lunes, 16 de febrero de 2015

Tebeos en Vena- Nosolotetas, segunda parte




Siempre que se hace una lista de lo que sea, es normal que haya elementos que falten, o bien que se tenga la impresión de que, para haber añadido alguno, se podía haber añadido otro mejor. Es un poco el caso de lo que sucedió con el primer post dedicado a superheroínas que publiqué hará cosa de un mesecillo o así y que, todo hay que decirlo, tuvo cierta aceptación entre vosotros, Distópicos. Como no cabía esperar menos en toda enumeración que se precie, no faltaron comentarios vuestros diciendo "Oye, ¿cómo has podido olvidarte de no sé quién?" "¿Has puesto a esta y no has puesto a la otra?" Total, que tras un par de artículos dedicados a otros interesantísimos temas, volvemos a la carga destripando viñetas. He aquí una segunda lista con algunos de los personajes femeninos que faltaron de la primera, más alguna cosita de la que me he ido acordando. Es posible que, sin duda, falte alguno de tooooodos aquellos que mencionasteis la última vez. Si veo que es necesario, pues ya iré redactando una tercera un día de estos.
Para terminar, me gustaría aclarar, como es de costumbre, que esto no es un ranking, ni un listado de imprescindibles ni nada por el estilo. No es más que una enumeración de ejemplos acerca de cómo trata el cómic de superhéroes a sus heroínas, y repasando algunas de sus figuras más destacadas. Porque algunos estamos ya hasta los huevos de tonterías tendenciosas y de ver donde no se quiere ver, y de tomar algo como lo de Women in Refrigerators (a mi juicio, considerablemente parcial, por no decir que se pasa de subjetivo) como si fuera el cien por cien de la industria.




La primera heroína digna de mención en este artículo es Oráculo, que todavía me pregunto cómo no la puse en los primeros lugares en el anterior. El personaje nació en el año 1967, no como tal, sino bajo la identidad de la primera Batgirl. Los orígenes de este personaje sí demuestran bastante lo encorsetado de la sociedad de la América de los años sesenta, siendo creada como contrapartida de Batman en la serie de televisión original (y, cuentan las malas lenguas, que para introducir un personaje femenino que rebajase la presunta tensión homosexual que llevaba acarreando el Hombre Murciélago; esto venía siendo así desde que un psiquiatra gilipollas soltase la bombita unos diez años antes, aludiendo que los cómics inculcaban tendencias "aberrantes" en los jóvenes, tales como -ojito- la filiación comunista o la homosexualidad). Batgirl fue incluida en la serie y, de forma simultánea, también en los comics.
Pasaron los años y ningún guionista tuvo del todo claro qué hacer con Batgirl, de modo que sus apariciones fueron haciéndose más escasas hasta prácticamente mandarla al Limbo de los Personajes Olvidados (si habéis leído el Animal Man de Grant Morrison pillaréis el chiste). Fue entonces cuando llegó Alan Moore, en 1988 (como un año y pico después de su Watchmen, así que según su criterio, este interesante cómic escrito por él no tiene valor alguno y no aporta nada) decidió reciclar al personaje. ¿Cómo? Pues, resumiendo bastante, mostrándonos a una Batgirl más centrada en su vida como Barbara Gordon, que recibe una "visita" del Joker. Éste le pega un tiro y la chica queda paralítica de por vida.


La escena en cuestión. Como suele pasar cada vez que un maloso derrota a una villana (ya pasó con Canario Negro, por cierto), hubo gente que especuló sobre una violación.
Infundado, como siempre.

La cosa podría haber acabado aquí y El Pelos podría haberse quedado tranquilo quitándose de en medio a otra tipa en mallas. Conociendo la tirria que tiene al género que (por mucho que le joda) le ha puesto donde está, podría haber sido así, pero en realidad solo dio el pistoletazo de salida al reciclaje del personaje.
No sería hasta el año siguiente cuando Barbara Gordon resurge como Oráculo, en la cabecera del Escuadrón Suicida. Aquí aparece ya como una hacker que provee de información a los héroes de DC y, poco más adelante, se convierte en una pieza principal que sirve como enlace, espía y coordinadora, tanto del equipo de Batman como de la Liga de la Justicia y casi cualquier tío con capa que sea medio de respetar.
Oráculo es el caso claro de evolución y superación. No ya solo por el hecho de pegarse cerca de veinte años en una silla de ruedas, que sería lo superficial. Lo importante es el hecho de que ha pasado de ser un personaje de segunda línea a una pieza imprescindible en el universo DC. Extremadamente inteligente y de sobras independiente, lo mismo te decodifica un código encriptado que manga información al Pentágono. En sus ratos libres, se saca doctorados (como el de derecho, por ejemplo) y coordina su propio equipo, las Aves de Presa, desde su ordenador.
El hecho de estar incapacitada de cintura para abajo en caso alguno la limita, sino que potencia lo que es: Barbara no quiere dar pena. Su silla de ruedas no lleva manillas porque no consiente que la lleve nadie. Rehúye de la compasión y se centra en el esfuerzo, la voluntad y la constancia; en absoluto es débil, ya que todavía conserva gran parte del entrenamiento junto a Batman, así como algunas otras lecciones de artes marciales que tomó aparte. Su destreza con los batarangs, aparte, es considerable.



Katana, por su parte, tiene una historia bien distinta. Fue creada en 1983 para formar parte de una serie tan irregular como fue Batman y los Outsiders, donde este personaje tenía lo de "outsider" lo mismo que casi todos los demás: básicamente no ser de primera línea, más que ser héroes rebeldes o moralmente marginales.
Este personaje, sin embargo, tenía una historia que sí hace que encaje en esta lista, y es el hecho de que es una vengadora, o todo lo vengadora que se puede ser en un universo de cómic de superhéroes mainstream como DC, claro. Cuando era joven, Katana (Tatsu Yamashiro para los amigos) estuvo indecisa entre el amor de dos hermanos, decidiéndose por uno de ellos; el hermano que fue rechazado juró que las cosas no serían así y, como buen japonés chungo, se pasó a la yakuza. Se pilló un par de espadas místicas y se dedicó a entrenar día y noche para joderle la vida a Tatsu, que ya se había casado y tenía un par de pequeños japoneses correteando por casa. Esta felicidad duró poco el día que su cuñado el chungo decidió hacerle una visita a la familia. En el ataque, solo sobreviviría Tatsu, que lograría quedarse con una de las espadas místicas; ésta le dio una sorpresa, consistente en retener el alma de su marido, con el que puede comunicarse. Algo así como la espada de Elric, solo que más buenrollista.
De un modo parecido a otros personajes como Batman o Green Arrow, Katana cumple el arquetipo de heroína que llega a ser lo que es en base a haberlo perdido todo; y es precisamente de esa pérdida de donde nace el sentido de responsabilidad y de deuda con un mundo que no logra entender. Katana es la clase de personaje que decide enmascararse y luchar para evitar que otros sufran lo que ella. En combate, es una samurai de notable habilidad, pero eso no la convierte en una máquina sin sentimientos. Prueba de ello es su relación con su joven compañera Halo en los Outsiders, a la que prácticamente amadrina.





El caso de Starfire, sin embargo, puede dar que hablar. Al igual que sucede con Canario Negro (no incluida en ninguno de los posts dedicados a este tema, pero sí en el dedicado a personajes que han sido maltratados por el público), este personaje ha sido generalmente juzgado por su pinta y sus atributos. Starfire fue creada en 1980 para formar parte de la nueva (y probablemente la más espectacular) encarnación de los Titanes. Nacida en el planeta Tamaran, este personaje se ha criado en un entorno más emocional que racional, y se guía por sus instintos y sus pasiones. No hace mucho, escribí un artículo en que usaba uno de sus principales argumentos para hablar de otro tema: ese argumento en que dice no entender a los humanos, por mostrar compasión con sus enemigos al tiempo que desconfiaban de los amigos.
Starfire es emocional, pero no idiota, como más de uno podría pensar al leer lo que acabo de comentar en estas últimas líneas: se guía por la emoción y por el instinto, pero también por un marcado sentido del honor y la dignidad. Es una guerrera que desconoce qué es eso de tener piedad con los enemigos, pero aun así, se niega a matar a nadie durante su estancia en la Tierra porque va contra sus leyes. Esta decisión a veces la hace tener que contenerse mucho más de lo que desearía, pero por encima de ello está su sentido de la lealtad, que considera algo sagrado: cuando haces un amigo de Tamaran, ese amigo estará junto a ti hasta el resto de tus días. Es más, probablemente muera junto a ti, porque está peleando a tu lado; en cambio, si haces un enemigo de Tamaran... pues, mala suerte, chico.
Como he comentado arriba, un personaje de este potencial, con esa marcada pasión tanto en el amor como en el odio, se ha visto juzgado de una forma simple y superficial por su vestimenta, como ha sucedido a tantas otras (véase el caso de Power Girl): ese vestido, similar al de una stripper, que llevaba en sus primeras apariciones en realidad simbolizaba la deshinibición de un personaje que no entendía por qué tenía que cubrirse con dos pedazos de tela cuando iba a bañarse a una piscina. Starfire, en esto, como en muchas otras cosas, nos enseña que la humanidad posee una infinidad de prejucios que su pueblo tiene ya superados. Pese a eso, los tamaranos no son el mundo perfecto y también viven inmersos en montones de problemas: prueba de ello es que la propia Starfire, como miembro de la realeza de su planeta, se vio obligada a casarse para sellar la paz. Pese a todo, podemos decir que ni ella estuvo jamás de acuerdo en eso y, de hacerlo, lo hizo porque consideraba que hacía un bien mayor, y más adelante seguiría (como es de esperar) los dictados de su corazón.




Hablando de la serie de los Titanes, tenemos que decir que prácticamente todos sus personajes femeninos (o, al menos, los de la encarnación de los ochenta, a manos de Marv Wolfman y George Pérez) poseen una fuerza arrolladora y un peso más que relevante en su entorno. Recordemos que en el post anterior ya estuve hablando de Raven, que es probablemente uno de los personajes femeninos más atractivos, duales y oscuros jamás paridos por el Universo DC. En el párrafo de arriba, le tocó a Starfire; la siguiente en mencionar, cómo no, es Donna Troy.
Donna nació en 1965, apareciendo en sus orígenes como la primera Wonder Girl; su papel era básicamente el de una sidekick (término que se usa para referirse al acompañante que lleva un superhéroe) de Wonder Woman. El motivo de su origen es del estilo a lo que sucediera con Batgirl: el psiquiatra soplagaitas de Frederick Wertham, en su libro de odio contra el cómic La Seducción de los Inocentes, dio a entender que el cómic de superhéroes incitaba a tendencias tan "perniciosas" como la homosexualidad. De este modo, la industria tuvo que buscarse las castañas para que sus personajes no diesen la apariencia (o sugiriesen, ni sutilmente siquiera) de provocar a los jóvenes para que se amancebasen con gente de su mismo sexo. Wonder Woman no fue ninguna excepción. De este modo, Wonder Girl aparecería como una hermana pequeña de la princesa amazona y, poco después, acabaría fundando el primer grupo de los Titanes (una especie de Liga de la Justicia formada por sidekicks).
Pese a haber sido creada como "hermana" de Wonder Woman, el origen que se le dio a Donna Troy no fue el de una amazona, sino el de una niña huérfana que fue recogida por la heroína. Este origen tendría cola, ya que sería revisitado varias veces; la primera, en una historia de detectives bastante emotiva, protagonizada por Nightwing, y una segunda, tras el reinicio del universo DC tras las Crisis en Tierras Infinitas.
Es precisamente este devenir sobre el pasado de Donna Troy lo que sienta las bases de la complejidad del personaje: Donna es alguien que busca constantemente su identidad. La falta de recuerdos de lo que sucediera con su familia es algo que la obsesiona y, de vez en cuando, se ve obligada a olvidar lo que creía saber para abrazar nuevas respuestas que la llevan, cómo no, a nuevas preguntas. Pero no nos confundamos: en absoluto esto convierte a Donna en un personaje débil, sino todo lo contrario. Es precisamente esta lucha lo que hace del personaje alguien con una fuerza de voluntad más que envidiable, al tiempo que vemos cómo esta obsesión no la impide llevar una vida con su trabajo y su marido.
Con el tiempo, vemos que el personaje evoluciona. Se divorcia y vive nuevas aventuras que vuelven a llevarla una vez más a replantearse su identidad. De Wonder Girl ha pasado a llamarse Troia, y de ahí, se une al cuerpo estelar conocido como Darkstars. Es casi asesinada a manos de la versión androide de Superman. Resurge. Llega un momento en que tanto nombre código casi resulta tan complicado como averiguar quién es, y finalmente toma el nombre que ha tenido siempre: Donna Troy.



Si nos movemos hacia territorio Marvel, encontramos que las heroínas fuertes e independientes no escasean; es el caso, por ejemplo, de Carol Danvers, conocida entre otros alias como la Ms. Marvel original, que tiene el honor de ser la primera mujer de la casa en protagonizar una cabecera propia, allá por 1977. Creada cinco años atrás, este personaje debuta como secundario en la serie del Capitán Marvel original, encarnada como una militar que sufre severas heridas durante la explosión de un artefacto Kree. A causa de los componentes alienígenas hallados en la explosión, el código genético de Carol muta, otorgándole poderes. A partir de ahí, la veremos también compartiendo aparición como invitada en otras series bastiones de la casa, tales como Los Defensores o Los Vengadores, acabando por formar parte de estos últimos.
Es precisamente en Los Vengadores donde vemos cómo el personaje sufre cambios bastante profundos: en un viaje hacia el futuro, "conoce" a su amante (por usar un término políticamente correcto, ya que un nutrido número de críticos consideran el encuentro como una violación en toda regla), un viajero cronal que se engendra a sí mismo en el cuerpo de Carol (sí, esto es tan psicodélico como parece), con el que va a vivir durante una temporada. Poco después, regresa a la Tierra, pierde sus poderes y gran parte de su identidad a manos de la mutante conocida como Pícara, para más tarde ser secuestrada por los alienígenas de El Nido, que vuelven a alterar una vez más su estructura genética, otorgándole nuevos poderes, incluso más cafres que los anteriores (dándose a conocer a partir de aquí como Binaria). El personaje sigue evolucionando, tanto física como psicológicamente: pierde sus poderes como Binaria, se enfrenta a una prueba tan dura como el alcohol y recupera sus poderes como Ms. Marvel. Finalmente, resurge en la identidad de la nueva Capitana Marvel.
Carol Danvers es un personaje que siempre se ha definido a sí misma como una luchadora, que no tiene absolutamente nada que deber a nadie. Aguerrida y valiente, la hemos visto lanzarse ella solita en la vanguardia de un ataque y admitir abiertamente que una mujer es una mujer, y no tiene por qué ceder a presiones sociales como casarse o tener hijos. Pese a la adversidad, tiene la fuerza necesaria para salir adelante, luchar, levantarse cuando cae y reinventarse a sí misma.


Carol como Binaria. Hasta los buenos personajes suelen sufrir errores garrafales de diseño.


Con el caso de la supuesta violación, hay mucha controversia. He de reconocer que ese episodio es tan difuso y parco en detalles que es complicado llegar a una posición concreta: por un lado, tenemos la impresión de que, efectivamente, se enamora de Marcus, el viajero temporal (e hijo del villano Inmortus, para más señas); por otro, hay no pocos detalles que sugieren que ese enamoramiento se debió más bien a un lavado de cerebro y Carol fue usada para que Marcus pudiera engendrarse a sí mismo en un cuerpo en otro tiempo. Si asumimos el hecho de que, efectivamente fue una violación, encontramos que el guionista Chris Claremont se encarga de hacer borrón y cuenta nueva justo con la introducción de Pícara, que borra ese recuerdo (junto con unos cuantos más). No es que sea la solución definitiva, pero sí funciona como herramienta argumental para barrer de la continuidad un hecho que estaba bastante fuera de lugar a principio los años ochenta, reparando un poco el estropicio causado por guionistas que, en líneas generales, solían acertar en sus decisiones. En mi opinión, no creo que sea "erróneo" hablar de un concepto como la violación en el cómic de superhéroes (recordemos que Alan Moore lo haría en Watchmen algún tiempo después, siendo bastante aclamado por ello), de modo que no creo que autores tan reputados como Jim Shooter o George Pérez metieran la pata al hacerlo. Todo lo más, quizás se adelantaron un poco a su tiempo, ya que, de haber sucedido esto hace... no sé, diez años, a los lectores experimentados no nos habría parecido tan raro. Hoy en día, sin embargo, con tanta corrección política y tantas ganas de ver donde no hay o de poner un género entero en el punto de mira, se habría creado una polémica tan absurda como ridícula, dando paso a una censura sobre los cómics que no suele verse aplicada a otros medios de difusión, o no de una forma tan fiera. Es algo para pensar.



Relacionada de forma íntima y directa con Carol Danvers, encontramos otro ejemplo de personaje femenino que evoluciona de forma más o menos constante. Me refiero, cómo no, a Pícara.
Pícara surge como villana, justo tras el regreso de Carol Danvers después del incidente con Marcus, en 1981. La encontramos como el miembro más joven de la Hermandad de Mutantes Diabólicos liderada por Mística, y con el poder mutante de absorber poderes de otros mediante contacto físico. En su primera aparición ataca a Carol, absorbiendo de forma permanente tanto sus poderes como su psique. A partir de ahí, Pícara descubre que su propio poder le ha jugado una malísima pasada y comparte una parte de su mente con la psique de Carol Danvers, llegando a sufrir algo muy similar a un episodio de doble personalidad, llegando incluso ésta última a "tomar el mando" de vez en cuando.
Incapaz de controlar esto, se une a la Patrulla-X, causando evidente indignación entre el grupo mutante, aunque poco a poco ganándose el respeto por parte de sus nuevos compañeros.
Pícara no es solo un personaje físicamente fuerte, sino dotado de una considerable resistencia emocional: pese a sus poderes, bromea y lucha como si no hubiese nada que temer, aunque sepa que jamás puede tocar a nadie a menos que quiera dejarlo en coma.
Con el paso de los años, sin embargo, Pícara ha ido degenerando bastante y ciertos guionistas, como el caso de Scott Lobdell (una puta vergüenza como guionista y pelele  profesional de editores que no saben ni donde tienen la cara, y que en la actualidad se está encargando de convertir el nuevo Universo DC en MIERDA), la han convertido en una auténtica pava lloriqueante que se pasa más tiempo lamentándose por sus poderes que haciendo lo que había estado haciendo hasta entonces, que es seguir viviendo día a día. Sin embargo, parece ser que posteriormente ha vuelto a ser lo que era.



Kitty Pryde es un caso diferente. También mutante y también parte de la Patrulla-X, debuta más o menos por la misma época que Pícara (también en 1980, solo unos meses antes). Kitty, en su primera aparición, aparece como una niña de trece años que descubre sus poderes mutantes de fase (esto es, poder hacerse intangible) durante el estrés emocional que supone vivir el divorcio de sus padres. En su primera aventura, es atacada por el Club Fuego Infernal, donde conoce a Coloso, del que se enamora prácticamente a primera vista. Tras los acontecimientos de Fénix Oscura, se une de forma definitiva al grupo, viviendo aventuras en las que toma un papel bastante relevante: es el caso de historias como la de la isla de Magneto o posteriores apariciones del Club Fuego Infernal. Siente un vínculo especial con Tormenta, a la que ve casi como una sustituta materna. Con Lobezno sucede algo similar, llegando a viajar a Japón con él y enfrentándose al antiguo maestro de éste, Ogûn. Durante la primera Secret War, hemos visto cómo Coloso se enamora de una curandera alienígena y, al contárselo a Kitty, ésta decide romper la relación de forma expeditiva, aun sabiendo que la curandera falleció durante la aventura. Sobrevive a la Masacre Mutante, aunque con heridas graves, acabando por formar el grupo Excalibur, para volver años después al seno de la Patrulla-X.
Kitty es un personaje relevante en la serie de la Patrulla, no solo por sus poderes. Aparte de ello, con solo trece años posee el intelecto de una chica universitaria y, además, posee un sentido común que la hace mantener la calma en situaciones adversas. Al mismo tiempo, tiene una imaginación y un sentido del humor del que muchos de sus compañeros carecen, recordando de paso al lector que La Patrulla-X, por encima de todo, fue una serie de estudiantes. Kitty recupera esa esencia, sin que ello distorsione o entorpezca que estamos leyendo un cómic de superhéroes.



Nuestro último personaje de este artículo proviene de una serie tan poco publicitada como alta es su calidad. Me refiero a la apenas recordada Tomb of Dracula, que tuvo un pequeño revival a mediados de los noventa y que fue impulsada algún tiempo después gracias a las películas de Blade.
A diferencia de como sucediera en estas películas, Blade no es el único cazador de vampiros en el universo Marvel, sino que ha formado varios equipos encargados de esta labor. Es más, en Tomb of Drácula este personaje tardaría varios números en aparecer (no lo hace hasta el número 10 de la serie). Quien sí apareció prácticamente desde el principio (concretamente, desde el número 3) es Rachel Van Helsing, la cazadora de vampiros de Marvel más clásica y, como es evidente, descendiente del Abraham Van Helsing que organizó el ataque contra Drácula en la novela del mismo nombre.
Desde su primera aparición en 1972, Rachel ya se muestra como un personaje bastante implacable con los vampiros, y sin asomo alguno de temor o compasión. Es una mujer dura y llena de recursos, con notable habilidad para manejar tanto el arco como la ballesta. Aunque intenta llevar una relación sentimental con Frank Drake, llega un momento en que se da cuenta de que su vida no está junto a él, sino que está centrada en limpiar el mundo de la amenaza vampírica.
Es en ese momento en que Drácula es eliminado (y por ende, dicha amenaza también) cuando Rachel Van Helsing se siente vacía y rompe definitivamente su relación con Frank. Se retira a dar clases de literatura, intentando dar un sentido a su vida, cuando resurge Drácula para vengarse. En lugar de matarla, la convierte en lo que más odia: una vampira. No obstante, eso no impide que siga luchando contra el señor de los Vampiros mientras le queden fuerzas. En su último aliento, pide a Lobezno que la mate y pueda por fin descansar en paz.
Rachel, como ya hemos dicho, es el prototipo de cazadora implacable, que no se achanta ante la adversidad. La podemos ver rodeada de vampiros, que siempre buscará el modo de acabar con ellos sea como sea. Es un personaje que no se define a sí misma por sus relaciones o por sus sentimientos, sino por sus objetivos. Y aunque sus objetivos se hayan visto cubiertos y se sienta vacía, sigue buscando la forma de mantenerse anclada al mundo.


La última aventura de Rachel, junto a la Patrulla-X.


Y hasta aquí, la segunda entrega de estos artículos destinados a la mujer en el mundo del cómic de superhéroes. Como es natural, insisto en que es probable que echéis en falta a alguien; esto, sin embargo, no es ningún ranking, ni están todas las que son. Tomadlo, como he comentado en la introducción, como una serie de ejemplos que desmitifican la figura de la mujer en el cómic como personajes secundarios, comparsas, novias de alguien o seres sin identidad propia. El objetivo, tanto de este artículo como del anterior, es precisamente demostrar lo contrario: que si ha existido un género que ha manifestado respeto por la figura de la mujer ha sido precisamente el cómic y, de modo más concreto, el cómic de superhéroes. Ya hemos mostrado mujeres fuertes, independientes, inteligentes y con éxito en sus vidas. Mujeres que pueden ir vestidas con cuello vuelto, mallas, capas o en corsé, que consideran que no tienen por qué dar explicación acerca de sus vestimentas (cosa que hacen muchos que van de críticos, pero que jamás han leído una línea de estos personajes), ya que son sus actitudes y sus hazañas las que hablan por ellas.

jueves, 5 de febrero de 2015

Escupiendo Rabia- Cuando un notable es un fracaso, o Notitis aguda




Cuando te pegas cerca de una década dando clases ves de todo. Incluso cuando puedes decir (aunque sea con la boca pequeña, porque vete a saber qué pasa por hablar) que has tenido suerte con tus alumnos, siempre hay cosas que no dejan de llamarte la atención. Uno de los casos más curiosos es esa obsesión por competir que voy viendo cada vez más entre la gente que me echo a la jeta a lo largo de los últimos años.

Ante esto supongo que muchos de vosotros diréis que oye, eso de ser competitivo no es malo. Que es un incentivo que provoca que te esfuerces y que, en resumidas cuenta, seas más productivo a nivel académico. Pues vale. Para vosotros la perra gorda; no es eso a lo que me vengo a referir.
Empecemos un poco a explicar la movida y luego ya vais sacando vuestras propias conclusiones: veréis, a mí me gusta partir del hecho (como siempre, hablo desde mi experiencia personal dando clases durante nueve años y de lo que  he aprendido yo de ella. Si queréis un profesional de la psicología, la psicopedagogía o lo que sea que estéis esperando, pagadlo) que he venido aprendiendo a lo largo de mi breve trayectoria practicando yoga: la única competición en esta vida debe ser con uno mismo; el afán debe ser por superarse a sí mismo, dar lo mejor de cada uno y saber aceptar cuando uno ha tocado techo y ha descubierto que, como buen humano que es, tiene sus limitaciones. Ser consciente de que no podemos tener nivel Dios en todo y que, a lo mejor, igual no hace ni falta. Igual eso de la perfección absoluta es un concepto tan sobrevalorado como ridículo.

El problema, y es aquí a donde voy a parar, es cuando ese afán de competición con uno mismo se traspapela, se tergiversa, se retuerce y se pringa en mierda hasta las orejas. Hablo de ese momento en que un estudiante tiene como objetivo, no ser mejor de lo que era, sino ser mejor que los demás. Ese síndrome se ve traducido generalmente en una especie de obsesión enfermiza por estar pendientes a lo que hace cualquier compañero, o si este compañero mejora y le recorta distancia. En estos casos, te das cuenta de que un estudiante no concibe que puede haber un tema que se le puede dar peor, o que simplemente tiene una mala semana y se pilla unos verdaderos berrinches porque ha cometido el "pecado imperdonable" de sacar un ocho en lugar de un diez. Una nota más que respetable, posiblemente ganada con esfuerzo, se convierte de buenas a primeras en una tragedia que ríete tú de Hamlet o de la puta historia de Edipo.


"Morir... Dormir... ¿Por qué sacar un miserable ocho cuando puedo poner fin a este sufrimiento?"


Esta obsesión se proyecta a menudo en algo muy parecido (no me atrevo a llamarlo así, ya que no soy profesional de la psicología académica) al bullying, cuando este alumno, acostumbrado a sacar diez en todo, se dedica a mirar por encima del hombro a aquel compañero al que le cuesta horrores pasar de seis y que se parte los putos cuernos por llegar a tener una nota discreta. Este alumno obsesionado por tener la nota más alta de la clase, gracias a ese afán de competición malsana, se dedica a reírse (con mayor o menor discreción, ya dependiendo del alumno) de aquellos que no llegan a su nivel por el motivo que sea. No le importa que a lo mejor su compañero de clase no tenga demasiado tiempo libre para estudiar. Que la asignatura le suponga un esfuerzo porque su competencia no es tan alta. Que su capacidad de concentración sea menor. Incluso que no termine de entender a su profesor y eso le haga ir más a remolque. La competición aquí se convierte en una total falta de empatía, y de ahí a una total falta de escrúpulos. Para entendernos, es como si sacar notazas hiciera que más de uno se sintiese con derecho a pisotear a sus compañeros o a reírse de ellos, tratándolos como si fueran parte de una casta inferior.


"¿Qué nota has dicho que sacas, gilipollas?"
"¿Sabes qué nota he sacado yo?"


Si tengo que buscar raíces de algo así, a menudo he comprobado que esta obsesión por ser superiores académicamente de algunos alumnos, así como la ansiedad que se genera cuando este alumno no saca ese sobresaliente tan esperado, no es ni mucho menos autoinducida. La percepción del éxito y del fracaso, a mi juicio, me resulta muy similar a la percepción del dolor o la gravedad. Para ilustrarlo, os propongo una experiencia: tomemos el caso de dos niños hipotéticos, a los que vamos a llamar Gumersindo y Anastasia. Gumersindo y Anastasia tienen, pongamos, dos o tres añitos y están jugando en un parque. En esto que los dos, en plena carrera, tropiezan y se caen de boca. Algo relativamente frecuente y, habida cuenta de la resistencia de los críos, nada grave. De hecho, tanto Gumersindo como Anastasia se han hecho una ligera raspadura en una rodilla y ya está.
Fijémonos en su actitud: cuando ambos niños se caen, lo primero que hacen es buscar a un adulto con cara de confusión. ¿Por qué? Porque saben que la herida les escuece, pero no tienen ni la menor idea de si se han hecho algo serio o no. Fijaos que cuando esto pasa, los niños pequeños tienden a no llorar en un primer momento, o no al menos en los casos más generales. Necesitan, por así decirlo, "una segunda opinión". En el caso de Gumersindo, cuando llega su madre, lo pone en pie y le resta importancia a la herida, llegando incluso a decirle que no pasa nada (porque, efectivamente, es así). Le da con un poco de agua para limpiarla y, al cabo de un ratito, el pequeñajo está jugando por ahí sin mayor problema.
Supongamos que en el caso de Anastasia, al caerse, recibe una atención diferente. Su madre, incapaz de contener el agobio que puede suponer ver a un crío que se esmocha contra el suelo (porque eso no le gusta a nadie que tenga sangre en las venas), monta el pollo y empieza a mirar compulsivamente a ver si se ha hecho una herida. Empieza a darle vueltas a ver si esa herida se puede infectar, y cualquier síntoma derivado que queramos añadir. Lo más probable en este caso es que Anastasia estalle en un mar de lágrimas, no llorando de dolor, sino acojonada perdida, vaya a ser que pueda perder su pierna, con el poco tiempo que lleva usándola.
Traducido: es muy fácil que un padre (o adulto en general) proyecte sus propias neuras sobre un crío y éste crezca con ellas, inducidas y contagiadas por él.


"Ya que insistes en jugar en la calle, tendré que protegerte. No tienes ni idea de la cantidad de gérmenes que hay. De la cantidad de cosas peligrosas, cortantes o punzantes con las que puedes atravesar tu delicada piel."


Volviendo al caso de las notas, esto no es muy distinto: si un crío saca un ocho y contamos con que saque más, hay mil maneras de abordar el tema. Puede que sepamos que nuestro crío es un genio en, no sé, matemáticas... y resulte que un día te viene con que le han cascado un siete en un examen de las tablas de multiplicar. Ante eso hay varias formas de enfocar el asunto: se puede decir, por ejemplo, que es raro que haya bajado, pero aun así seguir contento porque tu hijo ha rozado el notable en un examen y tener en cuenta que no todo en la vida son sobresalientes. Un notable, amigos, SIGUE siendo una nota digna de sumo respeto. Otra opción es ningunear por completo esa nota, por respetable que sea y decir que como nuestro hijo merece sacar más, echárselo en cara, como dando a entender que ha fracasado. Se puede hacer algo más hijoputesco todavía, que es compararlo con algún hermano, primo o con el hijo del vecino y pedirle explicaciones acerca de por qué no tiene el puto detalle de ser como él. El chaval, que gilipollas no es, pero sí es un ser vivo con sentimientos que respira, come y caga, de buenas a primeras, verá cómo ese concepto de "espectro entre aprobado y sobresaliente" se reduce a "sobresaliente o fracaso". A partir de aquí, el propio chaval no comprenderá circunstancias atenuantes que hagan comprensible una bajada de un par de puntos en la nota que se puede sacar: no importa que a lo mejor haya dormido menos, que no haya tenido tiempo para estudiar o que simplemente el tema le cueste. Jamás podrá estar orgulloso de un ocho que le ha costado el alma sacar en un examen, porque ya vendrá con esa idea de fracaso inculcada. No será ni mejor que los demás y, lo que es peor, no habrá quien valore su esfuerzo. Porque él, amigos míos, ya ha perdido toda posibilidad de valorar su propio esfuerzo por sí mismo.


"Un 8.8. Un puto 8.8. Ni a 9 llego. Me siento sucio".


Esta actitud que he visto por parte de algunos padres, consistente en proyectar ese ansia de superación sobre los demás en sus hijos, aparte de resultarme enfermiza y contraproducente (pues lo que genera es una sensación de inseguridad constante en un hijo), rezuma un palurdismo de tres pares de cojones. Explico esto: cuando tú ves un padre de primaria exhibiendo un hijo como si fuera un puto trofeo porque saca dieces en todo, te das cuenta de que es la clásica superficialidad que se fija solo en lo que es aparente. En que realmente este tío, con toda probabilidad ha sido toda su puta vida un cero a la izquierda y parece ser que ha criado un hijo para que éste cubra las carencias que él ha tenido. Algo así como una especie de versión 2.0 de uno mismo, destinada a mejorar la generación anterior. No solo eso, encima a alardear de ello ante los demás, como si a los demás le importase un carajo su vida.
Aparte, una nota en primaria puede estar bien y oye, si la sacas, cojonudo... pero a efectos prácticos, no supone absolutamente NADA. No cuenta para selectividad, no forma parte de un expediente con el que puedas ganarte una beca. No te convierte, de hecho, en ningún genio, considerando cómo está el nivel en los últimos años y a menudo los más inteligentes son aquellos que sacan peores notas, básicamente porque están aburridos en clase (pegaos cinco putos años estudiando exactamente la misma mierda cada año y luego me contáis) y han perdido el interés. No es más que una valoración sobre cómo va el crío y para de contar. Nada por lo que tengas que andar exhibiendo a tu hijo como si fuera un perro con pedigrí o como una calabaza de quince kilos. Dicho de otro modo, es inculcar una puta obsesión a un crío sobre algo que no va a necesitar hasta que llegue, pongamos, a bachiller, y será en bachiller cuando realmente el estudiante deba decidir POR SÍ MISMO si realmente le interesa sacar una notaza para llegar a donde quiere o considere que con lo que está haciendo va bien. Se puede estar más de acuerdo con su punto de vista, pero es una decisión suya y solo suya. Si la caga, es SU error; y si resulta que acierta, es SU acierto. El caso es que hasta entonces, con casos como los que menciono, tenemos como cerca de diez años o así con la amenaza de que un crío que tenga una media de siete y medio sea un puto fracasado que no será nada en la vida.


"Bien, veo que estás estudiando. Fenomenal, así no serás uno de esos inútiles que se quedan en un puto notable. Sobresaliente o matrícula o te puedes ir olvidando de que te deje respirar el resto de tu patética y miserable vida"


Voy más lejos: esa idea de que sacando una notaza llegas a la universidad y a partir de ahí eres el puto rey del mambo en una carrera es, como poco, ridícula. Para empezar, eso de que siendo licenciado llegas a todas partes y que tienes un trabajo de la hostia garantizado hace años que dejó de ser cierto. Qué cojones, dejó de ser hasta creíble; y si no me creéis, tan solo mirad la cantidad de licenciados universitarios (y con un expediente nada desdeñable en muchos casos) que están en la puta cola del paro.
Esa en realidad es la idea, ya desfasada, que muchos padres, palurdos perdidos, se creen; partiendo de ella, consideran que trae más cuenta hacer LO QUE SEA NECESARIO para sacar una buena nota y no ser "uno de esos de los demás". Si tu hijo se tiene que pegar una semana entera sin dormir, que se la pegue. Eso sin contar con que además, el perfil suele incluir tropecientas actividades extraescolares que, en lugar de hacer que el crío desconecte un poco, tenga más presión. Porque tiene que ser mejor que los demás: no puede estudiar inglés como complementaria, tiene que tener un puto C1 a los diez años o si no es que no da la talla como hijo. No puede tocar la flauta, tiene que estar en una puta rondalla a los seis años y ser el solista principal. Si no, es que hemos perdido el tiempo educando a nuestro hijo. Hay padres que, sencillamente, no pueden soportar la idea de que su hijo sea una persona NORMAL y que tenga la vida de un niño. Que sea una persona autónoma, con sus virtudes y sus habilidades, pero también con sus defectos y sus limitaciones. Al generar esa inseguridad en un crío, te das cuenta al tratar con ellos que, lejos de convertirse en estos críos modélicos que se supone que deben ser, lo que tenemos es chavales con una falta total de autonomía (y a menudo de autoestima), que necesitan constantemente la aprobación de otra persona, que les vaya diciendo paso a paso que no, que no la están cagando. Da mucha pena cuando te llega un crío así y se puede bloquear ante un ejercicio que no es difícil, pero que considera que tiene algún tipo de trampa. Críos así es difícil que los veas estudiando solos, porque al tener una presencia que anda exigiéndoles una nota determinada (es decir, la más alta) casi que necesitan la supervisión constante de quien se la exige, para sentir que van por el camino correcto y no hacia ese terrible fracaso que les espera.
Padres que consideran que la nota está por encima de cualquier puta cosa, incluyendo el aprendizaje real de una asignatura (que no siempre se traduce en lo que sacas en un examen, pero ni de puta coña), el esfuerzo que se emplee en ella o incluso los valores como el compañerismo, el trabajo de equipo y demás cosas que, en una sociedad de asco como esta, donde imperan la puñalada trapera, el lameculismo y la hipocresía, resultan una santa marcianada. Es decir, quedarte en la mamarrachada de fijarte solo en lo cuantificable. En lo que ves en un papelito. En tasar y medir a una persona y obviar por completo cualquier otra cosa que sí sea meritoria.


"Analizar. Tasar. Evaluar. Enviar datos a estadísticas. La persona es educacionalmente apta".


He hablado de los padres, pero este ámbito en realidad se puede aplicar también al profesorado. El profesorado, en contra de lo que algunos se creen, también está formado por humanos; entre los humanos, como sucede de manera habitual hay buena gente, gente que ni fu ni fa y verdaderos cabronazos de mierda. Cabronazos que no tienen reparo en reírse de un alumno delante de toda su clase, como si el fracaso de un estudiante en parte no fuese suyo. Esos profes machotes que se creen tan graciosos como Arturo Vals y se dedican a imitar a los alumnos más rezagados para que sus compañeros se rían. Los que cogen al mejor estudiante de la clase y lo ponen delante de sus compañeros para que "sirva como ejemplo a los demás y vean cómo hay que hacer las cosas"... como si el objetivo, más que aprender, fuese ser una copia perfecta e inalterada del alumno modélico, y no ser así equivalga a mierda, o simplemente algo que no merece la pena ni tener en cuenta. Profesores que crean castas de estudiantes en función de las notas que sacan, usándolas como excusa para hablar de su actitud (el caso claro del profesor que prácticamente desconoce el nombre de sus alumnos porque le importa un coño zurrido en Nocilla y, en el momento en que un alumno no saca una notaza, planta que su actitud en clase es "pasiva", con todo su puto flow, aunque el chaval simplemente no de un puto ruido en clase porque no le gusta llamar la atención o no sea tan efervescente como los que preguntan todo el rato). Esos jodidos genios de la docencia que tienen los santísimos cojones de suspender a media clase (demostrando que son unos putos inútiles) y decir que los que han cascado "no se enteran".
Esos seres que, si de mí dependiera y hubiera un sistema serio de inspecciones educativas, se iban derechitos a la cola del paro y no pisarían un centro docente, ni público ni privado en su puta vida. Y no es que yo vaya creyéndome el profesor modélico, ni mucho menos; tan solo sé que no soy un hijo de la grandísima puta tan grande como muchos otros que he tenido que ver y que me han causado vergüenza ajena.


"Soy el sargento de artillería Hartman. Vosotros sois unos mierdas de nueve años que no tenéis ni puta idea de cuál es el peso atómico del cobalto. No vais a reír, ni vais a llorar. Os voy a convertir en el blanco de mis putas neuras y os lo vais a comer".


Si lo pensamos, esto de comparar y humillar a un chaval por algo tan jodidamente superficial como una nota afecta y distorsiona por completo el factor de la motivación: un alumno así ya no se interesa por aprobar y mantener la costumbre para el día en que un buen expediente le haga falta, de eso nos podemos ir olvidando. Un crío así se interesará por sacar la mejor nota simplemente para que la gente que espera que la saque esté contenta, pero no porque realmente tenga esa necesidad. Insisto, en primaria, un expediente de sobresaliente no te lleva absolutamente a ninguna parte. Se puede querer sacarlo (y es respetable  eso de querer sacarlo o aspirar a él, subrayo), principalmente porque un alumno quiera dar lo mejor de sí mismo, cosa que es digna de admiración. Lo malo es que cuando ese alumno lo que quiere es tener una excusa para estar por encima de los demás, y (especialmente) para que sus padres también tengan una excusa para estar por encima de los demás, es cuando ya llegamos a un verdadero problema, y serio. Cuando el concepto de fracaso (o mejor dicho, no cubrir según qué expectativas) no cuenta como una opción, estamos hablando ya de algo que roza lo patológico.


"¿Cómo? ¿Suspender?
¡ESTO ES ESPARTA!"


Llegamos a la universidad, y ese problema se agrava. En un mundo (por desgracia) mucho más subjetivo de lo que es el mundo de la primaria o la secundaria, encontramos que en muchos casos las evaluaciones no se hacen por medio de un baremo tan justo como sí personal. Por ejemplo, un profesor que tiene alumnos que vienen rebotados de otros profesores puede permitirse el lujo de ningunear las enseñanzas de esos otros profesores y proyectarlas sobre los alumnos, usándolos un poco como "víctimas" de pugnas entre departamentos. Caso típico de profesores de ingeniería (hasta no hace mucho la puta "élite" en la universidad de mi ciudad) que imparten calculo. El profesor A tiene alumnos del profesor B y pone un examen a estos alumnos: los alumnos hacen el ejercicio de forma correcta y el resultado del ejercicio es el esperado. Sin embargo, A suspende a estos alumnos porque "no le gusta el procedimiento realizado" (=el que enseñó B el año pasado), y tenemos unos pocos estudiantes a los que se le les queda la cara partida viendo como un examen que tenía un seis o un siete está en el acta como SUSPENSO.
Casos como alguno que he vivido yo, en que un profesor se equivoca a la hora de incluir el temario de un examen y examina a una clase de algo que aparece en otra asignatura similar que imparte y, lejos de reconocer el error, comete una masacre con el alumnado en el siguiente examen solo porque la clase le ha apercibido de dicho error. Equivocarse al poner la nota en el acta y dejar a un alumno suspenso, manteniédolo suspenso en la revisión, y por medio de una mentira tan despreciable como "Es que ya he puesto la nota en el acta y no puedo cambiarla", mandarlo para septiembre con un siete que tenía en el examen. Esa clase de preciosidades que algunos docentes, desgraciadamente, cometen porque llevan lo profesional al terreno personal y llevan a cabo guarradas que, en caso de ser denunciadas (y que no se hacen por miedo a futuras represalias, como bien sabemos los que hemos pasado por la universidad), los pondrían en un serio aprieto, dada su dudosa legalidad.


Mejor no damos nombres.
Los hechos permanecen, y esos hijos de la gran puta saben quiénes son.
Ojalá algún día lean esto que acabo de decir y se sientan identificados.


Preciosidades que, como puede verse, no se arreglan ni estudiando más, ni compitiendo con tus compañeros: son mierdas y putadas que te comes porque a un hijo de la grandísima puta se le pone en los huevos y a ti te pilla por medio.
Imaginad cómo le puede sentar eso a un estudiante que sufre esa obsesión: con años de machacamiento continuo en casa, no es difícil imaginar que se convierta en ese típico compañero al que nadie soporta por su excesiva competitividad, incluso hacia gente que no tiene ningún interés en competir con ellos. Aquí es donde nacen los trepas y los pelotas, esos seres que alardean desde primero de carrera con que van a ser los primeros de promoción y que se dedican a dar por culo en los despachos para obtener matrículas de honor donde antes había sobresalientes. Estos alumnos, no nos engañemos, no son competitivos, o no de una forma positiva: son malos compañeros, que se niegan a prestar apuntes o los dejan incompletos, que carecen por completo de escrúpulos a la hora de trabajar en grupo y los que, en definitiva, no se acerca ni cristo pa tocarlos ni con un palo. Para gente así, resulta que la gente les importa poco menos que una puta mierda. Las acaban viendo como obstáculos, como otros a los que compararse, o simplemente no las acaban viendo ni echando cuentas. Se convierten en la clase de gente que puede pringar de mierda un ambiente laboral, socavando y humillando a compañeros, murmurando mentiras a las espaldas y, en definitiva, creando mal ambiente solo porque ellos son incapaces de reconocer que, pese a tener un expediente de la puta hostia, su vida (lo que en definitiva importa) no pasa de ser una puta mediocridad.


La colaboración entre compañeros, vista por la sociedad y concretamente nuestro sistema educativo, descripción gráfica.


Y es que parece que nos hemos creído que ya solo por tener un buen expediente académico o ganar dos mil pavos en vete a saber qué ya dejas de ser mediocre. Algunos son mediocres toda su puta vida, y no porque fracasen. El fracaso no nos hace mediocres; lo que nos hace mediocres es no vernos como lo que somos: seres humanos, falibles e imperfectos, con el estigma del fracaso presente. Lo que nos hace mediocres es la incapacidad de reconocer que podemos fallar y, yendo más allá, de aprender de nuestros propios fracasos. Un mediocre es aquel que cree que está por encima por no haber fallado jamás; uno que vive única y exclusivamente para sentirse mejor que los demás. Para creerse superior, aunque eso implique joder al prójimo, humillarlo o despreciarlo. Un mediocre no es aquel que saca un seis habiéndolo dado todo, luchando contra sus propias limitaciones y superándose a sí mismo. Lo es el que, ignorando sus propias limitaciones, vive para tener algo que restregar a los demás por la cara. Es el que, lejos de atesorar cualquier cosa que aprenda para sí mismo, la emplea para hundir a los demás. Para impresionarlos a todos. Para tener algo por lo que creerse alguien.
Y esa mediocridad, esa basura moral, queridos Distópicos, no se refleja en ningún expediente.

martes, 27 de enero de 2015

Mondo Chorra- Especímenes de la EMT




Hará algún tiempecillo, como recordaréis aquellos asiduos a este blog, escribí un artículo en que narraba lo que fue una de las tardes más surrealistas a lomos de un autobús público en esa ciudad que es MalaGotham (aunque imagino que en todas las ciudades será por el estilo). Otros distópicos sin duda recordaréis aquel otro dedicado a las tribus de MalaGotham o, lo que viene siendo lo mismo, la fauna que pulula por esta extraña ciudad.
Pues bien, como usuario usual (valga la redundancia) del servicio de transporte público de la ciudad, ha llegado ya el momento de escribir un artículo que casa lo mejor de los dos mundos: sí, amigos Distópicos, hablo de la catalogación de la clase de gente que puedes encontrarte dentro de un autobús. Toda una anatomía de la raza humana en apenas unos metros de cacharro con ruedas.
Vamos para allá.

1. Los Comentaristas: Los Comentaristas suelen ser personas de mediana edad. Por lo que he podido deducir a lo largo de años de ardua investigación, no llegas a Comentarista sin una preparación previa de al menos cuarenta años, lo que explica que sea tan raro ver a alguno por debajo de los cincuenta y pico años.
Un comentarista es muy fácil de reconocer, ya que no necesitas ni verlo. Son aquellos que retransmiten cualquier puta cosa que suceda, por banal que sea, a tu alrededor. Si un chaval en moto se salta el semáforo en rojo, el Comentarista hablará con su interlocutor (son como los Guardias Civiles, van siempre en pareja) y dirá algo tan profundo como "Mira, se ha saltado el semáforo en rojo". A continuación, se hará una disertación sobre TODOS los motoristas, al más puro estilo comentarista deportivo, que será rápidamente interrumpida si sucede cualquier gilipollez. Por ejemplo, que pase una chica vestida de heavy. Esto dará pie a algo como "Qué pinta lleva" y "Sí, ahora los jóvenes visten así". Hay muchas otras variantes, del tipo "Mira, esa lleva llorando el niño; sí, ahora le da el chupete", o "Anda, mira, una ambulancia; deben llevar a alguien malo dentro".
El Comentarista cesa su función en cuanto llega la parada, no sin antes comentar que no llegan al botón para solicitarla y que el autobús va demasiado deprisa para su gusto, o que están llegando al sitio donde tienen que bajarse.


"Siempre alerta, lo veo todo"


2. La Puta Bomba Biológica con Patas: Especimen desgraciadamente común en nuestros autobuses y una puta lotería, si tienes costumbre de cogerlos con frecuencia. La Puta Bomba Biológica con Patas es esa criatura creada por los dioses para castigar a los humanos. Es un ser que puede ser joven o viejo, hombre o mujer,  remotamente humano o directamente subhumano. Sea del tipo que sea, todos parten del elemento común de abjurar del agua. Para una PBBP el agua no existe, es el enemigo o directamente algo de lo que no han oído hablar (del jabón ya ni hablamos). Los reconoces porque poseen un aura de PESTE A ENTREPATA SUCIA que abarca un área de al menos dos metros, si te ha tocado uno no especialmente experimentado que ambienta el puto autobús entero. Un método fácil para reconocerlos es fijarte antes de sentarte y ver que a su alrededor hay de uno a tres asientos vacíos, y un montón de gente de pie. Si eres desafortunado, la PBBP estará con el autobús lleno y no habrá salida.
Las PBBP se rigen por la ley del puto Murphy, lo que quiere decir que no se bajará del bus hasta que te hayas bajado tú. Además tienen el don de alargar el tiempo: diez minutos al lado de una PBBP se convierten, así a ojo, en tres putas horas de arcadas y asco puro.


¡Qué peste, coñoooo!


3. El Freak: El Freak viene a ser algo así como el servicio de actividades culturales autóctono en un bus de la EMT. Se caracterizan por adolecer por completo de sentido del ridículo y dar por sentado de que todo bicho viviente, (insisto, TODO) es colega suyo. Un Freak puede entrar y dirigirse al respetable como si estuviera dando un monólogo y llegando incluso a hacer las veces de Comentarista, aunque en un tono menos informativo y más surrealista. En ocasiones, puede llevar una radio con chistes de Eugenio (sí, Eugenio) y tenerlos a todo trapo para que el personal se ría. Es más, si ve que el personal tiene la cara tapándole los cojones, los mirará con una sonrisa de oreja a oreja, instándolos a sonreír.
No hay una forma clara de ver venir al Freak, salvo que lo oigas vociferar alguna parida. Entonces ya sabes que puedes dejar lo que estés haciendo y sentarte a presenciar el espectáculo. Lo que suceda a continuación, ya depende del repertorio.


"¡Hola, hamijooooouuussss! ¡Empieza el shoooow!"


4. El Trovador de la Era Digital: El TED suele ser, por contra, algo más joven que lo ya presentado. Si por trovador entendemos aquel que va itinerando de un sitio a otro proveyendo música a los viandantes, éste viene a ser una especie de versión 2.0 de la era del MP3. El TED puede ser hombre o mujer, generalmente no superando los cuarenta tacos y se le reconoce por llevar un apabullante móvil en las zarpas. Un móvil cojonudo de esos modernos, con tropecientas mil aplicaciones y cuarenta mil mierdas.
Cuarenta mil menos una.
Si, amigos Distópicos: hablo de los putos auriculares. El TED considera anatema eso de ponerse una cosa que parece un pene en miniatura en las orejas, vaya a ser que le pase algo. De paso, así comparte su música con los demás. Reggaeton, flamenquito o cualquier mamarrachada que pongan en la radio, no importa; cuanto más pachanga, mejor. Recordemos además que la pachanga es para escucharla a TODO PUTO VOLUMEN, lo que quiere decir que hasta que no satura los altavoces del movil super-pepino que lleva no está contento.

5. El Badoo de Mediana Edad: Esto, más que referirse a un individuo concreto, se refiere a grupúsculos que pululan en el bus. Cuando llevas el tiempo suficiente, te das cuenta de que hay gente que en vez de usar el transporte público para ir de un sitio a otro, lo usan directamente para conocer gente. Esto hasta cierto punto puede tener su lógica, pero cuando ves que el personal (por lo general ya señores de cincuenta años para arriba) empieza a preguntarse a cada uno de qué barrio es y cómo es su familia, te das cuenta de que eso de Facebook y Twitter debió nacer dentro de un bus, hasta tal punto de que, si no fuera porque siempre se bajan en lo más álgido de la conversación (ya cuando ves chistes y tonteos dignos del programa de Juan Imedio), dirías que están a punto de darse los teléfonos.


"Estaba yo en un bus, y..."


6. El Frente Popular de Liberación de la EMT: Esto es muy similar al BME arriba mencionado,solo que menos lúdico y más político. Si habéis visto programas de debate al estilo Al Rojo Vivo, esto es muy del estilo: un puñado de gente ya de mediana edad que expone sus ideales políticos a pleno pulmón (aun sin tener ni puta idea de lo que hablan), a menudo coreándose unos a otros y asintiendo con la cabeza ante lo mal que está el mundo, la mierda de país en que vivimos, la corrupción y demás. El discurso suele finalizar a punto de bajarse de la parada, generalmente con cosas del estilo como "Cualquier día de estos va a pasar algo gordo". Es inevitable imaginarse a un puñado de señores de mediana edad con sus horquillas asaltando el ayuntamiento de la ciudad.


"¡Listos para liarla!"


7. El Pasajero Rebelde: El Pasajero Rebelde suele actuar solo, o como mucho acompañado por alguien que le tira de la manga pidiéndole por favor que se calle o se tranquilice. Es el especimen encabronado, de cualquier edad o sexo, que se queja por la terrible conducción del vehículo. En uno de cada tres casos, suele derivar en discusión con el conductor, lo que conlleva en una absurda pelea a gritos que acaba cuando el Pasajero Rebelde se baja indignado en su parada y sigue vociferando al autobús cuando este se larga.

8. La Sirena Humana: La Sirena Humana es, con diferencia, el más joven de todos los especimenes del bus. Con apenas un año de vida, es la envidia del puto Rob Halford y posee unos pulmones capaces de hacer reventar tanto el vidrio como tus tímpanos. Una Sirena Humana es esa criatura que ves adorable cuando estás en la parada, dentro de un carrito pero que, al subirse a un vehículo, saca su Mr. Hyde personal y empieza a berrear como si no hubiera un mañana. Van por lo general acompañados de su madre o progenitor, pero eso en absoluto los tranquiliza. Son inestables como una bomba y basta con que cualquier humano alrededor estornude o que el vehículo tome una curva para que se desate el caos acústico. Nada los calma, nada los hace dejar de llorar. Absolutamente nada impide que su berrido sónico alcance los 1300 decibelios. Si tropiezas con una de estas, di adiós a tus oídos el resto de la tarde.


Algo así como la puta raíz de Mandrágora.


9. El Tirano: El Tirano es un especimen de avanzada edad que usa su venerabilidad para dar órdenes a quienes tiene alrededor. Lo reconoceréis porque suele estar en los asientos bajos, reservados a embarazadas y señores mayores. Es ese que se planta, se sienta y empieza a decirle a la gente que se siente, y donde: "Usted, siéntese aquí. Usted, se pone aquí". Se entiende que es un poco por educación, ya que se preocupa por que otras personas mayores estén a gusto. Lo que no terminan de entender es que a lo mejor alguna de ellas no quiere sentarse o se va a bajar en la próxima parada y no necesita hacerlo. En ese caso, son necesarios al menos dos minutos de explicaciones para que el Tirano deje de insistir de una puta vez y se vaya a darle órdenes a algún otro incauto que esté pululando por los alrededores.

10. El Niño Tocapelotas: Otro de los más jóvenes el Niño Tocapelotas es ese que piensa que subirte a un puto autobús es como ir al Tivoli World y descogorciarte por la montaña rusa (bueno, a veces es así, pero tampoco es para darlo por hecho). Lo reconocerás porque JAMÁS va sentado junto a sus padres, sino donde le sale del epicentro, lo que conlleva que se comunique con ellos a grito pelado y colocado de rodillas sobre su asiento. También posee una fijación enfermiza por ser él quien le dé al puto botón de solicitar parada, lo que conlleva en un drama de la hostia cuando alguien se les adelanta. Como el Niño Tocapelotas venga con algún hermano, date por jodido.


Algo en este plan.


11. El Anciano Buenrollista: Uno de los especímenes más simpáticos que puedes encontrar. El Anciano Buenrollista alcanza una edad entre Vetusta y Venerable y siempre siempre siempre te preguntará si ese asiento vacío que está a tu lado está ocupado. Si le dices que se siente, debes ser consciente de que ese es el inicio de una amena conversación sobre lo que ha sido la vida de esa persona (a menudo viuda), con momentos audiovisuales como enseñarte fotos de sus nietos y bisnietos. La clase de gente que te alegra una mañana al desearte que te vaya todo bien en la vida y diciéndote que te ha tocado vivir en una época muy jodida, como si la posguerra que pasaron ellos hubiera sido un paseo.

12. Los Pasivo-Agresivos: Son aquellos, de unos cincuenta años para arriba, que se colocan estratégicamente al lado de cualquier humano por debajo de su edad que ya está sentado. Actúan en parejas y suelen hablar entre ellos, con frases sutiles del tipo "Ya no hay educación, antes veían a una persona mayor y te dejaban el asiento", como sin querer decir nada abiertamente al que va sentado, pero lanzando dardos llenos de amor. Lo mejor es que, cuando la persona que está sentada se da por aludida, la respuesta suele ser de rechazo, con la frase: "No, no se preocupe, si yo me bajo en la siguiente parada". Algo probablemente cierto, pero si la otra persona tiene sangre en las venas, el daño ya está hecho.


"No me levanté, tío. No me levanté".


13. Las Cotorras Humanas: Este grupo no tiene edad ni género. Suele abarcar cualquier criatura viva entre unos quince y noventa años, y lo único que necesita son unas cuerdas vocales. Cuerdas que usará y de las que abusará durante todos y cada uno de los putos minutos que dure el trayecto. La Cotorra Humana no calla. No descansa. Qué cojones, a veces parece que ni respira. Te larga su vida, la vida de sus hijos, de sus amigos, de sus vecinos, de todo bicho viviente. Lo hace a un volumen algo más elevado de lo soportable y los seres que les rodean suelen asentir con estoicismo en plan "Si no respondo algún día le dará por callarse". Existe también una variante, que son las Cotorras Móviles, que son las que destrozan las baterías de sus teléfonos en el mismo plan. Es más frecuente que las Cotorras Móviles suelan ser algo más jóvenes que la versión Standard, pero no se descarta encontrarte una Cotorra Móvil de sesenta años. La tecnología está al alcance de todos.

14. El Juez Dredd: Primo hermano del Tirano, solo que más agresivo y más centrado en la disciplina férrea que en la organización. Este suele ser la ley dentro de un autobús. Generalmente varones de cuarenta y muchos para arriba (aunque no se descartan señoras), tienen la costumbre de imponer la paz dentro de un vehículo a base de encararse con los chavales para decirles que no pongan los pies en los asientos. Que no hablen fuerte. Que se levanten para dejar asiento a la gente mayor. Una vez la chiquillería obedece, sabiendo que La Ley ha llegado, pasamos a la segunda parte de la ofensiva, que es el discurso: "¿Qué pasa, es que a vosotros no os enseñan educación, eh? ¿Dónde está vuestra educación, me lo podéis explicar? ¡Así no vamos a ninguna parte, que lo sepáis! ¡Todo el día haciendo lo que os da la gana, que asco de juventud!" Este discurso puede prolongarse ad aeternum, aunque suele interrumpirse cuando se abre la puerta al llegar a su parada. Aun así, el Juez Dredd no se rinde: mientras baja los escalones, sigue con su discurso sobre los valores para que los chavales no lo olviden. Con el dedo índice en alto, para indicar autoridad.


"Yo soy la ley, ciudadano. Más te vale saberlo".


15. El Penas: El Penas es un arquetipo que corresponde a la gente que, más que protestar como el Frente de Liberación, ya ha llegado a la conclusión de que la vida es un valle de lágrimas y que no sabe lo que va a pasar. A menudo es el que vive en un barrio de mierda y se queja de que los tienen como perros allí; en ocasiones, puede ser el señor hipocondríaco que es una especie de vademécum con patas y tiene un registro detallado de todos los conocidos que tiene con cáncer, incluyendo además el estado en que avanza la enfermedad. También ejerce como necrológica e informa a su interlocutor de cómo va el body count de su entorno cercano. Todo esto suele hacerse en tono tremendista, con frases agoreras del tipo "¡Qué vida esta!".
Si dais con un penas se aconseja fervientemente que luego hagáis hueco para iros de cañas, porque si no os da el día.

Y hasta aquí, una selección de los seres más típicos y tópicos que podéis encontrar en un bus de mi ciudad. Como no soy mucho de ir a otras para coger autobuses, imagino que la fauna en vuestras ciudades será por el estilo... Por eso espero que hayáis podido identificar a la mayor parte de los casos. Si no, siempre podéis tomarlo como algo exótico que se puede encontrar en MalaGotham. Y recordad: ojo avizor con lo que encontráis en un autobús.

domingo, 25 de enero de 2015

Tebeos en Vena- Comics, los Puto Imprescindibles de Rumbo a la Distopía, tercera parte




Allá que seguimos, incansables Distópicos. Tras los dos posts anteriores, que se ve que siguen causando cierto interés, un servidor sigue buscando lo más selecto de su biblioteca con la sana intención de recomendaros lo que considera que es más digno de que os gastéis las pelas, si es que decidís tomar ese camino a la perdición, que es internarse por las oscuras sendas del mundo del cómic.
Si es así y acabáis majaras perdidos buscando un tomo descatalogado de Elektra Asesina, no os preocupéis: yo mismo pasé por ello también. Cinco años que estuve buscando el puto tomo hasta que lo reeditaron.
Sea lo que sea, no digáis que no os lo advertí.

Una vez concluidas las advertencias, retomamos la movida:

14. Alejandro Jodorowski:




El Incal, de Alejandro Jodorowski y Moebius:

Jodorowski está como una puta cabra, eso lo sabemos casi todos. Y sin embargo, aunque está colgado no es esa clase de colgados que se dedican a lanzar mierda al prójimo desde el balcón, o de esos que van a la puerta de un convento a tocar la zambomba. Nada de eso, Jodorowski, además de estar sonado, es un puto genio. El muy cabronazo te lo demuestra con historias que son ciencia-ficción pura y dura, pero que no se quedan en la puta navecita espacial. Es ciencia-ficción, es épica, es filosofía y a veces hasta un viaje espiritual. Si encima de escribirte una historia llena de magia y con una cosmología propia se junta con un hijo de la grandísima perra como Moebius, ya la hemos liado.
Sí, un hijo de la grandísima perra: a un tío que dibuja directamente a tinta y pincel, sin usar una puñetera goma y que encima le salgan ilustraciones tan inolvidables no le puedes aplicar otro adjetivo.
Con semejante tándem tenemos lo que tenemos: El Incal. Mitología, magia (o psicomagia, no lo he decidido aún), ciencia-ficción, misticismo e incluso filosofía religiosa se mezclan en esta historia futurista.
Eso sí, de un modo similar a como le pasaba a Morrison: no os creáis que todo el monte es orégano. El Incal necesita no de una, sino de muchas, muchas lecturas para poder ser entendido del todo.

Lo Mejor: Todo ese universo, vasto y complejo, que sale de la imaginación de Jodorowski. Esa sensación constante de viaje espiritual mezclado con aventuras espaciales El impresionante dibujo del desaparecido Moebius que, pese a estar basado en líneas muy sencillas, es terriblemente detallado y a la par en imaginación a la del propio Jodorowksi.
Lo Peor: No es una lectura del todo sencilla, y el surrealismo que destilan ciertos personajes o situaciones puede ser demasiado para lectores más acostumbrados a una lectura convencional.
Escenas Puto Memorables: La escena de John Difool, cayendo desde las alturas al principio del cómic y mostrando una ciudad futurista es quizás de lo más impresionante que puede verse, no en este cómic, sino en muchos cómics.



La Casta de los Metabarones, de Alejandro Jodorowski y Juan Giménez:

Pero dejémonos si queremos al señor Moebius y vayamos al elemento que se encarga del apartado visual de esta gargantuesca obra. La Casta de los Metabarones, concebida en gran parte como una precuela (o tal vez un spin-off) de El Incal es todo un ejercicio de deleite para la vista. Si bien ya teníamos que en la obra anterior el acabado eran dibujos realizados directamente a tinta y con un color plano (al menos en su edición original), aquí tenemos algo por completo diferente: Giménez se decanta por una pintura minuciosa y realista, pero tampoco parca en imaginación. Ciclópeos edificios, androides de formas bastante curiosas, naves espaciales de aspecto fálico (literalmente hablando) o planetas de mármol son la clase de cosas que podemos encontrarnos.
En cuanto al argumento, como ya he comentado, podría tratarse de una precuela o bien un spin-off, ya que ahonda en los orígenes dinásticos de uno de los personajes de El Incal, el Metabarón. Tirando desde varias generaciones atrás, nos muestra el origen de una casta de guerreros. Implacables, fieros y salvajes. La clase de tíos cafres que imponen como tradición la mutilación ritual para demostrar que no conocen el dolor. Un linaje aguerrido, que hace lo que considera necesario para sobrevivir... y no solo para sobrevivir, sino para imponerse en un universo que les observa con miedo y odio a partes iguales. Conserva también muchos elementos de la ciencia-ficción más clásica, recordándonos a Dune en algunos aspectos.

Lo Mejor: El tono épico que destila en cada página. El hecho de que, a cada generación, la Casta de los Metabarones es más bestia que su antecesora. La impresionante pintura de Giménez y su maestría a la hora de mostrarnos edificios y maquinaria (no en vano era ingeniero).
Lo Peor: Si esperas una historia de héroes, con buenos muy buenos y malos muy malos, ve pasando pero ya de leerte esto. Eso sí, luego no digas que no te lo recomendé.

15. Stan Lee




Estela Plateada, de Stan Lee y John Buscema:

Supongo que a estas alturas muchos ya os andaréis preguntando por qué no había aparecido ninguna recomendación de Stan Lee hasta ahora. Si es un genio y todo eso.
Os diré por qué: Stan Lee nunca ha sido santo de mi devoción, de modo que lo poco que he leído de él nunca me ha llegado a entusiasmar. Sus Cuatro Fantásticos son todo un referente en el cómic moderno, ya que, de no ser por su primera aparición, probablemente la mitad de los cómics que os he recomendado no se habrían escrito jamás. Si me preguntáis a mí, jamás oiréis salir de mi boca decir que esos cómics son una mierda; sin embargo, el cuarteto de Marvel nunca me ha gustado. Reed Richards siempre me ha parecido un pedante que trata a la gente que le rodea como herramientas. Johnny Storm para mí es el prototipo de niñato gilipollas chulopiscinas. Sue Storm, por su parte, demuestra la mitad de las veces que he visto algo de ella que Stan Lee no me gusta a la hora de escribir porque percibo (y ojo, esto es impresión personal mía, nada más) un tufillo machista que me echa mucho para atrás. Solo me cae bien la Cosa y tampoco es que haga el helicóptero cuando la veo en algún cameo.
Con Jack Kirby, su complemento perfecto, me pasa tres cuartos de lo mismo, aunque no por los mismos derroteros: no puedo recomendaros mucho de él porque apenas he leído nada de él. Nada al menos que no haya sido mutilado por las editoriales españolas y su puta manía de "Ah, es Kirby, entonces lo publicamos en blanco y negro aunque su edición original fuese en color". Para eso, qué queréis que os diga: me espero a que alguien haga algo y ya os recomendaré algo de estos dos reyes como es debido.

Sin embargo, Estela Plateada es una historia muy, muy diferente. Aquí Stan Lee se mete en los guiones, pero de una manera que tiene poco que ver con como plantearía sus primeros cómics de Marvel. Estela Plateada no es un superhéroe que va salvando damiselas que se derriten al verle. No va por ahí diciendo "eh, soy un héroe". Es un desarrapado, una especie de inmigrante a la fuerza atrapado en la Tierra y rodeado por una especie que no entiende. Los humanos, ante él, se comportan como bárbaros que tienen una insana predilección por la violencia, que destruyen su entorno y que intentan destruir aquello que se diferencia tan solo un poco de "lo normal". Estela Plateada, a cada número que vamos leyendo de esta serie, se va hundiendo cada vez más en su soledad y, de un ligero atisbo de esperanza, pasa a un escepticismo más patente, hasta llegar a un nihilismo completo. Esto, sumado a historias que rozan lo místico (véase a un Mefisto que le ofrece riquezas y mujeres, en plan Tentador en el Desierto), aleja a este viajero cósmico del concepto convencional de "cómic de superhéroes, castañas y ya está".
Una lectura, como poco, inteligente.

Lo Mejor: Ese tono existencialista y triste que emana cada aventura de Estela. Su soledad es nuestra soledad y, con cada aventura, nos demuestra que vivimos en un mundo grotesco, violento y sobre todo muy, muy absurdo. El dibujo de John Buscema, expresivo y estilizado, nos muestra un alienígena con unas facciones más humanas que las de los propios humanos. Dramatismo en estado puro.
Lo Peor: Una etapa que no parece quedar del todo bien cerrada. John Buscema dibuja su último número sin que tengamos la sensación de que se ha cerrado un círculo, sin una conclusión redonda. Para algunos, el discurso de Estela puede resultar muy anacrónico. No lo comparto en absoluto, pero sé que a más de uno le puede echar para atrás.
Escenas Puto Memorables: Estela Plateada viajando a un hipotético futuro y contemplando, entre lágrimas, lo que le espera a la raza humana si sigue siendo tan gilipollas como es hoy en día.



Estela Plateada, de Stan Lee y Moebius:

Ya comenté de pasada, cuando hablé de The Authority, que a Stan Lee siempre le había gustado la idea de hacer que los Cuatro Fantásticos se enfrentasen a Dios. Corrían los años sesenta y claro, la mentalidad de la época estaba (apenas) más encorsetada que hoy en día. Semejantes conceptos como que quedaban descartados. Más aún si estaba pululando el puto Comics Code Authority, que pasaba censura sobre los cómics cosa mala. Por tanto, ni que decir tiene que esa idea quedó descartada...
... O diluida. En su lugar, Stan Lee creó a Galactus, que no era Dios, pero sí lo más parecido. De ahí mismo surgió nuestro amigo Estela Plateada y bueno, el resto es historia.
Pero la idea, sin embargo, quedó ahí. Y a Stan la espinita le seguía clavada en alguna parte de su pellejo, por lo que ya a finales de los 80 se puso en contacto con Moebius (¿Un europeo dibujando en Marvel?) y decidió arremangarse con lo que seguramente se le debió quedar en el tintero.
Así es como nace este Parábola, mostrándonos una Tierra alternativa futurista que recuerda muy ligeramente al Batman de Miller, o acaso a su Ronin. Aquí, Estela ejerce de héroe en horas bajas, viviendo como un vagabundo en sus calles y sobreviviendo como puede. Así, hasta la llegada de Galactus que se presenta a sí mismo como una especie de deidad. Deidad a la que empiezan a seguir centenares de fanáticos y liando la marimorena, cómo no. Estela tendrá que enfrentarse una vez más a su antiguo amo... y a todos aquellos que le siguen ciegamente.
Este cómic es mucho más de lo que parece.

Lo Mejor: Esa lucha contra el fanatismo religioso, revestida con los colores de un cómic de superhéroes. Una vez más, el tono nihilista de la obra, que nos enseña el rebaño de imbéciles que dice estar en la cúspide de la cadena evolutiva. Humanizar del todo a Estela Plateada y ponerlo viviendo entre mendigos es una vuelta de tuerca que lo hace todavía más grande y lo baja de ese pedestal de superioridad moral que podría destilar la etapa de John Buscema de los sesenta (yo no lo veo tan así, sino que me resulta alguien que no entiende a los humanos, pero habrá quien lo vea de esa manera). El dibujo de Moebius, al que nadie en sus cabales le debería ni toser.
Lo Peor: Si lo lees con una lectura positivista del ser humano, te quitarán las ganas de mirar bien hasta al tío que te vende el pan.
Escenas Puto Memorables: La llegada de Galactus.



16. La Espada Salvaje de Conan, de Roy Thomas y varios autores:

No se puede hablar de Stan Lee sin acabar mencionando, tarde o temprano, al hombre que prosiguió su labor en Marvel, Roy Thomas. Para mí, alguien menos icónico que Stan (este no sale en series de la tele o películas, o no en ninguna que yo haya visto, al menos), pero para mí un autor mucho más completo y serio que su predecesor. A Thomas lo leí por primera vez con la serie de los 80 Infinity, Inc., para el sello DC y que supondría además el debut de ese "genio" (léase con ironía) conocido como Todd McFarlane. No he incluido esa serie en este compendio porque, bueno... puede ser la primera serie que seguí con una cierta regularidad (yo tenía unos seis o siete años) y le tengo bastante cariño, pero creo que dista mucho de ser una Puto Imprescindible. Y sin embargo, ahí estaba Roy.
De este caballero quizás lo que me resulta más espectacular es su paso por The Savage Sword of Conan, título que integraba el universo creado por Robert E. Howard en la línea editorial de Marvel. Aunque a veces contaba con líneas argumentales propias, el respeto que Thomas destilaba en sus guiones hacia el creador del Cimmerio era evidente. Fue él también quien, con mucho esfuerzo, se las apañó para ir configurando una especie de cronología de las aventuras del Bárbaro y así crear una sensación de continuidad. En estas historias, de corte mucho más adulto que lo que se podía leer en la línea editorial convencional de Marvel (aquí había desnudos femeninos y violencia explícita), el autor contó con la colaboración de auténticos pesos pesados del mundo del cómic, tales como John Buscema (creando etapas tan míticas como la saga de Conan junto a Belit), Alfredo Alcalá (nunca un entintador que gustase al propio Buscema, pero un tío realmente impresionante a la hora de embellecer un dibujo) o un detallista, realista y expresivo Neal Adams.

Lo Mejor: El respeto por Howard, pese a no contar con guiones que fuesen 100% calcados de sus relatos. Sin embargo, recordemos: son ADAPTACIONES y no COPIAS. El dibujo de este equipo creativo.
Lo Peor: Que no te guste la espada y la brujería como género.
Escenas Puto Memorables: Una entintada por Alfredo Alcalá, que mostraba un templo excavado en una montaña. De las de dejarte con la boca abierta.



17. JSA, de James Robinson, Geoff Johns y varios autores:

No pienso extenderme mucho con este apartado porque, si seguís la sección Mesa de Autopsias, ya veréis que hay varios posts destinados a analizar esta serie. Para los que seáis un poco vaguetes o aquellos que os hayáis incorporado recientemente a este blog (y seáis unos vaguetes para no poneros a buscar), os haré un resumen rápido.
Geoff Johns es un puto cabrón. Solo él es capaz de coger al primer grupo de superhéroes de la historia (los de la Golden Age, los de los años 40) y, desde el más profundo respeto hacia lo ya publicado, hacértelo resurgir, rescatando personajes de la época junto con otros de nueva creación que no desentonan en lo más mínimo. En el apartado gráfico, dibujantes grandes, normalitos y otros que simplemente cumplen, pero eso sí, con una sensación de cierta uniformidad.
La serie, hasta su cierre justo antes de la macrosaga Flashpoint, cuenta con varias etapas, dividiéndose básicamente en la etapa de Robinson y Johns, una segunda etapa con Johns en solitario hasta los macroeventos Crisis Infinita y Un Año Después, el inicio del tercer volumen y la etapa final en que entran autores tan variopintos como Bill Willingham o Marc Guggenheim a los guiones, aunque conservando la uniformidad en el apartado visual.
En resumen, la JSA es EL grupo. No un grupo cualquiera, señores. EL grupo. Ni X-Men, ni la JLA, ni los Vengadores ni otros. Es con el que me quedo yo sin pensármelo dos veces.

Lo Mejor: Esa fusión de pasado y presente del Universo DC. El concepto de legado heroico que destila toda la obra. El desarrollo de algunos personajes, como el caso de Hawkgirl, en la primera etapa de la colección. El hecho de plantear un grupo de superhéroes que no destaca por una agresividad extrema y, pese a ello, no caer en el aburrimiento.
Lo Peor: La serie decae bastante en calidad a partir de los cruces con Crisis Infinita y Un Año Después. A partir de aquí, se incluye un aluvión de personajes, no todos muy bien desarrollados o con tramas propias que nos hagan entenderlos mejor (véase la hija de Relámpago Negro o el nuevo Mister América). Personajes que desaparecen de la colección paulatinamente, como el caso de J.J. Thunder o Sand (que luego reaparecerán en el spin-off inédito en España, JSA All-Stars). La saga de Kingdom Come se alarga hasta lo indecible (Doce números, llegando a la extensión de las maxiseries limitadas). El intento final de Marc Guggenheim de cerrar la serie de un modo decente (Se pueden ver muestras de ingenio en el guión de su última miniserie y demás), pero con esa presión externa que le obliga a dejarlo todo cerrado en unos números antes de su cancelación deja una sensación amarga.
Escenas Puto Memorables: Ver como cada miembro de la JSA de los años 40 y del All-Star Squadron (otro de los supergrupos de la época) reaparece, esté vivo o muerto, a lo largo de la colección. Ver además cómo interactúa con la nueva generación es algo memorable. De las cosas de las de lagrimones colgando.

18. Marv Wolfman/ George Pérez.





La Tumba de Drácula, de Marv Wolfman y Gene Colan:
Marv Wolfman es uno de los guionistas más importantes en el cómic norteamericano de los años setenta. Ya tuvo momentazos bastante apañados en series como The Avengers, Doctor Strange o The Amazing Spider-Man. Fue precisamente en esta época cuando escribió Tomb of Dracula, una incursión de Marvel en la línea de terror (eso sí, no nos pongamos a chillar pensando que Marvel se había metido en movidas terroríficas a lo Creepy, ni mucho menos: podemos llamarlo una "adaptación" del terror a lo que sería el Universo Marvel, si ese término nos resulta más cómodo).
Armado con dibujantes de la talla de Neal Adams en algún momento y, especialmente, el oscurantista Gene Colan, Wolfman nos introduce al Conde Drácula en el Universo Marvel, combinándolo con elementos propios de la Casa de las Ideas como un cruce con Spiderman (no precisamente imprescindible, pero sí nos da una idea del marco en que se mueve la colección) para distanciarse poco a poco de ese trasfondo y creando elementos propios, tales como Blade o Hannibal King. En esta serie encontraremos tramas menos bienintencionadas que lo que cabría esperar en la Marvel de toda la vida y un Drácula que no es el romántico modernoide que aparece justificado por activa y por pasiva. Este es un vampiro cabrón, padre de vampiros cabrones y que se pasa el día haciendo cabronadas. Como tiene que ser.

Lo Mejor: Ese tono oscurantista y tétrico que emana constantemente. La ambientación nocturna de Gene Colan. El planteamiento de Drácula como un malvado, sin medias tintas ni intentos chapuzas de convertirlo en una víctima de la moda. La creación de un grupo de cazavampiros propio (destacando, sin lugar a dudas, Rachel Van Helsing, casi por encima del propio Blade), sin refreír a ningún personaje anterior. La casi total ausencia de superhéroes en una serie en la que pegan poco.
Lo Peor: Los cruces (escasos, gracias a los Dioses) con otras series como Spiderman por imposición editorial. La creación de personajes como el Doctor Sol, que rozan lo humorístico.
Escenas Puto Memorables: El final de la historia de una modelo que pacta con Drácula para ser eternamente joven.



Los Nuevos Titanes, de Marv Wolfman y George Pérez:

Para cuando quisieron llegar los ochenta, Wolfman ya era un autor con una reputación que le precedía. No era menos el caso de George Pérez, un auténtico maestro en eso del detalle y las proporciones anatómicas. Ambos, allá por 1980, se dedicaron a un título que se convertiría en uno de los más importantes de DC a lo largo de prácticamente toda una década, y cuyo valor se reconoce hoy en día.
Los Nuevos Titanes nació como un resurgimiento de los Teen Titans de los años 60. Consistía en un grupo de adolescentes compañeros de los miembros de la Liga de la Justicia: Robin, Wonder Girl y Kid Flash, básicamente, a los que se uniría algún otro. La premisa de los 80 en principio sería la misma... solo que abogando por una independencia algo mayor de los "superhéroes grandes" e intentando, poco a poco, generar una autonomía y un carisma propio. Wolfman y Pérez no solo lo consiguen, sino que de paso consiguen crear algunos de los eventos más interesantes de la época: la transformación de Robin en Nightwing o la primera aparición de Destino de los Eternos (sí, uno de los de The Sandman) tienen lugar en estas páginas.
Cabe destacar, con suma importancia, la saga Contrato de Judas, que demostraría lo que es un cómic de superhéroes escrito y dibujado con una magnitud épica y con un final de los que te dejan completamente alucinado.

Lo Mejor: Tomar a un puñado de aprendices y compañeros de superhéroes y darles una autonomía propia. El carisma de Raven, que podría ser catalogada como una de las superheroínas (¿Heroína? ¿Seguro?) más interesantes creadas en los últimos veinte o treinta años.
Lo Peor: La decadencia de la serie llegando a los años 90, con sagas tan decepcionantes como La Cacería de los Titanes.
Escenas Puto Memorables: Raven, en una base de H.I.V.E, gritando a sus enemigos en pleno éxtasis asesino, "¡Basura! ¡La Hija de Trigon no puede ser detenida!", justo antes de liarla parda.



Crisis en Tierras Infinitas, de Marv Wolfman y George Pérez:

El macroevento por definición de DC. Puede que os suenen cosas modernas como Crisis Infinita, Millenium, Crisis Final, Crisis de Identidad o 52. Casi cada año, DC nos deleita con un cruce de todas sus series, donde el universo sufre una amenaza global que implica a casi todas sus colecciones. Así pues, tenemos la reciente Flashpoint, donde el universo que se conocía hasta la fecha ha sido recreado desde su origen a causa de una metedura de manopla de Flash en un viaje temporal. Algo similar sucedería en Hora Cero, después de que el Halcón (aka Extant) decidiese hacer tres cuartos de lo mismo, pero adrede y a mala leche.
Pijadas.
Todas estas macrosagas y vaivenes espacio-cósmico-temporales tuvieron su origen en Crisis en Tierras Infinitas, que fue el evento que marcó los primeros cincuenta años del sello editorial DC.
¿Qué conllevó esto? Bueno, hasta 1985, teníamos unas tropecientas mil colecciones en el sello editorial, no todas con ventas decentes; asimismo, no todas estas colecciones se integraban dentro de un mismo "universo", de forma que había varias "Tierras" paralelas donde las diferentes historias tenían lugar: teníamos Tierra-1, por ejemplo, que era aquella en que vivía la Liga de la Justicia; Tierra-2, donde estaba la Sociedad de la Justicia, superhéroes algo más viejunos por ser los originales de los años 40. Tierra-6, donde vivía la familia Marvel (los de Shazam, no confundir con Marvel comics). Y así hasta un sinfín.
Al aparecer la Crisis, el Multiverso se pone patas arriba y las diferentes tierras se ven afectadas por una ola de antimateria que amenaza con mandarlo TODO a tomar por culo, por lo que los héroes de distintos mundos se ven reunidos por un viajero dimensional conocido como El Monitor.
Tras mil vaivenes, idas y venidas, lo que hacen Wolfman y Pérez en este superevento es coger y eliminar contrapartidas (Superman aparecía en Tierra-1 en la Liga de la Justicia y también una versión más mayor en Tierra-2), creando una ÚNICA continuidad desde la noche de los tiempos. La Sociedad y la Liga de la Justicia ahora han convivido desde siempre en la misma tierra, así como todos los demás héroes y supervivientes de la Crisis, desembocando en lo que se llama una Tierra Única. De este modo, cincuenta años de complejos meneos entre colecciones, cuarenta mil callejones de salidas de continuidad y demasiadas redundancias quedaron resueltos de un plumazo que, en doce números, estableció los patrones de un nuevo universo que ha permanecido más o menos intocable (con algunos cambios en posteriores macroeventos) hasta Crisis Final y, muy especialmente, hasta Flashpoint.
Imprescindible para entender sin el más mínimo problema la mayor parte de colecciones clásicas de DC casi hasta la fecha. Si no lo has leído, bueno... siempre es posible que se te escape alguna referencia. Culpa tuya por no haberlo leído.

Lo Mejor: Resolver el galimatías que era el Multiverso DC y encontrar el modo de integrarlo todo en una sola continuidad. El tono épico y catastrófico de la serie. La creación de personajes como Pariah o Harbinger, que vienen a ser testigos impotentes o agentes inconscientes de lo que sucede.
Lo Peor: Aparecen prácticamente TODOS los personajes de DC, más algunos de Vertigo, como John Constantine o La Cosa del Pantano. Es fácil perderse entre tanto pijama si uno no presta atención a lo principal.
Escenas Puto Memorables: Esa escena en que todos los superhéroes contemplan el cielo rojo y relampagueante, con la sensación de que, pese a sus poderes, no hay nada que puedan hacer para detener la inevitable catástrofe. Y, entretanto, Pariah llorando amargamente porque es consciente de lo que está pasando y no puede evitarlo.



Wonder Woman, de George Pérez:

Tras las Crisis en Tierras Infinitas, muchos personajes vieron su origen recreado desde el principio. Superman, por ejemplo, cayó en las manos de John Byrne, que se dedicó a humanizarlo (y que no aparece recomendado en estos artículos, no porque no sea un Puto Clásico, sino porque todavía me estoy leyendo esa etapa y voy por la mitad). De Batman, como ya hemos visto, se encargaría Frank Miller, del que no diré nada más de lo ya dicho.
Faltaba, por tanto, el tercer elemento de la Trinidad de DC, Wonder Woman.
Fue aquí donde George Pérez se estrenó como autor completo, encargándose también de los guiones. La princesa de Themyscira, en esta serie, sería creada (literalmente, creada) desde la nada, lo que permitió un enfoque, si cabe, más mitológico que el de su versión original. A ello cabe añadir que la mitología griega estaría presente a lo largo de gran parte de la colección, con un panteón que recordaría enormemente a los dioses que ya vimos en películas como Furia de Titanes (¡La versión antigua! ¡La antigua!). Seres tirando a amorales (véase Zeus, o su hijo, el semidios Hércules) que solían regir el destino de los hombres, no siempre de un modo justo.
A ello se suman también conceptos como un marcado feminismo (que no hembrismo), que nos muestra que Wonder Woman proviene de una sociedad matriarcal, por lo que se entiende que abogue por la independencia y la autonomía de las mujeres, sin caer en el topicazo "Hombre= especie de gorila que piensa con la picha y que merece que se le trate como al imbécil que es".
En cuanto al dibujo, muy en la línea de lo ya visto en los cómics ya indicados aquí: un estilo detallado hasta dejarte seco y un gusto por un dibujo limpio y estilizado.
Un cómic que se mea en el tópico machista de "Si la protagonista es una tía fijo que es un pastelazo".

Lo Mejor: La recreación, desde el principio, de Wonder Woman. El sabor mitológico, presente en prácticamente toda la etapa. La estética, que combina lo clásico de Themyscira y el Olimpo, con el Boston de los años 80. El diseño de personajes, que hacen que visualmente, junto con los elaborados fondos, sea una auténtica gozada. Explicaciones de cosas que resultaban tan extrañas como el uniforme de Wonder Woman. El tono feminista en el sentido de mostrar a las mujeres su autonomía y su importancia, sin caer en la chorrada de "Soy feminista porque los hombres son unos cerdos y unos gilipollas".
Lo Peor: Que se llegue casi a justificar a Hércules por lo que hizo por medio de un giro argumental que no convence.
Escenas Puto Memorables: El "Nacimiento" de Diana, hermoso y emotivo.


¡Y hasta aquí, nuestra tercera entrega de los Puto Memorables! En próximos posts, intentaré añadir todos aquellos que todavía faltan de la lista que incluí en el primero. Y es posible que incluso aparezca alguno más del que me haya olvidado...
Seguid atentos... ¡Y leed muchos cómics!