sábado, 2 de marzo de 2013

Mondo Chorra- Sobre la tiranía académica y la libertad de la lengua.



Desde hace alguna temporadilla no estoy viendo sino esa especie de tira-y-afloja entre los seguidores de la Real Academia y sus detractores. Como siempre, héroes en ambos bandos y el consabido "Tú no sabes nada" de toda la vida.
Por mi parte, antes de que muchos empiecen a poner el grito en el cielo, diré que puede que no sea un experto pero, como filólogo y estudiante de lingüística, teoría de la literatura y crítica literaria (curso de doctorado aparte versado en detallitos como traducción literaria y otras lindezas), tampoco soy un total lego en este asunto y sí tengo algunas cosas que añadir al respecto. Como siempre, podéis estar de acuerdo o no con ellas, pero por favor: no me vengáis con chorradas del tipo "No tienes ni idea de lo que hablas", porque esto toca de modo muy directo una disciplina que me he pasado AÑOS estudiando.

El tema surge cuando empiezan a aparecer los defensores de la gramática prescriptiva, que son aquellos que nos dicen que una palabra es ESTO, que tal cosa se dice ASÍ y que un concepto tiene ESTE significado y ningún otro, hasta que la Real Academia dé por válida una nueva acepción. Dicho en otras palabras, la gramática prescriptiva lo que hace es señalar una serie de directrices o pautas que, aseguran, son las que sientan las bases del "correcto" español.
Fácil de entender: si sigues tal norma, lo dices correctamente y si no, pues no.

Hasta aquí, en principio, ningún problema.
La cosa se pone fea en el momento en que se radicalizan las posturas y encontramos que, la Real Academia, muy ducha ella en el asunto, ya no "recomienda" tal o cual concepto, sino que lo impone. Como si se tratase de la Biblia para un fundamentalista, todo lo que aparece en sus gramáticas o diccionarios es lo correcto y lo que no, bien es incorrecto o bien no existe. Aquí es donde Noam Chomski, un señor que sabe del asunto un poco más que un servidor, nos demuestra que esa concepción hace un poco aguas a la hora de plantear ciertos conceptos:

Para empezar, plantea la lengua como algo vivo: el lenguaje está vivo en tanto en cuanto nace, se reproduce, evoluciona o incluso muere. Partiendo de este principio, encontramos neologismos que se acaban aceptando; una lengua se reproduce en el momento en que surgen dialectos derivados de ella, que acaban convirtiéndose en lenguas por motivo propio (véase el caso del latín y todas las lenguas romances), evoluciona (el caso del inglés antiguo al moderno, por ejemplo) y muere cuando se deja de hablar (la lengua gótica de la Europa central). En resumidas cuentas, una lengua es tal en base al uso que se da de ella. Única y exclusivamente. Según el bueno de Noam, no existiría, por tanto, un "uso correcto" propiamente dicho; existiría un uso generalizado que se convierte en standard.

Standard. Quedaos con ese concepto.
Si nos salimos de nuestras fronteras, donde la gente es menos cerrada de mollera en lo que toca al lenguaje, no hablamos de un "inglés correcto", sino de un inglés "standard". Lo más parecido a lo "correcto" es lo que, por uso común, se emplea por la mayor parte de los hablantes, quedando lo que no es como "marginal" o simplemente "non-standard". Esto propicia, por ejemplo, que gramaticalmente hablando, nos encontremos dos formas gramaticales que coexistan en el tiempo, sin que una tenga que ser "la buena" y la otra la de "los palurdos que no saben hablar". Me viene el caso, sin ir más lejos, de la forma negativa del verbo "have got" ("tener"), que puede negarse de dos maneras perfectamente aceptadas: una, como verbo "especial" ("haven't got"), o bien tratando a este verbo como uno más (negándolo con el auxiliar de siempre, quedando como "don't/doesn't have got"). Los hablantes anglosajones (he conocido unos pocos) no se echan las manos a la cabeza cuando niegas el verbo de cualquiera de ambas maneras, usándose esta forma tanto en lenguaje de calle como en obras literarias (me viene el caso de un relato que leí de Thomas Hardy hace algunos años). Sin embargo, si esto no aparece en un libro de texto (no suele, ni zorra de por qué), no sería el primer profesor que acusa a un alumno de usar una forma alternativa como "don't have" de usar un "inglés incorrecto".

Según me enseñaron en su día, a esta forma le pasa un poco como al gonna, que son formas más propias del inglés americano... o al menos originariamente. Nada más que por la influencia de los Estados Unidos sobre Inglaterra (que la hay), ciertas formas lingüísticas se pasan de un territorio a otro y se aceptan de forma común.
Y no pasa absolutamente nada.


Le pese a quien le pese, resulta que estas cosas son precisamente las que permiten la evolución del lenguaje. Olvidémonos de patochadas de limpiar, fijar y dar esplendor. La lengua no puede fijarse porque está en constante evolución; se reinventa a sí misma siguiendo principios como el de la economía del lenguaje. Según este principio, tenemos que las lenguas tienden siempre a simplificarse, tanto en forma como en fonética, con la intención de expresar el mayor número de ideas usando el menor número de componentes lingüísticos (bien fónicos, bien ortográficos). Por medio de este principio, encontramos casos de evoluciones de diptongos, como el clásico diptongo "au" que acaba transformándose en "o". Pensad en el latín aurum y cómo evoluciona a "oro". Si anduviésemos con polladas del tipo "no podemos permitir que la lengua se corrompa con el paso de los siglos" lo que tendríamos es una lengua estancada, obsoleta, que evitaría que ese principio de economía estuviese vigente y que no tendiese a volverse más sencillo. En resumen, atentaríamos contra la propia naturaleza del lenguaje.

Igualmente ridículo resulta cuando llegan los puristas más beligerantes enarbolando gritos contra los préstamos extranjeros. A ver, amiguetes... por mucho que nos pongamos así, los préstamos son un fenómeno tan natural como lo es la evolución que he mencionado arriba, y también atiende a ese principio de economía, en cierto modo. Las lenguas no son mecanismos aislados del mundo que se mantienen impasibles en el tiempo, y el préstamo lingüístico es una manera de enriquecerla; no me vengáis con la sacrosanta idea chovinista de "Debemos impedir que nuestra lengua se mancille de la influencia anglosajona/francesa/lo que sea", porque ha venido sucediendo desde que el mundo es mundo. Volviendo al asunto que mejor controlo, que es la lengua inglesa, da la puñetera casualidad de que es precisamente el factor del préstamo lingüístico lo que ha ayudado a que el inglés se simplifique a lo bestia como lengua. Si no me creéis, podéis echar un vistazo a cualquier texto escrito en inglés antes de la invasión normanda de 1066. Hasta entonces, la influencia extranjera (si descontamos a los romanos) desde que los anglosajones tomaran las islas hacia finales del s.V era escasa: lo que tenemos es una lengua compleja, declinable y bastante complicada de pronunciar, cargada de fonemas guturales y diptongos bastante complejos... eso sin mencionar la variedad de diferentes dialectos (al menos siete, uno por reino de la Heptarquía anglosajona) que hacían que el entendimiento (el verdadero objetivo de toda lengua) fuese, como poco, complicadillo.

No es hasta que llega Guillermo el Conquistador cuando empieza a haber una influencia continental (más concretamente, del francés proveniente de la Normandía, lo que había más cerca de las Islas Británicas) que, en contacto con el anglosajón, produce ciertos cambios en la ortografía y la fonética: así, diptongos como el extraño /ow/ se convierten en un /ou/ que le empieza a sonar más a los continentales. La influencia francesa hace que, poco a poco, este diptongo acabe sonando como una /u/, lo que hace que, como puede verse, resulte más sencillote de pronunciar. Lo mismo pasa con los sonidos formados por una U larga (generalmente expresada con un mácron para que los lingüistas sepamos que lo es, antiguamente la cosa no era tan sencilla de ver), que también es asumida como una /ou/. Dicho de otro modo, lo que se va haciendo poco a poco es ir limando incoherencias o bien fusionando tendencias a fin de simplificarlo todo y hacer la vida del pobre hablante más fácil.
No es una corrupción ni una desaparición de una lengua. Es simplemente evolución, gracias al contacto con otra. Asimismo, encontramos que el inglés sufre un reencuentro con el latín via el francés, y palabras que al prójimo le sonaban raras de cojones (porque básicamente el anglosajón ya solo se hablaba en las Islas) se transformen, por medio del préstamo, en palabras que le suenan al personal. Más fáciles de recordar para la mayoría de hablantes y, por tanto, facilitando la comunicación. Os pongo el ejemplo de palabras como héafodbéag, que acabaría por verse sustituido por una palabra algo más "latina" como crown (corona). Esto, por supuesto, no se hace de un día para otro, sino que hacen falta varias generaciones de bilingüismo y diglosía (uso de dos lenguas diferentes en un mismo país, usándose una para un contexto más familiar y la otra para cuestiones oficiales) para ir asentando un uso generalizado de la lengua.
En ningún caso apareció un señor diciendo "Esto lo tenéis que decir así o si no, os llamaremos cazurros".

Este tío tan feo es Guillermo el Conquistador. De no ser por él, el inglés se parecería bastante más a un cruce entre alemán y latín (por eso de las declinaciones) y sería una puta pesadilla estudiarlo.
Sí, más de lo que es ahora, creedme.


Igual es por eso de haber estudiado que las lenguas se ven sometidas a cambios e influencias constantes por lo que no me causa pavor alguno que añadamos términos anglosajones (o de donde sea, ahora está de moda llamar tsunami a lo que toda la vida de Dios hemos llamado "Una ola de tres pares de cojones) con la idea de enriquecer nuestra lengua. Esto se puede hacer por varios motivos: uno, que el término añada algo nuevo al concepto en sí (como en el caso de tsunami) o bien simplemente porque el término es más corto de pronunciar o más sencillo a nivel morfológico. Pongo el ejemplo de llamar "Friki" a un "esperpento". La palabra puede ser de origen anglosajón, como podría serlo del mandarín o de una lengua bantú; lo que interesa aquí es que es más corta y su fonología bastante más sencilla. Esto es así y si queremos podemos revestirlo de ese romántico chovinismo de "Nos roban nuestra lengua", pero no es una cuestión política en realidad. Es una cuestión más bien cerebral. Al lenguaje le importan tres cojones los patriotismos y lo bonita que es tal o cual lengua: tirará siempre a lo más sencillo, y punto pelota.

Con el concepto de significante y significado viene a ser tres pares de lo mismo: llevo ya una temporadita hasta las napias de escuchar que según qué palabras están recibiendo un significado "incorrecto". Me viene a la mente el caso de la palabra "Bizarro" (sí, como la sección de este blog), que en castellano viene a ser algo así como "valiente", y que está viéndose reemplazada por "extraño".
Volvemos a la economía del lenguaje: Bizarro, según la Real Academia (sí, esos pavos que nos dicen lo que está bien y lo que está mal, como si estuvieran en posesión de la Sacrosanta Verdad) puede tener ese significado en sus magníficos diccionarios (sí, esos que menean y remenean cada año, añadiendo y cambiando lo que les sale del culo sin preguntarse si eso atiende al uso popular), pero lo cierto es que hace un siglo ya que nadie usa esa palabra con ese significado. Sí, puede que algunos expertos en lengua castellana lo conozcan, muy bien... pero NO son la mayoría de hablantes (y sí: me meo en la cara de los elitistas que se piensan que por ser unos pocos que saben el verdadero significado ya se creen alguien... como me meo en los elitistas de cualquier pelaje. Por el arco de triunfo que me los paso a todos, uno detrás de otro). Según el principio de economía del lenguaje, un término que no se usa tiene dos salidas, para bien o para mal: evolucionar o morir. En este caso, la influencia anglosajona lo que está haciendo es evitar que el término en sí desaparezca y se convierta en un término en desuso (obsoleto o, como suelen usar en los diccionarios de inglés, archaic), lo que hace es poner en marcha un "reciclaje": el término absorbe el significado anglosajón, que por allí sigue en boga y evoluciona hacia algo nuevo. No es necesariamente una corrupción, no seamos chovinistas. Es más bien eso, reciclar.

Esto no es nuevo ni inherente a la lengua española, a la que solemos ver como la pobre maltratada. En el inglés encontramos términos como nice (proveniente del latín nescius e importado a la lengua inglesa) que venía a ser un sinónimo de fool ("idiota"). El uso continuado de ese término como eufemismo hacia el s.XVII hace que, junto con la coexistencia con otros sinónimos, se vea en una vía muerta. Nuevamente, evolucionar o morir; es por eso por lo que hoy en día una palabra como nice se convierte en "agradable", carente de cualquier connotación negativa. Si nos ponemos a buscar palabras anglosajonas cuyo significado ha desaparecido en favor de un término extranjero no paramos: tenemos que recordar que la mitad del vocabulario inglés proviene, si no del latín, del francés, o de las lenguas nórdicas (esto último debido a las invasiones de los daneses hacia el s.VIII y el Danelaw, que dividió la isla en dos territorios). Cuando no, se insertan palabras indias, holandesas e incluso españolas. Dicho de otro modo, el inglés no es una lengua en absoluto chovinista y acepta préstamos de todas partes. Los integra en su lengua como una palabra más y sin problemas.

El español también ha hecho lo mismo, ojo: nosotros tenemos términos como "fútbol" que han suplantado al balompié (este existe, pero es un término en desuso); hemos modificado la ortografía para que nos resulte más sencilla de entender, pero fíjate que tenemos un término anglosajón. Que vale, esta palabra es de origen inglés, sí; probad entonces con "Líder". La Real Academia, fíjate tú, que aquí si acepta la palabra como un anglicismo que hemos insertado en nuestro idioma, sustituyendo a...
A...
Y yo qué coño sé. Es un término que ha desaparecido, precisamente porque hemos asumido este. ¿A alguien le preocupa lo que se decía antes? Puede que a tres o cuatro, pero la lengua no es nostálgica. Como digo, mira hacia delante y no se pone a lloriquear por tal o cual palabra perdida; en el caso de la naturaleza, esto es la supervivencia del más apto. Hay palabras que sobreviven, y otras que desaparecen, nada más.

Ya lo decían en La Patrulla-X: "La mutación es la clave de la evolución".
Es curioso como todavía haya tanta gente que sienta miedo y desprecie a los mutantes, cuando en realidad son el futuro de la especie... y con esto no me refiero solo a personas.
Las palabras, como intento demostrar, también mutan. Y más de lo que nos creemos.


Igual por esto es por lo que me mosquea esa especie de obsesión que tiene la Real Academia con eso de implantar un español "correcto", en base a directrices que se sacan del ojete, como el caso de quitar acentos donde estaba asumido que los había, o bien añadiendo palabras que ni Dios pronuncia o escribe así: pongo los casos de términos tan alucinantes como "Bluyín" para referirse a unos putos pantalones vaqueros o "Jonrón" para hablarme del término homerun de beisbol. Este último caso me hace especial gracia: una cosa es que asumamos un término y lo modifiquemos como hemos hecho con el fútbol (vale), pero que se haga con el paso del tiempo y en base a un uso POPULAR y otra muy diferente que me llegue un señor y que, un término que poca gente usa en nuestra lengua (el beisbol no es que sea popular) coja y nos diga que en un "correcto" español se escribe así porque ellos lo dicen. Por cojones y sin vaselina.
El prescriptivismo lingüístico, qué queréis que os diga... me parece la mayor forma de pedantería que te puedes echar a la cara, porque ya no es que busque un standard en una lengua. Es que, de modo indirecto, lo impone (que sí, que podemos decir que no, pero ya hemos visto unas pocas de veces eso de "Por favor, no dejemos que nuestra amada lengua se contamine con la invasión de términos extranjeros" o "Los andaluces hablan mal, lo que demuestra lo incultos que son", y este tipo de detallitos son muy propios de los puristas de la gramática de este tipo). Dejo por aquí un enlace acerca del tema: http://es.wikipedia.org/wiki/Gram%C3%A1tica_prescriptiva


Pasa muchas veces con la no-inclusión de muchas palabras. Pongo el caso de términos lingüísticos, comúnmente asumidos y utilizados por la comunidad científica, que aparecen en libros de texto y que se emplean en el mundillo con cierta regularidad y que no aparecen recogidos en el diccionario de la Real Academia; partiendo de ese hecho, podemos entender que palabras como "Sociolecto" (lingüística) "Eneagrama" (termino de una teoría de Psicología algo poco ortodoxa, pero extendida), "Apendectomía" (práctica quirúrgica por la cual se extirpa el apéndice a una persona), "Teleportación" (término acuñado por la literatura de ciencia-ficción para referirse al teletransporte, generalmente haciendo viajar solo el cuerpo de un individuo, que además sufre un fenómeno de clipping de una palabra ya conocida... fenómeno que está asumido de forma general como parte de los procesos de formación de palabras en lingüística) o "Retrocontinuidad" (otro término literario, consistente en barrer del mapa un hecho previo por parte de un nuevo hecho que cambia el pasado) no son términos "correctos". Aquí a la Real Academia le importa tres pares de cojones que cada día más hablantes usen esos neologismos, y hasta que un buen día no se les ponga en el culo y decidan añadirlos, serán tildados de "incorrectos". Así, por huevos.

La parte absurda proviene en el momento en que insertan otros términos que son de creación más reciente y que la gente, bien no los usa tanto, o los usa con la misma frecuencia. Esto lo que produce es una sensación de incoherencia tan grande que te hace dudar de la "corrección" del lenguaje que plantean.
Pongo el caso de la acepción de "Matrimonio". Hasta no hace mucho, la acepción decía que era la unión entre hombre y mujer, sin tener mucha consideración el matrimonio como algo que no entendía de sexos, y pese a que llevamos unos treinta y pico de años en democracia. Hasta aquí, pues vale, podemos decir que eso es porque hasta entonces no había una ley de apoyo al matrimonio homosexual... pero tenemos dos incoherencias:

La primera, que si asumimos ese hecho, tenemos que asumir que el lenguaje está sometido al uso de las leyes vigentes, lo cual se mearía en esta naturaleza del lenguaje a la que alude Chomsky y lo que tendríamos es una lengua oficial en base a la legislación/ideología regente.
Lenguaje politizado.
Jodidamente genial.

La segunda es que los conservadores se oponían a reconocer el matrimonio homosexual desde el punto de vista legal por razones lingüísticas: según ellos, al no estar reconocido como tal de forma "Oficial" (es decir, por parte de la Real Academia), no había nada que rascar. Por tanto, tenemos que la simple idea resulta como poco contradictoria.

A esto tenemos que añadir un hecho bastante escalofriante, y es que la Real Academia, en contra de la creencia popular, NO es un organismo estatal, sino una entidad privada y sostenida por empresas y corporaciones de nuestro país, lo que hace que mi confianza en ellos quede, como poco, nublada. Si la SGAE, por poner otro ejemplo del mismo tipo, tampoco me inspira mucha confianza porque es un puñado de señores que han fundado una empresa, la Real Academia no dista mucho de esta idea. Menos aún si tenemos en cuenta que, entre sus patrocinadores, tenemos entidades políticas (Junta de Andalucía), bancarias (Caja Madrid o el Banco Santander), gigantes empresariales (el Corte Inglés, Telefónica o la demonizada Inditex) o universidades... todos y cada uno de ellos tirando para su propia conveniencia, y no creo que lo hagan de forma desinteresada. De estos que he mencionado, sabéis que NINGUNO es un filántropo que actúa por amor al arte o la cultura. No mientras puedan sacar tajada o satisfacer sus propios intereses.
Dicho esto, ¿qué fiabilidad puede ofrecerme una entidad privada que actúa como si la lengua le perteneciera, y que además recibe pasta contante y sonante de gente que -ya no a mí, sino a nadie- no inspira confianza alguna?
Voy aún más lejos: ¿Por qué un puñado de señores que se hacen llamar Académicos, de buenas a primeras, nos vienen diciendo lo que está bien y lo que está mal sin siquiera hacer sondeos medio decentes de lo que está más o menos aceptado por la mayoría de los hablantes?

"Prepárese, que le vamos a sondear un rato"


Y es que, por culpa de esto, nos encontramos con un elitismo lingüístico que a mí, personalmente, me da mucho ASCO. Siguiendo esos ideales dignos de Slytherin, resulta que lo que no "Mola" es "incorrecto"; así, términos locales como los malagueños "chorraera" (rampa) o "aliquindoi" (ojo avizor) son "incorrectos", lo que fomenta ese riesgo de exclusión social: el andaluz (ya no solo el malagueño) es un paleto que no tiene ni idea de hablar bien. A la mierda los acentos o las variedades dialectales; gracias a este uso despótico de la lengua lo que tenemos es un montonazo de prejuicios que se alimentan a sí mismos, ayudando a que la sociedad siga dividida y que algunos, por mucho que hayamos estudiado quedemos como "los catetos esos que no saben ni hablar". Pongo el ejemplo de los andaluces que es el que más me toca (los cojones) de cerca, pero que se le aplica a un extremeño, a un gallego o a un cántabro y se lleva hostias como panes también. Incluso los madrileños cometen esas "irregularidades" que tanto acusa la RAE, pero oiga, aquí se ve que unos molan más que otros y nos lo tenemos que comer con patatas.

No es la única incoherencia, no. Es curioso que una gramática que no ha sufrido grandes cambios desde, pongamos los últimos siglos, de buenas a primeras reciba cambios de nomenclatura constantes (anda que no he visto yo el concepto de "complemento directo" referido con nombres diferentes, coño), por no mencionar alguna cosa que otra rara que he visto en algún estudiante de hoy en día (cosas tales como la no clasificación del grupo preposicional, cosa que creo que duró un curso o dos). Joder, la gramática como tal que no ha sufrido cambios últimamente (no hemos cambiado nuestra sintaxis, por ejemplo, y si ha habido un cambio ha sido sutil) y nos pasamos cada cinco o seis años cambiando la forma de llamar a las cosas, lo que hace que estemos todo el puto día dudando de si esto está bien hecho o no, si a esto se le llama así o han decidido volver a cambiarlo.
Es decir, para algo que tenemos medio establecido, estar todo el día toqueteándolo para vete a saber qué chorrada. Lo que hoy en día es complemento directo se puede llamar mañana objeto directo y pasado, no sé... bocata directo. Venga a darle vueltas al tema... COÑO, que es un CONCEPTO, dejad de marear la perdiz.

Pero no quiero crear confusión. ¿Estoy diciendo con esto que no se deba tener reglas en la lengua? En absoluto. Las reglas deben estar ahí y, en la medida de lo posible, deberían ser cumplidas por la mayoría de hablantes para que éstas se consideren "generales"... pero en caso alguno defiendo que un puñado de señores se autoerijan defensores de La Lengua, diciéndole a la gente qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Hablando en términos relativos, las reglas sirven para tener una pauta, pero la última palabra de lo que está bien y lo que está mal es lo aceptado de forma general, por medio del uso constante y frecuente. Si algo tiene la lengua es que es democrática, es usada por sus hablantes y son éstos los que deciden si un término se usa, se deja de usar o si tal o cuál grafía es la correcta... siempre y cuando, claro está, no se violen los principios de la pragmática: es decir, que lo que se escriba o se diga resulte medianamente inteligible. Planteo el caso de cierto libro que leí hace algún tiempo, donde la persona responsable de su autoría había escrito "por su puesto". No una vez, lo que podría considerarse una errata, sino de modo sistemático. Esta persona bien podría defenderse diciendo "Es que a mí me gusta escribirlo así", pero:

Uno: NO es un término que se use de forma genérica, normalizada y por la mayoría de hablantes durante un período prolongado de tiempo, sino una forma no standard.

Dos: Si yo pongo "por su puesto" no es lo mismo que decir "por supuesto". Lo primero implicaría "por el puesto de tal persona", mientras que lo segundo es sinónimo de "pues claro". Esto viola el principio de cooperación, donde el emisor de un mensaje, si quiere ser entendido, tiene que usar un lenguaje que se pueda asumir por un receptor medianamente normal (no hablamos de que tenga que ser un genio de las letras ni leches, simplemente que use un vocabulario y una sintaxis que no sean confusos o que impliquen significados que solo conoce el autor). Otra cosa es que queramos ir de rebeldes por la vida, plantar un texto sin puntuación y poner los puntos y las comas sin orden ni concierto. Pero luego no nos quejemos de que no se nos entiende, pajaruelos. Que lo de que las reglas están para saltárselas queda la hostia de rompedor, pero luego tenemos que hacernos entender. A menos que queramos usar el lenguaje para otra cosa que no sea para su función básica (la comunicación), claro: también hay gente que usa los plátanos para metérselos por el culo en lugar de para comérselos. Es un uso tan respetable como cualquier otro, pero luego que no digan que son unos incomprendidos, si usan prácticas tan reducidas como esa.
Lo que hoy en día nos parece "incorrecto", en base al uso generalizado, puede acabar asumiéndose como "lo normal" y mañana convertise en "correcto". Llamadlo corrupción, decadencia o como os salga de los cojones, pero lenguas con tanto "caché" como el latín también acabaron evolucionando, derivando en el latín vulgar, tendiendo hacia su simplificación y finalmente hacia su división en dialectos. La fijación y el purismo quedan muy chulis, pero en realidad no son más que posturas ultraconservadoras contra natura.
Puede gustaros, o puede que no.
Tampoco tiene por qué gustaros. Son cosas que pasan.

Insisto en esta idea: reglas SÍ, prescripciones desde la artificialidad más absoluta y desde ese elitismo soterrado NO. Nadie, y lo digo muy claro NADIE puede ni debe creerse con derecho a poseer el lenguaje. Como mucho, a lo más a lo que puede llegar es a observarlo y a decir "Bueno, esto no es lo normal". Juicios de valor, esos comentarios chulescos y elitistas desde el Olimpo de las Letras y otras sandeces, por favor, a otra parte.

No me diga lo que no puedo hacer!"


Acentos que desaparecen sin ninguna razón evidente (véase los de "sólo") o inserción de palabras en femenino porque al lobby ultrafeminista se le ha puesto en el coño (nunca mejor dicho) decir que una lengua con género gramatical como la nuestra (es decir, una lengua que contiene el concepto de "masculino" y "femenino") o con un masculino genérico que engloba masculino y femenino es por definición machista. Claro que sí: los hablantes a lo largo de siglos, para demostrar que odian a las mujeres, lo que han hecho ha sido modificar la lengua para que el género femenino sea un género de segunda clase. Como si se hubiese hecho conscientemente, voy yo y me lo creo.

"El adjetivo 'verde' no tiene forma femenina. ¡DISCRIMINACIÓOOONNNN!"


¿Qué pasa ahora? Que resulta que tenemos que atentar contra el principio de economía del lenguaje a base de insertar el género inclusivo: ahora tenemos asociaciones de padres y madres de alumnos y alumnas, porque así las mujeres no se sienten excluidas. Como si tocar la lengua (algo usado de forma natural y espontánea) fuese la solución. Como si una cosa fuese un reflejo de la otra.
Ganas de ver donde no hay, y tocar cosas que, ni es productivo que se toquen, ni plantea cambio real alguno: el que es machista no va a dejar de serlo por emplear lenguaje inclusivo, del modo que la persona que no usa lenguaje inclusivo no tiene por qué ser machista por definición; simplemente es que no le gusta andar repitiendo palabras para que cuatro mozas (las cuatro payasas que andan buscándole tres pies al gato) no se sientan ofendidas.

No nos pongamos tontos del culo con eso, por favor: hay palabras que son femeninas por definición y yo no me siento ofendido porque se me añada en ella. Pongo el caso de "víctima", que es femenina para referirse a a ambos sexos. No creo que nadie en un mundo coherente diga que siente su virilidad amenazada por no llamarse "víctimo". Nadie se pone a reivindicar su derecho a la hombría si hace de "Carabino" en lugar de carabina. Si las mujeres no han vivido en una situación de igualdad SOCIAL es algo en lo que estoy de acuerdo, pero lo que hay que hacer es cambiar el sistema SOCIAL, dando IGUALDAD real de derechos tanto mujeres como a hombres, no forzando al prójimo a hacer mamarrachadas de este tipo con la lengua que no sirven nada más que para que unos pocos se pongan bien puestos y se crean que así han dado otro pasito para arreglar el mundo.
Pongo un caso claro: yo, desde hace ya más de una década, he sido de los pocos hombres, si no el único, en las clases a las que he asistido. Bien en asignaturas de la carrera, donde la proporción de mujeres respecto a hombres era bastante mayor, bien en cursos o academias. No es la primera vez que algún profesor (con esto incluyo a hombres y mujeres, sin intención alguna de demostrar superioridad de un sexo: para mí un profesor es una PERSONA y me importa tres pares de cojones su sexo) se ha referido al grupo como "chicas" o "vosotras". Y no es la primera vez que se han dirigido a mí diciendo "lo siento".
Si yo me hiciese el ofendido, si sintiese vulnerada mi identidad o si sintiese que se me está ninguneando, el gilipollas aquí sería yo y no el docente. ¿Por qué? Porque es una cuestión de números; no creo que me sienta menos hombre por estar en una clase rodeado de trece mujeres, ni mucho menos. Que no se me incluya genéricamente, qué queréis que os diga, me la suda, porque sé que los docentes (por lo general) no hacen eso por joder. Quien quiera ver algo así, lo ve, lógicamente. Pero es más una cuestión de paranoia personal que de exclusión social. El que se ponga en plan víctima ofendida tiene tanta razón como el subnorguai de turno que llega y dice que tenemos que eliminar términos comúnmente aceptados como "tener un día negro" por sus connotaciones racistas.

Coño, los Black Sabbath usan la palabra "Negro" en el nombre de su grupo. Entonces, nada más que por eso, también son racistas, ¿no?


Claro que sí, yo tengo un día negro y automáticamente supone que pienso que los negros son una raza inferior a la que hay que barrer del mapa, ¿verdad? Y digo yo, ¿de verdad alguien se cree que con semejante planteamiento gilipollas se llega a alguna parte? ¿Alguien se cree que semejante ridiculez se deba tomar en serio? ¿Que con tamaña payasada se va a arreglar algo? ¿Que hay relación entre el tocino y la velocidad?
Pues lo peor es que sí. Hay mucho imbécil que se piensa que la lengua atiende a connotaciones de sexo o raza y que ha evolucionado de un modo totalmente consciente para que ciertos colectivos se sientan insultados. Esa teoría de la conspiración lingüística es mucho más fácil que pensar que las palabras solo son palabras, y que ofende el que quiere y no el que puede.

Con todo esto, y para resumir este kilométrico post, lo que vengo a decir es un poco lo que decía otro amigo hace exactamente veinticuatro horas, como conmemoración del Día de Andalucía: pasemos de una puta vez ya de elitismos lingüísticos. Las élites son para gilipollas que o follan poco, follan mal o directamente no follan nada, ni siquiera consigo mismos. No es más culto ni más chachiguai el que sigue a pie juntillas lo que dicen cuatro seres que le bailan el agua a los fulanos que les soplan la pasta cada mes. Los tíos que se autoproclaman en posesión de la "verdadera y correcta lengua" en realidad lo que demuestran es una ignorancia de proporciones épicas al ignorar que la lengua no está en posesión de una élite. Que no se pueden imponer formas o grafías desde los despachos, sino desde el uso común y generalizado de los hablantes. Que la lengua está concebida, única y exclusivamente para COMUNICARSE y que lo de "hablar bien" y "hablar mal" es un término tan jodidamente relativo que toda radicalización de este asunto lo único que hace es contradecir principios NATURALES y ESPONTÁNEOS que tienen lugar durante SIGLOS de habla y uso constante.

Y esto, para variar, no lo dice alguien que no está informado. Lo está diciendo alguien que se ha tirado bastantes años estudiando y partiéndose los cuernos con el tema. Como digo siempre (e insisto), podéis estar de acuerdo o no conmigo, pero por favor, no me vengáis diciendo que no tengo ni puta idea ni que no estoy informado, porque esta vez no os lo pienso consentir: justo aquí, en una materia que me toca la fibra muy de cerca (ya que forma parte de mi formación académica y de mi profesión vocacional), creo que ya he demostrado de forma fehaciente que, aunque no sea un experto ni un doctor, no estoy falto de información ni de estudios al respecto.
Ahora, podéis pensar lo que os dé la real gana. Aquí no se sueltan verdades absolutas, sino las conclusiones que yo mismo he extraído en base a mis estudios y a mi trabajo en docencia. Las que saquéis vosotros, son asunto vuestro.

viernes, 1 de marzo de 2013

Escupiendo Rabia- Los Reyes del Drama




Hablando con una amiga, camarada de armas y otra tocapelotas integral como un servidor, ha surgido la conversación acerca de eso tan extraño que es hoy en día como argumentar tu postura. En la actualidad, en este mundillo dominado por los realitichous y las barriobajeras que se insultan en horario infantil, parece ser que empieza a darse una tendencia peligrosa. La consistente en asumir que, todo aquello que no te dé la razón, es de manera automática un insulto.
No entraré a detallar lo que le pasó a mi amiga, ya que ella solita se ha encargado de contar su historia; me limitaré a comentaros el hecho de que, mediando entre otras dos partes enfrentadas entre sí, ella simplemente se limitó a decirle a una de ellas (la que decía sentirse más ofendida) que, puestos a contar en público lo que le había pasado, lo mínimo era que sus oyentes tuviesen la oportunidad de escuchar la otra parte. Nada, a mi juicio (y creo que al de una persona con un mínimo de sensatez), descabellado.
Mi amiga, por decir algo así, ha sido acusada de faltar al respeto.

No es un caso aislado. Yo mismo he sido acusado de cosas similares en numerosas ocasiones cuando alguien me ha venido contándome el sentido de la vida sin muchas más explicaciones que el simple y llano "Porque yo lo digo".
Muchos de vosotros me conocéis. Sabéis que yo no me quedo con la palabra de nadie, si ésta no viene respaldada por unos argumentos; luego, esos argumentos los puedo asumir, reconocer, me pueden convencer o no. Cambiar de opinión es decisión mía, del mismo modo que lo es la de cualquier persona, incluida la que me intente convencer.
Y es que un debate no tiene por qué ser un pressing catch, donde gana el que la tiene más gorda (la opinión); igual ambos debatientes tienen su parte de razón y resulta que el objetivo del debate es intercambiar información. Contrastada o bien opuesta, pero eso enriquece (o debería enriquecer) el conocimiento de ambas partes.
Pero no.
Aquí la cuestión es que el mundo te tiene que dar la razón: tú expones tu punto de vista particular porque eres DIOS, y no necesitas argumento o explicación que respalde lo que dices. La gente te tiene que dar la razón como a los tontos, y no solo eso: tienen que meneársela de gusto con lo que sueltas, alabar tus santas palabras y, JAMÁS, cuestionar tu Credo. Y ojo, hablo de CUESTIONAR, es decir: preguntar "Oye, ¿y eso por qué dices que es así?", desde la duda razonable y no desde el desprestigio en plan "Esto es una mierda". Eso NO es cuestionar, es hacer la oposición del chapucero.

Supongo que en esta sociedad guerrillera y polarizada en la que vivimos, todo lo que no sea seguir la corriente se toma precisamente como un ataque. "O estás conmigo o estás contra mí". Si te preguntan, parece ser que lo normal, acostumbrados como estamos a ese batiburrillo constante de insultos y desprestigios hacia las posturas contrarias, se tome como un insulto. Como una ofensa. Como, incluso, una falta de educación.


"Pichagorda_19 dice que no termina de ver mi postura... ¡SERÁ MALEDUCADO EL HIJO DE LA GRANDÍSIMA PUTA! ¡LO MATO! Pues nada, le voy a mandar un mensaje cagándome en sus muertos que se va a mear en los pantalones"

Aprendamos un poco, caballeros, caballeretes y otras criaturas: que alguien no crea que tengas la razón no es faltarte al respeto. Simplemente manifiesta su desacuerdo hacia ti y, por mucho que nos duela, esas cosas pasan. No somos dioses, no estamos en plena posesión de la verdad (puede que la Verdad, en mayúsculas, ni siquiera exista y cada uno vea las cosas desde su particular prisma) y, si ni siquiera nos molestamos en ofrecer información que respalde nuestras aseveraciones, cualquier persona con un mínimo de honestidad o de sentido común debería decir "Vale, muy bonito, pero... ¿esto por qué?". Cualquier persona que tenga un ápice de inconformismo en las venas pedirá algo más que la Inviolable Palabra de uno para, como mínimo, entender nuestro punto de vista (lo de apoyarlo es harina de otro costal, algo que ni siquiera veo como un objetivo deseable).
Asumidlo: esto NO tiene nada que ver con cagarse en los muertos del prójimo, llamarlo giliipollas o pregonar a los cuatro vientos que se ha follado a su madre y que encima ésta no es ni buena en la cama. Eso, aceptadlo, SÍ es una falta de respeto y no lo que hemos visto arriba.

Pero podemos seguir incluso yendo más lejos: resulta jodidamente hipócrita que éstos que ven ninguneado su honor personal cuando llega alguien y no les baila el agua, sean los primeros en proclamar la censura. Esta clase de personajes, lo sé por experiencia propia, amén de centenares de testimonios, tiene un gatillo tan rápido que ríete de Clint Eastwood cuando se trata de borrar los comentarios de otros. Porque en Su Sacrosanto Círculo sólo puede haber UNA opinión válida: la que le da la razón.
Pensamiento Único.
Casualmente, el que coincide con estos seres que luego van de liberales, tolerantes y de libertarios por la vida. Aquellos que se sienten ofendidos a la más mínima, pero que no dudan en pisotear, aplastar o silenciar aquellos que no comulgan con su Credo, porque "están ofendidos".
Mucha lagrimita veo yo aquí, qué queréis que os diga.

"¿Pero cómo han podido hacerme eso A MÍ? ¿A MÍ?"


Y es que esto clama al cielo cuando ves que los que toman esta actitud son ya gente que tiene la entrepata velluda o bien canosa. Cuando estos mismos, a la primera que escuchan algo que medio se sale de su Firme Corriente de Excelso Pensamiento montan en cólera y profieren insultos en privado a aquellos que se disponen a no aceptar sin reservas lo que les dicen. Cinismo extremo, cuando ellos acusan de "intolerantes" y de "radicales" a aquellos que no se limitan al "Sí, amo" o "Eres la razón de mi existencia, gracias por iluminarme con tu sabiduría". Un cinismo que emplean a niveles alarmantes cuando, no contentos con insultar, desprestigiar y saltar a la yugular de los demás, se rasgan las vestiduras autoerigiéndose víctimas del mundo. Estos seres, que enarbolando el Respeto como un arma, se convierten en Reyes del Drama y les falta el canto de un duro para entonar el Hipogrifo Maldito a voz en pecho mientras exigen (no he dicho piden, que quede claro) mimitos de su camarilla.
"Los demás son muy malos conmigo, mirad cuánto sufro"
"No me han dado la razón, no se me está respetando"
"Tengo derecho a la libertad de expresión"

Esta última me encanta, porque parece ser que solo ellos pueden ostentar ese derecho. Se cortan con un folio y gritan que un hijo de la grandísima puta les ha amputado un brazo, aunque usen la mano que dicen haber perdido para señalarlo. Porque ellos SÍ pueden opinar, aunque sea para mearse en la cara de aquellos que no les alaban de forma incondicional. Ellos pueden decir que eres un gilipollas, un maleducado, un  hijo de la gran puta o que tus padres eran hermanos. Ellos sí pueden, porque tienen carta blanca. Están por encima del bien y del mal. Porque, al sentirse víctimas de una conspiración, ya tienen plena potestad para coger y atacar a personas que igual no les han insultado realmente. Da igual, porque ellos SE SIENTEN así, y ya con eso todo está permitido.
"Yo tengo derecho a la libertad de expresión; y también a coartar la de otros", es lo que vienen a decir, en resumidas cuentas.

¿Y esto, de dónde sale? ¿Ha surgido esta gente del espacio exterior, ha brotado de la tierra o ha sido criada en tanques de clonación? En absoluto. Esto surge del hecho de que hoy en día ya no merece la pena argumentar nada. Es triste, pero es así. Ya pocos saben mantener una discusión civilizada acerca de cualquier tema (no necesariamente política, ojo) sin acabar entrando en alusiones personales, insultos soterrados o en ataques directos contra otra persona. Lo fácil sería echarle la culpa a la tele, a las Belenesteban que proliferan día sí y día también; cargarle el muerto a los políticos por el ejemplo que dan todo el puto día en el Congreso de los Amputados.
Sí, eso sería lo fácil.
Pero que este mundo se vuelva cada día más ignorante y más garrotero no es culpa de ellos, o no toda. Siempre hemos tenido la opción de no escuchar a esos animales sobre dos patas, pero lo acabamos haciendo. Vamos de cultos, pero prácticamente todos sabemos quién es Matamoros, estamos al día de la última patochada que Marianete ha soltado por la boca o nos hacemos eco de la última cagada que alguien ha soltado en la red social del pajarito azul.
Y no es malo tener conocimiento de esas cosas. Saber que esas cosas existen no nos convierte en inferiores, débiles mentales o pobres granujas de mente simplona, ni mucho menos. Lo que es malo es acabar pensando que esos casos molan, que la sociedad en general es una polarización del blanco hacia el negro, del "nosotros contra ellos" y del culto a la Verdad Absoluta (especialmente cuando creemos estar en posesión de ella, sin lugar a dudas de ningún tipo).

"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. El que no siga mis pasos es un subnormal"


Es entonces, amigos Distópicos, cuando estamos cada día más cerca de convertirnos en masa informe, en mentes manipulables, en amantes del Pensamiento Único. Cada día que exigimos que la gente asuma lo que decimos, sin explicarles nada, sin apoyar con argumentos nuestras tesis y desde el "Porque lo digo yo, que yo sé y tú no sabes nada (Jon Nieve)" nos acercamos más a esa mentalidad que exige que todos sean como nosotros, distanciando a los disidentes. El pensamiento divergente, caca de la vaca. Conmigo aquellos que están de acuerdo en todo; a los otros que les follen. Pero que les follen mal, no sea que les dé gustirrinín y lo último que queremos es que disfruten. Porque como son malos, que se jodan.
Y así nos va: a la más mínima que alguien dice "Oye, yo no creo que esto sea así", la política es la simple: "Tú es que no sabes", "tú es que no tienes ni puta idea de nada", "yo es que estoy informado (aunque no te cuente un carajo)", "tú eres gilipollas, así que cállate" o el simple y llano "Pues yo me cago en tu puta madre". Todo eso siempre antes de preguntar a la otra persona lo que sabe del tema (porque puede que algún día demos con alguien que se nos mee en la cara en un tema que creemos dominar. Repito: no somos Dios), ¿para qué? Lo mejor es masturbarse ante el propio conocimiento. Me compro un tebeíto a la semana y en cuanto tengo veinte ya puedo dar lecciones a gente que a lo mejor lleva coleccionando material veinte putos años. Me leo un par de libros y ya digo que soy un experto en literatura, y se lo digo a lo mejor a alguien a quien no he preguntado y puede que sea doctor en la materia y que tenga experiencia para parar un carro. Me veo un par de pelis de horror cutres y ya puedo decirle a cualquiera que no coincida conmigo en UNA película que no tiene ni idea.
Esto lo vemos día a día. Gente (o gentuza, ¿veis? La palabra "gentuza" sí se parece más a un insulto) así es la que exige que les des la razón, so pena de ningunear lo que tú digas, por razonado que esté. Y si pueden, se buscarán un grupo de sabios detrás que les toquen las palmas. Y vendrán a decirte que, como son más, tienen la razón... aunque ese grupo a lo mejor no haya leído un libro en su puta vida, no haya visto ni una sola peli de terror o no tenga ni puñetera idea de quién carajo es John Byrne. Pero como esto es democracia, argumentan, hay que respetar la opinión de la mayoría. En la minoría nos meamos, especialmente si la minoría no está de acuerdo.

"Ey, chaval, dicen que no eres fan de Nirvana"
"Pues no, no me gustan mucho"
"Bueno, pues que sepas que ese pensamiento no está permitido. Te vamos a dar una paliza de las gordas y luego te vamos a poner el Nevermind tantas veces que lo primero que escuches al levantarte cada mañana es el Smells Like Teen Spirit".
"Joder, ¿y eso por qué? ¿Qué os he hecho?"
"Que qué nos ha hecho, tiene los cojones de decir... pues ser un puto ignorante que no tiene ni puta idea de música"
"Pero quillos, que me he pegado media vida estudiando en el conservatorio, algo de música sí que sé"
"Nos importa tres cojones. Si no te gusta Nirvana, no sabes de música"
"Pero..."
"Ni peros ni putas hostias. Vete preparando que aquí viene la primera manta de guantazos"


Democracia, lo llaman. Palabra aprendida en jueves, que todo el mundo argumenta para justificar su miserable actitud hacia los demás. Porque en democracia, sostienen, todo lo que ellos hacen está permitido. Lo de los otros no, claro.
Y si alguien les planta cara, les pide explicaciones, las rebate de una forma lógica, organizada y consecuente, lo que viene es el Drama.

Y esto es todo lo que tengo que decir al respecto. A ver cuántos de los de siempre me vienen ahora diciendo que, por sostener ideas como las que acabo de exponer (dando ejemplos, argumentos y razones que, podéis estar de acuerdo o no con ellas, pero veis que no son sacadas del sobaco y que provienen de un concienzudo análisis personal del tema) me llaman radical, beligerante, intransigente y demás payasadas que me he tenido que tragar a lo largo de una buena temporada precisamente por no besar los culitos de los que han dicho eso. Porque sabéis tan bien como yo, que si les hubiera dado la razón en toda puta cosa que sueltan desde sus santas bocas (o culos, a veces no lo tengo del todo claro, para qué nos vamos a engañar), no habría recibido ninguno de esos "constructivos" comentarios.
Probablemente lo que habría recibido habrían sido alabanzas, peloteos y palmaditas en la espalda, como si lo viera. De ellos, de los que borran comentarios en redes sociales, de los que bloquean al primero que les dice algo que no les termina de gustar, de los que insultan por privado. De esos seres amistosos y tolerantes.
No es por ponerme flores, pero no tengo ningún problema en decir que yo solo tengo a UNA persona bloqueada, y por razones mucho más serias que la mera discrepancia.

Yo puedo ser como os dé la gana de bruto hablando, de tocanarices. Podéis decir que soy un deslenguado, escatológico o incluso blasfemo, sería ridículo negar todo esto, porque reconozco que es una verdad como un templo. No hay nada de malo en admitirlo, porque tampoco creo que esté cometiendo un pecado capital por expresarme de la forma que me expreso. Simplemente digo las cosas como creo que son, y uso el método de expresión apasionado y guerrillero que me gusta expresar. Que tenga razón es algo muy diferente y nada que ver con esto. Yo mismo, ya lo sabéis, dudo de todo. Incluso de mi propia razón.

Pero de una cosa podemos estar seguros, vosotros y yo: los que me conocéis bien JAMÁS podréis decir que cuando alguien me dice algo que no me gusta me voy para él y le digo que es un gilipollas, que me cago en su puta madre o me dedico a borrar sus comentarios para que nadie lea algo diferente a lo que planteo yo. No me iré para nadie que no conozca a decirle "Tú no sabes nada y yo sí". Yo no seré el que se ponga, cada vez que tiene una discusión con alguien a decir "Me han hecho pupita, venid a defenderme y a darme mimitos, que soy una víctima". No seré yo el que os exija que me hagáis la pelota, porque (muchos habéis sido testigos), cuando algún despistado me ha venido en ese plan, directamente no me lo he creído y lo que se ha llevado es una ración doble de escepticismo.
Debo ser alguien que no encaja en este mundo de chupaculos, basado en la hipocresía y la mentira, porque en muchos círculos soy considerado un monstruo. Alguien que no interesa, cuya compañía prefiere evitarse.
Insisto: puedo estar equivocado en mis planteamientos, pero recordad algo: a diferencia de otros mucho más guais que yo, sabéis que yo no os voy a mentir.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Angst- Empantanamiento



Hace exactamente un año estaba yo escribiendo un artículo sobre caos, entropía y otras cosas sobre las que no merece la pena pensar con demasiada frecuencia.
Y aquí estoy yo, unos trescientos sesenta y cinco días despúes (¿o trescientos sesenta y seis? Fue bisiesto 2012?), dándole vueltas al tarro.

Y es que, cuanto más cambian las cosas, más permanece uno en el mismo sitio, sin menearse ni un ápice. Y dices tú, "Lo mismo es que no me he movido lo suficiente". Pues a lo mejor. Pero ya es de estas veces que empiezas a reflexionar: porque total, las ofertas de curro siguen ahí, y uno las echa. BIEN. La pregunta es: si están ahí, lo mínimo sería que te llamasen para una entrevista... pero ni eso. Ya mosquea, qué queréis que os diga. Se puede entender que te echen para atrás cuando te entrevisten por el motivo que sea: que no encajes en el perfil, que no tengas la titulación de moda para ejercer el puesto (aunque sea el más bajo de lo más bajo) o, mi favorita: "No tienes experiencia laboral".
Pues no, tócate los huevos: ningún hijo de puta me ha querido contratar desde que salí de la carrera precisamente por lo mismo. No tengo experiencia, pero a este paso, se ve que no la voy a tener en mi puñetera vida.

No demostrable, claro, porque uno sigue ahí, preparando chavales para que le pierdan el miedo al inglés de una vez. Es como una especie de agujero negro que, pese a no ser el infierno, es algo que sabes que no puedes hacer toda la vida. Algo de lo que esperas salir algún día para proyectarte y optar a un puesto (algo) mejor, aunque sea cobrando la misma miseria. Con que me den de alta en la seguridad social, yo contento, mira tú si pido poco.
Pero se ve que eso no encaja. Mi perfil no encaja en estos tiempos que corren. Soy de una generación obsoleta, esos licenciados a los que nos dijeron de pequeños que una carrera universitaria era una formación decente, superior, que te convertiría en una persona de provecho.
Imagina qué guasa cuando has superado la niñez y la adolescencia y estás ya a la mitad de tu vida de juventud, descubriendo que todas esas ideas, esas promesas silenciosas, todas esas concepciones no han sido más que una patraña. Una mentira con la que nos han dorado la píldora, porque luego te licencias... ¿y qué?
Patada en el culo, a la puñetera calle, gracias por haber pagado las matrículas y propicios días tenga usted, ciudadano.



Pero supongo que esto no es más que un episodio anecdótico. Soy uno de muchos en esta situación, nadie especial. Mi perfil es igual o peor que el de mucha gente que sigue arrastrando los pies en la cola del paro.
Quizás es un todo, un conjunto.
Te pones a pensarlo y te dices a ti mismo: ¿Cuántos años llevas en contra de la corriente? ¿Cuántos años llevas negándote a seguir lo que se supone que tienes que seguir? ¿Cuántos años hace que tienes esas dudas de fe, planteándote si toooodos esos dogmas que te están intentando meter en la tele, en el colegio, en el bareto cuando te tomas algo... y si todo eso no es más que una mentira más, tan gorda como la del futuro postuniversitario? ¿A cuántos has dejado atrás en esa especie de peregrinaje espiritual en el que parece que se ha convertido tu vida? ¿Cuántos te han abandonado a ti?
Sé que muchos pensáis que soy una persona de actitud cínica, o bien escéptica. Y dejadme que os diga que tenéis mucha razón. Lo que quizás no sepáis es que no siempre he sido así. No hasta hace algunos años... llamadlo evolución lógica, tras casi dos décadas de luchas intestinas. Luchas contra uno mismo cuando te ves obligado a reinventarte cada cierto tiempo o acabar mal; luchas contra el exterior, al negarte a ser otro ladrillo en el muro. Al rechazar de pleno formar parte de esa maquinaria de la hipocresía; de agachar la cabeza de forma rastrera para conseguir migajas de favores. De ser otro de esos gusanitos que se arrastran todos los días, diciéndole al objetivo de turno qué fantástico es, qué guapo y qué lustrosa es su entrepata, solo para obtener algo de él.
Llamadme raro, pero yo no puedo ser así. No me sale.
Igual es que soy un inadaptado social, no lo sé.

Y es que algunos parece que hemos nacido para ser plantas sin raíces. Empantanados y estancados, sí, pero sin arraigar. Sin crecer. Flotamos a la deriva mientras el resto del mundo evoluciona, crece o se destruye. Pero nosotros seguimos ahí, como el que ni siente ni padece. Haciendo de testigos, sin poder pisar la arena, porque total... es como si no nos hubieran invitado a la fiesta.
Vemos cómo amigos y conocidos emprenden su rumbo y dejamos de formar parte de sus planes. Porque ya no jugamos en la misma liga, porque poco a poco empiezan a casarse, tener hijos y formar una familia. Los solitarios raramente encajamos en esos cuadros tan bucólicos; somos la variable que no encaja en la ecuación.

Las cosas avanzan y uno se queda atrás; en el mejor de los casos, no avanza con ellas. Y lo peor es que eso fomenta que al final acabes por no entender una mierda. A veces da la impresión de que todo el puñetero mundo está bailando una melodía y tú no te sabes la letra. No te enteras de las reglas del juego, y cuando te las explican, te quedas con cara de póker, porque no te puedes creer que funcionemos de un modo tan asquerosamente absurdo.

— Es que esto es así— te dicen. Y te lo tienes que creer. Tienes que aceptar. Agachar la cabeza y seguir el juego; si no, vete preparando a ser otro puto inadaptado. Uno de esos que viven al margen de lo socialmente aceptado, al margen del contrato social de tal o cual colectivo, da igual porque en esencia todos son humanos y todos tienden a actuar de maneras más o menos similares.
"Sigue esta doctrina, haz caso de tal o cual persona, cree en esto a pie juntillas, ten tal gusto, viste así, no te hables con los de tal tendencia. Nosotros somos los buenos y los que sabemos, y los demás son malos, que no están informados"

Al negarte a la Uniformidad, pasas a formar parte de ninguna cosa en concreto, acumulando polvo en las suelas de las botas. Vete preparando, porque te conviertes en un nómada. En un viajero que visita centenares de puertos, pero que jamás se queda demasiado sitio en ninguna parte.
En situaciones como estas te arriesgas a ser el lobo solitario, aquel al que nadie baila el agua... porque en el fondo la sociedad teme a la gente que no tiene miedo a decir la verdad y la acaba repudiando como a un leproso. A la gente que lo hace, la respuesta es la de siempre: la segregación, el ostracismo, el ataque personal, las risas comedidas y temblorosas, el cuchicheo barato a las espaldas (sin agallas JAMÁS de decir las cosas a la cara)... y la falsedad. La sempiterna falsedad. La de aquellos que buscan ganarse tu favor y, cuando ven que no tienes nada que ofrecer (porque no eres un puñetero supermercado) te dan la espalda. Se buscan a otros a quienes lamer el culo.



La personalidad ha muerto, amiguitos. El lema es "Sacrifícala en aras de un mundo unificado, que espera a que digas lo que ellos quieren escuchar".
Vende tu criterio personal a cambio de elogios.
Eleva a los altares a aquellos que crean que te van a aportar algún beneficio. Escupe sobre el resto.
Comercia.
Compra.
Vende.
Sé un mercenario.
Únete al Pensamiento Único, y aquellos que aman a este Gran Hermano te lo compensarán. Te amarán como tú le amas a Él, y lo seguirán haciendo mientras tengan garantías de tu amor.

Pero también me gusta pensar que en este mundo existe una única cosa que no entiende de modas, dogmas, lemas, panfletos, propagandas o cualquier otra cosa que te obligue a aceptar una norma socialmente establecida. Esa cosa es el caos.
El caos, como decía Heath Ledger, tiene una cosa buena y es que es justo. El caos nos afecta a todos, desde el banquero más supuestamente intocable hasta el pobre que no ha sabido jugar sus cartas y anda buscando comida en el cubo de la basura. No se puede forzar ni domesticar. No va jamás en la dirección que queramos. Casi nunca se ajusta a nuestras predicciones. No se puede comprar con dinero, no se puede destruir ni evaluar de un modo lógico. No podemos cuantificar aquellos puntos de nuestra vida que no podemos controlar.
El caos es lo impredecible, el revés inesperado. La última migaja de improbabilidad que hace que un broker se despeñe desde un rascacielos en 1929 o que una becaria revele haber practicado amor oral del bueno con un presidente y ponerlo contra las cuerdas delante del puñetero planeta. El ser humano no es intocable. Ninguno de ellos, tan solo vive inmerso en una falsa sensación de protección. Una burbuja de cristal que no es más que una pompa de jabón. El día menos pensado un revés le da al más confiado en la boca y la hostia es el doble de grande, precisamente a causa de esa ilusión. De ese engaño.


"¿Por qué tan serios?"

Luchar contra el caos es ilusorio, pero algunos no podemos evitarlo. Está en nuestra naturaleza. Es una lucha perdida desde el principio, pero esas son las cartas que se nos han dado y las jugamos de la mejor manera posible; como mucho, podemos aprender a sobreponernos a los cambios que éste genera tras su paso, y con eso podemos darnos con un canto en los dientes. Felicidades y hasta la próxima vez que se vuelva a poner tu vida patas arriba.
Otros ni siquiera son conscientes de ello, y dirán que no es justo. Que no tenían por qué recibir los embates.
¿No? ¿Ellos no y otros sí?
Ilusión, una vez más.

Mis preguntas de la noche, por tanto, son: ¿en qué lado de este sistema estáis (y no, no me refiero a política, sino a sistema social, humano, antropológico)? ¿Seguís un dogma, doctrina o directrices que determinen vuestra forma de ver la vida? ¿Estáis seguros, al cien por cien y sin reservas, de que vuestros pensamientos realmente os pertenecen?
¿Os ha dado alguna vez el caos una hostia y habéis abierto los ojos?

domingo, 3 de febrero de 2013

Escupiendo Rabia- A un paso de la sociopatía



No sé si es que estoy desencantado o es que estoy a un paso de convertirme en un sociópata, pero si no lo digo reviento.
Estoy hasta los huevos de la sociedad de este país. Podría decir que de la sociedad en general, pero como he salido poco y este es el país que conozco, me parece que ya sabéis a quién le va a llover la manta de hostias.
Estoy francamente harto de vivir rodeado de hipócritas a los que se les llena la boca con sus posturas cool, políticamente correctas, pero que en el fondo, son más conservadores y están más anclados en el pasado que su puta madre.

No dejo de ver cómo cada día, el personal se rasga las vestiduras con el gobierno de mierda que tenemos. Y no es para menos, oiga, viendo el nivel de desfachatez y el descaro con el que nos penetran el recto a cipotazo limpio hasta dejárnoslo como una puta vía de metro. Y hasta ahí, bien.
Lo que me inflama las gónadas es el hecho de que este gobierno de mierda ha sido elegido por mayoría absoluta, y es aquí donde empieza el chiste. Este es un gobierno al que la gente ha puesto en el poder sin que éste hubiese presentado un programa CLARO; en lugar de eso, lo que nos contaron fue una milonga de tres pares de pollas: una puta varita mágica con la que iban a sacarnos de la crisis en DOS PUTOS AÑOS, sin decirnos cómo. Y millones de tontos del culo se lo creyeron.
O bien, lo que pasó es que lo que había era ganas de echar al gobierno que había, en plan cabreo de niños pequeños, que eso sí que tiene más sentido... y que dice tela de nuestra madurez política.

Y es que ahora parece que no sabíamos nada. Pobrecitos de nosotros, que no nos esperábamos que estos cabrones nos fueran a hacer más recortes que Eduardo Manostijeras. Nos llega un caso de corrupción y ya nos echamos las manos a la cabeza... pero lo más fuerte no es eso.
Lo más fuerte es que a un partido elegido por MAYORÍA ABSOLUTA, ahora da la puta casualidad de que no lo ha votado NADIE.
Y esto me lo tengo yo que creer. Como cuando me tenía que creer en los ochenta que al partido gobernante por aquel entonces tampoco lo votaba NADIE. Tócate las pelotas, amigo, que se pegan unos fulanos veintitantos años en el poder, elecciones tras elecciones, y NADIE los ha elegido. NADIE se acuerda de lo malos malísimos que eran también los anteriores y de las ganas que teníamos que se fuesen ya a tomar por culo (y a los que votaremos como corderitos en las próximas elecciones, como si lo viera). Qué puta casualidad.

Os presento a NADIE. Él tiene la culpa de todo lo que nos pasa.

Pero, política aparte, es que somos así con todo: somos el país de decir una cosa, y de actuar de otra. Si tú coges y empiezas a hacer encuestas a la gente, da la puñetera casualidad de que en este país tenemos un nivel cultural que ríete tú de Finlandia. NADIE ve el Sálvame aunque sea líder de audiencia, pero todo Dios ve los documentales de la 2, el Saber y Ganar, Redes y otras joyas culturales. Las bibliotecas peladas, pero oiga, España es un país lleno de gente CULTA.

Podemos seguir preguntando. Resulta que España no es un país machista, ni mucho menos: somos la quintaesencia de la igualdad, aunque aquí las mujeres sigan en inferioridad social en cuanto a derechos. Eso es obvio, pero NO PASA NADA, amigos, porque para solucionarlo tenemos ideas tan terriblemente cojonudas como la discriminación positiva. ¿Qué coño es esto?, podría decir un lego en la materia. Pues os doy mi punto de vista para explicarlo: la discriminación positiva implica ser consciente de una situación de desigualdad social que se ha venido perpetuando a lo largo de X tiempo. En el caso de la desigualdad entre hombres y mujeres, podemos decir que esto se viene dando desde que la sociedad existe. Ponedle 5000 años, añito arriba, añito abajo.
La discriminación positiva considera que, habida cuenta de todo ese tiempo de discriminación, "compensar la balanza", pero en lugar de luchar por la igualdad REAL (es decir, paridad de derechos entre hombres y mujeres en TODOS sus aspectos), coge y compensa por exceso: dicho de otra manera, da más derechos a mujeres que a hombres, para que la cosa quede equilibrada en plan media matemática. Es como si yo cojo y digo, "venga, las mujeres han tenido menos derechos laborales que los hombres en los últimos cien años, no pasa nada; ahora le doy más derechos a las mujeres que los hombres y dentro de cien años, que alguien calcule la media matemática y esto es como si no hubiera sucedido jamás".
Y si no estamos de acuerdo con semejante medida absurda (para mí es absurda en tanto en cuanto no se busca la igualdad REAL, sino que parece más bien una especie de ajuste de cuentas o una simple vendetta histórica) resulta que somos unos machistas, unos retrógrados y vete a saber cuántas más gilipolleces.

En mi tierra, el concepto de Justicia es que los dos platillos estén a la misma altura y santas pascuas. Cualquier otra cosa que me vendan, con el adorno que usen para revestirlo, me suena a patochada.
Lo que es justo,es justo.
Y lo que no lo es, no lo es.

Con el tema de los homosexuales pasa tres cuartos de lo mismo: tú preguntas por ahí y resulta que la mayor parte del personal es supertolerante hacia el colectivo homosexual, que si tal, que si cual, que si respetan y demás polladas.
El chiste es que, si tenéis amigos homosexuales, ellos te pueden dar una versión completamente distinta: gente que te puede contar que se han llevado insultos de todo tipo por un hecho tan simple como ir de la mano de su pareja por la calle. Y oiga, no necesariamente por parte de gente mayor, o ese colectivo de rancios con camisa y corbata que tenemos como paradigma de la homofobia, ni mucho menos: hablamos de gente joven, chavales del barrio que se supone que se han criado en un ambiente social de igualdad de derechos, de tolerancia y respeto.
Con el tema del racismo ni entro. Es tres cuartos de lo mismo.

Pero nada, se nos llena la boca con chorradas. Nos ponemos muy bien puestos y, si tenemos que escuchar a la opinión pública, somos la élite del mundo. Los elegidos de Dios. Eso sí, al mismo tiempo lo hacemos todo mal: nada que venga de España merece la pena, porque somos la raza inferior. Eso sí, te plantan un anuncio donde te venden la TECNOLOGÍA ALEMANA y te corres de gusto. No te pones a pensar que los alemanes a la hora de crear tecnología ponen la pasta y poco más: que los proyectos que se llevan a cabo en tierras teutonas son, en parte planificados por mentes chinas o por mentes españolas. Nah, que somos unos mierdas, oiga y punto. Vamos a meneárnosla con el último Bemeúve que han sacado esos tíos, que saben hacerlo todo bien.

Porque eso sí, para lloriquear como nenazas y mirar para otro lado cuando tenemos oportunidad de hacer las cosas, somos los primeros: al españolito de a pie lo único que le interesa son sus derechos. Tenemos derechos a cagarnos en los muertos de un señor al que no conocemos, pero vota a un partido diferente al nuestro, o que es de otro equipo. Él no tiene derecho a tener una ideología, la que sea... pero nosotros sí que lo tenemos a ponerlo a caer de un burro porque no piensa igual que nosotros.
Somos la clase de país que es capaz de sabotear su propia industria cultural llenándose la boca con pretextos como la lucha por la cultura gratis. Caiga quien caiga. Da igual que estemos jodiendo a un autor autoeditado, nos sacamos nuestras consignas de la manga, nos ponemos las orejitas que se ponen los burros, no vemos más allá y al final, nuestro objetivo es el de siempre: conseguir lo que queremos. Y sí, esto lo hace todo bicho viviente en el planeta. La principal diferencia, quizás, es el hecho de que en otros planetas la gente es ligeramente más honesta y no se ponen a enarbolar ni banderitas ni ideologías que justifiquen las soplapolleces que están cometiendo.

Porque me tengo que descojonar cuando nos reímos de otros países, diciendo que si son unos bárbaros, que si pobrecitos por ser tan salvajes como son, que si esto, que si lo otro. Nos parece una burrada que haya países que tienen en sus códigos penales cosas tan brutales como la pena de muerte o la lapidación, pero nos parece de lo más normal que, cuando pillan a un asesino confeso, escuchemos "Pues yo a ese le pegaba dos tiros". O bien que se carguen a una señora a puñaladas delante de sus hijos y resulte que sus vecinos habían estado meses escuchando palizas continuas y nadie hubiese hecho una mierda porque "Las parejas tienen que solucionar sus problemas en casa". Escuchamos cosas como "Mi marido me pega, pero solo lo normal", lo que implica hasta qué punto muchos de nosotros tenemos aceptada una realidad tan grave, y luego resulta que miramos con condescendencia a otras culturas.

Según más de uno, cuando la violencia no está institucionalizada, es menos violencia.
O es menos violencia si la sociedad no la respalda de modo oficial.
Llamadme raro, pero para mí la violencia es la violencia. La coloquemos en el lado de la justicia que la coloquemos, haya un caso al año, haya cien, o haya dos mil.
Con un solo caso que haya, ya no somos mejores, porque esto no es un puto marcador en que se mida a ver quién es más guai por dar menos hostias.

Somos auténticos expertos en reírnos de la incultura de aquellos que provienen de los Estados Unidos, de su pérdida total del norte, de su censura o de su hipocresía. En España se han censurado películas de terror (que no dejan de ser FICTICIAS) y se ha llegado a plantear llevar a los tribunales a la cúpula de un festival de cine fantástico por permitir la emisión de una película (insisto, FICTICIA) con imágenes demasiado turbadoras para nuestra impresionable sociedad. Sin embargo, vemos un tiroteo en Israel en las noticias mientras nos estamos zampando un puchero y nos parece normal. Nos cuentan con todo lujo de detalles una violación masiva en la India y nos escandalizamos, pero lo vemos a la hora de comer. Porque nos parece que está dentro de lo previsto. Luego sale una teta en la tele y ponemos el grito en el cielo. Porque es sucio, perverso. Porque atenta contra la inocencia de nuestros hijos. Sí, esos hijos a los que sobreprotegemos decidiendo para qué están preparados y para qué no (como si no tuvieran capacidad de decidir, como si fueran idiotas), pero a los que abandonamos delante de la caja tonta horas y horas. Para que se traguen cualquier basura, porque estamos muy cansados de currar, porque nos resultan molestos. Pero hemos tenido derecho a parirlos y traerlos al mundo.
Partiendo de esta doble moral, todo lo que medio suene a algo inmoral nos suena a aberración y tenemos que atacarla hasta que la opresora Policía nos impida seguir con nuestro sentido de la justicia, guiado por ese oxímoron que es la "Sabiduría Popular". A una concejala, como ya defendí en su día, la pillan sobándose el chumino en un vídeo y setenta gilipollas que no tienen nada mejor que hacer con sus miserables vidas van a increparla como si fuera una criminal, cuando no ha cometido delito alguno. Cuando no se ha demostrado que esté corrupta. Simplemente ha ejercido su libre sexualidad.
Si no hubiera leyes, la habríamos quemado por adúltera.
Nos hemos convertido en el país del juicio paralelo, que dicta sentencia antes que los tribunales ("Porque total, la justicia es lenta y no sirve para nada", dicen). De disparar y luego preguntar. La única diferencia con los Estados Unidos es que aquí es más difícil conseguir un arma. Si no, así os lo digo: nos íbamos a cagar.

Lo que todavía no sé es cómo coño no nos ha dado por ir cogiendo antorchas para quemar a los disidentes en plena calle.


Estamos hoy en día lloriqueando por nuestra pérdida de derechos (sí, arrebatados injustamente tras años para conseguirlos), pero no pensamos que durante mucho tiempo se han estado instalando cámaras, donde el ciudadano ha estado sacrificando su derecho a no ser vigilado en una vía pública. Todo en aras "de la seguridad". Todos hemos sido controlados y monitorizados, como ovejas en un rebaño o presos en un penal, pero nos ha parecido fenomenal porque nos hemos sentido más seguros. Todo está bajo mayor control, pese a que ahora los de arriba pueden saber a dónde vamos los lunes por la tarde, aunque no tengamos por qué dar explicaciones de ello.
Y nos ha parecido fenomenal.
En el peor de los casos, lo hemos aceptado prácticamente sin reservas.
Cualquier día nos las instalan en casa de modo oficial (porque ya hay empresas de seguridad privada que lo hacen) con el pretexto de salvaguardar la seguridad doméstica y oye, las recibiremos con los brazos abiertos.
Hablamos de las cadenas, pero a veces creo que nos las ponemos nosotros solitos.

"Ciudadano, se le ha olvidado a usted poner champiñones en la lista de la compra"
"Gracias, Gran Hermano. Qué haría yo sin tu Ojo Vigilante"
"A mandar, estamos para trabajar por ti".


Lo más gracioso es que, fíjate tú cómo somos, que estos temas ya los he mencionado en otros posts... y cuando se han compartido, he tenido que encontrarme comentarios tan curiosos como lo vomitivo que es comparar lo que se hace aquí con algo tan terrible como es una lapidación o una ejecución. Esto demuestra, si os fijáis, hasta qué punto estamos ciegos. Hasta qué punto somos hipócritas y cínicos, que somos capaces de ver la paja en el ojo ajeno pero jamás la viga en los propios. Porque todos los demás son peores porque matan más, porque son más salvajes o más sangrientos. Como en un puto partido de fútbol, parece que en el momento en que encontramos algo que es mucho más brutal que lo que hacemos aquí, ya está todo permitido. Ya somos guais, tolerantes y bienintencionados. No se puede comparar el maltrato que hay aquí con el que hay en Nigeria porque allí se mata más y las mujeres no tienen absolutamente ningún derecho.
Vale.
Entonces estamos diciendo que, como en otros países las cosas están peor, estamos en condiciones de presumir. De mirar para otro lado y de mirar con ese sentimiento de superioridad con el que tratamos a otras culturas. Es como si yo entro en un supermercado, la emprendo a tiros contra todo bicho viviente y, si me llaman asesino, me puedo ya justificar diciendo que en la otra punta del mundo muere más gente a diario.

Esto igual os parece extremo, pero pensad que esta actitud es la que hemos empleado mil veces para defraudar al país. Cuando nos hemos entrampado hasta las cejas y hemos evitado a nuestros acreedores con la habilidad de una puta anguila, cuando hemos pagado parte de nuestros pisos en negro, defraudando al resto del país, cuando hemos currado y cobrado el paro a la vez, nuestra excusa... ¿cuál ha sido?
Sí.
"Más me roban a mí los políticos".
Manos limpias, conciencia tranquila. Porque como hay uno que lo hace todavía peor que tú, ya estás libre de pecado.

Sí, amigos. Hasta poco antes de los recortes educativos, éramos la clase de país que tenía la mentalidad de que nuestro sistema educativo era mediocre. A nadie se le ocurría pensar que la educación empieza en casa y que muchos, muchísimos padres, son de la asombrosa mentalidad de "Yo no tengo tiempo para educar a mi hijo, que lo hagan en el colegio para que eso les pagamos". La mentalidad del cretino que se cree que el país le debe hasta la última puta cosa y que, en el momento en que traen un enano a este mundo de asco, parece que ya tienen derecho a que se lo hagan todo, y no es así: el sistema educativo FORMA, pero la educación, le guste a esos padres o no, tengan el tiempo que tengan, viene de casa. Un crío es educado o un energúmeno en base a los valores que sus padres tienen la responsabilidad de darle. Echarle la culpa al sistema educativo es la echada de balones fuera de turno. La solución fácil.

Lo mismo ha venido sucediendo con la sanidad, hasta que aquí los genios nos han pegado el leñazo en el lomo: hasta ahora, tú ibas a un centro de salud y te encontrabas un montón de gente que ocupaba las consultas básicamente por aburrimiento. Sí, cagaos en mi puta madre, pero fijo que os suena la típica escena de los señores que estaban lozanos y campantes en la sala de espera y que, al no tener nada mejor que hacer, se pedían una consulta para darle el coñazo al médico contándole su vida. Sin contar que eso retrasa todo el sistema de consultas, que bastante copado estaba ya.
Ya he mencionado alguna vez el caso del clásico fulano que va a ocupar los servicios de urgencia en los hospitales porque le duele la cabeza, para hacerse una ecografía si la criatura en cuestión es una chorba que no tomó precauciones la noche anterior y quiere saber si se ha quedado preñada o alguien que le escuece un cojón. Porque nos hemos creído con derecho a ocupar el sistema sanitario para lo que sea, porque pagamos impuestos.

Además que somos los pioneros en sacar de quicio el concepto de protesta: es decir, hay protestas perfectamente razonadas. Pero hay muchas otras, donde tal o cual colectivo minoritario se siente ofendido por cualquier gilipollez (véanse esos colectivos que dicen que la expresión "Verlo todo negro" posee connotaciones racistas y ya hay que empezar a buscar algún otro sinónimo que resulte más igualitario, tolerante y chachiguaish) y empiece a liarla parda causando una controversia que, en realidad, ni siquiera es relevante.


Derechos, para nosotros, todos. Responsabilidades, las pedimos siempre al que está arriba.

Y es que ando un poco harto ya. ¿Por qué? Porque conceptos como la honradez o la conciencia de estado son cosas que en España nos suenan a chino. Somos el país del "tonto el último", donde lo que prima es cubrir nuestras necesidades y el prójimo que se joda. Si yo quiero algo, lo quiero YA, y si eso supone retrasar a la administración, nos la soba. Si tenemos derecho al voto, lo que hacemos con él es convertir la política en un puto Madrid- Barça, obsesionarnos con esa idea de patio de colegio de "Los míos manque pierdan" o "Voy a votar a X para joder al gobierno, a ver si se van ya a la puta calle". A contra B, B contra A. Unos por otros y la puta casa sin barrer, porque estamos convirtiendo esto en un auténtico despropósito y nos lo pasamos por el forro de los huevos: puteamos al Barbas después de su primer año, pero tócate los cojones, que en Galicia ganan las autonómicas y por flamante mayoría absoluta. Nos cagamos en los muertos del Pepé, pero lo votamos masivamente más o menos por la misma época en que se destapaba la trama Gürtel; el señor Camps en la mira de media opinión pública, pero se presenta a unas elecciones... y las gana. Y oye, no es que dé un golpe de estado ni hostias en vinagre. El cabronazo las gana en las urnas.

¿Entonces qué pasa? Que veo manifestaciones, protestas e historias y oye... me parecen dignas de respeto. No voy a ser yo el que diga que la gente no tiene derecho a manifestarse, pero... lo que suelo es decir: "Vale, ¿ahora me venís con esto, pajaruelos? ¿Habéis tenido la oportunidad para salir de esta mierda... o al menos para no caer tan profundamente en este pozo en el que nos hemos metido, y que habéis hecho?"
Habéis mirado para otro lado, o bien os habéis convertido en las clásicas ovejitas. Pensar en cambiar las cosas en base a las herramientas democráticas que tenemos para hacerlo (el voto) no entra en nuestros esquemas. No somos tan progresistas como pretendemos, y cambiar nuestros conceptos preestablecidos es algo terriblemente superior a nosotros. No podemos cambiar nuestra mentalidad, o quizás es que no queremos, no lo sé.
Pero desde luego que me cuesta horrores, y cada día más, empatizar con esta sociedad.

Una sociedad en la que lo último que prima es la coherencia o el sentido común, en favor de la barbarie jamás puede ser algo que yo apoye. Barbarie, sí: cada día más oigo gente decir que lo que tendríamos que hacer es matar a los políticos, que si tal, que si cual... y yo me pongo a pensar: "Muy bonito, los matamos a todos, queda cojonudo así en plan épico, pero ¿luego qué?"
¿Qué hacemos luego?
¿Instauramos un país sin gobierno? ¿Dejamos que la ley del más fuerte impere?
¿Empezamos a pensar ya en ideas utópicas que nadie se ha planteado más que en sus pajas mentales más orgásmicas?

Y es que muchos se creen que luchar contra el sistema es solo luchar contra el sistema, pero sin plantearse cimentar un nuevo sistema desde su origen.
Ven utopías donde no las hay y se montan unos castillos en el aire que encima tenemos que compartir, aunque ni siquiera nos muestren en qué se basan para esas teorías. Aunque no aporten nada más que conjeturas, hipótesis y nada medianamente sólido.


Venga, vamos con movidas tan chuliguais como lo de "Pues abolimos la propiedad privada, mandamos a la mierda el ejército". Muy hippy todo, cuando nos invada algún hijoputa luego me cuentas.
"Esto con una república no pasaría". Pues claro. Yo puedo respetar que alguien tenga ideales republicanos (al fin y al cabo es un sistema político como lo es la democracia, la monarquía o cualquier otro), pero que me vendan un sistema como la puta utopía, donde los coches vuelan, nuestras pollas son más jugosas, las tetas crecen y la esperanza de vida se alarga cuarenta años, me vais a perdonar... pero no me lo creo. En un sistema republicano, viendo la mierda de sociedad de trogloditas en la que vivimos, no va a desaparecer la corrupción. Como mucho, desaparecería la que ya hay en la Casa Real, pero me juego lo que queráis a que surgen unos cuantos más de hijos de puta que, entre unos y otros, se llevarán lo que aquí el amigo Iñaki nos está estafando. No va a haber más consenso político del que hay ahora, porque en un sistema republicano (amigos ultraizquierdistas, enteraos de una puta vez) hay partidos de derechas y de izquierdas... y, viendo el plan, nos pasaríamos el resto de nuestra republicana existencia a hostias unos contra otros, tal y como ahora.
Es decir, si vais a abogar por una república, me parece digno y respetable. Pero por favor, no ofendáis la inteligencia del prójimo vendiéndola como la solución a todos y cada uno de los putos males que asolan nuestra triste existencia, porque no. No es la utopía, ni de lejos.

Ese es quizás el tema que más tristeza y desazón me causa: todo españolito de a pie se ha puesto ya la chapita de revolucionario, pero muy pocos (al menos de los que yo conozca) tiene mucha idea de lo que hacer tras la revolución. Todos esperan aplastar al sistema opresor que nos oprime, pero luego no he escuchado qué alternativas (sólidas) plantean. Todo es una especie de masa gris e idealista, donde todo "irá mejor". Pero, como buen escéptico, todavía espero que alguien me diga CÓMO y en detalle. Nada de ideas vagas, nada de simplezas del tipo "Pues todos seremos más libres". Eso es lo que se planteó en la Revolución Francesa, y NO. No es ningún ejemplo: cuando los franceses aplastaron a la malvada monarquía, lo que aconteció fue la época del Terror. Robespierre y otros hijos de puta se convirtieron en los putos amos y se dedicaron a pasar por la guillotina a disidentes y gente que no veía tan claro que aquello fuese una buena idea. Dicho de otro modo, fue cambiarle el collar al perro, pero el pueblo seguía poniendo el culo para que se lo taladrasen a pollazo limpio.
Y amigos, murió gente. Mucha gente inocente. Gente que, llegada la posteridad, son conocidas como "mártires por la causa" o gente "cuya sangre sirvió para los propósitos de la revolución".
Mis cojones, es gente que palmó convencida que estaba haciendo lo correcto mientras los que manejaban el cotarro se escondían como unas putas nenazas y dejaban que otros muriesen por ellos.
Llamadme cobarde o cómodo, o lo que os salga del culo, pero yo no pienso dejarme llevar por movidas de este tipo. Me gusta seguir pensando por mí mismo y cometer mis propios errores, muchas gracias. No tengo tantas ganas de cambiar el mundo junto a mis amiguitos para palmar por ahí mientras algún hipócrita de medio pelo se alza en el poder y se lleva la gloria de la sangre de la gente que ha usado como escudo humano.

Ahí, a lo Manowar: "Muerte al falso metal, aunque probablemente yo sea más de pega que cualquier otro".


No, no pienso participar en toda esta vorágine de "Únete contra X para salvarnos a todos", porque cada día tengo más dudas acerca de si nuestra sociedad, como conjunto, merece ser salvada. Si un puñado de zombis que siguen al primero que les viene con promesas que son como castillos en el aire (sin cuestionarse la viabilidad de esas promesas, sin plantearse siquiera si les están mintiendo, sin usar la puta cabeza para algo que no sea para abrir puertas o echar tabiques abajo) es la gente que merece la salvación. Esa gente que implora día sí y día también por sus derechos, pero que se ha pegado décadas meándose sobre sus responsabilidades. Esa gente que considera que lo que hay que hacer es aplastar la ideología del contrario porque es malo, en lugar de intentar entender su punto de vista y ponerse de acuerdo para llegar al bien común. Esa gente que considera que primero va lo suyo y luego, si acaso, el bien de la sociedad o del país. Gente que solo se preocupa por cubrir sus necesidades, satisfacer sus deseos y tener el caprichito de turno, pero que luego lloriquea diciendo que todo es una lástima. Gente que con mentar al dictador y decir que era un hijo de puta y que estamos volviendo a su época ya queda de lo más guai, aunque no la haya vivido ni por el forro.
Decidme ahora si una sociedad tan falsa, tan basada en la mentira, la adulación, la bipolaridad, la filosofía del "todo vale", las ideas extremas, los pretextos biensonantes, las posturas políticamente correctas (pero que no son más que una puta fachada) y la chupada de polla incondicional al tío al que ven que les puede dar algún beneficio merece salvación alguna.