lunes, 5 de octubre de 2015

Angst- Sobre ser juzgado y otras cosas molonas que tocan los putos cojones




Tras unas pocas semanas de asueto, toca volver a ponerse manos a la obra con el que, posiblemente, es el blog menos leído de la Red. En esta ocasión, no vamos a ponernos en modo rabioso para denunciar la incoherente hipocresía de lo que viene siendo este país de mongolos sin remedio. Tampoco me apetece repartir estopa contra una clase política que no me convence (más que nada porque, viendo la legislación vigente, si digo lo que pienso o me meten una multa que flipas o acabo en el trullo, y como que paso), y tampoco es que hayan pasado demasiadas cosas raras últimamente (para variar) como para redactar un Spanish Bizarro. Podría hablar sobre cómics, pero tengo ahora mismo tantas colecciones por medio, que solo pensar en la idea de hacer un análisis sobre algo me estresa de un modo que ni os imagináis. Lo mismo con libros o pelis.
Así que supongo que es turno de ponerse serio, trascendental y dejar de decir gilipolleces de cachondeo por un momento. Porque Rumbo a la Distopía también le endiña a eso de reflexionar de vez en cuando.

Quiero empezar este artículo lanzándoos una pregunta, queridos Distópicos. Me gustaría saber si alguna vez alguno de vosotros se ha sentido juzgado en algún momento de su vida. Entendedme, no me refiero a que alguien diga que sois unos gilipollas por no haberles dado la razón. Eso, siendo objetivos, no pasa del insulto y, cuando me refiero a un juicio, me refiero a elucubrar todo un sistema de creencias, o acaso una actitud, o lo que sea, y atribuirlas a vuestra persona sin haberos preguntado qué cojones os pasa por la puta cabeza.
Si nos ponemos técnicos, podría decirse que existen, grosso modo, dos clases de juicios que se pueden emitir sobre uno: el que te infravalora y el que te sobrevalora. Existe un tercero, que es el que yo llamo "prejuicio de sobrevaloración cruel", en el que me extenderé luego.


"¿Sacas un 4 en matemáticas? Eres lerdo"
"Pero saco buenas notas en..."
"Que te calles, subnormal. Eres lerdo y a tomar por culo"


Abordemos el primero: cuando hablamos de ser juzgados, lo primero que suele venirnos a la mente es sentirnos infravalorados. No sería el primer caso en que, en algún momento de nuestras vidas, nos rodeemos de gente que nos considera el menos espabilado del grupo, o cualquier otro rol que vaya en la misma línea. Es fácil verlo, cuando notas que eres tratado no sin cierta condescendencia. Cuando abres la boca y, tal vez nadie te lo dice abiertamente, pero su actitud delata la visión que tienen de ti: puede manifestarse con esa sensación de tolerancia, o el incómodo silencio para no decirte abiertamente que cualquier cosa que sale de tu puta boca es una estupidez. No hablamos de gente que esté en desacuerdo contigo, sino de aquellos que, abiertamente, te ven en un nivel inferior; esto puede deberse, bien a que tu forma de vivir (no necesariamente de ver las cosas, pues a menudo es posible encontrar que vais a pensar de un modo similar) no se ajusta a la de ellos. No llevas una vida que, a sus ojos, te convierta en una persona que pueda hablar de nada, porque te ven como inexperto, como un crío o directamente como un retrasado mental. Hay cosas que no entiendes, porque son las que ellos viven y, si no las entiendes o no te interesan demasiado por el momento, no sabes de la vida. No has vivido. Eres mongolo y te quedas con el cartel que te han colgado.
En grupos así es fácil convertirse en la figura que prefiere mantenerse en silencio para no convertirse en una coña viviente. Quizás los que lo hagan no lleven expresa mala intención al verte como alguien que, de algún modo u otro, necesita su orientación, pero tampoco es que importe, pues el daño ya está hecho: te han tocado los cojones y eso no hay quien lo arregle.


El viejo concepto de ser la oveja negra.
Estás jodido por partida doble: se te ve como a una oveja, y encima como una que da la nota.


La infavaloración, quiero aclarar, no siempre consiste en coger a alguien y putearlo a muerte hasta que se tire por una ventana. A menudo, no es más que una cuestión de aislar a la persona dentro de un grupo social que es "menos molona" que la nota dominante. No tienes puntos en común con esa gente, aunque la hayas tratado durante años; quizás porque la gente evoluciona y ese grupo en concreto (o algunos individuos que llevan la voz cantante) ha evolucionado de un modo en que tú no lo has hecho. Algunos hasta consiguen un trabajo estable (sí, existe gente que lo consigue), se casan, forman familias y demás. Si tú no has llegado a según qué estadios de la vida, amigo, puedes empezar a sentirte como el retrasado del grupo, porque empezarás a oír cosas tan bonitas como lo de "Tú es que no sabes lo que es el mundo laboral", o "Cómo se nota que no tienes hijos". Como si el hecho de pasarte toda tu puta vida buscando un hueco en este mundo no contase como experiencia vivida y la única que valiese fuera crear una prole de descendientes con la que poblar este mundo. Y con esto, quiero dejar muy clarito, que no me toca los cojones que la gente tenga hijos; lo que me toca los cojones es que los usen para dar a entender que los que no los tenemos somos unos ignorantes de la vida. Es como si, de algún modo, toda esa gente que nos mira así, o que usa ese tipo de argumentos a la hora de tratar con nosotros, esperase que nos justificásemos a la hora de hablar de nuestra vida. Como si tuviéramos que dar explicaciones acerca de por qué elegimos (o no elegimos) nuestra forma de actuar y ellos debiesen dar su aprobación al respecto. Y, por supuesto, no conseguirla.


"Ay, qué gracia tienes, gilipollas"


El caso contrario es la sobrevaloración. No es tan bonita como parece, puesto que (y ya he hablado de esto alguna vez) tiende a generar expectativas que, ya no uno, sino cualquier humano es imposible de cumplir. Es el caso de "Eso lo consigues tú con lo inteligente que eres" y demás derivados que lo que hacen es ponernos en un puto compromiso cada vez que se nos plantea una toma de decisiones. No nos engañemos, que te sobrevaloren no es una señal de que confíen en ti; es una señal de que cuentan con que seas capaz de hacer cualquier puta cosa sin despeinarte y que, si la cagas, tu fracaso será ampliamente superior que los que llevan el cartel de la infravaloración. Podríamos decir que si el primero es un horror por defecto, este lo es por exceso.
Ambos casos, y quiero que quede claro, no estoy poniendo ninguno por encima de otro, son prejuicios que tienden a resultar dañinos: para mí igual de jodido es que den por sentado que la vas a cagar y que, si la cagas, la cosa resulte ser un "Pues eso, lo normal", a que te vean como a una especie de superser omnipotente que genera una profunda decepción en los que le rodean cuando mete la pata.
Porque seamos claros: somos humanos y la cagamos. Siempre he dicho que no hay nada de malo en aceptar que somos falibles y que, de todas las decisiones que tomamos al cabo del día, unas cuantas resulten ser una chusta. El problema está quizás en la percepción del fracaso, en magnificarlo o en convertirlo en tu seña de identidad. Si tengo que elegir entre ser una decepción viviente o enarbolar el rol del fracasado, sinceramente, no me termino de decidir acerca cuál es peor.


"Pues me esperaba yo más de ti, con lo inteligente que tú eres"


Existe una tercera vía para sentir cómo se nos hinchan las partes pudendas cuando nos juzgan, que es el prejuicio de sobrevaloración cruel al que he hecho referencia al principio. Este principio toma elementos de ambos, convirtiéndose en una resultante tan interesante como jodida por culo, ya que te sobrevalora y te humilla por igual. Es el caso de aquellas veces que te toca oír eso de que eres muy inteligente y que podrías hacer lo que te da la puta gana, pero como eres un puto vago, no consigues nada. Este principio, si nos fijamos, parte de un principio que debería sonar halagador (tal y como suele ser propio de la sobrevaloración, si no pasa de un cumplido o dos), pero se usa para hundirte en la puta miseria a continuación. Hacer uso de este principio, si nos fijamos, tiende a quitar mérito a cualquier cosa que hagas, puesto que siempre se va a dar por sentado que, o no lo has logrado al cien por cien de tus habilidades, o bien se dice que no has hecho nada del otro mundo, puesto que eso lo podías haber hecho mucho antes y no te había dado la gana. Con este prejuicio tomas lo mejor de los dos mundos y te queda claro que no hay forma humana de que puedas ganar: si la cagas, se achaca a tu falta de esfuerzo; si no la cagas, pues nada, hecho está, como si te lo hubieran regalado o vete a saber qué. El mal que haces te sobrevive y el bien queda enterrado con tus huesos, como diría el viejo William. Partiendo de esta óptica, nadie va a plantearse jamás que tengas verdaderas dificultades para algo, o que no lo consigas solucionar. La excusa perfecta será siempre culparte a ti por no haberte esforzado lo suficiente, aunque nadie se moleste en preguntarte si de verdad te ha resultado difícil. Al igual que sucede especialmente con el caso de la infavaloración, la tendencia será a querer solucionar tu vida y tus problemas, pero llegando a abrumarte de tal forma que no estás tan seguro si te están ayudando o terminando de hundirte.


Hala, a comer barro.


Por lo que a mí respecta, yo he vivido de un modo u otro los tres casos, lo que me lleva a pensar acerca de lo dispar que puede ser la imagen que transmito; también me hace pensar que, cuanto más dispares son entre sí, menos reales deben ser. Según el círculo en que me mueva, he llegado a sentirme como un auténtico retrasado mental que no es capaz de decir dos frases sin sentir que el planeta entero la esté poniendo en entredicho (cosa que no sería mala si hablase de cosas sobre las cuales no tengo ni puta idea, pero no suele ser el caso), o bien me he sentido como si dijese la última palabra (cosa que tampoco es del todo cómoda, por ejemplo, cuando sueltas una burrada de coña y el personal te da la razón como si la dijeses totalmente en serio). Vivir el tercer caso no me resulta mucho mejor, sino igualmente frustrante: no es la primera vez que he visto cómo el resultado de mis esfuerzos (más modesto el primero que los segundos) se ve echado por tierra porque se da por sentado que "doy para más". Y a lo mejor resulta que el problema es que NO doy para más. Que estoy más al límite de mis posibilidades de lo que todo el puto planeta piensa. Que soy humano y no un puto dios, joder. Que lo mismo tengo la inteligencia de una persona normal y no soy un puto superdotado que es capaz de memorizar o razonar cosas que al resto de los mortales le están vetadas. Lo más frustrante es que no importa cuántas veces la cagues o cuántas veces digas a tu alrededor que, joder, que no eres capaz. Que ya lo has intentado y está por encima de tus posibilidades. Automáticamente, la respuesta es culparte a ti por no cubrir las expectativas ajenas. Decirte, por enésima vez en tu vida, que lo que te pasa es que eres un vago, que careces de ambición o que todo te importa tres cojones.


Algo tal que así, pero despertando menos monosidad.


Ante este tipo de cosas, no tengo claro cuál puede ser el curso de acción deseado. Es más, si alguno de vosotros lo conoce, os pido de corazón que me lo expliquéis, porque está claro que es imposible razonar con un mundo que, cada día con mayor claridad, te das cuenta de que no te escucha. O te escucha, pero le resbala lo que dices, porque te da la misma credibilidad que a un billete de seis pavos. Hagas lo que hagas, ya tienes puesto tu cartelito, que vete a saber cuándo y bajo qué circunstancias te lo colocaron, y te toca vivir con él el resto de tu puta vida, por lo visto. Quizás lo más práctico sea darles la razón, tomarles la palabra y asumir que eres lo que esperan. O bien, seguir pensando que todo lo que te restriegan por la cara es una puta mentira, aguantar el tirón y estallar cada vez que tus pelotas superen el máximo de inflamación permitido por tu sistema nervioso. Ninguna de las opciones me parece una genialidad, qué queréis que os diga.

También cabe la posibilidad, queridos Distópicos, de que os hayáis sentido identificados en estos casos que he mencionado. Si es así, bienvenidos a la revelación que supone daros cuenta de que, efectivamente, los que os rodean no os ven como lo que realmente sois. Que por mucho que os esforcéis, el mundo a vuestro alrededor ha dictado su veredicto sobre vosotros y no hay manera humana de que os quitéis el sambenito que se os ha colocado. Que, hagáis lo que hagáis, va a ser sometido a juicio, y no por lo hecho en sí, sino por ser vosotros quienes lo han hecho porque, si pensáis un poco y reflexionáis acerca de sí sería visto igual de haberse tratado de otra persona, en el fondo sabéis que no. No es lo mismo si vosotros hacéis algo a que lo hagan los demás.
Pero no nos pongamos pesimistas. Lo bueno de todo esto, si algo bueno hay, es que si os habéis sentido identificados, amigos míos, significa que no estáis solos. No hablamos de "mal de muchos, consuelo de tontos"; pensad que al menos alguien os entiende.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Escupiendo Rabia- Por una buena causa, mato, o Hasta los cojones de que me la cuelen




Vamos a empezar este post de hoy retomando un caso prehistórico, casi antediluviano. Me refiero a una anécdota que viví cuando la famosa "toma" del Congreso en repulsa por los casos de corrupción reinante, hace unos años. Pues bien, estaba yo viendo las noticias y hablando del tema con más gente. Como siempre digo, en el momento en que se intenta defender algo por medio de la violencia, para mí dicha defensa cae por su propio peso y me siento con la libertad de dejar de creer en ella. Va por aquellos miembros de la seguridad que se ensañaron a lo bestia con los manifestantes... pero ojo, también va por aquellos manifestantes (que los hubo) que, de forma perfectamente organizada, se enfrentaban a ellos, usando tácticas de pega-y-corre y camuflando armas en banderas.
No voy a entrar mucho en la actuación de unos y otros, porque eso generaría un debate que me parece árido y en el que el personal está tan posicionado que no tendría ningún sentido darle más vueltas. Voy a centrarme más bien en el caso concreto de un manifestante del que se me dijo, con la manifestación aun en la calle, que por lo visto había quedado paralítico "de por vida" de "una brutal paliza que le había propinado la policía".
Ante tal noticia, me dio por pararme a pensar: cuando uno va a urgencias con una lesión grave de ese tipo (pongamos, por ejemplo, con un accidente de tráfico), los médicos suelen ser bastante cautelosos a la hora de levantar diagnóstico. Hacen pruebas y demás, y no se atreven a decir que la persona no volverá a caminar en su vida al menos hasta que hayan hecho unas placas y puedan evaluar el estado de una columna vertebral después de que haya bajado la inflamación por el traumatismo. No soy médico, pero sí tengo amigos médicos, y he podido comprobar que en este tipo de cosas (muy especialmente si hablamos de urgencias y accidentes) no puedes dictaminar algo así en diez minutos. Mucho menos si, como es el caso al que me refiero, me dicen que el diagnóstico lo levantan los del SAMUR, que son enfermeros. Antes de que ningún enfermero se me cabree, voy a aclarar esto: no lo digo porque sean enfermeros en sí: lo digo porque, según la información que me llegó, los chicos del SAMUR habían levantado diagnóstico en la misma ambulancia. Eso ni un enfermero, ni el mejor cirujano del mundo o el puñetero Doctor House, sin el equipo pertinente, te lo podría asegurar.


"Nah. Es lupus".


Efectivamente, se trató de un bulo. A la mañana siguiente, se desmintió: el supuesto chico apaleado hasta la parálisis permanente había resultado ser una persona que venía de una lesión medular producida por un accidente de tráfico previo que, con un par de huevos, se había metido en el cogollo de la manifestación. Se llevó un porrazo, sí, pero en ningún momento se pudo determinar si se quedaría paralítico de por vida, mucho menos si la parálisis se la causaron a hostias limpias. Como puede verse, un caso de tomar una verdad y "modificarla" al gusto para encabronar a una gente que ya venía encabronada desde casa.
En su momento, no me creí esta noticia (o no del todo), ya que me resultó todo demasiado precipitado como para darle credibilidad, y bueno... ahí tuve razón. La persona que me la contó, en un tono belicoso y beligerante, del tipo "¿Has visto? ¿Has visto lo que nos hacen?", cuando le expliqué por qué no me la creía, me soltó una frase tan demagógica como extendida: "Yo prefiero creerme lo que me diga el pueblo a lo que me diga el gobierno". Dicho de otro modo, que es mucho más fácil sacrificar el criterio de uno por afinidad a buscar lo que es cierto o no. Como si el pueblo, solo por ser el pueblo, no tuviese capacidad de mentir o manipular información por el motivo que sea.
Como si unos fueran unos santos y los otros el Mal encarnado, que vive para sodomizarnos día sí y día también.


Me pareció estrictamente necesario poner esta foto aquí, ya que hablamos de sodomía.


Por desgracia, no siempre es fácil darse cuenta de este tipo de cosas. Vamos a movernos un poco más adelante en el tiempo y recordemos lo sucedido durante la feria de Málaga de 2014. Aquellos que estuvisteis pendientes a las noticias, recordaréis el espeluznante caso de una pobre chica que trabajaba como relaciones públicas de una de las casetas y, cuando salía de trabajar, fue asaltada por cuatro monstruos que la llevaron a un lugar oscuro, la violaron por turnos y lo grabaron con el móvil. La propia prensa, antes de que se supiera realmente lo que había pasado, catalogó el suceso como una "brutal agresión" y, tengo que reconocerlo, me lo tragué. Estuve investigando un poco en el caso y para mí, como mínimo, había cosas en la versión que se había dado que no me terminaban de cuadrar, apuntándome de forma directa a los cuatro chicos acusados.
El caso, probablemente debido a la presión mediática o tal vez a la claridad de las pruebas, demostró ser justo lo contrario. En un espectacular giro de acontecimientos que ríete tú de una novela del George R.R. Martin, resultó que la chica se lo había montado con los chicos (lo que no es necesariamente malo, o no del todo, dependiendo ya de la prudencia de cada uno a la hora de amancebarse en un sitio público y de los riesgos que conlleva), pero al ver que la habían estado grabando con el móvil y con miedo a que ese vídeo se acabase difundiendo, se fue para el primer policía que pilló y aseguró haber sido violada. Ahí caímos todos, porque en mi caso yo no me podía imaginar que a alguien se le podía ocurrir pensar o actuar de esa manera. Lo más gracioso de todo es que, aunque yo me equivoqué y di por sentado que, efectivamente, los chicos habían sido declarados culpables antes de que la misma justicia actuara, había habido gente que había llegado mucho más lejos: no faltaron artículos donde se exigía "justicia gitana" para ellos. Traducido: que, para vengar la supuesta afrenta que habían cometido con esta chica, se les cogiera y se les matara. Saltándose todo el proceso judicial, dictando sentencia a muerte y con un componente de racismo (algunos de los chicos, creo que si no todos, eran de etnia gitana) en el término de padre y señor mío.


A la semana siguiente, esos mismos podían estar en esta manifestacion.


Estos dos casos sirven para poner de manifiesto una tendencia que llevo tiempo viendo en redes sociales o grupos de Whatsapp, que es la de ir compartiendo bulos que, por lo que puede verse, llevan detrás, bien algún tipo de intención de manipulación ideológica (como es el primer caso) o la de encabronar a la gente (donde encaja mejor el segundo). Si nos fijamos, la tendencia suele ser siempre más o menos la misma: poner a alguien como víctima para acto seguido retratar a otros como unos monstruos. A veces da la casualidad de que la viralidad del texto es cierta y, efectivamente, hay monstruos entre nosotros (eso es algo que jamás negaré)... pero siempre se hace a priori, y con un objetivo claro, que es el de acojonar o poner de mala leche. Ten miedo a según qué personas, a según qué ideologías. Teme a aquellos que no son como tú. O bien, odia. Odia a los criminales, a los violadores, a los pederastas, a aquellos que amenazan tu seguridad... Aunque todavía no se haya demostrado por las vías correctas que lo sean de verdad.
Dicho de otro modo, nos estamos encontrando con una política de compartir información sesgada o parcial, que nos azuza para que sentemos un juicio antes de poder saber siquiera lo que ha pasado. Lo que podemos llamar, en toda regla, un prejuicio. Un prejuicio que, como si fuéramos rottweilers, nos incita a atacar de una forma agresiva. A desear la muerte de según quiénes. A formar auténticos pelotones de linchamiento que, por suerte, de momento se han quedado en palabrería. Que igual nos puede parecer exagerado, así contado, pero tenemos el caso de del que me acaban de informar justo ahora. Os pongo en situación: un buen día, aparece en Twitter una tal Lo que sea (omito el nombre por mantener el anonimato) que suelta la bastada padre, diciendo que para qué tanto rollo con los niños con cáncer si se van a morir igualmente. El caso es que, como no puede ser menos en esta red social, los mensajes con insultos y amenazas no tardan en aparecer, lo que de por sí ya dice mucho de aquellos que defienden una causa a costa de amenazar e insultar a alguien a quien, sencillamente, deberían haber denunciado. El caso es que lo más fuerte no es eso, sino que al ser un nombre de lo más común, los insultos y amenazas no llegan a la autora de las declaraciones, sino a una chica que no tenía absolutamente nada que ver con aquello y que, de buenas a primeras, se encuentra con un marrón de tres pares de cojones, solo por compartir el nombre. Todo porque a un grupo de subnormales les ha parecido fenomenal hacer un linchamiento público en aras de una buena causa. La verdadera autora había borrado su cuenta y la que se come todo este cirio tiene que subir vídeos a Youtube dando explicaciones antes de que alguien la reconozca por la calle y decida matarla.


"¡Yo no dije esas cosas! ¡Por favor, no me tiréis más piedras!"


Podemos decir que la cosa puede ser fortuita, pero a mí me cuesta mucho creerlo. Podéis pensar que soy un paranoico (la verdad es que no me importa pensarlo; solo porque seas paranoico no quiere decir que los demás no tengan planes), pero esa política de coger e inventarse cosas para cabrear al pueblo llano a mí me resulta demasiado definida, demasiado casual, para ser un cúmulo de "cosas que pasan". Echad un vistazo a la que se lió hace cosa de un mes con lo de la ley de montes. Ley que no me parece del todo correcta en esencia, pero que se ha magnificado a lo bestia por parte de un grupo de gente que se ha dedicado a azuzar a la gente por medio de mentiras, medias verdades y manipulaciones en toda regla. Si recordáis el asunto, hubo toda una campaña de supuestos ecologistas diciéndonos que había aumentado el número de incendios desde que se había promulgado dicha ley y que eso escondía un supuesto negocio de especulación sobre el terreno. Hay que reconocer que eso, así planteado, podría ser cierto, pero un buen día me encuentro un artículo donde, de forma argumentada (tampoco voy a darlo por cierto, pero al menos hay datos y argumentos, cosa que en los del tipo "Indígnate, maldito" no veo) se desmiente, punto por punto, todo ese planteamiento. O ese caso donde se nos dice que ser autónomo solo cuesta el equivalente a doce euros en Inglaterra, desmentido aquí., o la fabulosa utopía que nos vendieron con Islandia y sus revoluciones sociales, desmentido aquí y aquí, este último artículo traducido de un islandés que estaba viviendo la movida in situ. Puedo hablaros incluso de un soberano imbécil con bastante mala intención que se dedicó a subir un artículo de la LOREG (es decir, la Ley Electoral) diciendo que, según dicho artículo, si un presidente del gobierno incumplía su programa electoral podía ser cesado de su cargo de forma inmediata. Algo muy chupiguai y que, si lo pensamos, instiga a un rollito revolucionario que flipas, encabronando a la gente, que ya estaba bastante de mala leche. Algo que, además, era totalmente falso: me pilló estudiando la LOREG por esa época y solo necesité cinco minutos para buscar el supuesto artículo, donde se decía algo bien diferente: que si, en una elección de régimen local (es decir, para elegir un alcalde) el presidente de una urna encontraba alguna irregularidad en dicha urna, ésta se podía impugnar. Como puede verse, no hablamos ni de una "interpretación subjetiva" ni de una opinión. Se trataba de una mentira, deliberada y premeditada, y con el fin (a menos que alguien me demuestre lo contrario) de generar más malestar social.


"¡Viva la Revolución!"
"¿Qué revolución?"
"Ni puta idea, ¡pero viva la Revolución!"


Pero no son casos aislados, de ahí mi paranoia. En estas movidas encontramos una política de crear, aparte de ira, miedo, que no deja de resultar interesante. Si bien tiene toda la pinta de que hablamos de gente que muy probablemente suelta bulos sobre ciertas personas o empresas, el efecto es el de acojonar a  la gente, creando lo que se llama comúnmente "alarma social". Es el caso de lo que he visto con el colorante alimentario en los últimos meses. Este bulo propugnaba que el colorante artificial de la marca Mercadona contiene un compuesto llamado tartracina (se puede encontrar escrito con c o con z), supuestamente derivado del petróleo (como lo es la sacarina, por si alguien no lo sabía) y, por tanto, cancerígeno. También, al parecer, genera trastorno de falta de atención en niños, trastorno que últimamente se está diagnosticando por cualquier chorrada y que se está usando como excusa para empezar a meter medicación neurológica a niños pequeños, dicho por psicólogos que conozco. Si atendemos al bulo, se nos insta a no comprar el producto en esa tienda, porque todo el que lo compre está abocado a sufrir cáncer. La propia OCU, en vista del eco que se hizo semejante noticia, tuvo que lanzar un comunicado desmintiendo el tema, que reproduzco aquí abajo, extraído de su página oficial de Facebook:

"Lo primero que tenemos que decir sobre este cartelito, por el que nos habéis preguntado de forma masiva, es lo que comentamos siempre: recelad de las presuntas alertas de Internet y WhatsApp que no firma nadie e informaros únicamente en medios que os ofrezcan plenas garantías.

Ninguna entidad mínimamente seria comunica alertas reales con cartelitos en redes sociales.

Y recelad sobre todo si el cartelito incluye frases como “compartir con conocidos y amigos”, porque el autor, aunque sea anónimo, lo único que busca es notoriedad y compartidos.

Esto puede ser obra, por ejemplo, de alguien a quien no le guste Mercadona, por la razón que sea. Porque lo cierto es que la inmensa mayoría de esos colorantes contiene tartrazina. Pero ahí sólo se habla de Mercadona.

En cuanto a la tartrazina, lo primero: se llama TARTRAZINA, con N; no con M, como dice el cartelito. Así que ya vamos bien.

La tartrazina es un colorante del grupo de los azoicos, habitual desde hace décadas en multitud de productos alimentarios y su uso está ampliamente extendido en todo el mundo.

Nunca se ha probado que sea cancerígeno ni existen evidencias de ello.

Sí es cierto que hace años algunos sectores médicos lo relacionaron con hiperactividad en los niños y déficit de atención, pero NO EXISTE NINGUNA EVIDENCIA CIENTÍFICA QUE RELACIONE TARTRAZINA CON CÁNCER, HIPERACTIVIDAD INFANTIL O DÉFICIT DE ATENCIÓN, como aún afirman algunos en Internet.

Debido a que algunos sectores médicos apuntaron hace años una posible relación, el uso de la tartrazina fue revisado en 2007 por la agencia estadounidense del medicamento (FDA) y en 2009 por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (AESA), y ninguna de estas dos entidades apreció relación alguna entre consumo de tartrazina y cáncer, hiperactividad infantil o déficit de atención.

La AESA sí apuntó entonces que la tartrazina puede causar alergia en personas sensibles, reacciones de intolerancia y/o irritaciones cutáneas si se consume en exceso, aunque únicamente en un pequeño porcentaje de la población.

En cualquier caso, este colorante no da sabor a los alimentos, simplemente los colorea. Así que, si pese a lo que comentamos recelas de la tartrazina, siempre puedes utilizar otros productos naturales para lograr el color, como azafrán o pimiento, o incluso no teñir de amarillo el guiso, porque el sabor será el mismo.

OCU no recomienda los colorantes, pero porque tus guisos no los necesitan, no porque sean cancerígenos o provoquen hiperactividad infantil o deficit de atención, como se dice en este cartelito anónimo y malintencionado, que sólo busca provocar alarma entre los consumidores."


Bulo que, por cierto, nos demuestra que la empresa Mercadona no es territorio virgen. En este artículo, podemos comprobar que ya hubo alguna movida en 2014, si no desde antes (mientras escribo, sigo investigando) y que se han venido repitiendo. La gente, con toda su buena intención de ayudar, los ha estado compartiendo "por la salud", pero sin pensar que, al no contrastarlos, lo que han estado haciendo es poner en peligro unos cuantos de puestos de trabajo. Sí, esos puestos de trabajo por los que todo el mundo berrea cuando una empresa quiebra y se va gente a la puta calle.


Y habrá más indignación.


He hablado de Mercadona pero, antes de que empecéis a pensar que me pagan las facturas (ojalá, la verdad es que me encantaría que alguien me las pagase, porque los tebeos están cada día más caros), os comentaré que no han sido los únicos. Qué coño, viendo cómo está el patio con eso de encabronarse con empresas o gobernantes y, partiendo de ahí, creerse cualquier chorrada, no van a ser ni los últimos. Nespresso, por ejemplo, también han caído en las garras de estos guerreros de la conspiración y han sido acusados de vender cápsulas de café cancerígenas. Nuevamente, la OCU tiene que andar desmintiendo este cúmulo de paridas, que casualmente no firma nadie y que ni siquiera explica cómo han llegado a esa conclusión... paridas que la gente ha compartido, creyéndolas ciegamente. A los responsables de Actimel les ha pasado exactamente lo mismo, con nuevos desmentidos sobre los productos, esta vez no a manos de la OCU (estos tampoco me pagan las facturas), sino de la Asociación Española de Dietistas.
Leyendas urbanas que generan miedo e inseguridad, difaman a las empresas (puede que no nos gusten sus productos, sus precios o sus políticas, lo que es respetable: inventarse mierda para que cierren es inaceptable), como también le ha pasado a Primark, que también ha tenido su ración de historias escabrosas, esta vez referentes a su seguridad. Imagino que eso de decir que las bragas que venden son cancerígenas era ya rizar el rizo y el que soltó el bulo optó por algo más creativo.

Bragas con cáncer, descripción gráfica.


Para creatividad hay otros bulos, que directamente nos tomaríamos a risa, si no fueran un insulto tan jodidamente grande. Es el caso de la polémica de chichinabo que se ha montado con lo de los Minions (sí, ahora que han estrenado su película y no cuando estrenaron Gru, Mi villano favorito... o por lo menos es ahora cuando se ha vuelto viral) donde un genio alude que están inspirados en el nazismo a causa de una foto en la que aparecen submarinistas que, por razones obvias, se les parecen. El desmentido, cómo no, acaba por aparecer, donde además tenemos detalles que no aparecen explícitamente en el artículo, como el hecho de que solo hay que fijarse en las alturas de los supuestos niños judíos para darse cuenta de que NO son niños, son putos submarinistas, y bien adultos. O cosas tan sencillas como fijarse en que el uniforme del oficial a la izquierda no es nazi. Es británico.
Absurdo y ridículo, pero compartido.

Pero volvamos al miedo. Ese es, como he mencionado, el efecto más básico. E imagino que debe ser lucrativo para quienes propagan estos bulos porque, como puede verse, no cesan. Ese afán por generar alarma social y caos a veces lleva a cometer burradas tan grandes como alertar de supuestas amenazas terorristas, tal y como sucedió en Las Palmas. Esta vez, el desmentido corre a cargo del Twitter de la Policía Nacional que, no tendrá ya bastantes cosas de las que ocuparse, que encima también tiene que andar diciéndole a la gente que por favor, no sea tan gilipollas de hacerse eco de algo que ni siquiera se sabe bien de dónde ha salido, de lo que no hay una constancia real y que lo único que genera es una sensación de peligro ilusoria. Vaya, les falta decirte "No salgas a la calle que hay un hijoputa esperándote en tu portal pa apuñalarte", sin que realmente puedan asegurar que sepan cuál es tu portal o que te digan por qué te iba a esperar nadie para clavarte un cuchillo. Eso no importa, si nos fijamos: lo que importa es que la gente esté asustada.
Y eso, conspiranoicos, no lo hace el gobierno. Es la gente la que, en pleno cague por las patas abajo, se lo está tragando, lo está compartiendo y poniendo su granito en eso de la alarma social. Dejemos de echar la culpa de todo a los de arriba y asumamos de una puta vez nuestra parte de responsabilidad.


Siempre es más fácil hacer lo que nos salga de los huevos y culpar a los demás cuando la cagamos.


A tal punto llega el absurdo que podemos encontrar que, ya en 1997, encontramos que la gente, con tal de salvar el mundo de su destrucción, se apunta a cualquier causa o firma cualquier petición aunque no tenga muy claro qué carajo está firmando. La prueba de ello se comenta en este artículo. Y es que con eso del activismo social y esa neura que nos parece haber entrado por hacer del mundo un lugar mejor, la cosa se nos ha ido de las manos. A veces tengo la impresión de que hay gente que necesita sumarse a tal o cual campaña para dar sentido a su vida. No me cuesta nada imaginar la escena, dentro de treinta o cuarenta años, donde se ven a sí mismos, rodeados de nietos y diciendo "Sí, chavales, unos colegas y yo salvamos el mundo de su destrucción, ¿a que mola el abuelo?"
Entendedme, querer salvar el mundo no está mal. Es una idea aceptable, e imagino que habiendo la suficiente gente con iniciativa sí se pueden cambiar las cosas... pero no nos engañemos. No toda campaña, como estamos viendo, es buena por definición. Querer ayudar o salvar el mundo no es una armadura moral que nos proteja de todo mal o que nos libre de pecado. Mucho menos que nos sitúe por encima del bien y del mal y que implique que todo cuanto hagamos quede justificado solo por el hecho de estar defendiendo algo noble. No sobrevaloremos el concepto del idealismo, por favor: un idealista es alguien que lucha contra el hambre o que quiere el fin de las guerras... pero también lo es el fulano que se pone un cinturón de explosivos y lo hace reventar en un mercado lleno de civiles. Un tío que manipula información "por una buena causa" no deja de ser alguien que manipula o miente. Y el que defiende algo a base de manipular a los demás no es de fiar. Sus métodos ya demuestran que es incapaz de luchar por algo de una forma lícita. Es incapaz de argumentar y es incapaz de ser objetivo. Solo le interesa que te sumes a su causa, como cualquier sectario.


"Únete a mí y salvaremos la galaxia"
"¿Y si no?"
"ENTONCES TE MATARÉ"


Tal y como comenté en un post anterior, parece que eso de apuntarse a tal o cual causa se ha puesto de moda. Hoy en día parece que no eres nadie si no compartes según qué noticias (aunque ni siquiera te hayas molestado en comprobar si son ciertas), crucificas a alguien "por la justicia" o si te apuntas a cualquier campaña de lo que sea. Lo triste de todo esto, puesto que eso de querer ayudar me parece respetable, es un poco la política de cultura pop que estamos viviendo, donde estas historias parecen durar una o dos semanas y el personal pasa a otra cosa mariposa como si nada. Igual os parece exagerado, pero pensadlo: esta semana ha tocado ponerse a compartir la foto de un refugiado sirio ahogado en una playa (lo cual ha estado a un paso de convertirse en un objeto de merchandising, viendo los "homenajes" dedicados en la red estos días... pese a que el conflicto de Siria lleva años y a nadie parecía haberle importado un carajo hasta que hemos tenido a los refugiados en nuestras puertas); las dos últimas semanas las noticias se dedicaron a la defensa antitaurina. Un tiempo atrás, fue luchar contra el maltrato infantil. Poco antes, contra el acoso escolar. Y si vamos más hacia atrás en el pasado, se pedía de forma activa el regreso de las niñas secuestradas en África por los fundamentalistas. Causas que oye, pues son respetables y que yo mismo comparto. Lo que resulta flagrante y descarado es abandonar una para abrazar otra porque se pone de moda una semana. De oca en oca, y abrazo esta causa porque me toca. Para luego, directamente ignorar el asunto cuando el caché de la noticia baja y dedicarse pues a vete a saber qué. Fue exactamente lo que pasó con el caso del acoso, que ya comenté en su momento. Podemos encontrar incluso que el personal puede tener los santos cojones de abrazar una causa cuando está de moda y a la semana siguiente, cuando baja el boom, abrazar la contraria. Es lo que pasó con el famoso caso de Charlie Hebdo y la libertad de expresión, donde fue de risa ver la actitud bipolar de la opinión pública.
Hasta tal punto llega esto del activismo social que encontramos que se puede convertir en un negocio, tal y como nos enteramos que pasaba con Change.org. En este caso, no hay más que ver sus políticas y condiciones de usuario para descubrir que, con total transparencia, se nos informa de que nuestros datos personales son puestos a la venta por la organización y que comercian con ellos con terceras personas (aunque lo normal sea que no las leamos). Insisto, es algo perfectamente legal, e incluso me parece lícito que al menos tengan la decencia de decirlo de una forma clara. Por lo que sé, posiblemente la mayoría de ONG's hagan exactamente lo mismo, o bien cosas similares para financiarse, no digo que no. Personalmente, yo tengo claro que no me apetece participar en peticiones que, en esencia,  me dan la impresión de que acaban por verme más como un cliente que otra cosa. Entiendo que sean empresas y respeto su política en tanto en cuanto son legales... pero me reservo mucho el derecho de no participar con ellas, puesto que su política choca con la mía. Incluso aunque hagan un bien mayor.


Hoy en día la moda es autoproclamarse un Cruzado de la Red, y pensar que SOLO pulsando un botón se está salvando el mundo. O SOLO poniéndote un lazo.
O SOLO cambiándote la foto de perfil de tu red social favorita.
Eso, si no es ser ingenuo, no sé lo que es.


Yendo aún más lejos, quizás eso de los manipuladores es un poco la explicación por la cual ya no suelo compartir noticias de denuncia social: porque la gentuza que se ha dedicado a manipularnos con bulos y mierdas se ha estado riendo de nosotros, convirtiéndonos en peones para sus fines, que vete a saber cuáles son. Entre unos y otros, han hecho que pierda por completo la fe en eso del activismo virtual que, por culpa de esos grupúsculos de generadores de miedo y mentiras, ahora me resulta vacío. Una patraña. La cuna del puto postureo.
Cada día que pasa, veo más y más gente que defiende las cosas sin saber lo que son realmente. Que por eso de "hacer algo útil" hacen circular mentiras. Cada día veo más y más gente que se apunta a tal o cual causa para darse golpes de pecho, limitándose a ponerse un lacito de colores.... y poco más. Más repeticiones de consignas, como si fueran slogans. Más y más campañas bienintencionadas, pero que acaban por resultarme vacías.
Cada día que pasa, veo más y más de esos guerreros sociales a los que jamás me cansaré de denunciar, propagando mentiras, sembrando el miedo y la indignación en gente que ya estaba indignada. Aprovechando épocas de crisis y desigualdades sociales para azuzar a los que los rodean como si fueran perros de presa.


"¡Vaish, vaish! ¡Ataca!"


Pues por eso estoy cansado. Por eso no me sumo a nada y prefiero actuar por mi cuenta, ayudando en lo que pueda sin tener que andar propagándolo para que la gente me diga que soy una persona fenomenal o que soy solidario con los más desfavorecidos. Si hago algo por los demás, lo hago desde el total anonimato, porque creo en lo que hago y porque no necesito palmadas en la espalda. Ya os he dicho muchas veces que me importa tres pares de cojones lo que podáis pensar sobre mí, y esto no es ninguna excepción.
Por eso puedo parecer frívolo: porque cuando entro en una red social es para desconectar de mi vida, que ya tiene lo suyo, no para que ciertos colectivos se dediquen a calentarme en contra de tal o cual. No entro para andar leyendo noticias que, como se está viendo, o son mentira o están lo bastante manipuladas como para hacer que me sienta un gilipollas cuando se desmienten. Como ya he mencionado, me la colaron con la noticia de la feria, y aquí dejo constancia de que, efectivamente, me equivoqué (y encima tengo que darme con un canto en los dientes, porque yo al menos no pedí que mataran o lincharan a nadie). Me la colaron, sí, aunque al menos tuve el detalle de no sentar cátedra en este blog (si recordáis cuando hablé del tema, hablé de pasada y me reservé mi opinión). Y de esa he procurado aprender: aprender a que, a partir de ahora, no creo en noticias virales. No creo en macrocampañas. No creo en linchamientos públicos. No creo en los Emmanuel Goldstein que se supone que tengo que odiar.


Bienvenidos a vuestros Dos Minutos de Odio, queridos Distópicos.
Solo que Orwell se equivocó: ahora son unos días.


Estoy cansado, sí. Muy cansado de que cada vez que hay una causa surja un cúmulo de fieles recién conversos que me señalen con el dedo (de forma implícita o explícita), pidiendo explicaciones acerca de por qué no abrazo la Causa de la Semana. De que me acusen de insensible por haberme hartado de tanta manipulación mediática y de tanta hostia. Cualquier día aparecerá algún cabrón que, amparándose en la buena causa de la lucha contra el maltrato animal, haya torturado a un perro para que se divulgue y la gente se conciencie... y considere que bueno, si un solo perro maltratado sirve para que se salven mil, pues entonces no está tan mal. Os puede parecer exagerado, pero esa obsesión que se está viviendo a lo largo de los últimos años con formar parte de algo que hará del mundo un lugar mejor se está yendo de las manos y una idea tan enfermiza como la que acabo de soltar no nos parecerá ni rara. Todo lo más, se hará lo que hemos estado haciendo hasta ahora: se cogerá al cabrón que lo ha hecho y se le juzgará públicamente. Se le lapidará y habrá quienes pidan su muerte sin pasar por los tribunales. Y a la semana siguiente, pues se buscará a otro cabrón al que crucificar, o se buscará otra tragedia a la que sumarse por solidaridad.
Y quizás, algunos de vosotros, cuando eso pase, os acordaréis de lo que acabo de deciros.

Posdata: si habéis aceptado sin reservas la veracidad de todas las noticias que he compartido, u os habéis tragado mis palabras sin siquiera pararos a pensar si estoy en lo cierto o estoy metiendo la pata hasta el corvejón, entonces os sugiero que os traguéis este post de nuevo y lo releáis, porque me habréis demostrado que no habéis entendido nada de lo que quiero decir.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Escupiendo Rabia- La supuesta "caída" del mundillo literario, o No me dais pena




Hace ya tiempo que no dedico espacio en este blog a escribir sobre el mundillo literario. Como ya recordaréis, en su momento, les dije lo que me podían ir comiendo y de qué manera tras años sufriendo un episodio de vergüenza ajena tras otro. Tras haberme pegado viendo cómo los que se ponían a parir se comían los mocos juntos en cuestión de veinticuatro horas, y donde se montaban campañitas y cipotes de forma totalmente aleatoria. Que si un día tocaba apoyar a no sé quién, pues a apoyarlo, aunque nadie supiera ni quién era, o aunque no se hubiera leído nada de él; al día siguiente, pues a putearlo, porque tal que si cual. Polémica por aquí, patochada por allá. Un puñado de capullos que no había estudiado literatura, o qué cojones, ni siquiera había leído apenas nada (admitido por ellos mismos, como si no estudiar algo fuera motivo de orgullo), sentaba cátedra por aquí, otro grupo de capullos les aplaudía histéricamente. Al tiempo, que si no sé qué proyecto conjunto, que si vamos a salvar la literatura, que si tal, que si pascual. Mucho humano de treinta y tantos pensándose que lo va a petar de la noche a la mañana, o que lo va a petar a secas. Mucha diatriba sobre la autopublicación, sobre el crowdfunding y, sobre todo, muchos pájaros en la cabeza. 


Descripción gráfica.


Hasta aquí, lo despreciable, lo absurdo y lo respetable, en estricto orden de presentación. La coña de todo esto es cuando lo primero parece que tiene que gustarte, tienes que respetar lo segundo y tienes que colaborar con lo último, aunque no lo compartas. En caso de que ejerzas tu derecho a crítica, que no veas ni pies ni cabeza a según qué cosas y otras directamente no sean santo de tu devoción debes andarte con cuidado, porque te tildan de hater en cero-coma. Y oye, lo mismo tienen razón. Lo mismo es verdad que todo aquel que no es ultrapositivo de la vida y piense que lo va a petar a costa de participar en no sé qué proyecto o a costa de bombardear a sus amigos con spam cansino es porque está lleno de odio. Lo mismo aquellos que no queremos dar por saco con lo que hemos parido es que fuimos amamantados por los lobos, o lo mismo aquellos que no tenemos ninguna intención de andar publicando nuestras "obras maestras" (yo lo entrecomillo refiriéndome a lo que escribo yo, para que nadie se ande con susceptibilidades, que ya nos conocemos) porque son para nosotros somos monstruos. Porque, hasta la fecha, para muchos, o movías tus escritos para estar publicado o no te podías considerar escritor. Y si publicabas, ojito: porque para muchos, o publicabas con una editorial que les gustase o eras un puto aspirante. Un aficionadillo. Una mierda pinchada en un palo. Eso, claro está, sin importar lo que uno escribiera, si estaba mejor o peor hecho o más o menos revisado.
Tanto publicas, tanto vales.


Y a tomar viento.


Pasan los años y vamos viendo que aquí muy poquitos lo han petado. Que nadie ha salvado la literatura. Que toooooodas las obras maestras que nos prometían, que todos esos clásicos modernos que no iban a ser superados en una década han pasado al olvido. Las famosas modas, que habían llegado para quedarse, han pasado de largo, dejando una estela de saturación, de obras mediocres a manta y de excepciones dignas que han quedado eclipsadas por toda una horda de óperas primas que, de no haber habido una especulación tan grande con eso de explotar géneros a mansalva, probablemente no habrían visto la luz jamás.
El personal, a juzgar por las quejas que vengo leyendo últimamente, parece estar dándose cuenta de que eso de subirse al carro de las letras no es una carrera tan rápida como creían. Gracias a las superventas, nadie se ha convertido en estrella del rock, nadie se ha pillado una mansión que ha llenado de mozas a las que sobetear y nadie ha conseguido pagar sus facturas por el resto de sus días. Lo que a muchos nos venía pareciendo normal tras el primer año de andar dando vueltas en el mundillo, ahora parece haberse hecho oficial: no te conviertes en una Leyenda de la noche a la mañana.
No vas a salvar nada.
Qué cojones, lo mismo de aquí a unos cuantos años el "gran público" quizás ni se acuerde de ti. No porque seas mejor o peor, olvídalo: hablamos de un mercado ultracompetitivo, donde se ha demostrado que no prima la calidad de lo que se publica, sino lo en boga que esté. Publicar no se ha convertido en un reconocimiento para aquellos que son lo bastante buenos, sino para aquellos que han convertido sus obras en un producto. A sus obras y a sí mismos. Es más, si publicas ahora, tu vida literaria dura lo que duran tus obras en una tienda, y eso depende de si al editor le da por seguir distribuyéndolas.


Es duro, pero debéis saberlo:
No vais a ser el puto Axl Rose.


Todos lo hemos visto: gente que pasa de ser personas en una red social a convertirse en una imagen de lo que venden. Algo que es muy respetable, pero que yo no puedo compartir. Estar en contacto con el público (si es que hablamos de eso, y no de estar en contacto con colegas u otros escritores, como hemos hecho la mayoría al final) no consiste en recordarle al público que eres el autor de no sé qué, cada dos por tres. No consiste en apadrinar una causa y convertirte en su fiel abanderado. No consiste en ir pregonando un mensaje en el que crees, pero que no tienes en la cabeza las veinticuatro horas del día. La gente quiere estar en contacto con personas que escriben y a las que lo mismo admiran, no tener delante a una imagen que es básicamente un sello comercial con patas.

Y es que, tal y como sucediera con eso de hablar de política o ponerse a ir de indignado por la vida, cada día estoy más convencido de que publicitarse como autor en según qué redes sociales es incluso contraproducente. El spam mismo, como idea, es contraproducente.
Imaginad el buzón de vuestra casa. Pensad en cómo os sentís cuando, día tras día, os viene el mismo puto folleto de la oferta de la charcutería del barrio y vosotros, casualidades de la vida, sois vegetarianos... o bien os gusta el salami, pero no tanto como para que os recuerden a diario que está a mitad de precio. Pues esto es igual: aunque reconozco que si no se informa a nadie, nadie se entera de que hay un libro recién lanzado, el efecto del spammer es aún más devastador, porque genera saturación, hastío y hasta aversión hacia la obra, el autor o el género que se quiera vender. Dicho de otro modo, si lo que quería uno era ganarse un público, lo que está ganándose es que cualquier día le digan "Mira, colega, vete a pastar que estás de un plasta que no hay dios que te aguante".


"Ay Dios, ahora vienen en grupo..."


Por eso, supongo que no siento pena por lo que estoy viendo últimamente: es decir, puedo sentir pena por el hecho de que algunas editoriales honradas (quiero pensar que hay alguna, aunque yo no haya conocido ni una) o algunas librerías que tenían aprecio por lo que hacen (de esto sí tengo más constancia) hayan tenido que echar el cerrojo de forma definitiva porque no tenían cojones de salir a flote. Por quienes no siento pena es por todos los demás: por esos que se han creído que se podían cachondear del público. Por aquellos que se han aprovechado de las ansias desesperadas de algunos autores por ver su libro en la estantería de una tienda y les han cobrado por hacer el trabajo que tenían que hacer ellos, o por aquellos que han obligado a los autores a comprar los libros que se supone que tenían que vender. No siento pena por aquellos que se han creído que esto de escribir es subirte al carro de una moda y plantar tu mierda con faltas de ortografía, sin cuidado alguno por lo que haces y limitándote a seguir el camino marcado. No siento pena por aquellos que han convertido la literatura en una especie de carrera por ver quién la tiene más grande, los que se han dedicado a ver lo que hacen los demás antes que centrarse en su trabajo; no me da pena la gente que ha convertido esto de escribir en una especie de versión cutre de la Civil War de Marvel, pidiendo aliados para sus guerritas personales con sus archienemigos y crucificando a los que no les dan la razón.


"Anda, aquí están los que han participado en el proyecto ESE..."


Cuando me dicen que muchos están bajándose del barco, no siento pena. ¿De qué barco estamos hablando? ¿Del de escribir o el de formar parte de según qué círculos? ¿El de escribir y concebir historias, o el de contentarse con escribir cualquier chorrada para publicarla y tener un curriculum literario con el que andar impresionando a alguien? No siento pena por aquellos que han llegado, han publicado con una editorial modesta y han mirado por encima del hombro a los demás que han publicado con editoriales aún más modestas o no han publicado en absoluto. Tampoco siento pena por aquellos que han publicado con editoriales algo más que modestas y han tenido la misma actitud. No, no me pueden dar pena si ahora resulta que las cosas no pintan tan fáciles como prometían y siguen con editoriales igualmente modestas, o las editoriales grandes ya no quieren contar con ellos. No me dan pena cuando ven que aquí no hay nada que rascar y deciden pasarse a Youtube o cualquier sitio similar donde eso de hacerse famoso resulte algo más fácil.

Cuando me cuentan que la crisis literaria va en picado, no siento pena, porque ya sabíamos que no todos nos íbamos a convertir en la generación artística de nuestro tiempo. No todos, desde luego. Ni siquiera un porcentaje. Alguno, a lo mejor, pero en caso alguno de un modo tan fácil como nos creíamos, y puede que ni siquiera se le reconozca en mucho tiempo. Olvidémonos del sueño americano de las letras de una vez. Olvidémonos de eso de "escribí la gran novela de mi tiempo en un verano que no tenía nada que hacer".
Olvidemos todo eso.
Lo que hemos hecho, a fin de cuentas, no ha sido escribir para lectores, eso pasó a la historia: ha sido escribir para otros escritores, con los que hemos pactado reseñas. Con los que nos hemos intercambiado elogios y buenos comentarios, a fin de hacernos un hueco... pero que, en esencia, no ha servido para nada. Hemos querido salvar una literatura que tampoco sé muy bien hasta qué punto merecía ser salvada, viendo la actitud general de los autores. He visto campañas en plan "tenemos que apostar por lo nuestro", pero... nunca hemos tenido muy claro qué es "lo nuestro" porque la cosa se ha limitado en apoyar a nuestros colegas y poco más. Y si acaso, contar con que nuestros colegas nos apoyen, todo para ver si de verdad nuestras ventas aumentan. Primero fuimos de malotes, puteándonos y creando polémicas absurdas; luego fuimos de colegas, alabándonos. Pero el daño ya estaba hecho.


"Que sí, que sí, que esto con una escoba y un bote de pintura queda como nuevo, te lo digo yo"


La imagen del mundillo ya estaba dañada, y no solo por esto, sino por la falta de fiabilidad. Por tanta ópera prima encumbrada hasta la saciedad. Por tanto lector defraudado, que se negaba a seguir comprando material de según qué autores porque, en resumidas cuentas, no estaban a la altura de las expectativas. Por tantísima obra publicada, con ofertas que decuplicaban la demanda. Dar con algo decente, asumámoslo, fue como encontrar una puta aguja en un pajar.
Quizás ahora, y solo quizás, es cuando se esté viendo las orejas al lobo y el personal que realmente nunca tuvo fe en lo que hacía (hubo muchos, de esos que se ponían a escribir por eso de seguir la moda y tal) por fin se dé boleto de una vez y se dedique a buscar la gloria y la fama que tanto necesitan en otra parte. Si tenemos suerte, tal vez podríamos hablar de una regeneración de lo que es el mundillo de la escritura. Si añadimos (y crucemos los dedos) que algunos de esos que han fomentado el mierdismo de la literatura, publicando cualquier pedazo de caca olorosa que lleve la insignia del tema de moda, por fin se den cuenta o dejen espacio a aquellos que sí saben lo que están haciendo, ya podríamos empezar a hablar de un atisbo de esperanza.

Pero hoy por hoy, no tengo esa esperanza. No me alegro, que conste, porque sí me da pena que mucha gente que sí ha creído en lo que estaba haciendo haya perdido la fe y se haya dedicado a otras cosas a causa de la arbitrariedad y la desesperación que ha supuesto el que alguien en una editorial lea sus obras. Tengo amigos que sí han tenido (y conservan) la ilusión por publicar y todos estos que he mencionado se la han ido minando. Y no, no me vale lo de "Entonces no les gustaría tanto", porque no cuela: cuando te partes los cuernos por algo, dedicas muchas, muchísimas horas de tu tiempo a un proyecto en el que crees, trabajando con dureza, documentándote, repasando, corrigiendo o reescribiendo y ves que cualquier imbécil saca cualquier mierda incluso con faltas de ortografía, no es que no te guste la escritura lo bastante: sigues escribiendo, pero con la convicción de que eso de publicar es una quimera. Te sientes estafado y, al ver lo que se está publicando, te da la impresión de que se están descojonando en tu cara. Como autor, al ver semejante mediocridad impresa, y como lector, al darte cuenta de que te han cobrado por un material de tercera y adulterado, el precio que se cobraría por mierda de la buena. Y no es que te tengas que joder, sino es que te tiene que parecer bien, o eres un hater, o tienes envidia, o lo que sea. Sigues escribiendo porque te gusta, pero eso de mover las obras, con el coñazo que supone y con lo absurdo que demuestra ser, lo va a hacer su puta madre.


Es que pasando olímpicamente, vaya.


No me alegro al ver el resultado de todo esto. Como he dicho, no me alegro por la gente que tenía la fe y la ha perdido. Pero no siento pena, cuando me pongo a pensar en que, si de todos estos que han perdido la fe de forma injusta, al menos una sola persona que estaba colaborando para convertir la literatura en el burdel de poca monta en que se ha venido convirtiendo se va con la música a otra parte.
Supongo que esto que digo hará que muchos de vosotros me odiéis. Muchos de vosotros que teníais fe en convertir la literatura patria en algo que compitiese con la literatura extranjera (siempre me ha gustado eso de compararse con el vecino, suena tan profesional y falto de complejos) probablemente os toméis esto como un ataque personal o vete a saber qué. Es un viejo argumento que estoy cansado de oír, y que rezuma una falta de argumento real ante lo que digo. Muchos de vosotros, de los que creíais que os íbais a convertir en leyendas de las letras, puede que os sintáis terriblemente ofendidos ante lo que digo... como si no vierais por vosotros mismos lo que el mismo mundillo (y no yo) ha venido sembrando a lo largo de años. Podéis convertirme, si queréis, en el blanco de vuestras iras y de vuestra frustración. Por mi parte, yo sé que no tengo potestad, ni repercusión como para que una sola de las cosas de las que os estáis quejando sea responsabilidad mía. Al fin y al cabo, yo no soy nadie. Nunca he sido nadie. Con toda seguridad, moriré sin ser nadie... Pero yo lo tengo asumido. Y a decir verdad, como ya podéis deducir de esto (y si no, habéis estado haciendo los juicios de valor equivocados, para no romper con la costumbre), tampoco es que me importe demasiado. Si esto ha sucedido, no lo he provocado yo. Yo no me he sumado a las campañas que habéis propuesto, porque no creía en ellas, y en mi derecho estaba, tanto como vosotros de creer en ellas y participar. No he bombardeado a nadie con publicidad sobre mis creaciones, esperando que me leáis, mucho menos que compréis mi mierda. No os he medido a ninguno de vosotros por lo que hayáis publicado ni dejéis de publicar. No he convertido la literatura en una especie de carrera de motos, ni he seguido la filosofía de "Si no publicas, no eres escritor". Yo mismo, y podéis comprobarlo en este mismo blog, ni siquiera me considero artista en el sentido pleno de la palabra. Tan solo soy una persona que ha estudiado literatura, y la que se le revuelven las tripas cada vez que escucha a un montón de ignorantes dar lecciones sobre mi materia de estudio. Si eso os jode, os aguantáis. Más me jode a mí haberos estado escuchando cada vez que soltabais una burrada y aquí me tenéis. Soy una persona que está segura de lo que habla, y que hay muchas cosas que se calla precisamente porque las desconoce.
Y soy una persona que lleva tiempo harta.


Hasta los huevos de todo.


Soy una persona que tiende a observar lo que sucede y, en base a los datos que tiene, a hacer sus pronósticos. Este caso concreto supera los míos, y tengo que decir que tampoco esperaba leer que, de buenas a primeras, haya otros que se hayan dado cuenta de que así no y lo digan abiertamente. ¿Que esto de que el personal empezase a bajarse del carro tenía que pasar? Sí. ¿Que sucediese ahora? Pues oye, no tenía ni puta idea. Pero insisto: no me alegro por según quienes.
El resto de vosotros, no me dais pena.

sábado, 29 de agosto de 2015

Tebeos en Vena- ECC comics, segunda parte: Atraco a mano armada



Como ya recordarán los Distópicos más fieles, no hace mucho este blog escribió un artículo que denunciaba la política de publicación que ECC Ediciones lleva ejerciendo desde hace ya una buena temporada. Hablamos de una editorial que puede que tenga unas poderosísimas razones para trabajar como trabaja (eso nadie lo pone en duda) y muy probablemente sepan lo que hacen (o eso esperamos). Es incluso posible que tras su política de publicaciones aleatorias, cancelaciones sin previo aviso y resurrecciones misteriosas haya unas bellísimas intenciones, nadie dice que no aquí... Pero lo cierto es que, de cara a la galería (y muy especialmente, de cara al cliente) la impresión general es de improvisación, chapuza y, sobre todo, cachondeo.
Si bien en el post anterior ya nos centramos en esa aparente anarquía a la hora de editar y publicar, en este nos vamos a centrar un poco más en algo que es tan flagrante y descarado como lo ya mencionado. Sí, amigos Distópicos: vamos a hablar del precio de ECC.

Antes de que nadie se nos eche las manos a la cabeza, vamos a intentar ser razonables a este respecto: sabemos que los cómics, a dia de hoy, en general son caros. Que la tapa dura encarece el precio y que bueno, hay colecciones que es normal que sean un poco más caras porque no tienen tirón de ventas y hay que amortizar los gastos de edición. Somos conscientes de ello. También somos conscientes de que el mercado está sujeto a alzas y caídas, de forma que es razonable que los precios suban de vez en cuando. Por supuesto. Sin embargo, vamos a hacer un pequeño análisis de casos que, una vez habida cuenta de estas cosas, no tienen por dónde cogerlos, puesto que las diferencias de precio entre la edición actual de ECC y la anterior son ABISMALES, sin que haya pasado tanto tiempo y sin que encontremos una explicación razonable a este respecto. Dicho esto, vamos allá.



Según ECC nos demuestra con su política de edición, The Unwritten es el primo tonto de Vertigo.

The Unwritten: Esta colección no ha tenido problemas con el precio todavía, pero sí me ha parecido pertinente comentarla aquí, porque ECC la tuvo por completo olvidada durante dos años (el tomo 7, último publicado hasta la fecha, tuvo fecha de salida de Junio de 2013) para, sin previo aviso, volver a retomarla. Todo un detalle para aquellos que considerábamos que ECC había decidido, de forma totalmente unilateral, dejar de editar en castellano una serie que se sigue publicando en Estados Unidos. Que sí, que es posible que ECC no esté improvisando en sus políticas de edición, pero el hecho de que hace tan solo unos meses se publicó el cruce entre esta colección y Fábulas, nos hace pensar que los editores se habían olvidado por completo de ella (y de sus lectores, de los que parece que dijeron "Pues que se jodan y se compren otra cosa") hasta que les ha dado por enterarse de que, efectivamente, había motivos para seguir vendiéndola.



"¡A la mierda el precio putoriginal!"

Lobo: Esta colección fue reeditada por Planeta allá por el año 2007, en tomos tamaño bolsillo que costaban 8.95 euros. En cada tomo, de unas 200 páginas se podían encontrar unas dos miniseries, o bien unos ocho números. ECC, que ahora parece haberse subido al carro de las reediciones (casi cinco años han pasado desde que obtuvieran la licencia para editar DC/Vertigo en España, se ve que se lo toman con calma), opta por sacar de nuevo este material a darse un garbeo por el mercado. El formato: tomos de 200 páginas, en tapa dura, que recopilan más o menos el mismo material que la edición anterior, a un precio medio de 20 euros (el más barato, de 160 páginas, cuesta 16.95 y el más caro, que cuenta con 232, 22.95). Es decir, que se considera que el único motivo por el que se debe cobrar EL DOBLE por la reedición de un material publicado hace siete años es que tiene un tamaño algo mayor y que está en tapa dura. La cosa es que bueno, se podría llegar a entender si hablasemos de una novela gráfica o de una colección que no tuviese demasiados números. Lobo, en su edición de Planeta, constaba de unos catorce volúmenes. Eso implicaría la diferencia entre gastarse unos 150 euros por la edición original o gastarse 300 por la nueva, que básicamente trae el mismo material.



"La fuerza está en los números". Se ve que aquí se han tomado muy en serio la traducción literal de "La unión hace la fuerza"...


JLA de Gran Morrison: Otro de los fenómenos de aumento de precio descarado que hacen pensar en una cara más dura que el hormigón (insistimos, probablemente no será esta la razón, pero al cliente es la impresión que le están dando mes a mes). El Omnibus que recopilaba la etapa de Grant Morrison en la Liga de la Justicia es probablemente uno de los trabajos más completos que realizara Planeta a la hora de reeditar material, junto con el Flash de Geoff Johns y alguna colección similar. Hablamos de unos tochazos en tapa dura que costaban sesenta euros, pero que albergaban un volumen de material superior a 1100 páginas (1120, para ser exactos): es decir, que por sesenta pavos te estabas pillando unas ocho miniseries enteras y publicadas a lo largo de varios años. ECC decide no ser menos y relanza esta etapa de la JLA, que ciertamente sí goza de bastante prestigio entre los lectores. Optan por una edición más o menos manejable, en tomos de unas 300 páginas en tapa dura, que albergan una media de unos 15 números cada uno. El precio: entre 25 y 30 euros. Contando con el hecho de que el material de publicación debería dar como para cuatro tomos, no nos salen las cuentas: pongamos que, salvando el primer tomo (de momento hay dos volúmenes publiados) cuestan 25 euros. Si tenemos cuatro volúmenes, no es difícil calcular que la colección total debería rondar unos 100 pavos o más (solo los dos primeros tomos ya cuestan casi lo mismo que el primer Omnibus). Comparémoslo con la edición Omnibus, que se quedó en 60.



Lorna: Si quieres leer cómics con tetas al aire, págalos.


Lorna: Con Lorna nos la metieron doblada pero bien. Pese a no ser íntegramente ECC (la reedición corre a cuenta del sello Spaceman Books, dependiente del grupo ECC), encontramos que la política de aumentar los precios al doble de su coste original se mantiene. Lorna en su día empezó a ser publicada por Planeta, que nos brindó dos historias autoconclusivas (El Cementerio de Marfil Rojo y Rescate), así como un primer volumen de una edición integral en tamaño súper y en tapa dura. Debido a ciertas aparentes diferencias entre la editorial y Azpiri, la continuación de esta edición integral quedó en suspenso durante varios años (fue lanzada originalmente en 2009). Los lectores ya contábamos con que no veríamos publicado el resto del material, así que la veíamos como otra serie inconclusa más (hablamos de ECC, pero Planeta también se las trae). Sin embargo, Spaceman/ECC se lanza a eso de las reediciones y decide pillar los derechos de Lorna, y nos ofrece a bombo y platillo la segunda parte de la edición integral. El cachondeo se produce cuando nos dicen, y cito textualmente: "se enorgullece de empezar la publicación de la obra integral de este personaje, con material nunca recopilado en álbum y con una edición digna de su autor. Como anotación sobre la edición, para aquellos que ya adquirieron el integral 1, hemos respetado las mismas medidas de impresión con el fin de igualar la colección." Ante esto podemos decir que genial, que qué bien lo han hecho los chicos de ECC, que se han portado fenomenal con el lector, ya que han decidido rescatar una colección que tenía todas las trazas de quedarse olvidada y que encima van a tener el detalle de respetar la edición anterior. Y sí, lo han respetado todo MENOS EL PRECIO: donde antes encontrabas un tomo de 14 euros, en tamaño álbum, en tapa dura y que albergaba unas tres o cuatro historias originales, ahora encuentras una continuación con el mismo tamaño, volumen y en tapa dura... que cuesta 28 euros. Justo el doble.



Cobrar el doble: Brillante, brillante...


El Día Más Brillante: Pero bueno, si queremos, no vamos a comparar a los chicos de ECC con Planeta, que igual la comparación escuece. Vamos a compararlos consigo mismos. Es lo que sucede con el tomo del evento DC El Día Más Brillante, que es uno de los casos más flagrantes de jeta a la hora de inflar precios. La comparación con la propia ECC surge si echamos un vistazo atrás y vemos cómo se editó la saga anterior, que fue La Noche Más Oscura. Este volumen, publicado de forma íntegra en formato Omnibus, constaba de 528 páginas y tenía un precio de 32 euros. Hasta la fecha había sido publicado (si mis informaciones no fallan) solamente en grapa, de forma que podría hablarse de la primera recopilación en castellano de la saga. El Día Más Brillante es, por tanto una edición íntegramente suya, y ECC ya nos la jugó en su momento cuando se limitó a publicar los números de Green Lantern que correspondían a esta serie. Casi un año después, deciden publicar la saga, pero de una forma que a los que teníamos intención de comprarla nos deja pasmados: dividen la edición en dos partes, cada tomo de unas 336 páginas, pero ojo: cobrando 30 euros por cada uno (o, al menos, es lo que han cobrado por el primero, que es el que a día de hoy está publicado). Dicho de otro modo, que si La Noche Más Oscura y otras sagas como Crisis Final o incluso la clásica Crisis en Tierras Infinitas cuestan entre 30 y 32 Euros, esta saga, del estilo en tamaño y mucho menos clásica al ser más reciente, va a costar alrededor de sesenta. Nuevamente, sin explicación.

Y podemos seguir: tomos de Batman, como el de O'Neil y Adams, de apenas 272 páginas, a 27 euros (la edición del Superman de Byrne, que en su momento ya nos parecía cara, era muy similar en tamaño y costaba ya 22). La JSA, nuevamente desaparecida de las librerías (último tomo, publicado en Abril de 2015) tras haber estado casi dos años sin editarse. Reediciones de Hellblazer, empezando por lo que se reeditó de forma más reciente (las etapas de Garth Ennis, Warren Ellis y Brian Azzarello), dejando de nuevo inéditas etapas que no pueblan las estanterías desde las ediciones de Norma, hace más de diez años. Más desplantes. Más subidas de precio abusivas. Más material reeditado casi con las mismas características de la edición anterior, o con cambios que siguen sin justificar una subida tan brutal de precios.
Y ninguna explicación clara.


Ya solo nos queda esperar a ver cuál va a ser la próxima tropelía. Así está el patio.


Con todo esto, queremos decir que igual ECC sí piensa lo que hace. Igual en otros campos, como el cómic europeo, sí está llevando a cabo una política honesta y decente de publicación. Sin embargo, con el tema del cómic americano (y muy especialmente en lo referente a la línea DC/Vertigo), la sensación que esta editorial está produciendo es la de improvisación, abuso e incluso cachondeo. No solo ya en lo tocante a una forma de publicar anárquica y sujeta a cambios que parecen caprichos, sino también a la hora de cobrar por un material que, ni tiene tanto tiempo, que ni es tan clásico la mayoría de las ocasiones y que, como se puede demostrar, está muy inflado con respecto a ediciones anteriores a las que superan en calidad (en el mejor de los casos) solo un poco. Lo peor de todo esto, además, es la falta de transparencia a la que ya hice referencia en el artículo anterior, donde tenemos una página que informa al público solo lo justo de sus políticas a seguir y que parece limitarse a dar información acerca de futuras publicaciones solo cuando se les pregunta, y en un sitio tan poco visible como es un foro de preguntas.


"Tras doce horas leyendo el foro de preguntas, me he enterado de que tienen intención de reeditar el Aquaman de Neal Pozner... en tomos de 100 páginas a 27 euros cada uno. ¡Yujus!"


Así que, señores de ECC: si de aquí a un tiempo empiezan a ver que sus ventas decaen, no es porque los lectores ya no tengan interés en el material que venden. A estas alturas, si no ha pasado todavía, se deberían haber dado cuenta de que la culpa no es solo del NUDC, que no interesa al público tanto como se esperaba: también es el hecho de que el lector medianamente experimientado, a diferencia de lo que parecen pensar en base a su actitud, no es idiota. El lector que lleva coleccionando cómics cinco, diez, o incluso quince años, sabe que estos precios están inflados de una forma brutal e (a menos que demuestren lo contrario, cosa que no han hecho), injustificada. En lugar de ofrecer un material de reedición asequible, que resulte razonable y competitivo, están optando por el abuso y la política de "El lector pagará lo que haga falta por conseguir esto", que no es más que una invitación al boicot y aumenta el deseo de que, de una vez por todas, pierdan los derechos para publicar DC en nuestro país y cedan la licencia a alguien que sí tenga un poco más de respeto por los lectores.
O bien, pueden optar por la política de siempre, que es decir que el lector no sabe nada, seguir inflando precios, seguir cachondeándose de la gente editando de forma arbitraria y, si las ventas van mal, la culpa es de los demás.