miércoles, 11 de julio de 2012

Escupiendo Rabia- Lo Que Se Ve y Lo Que No



Pues nada, amigos, que los hijoputas esos que están arriba nos la han vuelto a meter por el culo una vez más. Resulta que nos suben el IVA en un 5%, sí señor. Con dos cojones.
A lo que me pregunto yo: ¿Y aquí dónde está la noticia? ¿Acaso el pobrecito homo hispanicus se creía que votando masivamente al Barbas o quedándose en casita tocándose los huevos iba a solucionar algo? ¿Que así era como íbamos a salir de la crisis?
No me hagáis reír.
Que ahora os rasgáis las vestiduras, pero la mitad de vosotros erais de los que decíais que al Malvado Zapatero debía destruirle el poderoso Mariano, con sus Increíbles Superpoderes. Que él nos iba a sacar de la crisis. Que nos iba a llevar a la salvación.
Miraos ahora.
Llorando como nenazas.
Ay, qué penita.

No, esto no es nuevo. No es la primera vez que nos ha mentido un político, que nos ha metido el cipote hasta el cogote y, desde luego, no es la primera vez que nos hemos rasgado las vestiduras, como si no supiésemos nada. Como si no nos fuésemos a esperar que nos iban a rajar las almorranas de arriba abajo.

Que sí. Que a tal punto nadie se esperaba que fuésemos a llegar.
¿O tal vez sí?
¿Qué esperábamos encontrar de un gobierno que, en su campaña electoral, no tenía un programa claro? ¿Qué podíamos esperarnos de un fulano cuyo objetivo era "crear empleo" sin especificar como? ¿Acaso nos extraña que ahora no solo no lo cree, sino que lo destruya? ¿Acaso nos resulta raro que a estas alturas de la película el rescate a la economía española y la intervención política se hayan convertido en un hecho pregonado a los cuatro vientos?
¿Acaso os resulta raro que sigamos los dictados de una Alemania que, cada día más, nos dice cómo tenemos que gobernar nuestro país?

A mí, al menos, estas cosas no me pillan desprevenido: no soy Nostradamus, pero toda esta mierda se veía venir;o al menos, se intuye si uno se deja de gilipolleces de partidismos, guerracivilismos y de la eterna lucha del PP contra el PSOE, como el que habla de los Guerreros Heroicos contra los Guerreros Diabólicos.

"¡Pepero!"
"¡Sociata!"
"¡Facha!"
"¡Rojo"
"¡Gilipollas!"
"¡Hijoputa!"


Pero ojo, que aquí para cargar contra el gobierno (sea cual sea, porque no veas la que se lió antes de que el partido gobernante perdiese las últimas elecciones, donde eran poco menos que Heraldos del Anticristo) somos los primeros, pero nunca tenemos responsabilidad de nada.
Nos cagamos en la puta madre de los gobiernos, cuando hemos visto la que se ha liado con las hipotecas: resulta que, si los malos malísimos nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades nos encabronamos y ponemos el grito en el cielo... pero nunca pensamos en aquellos que, con un sueldecito normal y con posibilidad de irse al paro cualquier día de estos, se han metido en hipotecas del carajo, en pisazos de la muerte a pie de playa y viviendo a tutiplén mientras han tenido curro. Luego, cuando se han quedado en el paro y no han podido pagar esas pedazos de hipotecas, han venido las lágrimas. Y sí, que de esto han tenido mucha culpa los bancos es cierto: que nos han prometido el oro y el moro y que han dado facilidades de la hostia... pero nunca hemos pensado que endeudarnos (bajo estas circunstancias que menciono aquí) era un riesgo que no siempre íbamos a saber asumir. Que igual aspirando a un poco menos, podíamos tener una vida de lo más digna.
No.
Lo que una gran parte de nuestra sociedad hemos hecho ha sido ir a muerte, con cosas que, bien tendríamos que pagar a un plazo muy largo, bien cabía la posibilidad de no poder pagarlo (quedándonos en el paro, por ejemplo). Así durante años. Así le hemos dado poder a los bancos, que se han hecho cada día más y más fuertes.

Hemos hablado una y mil veces sobre qué malos que son los de arriba... y lo son, ya que unos y otros han vendido el país a Europa, la cual está haciendo con nosotros lo que les sale del culo. Nuestros gobernantes han permitido la invasión económica y política en el interior de nuestras fronteras, bien porque no tienen la supuesta sangre rebelde íbera que corre por nuestras venas, bien porque Dios sabe con qué nos están amenazando sin que el pueblo llano se entere.

Pero no hemos hablado apenas de la cantidad de gente que estafa al país, cobrando chapuzas y el paro a la vez. De la de gente que ha pagado parte de sus pisos en negro, sin declarar ni pagar impuestos, porque "nos roban ya bastante".
Esa es la justificación para que nosotros estafemos. Para que muchos de nosotros (todos conocemos al menos a uno) vayamos por la vida fardando de lo "listos" (=gañanes) que somos, con teles de plasma, coches de los molones y pisos con muebles de diseño. A golpe de deuda, currando en negro y descojonándose del currito que vive honradamente y que no llega a fin de mes.
Nos cagamos en la puta madre de los políticos, pero estos tíos son los que molan. De estos no decimos nada, no los denunciamos; nos olvidamos de ellos cuando nos llegan las facturas y JAMÁS pensamos que por culpa de estos tíos, en una gran parte, estamos como estamos.

Cargamos las piedras, dispuestos a apalear funcionarios, como el origen de todo mal. Y sí, que por cada funcionario que curra hay otro que se toca los cojones: que es un inepto, que entra a currar a las once de la mañana y para las doce se ha ido a desayunar, cargándole el muerto a sus compañeros.
La gente se va para el funcionario en general, que es lo fácil. Nunca piensa en ese superior que pasa de abrirle un expediente a ese cabronazo que lo que hace es joder al prójimo. Porque total, seamos claros: ese superior no tiene que estar codo con codo con él; como mucho, una visitilla de vez en cuando para dejarse ver y poco más.

"¿Todo bien por aquí, chicos?"
"Puesss... no... la verdad es qu..."
"Vale, fantástico. Volveré dentro de una hora, que tengo que seguir con lo mío, sea lo que sea"


Pero vayamos más arriba, que esto no para: que los funcionarios son unos hijos de puta, ¿no? Vale, entonces que alguien me explique qué coño pasa con los puestos de libre designación (aka elegidos a dedo), donde tenemos gente que no ha pasado por un baremo mínimo de preparación (no suelo defender las oposiciones como un método justo o definitivo, pero es mejor que ninguno), cobrando unos sueldos más que apañados y con una responsabilidad consabidamente superior a la del funcionario medio.
Hablemos de esos cargos que ni Dios sabe a lo que se dedican realmente, que usan el coche oficial para ir al Mercadona o a saber dónde, porque ellos mismos consideran que no tienen que dar explicaciones acerca del uso de vehículos que pagamos todos con nuestros impuestos.
Podemos hablar incluso de la duplicación (o triplicación... qué coño, lo llamaré multiplicación) de la administración, donde cuarenta mil gilipollas dicen hacer el trabajo de cuatro mil. Donde tenemos puestos tan alucinantes como recortar noticias de un periódico, fotocopiarlas y archivarlas (visto en X Consejería de mi comunidad autónoma). Donde tenemos una cantidad de coleguis enchufados en agencias que supuestamente hacen la misma labor que las consejerías, y donde tenemos unas Diputaciones que...
Joder, a día de hoy, ¿alguien sabe para qué coño sirve realmente el organismo conocido como la Diputación?

No hay pasta.
Voy yo y me lo creo, cuando veo que se inyecta una barbaridad de dinero a seres tan bienintencionados y tan sacrificados por el país como la banca o la Iglesia. Dos elementos que, si bien los primeros han jodido al personal a base de prometer el oro y el moro para luego extorsionarnos a todos, los segundos se han dedicado a apropiarse de todo el patrimonio que han pillado, argumentando que "es suyo porque la Iglesia está aquí desde antes de que existiera España". Partiendo de una idea tan generosa y tan cristiana, encontramos que aquí los amigos de la sotana no es que no paguen impuestos por los templos (lo cual se aplica a cualquier templo religioso de cualquier confesión), sino es que además son propietarios de pisos, aparcamientos y una cantidad acojonante de bienes inmuebles por los que no han declarado ni un puto duro.
Esos tíos.
Esos hijos de la grandísima puta.
Para ellos SÍ hay dinero.

Hablemos de más hijos de puta, que se siguen comportando como la jodida aristocracia del s.XVIII, que cobran verdaderas burradas y que se dedican a vivir del cuento. Aquí si entran los políticos, que viajan en primera clase, como el puto rey del mambo. Y eso no es una cuestión ni de PP ni de PSOE ni putas hostias: en cualquier ayuntamiento, en cualquier diputación, en cualquier cargo político, el paleto de turno que no vale ni para el campo, pero que se ha afiliado a tal partido y se dedica a chupar pollas toda su puta vida... ese esperpento con patas es el que nos está arruinando. Y ese esperpento con patas no es muy distinto del soplapollas del bloque, que vive como el puto Dios, tocándose los cojones y estafando a todo Cristo. No hay mucha distancia entre ese cabrón y el que se dedica a apuñalar por la espalda al compañero a base de cargarle con el trabajo que no quiere hacer.

Ese es el espíritu.


Aquí lo que se ve es que no hay dinero; lo que no se quiere ver es que sí que lo hay. España hasta la fecha ha sido el país donde se han movido más billetes de 500 euros. ¿Cómo? A base de dinero negro, de compras no declaradas. Esas "chapuzas" que hemos pagado a nuestro colega Paco o al cuñao Manolo sin factura, porque total, así "ganamos todos".
Todos, desde luego.
Ahora me diréis que no conocéis casos de gente que la legalidad para hacer algo se la ha pasado por el forro: fulanitos que construyen en un terreno que tenían por ahí, pero sin dar de alta la construcción. En mi ciudad yo he llegado a ver urbanizaciones enteras en este plan, que al final no eran más que un puñado de casas en el campo, sin calles ni nada. Construidas sobre el suelo, sin contar con nadie. Ni licencia de obra ni putas hostias. Luego a quejarse de que no llegan servicios públicos básicos como la luz o el alcantarillado.
O a lloriquear y berrear si luego viene el ayuntamiento y les tira abajo "su casa".
Gente que no ha declarado una ampliación de su finca y, donde había una casita de campo, se montan unas pedazo de mansiones que te cagas, pagando en negro a un puñado de colegas o directamente por medio del trueque (que se sigue estilando, aunque sea con el método del "favor por favor"); es decir, haciendo lo que les da la puta gana sin contar con que hay unas normativas y unas leyes al respecto.
Para saltarnos las leyes somos todos muy listos, pero nunca lo bastante como para aceptar las consecuencias.

Como he comentado en algún post anterior, vayamos a algún polígono por las mañanas: el paro aumenta cada día, pero los camiones no dejan de entrar y salir. Raro, ¿no? Pues no tanto, porque muchos de esos camiones son de gente que están en paro... pero eso no quiere decir que no estén trabajando. Quiere decir que están cobrando por ambas partes.
Y lo vemos como "lo normal".

Pasemos a lo de los recortes en sanidad y educación, que a mi juicio es de las mayores barrabasadas acerca del supuesto estado de bienestar con el que tanto se nos ha llenado la boca.
Hemos puesto el grito en el cielo cuando nos han recortado cosas básicas, y no nos ha faltado razón... pero tampoco pensamos jamás en lo que hemos hecho nosotros antes. Porque sí, hemos abusado del sistema, y a lo bestia.
Pensad si no, en el típico caso del abuelo que va al médico y, gracias a la pensión, ha pillado medicamentos para todos a menor precio. Pensad en esa tendencia que hemos tenido a copar los servicios de urgencia para verdaderas gilipolleces, como el caso que me contaba una amiga mía médico:
Llega a urgencias una tipa, solicitando una ecografía.
- ¿Qué sucede?- pregunta mi amiga, como indica el protocolo. No es plan de hacerle pruebas a un paciente por la cara.
- Es que quiero saber si me he quedado embarazada y no puedo esperar.

¡Muy bien!


Para eso está urgencias, según esta tía: para que uno pueda echar mano de pruebas que son caras porque le sale del potorro. Para colapsar las colas (porque estos casos no son ni uno ni dos), mientras hay gente en la camilla de al lado que igual SÍ viene por algo serio. Puede que haya gente que esté a punto de palmar (eso suele pasar en urgencias), y cuando uno acude a estos servicios para estas cosas, está quitando dinero y tiempo al sistema.
Pero luego usamos la fórmula mágica que es la que nos exime de todo: "Tengo derecho, ya que pago mis impuestos". Sí, señor. Esa es la actitud: pagas y te dedicas a estorbar y a causar gastos innecesarios, siempre pensando en los demás. Eso es.

Con la educación ha pasado algo relativamente similar: aquí los que han abusado son aquellos que se han creído que, por haber aprobado un examen de oposiciones, pueden pegarse veinte años (o hasta que se jubilen) haciendo lo que les salga de los huevos. Así han surgido las cosas que he denunciado una y mil veces, con profesores que van al curro (pero no a currar), baremos de evaluación subjetivos y otras perrerías que lo que han hecho han sido empobrecer el sistema educativo. Pero, ¿qué hemos hecho nosotros? Hemos hecho caso a millones de estudios fantasma, firmados por nadie sabe quién, donde nos han dicho que somos lo peor que ha parido madre, y asegurándonos que tal técnica, que tal reforma de mierda, mejorará el sistema.
Cuando hemos visto que lo ha empeorado, ¿qué hemos hecho?
Echar la culpa a quien no se debe y seguir abogando por la destrucción de la educación.
Lo que tenemos ahora no es más que los restos de la cantidad de mierdas que se han perpetrado durante quince años de degeneración del sistema. Somos el país que más reformas educativas ha realizado en menos tiempo y a todos nos ha parecido fenomenal.
Y digo que nos ha parecido fenomenal porque siempre hemos elegido a los subnormales que las han llevado a cabo. Nos hemos quejado cuando lo han hecho, también... pero al final, parece que son nuestros amiguitos o algo, porque siempre han acabado por estar ahí arriba.

Y es que somos más falsos que Judas, coño.

Nos hemos quejado de las reformas laborales, pero hemos sido los primeros en aceptar empleos basura por una puta miseria. De currar en empresas sin estar dados de alta, es más: de que la empresa "No te pueda prometer un contrato" (esto último lo he vivido yo mismo).
Porque parece que sangrándonos y explotándonos de esta manera nos están haciendo un favor.
Porque hemos adaptado la máxima de "Si no lo cojo yo, lo cogerá cualquier otro".
Con esa actitud sabéis lo que hemos hecho, ¿verdad?
Nos hemos convertido en una gran parte responsable de la cantidad de abusos laborales que se han venido cometiendo en nuestro panorama laboral a lo largo de los últimos años, hasta el punto de que lleguen a normalizarse.
Ahora, ¿qué sucede? Que en vez de convertirse en aberrantes, estas prácticas ahora se han hecho oficiales. Gracias a nuestra pasividad y nuestra sumisión, y a que encima las corporaciones de empresarios se dedican a lamerle el cipote a los gobernantes (sí, a esos que hemos elegido con nuestro voto), aquí lo tenemos:
El mamoneo ahora es perfectamente legal.

Fuck yeah!


Se nos ha llenado la boca a más de uno con eso de que la inmigración es algo que no es necesario controlar. Con consignas sesenteras de "No hay personas ilegales", que queda muy bonito... pero cuando esas personas han entrado en nuestra frontera y se han dedicado a trabajar en negro, llevando a cabo una cantidad de curro no declarado del que muchos españoles se han beneficiado de manera ilegal, aquí no ha pasado nada. Porque denunciar esas prácticas nos ha parecido racista (¿Disculpa? ¿Es que ahora hay que ver quién lleva a cabo tal o cual práctica para determinar su legalidad o no? Y si unos las llevan a cabo, ¿resulta que es más o menos legal lo que hacen atendiendo a su raza? ¿No es esa una actitud discriminatoria?)




Coloco aquí la definición de Racismo, según las dos acepciones que contempla el diccionario de la RAE, para que algunos se enteren de una puta vez de lo que significa el racismo:

1. m. Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros.

2. m. Doctrina antropológica o política basada en este sentimiento y que en ocasiones ha motivado la persecución de un grupo étnico considerado como inferior.



No hemos tenido los cojones necesarios para cerrar el grifo a esa gente que, a diferencia del inmigrante que necesitamos y al que siempre defenderé (es decir, al que viene a currar como el que más y el que colabora a evitar que este país se hunda en la mismísima mierda), vienen a cobrar ayudas y subvenciones. Gente que, cada mesecito, atraviesa la frontera para poner la mano, cobrar las ayudas españolas, y volver a casita a vivir tan ricamente. Y esto no es algo que me invente ni que haya escuchado por ahí, amigos Distópicos: al tener gente muy cercana trabajando en el INEM, puedo atestiguar que son cosas que han venido sucediendo hasta la actualidad. Ahora, fíjese usted, acusan al estado español de "racista" porque en las oficinas se están pidiendo pasaportes y documentación que acredite que, efectivamente, la persona a la que se pagan las ayudas, tiene su residencia habitual dentro de nuestras fronteras.
Lo hacemos AHORA, cuando estamos sin un duro y de mierda hasta el cuello.
Y encima nos tenemos que tragar que nos llamen racistas, cuando hemos soplado pasta a gente que no ha hecho una puta mierda, más que exigirnos dinero.

Pero, por supuesto, los españoles no nos quedamos atrás en este despelote de pedir pasta, ojo: que nosotros hemos sido los primeros a la hora de coger y poner árboles de plástico para que, cuando nos aflojen la guita con el PER (Plan de Empleo Rural), la subvención agrícola sea más alta. Hemos sido los primeros en apuntarnos al PER sin trabajar el campo. Sin vivir cerca de él siquiera, cojones.
Hemos sido esa clase de adorables seres a los que nos ha dado igual la cantidad de corrupción que ha habido en la comunidad autónoma. Nos la ha soplado que el anterior presidente haya subvencionado a la empresa de su propia hija. Nos hemos pasado por el culo la cantidad de amiguismo que hemos sufrido durante años, porque nos han estado sobornando con esa pasta gansa que sólo algunos se han ganado con el sudor de su frente.

Un poco más y sobrevolar una finca de los alrededores hubiera sido lo más parecido a ver esto.
Eso sí, si lo dicen en la tele, es que nos discriminan.


Volviendo al tema de la inmigración, cuando hemos dicho que los derechos de un inmigrante y los de un español deben estar en IGUALDAD, y que la discriminación positiva ha sido una auténtica burrada, muchos se han llevado las manos a la cabeza. Curioso que esa misma cabeza la hayan girado cuando ha habido abusos brutales en sanidad: no es la primera noticia que me ha llegado de inmigrantes que han venido consiguiendo medicamentos gratis y que luego han vendido en lotes bastante grandes a sus países de origen, enriqueciéndose así. O de esos otros que han aprovechado y se han operado de todo lo operable a costa del prójimo. Sin seguridad social. By the puta face.

En educación no ha sido menos, cuando hemos visto que ha habido familias que han tenido que ver cómo sus hijos no han podido ir al colegio que les corresponde porque los inmigrantes tienen preferencia a la hora de elegir centro. Familias que se las han visto y compuesto para poder enviar a sus hijos a un colegio que está en el quinto cojón, con todo el esfuerzo que ello supone, desde gasto de combustible en vehículos o tener que dejar a los críos con algún familiar que los lleve a clase.
De tener que hacer adaptaciones de temario porque resulta que hay familias que vienen de vete a saber dónde y te exigen (no es que lo pidan, lo exigen) que tales cosas se impartan o se dejen de impartir en los temarios. Con todo el gasto que ello supone y del que nadie parece ser consciente.

Pero no hemos podido abrir la boca porque "Somos solidarios" y decir que eso es injusto es "racista".
Para mí no deja de ser una falacia, donde no se puede decir nada malo de tal o cual colectivo, so pena de acusaciones que no tienen nada que ver con lo que se denuncia.
En lo que sí estoy de acuerdo es en eso de que somos solidarios.
Solidarios de cojones.
Solidarios hasta el punto de ser gilipollas.

O solidarios para lo que nos ha salido de los cojones: anda que no hemos visto cómo nuestro país ha soltado cantidades INGENTES de pasta para ayudar a niñitos de no sé dónde, para ayudar en un terremoto, en una inundación o ante una epidemia en algún remoto lugar, lo que está muy bien.
Lo que es triste es que luego la gente que se dedica a ayudar a los mendigos de nuestras calles está desbordada: andan faltos de efectivos, de ingresos, de todo.
A nadie parece importarle tres cojones, porque no mola tanto como soltar la pasta que supuestamente no tenemos por ahí, del mismo modo que si la Policía apalea a algún indigente de nuestras calles, no parece pasar nada. Luego, eso sí, denunciamos los abusos de las autoridades en Karajistán.
Porque de cara a la galería, siempre se queda mejor.


Vedlo en el tema de la industria, que tan de moda está con eso de los mineros y tal.
Pensad en la cantidad de industria que teníamos hace veinte, treinta, incluso cuarenta años.
Pensad en lo que tenemos ahora.
Fijaos en la industria textil. Pongo el caso de Inditex y muchos otros grupos, que a menudo se cuentan entre los más fuertes del país y en puestos no del todo malos en los rankings internacionales. Si prestamos atención a eso, con una industria así tendríamos que ser la puta hostia, económicamente hablando. ¿Por qué no lo somos?
Porque hemos sido listos. Listísimos.
Lo que hemos hecho ha sido cerrar prácticamente todas las fábricas del país para reabrirlas en otras partes del mundo donde se paga mucho menos a un obrero por realizar la labor. Con eso lo que se obtiene es un producto de inferior calidad (al no estar cualificado el obrero de turno), el enriquicimiento del empresario (que ahora paga menos para obtener un mayor beneficio) y el aumento del desempleo en este país, donde lo que tenemos es gente que estaba cualificada tocando las palmas cada vez que cierra una fábrica. Dicho de otro modo, la pasta gansa va para el jefazo; la pasta del currito se queda en otro país. Y al currito nacional que le den por culo.

Probad a verlo a una escala algo más global en lo que a industria se refiere: pensad en la cantidad de empresas de vehículos (Ebro, por ejemplo) que han cerrado a lo largo de los años porque, bien han sido absorbidas por gigantes de otros países (casualmente alemanes, como el caso de Seat, que fue absorbida por el grupo Volskwagen hace eones), bien porque el público español ha optado por tragarse chorradas del tipo "compra carácter alemán en tu coche".
Lo veamos como lo veamos, lo que sí es cierto es que al final siempre pagamos los mismos.

Tooooooooooooooooooodos estos.


¿Y qué pasa ahora? Pues que tras todos estos abusos, perpetrados durante décadas, es cuando llega la etapa de las vacas flacas. Vemos que nuestros políticos rozan la oligofrenia a la hora de tomar sus decisiones y nos queremos creer que es una sorpresa. Que no nos lo pudimos esperar jamás.
Yo soy de pensar que, tristemente, los políticos son un reflejo de la gentuza que abunda en este país. A más gentuza, mayor posibilidad de que el que nos represente sea un trozo de mierda.
Y esto es lo que está pasando: el pueblo haciéndose pajas mentales, buscando fascistas debajo de las piedras; quemando comunistas como si estuviésemos cazando brujas en el puto s.XVI. Pensando en la política como en un puto partido de fútbol, pero a la primera de cambio, siendo nosotros los primeros gañanes, abusando de ayudas, de la seguridad social, del Estado y hasta de la novia de nuestro mejor colega. Porque "los otros son iguales". Porque "tenemos derecho".


Claro que si las novias de nuestros amigos son como ésta... tampoco pasa nada si quieren abusar de nosotros...


Lamento decirlo, porque ya sabéis lo mucho que me gusta mi país y el modo de vida que, por lo general, tenemos (o teníamos, hasta que nos están recortando hasta el derecho de ir a mear)... pero el que siembra recoge. Nosotros, tanto los políticos como el pueblo llano, pasando por banqueros y empresarios, llevamos décadas sembrando.
Ahora nos toca recoger, y se está viendo quién ha tenido las espaldas cubiertas a la hora de abusar y de chupar de la teta del país y quién se ha limitado a abusar sin pensar en las consecuencias.
Ahora se está viendo que nuestros derechos han venido siempre condicionados por responsabilidades.
Ahora está quedando claro qué hemos hecho con unos y qué hemos hecho con las otras.
Sólo que esto es como todo: hay cosas que se ven y que proclamamos a los cuatro vientos, y otras están mejor escondiditas debajo del felpudo.

martes, 3 de julio de 2012

Escupiendo Rabia- No podemos ganar



En días como hoy, me acuerdo de mis años de la carrera. De aquellos tiempos en los que uno estudiaba lo que le gustaba y descubría, gracias a la historia, que no somos una especie tan evolucionada. Que, pese a los siglos, no hemos avanzado tanto. En muchos aspectos, salvando quizás el tecnológico y el sanitario, seguimos siendo los mismos. Seguimos siendo una sociedad enferma y miedosa, y las noticias de esta última semana no hacen más que confirmármelo.

En días como hoy me acuerdo de los Puritanos. Aquellos derivados de los protestantes que vivieron en la Inglaterra del s.XVI y XVII. Aquellos amiguetes que decían que debíamos vivir temerosos de Dios. Que la gente de a pie no podía cantar ni bailar, sino vivir rezando, trabajando y esperando que el Altísimo, el día que se fuesen para el otro barrio, tuviese en Su Gracia permitir la entrada al fulano de a pie en el Reino de los Cielos. Ese curioso colectivo que, en su ejercicio de tolerancia hacia otras formas de pensamiento, se dedicó a hacer presión para que los teatros fuesen cerrados a causa de su inmoralidad. Gente que veía demonios y adoradores de Satán en cada esquina. Lascivia en cada sonrisa. Blasfemia en cada palabra que no entendiesen.

Quedaos con las palabras "Temerosos de Dios" y con su concepto.
Trasladaos ahora al s.XXI y cambiad a Dios por la Crisis, y mantened el concepto.
Es ahora cuando veréis que no hemos cambiado tanto.

Lejos de iniciar una discusión teológica acerca de la existencia o no de una entidad superior que vigila/rige a la Humanidad y a su destino, lo que sí sabemos que existe es el miedo, lo que hace ambas cosas comparables. En el Renacimiento inglés era el miedo a que la vida eterna fuese en el Cielo o en el Infierno; hoy en día, el miedo es a que nuestra vida sea decente o una puta mierda.
Y sin embargo, pese a unos cuatrocientos años o así, vemos que el fanatismo está ahí, en cada esquina. Vemos al enemigo en cada rostro y amenazas en cada palabra.
Seguimos con miedo y ese miedo está cegando nuestras mentes.

"¡Arrepentíos, pecadores, porque el Fin está Cerca! ¡Abandonad vuestra vida de pecado, fornicación y placer y entregaos al Señor para así vivir la Vida Eterna en el Paraíso!
¡ALELUYA!"


El caso viene a colación de las cosas que me he ido encontrando con eso de que la selección española de fútbol fuese campeona de Europa por tercera vez (y por segunda consecutiva, con un torneo mundial por medio). Tras años siendo los losers oficiales de medio planeta, con nuestro consabido lema de "Merecíamos ganar, pero no nos ha ido bien", hemos pasado a coger al equipo nacional y ponerlo en la picota.
Hemos puesto en la picota a todo aquel que se ha alegrado de que el equipo se haya apuntado un triunfo que ha pasado a la Historia. (no somos nosotros, literalmente, pero no olvidemos que representan a nuestro país, de ahí que digamos que "hemos" ganado. Creo que el concepto de representación es tan claro como cuando decimos que "hemos" aceptado tal cosa en las Naciones Unidas o que "hemos" invadido Irak. Hemos hecho esas cosas como país, nos guste o no, pero formamos parte de un país que las ha hecho. Y si nuestra selección gana en representación nuestra, eso es lo que hay)

Los que seguís este blog sabéis que no soy muy amigo de los fenómenos de masas. Ni siquiera soy un gran seguidor de la liga nacional.
Y sin embargo me veo inclinado a defender cosas que por lo general me dan igual, ¿por qué? Porque estoy viendo un ejercicio de demagogia y oportunismo ante todo esto que me está revolviendo las tripas. Estoy viendo un despliegue de desprecio e incoherencia que me está dejando muerto.
Y parece ser que por cojones me tiene que parecer bien.

Volviendo al tema de arriba, y un poco a lo que engloba el título de este post, en este puto país no se puede ganar. Cuando perdemos, como apuntaba un amigo hace unas horas, porque pagamos una pasta a los jugadores que luego no sudan la camiseta. Ahora ganamos y, ¿nos parece bien?
Pues no.
Porque como hay gente que lo está pasando mal, ahora toca poner al que gana en el patíbulo y decir que es un hijo de puta porque gana mucho dinero y el hijo del currito está sin un duro.
No suelo ser amigo de las primas muchimillonarias de los deportistas, no nos engañemos, con lo cual, antes de que el rebelde de turno cargue las tintas contra un servidor, le recuerdo que en ese aspecto estamos más o menos de acuerdo.
Lo que me toca los cojones de todo esto es el desprecio total y absoluto por gente que son deportistas de élite, y ya no hablo sólo del fútbol.
Parece ser que en este puto país hemos pasado de creernos el culo del mundo deportísticamente hablando a pensar que cualquier subnormal puede convertirse en una medalla de oro o en un campeón mundial, y que su sueldo "por pegarle patadas a un balón" está injustificado.
Quizás esté injustificado el exceso, por supuesto, pero me parece una defensa jodidamente pobre decir que un tío que se ha pasado unos pocos de años entrenando como un cabrón, para correr UNA PUTA HORA Y MEDIA como un gamo sea "no hacer nada".
Y quien dice correr una hora y media, dice estar jugando al tenis durante tres o cuatro horas, a hostia limpia con una raqueta.
Joder, somos ahora la puta raza superior y cualquier español, de estos de los que paras por la calle, puede hacerlo, según se extrapola de las cosas que he estado escuchando o leyendo.
Pues a mí no se me caen los anillos para decir que yo no tengo cojones de mantener ese ritmo. Nunca he sido un gran deportista (fui corredor durante un tiempo, pero una cosa normalita) ni me ha entusiasmado ver los deportes... pero JAMÁS me habréis oído despreciar la labor de un profesional.
Ya puestos, creo que tampoco me habréis oído despreciar la labor de un deportista amateur.
Quizás porque no soy como muchos de esos intelectuales de pose, que consideran que el deporte es para descerebrados y mongolos que no saben hacer ni la O con un canuto. Quizás es porque tengo los huevos de sentir respeto hacia alguien que hace algo que yo soy incapaz de conseguir.

Tampoco toco la guitarra como el señor Malmsteen; no me gusta especialmente su forma de tocar, pero no por ello voy a decir ni que sea un mierda ni que vive tocándose los cojones.
Una cosa no tiene nada que ver con la otra.

Esta clase de actitudes, dejan clara nuestra mentalidad coherente de cojones: éramos unos perdedores y nos jodía ir con la cabeza gacha; ganamos y también está mal.

Y como no podemos ganar, nos empezamos a sacar mil excusas para tocar los huevos a los que sí se han alegrado. A los que sí se han sentido respetados por un equipo nacional (ya no sólo hablo de la selección: hablo del señor Nadal, de las selecciones de Waterpolo o Gimnasia Rítmica y de cualquier deportista de élite que ha considerado que, además de la pasta, representar al país y ganar un trofeo es un puto orgullo).
A esa gente, desde el pódium del intelectual o del guerrillero urbano, se la ha puesto a caer de un burro, simplemente porque se han alegrado.

Se les ha acusado de rebaño, de ciegos, de gilipollas.
Porque en este puto país tenemos la tendencia bipolar a pensar que si te alegras por una cosa, te olvidas de las demás. La cojonuda tendencia a pensar que somos mononeuronales o, como dice mi madre, que somos como el culo y sólo valemos para una cosa (para follar o para cagar, pero es complicado hacer las dos cosas a la vez).
Porque si yo me alegro de que haya ganado la selección nacional ahora resulta que es que todo lo demás me importa una puta mierda. Que sólo vivo por y para el fútbol. Que soy un ignorante que no sabe leer otra cosa que no sea el Marca, el As o cualquier otra publicación en la que salgan Cristiano Ronaldo o Messi en primera plana. Así, sin término medio. Sin transición.
Todo por putos cojones.

Esos mismos son los que piden respeto para sí mismos, porque oiga, hoy en día es duro ser una persona concienciada, intelectual y hasta culta. Es muy duro ser los únicos de este puto mundo que estamos interesados por la subida de las facturas, las folladas que nos pega el Gobierno (o la Unión Europea, ya puestos, o incluso las Agencias de Especulación).
Es muy fácil decir eso si no se escucha a los demás.

Puede que ese rebaño no esté tan ultrainformado como muchos de vosotros, amiguitos, pero no por ello merecen vuestro desprecio. No si tenéis costumbre de hacer labores como ir a la compra y escucháis las conversaciones en la cola del supermercado (yo hago ambas cosas a diario): la gente es consciente de lo que está pasando, o al menos de lo jodidos que estamos. Puede que no tengan todos los detalles, porque igual no son tan listísimos como vosotros. Puede que no se pasen las veinticuatro horas del día leyendo a Tolstoi y debatiendo sobre la insoportable levedad del ser, pero sí que leen las facturas cuando les llegan al buzón... y saben que nos la están metiendo doblada.
Si en vez de coger el cochecito subís al transporte público os daréis cuenta de que las señoras (y señores, que ya hay de todo) de la cola del súper no son los únicos en piar: la gente habla, la gente comenta y, lo que es más importante, la gente empieza a tener cierta noción de lo que está pasando.
Otra cosa es que se muevan y que actúen, pero eso no lo hace nadie: ni ellos desde el sofá ni vosotros desde vuestro púlpito. Y los que se mueven... seamos serios, los que se mueven son rápidamente tildados de perroflautas y de anarquistas.

Y a ver si nos enteramos: he ido a algunas manifestaciones, pero eso no me ha obligado a ir A TODAS.
Pero el que vaya no quiere decir que automáticamente me convierta en un fulano de esta guisa o que vaya por la vida incendiando papeleras.
Pero claro, el que no vaya tampoco me convierte en un súbdito del sistema.
Os recuerdo que el "O estás conmigo o estás contra mí" lo inventó Stalin. Y no se caracterizaba precisamente por ser un demócrata.


Y es que aquí vemos lo que nos sale de los cojones. Somos expertos en sacar las cosas de quicio y en mezclar churras con merinas, quedando de paso más guapos que un San Luis.
Pongo el polémico caso de la muerte del bombero que ha perdido la vida durante la extinción de un incendio. Se que me vais a odiar muchos por sacar este tema, porque muchos podéis ser de por la zona y este tipo de catástrofes hieren las sensibilidades. Eso lo entiendo.
Lo que no puedo entender es usar la imagen de alguien que ha perdido la vida de un modo heroico (nadie puede decir lo contrario: si intentas apagar un fuego para salvar la vida de los demás, o un bosque, y mueres, eres un héroe) como baluarte para manifestar el desprecio por la selección, con frases como "Este es un héroe de verdad (¿es necesaria semejante obviedad?) y no cobra primas como los futbolistas".
Quizás muchos veáis que esta es una reivindicación justa.
Muchos podéis pensar que es una forma de agitar la conciencia de la gente que no ha sido consciente de la catástrofe que ha azotado la Comunidad Valenciana.

Yo lo digo y lo diré siempre: el fin JAMÁS puede justificar los medios, y para mí, usar la imagen de una persona que ha muerto valientemente como mártir para despreciar los logros de otros me resulta aberrante.
¿Que un bombero no cobra primas millonarias? Joder, menudo descubrimiento. Tampoco las cobran los conductores de ambulancias, ni los policías (a los que muchos insisten en llamar sistemáticamente y sin excepciones "hijos de puta"), ni siquiera los militares.
Cada día hay gente que se levanta para currar, ganarse un sueldo honradamente, perdiendo incluso la vida en ello (lamentablemente, este no es el primer bombero que ha muerto en acto de servicio) y nadie los ha usado para decir "tú sí que vales y no los mierdas esos que pegan patadas a un balón".
Porque aquí todo tiene que ir al mismo nivel, sin términos paralelos o independientes. Todo tiene que ir a la misma escala, bajo el mismo rasero, al mismo nivel.

Y sin embargo, tenemos a un señor como Julián Muñoz, famoso por haber robado lo más grande a un ayuntamiento y la gente le aclama públicamente cada vez que va a declarar al juzgado. Como una puta estrella de rock.
Ese tío también es un héroe, por lo que se ve, y no ha salvado a nadie. No ha representado a nadie ganando trofeo alguno. No parece haberse esforzado por conseguir nada, a menos que hablemos de haber pillado pasta y vivido a todo tren hasta que le han pillado con los pantacas por los tobillos.
Por favor, que alguien me explique esto, que yo no lo entiendo.


"Eh, que llevar bolsas de basura llenas de billetas también requiere su esfuerzo"
Gracias, Julián. Sabíamos que nos darías una explicación convincente.


En resumen, y antes de que más de uno empiece a lanzar piedras, lo digo claramente: un bombero ES un héroe y eso NO se niega. Precisamente por eso, no empañemos la labor del cuerpo (y de muchos otros cuerpos que arriesgan su vida día a día: Protección Civil, Cruz Roja, ambulancias, médicos, policías) en usarlos como arma arrojadiza, como argumento, para putear a la gente que despreciamos. No caigamos tan bajo, por favor.

Pero es que hay más. El oportunismo para el puteo ha llegado a cotas de lo más absurdas.
Véase el caso de los Republicanos apretados, o lo que a mí me gusta llamar "Republicanos por moda".
Antes de que algunos amigos seguidores de la tricolor empiecen a rechinar los dientes, digo que estas próximas líneas no van para ellos, sino para Los Otros, los que se creen que todo lo que no sea seguir SU criterio es de fascistas, nazis e hijos de puta en general. No: hay una diferencia entre creer que una República es un buen sistema de gobierno (lo que me parece respetable) y pensar que cualquier cosa vale para sacar el temita a relucir, e ir por ahí en plan "¡Qué guai soy, mira cómo me cago en el Rey!"
El caso más ridículo de esto ha sido cuando he visto que algunos listos han cogido el lema de "No hay dos sin tres" de la Eurocopa y lo han aplicado para manifestar su deseo por una tercera república. Ni entro ya en lo gracioso que es su dibujito de una corona tirada a la basura (luego piden respeto para ellos), como si la república consistiera única y exclusivamente en mandar a un rey a tomar por culo.
Politizar el deporte todavía más, y a base de subirse al carro de un acontecimiento a nivel nacional, y sacando las cosas de contexto. Eso es ética.

Así ha pasado con el tema de los acontecimientos masivos, que también se han sacado de contexto. Ahora todo es por comparación: si la gente ha salido a la calle para celebrar algo que no ha pasado en la puta vida (ni a nosotros ni a nadie, la victoria que hemos obtenido ha sido estadísticamente histórica), resulta que automáticamente se tiene que comparar con las manifestaciones por el paro. Porque si no, ya no molamos. Ya no nos importa nada.
Porque parece ser que el ÚNICO modo de protestar en este país es manifestándose, a ser posible rodeado de montones de amiguitos. No en las urnas, echando del poder a quien ha hecho una gestión penosa (no, nosotros somos más de votar a la oposición, aunque no tenga programa claro). Nosotros ponemos a los hijos de puta al poder y luego, donde dije digo, dije Diego. Pancartita, a la calle, y a revolucionar el mundo.
Y partiendo de esa base (que oiga, siempre digo y diré que me parece tan válida como cualquier otra que sea legal, pero no por ello la única ni la obligatoria), parece ser que si la gente está harta de protestar y decide salir a la calle a tener algo por lo que alegrarse, para variar, está mal.
Eso es señal de que somos un país de charanga y pandereta, de que somos unos flojos, unos ignorantes y demás.
Pues mira qué bien.

Dicho de otro modo: según en España, o somos ultra-intelectuales, como el personaje que tenemos aquí...
O somos de éstos, de los que (al parecer) no piensan en nada que no sea un balón.
Porque un tío que está concienciado o que va de intelectual por la vida no puede desbarrar.
Jamás.
En la puta vida.
Son como los elfos y los orcos, razas distintas.



A esa gente le pregunto qué habría pasado entonces si hubiésemos perdido.
Tal vez me responderían diciendo que era lo que nos merecíamos. Porque el español, según parece, tiene que asumir la suerte del perdedor. Tenemos que ir por la vida pensando que somos unos desgraciados; jamás podemos alegrarnos por nada, porque de hacerlo quedamos como un rebaño de ignorantes. Porque hay crisis, señores. Porque hay gente en el mundo que lo pasa mal, dentro de nuestras fronteras y más allá de ellas. Por eso celebrar cualquier cosa, desde una Eurocopa, hasta fin de año, pasando por nuestros cumpleaños y demás fiestas de guardar, es de malas personas. De insolidarios. De ignorantes. De hijos de puta.
Señores, que sepáis que a partir de ahora ya no podemos irnos de farra, porque hay crisis. Ni siquiera gastando lo mínimo, porque seremos insolidarios con la gente que lo pasa mal... como si por tomarnos un puto mojito ahora nos convirtiese en los magos del derroche. Ya no podemos ni soltar chistes, ni reírnos, porque como hay crisis tenemos que estar concienciados, vivir encabronados y estar todo el día de mala leche. Tampoco podremos disfrutar con una buena (o mala) peli o con una novela, porque caeremos en el borreguismo, igual que la gente que ve el fútbol y (según parece) pasa de todo: lo que tenemos que hacer es estar constantemente informados de lo que está pasando, aunque luego no hagamos una mierda y nuestro plan sea que el vecino de al lado sea el que nos arregle el país.
Porque así es como salvaremos el mundo.

sábado, 30 de junio de 2012

Escupiendo Rabia- Cuando no hay peor ciego



No, amigos Distópicos, no os llevéis a la confusión por el título de este post. El tema del que trato hoy no tiene nada que ver con el alcoholismo, así que si estáis pensando en historias acerca de vomiteras a las cuatro de la mañana, meadas entre coches y peleas a la puerta de un bareto, me temo que será algo que tendrá que esperar para otra ocasión.

Rumbo a la Distopía, en contra de lo que pueda parecer, fue pensado originalmente para meter el dedo en la llaga e intentar hacer abrir los ojos al personal del futuro que nos espera. Su objetivo en un principio era dejar claro lo que está sucediendo a todos los niveles para intentar alienar a las masas y llevarlas hacia el Pensamiento Único, el control del individuo y la segregación de los disidentes.
Sin embargo, también desarrolló una segunda faceta, consistente en desmontar mitos y creencias infundadas. Un ejemplo de ello es el post anterior sobre el concepto de falacia. Más ejemplos se pueden ver cada vez que aquí se ha dicho y repetido que la culpa de todo lo que nos está sucediendo, este avance-retroceso hacia 1984, recae única y exclusivamente en los políticos o en los poderes fácticos que gobiernan en la sombra: también es el ciudadano de a pie, el cual cede su criterio personal a los de arriba, el que permite que estas cosas pasen. Él, con su voto (cuyo derecho proclama a los cuatro vientos, pero jamás su responsabilidad), es el que pone a los títeres a gobernar y permite que éstos a su vez sean gobernados por otros títeres. Quizás no es el responsable último y definitivo, por supuesto... pero eso no exime al pobre fulanito de su parte de culpa.

El post de hoy está más centrado en este segundo concepto de desmontar creencias preconcebidas. Viene un poco a colación sobre el tema eurocopesco y sobre lo inútiles que somos,al parecer, los españoles.
Si tenemos que hacer caso a la leyenda que los mismos españoles andan soltando por ahí, parece ser que no existe peor país que este sobre la faz de la tierra. Exceptuando cosas como el deporte... y poco más, parece ser que no somos capaces de hacer nada bueno. Es sorprendente que Dios mismo no haya decidido lanzarnos un pepinazo atómico y mandarnos a tomar por culo para redimir Su Error.
Si hacemos caso a lo que decimos de nosotros mismos, casi parece que tenemos que dar las gracias por seguir vivos y todo.

Este post, haciéndose eco de ese tipo de noticias, va a alejarse un poco del espíritu crítico hacia el país (porque ya ha habido bastante) y se acercará un poco más hacia esas críticas, que considero bastante infundadas, basadas en prejuicios y parciales. Porque en este blog no nos quedamos siempre con un único punto de vista y, de vez en cuando, nos las apañamos para contrastar lo que se cuenta o lo que se nos quiere hacer creer.

También está la opción de negarse a ver otra cosa que no sea lo que viene en la venda que nos han puesto y negarnos a ver nada más allá...

Tras esta gigantesca introducción, arrancamos:

En algunos posts anteriores ya se ha hablado de ese sentimiento anti-chovinista que parece destilarse últimamente. Parece que está de moda eso de putear al país sin ton ni son, más allá de la crítica: una cosa es decir lo que está mal del país y otra obviar lo que está bien. Pasar de una cosa a la otra por medio de la exageración.
¿Que en este país las cosas van rematadamente mal? Sería negar lo obvio, porque es verdad. Hay cosas que se pueden mejorar, y mucho. Cosas a las que no le damos importancia y deberíamos tratar en su justa medida. Muchas ideas preconcebidas y mentalidades que deberíamos dejar atrás de una vez y seguir adelante es algo que sería más que deseable.
Y sin embargo, esto no nos convierte en monstruos, ni en orcos, ni en un despojo de la Humanidad. Los españoles, se ponga más de un guerrillero cool como se ponga, también somos capaces de cosas muy muy buenas. Hemos alcanzado logros bastante importantes en los últimos años y a muy pocos parece importarles. Parece que nos gusta más hacer caso a esas encuestas donde, cada vez que se hace un estudio en vete a saber dónde, quedamos como lo más rastrero e inferior que ha parido madre.
Y nosotros nos lo creemos.

Hablemos un poco de ciencias o de formación.
Parece ser que muchos no se han dado cuenta, pero la universidad española, en líneas generales, no está nada mal considerada. Para empezar, es uno de los pocos sitios donde eso de acceder a unos estudios universitarios es algo que tiene cabida para gran parte de la sociedad de nuestro país, gracias a que hasta la fecha, la subvención de gran parte del coste de dichos estudios ha recaído sobre el estado. España es de esos sitios en que el hijo del obrero, o gente cuyas familias no tienen demasiados recursos (pongamos una clase media, con familias de currantes), ha podido entrar a estudiar una carrera y formarse como Dios manda.
Asimismo, al terminar la carrera, se puede ver que muchas titulaciones participan en proyectos de investigación de relativa envergadura. Probad a echar un vistazo a la industria tecnológica alemana o canadiense y comprobaréis que la mitad de los equipos de investigadores, bien proceden de China (otro gigante en eso de la investigación) o de España.
Hablando por una experiencia más personal todavía, puedo comentar que la biblioteca de Filosofía y Letras de mi ciudad tenía un fondo literario que, literalmente, causaba envidia: por poner un ejemplo, investigadores de Inglaterra solían ponerse en contacto con el centro para buscar artículos y documentación variada sobre literatura... inglesa.
Y esto, en una universidad española, amigos.

Aquí hablo por experiencia propia. Pese al puteo que se han llevado en este blog, las cosas como son: en mi universidad (concretamente, en mi titulación), pueden ser de lo más tocapelotas a la hora de mirarte un trabajo. Pueden usar baremos que te pueden resultar anticuados.
Pueden ser incluso de un estricto y un burócrata que roza la simple y llana bordería.
Pero no se puede negar el trabajazo que se pegan por sacar los estudios de lengua y literatura adelante. No se puede negar que APRENDES. No puedes negar que la reputación que tenemos ha sido en base al esfuerzo.
Al César lo que es del César.


¿Dónde está el problema, entonces? El problema es básicamente de gestión: la formación universitaria en España ha sido de primerísima calidad, pero el problema es que España (ya suelo decir que el gobierno a menudo es un reflejo del pueblo en muchos aspectos) nunca ha apostado demasiado por su propia cantera y ha recortado la I+D, considerándola un "gasto" en lugar de una "inversión", teniendo prácticamente que regalar sus investigadores a Alemania, Canadá u otros países, para que éstos fortalezcan su tecnología y sus industrias gracias a nuestros esfuerzos.

Dejo un ejemplo por aquí:


Sin embargo, sé que no es el único: en robótica y en óptica, hasta donde llegan mis fuentes, no nos va para nada mal.

Tres cuartos de lo mismo nos pasa con las energías renovables, industria que, con las subvenciones adecuadas, podría dar mucho que hablar en un futuro:



En el mundo empresarial-tecnológico podemos encontrar más datos, como este que acabo de encontrar:


destacando además el hecho de que una de las redes sociales más utilizadas de España, Tuenti, fue creada precisamente dentro de nuestras fronteras. Si mi información no me falla, creo que es la tercera más empleada, detrás de Facebook y Twitter. Por favor, que alguien me confirme o desmienta esto.


Estos hechos demuestran dos cosas:

1) No tenemos nada que envidiarle a nadie y podemos ser, no tan buenos como otros, sino incluso mejores
2) No nos lo creemos, no tenemos confianza en nosotros mismos y esto juega en nuestra contra.
Anti-chovinismo.

"¿Español? ¡Qué puto asco, colega!"


Otro ejemplo de esto se ha podido ver en un caso que creo que comenté hace algunos meses en este blog; me refiero al caso de la serie infantil Pocoyó. Esta serie fue concebida por un grupo de animación español (si mi memoria no me falla, creo que eran originarios de Granada. Es un detalle tan relevante como si hubieran sido de Salamanca o Lugo, pero bueno) que, harto de que las distribuidoras y canales de televisión españoles no apostasen por el producto nacional, tuvieron que ir a venderlo al extranjero. Hoy en día, si mis datos no me fallan, andan afincados en París. La serie es toda una franquicia internacional y, en lo tocante a animación infantil, es de las empresas que más dinero facturan al año.
Y no creímos en ellos.

Si nos vamos al campo de la medicina, donde nos quejamos constantemente de la sanidad, podemos decir que hasta la fecha (antes de los decretazos de este gobierno, claro), no nos ha ido tan mal como nos creíamos. El tema del copago, sin ir más lejos, nos puede resultar aberrante si estamos acostumbrados a la subvención gubernamental desde hace décadas... pero se estila en muchos otros países. ¿Está bien el copago entonces? Como español digo que no. Esto demuestra que, en el momento en que estamos acostumbrados a vivir mejor y nos equiparan con otros países con menos derechos, nos sentimos lo bastante indignados como para cabrearnos. Si fuéramos inferiores estos privilegios de los que hemos disfrutado jamás habrían existido.

En la sanidad hemos tenido grandes investigadores también: muchos no parecen darse cuenta de que en campos como cardiología y transplantes somos de las principales potencias. Pensad en el logro que eso supone con financiaciones en investigación cada vez más precarias y luego contadme lo inferiores que somos.
A este respecto, además, cabe decir que no sólo los médicos e investigadores son los únicos que se mojan el culo: aquí el pueblo llano, los ciudadanos de a pie, tenemos mucho que aportar... y lo hacemos. España es el número uno en donación de órganos y sangre, o lo ha venido siendo hasta muy poco (en 2011 hubo unas 17000 menos, según leo). Dejo aquí un par de articulillos que ilustran el tema:


Yo no sé a vosotros, pero a pesar de lo mucho que he puteado a la sociedad del país, también tengo que reconocer que hay cosas que son indiscutibles y cosas que son dignas de aplauso. Lo cortés no quita lo valiente, y lo mismo que se debe denunciar lo malo para que el personal espabile y se ponga las pilas, también se debe recordar lo bueno. Porque hay hechos que demuestran que, pese a lo terriblemente mejorable que es nuestra forma de ver la vida, puedes sentirte orgulloso de formar parte de un país. Este, sin lugar a dudas, es uno de ellos.

Aquí, Pocoyó haciendo autostop, en busca de un sitio donde plantar el culo.
A menudo me pregunto qué habría pasado si hubiésemos vendido esta serie en nuestro país como producto de origen nacional.
Me pregunto cuánto habrían tardado las masas en tildarla de "puta mierda" y cuánto habría pasado hasta que se hubiese convertido en un fracaso.
Lo comparo con la situación actual de la franquicia y es algo que me da bastante que pensar...


Hablemos de agricultura, ganadería y pesca.
Mucho rollo y mucha historia, pero nuestros productos suelen causar admiración (o envidia) de medio planeta y nosotros parecemos ser los últimos en enterarnos. Si nos vamos al contexto europeo, se sabe que la Unión Europea tiene básicamente dos huertas en casa que la proveen de producción agrícola: Rumanía y España, siendo ésta última la potencia a la cabeza de la producción de agricultura ecológica.


También somos una potencia en cuanto a la exportación de zumos y vinos. Mi experiencia personal con extranjeros de medio planeta me confirma que la industria vinícola, de puertas para afuera, suele ser de lo más respetada por el ciudadano extranjero de a pie, que tiende a rendirse ante los encantos de la uva criada en España. Si nos vamos a la historia, el propio Geoffrey Chaucer, autor de los Cuentos de Canterbury (hijo de un comerciante de vinos, dicho sea de paso), ya había hecho alguna mención en sus escritos, si mi memoria como anglista no me falla. No recuerdo el texto concreto, pero sí recuerdo a uno de mis profesores de la universidad hacer menciones al respecto.
Y es una tradición que, como puede verse, se mantiene hasta nuestros días.


Dejo este artículo acerca de otro puntal de la producción española. En este caso, el jamón ibérico. Echad un vistazo al apartado de exportaciones:


No en vano, recordemos que países tan remotos y tan reputados a nivel cultural como Japón han manifestado siempre un gran interés, no sólo por nuestra cultura, sino también por nuestra gastronomía (también bastante reputada a nivel internacional). A estas alturas de la vida, dudo que el japonés medio (viniendo de una cultura que, para mí es como todas, con sus más y sus menos) sea terriblemente imbécil y atraviese medio planeta para importar mierda a su país.
Con esto no quiero caer en la falacia de la que hablé en el post anterior de "Mil millones de chinos (o japoneses, en este caso) no pueden estar equivocados". Nada más lejos de mi intención: a lo que vengo a referirme es a que, en un mundo tan agresivo y competitivo como lo es el de la importación/exportación de productos, tienes que ser medianamente bueno, no solo para hacerte un hueco en el mercado, sino ya para sobrevivir.
Y nuestros jamones llevan años sobreviviendo.



"¡Hamón ibérico no Espania puta hostia!"



Más cositas que nadie parece querer asumir:


Ante este respecto, debemos recordar que España posee un clima y unos precios que hacen complicada una competencia turística. Ojo, no he dicho imposible: para oferta y sitios que ver, sabemos que medio Mediterráneo no anda cojo; sin embargo, hasta donde llegan mis informaciones, la diferencia de precio entre destinos como Italia o España suele ser bastante elevada. ¿Que en Italia andan los mejores vestigios del Imperio Romano y las joyas del Renacimiento? Evidentemente. ¿Que te clavan hasta por (literalmente) ir a mear? También. Es cuestión de sopesar una cosa con la otra.

Esto, por supuesto, no es jauja y lo considero más que mejorable; especialmente en lo tocante a ese turismo de borrachera y playita al que hemos tenido acostumbrados a los guiris durante años, el cual ha sido más contraproducente que otra cosa en muchos aspectos: ya hemos visto en los últimos años prácticas como el balconing y esos packs que ofertan las agencias de viajes para que el chav (=cani) británico o de cualquier otra parte venga aquí con los cuatro duros que han pillado a base de vivir de las ayudas del estado y se mate bebiendo (este último dato acerca de los chavs, cortesía de una amiga mía inglesa, por cierto, no es ningún prejuicio).
Ese tipo de prácticas es censurable y todos sabemos que debe cambiar; también sabemos que hay ciudades (la mía, por ejemplo) que, siendo conscientes de ello, están optando por una evolución del sector turístico y están abriendo cada vez más su oferta cultural: muchas de las obras públicas que se han estado haciendo en mi ciudad, por poner un ejemplo, han ido destinadas a ese respecto. Véanse también las aperturas de museos y demás. Todavía queda un largo camino por recorrer, por supuesto... pero lo importante es que este camino empiece a andarse de una vez. Poco a poco, estamos abandonando ese rollito de Manolo Escobar y José Luis López Vázquez, que tanto nos lastra... principalmente porque a estos dos señores nosotros somos los primeros en recordarlos. No sé yo si más allá de nuestras fronteras ponen Cine De Barrio también...

A mí, al menos, me resulta muy triste que nuestro propio concepto de lo que es español, para mucha, mucha gente, sea un estereotipo anclado en un anacronismo de más de cuarenta años.
Da la impresión de que, más que querer evolucionar, preferimos mirar al pasado y cegarnos en una herencia que debería estar más que superada ya.


Y es que muchas cosas están ahí y no nos enteramos. Por aquí dejo un artículo acerca de algo que acabo de descubrir. Nadie me lo había dicho, no lo había visto por ninguna parte y, sin embargo, aquí está:


El artículo además sugiere algunos cambios de acción para mejorar el asunto, como lo de ser más proactivos y anticiparse a los problemas a los que se enfrentan nuestros bosques.
Pero el dato está ahí y yo al menos no lo sabía.


Centrándonos en el tema de la cultura, aquellos que parecen negar la existencia de cualquier cosa buena producida en el seno de nuestro país parecen olvidarse del hecho de que contamos en nuestro haber con grandes joyas de las artes de todas las épocas, desde Cervantes (uno de los grandes a nivel internacional) hasta cinco premios Nobel: José Echegaray (1904), Jacinto Benavente (1922), Juan Ramón Jiménez (1956), Vicente Aleixandre (1977) y Camilo José Cela (1989), siendo el sexto país (de unos cuarenta) en el ranking mundial de autores en obtener este galardón.

Si seguimos en el tema de los Nobel, es curioso como un país de inútiles integrales ha sido capaz de engendrar además dos galardones en medicina (Ramón y Cajal, 1906 y Severo Ochoa, 1959). Lo mismo sucede con los Oscar de cine, donde estamos empezando a despuntar, poco a poco, en una Academia que hace que el concepto "chovinista" se quede corto y donde el reconocimiento a artistas más allá de las fronteras estadounidenses (no olvidemos que es uno de los principales países punteros en eso del remake debido a su incapacidad de ver actores que no les suenen) es, como poco, complicado. Es así como han ido haciéndose hueco actores y directores como Pedro Almodóvar, Antonio Banderas (que no tiene un Oscar, pero que ha sabido hacerse respetar en Hollywood) o Javier Bardem (este último, por cierto, galardonado, pero el cual suele caerme mal precisamente por esa tendencia que tiene a renegar de su patria en el momento en que Hollywood le dice "hola holita, vecinito"). Ninguno de estos tres, tengo que decirlo, me entusiasma personalmente como artista... pero no por su nacionalidad, como hace más de uno y más de una, sino porque de momento no han hecho nada que me convenza. Mientras escribo estas líneas, aclaro que todavía no he visto La Piel Que Habito, y no por falta de ganas. Quién sabe si Pedro y Antonio consiguen sorprenderme...

Con esto quiero que quede claro que no digo que el cine español sea superior a cualquier otra cosa, pero al menos no voy a caer en la hipocresía de decir "si es española no veo esa peli, porque fijo que es una puta mierda" y luego meterme a ver la última peli del Roland Emmerich, diciendo que la peli "es buena porque los efectos son chulis". Muchos de los que se ponen la pegatina de "Amantes del Cine" (en mayúsculas) lo hacen y ni siquiera se les cae la cara de vergüenza.

No es el primer caso de encontrarme con fans de las películas de este señor (que oye, el que quiera verlas, me parece muy bien) que me dicen que no ven cine español porque son (transcribo citas cuasiliterales) "españoladas de poca monta como Alfredo Landa y Pepe Sacristán"... y luego se meten a ver cosas que ni tienen sentido, ni tienen argumento, ni putas hostias.
Y yo me tengo que creer que ESO es cine y lo que se hace en España hoy en día no.
Y me tengo que creer semejante argumento pasado de moda y trasnochado.
Los cojones.
Los putos cojones.


Podría seguir indagando, pero creo que ha quedado claro que no somos un país poblado por inútiles completos. Creo que con estos datos se demuestra que, pese a ser un país que puede ser muy mejorable en muchos aspectos, hay otros en los que no es que seamos buenos... sino es que somos de lo mejorcito y no hemos querido verlo. Quizás porque nos ha gustado más revolcarnos en la mierda y prodigar nuestras miserias a los cuatro vientos.
Tan mal está ver sólo lo bueno como ver sólo lo malo, amigos Distópicos.
Y con este post he querido abriros un poco los ojos y demostraros que no somos la raza inferior. Que, pese a no ser un país utópico, con miles de defectos y miles de cosas que arreglar, también tenemos motivos para no dejarnos aplastar por lo que digan los estudios hechos por gente que se dedica día sí y día también a hundirnos. A hacernos creer que somos la última puta mierda de la Humanidad. A mearse sobre nuestra dignidad. A que tengamos que escuchar noticias diciendo que nuestros productos están infectados de bacterias (sin pruebas que lo refuten, basándose simplemente en especulaciones) y que nuestra reputación quede en entredicho. A escuchar día sí y día también que somos unos vagos y unos parias, cuando se ha demostrado que somos uno de los países europeos en los que más horas de trabajo se echa (distribuidas de otro modo, quizás por eso de las horas de sol). A tener que reirle la gracia a aquellos que nos acusan de dopados y tramposos, dando por hecho de que TODOS los españoles somos unos yonkis y que nos lo pasamos todo por el forro de los cojones.
Tiene gracia que a muchos les joda el estereotipo pero que nosotros agachemos las orejas cuando nos sueltan un estereotipo, dándolo por hecho en el 100% de los casos.

El otro día estuvimos hablando en clase sobre la teoría del surco: consiste en asumir algo como cierto simplemente por costumbre (paso de repetir la famosa cita de Goebbels, que está ya de lo más trillada). Dicho de otro modo, si se pegan una temporada haciéndonos creer que no valemos para nada no es que estemos de acuerdo o dejemos de estarlo: es que lo asumimos como válido y verdadero.
Nos están humillando.
Nos están vejando.
Y nosotros no es que lo estemos dando por hecho:
es que creemos que SIEMPRE tienen razón.


Tiene muchísima gracia que nos llamemos borregos a nosotros mismos todo el puto día, cuando somos un país pasional que se caga en la puta madre del politicucho de turno que nos pone a caldo. Nos falta quizás el pasar a la acción y mandar a ese politicucho a tomar por culo... pero si lo pensamos, esa actitud pasional es muy típica española. En otros países la opinión pública no le da importancia a según qué cosas. Se creen lo que les sueltan y les da todo más igual que a nosotros. Véase Alemania, véase Inglaterra.
Yo digo que a ver si aprovechamos esa pasión de una puta vez para salir adelante en vez de putear al prójimo porque ha vitoreado un gol de la selección, coño.
No os dejéis convencer por aquellos que obran en favor de intereses muchos más grandes y quieren ver hundido nuestro país, nuestro hogar. Porque tan borrego es el que vitorea un gol sin pensar en nada como el que putea a su país entero y sin excepción, acusándolo de borreguismo (paradójico e irónico, lo sé. Pero borregos hay en todos los bandos; incluso en aquel bando que acusa a los demás de borregos); todo por no pasarse todo el puto día cabreados y con el ceño fruncido, como si así fuésemos a solucionar algo.
Antes de empezar en la típica costumbre cainita de puñalada trapera mutua, paraos a pensar un poco.
Recordad de dónde venís.
Pensad en lo que sois capaces.
No dejéis que nadie, se llame como se llame, os persuada para que penséis que no valéis para nada.
Tened amor propio.