miércoles, 28 de marzo de 2012

Mondo Chorra- Reflexiones acerca del éxito, la mediocridad y otras incoherencias



No hace mucho estuve comentando la especie de tirria que se tiene hoy en día (y especialmente en este país) de lanzarse al cuello de todo bicho viviente que medio quiere despuntar. Ya hemos comentado como, en un alarde de democracia, cogemos nuestras lechugas y nuestras piedras y las lanzamos a la cara del primero que se asoma para que no se pase de listo, para que no destaque demasiado.

En este post vamos exponer justo lo contrario, porque no todo es blanco ni es negro. Como ya he mencionado más de una vez, tiende a coger un colorcillo parecido al de la mierda que, además de hacer poco juego con nuestros ojos, huele a tal.

Pensad en esa incoherencia que existe, cuando se nos vende que todos somos absolutamente iguales, que tenemos igualdad de oportunidades y hasta el mismo derecho a llegar a lo más alto aunque no sepamos hacer ni la O con un canuto... pero al mismo tiempo, no se nos deja de evaluar en ningún momento. Todo el puto día tenemos que estar demostrando algo, bien sea en nuestra vida de estudiantes, en el trabajo, y todo un largo etcétera que se amplía hacia donde vosotros, queridos Distópicos, queráis llegar.

Resulta, cuanto menos, curioso, que una sociedad como la nuestra, experta en eso de la autoindulgencia y el encogimiento de hombros a la hora de cagarla, doctorada en eso de echar balones fuera ante cualquier error y buscar siempre un culpable con el que pagar nuestras frustraciones, al mismo tiempo posea un sistema de valores que, de un modo tan irónico como contradictorio, persiga el éxito.
Aquí podéis pensar que estoy como una cabra.
Puede que no os falte razón, pero os voy planteando un poco mis argumentos; luego, si queréis, podéis ir recomendando mi ingreso en un sanatorio.

No hace demasiado, se les hizo una encuesta a chavales de un colegio X (ese colegio donde se hacen las encuestas, y del que no conocemos a nadie, ni nadie que conozca a esa gente que estudia o trabaja allí), preguntándoles qué querían ser de mayores: la mitad de las respuestas consistía en futbolistas, famosos y demás.
Aquí es cuando decimos "Oh, valiente mierda", pero también es donde vemos esa persecución, no del éxito, sino del éxito fácil. El estar justo delante de los flashes de las cámaras de fotos y ser el centro de atención.
¿A que ya no parecemos tan autoindulgentes?



Dicho de otro modo: ¿Es malo ser ambicioso? ¿Querer aspirar a más? En caso alguno; de no ser así, no habríamos hecho nada en todo el tiempo que llevamos arrastrándonos por este mundo.
La pregunta es: ¿Es bueno serlo por encima de todo? ¿Querer aspirar a más, a cualquier precio?

Quizás el quid de la cuestión ha consistido, hasta ahora, en identificar el éxito como "éxito merecido". Hemos pensado que nuestra sociedad no perseguía el éxito y que le daba todo exactamente igual porque nadie quería esforzarse por ser mejor. A nadie le importaba trabajar duro para conseguir sus objetivos.
Nos volvimos a equivocar.
Acordaos de que una de las principales filosofías de este país (y, por ende, de muchos otros) es que el fin justifica los medios. No es de extrañar, por tanto, que te metas en la universidad o empieces a trabajar y veas que el personal se escaquea de lo lindo. Que copia exámenes de formas, como poco, lamentables pero efectivas. Que cuando uno la caga, la respuesta más automática y frecuente sea la de señalar con el dedo al primero que pasa por delante para cargarle el muerto.
Todo por un ascenso, por quedar bien o por aprobar un examen.
Es decir, el éxito no consiste en todo ese trayecto desde que empezamos la labor hasta que la acabamos; nos quedamos en lo que se ve, en lo que sirve para ponernos medallas. En el fin último y definitivo.

De ahí sucede que, inevitablemente, la sociedad se divida en dos a este respecto: por un lado, tenemos la casta de la gente honesta (no demasiada, pero existe) que, si bien no tiene por qué ser un puñado de genios o lo más eficiente desde el invento del papel higiénico, anda por ahí, dando el callo y sobreviviendo en esta puta jungla de animales que somos.
Por otro, tenemos a la gañanería, la jauría de hienas que se dedican a meter los hocicos en las tripas del vecino. Esos que, de un modo que a la gente honesta les resulta algo inexplicable, proyectan. Ascienden. Se convierten en una tribu de putos guais a base de tocarse los cojones, y de paso, tocárselos al prójimo.

Pero lo verdaderamente triste es cuando te encuentras que se empieza a conformar un auténtico ecosistema de roetripas, con su propia jerarquía social; es aquí cuando se da el peloteo al inútil, el chupapollismo barato y la encumbración del mediocre, que igual no es mejor que la masa informe que tiene a sus pies; simplemente se las ha apañado para despuntar, para venderse, o ha sabido engullir aparatos sexuales con mayor presteza que los demás.
Y la sociedad los ve como los listos. Los triunfadores. Los putos amos. Incluso aspiran a ser como ellos porque, oiga, si ese tío triunfa en ese plan, ¿por qué voy a hacer yo el gilipollas haciendo las cosas como es debido?

"¿Sí? Pues a tomar por culo"

Ese es precisamente el concepto de éxito al que tendemos. Queremos llegar a lo más alto, pero sin el menor esfuerzo. A mí que me lo pongan fácil, no vaya a ser que me dé algo.

Pero tampoco nos vamos a poner elitistas. De todo ha de haber en esta vida y no se puede hacer una matanza de mediocres porque la Humanidad se encaminaría a su destrucción. Pensadlo: para que haya gente que sea brillante, experta o simplemente notable en su labor, tiene que haber una masa de gente que no lo sea. Porque si todo el mundo fuese tan brillante o tan genio como más de uno querría (o espera), no existirían los genios. Seríamos todos iguales y no despuntaría nadie.
Lo lamentable quizás de esta mediocridad son algunos conceptos relacionados con ella. El primero es la mediocridad no asumida, por lo general, fruto de la sobrevaloración y del endiosamiento. La actitud de "Como tengo éxito y como soy conocido, automáticamente soy bueno. Nada de lo que haga está mal y absolutamente cualquiera de mis errores está justificado".
El segundo es, por supuesto, la autoindulgencia. Reconocer que se es un mediocre, pero no importarle a uno un carajo. No querer esforzarse, pasar de todo. Decir "Es que yo soy así", y tener carta blanca para vivir tocándose los huevos el resto de tus días.

Aquí, el amigo Stephen King. Considerado por mucha, muchísima gente, el "Genio del Terror", para mí no pasa de ser un escritor rematadamente mediocre. Si preguntas a alguno de sus fans, será capaz de justificarte todos y cada uno de los patones argumentales que un autor que ni siquiera planifica (y probablemente ni revisa) sus escritos perpetra en sus novelas.
Quizás no es tan malo que sea un autor mediocre (también tiene que haberlos) como ese círculo de incondicionales que le encumbran y le ensalzan como "Maestro de la Literatura". Esto que voy a decir podrá levantar ampollas, pero para mí es el mismo principio que decir que Sid Vicious, como músico, estaba a la altura de Mozart.
Pues no, señores: me da igual lo mucho que venda (o mejor dicho, lo mucho que lo publiciten): el señor King, como escritor, resulta MEDIOCRE.


Lo que es realmente triste es cuando la persona que tiene resultados mediocres, porque honestamente no da para más (porque todos tenemos nuestras limitaciones, y el que diga lo contrario para mí no es más que un iluso), acaba metido en el mismo saco de los fantasmas y los gañanes. Porque todo el mundo tiene que estar demostrando algo, pero no todo el mundo se lo toma igual:

a) El fantasma sobrevalorado está por encima de eso y, haga lo que haga (aunque no haga una mierda) resulta haber demostrado lo que sea con creces. Siempre tendrá un círculo de pelotillas a su alrededor (más o menos amplio, dependiendo de lo sobrevalorado que esté) que se lo recuerden.

b) El gañán igual tiene algo que demostrar, pero se la suda todo. Ya puedes mirarle por encima del hombro, que pasará de ti.

c) El que se esfuerza y no da para más, muy probablemente se preocupe por su falta de resultados y sufra como una mala bestia al ver que su labor se encuentra en entredicho. Y cuanto más en entredicho se encuentre, mayor es la presión. Más aún hay que demostrar.

Puede que muchos no sepáis quién es este señor. Se trata de John Kennedy Toole, autor de La Conjura de los Necios, una obra que, mientras Toole vivió, no pasó del rechazo o la ignorancia por parte de las editoriales. Hoy en día, tras el suicidio de su autor (al que consideraron en su día "mediocre", y el cual debe a su madre su publicación), la novela está considerada como una de las más importantes escritas en Estados Unidos en el s.XX.


Puede que muchos de vosotros no consideréis a c) como "mediocres". Honestamente, yo tampoco lo haría; pero seamos claros: no entrar en esa consideración no nos salva de la quema. Decir que hacemos las cosas lo mejor que podemos, que nos esforzamos, no nos libra de esa mediocridad. No en tanto en cuanto se espera de nosotros que tenemos que rendir. Que tenemos que dejar claro que podemos sacar buenas notas, buenos resultados, dar buena imagen, parecer responsables o mil cosas más.
Evaluación.
Tasación constante.
De esto a lo que se hacía antes, de mirarle los dientes al mamotreto con patas para ver si estaba sano sólo han pasado unos mil y pico de años. Y el objetivo es el mismo: somos productos, que debemos pasar constantemente un control de calidad. Hoy en día debemos ser creativos, dinámicos, proactivos y mil términos más, sacados de la manga, para certificar que estamos en la onda. Aporte usted su título, aunque sea de algo cuya utilidad práctica está a años luz de descubrirse. Pártase los cuernos, si quiere, por ser algo en la vida, que el que está al lado igual se folla a la mujer del jefe y lo consigue en la mitad, siendo el doble de inútil y el triple de imbécil.

El chiste: Albert Einstein, en su juventud, fue considerado "una nulidad" por sus profesores.

Igual da la casualidad de que, a fin de cuentas, no importa que te esfuerces. No importa que trabajes. Nada de eso importa si no llegas al objetivo previsto. Si no tienes la marca de "Apto", la hayas conseguido como la hayas conseguido, formas parte del montón. Del vulgo. Del puto pueblo llano.
Como si ser un triunfador fuese lo único en esta vida.
Perdonad que me ría, pero yo me he topado con alguno de esos supuestos triunfadores; de esos que te recuerdan que tu situación laboral es precaria; tu sueldo, menor; no has conocido ni la mitad de mundo que ellos; no te has trajinado a tías tan espectaculares (o tíos, que de todo hay), que parece que han salido de un catálogo de moda. Al lado de esa gente te das cuenta de que nadie va a babear a tu alrededor. Las palmadas en la espalda por algo bueno o memorable que hayas hecho, a diferencia de estos Seres Superiores, son una especie de Regalo que no vas a recibir todos los días. Qué coño, la gente del otro sexo no se va a pelear por conocerte.
Sé que muchos querríais ser así. No hay nada de malo en admitirlo.

Otra cosa es que, partiendo de ese deseo, os arriméis a esa gente y os convirtáis en su séquito personal.
Ni se os ocurra. Tenéis dignidad y, aunque no lo creáis, tenéis algo que ellos no tienen. Ese algo, queridos Distópicos es que habéis conocido el fracaso a lo largo de vuestras vidas; no habéis nacido con una cuchara de plata en la boca. Nadie ha estado alrededor de vosotros diciéndoos lo fantásticos que sois, ni lo bien que lo hacéis todo. Vuestros profesores no se han deshecho en halagos delante de vuestros compañeros de clase. Muchos no sois un imán para el sexo opuesto. Otros no ganáis mucho, o puede que ni siquiera tengáis un empleo estable o decente.
No os engañéis: no sois peores que esos superhéroes.
Conocer el fracaso implica que, cuando somos derrotados (porque todos lo somos en algún momento de nuestras vidas, de esto no se libra nadie) tenemos más posibilidades de encajarlo. De asumirlo. Incluso de superarlo.
Lo que no nos mata nos hace más fuertes, y puede que no os hayáis fijado, pero es posible que hayáis pasado por mucho más de lo que hayan podido pasar esos Tocados por la Mano de los Dioses. Perder os ha enseñado a sobrevivir, a luchar y a querer ser mejores. Los que ya creen serlo jamás entenderán algo así.

¿A que ahora la mediocridad no resulta tan desagradable?

sábado, 24 de marzo de 2012

Tebeos en Vena- JSA, de Geoff Johns, James Robinson y David Goyer



No es la primera vez que en este blog o en mis propios comentarios personales del día a día, he comentado lo mucho que suelo detestar esa especie de manía de hacer refritos de cosas antiguas; algunos de los Distópicos veteranos, o aquellos que habéis tenido el valor de aventuraros a lo largo de yo no sé cuántos meses de blog, recordaréis aquel post donde se ponía a caldo a la industria de Hollywood.

El mundo del cómic no ha escapado a este ataque contra el buen gusto y hemos tenido ocasión, más de una vez, de comprobar cómo algún genio ha entrado a guionizar una serie y la ha puesto patas arriba creyéndose Alan Moore y rompiendo tanto los esquemas originales que, más que impulsar una vuelta de tuerca, lo que ha hecho ha sido llevar a la ruina historias que llevan acompañándonos unas pocas de décadas. Pensad en Scott Lobdell y en su etapa en X-Men (también conocido como el señor que mataba a todo aquel personaje que le molestaba o que no tuviese poderes supermolones, tuviera aquello sentido o no), donde la complicación del argumento (cada vez más parecido a un culebrón espaciotemporal) pesaba sobre la complejidad (totalmente inexistente, donde los buenos eran llorones y los malos tenían cara de estreñidos). Pensad en muchos otros genios cuyas obras hemos tenido la desgracia de conocer y que han acabado por relegarse al olvido.

Este post precisamente no va de despotricar contra algún imbécil que se pone a guionizar algo que ni siquiera conoce, ni para arremeter contra la falta de respeto que más de una autoproclamada estrellita demuestra cada vez que le dan carta blanca.
Todo lo contrario.

Antes de empezar a hablar sobre esta JSA es necesario sentar un poco las bases acerca del tema que estamos tratando. Una introducción al asunto como es debido.

Empecemos hablando sobre la JSA.




1. JSA: Justice Society of America- Cincuenta años de legado

Puede que muchos no lo sepáis, pero estamos ante el primer grupo de superhéroes de la historia. Nacidos allá por los 40, este elenco de la Golden Age reunía a algunos de los superhéroes más populares de DC por aquel entonces: Green Lantern, Flash, Wonder Woman y un montón de personajes más que hoy en día son más que populares entre los fans del mundillo comiquero.
Pero todo tiene un fin.
En este caso, y sin que sirva de precedente, la JSA original no resultó cancelada por la falta de ventas. La explicación proviene de varios elementos ajenos a la industria que, curiosamente, hicieron mucho daño.
Nos meneamos hacia los años 50. Hablamos de una época bastante confusa e inquietante para los Estados Unidos, donde el vecino podría ser un terrible y malvado comunista que podría estar pasando información a los rusos. Una época en la que los personajes enmascarados, por mucho que lucharan por la patria (tenemos que verlo todo en su contexto: no olvidemos que la JSA nació al amparo de la Segunda Guerra Mundial), no inspiraban demasiada confianza. Alguien que ocultaba su rostro, por ende, tenía alguna cosa más que ocultar.

Puede que hoy en día os parezca ridículo, pero en su momento, esto tuvo tanto sentido como el auge mainstream del superhéroe tras el 11 de Septiembre.

Un segundo factor fue un psiquiatra llamado Fredric Wertham que, en un auge de "liberalismo", publicó un libro titulado Seduction of the Innocent, en el que acusaba al cómic de males tan grandes como las tendencias comunistas o (horror de los horrores) la homosexualidad.
Debemos recordar que estamos hablando de una época en que estaba de moda la "Caza de Brujas" y la persecución de cualquier elemento que se considerase socialmente marginal, subversivo o simplemente divergente. Una especie de distopía, si queréis.
La JSA y el resto de personajes de cómic no se libraron de esto y desaparecieron paulatinamente del mercado.

Nos movemos unos añitos en el futuro y nos metemos ya en los 60. Otra época, otros aires. Surgen los personajes de DC, con un aire menos "retro" y más acorde con los tiempos: los personajes que habíamos conocido en épocas anteriores habían sido recreados y a menudo tenían otras historias, otros nombres de pila e incluso otros uniformes. Si tomamos el caso de Flash, ya no era el científico Jay Garrick que vivía en Keystone City, ni tampoco era un señor con camiseta y pantalones que correteaba por ahí con un casco tipo Mercurio. Ahora se llamaba Barry Allen, vivía en Central City y era un tipo con un uniforme rojo y una máscara con alas.
Nació la Edad de Plata.

Jay Garrick, el Flash de la Golden Age

Barry Allen, el Flash de la Silver Age



He tomado el caso concreto de Flash por un motivo bastante importante.
Si leemos este último párrafo, tenderíamos a pensar que la JSA había desaparecido de la continuidad de los cómics y que, en su lugar, teníamos una flamante Liga de la Justicia (JLA) que la había suplantado.
Pues no.
Precisamente gracias al señor Allen, descubrimos un buen día que esa JSA jamás desapareció: DC había decidido reintegrarla en su Universo, pero ¿cómo? Ya había un Flash, una Wonder Woman, un Green Lantern, un Hawkman... ¿Qué era eso de ponerse a duplicar personajes?
La respuesta la tuvo el guionista de esta serie, con una idea que tal vez hoy nos podría parecer traída por los pelos, pero tenemos que tener en cuenta que antes no se había hecho nada parecido, o no al menos con tanta repercusión: la JSA provenía de un universo alternativo, lo que sentaría las bases del famoso Multiverso DC que perdura (más o menos) hasta nuestros días.

De este modo, tenemos que a lo largo de los años setenta empiezan a surgir cruces de series (cross-overs) en los que la JLA y la JSA se reúnen y viven aventuras conjuntas. Vamos descubriendo que hay personajes, como la segunda Canario Negro (hija de la Canario Negro de la JSA) que saltan de una tierra a otra para quedarse a vivir en ella.
No es de extrañar, por tanto, que una vez llegados a los 80, la JSA sea un grupo con una cierta presencia en DC, llegando a conformar una línea editorial que incluiría dos colecciones que servirían como puntales a lo que surgiría más adelante: All-Star Squadron (que narra las aventuras de la JSA y sus aliados a finales de la guerra) e Infinity, Inc. (que, ya en los años 80, nos mostraría a una JSA con la mitad de sus miembros cercanos al retiro o muertos y cuyo legado continúan los hijos de éstos... y además, la primera colección que seguí en mi vida), escritas ambas por un señor llamado Roy Thomas, fan de la Golden Age para más señas, de sobra conocido por ser el continuador de la labor de Stan Lee en Marvel y por toda una obra de arte como es Conan.

Ambas series tuvieron que verse obligadas a sufrir drásticos cambios en el re-boot que supuso Crisis en Tierras Infinitas (donde se tuvo que reescribir el origen del Multiverso DC desde el Big Bang): al desaparecer toda esta diversidad de universos paralelos, se infería que muchas líneas editoriales iban a desaparecer.
Y sin embargo, no fue así: la JSA sobrevivió una vez más.


Eliminando las duplicidades más obvias (como la de Superman, que fue borrado del mapa, aunque de un modo tan coherente como dramático), descubrimos que esta nueva configuración del Universo nos enmarcaba a la JSA y la JLA en una única Tierra y en una única corriente temporal: de este modo, los primeros se retiraron durante los 50 y algunos años más tarde, la JLA seguiría su legado. Dicho de otro modo, Superman y Batman ya no eran los primeros hombres misteriosos, sino que habían surgido a la sombra del primer Green Lantern y los demás. Tan sólo quedarían algunos flecos sueltos, como el caso de Power Girl, que darían pie a toda una serie de líneas y giros argumentales que perdurarán hasta nuestros días.

¿Qué sucedería a la JSA? Desaparecería atrapada en una dimensión de bolsillo, en la que estarían condenados a luchar eternamente contra los dioses nórdicos, invocados por Hitler durante la convergencia de tiempos y tierras acaecida durante la Crisis. Una forma épica de cerrar la colección, si se tenía en cuenta que Hitler y la Lanza del Destino fueron precisamente los factores que impulsaron la creación de la JSA original.



2. Los años 90 y los orígenes de la JSA de Johns, Robinson y Goyer

Esta década, como muchos de vosotros sabéis, resultó bastante oscura e imprecisa para el mundo del cómic mainstream en líneas generales. Aquí fue donde la creación de historias dio paso a la especulación pura y dura; donde fulanos como McFarlane, Liefeld y otros impresentables del cómic empezaron a creerse Stan Lee o Jack Kirby y fueron de revolucionarios por la vida... para convertirse en los creadores de un puñado de historias inconexas, donde el ruido y la furia eran lo único que podías leer en sus páginas. Y no precisamente refiriéndose a William Faulkner.
Siguiendo un poco la estela dejada por el inmejorable Watchmen, se intentaba dar un enfoque más adulto a las colecciones, lo que en caso alguno quiere decir que se consiguiese. La explicación es obvia: para estar a la altura de Alan Moore había que comer muchos Bollicaos y, cuando uno es un mediocre y se impone (o le imponen) un objetivo tan alto, lo que queda es la sensación de que te has quedado en lo superficial. Por tanto, ahora lo que encontrabas eran tetas descomunales, dientes apretados, metralletas enormes, garras y cadenas. Historias de ultraviolencia (sin demasiado sentido ni gracia) que pretendían impresionar más que calar hondo. Los héroes se volvían chungos, con cazadoras de cuero y melenas rumberas.
Lo que cualquier amante de las historias llamaría "Mierda prescindible".


Dientes apretados, tetas desproporcionadas, armas a punta pala, pintarrajeo hortera en la cara, armaduras hiperbrillantes... Sí, amigos, ¡bienvenidos a los 90!


DC también sufrió esa fiebre, y nos encontramos chorradas tan grandes como la sobrevaloradísima Muerte de Superman o Knightfall/Knightquest de Batman. La JSA no fue menos y resultó afectada profundamente en uno de los chorrocientos macro-crossovers que iban saliendo cada año: en la saga conocida como Hora Cero, un fulano conocido como Extant (anteriormente conocido como Halcón, y para mí uno de los gilipollas más grandes que he visto en las páginas de un cómic junto a la Antorcha Humana de los Cuatro Fantásticos) intentaba reformar el Universo según su criterio. Esto tuvo como consecuencia la consabida manta de hostias, en la que unos cuantos héroes, no tan acordes a los tiempos que corrían, palmarían de modo irremisible.

Si bien, como ocurriese en la Crisis, la JSA parecía haber encontrado su sitio en DC para ser barrida del mapa, aquí pasó exactamente lo mismo: a mediados de los 90 se publicó (por fin) una mini-serie dedicada a este supergrupo. Poco después, aparecería el susodicho Extant y los que sobreviviesen del grupo se retirarían de una vez para dar paso a los más jóvenes.

Eso, claro está, hasta que llega a escena un señor llamado James Robinson. Un tipo curioso, bastante arrogante y pagado de si mismo en sus primeros días, según sus propias palabras... pero a la vez respetuoso con la labor de contar historias.
A este tipo se le encarga en un momento dado escribir el guión de un nuevo Starman. En los años 90 había refritos y remakes de los personajes antiguos por doquier, como ya he mencionado, y aquí tendríamos otro ejemplo.
Fijaos en lo que he dicho arriba.
He hablado de la mierda prescindible de DC de los años 90, pero me he guardado un as en la manga: hubo mucha mierda, sí... pero también hubo obras de una calidad inmejorable. Es precisamente en esta época cuando se consolida el sello Vertigo (que tuvo su origen allá por 1985 con La Cosa del Pantano de Alan Moore). The Sandman de Neil Gaiman y Hellblazer de Jamie Delano nos muestran una nueva forma de concebir el cómic. Kid Eternity de Grant Morrison nos acerca al concepto del cómic europeo con un apartado gráfico basado en la acuarela, el acrílico y otras técnicas, en lugar del lápiz y la tinta originales.



Y la otra cara de la moneda de la década. Aquí, Kid Eternity, página pintada por uno de esos grandes que es Duncan Fegredo.


Algunas series de superhéroes también conocen esa evolución. Si hay un buen ejemplo de esto, es precisamente el Starman de James Robinson que, alejado de los trajes brillantes y las frases grandilocuentes, nos muestra un héroe terriblemente humano y más adulto de lo que estábamos acostumbrados a ver diez años atrás. Es una serie sobre herencia, legado y la responsabilidad... no sólo de salvar una ciudad, sino de seguir la propia vida y de llegar a la madurez.
Y que, cómo no, al tratarse de la historia del hijo de un miembro de la JSA original, volvería una y otra vez a la Golden Age.

No es de extrañar que esto rescatase, una vez más, a la JSA del ostracismo.

Junto a Robinson, encontramos a otro señor llamado Geoff Johns. Este, a su manera, también nos hace revivir el legado de la Golden Age  la JSA... pero curiosamente, lo hace partiendo del concepto contrario: en la miniserie Stars & S.T.R.I.P.E, el tono maduro y memorable se convierte en una cosa desenfadada y divertida. En lugar del héroe que acepta a regañadientes su destino de Starman, aquí lo que tenemos es a una adolescente incorregible y con unas ganas tremendas de tocar las narices a su padrastro que, por avatares del Universo DC, resulta ser Stripesey, un secundario de Los Siete Soldados de la Victoria (otra serie Golden Age) que tuvo sus apariciones en All-Star Squadron e Infinity, Inc.
Con un dibujo que recuerda poderosamente a los dibujos animados, Johns rinde un homenaje a Courtney, su hermana fallecida, creando a la nueva Star-Spangled Kid, que se dedicaría a ir por ahí disfrazada y pegando patadas a algún supervillano que atacase su instituto (sí, como lo leéis) para disgusto de su pobre padrastro, que se pegaba todo el santo día siguiéndola con un robot a escondidas de su madre, con la sana intención de evitar que la chica se metiese en un follón de los gordos.

Lo que vendría a entenderse como una gamberra metida a superheroína a tiempo parcial. El resultado, una serie divertida y con un punto tan gamberro como su protagonista.


3. El regreso de la JSA y la serie inicial

¡Y por fin llegamos a la serie en sí!
O más o menos...

Existe un prólogo, narrado en conjunto por Johns y Robinson, a los que se les unen David Goyer (guionista de los dos Batman de Christopher Nolan) y Mark Waid, otro de los guionistas insignia de DC de las últimas décadas. En ella se nos narra una historia a finales de los 40, poco antes del retiro de la JSA. Argumentalmente independiente, sirve como eslabón entre Starman, Stars & S.T.R.I.P.E. y la serie inicial. Podríamos llamarlo algo así como una especie de "calentamiento de motores", donde se nos va indicando un poco la línea que se va a llevar a partir de ahora: el más absoluto respeto por la tradición del grupo y su filosofía original, pero añadiendo cosas propias que en absoluto desentonan. Como secundarios, además, encontramos a otros personajes de DC con cierta solera como el Dr. Occult o Stalker, que aquí hace la función de villano (no desvelo nada importante, porque eso se ve en las primeras páginas).

Una vez hemos leído todo esto, descubrimos que lo único que nos queda es entrar en la primera colección de la JSA en muchos años y empezar a desgranar el asunto. Antes de todo, quiero comentaros que la lectura de todo el material arriba mencionado EN ABSOLUTO es imprescindible para entender la JSA (yo mismo he ido recopilándolo posteriormente), aunque ayuda bastante si somos unos cotillas redomados o unos coleccionistas compulsivos y queremos entender todas y cada una de las referencias que se nos ponen por delante.

La colección inicial se compone de cinco arcos narrativos, que menciono aquí en orden cronológico:

1. Que se haga justicia
2. Tierra de Tinieblas
3. La Caza de Extant
4. La Sociedad de la Injusticia
5. El regreso de Hawkman.

Cada uno de estos números contiene referencias a otras colecciones, que iré añadiendo a modo de lecturas complementarias en cada análisis.


1. Que se haga justicia: Como número inicial, va a contener referencias a lo sucedido en Hora Cero, específicamente en lo tocante a la muerte de personajes como el Átomo. De un modo algo más tangencial, veremos referencias a El Regreso de la JSA cuando los personajes hablan de la lucha contra Stalker y, cómo no, a Stars & S.T.R.I.P.E y Starman (de hecho, Star-Spangled Kid aparece en el grupo "supervisada" por Ted Knight, el Starman original), lo que pone de manifiesto la confluencia de las series arriba mencionadas.
Infinity, Inc. también tendrá su importancia, considerando que en este tomo se habla de un nuevo Doctor Destino (no os desvelaré nada, pero guarda bastante relación con este grupo) y el personaje Atom Smasher, que no es otro sino Nuklon, antiguo miembro de aquella gente. Asímismo, encontraremos alguna que otra referencia a otros personajes, tales como el Hombre Gris (mencionado alguna vez en The Sandman o en la JLA de Giffen y DeMatteis de los años 90) o Kid Eternity. También encontraremos personajes más o menos familiares, como la segunda Canario Negro, extraída directamente de Aves de Presa y una Wonder Woman diferente a la que vimos en la famosa recreación de George Pérez de finales de los 80: en este caso, en lugar de la princesa Diana, a quien tenemos es a su madre, la reina Hipólita de las Amazonas (en algun re-boot del Universo DC se nos cuenta que la Wonder Woman de la Golden Age no era sino Hipólita, que viajó en el tiempo hasta los años 40).
El resultado: un número inicial que, por encima de todo, sirve para sentar las bases de una nueva encarnación de la JSA, llena de caras nuevas, pero sucesoras de un legado de más de medio siglo. Los personajes, bien definidos, cada uno con una personalidad muy marcada y con unas motivaciones bastante clara (pongo como ejemplo a Hawkgirl que, para variar, no es la típica chaval supersimpática y amiguísima del grupo, sino que se muestra como un personaje huraño y solitario que no tiene ninguna intención de establecer lazos sociales con sus compañeros).



2. Tierra de Tinieblas: Una vez sentadas las bases de la nueva serie, ya sólo queda ir retomando cabos sueltos que se fueron quedando por ahí a lo largo de mil décadas y colecciones. Uno de ellos, por ejemplo, es un personaje al que vimos en All-Star Squadron (no desvelo el nombre) y que es responsable de un hecho tan curioso como que personajes que se dieron de hostias contra los nazis tengan un aspecto tan saludable en nuestros días. Asímismo, encontramos a otro viejo conocido de Infinity, Inc. y, dicho sea de paso, uno de mis personajes de cómic favoritos y que, en cierto modo, supuso las bases del protagonista de mi primera novela, El Gusano Interior (Lo siento, chicos, tenía que hacer autopropaganda por alguna parte): Obsidian. Aquellos que seáis curiosetes, comparad un personaje con otro y quizás encontréis alguna coincidencia curiosa...

Obsidian, en este arco argumental, no aparece como un héroe: se hace referencia a su madre (una villana conocida como la Espina, y una psicópata de cuidado) y a una especie de herencia genética que al pobre chaval le ha tocado sufrir. Aquí, además de las consabidas mantas de hostias, nos vamos a encontrar con una temática acerca de la relación padres e hijos que no tiene ningún desperdicio.

También encontramos la primera aparición de otro personaje que sigue el legado de un miembro de la JSA: El Doctor Mid-Nite, el cual ya tuvo su aparición en una serie limitada poco antes. También nos encontraremos al nuevo Mr. Terrific, cuyo origen conocimos en la serie de El Espectro de John Ostrander. Hay además alguna que otra referencia sutil a los últimos números de Starman, donde se nos indica que "algo" está pasando en Opal City (un eufemismo de lo más bestia, por cierto) y la serie Chase, una de esas joyas de los 90 que fue cancelada antes de llegar a convertirse en algo verdaderamente grande.



3. La Caza de Extant: Nuevas referencias. Cómo no, esta vez toca meterle mano a un arco argumental que en su momento dejó a la JSA hecha unos zorros: Hora Cero. Aquí se nos recuerda que el fulano conocido como Extant, tras haberse cargado a cinco héroes de la JSA (Hourman, el Átomo, el Doctor Mid-Nite original, Hawkman y Hawkgirl) desapareció y no se supo más de él. Aquí vamos a encontrar un grupo dividido en dos frentes, destinados a amenazas distintas: por un lado, unos van a la isla Blackhawk a darse de leches contra un terrorista de corte religioso-armagedonista llamado Kobra (el cual ha cometido el error de reventar el avión donde va la madre del pobre Atom Smasher); por otro, la cacería de Extant en sí misma, junto a un personaje conocido por los amantes de Jack Kirby: Metrón, de los Nuevos Dioses que aparecían en Cuarto Mundo.
También encontraremos referencias a Halcón y Paloma, por los evidentes motivos del origen de Extant. Esto, además, servirá de base para alguna sorpresita que nos encontraremos después de la marcha de Goyer...



4. La Sociedad de la Injusticia: De los cinco tomos, quizás este resulta el de lectura más divertida; con amenazas menos apocalípticas que las anteriores (entre fuerzas del Caos desatadas, el plano de las sombras engullendo la Tierra, un terrorista que amenaza con reventar el mundo entero de un pepinazo atómico o un psicópata que quiere reconfigurar el Universo, esto es un soplo de aire fresco), nos muestra un clásico de todo supergrupo que es ese de encontrarse a calzón bajado mientras el enemigo te invade el cuartel. Para entendernos, es una especie de Jungla de Cristal, donde aquí el personal tiene que ponerse las pilas mientras un ataque perfectamente combinado los pone contra las cuerdas (y bien puestos, por cierto).
Este arco argumental, además, servirá de base para aventuras posteriores, muy especialmente en lo tocante al villano/héroe/no-lo-tenemos-del-todo-claro Black Adam, de conocida trayectoria por Shazam. Eso, sumado al detalle de Flash por Egipto, nos va soltando pistas acerca de cosas que nos iremos encontrando más adelante...

La segunda parte de este volumen vuelve a la vertiente más apocalíptica en lo tocante a la línea argumental del Rey de las Lágrimas: aquí tendremos un par de cameos de interés. Por un lado, el Espectro original aparecerá en un flashback (también se hará mención a la serie dedicada al personaje a lo largo de la lucha con el Conde Vértigo); por otro, JJ Thunder, el cual debutó en un número de Flash, hará aquí su puesta de largo, continuando el legado del pobre Johnny Thunder, cuya mente está (aparentemente) destrozada por el Alzheimer.


5. El Regreso de Hawkman: Nuevamente, vuelven las referencias a Hora Cero. La JSA ha reaparecido, con nuevos miembros; unos, de la cantera que era Infinity, Inc. y otros que se han ido sumando por diferentes motivos. Más proactivos que en su encarnación anterior, ya han salvado al mundo un par de veces, demostrando que, si bien la JLA, los Titanes y todos los demás payasos siguen un código del superhéroe, fue la JSA quien lo escribió y la que marcó toda una tendencia que se perpetúa a lo largo de más de medio siglo.
Y sin embargo, falta algo.
Uno de sus miembros fundadores permanece desaparecido, posiblemente muerto. Hablamos de Carter Hall, el hombre conocido como el Hawkman de la Golden Age.

A lo largo de los tomos anteriores, hemos podido comprobar que Hawkgirl se ha estado comportando de un modo extraño: si al principio la vimos huraña, ahora resulta que parece recordar cosas que jamás vivió. Hasta donde se nos ha contado, es una chica de diecinueve años, nieta de un amiguete del primer Sandman. ¿Por qué se dirige entonces a Black Adam por su nombre original, el egipcio Teth-Adam? ¿Por qué llama a Pieter Cross, el segundo Dr. Mid-Nite, "McNider"?
Todo parece indicar que algo muy extraño está sucediendo alrededor de la muchacha, y las investigaciones de Sand (el actual presidente de la JSA) no hacen sino poner de manifiesto algo mucho más escalofriante: algo está a punto de suceder y las aparentes pérdidas de conciencia de Hawkgirl (o esos extraños "estallidos" que ha venido sufriendo) no son más que señales.
Este volumen nos acabará llevando a Thanagar, lugar de sobra conocido por los lectores que hayan seguido series como Hawkworld o la JLA. Este remoto planeta es una especie de cruce entre la distopía militarista y el misticismo del antiguo Egipto, lo que nos lleva a una sociedad guerrera que nos podría recordar al universo de Stargate (aunque con idioteces menos gordas que en esta película). Aparecerán otros conceptos como el Metal Nth, bastante frecuente en las historias de los Hombres Halcón o la reencarnación, algo de corte muy egipcio y que encaja en la ambientación de esta historia como un guante. Como estrellas invitadas, nos encontraremos al ángel Zauriel (un personaje que, por aquel entonces, formaba parte de la JLA), que tendrá una conversación acerca de religión y amor con Hawkgirl que es de todo menos moralista o propagandística. Digna de leer.

El final de este arco argumental (sin desvelaros nada) sienta definitivamente las bases de una colección que ha venido perpetuándose hasta la actualidad y que no resulta sino un prólogo. Todavía tendremos por delante la inclusión de nuevos miembros, como Power Girl o Rick Tyler (hijo del Hourman original) o la marcha de algunos otros (no digo quiénes)



4. Valoración y análisis de algunos aspectos

Debo aplaudiros si habéis sido capaces de llegar hasta aquí. Como véis, no es en absoluto fácil resumir medio siglo (literalmente hablando) de historias, personajes y entramados de colecciones tan complejos que se convierten en toda una tela de araña. Por tanto, procuraré ser breve en este análisis.

Existe un dicho popular en inglés que viene a decir "Too many cooks spoil the broth"; dicho en cristiano, "demasiados cocineros arruinan el caldo". Por lo general estoy de acuerdo: cuando mucha gente mete mano a la vez en la misma cosa, resulta que lo que tienes es una especie de batiburrillo de ideas inconexas que dan lugar a un jaleo impresionante del que no sacas absolutamente nada en claro.
Esto no pasa en la JSA.

Pese al follón que os he montado entre colecciones, referencias y cuarenta mil cosas, hay que decir que puede leerse esta colección de cabo a rabo sin conocer todas esas colecciones paralelas sin temor a perderse: como mucho, veréis que un personaje comenta algo al respecto y menciona lo importante que sucedió ahí. La documentación paralela, para los que queráis meteros muy en profundidad y queráis conocer los detalles.



Hablamos de una serie de cómic de superhéroes, pero eso no quiere decir que estemos ante algo simplista para chavales, ni mucho menos. Los guionistas (recordad que David Goyer anda metido), si recurren a algún tópico, lo hacen de manera que no caen en lo evidente, en lo manido. El lenguaje no resulta anacrónico y, en algunos casos, resulta incluso inteligente. No hay más que ver cómo enfoca el Doctor Mid-Nite la lucha contra sus enemigos (como el cirujano que es) para ver que aquí hay gente metida que sabe lo que está haciendo.
Aunque hay abundantes escenas de acción, quizás lo que da potencia a esta colección son precisamente los momentos en que esta no tiene lugar; es cuando vemos las relaciones entre personajes, entre sí y ante la opinión pública, cuando descubrimos una serie de superhéroes, pero tratada con una cierta madurez.

El trato hacia los personajes y su legado se hace de forma razonada: se muestran como personajes falibles, con sus miedos (Hawkgirl o Sand, por ejemplo) y con su propia manera de afrontar las cosas cada uno (véase, por ejemplo, el diálogo entre Flash y Mr. Terrific en Thanagar acerca de la vida más allá de la muerte), lo que hace que sean perfectamente reconocibles entre sí, aparte de por llevar un disfraz molón y tener unos superpoderes espectaculares. Incluso se puede ver cómo muchos de ellos evolucionan (el caso de Star-Spangled Kid o Black Adam) sin llegar a la torpeza de la incoherencia.



El dibujo se mantiene bastante uniforme a lo largo de los cinco tomos, con pocos cambios entre los diversos artistas, lo que da una sensación de homogeneidad que hace que el lector tenga ya unas facciones y una estética más o menos definida a lo largo de la serie. Cuenta con un colorido digital bastante correcto, que no empaña ni enmascara el trabajo del lápiz o la tinta.
En cuanto a la estética que transmite, podría ser algo así como "retro-noveau" (término que me acabo de sacar de la manga): es decir, trajes dibujados con un estilo totalmente contemporáneo, pero siguiendo patrones de diseño basados en los originales de los 40. Quizás el único que se sale un poco de esta norma es el uniforme de Mr. Terrific, creado fuera de la colección. Si veis el uniforme del Terrific original, entenderéis por qué. Incluso lo agradeceréis.
Merece destacar también el trabajo de las cubiertas originales, realizado en gran parte por el británico Alan Davis, señor que últimamente había recibido críticas bastante regulares, pero que parece haberse resarcido aquí.

En resumidas cuentas, una serie de lo más recomendable tanto para amantes de DC consagrados como para profanos recién llegados.
Hace cosita de un año, Planeta Agostini lanzó el rumor de que podría reeditar toda esta etapa en un único tomo; ahora que ECC ha llevado el mando de DC en España, es cuestión de cruzar los dedos para que les dé por hacerlo.
En caso de que lo hagan, ya tenéis este análisis. La decisión de haceros con esta etapa es vuestra.

sábado, 17 de marzo de 2012

Escupiendo Rabia- El arte de bajarse los pantalones



En nuestra entrega anterior estuvimos haciendo un pequeño análisis acerca de esa especie de moda de ir de rebelde por la vida que parece haberse adueñado del alegre Homo Hispánicus común. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y tenemos también que exponer una característica complementaria, que viene a poner de manifiesto la bipolaridad mental de los congéneres de este nuestro país.

Sí, amiguitos distópicos: se llama Fiebre del Pelotilleo o, como reza el título de este post, el Arte de Bajarse los Pantalones. ¡Vamos que nos vamos!

Decía Unamuno que le dolía España. Quizás yo no llego a tanto; más bien soy de decir que me escuece. Esa clase de escozor que podría salirte en la punta del miembro y que hace que veas las estrellas cuando vayas a mear. No te jode siempre, pero oye, de vez en cuando tienes que pasarte a echar un pis. Pues esto igual.
No deja de ser, como poco, curioso, cómo se nos llena la boca acerca de nuestra dignidad y de nuestros valores inalienables como "personas humanas" (término acuñado por la Magna Hispania, donde parece distinguirse entre "personas humanas" y "personas no humanas". Si alguien conoce la diferencia entre una cosa y otra, que me la explique. A ser posible con un diccionario o documentación por delante, gracias), cuando al mismo tiempo, nos pasamos esos valores por los aledaños del sfinter y nos agachamos ante cualquiera que medio aparente ser más poderoso, rico o guai que nosotros.

No hace falta irnos a la Historia. No es necesario mencionar cómo un "señor" de la "talla" de Fernando VII vendió el país que le había visto nacer a los invasores (que vale, puede que tuviesen ideas más avanzadas y progresistas que las nuestras... pero que entraron aquí a sangre y fuego sin que nadie les hubiese pedido su puta opinión. Algo tan justificable como cualquier otra invasión que se precie), para luego meternos en los cipotes en los que nos metió.
Sólo tenemos que irnos a unos diez años atrás, cuando a un paleto de mierda con problemas de alcoholismo y (especialmente) gilipollez crónica y que tuvo la potra de sentarse en la Casa Blanca (unos dicen que fue por amaño en los votos) se le puso en los huevos de invadir un país como Irak. Para justificar semejante imbecilidad, se le ocurrió decir que hubo armas de destrucción masiva, presentando ante la ONU unos cachondísimos dibujitos hechos con Photoshop como pruebas. La ONU casi se partió la caja con aquello y le dijo que no se columpiase, que iban a mandar inspectores. Este señor se pasó esa advertencia por el escroto y hala. Guerra que te crió.

"¡Venga, chavales! Por la paz, la democracia y la libertad de comerte un puto Macdonalds en cualquier parte de este país de mierda!"
"Pero, si luchamos por la paz, ¿por qué hemos invadido un país a tiro limpio?"
"Joder, Jackson, deja de dar por culo y mata a los Alibabases, coño"

Pero ojo, que no toda la culpa va a ser de este mentecato. Cuando se es un idiota redomado y se tiene el aliento de las petrolíferas y las empresas vendedoras de armas soplándole en el cogote, uno tiene ideas así. No lo vamos a justificar ni a perdonar por ser un puto genocida, pero diremos que él no era más que una marioneta de poderes mayores.
Lo que sí clama al cielo es cuando a este señor se le empieza a encaramar una cuadrilla de pelotas y degustadores rectales que empiezan a justificarle (y descaradamente) para subirse al carro. Para sumarse al expolio. Y, en definitiva, para arrimarse a la fotito.
Diga usted que, por un casual, la jugada sale bien, resulta que había armas de verdad y ganan la guerra. Eso supone medallitas al canto y pasar a la Historia como un puto superhéroe.
En mi tierra eso es de ser un puto lameculos.

Esta movida, sin embargo, no afecta a individuos concretos o, como muchos parecen creerse, a alguna ideología específica; esta actitud servil hacia los Estados Unidos de cierto presidente, perteneciente a cierto partido, en caso alguno ha sido exclusiva.
Movámonos unos cuantos años hacia este futuro. Esta protodistopía para cerebros uniformes en la que vivimos. Muchos iluminados podrían decir, hoy por hoy, que al haber tenido un gobierno diferente tras el fiasco de Oriente Medio, nos hemos vuelto más sensatos y más autónomos. Que ya no le hacemos la pelota a nadie y que hemos aprendido a pensar por nosotros mismos.
Y una leche.

Se dice que el ser humano es el único bicho sobre la faz de la tierra que tropieza dos o más veces con la misma piedra. Los países y sus gobiernos, al estar formados principalmente por especímenes de estos, tienden a multiplicar el número de hostias.


Lo que hemos hecho ha sido cambiar de dueño, pero seguimos siendo unos putos perritos falderos. Esos graciosos animalillos que se arriman a lo primero que despunta para sentirnos fuertes. Para creernos que así somos más que mierda, cuando no llegamos ni a pedo.
Nuestros líderes tienden a pensar que agachándonos, que dando coba y que perdiendo totalmente la dignidad llegaremos a algo. Que prosperaremos como país. Que esos supuestos primos de Zumosol, en su Olimpo de Superpotencias, nos mirarán a la altura de los ojos.
Y nos lo tenemos que creer.

Fijaos en lo que está sucediendo ahora. Pensad un poco en Francia y muy especialmente en Alemania. Pensad en cómo nos tratan y en si nos merecemos verdaderamente que se dirijan a nosotros como una panda de lacayos, que encima tenemos que dar las gracias por seguir existiendo. Irónico, cuando ellos nos deben más de lo que parece... o, ¿de dónde creéis que salen los ingenieros, informáticos, médicos o enfermeros que están haciendo más fuerte su industria?

No hay más que ver nuestra actitud: nos hemos pasado décadas formando a nuestros jóvenes, dotándoles de unos estudios superiores más que envidiables (aunque ponga a parir a la Universidad a menudo, JAMÁS me habréis oído decir que no he aprendido nada en ella, tenedlo en cuenta) y bastante bien financiados con respecto a otros países.
¿Y todo para qué?
Para recortar el presupuesto de I+D (también conocido, para los legos, como Investigación y Desarrollo), de modo que da igual que tengamos a los mejores ingenieros de Europa, porque cuando consigan sacarse el título se lo van a tener que meter por el culo.

Por eso, se rumorea en los pasillos del Ministerio de Educación que los nuevos títulos que Europa tiene pensados para España tendrán esta forma. Ergonomía aplicada, que hará que las nuevas titulaciones de nuestros estudiantes estén más orientadas al campo laboral.


Porque la investigación, amiguitos distópicos, no genera pasta a corto plazo. No le llena los bolsillos a un puñado de trápalas para que puedan celebrar la peonada en el puticlub de lujo en el barrio. Porque para cuando quiera darnos beneficios, los disfruten nuestros hijos o nuestros nietos. No, eso no interesa. Aquí lo que mola es ver billetes, billetes, billetes. Y verlos cuanto antes.
Y así es como nos va.

Nos hemos dedicado a especular con nuestra industria, buscando el modo de ganar dinerito caliente y a la velocidad del rayo. Hemos cerrado fábricas en nuestros hogares para abrirlas en otros países, donde el obrero cobra la mitad (y probablemente con menos garantías sociales que las que tenemos aquí). ¿Para qué? Para que los trabajadores de nuestro país, nuestros vecinos, amigos o familiares se vayan a la puta calle. Para que se enriquezcan dos o tres, para que la calidad del producto decrezca (principalmente por estar fabricado por manos no preparadas) y para que suba la tasa de paro. Con dos cojones.
Con dos cojones más gordos que una cuadrilla de Mihuras chutados con esteroides, oiga: cada día vemos más y más gente rebuscando en los cubos de basura de los supermercados. Gente que no coinciden con el clásico perfil del indigente, al que no mirábamos ni para no tropezar con él. No, me refiero a gente que bien podrían haber sido nuestros vecinos o compañeros de clase/colegio. Gente que, por culpa de esta especulación y este rollo ultracapitalista bestial se han visto, bien en la puta calle, bien sin poder llegar a fin de mes y ahora lo que hacen es buscar comida. No alcohol, ni chatarra, como estábamos acostumbrados a ver: comida para subsistir.
Y luego vamos por ahí, dándonos palmaditas en la espalda cuando soltamos chorrocientos millones para un país que nos pilla en el quinto cipote y que está pasando una hambruna. No digo que esos países no la necesiten; lo que me parece una puta salvajada es que nos dediquemos a soltar pasta a diestro y siniestro cuando a nosotros no nos está ayudando nadie. Cuando más y más gente que vive a diez metros de nosotros las está pasando putas y la ignoramos porque oiga, no queda igual de molón decir que estás ayudando a tu propio país. A tus compatriotas. Eso es de fascistas, reaccionarios y demás palabras inventadas por subnormales que tienen la mentalidad sesenta años en el pasado, que no saben ni lo que significa y que las esgrimen alegremente ante cualquiera que les lleve la contra.
Lo que es rematadamente guai es decir que somos solidarios.
Nos masturbamos moralmente ante lo buena gente que somos. Y puede que no seamos malos del todo, pues estamos ayudando a alguien, pero eso no enmascara la verdad.
No dejamos de ser unos hipócritas.

Como nación, hemos ido a llenarnos los bolsillos, pidiendo pasta, pasta, pasta, con cosas que sabíamos que no iban a tener un futuro a largo plazo (véase la construcción), pero que nos ha importado una mierda hasta que esa mierda nos ha explotado en la cara. Mientras tanto, a lo largo de esos años, muchos se han enriquecido a base de bien, han largado sus ingresos a cuentas de países libres de impuestos y le han dejado la patata caliente a otros. ¿Quién pierde al final? Los de siempre, cómo no.

Todos estos.


Nos hemos dedicado a agacharnos y a tragar mierda. Una mierda cada vez más podrida y apestosa. Ahora estamos vendiendo ingenieros y médicos, porque resulta que no tenemos más remedio. Porque esas pobres criaturas tienen que comer.
Al hacerlo, al caer en esa desesperación tan triste, nos hemos convertido en simpatizantes de un Imperio que lleva años hundiendo económicamente a media Europa. De una gentuza que se está aprovechando día tras día de la falta de la ineptitud de nuestros gobernantes y de la falta de oportunidades laborales en nuestro país.
¿Es respetable entonces que nuestros jóvenes licenciados se larguen para buscarse las habichuelas fuera, aunque sea por un sueldo de mierda? Sí, porque aquí no se aspira ni a eso.
¿Es comprensible? Desde luego.
Pero, ¿nos tiene que gustar? De ningún modo.

La cosa es que no somos los únicos que estamos sufriendo la política de estos tiranos económicos: Grecia ha caído y roza la guerra civil; Italia está en manos de un tecnócrata, puesto a dedo para meterle el nabo por el culo al pueblo (sin elecciones ni hostias, porque la UE lo vale). Portugal e Irlanda han estado durante año y medio bajo la amenaza de un rescate económico...
En resumidas cuentas, esto es como la mafia: estamos pagando por protección de los mismos que nos ponen la pistola en la cabeza. Están hundiendo nuestros mercados para que encima tengamos que pedirles ayuda. Para estar pagando el favor hasta que les salga de los huevos.
Usura, como se llamaba en la Edad Media, sólo que hoy en día eso no tiene pena de excomunión. Es motivo para sonrisas, amiguismos y palmaditas en la espalda.
Y nos tiene que parecer bien.

Lamemos, chupamos y hasta besamos.
Viene el Papa, nos pone a caer de un burro cuando le ponemos una alfombra roja y le reímos las gracias. Este puto país pasando más necesidades que un ciego en la puerta de una iglesia y montamos congregaciones enteras, confesionarios y hasta pantallones gigantes para que el puto viejo filonazi venga a decirnos cómo tenemos que vivir. Porque claro, él es quien dirige nuestro país y no los políticos que hemos elegido nosotros, ¿verdad?

O vayamos al turismo.
Oh-la-la, el turismo, lo que se supone que iba a salvar nuestra economía. Perdonad que me ría, pero yo vivo en una ciudad turística y es AHORA cuando se está haciendo algo MEDIO decente para atraer un turismo MEDIANAMENTE en condiciones.
¿Sabéis en qué ha consistido el turismo en los últimos treinta años? En abusar del guiri con hoteles cuya relación calidad-precio es, como poco, discutible; puede que sean más baratos que en media Europa, eso no lo discute nadie... pero los precios siguen muy por encima de las prestaciones reales. Seis pavos por una puta paella que no es más que arroz amarillo con guisantes. Olvídate del pollo, olvídate de las putas gambas. Si ves una almeja, date con un canto en los piños.
Priva barata, soltando sangría, vino tinto y galimocho a los guiris, ¿para qué? Para que lo que venga a ciertas poblaciones turísticas de la costa sean los chavs (=canis o kinkis) que han ahorrado cuatro duros en sus países a costa de vivir de las ayudas sociales, y permitirles que vengan aquí a ponerse ciegos todo el puto día hasta que les reviente el hígado.
Sí señor, un turismo de élite.

"No moh beer???? FUCK OFF!!!"
(Traducido: "No queda más birra?? A TOMAR POR CULOOO!!!")


¿Y qué pasa ahora? Que se han dado cuenta de que eso no es rentable. Sucesos como el de Lloret de Mar el año pasado (lo más extremo, pero si veis documentales sobre Alicante, Torremolinos, Mallorca y demás sitios), vemos que lo que hemos atraído es a la escoria más grande de Europa. A gente que no quieren ni en sus propios países, y les hemos permitido que se pasen de rosca aquí. Les hemos dejado que campen a sus anchas, que se meen en nuestros jardines y que metan mano (literalmente) a todo lo que se menea.
Algunos de esos desgraciados acaban incluso por quedarse y convertirse en esa subclase de guiris de la tercera edad, que destacan por todo menos por su educación. Esos agradables seres que se pegan cuarenta años chupando de sus pensiones en nuestro país, chupando de nuestros servicios y tratándonos como a putos lacayos. De esos seres que, si bien nos deleitan habiendo aprendido algunas palabrejas chapurreadas traperamente en nuestro idioma (luego se ríen de nuestro bajo nivel de inglés, oiga), tienen a bien exigir (no pedir) traductores cuando van al servicio de urgencias.
Ole por la educación europea.

Tenemos señores de países altamente respetables que abren sus negocios sin tener ni zorra de español (pasándose por el culo principios tan básicos de educación como el de hablar decentemente la lengua local para algo tan básico como la comunicación con el nativo) y nos parece fenomenal, porque tenemos que ser abiertos de mente, tolerantes y su puta madre. Intenta abrir en sus países de origen un negocio del mismo modo (y ya no hablo del Gigante Asiático o de los coleguis que viven por debajo del Mediterráneo: lo he visto en tiendas británicas, sin ir más lejos) y verás lo que tardan en mandarte a hacer puñetas. Y con toda la razón del mundo.
Y no, no es una cuestión de racismo, ni mucho menos, que os veo a más de uno. En algún post anterior de este blog ya se ha comentado por activa y por pasiva que la inmigración hacia nuestro país es necesaria en tanto en cuanto la población está envejecido; al caer el número de personas en edad de trabajar, se hace imperativa la mano de obra, venga de donde venga. En esto no hay razas superiores ni inferiores, es una cuestión de simple necesidad.
Y he aquí donde viene la gran incoherencia:
Precisamente por eso de ser guais y no parecer racistas, hemos llegado al punto de que nos tenga que encantar ver como muchos de estos negocios se saltan todas las leyes de horario habidas y por haber, vendiendo productos defectuosos, que no pasan los controles de calidad, o incluso potencialmente peligrosos. Y como esos establecimientos, en su mayoría son baratos, vamos en masa a comprar a ellos. Ojo, no digáis nada, que siempre te pueden tildar de intolerante o de retrógrado. No penséis en gente que se salta las leyes. No penséis en riesgos para la sanidad.
Agachad todos la cabeza.



Vámonos al caso más flagrante. El del americano este que ha decidido abrir una red de casinos en Madrid y Barcelona. No teníamos bastante ya con la panda de soplapollas del mundo entero que venían aquí a tratarnos con la punta del pie o directamente a reírse de nosotros, que tenía que venir este a montar el reino de la horterada. Pasen y vean, otra puta franquicia más.
Nos llega el fulano y nos suelta que va a crear putocientos mil puestos de trabajo y hacemos palmas con el chichi. Nos dice el colega que quiere leyes especiales para su emporio (o mejor dicho, que ciertas leyes no se apliquen en su picadero personal) y decimos "Sí, Bwana". Porque va a crear trabajo. La regla de oro para perder la poca dignidad que teníamos, para saltarnos el principio básico de igualdad ante la ley y para dejar claro que cualquiera que venga aquí ofreciéndonos el oro y el moro puede hacer lo que le salga del cipote. Ya puestos, si una petrolífera o una empresa de software viene un día y se fija en nosotros y dice que va a levantar un Silicon Valley a cambio de follarse a todas las jóvenes casaderas de la comunidad autónoma pertinente, ¿qué haremos? ¿Tendremos los cojones de mandarlos a la mierda, o seremos tan rastreros como siempre de aceptar ese derecho de pernada y recomendarle el mejor lubricante vaginal a nuestras hijas? ¿Tiene acaso límite nuestra sumisión? ¿Nuestra falta de principios?

Y nosotros, cuales toros bravos en el momento de morir, nos humillamos y se los buscamos, porque nadie parece querer darse cuenta de que esto es especulación. Lo es en el sentido de que, a partir de ahora, todo bicho viviente que vea que tenemos algo aprovechable nos va a prometer el Séptimo Cielo, aprovechando lo desesperados que estamos, para violarnos por todos los agujeros del cuerpo y, a la mínima de cambio, dejarnos tirados en una cuneta. Luego, si protestamos, nos dirán que hemos sido promiscuos. Que nos lo estábamos buscando. O bien, que simplemente estábamos allí y que ellos aprovecharon.
Y nos tendrá que gustar, encima.
Da igual que nos tengamos que sentir como unos putos esclavos en nuestro propio hogar. Da igual todo. Lo nuestro es abrirnos el culo, afeitárnoslo, untárnoslo con un litro de mantequilla y dejar que nos la metan. Incluso que nos dejen el caldo dentro. Hasta que nos peguen, si quieren. Porque parece ser que, para quedar bien, tenemos que sonreír y hacer favores.

Sentido práctico: el mísmo órgano que usamos para sonreír se puede usar para hacer favores.


¿Y todo para qué? Para que luego nos escupan a la cara. Somos un país solidario, comprometido y bienintencionado... y al final nadie se acuerda de nosotros en las horas bajas.
Bueno, sí que lo hacen.
Esto no es así al cien por cien, ojo: para pedir ingenieros o médicos o asistentes del hogar, si que se saben que existimos, la madre que los parió. Dicho de otro modo, para desangrarnos; para aprovecharse de nuestra situación. Para hacer caja con nuestras miserias y sacar tajada de nuestros errores.
¿Y se supone que estos fulanos son nuestros amigos europeos? ¿Se supone que fuera de nuestras fronteras tenemos una buena imagen? ¿Que somos respetados? ¿Que se nos ve como iguales?
Llamadme pesimista.
Llamadme cínico.
Incluso podéis pensar que soy un paranoico.
Lo que queráis.

Pero para mí, lo que estamos haciendo es el gilipollas.

martes, 21 de febrero de 2012

Escupiendo Rabia- La moda de ser rebeldito




Hoy me vais a perdonar, pero tengo que decirlo. Eso o reviento.
Pero estoy ya hasta los cojones.
Los tengo inflamados.
Tengo el puto Hindemburg entre las patas.

Antes de empezar a largar hostias a diestro y siniestro, tengo que advertiros de que Rumbo a la Distopía no obedece a credo político alguno, ni recibe subvenciones de ningún colectivo. Aparte de eso, lo que sí ha recibido son algunas críticas por parte de muchos supuestos idealistas que van por la vida enarbolando banderitas y pajeándose ante su propio criterio y que, en el momento en que han leído comentarios en este blog donde todo eso se pone en duda, han lanzado acusaciones de radicalismo. De decir que aquí se ve todo en blanco y negro. Por no agachar la cabeza y dar la razón a la Gente Guai.
Pues a todos esos supuestos idealistas de mente abierta, de los que normalmente paso como de la mismísima mierda (o más, porque a la mierda se la mira para no pisarla) les digo que mejor no sigan leyendo, porque lo mismo les revienta la vena del pedo y se van para el otro barrio.
O bien que lean, que este es un puto país libre (digan ellos lo que digan) y que se ofendan al gusto. Que lloren, que pataleen y que rabien. Por mí como si se masturban contemplando las fotos que añado, me da igual.
Hoy es un día en que ya estoy harto de tener que atender a paños calientes, a tanta soplapollez de corrección política y tanta mierda para que los que sí son unos radicales no se vayan a cabrear. Para que puedan irse a la cama soñando que van a salvar el mundo.
Pues bien, aquí os dejo este mensaje: iros todos a la mierda. Me paso por el culo vuestra tiranía de "El poder es del que más grita". No voy a daros la razón porque no creo que la tengáis. Y con vuestros argumentos de patio de colegio no vais a convencerme. Para eso hace falta un buen razonamiento y todavía nadie ha tenido los huevos de exponerme uno ni siquiera decente. Por tanto, yo de la burra no me bajo, le joda a quien le joda.



Una vez realizada esta declaración de intenciones, empezamos la disección y sodomización de ciertas gilipolleces que me he ido encontrando a lo largo de estos días. De esa clase de cosas que me causan auténtico estupor y, por qué no decirlo, vergüenza ajena. Vergüenza de formar parte de una nación integrada por borregos y lanzaladrillos, que lo único que saben es ladrar.
Ni que decir tiene que no estoy en absoluto de acuerdo con las muestras de violencia ejercidas por las autoridades, ni mucho menos con la política que tanto gobierno como oposición nos han ido metiendo por el culo año tras año. El que quiera ver defensa de esta gentuza, puede unirse a los salvamundos de arriba, que yo mismo les pago los gastos de su viaje sin retorno a tomar por culo.

Pero lo que me revuelve las tripas no es eso, aunque no os lo creáis. Me parece mal, pero no me resulta raro; no, teniendo en cuenta que no es la primera vez en la historia de nuestro país en que sofocan manifestaciones a hostia limpia, o cuando la opinión del pueblo llano importa un mojón zurrido en manteca colorá. Ahora está de moda hablar de la Transición, de Franco y, cualquier día, me hablarán de Fernando VII, pero nadie se acuerda de que cuando se protestó contra la LOU hubo hostias. Cuando se protestó contra la Guerra de Irak hubo hostias. Y hubo gobiernos que hicieron lo que les salió de la mismísima polla.


Darkseid: "Otro vendrá, que bueno me hará..."

Entonces pensaréis que es este Alzheimer histórico (e histérico) y esta tendencia constante a nombrar a Paco lo que me cabrea. Sí, me repatea, pero todavía no es lo que me hierve la sangre.
¿Queréis que os diga lo que  es?
La hipocresía.
La cobardía.
Las ganas de echar valores fuera.
La puta ignorancia que destila todo bicho viviente en este país de mierda.

Vamos paso a paso con algunas perlas que me he ido encontrando:

Este país necesita que les devolvamos las hostias: Esta es la clase de comentarios que sólo puede hacer un ignorante. Llamadlo calumnia por mi parte, pero para mí esto no tiene otro nombre. No existe mayor muestra de ignorancia que coger y combatir el fuego con el fuego. No a menos que se quiera entrar en una nueva Guerra Civil.
Esperad, dejaré que algunos rebelditos se masturben pensando en eso y que luego sigan leyendo.
Una Guerra Civil. Qué bonito suena. Qué romántico. Qué heroico.
Qué gilipollas del culo.
No hemos superado la de los años 30 y ya algunos quieren meterse en otra. La mayoría, una panda de niños de papá que han nacido y se han criado en plena democracia y que han visto la guerra en la tele, pensándose que es como en Star Wars: Un mundo ideal donde hay un ejército de buenos peleándose contra uno de malos, donde sólo los malos palman porque no llevan la razón. Donde la gente no pasa hambre, donde los civiles no mueren y donde todo el mundo recibe su castigo.
No se puede ser más subnormal.
Solo un enfermo puede pedir a gritos una guerra. Un enfermo o un ignorante, y me suda el nabo que esté en su derecho de libertad a expresión, porque yo también. Y mi expresión es que ya estoy harto de aberraciones de este tipo. De constantes sobreactuaciones y muestras de ignorancia. Porque luego, si algún día Dios no lo quiera, se monta el cipote, a esos mismos rebelditos de mierda les tocará liarse a tiros con sus amigos, sus vecinos o incluso su familia. Pasarán hambre, violarán a las mujeres de su familia y serán testigos de atrocidades que nadie más en esta puta vida querría ver.
¿Y eso os parece romántico?


¿De verdad queréis esto?

Grecia es un ejemplo a seguir: Más de lo mismo. Grecia no tiene ningún motivo para sentirse orgullosa de lo que está pasando en su país: ellos mismos están al borde de la Guerra Civil, según me llegaron noticias este verano, con grupos de guerrillas organizándose para atacar a la Policía. Con problemas de desnutrición en las calles, pasando hambruna y penurias de todo tipo.
¿Eso es un ejemplo?
¿De verdad queréis ir por el mismo camino que los griegos y ver cómo Goldman & Sachs se queda con nuestro país? ¿De verdad queréis morir a tiros en una esquina?
Muchos diréis que sí.
Yo os diré que eso lo penséis seriamente, con el corazón en la mano y luego me respondáis.

La culpa de todo esto la tienen los políticos: Idealista y molón, pero parcial y simplista, además de ser un comentario de lo más irresponsable. Que nuestros políticos no han dado la talla en sus quehaceres es un hecho, pero no ahora. No sólo en la crisis, sino en los últimos quince o veinte años. Por tanto, estos hechos actuales no son más que el epílogo de casi dos décadas de miseria y pasones de los que casi todo el mundo era consciente pero, a la hora de la verdad, miraba para otro lado.
Hoy por hoy, no os vayáis a creer que las políticas de recorte se le ocurren a un señor en nuestro país que está aburrido y decide joder al prójimo. Esas directrices vienen de arriba. De mucho más arriba.

Para que nos vayamos entendiendo, es Europa quien está implantando la mitad de órdenes referentes a sueldos y horas laborales: no hace mucho, nuestra amiga la Gorda fue la que dijo que los españoles tendrían que apretarse más el cinturón. Fue ella la que dijo que no currábamos las suficientes horas y, cuando vio lo que echábamos, escurrió el bulto hablando de que no éramos lo bastante productivos.
Cambia el gobierno y lo que tenemos son nuevos perros que la señora tiene que amaestrar, imponiendo sus condiciones... pero pensadlo: es la señora Merkel la que manda realmente en Europa?
Pues tampoco. La señora Merkel está cogida por los ovarios por la banca; la banca a su vez anda muy relacionada con las agencias de especulación, y éstas...
¿Alguien sabe quién controla a esas agencias?
Yo tampoco.



Por tanto, la pregunta es: puede que nuestros políticos tengan parte de responsabilidad (la tienen, desde luego), pero no son los que mandan en el circo ni de lejos. Esto viene de mucho más arriba, por lo que tirar piedras contra esa gentuza no es más que intentar derribar una higuera a base de tirarle piedras a las hojas que andan podridas.
Pero, supongamos por un momento que fuese así.
Planteémonos la cuestión de que los políticos fueran realmente el problema. ¿De quién sería la culpa de todo esto, entonces?
Responderé con varias preguntas: ¿Quién ostenta el principio de soberanía en una democracia? ¿Quién pone a los políticos al poder? ¿Quién debería ser el responsable último de que un candidato llegue a la Moncloa?

No me vengáis ahora con chorradas.
A esos tíos los hemos puesto nosotros, bien por confianza ciega o por inmadurez política.
Nuestros votos son los que les han dado ese poder y los que los han puesto en el lugar en que están. Nosotros, esos expertos en votos-castigo, votos-protesta y votos tradicionales. Nosotros, que pensamos en derecha e izquierda como el que es del Madrid o del Barça y votamos a quien sea haga lo que haga, aunque no tenga un triste programa que presentar en las elecciones.
Somos de esa clase de especie cainita que, a la hora de arrimar el hombro para cambiar las cosas, esperamos que venga alguien y nos saque las castañas del fuego. "A mí que me arreglen el país, que si sale bien, me pongo la medalla, pero si sale mal, salgo a la calle a gritar muy fuerte".
Pues no.
Ahora que no me venga ni Dios con quejas ni lloriqueos. Tuvimos la oportunidad de cambiar el sistema bipartidista que nos está machacando desde hace siglos y no lo hicimos porque no nos salió de las pelotas. Ahora todo el mundo se queja, todo el mundo se arrepiente y todo el mundo llora por los rincones, pero para que un gobierno salga por mayoría absoluta, enteraos de una vez, tiene que haberse votado MASIVAMENTE. Ni ley electoral ni putas hostias, que eso se aplica una vez se hace el recuento de cada provincia; si todo cristo vota a lo mismo en cada provincia, ¿qué creéis que obtenemos?


Distopía.

Fueron nuestros votos de castigo los que dieron poder a los partidos que nos han gobernado, no sólo en esta candidatura, sino en las anteriores. En España no se gana las elecciones, sino que las pierde el partido gobernante. Es así y no todo el mundo es capaz de reconocerlo, porque mola mucho más eso de ir de rebelde, de enarbolar banderolas y echarle la culpa a leyes, sistemas y demás cosas. Pero nunca admitir que tenemos una importantísima parte de responsabilidad.
Es por eso por lo que la tercera fuerza más representada en este país es la abstención: nos quedamos en casita viendo la tele y que otros elijan; y como no me va a convencer lo que salga, luego salgo a la calle a protestar. Con dos cojones.

Llegados a este punto, aquellos que no hayáis sufrido una embolia me diréis que la gente está en su derecho de protestar. Que es democrático y tal.
Yo digo que muy bonito, pero esto es como ponerse un condón después de haber follado: estás en tu derecho de hacerlo, pero si coges cualquier cosa o dejas preñada a alguien, no me vengas con lloriqueos, porque tuviste una responsabilidad y la eludiste.
Tener derecho a las cosas no justifica ser un irresponsable, tíos. A ver si lo vamos pillando de una puta vez.

Y es que ya ando harto.
Harto de que todo Cristo se rasgue las vestiduras, chillando, pataleando y llorando, diciendo que vivimos en una dictadura (joder, probad a iros a Iran y comparad sistemas de gobierno... o a Siria, que tampoco andan finos) y creyendo que todo se arregla a golpe de manifestación.
Las manifestaciones están bien, no voy a ser yo quien lo niegue. A veces son hasta necesarias para mostrar el descontento popular... pero sed conscientes de que no son más que actos SIMBÓLICOS. Y los símbolos tienen poder en tanto en cuanto la gente a la que van dirigidos los sepan interpretar. Para un político eso tiene tanto sentido como que todos decidamos vestirnos de rosa chicle un día. Es triste y me duele reconocerlo, pero no tiene sentido práctico. El daño, si véis cómo funciona esto, se hace desde las urnas: demostrando que no nos sentimos representados por el bipartidismo. Que no estamos de acuerdo. No se hace votando a mami cuando papi no me da caramelos.

Hace unos meses tuvimos la oportunidad de echarlos, de cambiar las cosas y no lo hicimos. Ahora esos que votaron al partido gobernante tienen la coherencia donde yo me sé y se hacen los inocentes. Van por ahí diciendo que no veían venir lo que nos iba a caer encima.
Los cojones.
Lo que pasa es que es mucho más fácil creer las mentiras de un candidato, que no es más que un comercial que viene a vendernos la moto. Esta vez ha sido la crisis... cualquier día nos prometen la Segunda Venida de Cristo y me juego lo que queráis que habrá gente quien le vote.
Recordad que, cuando una persona os miente una vez, la culpa es de esa persona; pero cuando os miente varias... la culpa es vuestra. Muchos, muchísimos de vosotros habéis caído en la trampa una y otra vez y lo único que sois capaces de hacer es pasar al lloriqueo barato.
Pues no.
No lloréis como mujeres por lo que no habéis sabido defender como hombres, como dijo la madre de Boabdil a su hijo.


Ea, ea, ea...

Esto es como cuando Franco: El argumento de siempre. Las cosas quieren ir nada más que regular y se menta a Paco, especialmente a manos de gente que ha nacido después de 1976, lo cual ya demuestra mucho la clase de boquita que tenemos.
Pues ya ando quemado de los superliberales que ven enemigos fascistas hasta en las máquinas de refrescos que se estropean, joder. Si eso de mirar atrás constantemente es una señal de progreso, conmigo que no cuenten para darles la razón porque no.
Porque yo ni conocí a ese señor ni ganas. Porque yo he vivido en un sistema en el que no me pegan dos tiros por estar en la calle a las once de la noche. Porque las cosas van mal y eso no lo niego, pero no sé lo que es una dictadura y no tengo los huevos de decir esa clase de salvajadas sin que se me caiga la cara de vergüenza.
Porque yo no necesito un enemigo que lleva fiambre treinta putos años para pensar que las cosas hoy en día no van bien.
Van mal y punto. Un cabronazo que jodió el país hace medio siglo no puede hacer nada porque está muerto y enterrado y, por mucho que lo deseen sus fans y sus peores enemigos (que, para odiarle tanto, lo tienen todo el puto día en la boca, como a la ex a la que no se follaron), no se va a levantar.
No deis más por culo con eso, coño, que os repetís.

Deberíamos acabar con la Policía/ el Gobierno: Otra muestra de subnormalidad e incoherencia, y otra muestra de lo que es una falacia consistente en generalizar los acontecimientos que más cantan por la tele. Dar por hecho que UNA actuación de brutalidad policial es el ejemplo de TODOS los actos que comete la Policía tiene tanto sentido como decir que si entras en un hospital, morirás porque conoces a alguien que palmó en el quirófano por una negligencia médica.
Dar por hecho de que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado son una institución que sobra o a la que se debería aplastar es la respuesta del incompetente mental que no ve más allá de sus sueños de destrucción gratuita.
"Quemar todas las comisarías".
Ole tus cojones; si hacemos eso, ya podemos ir despidiéndonos de lo que sería un sentido del orden en este país; si cogemos y damos boleto a las fuerzas del orden, lo que tenemos en un país donde impera la ley del más fuerte. Donde los crímenes de cualquier índole quedan impunes y donde salir a la calle puede convertirse en una puta aventura.
No me vengáis con la pollada de que los corruptos salen libres y los demás no. Id a las cárceles y veréis cantidad de chorizos y maleantes que están detenidos por motivos más que justificados, y no son ni dos ni tres. Acabar con la seguridad del país implica que gente como esa no volvería a la cárcel y aquí no reinaría la anarquía: reinaría el caos, porque nadie nos defendería del chorizo que llegue y nos pegue cuatro puñaladas en el portal. No es que no lo pillen ni le procesen... es que directamente nadie haría nada.
¿De verdad queréis eso, rebelditos?


Tergiversación: Aquellos que se ponen las mascaritas de Guy Fawkes parece que no se leyeron aquel capítulo de V de Vendetta donde V dice esta frase, ante unos disturbios en Londres: "No, Evie. Esto no es anarquía. Anarquía significa 'sin gobierno' no 'sin ley'. Esto no es anarquía. Es caos"
Supongo que les mola más ponerse la máscara para aprovechar el anonimato y hacer lo que les salga de los cojones, sin responsabilidad alguna...

Ah, ya. Es que se han puesto chungos en alguna manifestación, es eso.
No voy a defender una carga policial donde se dé de hostias al primero que pase de manera desmedida, y el que lo piense no tiene ni puta idea de la persona de la que está opinando; lo que sí diré es que dudo SERIAMENTE que TODOS los Policías sean seres sádicos y malvados salidos de una institución mental a los que les dan una porra y un arma. Tengo mis motivos para creer que los Policías, como seres humanos que son, pueden ser buenas o malas personas y pueden hacer su trabajo mejor o peor. Pero lo que no voy a hacer es usar los errores y las sobreactuaciones de ciertos individuos para condenar a todo un cuerpo que lleva siglos impidiendo que nos matemos unos a otros. No voy a caer en la trampa en que ha caído tanta gente, de emplear esos acontecimientos tan lamentables como carta blanca para pedir devolverles todas y cada una de las hostias que los inocentes se han llevado.
Aunque vayáis de anarkas y os la meneéis con mil chorradas de utopías de niños pequeños, tenemos leyes. A veces se cumplen bien, a veces no tan bien, porque el sistema no es perfecto. Pero lo que no se puede hacer es pedir que el pueblo se tome la justicia por su mano y declare la guerra al sistema.
¿Por qué, pequeños antisistema?
Porque parece que no os queréis enterar, pero el sistema somos todos. Desde el poli que dirige el tráfico (o el que arrea hostias mal dadas) hasta el estudiante, pasando por la limpiadora. Todos conformamos un entramado social, de modo que ir en contra de eso es ir en contra de nosotros mismos. Tirar piedras contra nuestro propio tejado.

El paro y la crisis tienen la culpa de todo esto y nosotros actuamos en consecuencia: Demagógico, por no decir que es la echada de balones hacia fuera del siglo. España tiene una tasa de paro elevada, pero ¿es culpa sólo del gobierno?
Permitid que me ría.
España tiene oficialmente cinco millones de parados... o lo que es lo mismo, de gente que cobra el paro.
Os propongo una experiencia: pasaos una mañana de éstas por algún polígono industrial e intentad buscar aparcamiento.
En mi ciudad natal está jodido del atasco que hay: camiones por todas partes, de gente que está ahí, currando en negro mientras cobra el paro. Esta práctica viene existiendo desde hace siglos: la gente estafa a la  Agencia Tributaria cosa mala, con montones de curros no declarados, economía sumergida y trápalas de todo tipo. ¿A quién coño creéis que están engañando? A nosotros... y ninguno lo ha denunciado, porque esos son los "listos", los que curran lo justo y ganan el doble que los demás. En cambio los hemos justificado, diciendo que lo hacen por sus hijos, que más nos estafa el gobierno, etc.
Excusas.


"El sistema me lo debe todo, así que tengo derecho a aprovecharme traperamente de él"

Yo llevo décadas oyendo a la gente que tiene un trabajo fijo quejarse y lloriquear porque les va mal... al tiempo que viven muy por encima de sus posibilidades, debiendo dinero por todas partes, como el caso de un vecino que tuve que se gastó una soberbia pasta en amueblar su casa y el Corte Inglés le perseguía con las deudas. Cada X tiempo, tal o cual establecimiento le embargaba lo que había pagado y vuelta a empezar... pero el señor viviendo a tutiplén.
Y esto fue mucho antes de la crisis.
Somos un país de gañanes y de estafadores, que hemos creído que las arcas del Estado son una fuente inagotable de ayudas de las que podíamos aprovecharnos hasta la eternidad. Muchos son honrados, pero por cada honrado ha habido al menos otro que no lo ha sido, y al menos tres o cuatro que han mirado para otro lado cuando éste ha defraudado al país.
Y es ahora cuando nos llueven juntas todas las hostias.
Pues no.

En fin, creo que hemos llegado al punto en que muchos, fervientes defensores de no sé qué revolución y no sé qué historia superguaish, estaréis buscando piedras para reventarme el coco. Nada os va a impedir hacerlo, porque yo no soy más que uno y vosotros muchos; y como esto es una democracia, cuando muchos dicen algo, por absurdo que sea, resulta que tienen razón.
Pero si todavía os quedan fuerzas para escuchar o para querer entender lo que os quiero decir (que no tiene por qué ser la verdad), os diré que si estais buscando al culpable de todo lo que nos está pasando, no tenéis más que ir al baño y echar un vistazo en el espejo.
Ahí encontraréis parte de la respuesta.