martes, 11 de febrero de 2014

Mondo Chorra- Libritos puto molones de Rumbo a la Distopía



Hará cosa de un rato, una buena amiga y colaboradora habitual de este antro de pervers... digooo, alegre blog, ha echado un vistazo a uno de esos posts donde pongo de vuelta y media lo que viene siendo la literatura como concepto hoy en día, y me ha hecho la crítica constructiva (que son las que merecen la pena) de que podría hablar acerca de lo bueno de la literatura, que también lo hay, y mucho. La idea me ha parecido tan buena que no he podido pasarla por alto y he decidido confeccionar una lista sobre las novelas que más han aportado a este pedazo de salvaje que os escribe sus diarreas mentales cada semana. Con esto, quiero dejar muy muy claro que en caso alguno estamos ni hablando de un ranking ni de los mejores libros de la historia, ni leches en vinagre. Simplemente hablo desde mi punto de vista personal, que es como el culo: lo tenemos en cierta parte de nuestro ser y lo usamos para lanzar nuestra mierda varias veces al día.

Dicho esto, y esperando que quede claro que esta no es más que una apreciación estrictamente personal, vamos a ir espurreando títulos.



El primer título del que me gustaría hablar es 1984, de George Orwell. Quizás no la primera distopía (ya teníamos previamente escrita Nosotros, de Evgueni Zamiatin) y posiblemente no la más famosa, considerando que es un género que no ha desaparecido jamás de las estanterías (véase una de las más modernas, Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collims), pero sí la primera que cayó en mis manos (o segunda, dependiendo si contamos Momo, de Michael Ende como tal o no), quizás más tarde de lo que me habría gustado.
¿Qué tiene de especial esta novela? Quizás el hecho de que es uno de los libros que, bien por el momento particular de mi vida en que lo leí, bien por el motivo que sea, me hizo reflexionar bastante. Es un libro que me enseñó, por encima de todo, a no creer en lo que me dijesen ni los medios de comunicación, ni las masas ni nadie que no pudiera demostrarme las cosas de un modo fehaciente. Esta novela de George Orwell nos muestra precisamente un mundo totalitario, regido por la mentira, y que vive en constante miedo a una amenaza extranjera que "siempre" ha estado ahí. El Gran Hermano es una entidad todopoderosa que vigila constantemente a los ciudadanos, anulando por completo su intimidad "por el bien y la seguridad del Estado". La propiedad privada es un delito, el sexo es un crimen y el odio se convierte en moneda de cambio para que el ciudadano medio tenga cierta sensación de libre albedrío. Vive para trabajar, haz lo que te digan y no preguntes jamás, o desaparecerás del mapa (y de la historia) para siempre. Una novela dura, no siempre fácil de leer, con un tono terriblemente pesimista... y que sin embargo, tiene tantos tintes proféticos (a su modo) como puede ser Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley (que también me permito recomendar). Cada uno con su parte de razón, pero ambas novelas se complementan a la perfección para demostrarnos que igual la sociedad está todavía más enferma de lo que habíamos pensado... y que el futuro que nos aguarda, a menos que movamos el culo, es mucho más siniestro y terrible de lo que creíamos.



El siguiente librito es, cómo no, El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien. Sodomizado, denostado y machacado por los lectores más modernitos (que no modernos) por su profusión de adjetivos y descripciones, es un libro que ha pasado a la posteridad por mérito propio: Tolkien, filólogo y experto en literatura y lengua medieval, tuvo los santísimos cojones de crear un mundo desde su origen (visto en sus notas, que luego su inteligentísimo hijo convertiría en El Silmarillion); tomando fuentes mitológicas de aquí y allá, con especial predilección por los mitos europeos, conformó un abanico bastante amplio de culturas, concepciones de vida, mitos, leyendas, poesías, canciones e incluso varios lenguajes, con sus propias reglas gramaticales y fonéticas. La historia, relativamente similar a lo que podría ser el Canto del Nibelungo u otros mitos de épica clásica, habla de un Anillo que porta, simple y llanamente, todos los Males del mundo juntos. Debe ser destruido a toda costa, lo que conllevará el origen de una guerra que sacudirá la Tierra Media hasta sus cimientos.
Mucho se ha hablado sobre esta obra y su autor, muy especialmente tras sus adaptaciones cinematográficas. Se ha hablado de racismo, machismo y otra serie de soberanas mamarrachadas propias de gente que es incapaz de juzgar una obra desde su contexto original, y ciñéndose a la (muy limitada) visión del modernito del S.XXI, que lo único que hace es sacar las cosas de quicio y ver donde no hay. Si, por el contrario, vemos la obra en su contexto (la obra de un blanco de Sudáfrica que la escribió durante décadas hasta su publicación en 1954), encontraremos todo un icono literario que sentaría en gran parte las bases de la fantasía contemporánea.




Pasemos a libros no tan antiguos, como el caso del siguiente. Hablo, cómo no, de Neverwhere, escrito por uno de mis autores contemporáneos favoritos, Neil Gaiman. No tengo previsto extenderme mucho con este, ya que en su momento hice un análisis más o menos profundo de esta obra; tan sólo mencionar por qué me gusta en particular: Neverwhere es mitología, es magia y es diversión, a partes iguales... Pero aporta el concepto de fantasía urbana, esto es, mezclar los elementos de la fantasía tradicional con los de la vida en las ciudades actuales. En esta novela encontraremos un Londres de Abajo, con reglas propias y con todo un sinfín de personajes secundarios dotados de cierto carisma: vagabundos, buscavidas, truhanes, seres diabólicos e incluso ángeles. Todos ellos conforman un mosaico sobrenatural que se despliega entre paradas de metro abandonadas, túneles y ratas (parlantes, eso sí). Notables referencias literarias (véase Mansfield Park de Jane Austen o, de modo muy tangencial, Lamia, de John Keats) nos demuestran que la fantasía puede (y debe) mamar de otras fuentes para arraigarse de un modo sólido y firme. Prosa sencilla y un argumento no demasiado complejo que garantizan disfrute puro y duro.



Si tengo que quedarme con un libro del siguiente autor, también contemporáneo, lo tendría muy difícil. De hecho, cuando hablo de Chuck Palahniuk me cuesta horrores ser objetivo, ya que es un tipo cuya prosa, gamberra y deslenguada, me cae hasta bien. Fijaos si este puto cabrón me cae bien que tengo previsto leerme todos los libros que publique, a fin de (algún día) hacer un análisis de toda su obra, con sus auges y caídas (que también las tiene). Ahora bien, a la hora de hablar de libros de él que me hayan llamado la atención especialmente... Podría quedarme con cuatro: Club de Lucha, Asfixia, Snuff  y Monstruos Invisibles. ¿Qué tienen en común estos cuatro libros? Mala leche. Palahniuk es la bofetada en la cara a una sociedad que nos obliga a sonreír mientras nos lanzan mierda todo el santo día. Nos muestra como protagonistas juguetes rotos de este sistema social, los retuerce y los convierte en vengadores, a su forma. Gente que se suponía que iban a ser algo, cuya vida dependía de algo concreto (posesiones, aspecto físico, dinero, lo que sea) lo pierde y acaban convirtiéndose en seres marginales. Seres que, una vez dada su condición de desarrapados, se ven obligados a ver su vida de otra manera y buscar una forma de sobrevivir... o de acabar con el mundo que los rodea. Así, se producen todo tipo de situaciones absurdas, que suelen culminar con un giro inesperado unas veces, absurdo otras, pero que nunca deja indiferente. Eso, junto a una prosa sencilla, caracterizada en muchas de sus novelas como "mántrica" (debido a la repetición de ciertos aforismos que van teniendo lugar a lo largo de la historia), confieren un tono bastante personal a este autor.



Vamos a menearnos un par de siglos hacia atrás en el tiempo para hablar de la siguiente novela. Hablo, ni más ni menos que de Drácula, de Bram Stoker. Si bien esta no es la primera novela de vampiros ni de coña (ya tenemos varios antecedentes, entre los que destacan El Vampiro de Pollidori o Carmilla, de Joseph Sheridan LeFanu), sí es la más famosa. Quizás es por esa combinación entre novela epistolar y novela gótica, o bien por eso de basar el vampiro en una figura histórica (Vlad Tepes), lo cierto es que desde siempre me ha parecido de las mejores historias de terror jamás escritas... eso, claro, si salvamos un final que me resulta quizás demasiado atropellado para todo lo que se nos ha ido narrando. Sin embargo, este detalle no hace sombra ni desmerece al resto de la narración. Como grandes escenas de estas que se te clavan en la retina, me quedo con ese momento al principio de la novela en que Jonathan Harker se queda arriado en mitad de la noche, en un cruce de caminos, al pie de la tumba de un suicida. Al fondo, un bosque, las montañas transilvanas y los lobos aullando. Eso es una ambientación terrorífica. Ole tus cojones, Bram.



La Chica de al Lado, de Jack Ketchum, es con diferencia la novela más dura que me he echado a los morros hasta la fecha. Al igual que sucede con Neverwhere, tiene su propio análisis en este blog, con lo que no pienso detenerme mucho al respecto. Tan solo resaltar un par de hechos fundamentales: uno, que el autor se salió del pellejo a la hora de narrarnos uno de los crímenes más crueles que ha parido madre a lo largo de la historia (el de la pobre Sylvia Lykens). Dos, que para escribir terror, esta novela nos deja claro que no hacen falta ni fantasmas, ni alienígenas, ni muertos vivientes ni putas hostias: el terror es algo que puede pasar a tu vecina (de ahí el título). Los Monstruos están ahí, y no son seres sobrenaturales: son seres humanos, de carne y hueso, que nos saludan cada mañana cuando nos los cruzamos por la escalera. Tres, que el Mal es algo contagioso y que solo necesitamos que nos den permiso para sacar la Bestia que llevamos dentro.
Una novela que me ha dejado tan mal cuerpo que no puedo hablar mal de ella porque transmite justo lo que quiere transmitir, ni más ni menos. Pese a ello, no os confundáis: esta novela no tengo cojones de recomendársela ni a mi peor enemigo. Si no me hacéis caso y os da por leerla, me entenderéis.



Seguimos con las distopías y volvemos a Inglaterra. En este mundo alternativo nos vamos a encontrar a un chavaleta que se siente con carta blanca para hacer lo que le da la gana junto con sus amigos: si quiere apalear a un estudiante, lo apalea; si le da por entrar en casa de un escritor, violar a su mujer delante de sus narices y destruir la obra que está escribiendo, pues sin problemas. Hablo, cómo no, de La Naranja Mecánica, de Anthony Burgess. Una obra harto difícil de leer, debido no solo a la crudeza de sus escenas, que aparecen totalmente normalizadas, sino también debido a la jerga creada específicamente para novela (llamada NadSat). Más allá de eso, la novela plantea giros narrativos bastante interesantes en el momento en que el delincuente se convierte en un objeto de estudio por parte del Estado. El que parecía un ser amoral, resulta no ser mucho peor que aquellos que intentan "convertirlo".
Como curiosidad, hay que decir que esta novela, pese a su complejidad y su dureza, fue escrita a una velocidad endiablada (tres semanas, compartiendo velocidad record con Club de Lucha, que fue escrito más o menos en seis), como ejercicio de catarsis después de que un grupo de soldados norteamericanos violasen a su mujer.



Posterior en el tiempo es Clive Barker, aclamado como uno de los referentes de la literatura de terror británica, junto a Ramsey Campbell, y al que quizás vea más acertado en el terreno del relato. Sus novelas por lo general funcionan bastante bien, con personajes más o menos logrados, tramas más que interesantes y buenas atmósferas (véase como ejemplos Hellraiser, Cabal o El Juego de las Maldiciones), pero es con Los Libros de la Sangre con los que este autor ha sabido impactarme de forma especial. Historias como "El Tren Nocturno de la Carne", "Lo Prohibido" o "Rex Cabezacruda", por poner un ejemplo apenas representativo de la cantidad de historias que se pueden leer en los cuatro volúmenes que conforman la edición española, parten de ideas muy sencillas, pero que funcionan gracias a ese manejo del lenguaje, bastante elegante (Clive Barker procede de una formación literaria bastante clásica, todo hay que decirlo) y esa manera de plasmar una ambientación oscura y siniestra. Con todo, si tengo que elegir alguno de los cuatro volúmenes de estos Libros de la Sangre, sin duda me quedaría con el primero íntegro, la mayoría del segundo y, ya salpicados, relatos del tercero y el cuarto.



El siguiente autor del que me gustaría hablar es Richard Matheson, escritor injustamente tratado por el lector medio de género fantástico y su desmerecido desprecio hacia él. Mientras hoy en día la gente pierde el culo con autores como Stephen King o similares (autores que me parece respetable que le gusten a la gente, pero oye, que hay otros aparte de estos), el señor Matheson ha escrito algunas de las historias más interesantes en lo que toca a los géneros de ficción o terror. Una de ellas, sin ir más lejos, es Soy Leyenda, que muchos conocerán por la infumable adaptación que hizo Will Smith en el bodrio cinematográfico aquel. En la novela original (que cuenta ya con tres adaptaciones al cine, de las cuales se salva seguramente la primera, protagonizada por Vincent Price) asistimos a lo que viene siendo el Último hombre sobre la tierra, en un mundo devastado y dominado por una nueva raza emergente: los vampiros.
Esta novela rompe por completo los conceptos tradicionales del vampirismo y nos los sitúa a un nuevo nivel: la del vampirismo planteado como plaga. Sí, lo que veríamos eones más tarde con Blade tuvo aquí su origen, dando de paso la vuelta a esa idea del "Monstruo". Si bien el monstruo en las novelas de terror era una criatura aislada y que planeaba su lucha contra la humanidad, aquí todo esto queda invertido y retorcido poniéndonos al ser humano como ese "monstruo". Así, entendemos que esos "Monstruos" que habíamos visto hasta la fecha no eran sino seres que buscaban su supervivencia en un mundo que ya no les pertenece. Justo lo que le pasa al último ser humano.




Hablando de humanos, me voy a referir a la última novela que mencionaré en este artículo, pero no en el blog (empiezo a ver que la lista de libros que me han cautivado especialmente resulta más larga de lo que cabria esperar y, como en el caso de los comics, va a haber que ir haciendo varias entregas): me refiero a Más que Humano, de Theodore Sturgeon, que en 1953 ya hablaba (a su manera) de los mutantes como el siguiente paso en la escala evolutiva y cómo esta condición de mutación afecta a su relación con su entorno, justo diez años antes de que Stan Lee escribiese la primera historia de X-Men. La nota de mayor originalidad la vemos en el concepto del Homo Gestalt, donde vemos que los diversos mutantes que conforman el reparto principal de la novela se unen entre sí, conformando un único ser, más poderoso que la simple suma de sus partes. Tengo que decir que leí esta novela hace ya bastantes años y, el día lejano que consiga aligerar mi lista de lecturas pendientes, me gustaría volver a leerla de nuevo; de aquella primera lectura, quizás me quedo con el recuerdo del tono, que mostraba cómo estos desarrapados se unían entre sí en un gesto de necesidad, y refugiándose entre ellos (idea que luego veríamos en Cabal, de Clive Barker, aunque representada de un modo diferente). Ese sentimiento de miedo hacia un entorno que se muestra como hostil o que desprecia a los mutantes se convierte en protección en el momento en que entran en contacto unos con otros y sienten que empiezan a pertenecer a algo.

Y con esto, tenemos ya listo el primer artículo de libritos puto molones. Os vuelvo a recordar que esto es solo un listado de libros que me han gustado y por qué; en absoluto cuento con que compartáis ni la mitad de los gustos que manifiesto aquí, y espero que entendáis que los voy colocando por el orden según me voy acordando. En próximas entregas hablaré de Ray Bradbury, Edgar Allan Poe, William Shakespeare, Jonathan Swift, Terry Pratchett, Robert Silverberg, Michael Ende, Oscar Wilde, Neal Stephenson, George R. Martin, Arthur C.Clarke, H.G. Wells, Philip K.Dick, J.K. Rowling, Robert Bloch, Lewis Caroll, Jon Lindqvist, William Peter Blatty y John Kennedy Toole.

lunes, 3 de febrero de 2014

Tebeos en Vena- Sístoles y diástoles del Universo DC. Crisis, recrisis y recontracrisis.



El Universo DC tiene la particularidad de reinventarse a sí mismo cada cierto tiempo. Maniobra comercial o recurso narrativo, lo cierto es que desde que tuviera lugar la primera gran Crisis, allá por 1985, este fenómeno de reiniciar el universo donde se mueven Superman y compañía se ha convertido en una especie de buque insignia de la editorial. Hasta tal punto que, para hablar con propiedad acerca de tal o cual colección o acerca de tal o cual personaje, hay que referirse a qué punto en concreto de la cronología estamos hablando. Porque no hablamos solo de reiniciar un universo desde su origen: con notable frecuencia, esto implica cambiar conceptos, idiosincrasias e incluso reconstruir personajes o ideas desde cero. Esto puede resultar un poco complicado al lector lego, pero este artículo precisamente tiene la intención de hacer un pequeño acercamiento para novatillos en esto de los cómics de la casa DC.

Para empezar a hablar, tendríamos que situarnos en los años 40, donde tenemos lo que podría ser la "primera generación de superhéroes" o Golden Age. Referente a este tema no hay demasiado que contar, salvo que DC sufre una crisis superheroica allá por los años 50 (la era McCarthy o Caza de Brujas, donde eso de gente enmascarada que luchase por el pueblo sonaba a socialista), lo que hace que sus personajes "caigan en el retiro". No sería hasta la llamada Silver Age, allá por los años 60, cuando somos testigos de la primera "renovación" del elenco habitual de la editorial: personajes de la etapa anterior aparecían con un aspecto más acorde con los tiempos... y con identidades diferentes tras la máscara. Salvando ejemplos muy concretos, como sucedía con Superman o Batman, notamos que Flash ya no es el científico Jay Garrick, sino un CSI llamado Barry Allen. Lo mismo sucede con el primer Green Lantern, que pasa de ser Alan Scott a un tal Hal Jordan.

Este hecho podría haberse quedado en mera anécdota si en la colección de Flash no hubiésemos descubierto que no se trataba de un simple "borrón y cuenta nueva": en un viaje que Barry Allen hace aprendiendo a vibrar en distintas frecuencias, se encuentra con Jay Garrick y tenemos a los Flash de ambas tierras correteando juntos. Esto da una sensación de continuidad que no habíamos visto hasta la fecha, mostrándonos que en realidad no es que los cómics de DC de los 40 pasasen al olvido, sino que teníamos DOS mundos bastante diferenciados: Tierra-1 (donde vivían los personajes de la Silver Age) y Tierra-2 (donde habitaban sus contrapartidas de la Golden Age). Este recurso, lejos de quedarse en la mera anécdota, se continúa explotando a lo largo de los setenta, donde encontramos los cruces entre la Liga de la Justicia de América (Tierra-1) y la Sociedad de la Justicia de América (Tierra-2), que tienen aventuras juntos en un mundo u otro, conociéndose posteriormente todo esto como Crisis en Tierras Múltiples. La cosa no queda aquí, y vemos poco a poco que existen otros mundos paralelos, como Tierra-3 (una tierra donde las contrapartidas de Superman y compañía son villanos que fundan el llamado Sindicato del Crimen), Tierra-X, donde la Guerra Civil americana duró cuarenta años, la tierra de los personajes de Charlton Comics adquiridos por DC (Tierra-4) o el mundo de la Familia Marvel (personajes adquiridos a Fawcett Comics) de Tierra-6.


Los Flash de los dos mundos.
El principio del jaleo.


Con todo este berenjenal de tierras, mundos y dimensiones, llegamos a 1985. Se cumplen cincuenta años de vida de DC y el personal tiene en mente hacer alguna cosilla chula para conmemorarlo. Es entonces cuando se coge por banda a un guionista ya con cierto tirón llamado Marv Wolfman y se le propone ir preparando algo especial. El objetivo, "simplificar" este Universo múltiple y reducirlo a algo más manejable, eliminando personajes redundantes (véanse como ejemplos claros los Superman de Tierra-1 y Tierra-2, que andaban repetidos, cada uno en su mundo con diferencias en edad), cancelando colecciones muy minoritarias o fundiéndolas en colecciones que englobasen a personajes algo más marginales.
Es así como surge Crisis en Tierras Infinitas. En este primer macroevento de DC (digo primer porque la primera vez que TODAS las colecciones de la compañía aparecen relacionadas con los sucesos que se cuentan en esta serie de doce números) se cuenta cómo una amenaza de proporciones cósmicas (una nube de antimateria, concretamente) se empieza a cepillar todo el Multiverso plano a plano. Aquí aparece una figura conocida como el Monitor, que se encargará de hacer frente a esta amenaza, y de paso, a un fulano que se hace llamar Anti-Monitor, que dirá que p'a su puta madre.
Durante esta crisis, se consigue frenar la ola de antimateria, pero con un resultado bastante terrible: aparte de que innumerables mundos paralelos han muerto ya, todas las etapas del tiempo coexisten a la vez. Dinosaurios comiéndose cow-boys y hombres futuristas viendo Stukas alemanes sobre el cielo. Es preciso, pues, un cambio desde la raíz.

Es aquí cuando entra en juego otro personaje (presuntamente secundario para muchos) como es Green Lantern. Si bien Flash ya nos abrió la brecha, de forma literal, a un Multiverso, gracias a Green Lantern (o, más concretamente, a los Guardianes que custodian la energía de su Anillo de Poder), descubrimos que el Multiverso se generó accidentalmente, a causa de un Guardián con pinta de cafre llamado Krona. Este tío tocó donde no debía y acabó provocando un Big Bang que, lejos de destruir el Universo, lo dividió en una infinidad de planos de coexistencia.


Krona: "¿Para qué reventar algo cuando puedo reventarlo, literalmente, TODO?"


Pues bien, precisamente eso es una de las cosas que ha tenido como efecto secundario el mandar a cagar a la nube de Anti-Materia: que lo que es el tejido cósmico del Multiverso ha perdido su estabilidad y tiene los días contados. Hay, por tanto, que viajar a los orígenes del tiempo y evitar que ese Big Bang multiversal (que generó a Monitor y Anti-Monitor) se produzca. Héroes y villanos se unen como nunca, y el resultado es que nace UNA nueva tierra, donde las paradojas han quedado eliminadas y donde los héroes de todos estos planos de existencia, si no han sido eliminados de la continuidad (ver casos como el Robin de Tierra-2, por ejemplo), coexisten en el mismo mundo, aunque en diferentes generaciones. Dicho de este modo, si teníamos hasta la fecha una Tierra-1 con la Liga de la Justicia y una Tierra-2 con una Sociedad de la Justicia, ahora lo que tenemos es que hubo primero una Sociedad de la Justicia, se retiró entre los años 50 y 70, y surgió una Liga de la Justicia más adelante que tomó el testigo. Tras esta primera Crisis podemos decir que se "unifica" todo aquel complejo Multiverso y se opta por una única línea cronológica. La mayor parte de personajes sufren, en mayor o menor medida, remodelaciones en sus historias también. Por ejemplo, asistimos a un "relanzamiento" de Superman (a manos de John Byrne), que se nos muestra algo más humanizado y falible que en su encarnación anterior; en el caso de Batman, nos encontramos con un personaje bastante más oscuro (relanzado por Frank Miller y su antológico Año Uno y continuado por otros autores como Mike Barr con Año Dos). Wonder Woman, por su parte, sería recreada desde el origen, con un enfoque mucho más mitológico que en su versión Pre-Crisis.
Pues así, con la mayor parte de la pandilla.

La siguiente macro-saga que se debería mencionar a continuación es Legends. No es tanto una "Crisis" en el sentido estricto de la palabra (los cifostios pentadimensionales no aparecen aquí), pero sirve para poner de manifiesto el primer crossover centrado en la figura de Darkseid, que será importante en eventos posteriores.
Hablemos un poco de este pollo: Darkseid fue creado en los 70 por la bestia parda de Jack Kirby, un señor que tenía una imaginación que ya quisiéramos los pobres cretinos que le pegamos a esto del lápiz. Fue planteado básicamente como una encarnación del Mal Total y Putoabsoluto, una especie de mastuerzo con cara de piedra que gobierna con puño de hierro el planeta Apokolips... Un mundo infernal, donde la esperanza es un crimen que se paga con la vida y toda forma de vida vive y (muy especialmente) muere para servir a Darkseid. Este tiránico líder es famoso por pasarse siglos tratando de resolver la ecuación de la Anti-Vida, que aparte de tener un nombre que de por sí acojona, le daría más poder del que ya tiene.
En Legends, somos testigos de un plan maléfico-conspiratorio por el cual Darkseid decide aplastar a los héroes de la Tierra de una vez por todas, muy probablemente porque simbolizan todo cuanto él aborrece. Para ello, envía a uno de sus subalternos (un personajillo llamado Glorious Godfrey) a que se disfrace de carismático líder de masas para que los héroes de la tierra sean odiados, temidos y despreciados por el ciudadano de a pie. Dicho de otro modo, arrearle a nuestros amigos de la lycra donde más les duele.
Esta historia, que se cruza con algunas series de DC, concluye con lo que sería la creación de la primera Liga de la Justicia Post-Crisis, que sería escrita por Keith Giffen y J.M.M DeMatteis.


Aquí, Darkseid. Todo lo que tiene de feo lo tiene de hijoputa.


Millenium es el siguiente macro-evento de relativa importancia. En éste nos vamos a encontrar cierto matiz místico-numérico de trasfondo, pero quizás lo que tiene mayor trascendencia en las series con las que se cruza es el concepto del plan de los Manhunters.
Como no me gusta dar por sentado que sabéis de que hablo, os comento que los Manhunters estos son una raza de robots chungos de la muerte creados por los listos de Oa (el planeta que, tras el fracaso que los robots estos supusieron, crearía a los Green Lantern). En algún momento, la Liga de la Justicia original los hubo destruido en el pasado, pero ¡Oh, sorpresa!, que estos cabrones estaban muy operativos y coleando, con un planetoide que usan para viajar por ahí. No contentos con eso, los Manhunters han ido enviando a algunos de los suyos para vigilar a los héroes y conocer sus puntos débiles (en el caso de la recién creada Liga de la Justicia, el Manhunter se hace pasar por un miembro del equipo), o bien para lavar el cerebro a amigos de otros héroes (Superman, por ejemplo, descubriría que su amiga de la infancia, Lana Lang, es una simpatizante Manhunter con el cerebro lavado).
Batalla bestial, palizón a los Manhunters, prosigue la mierda esa místico-filosófica, creando a diez personajes para que sean una nueva raza de Inmortales, y tan rápido pasa esto, tan rápido se olvida.


Los Guardianes de Oa (los enanos de la derecha) son famosos por toquetear lo que les sale de los huevos "por mantener la paz" y, muy especialmente, de cagarla. Prueba de ello, los Manhunters (izquierda), que por poco se cargan a todo bicho viviente.


Pasemos a Armaggedon 2001. Tan penco como su evento predecesor en cuanto a argumento y dibujo, pero no tanto como otras de la época (tal es el caso de Invasion, que no mencionaré aquí por no tener tanta relación en estas Crisis), nos habla de un posible futuro gobernado por un fulano llamado Monarch. En este futuro, un científico echa un vistazo al pasado y descubre que a finales del s.XX, el tal Monarch se cepilló a todo héroe de la época, justo después de que todos se volvieran malosos. Monarch manda a este científico al pasado para llevar a cabo un experimento, y éste a su vez decide averiguar qué puñetas pasó en realidad. La resolución, tras muchas idas y vueltas, resulta ser que el asesino de héroes fue Halcón (del dúo de héroes Halcón y Paloma) que, tras la muerte de Paloma se volvió (más) chalado.
Este macroevento, a decir verdad, no pintaría una puta mierda en este artículo, de no ser porque a continuación viene su secuela, Hora Cero. En esta serie, nos encontramos lo gordo de verdad, que es que Halcón, alias Monarch, evoluciona a lo burro con eso de los poderes temporales para convertirse en Extant, que decide "reescribir" el universo desde sus orígenes básicamente como le sale a él de las pelotas. Al mismo tiempo, nos encontramos con otro factor fundamental, que es que Hal Jordan, el Green Lantern más emblemático de DC, se vuelve majara y es poseído por la criatura Parallax, que también parece haberle cogido el gustillo a eso de reescribir la historia desde el principio. Los héroes, cómo no, se van para él con la sanísima intención de darle unas pocas de hostias en los hocicos, pero no sin antes que el amigo Parallax haga de las suyas y algunos "cambios" se produzcan en el universo, que vuelve a reiniciarse de nuevo.
Hora Cero fue pensada para tapar los agujeros que Marv Wolfman se dejó cuando escribió Crisis en Tierras Infinitas. Así, ciertos "detalles" que quedaron colgando en la era Post-Crisis fueron corregidos, a fin de resultar más lógicos, acorde a según qué visión. El caso más claro se puede ver en Batman que, si bien en el universo Post-Crisis vio morir a sus padres a manos de un asesino común llamado Joe Chill, en este universo post Hora Cero, el pequeño Bruce Wayne nunca logró identificar al asesino de sus padres. De este modo, la cruzada del Murciélago se vuelve mucho más obsesiva, ya que nunca logrará saber si ha acabado con el hombre que le arrancó a su familia o no (eliminando de la continuidad, de paso, lo contado acerca de esto en historias como el ya mencionado Año Dos, que se centraba justo en Joe Chill). Otros héroes como Hawkman, que también habían sufrido ciertas contradicciones a lo largo de los últimos eventos, son barridos del mapa para aparecer años más tarde, con un origen ya unificado.


Parallax: "Superman, no me toques los cojones, que te arreo".


Vamos a pasar unos añitos más adelante y nos vamos a meter en Crisis de Identidad. Este Macroevento es llamado "Crisis" básicamente por la cara, ya que no se producen cifostios espacio-temporales, aunque he decidido incluirlo aquí porque tiene ciertas reminiscencias (al igual que Millenium) más adelante. Lo importante que tenemos aquí: Sue Dibny, esposa del miembro de la Liga de la Justicia conocido como el Hombre Elástico, es brutalmente asesinada en casa. Esto salta la alarma de algunos héroes, que desconocen la identidad del asesino y se empieza a hablar de un posible "complot" donde la identidad secreta de éstos haya quedado al descubierto. Por otra parte, se empieza a perfilar la figura del villano de segunda conocido como Doctor Luz como posible sospechoso.
La pregunta aquí sería: ¿Un pringao como el Doctor Luz, sospechoso de algo tan cafre como haberse cargado a la esposa de un héroe en su casa? La respuesta es evidente, en el momento en que nos encontramos con un caso de "retrocontinuidad" (es decir, como el universo ha sido reiniciado ya un par de veces, se tapa un hueco con algo que no se había contado hasta ahora): El Doctor Luz ES un pringao, pero no siempre lo fue; de hecho, aquí nos cuentan que fue peligroso hace años, pero cambió a causa de una lobotomía que le causó la hechicera conocida como Zatanna y encubierta por la mitad de la Liga de la Justicia... tras la brutal agresión sexual que la mujer de el Hombre Elástico sufrió a manos del villano en su propia base de operaciones. No es de extrañar, por tanto, que aquellos que fueron cómplices en la lobotomía ahora empiecen a plantearse si los efectos del hechizo han desaparecido...


Zatanna: "Um, Doctor Luz, delincuente, violador, asesino en potencia... Un formateo en su cerebro y lo convertiré en un cretino de marca mayor".
Atentos al detalle de que Batman está justo detrás...


Esto precisamente empieza ya a sentar las bases del siguiente evento, Crisis Infinita. Éste viene prologado por cuatro especiales conocidos como Cuenta Atrás. En ellos vamos a encontrar cuatro líneas argumentales, aparentemente sin relación entre sí, pero que acabarán desembocando en un tronco común, que será esta Crisis propiamente dicha. Estos arcos argumentales son:

- El Proyecto OMAC
- La Guerra Rann-Thanagar
- El Día de la Venganza
- Villanos Unidos.

Vamos rápido explicando, que si no es fácil perderse.
El Proyecto OMAC es básicamente otra de las pruebas de que nuestro amigo Batman está completamente majara: tras movidones como lo que hemos visto con Crisis de Identidad (donde su memoria TAMBIÉN fue borrada por Zatanna, precisamente por oponerse en firme a la lobotomía del Doctor Luz... pero, por lo que se ve, no fue borrada permanentemente), más otras historias de paranoia mental que no he mencionado aquí (véase JLA: Torre de Babel, por ejemplo), aquí nuestro Caballero Oscuro no tiene otra cosa que hacer que crear un satélite de vigilancia llamado Hermano Ojo, que se dedica a recopilar información de héroes, villanos, personajes varios y posiblemente hasta el butanero de tu barrio. El trasto, para variar, adquiere conciencia de sí mismo y se dedica a crear OMACs, que son nubes de nanomáquinas que se dedican a ir pegándose a la gente. Y de ahí, pues a endiñarle a los superhéroes, que para eso están, para recibir golpes (algo similar a lo ya visto en Millenium, si os fijáis en la analogía). Por medio, nos enteramos de que el satélite en realidad ha sido tomado por la organización Jaque Mate, presidida por Maxwell Lord (antiguo mecenas de la primera Liga de la Justicia Post-Crisis). La movida acaba con una escena preciosa: Wonder Woman rompiéndole el cuello a Maxwell delante de una cámara oculta que retransmite ante el mundo entero.



KRAKA.
Superman: "Pero tía, te has pasado..."
Wonder Woman: "Este le va a tocar er coño a su puta madre".


La Guerra Rann-Thanagar explota la variante cósmica de DC, contándonos que el planeta Rann ha sido desplazado de su órbita y cayendo en la del planeta Thanagar. Unos por otros, la casa sin barrer y todos a tortas. Por medio, los Halcones (Hawkman y Hawkgirl, oriundos de Thanagar... o más o menos) aúnan fuerzas con el héroe de Rann, Adam Strange, para que la cosa no se desmadre más de lo que ya está.

El Día de la Venganza nos cuenta cómo el Espectro, la entidad que viene a personificar la Ira de Dios se vuelve majara en el momento en que la nueva Eclipso lo seduce aprovechando que se ha vuelto a quedar sin huésped humano y le hace pensar que hay que eliminar toda la magia del Universo. Esto provoca que un grupo de segundones de poca monta con cierta relación con la magia se unan donde otros con más "solera" se han arrugado, precisamente para plantarle cara al Espectro.

Villanos Unidos hace referencia a la creación de un Sindicato del Crimen liderado por Lex Luthor. Aquí veremos cómo villanos de mayor o menor alcurnia empiezan a trabajar unidos para intercambiar información y reventarle los morros a los héroes de una vez por todas.

Estos cuatro arcos confluyen en la Crisis Infinita en sí misma, que nos muestra cómo estos cuatro jaleos provienen de una única mano.
Rebobinemos. ¿Os acordáis cuando hablábamos de Crisis en Tierras Infinitas, donde os conté que el Multiverso había sido reiniciado como un único Universo singular, y que los personajes redundantes habían sido eliminados? Bien, esto es mayoritariamente cierto, pero con algunas excepciones: véase el Superman de Tierra-2, la Lois Lane de Tierra-2, el hijo de Lex Luthor de Tierra-3 y el Superboy de Tierra-Prima. Estos cuatro resultaron acabar en una especie de "limbo" o dimensión de bolsillo precisamente para evitar ser barridos de la continuidad. A lo largo de todo este tiempo, han estado observando cómo el Universo DC se ha ido volviendo más salvaje. Resumamos lo ya visto: Sue Dibny, esposa del Hombre Elástico, asesinada y unos años atrás, brutalmente violada. Héroes lobotomizando a un villano. Wonder Woman matando a Maxwell Lord a sangre fría. Batman, majara perdido y conspirando contra sus propios compañeros. Y antes de eso, más cosas bonitas: el propio Maxwell Lord volando la cabeza del héroe conocido como Blue Beetle de un disparo. Superman muerto por Doomsday. La espalda de Batman, quebrada a manos de Bane. El segundo Robin, literalmente molido a palos por el Joker. Green Lantern poseído por Parallax, justo después de que Coast City fuese arrasada. Es un universo cada vez más decadente y el propósito es enmendarlo, trayendo de vuelta Tierra-2. Y si al hacerlo tienen que destruir lo ya establecido y matar a toda forma de vida, pues oiga, para hacer una tortilla hay que romper los huevos.
Ni que decir tiene que esto les sale rana, pero durante la confrontación el tejido del Universo vuelve a quebrarse, dividiéndose en 52 tierras paralelas.


Superboy de Tierra-Prima, hasta los cataplines de ver las burradas de la Nueva Tierra de DC.
En sus ojos podemos leer las palabras: "¡MIERDA DE REALITIES! ¡QUE VUELVAN LOS CONTENIDOS DE CALIDAD!"


52 es justo el nombre del siguiente evento, del que lo único que corresponde decir es que se refiere a las cincuenta y dos semanas que el mundo vive sin sus héroes principales (Superman, Batman y Wonder Woman), que han decidido tomarse un retiro "para pensar", tras la que han ido liando a lo largo de los últimos años.

Llegamos pues a Crisis Final. Nuevamente, el amigo Darkseid salta a la palestra, contándonos que ya ha tenido huevos de resolver la ecuación de la Anti-Vida. ¿Qué hace con ella entonces?
Lo habéis adivinado: joder al prójimo.
Este evento anda relacionado con la guerra que acontece entre los Nuevos Dioses (compañeros y enemigos de Darkseid, así para resumir) y con el resultado nada predecible de que éstos están tiesos y los malos han ganado, aunque Darkseid queda hecho fosfatina. Por tanto, habrá resuelto la ecuación de marras, pero necesita un cuerpo en el que reencarnarse.
Lo encuentra en la Tierra, sitio en el que nos enteramos de que el hijo de Darkseid, Orion (un verraco con bastante mala leche que pelea junto a los buenos) ha sido asesinado de un balazo. Durante la investigación, descubrimos varias cositas más: por ejemplo, que la bala tiene un origen cuántico. Es decir, que te pega un tiro en un año y cuando impacta lo hace cincuenta años antes.
No es el único en palmar, porque casi a la par, lo hace también el corazón de la Liga de la Justicia, el Detective Marciano, a manos de un grupo de villanos de segunda dirigidos por otro villano de poca monta conocido como Libra. El dato curioso, que Libra (creado como un mediamierda allá por los 70) aquí tiene como un tono más "poderosillo" y posee acceso a una tecnología demasiado megachunga para ser humana.
Bingo: es tecnología de Apokolips, el mundo hogar de Darkseid.
Sumad dos más dos.
A esto añadidle el hecho de que las pruebas del asesinato de Orion apuntan, de modo inverosímil, al Green Lantern Hal Jordan, que éste resulta no tener coartada, y ya tenemos la suma matemática hecha:
Conspiración del copón.


Batman: "Os lo estaba diciendo. Joder, os lo estaba diciendo. Que había algo gordo montao por alguna parte, pero como a mí nadie me escucha, así nos va. ¡Así nos va!"


Por su parte, nuestro experto oficial en conspiraciones, Batman, se huele de qué va la tostada y empieza a sospechar de la Green Lantern que acusa a Hal Jordan. Al estar sobre la pista correcta, es secuestrado con un rayo teleportador y nuestro Murciélago favorito es apartado de la movida. Sin embargo, no todo es tan malo, porque en estas idas y venidas regresa de entre los muertos alguien a quien creíamos que no íbamos a ver en mucho tiempo: Barry Allen, el segundo Flash, muerto durante la primera Crisis y al que vimos de pasada en Crisis Infinita, pero por cuyo regreso casi nadie apostaba, en realidad.
La cosa se pone fea a partir de aquí, justo en el momento en que Wonder Woman va a investigar una devastada Blüdhaven a manos del monstruo Chemo. Justo ahí resulta haber un portal dimensional que nos trae de vuelta a una vieja conocida: la heroína antes conocida como Mary Marvel ahora aparece totalmente desconocida, y mucho menos heroína. Su mente ha sido corrompida por el lavado de cerebro made in Apokolips. Se pelea con Wonder Woman y el resultado es que le pone un casco bastante feo con el que consigue controlar su mente. Ahora, no es que su mente pertenezca a Darkseid por culpa del puñetero casco: es que ahora ella ES Darkseid.
Wonder Woman, junto con alguno más, son solo los primeros de todo un ejército de Darkseids que va surgiendo por aquí y por allá, llegando a dejar lo que es la Tierra hecha unos zorros. Por medio nos hemos enterado de que la movida de los cascos solo ha sido una de tantas: también han usado la ecuación Anti-Vida para propagarla por medio de cualquier trasto electrónico y convertir al humanoide medio en un zombi fan de Darkseid.
Ni os imagináis la batalla que se monta.
Mientras Superman anda por universos paralelos salvando gente (otro de los que desaparece durante esta crisis), Batman llega a liberarse de su presidio para enfrentarse a un reencarnado Darkseid... o intentarlo, porque aquí el Caballero Oscuro parece morir fulminado por el villano.
La guerra se recrudece y Wonder Woman es liberada; utilizará su lazo de la verdad para liberar la consciencia de Darkseid de su huésped humano y mandarlo a hacer gárgaras de una vez.
Durante todo esta marimorena que nos encontramos, descubrimos que el Monitor que se sacrificó para salvar al mundo durante las Crisis en Tierras Infinitas resultó no ser tan único como se suponía... y que hay al menos un Monitor por cada una de las cincuenta y dos tierras que surgieron a partir de Crisis Infinita.


Wonder Woman a lomos de un pitbull de guerra gigante y con un casco a la última moda de Apokolips, que tiene conexión a Radio Darkseid las veinticuatro horas del día.
Lo más de lo más.


La Noche Más Oscura surge prácticamente como epílogo de Crisis Final y, al mismo tiempo, de la saga de Green Lantern La Guerra de los Sinestro Corps. De lo que nos hemos ido enterando de este último evento es que el espectro de luz verde que servía como energía a los Green Lantern se ha dividido en un espectro emocional, que corresponde con diferentes colores. Así, tenemos los ya clásicos Verde (Voluntad) y el Amarillo (Miedo), a los que se les suman el Azul (Esperanza), el Rojo (Ira), el Violeta (Amor), el Índigo (Compasión) y el Naranja (Codicia). Al final de esta saga nos enteramos de que, aparte de todos estos, hay un octavo tono del espectro emocional, el Negro, que simboliza la Muerte... Y alguien, aparentemente algún Guardián de Oa rebelde, ha decidido levantar de entre los muertos a todo un escuadrón de Black Lanterns con la intención de aplastar toda forma de vida de la galaxia. Tropecientos héroes y villanos a los que creíamos muertos resucitan con un aspecto bastante macabro para unirse a una guerra sin cuartel. Esto desemboca en la aparición de una Linterna Blanca, que tiene el don de la vida y la resurrección.


¿Qué? ¿Hasta los cojones de zombis? Pues en DC también los tenéis a punta pala. En la foto, el amigo Nekron, jefecillo de toda esta panda de empijamados fantasmales.


Esto nos lleva de cabeza a El Día Más Brillante, donde seguimos los eventos de la Linterna Blanca: gracias a esta, descubrimos que doce héroes y villanos han recibido el don de la resurrección a cambio de que cumplan un propósito específico. Entretanto, tenemos que los Nuevos Guardianes (o sea, los fulanos que recibieron Anillos de colorines en su momento) tienen una misión propia: si bien cada Anillo de Poder, del color que sea, está sujeto a una emoción concreta, resulta que además están sujetos a una Bestia a la que deben controlar. A una de ellas ya la conocemos: Parallax, que es la bestia que poseyó a Hal Jordan, es la que regenta el Anillo Amarillo. Al Verde le corresponde Ion, que es una entidad que ya ha aparecido poseyendo a algún Green Lantern en el pasado, pero de buen rollito. Pues como esas dos, para todas las demás, solo que con bastante mala baba destilada. ¿El responsable de todo esto? Pues, como puede verse, las cosas en el Universo DC raramente se quedan en el tintero: Krona, el que ya metiera la zarpa en su día al crear accidentalmente el Multiverso, reaparece con un cuerpo algo menos mastuerzo que en su encarnación original y sigue dispuesto a dar guerra.



La Linterna Blanca tiene un puntillo a lo Martillo de Thor, la espada Excalibur o la moral del ciudadano medio:
No la levanta cualquiera.


El último macroevento del Universo DC original es conocido como Flashpoint. En este vamos a ver cómo Barry Allen (recordemos, el segundo Flash, fallecido durante la primera Crisis y vuelto a la vida en Crisis Final) anda pelín desubicado. Normal, con la cantidad de jaleos que se ha perdido por haberse pasado muerto casi veinte años. Más desubicado se encuentra al despertarse en un mundo que no reconoce, donde la Liga de la Justicia no existe, Batman en realidad es Thomas Wayne y no su hijo, que murió asesinado en un callejón junto a su esposa, Europa se ha hundido en el océano, y donde lo único que queda del viejo continente son las Islas Británicas, tomadas por las Amazonas. Algo (o alguien) ha cambiado la historia y a Barry le da la nariz de que ha sido el Flash Reverso, que ha andurreado jugueteando con el tiempo por ahí, precisamente para que la creación de la Liga de la Justicia jamás tuviese lugar. Nuestro amigo el velocista intentará arreglar la cosa, pero como ya viene siendo costumbre, nunca se arregla un Universo en una crisis de esta, o no del todo: el resultado es que surge, ¡SÍ! Un Nuevo Universo DC, donde se mezclan las tres vertientes que la editorial tenía hasta ahora: El Universo DC de toda la vida, el Universo Vertigo (la línea para adultos de DC, donde podíamos encontrar a personajes como John Constantine, la Cosa del Pantano o The Sandman) y Wildstorm, que era una línea con cabeceras que iban por su cuenta, sin relación directa con DC (como Planetary o The Authority). Barry Allen, tras haber hecho lo que ha podido, despierta en un Nuevo Universo, pero recordando todo lo sucedido. Como nota curiosa, encontramos que Batman vuelve a ser Bruce Wayne. Gracias a la información dada por Flash, éste supo lo que iba a pasar y sacrificó su vida por su hijo.


Corre, corre, que te van a echar el guante.


Y esto es, yendo muy deprisa y omitiendo detalles de menor importancia, un repaso de todos los eventos gordos que ha ido publicando DC desde 1985 en adelante. Como habéis podido ver, he omitido cosas menores, como el caso de Invasión u Nuestros Mundos en Guerra, para centrarme en aquellos que han causado verdaderamente una huella firme en el Universo de la editorial. Como este artículo está pensado para lectores novatillos, supongo que los más avanzados entenderéis que haya simplificado tanto el asunto. Pese a eso, entiendo que la lectura de este artículo resulte un poco complicada, ya que hablamos de un resumen de una cantidad muy grande de material.
En cualquier caso, si os surge alguna dudilla, no dudéis en plantear cuestiones en los comentarios. Lo peor que puede pasar es que no sepa responderlas y os quedéis igual que como estabais.

domingo, 26 de enero de 2014

Mondo Chorra- No se admiten devoluciones, o Ni compasión ni putas hostias.



Este artículo cuenta con dos anécdotas para ilustrar, así como para empezar, aquello de que quiero hablar. Porque dos son mejor que una y así se ve más o menos claro el patrón de según qué cosas.
Nuestra primera anécdota tiene lugar hace ya casi diez años, en plena época universitaria y donde, de vez en cuando y por diversas razones, voy cambiando de compañías. Es precisamente una de estas personas que me rodea la que se convierte en una razón en sí misma. Hablo de esa clase de gente que empieza siendo amiga y, en última instancia, se acaba volviendo majara y se toma unas confianzas de órdago para dedicarse a faltarse al respeto. Y no hablo de bromas que no se interpretan como tal: hablo de una desgracia con patas que se permite el lujado de decirte frases tan bonitas y cargadas de emotividad como "Tú no eres más gilipollas porque no puedes". Y oiga, que si hay un motivo claro para decírmelo (yo mismo podría haberle hecho una lista, de haberme preguntado), pues vale, cada uno con su opinión y que espurree la mierda que le salga del culo. Pero el asunto es que estamos hablando de gente (o gentuza, más bien), que parece sufrir un puto episodio de enajenación mental y pasa de ser amiga un día a, en cuestión de horas, cruzársele los cables y dedicarse al insulto barato y gratuito. Sin darte explicaciones ni putas hostias, pese a que tú le preguntes a qué cojones viene esa actitud chulesca e insultante. Como mucho, el consabido "Tú sabrás por qué estoy cagándome en tu puta madre", como si uno fuera un puto telépata o como si la subnormalidad que a la otra persona se le pase por la chota le diese derecho a coger y putearte porque sí.
Con esta gente, como cabe esperar, lo lógico es la política de mandarla a tomar por culo: se pueden permitir muchas cosas, pero que alguien medianamente cercano se permita el lujo de faltarte al respeto es algo que no se debe consentir a ser humano alguno. De hecho, eso fue lo que hice: a la mierda con todos los gastos pagados y propicios días.


Al carajo ya. Le vas a faltar el respeto a Perry.


Pasa un añito y, tras haber retomado contacto con una amistad común, a esta persona se le vuelven a recruzar los cables y me manda un correo, diciendo que ha pasado tiempecillo y que podríamos retomar el contacto nosotros también, que si tal, que si cual. Yo leo aquello y, aunque me alegro de que la otra persona haya parecido recapacitar ante aquella monumental meada fuera de tiesto, le digo que si quiere hablar del tema me espere a la salida de un examen común que tenemos.
Esta persona accede.
Así que se presenta uno al examen, se patea los hocicos con Robert Peel, Eli Whitney y un montón de nombres de tíos que figuran en lo que probablemente sería una de las asignaturas más plomizas de la carrera y se queda a esperar a esta persona, para ver qué leches le va a contar para explicarte todo ese repertorio de sinvergoncerío y mala leche que tuve que tragarme de su augusta persona. A esto que sale y la conversación resulta, como poco, decepcionante:

—¿Qué tal? —me pregunta.
—Bien —respondo yo, esperando a que abra la boca y empiece a explicarse. Total, yo no fui quien empezó a insultar a esta persona, con lo que considero que, si alguien tiene que sacar el tema y empezar a contar qué coño pasó no soy yo. Bajo ningún concepto.
El caso es que esta persona, fíjate tú por dónde, no mencionó el asunto ni de pasada siquiera: la conversación que inició fue un diálogo absurdo y lamentable acerca de lo difícil que había sido el examen. Pero de por qué se dedicó a ponerme a caer de un burro y lanzarme insultos de intensidad moderada, ni mu. Con esto, me queda claro que esta criatura de Dios se ha creído que, efectivamente, sigo siendo gilipollas y que mi corazoncito se puede compadecer de un puerco correo electrónico enviado a colación de lo sucedido con una tercera persona. Se ha debido creer que he pasado por alto toda esa sarta de memeces que me soltó.
Se ve que no me conocía tan bien como creía.
En pocas palabras, pidió una oportunidad para enmendarse, la cagó miserablemente y se volvió por donde había venido: es decir, se fue de nuevo a hacer puñetas.


Así.
Y sin cargo de conciencia alguno.


Pasamos a la siguiente historia, unos años después, ya terminando mi licenciatura. Es justo en esta época cuando ingreso en lo que, sin problema en asumirlo, podría ser una de las peores bandas de rock duro de mi ciudad. Cómo no, me dedico a llamar a todos los amigos que puedo para que vengan a vernos a un bolo que damos en un bareto del centro. Soy consciente de que a la mayor parte de estos amigos míos el rock duro o el heavy metal son géneros musicales que no les entusiasman, pero tanto ellos como yo tenemos claro que esto no es más que una excusa para vernos y echar un rato, nada más.
De entre todos estos, llamo a una persona y le comento el tema en cuanto tenemos fecha, más de un mes antes de la actuación.

—No creo que vaya —me suelta.
—Te lo estoy diciendo con bastante tiempo de antelación —respondo yo, recordando el hecho de que esta persona en sí ha sido experta en quejarse de que la gente de la carrera nunca nos vemos.
—Ya, pero es que ese no es mi ambiente —es su principal argumento.

Dicho de otro modo, hablamos de alguien que se pasa todo el santo día echándonos en cara que si hay que ver, que si nunca nos vemos, que si ya va tocando, que no veas que aburrimiento de vida... Y en el momento en que le comentas el asunto (porque, joder, que un amigo venga a verte tocar por mal que lo estés haciendo te hace mucha ilusión) coge y se quita de en medio miserablemente. Porque no nos vemos, lloras y encima para quedar vienes con exigencias chorras, cuando tú eres la primera en:

1) No quedar con tus amigos ni a tiros, pero ser la primera en quedar con gente que te pone a caer de un burro y luego contarnos lo desgraciada que te sientes con esa gente.
2) Usar excusas tan rematadamente absurdas para no quedar, tales como "Mejor me quedo en casa leyendo" o "Es que tengo que estudiar" (aunque sea sábado por la noche y me haya pasado toda la puta semana estudiando a diario).
Más concretamente, que antepones la queja y el lloriqueo de no vernos a coger, hacer frente a esas cosas y ponerle solución.


Imagino que es porque mola más el rollito "Soy una víctima del mundo, compadeceos de mí".
No sé a vosotros, pero a mí personalmente que alguien se pase todo el día con el morro colgando y no te cuente otra cosa que no sean penas me resulta cargante.


Como es natural, esta respuesta me dolió bastante, pero preferí coger y pasarme por el culo las niñaterías de reinas del drama y hacer lo que se debe hacer en estos casos: No insistir. Que cada uno haga lo que le dé la gana, pero ya lo tenía claro: que no me viniese con nuevas patochadas del "A ver si nos vemos, que nunca quedamos", que entonces le suelto la artillería dialéctica en plena cara.
Pasan unas tres semanas y veo que esta persona me felicita el año nuevo de la forma más escueta posible (he visto telegramas con más retórica), a lo que yo le doy las gracias y sigo a lo mío, sin entrar ni en lo del concierto ni en otra de las historias absurdamente tristes con las que esta persona me ha venido bombardeando durante varios años (y que yo, como gilipollas perdido que soy, he escuchado con mi mejor intención, intentando ayudar). Paso, no estoy para payasadas ni para que me cuenten penas. Ya me he dado cuenta de que hay gente que te cuenta su mierda, no porque busquen consejo o que alguien les escuche: hay gente que, sencillamente, te busca para escuchar ellos mismos su propia mierda, sin interés alguno por salir de ella.
En apenas veinticuatro horas, esa persona ha dejado de tener contacto conmigo.
Sin explicaciones, tampoco.

Varios años después, una amiga común me saca el tema y me viene con las justificaciones y las defensas a ultranza que tanto me encantan:

—Tendríais que hablar —me suelta.
— Pues que venga ella y me busque, que fue la que me mandó a la mierda —respondo yo.
— Tú sabes que eso no lo va a hacer.
— Me muero de la pena.



Puto ja.

Después de este ejercicio de sarcasmo, seguimos ahondando en el asunto y me entero de que la otra persona, agarraos, me dejó de hablar porque "Se pensaba que me había enfadado con ella".

—Pues claro que me enfadé —aclaro yo—. Aquel concierto era importante para mí y me habría gustado que la mayor parte de mis amigos viniesen. Que uno de ellos no venga porque no le da la gana, como entenderás, no es algo para reírle las gracias a nadie, ¿no te parece? Pero vamos— continúo—, que ya podía haber hablado el tema conmigo, porque yo tampoco voy a mandar a la mierda a nadie por algo así. Cosa que esta persona, por lo que veo, sí que ha hecho.
Y aquí viene la respuesta guai:
—Es que tú ya sabes cómo es.


¡Muy bien! ¡Con eso nos ha quedado todo claro, sí señor!


Y ante semejante mamarrachada de respuesta, pienso: "A ver, ¿hipersensible? ¿Irracional? ¿Cobarde? ¿Con un serio problema que la lleva a rechazar el contacto con gente con la que siempre se ha llevado bien y una enfermiza preferencia por gente que la putea viva?"
Podría seguir usando adjetivos que resumen una actitud tan bonita como esta. En lugar de eso, lanzo mi contrarrespuesta:

—Y tú ya sabes cómo soy yo.

Resumiendo: "Que no aguanto tonterías de nadie, y menos de gente a la que considero amigos".

Dos casos: uno de una persona a la que mando yo a la mierda y de otra que me manda a la mierda a mí, pero la actitud viene a ser la misma. La actitud de tener cruces de cables de lo más tontos y mandar a tomar por culo una amistad porque "son sensibles" o porque "han tenido un mal día". Y por lo visto, como "son así", ya tienen carta blanca para hacer lo que les salga de los orificios rectales. Nos tiene que parecer bien porque son personas complejas, afectadas y con una personalidad muy marcada.
Son personas cuyas mongoladas no tenemos por qué aguantar, y puto punto.


Podemos parecer bordes... Pero es que algunos, sencillamente, estamos ya hasta los cojones.


Como ya he comentado en alguna ocasión, yo no soy lo que se puede definir  como una persona del todo fácil de tratar: tengo mis cambios de humor, como todo el mundo, y mi sentido del humor en ocasiones puede medirse en una escala que oscila entre "variable" e "inexistente". Sin embargo, puedo decir sin mucho miedo a equivocarme, que suelo ser coherente en mis decisiones. Preguntad por ahí y tened por seguro que, si mando a la mierda a alguien, es con todos los gastos pagados y sin posibilidad de devolución. Porque no hablamos de un puto jersey de rebajas, sino de las relaciones interpersonales. Algo que de por sí me resulta bastante complicado y que me suelo tomar medianamente en serio a la hora de entrar en contacto con alguien. En el momento en que ese alguien empieza a comportarse como un soplapollas, me falta al respeto o se dedica a echarme las culpas de su mierda, ahí tenemos dos opciones: o me manda a tomar por culo él, o lo mando a tomar por culo yo. ¿La diferencia? Que, por lo general, cuando lo hago yo de esa persona no vuelvo a tener noticias en lo que me queda de vida; cuando son otros los que lo hacen, vienen a buscarme en el momento en que se les ha pasado el avenate y se creen que con decir "Hola, buenas" ya está todo arreglado.
Pues va a ser que no.



"Hola, te insulté, me cagué en tu puta madre y te mandé a tomar por culo. Pero tú y yo guai, ¿no?"


Y es que a ver, llega un punto en tu vida en que exigir las disculpas de alguien que se ha comportado como un imbécil contigo es absurdo; en ciertas ocasiones, resulta incluso prepotente. Si esa persona de verdad quiere arreglar las cosas, lo correcto a mi juicio es que te dé una buena explicación acerca de por qué se ha comportado así. Y la disculpa, si eso, pero lo primero es lo primero.
Poca gente he visto yo que, tras haberme puteado vivo (creedme, unos cuantos lo han hecho ya en estas tres décadas y pico que arrastro al lomo) han cogido y me han dicho "Mira, lo que me pasó fue esto, esto y esto". No. La actitud básica es coger, mandarte a la mierda por una cruzada de cables y luego esperar a que se les descrucen de nuevo y aquí no ha pasado nada.
Mis putos cojones.

Es una historia que, por algún motivo que escapa a mi limitado entendimiento, jamás llego a pillar del todo: me resulta hasta insultante, si os digo, porque me da la impresión de que se piensan que soy tan palurdo como ellos y que me olvido de un hecho tan sencillo como que tenía un amigo y, de buenas a primeras, dejé de tenerlo de la noche a la mañana. Y que, con las mismas, pues hala, bienvenido de nuevo. Y por lo visto me tiene que parecer fenomenal, como si no hubiera bastantes humanos en este planeta con los que relacionarme. Como si todo desgraciado que te falta al respeto fuese tan sumamente valioso que no nos podemos permitir el lujo de perderlo de vista. Como si hubiera que atesorar con fuerza al primer imbécil que se nos arrima y consentirle todas y cada una de sus neuras y gilipolleces porque "son así". Y a los personajes estos os digo que compasión con ellos, cero. Porque te la hacen una vez, te la hacen dos y te la hacen la cantidad de veces que les dé la puta gana si saben que se lo consentís todo.



"Te pegué una paliza, te quemé el coche y destrocé tu casa. Pero tienes que entenderlo, tenía un mal día y YO SOY ASÍ DE INTENSO".


Pues os lo digo claro: yo estoy ya hasta los mismísimos cojones de esa obligación de tener que comprender a cualquier cretino que se permite esas confianzas (o abusos de confianza, más bien) conmigo. Estoy harto ya de tener que ser comprensivo con gente que tiene arrechuchos y cambios de aire que ni ellos mismos entienden. Que tienen un problema, desde luego... pero eso no me obliga a mí a ser partícipe de ellos, ni a consentir faltas de respeto sin explicaciones, ni excentricidades, ni escenitas dramáticas ni gilipolleces varias. No me obliga a contagiarme de su mierda y ser objeto de sus ataques de divas enloquecidas. La vida es demasiado breve y demasiado valiosa para perderla junto a gente que, lejos de apreciar lo que es rodearse de un buen ambiente, se dedican a tratar a la gente como si fueran calcetines: hoy me los pongo, mañana me los quito, pasado me los vuelvo a poner y este verano que hace calorcete pues me los quito una temporada hasta que me dé el punto.
No. Ni de puta coña.
Bastantes problemas tiene uno ya en su vida personal como para tener que soportar los de otros. Porque desde que tenemos pelo en la entrepata somos conscientes de que nuestros problemas, así como nuestras decisiones, son nuestros y de nadie más: los asumimos, los combatimos o nos los metemos por donde nos quepan, o podemos pedir ayuda para solucionarlos (aunque al final siempre somos nosotros quienes debemos ponerles fin, y no esperar a que los demás los hagan por nosotros), pero pagar nuestros problemas con otros (y justificarnos de una forma tan chapucera como la mencionada arriba de "Es que yo soy así") no nos convierte ni en "sensibles", ni en "temperamentales", ni en "especiales" ni hostias en vinagre. Nos convierte en una panda de desgraciados que lo único que nos merecemos es que nos manden a la mierda sin billete de vuelta.

sábado, 18 de enero de 2014

Escupiendo Rabia- La Tiranía de las Estadísticas, o "Tomar una referencia como la Verdad Absoluta".



Para empezar a hablar de este tema, vamos a menear nuestros bullarengues, cómodamente asentados en nuestros sofás, unos cuantos años hacia atrás en el tiempo. Volvamos a la época en que un servidor andurreaba por el instituto, traficando con cintas de cassette de los Van Halen y haciendo caricaturas de los profesores, de sus compañeros de clase y (por supuesto) de sí mismo en una esquina de los apuntes en clase.
De toda esta época vamos a quedarnos con mi clase de matemáticas de COU (para los nacidos después de 1982, el equivalente a segundo de Bachiller), donde una profesora me da clase de estadística y probabilidad. Nos cuenta un poco por encima lo que viene siendo la fiabilidad de ambos métodos matemáticos y un poco sus aplicaciones. Al terminar, su frase es tajante: "La estadística es aproximada, pero lo realmente fiable en términos matemáticos es la probabilidad".

Pasan unos pocos de años después de esta clase y descubro que no solo medio planeta se ha pasado por el forro este planteamiento, sino que se hace justo lo contrario. Se llega a una tiranía total de la estadística como método, que pasa de ser una herramienta más o menos útil para tener un dato aproximado acerca de algo a tratarse como la Verdad Absoluta e irrefutable. Para muestra, un botón: a cada día que pasa, nos bombardean todo el puto rato con según qué planteamientos sacados del forro de los cataplines, con la coletilla de "Un estudio científico lo avala"; este "estudio científico" (generalmente etéreo y llevado a cabo por una Universidad Innominada), si viene algún referente a su metodología es precisamente un estudio estadístico. Y nosotros, como tal, nos lo tenemos que creer, aceptándolo sin reservas.


Ejem, cuando decía "Aceptar" no me refería a estos...


Ahora, la pregunta que cualquiera se haría es: ¿Es entonces la estadística un mal método?
Para llegar a la respuesta que tengo vamos a hacer otra paradita en el tiempo. Esta vez, nos vamos a la época en que hice primero de Psicología. No duré mucho tiempo aquí, así que va a ser una paradita corta; vamos a meternos en un par de clases, empezando por una de Psicología Diferencial, que impartía un tipo bastante simpático cuyo nombre, me temo, olvidé hace mucho (al fin y al cabo, solo estuve un curso en aquella facultad antes de descubrir que mi vocación tiraba por otros derroteros). El caso es que este profesor nos hablaba de cómo se hacían los estudios en general y demás, y nos hablaba de cómo el ego puede pervertir una investigación. Al fin y al cabo, los investigadores pueden ser cientíiificooos (leer con eco), pero tampoco dejan de ser humanos. Como tales, son falibles de cojones y oiga, también son incapaces de reconocer errores. En vicisitudes como ésta, nos aseguró este profesor, son perfectamente capaces de falsear sus estudios (nuevamente, estadísticos, que son bastante fáciles de manipular y falsear, como explicaré un poco más abajo) con tal de que sus hipótesis personales estén avaladas por algo tan supuestamente "irrefutable" como es la ciencia. Hasta tal punto, aseguró, que ha habido investigadores "serios" que llegaron a plantear la hipótesis de que la gente de raza negra era menos inteligente y, echándole más pelotas al asunto, llegaron a respaldar semejante idiotez con un estudio científico que lo avalaba. Un estudio manipulado, falseado y tergiversado hasta la médula, pero oiga: si un estudio científico lo avala (o dice avalarlo), siempre hay algún idiota que se lo traga.


Hala. P'adentro.


Pasemos al segundo punto acerca de por qué un estudio estadístico no tiene por qué ser fiable o, mejor dicho, por qué no debemos aceptarlo como La Verdad Absoluta sobre Todo Sin Excepción. Seguimos en la Facultad de Psicología de mi ciudad, donde tenemos que el profesorado, en un alarde de consideración y de rectitud (lo siento, chicos, aquí viene la crítica bestial) tomaba las asignaturas de práctica de cualquier asignatura de primero (incluida Historia de la Psicología, ¿para qué coño querrían prácticas de eso?) como su caldo de cultivo personal para los proyectos que llevaban a cabo los laboratorios. Me explico: ya sabéis que un profesor de universidad, aparte de impartir clases tiene sus horitas de investigación en la materia en la que esté especializado, ¿vale? Pues si seguimos la línea de pensamiento, el plan del profesorado era sencillo: tomar las prácticas como baluarte para que los alumnos de primero hicieran el trabajo sucio a los profesores; dicho de otro modo, si querían hacer un estudio estadístico sobre cualquier cosa, tenían que pasar una encuesta. ¿Se iba un profesor a pringar las manos en pasar una encuesta a un grupo poblacional? No, para eso estaba el alumnado; y además, esa práctica se llevaba la etiqueta de "obligatoria", de forma que si el alumno no la hacía, contaba con una nota negativa. Así de ético, y dicho prácticamente con este descaro en las putas narices del que iba a clase a estudiar. Y encima nos tenía que parecer bien.

El caso, y voy más al grano, es que el alumnado no es diferente de cualquier otro ser humano: le pones a hacer un trabajo que considera una soberana gilipollez (o en su defecto que le importa una mierda), que no está en absoluto relacionado con lo que está estudiando (era la constante en estas prácticas, que no tenían relación alguna con el tema que se daba en clase) y se lo pasa por el forro de los cojones. Para ser más claro, lo que hacían era inventarse la estadística para no suspender la asignatura (bien por eso o bien porque no tenían a al menos una decena de señores de entre setenta y cinco y ochenta y cinco años a mano para torturarlos con una encuesta de cien preguntas). Y esos estudios, amigos Distópicos, luego iban a un despacho, donde el profesorcete de turno, con menos ganas de hacer comprobaciones que un servidor de esquiar en pelotas, daba por hecho que le habían hecho correctamente el trabajo que él no quería hacer y seguía currando con lo suyo.
De verdad que no me atrevo ni a preguntarme cuántos de estos estudios llegarían a alguna parte, pretendiendo hacer que el pobre desgraciado a cuyos ojos llegase se creyese ese montón de patrañas.


"Según esto, las personas rubias naturales de veinticuatro años tienen mayor tendencia a que les atropelle un tren de cercanías a las diez de la mañana mientras escuchan a los Maiden que el resto".


Por tanto, llegamos a la respuesta que lleváis un par de párrafos esperando: los estudios estadísticos son una buena herramienta para acercarnos a la verdad (si es que tal concepto existe realmente), pero NO son La Verdad. Cuando llega alguien del Gobierno plantándonos una estadística en la jeta, lo primero que tenemos que pensar es una cosa: ¿A cuánta gente le ha llegado ese estudio? No es la primera vez que para hablarnos de cosas tan surrealistas como "Lo que piensan los jóvenes de nuestro país" (anda, ahora resulta que son como hormigas y poseen una mente colectiva y ya nadie discrepa con nadie) se pasan encuestas a unos mil estudiantes en UN instituto vete a saber dónde. ¿Es este estudio fiable? Pues depende: es fiable si el instituto tiene mil quinientos estudiantes y le pasas la encuesta a mil de ellos. Así puedes ver lo que piensa la gente de ESE instituto y en ESA localidad; ¿es fiable a nivel nacional, como nos lo intentan colar una y mil veces? Ni de puta coña: haced un cálculo de lo que puede ser la población en edad escolar en nuestro país (pongamos, hablando así hipotéticamente, que esa población llegase a un 10% de la población total, que en España son unos cuarenta y pico millones). Tenemos, por tanto, que entrevistar a mil chavales de un centro educativo es más o menos tan representativo como coger una nota musical (un re, por ejemplo) y decir que una sinfonía está basada en esa nota. Es decir, estamos tomando una muestra poblacional ínfima apenas representativa y la estamos asociando con el todo, cayendo de paso en una falacia de generalización apresurada, cuya definición dejo por aquí:


Y de cositas como esta empiezan a surgir "datos" y "cifras" que a ninguno nos cuadran, cuando estos "estudios" tocan a algún tema del que tengamos una ligera idea.

Por último, tenemos que pensar en un hecho bastante nihilista y misantrópico, pero en absoluto (a mi juicio) alejado de la realidad: la estadística basada en encuestas parte de un concepto muy bienintencionado que es dar por sentado que la gente dice la verdad en ellas. Por muy anónima que sea la encuesta, eso en caso alguno va a evitar que la gente mienta por el motivo que sea (por ejemplo, mentirse a uno mismo, que es un factor muy, pero que muy extendido) y eso, nos pongamos como nos pongamos, es virtualmente imposible de detectar o cuantificar en un estudio estadístico, a menos que hagamos un test Voight-Kampff como el que hacían en Blade Runner. Y aun así, siempre tendríamos que contar con que puede haber algún mentiroso compulsivo que sea capaz de burlarlo. O alguien que responda algo equivocado y que considere cierto, por lo que para él no estaría "mintiendo". Este es un margen de error mínimo, cierto... pero tenemos que tener en cuenta que todo estudio científico fiable debe (o debería) contar con el factor ruido. Para entendernos, se entiende por "ruido" todo aquello que entorpece la fiabilidad de una investigación: por ejemplo, si estamos hablando de un experimento de química en que tengamos que calentar algo, entenderíamos por "ruido" que la temperatura ambiente no sea la correcta y pueda modificar el resultado de lo que andamos investigando. Este factor, como mucho, se puede estimar a la pata la llana: algo del tipo "Mira, vamos a estimar a ojo que el 10 o el 15% de los encuestados mienta"), pero no podemos basarnos en algo medianamente fiable porque cada uno es un mundo y, si bien puede ser veraz y sincero en algún tema, lo mismo con otro nos la cuela. Y eso no hay Dios que sea capaz de medirlo.


"Todo el mundo miente" es uno de los mantras de la serie House, M.D.
Puede parecernos exagerado, pero si lo pensamos, todos mentimos en mayor o menor medida: por no hacer daño, por quedar bien o por engañarnos a nosotros mismos.
Llamadme cínico, pero para mí esto es así.


Por tanto, mi pensamiento personal es que la estadística es lo que es: una herramienta de aproximación, que te puede dar datos más o menos fiables si se analiza un grupo poblacional muy muy grande y que represente a la mayor parte del territorio... lo que implica muchísima pasta y muchísimo trabajo. Aparte, hay asuntos (por ejemplo, si ponemos un estudio poblacional sobre tendencias o cosas que están muy de moda) en los que la opinión pública puede cambiar de un día para otro, con lo que en el momento en que llegas a tener un recuento más o menos concreto de toda esa muestra poblacional resulta que se te va al carajo porque la gente ha cambiado de opinión.
La estadística puede estar bien como referencia, pero JAMÁS debería usarse como se está usando ahora, que es dar por sentado el hecho de que todo cuanto vemos en una tablita o con un porcentaje chuliguai va a misa: nos dicen que el perfil del asesino en serie es un varón de un metro setenta y ocho, de unos treinta y seis años y medio y que tiene una familia de 2.5 hijos y ya hay muchos que dan por hecho que esto es totalmente cierto. Incluso el hecho de que tiene dos hijos y un tercero partido por la mitad.


Eso sin mencionar el hecho de que a veces estos estudios se centran tanto en UNA cosa que obvian las demás, lo que viene a ser una versión moderna de los siete ciegos y el elefante: cada uno piensa que su visión limitada de las cosas es la Verdad y tendrá datos que lo avalen. Pero eso, aunque esos datos sean correctos, no implica que haya otros factores que tengan que ver con su tesis y los esté ignorando.
Por tanto, no se acerca a la Verdad que predica.

También tenemos esas estadísticas molonas (aquí entro en terreno personal, con lo que en este punto se me puede contradecir con toda facilidad) que tiranizan los sectores comerciales, donde la frase "Los números dicen que esto se vende más" se toma como un mantra que no debe ser cuestionado bajo ningún concepto, llevando a equívocos tan grandes como "Si se vende es porque el público lo demanda, con lo cual ahora multiplicamos la oferta. Que si quieres arroz, toma veinte tazas". Esta tiranía lo que hace es llevar al extremo la idea de que la venta manda (lo cual es cierto, pero solo en parte), que provocan que se vuelque la balanza hacia lo que se vende de tal manera que se asfixia cualquier otro producto más minoritario, independientemente de la calidad (de hecho es un factor que en un mundo dominado por la publicidad queda relegado a un factor casi anecdótico a la hora de conseguir ventas). Lo que viene siendo coger el concepto de una moda (existente y necesario como símbolo de una generación o movimiento) y convertirla en un imperio que aplaste cualquier otra cosa. Lo vemos a diario, con abortos comerciales tan grandes como en el cine, donde tenemos básicamente dos o tres modas, que se imponen sobre cualquier otra cosa que pudiera rodarse, o asfixiando cualquier otra oferta y convirtiéndola en algo con apenas salida (y jodiendo a esa minoría que pudiera estar interesada... que vale, que son menos, pero no dejan de ser consumidores):

1) Remakes de películas que en su día tuvieron éxito, bajo la falacia de "Los números dijeron que en su día lo petaron, pues sacamos lo mismo y a forrarnos". Una segunda falacia dice que el público se renueva más o menos cada diez años, lo que implicaría, según esta línea de pensamiento (probablemente sacado de cualquier estadística absurda) que una persona joven no vería bajo ningún concepto una peli estrenada en 2004. Por tanto, consideran, es imperativo sacar una versión nueva (y con menos imaginación, porque se da por hecho que la imaginación no es necesaria donde imperen unos buenos efectos especiales, tías buenas/macizorros o muchos chistes).

2) Coger cuentos o historias populares y darles un toque a lo videojuego. Probablemente algún imbécil ha sacado la estadística de que pelis del tipo Hansel y Gretel y su Puta Madre en Bicicleta lo petó y el plan es repetir la fórmula hasta la saciedad, por cojones y sin vaselina... sin plantearse siquiera de que luego la gente se sintiese estafada con semejante truño (o con cualquier otro similar) y, pese a las ventas, saliera cagándose en la puta madre del director.

3) Coger un tema de moda y explotarlo, sacando una o dos pelis buenas al año y el resto, bazofia infumable. El mejor ejemplo que se me ocurre es el del cine de superhéroes, que se puso de moda a finales a principios de 2000 con la primera X-Men, ganó auge con los atentados del World Trade Center, y ha ido sacando cosas tan irregulares y dispares como The Dark Knight y Daredevil. Cada año tenemos tres superhéroes, mínimo, que van cayendo en taquilla y, de las pelis que sacan, pues tenemos una (o dos, como mucho) que está bien y el resto... Mira, del resto mejor nos olvidamos.

4) Hacer pelis para adolescentes, pero tratando al adolescente (para mí tan inteligente o tan estúpido como cualquier otro humano, que conste) como si fuera una especie de retrasado mental que jamás saldrá del instituto y donde todo ronda en torno a una historia de amor tan inverosímil que ni a mis tiernos quince años me habría tragado ni con calzador.


Lo que tiene fiarse de los números y de nada más: Daredevil en su momento debió petarlo lo bastante como para que decidieran hacer un spín-off basado en Elektra.
De tooooooodos esos que fueron a ver la primera peli, se ve que le preguntaron a pocos qué les pareció la peli. Los números dictaminaron que semejante bazofia fue un éxito y hala, ahí que lo llevas.


Y en fin, podría seguir con mil ejemplos más que ilustran cómo tomar los números como la Verdad Absoluta conlleva a una más que posible percepción errónea de una realidad que probablemente no sea tal cual, o bien sea justo lo contrario. El problema, por otra parte, no es que se muestre un dato basado en un estudio de dudosa fiabilidad (o un estudio absurdo, del tipo "Un estudio científico avala que leer te vuelve más inteligente"), sino que haya cuarenta millones de simios venidos a más que se lo traguen y lo den por hecho. Nuevamente, me toca citar a alguien experto en "estadística" que en su día lo petó: el señor Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi, ya dijo en su día que si cuentas una mentira el tiempo suficiente, se convierte en verdad.
Nosotros estamos recibiendo dosis de "verdad" a diario y nadie se dedica a cuestionarla, porque "un estudio científico" o porque "las estadísticas" lo avalan.
Pensemos en ello.