En nuestra entrega anterior estuvimos haciendo un pequeño análisis acerca de esa especie de moda de ir de rebelde por la vida que parece haberse adueñado del alegre Homo Hispánicus común. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y tenemos también que exponer una característica complementaria, que viene a poner de manifiesto la bipolaridad mental de los congéneres de este nuestro país.
Sí, amiguitos distópicos: se llama Fiebre del Pelotilleo o, como reza el título de este post, el Arte de Bajarse los Pantalones. ¡Vamos que nos vamos!
Decía Unamuno que le dolía España. Quizás yo no llego a tanto; más bien soy de decir que me escuece. Esa clase de escozor que podría salirte en la punta del miembro y que hace que veas las estrellas cuando vayas a mear. No te jode siempre, pero oye, de vez en cuando tienes que pasarte a echar un pis. Pues esto igual.
No deja de ser, como poco, curioso, cómo se nos llena la boca acerca de nuestra dignidad y de nuestros valores inalienables como "personas humanas" (término acuñado por la Magna Hispania, donde parece distinguirse entre "personas humanas" y "personas no humanas". Si alguien conoce la diferencia entre una cosa y otra, que me la explique. A ser posible con un diccionario o documentación por delante, gracias), cuando al mismo tiempo, nos pasamos esos valores por los aledaños del sfinter y nos agachamos ante cualquiera que medio aparente ser más poderoso, rico o guai que nosotros.
No deja de ser, como poco, curioso, cómo se nos llena la boca acerca de nuestra dignidad y de nuestros valores inalienables como "personas humanas" (término acuñado por la Magna Hispania, donde parece distinguirse entre "personas humanas" y "personas no humanas". Si alguien conoce la diferencia entre una cosa y otra, que me la explique. A ser posible con un diccionario o documentación por delante, gracias), cuando al mismo tiempo, nos pasamos esos valores por los aledaños del sfinter y nos agachamos ante cualquiera que medio aparente ser más poderoso, rico o guai que nosotros.
No hace falta irnos a la Historia. No es necesario mencionar cómo un "señor" de la "talla" de Fernando VII vendió el país que le había visto nacer a los invasores (que vale, puede que tuviesen ideas más avanzadas y progresistas que las nuestras... pero que entraron aquí a sangre y fuego sin que nadie les hubiese pedido su puta opinión. Algo tan justificable como cualquier otra invasión que se precie), para luego meternos en los cipotes en los que nos metió.
Sólo tenemos que irnos a unos diez años atrás, cuando a un paleto de mierda con problemas de alcoholismo y (especialmente) gilipollez crónica y que tuvo la potra de sentarse en la Casa Blanca (unos dicen que fue por amaño en los votos) se le puso en los huevos de invadir un país como Irak. Para justificar semejante imbecilidad, se le ocurrió decir que hubo armas de destrucción masiva, presentando ante la ONU unos cachondísimos dibujitos hechos con Photoshop como pruebas. La ONU casi se partió la caja con aquello y le dijo que no se columpiase, que iban a mandar inspectores. Este señor se pasó esa advertencia por el escroto y hala. Guerra que te crió.
"¡Venga, chavales! Por la paz, la democracia y la libertad de comerte un puto Macdonalds en cualquier parte de este país de mierda!"
"Pero, si luchamos por la paz, ¿por qué hemos invadido un país a tiro limpio?"
"Joder, Jackson, deja de dar por culo y mata a los Alibabases, coño"
"Joder, Jackson, deja de dar por culo y mata a los Alibabases, coño"
Pero ojo, que no toda la culpa va a ser de este mentecato. Cuando se es un idiota redomado y se tiene el aliento de las petrolíferas y las empresas vendedoras de armas soplándole en el cogote, uno tiene ideas así. No lo vamos a justificar ni a perdonar por ser un puto genocida, pero diremos que él no era más que una marioneta de poderes mayores.
Lo que sí clama al cielo es cuando a este señor se le empieza a encaramar una cuadrilla de pelotas y degustadores rectales que empiezan a justificarle (y descaradamente) para subirse al carro. Para sumarse al expolio. Y, en definitiva, para arrimarse a la fotito.
Diga usted que, por un casual, la jugada sale bien, resulta que había armas de verdad y ganan la guerra. Eso supone medallitas al canto y pasar a la Historia como un puto superhéroe.
En mi tierra eso es de ser un puto lameculos.
Esta movida, sin embargo, no afecta a individuos concretos o, como muchos parecen creerse, a alguna ideología específica; esta actitud servil hacia los Estados Unidos de cierto presidente, perteneciente a cierto partido, en caso alguno ha sido exclusiva.
Movámonos unos cuantos años hacia este futuro. Esta protodistopía para cerebros uniformes en la que vivimos. Muchos iluminados podrían decir, hoy por hoy, que al haber tenido un gobierno diferente tras el fiasco de Oriente Medio, nos hemos vuelto más sensatos y más autónomos. Que ya no le hacemos la pelota a nadie y que hemos aprendido a pensar por nosotros mismos.
Y una leche.
Se dice que el ser humano es el único bicho sobre la faz de la tierra que tropieza dos o más veces con la misma piedra. Los países y sus gobiernos, al estar formados principalmente por especímenes de estos, tienden a multiplicar el número de hostias.
Lo que hemos hecho ha sido cambiar de dueño, pero seguimos siendo unos putos perritos falderos. Esos graciosos animalillos que se arriman a lo primero que despunta para sentirnos fuertes. Para creernos que así somos más que mierda, cuando no llegamos ni a pedo.
Nuestros líderes tienden a pensar que agachándonos, que dando coba y que perdiendo totalmente la dignidad llegaremos a algo. Que prosperaremos como país. Que esos supuestos primos de Zumosol, en su Olimpo de Superpotencias, nos mirarán a la altura de los ojos.
Y nos lo tenemos que creer.
Fijaos en lo que está sucediendo ahora. Pensad un poco en Francia y muy especialmente en Alemania. Pensad en cómo nos tratan y en si nos merecemos verdaderamente que se dirijan a nosotros como una panda de lacayos, que encima tenemos que dar las gracias por seguir existiendo. Irónico, cuando ellos nos deben más de lo que parece... o, ¿de dónde creéis que salen los ingenieros, informáticos, médicos o enfermeros que están haciendo más fuerte su industria?
No hay más que ver nuestra actitud: nos hemos pasado décadas formando a nuestros jóvenes, dotándoles de unos estudios superiores más que envidiables (aunque ponga a parir a la Universidad a menudo, JAMÁS me habréis oído decir que no he aprendido nada en ella, tenedlo en cuenta) y bastante bien financiados con respecto a otros países.
¿Y todo para qué?
Para recortar el presupuesto de I+D (también conocido, para los legos, como Investigación y Desarrollo), de modo que da igual que tengamos a los mejores ingenieros de Europa, porque cuando consigan sacarse el título se lo van a tener que meter por el culo.
Porque la investigación, amiguitos distópicos, no genera pasta a corto plazo. No le llena los bolsillos a un puñado de trápalas para que puedan celebrar la peonada en el puticlub de lujo en el barrio. Porque para cuando quiera darnos beneficios, los disfruten nuestros hijos o nuestros nietos. No, eso no interesa. Aquí lo que mola es ver billetes, billetes, billetes. Y verlos cuanto antes.
Y así es como nos va.
Por eso, se rumorea en los pasillos del Ministerio de Educación que los nuevos títulos que Europa tiene pensados para España tendrán esta forma. Ergonomía aplicada, que hará que las nuevas titulaciones de nuestros estudiantes estén más orientadas al campo laboral.
Porque la investigación, amiguitos distópicos, no genera pasta a corto plazo. No le llena los bolsillos a un puñado de trápalas para que puedan celebrar la peonada en el puticlub de lujo en el barrio. Porque para cuando quiera darnos beneficios, los disfruten nuestros hijos o nuestros nietos. No, eso no interesa. Aquí lo que mola es ver billetes, billetes, billetes. Y verlos cuanto antes.
Y así es como nos va.
Nos hemos dedicado a especular con nuestra industria, buscando el modo de ganar dinerito caliente y a la velocidad del rayo. Hemos cerrado fábricas en nuestros hogares para abrirlas en otros países, donde el obrero cobra la mitad (y probablemente con menos garantías sociales que las que tenemos aquí). ¿Para qué? Para que los trabajadores de nuestro país, nuestros vecinos, amigos o familiares se vayan a la puta calle. Para que se enriquezcan dos o tres, para que la calidad del producto decrezca (principalmente por estar fabricado por manos no preparadas) y para que suba la tasa de paro. Con dos cojones.
Con dos cojones más gordos que una cuadrilla de Mihuras chutados con esteroides, oiga: cada día vemos más y más gente rebuscando en los cubos de basura de los supermercados. Gente que no coinciden con el clásico perfil del indigente, al que no mirábamos ni para no tropezar con él. No, me refiero a gente que bien podrían haber sido nuestros vecinos o compañeros de clase/colegio. Gente que, por culpa de esta especulación y este rollo ultracapitalista bestial se han visto, bien en la puta calle, bien sin poder llegar a fin de mes y ahora lo que hacen es buscar comida. No alcohol, ni chatarra, como estábamos acostumbrados a ver: comida para subsistir.
Y luego vamos por ahí, dándonos palmaditas en la espalda cuando soltamos chorrocientos millones para un país que nos pilla en el quinto cipote y que está pasando una hambruna. No digo que esos países no la necesiten; lo que me parece una puta salvajada es que nos dediquemos a soltar pasta a diestro y siniestro cuando a nosotros no nos está ayudando nadie. Cuando más y más gente que vive a diez metros de nosotros las está pasando putas y la ignoramos porque oiga, no queda igual de molón decir que estás ayudando a tu propio país. A tus compatriotas. Eso es de fascistas, reaccionarios y demás palabras inventadas por subnormales que tienen la mentalidad sesenta años en el pasado, que no saben ni lo que significa y que las esgrimen alegremente ante cualquiera que les lleve la contra.
Lo que es rematadamente guai es decir que somos solidarios.
Nos masturbamos moralmente ante lo buena gente que somos. Y puede que no seamos malos del todo, pues estamos ayudando a alguien, pero eso no enmascara la verdad.
No dejamos de ser unos hipócritas.
Con dos cojones más gordos que una cuadrilla de Mihuras chutados con esteroides, oiga: cada día vemos más y más gente rebuscando en los cubos de basura de los supermercados. Gente que no coinciden con el clásico perfil del indigente, al que no mirábamos ni para no tropezar con él. No, me refiero a gente que bien podrían haber sido nuestros vecinos o compañeros de clase/colegio. Gente que, por culpa de esta especulación y este rollo ultracapitalista bestial se han visto, bien en la puta calle, bien sin poder llegar a fin de mes y ahora lo que hacen es buscar comida. No alcohol, ni chatarra, como estábamos acostumbrados a ver: comida para subsistir.
Y luego vamos por ahí, dándonos palmaditas en la espalda cuando soltamos chorrocientos millones para un país que nos pilla en el quinto cipote y que está pasando una hambruna. No digo que esos países no la necesiten; lo que me parece una puta salvajada es que nos dediquemos a soltar pasta a diestro y siniestro cuando a nosotros no nos está ayudando nadie. Cuando más y más gente que vive a diez metros de nosotros las está pasando putas y la ignoramos porque oiga, no queda igual de molón decir que estás ayudando a tu propio país. A tus compatriotas. Eso es de fascistas, reaccionarios y demás palabras inventadas por subnormales que tienen la mentalidad sesenta años en el pasado, que no saben ni lo que significa y que las esgrimen alegremente ante cualquiera que les lleve la contra.
Lo que es rematadamente guai es decir que somos solidarios.
Nos masturbamos moralmente ante lo buena gente que somos. Y puede que no seamos malos del todo, pues estamos ayudando a alguien, pero eso no enmascara la verdad.
No dejamos de ser unos hipócritas.
Como nación, hemos ido a llenarnos los bolsillos, pidiendo pasta, pasta, pasta, con cosas que sabíamos que no iban a tener un futuro a largo plazo (véase la construcción), pero que nos ha importado una mierda hasta que esa mierda nos ha explotado en la cara. Mientras tanto, a lo largo de esos años, muchos se han enriquecido a base de bien, han largado sus ingresos a cuentas de países libres de impuestos y le han dejado la patata caliente a otros. ¿Quién pierde al final? Los de siempre, cómo no.
Todos estos.
Nos hemos dedicado a agacharnos y a tragar mierda. Una mierda cada vez más podrida y apestosa. Ahora estamos vendiendo ingenieros y médicos, porque resulta que no tenemos más remedio. Porque esas pobres criaturas tienen que comer.
Al hacerlo, al caer en esa desesperación tan triste, nos hemos convertido en simpatizantes de un Imperio que lleva años hundiendo económicamente a media Europa. De una gentuza que se está aprovechando día tras día de la falta de la ineptitud de nuestros gobernantes y de la falta de oportunidades laborales en nuestro país.
¿Es respetable entonces que nuestros jóvenes licenciados se larguen para buscarse las habichuelas fuera, aunque sea por un sueldo de mierda? Sí, porque aquí no se aspira ni a eso.
¿Es comprensible? Desde luego.
Pero, ¿nos tiene que gustar? De ningún modo.
La cosa es que no somos los únicos que estamos sufriendo la política de estos tiranos económicos: Grecia ha caído y roza la guerra civil; Italia está en manos de un tecnócrata, puesto a dedo para meterle el nabo por el culo al pueblo (sin elecciones ni hostias, porque la UE lo vale). Portugal e Irlanda han estado durante año y medio bajo la amenaza de un rescate económico...
¿Es respetable entonces que nuestros jóvenes licenciados se larguen para buscarse las habichuelas fuera, aunque sea por un sueldo de mierda? Sí, porque aquí no se aspira ni a eso.
¿Es comprensible? Desde luego.
Pero, ¿nos tiene que gustar? De ningún modo.
La cosa es que no somos los únicos que estamos sufriendo la política de estos tiranos económicos: Grecia ha caído y roza la guerra civil; Italia está en manos de un tecnócrata, puesto a dedo para meterle el nabo por el culo al pueblo (sin elecciones ni hostias, porque la UE lo vale). Portugal e Irlanda han estado durante año y medio bajo la amenaza de un rescate económico...
En resumidas cuentas, esto es como la mafia: estamos pagando por protección de los mismos que nos ponen la pistola en la cabeza. Están hundiendo nuestros mercados para que encima tengamos que pedirles ayuda. Para estar pagando el favor hasta que les salga de los huevos.
Usura, como se llamaba en la Edad Media, sólo que hoy en día eso no tiene pena de excomunión. Es motivo para sonrisas, amiguismos y palmaditas en la espalda.
Y nos tiene que parecer bien.
Lamemos, chupamos y hasta besamos.
Viene el Papa, nos pone a caer de un burro cuando le ponemos una alfombra roja y le reímos las gracias. Este puto país pasando más necesidades que un ciego en la puerta de una iglesia y montamos congregaciones enteras, confesionarios y hasta pantallones gigantes para que el puto viejo filonazi venga a decirnos cómo tenemos que vivir. Porque claro, él es quien dirige nuestro país y no los políticos que hemos elegido nosotros, ¿verdad?
O vayamos al turismo.
Oh-la-la, el turismo, lo que se supone que iba a salvar nuestra economía. Perdonad que me ría, pero yo vivo en una ciudad turística y es AHORA cuando se está haciendo algo MEDIO decente para atraer un turismo MEDIANAMENTE en condiciones.
¿Sabéis en qué ha consistido el turismo en los últimos treinta años? En abusar del guiri con hoteles cuya relación calidad-precio es, como poco, discutible; puede que sean más baratos que en media Europa, eso no lo discute nadie... pero los precios siguen muy por encima de las prestaciones reales. Seis pavos por una puta paella que no es más que arroz amarillo con guisantes. Olvídate del pollo, olvídate de las putas gambas. Si ves una almeja, date con un canto en los piños.
Priva barata, soltando sangría, vino tinto y galimocho a los guiris, ¿para qué? Para que lo que venga a ciertas poblaciones turísticas de la costa sean los chavs (=canis o kinkis) que han ahorrado cuatro duros en sus países a costa de vivir de las ayudas sociales, y permitirles que vengan aquí a ponerse ciegos todo el puto día hasta que les reviente el hígado.
Sí señor, un turismo de élite.
"No moh beer???? FUCK OFF!!!"
(Traducido: "No queda más birra?? A TOMAR POR CULOOO!!!")
¿Y qué pasa ahora? Que se han dado cuenta de que eso no es rentable. Sucesos como el de Lloret de Mar el año pasado (lo más extremo, pero si veis documentales sobre Alicante, Torremolinos, Mallorca y demás sitios), vemos que lo que hemos atraído es a la escoria más grande de Europa. A gente que no quieren ni en sus propios países, y les hemos permitido que se pasen de rosca aquí. Les hemos dejado que campen a sus anchas, que se meen en nuestros jardines y que metan mano (literalmente) a todo lo que se menea.
Algunos de esos desgraciados acaban incluso por quedarse y convertirse en esa subclase de guiris de la tercera edad, que destacan por todo menos por su educación. Esos agradables seres que se pegan cuarenta años chupando de sus pensiones en nuestro país, chupando de nuestros servicios y tratándonos como a putos lacayos. De esos seres que, si bien nos deleitan habiendo aprendido algunas palabrejas chapurreadas traperamente en nuestro idioma (luego se ríen de nuestro bajo nivel de inglés, oiga), tienen a bien exigir (no pedir) traductores cuando van al servicio de urgencias.
Ole por la educación europea.
Tenemos señores de países altamente respetables que abren sus negocios sin tener ni zorra de español (pasándose por el culo principios tan básicos de educación como el de hablar decentemente la lengua local para algo tan básico como la comunicación con el nativo) y nos parece fenomenal, porque tenemos que ser abiertos de mente, tolerantes y su puta madre. Intenta abrir en sus países de origen un negocio del mismo modo (y ya no hablo del Gigante Asiático o de los coleguis que viven por debajo del Mediterráneo: lo he visto en tiendas británicas, sin ir más lejos) y verás lo que tardan en mandarte a hacer puñetas. Y con toda la razón del mundo.
Y no, no es una cuestión de racismo, ni mucho menos, que os veo a más de uno. En algún post anterior de este blog ya se ha comentado por activa y por pasiva que la inmigración hacia nuestro país es necesaria en tanto en cuanto la población está envejecido; al caer el número de personas en edad de trabajar, se hace imperativa la mano de obra, venga de donde venga. En esto no hay razas superiores ni inferiores, es una cuestión de simple necesidad.
Y he aquí donde viene la gran incoherencia:
Precisamente por eso de ser guais y no parecer racistas, hemos llegado al punto de que nos tenga que encantar ver como muchos de estos negocios se saltan todas las leyes de horario habidas y por haber, vendiendo productos defectuosos, que no pasan los controles de calidad, o incluso potencialmente peligrosos. Y como esos establecimientos, en su mayoría son baratos, vamos en masa a comprar a ellos. Ojo, no digáis nada, que siempre te pueden tildar de intolerante o de retrógrado. No penséis en gente que se salta las leyes. No penséis en riesgos para la sanidad.
Agachad todos la cabeza.
Vámonos al caso más flagrante. El del americano este que ha decidido abrir una red de casinos en Madrid y Barcelona. No teníamos bastante ya con la panda de soplapollas del mundo entero que venían aquí a tratarnos con la punta del pie o directamente a reírse de nosotros, que tenía que venir este a montar el reino de la horterada. Pasen y vean, otra puta franquicia más.
Nos llega el fulano y nos suelta que va a crear putocientos mil puestos de trabajo y hacemos palmas con el chichi. Nos dice el colega que quiere leyes especiales para su emporio (o mejor dicho, que ciertas leyes no se apliquen en su picadero personal) y decimos "Sí, Bwana". Porque va a crear trabajo. La regla de oro para perder la poca dignidad que teníamos, para saltarnos el principio básico de igualdad ante la ley y para dejar claro que cualquiera que venga aquí ofreciéndonos el oro y el moro puede hacer lo que le salga del cipote. Ya puestos, si una petrolífera o una empresa de software viene un día y se fija en nosotros y dice que va a levantar un Silicon Valley a cambio de follarse a todas las jóvenes casaderas de la comunidad autónoma pertinente, ¿qué haremos? ¿Tendremos los cojones de mandarlos a la mierda, o seremos tan rastreros como siempre de aceptar ese derecho de pernada y recomendarle el mejor lubricante vaginal a nuestras hijas? ¿Tiene acaso límite nuestra sumisión? ¿Nuestra falta de principios?
Ole por la educación europea.
Tenemos señores de países altamente respetables que abren sus negocios sin tener ni zorra de español (pasándose por el culo principios tan básicos de educación como el de hablar decentemente la lengua local para algo tan básico como la comunicación con el nativo) y nos parece fenomenal, porque tenemos que ser abiertos de mente, tolerantes y su puta madre. Intenta abrir en sus países de origen un negocio del mismo modo (y ya no hablo del Gigante Asiático o de los coleguis que viven por debajo del Mediterráneo: lo he visto en tiendas británicas, sin ir más lejos) y verás lo que tardan en mandarte a hacer puñetas. Y con toda la razón del mundo.
Y no, no es una cuestión de racismo, ni mucho menos, que os veo a más de uno. En algún post anterior de este blog ya se ha comentado por activa y por pasiva que la inmigración hacia nuestro país es necesaria en tanto en cuanto la población está envejecido; al caer el número de personas en edad de trabajar, se hace imperativa la mano de obra, venga de donde venga. En esto no hay razas superiores ni inferiores, es una cuestión de simple necesidad.
Y he aquí donde viene la gran incoherencia:
Precisamente por eso de ser guais y no parecer racistas, hemos llegado al punto de que nos tenga que encantar ver como muchos de estos negocios se saltan todas las leyes de horario habidas y por haber, vendiendo productos defectuosos, que no pasan los controles de calidad, o incluso potencialmente peligrosos. Y como esos establecimientos, en su mayoría son baratos, vamos en masa a comprar a ellos. Ojo, no digáis nada, que siempre te pueden tildar de intolerante o de retrógrado. No penséis en gente que se salta las leyes. No penséis en riesgos para la sanidad.
Agachad todos la cabeza.
Vámonos al caso más flagrante. El del americano este que ha decidido abrir una red de casinos en Madrid y Barcelona. No teníamos bastante ya con la panda de soplapollas del mundo entero que venían aquí a tratarnos con la punta del pie o directamente a reírse de nosotros, que tenía que venir este a montar el reino de la horterada. Pasen y vean, otra puta franquicia más.
Nos llega el fulano y nos suelta que va a crear putocientos mil puestos de trabajo y hacemos palmas con el chichi. Nos dice el colega que quiere leyes especiales para su emporio (o mejor dicho, que ciertas leyes no se apliquen en su picadero personal) y decimos "Sí, Bwana". Porque va a crear trabajo. La regla de oro para perder la poca dignidad que teníamos, para saltarnos el principio básico de igualdad ante la ley y para dejar claro que cualquiera que venga aquí ofreciéndonos el oro y el moro puede hacer lo que le salga del cipote. Ya puestos, si una petrolífera o una empresa de software viene un día y se fija en nosotros y dice que va a levantar un Silicon Valley a cambio de follarse a todas las jóvenes casaderas de la comunidad autónoma pertinente, ¿qué haremos? ¿Tendremos los cojones de mandarlos a la mierda, o seremos tan rastreros como siempre de aceptar ese derecho de pernada y recomendarle el mejor lubricante vaginal a nuestras hijas? ¿Tiene acaso límite nuestra sumisión? ¿Nuestra falta de principios?
Y nosotros, cuales toros bravos en el momento de morir, nos humillamos y se los buscamos, porque nadie parece querer darse cuenta de que esto es especulación. Lo es en el sentido de que, a partir de ahora, todo bicho viviente que vea que tenemos algo aprovechable nos va a prometer el Séptimo Cielo, aprovechando lo desesperados que estamos, para violarnos por todos los agujeros del cuerpo y, a la mínima de cambio, dejarnos tirados en una cuneta. Luego, si protestamos, nos dirán que hemos sido promiscuos. Que nos lo estábamos buscando. O bien, que simplemente estábamos allí y que ellos aprovecharon.
Y nos tendrá que gustar, encima.
Da igual que nos tengamos que sentir como unos putos esclavos en nuestro propio hogar. Da igual todo. Lo nuestro es abrirnos el culo, afeitárnoslo, untárnoslo con un litro de mantequilla y dejar que nos la metan. Incluso que nos dejen el caldo dentro. Hasta que nos peguen, si quieren. Porque parece ser que, para quedar bien, tenemos que sonreír y hacer favores.
Y nos tendrá que gustar, encima.
Da igual que nos tengamos que sentir como unos putos esclavos en nuestro propio hogar. Da igual todo. Lo nuestro es abrirnos el culo, afeitárnoslo, untárnoslo con un litro de mantequilla y dejar que nos la metan. Incluso que nos dejen el caldo dentro. Hasta que nos peguen, si quieren. Porque parece ser que, para quedar bien, tenemos que sonreír y hacer favores.
Sentido práctico: el mísmo órgano que usamos para sonreír se puede usar para hacer favores.
¿Y todo para qué? Para que luego nos escupan a la cara. Somos un país solidario, comprometido y bienintencionado... y al final nadie se acuerda de nosotros en las horas bajas.
Bueno, sí que lo hacen.
Esto no es así al cien por cien, ojo: para pedir ingenieros o médicos o asistentes del hogar, si que se saben que existimos, la madre que los parió. Dicho de otro modo, para desangrarnos; para aprovecharse de nuestra situación. Para hacer caja con nuestras miserias y sacar tajada de nuestros errores.
¿Y se supone que estos fulanos son nuestros amigos europeos? ¿Se supone que fuera de nuestras fronteras tenemos una buena imagen? ¿Que somos respetados? ¿Que se nos ve como iguales?
Llamadme pesimista.
Llamadme cínico.
Incluso podéis pensar que soy un paranoico.
Lo que queráis.
Pero para mí, lo que estamos haciendo es el gilipollas.








1 comentario:
Pues estoy de acuerdo contigo y hoy, por variar, no te pongo peros. Ea.
www.abajolasopos.wordpress.com
Publicar un comentario