Hará cosa de un rato, una buena amiga y colaboradora habitual de este antro de pervers... digooo, alegre blog, ha echado un vistazo a uno de esos posts donde pongo de vuelta y media lo que viene siendo la literatura como concepto hoy en día, y me ha hecho la crítica constructiva (que son las que merecen la pena) de que podría hablar acerca de lo bueno de la literatura, que también lo hay, y mucho. La idea me ha parecido tan buena que no he podido pasarla por alto y he decidido confeccionar una lista sobre las novelas que más han aportado a este pedazo de salvaje que os escribe sus diarreas mentales cada semana. Con esto, quiero dejar muy muy claro que en caso alguno estamos ni hablando de un ranking ni de los mejores libros de la historia, ni leches en vinagre. Simplemente hablo desde mi punto de vista personal, que es como el culo: lo tenemos en cierta parte de nuestro ser y lo usamos para lanzar nuestra mierda varias veces al día.
Dicho esto, y esperando que quede claro que esta no es más que una apreciación estrictamente personal, vamos a ir espurreando títulos.
El primer título del que me gustaría hablar es 1984, de George Orwell. Quizás no la primera distopía (ya teníamos previamente escrita Nosotros, de Evgueni Zamiatin) y posiblemente no la más famosa, considerando que es un género que no ha desaparecido jamás de las estanterías (véase una de las más modernas, Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collims), pero sí la primera que cayó en mis manos (o segunda, dependiendo si contamos Momo, de Michael Ende como tal o no), quizás más tarde de lo que me habría gustado.
¿Qué tiene de especial esta novela? Quizás el hecho de que es uno de los libros que, bien por el momento particular de mi vida en que lo leí, bien por el motivo que sea, me hizo reflexionar bastante. Es un libro que me enseñó, por encima de todo, a no creer en lo que me dijesen ni los medios de comunicación, ni las masas ni nadie que no pudiera demostrarme las cosas de un modo fehaciente. Esta novela de George Orwell nos muestra precisamente un mundo totalitario, regido por la mentira, y que vive en constante miedo a una amenaza extranjera que "siempre" ha estado ahí. El Gran Hermano es una entidad todopoderosa que vigila constantemente a los ciudadanos, anulando por completo su intimidad "por el bien y la seguridad del Estado". La propiedad privada es un delito, el sexo es un crimen y el odio se convierte en moneda de cambio para que el ciudadano medio tenga cierta sensación de libre albedrío. Vive para trabajar, haz lo que te digan y no preguntes jamás, o desaparecerás del mapa (y de la historia) para siempre. Una novela dura, no siempre fácil de leer, con un tono terriblemente pesimista... y que sin embargo, tiene tantos tintes proféticos (a su modo) como puede ser Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley (que también me permito recomendar). Cada uno con su parte de razón, pero ambas novelas se complementan a la perfección para demostrarnos que igual la sociedad está todavía más enferma de lo que habíamos pensado... y que el futuro que nos aguarda, a menos que movamos el culo, es mucho más siniestro y terrible de lo que creíamos.
El siguiente librito es, cómo no, El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien. Sodomizado, denostado y machacado por los lectores más modernitos (que no modernos) por su profusión de adjetivos y descripciones, es un libro que ha pasado a la posteridad por mérito propio: Tolkien, filólogo y experto en literatura y lengua medieval, tuvo los santísimos cojones de crear un mundo desde su origen (visto en sus notas, que luego su inteligentísimo hijo convertiría en El Silmarillion); tomando fuentes mitológicas de aquí y allá, con especial predilección por los mitos europeos, conformó un abanico bastante amplio de culturas, concepciones de vida, mitos, leyendas, poesías, canciones e incluso varios lenguajes, con sus propias reglas gramaticales y fonéticas. La historia, relativamente similar a lo que podría ser el Canto del Nibelungo u otros mitos de épica clásica, habla de un Anillo que porta, simple y llanamente, todos los Males del mundo juntos. Debe ser destruido a toda costa, lo que conllevará el origen de una guerra que sacudirá la Tierra Media hasta sus cimientos.
Mucho se ha hablado sobre esta obra y su autor, muy especialmente tras sus adaptaciones cinematográficas. Se ha hablado de racismo, machismo y otra serie de soberanas mamarrachadas propias de gente que es incapaz de juzgar una obra desde su contexto original, y ciñéndose a la (muy limitada) visión del modernito del S.XXI, que lo único que hace es sacar las cosas de quicio y ver donde no hay. Si, por el contrario, vemos la obra en su contexto (la obra de un blanco de Sudáfrica que la escribió durante décadas hasta su publicación en 1954), encontraremos todo un icono literario que sentaría en gran parte las bases de la fantasía contemporánea.
Pasemos a libros no tan antiguos, como el caso del siguiente. Hablo, cómo no, de Neverwhere, escrito por uno de mis autores contemporáneos favoritos, Neil Gaiman. No tengo previsto extenderme mucho con este, ya que en su momento hice un análisis más o menos profundo de esta obra; tan sólo mencionar por qué me gusta en particular: Neverwhere es mitología, es magia y es diversión, a partes iguales... Pero aporta el concepto de fantasía urbana, esto es, mezclar los elementos de la fantasía tradicional con los de la vida en las ciudades actuales. En esta novela encontraremos un Londres de Abajo, con reglas propias y con todo un sinfín de personajes secundarios dotados de cierto carisma: vagabundos, buscavidas, truhanes, seres diabólicos e incluso ángeles. Todos ellos conforman un mosaico sobrenatural que se despliega entre paradas de metro abandonadas, túneles y ratas (parlantes, eso sí). Notables referencias literarias (véase Mansfield Park de Jane Austen o, de modo muy tangencial, Lamia, de John Keats) nos demuestran que la fantasía puede (y debe) mamar de otras fuentes para arraigarse de un modo sólido y firme. Prosa sencilla y un argumento no demasiado complejo que garantizan disfrute puro y duro.
Si tengo que quedarme con un libro del siguiente autor, también contemporáneo, lo tendría muy difícil. De hecho, cuando hablo de Chuck Palahniuk me cuesta horrores ser objetivo, ya que es un tipo cuya prosa, gamberra y deslenguada, me cae hasta bien. Fijaos si este puto cabrón me cae bien que tengo previsto leerme todos los libros que publique, a fin de (algún día) hacer un análisis de toda su obra, con sus auges y caídas (que también las tiene). Ahora bien, a la hora de hablar de libros de él que me hayan llamado la atención especialmente... Podría quedarme con cuatro: Club de Lucha, Asfixia, Snuff y Monstruos Invisibles. ¿Qué tienen en común estos cuatro libros? Mala leche. Palahniuk es la bofetada en la cara a una sociedad que nos obliga a sonreír mientras nos lanzan mierda todo el santo día. Nos muestra como protagonistas juguetes rotos de este sistema social, los retuerce y los convierte en vengadores, a su forma. Gente que se suponía que iban a ser algo, cuya vida dependía de algo concreto (posesiones, aspecto físico, dinero, lo que sea) lo pierde y acaban convirtiéndose en seres marginales. Seres que, una vez dada su condición de desarrapados, se ven obligados a ver su vida de otra manera y buscar una forma de sobrevivir... o de acabar con el mundo que los rodea. Así, se producen todo tipo de situaciones absurdas, que suelen culminar con un giro inesperado unas veces, absurdo otras, pero que nunca deja indiferente. Eso, junto a una prosa sencilla, caracterizada en muchas de sus novelas como "mántrica" (debido a la repetición de ciertos aforismos que van teniendo lugar a lo largo de la historia), confieren un tono bastante personal a este autor.
Vamos a menearnos un par de siglos hacia atrás en el tiempo para hablar de la siguiente novela. Hablo, ni más ni menos que de Drácula, de Bram Stoker. Si bien esta no es la primera novela de vampiros ni de coña (ya tenemos varios antecedentes, entre los que destacan El Vampiro de Pollidori o Carmilla, de Joseph Sheridan LeFanu), sí es la más famosa. Quizás es por esa combinación entre novela epistolar y novela gótica, o bien por eso de basar el vampiro en una figura histórica (Vlad Tepes), lo cierto es que desde siempre me ha parecido de las mejores historias de terror jamás escritas... eso, claro, si salvamos un final que me resulta quizás demasiado atropellado para todo lo que se nos ha ido narrando. Sin embargo, este detalle no hace sombra ni desmerece al resto de la narración. Como grandes escenas de estas que se te clavan en la retina, me quedo con ese momento al principio de la novela en que Jonathan Harker se queda arriado en mitad de la noche, en un cruce de caminos, al pie de la tumba de un suicida. Al fondo, un bosque, las montañas transilvanas y los lobos aullando. Eso es una ambientación terrorífica. Ole tus cojones, Bram.
La Chica de al Lado, de Jack Ketchum, es con diferencia la novela más dura que me he echado a los morros hasta la fecha. Al igual que sucede con Neverwhere, tiene su propio análisis en este blog, con lo que no pienso detenerme mucho al respecto. Tan solo resaltar un par de hechos fundamentales: uno, que el autor se salió del pellejo a la hora de narrarnos uno de los crímenes más crueles que ha parido madre a lo largo de la historia (el de la pobre Sylvia Lykens). Dos, que para escribir terror, esta novela nos deja claro que no hacen falta ni fantasmas, ni alienígenas, ni muertos vivientes ni putas hostias: el terror es algo que puede pasar a tu vecina (de ahí el título). Los Monstruos están ahí, y no son seres sobrenaturales: son seres humanos, de carne y hueso, que nos saludan cada mañana cuando nos los cruzamos por la escalera. Tres, que el Mal es algo contagioso y que solo necesitamos que nos den permiso para sacar la Bestia que llevamos dentro.
Una novela que me ha dejado tan mal cuerpo que no puedo hablar mal de ella porque transmite justo lo que quiere transmitir, ni más ni menos. Pese a ello, no os confundáis: esta novela no tengo cojones de recomendársela ni a mi peor enemigo. Si no me hacéis caso y os da por leerla, me entenderéis.
Seguimos con las distopías y volvemos a Inglaterra. En este mundo alternativo nos vamos a encontrar a un chavaleta que se siente con carta blanca para hacer lo que le da la gana junto con sus amigos: si quiere apalear a un estudiante, lo apalea; si le da por entrar en casa de un escritor, violar a su mujer delante de sus narices y destruir la obra que está escribiendo, pues sin problemas. Hablo, cómo no, de La Naranja Mecánica, de Anthony Burgess. Una obra harto difícil de leer, debido no solo a la crudeza de sus escenas, que aparecen totalmente normalizadas, sino también debido a la jerga creada específicamente para novela (llamada NadSat). Más allá de eso, la novela plantea giros narrativos bastante interesantes en el momento en que el delincuente se convierte en un objeto de estudio por parte del Estado. El que parecía un ser amoral, resulta no ser mucho peor que aquellos que intentan "convertirlo".
Como curiosidad, hay que decir que esta novela, pese a su complejidad y su dureza, fue escrita a una velocidad endiablada (tres semanas, compartiendo velocidad record con Club de Lucha, que fue escrito más o menos en seis), como ejercicio de catarsis después de que un grupo de soldados norteamericanos violasen a su mujer.
Posterior en el tiempo es Clive Barker, aclamado como uno de los referentes de la literatura de terror británica, junto a Ramsey Campbell, y al que quizás vea más acertado en el terreno del relato. Sus novelas por lo general funcionan bastante bien, con personajes más o menos logrados, tramas más que interesantes y buenas atmósferas (véase como ejemplos Hellraiser, Cabal o El Juego de las Maldiciones), pero es con Los Libros de la Sangre con los que este autor ha sabido impactarme de forma especial. Historias como "El Tren Nocturno de la Carne", "Lo Prohibido" o "Rex Cabezacruda", por poner un ejemplo apenas representativo de la cantidad de historias que se pueden leer en los cuatro volúmenes que conforman la edición española, parten de ideas muy sencillas, pero que funcionan gracias a ese manejo del lenguaje, bastante elegante (Clive Barker procede de una formación literaria bastante clásica, todo hay que decirlo) y esa manera de plasmar una ambientación oscura y siniestra. Con todo, si tengo que elegir alguno de los cuatro volúmenes de estos Libros de la Sangre, sin duda me quedaría con el primero íntegro, la mayoría del segundo y, ya salpicados, relatos del tercero y el cuarto.
El siguiente autor del que me gustaría hablar es Richard Matheson, escritor injustamente tratado por el lector medio de género fantástico y su desmerecido desprecio hacia él. Mientras hoy en día la gente pierde el culo con autores como Stephen King o similares (autores que me parece respetable que le gusten a la gente, pero oye, que hay otros aparte de estos), el señor Matheson ha escrito algunas de las historias más interesantes en lo que toca a los géneros de ficción o terror. Una de ellas, sin ir más lejos, es Soy Leyenda, que muchos conocerán por la infumable adaptación que hizo Will Smith en el bodrio cinematográfico aquel. En la novela original (que cuenta ya con tres adaptaciones al cine, de las cuales se salva seguramente la primera, protagonizada por Vincent Price) asistimos a lo que viene siendo el Último hombre sobre la tierra, en un mundo devastado y dominado por una nueva raza emergente: los vampiros.
Esta novela rompe por completo los conceptos tradicionales del vampirismo y nos los sitúa a un nuevo nivel: la del vampirismo planteado como plaga. Sí, lo que veríamos eones más tarde con Blade tuvo aquí su origen, dando de paso la vuelta a esa idea del "Monstruo". Si bien el monstruo en las novelas de terror era una criatura aislada y que planeaba su lucha contra la humanidad, aquí todo esto queda invertido y retorcido poniéndonos al ser humano como ese "monstruo". Así, entendemos que esos "Monstruos" que habíamos visto hasta la fecha no eran sino seres que buscaban su supervivencia en un mundo que ya no les pertenece. Justo lo que le pasa al último ser humano.
Hablando de humanos, me voy a referir a la última novela que mencionaré en este artículo, pero no en el blog (empiezo a ver que la lista de libros que me han cautivado especialmente resulta más larga de lo que cabria esperar y, como en el caso de los comics, va a haber que ir haciendo varias entregas): me refiero a Más que Humano, de Theodore Sturgeon, que en 1953 ya hablaba (a su manera) de los mutantes como el siguiente paso en la escala evolutiva y cómo esta condición de mutación afecta a su relación con su entorno, justo diez años antes de que Stan Lee escribiese la primera historia de X-Men. La nota de mayor originalidad la vemos en el concepto del Homo Gestalt, donde vemos que los diversos mutantes que conforman el reparto principal de la novela se unen entre sí, conformando un único ser, más poderoso que la simple suma de sus partes. Tengo que decir que leí esta novela hace ya bastantes años y, el día lejano que consiga aligerar mi lista de lecturas pendientes, me gustaría volver a leerla de nuevo; de aquella primera lectura, quizás me quedo con el recuerdo del tono, que mostraba cómo estos desarrapados se unían entre sí en un gesto de necesidad, y refugiándose entre ellos (idea que luego veríamos en Cabal, de Clive Barker, aunque representada de un modo diferente). Ese sentimiento de miedo hacia un entorno que se muestra como hostil o que desprecia a los mutantes se convierte en protección en el momento en que entran en contacto unos con otros y sienten que empiezan a pertenecer a algo.
Y con esto, tenemos ya listo el primer artículo de libritos puto molones. Os vuelvo a recordar que esto es solo un listado de libros que me han gustado y por qué; en absoluto cuento con que compartáis ni la mitad de los gustos que manifiesto aquí, y espero que entendáis que los voy colocando por el orden según me voy acordando. En próximas entregas hablaré de Ray Bradbury, Edgar Allan Poe, William Shakespeare, Jonathan Swift, Terry Pratchett, Robert Silverberg, Michael Ende, Oscar Wilde, Neal Stephenson, George R. Martin, Arthur C.Clarke, H.G. Wells, Philip K.Dick, J.K. Rowling, Robert Bloch, Lewis Caroll, Jon Lindqvist, William Peter Blatty y John Kennedy Toole.
Vamos a menearnos un par de siglos hacia atrás en el tiempo para hablar de la siguiente novela. Hablo, ni más ni menos que de Drácula, de Bram Stoker. Si bien esta no es la primera novela de vampiros ni de coña (ya tenemos varios antecedentes, entre los que destacan El Vampiro de Pollidori o Carmilla, de Joseph Sheridan LeFanu), sí es la más famosa. Quizás es por esa combinación entre novela epistolar y novela gótica, o bien por eso de basar el vampiro en una figura histórica (Vlad Tepes), lo cierto es que desde siempre me ha parecido de las mejores historias de terror jamás escritas... eso, claro, si salvamos un final que me resulta quizás demasiado atropellado para todo lo que se nos ha ido narrando. Sin embargo, este detalle no hace sombra ni desmerece al resto de la narración. Como grandes escenas de estas que se te clavan en la retina, me quedo con ese momento al principio de la novela en que Jonathan Harker se queda arriado en mitad de la noche, en un cruce de caminos, al pie de la tumba de un suicida. Al fondo, un bosque, las montañas transilvanas y los lobos aullando. Eso es una ambientación terrorífica. Ole tus cojones, Bram.
La Chica de al Lado, de Jack Ketchum, es con diferencia la novela más dura que me he echado a los morros hasta la fecha. Al igual que sucede con Neverwhere, tiene su propio análisis en este blog, con lo que no pienso detenerme mucho al respecto. Tan solo resaltar un par de hechos fundamentales: uno, que el autor se salió del pellejo a la hora de narrarnos uno de los crímenes más crueles que ha parido madre a lo largo de la historia (el de la pobre Sylvia Lykens). Dos, que para escribir terror, esta novela nos deja claro que no hacen falta ni fantasmas, ni alienígenas, ni muertos vivientes ni putas hostias: el terror es algo que puede pasar a tu vecina (de ahí el título). Los Monstruos están ahí, y no son seres sobrenaturales: son seres humanos, de carne y hueso, que nos saludan cada mañana cuando nos los cruzamos por la escalera. Tres, que el Mal es algo contagioso y que solo necesitamos que nos den permiso para sacar la Bestia que llevamos dentro.
Una novela que me ha dejado tan mal cuerpo que no puedo hablar mal de ella porque transmite justo lo que quiere transmitir, ni más ni menos. Pese a ello, no os confundáis: esta novela no tengo cojones de recomendársela ni a mi peor enemigo. Si no me hacéis caso y os da por leerla, me entenderéis.
Seguimos con las distopías y volvemos a Inglaterra. En este mundo alternativo nos vamos a encontrar a un chavaleta que se siente con carta blanca para hacer lo que le da la gana junto con sus amigos: si quiere apalear a un estudiante, lo apalea; si le da por entrar en casa de un escritor, violar a su mujer delante de sus narices y destruir la obra que está escribiendo, pues sin problemas. Hablo, cómo no, de La Naranja Mecánica, de Anthony Burgess. Una obra harto difícil de leer, debido no solo a la crudeza de sus escenas, que aparecen totalmente normalizadas, sino también debido a la jerga creada específicamente para novela (llamada NadSat). Más allá de eso, la novela plantea giros narrativos bastante interesantes en el momento en que el delincuente se convierte en un objeto de estudio por parte del Estado. El que parecía un ser amoral, resulta no ser mucho peor que aquellos que intentan "convertirlo".
Como curiosidad, hay que decir que esta novela, pese a su complejidad y su dureza, fue escrita a una velocidad endiablada (tres semanas, compartiendo velocidad record con Club de Lucha, que fue escrito más o menos en seis), como ejercicio de catarsis después de que un grupo de soldados norteamericanos violasen a su mujer.
Posterior en el tiempo es Clive Barker, aclamado como uno de los referentes de la literatura de terror británica, junto a Ramsey Campbell, y al que quizás vea más acertado en el terreno del relato. Sus novelas por lo general funcionan bastante bien, con personajes más o menos logrados, tramas más que interesantes y buenas atmósferas (véase como ejemplos Hellraiser, Cabal o El Juego de las Maldiciones), pero es con Los Libros de la Sangre con los que este autor ha sabido impactarme de forma especial. Historias como "El Tren Nocturno de la Carne", "Lo Prohibido" o "Rex Cabezacruda", por poner un ejemplo apenas representativo de la cantidad de historias que se pueden leer en los cuatro volúmenes que conforman la edición española, parten de ideas muy sencillas, pero que funcionan gracias a ese manejo del lenguaje, bastante elegante (Clive Barker procede de una formación literaria bastante clásica, todo hay que decirlo) y esa manera de plasmar una ambientación oscura y siniestra. Con todo, si tengo que elegir alguno de los cuatro volúmenes de estos Libros de la Sangre, sin duda me quedaría con el primero íntegro, la mayoría del segundo y, ya salpicados, relatos del tercero y el cuarto.
El siguiente autor del que me gustaría hablar es Richard Matheson, escritor injustamente tratado por el lector medio de género fantástico y su desmerecido desprecio hacia él. Mientras hoy en día la gente pierde el culo con autores como Stephen King o similares (autores que me parece respetable que le gusten a la gente, pero oye, que hay otros aparte de estos), el señor Matheson ha escrito algunas de las historias más interesantes en lo que toca a los géneros de ficción o terror. Una de ellas, sin ir más lejos, es Soy Leyenda, que muchos conocerán por la infumable adaptación que hizo Will Smith en el bodrio cinematográfico aquel. En la novela original (que cuenta ya con tres adaptaciones al cine, de las cuales se salva seguramente la primera, protagonizada por Vincent Price) asistimos a lo que viene siendo el Último hombre sobre la tierra, en un mundo devastado y dominado por una nueva raza emergente: los vampiros.
Esta novela rompe por completo los conceptos tradicionales del vampirismo y nos los sitúa a un nuevo nivel: la del vampirismo planteado como plaga. Sí, lo que veríamos eones más tarde con Blade tuvo aquí su origen, dando de paso la vuelta a esa idea del "Monstruo". Si bien el monstruo en las novelas de terror era una criatura aislada y que planeaba su lucha contra la humanidad, aquí todo esto queda invertido y retorcido poniéndonos al ser humano como ese "monstruo". Así, entendemos que esos "Monstruos" que habíamos visto hasta la fecha no eran sino seres que buscaban su supervivencia en un mundo que ya no les pertenece. Justo lo que le pasa al último ser humano.
Hablando de humanos, me voy a referir a la última novela que mencionaré en este artículo, pero no en el blog (empiezo a ver que la lista de libros que me han cautivado especialmente resulta más larga de lo que cabria esperar y, como en el caso de los comics, va a haber que ir haciendo varias entregas): me refiero a Más que Humano, de Theodore Sturgeon, que en 1953 ya hablaba (a su manera) de los mutantes como el siguiente paso en la escala evolutiva y cómo esta condición de mutación afecta a su relación con su entorno, justo diez años antes de que Stan Lee escribiese la primera historia de X-Men. La nota de mayor originalidad la vemos en el concepto del Homo Gestalt, donde vemos que los diversos mutantes que conforman el reparto principal de la novela se unen entre sí, conformando un único ser, más poderoso que la simple suma de sus partes. Tengo que decir que leí esta novela hace ya bastantes años y, el día lejano que consiga aligerar mi lista de lecturas pendientes, me gustaría volver a leerla de nuevo; de aquella primera lectura, quizás me quedo con el recuerdo del tono, que mostraba cómo estos desarrapados se unían entre sí en un gesto de necesidad, y refugiándose entre ellos (idea que luego veríamos en Cabal, de Clive Barker, aunque representada de un modo diferente). Ese sentimiento de miedo hacia un entorno que se muestra como hostil o que desprecia a los mutantes se convierte en protección en el momento en que entran en contacto unos con otros y sienten que empiezan a pertenecer a algo.
Y con esto, tenemos ya listo el primer artículo de libritos puto molones. Os vuelvo a recordar que esto es solo un listado de libros que me han gustado y por qué; en absoluto cuento con que compartáis ni la mitad de los gustos que manifiesto aquí, y espero que entendáis que los voy colocando por el orden según me voy acordando. En próximas entregas hablaré de Ray Bradbury, Edgar Allan Poe, William Shakespeare, Jonathan Swift, Terry Pratchett, Robert Silverberg, Michael Ende, Oscar Wilde, Neal Stephenson, George R. Martin, Arthur C.Clarke, H.G. Wells, Philip K.Dick, J.K. Rowling, Robert Bloch, Lewis Caroll, Jon Lindqvist, William Peter Blatty y John Kennedy Toole.








































