No es la primera vez que en este blog o en mis propios comentarios personales del día a día, he comentado lo mucho que suelo detestar esa especie de manía de hacer refritos de cosas antiguas; algunos de los Distópicos veteranos, o aquellos que habéis tenido el valor de aventuraros a lo largo de yo no sé cuántos meses de blog, recordaréis aquel post donde se ponía a caldo a la industria de Hollywood.
El mundo del cómic no ha escapado a este ataque contra el buen gusto y hemos tenido ocasión, más de una vez, de comprobar cómo algún genio ha entrado a guionizar una serie y la ha puesto patas arriba creyéndose Alan Moore y rompiendo tanto los esquemas originales que, más que impulsar una vuelta de tuerca, lo que ha hecho ha sido llevar a la ruina historias que llevan acompañándonos unas pocas de décadas. Pensad en Scott Lobdell y en su etapa en X-Men (también conocido como el señor que mataba a todo aquel personaje que le molestaba o que no tuviese poderes supermolones, tuviera aquello sentido o no), donde la complicación del argumento (cada vez más parecido a un culebrón espaciotemporal) pesaba sobre la complejidad (totalmente inexistente, donde los buenos eran llorones y los malos tenían cara de estreñidos). Pensad en muchos otros genios cuyas obras hemos tenido la desgracia de conocer y que han acabado por relegarse al olvido.
Este post precisamente no va de despotricar contra algún imbécil que se pone a guionizar algo que ni siquiera conoce, ni para arremeter contra la falta de respeto que más de una autoproclamada estrellita demuestra cada vez que le dan carta blanca.
Todo lo contrario.
Antes de empezar a hablar sobre esta JSA es necesario sentar un poco las bases acerca del tema que estamos tratando. Una introducción al asunto como es debido.
Empecemos hablando sobre la JSA.
1. JSA: Justice Society of America- Cincuenta años de legado
Puede que muchos no lo sepáis, pero estamos ante el primer grupo de superhéroes de la historia. Nacidos allá por los 40, este elenco de la Golden Age reunía a algunos de los superhéroes más populares de DC por aquel entonces: Green Lantern, Flash, Wonder Woman y un montón de personajes más que hoy en día son más que populares entre los fans del mundillo comiquero.
Pero todo tiene un fin.
En este caso, y sin que sirva de precedente, la JSA original no resultó cancelada por la falta de ventas. La explicación proviene de varios elementos ajenos a la industria que, curiosamente, hicieron mucho daño.
Nos meneamos hacia los años 50. Hablamos de una época bastante confusa e inquietante para los Estados Unidos, donde el vecino podría ser un terrible y malvado comunista que podría estar pasando información a los rusos. Una época en la que los personajes enmascarados, por mucho que lucharan por la patria (tenemos que verlo todo en su contexto: no olvidemos que la JSA nació al amparo de la Segunda Guerra Mundial), no inspiraban demasiada confianza. Alguien que ocultaba su rostro, por ende, tenía alguna cosa más que ocultar.
Puede que hoy en día os parezca ridículo, pero en su momento, esto tuvo tanto sentido como el auge mainstream del superhéroe tras el 11 de Septiembre.
Un segundo factor fue un psiquiatra llamado Fredric Wertham que, en un auge de "liberalismo", publicó un libro titulado Seduction of the Innocent, en el que acusaba al cómic de males tan grandes como las tendencias comunistas o (horror de los horrores) la homosexualidad.
Debemos recordar que estamos hablando de una época en que estaba de moda la "Caza de Brujas" y la persecución de cualquier elemento que se considerase socialmente marginal, subversivo o simplemente divergente. Una especie de distopía, si queréis.
La JSA y el resto de personajes de cómic no se libraron de esto y desaparecieron paulatinamente del mercado.
Nos movemos unos añitos en el futuro y nos metemos ya en los 60. Otra época, otros aires. Surgen los personajes de DC, con un aire menos "retro" y más acorde con los tiempos: los personajes que habíamos conocido en épocas anteriores habían sido recreados y a menudo tenían otras historias, otros nombres de pila e incluso otros uniformes. Si tomamos el caso de Flash, ya no era el científico Jay Garrick que vivía en Keystone City, ni tampoco era un señor con camiseta y pantalones que correteaba por ahí con un casco tipo Mercurio. Ahora se llamaba Barry Allen, vivía en Central City y era un tipo con un uniforme rojo y una máscara con alas.
Nació la Edad de Plata.
Jay Garrick, el Flash de la Golden Age
Barry Allen, el Flash de la Silver Age
He tomado el caso concreto de Flash por un motivo bastante importante.
Si leemos este último párrafo, tenderíamos a pensar que la JSA había desaparecido de la continuidad de los cómics y que, en su lugar, teníamos una flamante Liga de la Justicia (JLA) que la había suplantado.
Pues no.
Precisamente gracias al señor Allen, descubrimos un buen día que esa JSA jamás desapareció: DC había decidido reintegrarla en su Universo, pero ¿cómo? Ya había un Flash, una Wonder Woman, un Green Lantern, un Hawkman... ¿Qué era eso de ponerse a duplicar personajes?
La respuesta la tuvo el guionista de esta serie, con una idea que tal vez hoy nos podría parecer traída por los pelos, pero tenemos que tener en cuenta que antes no se había hecho nada parecido, o no al menos con tanta repercusión: la JSA provenía de un universo alternativo, lo que sentaría las bases del famoso Multiverso DC que perdura (más o menos) hasta nuestros días.
De este modo, tenemos que a lo largo de los años setenta empiezan a surgir cruces de series (cross-overs) en los que la JLA y la JSA se reúnen y viven aventuras conjuntas. Vamos descubriendo que hay personajes, como la segunda Canario Negro (hija de la Canario Negro de la JSA) que saltan de una tierra a otra para quedarse a vivir en ella.
No es de extrañar, por tanto, que una vez llegados a los 80, la JSA sea un grupo con una cierta presencia en DC, llegando a conformar una línea editorial que incluiría dos colecciones que servirían como puntales a lo que surgiría más adelante: All-Star Squadron (que narra las aventuras de la JSA y sus aliados a finales de la guerra) e Infinity, Inc. (que, ya en los años 80, nos mostraría a una JSA con la mitad de sus miembros cercanos al retiro o muertos y cuyo legado continúan los hijos de éstos... y además, la primera colección que seguí en mi vida), escritas ambas por un señor llamado Roy Thomas, fan de la Golden Age para más señas, de sobra conocido por ser el continuador de la labor de Stan Lee en Marvel y por toda una obra de arte como es Conan.
Ambas series tuvieron que verse obligadas a sufrir drásticos cambios en el re-boot que supuso Crisis en Tierras Infinitas (donde se tuvo que reescribir el origen del Multiverso DC desde el Big Bang): al desaparecer toda esta diversidad de universos paralelos, se infería que muchas líneas editoriales iban a desaparecer.
Y sin embargo, no fue así: la JSA sobrevivió una vez más.
Eliminando las duplicidades más obvias (como la de Superman, que fue borrado del mapa, aunque de un modo tan coherente como dramático), descubrimos que esta nueva configuración del Universo nos enmarcaba a la JSA y la JLA en una única Tierra y en una única corriente temporal: de este modo, los primeros se retiraron durante los 50 y algunos años más tarde, la JLA seguiría su legado. Dicho de otro modo, Superman y Batman ya no eran los primeros hombres misteriosos, sino que habían surgido a la sombra del primer Green Lantern y los demás. Tan sólo quedarían algunos flecos sueltos, como el caso de Power Girl, que darían pie a toda una serie de líneas y giros argumentales que perdurarán hasta nuestros días.
¿Qué sucedería a la JSA? Desaparecería atrapada en una dimensión de bolsillo, en la que estarían condenados a luchar eternamente contra los dioses nórdicos, invocados por Hitler durante la convergencia de tiempos y tierras acaecida durante la Crisis. Una forma épica de cerrar la colección, si se tenía en cuenta que Hitler y la Lanza del Destino fueron precisamente los factores que impulsaron la creación de la JSA original.
2. Los años 90 y los orígenes de la JSA de Johns, Robinson y Goyer
Esta década, como muchos de vosotros sabéis, resultó bastante oscura e imprecisa para el mundo del cómic mainstream en líneas generales. Aquí fue donde la creación de historias dio paso a la especulación pura y dura; donde fulanos como McFarlane, Liefeld y otros impresentables del cómic empezaron a creerse Stan Lee o Jack Kirby y fueron de revolucionarios por la vida... para convertirse en los creadores de un puñado de historias inconexas, donde el ruido y la furia eran lo único que podías leer en sus páginas. Y no precisamente refiriéndose a William Faulkner.
Siguiendo un poco la estela dejada por el inmejorable Watchmen, se intentaba dar un enfoque más adulto a las colecciones, lo que en caso alguno quiere decir que se consiguiese. La explicación es obvia: para estar a la altura de Alan Moore había que comer muchos Bollicaos y, cuando uno es un mediocre y se impone (o le imponen) un objetivo tan alto, lo que queda es la sensación de que te has quedado en lo superficial. Por tanto, ahora lo que encontrabas eran tetas descomunales, dientes apretados, metralletas enormes, garras y cadenas. Historias de ultraviolencia (sin demasiado sentido ni gracia) que pretendían impresionar más que calar hondo. Los héroes se volvían chungos, con cazadoras de cuero y melenas rumberas.
Lo que cualquier amante de las historias llamaría "Mierda prescindible".
Dientes apretados, tetas desproporcionadas, armas a punta pala, pintarrajeo hortera en la cara, armaduras hiperbrillantes... Sí, amigos, ¡bienvenidos a los 90!
DC también sufrió esa fiebre, y nos encontramos chorradas tan grandes como la sobrevaloradísima Muerte de Superman o Knightfall/Knightquest de Batman. La JSA no fue menos y resultó afectada profundamente en uno de los chorrocientos macro-crossovers que iban saliendo cada año: en la saga conocida como Hora Cero, un fulano conocido como Extant (anteriormente conocido como Halcón, y para mí uno de los gilipollas más grandes que he visto en las páginas de un cómic junto a la Antorcha Humana de los Cuatro Fantásticos) intentaba reformar el Universo según su criterio. Esto tuvo como consecuencia la consabida manta de hostias, en la que unos cuantos héroes, no tan acordes a los tiempos que corrían, palmarían de modo irremisible.
Si bien, como ocurriese en la Crisis, la JSA parecía haber encontrado su sitio en DC para ser barrida del mapa, aquí pasó exactamente lo mismo: a mediados de los 90 se publicó (por fin) una mini-serie dedicada a este supergrupo. Poco después, aparecería el susodicho Extant y los que sobreviviesen del grupo se retirarían de una vez para dar paso a los más jóvenes.
Eso, claro está, hasta que llega a escena un señor llamado James Robinson. Un tipo curioso, bastante arrogante y pagado de si mismo en sus primeros días, según sus propias palabras... pero a la vez respetuoso con la labor de contar historias.
A este tipo se le encarga en un momento dado escribir el guión de un nuevo Starman. En los años 90 había refritos y remakes de los personajes antiguos por doquier, como ya he mencionado, y aquí tendríamos otro ejemplo.
Fijaos en lo que he dicho arriba.
He hablado de la mierda prescindible de DC de los años 90, pero me he guardado un as en la manga: hubo mucha mierda, sí... pero también hubo obras de una calidad inmejorable. Es precisamente en esta época cuando se consolida el sello Vertigo (que tuvo su origen allá por 1985 con La Cosa del Pantano de Alan Moore). The Sandman de Neil Gaiman y Hellblazer de Jamie Delano nos muestran una nueva forma de concebir el cómic. Kid Eternity de Grant Morrison nos acerca al concepto del cómic europeo con un apartado gráfico basado en la acuarela, el acrílico y otras técnicas, en lugar del lápiz y la tinta originales.
Y la otra cara de la moneda de la década. Aquí, Kid Eternity, página pintada por uno de esos grandes que es Duncan Fegredo.
Algunas series de superhéroes también conocen esa evolución. Si hay un buen ejemplo de esto, es precisamente el Starman de James Robinson que, alejado de los trajes brillantes y las frases grandilocuentes, nos muestra un héroe terriblemente humano y más adulto de lo que estábamos acostumbrados a ver diez años atrás. Es una serie sobre herencia, legado y la responsabilidad... no sólo de salvar una ciudad, sino de seguir la propia vida y de llegar a la madurez.
Y que, cómo no, al tratarse de la historia del hijo de un miembro de la JSA original, volvería una y otra vez a la Golden Age.
No es de extrañar que esto rescatase, una vez más, a la JSA del ostracismo.
Junto a Robinson, encontramos a otro señor llamado Geoff Johns. Este, a su manera, también nos hace revivir el legado de la Golden Age la JSA... pero curiosamente, lo hace partiendo del concepto contrario: en la miniserie Stars & S.T.R.I.P.E, el tono maduro y memorable se convierte en una cosa desenfadada y divertida. En lugar del héroe que acepta a regañadientes su destino de Starman, aquí lo que tenemos es a una adolescente incorregible y con unas ganas tremendas de tocar las narices a su padrastro que, por avatares del Universo DC, resulta ser Stripesey, un secundario de Los Siete Soldados de la Victoria (otra serie Golden Age) que tuvo sus apariciones en All-Star Squadron e Infinity, Inc.
Con un dibujo que recuerda poderosamente a los dibujos animados, Johns rinde un homenaje a Courtney, su hermana fallecida, creando a la nueva Star-Spangled Kid, que se dedicaría a ir por ahí disfrazada y pegando patadas a algún supervillano que atacase su instituto (sí, como lo leéis) para disgusto de su pobre padrastro, que se pegaba todo el santo día siguiéndola con un robot a escondidas de su madre, con la sana intención de evitar que la chica se metiese en un follón de los gordos.
Lo que vendría a entenderse como una gamberra metida a superheroína a tiempo parcial. El resultado, una serie divertida y con un punto tan gamberro como su protagonista.
3. El regreso de la JSA y la serie inicial
¡Y por fin llegamos a la serie en sí!
O más o menos...
Existe un prólogo, narrado en conjunto por Johns y Robinson, a los que se les unen David Goyer (guionista de los dos Batman de Christopher Nolan) y Mark Waid, otro de los guionistas insignia de DC de las últimas décadas. En ella se nos narra una historia a finales de los 40, poco antes del retiro de la JSA. Argumentalmente independiente, sirve como eslabón entre Starman, Stars & S.T.R.I.P.E. y la serie inicial. Podríamos llamarlo algo así como una especie de "calentamiento de motores", donde se nos va indicando un poco la línea que se va a llevar a partir de ahora: el más absoluto respeto por la tradición del grupo y su filosofía original, pero añadiendo cosas propias que en absoluto desentonan. Como secundarios, además, encontramos a otros personajes de DC con cierta solera como el Dr. Occult o Stalker, que aquí hace la función de villano (no desvelo nada importante, porque eso se ve en las primeras páginas).
Una vez hemos leído todo esto, descubrimos que lo único que nos queda es entrar en la primera colección de la JSA en muchos años y empezar a desgranar el asunto. Antes de todo, quiero comentaros que la lectura de todo el material arriba mencionado EN ABSOLUTO es imprescindible para entender la JSA (yo mismo he ido recopilándolo posteriormente), aunque ayuda bastante si somos unos cotillas redomados o unos coleccionistas compulsivos y queremos entender todas y cada una de las referencias que se nos ponen por delante.
La colección inicial se compone de cinco arcos narrativos, que menciono aquí en orden cronológico:
1. Que se haga justicia
2. Tierra de Tinieblas
3. La Caza de Extant
4. La Sociedad de la Injusticia
5. El regreso de Hawkman.
Cada uno de estos números contiene referencias a otras colecciones, que iré añadiendo a modo de lecturas complementarias en cada análisis.
1. Que se haga justicia: Como número inicial, va a contener referencias a lo sucedido en Hora Cero, específicamente en lo tocante a la muerte de personajes como el Átomo. De un modo algo más tangencial, veremos referencias a El Regreso de la JSA cuando los personajes hablan de la lucha contra Stalker y, cómo no, a Stars & S.T.R.I.P.E y Starman (de hecho, Star-Spangled Kid aparece en el grupo "supervisada" por Ted Knight, el Starman original), lo que pone de manifiesto la confluencia de las series arriba mencionadas.
Infinity, Inc. también tendrá su importancia, considerando que en este tomo se habla de un nuevo Doctor Destino (no os desvelaré nada, pero guarda bastante relación con este grupo) y el personaje Atom Smasher, que no es otro sino Nuklon, antiguo miembro de aquella gente. Asímismo, encontraremos alguna que otra referencia a otros personajes, tales como el Hombre Gris (mencionado alguna vez en The Sandman o en la JLA de Giffen y DeMatteis de los años 90) o Kid Eternity. También encontraremos personajes más o menos familiares, como la segunda Canario Negro, extraída directamente de Aves de Presa y una Wonder Woman diferente a la que vimos en la famosa recreación de George Pérez de finales de los 80: en este caso, en lugar de la princesa Diana, a quien tenemos es a su madre, la reina Hipólita de las Amazonas (en algun re-boot del Universo DC se nos cuenta que la Wonder Woman de la Golden Age no era sino Hipólita, que viajó en el tiempo hasta los años 40).
El resultado: un número inicial que, por encima de todo, sirve para sentar las bases de una nueva encarnación de la JSA, llena de caras nuevas, pero sucesoras de un legado de más de medio siglo. Los personajes, bien definidos, cada uno con una personalidad muy marcada y con unas motivaciones bastante clara (pongo como ejemplo a Hawkgirl que, para variar, no es la típica chaval supersimpática y amiguísima del grupo, sino que se muestra como un personaje huraño y solitario que no tiene ninguna intención de establecer lazos sociales con sus compañeros).
2. Tierra de Tinieblas: Una vez sentadas las bases de la nueva serie, ya sólo queda ir retomando cabos sueltos que se fueron quedando por ahí a lo largo de mil décadas y colecciones. Uno de ellos, por ejemplo, es un personaje al que vimos en All-Star Squadron (no desvelo el nombre) y que es responsable de un hecho tan curioso como que personajes que se dieron de hostias contra los nazis tengan un aspecto tan saludable en nuestros días. Asímismo, encontramos a otro viejo conocido de Infinity, Inc. y, dicho sea de paso, uno de mis personajes de cómic favoritos y que, en cierto modo, supuso las bases del protagonista de mi primera novela, El Gusano Interior (Lo siento, chicos, tenía que hacer autopropaganda por alguna parte): Obsidian. Aquellos que seáis curiosetes, comparad un personaje con otro y quizás encontréis alguna coincidencia curiosa...
Obsidian, en este arco argumental, no aparece como un héroe: se hace referencia a su madre (una villana conocida como la Espina, y una psicópata de cuidado) y a una especie de herencia genética que al pobre chaval le ha tocado sufrir. Aquí, además de las consabidas mantas de hostias, nos vamos a encontrar con una temática acerca de la relación padres e hijos que no tiene ningún desperdicio.
También encontramos la primera aparición de otro personaje que sigue el legado de un miembro de la JSA: El Doctor Mid-Nite, el cual ya tuvo su aparición en una serie limitada poco antes. También nos encontraremos al nuevo Mr. Terrific, cuyo origen conocimos en la serie de El Espectro de John Ostrander. Hay además alguna que otra referencia sutil a los últimos números de Starman, donde se nos indica que "algo" está pasando en Opal City (un eufemismo de lo más bestia, por cierto) y la serie Chase, una de esas joyas de los 90 que fue cancelada antes de llegar a convertirse en algo verdaderamente grande.
3. La Caza de Extant: Nuevas referencias. Cómo no, esta vez toca meterle mano a un arco argumental que en su momento dejó a la JSA hecha unos zorros: Hora Cero. Aquí se nos recuerda que el fulano conocido como Extant, tras haberse cargado a cinco héroes de la JSA (Hourman, el Átomo, el Doctor Mid-Nite original, Hawkman y Hawkgirl) desapareció y no se supo más de él. Aquí vamos a encontrar un grupo dividido en dos frentes, destinados a amenazas distintas: por un lado, unos van a la isla Blackhawk a darse de leches contra un terrorista de corte religioso-armagedonista llamado Kobra (el cual ha cometido el error de reventar el avión donde va la madre del pobre Atom Smasher); por otro, la cacería de Extant en sí misma, junto a un personaje conocido por los amantes de Jack Kirby: Metrón, de los Nuevos Dioses que aparecían en Cuarto Mundo.
También encontraremos referencias a Halcón y Paloma, por los evidentes motivos del origen de Extant. Esto, además, servirá de base para alguna sorpresita que nos encontraremos después de la marcha de Goyer...
4. La Sociedad de la Injusticia: De los cinco tomos, quizás este resulta el de lectura más divertida; con amenazas menos apocalípticas que las anteriores (entre fuerzas del Caos desatadas, el plano de las sombras engullendo la Tierra, un terrorista que amenaza con reventar el mundo entero de un pepinazo atómico o un psicópata que quiere reconfigurar el Universo, esto es un soplo de aire fresco), nos muestra un clásico de todo supergrupo que es ese de encontrarse a calzón bajado mientras el enemigo te invade el cuartel. Para entendernos, es una especie de Jungla de Cristal, donde aquí el personal tiene que ponerse las pilas mientras un ataque perfectamente combinado los pone contra las cuerdas (y bien puestos, por cierto).
Este arco argumental, además, servirá de base para aventuras posteriores, muy especialmente en lo tocante al villano/héroe/no-lo-tenemos-del-todo-claro Black Adam, de conocida trayectoria por Shazam. Eso, sumado al detalle de Flash por Egipto, nos va soltando pistas acerca de cosas que nos iremos encontrando más adelante...
La segunda parte de este volumen vuelve a la vertiente más apocalíptica en lo tocante a la línea argumental del Rey de las Lágrimas: aquí tendremos un par de cameos de interés. Por un lado, el Espectro original aparecerá en un flashback (también se hará mención a la serie dedicada al personaje a lo largo de la lucha con el Conde Vértigo); por otro, JJ Thunder, el cual debutó en un número de Flash, hará aquí su puesta de largo, continuando el legado del pobre Johnny Thunder, cuya mente está (aparentemente) destrozada por el Alzheimer.
5. El Regreso de Hawkman: Nuevamente, vuelven las referencias a Hora Cero. La JSA ha reaparecido, con nuevos miembros; unos, de la cantera que era Infinity, Inc. y otros que se han ido sumando por diferentes motivos. Más proactivos que en su encarnación anterior, ya han salvado al mundo un par de veces, demostrando que, si bien la JLA, los Titanes y todos los demás payasos siguen un código del superhéroe, fue la JSA quien lo escribió y la que marcó toda una tendencia que se perpetúa a lo largo de más de medio siglo.
Y sin embargo, falta algo.
Uno de sus miembros fundadores permanece desaparecido, posiblemente muerto. Hablamos de Carter Hall, el hombre conocido como el Hawkman de la Golden Age.
A lo largo de los tomos anteriores, hemos podido comprobar que Hawkgirl se ha estado comportando de un modo extraño: si al principio la vimos huraña, ahora resulta que parece recordar cosas que jamás vivió. Hasta donde se nos ha contado, es una chica de diecinueve años, nieta de un amiguete del primer Sandman. ¿Por qué se dirige entonces a Black Adam por su nombre original, el egipcio Teth-Adam? ¿Por qué llama a Pieter Cross, el segundo Dr. Mid-Nite, "McNider"?
Todo parece indicar que algo muy extraño está sucediendo alrededor de la muchacha, y las investigaciones de Sand (el actual presidente de la JSA) no hacen sino poner de manifiesto algo mucho más escalofriante: algo está a punto de suceder y las aparentes pérdidas de conciencia de Hawkgirl (o esos extraños "estallidos" que ha venido sufriendo) no son más que señales.
Este volumen nos acabará llevando a Thanagar, lugar de sobra conocido por los lectores que hayan seguido series como Hawkworld o la JLA. Este remoto planeta es una especie de cruce entre la distopía militarista y el misticismo del antiguo Egipto, lo que nos lleva a una sociedad guerrera que nos podría recordar al universo de Stargate (aunque con idioteces menos gordas que en esta película). Aparecerán otros conceptos como el Metal Nth, bastante frecuente en las historias de los Hombres Halcón o la reencarnación, algo de corte muy egipcio y que encaja en la ambientación de esta historia como un guante. Como estrellas invitadas, nos encontraremos al ángel Zauriel (un personaje que, por aquel entonces, formaba parte de la JLA), que tendrá una conversación acerca de religión y amor con Hawkgirl que es de todo menos moralista o propagandística. Digna de leer.
El final de este arco argumental (sin desvelaros nada) sienta definitivamente las bases de una colección que ha venido perpetuándose hasta la actualidad y que no resulta sino un prólogo. Todavía tendremos por delante la inclusión de nuevos miembros, como Power Girl o Rick Tyler (hijo del Hourman original) o la marcha de algunos otros (no digo quiénes)
4. Valoración y análisis de algunos aspectos
Debo aplaudiros si habéis sido capaces de llegar hasta aquí. Como véis, no es en absoluto fácil resumir medio siglo (literalmente hablando) de historias, personajes y entramados de colecciones tan complejos que se convierten en toda una tela de araña. Por tanto, procuraré ser breve en este análisis.
Existe un dicho popular en inglés que viene a decir "Too many cooks spoil the broth"; dicho en cristiano, "demasiados cocineros arruinan el caldo". Por lo general estoy de acuerdo: cuando mucha gente mete mano a la vez en la misma cosa, resulta que lo que tienes es una especie de batiburrillo de ideas inconexas que dan lugar a un jaleo impresionante del que no sacas absolutamente nada en claro.
Esto no pasa en la JSA.
Pese al follón que os he montado entre colecciones, referencias y cuarenta mil cosas, hay que decir que puede leerse esta colección de cabo a rabo sin conocer todas esas colecciones paralelas sin temor a perderse: como mucho, veréis que un personaje comenta algo al respecto y menciona lo importante que sucedió ahí. La documentación paralela, para los que queráis meteros muy en profundidad y queráis conocer los detalles.
Hablamos de una serie de cómic de superhéroes, pero eso no quiere decir que estemos ante algo simplista para chavales, ni mucho menos. Los guionistas (recordad que David Goyer anda metido), si recurren a algún tópico, lo hacen de manera que no caen en lo evidente, en lo manido. El lenguaje no resulta anacrónico y, en algunos casos, resulta incluso inteligente. No hay más que ver cómo enfoca el Doctor Mid-Nite la lucha contra sus enemigos (como el cirujano que es) para ver que aquí hay gente metida que sabe lo que está haciendo.
Aunque hay abundantes escenas de acción, quizás lo que da potencia a esta colección son precisamente los momentos en que esta no tiene lugar; es cuando vemos las relaciones entre personajes, entre sí y ante la opinión pública, cuando descubrimos una serie de superhéroes, pero tratada con una cierta madurez.
El trato hacia los personajes y su legado se hace de forma razonada: se muestran como personajes falibles, con sus miedos (Hawkgirl o Sand, por ejemplo) y con su propia manera de afrontar las cosas cada uno (véase, por ejemplo, el diálogo entre Flash y Mr. Terrific en Thanagar acerca de la vida más allá de la muerte), lo que hace que sean perfectamente reconocibles entre sí, aparte de por llevar un disfraz molón y tener unos superpoderes espectaculares. Incluso se puede ver cómo muchos de ellos evolucionan (el caso de Star-Spangled Kid o Black Adam) sin llegar a la torpeza de la incoherencia.
El dibujo se mantiene bastante uniforme a lo largo de los cinco tomos, con pocos cambios entre los diversos artistas, lo que da una sensación de homogeneidad que hace que el lector tenga ya unas facciones y una estética más o menos definida a lo largo de la serie. Cuenta con un colorido digital bastante correcto, que no empaña ni enmascara el trabajo del lápiz o la tinta.
En cuanto a la estética que transmite, podría ser algo así como "retro-noveau" (término que me acabo de sacar de la manga): es decir, trajes dibujados con un estilo totalmente contemporáneo, pero siguiendo patrones de diseño basados en los originales de los 40. Quizás el único que se sale un poco de esta norma es el uniforme de Mr. Terrific, creado fuera de la colección. Si veis el uniforme del Terrific original, entenderéis por qué. Incluso lo agradeceréis.
Merece destacar también el trabajo de las cubiertas originales, realizado en gran parte por el británico Alan Davis, señor que últimamente había recibido críticas bastante regulares, pero que parece haberse resarcido aquí.
En resumidas cuentas, una serie de lo más recomendable tanto para amantes de DC consagrados como para profanos recién llegados.
Hace cosita de un año, Planeta Agostini lanzó el rumor de que podría reeditar toda esta etapa en un único tomo; ahora que ECC ha llevado el mando de DC en España, es cuestión de cruzar los dedos para que les dé por hacerlo.
En caso de que lo hagan, ya tenéis este análisis. La decisión de haceros con esta etapa es vuestra.















1 comentario:
Excelente artículo. Gracias, malaghoteño.
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