Vamos a empezar este post de hoy retomando un caso prehistórico, casi antediluviano. Me refiero a una anécdota que viví cuando la famosa "toma" del Congreso en repulsa por los casos de corrupción reinante, hace unos años. Pues bien, estaba yo viendo las noticias y hablando del tema con más gente. Como siempre digo, en el momento en que se intenta defender algo por medio de la violencia, para mí dicha defensa cae por su propio peso y me siento con la libertad de dejar de creer en ella. Va por aquellos miembros de la seguridad que se ensañaron a lo bestia con los manifestantes... pero ojo, también va por aquellos manifestantes (que los hubo) que, de forma perfectamente organizada, se enfrentaban a ellos, usando tácticas de pega-y-corre y camuflando armas en banderas.
No voy a entrar mucho en la actuación de unos y otros, porque eso generaría un debate que me parece árido y en el que el personal está tan posicionado que no tendría ningún sentido darle más vueltas. Voy a centrarme más bien en el caso concreto de un manifestante del que se me dijo, con la manifestación aun en la calle, que por lo visto había quedado paralítico "de por vida" de "una brutal paliza que le había propinado la policía".
Ante tal noticia, me dio por pararme a pensar: cuando uno va a urgencias con una lesión grave de ese tipo (pongamos, por ejemplo, con un accidente de tráfico), los médicos suelen ser bastante cautelosos a la hora de levantar diagnóstico. Hacen pruebas y demás, y no se atreven a decir que la persona no volverá a caminar en su vida al menos hasta que hayan hecho unas placas y puedan evaluar el estado de una columna vertebral después de que haya bajado la inflamación por el traumatismo. No soy médico, pero sí tengo amigos médicos, y he podido comprobar que en este tipo de cosas (muy especialmente si hablamos de urgencias y accidentes) no puedes dictaminar algo así en diez minutos. Mucho menos si, como es el caso al que me refiero, me dicen que el diagnóstico lo levantan los del SAMUR, que son enfermeros. Antes de que ningún enfermero se me cabree, voy a aclarar esto: no lo digo porque sean enfermeros en sí: lo digo porque, según la información que me llegó, los chicos del SAMUR habían levantado diagnóstico en la misma ambulancia. Eso ni un enfermero, ni el mejor cirujano del mundo o el puñetero Doctor House, sin el equipo pertinente, te lo podría asegurar.
"Nah. Es lupus".
Efectivamente, se trató de un bulo. A la mañana siguiente, se desmintió: el supuesto chico apaleado hasta la parálisis permanente había resultado ser una persona que venía de una lesión medular producida por un accidente de tráfico previo que, con un par de huevos, se había metido en el cogollo de la manifestación. Se llevó un porrazo, sí, pero en ningún momento se pudo determinar si se quedaría paralítico de por vida, mucho menos si la parálisis se la causaron a hostias limpias. Como puede verse, un caso de tomar una verdad y "modificarla" al gusto para encabronar a una gente que ya venía encabronada desde casa.
En su momento, no me creí esta noticia (o no del todo), ya que me resultó todo demasiado precipitado como para darle credibilidad, y bueno... ahí tuve razón. La persona que me la contó, en un tono belicoso y beligerante, del tipo "¿Has visto? ¿Has visto lo que nos hacen?", cuando le expliqué por qué no me la creía, me soltó una frase tan demagógica como extendida: "Yo prefiero creerme lo que me diga el pueblo a lo que me diga el gobierno". Dicho de otro modo, que es mucho más fácil sacrificar el criterio de uno por afinidad a buscar lo que es cierto o no. Como si el pueblo, solo por ser el pueblo, no tuviese capacidad de mentir o manipular información por el motivo que sea.
Como si unos fueran unos santos y los otros el Mal encarnado, que vive para sodomizarnos día sí y día también.
Me pareció estrictamente necesario poner esta foto aquí, ya que hablamos de sodomía.
Por desgracia, no siempre es fácil darse cuenta de este tipo de cosas. Vamos a movernos un poco más adelante en el tiempo y recordemos lo sucedido durante la feria de Málaga de 2014. Aquellos que estuvisteis pendientes a las noticias, recordaréis el espeluznante caso de una pobre chica que trabajaba como relaciones públicas de una de las casetas y, cuando salía de trabajar, fue asaltada por cuatro monstruos que la llevaron a un lugar oscuro, la violaron por turnos y lo grabaron con el móvil. La propia prensa, antes de que se supiera realmente lo que había pasado, catalogó el suceso como una "brutal agresión" y, tengo que reconocerlo, me lo tragué. Estuve investigando un poco en el caso y para mí, como mínimo, había cosas en la versión que se había dado que no me terminaban de cuadrar, apuntándome de forma directa a los cuatro chicos acusados.
El caso, probablemente debido a la presión mediática o tal vez a la claridad de las pruebas, demostró ser justo lo contrario. En un espectacular giro de acontecimientos que ríete tú de una novela del George R.R. Martin, resultó que la chica se lo había montado con los chicos (lo que no es necesariamente malo, o no del todo, dependiendo ya de la prudencia de cada uno a la hora de amancebarse en un sitio público y de los riesgos que conlleva), pero al ver que la habían estado grabando con el móvil y con miedo a que ese vídeo se acabase difundiendo, se fue para el primer policía que pilló y aseguró haber sido violada. Ahí caímos todos, porque en mi caso yo no me podía imaginar que a alguien se le podía ocurrir pensar o actuar de esa manera. Lo más gracioso de todo es que, aunque yo me equivoqué y di por sentado que, efectivamente, los chicos habían sido declarados culpables antes de que la misma justicia actuara, había habido gente que había llegado mucho más lejos: no faltaron artículos donde se exigía "justicia gitana" para ellos. Traducido: que, para vengar la supuesta afrenta que habían cometido con esta chica, se les cogiera y se les matara. Saltándose todo el proceso judicial, dictando sentencia a muerte y con un componente de racismo (algunos de los chicos, creo que si no todos, eran de etnia gitana) en el término de padre y señor mío.
A la semana siguiente, esos mismos podían estar en esta manifestacion.
Estos dos casos sirven para poner de manifiesto una tendencia que llevo tiempo viendo en redes sociales o grupos de Whatsapp, que es la de ir compartiendo bulos que, por lo que puede verse, llevan detrás, bien algún tipo de intención de manipulación ideológica (como es el primer caso) o la de encabronar a la gente (donde encaja mejor el segundo). Si nos fijamos, la tendencia suele ser siempre más o menos la misma: poner a alguien como víctima para acto seguido retratar a otros como unos monstruos. A veces da la casualidad de que la viralidad del texto es cierta y, efectivamente, hay monstruos entre nosotros (eso es algo que jamás negaré)... pero siempre se hace a priori, y con un objetivo claro, que es el de acojonar o poner de mala leche. Ten miedo a según qué personas, a según qué ideologías. Teme a aquellos que no son como tú. O bien, odia. Odia a los criminales, a los violadores, a los pederastas, a aquellos que amenazan tu seguridad... Aunque todavía no se haya demostrado por las vías correctas que lo sean de verdad.
Dicho de otro modo, nos estamos encontrando con una política de compartir información sesgada o parcial, que nos azuza para que sentemos un juicio antes de poder saber siquiera lo que ha pasado. Lo que podemos llamar, en toda regla, un prejuicio. Un prejuicio que, como si fuéramos rottweilers, nos incita a atacar de una forma agresiva. A desear la muerte de según quiénes. A formar auténticos pelotones de linchamiento que, por suerte, de momento se han quedado en palabrería. Que igual nos puede parecer exagerado, así contado, pero tenemos el caso de del que me acaban de informar justo ahora. Os pongo en situación: un buen día, aparece en Twitter una tal Lo que sea (omito el nombre por mantener el anonimato) que suelta la bastada padre, diciendo que para qué tanto rollo con los niños con cáncer si se van a morir igualmente. El caso es que, como no puede ser menos en esta red social, los mensajes con insultos y amenazas no tardan en aparecer, lo que de por sí ya dice mucho de aquellos que defienden una causa a costa de amenazar e insultar a alguien a quien, sencillamente, deberían haber denunciado. El caso es que lo más fuerte no es eso, sino que al ser un nombre de lo más común, los insultos y amenazas no llegan a la autora de las declaraciones, sino a una chica que no tenía absolutamente nada que ver con aquello y que, de buenas a primeras, se encuentra con un marrón de tres pares de cojones, solo por compartir el nombre. Todo porque a un grupo de subnormales les ha parecido fenomenal hacer un linchamiento público en aras de una buena causa. La verdadera autora había borrado su cuenta y la que se come todo este cirio tiene que subir vídeos a Youtube dando explicaciones antes de que alguien la reconozca por la calle y decida matarla.
"¡Yo no dije esas cosas! ¡Por favor, no me tiréis más piedras!"
Podemos decir que la cosa puede ser fortuita, pero a mí me cuesta mucho creerlo. Podéis pensar que soy un paranoico (la verdad es que no me importa pensarlo; solo porque seas paranoico no quiere decir que los demás no tengan planes), pero esa política de coger e inventarse cosas para cabrear al pueblo llano a mí me resulta demasiado definida, demasiado casual, para ser un cúmulo de "cosas que pasan". Echad un vistazo a la que se lió hace cosa de un mes con lo de la ley de montes. Ley que no me parece del todo correcta en esencia, pero que se ha magnificado a lo bestia por parte de un grupo de gente que se ha dedicado a azuzar a la gente por medio de mentiras, medias verdades y manipulaciones en toda regla. Si recordáis el asunto, hubo toda una campaña de supuestos ecologistas diciéndonos que había aumentado el número de incendios desde que se había promulgado dicha ley y que eso escondía un supuesto negocio de especulación sobre el terreno. Hay que reconocer que eso, así planteado, podría ser cierto, pero un buen día me encuentro un artículo donde, de forma argumentada (tampoco voy a darlo por cierto, pero al menos hay datos y argumentos, cosa que en los del tipo "Indígnate, maldito" no veo) se desmiente, punto por punto, todo ese planteamiento. O ese caso donde se nos dice que ser autónomo solo cuesta el equivalente a doce euros en Inglaterra, desmentido aquí., o la fabulosa utopía que nos vendieron con Islandia y sus revoluciones sociales, desmentido aquí y aquí, este último artículo traducido de un islandés que estaba viviendo la movida in situ. Puedo hablaros incluso de un soberano imbécil con bastante mala intención que se dedicó a subir un artículo de la LOREG (es decir, la Ley Electoral) diciendo que, según dicho artículo, si un presidente del gobierno incumplía su programa electoral podía ser cesado de su cargo de forma inmediata. Algo muy chupiguai y que, si lo pensamos, instiga a un rollito revolucionario que flipas, encabronando a la gente, que ya estaba bastante de mala leche. Algo que, además, era totalmente falso: me pilló estudiando la LOREG por esa época y solo necesité cinco minutos para buscar el supuesto artículo, donde se decía algo bien diferente: que si, en una elección de régimen local (es decir, para elegir un alcalde) el presidente de una urna encontraba alguna irregularidad en dicha urna, ésta se podía impugnar. Como puede verse, no hablamos ni de una "interpretación subjetiva" ni de una opinión. Se trataba de una mentira, deliberada y premeditada, y con el fin (a menos que alguien me demuestre lo contrario) de generar más malestar social.
"¡Viva la Revolución!"
"¿Qué revolución?"
"Ni puta idea, ¡pero viva la Revolución!"
Pero no son casos aislados, de ahí mi paranoia. En estas movidas encontramos una política de crear, aparte de ira, miedo, que no deja de resultar interesante. Si bien tiene toda la pinta de que hablamos de gente que muy probablemente suelta bulos sobre ciertas personas o empresas, el efecto es el de acojonar a la gente, creando lo que se llama comúnmente "alarma social". Es el caso de lo que he visto con el colorante alimentario en los últimos meses. Este bulo propugnaba que el colorante artificial de la marca Mercadona contiene un compuesto llamado tartracina (se puede encontrar escrito con c o con z), supuestamente derivado del petróleo (como lo es la sacarina, por si alguien no lo sabía) y, por tanto, cancerígeno. También, al parecer, genera trastorno de falta de atención en niños, trastorno que últimamente se está diagnosticando por cualquier chorrada y que se está usando como excusa para empezar a meter medicación neurológica a niños pequeños, dicho por psicólogos que conozco. Si atendemos al bulo, se nos insta a no comprar el producto en esa tienda, porque todo el que lo compre está abocado a sufrir cáncer. La propia OCU, en vista del eco que se hizo semejante noticia, tuvo que lanzar un comunicado desmintiendo el tema, que reproduzco aquí abajo, extraído de su página oficial de Facebook:
"Lo primero que tenemos que decir sobre este cartelito, por el que nos habéis preguntado de forma masiva, es lo que comentamos siempre: recelad de las presuntas alertas de Internet y WhatsApp que no firma nadie e informaros únicamente en medios que os ofrezcan plenas garantías.
Ninguna entidad mínimamente seria comunica alertas reales con cartelitos en redes sociales.
Y recelad sobre todo si el cartelito incluye frases como “compartir con conocidos y amigos”, porque el autor, aunque sea anónimo, lo único que busca es notoriedad y compartidos.
Esto puede ser obra, por ejemplo, de alguien a quien no le guste Mercadona, por la razón que sea. Porque lo cierto es que la inmensa mayoría de esos colorantes contiene tartrazina. Pero ahí sólo se habla de Mercadona.
En cuanto a la tartrazina, lo primero: se llama TARTRAZINA, con N; no con M, como dice el cartelito. Así que ya vamos bien.
La tartrazina es un colorante del grupo de los azoicos, habitual desde hace décadas en multitud de productos alimentarios y su uso está ampliamente extendido en todo el mundo.
Nunca se ha probado que sea cancerígeno ni existen evidencias de ello.
Sí es cierto que hace años algunos sectores médicos lo relacionaron con hiperactividad en los niños y déficit de atención, pero NO EXISTE NINGUNA EVIDENCIA CIENTÍFICA QUE RELACIONE TARTRAZINA CON CÁNCER, HIPERACTIVIDAD INFANTIL O DÉFICIT DE ATENCIÓN, como aún afirman algunos en Internet.
Debido a que algunos sectores médicos apuntaron hace años una posible relación, el uso de la tartrazina fue revisado en 2007 por la agencia estadounidense del medicamento (FDA) y en 2009 por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (AESA), y ninguna de estas dos entidades apreció relación alguna entre consumo de tartrazina y cáncer, hiperactividad infantil o déficit de atención.
La AESA sí apuntó entonces que la tartrazina puede causar alergia en personas sensibles, reacciones de intolerancia y/o irritaciones cutáneas si se consume en exceso, aunque únicamente en un pequeño porcentaje de la población.
En cualquier caso, este colorante no da sabor a los alimentos, simplemente los colorea. Así que, si pese a lo que comentamos recelas de la tartrazina, siempre puedes utilizar otros productos naturales para lograr el color, como azafrán o pimiento, o incluso no teñir de amarillo el guiso, porque el sabor será el mismo.
OCU no recomienda los colorantes, pero porque tus guisos no los necesitan, no porque sean cancerígenos o provoquen hiperactividad infantil o deficit de atención, como se dice en este cartelito anónimo y malintencionado, que sólo busca provocar alarma entre los consumidores."
Ninguna entidad mínimamente seria comunica alertas reales con cartelitos en redes sociales.
Y recelad sobre todo si el cartelito incluye frases como “compartir con conocidos y amigos”, porque el autor, aunque sea anónimo, lo único que busca es notoriedad y compartidos.
Esto puede ser obra, por ejemplo, de alguien a quien no le guste Mercadona, por la razón que sea. Porque lo cierto es que la inmensa mayoría de esos colorantes contiene tartrazina. Pero ahí sólo se habla de Mercadona.
En cuanto a la tartrazina, lo primero: se llama TARTRAZINA, con N; no con M, como dice el cartelito. Así que ya vamos bien.
La tartrazina es un colorante del grupo de los azoicos, habitual desde hace décadas en multitud de productos alimentarios y su uso está ampliamente extendido en todo el mundo.
Nunca se ha probado que sea cancerígeno ni existen evidencias de ello.
Sí es cierto que hace años algunos sectores médicos lo relacionaron con hiperactividad en los niños y déficit de atención, pero NO EXISTE NINGUNA EVIDENCIA CIENTÍFICA QUE RELACIONE TARTRAZINA CON CÁNCER, HIPERACTIVIDAD INFANTIL O DÉFICIT DE ATENCIÓN, como aún afirman algunos en Internet.
Debido a que algunos sectores médicos apuntaron hace años una posible relación, el uso de la tartrazina fue revisado en 2007 por la agencia estadounidense del medicamento (FDA) y en 2009 por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (AESA), y ninguna de estas dos entidades apreció relación alguna entre consumo de tartrazina y cáncer, hiperactividad infantil o déficit de atención.
La AESA sí apuntó entonces que la tartrazina puede causar alergia en personas sensibles, reacciones de intolerancia y/o irritaciones cutáneas si se consume en exceso, aunque únicamente en un pequeño porcentaje de la población.
En cualquier caso, este colorante no da sabor a los alimentos, simplemente los colorea. Así que, si pese a lo que comentamos recelas de la tartrazina, siempre puedes utilizar otros productos naturales para lograr el color, como azafrán o pimiento, o incluso no teñir de amarillo el guiso, porque el sabor será el mismo.
OCU no recomienda los colorantes, pero porque tus guisos no los necesitan, no porque sean cancerígenos o provoquen hiperactividad infantil o deficit de atención, como se dice en este cartelito anónimo y malintencionado, que sólo busca provocar alarma entre los consumidores."
Bulo que, por cierto, nos demuestra que la empresa Mercadona no es territorio virgen. En este artículo, podemos comprobar que ya hubo alguna movida en 2014, si no desde antes (mientras escribo, sigo investigando) y que se han venido repitiendo. La gente, con toda su buena intención de ayudar, los ha estado compartiendo "por la salud", pero sin pensar que, al no contrastarlos, lo que han estado haciendo es poner en peligro unos cuantos de puestos de trabajo. Sí, esos puestos de trabajo por los que todo el mundo berrea cuando una empresa quiebra y se va gente a la puta calle.
Y habrá más indignación.
He hablado de Mercadona pero, antes de que empecéis a pensar que me pagan las facturas (ojalá, la verdad es que me encantaría que alguien me las pagase, porque los tebeos están cada día más caros), os comentaré que no han sido los únicos. Qué coño, viendo cómo está el patio con eso de encabronarse con empresas o gobernantes y, partiendo de ahí, creerse cualquier chorrada, no van a ser ni los últimos. Nespresso, por ejemplo, también han caído en las garras de estos guerreros de la conspiración y han sido acusados de vender cápsulas de café cancerígenas. Nuevamente, la OCU tiene que andar desmintiendo este cúmulo de paridas, que casualmente no firma nadie y que ni siquiera explica cómo han llegado a esa conclusión... paridas que la gente ha compartido, creyéndolas ciegamente. A los responsables de Actimel les ha pasado exactamente lo mismo, con nuevos desmentidos sobre los productos, esta vez no a manos de la OCU (estos tampoco me pagan las facturas), sino de la Asociación Española de Dietistas.
Leyendas urbanas que generan miedo e inseguridad, difaman a las empresas (puede que no nos gusten sus productos, sus precios o sus políticas, lo que es respetable: inventarse mierda para que cierren es inaceptable), como también le ha pasado a Primark, que también ha tenido su ración de historias escabrosas, esta vez referentes a su seguridad. Imagino que eso de decir que las bragas que venden son cancerígenas era ya rizar el rizo y el que soltó el bulo optó por algo más creativo.
Bragas con cáncer, descripción gráfica.
Para creatividad hay otros bulos, que directamente nos tomaríamos a risa, si no fueran un insulto tan jodidamente grande. Es el caso de la polémica de chichinabo que se ha montado con lo de los Minions (sí, ahora que han estrenado su película y no cuando estrenaron Gru, Mi villano favorito... o por lo menos es ahora cuando se ha vuelto viral) donde un genio alude que están inspirados en el nazismo a causa de una foto en la que aparecen submarinistas que, por razones obvias, se les parecen. El desmentido, cómo no, acaba por aparecer, donde además tenemos detalles que no aparecen explícitamente en el artículo, como el hecho de que solo hay que fijarse en las alturas de los supuestos niños judíos para darse cuenta de que NO son niños, son putos submarinistas, y bien adultos. O cosas tan sencillas como fijarse en que el uniforme del oficial a la izquierda no es nazi. Es británico.
Absurdo y ridículo, pero compartido.
Pero volvamos al miedo. Ese es, como he mencionado, el efecto más básico. E imagino que debe ser lucrativo para quienes propagan estos bulos porque, como puede verse, no cesan. Ese afán por generar alarma social y caos a veces lleva a cometer burradas tan grandes como alertar de supuestas amenazas terorristas, tal y como sucedió en Las Palmas. Esta vez, el desmentido corre a cargo del Twitter de la Policía Nacional que, no tendrá ya bastantes cosas de las que ocuparse, que encima también tiene que andar diciéndole a la gente que por favor, no sea tan gilipollas de hacerse eco de algo que ni siquiera se sabe bien de dónde ha salido, de lo que no hay una constancia real y que lo único que genera es una sensación de peligro ilusoria. Vaya, les falta decirte "No salgas a la calle que hay un hijoputa esperándote en tu portal pa apuñalarte", sin que realmente puedan asegurar que sepan cuál es tu portal o que te digan por qué te iba a esperar nadie para clavarte un cuchillo. Eso no importa, si nos fijamos: lo que importa es que la gente esté asustada.
Y eso, conspiranoicos, no lo hace el gobierno. Es la gente la que, en pleno cague por las patas abajo, se lo está tragando, lo está compartiendo y poniendo su granito en eso de la alarma social. Dejemos de echar la culpa de todo a los de arriba y asumamos de una puta vez nuestra parte de responsabilidad.
Siempre es más fácil hacer lo que nos salga de los huevos y culpar a los demás cuando la cagamos.
A tal punto llega el absurdo que podemos encontrar que, ya en 1997, encontramos que la gente, con tal de salvar el mundo de su destrucción, se apunta a cualquier causa o firma cualquier petición aunque no tenga muy claro qué carajo está firmando. La prueba de ello se comenta en este artículo. Y es que con eso del activismo social y esa neura que nos parece haber entrado por hacer del mundo un lugar mejor, la cosa se nos ha ido de las manos. A veces tengo la impresión de que hay gente que necesita sumarse a tal o cual campaña para dar sentido a su vida. No me cuesta nada imaginar la escena, dentro de treinta o cuarenta años, donde se ven a sí mismos, rodeados de nietos y diciendo "Sí, chavales, unos colegas y yo salvamos el mundo de su destrucción, ¿a que mola el abuelo?"
Entendedme, querer salvar el mundo no está mal. Es una idea aceptable, e imagino que habiendo la suficiente gente con iniciativa sí se pueden cambiar las cosas... pero no nos engañemos. No toda campaña, como estamos viendo, es buena por definición. Querer ayudar o salvar el mundo no es una armadura moral que nos proteja de todo mal o que nos libre de pecado. Mucho menos que nos sitúe por encima del bien y del mal y que implique que todo cuanto hagamos quede justificado solo por el hecho de estar defendiendo algo noble. No sobrevaloremos el concepto del idealismo, por favor: un idealista es alguien que lucha contra el hambre o que quiere el fin de las guerras... pero también lo es el fulano que se pone un cinturón de explosivos y lo hace reventar en un mercado lleno de civiles. Un tío que manipula información "por una buena causa" no deja de ser alguien que manipula o miente. Y el que defiende algo a base de manipular a los demás no es de fiar. Sus métodos ya demuestran que es incapaz de luchar por algo de una forma lícita. Es incapaz de argumentar y es incapaz de ser objetivo. Solo le interesa que te sumes a su causa, como cualquier sectario.
"Únete a mí y salvaremos la galaxia"
"¿Y si no?"
"ENTONCES TE MATARÉ"
Tal y como comenté en un post anterior, parece que eso de apuntarse a tal o cual causa se ha puesto de moda. Hoy en día parece que no eres nadie si no compartes según qué noticias (aunque ni siquiera te hayas molestado en comprobar si son ciertas), crucificas a alguien "por la justicia" o si te apuntas a cualquier campaña de lo que sea. Lo triste de todo esto, puesto que eso de querer ayudar me parece respetable, es un poco la política de cultura pop que estamos viviendo, donde estas historias parecen durar una o dos semanas y el personal pasa a otra cosa mariposa como si nada. Igual os parece exagerado, pero pensadlo: esta semana ha tocado ponerse a compartir la foto de un refugiado sirio ahogado en una playa (lo cual ha estado a un paso de convertirse en un objeto de merchandising, viendo los "homenajes" dedicados en la red estos días... pese a que el conflicto de Siria lleva años y a nadie parecía haberle importado un carajo hasta que hemos tenido a los refugiados en nuestras puertas); las dos últimas semanas las noticias se dedicaron a la defensa antitaurina. Un tiempo atrás, fue luchar contra el maltrato infantil. Poco antes, contra el acoso escolar. Y si vamos más hacia atrás en el pasado, se pedía de forma activa el regreso de las niñas secuestradas en África por los fundamentalistas. Causas que oye, pues son respetables y que yo mismo comparto. Lo que resulta flagrante y descarado es abandonar una para abrazar otra porque se pone de moda una semana. De oca en oca, y abrazo esta causa porque me toca. Para luego, directamente ignorar el asunto cuando el caché de la noticia baja y dedicarse pues a vete a saber qué. Fue exactamente lo que pasó con el caso del acoso, que ya comenté en su momento. Podemos encontrar incluso que el personal puede tener los santos cojones de abrazar una causa cuando está de moda y a la semana siguiente, cuando baja el boom, abrazar la contraria. Es lo que pasó con el famoso caso de Charlie Hebdo y la libertad de expresión, donde fue de risa ver la actitud bipolar de la opinión pública.
Hasta tal punto llega esto del activismo social que encontramos que se puede convertir en un negocio, tal y como nos enteramos que pasaba con Change.org. En este caso, no hay más que ver sus políticas y condiciones de usuario para descubrir que, con total transparencia, se nos informa de que nuestros datos personales son puestos a la venta por la organización y que comercian con ellos con terceras personas (aunque lo normal sea que no las leamos). Insisto, es algo perfectamente legal, e incluso me parece lícito que al menos tengan la decencia de decirlo de una forma clara. Por lo que sé, posiblemente la mayoría de ONG's hagan exactamente lo mismo, o bien cosas similares para financiarse, no digo que no. Personalmente, yo tengo claro que no me apetece participar en peticiones que, en esencia, me dan la impresión de que acaban por verme más como un cliente que otra cosa. Entiendo que sean empresas y respeto su política en tanto en cuanto son legales... pero me reservo mucho el derecho de no participar con ellas, puesto que su política choca con la mía. Incluso aunque hagan un bien mayor.
Hoy en día la moda es autoproclamarse un Cruzado de la Red, y pensar que SOLO pulsando un botón se está salvando el mundo. O SOLO poniéndote un lazo.
O SOLO cambiándote la foto de perfil de tu red social favorita.
Eso, si no es ser ingenuo, no sé lo que es.
Yendo aún más lejos, quizás eso de los manipuladores es un poco la explicación por la cual ya no suelo compartir noticias de denuncia social: porque la gentuza que se ha dedicado a manipularnos con bulos y mierdas se ha estado riendo de nosotros, convirtiéndonos en peones para sus fines, que vete a saber cuáles son. Entre unos y otros, han hecho que pierda por completo la fe en eso del activismo virtual que, por culpa de esos grupúsculos de generadores de miedo y mentiras, ahora me resulta vacío. Una patraña. La cuna del puto postureo.
Cada día que pasa, veo más y más gente que defiende las cosas sin saber lo que son realmente. Que por eso de "hacer algo útil" hacen circular mentiras. Cada día veo más y más gente que se apunta a tal o cual causa para darse golpes de pecho, limitándose a ponerse un lacito de colores.... y poco más. Más repeticiones de consignas, como si fueran slogans. Más y más campañas bienintencionadas, pero que acaban por resultarme vacías.
Cada día que pasa, veo más y más de esos guerreros sociales a los que jamás me cansaré de denunciar, propagando mentiras, sembrando el miedo y la indignación en gente que ya estaba indignada. Aprovechando épocas de crisis y desigualdades sociales para azuzar a los que los rodean como si fueran perros de presa.
"¡Vaish, vaish! ¡Ataca!"
Pues por eso estoy cansado. Por eso no me sumo a nada y prefiero actuar por mi cuenta, ayudando en lo que pueda sin tener que andar propagándolo para que la gente me diga que soy una persona fenomenal o que soy solidario con los más desfavorecidos. Si hago algo por los demás, lo hago desde el total anonimato, porque creo en lo que hago y porque no necesito palmadas en la espalda. Ya os he dicho muchas veces que me importa tres pares de cojones lo que podáis pensar sobre mí, y esto no es ninguna excepción.
Por eso puedo parecer frívolo: porque cuando entro en una red social es para desconectar de mi vida, que ya tiene lo suyo, no para que ciertos colectivos se dediquen a calentarme en contra de tal o cual. No entro para andar leyendo noticias que, como se está viendo, o son mentira o están lo bastante manipuladas como para hacer que me sienta un gilipollas cuando se desmienten. Como ya he mencionado, me la colaron con la noticia de la feria, y aquí dejo constancia de que, efectivamente, me equivoqué (y encima tengo que darme con un canto en los dientes, porque yo al menos no pedí que mataran o lincharan a nadie). Me la colaron, sí, aunque al menos tuve el detalle de no sentar cátedra en este blog (si recordáis cuando hablé del tema, hablé de pasada y me reservé mi opinión). Y de esa he procurado aprender: aprender a que, a partir de ahora, no creo en noticias virales. No creo en macrocampañas. No creo en linchamientos públicos. No creo en los Emmanuel Goldstein que se supone que tengo que odiar.
Bienvenidos a vuestros Dos Minutos de Odio, queridos Distópicos.
Solo que Orwell se equivocó: ahora son unos días.
Estoy cansado, sí. Muy cansado de que cada vez que hay una causa surja un cúmulo de fieles recién conversos que me señalen con el dedo (de forma implícita o explícita), pidiendo explicaciones acerca de por qué no abrazo la Causa de la Semana. De que me acusen de insensible por haberme hartado de tanta manipulación mediática y de tanta hostia. Cualquier día aparecerá algún cabrón que, amparándose en la buena causa de la lucha contra el maltrato animal, haya torturado a un perro para que se divulgue y la gente se conciencie... y considere que bueno, si un solo perro maltratado sirve para que se salven mil, pues entonces no está tan mal. Os puede parecer exagerado, pero esa obsesión que se está viviendo a lo largo de los últimos años con formar parte de algo que hará del mundo un lugar mejor se está yendo de las manos y una idea tan enfermiza como la que acabo de soltar no nos parecerá ni rara. Todo lo más, se hará lo que hemos estado haciendo hasta ahora: se cogerá al cabrón que lo ha hecho y se le juzgará públicamente. Se le lapidará y habrá quienes pidan su muerte sin pasar por los tribunales. Y a la semana siguiente, pues se buscará a otro cabrón al que crucificar, o se buscará otra tragedia a la que sumarse por solidaridad.
Y quizás, algunos de vosotros, cuando eso pase, os acordaréis de lo que acabo de deciros.
Posdata: si habéis aceptado sin reservas la veracidad de todas las noticias que he compartido, u os habéis tragado mis palabras sin siquiera pararos a pensar si estoy en lo cierto o estoy metiendo la pata hasta el corvejón, entonces os sugiero que os traguéis este post de nuevo y lo releáis, porque me habréis demostrado que no habéis entendido nada de lo que quiero decir.













No hay comentarios:
Publicar un comentario