miércoles, 19 de junio de 2013

Escupiendo Rabia- Lo que ningún gobernante diría (pero nos gustaría que hiciese)




"Estimados señores del FMI. Del BCE. Estimada canciller:

Hablando en representación del estado español, me dirijo a ustedes con la idea de exponer el sentimiento generalizado hacia la situación que estamos viviendo, y en especial hacia la gestión que está llevando la Unión Europea al respecto.
Yo me cago en vuestra puta madre.
Por lo general pediría disculpas por el lenguaje garrotero, pero qué coño; este país lleva ya demasiados años aguantando mamarrachadas y gilipolleces de su camarilla de hijos de puta y no nos han hecho ni puto caso. Y cuando lo han hecho ha sido para jodernos de lo lindo: para ponerlos el pie en el cogote, meternos el rabo por el culo hasta que nos salga por los orificios de la nariz y luego para cagarse en nuestra cara.
El estado español, por si no se han enterado, caballeros de baja estofa, está hasta los mismísimos cojones de vosotros. De vuestro sueño de una Europa más a vuestra medida. De vuestras recomendaciones que... venga, vamos a dejarnos de gilipolleces. Vosotros sois los reyes del eufemismo y donde decís que recomendáis nos estáis metiéndonos órdenes unilaterales con calzador. Cipotazos sin vaselina uno detrás de otro.
¿Y todo este despliegue de mierda que nos claváis por el pescuezo? ¿Esto para qué vale? Porque se supone que vuestras "recomendaciones" deberían sacarnos de la crisis y fíjate lo que tenemos: nos cortáis toda puta salida industrial que podríamos tener al tiempo que os enriquecéis, usureros hijos de madre mal follada. No hemos tenido la mejor gestión, eso es fácil admitirlo viendo cómo andamos de corrupción y de mamonadas, pero ojo, que vosotros no sois la polla en verso tampoco. También habéis tenido la vuestra, y fíjate tú, a vosotros nosotros os hemos perdonado las deudas. De no ser por eso a ver dónde coño andaríais. Sí, vosotros, que ahora nos veis como vuestros putos sirvientes. Que nos tratáis con la punta del pie, con esa desconfianza y esa condescendencia, como si tuviésemos que daros gracias por existir.
Enteraos de una puta vez, payasos de mierda: sois lo que sois porque estáis expoliando a todo bicho viviente. Vuestra tecnología proviene de las mentes de nuestros investigadores. Esos investigadores a los que estáis jodiendo la vida en nuestro país, obligándonos a recortar en investigación.
Vuestros médicos, cada día más, están viniendo de nuestros hogares, porque estáis presionando a nuestro país a recortar en sanidad. Vosotros, germanos y vosotros, escoria del FMI.

Imagen cursi para tomar aliento.


Nos tenéis hasta los mismísimos huevos ya con vuestros estudios paridos por un mono retrasado, donde los datos sobre España no pueden ser peores, se haga lo que se haga. Y mira tú por dónde, qué casualidad, que lo que hace España es seguir vuestros dictados al dedillo. Y cada vez que metéis la zarpa en un país (no sólo España, mirad todo el puto Mediterráneo) lo mandáis a tomar por culo. Y pretendéis que os tomemos en serio. Pretendéis que os respetemos.
Es que no se puede ser más gilipollas.
La cagáis en Grecia y no aceptáis vuestra responsabilidad. Aquí nadie la ha cagado, pero los griegos, míralos tú, cada día más jodidos. Pero claro, a vosotros os da igual porque habéis encontrado el modo de beneficiaros de que un país se vaya al carajo.
Si luego Chipre va detrás, pues que se jodan.
Que se joda Italia.
Que se joda Portugal, la cual ahora anda con unos recortes educativos de tres pares de cojones y hace unos meses decíais que eran "el ejemplo a seguir para los países de Europa". Quitaos las máscaras de una puta vez, cabrones de mierda: decid que lo que queréis es que la Europa mediterránea sea vuestra puta esclava, para que cuando os vayáis de putas os salgan tan baratas como en el Tercer Mundo, pero os coja todo más a mano.

Y es que debe ser la leche ser tan guai como vosotros, con esa política del embudo, esa visión unilateral del mundo, donde todo Cristo os tiene que rendir cuentas ante cualquier fallo, pero vosotros os meáis sobre aquellos a los que jodéis deliberadamente. Y no solo los jodéis, sino que los aplastáis, les sacáis todo su dinero. Obligáis a otros países a que se gestionen como vosotros digáis, bajo las condiciones que imponéis. Por cojones, ni recomendaciones ni sugerencias ni putas hostias.

Mientras vosotros os pajeáis de gusto, enriqueciéndoos, en nuestro país, en MI país, la gente las está pasando putas. Tenemos cada día más gente que está pasando hambre y que está comiendo gracias a la caridad y vosotros decís que vivimos demasiado bien. Gente explotada por cuatro perras, estirando un sueldo de mierda para que una familia (con suerte) pueda salir adelante y decís que el español no rinde lo suficiente y que tiene demasiados privilegios. Que se trabajan pocas horas y que se cobra demasiado. Qué cojones más gordos tenéis para decir eso, cabrones. Pero qué gordos que los tenéis. La gente joven (y ya cada vez, menos joven) se las está viendo y deseando para poder encontrar un trabajo, ya no decente, sino un trabajo a secas. Y vosotros, desde arriba, jugando al puto Risk, y diciéndole a tal o cual gobierno (porque le habéis metido la mano por el culo a los que hemos tenido desde hace ya casi una década, si no más) en qué debe recortar. Imponiendo reformas laborales que nos llevan de vuelta al puto s.XIX, donde teníamos que dar las gracias si el amo no nos pegaba por no estar 20 horas currando como desgraciaos. Y cada vez que nos forzáis a imponer una reforma, la gente se cabrea antes de hundirse... pero lo más triste es que no basta con que la aceptemos, porque luego alguno de vuestros amigos, esos hijos de puta de las agencias de especulación o cualquiera de vosotros mismos, saldrá con que "España no genera suficiente confianza" y volvemos a empezar: os sacaréis un listado de la manga donde TODO lo que hagamos será inferior a cualquier cosa que caguéis. Europa mirará con malos ojos cualquier cosa que salga de los Pirineos para abajo y nos meteréis de nuevo, por pelotas, la puta austeridad con la que os la estáis meneando.
Obligándonos a subir impuestos, recortar en derechos básicos y a tener unas condiciones de trabajo antediluvianas, así se hace, cabronazos. Así se genera una masa ingente de esclavos que os chupen las botas y se pasen toda la puta vida ganando cuatro perras que tendrán que invertir para pagar vuestros caprichitos de niños gordos que juegan a las casitas. Nos habláis de una deuda que engorda día a día porque a vosotros se os pone en los cojones: ya no es que sea imposible que alcancemos a pagarla, sino es que ya es imposible que podamos siquiera pensarlo, porque cambiáis las condiciones del juego en el momento en que os aburrís. Sois los putos matones del colegio que, no contentos con robarnos el bocadillo, obligáis a nuestras madres a que se endeuden en la panadería de por vida. Y cuando os aburráis de comer jamón ibérico, no pasa nada, a joder a otro. Pero eso sí, tendremos que seguir pagando.

Otra imagen moñas para descansar.


No, no nos vengáis con esa mierda de construir una Europa plural y que pueda crear una economía fuerte y competitiva, que ya nos conocemos la milonga. Estamos ya más que quemados de mentiras descaradas y de que nos tratéis como si fuéramos idiotas: aquí a lo que habéis venido ha sido a confirmaros como potencia unos, a sacar tajada otros y a joder al prójimo todos. Nos vendéis la milonga, pero no habéis hecho una puta mierda por Europa; nada que no hayáis hecho en beneficio propio y machacando a los demás por medio. Así vais a crear una Unión fuerte por los cojones.
Un puto Imperio es lo que estáis creando, y nosotros ya estamos hartos. No, no sé con qué nos habéis estado amenazando durante tantos años. Sé que tiene que ser algo gordo, porque de lo contrario, ya habríamos dicho antes que no vamos a pagar vuestra deuda. Podríamos haber dicho, junto con media Unión que nos largamos de la Comunidad Económica Europea, del euro y de cualquier gilipollez que tenga la banderita con las estrellas.
Ni lo sé ni me importa. España ha llegado al punto en que está tan harta de vosotros y de vuestro monopolio, de vuestro expolio y de todas vuestras mentiras en que ya nos la sopla todo. Antes de pagar vuestra puta deuda inalcanzable, hemos decidido que vamos a sacar a nuestro país en adelante. Vuestra "ayuda" os la metéis por el culo, que falta os va a hacer cuando veáis que la pasta contante y sonante que tanto esperábais os la va a largar vuestra puta madre follando a cuatro patas. Nosotros somos el chaval debilucho del patio que ahora se ha levantado, se ha hartado de amenazas y os grita en la puta cara: ¿Ahora que, nos vais a pegar?

Porque se ve que con amenazas sois de lo más valiente. Lanzando informes fantasma que apenas os habéis leído, diciendo que en España somos vagos, incultos e inútiles, tenéis una polla de kilo. Pero luego, cuando esa Raza Inferior os dé la espalda y diga que ya no piensa ser más vuestra esclava, a ver si os ponéis igual de gallitos, panda de chulos de piscina. Cuando a vosotros, gentuza del FMI, se os diga por dónde os podéis meter las recomendaciones y os echemos a patadas cuando nos digáis cómo tenemos que gestionar nuestro país (porque España, a día de hoy, no le está diciendo a nadie cómo debe gestionarse... y me pregunto qué pasaría si lo hiciera, qué reacciones habría), de verdad, me pregunto si seréis tan valientes.
Tenéis que enteraros de una cosa, y es que tenéis tanto poder como todos los demás queremos que tengáis. Hemos estado obedeciendo vuestras órdenes porque pensábamos que así se mejorarían las cosas, pero ya habéis demostrado que o bien tenéis la inteligencia de una puta ameba y nos mandáis informes erróneos, o bien sois más listos que el hambre y nos mandáis informes falsos. En cualquiera de ambos casos, es España quien no confía en vosotros. Es España quien, a partir de ahora, se va a pasar por el ojo del culo lo que nos digáis, porque también tenemos economistas. También tenemos expertos. Y, por muy Inferior que sea la Raza Hispana (o eso nos habéis estado haciendo creer durante siglos), ahora le vamos a echar cojones al asunto y vamos a dejar de seguiros el juego. A ver quién resiste más.
Sí, con amenazas sois de lo más valiente. Pero ahora que os estamos plantando cara, ahora que os estamos diciendo que España, por primera vez en mucho tiempo, no piensa rendirse ante vuestro imperio de chupasangres y follaculos de ducha de talego, vamos a ver si sois tan valientes. A ver si tenéis esos huevos que se supone que tenéis y lleváis esas amenazas a la práctica. Y a ver si no nos sigue ningún otro país que también esté hasta los cojones de vosotros, que somos ya unos cuantos.

Dicho esto, señora Canciller, señores del FMI y demás payasos, ya saben dónde tienen la puerta. Ordenadamente y en fila, les 'recomiendo' que se vayan a tomar por culo".

domingo, 16 de junio de 2013

Mondo Chorra- Sobre opiniones y culos




No es la primera vez que en una conversación, sea del tema que sea, he acabado oyendo la frase "Las opiniones son como los culos: cada uno tiene la suya". No importa el tema, esto acaba apareciendo como un mantra omniversal que viene a sentar cátedra y zanjar cualquier discusión.
No puedo estar más de acuerdo.
Es cierto que todos tenemos una opinión del mismo modo que tenemos un culo, pero ojo (u ojete), amigos Distópicos: hay culos y culos y no todos son iguales, ni de lejos.

No es lo mismo tener un culo bien formado, ejercitado y tonificado que uno fofo y anquilosado. Al igual que las opiniones, hay culos que van por ahí limpios y pulcros y otros que chorrean mierda como la puta Fontana de Trevi. Hay gente que más que un ano, lo que tiene es un caño expendedor de detritus que anda al borde del prolapso. Sueltan un poco más de mierda y acaban cagando las tripas.

Hay culos flexibles y adaptables a cualquier asiento. De esos culos que puedes colocar en cualquier parte que parecen ergonómicamente diseñados para caber donde quieras; hay culos rígidos que se coloquen donde se coloquen, dan... Dan...
Permitidme la redundancia, pero sí: dan por culo.

Culo tonificado, para que mis queridas Distópicas vean que las tengo muy presentes.

Y luego hay otros que JAMÁS pueden tomarse en serio. Más de los que nos creemos...



Podemos encontrar toda clase de culos de catadura moral; por ejemplo, nalgas de flexible abertura, que se dejan penetrar por cualquier cosa ajena que se les ponga por delante. Sin escocerse y sin una puñetera almorrana. Puede entrar un transatlántico que no pasa nada. Otros, en cambio, son más de mantenerse cerrados ante según qué cosas y permitir la intrusión de aquellos que consideren dignos.

Hay culos de revista, que da gusto verlos a causa de su impecable formación. Esa clase de gluteus maximus que no te cansas de ver. Que te aportan algo. Que hacen que tu vida sea más completa. Hay culos que son vulgares, comunes e incluso anodinos. Olvidables en toda regla.

Y luego hay cosas que parecen culos y no son más que limones agrios, cargados de ácido y sin mucho que aportar.
Ejemplo de culo memorable, para que los Distópicos varones tampoco se sientan discriminados.



Algunos culos se tatúan, de forma que su aspecto queda enmascarado por la moda, pero que en el fondo no dejan de ser el mismo culo de siempre. Otros tienen un aspecto algo más intemporal, pero no por ello menos agradables a la vista. Algunos culos son frágiles y cambian de dirección conforme les lleve el viento. Otros, algo más pesados, ya pueden sufrir la caída del puto meteoro de Armageddon que ahí están, imperturbables.

Panderos con espinillas, cual acné juvenil, que demuestran que todavía queda mucho por recorrer. Otros muestran arrugas, señal de la experiencia. Ortos que al peerse retumban, sentando cátedra, incontestables. Buyarengues que lanzan una tímida trompetilla, casi temerosos de ser ahogados por todo el orfeón rectal.
Hay ojetes peludos, que no dejan entrever su interior, y cachetes inmaculados, que son casi transparentes.
Posaderas cuadriculadas, casi cúbicas. Otras, redondeadas, como limadas por el tiempo. Mofletes de la rabadilla esponjosos, que parecen absorber todo cuanto captan alrededor. Traseros memorables que pasarán a la historia, bien por grandes, bien por épicos. Traseros miserables, irrisorios y ridículos.
Existen culos que jamás se repetirán; otros, en cambio, son comunes, corrientes. De los de a un céntimo la docena.

A veces, los culos quedan al aire, y no por voluntad propia.
Sí, amigos: el outing existe también en Mundoculo.
Otros culos simplemente emergen en un momento puntual, como el monstruo del Lago Ness y no se les vuelve a ver jamás de los jamases.
Otros son irreales e increibles, pero algunos darían el alma por ellos.



Culos fuertes, rozando lo agresivo, capaces de romper un kilo de nueces con sus músculos. Otros son blandos y manipulables, que se dejan sobar por el primero que pasa. Hay culos que serán recordados por lo que son, por sus formas y su contenido. Otros, en cambio, sólo lo serán por su dueño, ya que en el fondo estarán tan repletos de mierda como el de cualquier hijo de vecino. Culos libertarios, que se pasean por ahí al fresco, sin ataduras. Pompis que necesitan pañales para no mostrar al mundo la suciedad que llevan en su interior.


No es la primera vez que dos grandes culos se enfrentan. El resultado puede ser impredecible.
Culos enrojecidos. Probad a hablar de política con gente muy acérrima de cualquier causa, la que sea.
O entrad en un foro de fandom.
Algunos culos, de hecho, enrojecen tanto, que ya empiezan a oler a quemado...



Y, pese a tan larga catalogación de culos, da la puta casualidad de que todos tienen varias cosas en común: la primera es la obvia, que es que todos tenemos uno, aunque a veces parezcamos tener varios; no nos engañemos, un culo que se disfraza jamás deja de ser el mismo culo. Otra cosa es que lo parezca.
La segunda cosa común es que, por mucho que giremos el cuello y por muy flexibles que digamos ser, jamás podemos ver nuestro propio culo en una posición normal y son los demás los que lo miran. Bien con admiración, envidia, asco u odio.
Tres, podemos revestir nuestro culo de lo que queramos. Puede ser todo lo bonito que nos parezca, pero principalmente va a valer para dos cosas: para sentarse y para cagar. Y si extrapolamos todo esto al fantástico y aparentemente intocable mundo de la opinión, nos daremos cuenta de que decir "Esto yo lo he dicho como mi opinión", en muchos casos debe ser revisado. Porque igual nuestro culo no es más que eso: un fantástico y redondeado orificio por el que sale mierda. Mierda amarillenta, oleaginosa y llena de grumos con el único objetivo de ser lanzada a chorro limpio sobre el fulano que tenemos justo al lado. Presumiremos de que es nuestra opinión y puede que hasta argumentemos que estamos haciendo un favor al pobre desgraciado sobre el que nos estamos cagando. Podemos decir que sí, que es que estamos sacando lo más hondo que llevamos en nuestro interior y lo estamos compartiendo con él, pero quitémonos la venda de los ojos (u ojetes, que a veces no distinguimos unos de otro): nuestra mierda huele. Nuestra mierda da asco. Y por mucho que digamos ser, por muy superiores que nos creamos, a nadie le va a hacer ni puta gracia que lo zurramos en mierda.

Culos que no tienen miedo de mostrarse en público, para que todo el mundo sea testigo de ellos.

Los hay hasta postizos, que fingimos que son los nuestros, pero que en el fondo no son más que un patético intento de quedar guai ante el mundo.



Así que, recordadlo cuando estéis sentado en el trono pariendo, ya sea ideas o simples zurullos (a veces ambas cosas son sinónimas, pero el que esté libre de pecado que arroje la primera mierda). Todos tenemos un culo y todos nos creemos con el derecho de usarlo. Y ciertamente, ese derecho es nuestro; pero ese derecho a expulsar deyecciones como si no hubiera un mañana acaba justo en el derecho a la dignidad del culo ajeno. Cuando saquéis vuestros culos a pasear, procurad no cagaros sobre el vecino, ya que lo mismo su mierda huele peor que la vuestra y lo mismo os la estampan en plena jeta.

domingo, 9 de junio de 2013

Tebeos en Vena- Comics, los Puto Imprescindibles de Rumbo a la Distopía, Cuarta Parte




Si habéis sido de esos valientes que han sobrevivido a las anteriores entregas de los Puto Imprescindibles, enhorabuena. Ya podéis decir que vuestro nivel de resistencia a cosas alucinantes está aumentando. Ya que veo que, bien es eso, o bien es que os estáis volviendo masoquistas, no os preocupéis: llegamos ya al último post hasta la fecha con esta temática.

Ya ni me molesto en contarlos las premisas de estos artículos que he ido publicando a lo largo de estas semanas. Si sois buenos Distópicos, cuento con que los hayáis leído previamente. ¡Si no, pues no seáis vagos y poneos a ello, coñe, que no cuesta tanto!

Y con esto, arrancamos:




19. Spiderman: La Muerte de Gwen Stacy, de Gerry Conway y Gil Kane:

Muchos de los cómics que he reseñado, por no decir la mayoría, corresponden bien a novelas gráficas, colecciones, series limitadas o sagas. Este que comento aquí, sin embargo, es una excepción. El número correspondiente a la serie Amazing Spiderman americana abarca tan solo dos numeritos, los 121 y 122. En estos, se pone fin a la que sería la segunda relación del Trepamuros de Marvel, de una forma cuanto menos drástica.
Ante esto tengo que decir que Spiderman nunca ha sido uno de mis héroes favoritos de toda la vida. Interesante a veces (nunca me oiréis decir nada malo de la etapa de John Romita Sr. en el apartado gráfico) y muy prescindible otras (véase la etapa de Ross Andru, con villanos tan risibles como el Rocket Racer o la Gran Rueda, que pasan al Olimpo de Personajes del Cómic Más Ridículos Que Ha Parido Madre), es un personaje que siempre ha gozado de gran simpatía entre el público. Para mí ha sido más bien una relación amor-odio: por un lado me he sentido identificado con el chaval que anda sin pelas y que tiene que buscarse la vida como sea para salir del hoyo, pero por otro su condescendencia y su "humor" a la hora de enfundarse el traje rojo y azul más de una vez me han hecho desear que aparezca Thor y le meta el Mjolnir por el culo, a ver si así se calla de una puta vez. No me cae tan mal como la Antorcha Humana (para eso hay que comer muchos Bollicaos), pero tampoco es que me haga flipar de la emoción este tío.
Sin embargo, cuando me decidí a seguir la colección que reeditaba su etapa clásica, lo tuve muy claro: sabía que ese The Day Gwen Stacy Died era un Puto Imprescindible. Y qué coño, era la etapa clásica. Los putos años 60. Había que trincarse todo aquello.
Puedo decir que Spiderman, en general, tiene una etapa clásica que, pese a no casar con mis gustos es bastante aceptable. La etapa de Steve Ditko, su primer dibujante, no es santo de mi devoción, mejorando a mi parecer mucho cuando entra Romita. Para la entrada de Gil Kane puede decirse que hemos llegado ya a lo más alto, quedándose como colofón esta Muerte de Gwen Stacy. De ahí que, si tenga que quedarme con algo de la serie, sea justo con esto. El dibujo está a la altura de un guión sobrio, sin textos burdos y sin gilipolleces. La cosa además queda rematada con la batalla final entre Spiderman y el asesino de su novia, el Duende Verde original.

Lo Mejor: La forma trágica de despedir al personaje de Gwen Stacy. Sin aspavientos ni idioteces. El tono sobrio de la historia en general. Spiderman, para variar, se deja de chistes y de historias y nos muestra un lado serio, casi oscuro. Frases como la que enmarca el final de la batalla contra el Duende Verde son de las que se quedan en la memoria. El dibujo de Gil Kane, dotado de buenos encuadres y muy correcto en cuanto a dramatismo.
Lo Peor: A partir de aquí, la serie empieza a caer en un declive que ni la entrada del Castigador, ocho números despúes, consigue remontar tras lo ya visto.
Escenas Puto Memorables: Spiderman sosteniendo el cuerpo de Gwen Stacy y jurando venganza. Casi puedes ver su rabia bajo la máscara.

20. Green Arrow:




Green Arrow/ Green Lantern, de Denny O'Neil y Neal Adams.

Si os habéis hecho fans de la serie Arrow y andáis buscando material comiquero con el que conocer mejor al personaje, tengo que deciros que la cosa anda algo floja. Fláccida, si os digo. El cazador urbano creado por DC anda en horas un poco bajas en nuestro país; al no contar con un título regular propio en la actualidad tras Flashpoint (las únicas referencias a las que, a día de hoy, puedo llegar son a las de New 52 y poco más), y al no estar reeditándose material anterior tras la pérdida de derechos de DC por parte de Planeta, queda esperar a que alguien (ejem, ejem) le dé el punto y se ponga las pilas.
De este personaje, por ahora, puedo citar dos puntos bastante imprescindibles, a falta de leerme la etapa de Kevin Smith, de la que todo bicho viviente me ha hablado maravillas y que nunca he podido pillarme por cuestiones económicas. La primera es una especie de buddie comic que el amigo Ollie se montó con Green Lantern allá por los 70, resultando uno de los cómics más interesantes de la época. Y es que este GA/GL no era un cómic al uso, donde un par de fulanos en pijama se daban de hostias con otro fulano en pijama o contra algún bicharraco intergaláctico, ni mucho menos. O'Neil decidió que eso estaba ya más visto que el tebeo (valga la redundancia) y se curró algo que fuese diferente a lo que ya había. Fue por eso por lo que mezcló al Green Lantern de la Edad de Plata (una especie de marioneta de los Guardianes de OA, en plan "ellos ordenan y yo mando") con Green Arrow, cuya mentalidad roza lo anarquista. Ambos emprenden una especie de viaje de aprendizaje en la que las experiencias vividas, a menudo referentes a problemas sociales más que aventuras en sí mismas, aportarán algo a cada uno.
De esta etapa, quizás el momento más interesante es la alusión al tema de las drogas, donde descubrimos que Speedy, el compañero de Green Arrow se mete caballo intravenoso. Sin maniquísmos ni idioteces, el tema es tratado con sobriedad, sin ponerte a Speedy como un idiota y sin aleccionamientos por parte de Green Arrow. Tan solo una profunda sensación de culpa y plantearse qué es lo que ha podido hacer mal para que las cosas acaben saliendo así.

Lo Mejor: Explorar temas sociales en un cómic, lo que da una sensación de profundidad, más allá del clásico pim-pam-pum. El dibujo de Neal Adams, quizás uno de los dibujantes norteamericanos más influyentes de su época.
Lo Peor: Que te lo hayas pillado en la edición Absolute que publicó Planeta. Deberían haber incluido una póliza por posible fractura de esternón o corte de circulación a causa de manejar semejante mamotreto.
Escenas Puto Memorables: Speedy hablando sobre las drogas y lanzando pildorazos a diestro y siniestro a la generación previa, que sermoneaba a la posterior, con sermones cargados de mentiras. Y luego, como postre, la discusión que tiene con Green Arrow.




Green Arrow: El Cazador Acecha, de Mike Grell.

En un post anterior estuve hablando de ese cataclismo que sufrió el mundo del cómic tras Watchmen, a causa del cual los superhéroes se vieron obligados a dar un giro y limar los blancos y negros que caracterizaban sus historias. A partir de ahora, los personajes serían más oscuros y los villanos tendrían más mala leche que antaño. No siempre habría amenazas extraterrestres o planes malvados, sino que entrarían temas algo más sórdidos como el contrabando de drogas (ya visto en los 70, como he comentado arriba, pero más detallado en profundidad), la aparición de la CIA y demás detalles más noir.
El Green Arrow de Mike Grell puede ser un buen ejemplo de esta tendencia. Aquí se nos mostraban ya unos finales años ochenta, algo más salvajes y despiadados que etapas previas. Eran los últimos coletazos de la era Reagan y la antesala de la era Bush, que no se caracterizaron precisamente por ser tiempos de jolgorio padre. Oliver Quinn, por ejemplo, se muda de su Star City original a un entorno realista, como es Seattle. Empieza buscando a un asesino de prostitutas pero, más adelante, se ve envuelto, como el que no quiere la cosa, en historias de bandas y gentuza que anda metida en temas de drogas, así como una lucha contra una misteriosa arquera de origen asiático. Junto a él, Canario Negro, que al participar en la operación, resulta gravemente herida tras unas pocas de horas de tortura. Como resultado, perdió su poder de grito sónico y la posibilidad de tener hijos. En algunos artículos he llegado a leer que fue violada durante la tortura, pero el propio Mike Grell lo ha desmentido en alguna ocasión. También se le ha llegado a acusar de promover la violencia contra las mujeres por esta escena y cuarenta mil gilipolleces más de gente que parece que todavía no se ha enterado de que mostrar algo en una historia ficticia y promoverlo son dos cosas muy diferentes.

Lo Mejor: El tono serio y sórdido de la historia. El realismo de Mike Grell sirve como complemento a esta narración. Mostrarte héroes humanos, imperfectos y capaces de cometer errores.
Lo Peor: Para muchos, el nuevo uniforme que muestra aquí Green Arrow, más oscuro y chungo, les echa un poco para atrás. Toda la parafernalia ideológica que se ha podido montar ante una historia que, lejos de promover algo, casi más bien da la impresión de que lo denuncia.
Escenas Puto Memorables: La susodicha escena de Canario Negro hecha un Cristo colgando de una pared es, como poco, de las que impactan.

21. Mark Millar:

Mark Millar no entraría dentro de mi Olimpo de los mejores guionistas de cómic que he conocido jamás, pero tampoco puedo decir que sea malo. Más de la última hornada y muy consciente de los males que asolan al mundo, tiene mucha costumbre de denunciarlos en sus obras. Pongo por ejemplo el caso de The Ultimates, ya mencionada en un post previo, donde él se encargó, cuando ejerció como guionista de esta serie, de poner a parir a Estados Unidos y su guerra por el petróleo.



The Ultimates, de Mark Millar y Bryan Hitch:

The Ultimates no es una excepción a esto, y se opta por una recreación (o un reboot, si lo preferís) del origen de Los Vengadores, esta vez en un entorno más contemporáneo que el de los años 60 en los que empezó la serie original. Aquí encontramos detalles curiosos, tales como el cambio racial de algunos de los personajes, como en el caso de Nick Furia o la Avispa (negro y asiática, respectivamente) y constantes referencias al mundo contemporáneo (por ejemplo, a actores como Steve Buscemi o un cameo de Shannon Elizabeth). Esto en realidad no deja de ser un efectismo: se nota el intento de convertir a Los Vengadores en algo "Moderno", pero casi da la impresión de ser algo más de cara a la galería para que nadie diga "Jo, tío, esto está más pasao de fecha que los Milli Vanilli". Casi resulta más interesante ver la recreación en sí de algunos personajes de Marvel, algo más realistas tanto en estética como en poderes, que en su encarnación original. La secuenciación de la trama, algo menos simplista que en los sesenta, aquí tiene un toque casi de teoría de la conspiración, quedando los Vengadores a medio camino entre el superhéroe y una agencia al estilo CIA, lo que los hace algo más verosímiles.
En cuanto al dibujo de Bryan Hitch, correcto. Muy correcto. Proporcionado y bastante detallado, aunque para mi gusto no destaca en nada en concreto que le diferencie de cualquier dibujante decente de su generación. No veo un estilo que le haga marcar la diferencia, por lo que no me parece ni especialmente bueno ni especialmente malo.

Lo Mejor: Esa recreación de Los Vengadores, más creíbles y adultos que en su encarnación original. El ritmo es bastante trepidante y no decae prácticamente en ningún momento. Las subtramas en las que América quedan en entredicho, aunque rozan el panfletismo, son interesantes, ya que resulta raro ver cómo una franquicia mainstream puede cuestionar a su propio país. Este es un detalle que resulta, como poco, de agradecer.
Lo Peor: Esa especie de interés descarado por ser políticamente correcto con el tema racial (habiendo personajes afroamericanos de la talla de Pantera Negra, no sé a qué cojones viene cambiarle la raza a un personaje que viene existiendo desde hace décadas, o bien pudiendo crear nuevos personajes de raza negra o asiática, que tampoco sería reprochable si apareciesen en un nuevo universo como este). En algunos momentos pretende ser gracioso, como Hulk poniéndose furioso porque le han llamado "homosexual" (anda que no se ha podido buscar un término más políticamente correcto si se quería usar como insulto). El dibujo de Bryan Hitch, aunque correcto, personalmente no me dice absolutamente nada.
Momentos Puto Memorables: La recreación de la ruptura entre Hank Pym y su señora tiene un enfoque más valiente que en la versión original. O a medias: en la versión original apenas se había hecho algo así antes y hoy en día es más fácil verlo. Sin embargo, puede ser tan interesante o más lo que Betty Ross, poco después, dice al respecto del maltrato. Eso y la actuación del Capitán América, para aquellos que pensaban que era un mojigato con la bandera estampada en el pecho.



Kick-Ass, de Mark Millar y John Romita, Jr.

Cuando creíamos que habíamos visto ya de todo en el cómic y que no había manera de que se nos sorprendiese o se nos contase algo que estuviese ya más que trillado, llega aquí el Millar y dice "Agarraos los calzones/bragas (que también hay tías que le pegan al cómic), que vais a flipar". Con esto, el cabronazo coge y nos planta un universo realista, sin superpoderes ni mierdas, en el que los superhéroes no existen hasta la llegada de Kick-Ass.
Kick-Ass, como tal, tampoco se puede llamar superhéroe. No en el sentido convencional. Para entendernos, si los superhéroes fueran caballeros andantes, Kick-Ass sería El Quijote. No en vano hay episodios que recuerdan poderosamente a la obra de Cervantes, no sé si de forma casual o intencionada. Pero yo no pude evitar que se me encendieran ciertas luces cuando vi una escena del protagonista quemando sus cómics tras una primera experiencia en las calles, como poco, desastrosa.
Y de esto parte precisamente Kick-Ass, de la pregunta "Con tantos cómics, películas y series sobre superhéroes, ¿por qué nadie ha pensado nunca en ponerse un disfraz y combatir el crimen?" Una idea alocada, pero también cargada de mucha frescura y con un fuerte componente metaliterario (las referencias a otros cómics, series o películas son constantes). Como nota característica que lo diferencia de los cómics más convencionales, este cómic no se corta un pelo en mostrar una violencia explícita que raya el gore. Los personajes son violentos, malhablados (incluso los niños, que no por ser niños son inocentes) y los malos son de todo menos gilipollas que babean con la boca abierta mientras aparece un superhéroe. Aquí hay mala leche. Pero mala de verdad.

Lo Mejor: La frescura de la serie, que se dedica a poner por tierra todos y cada uno de los tópicos de los cómics (y de algunas películas también). El concepto de Kick-Ass como antihéroe quijotesco, sin una motivación especial ni habilidades que le diferencien de cualquier hijo de vecino. Las constantes referencias al mundo ficticio para así anclarnos en un universo más realista. Villanos creíbles. Varios fantásticos giros argumentales, especialmente en los dos últimos tercios de la historia.
Lo Peor: Con toda esa frescura, va camino de convertirse en una franquicia que inspira de poca a escasa confianza. La violencia explícita puede echar para atrás a más de uno. La mezquindad de algunos personajes (especialmente niños y adolescentes civiles, no vinculados al trasfondo superheroico) resulta exagerada en algunos aspectos.
Escenas Puto Memorables: La primera aparición de Hit-Girl, pero muy especialmente, los giros argumentales del final, machacados y sodomizados por una adaptación al cine que ridiculiza una historia fresca y original para convertirla en una especie de parodia cutre y con un final de más visto y más sobado que las tetas de Pamela Anderson.

22. Alfonso Azpiri:




Lorna, de Alfonso Azpiri:

Si tengo que hablar de Azpiri, probablemente me quede corto a la hora de alabar su trabajo. Me cuesta ser objetivo con alguien que ha sido capaz de impactar tanto mi retina con una pintura, si bien no del todo realista (ni puta falta que hace, de eso se da cuenta uno a la hora de ver cualquier cómic o ilustración de su mano), sí con un acabado estético, detallado, brillante y, sobre todo, muy muy personal. Azpiri es un maestro, y lo digo en el estricto sentido de la palabra: es alguien de quien, si le pegas a eso de los lápices como un servidor, puedes aprender muchísimo (yo mismo me considero en fase de aprendizaje gracias a este tío). Ese predominio por las líneas curvas, ese dibujo limpio y rematado por unas coloridas acuarelas son la clase de cosas que es imposible que puedas pasar por alto.
Lorna es, con toda seguridad (junto a Mot, siguiente cómic en este apartado), uno de sus trabajos más memorables. Ciencia-ficción, erotismo y mucha diversión se funden en esta historia, presentando a la que quizás sea una de las heroínas (o antiheroínas, según se mire) más sensuales (y divertidas) del mundo del cómic occidental.
Por lo que a mí respecta, es justo esa combinación entre erotismo y comedia la que la convierte toda una fuente de inspiración para ciertos trabajos de índole personal que estoy realizando por estas fechas.

Lo Mejor: El impresionante diseño de Azpiri, ya no solo de la sensual y explosiva Lorna, sino de todas las criaturas, naves espaciales y decorados que encontramos a cada página. El colorido con acuarela, (que yo sepa) totalmente artesanal. El argumento, cargado de no pocos detalles absurdos y divertidos (especialmente en el primer arco argumental, Lorna y su Robot, éste en su versión primitiva, a tinta), junto a no pocas situaciones bastante descabelladas.
Lo Peor: Algunas de las historias sí pueden pecar de simples. Y, por supuesto, que a Planeta a día de hoy todavía no le ha salido de los cojones publicar lo que queda de la Edición Integral, tras casi dos años desde que el primero saliera a la venta. IMPERDONABLE.
Escenas Puto Memorables: Lorna lanzándose a un lago y descubriendo la clase de simpáticas criaturillas que allí habitan.



Mot, de Alfonso Azpiri y Nacho:

Si Lorna iba dirigida a un público algo más curtido y dispuesto a ver tetas, con Mot el tono era algo menos gamberro y más dirigido a todos los públicos. Nacho y Azpiri parten del concepto tradicional de Monstruo en el Armario y hacen una nueva versión donde el protagonista, para variar, no es un niño, sino un chaval ya entrando en la adolescencia. El monstruo, por su parte, no es una bestia estúpida o moñas, sino que aparenta tener una personalidad algo más compleja que lo que cabría esperar. En el apartado gráfico, pues la calidad que cabe esperar de Azpiri: más mundos extraños, viajes alucinantes y situaciones bastante divertidas, todos con ese peculiar estilo basado en un trazo limpio y curvilíneo y el apoyo de pintura con acuarelas (¿O acaso acrílico? Expertos en pintura, comentad por aquí, por favor)

Lo Mejor: Como pasase con Lorna, el impecable apartado visual y el guión, quizás algo menos erótico que la anterior, pero tan divertido o más, con un toque incluso entrañable.
Lo Peor: Si los adolescentes con gafitas no te caen bien, el protagonista de esta historia puede que no sea tu tipo.
Escenas Puto Memorables: Mot haciendo su primera aparición.



23. Sueños, de Terry Dodson y Denis-Pierre Filippi:

Terry Dodson es de esos dibujantes de reciente hornada que, a la par con Adam Hughes y unos pocos más, son capaces de dejarte flipando con una simple viñeta. Tíos que te plantan una ambientación elegante y de la que no te cansas de encontrar detalles.
Y sí, también dibujan mujeres muy sugerentes.
Sueños es un poco todo esto: una hermosa ambientación decimonónica, elementos que rozan el steam-punk, una línea argumental de aventuras oníricas y decorados tan detallados como exóticos. Un diseño de personajes que se puede definir como "correcto", sin grandes giros argumentales (o no al menos que sean de los de dejarnos con la boca abierta) y, en general, mucho entretenimiento.

Lo Mejor: El apartado visual, el uso del lenguaje. La técnica de "lápiz quemado", consistente en no entintar, sino en subir digitalmente los niveles de negro de un trazado a lápiz, dando un toque más "artesanal" al acabado (técnica que yo mismo estoy experimentando en mis últimos proyectos y que tengo que decir que me convence MUCHO). El colorido digital, suave y sin excesivos artificios.
Lo Peor: Un primer tomo bien narrado y entretenido da paso a un segundo tomo atropellado y con un final que no termina de convencerte, con alguna solución que parece sacada de la manga.
Escenas Puto Memorables: Ver la cara de pasmo que se le queda a Coraline cada vez que encuentra alguna cosa rara en su aventura.




24. Kingdom Come, de Mark Waid y Alex Ross:

No soy muy amigo de los Elseworlds (= Historia de algún personaje o personajes en un universo alternativo, que no se ajusta a la continuidad de una serie). De hecho, salvando el Parabola de Estela Plateada y el Regreso del Señor de la Noche de Frank Miller, las apariciones de este tipo de historias entre mis favoritos son tirando a escasillas.
El caso de Kingdom Come es otra de esas raras excepciones. Supongo que casi todo se debe a dos cosas: una, el apartado visual de Alex Ross, realista a más no poder (por lo que sé, el tío no es capaz de pintar un mojón si no lo ha visto antes en una foto) y las constantes referencias a hechos pasados a lo largo de la historia. Y es que Kingdom Come nos plantea una especie de futuro (o cuasi-futuro) alternativo, donde Superman es un vejete que anda retirado en un mundo que, sin lugar a dudas, hace tiempo que dejó de ser el que él conoció. Visto como una crítica al cómic de garras-cadenas-metralletas que tanto por culo dio en los años 90, muestra un mundo tomado por una nueva hornada de "superhéroes" chungos, de los de disparar primero y preguntar después. Un mundo que se ha vuelto más violento, más despiadado y, sobre todo, más absurdo, donde la lucha contra el crimen (o contra el mal, si se quiere) se ha convertido en una especie de juego entre críos superpoderosos que no tienen ni la menor idea de en qué consiste ser un héroe.
Ese tipo de actividades llevan a que el viejo Kal-El se enfunde el traje de nuevo y decida poner un poco de orden en la comunidad superheroica, acompañado de unos cuantos colegas de la vieja escuela. Al llevar a cabo esta idea se van produciendo otros acontecimientos que provocan que otro personaje surja de entre las sombras y se cuestione la moralidad de los actos de Superman. Hablo, cómo no, de Batman.
El resto es para leerlo.

Lo Mejor: El apartado visual de Ross es digno de alabanza. El guión de Waid, pese a no ser extremadamente elaborado, posee un buen ritmo y procura tocar todos los palos del Universo DC, lo que produce una enorme cantidad de guiños a montones de cosas que hemos visto en su línea convencional. La inmensa cantidad de detalles hace que, cuantas más veces lo leas, más cosas encuentres.
Lo Peor: Plantea un mundo algo pesimista, y la crítica que hace al cómic de los 90 (que a mí, en líneas generales me parece una puta mierda, pero no me veo con la superioridad moral de crear una serie que se dedique a despotricar contra él) igual se pasa de mordaz, porque da la impresión de que se mea en el trabajo de predecesores que, al fin y al cabo, la mitad de las veces seguían presiones editoriales. Que hasta que Planeta no decidiese sacar su edición Absolute y con escenas extras por 20 pavos el resto de los mortales nos hubiésemos gastado el doble en la edición de Norma, con unas cuantas páginas menos y sin ver las galerías de bocetos.
Escenas Puto Memorables: Batman, mirando al hueco donde hace un momento estaba Superman y diciendo "Ah, así que es esto lo que se siente".



25. El Espectro, de John Ostrander y Tom Mandrake.

Tanto como se ha puteado al cómic de los años noventa, da la puñetera casualidad de que lo que se suele putear es lo que más cantó en esa época, lo que no quiere decir TODO, ni mucho menos. Si bien el comiquero de pro tiene la costumbre de cagarse en la santa madre del rollo cadenas-garras-metralletas de Image y las chustas chungoides que tanto Marvel como DC hicieron de vez en cuando. Mira que nos acordamos hoy en día de mamarrachadas como La Canción del Verdugo de X-Men, o aquella cosa amorfa que resultó ser Knightquest de Batman, con aquella especie de Robocop con orejas de murciélago y qué rápido pasamos de auténticos Puto Imprescindibles de aquella época.
El Espectro que Ostrander y Mandrake crearon allá por 1992 es un claro ejemplo de ello. Es de esas series de DC que andaban un poco por tierra de nadie: demasiado adultas para la línea convencional, pero demasiado integradas en el Universo DC para formar parte del sello Vertigo... y sin embargo, de una calidad indiscutible.
Este personaje siempre había sido un poco complicado para DC, ya que contaba con la jodienda de ser, probablemente, la criatura más poderosa del Universo. La puta Ira de Dios, a ver cómo coño le plantas a eso una historia en que el protagonista no diga "No pasa nada, los mato a todos porque me sale de los huevos y a otra cosa". La idea, por tanto, era humanizarlo. Nada imposible, considerando que el Espectro tenía una parte humana (el detective Jim Corrigan) a la que estaba anclado. Partiendo de esa base, se empezó a crear una serie en la que se intentaba explicar, con bastante éxito, esas curiosas "subidas y bajadas" de poder que el personaje había tenido con el paso de los años a causa de tantos guionistas diferentes. Por el camino, temáticas algo más profundas y adultas, como es el caso del SIDA, la creencia en algo superior, o incluso el suicidio. Historias, como la de un asesino en serie bastante cafre o una especie de recreación de Qué Bello es Vivir junto a Michael Holt (el que se convertiría en el nuevo Mr. Terrific de la JSA) hacen de este cómic algo digno a tener en cuenta.
Y sí, se hizo durante los años 90.

Lo Mejor: El tratamiento del personaje y del trasfondo, más oscuro y menos maniqueo que lo de siempre. El Espectro puede ser un agente de Dios, pero es un hijoputa de cuidao que ni tiene piedad ni la conoce. Temáticas más adultas, tratadas con seriedad.
Lo Peor: Que no te guste el particular dibujo de Tom Mandrake.
Escenas Puto Memorables: "¡No-pongas-palabras-en-mi-boca!". Eso, y ver la calavera de la Muerte brillando en el ojo del Espectro y saber que alguien lo va a pasar jodidamente mal a continuación.




26. Starman, de James Robinson y varios autores:

Otro Puto Imprescindible parido en plenos años 90, y otra de esas series que no eran Vertigo... pero casi. Starman es mucho más que un cómic. Es la historia sobre un legado, sobre relaciones entre padres e hijos y, sobre todo, sobre aceptar una responsabilidad. No, no hablo de la manida y trillada responsabilidad que conllevan tus superpoderes o de ponerte un traje molón. Ser héroe no es eso y Robinson se caga en la superficialidad de esa idea. De lo que habla precisamente es de aceptar todo aquello que rodea a vivir en el mundo del heroísmo, prescindiendo de paso de artificios (como el caso del traje chillón). De asumir, de un modo trágico, que a veces lo que hicieron nuestros padres nos persigue y de enseñarnos que esas circunstancias no son necesariamente motivo de odio hacia ellos. Robinson no te dice "Ey, chaval, ser superhéroe es una chulada, ¿a qué esperas para ir por ahí salvando gente?"
Jack Knight, este nuevo Starman, no va por la vida con esa sonrisa condescendiente. No perdona a sus enemigos desde el púlpito de una superioridad moral. Si no mata a un enemigo es porque ha visto lo que es hacer eso y no le ha gustado. Porque sabe la carga que conlleva quitar una vida y la responsabilidad que ello supone. No se pone delante de nadie y le dice "Oiga, es que yo soy un superhéroe", porque la simple idea le viene grande. O le causa risa. Lo que prefieras.
No, Jack Knight lo hace porque tiene que hacerlo. Porque es su deber, le guste o no. Porque igual no hay nadie mejor capacitado o simplemente porque le ha tocado. Los motivos, los que queráis, hay unos pocos.
Este Starman es una serie que habla sobre el pasado y sobre el gusto por las cosas antiguas. Ese cierto regustillo vintage que Tony Harris, junto con unos cuantos más artistas de respetabilísimo nivel, son capaces de plasmar.
Y, por supuesto, este legado no puede ser menos si no se habla en la serie de todos aquellos que, a lo largo de las décadas, se han enfundado el traje de Starman o han llevado ese nombre. Toda una dinastía que viene a reunirse en una saga de proporciones cósmicas.

Lo Mejor: El concepto del nuevo Starman, fresco y con los pies en la tierra. La idea de legado, épica y entrañable a la vez. Todo ese sabor añejo, que hace que el lector acabe cogiéndole el gustillo a las radios de los años 50 y demás cacharros pasados de moda. El valor de Robinson y Harris para no andarse con tapujos a la hora de hablar de según qué cosas; no en vano fueron los primeros (o de los primeros) en mostrarnos un beso homosexual en una historia de DC. Vale que la sociedad haya cambiado y no sea lo mismo mostrar eso ahora que en los 60, pero hasta entonces casi nadie lo había hecho. Fueron ellos los que abrieron camino a los que vendrían detrás.
Lo Peor: Algunos arcos argumentales pueden parecer muy largos a lectores no muy acostumbrados a series así. Hay capítulos en los que Jack Knight apenas aparece, centrándose más en secundarios, como The Shade. También hay capítulos en que solo aparecen personajes hablando (por ejemplo, los especiales de "Charla con David", una constante en la serie) o historias secundarias centradas en la historia de Opal City. Si alguien está esperando que Starman salga en cada puto capítulo por cojones y arreando hostiazos, que espere sentado. Esta serie no es así. Para mí esto no entraría en "lo Peor", sino en "lo Mejor", pero me gusta advertir a aquellos que leen cómics solo para ver castañas.
Escenas Puto Memorables: Esa carta que Nash, hija de La Niebla original, envía a Jack Knight y contemplar su reacción al leerla.



27. JLI, de Keith Giffen, J.M.M, DeMatteis y varios autores:

Seguimos todavía en esa época confusa y revuelta que fueron los años noventa, y en series que se salían de ese batiburrillo de violencia absurda y de mastuerzos con los dientes apretados. En este caso, DC (la DC más mainstream, de hecho) nos recrea a la Liga de la Justicia en la que, con mucho, puede ser su encarnación más original y la favorita por muchos.
Tras los acontecimientos que tuvieron lugar en la macrosaga Legends, descubrimos que se empieza a gestar una nueva alineación del grupo más importante del Universo DC: total, la versión que habíamos visto hasta entonces (aquella con base en Detroit) tenía el carisma de una babucha sucia y los esfuerzos de un personaje con la solera del Detective Marciano no echaban los cojones para que la serie despuntase. A raíz de la disolución de semejante panda, se impone un cambio drástico y Keith Giffen decide que ese cambio no va a venir solo a causa de la alineación, sino del grupo en sí. De la serie. Del propio enfoque.
Es por eso por lo que encontramos una Liga de la Justicia con un tono paródico, llena de situaciones anecdóticas a cuál más absurda. Secundarios como G'Nort o el Esquiador Escarlata, que aportan un trasfondo, si cabe, más cómico que lo que se había venido viendo hasta la fecha. Aquí descubriremos personajes que cometen errores... y otros personajes que se los están recordando durante números y números. Situaciones que, en otro cómic tal vez podrían suponer todo un episodio trágico o sagas de proporciones cósmicas, complejas y cargadas de dramatismo... pero aquí son el vehículo para partirnos el pecho de la risa.
Una serie hecha con gracia y con cariño que, como sucedería a otras no menos dignas (hablo, por ejemplo, de Excalibur en Marvel, que no he comentado en estos posts porque SIGO ESPERANDO a que les dé por terminar de reeditar su etapa clásica), acabaría por perder el norte más adelante tras la marcha de su equipo creativo original y caer en manos de guionistas que no habían entendido lo que se quería hacer en un principio.

Lo Mejor: Olvidarte de los superhéroes como tíos complejos con máscara, el rollo melodramático y demás zarandajas ultracomplejas y meterte en diversión pura y dura, que abarca desde la miniserie Justice League y luego derivando en las dos series principales de esta línea: Justice League of America y Justice League of Europe. El equipo creativo, por el que pasarían artistas tan grandes como Kevin Maguire o Adam Hughes. El colofón a modo de resurgimiento (fallido, desgraciadamente) con miniseries como Formerly Known as Justice League y I can't believe it's not the Justice League.
Lo Peor: El apartado gráfico de Bart Sears en Justice League Europe, dibujante que no me parece especialmente acertado a la hora de caracterizar a la mitad del reparto (especialmente Power Girl, que parece un tío con los labios pintados y dos horrendas bombonas de butano en lugar de tetas). Que la serie acabase por perder el norte de la manera en que lo hizo, llegando a perder la gracia por completo en arcos argumentales como el que cruzaba con La Muerte de Superman. Que, pese a que se ha lanzado un título que intenta recuperar esta alineación, la cosa ya no pinte ser igual ni de lejos.
Escenas Puto Memorables: El ataque de los pingüinos mutantes con mala leche que atacan una base en la Antártida. Hilarante.




28. El Bruto, de Eric Powell: 

Cuando creías que ya lo habías visto todo, va el cachobestia de Eric Powell y te estampa El Bruto en los morros. Y dices tú, ¿esto no lo habías visto ya antes? Pues da la puta casualidad de que sí: esto es Troma, esto es serie- B de la de toda la vida, esto es pulp, esto son zombis y muchas cosas más. Y, como suelo decir, no es ser original lo que te convierte en un pedazo de autor, ni mucho menos: es coger lo que ya hay y darle un toque personal. Contarlo con gracia. Tener arte e ingenio a la hora de ponerle al espectador por delante algo que, en líneas generales, ignoraría a la primera. Eric Powell puede no ser mi dibujante favorito; no lo es, de hecho: no voy a decir que dibuje mal, ni mucho menos... pero no es un estilo que particularmente me asombre. Y sin embargo... joder, este tío sabe ambientar. Si hoy en día me tengo que imaginar una ciudad del más puro estilo serie-B, ahora ya lo que tengo dentro de la cabeza es el escenario que aparece en El Bruto.
Powell es un tío que, además, sabe jugar con lo que ya has visto a lo largo de toda tu vida: te coge cosas que te recordarían a La Mosca (pero la antigua) u hombres-lobo al más puro estilo Paul Naschy y te los coloca a todos en un bar tomándose unas birras. Peleas ilegales de Leprechauns. Vampiros moñas que no se pueden llevar más hostias precisamente por ese punto moñas que tienen. Zombis simpáticos con flores en el sombrero. Degenerados que no sabes si sus padres fueron hermanos o son el eslabón perdido entre el hombre y el troll. Femmes fatales. Marcianos. Científicos locos. Primos chungos de Solomon Kane, solo que más feos y que tienen la puta costumbre de dormir en el tronco de un árbol. Monos asesinos.
Y puedo seguir, pero prefiero que todo eso lo veáis vosotros y os metáis esta serie entre pecho y espalda.

Lo Mejor: Juerga y diversión garantizada. Un trasfondo sin complicaciones. Argumentos frescos y muy entretenidos. Personajes carismáticos y muy graciosos. El colorido es la bomba.
Lo Peor: Si este tipo de temática no te va, la serie en conjunto se te puede hacer repetitiva.
Escenas Puto Memorables: "¡Toma pinchazo en el ojo!"




29. Deadman, de Mike Baron y Kelley Jones:

Ya he hablado de Starman y el Espectro como esas series de los 90 a medio camino entre DC y Vertigo. Quizás uno de sus antecesores más inmediatos sea precisamente esta etapa de Deadman, llevada a cabo por Baron y Jones, poco después precisamente de que el sello Vertigo apareciese. Aquí se puede ver un personaje creado allá por finales de los sesenta, que aquí vuelve a la carga con una serie de corte más intimista. Menos castañas de las habituales y sobre todo, una honda sensación de desazón y soledad son dos de los puntales que caracterizan esta etapa. Love After Death nos narra la historia de un amor imposible entre el fantasma más carismático del universo DC y otra chica muerta en un siniestro entorno cirquense; a esta miniserie sigue Exorcism, continuación directa del final de la miniserie anterior, donde además veremos elementos mágicos y sobrenaturales, como es el caso del vudú. En el apartado gráfico, un Kelley Jones que redefine a Deadman como lo que es: un fantasma. Un hombre pálido, de aspecto esquelético y con unas expresiones faciales que le asemejan más a una pobre alma en pena que a un héroe. La ambientación, pese a que deforma muchísimos elementos, resulta paradójicamente realista, quizás por ese uso de los claroscuros y por esa elección de una paleta de colores sobria y apagada.
Historias tétricas, a la par que hermosas.

Lo Mejor: La ambientación y el tono nostálgico que emana cada palabra escrita por Baron. La expresividad de los rostros, generalmente caracterizados por un intenso sombreado en las cuencas de los ojos, que provoca el efecto de que anden en penumbra la mayor parte del tiempo.
Lo Peor: Es una lectura hermosa, pero no necesariamente alegre. Si sois de lágrima fácil, advertidos quedáis al leer esto. Algunas partes de Exorcismus flaquean un poco en el dibujo, perdiendo parte de uniformidad.
Escenas Puto Memorables: El final de Love After Death. Si no se os encoge el corazón al leerlo, estáis más muertos que Deadman.




Y por fin, esperando que no os hayáis vuelto más chalados que el Joker, terminamos el cuarto post con lo más clásico que me he tragado para poder recomendároslo. Eso, como ya dije, no quiere decir que no haya otros clásicos ahí fuera. Putos Imprescindibles que sigo buscando y cazando, cuando los Sagrados Señores de las Editoriales tienen a bien reeditarlos. O bien Obrazas Maestras de las de Cagarte Vivo que estoy leyendo aún o que iré pillándome cuando la pasta me lo permita. Pero si encuentro más material que poder reunir, no lo dudéis. Ya sabéis dónde encontrarlo.
Espero que con todo esto, aquellos que anduvieseis un poco perdido en esto de las viñetas hayáis conseguido un poco de orientación y que mis indicaciones (siempre subjetivas) os hayan servido para algo.
¡Seguiremos informando!

lunes, 3 de junio de 2013

Tebeos en Vena- Comics, los Puto Imprescindibles de Rumbo a la Distopía, segunda parte




Impresionado que me hallo con la acogida que tuvo el primer artículo que escribí sobre esta lista de cómics. Como veo que algunos de vosotros, queridos Distópicos, os habéis quedado con ganas de más, va a tocar ir preparando la segunda parte. Aquí encontraréis un poco más de material que, por razones de espacio y saturación mental, no coloqué en el anterior.

Permitidme que insista en el hecho de que esto NO es un ranking y en que los cómics que salen aquí en caso alguno son la típica lista de mierda de "Esto es lo que todo comiquero debe leer so pena de ser un pringao de mierda". Más bien es la lista de los que a mí me ha parecido que no deben faltar en cualquier biblioteca, pero en absoluto se quiere hacer aquí apología de elitismo friki. De hecho, como ya comenté, hay muchos cómics que sigo leyendo y buscando y que no aparecen en esta lista por razones de honestidad. Si queréis, tomad esta lista como las recomendaciones que yo, como persona humanoide (o supuestamente humanoide), os hago con mi mejor intención. Más allá de eso, que cada uno haga de su capa un sayo.

Una vez vuelto a explicar esto, nos ponemos manos a la obra, que hay mucho material que comentar:




8. The Authority:

A mediados de los 80, como ya hemos visto, apareció Alan Moore (sí, ese señor barbudo, greñudo, ojeroso y con cara de raro) y parió Watchmen, que vino a suponer una evolución de lo que viene siendo el cómic de superhéroes. A lo largo de la década siguiente, aparecería el rollo garras-cadenas-metralletas, donde el superhéroe sería básicamente un mastuerzo cyborg con mala leche y dientes apretados. Esto se fue manteniendo así durante varios años, en plena época de especulación comiquera y auge del sello Image, responsable de algunas de esas barrabasadas que se perpetraron.
Sin embargo, cuando ya creíamos que la cosa no podía ser más coñazo y ya estábamos hasta el rabo de fulanos con nombres posmodernos y ultra-agresivos que parecían sacados de una lista de descartes de los Decepticons, aparece un pavo llamado Warren Ellis (un cabronazo en lo que a la hora de escribir se trata, por cierto) y nos saca The Authority, reciclando la serie StormW.A.T.C.H. . Arreándole un atunazo en plena cara al Pelos nos demuestra que todavía hay razones para leer cómics de superhéroes, planteando conceptos que hasta la fecha, por razones sociales (por ejemplo, censura o el clásico concepto de que los cómics debían ser políticamente correctos, vaya a ser que a un adolescente le diera un patatús por ver un homosexual en una viñeta) no se habían podido plasmar en papel.
Este cómic nos muestra a unos superhéroes que trascienden el concepto de justicieros y se convierten en unos cruzados de lo que está bien. Luchadores en un mundo globalizado, que le echan cojones al asunto y son capaces de poner a un gobierno contra las cuerdas si consideran que éste está tratando mal a su pueblo. Guerreros modernos que luchan contra los poderes fácticos, contra los sistemas dictatoriales y hasta contra el mismísimo Dios (idea que, por razones de corrección política, Stan Lee no pudo llevar a cabo en su día, como ya explicaré).

Lo Mejor: El concepto de superhéroe como tío con poderes que, lejos de limitarse al villano de turno, no se queda de brazos cruzados ante las injusticias del mundo. La crítica social hacia el mundo globalizado. La frescura y la falta de tapujos, que permiten mostrar, por ejemplo, personajes del grupo abiertamente homosexuales o sin el rollo romántico de turno.
Lo Peor: Pasado el arco argumental de Mark Millar (guionista tras Warren Ellis), la cosa cambia y se mete en tramas más abiertas, lo que supone un cambio de dirección que igual no satisface a todo el mundo. Su reciente inclusión 
Escenas Puto Memorables: Muchas. La de Hawksmoor mirando para otro lado cuando le dicen que lleva años sin hacer la declaración de la renta, por ejemplo, es hilarante. La pelea contra Dios, sencillamente, épica.



9. Planetary, de Warren Ellis:

Ya he mencionado arriba que Warren Ellis es un cabrón. Solo un cabronazo como este tío es capaz de hacerte un homenaje tan respetuoso a la literatura pulp y al cómic más primitivo sin que por ello pierda frescura. Es lo que sucede en la magistral Planetary, que nos plantea lo que, más o menos, vendría a ser un grupo de arqueólogos de lo sobrenatural. A lo largo de este periplo nos vamos a encontrar todo un despliegue de referencias que pondrán a prueba el bagaje cultural y literario (tanto de literatura de género como de cómic) del lector, paseándose desde Doc Savage hasta los Cuatro Fantásticos, encontrándonos por el camino a Tarzán, la Sombra o incluso James Bond. Todo, con un ritmo trepidante, entretenido y que tiene un cierto sabor añejo que deja muy buen sabor de boca. Metacomic en estado puro.

Lo Mejor: El concepto de metacomic. La originalidad de algunos poderes. Todos los elementos de ciencia-ficción clásica hilvanados en el cómic, de forma elegante y sin sensación de atropello. El respeto por los clásicos del género, hábilmente modificados para que la referencia se quede en eso, en una referencia y no en ponerte una galería de personajes y ya está.
Lo Peor: Es un cómic con cierto derecho de admisión. Si no tienes un bagaje del género medio apañado, las referencias te pueden pasar un poco desapercibidas. Lo bueno es que, aunque no se pillen todas las referencias, la historia es igualmente entretenida.
Escenas Puto Memorables: Cualquiera que muestre la primera aparición de uno de los doscientos mil guiños que vais a encontrar.

10. Grant Morrison:



Los invisibles, de Grant Morrison y varios autores:

Cuidado con este, amigos Distópicos. Esto no es un cómic, es un puto viaje alucinógeno. LSD comiquero en estado puro. Debéis leerlo en un estado mental propicio, ya que en un mal momento, os puede proporcionar impresiones psicotrópicas de angustia, desasosiego y sensación de total pérdida de contacto con la realidad. No es coña ni una exageración: Grant Morrison, en más de una ocasión, ha declarado haber probado todas las drogas existentes, y con Los Invisibles nos deja claro que el fulano iba completamente en serio. Probablemente, la más difícil de explicar de todas las historias que estoy reseñando en mis artículos, ya que no puedes verla dos veces de la misma manera, del mismo modo que un tripi no te sienta dos veces igual. Lo lees por primera vez e igual lo entiendes de cabo a rabo; lo lees una segunda y descubres que igual no tenías ni puta idea de nada. Lo lees una tercera y descubres que John Lennon hoy en día es un dios moderno. Lo lees una cuarta y piensas que todas las teorías conspiratorias son ciertas.

Lo Mejor: El uso del lenguaje, onírico y surrealista. La estética pop. El concepto punk de sus personajes. La imaginería psicodélica.
Lo Peor: Es una obra harto difícil y no siempre se está preparado para leerla. Compleja y a veces parece luchar contra el propio lector, que no siempre cuenta con facilidades para entenderla del todo (que no tiene por qué ser malo, cuando estamos dentro de unos parámetros normales... pero es que en Los Invisibles no hay NADA normal). La forma de cerrar algunas tramas, como la de Ragged Robin.
Escenas Puto Memorables: Cualquiera de las que van dirigidas al córtex cerebral, lo que supone más o menos la mitad.



Arkham Asylum, de Grant Morrison y Dave McKean:

Que sí. Que ya lo sé. Otro cómic de Batman, y van no sé cuántos ya. Pero qué coño, que con el Hombre Murciélago se hayan hecho putas genialidades no es culpa mía. Esta obra de Morrison, por ejemplo, no deja de serlo. Aunque el guión no es santo de mi devoción (antes de que me apedreéis: no lo es comparado con otras cosas que he leído de Morrison), hay que reconocer que tenemos por delante una puta joya a nivel visual. Dave McKean, al que algunos ya conoceréis por haber pintado las portadas de The Sandman, Hellblazer y cuarenta mil cosas más inconfundibles e inolvidables, aquí se sale pintando todas y cada una de las viñetas de esta historia.
Por cierto, no tiene absolutamente nada que ver con el juego que sacó PlayStation hace cosa de unos años, salvando el concepto de Batman correteando dentro del manicomio... y poco más.

Lo Mejor: La estética de Dave McKean, oscura y decadente. La subtrama de la historia del fundador del Asilo Arkham.
Lo Peor: Para lo que es capaz de escribir Grant Morrison, la historia se queda corta, limitándose a una historia entretenida y oscura, pero para de contar.
Escenas Puto Memorables: Batman clavándose un cristal roto en la mano para mantener la cordura.



El Asco, de Grant Morrison y Chris Weston:

A mi juicio, la obra más equilibrada de Morrison entre calidad argumental y entretenimiento. El Asco toma premisas similares a Los Invisibles tales como lo del "Mundo detrás del mundo" y las identidades falsas. Por lo que a mí respecta, gana mucho a la hora de presentarnos una historia más corta, directa y con una carga emocional algo mayor que el despliegue psicotrópico de la que muchos consideran su obra maestra.

Lo Mejor: El dibujo de Chris Weston se sale: detallado, elegante y con un estilo que en algunos casos puede recordaros al genial Brian Bolland. La carga emocional, la relación del personaje protagonista con su gato (o gatos) y esa idea de cambiar el mundo para algo mejor.
Lo Peor: Aunque más sencillo de leer que Los Invisibles, Grant Morrison no es un autor fácil. No deis nada por sentado con él.
Escenas puto memorables: Probablemente, la escena final, una vez logras entender lo que ha pasado.



Animal Man, de Grant Morrison y Chas Truog:

Si alguien os dice que los cómics de superhéroes solo cuentan batallitas chorras entre un capullo en mallas y otro capullo disfrazado con un nombre gilipollas como Doctor Loquesea, os digo que le pongáis a chuparse esta colección para que se meta la lengua por el ojo del culo.
Animal Man era otra de esas cuarenta mil colecciones que andaba de capa caída, con guionistas que, pese a sus buenas intenciones, no sabían muy bien hacia dónde enfocar la serie y que se encontraba a pique de irse a la mismísima mierda. Eso, por supuesto, hasta que alguien decidió meter al amigo Grant en ella para que hiciese lo que le saliese del forro de los huevis. Total, de perdidos al río, así que creatividad a tope y carta blanca.
Total, que aquí llega Grant poniendo la carne en el asador... o quitándola, porque resulta que coge el concepto de Animal Man (el superhéroe setentero que absorbía los poderes de los animales que tenía más cerca) y lo revisa, planteándolo como un superhéroe animalista, vegetariano y muy comprometido con la actitud del hombre hacia su entorno. Lejos de la posible idea chorra que podría salir de algo así, Morrison se lo toma realmente en serio y nos plantea un personaje que nos pone en la cara lo cabrones que somos los humanos con la naturaleza y la crueldad, por lo general, sin sentido, que se demuestra hacia los animales. Animal Man no es el típico superhéroe que hace patrullas o que lucha contra villanos, sino que cubre ese hueco que otros más poderosos obvian.
Morrison no se queda aquí, sino que además mete otro concepto que hace que se nos pongan los ojos como huevos duros, y es el de metacomic. Si bien arriba he mencionado la movida de Planetary y sus constantes referencias a comics más antiguos, este Animal Man es un metacomic en el sentido de que toma como premisa el hecho de que es un cómic... del mismo modo que ha habido obras de teatro que han supuesto una revolución al romper la cuarta pared e integrarse con el espectador. Morrison hace justo eso, mostrándonos de paso toda una fusión entre el personaje de cómic, las distintas realidades, la relación con el autor e incluso con el público. Si esto no es revolucionario, no tengo ni puta idea de lo que lo es.

Lo Mejor: El tono serio para hablar de la lucha por los derechos de los animales. La defensa del vegetarianismo, sin caer en el obvio insulto hacia la gente que elige comer carne. La ruptura de la cuarta pared. Usar la consciencia de la ficción como trama argumental y como recurso visual. Las portadas del genial Brian Bolland.
Lo Peor: El dibujo de Truog no convence, quedándose en una cosa que cumple, pero sin llegar a impactarte, lo que hace que algunas escenas bastante impresionantes queden desaprovechadas y tengas la impresión de "Joder, lo que habría sido esto si lo hubiera dibujado otro". Los cameos de la Liga de la Justicia Internacional son escasos y, cuando aparecen, resultan hasta forzados.
Escenas Puto Memorables: Animal Man mirando hacia el lector y diciendo "Pueden verte".



11. Lobo, de varios autores:

Qué puto queréis que os diga. Lobo es lo puto más. Es el puto concepto del slapstick, que puto parodia el comic de los putos años 90, basado (como ya puto comenté) en garras, cadenas, metralletas y puto demás. Lobo se puto ríe de todos esos payasos y nos muestra algo diez veces más puto bestia y cuarenta veces más puto divertido. Ultraviolento, pero al mismo tiempo puto coherente: si Lobo dice que te va a puto arrancar la cabeza, créeme que puto lo va a hacer, porque lo ha puto prometido. Porque es el Puto Hombre. Es Aquel que te Devora Las Tripas y Disfruta Enormemente con Ello. Es la clase de puto chalado que se puto inserta una emisora de radio de heavy metal en el lóbulo temporal para estar puto escuchando caña burra las veinticuatro horas del puto día. Lo mismo te puto aniquila Czarnia entera (su planeta puto natal) porque le sale de los putos huevos que te puto acepta el encargo de matar al puto Santa Claus por orden del Conejo de Pascua. Si le pagas, Lobo lo puto hace. Puto garantizado.
Gamberro y puto bestial.
Salvaje.

Lo Puto Mejor: No puedes puto tomártelo en serio. Es juerga y diversión. Humor puto negro, ultraviolencia y puto jolgorio en cada puta página. El puto antihéroe por definición. El puto estilazo de Simon Puto Bisley en sus primeros arcos puto argumentales.
Lo Puto Peor: Que lo puto leas pensando que vas a puto leer una historia con trasfondo. Según algunos, puto pierde gracia a partir de ciertos arcos argumentales, quedándose en el tiroteo anodino.
Escenas Puto Memorables: Puto graparle la nariz a alguien a una pared y luego puto pegarle una patada para que salga puto volando, si no es puto memorable, no tengo ni idea de lo que puto es.

12. Mike Mignola



Hellboy, de Mike Mignola, Richard Corben y Duncan Fegredo:

Poco puede decirse de Mike Mignola que le haga justicia. Debo reconocer que este tío, al principio, tenía un estilo de dibujo que no me convencía. Yo veía aquello y veía plastajos de negro, líneas simples, unas proporciones algo raras... veía que el dibujo en general no era muy detallado... en fin, una cosa como muy simplona.
Gilipollas. Gilipollas perdido que estaba.
Si existe un heredero del gran Jack Kirby, ese es el señor Mignola. Efectista a más no poder, oscurantista y con unas ambientaciones que, con cuatro trazos, te las crees. Sus guiones son pura herencia del pulp, con reminiscencias de H.P. Lovecraft, Edgar Allan Poe y otros maestros del horror más clásico. El personaje, lejos de la sarta de chorradas que un sobrevaloradísimo Guillermo del Toro ha plasmado en sus adaptaciones al cine, es descreído, ligeramente cínico y en absoluto pretende ser gracioso. Hellboy vive entre dos mundos: el nuestro, real y pragmático, que le ha adoptado y del que a veces se siente como una mascota, y el otro mundo, el sobrenatural, mágico y que emana un tono de pérdida y decadencia. Aunque esta colección sigue en curso, llevo leídos todos los arcos argumentales que se han publicado, lo que me permite poder recomendárosla sin pensármelo dos veces. Hay también un spin-off, basado en la AIDP (titulado así, AIDP), la agencia paranormal para la que Hellboy trabaja. Complementa muy bien a la colección original y amplia con destreza el trasfondo, pero no cuenta con el carisma del personaje principal. Lo suple un poco con los compañeros de Hellboy, Abe Sapien y Liz Sherman... pero pese a lo buena que es, sigue sin estar a la altura de este puto pelotazo.

Lo Mejor: La atmósfera. El tono pulp. La sensación de coherencia y de que todo está conectado entre sí sin que resulte forzado. El concepto del mundo mágico como una raza en declive y moribunda, donde las distintas mitologías se abrazan las unas a las otras para intentar, si pueden, recuperar el mundo que perdieron a manos de los humanos. El carisma del personaje. El dibujo, no solo de Mignola, sino de Corben y Fegredo, que han sabido respetar y mantener la estética de la serie, pese a que su estilo no es del todo igual al del autor.
Lo Peor: Si vas buscando cómics con ambientaciones brillantes, con superhéroes, supervillanos y cosas más o menos convencionales, olvídate de leer esto. Pero tú sabrás lo que te pierdes.
Escenas Puto Memorables: Verle la cara a Hellboy cada vez que se plantea por qué está ahí es algo impagable.



Ironwolf, de Howard Chaykin y Mike Mignola:

Si tengo que pensar en el género conocido como steampunk, sin lugar a dudas lo primero que me viene a la chota es esta obra de Chaykin y el amigo Mignola. Lejos de ese despliegue visual que supondría Hellboy (esta obra es mucho más temprana), el dibujante nos muestra una ambientación retrofuturista, con un marcado corte dieciochesco o incluso decimonónico, mezclado con aspectos tecnológicos como poco, frescos e interesantes: madera antigravitatoria, que permite naves espaciales impulsadas con vapor. Armas que, en lugar de rayos lásers y otras chorradas ultrafuturistas, se basan en la pólvora. Sables. Cuchillos. Una estética más que pensada para una historia de aventuras al estilo más clásico, pero con esa innovación tecnológica que ya he apuntado. Como trama, algo sencillo: una venganza, el inicio de una revolución. Un noble traicionado que busca hacer trizas a los hijos de puta que casi lo matan. Puede que igual esto del steampunk hoy en día no os parezca algo tan original, ahora que salen cuarenta mil movidas de engranajes, bujías y tías buenorras con corpiños y pistolas-ballesta.
Pensad que esta historia fue escrita en 1992, y era la revisión de un personaje creado por Chaykin como veinte años antes.

Lo Mejor: El estilo de aventuras y la estética.
Lo Peor: Se echa en falta una continuación de la historia, que nos siga hablando de esa revolución.
Escenas Puto Memorables: Iron Wolf despertándose de su estado comatoso, con una pinta a lo Lemmy de los Motörhead, deseando matar a todo bicho viviente que se le ponga por delante.



13. Ranx Xerox, de Stefano Tamburini y Tanino Liberatore:

Llegamos a la parte hardcore de esta serie. Que conste que me he tenido que pensar muy mucho recomendar esta obra. ¿Por qué, porque no es un clásico? ¿Porque su equipo creativo carece de talento? ¿Porque no ha trascendido en el mundo del cómic y ha caído en el olvido?
Los cojones.
Me lo he pensado porque esta es, con brutal diferencia, la historia más salvaje de todas cuantas os puedo recomendar. RanXerox no es para todos los públicos. Qué coño, no es para la mayoría de públicos, pero sin embargo, me encanta y me alegra haberla leído porque me demuestra que hoy en día no vivimos en una era de libertad de expresión. Hoy en día, con tanta mierda de corrección política, tanta gilipollez de vigilar contenidos y tanta payasada hipócrita que se rasga las vestiduras con una historia ficticia, pero que te muestra un reguero de cadáveres en Siria "porque es misión informar". Aunque te pongan muertos reales en tu puta cara, con la jeta hecha un cristo, los sesos al aire, en primer plano y a la hora de comer.
Ranx es ultraviolencia. Salvajismo. Drogas duras. Sexo con menores. Sordidez en estado puro, sin adulterar. Una hostia en la boca que nos dice que hoy en día no hay cojones de publicar algo así. Hoy en día, donde presumimos de tener una mente abierta y de ser la tolerancia sobre dos patas, nos meamos en los pantalones cuando, con nuestros virginales ojitos de cordero degollado, leemos comic underground de la era post-punk. Una mente cool de hoy en día lee esto y se echa a llorar, horrorizada. Ultrajada. Indignada. Porque igual tendemos a pensar que la ficción no puede mostrar el salvajismo y la crudeza del ser humano. Que todo deben ser unicornios y arcos iris.
Ranx te dice que te metas esa concepción de niño de guardería por el culo. O si no, te la mete el hasta el codo. Por él, no hay problema. A su lado, Lobo es una colegiala con trenzas que juega con muñecas.

Lo Mejor: La incorrección política. El impresionante (y me quedo corto) dibujo de Liberatore, maestro de maestros donde los haya. La ambientación, futurista y decadente hasta llegar a unos extremos impensables. El humor negro, negrísimo. Tanto, que no puedes leerlo tomándotelo en serio. La ausencia de maniqueísmo, donde no hay buenos ni malos. De hecho, no hay buenos prácticamente por ninguna parte. Y si los hay, se pueden ir preparando.
Lo Peor: El acabado underground del dibujo antes de la entrada de Liberatore en la serie puede echar un poco para atrás. Leerlo en un día en que no tengas el cuerpo para ver cómo le meten a un tío la cara en un ventilador te puede dejar pelín de mal cuerpo.
Escenas Puto Memorables: Ranx empotrando la cara de un mastuerzo contra un ventilador encendido. Si soportas algo tan cafre, podrás soportar cualquier cosa.

Y hasta aquí, la segunda parte de este recorrido por los cómics que más me han puto impactado/influido/sorprendido/encantado leer.