jueves, 25 de julio de 2013

Tebeos en Vena- La JSA de Geoff Johns, Eric S. Trautman, Bill Whillingham y Marc Guggenheim




Como ya amenacé en entregas previas de esta sección, tenía que continuar el análisis de la serie de la JSA hasta su cancelación. En este apartado, toca ir narrando lo que sucede a partir del cacao que se monta en Crisis Infinita y 52. De hecho, es a raíz de estos dos eventos cuando la serie inicia un tercer volumen, que cuenta con once arcos argumentales, que enumero a continuación:

The Next Age
La Saga del Relámpago
JSA/Kingdom Come
Black Adam e Isis
Un Fantasma en la Oscuridad
JSA vs. Kobra (Acicates de la Fe)
Mala Hierba
Tierra Patria
La Noche Más Oscura
El Día Más Brillante
Superciudad.

Arrancamos, entonces.




52- La Tercera Guerra Mundial: No es un número de la JSA propiamente dicho, pero sirve como enlace entre lo sucedido en 52 y el siguiente volumen de la serie. Aquí se nos viene contando un poco lo que ya habíamos visto en esa serie limitada: tras la Crisis Infinita, los tres superhéroes más grandes del Universo DC (useasé, Superman, Batman y Wonder Woman) se dan unas vacaciones por diversos motivos, lo que crea una especie de "Vacío de poder" en el mundo superheroico del que algunos villanos se aprovechan. En mitad de este jaleo que dura exactamente un año (es decir, cincuenta y dos semanas), encontramos que el amigo Black Adam sigue con sus movidas en Kahndaq, su país natal. Esto, como ya vimos a lo largo de la serie de la JSA, provoca tensiones políticas que acaban obligando a que este grupo y algún otro más se pase por allí para decirle a Adam que ya se está pasando un poquito.



The Next Age- (JSA vol.3, nums. 1 al 4): Tras la que se lía en la Tercera Guerra Mundial, la JSA vuelve a reunirse intentendo mantener las mismas premisas que han sido el buque insignia del grupo hasta la fecha. Esto es, aparte de funcionar como "grupo superheroico" de los de toda la vida, también se dedican a ejercer de tutores de los novatos que van entrando y que se afanan en recoger el testigo de otros héroes caídos generaciones atrás. Con esto se produce un aluvión de personajes que hacen que tanto propios como ajenos a la serie nos sintamos un poco mareados: desde una de las dos hijas del Relámpago Negro de los Outsiders originales como la nieta de Ma Hunkel (a la que recordaréis de artículos anteriores como la primera Tornado Rojo), pasando por un hijo macarrilla que le ha salido a Wildcat. Encontramos también un "nuevo" (o igual no tan nuevo) Starman esquizofrénico y amante de los bocatas de carne (y no, esto último no es coña). Todos estos, que se suman a los ya presentes, lo que suma alrededor de una treintena de personajes conviviendo en las páginas de la misma colección. Entre las amenazas, contamos con un puñado de superhéroes neonazis que se reúnen también para acabar con aquellos herederos de otros superhéroes, como es el caso del nieto del comandante Steel, aquí rebautizado como Ciudadano Acero. Tras ellos, anda Vandal Savage, viejo conocido de la colección



The Lightning Saga (La Saga del Relámpago): (JLA 8-12 y JSA 5 y 6) Aquí, el primer crossover de este volumen, cruzando las aventuras de la JSA con las de la JLA. A lo largo de esta historia, ambos grupos aunarán fuerzas para hacer frente a un villano, un tal Tridente, del que nadie sabe nada. Mayor es la sorpresa cuando descubren que éste no es sino el Karate Kid de la Legión de Superhéroes del s.XXX. Kid resulta tener una especie de condicionamiento mental relacionado con el nuevo Starman, del que ya hemos descubierto que es el Starboy de la misma Legión y que había pasado un tiempecito por Tierra-22 (aquella donde tenía lugar la historia autoconclusiva Kingdom Come). Más adelante, veremos cómo otros supervillanos se van sumando a la movida, como en el caso del Doctor Destino, que resulta tener a otra componente de la Legión bajo su poder: Soñadora (que, para más inri, solía ser la novieta de Starboy). Otros Legionarios continuarán apareciendo por aquí y por allá, lo que nos lleva a pensar que todo esto no es tan fortuito como parecía, sino que apunta más bien a que tenían una misión que llevar a cabo. Dicha misión está relacionada con una saga de la Legión ocurrida allá por el año 58, en la que los Legionarios intentaban devolver la vida a uno de sus camaradas, Relámpago, usando unas varitas de metal. La idea era atraer un relámpago que sacrificaría la vida de uno de ellos, pero que devolvería la del amigo muerto. En este caso, el plan es exactamente el mismo, solo que más que revivir, la idea es traer a alguien de vuelta: El tercer Flash, Wally West, desaparecido a lo largo de la Crisis Infinita, junto a su familia.
Interesante el hecho de que Brainiac Cinco, al recibir el informe de lo sucedido, diga "¿West? Qué curioso", lo que nos da a entender de que igual no era ESE Flash el que esperaban encontrar...

Esta saga viene cerrada con un número autoconclusivo protagonizado por Liberty Belle en el que se profundiza un poco en el personaje de Damage. Para poneros en materia, Damage es un hijo ilegítimo del Átomo (otro de los héroes clásicos de la JSA, fallecido hace ya algunos años), que considera que no debe un carajo a su padre. Durante la Crisis Infinita su rostro fue desfigurado por Zoom (el reverso chungo de Flash), que lo infló a hostias a hipervelocidad. Aparte de eso, sus poderes de explosión (es una especie de bomba humana) no son del todo controlados, lo que hizo que casi reventase Atlanta y que se le prohibiese poner un pie en la ciudad. En este número, Zoom se da un paseíto por Atlanta y bueno... a Damage le cuesta contenerse.



JSA-Kingdom Come: (JSA 7-24 y Justice Society Kingdom Come Special) Desde el principio del volumen ya hemos visto cómo se nos han ido soltando pequeños detallitos acerca de Thom Kallor, el Starman del futuro que solía militar en las filas de la Legión de Superhéroes bajo el nombre de Starboy. Ya se nos ha contado que, antes de viajar al presente de la JSA, estuvo campando una temporada por la tierra alternativa de Kingdom Come. Era obvio que todo esto se nos estuviese contando por algún motivo. Habida cuenta de ello, Geoff Johns nos plantifica una macrosaga que dura la friolera de doce números, más un especial, en la que la tierra alternativa creada por Mark Waid y Alex Ross cobra protagonismo de nuevo.
La movida empieza con una serie de extraños asesinatos, en los que las principales víctimas resultan ser autoproclamados dioses. Esto no ha terminado de manifestarse cuando, de un modo casi accidental, este desquiciado Starman abre un agujero negro que trae de vuelta a alguien que nadie podía esperar: el Superman de mediana edad de Tierra-22. Esto empieza a crear conflicto en algunos personajes, como en el caso de Power Girl, que todavía sufre problemas de identidad acerca de su origen kryptoniano y, muy especialmente, a causa de haber visto desaparecer en el olvido una vez más a su primo de la Tierra-2 original durante la Crisis Infinita.
Conforme vamos avanzando, descubrimos que más supuestos dioses siguen muriendo, con la única conexión (aparte de esta autoproclamada naturaleza divina) de un agujero en el pecho. A esta investigación se suma un nuevo Mr. América (fallecido en los primeros números de la etapa de la colección que aparecen en este artículo) y toda una nueva patrulla de novatos, que hacen que la JSA ya empiece a parecer un ejército.
Durante la investigación, se empieza a perfilar la figura de un tal Gog como artífice de esta matanza, aunque de momento lo único que se sabe es que el Superman de Tierra-22 conoció a alguien con un aspecto muy similar en su hogar: un tal Magog.
Gog hace acto de presencia un buen día que le da por atacar la sede de la JSA, llevándose de paso una paliza tremenda. En el momento en que parece ir perdiendo, cierta entidad que manejaba los hilos considera que el fulano ya no es necesario y que ha llegado el momento de mostrarse. Antes de palmar, el supuesto Gog nos informa de que esa entidad a lo que ha venido es a salvar el mundo y que no hacen falta falsos dioses. Esto contradice un poco el hecho de que el sonriente Dios que se muestra aquí diga venir en son de paz. Todo como muy sospechoso.
A partir de aquí comienza una especie de peregrinación, donde Gog (el dios que ha emergido y no el heraldo de mierda que ha estado matando en su nombre) promete salvar el mundo del hambre, la guerra y la muerte a cambio de sumisión y adoración. También hará "favorcillos" a algunos héroes, como quitarle a Sand sus pesadillas premonitorias o sanar el rostro de Damage. Algo que a primera vista resulta de lo más molón, pero que levanta ciertas sospechas en otros héroes. Y con las sospechas, división.
Por lo que respecta a Power Girl, actual líder del grupo, es "oportunamente" enviada de vuelta a su hogar, Tierra-2... y aquí empiezan a verse ya ciertos agujeros en la "bienintencionada" labor de Gog, ya que el regreso a "casa" es de todo menos idílico y Power Girl ve peligrar su vida a manos de sus antiguos amigos, que ahora la consideran una impostora, ya que hay otra Power Girl en el mundo al que ella ha sido enviada.
El trasiego de Gog sigue por África y los héroes de la JSA que le habían seguido para asegurarse de que la cosa marcha de una forma más o menos ordenada se van dando cuenta de que no es oro todo lo que reluce: los soldados de las milicias locales, por ejemplo, son convertidos en árboles frutales, lo que recuerda a los héroes más a una ejecución que a una forma de hacer justicia. Es precisamente en uno de estos enfrentamientos con los soldados en los que Lance (uno de estos nuevos reclutas, soldado estadounidense y descendiente de Roosevelt, el presidente que reunió al All-Star Squadron) resulta herido de extrema gravedad. Es entonces cuando Gog interviene y hace que se levante de nuevo, sanando sus heridas y convirtiéndolo en Magog... que es exactamente igual al que conoció Superman en Tierra-22.
Mientras las divisiones entre los diversos miembros de la JSA se hacen más patentes y casi llegan al enfrentamiento físico, Starman se las apaña para traer a Power Girl de vuelta a casa. Tras ella, los miembros de Infinity, Inc (o sea, el equivalente de la JSA de Tierra-2, por así decirlo, aunque se trata de algo un poco más complejo que eso). Antes de que se maten los unos a los otros, Starman vuelve a intervenir, explicando que esa "Tierra-2" no es aquella en que se crió Power Girl, sino que resulta ser otra versión diferente, de ahí que cuente con su propia Power Girl. Esto hace que la líder de la JSA se sienta tan perdida como al principio.
Es antes de llegar al epílogo de esta macrosaga donde nos encontramos con el especial Kingdom Come, que viene a ejercer de lectura complementaria a todo lo ya visto. Este número, todavía enmarcado en esta línea argumental, muestra varios puntos de vista referentes a la historia: por un lado, el Superman de Tierra-22, que sigue buscando relaciones de este mundo con el suyo; por otro, Magog, que se encuentra con sus antiguos compañeros de unidad en África. Encontramos también el origen de Starman, relatándonos de forma lineal y continua todo lo que medio sabíamos, medio habíamos intuido hasta la fecha. Es llegados a este punto donde vemos con total claridad cómo los "regalos" de Gog no son tan fascinantes como parecían: privar a Sand de sus visiones, por ejemplo, hace que no esté alerta ante cosas que suceden a su alrededor y que podía prever cuando las sufría. Damage, al recuperar su rostro, se convierte en un engreído al que solo le importa su aspecto físico. En este último caso, tiene que regresar un antiguo miembro de la JSA, Atom Smasher, para poner al hijo del Átomo en su sitio de una vez por todas.
Llegamos por fin al último tramo de la saga, donde Gog exige adoración a cambio de traer la paz al mundo. Es entonces cuando se produce una cruda batalla contra el dios, que se vengará de aquellos a los que ha favorecido retirándole los dones concedidos, a modo de castigo por su traición. Durante la batalla, Gog es decapitado y su cabeza enviada a su lugar de origen, el Tercer Mundo, a manos del Superman de Tierra-22 y Starman. Al hacerlo, el primero pide al segundo que le lleve a su hogar, donde pasa allí el resto de sus días.
De vuelta en la Tierra, los héroes comienzan a recomponerse como pueden, con algunas preguntas que hacerse, como por ejemplo el porqué de que Magog no haya perdido sus dones como todos los demás. También iremos descubriendo que las rencillas vistas a lo largo de esta saga se convertirán en algo insalvable en poco tiempo.



Black Adam e Isis (Black Adam and Isis): (JSA 25 y 26) Mientras vemos que las tensiones dentro de la JSA siguen causando una brecha cada vez más grande, lo ocurrido en 52 continúa trayendo cola en lo tocante a Black Adam. Aquí encontramos que un enemigo con tanta solera como Felix Faust ha secuestrado a Isis (actual esposa de Adam) y la ha convertido en su esclava favorita por medio de un hechizo que anula su voluntad. Ni que decir tiene que aquí el rey de Kahndaq se anda con menos tonterías que un punk en un duelo entre guitarristas y le mete un repaso al otro que lo deja tiritando. Entretanto, la JSA decide largar a la puta calle a Hawkman tras su Momento Testosterona durante lo ocurrido en la saga de Kingdom Come, dividiendo el grupo y poniéndose en pose a lo Jued Dredd con lo de "Estoy harto de tener contemplaciones con los criminales".
Una vez sentadas las bases de la historia con estos acontecimientos, Adam decide que es hora de quedarse con la Roca de la Eternidad (hogar de toda la vida de Shazam, el mago que le dio los poderes tanto a él como al Capitán Marvel). Durante el asalto, absorben toda la energía del relámpago disponible y dejan a Billy Batson (es decir, el Capitán Marvel) sin acceso a sus poderes. Éste, temiéndose alguna fechoría de su archienemigo de toda la vida, va a buscar a la JSA, enlazando de paso con alguna trama que quedó colgando en sagas bastante anteriores. Me refiero, por supuesto, a toda la subtrama referente a su relación con Stargirl.
Esto no llega a decidirse del todo cuando, en mitad de la persecución de Black Adam aparece un nuevo jugador: Mary Marvel, la hermana de Billy; esta, lejos de haber perdido sus poderes como él, se ha pasado al bando de Adam. Durante esta batalla, Mary obliga a su hermano a decir el nombre de Adam y, al tener este el poder de Shazam, el relámpago transforma al chico en una versión bastante retorcida de lo que sería el Capitán Marvel.
Por otra parte, Flash se encuentra con el fantasma del padre de Billy Batson, que le guía hasta la Roca de la Finitud, una especie de Anti-Roca de la Eternidad, que parece contener la solución a lo que pasa. Esta solución se muestra en la forma de Shazam que, al haber sido asesinado por el Espectro (esto sucedió antes de la Crisis Infinita, cuando esta entidad decidió que toda la magia del Universo era maligna y, por tanto, debía ser destruida), envió su esencia a ese lugar.
Flash y el padre de Billy toman la efigie petrificada de Shazam y se encuentran con la JSA, en mitad de una pelea entre Adam y su antiguo aliado, Atom Smasher, que convence a Adam para pronunciar el nombre del mago y regresar a su forma humana. En el momento en que Shazam es liberado, se muestra de todo menos comprensivo, transformando tanto a Adam como a Isis en dos estatuas y desapareciendo tras esto.
Estos acontecimientos, y probablemente algunos otros previos, son los que devuelven a Atom Smasher al seno de la JSA.
Este arco argumental se cierra con un emotivo número centrado en el cumpleaños de Stargirl y que supone, de paso, la marcha de Geoff Johns de la serie. No deja de tener sentido, si recordamos que este personaje fue creado en homenaje a la hermana fallecida del autor.



Un Fantasma en la Oscuridad (A Ghost in the Darkness): (JSA 27-28) Tras la marcha de Geoff Johns, Jerry Ordway toma el mando de la serie con unos cuantos números de relleno antes de entrar en sagas algo más consistentes. En esta pequeña historia de un par de números, retoma el personaje aparecido en la serie All-Star Squadron conocido como Kung, el asesino de las Mil Garras. A ellos se sumará el Espectro, esta vez ya con el fallecido detective Crispus Allen (visto en su día en Batman) como huésped humano.
Como colofón, se finiquita también otra historia romántica entre Atom Smasher y Stargirl (ya atisbada desde los primeros números de la colección, antes de todo el arco argumental con Billy Batson), de un modo muy similar a como sucediera en su día con el Capitán Marvel.



JSA Vs. Kobra (Engines of Faith- Acicates de la Fe): (JSA vs. Kobra 1-6) Ya hemos visto a Kobra en sagas previas de la JSA, como una especie de terrorista internacional que tiene un puñado de seguidores fanáticos que lo adoran como un dios. En esta nueva encarnación de Kobra (bajo la forma del hermano del terrorista original), tenemos que cambian las reglas del juego, añadiéndose el concepto de terrorismo suicida y desembocando en una guerra mucho más sucia y despiadada que lo visto hasta la fecha. Este nuevo Kobra es mucho más inteligente y despiadado que su hermano y mantiene en jaque a una JSA que siente, con cada vez mayor fuerza, que su enemigo está jugando con ellos. De fondo, terribles ataques terroristas con un millar de víctimas y el primer grupo de superhéroes de la historia no sabe cómo afrontarlo. Incluso pese a la aparente victoria de los héroes, la sensación de que todo ha cambiado es irrefrenable.



Bad Seed (Mala Hierba): (JSA 29-33 y JSA Page Giant 1) Primera saga a cargo del genial Bill Willingham, que se mantendrá como guionista de la serie durante una temporadilla.
Si bien hasta la fecha la JSA se había llevado unas pocas de hostias y varapalos, aquí la cosa es un suma y sigue, con un caso de traición que hasta la fecha no se había dado. Este acontecimiento viene a poner un poco en cuestión el asunto que se había venido gestando desde el inicio de toda esta etapa tras 52: lo de ir aceptando a todo bicho viviente que parezca seguir el legado de algún héroe fallecido o retirado. En esta saga entran en juego personajes como el nuevo Doctor Destino (recordemos que el anterior, Hector Hall, fue dado por muerto junto a su esposa mucho tiempo atrás y que la búsqueda del siguiente heredero de Nabú tuvo lugar a raíz de lo acontecido en Crisis Infinita), Rey Quimera y Chico Americano.
Como uno de los motores argumentales, tenemos la enésima transformación de Obsidian el cual, no contento con haberse pasado al "Lado Oscuro" tropecientas veces, ahora queda reducido a una sombra con forma de huevo. Pese a ello, la entrada de Willingham es lo que venía necesitando la serie desde hacía una buena temporada. Esta saga, a su vez, es el punto de partida de la evolución lógica de un grupo tan grande: su división en dos facciones. De aquí saldría el spin-off JSA: All Stars, que no llegó a publicarse en España.
Mala Hierba se cierra con un episodio especial (llamado Page Giant) que explora un poco los entresijos personales de los personajes más recientes del grupo, tales como el nuevo Amazing Man (reclutado en la saga Kingdom Come), Damage, el hijo de Wildcat o Ciclón.



Axis of Evil (Tierra Patria): (JSA 34-40) Sigue Bill Willingham en la que creo que es la saga más notable de todo este volumen tercero de la serie. El punto de partida proviene justo después de lo ocurrido en Mala Hierba, con el Brownstone (la sede de la JSA) arrasado hasta las cenizas y con el traidor a buen recaudo en la cueva que sirvió como base de operaciones a la JLA durante un tiempo. El grupo está ya escindido, tal y como se apuntó anteriormente y todo parece señalar un nuevo comienzo. También marca la primera etapa del nuevo Doctor Destino, ya como integrante oficial.
Justo en esta historia es cuando el enemigo quizás más carismático del grupo, Mordru, hace su aparición para vengarse de los héroes, aunque demostrando estar en unas horas mucho más bajas que antaño.
El grueso de esta etapa tiene lugar justo después, con una historia que si bien no es del todo original (recuerda poderosamente, por poner un ejemplo, a la histórica Días del Futuro Pasado de La Patrulla-X o, de un modo algo más tangencial, a la novela El Hombre en el Castillo de Philip K. Dick), si está narrada de forma que mantiene el interés. En esta aventura se nos muestra un universo distópico en que los nazis (enemigos tradicionales de la JSA) dominan el mundo y los héroes supervivientes andan prisioneros en campos de concentración. Solo Mr. Terrific, junto a unos pocos, hará frente a este infierno en la tierra y tendrá la misión de devolver el universo a su continuidad original. Esta saga está íntimamente relacionada con la anterior, por lo que se puede leer con relativa independencia, pero siempre se tendrá la sensación de que uno se ha perdido algo, especialmente en lo tocante al papel que Obsidian jugará en ella.




La Noche más Oscura (Blackest Night): (JSA Blackest Night 1-4) Robinson regresa temporalmente para escribir la miniserie que cruza con los acontecimientos de La Noche Más Oscura. Aunque esta saga pinta ser algo más compleja, estando los Green Lanterns metidos por medio y todo eso, lo que tenemos en esencia en los cruces es la aparición de los Black Lanterns, que no son otra cosa sino una versión zombi (y no sé cuántas llevamos ya entre pitos y flautas) de superhéroes caídos. En el caso concreto de la JSA esto se traduce en Johnny Quick, que hará que Liberty Belle (la antigua Jesse Quick) las pase un poco canutas a la hora de enfrentarse a él. Power Girl, por su parte, tendrá que enfrentarse con el Superman y con la Lois Lane de Tierra-2, y Damage, que había sido asesinado por la versión Black Lantern de Jean Loring (mujer del Átomo, desquiciada, convertida en Eclipso y luego destruida) durante la serie limitada Blackest Night.



El Día más Brillante- Lo que es Oscuro (Brightest Day- The Dark Things): (JLA 44-48, JSA 41-43) Segundo arco argumental escrito por James Robinson, esta vez presentando un cruce entre la JLA y la JSA que, a su vez, anda enlazado con la continuación de Blackest Night, el macroevento Brightest Day. En este cruce encontramos una nueva alineación de la JLA un tanto extraña, ya que cuenta con un grupo de superhéroes que hasta la fecha habían sido secundarios, como el caso del Starman de piel azul Mikaal Thomas (al que ya conocimos en profundidad en la genial Starman de James Robinson) o un Dick Grayson una vez más enfundado en el traje de Batman, ya que Bruce Wayne pareció morir poco antes de esto. Justo cuando este nuevo grupo está empezando a organizarse, un meteorito de color verde llega a la Tierra, devolviéndonos a un personaje que creímos muerto durante la Crisis Infinita: Jade, la hija de Alan Scott, el Green Lantern de la JSA. El meteorito en sí está hecho del mismo material del que está hecho el anillo de Alan, lo que por algún motivo supone que su entrada en la atmósfera le afecte seriamente. Es cuando el resto del grupo le está atendiendo que aparece el hijo de Felix Faust para avisarles de que esto no es más que el presagio de algo muy gordo. Por todo esto, ambos grupos vuelven a unir fuerzas de nuevo, y justo a tiempo: los personajes cuyos poderes son de origen mágico o elemental están empezando a perder la cabeza y a atacar a todo lo que se mueva. Esto acaba derivando a una especie de plaga mental que abarca a la mayor parte de metahumanos y que hace que Alan Scott se vuelva loco y acabe autoerigiéndose líder de un nuevo orden mundial. Junto a él, el Doctor Destino (como representante de las fuerzas mágicas) y Obsidian (como representante de las elementales y sí, una vez más, pasándose al bando de los malos). Esto desembocará en una batalla liderada por la mayor parte de personajes sin poderes (como el caso de Batman o el Doctor Medianoche), que tendrá como obvio resultado una reunión familiar que los seguidores del grupo llevábamos un tiempo esperando.
El epílogo, que podía haberse quedado en algo emotivo y cerrado, sin embargo posee un final un tanto extraño en lo tocante a Alan Scott, que queda al cargo de una ciudadela en la Luna, poblada por seres del mundo mágico. La explicación en el cómic es algo más extensa que esto que menciono aquí, pero te deja con una sensación de "Pues muy bien".



Superciudad (Super Town/Monument Rise): (JSA 44-54) El último arco argumental de la serie hasta su cancelación antes del macroevento Flashpoint. No voy a extenderme mucho a este respecto, pero para entendernos, lo que se cuenta en dicho macroevento es que Flash viaja al pasado para corregir un error y acaba reescribiendo la historia del Multiverso, haciendo que vuelvan las tierras paralelas con efectos tan alucinantes como que la JSA como tal nunca existió y demás historias para no dormir. De ahí que esta serie se cancelase.
Superciudad es el primer y único trabajo del guionista Marc Guggenheim en esta serie y, pese a sus buenas intenciones y al ingenio que intenta ponerle, se ve que la cosa va con muchas bullas antes de su cancelación. En este arco argumental la sensación de "Si te gustaba lo que habías visto, te jodes" es patente todo el rato: aunque encontramos detalles interesantes como la puesta en escena del villano Guadaña (algo muy post-11-S, si nos fijamos, y de lo que ya vimos ciertos destellos en el enfrentamiento con Kobra), la saga entera destila un tufillo de "Señores, vamos cerrando" o, lo que es peor "No importa que la cosa estuviese funcionando medio bien hasta la fecha; lo vamos a poner todo patas arriba y ahora te jodes", recordando mucho a aquellos prescindibles guiones de Scott Lobdell para La Patrulla-X, donde todo era un sinfin de protagonistas jodidos sin ninguna razón aparente, personajes puntales que palmaban de la forma más absurda y, en definitiva, una serie de cambios tan drásticos que, lejos de aportar nada útil a la serie, lo que hacían era torcer la boca de los seguidores y, desde luego, no encandilar a aquellos que se acercasen a una colección que ya llevaba lo más grande publicada.
En este arco argumental, el susodicho Guadaña manda a hacer puñetas una ciudad americana perdida de la mano de Dios. Los civiles, un poco ya hasta los huevos de estas historias, rinden cuenta a los héroes de la JSA, que reconocen que no están haciendo las cosas del todo bien y se ponen manos a la obra en su reconstrucción.
Al mismo tiempo, encontramos detalles como que Mr. Terrific está perdiendo su extrema inteligencia a manos de un fulano llamado Richard Lusk, el cual nos da la impresión de haber salido de la manga. Relámpago prácticamente muerta a manos del villano molón de esta saga, un tal Doctor Caos, tan conocido como carismático (o sea, de poco a nada). El nuevo Doctor Destino, con la cara quemada. Green Lantern, con la espalda rota de por vida. Flash nombrado alcalde de Monument Point, la ciudad que fue arrasada por Guadaña. Líneas argumentales que, además de mearse en todo lo ya visto (ya no por lo de joder a un héroe; si veis sagas anteriores, esto es una constante... es más bien por el rollo de patetismo cutre y forzado que se le confiere a cada una de estas movidas), se agolpan y se atropellan con resoluciones sacadas del ojete y con explicaciones que, en caso de existir, resultan casi irrisorias.

Mal final para una gran serie, que queda cancelada aquí a menos que Jim Lee y sus subalternos de DC decidan lo contrario.




Valoración personal: Estamos, sin duda, en las horas más bajas de la JSA desde que Robinson, Johns y Goyer decidieran rescatar al primer grupo de superhéroes del olvido. Si bien la calidad de ésta había sido innegable en conjunto, a raíz de lo sucedido en Crisis Infinita y la posterior 52, tenemos una cantidad de altibajos tan grande que, en el mejor de los casos, tienes la sensación de que te estás perdiendo algo. A esto contribuyen varios factores, tales como:

Uno- La brutal cantidad de personajes que ingresan de golpe y porrazo en el grupo, dándote una sensación de desbarajuste que te quedas muerto. No terminas de acostumbrarte a los nuevos, cuando ya te han plantado CUATRO unos cuantos números después. Esto conlleva a que el desarrollo de algunos se quede en algo meramente testimonial (véase el ejemplo del nuevo Amazing Man, entre muchos otros) y que al final lo que veas sea un maratón de gente arreando mamporros, cosa que es bastante contraria a la filosofía de la JSA original, donde cada personaje destacaba por su definición.
Al mismo tiempo, en este apartado cabe mencionar también la desaparición gradual de algunos personajes que estaban en la serie prácticamente desde el principio y que ahora tienen una presencia, como poco, puntual. No teníamos bastante con la marcha de Hawkgirl, que desaparecen también Sand, J.J. Thunder y el propio Hawkman. Todos con pocas o ninguna explicación (al menos otras marchas anteriores sí las hemos visto razonadas y bien explicadas), y ni siquiera el regreso de Atom Smasher salva este desaguisado.

Dos- Los constantes cruces con macroeventos y crossovers con otras series, que convierten la lectura en un puto rompecabezas. Esto no es que sea algo nuevo, ya que llevamos viéndolo en DC desde las primeras Crisis en Tierras Infinitas. El problema es cuando esto se convierte en una constante tan grande, con tantas líneas argumentales entretejidas y con las cuarenta mil cosas que le pasan a los cuarenta mil personajes, que necesitas una paciencia infinita para enterarte de qué coño va la cosa.

Tres- Algunas decisiones editoriales, que hacen que las cosas parezcan metidas con calzador, como sucede en el claro caso del último arco argumental, donde todo tiene que andar atado (o medio atado) para el número que se tiene previsto para cancelar la serie, haciendo que los guionistas vayan echando hostias a la hora de desarrollar tramas y, muy especialmente, para cerrarlas. En este caso concreto de Superciudad, habrían bastado quizás unos cuantos números más (o incluso sagas enteras) para definir por completo a personajes como Guadaña (muy bien pensado en cuanto a planteamiento, pero penoso en su ejecución) o el Doctor Caos. Cosas como lo de Mr. Terrific se solucionan a la pata la llana, y la explicación acerca del enemigo que lo ha dejado así podría haberse desarrollado mucho mejor, quedando en el consabido "Oye, es que no todo tiene por qué estar explicado". Y puede que no, pero tal y como está planteado aquí da una sensación de "Por la puta cara" que te quedas loco. Al mismo tiempo, hemos visto que ciertas sagas, como sucede en el caso de Kingdom Come, se alargan de tal manera (más de doce números para una saga, ¡Por Dios!) que te da la impresión de que la historia o no va a ninguna parte, o al sitio al que va necesita muchas menos idas y venidas.

Cuatro- La constante repetición de según qué elementos, como convertirte a Obsidian en un personaje enloquecido que se vuelve contra su propia gente (que una vez o dos está bien, pero es que ha pasado ya casi media docena de veces), o cargarse personajes tan carismáticos como Mordru y convertírtelo en un gilipollas que no tiene media hostia.

Quizás el apartado más notable es el excelente dibujo que corre a manos de un equipo creativo en absoluto mediocre. Cabe destacar el dibujo de Dale Eaglesham, detallado y correctísimo y, cómo no, apariciones estelares y puntuales de buques insignia de la Golden Age como Jerry Ordway o George Pérez. Es muy digna también la intervención de Bill Willingham (Fábulas), que demuestra su saber hacer en la medida que le es posible. Una lástima que tanto él como Guggenheim apenas tuviesen tiempo de escribir unos pocos arcos argumentales (Guggenheim solo escribió el último) y sin apenas libertad para desarrollar las tramas con la extensión que hubiesen necesitado.


viernes, 12 de julio de 2013

Mondo Chorra- Tirando de la manta




No es la primera vez que alguien me ha preguntado por qué no sigo con mi grupo de intercambio de idiomas. De hecho, la última vez que alguien me sacó el tema fue hace escasas cuarenta y ocho horas. A esta amiga le dije, como respuesta, que era una historia un poco larga y que se la contaría más adelante. Como han pasado ya varios años de aquello, lo que era un proyecto que inicié con muchísima ilusión se ha convertido en un puñado de cenizas pringadas de orina de buey, no tengo nada que perder y que además me moriré el día que el miedo me impida decir lo que pienso, me pondré manos a la obra.

Empecemos por el principio, para aquellos Distópicos que lleváis poco tiempo siguiendo mis aventuras y (muy especialmente) mis desventuras... El proyecto del grupo de intercambio de idiomas surgió allá por septiembre de 2006; yo acababa de terminar la carrera y me sentía terriblemente inseguro a la hora de manejarme con las habilidades más sociales del inglés, que son el speaking (o sea, parlar) y el listening (poner la oreja). Fue justo en verano de ese año, durante un curso de inglés comercial guiado por la gran Lola Gamboa, profesora que recomiendo a todo el mundo que quiera ponerse las pilas con el idioma, donde esta buena mujer me sugirió la idea de montar lo que por lo visto se llamaba un "English Club". Me pasó información útil, donde te daban ideas, consejos y sugerencias acerca de cómo montarlo. El plan era muy sencillito: te coges a un grupo de amigos de confianza y que estén dispuestos a comprometerse un día concreto a la semana. Te vas con ellos y pones carteles por todas las academias de español para extranjeros y formas un grupo de conversación. Cuando vienen los extranjeros, las reglas son sencillas: te los llevas a una cafetería y charlas con ellos. Tú les enseñas español y ellos te enseñan inglés... lo que en algunos contextos llaman un "tándem". Nada más.

La idea me pareció genial, así que hablé con los dos amigos más fiables que tenía de la carrera por aquel entonces. Fue así como surgió la primera alineación del grupo, que ya aparece más o menos narrada en el post Noches Bizarras, en la sección Spanish Bizarro de este blog.
Pasamos así cerca de dos años. Se unió algún español más, bastante voluntarioso, que por razones personales se vio obligado a abandonarnos. De mis dos compañeros, nos dejó uno por razones supongo que personales (a día de hoy todavía no las he recibido, o no ninguna que no sea una vaguedad... pero son cosas que hay que respetar) y seguimos mi otro compañero, el recién llegado y yo. Los tres, al pie del cañón, llegando al segundo año que menciono en ese post anterior.
Nuevamente, las razones personales se interponen entre mi compañero de carrera y yo y se producen unas diferencias insalvables entre ambos, que no mencionaré aquí. Baste decir que en ese momento me quedo yo solo al frente del grupo y me toca partirme la cara con la gente de las academias para que no me arranquen los carteles buscando estudiantes con los que hablar.

Igual esto último os parece exagerado, pero me temo que no. En las academias los grupos de intercambio "no oficiales" (luego explicaré esto) estaban vistos como el puto culo: el que no te veía como una especie de vikingo buscando jóvenes inocentes a las que privar de su honra, te veía como una especie de indeseable o, en el mejor de los casos, como competencia, ya que muchas academias vieron que eso de los grupos era una buena idea y acabarían por montar los suyos propios. En resumen, que si no te arrancaban los carteles, te hacían una especie de interrogatorio con preguntas tan surrealistas como "Intercambio, ¿pero de qué?" (a este que me dijo eso le respondí, un día en que estaba hasta los huevos de que me mirasen como a un apestado, "De idiomas, ¿de qué si no?") o, como cierto gilipollas que me crucé una vez, echarte de una academia con un: "No, no le permito colgar ningún cartel en MI tablón de anuncios. Márchese". Tócate los cojones con el fulano... el cartel lleno de carteles de fiestorros y demás, y parece que el de mi grupo era mucho más molesto. En fin.
Ni que decir tiene que nos tuvimos que currar MUCHÍSIMO eso de "A este grupo SOLO se viene a conversar, el que venga a follar que se apunte a Meetic". Que no es que fuésemos impidiendo nada o que fuésemos en rollo "Protectores de la Castidad" ni historias similares, pero nos gustaba dejarlo claro para evitar movidas raras. Aun así, ya tuvimos algún problema con algún personaje con las manos (o la lengua) demasiado largas que ponía incómodas a las chicas del grupo y con el que tuvimos que actuar de forma expeditiva. Imaginad si entre las chicas, como sucedió una vez, tienes una que es menor de edad. La responsabilidad era nuestra como organizadores, y gilipolleces, las mínimas.

¿Os acordáis de cuando echaban a Jazz en El Príncipe de Bel-Air? Pues casi casi.


La etapa en que me quedo solo en el grupo es algo más dura; al ver a una sola persona al frente, la gente no se fía tanto de ti (al fin y al cabo, eres un desconocido) y te llaman de una forma mucho más salpicada. Un mes te puede llamar un chico eslovaco (muy simpático, por cierto) y, tres meses más tarde, una chica polaca. Y así funciona esto. Tienes lo que tienes y te apañas.
Fue una temporada más o menos corta, hasta que volvió una de las antiguas componentes de la segunda generación del grupo. Una chica suiza, que se enteró de la movida y decidió unirse a mí para darle más impulso al proyecto. Fueron buenos meses, un poco de publicidad en sitios que no me había planteado, un par de mañanitas poniendo carteles en aquellas escuelas en las que no sacaban el espray antivioladores nada más vernos y ya teníamos un grupo relativamente grande otra vez: un puñado de españoles, otro puñado de extranjeros y hala, vamos que nos vamos.

Pasan varios meses, bastante productivos, hasta que un día me llega un mail de un tío de Norteamérica. No para unirse al grupo, o no para unirse del modo en que lo había venido haciendo todo el mundo; este tío, al parecer, tenía ya un grupo que venía funcionando cerca de dos años (es decir, si echamos cuentas, casi la mitad de lo que llevaba el mío) y quería que "uniésemos fuerzas".
Algunos ya me conocéis, no soy una persona excesivamente ambiciosa. Yo era feliz con mi grupo y no veía ninguna necesidad de meter a nadie más al mando, ya que solía entenderme bien con mi socia por aquel entonces. Teníamos un grupo grandecito, pero lo bastante manejable como para meternos en casi cualquier sitio del centro. Es decir, no necesitaba más de lo que tenía, por lo que pasé de él.
Sin embargo, este tipo apareció en nuestra siguiente reunión, probablemente porque mi socia si pensó que al menos podía escuchar lo que tuviese que decir.

A veces he mencionado que tengo una intuición bastante fuerte. No certera en cuanto a detalles, pero hay cosas que me dicen desde un principio "NO" y oye, es NO. En mayúsculas, en negrita, subrayado tres veces y marcado con rotulador fosforito.
Este fue uno de estos casos.
Aquí el colega vino al principio muy en plan "chico tímido", en plan simpático y tal. De estos no excesivamente habladores, que se encogen de hombros cada dos por tres con una sonrisita y procuran no hacerse notar demasiado. A mi socia le cayó bien y me dijo que tener un poco más de gente nunca nos vendría mal. Lo que es tener contactos y eso y gente que medio pudiese manejarse también en caso de que la cosa pasase por otra época de vacas flacas. A mí el tío me parecía que medio sabía lo que hacía, eso tenía que reconocerlo... pero si no me gustaba (que de hecho no me gustaba en lo más mínimo), tampoco tenía un argumento racional que pudiese respaldarme. Total, que de esta manera fue como el tipo pasó a formar parte del grupo. Por lo que a mí respecta, lo tuve "bajo observación"; una cosa es tener un pálpito y otra un prejuicio. Podía equivocarme, ya que mi intuición no funciona como una máquina engrasada (¡ojalá!). A veces acierta y otras veces falla. Era necesario, pues, comprobarlo de forma empírica.
Supongo que esta es la parte de mí que pasa del racionalismo a la gilipollez más absoluta.
En cuestión de nada de tiempo, el grupo había crecido casi al doble, de forma que éramos cerca de treinta personas en un día normalito. Treinta personas para meterlas en un bar es algo digno de putos héroes, hasta que encontramos un sitio en una céntrica plaza de mi ciudad donde acoplarnos. Para qué os voy a engañar: el local tenía más de tugurio que de local. Un chico de los españoles, sin ir más lejos, me escribió diciendo que sentía abandonar el grupo, pero que no quería tener relación con ese bar, ya que había oído hablar de ciertos negocios no precisamente legales en él. Yo nunca vi nada de ese tipo, salvando tíos algo raros alguna vez y algún que otro esperpento con problemas de gilipollez aguda.
En realidad, el verdadero problema  no estaba en las mesas de al lado, sino en las propias filas del grupo: sin que yo me estuviese dando del todo cuenta, aquí el Hijo de la Gran América estaba vendiéndole la moto a mi socia medio en mi cara, medio a mis espaldas, acerca del concepto del grupo.

Y por algún motivo, como que empieza a apestar a carroña...


Aquí es donde tengo que hacer referencia a lo de los "grupos oficiales" que comenté arriba. Veréis, en mi ciudad hacerse un hueco con un grupo de intercambio de idiomas es algo complicadillo. Esta es una ciudad turística y no es una idea en absoluto original. Ante eso, puedes ser un grupo más como el mío, que funcionaba de forma gratuita y, en cierto sentido, "anárquica". Para mí lo más honesto, porque coño... no es que ofrezcas un servicio, es que además los extranjeros, al enseñarte inglés a ti, te lo ofrecen ellos. Es un INTERCAMBIO, literalmente hablando. Aparte, que yo qué sé... ya habéis leído la relación que he tenido siempre con mis extranjeros. Por cuestiones de honor personal o como queráis llamarlo, me revolvería las tripas tratarlos como "clientes". Vamos, que por mí, no.
La otra opción es que tengas un grupo en plan "empresa", con un carácter algo más "oficial". Con tu logo, tu merchandising y toda clase de historias. El único grupo de ese tipo con el que he tenido un contacto tangencial  tenía una forma de hacer las cosas con las que yo no comulgaba en absoluto. Pongo el caso de un amiguete, que me contó que estuvo por allí y me contó cómo funcionaban: para empezar, era de pago, y con doble rasero: luego lo cambiarían, pero durante una temporada de dedicaron a cobrar SOLO a los españoles (yo soy de pensar que, o todos, o ninguno. Eso del cobro en base a la nacionalidad, como que no me mola mucho, por respetable que me digan que sea); luego, eran ellos los que elegían con quién ibas a hablar (generalmente ponían chico-chica, lo que a muchas chicas en particular les resultaba muy violento, según nos contaron algunas que fueron a sus reuniones) y durante cuánto tiempo, para asegurar que el intercambio era equilibrado al 50% (al parecer no tenían en cuenta cosas como nos pasaban a nosotros, en que algún extranjero nos decía que por favor, hablásemos todo el rato en inglés con ello, porque no se sentían con confianza aún para hablar en nuestra lengua). Además, prácticamente se exigía que el tandem debía ser uno-uno, por lo que tenía que haber el mismo número de extranjeros que de españoles casi por sistema. Si alguien por lo que fuese no podía venir y no avisaba, se le mandaba un mail (bastante borde y ligeramente chulesco en tono para mi gusto, cuando me lo reenviaron; creo que todavía lo conservo, pero no lo reproduciré aquí) en el que se "advertía" que a la persona que lo hiciese se le "sancionaría" no invitándola a la siguiente reunión. Es decir, todo muy rígido, muy estricto y, para mi gusto, más cuadriculado que un puto cubo de Rubik.

Lo que este fulano quería organizar era lo que podríamos entender por "La calle de en medio". Es decir, mantener el sistema de reunión que teníamos... pero cobrando a la gente. Yo desde un principio dije que esa idea no me gustaba, pero el germen de la revolución ya estaba plantado: a mi socia se le hacían los ojos bolillas cada vez que escuchaba la idea.
Supongo que gran parte de esto vino por el tema del bar que he comentado, que se empleó como coyuntura para meter la cuchara y presionar a lo basto. Dado que el bar era un puto cuchitril y nosotros éramos cada vez más, se empezaba a imponer la solución de buscar otro sitio en que reunirnos. Yo, por ejemplo, sugerí la cafetería a la que íbamos durante el segundo año, en la que llegamos a meter veintitantas personas una noche sin despeinarnos. Cinco o diez más, si entrábamos a buena hora, cabían sin problemas. Los grupos "Oficiales" a menudo pactan con algún bar precisamente para no tener este problema; el bar o tetería les reserva un sitio siempre y cuando se pueda garantizar un número mínimo de asistentes y salen ganando ambas partes. No era algo descabellado si nuestro grupo, a diferencia de otros años, tenía un número fijo de asistentes.

Al gringo aquí presente se le ocurre otra idea: alquilar un local para celebrar las reuniones. A mí al escuchar esto en un principio como que me parece guai, lo de tener una sede propia y demás, pero no tardan en saltarme las alarmas: ¿Un local? Eso implica mantenimiento, responsabilidad y, muy especialmente, un alquiler. Para mí el grupo de intercambio ha sido siempre una actividad lúdica que he usado para enseñar y aprender, no un negocio. Esta idea puede sonar de puta madre, pero en realidad no es más que un argumento para que la idea de empezar a cobrar al personal se ponga en marcha. Para entonces, mis funciones en el grupo han quedado un poco relegadas. Ha sido algo sutil, pero ya que la gente está viniendo sola gracias a la publicidad que mi socia ha estado haciendo, mi tarea se limita a controlar un poco cómo funciona todo y a dedicarme a mandar correos de reunión, así como resolver cualquier dudilla que pueda tener la gente.
Lo que viene siendo el trato de cara al público y, de surgir, solución de conflictos, para entendernos.
Para esta fecha, aquí el tío este, por algún motivo, empieza a comportarse como si fuese mi puto jefe. Él a lo más a lo que está llegando en el grupo es a presentarse en las reuniones a lo pavo real y mandar algún mail con un español que no hay ni Dios que entienda porque lo domina de puta pena. Eso y tocar los cojones, que también se le da bien: yo envío los correos a la gente, como llevo haciendo casi cuatro años y al rato me envía él uno diciendo que no debería decirle a la gente semanalmente que tenemos la reunión porque el que lo sabe lo sabe y el que no va a venir no va a avisar. Yo le digo que esa es mi forma de actuar y le doy a entender que no acepto órdenes suyas por mucho que las revista de "consejos", básicamente porque no los necesito. El fulano lleva la mitad de tiempo que yo en esto y me trata como si fuera un puto novato. Pero claro, a estas alturas mi socia ya está casi de acuerdo en todo lo que sale de su boca, así que he llegado al punto de coger y disfrutar de las sesiones del grupo de intercambio y a tomar por culo con todo.


Porque es tal la comedura de tarro que me intentan meter por activa y por pasiva que al final lo que acabo es cansado. Muy cansado.
Cansado de cojones.


Lo del local durante un tiempo es algo que está barajándose y que he mencionado alguna vez que ni fu ni fa. Mi socia (por aquel entonces amiga, ahora se queda en "conocida" y gracias) me intenta convencer, explicándome que a este tío lo han echado del piso en que estaba; que su trabajo como entrenador de animadoras (¿En España? ¿Perdona? ¿Con eso pretendías ganarte la vida, campeón?) está prácticamente acabado. Que el grupo de intercambio será su modo de sustento y el local, su casa.
Yo empiezo a preguntarme si alguien me ha visto a mí cara de ONG o algo.
O si aquí la gente se ha llegado a plantear si este tipejo es amigo mío como para hacerle un favor tan grande. Porque estamos hablando de renunciar al concepto de algo que yo mismo he creado, levantado y por lo que he luchado durante cuatro años de mi vida por hacerle un favor a un tío al que ni siquiera conozco y que, honestamente, no me cae ni bien siquiera. Es más, hablamos de un tío cuya actividad más reseñable, en el tiempo que lo he tratado, es fumar canutos y meterse litronas por el buche hasta quedarse más cocido que un botijo y que, tratándome con esa condescendencia y esa chulería barata con la que me trata, imaginad las ganas que tengo yo de echarle una mano.
Ante esto, yo le dejo muy claro a mi amiga que de historias de dinero no quiero saber nada. Que del local no quiero saber nada, ya que alquilar un local no es solo eso: para poder usar un local con actividades comerciales requieres unos pasos. Darte de alta como sociedad o dar de alta el local como bar. Las instalaciones necesitan reunir unas normativas y demás.
La idea de este tío, tras una mañana en que bajo con él para ayudarle a ponerse en contacto con los de Endesa (porque su español, pese a los no sé cuántos años que lleva por aquí, es penoso), es pinchar la electricidad del vecino.
Lo mismo no soy el Juez Dredd, y creedme cuando os digo que no me creo mejor que nadie ni leches, pero soy una persona de principios a la que, de paso, tampoco le gusta ni joder al prójimo, ni meterse en follones innecesarios.
Imaginad mi postura ante aquello.

Las obras del local de los huevos siguen adelante y yo sigo yendo a mis reuniones. He hecho algunos amiguetes ahí y procuro no pensar en la clase de historias que este tío le ha metido en la cabeza a mi socia, que parece fliparlo y pensarse que te puedes ganar la vida con un grupo de idiomas (no me las gano yo dando clase, y cobro algo más de lo que, según calculé, se podía sacar con un grupo grande). Entretanto, el Capitán América no viene porque anda de obras, adecentando la pocilga que ha alquilado (sin contar con el hecho de que de vez en cuando me insta a que vaya a trabajar en la obras, casi en plan chantaje emocional, con frases del tipo "Esto lo vamos a disfrutar todos" y demás majaderías).
A estas alturas de la peli, al caballero se le ocurre la fenomenal idea de hacer tickets y venderlos a los del grupo: por veinte pavos, le da derecho a consumición en su tugurio personal. Veinte pavos por un ticket en que hay veinte consumiciones... le cobras un pavo a la gente por una birra de lata, que te cuesta unos setenta céntimos en el Carrefour. No es tan caro como un bar, pero estás haciendo ahí un negocio algo trapero, considerando que ni estás dado de alta como sociedad, ni pagas impuestos de ningún tipo, ni agua ni electricidad ni putas hostias. No es que tengas muchos beneficios, pero no tienes que hacer prácticamente ningún gasto de cara a la administración. Lo que ganas, lo ganas en negro, aprovechándote de todo bicho viviente que tienes alrededor.
Como comprenderéis, lo que es mi sentido común y mis ganas de hacer las cosas bien ya andan montándome el puto 15-M en la cabeza. Más cuando mi socia está en su país de origen un par de semanas y este me pide el favor de que reparta yo los tickets en la siguiente reunión. Ante eso, le digo que vale (básicamente lo hago por la otra, a la que, no sé por qué, sigo considerando amiga), pero la cosa no queda así: cojo y cuando convoco a la gente para la próxima reunión, cuento lo de los tickets, cómo funcionan... y dejo MUY CLARO que yo no tengo NADA que ver con eso. Que yo no me pienso encargar del tema del dinero, que lo llevan otros. Que yo no voy a ver un puto duro de cualquier actividad que se haga al mando del Tío Sam y que mi tarea se ha quedado para convocar a la gente, nada más.
Porque sigo sin fiarme de este personaje. Y ahora, con dinero por medio, menos que nunca.

Si fuera Spider-Man, me habría zumbado el sentido arácnido a lo bestia.


A esa reunión vienen como mucho, seis, por primera vez en casi ocho o nueve meses. Ninguno de los presentes pregunta por los tickets (que dejo en la mesa a plena vista, para que se vean... pero sin decirle nada a nadie) y, desde luego, nadie se ofrece a pagarlos. Con las mismas, cuando termina, me voy para el local de este tío, le devuelvo los cartoncitos y le cuento lo que ha pasado. Para mi sorpresa, se lo toma extrañamente bien:

- No, no pasa nada, no te preocupes- me dice.

Me vuelvo a mi casa, no con la mosca tras la oreja. Lo que tengo es un puto pterodáctilo.
Esta vez sí hago caso a mis intuiciones y el pterodáctilo empieza a berrear como un cabrón tres o cuatro días después, cuando recibo un mail de mi socia, que parece que ya ha vuelto a la ciudad. En el mail me viene diciendo que a qué viene mi actitud, que parece que estoy poniendo en contra a la gente del grupo acerca de las actividades que ELLOS quieren llevar a cabo, que sospecha que estoy hablando con la gente para socavar su (SU, ahora es DE ELLOS) proyecto. Sin contar conmigo, con el que cuentan para todo lo que son gestiones y demás, pero para eso se ve que importo tres cojones.
Total, que en el mail mi socia (supongo que ahora entenderéis que me cueste usar el término "amiga" después de esta movida) me dice que si no estoy a gusto siempre puedo buscar un grupo más acorde con mi forma de ver las cosas. Llegados a este punto, estoy tan asqueado de todo que no me parece ni mala idea. Le digo que es algo que podría plantearme, visto lo visto (sí, gilipollas de mí), pero me centro sobre todo en intentar apaciguar un poco las cosas. Ha sido amiga mía durante un año y no es plan de que nos matemos vivos por una diferencia de opiniones.
Lo reconozco. A veces es que es para pegarme por lo rematadamente imbécil que puedo llegar a ser, sí.
En fin, medio solucionada esta especie de crisis, tras haber recibido calificativos como "condescendiente" y demás, me las apaño para llegar a un medio buen término con esta mujer y cierro el correo. Iluso de mí, hasta me siento contento porque la sangre no haya llegado al río, como suelen terminar otras desavenencias con amigos y conocidos.
Diez minutos y el Capitán América me manda un correo similar, pero carente por completo de las formas o la educación que mi socia había empleado conmigo.
Y ya tengo que sacar el hacha. Porque se ve que hay algunos que no están contentos si no tocan los huevos.

Para empezar, no hay ni un encabezamiento de "Hola" ni pollas en vinagre. Aquí Shakespeare entra a saco prácticamente cagándose en mi puta madre y acusándome de ponerlo en contra del grupo. Tiene gracia que lo mencione, le respondo, porque yo no he necesitado decirle nada a nadie. Yo me he limitado a ir a mis reuniones y pasar de él como de la puta mierda. Si la gente no ha querido ir es por lo que yo se lo advertí a él más de una vez y nunca quiso escucharme: les hablas de sacarles pasta tras varios meses de gratis y te mandan a hacer gárgaras.
El genio resulta que también es psicólogo y, como ya mencioné en el post de Jon Nieve, me viene diciendo que a mí lo que me da miedo es un grupo grande. Le agradezco el análisis psicológico que no le ha pedido nadie y le digo que estoy impresionado con sus dotes como mentalista; luego le recuerdo que el que lleva CUATRO PUTOS AÑOS llevando un grupo de intercambio soy YO y no él, y que ya he tenido grupos grandes anteriormente y no me he muerto. Pero que si quiere sacarse juicios de valor del sobaco, adelante. Yo ya le diré por dónde me los paso.
Me suelta que en mi ciudad las cosas están hechas para joderle la vida a los que quieren crear una empresa y que el ayuntamiento son unos explotadores que se aprovechan de la gente (él no, claro), y que no tiene más remedio que hacer un negocio al estilo okupa, como un famoso centro cultural de mi ciudad. A esto yo le recuerdo que también vivo en la ciudad, desde hace algunos años más que él y que ese centro al que me ensalza como si fueran el altar de la cultura también estuvieron a punto de cerrarlo, ya que lo habían okupado ilegalmente y el edificio pertenecía a la administración pública, sin contar con que el consumo de energía lo estaban mangando de los vecinos. Tardaron más de un año en darle un status legal al sitio, así que le digo que por favor, no me venga con chorradas, que no nací ayer.
A esto, despide su mail con un "Don't shit on our ideas" ("No te cagues en nuestras ideas"), sin más hostias. A pique he estado de responderle en quién me voy a cagar, pero no quiero ponerme a la altura de alguien que tiene la elegancia a medio metro del cráneo, dirección sur.
No obstante, creo que todavía conservo los mails, en caso de que estéis interesados. Como es correspondencia privada mía, no tengo demasiado inconveniente en que veáis la educación y el saber estar de este personaje.

Educación y saber estar del personaje, descripción gráfica.


La cuestión es que, como comprenderéis, aquí ya no había una posición conciliadora. En el momento en que un tío te falta al respeto (este vino haciéndolo en el momento en que se cameló a mi socia y empezó a tratarme como su puto subordinado, y cuando me infló los huevos a base de cabestradas una detrás de otra, tiene suerte de que no sufriera un estado de enajenación mental transitoria y me presentase en su nuevo hogar con un bidón de gasolina y una cerilla) ya no hay nada que hacer. Para mí si este tipo de actitudes no vienen respaldadas por una buena explicación, no hay ni disculpa posible ni putas hostias. Menos aún cuando la socia a la que conocías desde hacía casi dos años resulta que, lejos de apoyarte, se va con la otra persona, la apoya incondicionalmente y viene a soltarte la misma mierda, pero con otras formas... pero para el caso, la mierda es mierda y sigue oliendo aunque la disfraces.
El imbécil fui yo por verlo tan tarde.
En resumen, que me habían echado de mi propio grupo. Del grupo que yo mismo creé, levanté y por el que peleé muy duro durante cuatro putos años de mi vida. Mandé un último mail de convocatoria para la que sería la última reunión a la que asistiese, informando que ya no me verían más por ahí. Di las explicaciones que consideré oportuno (es decir, que me negaba por completo a convertir el grupo de intercambio en un negocio, porque esa jamás fue mi idea) y que las circunstancias (= los dos tíos que me acababan de echar a patadas) me obligaban a buscarme la vida por mi cuenta.
Es curioso cómo reacciona la gente: pudiendo no decir nada, me llegaron varias respuestas, diciéndome que mi salida no había podido ser más elegante o que no hay nada en esta vida como ser fiel a los principios de uno. Cosas con las que estoy de acuerdo, no te digo yo que no. Otra cosa es que yo necesitase más hechos que palabras de apoyo. Quizás lo más doloroso es que, pudiendo haberse callado, muchos se ofrecieron a venir conmigo al grupo de intercambio que yo crease a continuación. Que ya estaríamos en contacto.
Si alguno de vosotros ha recibido algún mail de esta gente que iba dirigido a mí, por favor, hacédmelo saber. Porque a mí, unos tres o cuatro años después de aquello, no me ha llegado nadie de aquellos preguntándome absolutamente nada más. Como mucho, una colega, que tenía buena intención, pero el asunto no llegó a nada más. Cosas que pasan.

No deja de ser curioso además ver cómo gente que en su día decía que no se fiaba del americano ni muerto,después de haber escuchado de labios de más de uno las palabras "oportunista" o "jeta", esos mismos que lo ponían a parir demostraron tal coherencia como para convertirse en asiduos del local de este pavo. Yo pasé de ser una persona "cabal" a convertirme, de la noche a la mañana, en "rencoroso".
Tócate los cojones.
Igual eso es por lo que al final no me molesté demasiado en buscar nuevos estudiantes de intercambio. Creo que al final me acabé aburriendo de la idea de tener que recrear, una vez más, mi grupo desde las cenizas y acabé por buscarme (o reencontrarme con) otras actividades.
Estas actitudes que me encontré, por parte de los que me rodearon en esa época, es la clase de cosas que me demuestran que las palabras se las lleva el viento y que la gente, en general, puede prometerte el oro y el moro, pero al final la mayoría a lo que va es al sol que más calienta. En el caso menos malo, a su puta bola. Pero pocos, muy pocos, son de mantener su palabra.
Ni que decir tiene, por supuesto, que me han sugerido que vuelva al grupo de intercambio de este tipo alguna vez. No él, ni mi antigua socia, por supuesto, porque ambos saben a dónde podría mandarlos con todos los gastos pagados si se dirigieran a mí con esa propuesta. Me lo han sugerido estos mismos que dicen que soy una persona rencorosa por no bailarle el agua al personaje que se pegó varios meses sin descansar hasta deshacerse de mí. De tomar una idea y reformarla (o deformarla) a su antojo, por cojones y sin importarle que otros estuviésemos antes.
Aplastando.
Pisoteando.
Luego lo ves por la calle y va sonriente por ahí, el tío. Poniendo cara de buen chaval.

Tendrás hasta de lo que tendrás que reírte, máquina.
Y estarás hasta orgulloso de ir como vas por la vida.


Y qué queréis que os diga: lo mismo es que soy un rencoroso por no poner buena cara a gente que me ha dado la patada porque le ha salido de los mismísimos cojones. A gente que me ha tratado con la punta del pie, que se ha puesto medallitas cuando las cosas han salido bien y que me han puesto de culpable cuando las cosas han salido mal. Pero yo con esa gente no puedo. Ni puedo ni quiero. Me meo en lo de poner la otra mejilla, en el karma y en su puta madre. Llamadme cruel si queréis, no me importa... pero si me entero que a estos los empapelan por tener un local ilegal, o de que la cosa llega a un punto en que no pueden mantenerla y el Capitán América se queda viviendo en la puta calle, no pienso lamentarlo, ni sentir pena ni decir que pobrecito.
No es que me vaya a alegrar. O no demasiado, para ser honestos.
Pero tampoco me va a importar.
En lo más mínimo.

jueves, 11 de julio de 2013

Escupiendo Rabia- El derecho inalienable de sobar tetas




Lo he dicho una y mil veces. Nuestra sociedad, la sobrevaloradísima sociedad occidental, no es tan superior a esas "culturas inferiores" como se cree. No en el sentido de que si cogemos el trato a la mujer en cualquier país de A Tomar Por Culo, nos rasgamos las vestiduras cuando vemos violaciones en grupo, lapidaciones y demás. Y sí, están MAL y no seré yo el que defienda ese tipo de salvajadas.
Lo que me mata de todo esto es que nosotros, esos Occidentales tan guais, que presumimos de igualdad y cuarenta mil mierdas, en realidad no somos demasiado mejores. Igual algunas burradas no las tenemos institucionalizadas (véase el caso de la lapidación), pero eso tampoco nos confiere una superioridad moral ni por forro.
En lo que sí somos superiores es en eso de la hipocresía. Se nos llena la boca día sí y día también diciendo que nosotros respetamos a la mujer, que si pitos que si flautas, y luego pasa lo que ha pasado en los últimos Sanfermines o en otros casos anteriores (y no tan sonados) de los que me he ido enterando estos días. Una chica se emborracha, enseña las tetas (o se le salen, que también puede pasar) y ya hay cuarenta subnormales (porque otro nombre no tienen) que se abalanzan sobre ella como si no hubieran visto una mujer en su vida o como si fueran más cabestros que los cabestros que están encerrando por allí arriba.
Pero luego somos todos de lo más respetuosos y cuando vemos alguna burrada como las de la India, nos echamos las manos a la cabeza, mire usted por dónde. Porque violar a una chica que coge un autobús de noche y meterle los dedos en ciertas partes a otra que está borracha son hechos completamente diferentes. Lo primero no tiene perdón de Dios y lo segundo, como se ha hecho en el interior de nuestras fronteras, no es tan grave. No nos parece tan horrible a muchos de nosotros. Porque, para muchos, eso sucede en fiesta. En fiesta, todo vale. Lo que pasa en la fiesta, en la fiesta se queda. Ji, ji, ja, ja y aquí no ha pasado nada. El alcohol, la música, todo daba vueltas...

O podemos decir que sí, que en realidad es algo espantoso. Yo, al menos, lo pienso... Pero echemos un vistazo a la mentalidad del homo hispanicus de a pie, sea hombre o mujer. Ese que tiene el nivel mental de un extra de El Planeta de los Simios, ese que es del de decir que un ladrón que ha robado en la tienda de al lado "También tiene derecho a ganarse la vida" (no me lo invento, eso lo he escuchado yo alguna vez) o que "Más roban los políticos", como si con esos mantras el chorizo en cuestión ya estuviese exhonerado. Como si por el hecho de que haya alguien peor ya está libre de toda culpa.
Esa especie de mastuerzo mental que, en el momento en que una muchacha va medio enseñando el culo por la calle, suelta lindezas tan sutiles, tan respetuosas, tan lógicas y respetables como "Mira la muy guarra cómo viste, luego se quejará si la violan". Cosas tan hermosas como "La muy puta es que va pidiendo a gritos que la empotren". "Esa fulana lo que va es pidiendo guerra".
Dicho de otro modo, que una vez más (como ya he comentado alguna vez en este blog), lo que hacemos es justificar una agresión por medio de desvirtuar y rebajar a la víctima. Eso tiene tanto sentido como si yo voy con una camiseta de los AC/DC y me mata un fan desquiciado por los Metallica y alguien dice que me lo iba buscando. Que iba provocando a los metaleros por llevar una camiseta que los incita a matarme.

"¡Estaba en mi derecho de matarlo a guitarrazo limpio! ¡Si es que no se nos puede ir provocando de esa manera!"

Igual exagero. De verdad me gustaría estar equivocado; os juro que me encantaría que alguien me demostrase que no pensamos así, pero me temo que la experiencia me indica lo contrario. Cuando salía con mis amigas extranjeras, que eran lo más encantador que ha parido madre, éstas vestían como les daba la puta gana: si un día querían ir con escote, lo llevaban y si no pues no. No dejaba de ser alucinante cómo los amigos españoles y yo que íbamos con ellas veíamos las actitudes de nuestros compatriotas en baretos y no podíamos sino sentir vergüenza ajena. No hablo, lógicamente, de situaciones tan desagradables como las descritas arriba... pero tampoco os vayáis a creer que la cosa fuera una balsa de aceite. No en vano tuvimos que soportar auténticas legiones de capullos que rodeaban a las chicas en plan horda de hienas, llegando casi casi al punto de intimidar. Que si una quería ir al baño, poco le faltaba tener que sacar una escopeta porque los tíos ni las dejaban respirar, ni moverse ni leches. Toda la santa noche dando por culo, sin querer darse cuenta de que sobraban.
De llegar a presenciar (y casi tener que intervenir) cuando un tío intenta meterle boca a una chica (al menos dos veces y por cojones) que no tenía absolutamente ninguna intención de mojar esa noche. Y no es que me lo invente, la chica en cuestión tenía novio y que fuese extranjera no quiere decir que fuese una casquivana, como muchos se piensan.
"Claro, han venido a España a beber como cosacas y follar como cerdas".
"Si es que salen a la calle pidiendo guerra".

"Si las enseñan es señal indiscutible de que podemos tocar, porque la que enseña, al hacerlo, no tiene ni voz ni voto. Se expone a que se las toquen".
Y esto nos tiene que parecer lógico y razonable.
Por putos huevos.


Pero claro, es que luego te encuentras la actitud del machito ibérico y te tienes que morder la lengua para no acabar a guantazos limpios una puta noche que vas a salir a divertirte. Cosas del tipo "Si la tía tiene derecho a enseñar, el mismo derecho tengo yo a tocarla (quiera ella o no)". "Si en el fondo todas estas lo que quieren es comerse un buen rabo (sea el mío o no)". Mil cosas más.
De estar bailando con otra amiga, también con novio (por lo general, la mitad de las que conocí estaban emparejadas) y de tener media docena de gilipollas integrales que no te han visto en tu puta vida, que ni te conocen ni leches en vinagre, increpándote para que te enrolles con ella, como una panda de putos simios. De pedirte explicaciones acerca de por qué no lo haces, como si tuvieses algo que demostrar.

Porque la misión de todo hombre, según los típicos machitos de mierda, es la de follarse a toda tía buena que se les ponga por delante. Algunos de estos machitos son tan hijos de la grandísima puta que ni siquiera cuentan con el hecho de que la tía quiera. Según este planteamiento tan hombre, tan varonil, basta con meterle un par de vasos de sangría por delante, que las muy guarras se bajan las bragas a la más mínima.
Y te lo tienes que creer.
Te tiene que parecer bien.

Pero ojo, que pongo el caso de las extranjeras porque es el más evidente... pero no quiere decir que estas pedazo de burradas tengan lugar solo con ellas, ni mucho menos. Toma cualquier espectáculo de masas, toma cualquier chavala que considere que mostrar el cuerpo no es algo ni horrible ni pecaminoso, y aparecerán un puñado de desgraciados que, sin los cojones suficientes para llevarse a una tía al catre por méritos propios, harán de las suyas. Manoseos y demás burradas que no le harían a sus madres. Pero como es una tía buena (y, según el criterio de más de uno, una guarra y además medio tontita), no pasa nada: pista libre para sobar. Si está borracha, el gilipollas eres tú por no aprovecharte.
Muy valientes todos, muy hombres.
Muy machos.
Vuestras madres estarán tela de orgullosas al contemplar la clase de tumores con patas que han sacado de su útero. Seguro que se corren de gusto al escuchar cómo reivindicáis vuestro derecho a sobar borrachas solo por el mero hecho de que se les ve el culo bajo la falda.

Algunos ven algo como esto y en vez de quedarse flipando (lo que vendría siendo lo normal), se lo toman directamente como una invitación. Porque todo el mundo sabe que un culo al aire significa "Ven y soba".
Más claro el agua, dónde va a parar. Estos anormales en el fondo son expertos en semiótica y los demás sin saberlo.


Esta es la clase de cosas que me hacen pensar que no somos un país tan progresista como presume. A veces pienso que vivimos en una sociedad tirando a medieval, donde el cuerpo humano genera ese doble sentimiento: por un lado, el deseo (algo obvio, ya que las hormonas tiran) y por otro el concepto de pecado. El cuerpo humano, cuando se muestra, para muchos, se ve horrible y no físicamente hablando. Hablo de forma moral: enseñas tu cuerpo y eres una persona sucia, pecaminosa. Algunos todavía parece que tienen la sangre de Torquemada corriendo por sus venas y se comportan como si su Santa Polla fuese la Herramienta Sagrada que devuelve las ovejas descarriadas al redil.
La mujer como Origen de Todo Mal, que debe ser sometida como se merece. Esa parece ser la idea subyacente en este tipo de justificaciones.
Para entendernos, es a pollazo limpio como se somete a una zorra, esa es la mentalidad. Y luego se argumenta (si es que se puede llamar argumento) con barbaridades del tipo de que en el fondo lo van deseando. Claro que sí, es ver a un gilipollas y a cualquier criatura con chumino entre las patas se le hace el ídem agua, dónde va a parar.

Supongo que por eso me tengo que reír, cuando luego preguntas por la calle y TODO EL PUTO MUNDO está concienciadísimo de eso de la igualdad de género, a todo el mundo le parece fatal que se maltrate mujeres y algunos hasta ponen velitas por cada mujer asesinada. No deja de ser curioso pensar que, muchos de esos de los que se rasgan las vestiduras en pro de la igualdad, de esos a los que se les llena la boca con los derechos de las mujeres y demás historias, luego vean a una moza de buen ver y empiecen con los comentarios. Que si tiene las tetas operadas, sinónimo de guarra, así. Por sistema y sin vaselina. Que si va por ahí sin sujetador, marcándolo todo, zorrón verbenero. Que si lleva una falda demasiado corta, para que se la metan con mayor facilidad. Que si esa tía es una lagarta, que si tal que si cual.
Porque toda tía buena (o medio buena, que algunos ya ni siquiera hacen distinción) parece dispuesta a que el primer payaso con el que se crucen les meta mano y lo que no sea la mano. Como si una mujer no tuviese ni capacidad de decisión, ni voluntad ni gusto alguno.
Porque según estos, toda mujer con una sexualidad activa es una furcia. Toda mujer que disfruta del sexo es una ninfómana. Una mujer que no tiene pareja estable pero que puede permitirse acostarse con quien quiera y cuando quiera es una casquivana. Una mujer que no vive acomplejada por su cuerpo, una exhibicionista. Si está soltera o divorciada, significa disponible y con ganas de marcha. Si no, con insistir basta. Porque no hay agujero al que no se pueda entrar insistiendo un poco, dicen estos genios de las artes amatorias. El que la sigue la consigue, aunque eso signifique acoso y derribo. Intimidación. Amenaza física. Porque dicen que no, pero en el fondo significa sí, es el lema de estos mierdas.
Y esto, para muchos, es "lo normal". Lo de todos los días. Y ojo, no solo hombres. Hay cada vez más mujeres que se hacen eco de esta concepción machista de la mujer y arremeten contra otras mujeres con este tipo de argumentos día sí y día también. No en vano, pensad en el típico insulto que una mujer suele usar para hablar despectivamente de otra: "Puta", "Guarra" y demás. Lo llevamos, como sociedad, insertado ya en el ADN.

"¡Se le ha visto un pezón! ¡A por ella!"


Echemos un vistazo de nuevo al concepto de la relación hombres y mujeres. Para muchos, una sonrisa es una insinuación sexual. Hablar con alguien ya es sinónimo de "Estoy húmeda y caliente, metémela hasta partirme por la mitad". Todo signo es interpretado como una apertura de patas en toda regla, ya que un hombre y una mujer, según el machito soplapollas de poca monta, no pueden ni ser amigos, ni hablar de una forma civilizada ni hostias en vinagre. Todo enfocado a meter la polla, disfrute la tía o no.
Y si da la puta casualidad de que la tía no está por la labor, resulta que es culpa de ella. Que es una estrecha, una calientabraguetas y una guarra que solo quería poner cachondo al machito. Él, por supuesto, no es ningún imbécil, no: la negativa se la toman siempre como una ofensa personal, como si fuese un insulto rechazar su salami. Porque toda mujer debe estar dispuesta a mojar la almeja nada más verle y a satisfacerle en cuanto él diga "Ven". Obedece y serás una putita; no obedezcas y serás una hija de puta. Una frígida. Una estrecha. Una cerda a la que no se han follado como se merece.

Sí, amigos Distópicos. Puede que los países no occidentales todavía tengan mucho camino por recorrer en eso de la igualdad de derechos y en el papel de la mujer, no digo yo que no. Pero también digo que nosotros, dadas las circunstancias y considerando nuestra actitud en según qué casos, tampoco es que estemos como para darles lecciones de moral a nadie. No a menos que seamos incapaces de mirar nuestro pálido ombliguito y sigamos pensando en ese halo de superioridad que nos creemos que tenemos. No a menos que neguemos lo hipócritas que somos y nos demos cuenta de que ser mujer, en muchos aspectos, también es algo muy jodido en el mundo occidental.
Pero si se me pide mi opinión, para mí el próximo que venga justificando una barbaridad de este calibre y luego ponga el grito en el cielo por cualquier criatura a la que han tumbado en vete a saber qué país, para mí va a perder todo el respeto como persona. Su criterio me va a parecer emponzoñado. Su cerebro, lleno de mierda. Probablemente ese desgraciado, que no tiene otro nombre, pedirá respeto para sí mismo. El respeto que no siente por una víctima al justificar a sus agresores.
Pues a ese lo va a respetar su puta madre.

domingo, 7 de julio de 2013

Escupiendo Rabia- Los Mentalistas o, No sabes nada, Jon Nieve




Hace cosa de unos... tres años o así, conocí a un fulano en mi grupo de intercambio de idiomas. Uno de esos illuminati que, sin preguntarte acerca de tu experiencia sobre algo, vienen dándote lecciones. De los que aseguran venirte con ideas brillantes acerca de cómo mejorar tu proyecto y de cómo convertir una iniciativa personal en un negocio engrasado y listo para ganar más pasta que el puto Rockefeller. Ni que decir tiene que, por lo general, a mí el tema económico me viene muy bien... pero, en según qué cosas, es algo secundario. Este caso, por ejemplo, es bastante claro. Cerca de cuatro años al frente del grupo y ni se me había pasado por la cabeza cobrarle un duro a la gente que, con el tiempo, se acabarían convirtiendo en buenos amigos. Ya he hablado de ellos en posts previos y creo que queda clara mi relación con muchos de ellos, no me extenderé en este punto.
En lo que sí me extenderé un poco más es en el hecho de que, una vez el pavo se hubo instalado en la gestión de mi grupo (camelándose a mi socia por aquel entonces), empezó a atacarme a mí personalmente, esgrimiendo argumentos tales como que a mí me daba miedo apañármelas con un grupo grande; según él, yo estaba acostumbrado a "grupos pequeñitos" y algo mayor como que me costaba.
Este tío no leyó mi artículo sobre las noches con el grupo de intercambio, por lo que se ve. De hecho, este tío no me conoció en esa etapa. Es más, no me llegó a conocer en absoluto... pero se permitió el lujo, en un correo bastante carente de educación (no exagero, el tío no decía ni hola), de hacerme una evaluación psicológica bastante profunda, ahondando en lo que él consideraba mis miedos más profundos, mis fobias y demás.
Tan solo porque manifesté que no me hacía ni puta gracia cobrarle a la gente por un servicio mutuo (al fin y al cabo, nosotros enseñábamos español... pero es que los extranjeros nos enseñaban inglés y unos cuantos idiomas más).
Expresa tu opinión acerca de UN TEMA y sométete a juicio sobre TU PERSONA.

"Sus opiniones acerca de la última peli de Superman dejan claro que es usted un imbécil, un ignorante y un hijo de puta. Se le condena a ver El Padrino hasta que se le caigan los ojos".


No es el único, ni el último. Algún tiempo después, estuve escribiéndome con otro chaval, de estos que viven según los lemas de la Revolución. De esos tan chulis que se aprenden una consigna y la cacarean a voz en pecho, aunque luego te pongas a hablar con ellos y no sepan argumentarla o bien no tengan mucha idea siquiera de qué hostias están defendiendo (lo viví personalmente con este, que me hablaba en plan profético, de una Revolución social que cambiaría el mundo y que haría que todo fuese mejor, con unicornios de colorines y pajaritos cantando). Le preguntas, le cuestionas sus argumentos (porque no los terminas de ver claros, o simplemente porque no comulgas con ellos) y la respuesta es...
Sí, amigos Distópicos.
El ataque personal.
Este genio en concreto, se permitió el lujo de decir que, por el mero hecho de no ver tan claros los principios ultrarrevolucionarios, ultraliberales y antisistema que él destilaba por todos los poros de su idealista anatomía, yo hablaba desde la soberbia. Según él, yo no estaba de acuerdo porque lo mío es llevar la contra de forma sistemática y porque me tengo que sentir diferente a los demás.
Luego, si yo le digo a ese tío que le vaya a hacer un análisis psicológico a su puta madre soy yo el que queda de maleducado... pero joder, es que empiezan a tocar ya los huevos de una manera que ni os lo imagináis. Por lo que se ve, aquí cualquiera tiene derecho a opinar, y hasta aquí todos de acuerdo. Pero claro, parece ser que eso de la opinión es la panacea; que ese derecho nos reviste de una especie de halo personal que nos permite coger y entrar a valorar personalmente a alguien a quien no conocemos. A alguien que lo único que ha hecho es expresar su opinión acerca de ALGO, no acerca de ALGUIEN. Mucho menos, de ti. Casi me echo a reír cuando el pavo, después de haberle señalado que estaba entrando en valoraciones personales, me dice que es que mis opiniones acerca de Su Credo Personal le estaban afectando y que se sentía tan identificado con lo que yo estaba cuestionando que veía justificado atacar a mi persona.
El que no justifica sus carencias, desde luego, es porque no quiere.

Generalmente, esa persona que hace la valoración personal no suele ser alguien cercano. De hecho, ni siquiera suelen ser amigos. Todo lo más, conocidos o gente que no tiene ni zorra ni quién eres, ni lo que sabes del tema. Pongo el caso de una señora que un día tuvo los santísimos ovarios de decir que yo no tengo ni puta idea de cine (que igual es verdad, igual no, pero es que ella no lo sabía) porque, para variar, me gustó el remake de Pesadilla en Elm Street. Tócate los cojones, yo intentando argumentar mi posición (que luego me llaman beligerante y radical, pero si mis posts son largos es por la puta casualidad de que me gusta dar ejemplos y argumentos de lo que hablo; luego os los creéis o no, pero ha quedado claro una y mil veces que a mí la política del "Esto es así porque lo digo yo y mandan mis santos cojones" como que conmigo no va) y va la buena señora y me suelta esto:

- Si hay algo que me revienta son los jóvenes que hablan sobre algo sin tener ni la menor idea de lo que hablan. Yo he visto muchas películas de terror y la original es buenísima.

"No sabes nada, Jon Nieve".


Dos cojones los de la señora.
Mi respuesta, en un día en que estaba ya hasta la peineta de tanto personajillo ejerciendo su derecho a menospreciar tu criterio y hacer menos argumentaciones acerca de nada que un troll de las cavernas, fue algo similar a esto:

- En primer lugar, tú no sabes quién soy. No me conoces y no hemos hablado jamás antes ¿Quién te ha dicho a ti que soy joven? En segundo lugar, te estás dedicando a menoscabar mi experiencia con el cine de terror, basándote en que has visto "Muchas películas", que no sé cuántas son exactamente... pero no me has preguntado en ningún momento CUÁNTAS he visto yo. Tampoco me has preguntado lo que yo puedo saber de cine, ya que podría haber hecho un doctorado sobre ello [de hecho, lo tengo, sobre adaptaciones modernas de obras literarias... lo que incluye análisis de una obra cinematográfica] y tú sin saberlo. Así que, para hablar de lo que no se sabe, igual eres tú la primera que tendría que hacer un examen de conciencia.


Ni que decir tiene que la señora se metió la lengua en el ojete y no me volvió a hablar en toda la conversación. No es que contase como batalla ganada, había dos o tres que me estaban viniendo con el argumento de "En base a tu opinión sobre UNA película ya queda claro que no tienes ni idea".

Y es que, de verdad... esta gentuza empieza ya a cansarme de una manera que me cuesta expresar. Algunos de ellos, y espero que lean esto que escribo, han tenido los huevazos de entrar en valoraciones hacia mi persona única y exclusivamente por lo que han leído en este blog y por algunos comentarios más (dos o tres, no os vayáis a pensar que se han leído mis Obras Completas) que he hecho por otras vías. No deja de ser gracioso, ya que en una conversación puedo ser lo más bestia que ha parido madre, lo reconozco y no se me caen los anillos a la hora de admitirlo. Pero cuando discuto con alguien acerca de algún tema, JAMÁS (y podéis comprobarlo si queréis) me veréis coger y entrar en valoraciones personales hacia la persona con la que estoy hablando solo porque esa persona y yo no estemos de acuerdo. Puedo discutir, argumentar, ironizar, cuestionar o denunciar lo que creo que se hace mal al respecto de algún tema de una forma más o menos apasionada (si hay gente que se da por aludida no es mi puto problema, pero tampoco me veréis ni dar nombres, ya que acusar a personas no es mi objetivo, sino denunciar hechos. El que vea otra cosa ve lo que quiere ver), más o menos beligerante o más o menos cínica.
Pero no me veréis en mi puta vida de decirle a nadie "Tú eres un radical", "Tú eres un ignorante", como sí más de uno ha hecho conmigo, permitiéndose un lujo de tres pares de pollas. Supongo que porque, a diferencia de mucha gente, yo sí trazo la línea entre argumentar sobre algo y atacar o insultar a otra persona. Es una línea clara, no os vayáis a creer... pero a muchos les gusta cruzarla porque les sale del cerete.

"¡Adelante, chicos, entremos en el terreno personal!"


Esto, quiero que quede muy muy claro, no lo digo (como se me ha acusado unas pocas de veces) desde la soberbia. No tengo por qué justificarme, pero la gente que medio se molesta en conocerme sabe que no existe persona más autocrítica y más dura consigo misma que un servidor. No hace falta ni que os fiéis de mi palabra: preguntad por ahí a los que tengo cerca o a los que tratan conmigo y medio me conocen y a ver qué os dicen.
Lo digo porque estoy harto ya. Estoy muy cansado de que aquí el primer mongolo al que le salgan cuatro pelos en las ingles se ponga de buenas a primeras la batita de psiquiatra y venga a hacer evaluaciones sobre mi persona porque "Tiene derecho a opinar". Si quiero un puto psicoanálisis, como le dije a un señor que se pensó que por ser mayor que yo se podía permitir todo un abuso de confianza sin conocerme prácticamente de nada, me busco a un puto profesional y no a un mentalista de poca monta que se cree Freud por estar leyendo lo que escribo. Porque algunos son lo bastante gilipollas (y sí, aquí sí entro en una valoración personal, para que esos genios vean lo que escuece) como para pensarse que TODO lo que aquí escribo es la verdad. Que toda puta palabra expresa un pensamiento que se corresponde con mi forma de ser las veinticuatro horas del día. Que leer tres o cuatro artículos de los míos ya os puede dar un norte de la clase de persona que soy. A ninguno de estos analistas de medio pelo se le ha ocurrido pensar que podría estar fingiendo o exagerando mis artículos, o bien que podría estar usando un tono narrativo concreto. Es mucho más fácil que de cualquier agujero surja una horda de payasos que se crean que lo que digo es cierto. Que soy así. Que vivo cabreado.
Y eso que me duele la boca de escribir en este blog que la gente debería pensar por sí misma, y sacar sus propias conclusiones en base a aquello que pueden argumentar. Que la intuición, la impresión, los pálpitos y demás parafernalia de mercachifle no sirven.

Por si alguno no se ha enterado o no se ha querido enterar (a veces tengo la impresión de que aquí la gente solo lee de mí lo que le interesa), también escribo ficción y alguna vez la subo en este blog. La sección El Gusano Interior, por ejemplo, es una prueba de ello. Partiendo de esa base que muchos usan para juzgarme, me pregunto qué dirán acerca de mi persona si leen los fragmentos de una novela escrita por mí.
Porque todavía hay algunos que se piensan que la mano y la creación son una cosa total, indivisible e intransferible. Es decir, que si escribo sobre un asesino en serie soy homicida en potencia, si escribo desde el punto de vista de una mujer soy transexual y si escribo sobre un neonazi es porque soy de extrema derecha.
Muy lógico todo.


Hay que ser mongolo.
La cosa es que sí, que digo lo que pienso. Cuando tengo las ideas claras acerca de algo, las expreso tal y como creo que son, y me la sopla que lo que suelto no sea lo que mola o lo que queráis oír. Lo hago, a diferencia de muchos cagados de la vida y de muchos cobardes que no tienen las pelotas para hacerlo y que se dedican a regalarle los oídos al mundo, o (más alucinante aún) a sí mismos. ¿Y qué? ¿Es que os pensáis que me creo superior por eso? Por favor. Para mí esto no es una cuestión de superioridad, porque forma parte de mi naturaleza. Yo no puedo maquillar lo que creo que es la verdad porque no sé. Ni sé ni me interesa aprender.
Decir que mi sentido crítico proviene de la soberbia es como decir que me creyese superior por tener los ojos marrones o que tengo cinco dedos en cada mano, panda de tontos del culo.

Pero antes de irme por esa línea, la cuestión que quiero resaltar es justo esa. La misma que he usado en el párrafo que hay justo arriba para ilustrar lo que quiero decir: hoy en día, en el momento en que alguien se queda sin argumentos, lo que hace es entrar en el juicio de valor. En el insulto barato. En trazar la línea que he dicho antes, la de hablar de un tema y la de coger y juzgar a alguien. No sé qué decir para defender mi tesis, ataco al contrario y le digo que es un ignorante, un soberbio, que habla desde el resentimiento. Que es un ogro, que bebe lejía, que sacrifica niños a Satán. Que escucha al puto Justin Bieber.
No deja de ser irónico, que todo el mundo ahora sepa analizar la mentalidad del contrario, sin estudios básicos sobre psicología, psiquiatría o incluso sin tener mucho don de gentes. Veo algo, me parece que es así y me siento con el derecho de coger y juzgar a la otra persona. Pero oiga, el de al lado es un ignorante. Yo no. El de al lado no está en posesión de la verdad, pero yo sí. No deja de descojonarme cómo esos seres, la mitad de las veces, además de la batita de psiquiatra y lanzar sus diagnósticos a cascoporro, luego pregonan cosas como la humildad o la sencillez ("Yo es que cuando no sé acerca de algo, no hablo"... Pues estás hablando sobre MÍ y no me conoces) y demás.
Eso de "En mi modesta opinión" es lo que se suele emplear la mitad de las veces para demostrar a continuación que tu opinión, ni es tan modesta, ni tan abierta de miras como presumes.
Ahora todos somos el puto Sócrates, no te jode.



O el puto Patrick Jane, que te ve tirándote un pedo y, por la forma de disimularlo, sabe que papá te pegaba con la correa cuando eras pequeño.


Lo más gracioso de todo es que seguramente habrá palurdos que, al leer estas líneas, se pensarán que estoy cabreadísimo. Claro, ven lo de "Escupiendo Rabia" y se piensan que cada vez que añado algún post en esta sección es porque estoy conteniéndome para no salir a la calle y liarme a escopetazos. Dos palabritas en la etiqueta de la sección y el personal se monta su película. Algunos hasta me piden que justifique mi estado de ánimo una vez han leído mis artículos, como si tuviera que dar explicaciones no acerca de lo que digo (en muchas ocasiones es necesario, porque hay algo que igual no he explicado bien), sino acerca de mi forma de ser, de pensar, de ver la vida. Como si a vosotros, pequeños vigilantes, pequeños jueces, os importase una puta mierda.
Pero quiero que penséis en ello. Alguien que escribe, en cierto sentido, es un mentiroso. Yo digo lo que pienso, o al menos eso es lo que digo (vosotros ya sacáis las conclusiones que queráis, como siempre), pero... ¿De verdad sois tan ingenuos como para pensar que aquí voy a poner mis pensamientos más íntimos? ¿Mis miedos más profundos? ¿Mis traumas personales? Entonces, si tan maduros sois, si sois gente tan instruida, tan leída y con tanto mundo a las espaldas como decís y vuestra respuesta es "No"... ¿Por qué coño seguís insistiendo en hacerme una evaluación psiquiátrica?
Anda, Mentalistas, sacaos el título y aprended a hacer un diagnóstico profesional. Haced algo con vuestra vida y, si a mí me sale de las pelotas, iré a que me evaluéis con consulta previa. Pero a mí no me vengáis a predicar sobre mi ignorancia porque ni me habéis preguntado cuánto sé realmente sobre algo (lo cual es de ser cínicos), ni os he pedido vuestra puta opinión (lo cual es de tener la educación algo perdida) y porque, seamos honestos, me importa una mierda pinchada en un palo lo que penséis.