis. En el caso concreto del Caballero de Leo, además se le queda cara de drogado. Pero luego le da el subidón y se le ponen los ojos como dos huevos duros.
122. El Caballero de Leo, con la mente obviamente enajenada, se pone gallito a Seiya y le dice que por sus cojones toreros no pasa. Siguiendo las enseñanzas del Maestro Coelho, Seiya tiene una mente positiva y lo primero que piensa es que está fingiendo porque lo mismo hay algún espía por ahí.
123. Marin enseñó a Seiya las técnicas de subterfugio y sigilo que tan famoso le han hecho. Por eso se dedica a corretear por territorio enemigo a plena luz del día y por sendas claramente visibles. Eso sí, lleva armadura y una capa puesta por encima para que no la reconozcan los tropecientos soldados que están vigilando el camino.
124. Marin vive en el Santuario y parece ser que no se había enterado de que las Doce Casas están vigiladas por... doce Caballeros de Oro.
125. Si el espacio era una abstracción relativa, la diferencia de edad también lo es. Por eso, en los flashbacks, podemos ver que Seiya es unos cuatro o cinco años más pequeño, pero Marin y Aioras siguen con la misma edad. El mismo caso que Ikki y Shun, que se supone que se llevan dos años, pero vemos una visión en que Ikki, de unos seis o siete años, lleva a un bebé Shun en brazos.
126. Aioras se presenta a Seiya, pero en un flashback descubrimos que se conocían de toda la vida. En el mismo flashback, sabemos también que, pese a que hace unos capítulos nadie sabía de las existencias de las demás Armaduras de Oro, Marin dice que Aioras es "diferente a los demás Caballeros de Oro". Recordemos que Milo y el Patriarca TAMPOCO sabían que Aioras era el Caballero de Leo. Todo esto tiene una explicación: aquí ha habido borrado de memoria colectivo.
127. Un Caballero de Bronce no puede igualar a uno de Oro. Sin embargo, un mastuerzo que no es ni Caballero sí puede poner contra las cuerdas a Marin, que es Caballero de Plata.
128. El ataque absurdo de la temporada: "Por el cuerno del León".
129. Cuando eres un pagafantas, lo mejor que puedes hacer por demostrar tu amor es suicidarte delante de un enemigo contra el que no tienes ni la más mínima oportunidad para beneficiar a un tío al que odias desde hace años.
130. El estado de terror que genera el Patriarca es tan terrible que todos los soldados están cuchicheando y haciendo apuestas por ver si los rebeldes de Bronce acaban aplastando a los de Oro. Menos mal que a cualquiera que pensara solo un pelín diferente lo torturaban hasta la muerte.


"Recordad a Cassios, Caballeros: murió en la friendzone".


131. El Patriarca confía tanto en sus defensas que, mientras los Caballeros de Oro van palmando uno detrás de otro en la batalla de las Doce Casas, todo su ejército de soldados está tomándose unos chatos en la taberna del pueblo. Nótese además que están enterándose de toda la movida a tiempo real.
132. La gente piensa que el Patriarca es bueno. Sin embargo, todo el mundo sabe que le ha lavado el cerebro a Aioras por dudar de él con un arma llamada "Rayo Satánico". No olvidemos además que, en el momento en que tomó posesión del cargo, se dedicó a torturar y matar a un montón de gente. Y todavía está eso de los sirvientes desaparecidos tras haberle visto el rostro.
133. El Caballero de Virgo se supone que es el más sabio y noble de los Caballeros de Oro. Sin embargo, presencia cómo el Patriarca le lava el cerebro a Aioras y no mueve un dedo. También defiende su Casa, mostrando una lealtad ciega al Patriarca. Cuando se le pregunta cómo es capaz de estar impasible ante el mal, su respuesta es que el bien y el mal son términos relativos. Pero eso sí, él sigue luchando por la justicia y tal. Echándole más cojones, asegura distinguir el bien del mal con total claridad.
134. Puedes atravesar un océano desde una isla remota hacia el Santuario en un par de minutos, pero puedes echar horas en atravesar las escaleras de una Casa a otra.
135. Tanto Cassios como Ikki tienen multipase. Eso explica por qué llegan a la Casa de Virgo sin tener que partirse la boca con los primeros Caballeros de Oro.
136. Si eres un Caballero de Bronce que, entre Caballeros de Plata, Caballeros de Oro y algún que otro Sonota Saint ya tienes un recuento de muertos que ríete de RoboCop, siempre puedes acojonarte al ver a un mastuerzo sin armadura plantándote cara en las escaleras que llevan de una Casa a otra.
137. La mejor manera de entrar en la Casa de un Caballero de Oro es pegando gritos buscando a un compañero. Porque si no está muerto, mola cantidad eso de ir delatando tu posición nada más plantar los pinreles.
138. Cassios diña de una hostia que le atraviesa de parte a parte, pero cuya herida se cierra justo antes de morir.
139. Shaka es un Caballero pacífico. Sin embargo, no tiene reparo alguno en mandar a un puñado de salvajes a arrasar la isla-spa de Ikki y matar gente por diversión.
140. La isla-spa de Ikki está ocupada por un puñado de pueblerinos que, en sus orígenes fueron enviados por Atenea en persona para proteger la susodicha isla. Dichos pueblerinos, hoy en día, diñan a pares con una facilidad pasmosa. Se ve que algo falló en la idea original...


"¿Sabéis lo que digo? Que me lo paso tó por el higo".


141. Fénix ve cómo lanzan a una moza a un cráter en erupción. Sabemos que es bastante más rápido que un humano normal. Sin embargo, su actitud es la de convertir oxígeno en dióxido de carbono estúpidamente mientras esto sucede. Porque la moza tiene reflejos y se agarra a un pedrolo, que si no, con Ikki está salvada.
142. El Caballero del Loto tiene un perro tallado en la hombrera izquierda de su armadura. Claro, ¿por qué no?
143. La frase lógica de la batalla entre Fénix y los discípulos de Shaka de Virgo: "No está del todo muerto". Porque la muerte tiene estados, todo el mundo lo sabe.
144. La chica a la que Ikki salva tiene, de manera muy oportuna, la altura justa para que su cara llegue a su entrepierna. Así nos lo hace ver muy sutilmente cuando éste la salva.
145. Escena yaoi: los discípulos de Shaka agarrando a Ikki en una especie de torbellino de colorines.
146. Puedes romperle el cráneo a alguien y, pese a todo, hacer que sufra eternamente.
147. Si ves que espachurran a un compañero con su propia cadena, lo inteligente es preguntarle si está bien. Por si la cadena le ha hecho cosquillas.
148. La isla-spa de Ikki y el Santuario están, por lo visto (y citamos textualmente), a millones de kilómetros. Al parecer están en planetas distintos y nadie nos lo había comentado.
149. El Patriarca dándose un baño es el equivalente en el Santuario a Saori tocando el piano en la Fundación Kido.
150. Mu puede sentir el Cosmos de los demás Caballeros. Sin embargo, siente el de Hyoga, que lleva varios capítulos fiambre en la Casa de Libra.


Hala, a bañarse.
Por cierto, ha sido inevitable contemplar todas las escenas de baño de este señor sin pensar que o no tiene pilila o la tiene pequeña.


151. Eres una diosa cuando estás tirada en el suelo con una flecha en el entreteto, te llueve encima y estás seca y con el vestido impoluto.
152. Shaka es de origen indio y, como tal, es rubio, de tez clara y con los ojos azules (cuando los tiene abiertos, claro).
153. Ikki se lleva palos hasta en el carnet de identidad. Le hacen mierda la armadura. Le privan de sus cinco sentidos y lo mandan de paseo a un catálogo de infiernos. Pero se estaba dejando hacer para dar con el punto débil de Shaka.
154. Momento yaoi: Ikki restriega cebolleta sobre el ojete de Shaka para matarlo.
155. El Caballero de Leo tiene como principal afición contar su vida. A todo el que se encuentre le cuenta algún rollo macabeo.
156. Cassios deja de ser pagafantas póstumamente. Shina pasa de su culo hasta que se muere. Solo entonces ésta se acuerda de lo bueno que ha hecho por ella.
157. Cassios encoge cuando muere. Pasa de medir unos diez metros de altura en vida a ser llevado en brazos con total facilidad por Aioria después de muerto.
158. Shina colecciona hostias en la tripa. A estas alturas de la Saga de las Doce Casas, ya debe tener el estómago incrustado en la médula espinal y debe cagar agua sucia.
159. Shiryu no tiene ni puta idea de que el Maestro de los Cinco Picos antaño era el Caballero de Libra. Parece ser que es el único en toda la serie que no se ha enterado, pese al hecho de que estaba presente cuando esto se reveló.
160. Hyoga es primo de Han Solo.

.

No me preguntéis cómo he encontrado esta captura de la serie.
Por favor, no me lo preguntéis.


161. Todo el mundo conoce a Camus de Acuario, pese a que solo Hyoga lo ha visto en persona. Nadie sabía de las existencias de doce Caballeros de Oro, pero no pasa nada.
162. El Maestro Cristal es un Sonota Saint (un Caballero sin constelación). Sin embargo, según Shun, es "imposible" que haya alguien más poderoso que él. Ni uno de Oro siquiera.
163. Seiya solo necesita unos segundos viendo a Hyoga en un cacho de cristal para saber que está en animación suspendida.
164. La urna con la Armadura de Libra sale del suelo en medio de un espectáculo de luces. La Casa de Libra en realidad es un after.
165. Según Shiryu, el Maestro de los Cinco Picos SÍ era el Caballero de Libra y no se trataba de dos personas diferentes. Curioso si se tiene en cuenta que hace unos tres minutos y medio ha dicho lo contrario y no parecía saberlo.
166. Si eres Caballero del Dragón, hagas lo que hagas, debes despelotarte.
167. Shiryu trabaja para la teletienda en sus ratos libres. Hace además coreografías para enseñar las armas que vende.
168. La Armadura de Libra posee doce armas, una por cada Caballero de Oro. Sin embargo, tienen estrictamente prohibido usarlas. Si esto os parece de por sí inteligente, la cosa se pone fina cuando sabemos que es Atenea (es decir, Saori) la que, en su "sabiduría" (ejem), da permiso a los Caballeros para usarlas en según qué ocasiones.
169. El arma más idónea para sacar a alguien de un cacho de cristal (o hielo, que todavía no queda claro) sin dañarlo es una espada corta, algo más grande que un cuchillo cebollero. Todavía no sé cómo se ha roto el bloque de parte a parte, dejando a Hyoga sin un rasguño. Tampoco sé por qué esto es mejor que, por ejemplo, un tridente.
170. Momento yaoi: Shun decide encender su cosmos para calentar a Hyoga, que anda más congelado que las merluzas del Mercadona. Nótese cómo insiste a Shiryu y Seiya que se vayan, que él se encarga. Nótense todas las miradas. Nótese el casi morreo. Nótese cómo se tumba sobre su amigo moribundo y le pone la pierna por encima para encender su cosmos. Nótese todo. Si eres fujoshi, esto te pondrá cabestra perdida.


—¿Dónde estoy?
—Casa de Libra.
—¿Quién eres tú?
—Alguien que te quiere.


171. Shiryu es la Wikipedia del grupo. Conoce toda la historia y todas las leyendas habidas y por haber, empezando siempre por la frase "Mi maestro, allá en los Cinco Picos, me contó que blablabla". Lo mismo te cuenta cómo el Caballero de Sagitario se limpiaba el culo de niño que te cuenta la fábula de un conejo que se lanza al corazón de una bomba nuclear para salvar a un fulano que estaba echándose un paseo por el monte. Eso sí, luego no se acuerda de que su Maestro y el Caballero de Libra son el mismo tío, o de que Andrómeda fue obligada por su padre a ofrecerse como sacrificio y no se ofreció voluntariamente. Cosas que pasan.
172. Es tradición entre los Caballeros de Bronce, amigos de toda la vida, dejarse tirados unos a otros a su suerte por eso de seguir con una misión. Si se quieren dar la vuelta para ir a por alguien, solo entonces habrá alguien que se lo impida.
173. Si te da el colocón con un Aguijón Escarlata del Caballero de Escorpio, tus ojos se volverán azules. Es algo así como la conjuntivitis del Patriarca, pero más elegante.
174. Lo bueno de enfrentarte a un Caballero de Oro es que puedes darle la espalda con total libertad en su casa y hablar de él como si no estuviera delante, que sabes que no va a atacar hasta que tires iniciativa.
175. Hyoga usa un arma nueva contra Milo de Escorpio. Le da no sé qué nombre, pero es como un lefazo antigravitatorio que orbita alrededor del Caballero.
176. Un puñado de capullos se va a enfrentar a Mu de Aries. Posiblemente son los mismos que estaban en el pueblo tomándose unas birras y apostando a ver si los Caballeros de Bronce daban pal pelo a los de Oro.
177. Mu de Aries es básicamente el voyeur de la serie. Su principal técnica consiste en teleportarse hacia los escalones más cercanos y quitarse de en medio para ver como un puñado de soldados de nivel 1 se dan de leches con Tatsumi y se follan por turnos a Saori.
178. Por si alguien no lo recordaba a estas alturas, hay otros Caballeros de Bronce. Atenea, en su infinita sabiduría (ejem) los ha mandado de vuelta a sus campos de entrenamiento, para reencontrarse con sus maestros (ignorados totalmente por el Patriarca, por cierto) y... y bueno, volver a estas alturas de la película y no hacer NADA.
179. El Caballero del León Menor ahora es el Caballero del Puma. Y el Caballero de la Hidra ahora se hace llamar Caballero de la Serpiente de Mar.


"Sí, bueno, estoy para ayudaros pero que sepáis que mi jornada acaba a las dos. A partir de ahí no asumiré tareas que no me correspondan fuera de mi horario laboral. Como si os matan, que no pienso mover un puto dedo. Eso sí, lo presenciaré TODO".


180. Milo de Escorpio inventó la técnica de combate para hacer estallar el corazón a los cinco pasos.
181. El maestro de tu maestro siempre será tu maestro. Es lo que se deduce de la pelea entre Hyoga y Milo de Acuario.
182. Milo sí conoce a Acuario, pese a que (insistimos una vez más) cuando habló con el Patriarca hace unos cuantos episodios, no tenía ni guarra de que había más Armaduras de Oro aparte de la de Sagitario y la suya propia.
183. La sangre es relativa: Hyoga sangra unos veinte litros de sangre solo con los dedos de Milo. A Cassios le atravesaron el torso de parte a parte con un puño entero y sangró la mitad, muriéndose de paso.
184. Jabu no puede ni ver a Seiya. No ha habido hecho alguno en toda la serie que motive su cambio de opinión o que haya habido acercamiento entre ambos. Sin embargo, confía plenamente en él y en sus capacidades.
185. Descubrimos la utilidad del resto de Caballeros de Bronce: traerle el cetro a Saori para que lo sostenga con una mano, pese a estar inconsciente y muriéndose.
186. Kido en realidad era Sean Connery.
187. Mu de Aries parece el prototipo de funcionario: solo se menea cuando la Armadura de Sagitario vuelve al Santuario y se pone a vibrar como si fuera un consolador de oro de 80 kilos. Es el equivalente en la serie a una inspección laboral.
188. Marin se ha pegado inconsciente unos cinco o seis capítulos.
189. El Patriarca se podría haber ahorrado muchos quebraderos de cabeza si, en vez de matar a Aioros, le hubiera lanzado un rayo satánico. Total, aunque hubiera tenido testigos nadie habría movido un dedo.
190. Aioros parece tener parte de su espíritu alojado en la Armadura de Sagitario. Bien. Quiere poner a prueba a los Caballeros de Bronce para ver si son dignos de proseguir la batalla. Bien. Para ello, hará que el viaje por la casa de Sagitario parezca una pantalla del Dantes Inferno. Vale, bien. Lanza pedruscos a los Caballeros de Bronce. Bueno. Pone la vida en juego de los Caballeros de Bronce incluso más que todos los Caballeros de Oro juntos, pese al hecho de que está MUERTO. Esto ya empieza a mosquear. Te empiezas a plantear si este cabrón realmente no está de parte del Patriarca y que, si por el motivo que sea, los Caballeros de Bronce no superan  sus pruebas... deja que el mal gane. Moriría Saori y el Patriarca arrasaría medio planeta. Joder, qué cara está la dignidad.


Todos los Caballeros de Bronce del anime. Incluyendo "esos". Porque para la sabia Atenea, no todos los Caballeros son iguales...


191. Shun tiene como afición principal dejarse caer por precipicios y colgarse con la cadena a cualquier peñasco. Excepto cuando andan cortos de tiempo para salvar a Atenea, que se le olvida y se parte el lomo contra un suelo de roca.
192. Entre los estudios básicos de un Caballero de Bronce, se cuenta con un nivel B1 de griego.
193. Shura de Capricornio es un obseso de la limpieza.
194. En este punto de la serie, ya es imposible llevar la cuenta de las veces que alguien ha dejado tirado a alguien.
195. Aioros iba a cuerpo gentil cuando se llevó a Saori del Santuario. Vistió la armadura para enfrentarse a Shura de Capricornio (o,  mejor dicho, esta lo vistió a él, porque si de él depende, sigue de paisano). Después de que Shura le diera pal pelo, la desvistió y se encontró con Kido. Porque es imprescindible desvestirte cuando estás moribundo.
196. En toda la batalla de las Doce Casas, Shura de Capricornio es el primer combate singular que tiene el Caballero del Dragón. Porque las prisas no son buenas.
197. Para enfrentarte a un Caballero de Oro, debes quedarte a pecho descubierto.
198. La técnica de la Cólera del Dragón es tan genial que cualquiera que se enfrente a ti descubre tu punto débil con solo unos puñetazos al aire.
199. Las heridas son relativas: estampar el puño en  pleno pecho es exactamente lo mismo que estamparlo en una costilla. De ahí que la localización de la herida cambie de un fotograma a otro.
200. Dohko de Libra enseña a Shiryu la técnica del Último Dragón, y al mismo tiempo le prohíbe usarla. Es más, le pide que la olvide. Muy pedagógico.


Como principal ataque, Shura de Capricornio asegura tener la espada Excalibur alojada en su brazo.
Como si no tuviéramos ya bastante potaje mitológico...


201. Si alguien merece respeto en esta serie es el Cuerpo de Albañiles del Zodíaco: verás qué risas cuando tengan que llevar los ladrillos hasta la Casa de Capricornio, en todo lo alto de las Escaleras Puto Interminables, y tras haberse enfrentado a los Caballeros de Oro que han sobrevivido a la batalla.
201. Dohko llora por la muerte de su discípulo... pero le da la espalda a la estrella fugaz en que se ha convertido.
202. Shura no parece haberse enterado del bulo del Patriarca acerca de que Atenea estaba en el Santuario desde hacía años y solo hablaba con él. De hecho, es ahora cuando parece saber de la existencia de Atenea.
203. La existencia de Cristal es borrada de la continuidad durante la conversación entre Hyoga y Camus de Acuario, para luego volver a ser reinsertada en un flashback unos minutos después.
204. Al parecer hay varios Caballeros de Cristal. Nadie había comentado nada antes, ni comentaría nada después. Pues vale.
205. Andrómeda de Piscis y el Señor del Antifaz de Sailor Moon son familia. Eso explica por qué ambos se presenten lanzando una rosa a sus enemigos.
206. Seiya conoce el nombre del Caballero de Piscis, pese a que es la primera vez que oye hablar de él en su puta vida. Porque es Seiya. Y tú no.
207. Momento yaoi: Cruce de miradas entre Afrodita y Shun. Amor a primera vista que culmina en una tormenta de hostias.
208. En sus ratos libres, Afrodita se dedica a la jardinería. En apenas doce tristes horas, le ha dado para cubrir un tramo de escaleras (pero de las tipo Santuario, de estos que abarcan unos dos kilómetros y medios cuesta arriba) con más de 130 millones de rosas rojas. Dichas rosas tienen un aspecto tan amenazador que el propio Seiya, después de haberse reventado contra una docena de caballeros, se queda un par de minutos mirándolas antes de dar un paso.
209. Albiore de Cefeo es maestro de Andrómeda y Caballero de Plata. Es asesinado por Milo de Escorpio. Sí, ese mismo que decía que matar a los Caballeros de Bronce era indigno por eso de ser de una categoría inferior. Una de dos, o considera a los Caballeros de Plata como iguales (pese a que no lo son) o el día que le mandaron matar a los Caballeros de Bronce le venía mal porque tenía programada una partida al LOL.
210. Mucho cachondeo con Shun, pero tiene la vida más jodida de todos los Caballeros de Bronce: en su isla hay un clima tan mierdero como la Isla del  Infierno de Ikki, solo que lo cacarean menos. Es pacifista y sus propios compañeros le hacen bullying por eso. Cada vez que quiere probarse a sí mismo contra un enemigo viene su hermano a dar por culo. Y encima no hay bicho viviente sobre la tierra que no lo esté llamando blandengue, de forma literal o forma encubierta. Si una buena mañana se levanta con un M16 en la mano y se lía a tiros en un burger, no os extrañéis.


"¡Hola, familia! ¡Hoy os vamos a enseñar cómo adornar vuestro Santuario del Atenea poseído por el Mal con tropecientos millones de rosas! ¡Para eso necesitaremos tropecientos millones de rosas, chorrocientos millones de peldaños, la armadura de Piscis y mucha ilusión!"


211. June es Caballero del Camaleón, de Bronce. Se supone que el Desafío Galáctico reunía a todos los Caballeros de este tipo para luchar por la Armadura de Sagitario. A esta moza o no le llegó el mail para convocarla o lo mismo ese día tenía una partida programada al LOL.
212. Afrodita no solo es familia de Armando. También lo es de Shaka de Virgo. Ambos tienen la puñetera manía de quitarte los cinco sentidos mientras te dan de hostias.
213. Albiore al parecer había hablado a Shun del Séptimo Sentido. La cara de pasmo que pone cuando Mu les habla a los Caballeros de Bronce acerca de esto, supuestamente por primera vez, se puede interpretar de dos maneras: Una, que Shun tiene memoria de besugo, y dos, que ya lo sabía todo, pero no dijo nada porque no quería quitarle la ilusión al Caballero de Aries de hacer una puta cosa útil.
214. La Rosa Piraña (este nombre no es coña, se dice así) guarda ciertas similitudes con la rosa de Zamarrilla.
215. Afrodita sabe que el Patriarca es más malo que un dolor. Pero lo acepta tal y como es. Por si no habíamos escuchado ya excusas absurdas.
216. Los soldados del Santuario llevan tiempo buscando a Shina, que por lo visto había optado por la disidencia y había huido. A ninguno, al parecer, se le había ocurrido seguir a Cassios o hacerle unas preguntas. Se ve que el Santuario tiene muchos Caballeros, soldados y hasta mutantes, pero carece de algo lejanamente cercano a un servicio de inteligencia.
217. El jefe de la guardia del Santuario, al igual que todo bicho viviente en la isla (a excepción de Marin y Shina) se entera de todas las noticias a tiempo real. Entre sus muchas tácticas de terror hacia el enemigo, se encuentra la más peligrosa de todas: darle esperanzas acerca de sus seres queridos y decirle que sí, que sigue vivo todavía.
218. Shina, al igual que Cassios e Ikki, obtiene un Multipase para colarse en el Santuario por uno de esos caminos ocultos que todo el mundo, salvo los Caballeros de Bronce, parecen conocer.
219. Si entras en casa de tu peor enemigo, este ha usado ardides de todo tipo para matarte a ti, a tus seres queridos, raptar una diosa, mangarse una Armadura de Oro, dar un golpe de estado y provocar guerra allá por donde pisa, y te lo encuentras llorando como una Magdalena, lo más lógico es pensar que se ha arrepentido sinceramente y darle la espalda mientras te das un paseo por la habitación.


Muuuuuuuuuuultipase.


220. Un Phoskito para el que consiga adivinar dónde guardaron el cetro de Atenea cuando Aioros de Sagitario huyó con Saori y su Armadura de Oro.
221. El Patriarca parece ser familia de Shaka de Virgo y de Afrotida de Piscis. Otro que también te quita los cinco sentidos.
222. Seiya, sin sentido del oído, es capaz de oír cualquier cosa que le digan. Tampoco tiene vista para leer los labios, pero da igual. Es Seiya.
223. Seiya usa una técnica llamada... bueno, no he prestado atención a cómo se llama, pero consiste en arrimar cebolleta, del mismo modo que hicieran Ikki con Shaka y Shiryu con Shura. Si esto no se considera yaoi, debería.
224. Todos los Caballeros de Bronce tienen ataques especiales cuando se les inflan los cojones: Seiya tiene el Meteoro de Pegaso. Shiryu el Último Dragón. Ikki, la Cólera del Fénix (sí, aquí fue super original, el tío). Hyoga, el Cero Absoluto. Shun tiene una tempestad de tornados de color rosa.
225. Según Saga, nadie ha conseguido salir de la Dimensión que abre gracias a sus poderes. Para ser el Patriarca y estar al tanto de todo, se le ha escapado el puto detalle de que Hyoga lo consiguió hace ya horas.
226. Seiya camina sin sus cinco sentidos exactamente del mismo modo en que lo hace la gente que sale de ponerse hasta arriba de vino dulce en las bodegas El Pimpi.
227. La forma más elegante de hacer desaparecer una flecha de oro de la pechera de una diosa tolili es pixelándola.
228. Saori, una vez recupera el sentido, no tiene otra cosa que hacer que querer subir las escaleras a pie. Recordemos que los Caballeros de Bronce han necesitado doce putas horas para subir todo eso (total, para cargarse a cada Caballero de Oro habrán echado como máximo unos diez minutos en total) y que hay Caballeros de Oro como Mu que saben teleportarse. Pero bueno, ya sabemos como es Mu. Probablemente anda sentado en alguna escalera mirando al infinito.
229. Ikki es de esa clase de tíos cansinos que no te los quitas de encima ni con agua hirviendo. Puede valer para comercial de Jazztel o como plasta de discoteca.
230. Saori demuestra su infinita sabiduría como reencarnación de la diosa Atenea resucitando a Hyoga... y dejando pudrirse miserablemente el cadáver de Milo de Acuario, que yace a unos metros de él.
231. El papel de los Caballeros de Oro en el momento en que los Caballeros de Bronce, recién resucitados por Atenea se suman a Seiya, que anda en las últimas, se enfrentan a Saga de Géminis, alias Arlés, alias el Patriarca: MIRAR. La batalla es completamente desigual y los Caballeros de Oro están al cien por cien de sus fuerzas, pero lo más bonito que hacen es ver cómo Saga los apalea brutalmente. Nótese el papelón de Mu: "No hagáis nada, que esto lo tienen que hacer ellos". Recordemos: estos tíos luchan contra el Mal. Y  por la justicia, además.
232. Acabamos de encontrar a Mu de nuevo: Escondido detrás de Aldeberán de Tauro.


sábado, 8 de octubre de 2016

Mondo Chorra- Lo que aprendes viendo (una vez más) Los Caballeros del Zodiaco: La Saga del Santuario (1)




Hará cosa de un par de semanas, Katya y yo decidimos llevar a cabo un reto: revisionar Los Caballeros del Zodíaco (alias Saint Seiya, para aquellos que quieran decirlo en japo) para recordar los viejos tiempos. Esa época en la que veníamos del cole y nos poníamos a ver raciones de hostias con berridos sin doblar mientras nos zampábamos un Phoskito. En nuestro proyecto, nos hemos propuesto revisionar la serie completa, incluyendo todas las películas en estricto orden cronológico. Este post es precisamente un diario de todas las cosas que ambos hemos ido comentando conforme la hemos visto (más o menos a tiempo real, aunque hay ciertas variaciones), y el primero de una serie que iré publicando de forma regular, conforme vayamos terminando cada saga de las que la componen.
La Saga del Santuario consta de 73 capítulos, de forma que dividiré este artículo en dos. Sin más, os voy dejando todos los detalles que hemos encontrado en nuestro análisis. AVISO: Este post está lleno de spoilers, puesto que desgrana la serie en detalle. Se sugiere que lo leáis con esto en mente; si ya la habéis visto, se recomienda que os veáis de nuevo la Saga del Santuario, para ir pillando mejor algunos de los detalles.
Así que, vamos para allá:


1. Saint Seiya es una serie yaoi y el que diga lo contrario, miente. Se ve claramente ya en la primera escena del primer capítulo, con un encuentro bastante explícito entre el Caballero del Unicornio y el León Menor. El Unicornio es uke y el León Menor es su seme.
2. Vivimos en una mentira. El Coliseo de Roma no está en Roma, sino en Tokyo.
3. Los Caballeros son unos cabrones que hablan muuucho de la amistad, pero a la primera de cambio, se dejan tirados a su suerte en mitad del monte.

4. Mucho rollo con Andromeda, pero Seiya y Shiryu tienen un rollo muy intenso.

5. Saori sera la reencarnación de una diosa, pero es lerda.

6. La mejor manera de entrar en un sitio enemigo es por la puerta principal y con la armadura guardada en una caja.

7. Shiryu y Kikki duermen juntos, mientras todo el mundo se cachondea de Shun.

8. Shiryu y Shunrei son los Lannisters de esta serie. Se dice que son hermanos, pero hay una tensión sexual no resuelta entre ellos. O lo mismo sí está resuelta...
9. La diferencia entre la distancia para reventar un corazón humano de una hostia y reanimarlo de una hostia con la misma fuerza es de apenas un par de pasos.
10. Saint Seiya nos enseña que el espacio y el tiempo son abstracciones relativas. Por ejemplo, puedes tardar un rato de nada en ir desde Siberia a Japón, pero un capítulo entero en atravesar una ciudad.



Ejem.



11. Hyoga no vale para hacer de espía. Cada vez que está a punto de aparecer genera una cacho ventisca a su alrededor que delata su posición.
12. La principal función de Marin es mirar detrás de una columna para ver como le dan de hostias a los demás.
13. Si Ikki es cabrón porque su churri murió, yo quiero haberlo visto haciendo de pagafantas.

14. Todo se soluciona usando los dedos.
15. Si te dicen que no mires a un enemigo que te va a convertir en piedra, lo que hay que hacer es mirar.

16. Si te cae UNA mancha de sangre en un hombro, hay que despelotarse y bañarse en el agua del mar. Con todo el salino.

17. Un caballero de plata es más fuerte que uno de bronce. Un caballero de bronce, con mucho esfuerzo, puede vencer a uno de plata. A menos que haya caballeros de acero por medio, que pueden tumbar a uno de plata y, si no matarlo, al menos darle un buen susto.

18. El Patriarca es bueno. Es malo. Luego es bueno. Vuelve a ser malo. Y bueno otra vez. No, venga, que es malo.

19. Cada vez que hay una masacre, lo inteligente es ponerse a tocar el piano.

20. Un caballero de oro es superior a uno de plata, pero solo si tiene la armadura puesta en ese momento. Si no, el caballero de plata puede hacer lo que le salga de los cojones, que el de oro se va a quedar callao como una perra.


Si la ves haciendo esto, prepárate: está corriendo la sangre.



21. La mejor manera de demostrar tu poder al mundo entero es construir una pirámide de hielo. En Siberia.

22. Hay caballeros de plata que son tan incultos que no saben ni lo que es el puto escudo del Dragón.
23. Howard Stark trabajó para la fundación Kido.
24. Stan Lee hizo un cameo en un episodio, haciéndose pasar por agente encubierto del Santuario.
25. El Santuario también tiene mutantes en nómina, no solo caballeros.
26. El escudo del Dragón tiene ojos, por eso se puede convertir en piedra al mirar a la Medusa.
27. Marin tiene un B1 de inglés. Le sirve para comunicarse con Seiya, pese a que AMBOS son japoneses. Por cierto, sus mayúsculas en la arena son inconfundibles.
28. Esmeralda, la churri difunta de Ikki, se parece tanto a su hermano Shun (solo se diferencian en el color del pelo) como a un floripondio que crece en la Isla del Infierno, lo que lleva a pensar si Shun también se parece a un floripondio. Al igual que Kenny en South Park, muere más de una vez.

29. No importa que te saltes los ojos con los dedos. Si tienes voluntad y tomas té chino, te curarás tarde o temprano. Porque por lo visto, cuenta como enfermedad.
30. Pensar lo contrario a eso de curarse con fuerza de voluntad te convierte en un pesimista que no cree en sus amigos.



A la izquierda, Shun. A la derecha, Esmeralda.
Lo peor es que es verdad, son como dos gotas de agua.
La cuestión es que, si Ikki estaba enamorado de Esmeralda, y esta le recordaba a su hermano... ¿Ikki es otro Lannister?



31. Decir que atacar la fortaleza enemiga entrando por la puerta principal es un absurdo es propio de mala persona; lo lógico es decirlo, e irse inmediatamente a otra fortaleza enemiga entrando por la puerta principal.

32. Ikki no está del lado de los Caballeros de Bronce. Por eso deja colgados (literalmente) a su propio hermano e Hyoga. Sin embargo, no tiene reparos en coger a Seiya de un puñado para llevárselo a casa (y luego tirarlo al suelo cuando se aburre)

33. 180 cuervos no solo pueden capturarte cuando sales a la calle a que te dé el fresco. Además pueden dejarte inconsciente sin tocarte.

34. Al lado de Tokyio hay una cadena montañosa que se extiende tropecientos kilómetros sin señales de vida por ninguna parte.

35. Un caballero de plata es difícil de matar a hostias, pero puede morir cayéndose absurdamente por un precipicio.

36. Si un caballero de bronce te corta las dos manos, estas pueden crecerte durante un segundo para luego volver a desaparecer cuando conviene.
37. El Patriarca puede destruir una isla de un lefazo.
38. Frase célebre número 1:
"Está bien eso de tener cerebro"
"Sobre todo cuando no se tiene".
39. Una diosa puede llamarse princesa. Sí, ¿por qué no?
40. Shiryu se enfrenta a Bruce Wayne, que está disfrazado bajo la identidad de un tal Okko. Sus padres, además, son Seiya y Shun, que en algún punto del futuro viajan al pasado, se vuelven transgénero y tienen a Bruce.


No, no me he equivocado. Este hortera no se ha escapado de ningún episodio de G.I. Joe. Es un Caballero de los Abismos, enemigo de un capítulo en que los Caballeros de Bronce tienen que rescatar un petrolero de la Fundación Kido que ha sido secuestrado por este capullo y dos más, liderados por una tía con una armadura que parece un cruce entre Shina y un vampiro.
Por si esto no resulta ya bastante absurdo, el dato: el petrolero tiene motores nucleares. Viva la ecología y la madre que la parió.



41. Si 180 cuervos están llevandose a una diosa a 40 metros de altura, lo inteligente es cortar las cuerdas que la sostienen de una hostia y ya si eso recogerla.
42. Si estás entre una pared y dos enemigos, lo inteligente es tirarte por un precipicio.
43. Si te atacan con una bola con pinchos, puedes pararla con la mano. La diosa Atenea hará que la cojas por el único puto sitio donde no hay pinchos. Eso sí, dichos pinchos reaparecerán cuando la sueltes.
44. El Patriarca, aparte de ser bipolar perdido, genera total confianza en los Caballeros de Oro, pese al hecho sin importancia de que nunca nadie le ha visto la cara ni sabe muy bien quién es.
45. Si le dices a un Caballero de Oro que debe matar a Caballeros de Bronce te dirá que es algo indigno. Sin embargo, no tendrá reparos en darse un paseo por la isla de Andrómeda y reventarla hasta los cimientos, con toda la gente que vive allí.
46. Según el Patriarca cuenta (de puta pasada, dicho sea de paso) la "verdadera" Atenea se encuentra en sus dependencias y solo él puede hablar con ella. Eso sí, nadie la ha visto en su puta vida, pero oye, si lo dice el Patriarca, pues será verdad.
47. La comunicación interna dentro del Santuario tiene problemas: Aiora resulta ser Caballero de Leo y no lo sabían ni Milo de Escorpio ni el propio Patriarca.
48. El Caballero de Leo va a limpiar su honor por eso de acarrear la fama de ser supuestamente el hermano de un traidor. La mejor forma de hacerlo es aparecer y hacerle confesiones íntimas a Seiya mientras Shina se le está declarando.
49. Entre los hobbies de Aioria de Leo está hacer de farolillo.
50. La Armadura de Sagitario y las llaves de la canción tienen una cosa en común: ambas están en el fondo del mar, matarile rile rile (o en el de un lago, pero para el caso es lo mismo).


"Aaaay, qué hostiaaa..."



50. Aparte de la armadura de Sagitario, el Patriarca nos enseña cinco armaduras de oro más. Milo de Escorpio, al verlas, que se queda asombrado al enterarse de su existencia. Nunca se le había pasado por la puta cabeza que, aparte de su armadura y la de Sagitario hubiera, otras diez más. El hecho de que haya doce putas casas y que él vigile una de ellas es irrelevante. De hecho, a nadie se le ha pasado esto por la cabeza: los Caballeros de Bronce se quedan flipando igualmente al enterarse.
51. Cómo insultar a un Caballero de Oro con estilo: Llamándolo "Carnaval ambulante" y "Desgracia de cangrejo".
52. Cómo insultar a un Caballero de Bronce con mala leche: Llamándolo "Dragoncín". Imaginad en qué cantante de los ochenta he pensado al escuchar esto.
53. Los Caballeros de Oro son descendientes de un Flash del futuro.
54. Las estrofas de la famosa canción aquella que decía "Ojos negros, piel canela" eran una clara referencia al Caballero de Hidra.
55. Seiya fue descartado del reparto de Capitán Tsubasa por inútil.
56. Las tetas de Shina de Ofiuco crecen y menguan mágicamente dependiendo del ángulo de cámara.
57. El Caballero de Plata de la Tarántula tiene la pose de combate más yaoi que existe. Concretamente, es uke.
58. Si vas a atacar el Santuario, asegúrate de que tus excolegas de la isla de Andrómeda, a tomar por culo de donde tú estás, se enteren. Así podrán ir a buscarte la misma mañana del ataque, mientras tú estás dándote un paseo por el puerto antes de coger un avión.
59. Seiya y los Caballeros de Bronce han heredado de Aioros la puta manía de ir por territorio enemigo sin la armadura puesta. Porque guardadita en su urna está mucho mejor.
60. Tatsumi también se llama Tayuya. Y Dohko se llama Nai. Por si no estábamos ya bastante liados con eso de las identidades raras del Patriarca y las armaduras de las que nadie sabía su existencia.


"Ojos neeeegros piel caneeelaaa, que me llegan... a desesperaaar"



61. Frase de Shun digna del recuerdo (frase célebre número 2): "Eso no puede ser, porque si no, sería asolutamente absurdo". Se ve que no ha repasado el guión de la serie.
62. Atenea se reencarna cada 200 años o cada 2000, dependiendo de cómo le convenga al guionista.
63. Si dudas del Patriarca, lo inteligente es ir solo para acusarlo de traidor.
64. Si dos Caballeros de Oro se enfrentan, se comban el espacio y el tiempo, o bien tiene lugar una batalla que dura mil días y mil noches. Excepto si uno de los dos caballeros no lleva la armadura de oro puesta o está disfrazado. Entonces eso no cuenta.
65. Shaka de Virgo es el Caballero de Oro más sabio. Pero solo cuando está trabajando en su Casa. Si sale de ella, se cree cualquier gilipollez que le cuenten.
66. Si vas a atacar el Santuario, no solo debes ir por la puerta delantera y SIN la armadura puesta. Además, lo suyo es que le mandes una carta al Patriarca para explicarle con todo lujo de detalles que te vas a personar por allí para atacarle.
67. Saltarte las córneas, como ya hemos dicho, con los dedos se considera enfermedad. Se cura con agua de una montaña en la que hay pajarracos cabrones gigantes que te tiran ñoscos de piedra, pero que si les metes una hostia con todas tus putas fuerzas (para asustarlos, por supuesto) se encogen hasta parecer pajarillos indefensos.
68. Sabes que eres una diosa cuando te clavan una flecha en el pecho y te das cuenta dos minutos después. Irónico, si tenemos en cuenta que la misma diosa estaba dispuesta a recibir ella solita un bolazo de fuego entre los pechotes.
69. Los Caballeros de Bronce han jurado proteger a Atenea, pero si le endiñan un flechazo en la pechuga, lo más lógico es dejarla tirada, sin protección alguna, e irse a atravesar las Doce Casas para darse de hostias con los Caballeros de Oro.


Ptolemy de Sagita, el único Caballero de Plata que cuenta con solo un punto de vida.


70. Cuando Mu de Aries se ofrece a reparar tu Armadura de Bronce para participar en la batalla de las Doce Casas, lo más inteligente es desconfiar de él y decir que andas corto de tiempo (doce putas horas). No importa el hecho de que el mismo Mu las haya reparado en el pasado y que en ningún momento haya dado señales de ser un enemigo.
71. Aldebarán de Tauro es el equivalente en Saint Seiya al portero de una discoteca. Hasta tiene la misma postura, con sus brazos cruzados y su cara de mastuerzo.
72. Si se revienta una de las Doce Casas, hay un equipo de reparaciones que la pondrá a punto tras la batalla. Eso sí, si el equipo de albañiles tiene que reparar la casa de Cáncer, deberá enfrentarse a los Caballeros de Aries, Tauro y Géminis antes para poder pasar. Nadie conoce la importancia de los Albañiles del Zodiaco.
73. Aldebarán (Caballero de Oro) usa exactamente la misma técnica de combate que Marin (Caballero de Plata). Por algún motivo que no entendemos, eso del sable muerto nos hace pensar en disfunción eréctil. De hecho, todo en esta batalla rezuma a una intención oculta por ver quién la tiene más grande.
74. Uno de los planes de Aldeberán es que, si mata a Seiya, dejará su cadáver estampado en medio del suelo por toda la eternidad. Además de parecer un portero de discoteca, es una mijilla guarro.
75. No hay nada como una diosa que te hace chantaje emocional cuando has perdido el conocimiento tras una hostiaca. Es que ni inconsciente lo dejan a uno. A esto, sin embargo, lo llaman decir "Atenea me ha devuelto a la vida", cuando es lo más parecido a la alarma de un despertador.
76. Hecho yaoi: Seiya absorbe y proyecta la energía. Es lo mismo que decir "Chupa y luego escupe".
77. Aldebarán sabe que se enfrenta al Caballero de Pegaso tras ver la imagen de un Pegaso gigante tras una ráfaga de golpes. No antes.
78. El resto de Caballeros de Bronce está inconsciente durante la pelea entre Pegaso y Tauro, pero "mágicamente" recobran el conocimiento cuando esta acaba. El hecho de que Shiryu la recuerde con todo lujo de detalles en un flashback nos da bastante que pensar...
79. La frase de Shiryu, al recobrar el conocimiento, es para enmarcarla: "Lamento no haber podido ayudar UN POCO MÁS". Esto suena ya a recochineo. Menos mal que son todos super amigos...


"Si no estás en lista, no entras".


80. Tres capítulos para que Seiya derrote a Aldebarán. Cinco minutos para que Hyoga le congele las manos. El tiempo es relativo una vez más.
81. La casa de Géminis guarda paralelismos con un IKEA: por mucho que andes, no hay cojones de dar con la salida a la primera.
82. Aldebarán comenta a Mu de Aries que los Caballeros de Bronce le han hecho dudar del Patriarca. La razón: se ve que tienen mucha fe en lo que defienden y que, por tanto, deben estar en lo cierto. Se nota que nunca ha oído hablar del extremismo.
83. Todos los sirvientes del Patriarca, según cuenta "un rumor", fueron asesinados de forma violenta y terrible porque le vieron la cara. Los Caballeros de Oro tampoco han visto la cara del Patriarca, pero ni se preguntan dónde están esos sirvientes desaparecidos y presuntamente muertos. De hecho, tampoco les resulta raro desconocer la identidad de su superior más inmediato. Ellos a lo suyo.
84. Ver a los Caballeros de Bronce recorriendo la Casa de Géminis sin avanzar un solo metro es como ver a cuatro hámsters corriendo en la ruedecita.
85. Saint Seiya es una de las primeras series de anime en spoilearse a sí misma: Entre Andrómeda y el propio Patriarca ya queda más que mascado quién es el malo. Y por si no lo pillas a la primera, te lo soplan descaradamente varias veces.
86. Hyoga en la Casa de Géminis protagoniza el clásico y ataque "Que estoy mu loco", propio de puertas de baretos. Los resultados son evidentes: Acaba viajando a una infinita cola del INEM que aquí se hace llamar el Hades.
87. Shun dice que su cadena no detectó presencia alguna en la Casa de Tauro. Tampoco lo hace en la de Géminis, pero según él, en esta última casa es "La primera vez que le pasa". Shun, aparte de tener gatillazos nebulares, empieza a sufrir un serio problema de memoria.
88. Si te descogorcias contra el suelo de la Casa de Géminis, salen hojas. Del mármol.
89. Cuando un Caballero es desplazado por el aire de una hostiaca, suena igual que el balón de Oliver y Benji.


ÑIIIAAAAAAAAOOOOOIIIIAAAOOOOIIAAAAAAANNNNNNGGGGG...


90. Momento yaoi: Shiryu, gracias a eso de estar más ciego que un gato de yeso, se da cuenta de que la casa de Géminis es una ilusión. Por eso le dice a Seiya que se agarre a él y no se separe.
91. Seiya y Shiryu salen de la Casa de Géminis sin endiñar un solo garbañazo y se dan cuenta de que Hyoga y Shun andan dentro. La filosofía clásica de Saint Seiya, una vez más: "Que se busquen la vida".
92. Tras casi TRES casas, Mu de Aries y Kikki se dan cuenta de que los Caballeros de Bronce han dejado tirada a Saori. En este punto de la historia, posiblemente podría habérsela comido algún monstruo, algún soldado podría haberla rematado o se la podrían haber jincado por turnos una banda de desalmados que pasaba por ahí. Si es que demasiadas pocas cosas pasan.
93. Ikki está en un spa, con el culo metido, literalmente, en una pila de carbón al rojo, mientras los demás se dan de leches.
94. Shun es la clase de Caballeros tan nobles que explican con todo lujo de detalles cómo funciona su armamento al tío que quiere darle matarile.
95. La cadena de Andrómeda puede extenderse hasta varios años luz de distancia. Sí, ¿por qué no?
96. Puedes identificar a un enemigo por el collar que le has mangao.
97. Hyoga reaparece en la casa de Libra, que ahora aparece ocupada por el Caballero de Acuario (¿?). Este resulta ser el maestro de su maestro. Hyoga, que hasta el momento no había oído hablar de ninguno de los otros Caballeros de Oro (no olvidemos que pensaba, como todo el mundo, que la armadura de Sagitario era LA armadura de oro), resulta haber oído hablar de el famoso Camus de Acuario, al que reconoce como Caballero de Oro de toda la vida.
98. Camus ha jurado proteger al Patriarca, al que reconoce como el hombre más sabio y bondadoso sobre la faz de la Tierra, pese a que tampoco tiene ni pajolera idea de quién es.
99. El barco en que estaba la madre de Hyoga es de madera. En el puto s.XX. Camus lo revienta bajo la excusa de que Hyoga debe "alejarse de las emociones que le atan". En mi tierra, eso son ganas de dar por culo, a secas.


"Esto es buenísimo pa las almorranas".


100. Sutil momento yaoi: En las escenas de la ejecución de la Aurora, se puede ver con total claridad una bandera multicolor.
101. La madre de Hyoga y Jack de Titanic tienen una cosa en común: ambos palman cuando cabían perfectamente en la barca de salvamento. Mientras el barco se hunde, se va a su camarote a echarse en la cama y así ahogarse de un modo fashion.
102. Seiya no solo se entrenó con Marin. También lo hizo con Paulo Coelho. De ahí su actitud positiva ante la vida.
103. El Caballero de Cáncer tiene como hobby coleccionar las caras de aquellos que ha matado, incluyendo niños. Las tiene puestas en su Casa, lo que le ha valido el apelativo de Máscara de Muerte. El tío de recursos humanos que le contrató el día que fue a echar el curriculum como Caballero de Oro, sin duda, andaba algo despistado. Lo mismo que el tío que le pasó los tests psicotécnicos. Qué cojones, para huevazos los del resto de Caballeros de Oro, que se supone que también luchan por la justicia y, en vez de actuar, lo que hacen es ponerle el mote de Máscara de Muerte y seguir a lo suyo.
104. Shiryu, cuando viaja al Hades, se chuta con la especia que se tomaban los Fremen de Dune. Así se le quedan los ojos como se le quedan.
105. Shunrei ya no es hermana de Shiryu nunca más. Ha pasado al status de amiga.
106. Si rezas para que los Caballeros de Bronce venzan, los Caballeros de Oro ya no son poderosos. De hecho, se convierten en unos alfeñiques. La fe es puto poderosa.
107. Saori y Hyoga, por algún motivo que desconocemos, tienen un paseo gratis en una lavadora cósmica.
108. Si hasta ahora teníamos un flashback por cada capítulo, ahora encontramos la vuelta de tuerca: un flashback dentro de un flashback, donde Shiryu recuerda una conversación con Shunrei en la que recuerdan cómo se conocieron.
109. Cuando Shunrei conoció a Shiryu, ésta estaba frotándose el pistacho contra el tronco de un árbol. De ahí esa sonrisita que tenía.


"Ji, ji, ji"


110. Chip y Chop viven en casa de Shiryu.
111. Dohko de Libra no se mueve ni para dar un recado. A menos que Cáncer, en un ataque de hijoputismo crónico, ataque a Shunrei. Entonces es hasta capaz de meterse en el agua y todo.
112. Shiryu cabreado es la mezcla perfecta entre Usagi de Sailor Moon y Goku en modo Super Saiyan.
113. Las mejores peleas de insultos se producen cuando se enfrentan Cáncer y el Caballero del Dragón.
114. Gollum vive en el Hades. Y tiene un montón de primos que se frotan contra el Caballero de Cáncer.
115. Shiryu habla sin mover la boca. Es la técnica secreta de "La voz del Ano", muy útil en estos casos.
116. La mejor manera de enfrentarse al Caballero de Cáncer es jugando a las prendecitas con él. Cada vez que pierde una, llora como un puto blandengue.
117. Máscara de Muerte parece llevar años siendo Caballero de Oro. También parece llevar unos cuantos años más siendo un asesino. Pues bien, la armadura le repudia AHORA por mala persona.
118. Un aplauso para el traductor que puso en boca de Shiryu la expresión "Elevaros, dragones".
119. La mejor forma para volver del Hades es convertido en espermatozoide volador.