martes, 26 de julio de 2011

Escupiendo Rabia: Superhéroes de barrio





Hará cosa de un mes y medio o así, Rumbo a la Distopía escribió un post donde se defendían los ideales del 15-M y explicaba un poco por qué el pueblo español debía protestar ante la situación que vive nuestro país. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y aquí no hay posicionamiento posible ni nos gusta el maniqueísmo. El mundo de buenos y malos es para la gente que guste de vivir entre mentiras. La Distopía está hecha para que la gente aprenda a pensar de una vez por sí misma. Es por eso que este post contiene críticas hacia la llamada Revolución Española porque, aunque creemos que sus ideas son buenas (ver posts anteriores al respecto) y que están haciendo las cosas por el bien común, también cometen errores que deberían enmendar. En resumidas cuentas, primero hubo una tesis, y ahora una antítesis. La síntesis resultante es cosa vuestra, queridos Distópicos.

Ante todo, me gustaría dejar muy claro que este blog no rinde pleitesía ni vasallaje a colectivo alguno. Nadie nos paga un duro por soltar lo que se suelta aquí (ojalá, pero va a ser que no). Por tanto, es de entender que no hay lealtad a ideal alguno en concreto, salvando quizás el del pensamiento autónomo, libre de cualquier tipo de influencia, bien de individuos, bien de grupos, asociaciones, tribus o clanes. Si se tiene que decir algo bueno de alguien o algo, se dirá. Pero si existe algún punto negativo de ese alguien o algo, no existirá la censura y se mencionará expresamente; esto deberá entenderse no como un ataque, sino como un ejercicio de crítica. Porque si la Distopía no es perfecta, tampoco lo es el mundo que la rodea. Cualquier persona que quiera ver algo no reflejado en estas líneas, que vincule a este blog con determinados ideales, o bien que llegue a conclusiones partidistas, deberá ser consecuente y entender que está incurriendo en una valoración personal que en absoluto se corresponde con la política de Rumbo a la Distopía.
Por tanto, lo que digo siempre: con este blog se puede (o no) estar de acuerdo. Pero que no se diga que se carece de argumentos, o que no se ha buscado información. Otra cosa es que solo se quieran ver las cosas desde un ÚNICO punto de vista.
Lo sentimos, pero no existimos para eso. 
Marx fue quien acuñó los conceptos de Tesis-Antítesis-Síntesis. Me resulta particularmente triste que muchos de aquellos que van de marxistas por la vida sean los primeros en mearse en esa consecución de ideas y sean incapaces de llegar a nada que no sea el insulto despiadado y sin argumentos.


Dicho todo esto, empezamos:

Supongo que todo empezó durante las jornadas revolucionarias que tuvieron lugar a lo largo de los últimos meses. Aquí un servidor se pasó por las asambleas que tenían lugar en la Plaza de la Constitución (cuyo nombre fue provisionalmente cambiado por el Indignado Medio a Plaza de la Libertad. Irónico, si leeis lo que plantifico a continuación): como no está bien hacer crítica de algo que no se ha vivido, voy y me siento allí en el suelo, junto con chorrocientas mil personas más. A ver qué se cuece.


Era la noche de reflexión justo antes de las elecciones y el personal iba pasando por allí para ir proponiendo ideas acerca de lo que hacer con nuestro país de mierda. La única restricción era, por supuesto, hablar de partidos políticos, sindicatos, o cualquier otra fuerza democrática que tuviese algún peso en las urnas. Muchos de vosotros ya sabeis que intentar influenciar el voto del viandante en esa jornada está penado. Si no recuerdo mal, los mismos organizadores del movimiento 15-M lo advirtieron expresamente; por tanto, se entendía que eso, aparte de todo aquello que no tuviese que ver con Democracia Real ya y sus peticiones, quedaba fuera de lugar. Pues bien, el personal, tras varias manifestaciones, parecía que se había crecido y se sentía con las fuerzas suficientes como para soltar la primera reivindicación que les saliera del culo. Y en su derecho que estaban.

En esto, como en todo, había buenas ideas: se habló de acabar con el bipartidismo, de acabar ya con la corrupción y demás medidas que sobre el papel están muy bien, pero requieren un montonazo de años para poder llevarse a cabo. Sólo respetar la Constitución implicaría casi una década, y soy optimista. Pero bueno, ya lo dije en su momento: que esas cosas se empiecen a hablar me parece bien. Que se hablen en público, con la intención de llegar a algo, me parece bien. Que ese algo en concreto sea cambiar las cosas para mejor, me parece lo mejor que ha podido hacerse en España, si os digo, desde la transición.
Lo que SÍ me pareció vomitivo fue lo que me fui encontrando, conforme iban pasando las horas.

Mi aspecto era más o menos así, pero sin trenzas.


Se supone que cuando se pide una Democracia Real, el respeto es un valor fundamental. Así como la libertad de expresión. Del mismo modo que me resulta total y absolutamente despreciable que ciertos sujetos confundan esos valores con un autoproclamado "derecho" a no escuchar y a hacer boycott sobre las opiniones que no comulgan con las suyas.
Os ilustro esto claramente: en dichas asambleas, la gente iba hablando por turnos, haciendo una ordenada cola hasta llegar a un micrófono (o megáfono, cuando se escoñaron los altavoces). Una vez allí, el señor o señora en cuestión se plantificaba delante de la gente y al estilo speaker's corner de Londres, hacía las reinvidicaciones que le venían en gana. La gente sentada podía elegir bien entre agitar las manos abiertas para mostrar conformidad, o cerrar los puños y hacerlos rodar (algo parecido al gesto de falta en baloncesto) para decir que no estaba de acuerdo. Hasta aquí bien: uno habla y la gente puede estar o no de acuerdo.


Speaker's Corner: un señor se sube al cajón. Habla, y si la gente está interesada, se queda y escucha.

Lo que tocaba la moral era el hecho (terriblemente frecuente) de que había sectores más o menos multitudinarios en los que la gente no se molestaba ni en escuchar lo que se decía. Y no hablo de la violación de los principos arriba mencionados; de ser así, yo mismo no estaría escribiendo este post y habría entendido perfectamente por qué se hacía...
... Pero en el momento en que se insinuaba algo que estos no compartían, ya empezaban a rodar los puños. Hasta el punto de que en algunas ocasiones, el que estaba en el micrófono apenas había dicho dos palabras seguidas. Esto pasó en contadas ocasiones, hasta llegar al punto de que tanto un hombre de los que estaban entre el público como la misma organización tuvieron que decir que eso no estaba bien. DOS VECES.

Oí muchísimas historias, bien emotivas, bien comprensibles, ante las que NADIE protestó aunque a lo mejor no tuviesen demasiado que ver con las propuestas (o bien lo hicieron algunos a los que no vi), del mismo modo que recuerdo que alguien dijo que no era el momento de hablar si queríamos o no una República o una Monarquía. Que eso debería decidirse más adelante, cuando hubiese algo sólido en lo que basarse. Esta persona, entendí yo, lo que estaba diciendo era que sí, que todo aquello estaba muy bien, pero que se estaban saliendo del tema. Que por favor, plantásemos los pies en la tierra y que nos centrásemos en lo que era esencialmente primordial. Si alguno de vosotros ha estudiado algo acerca de creación de empresas, lo más básico es, sin lugar a dudas, la detección de necesidades. Cualquiera que quiera iniciar una empresa de cualquier tipo (por empresa ya no solo me refiero a negocio, sino a actividad) debe ser consciente de ello.
Respuesta: puños rodando. Ni terminó de decir las primeras palabras cuando ya estaba el coro de guerreros jaleando.

 ¿Es esto libertad de expresión? Sin duda. ¿Es respeto?  No sé muy bien qué decir. Mi concepto de respeto y de diálogo no es ese. Para mí, consiste en escuchar todo lo que una parte tenga que decir y, si es posible, coger y rebatirlo con argumentos SÓLIDOS, y que luego cada uno piense lo que quiera. Pero el abucheo silencioso y el refugiarse en la masa para despotricar contra un argumento contrario no me parece tarea de indignados, ni de luchadores. Ni siquiera de gente que quiera arreglar las cosas.
Para mí eso es de cobardes e intolerantes.


"¡Pero si no he terminado de hablar, no me comáis todavía!"


Y la cosa suma y sigue. Lo que empezaron siendo buenas ideas, se acabó convirtiendo en un puto disparate. Que haya gente que quiera una Tercera República no es algo que yo me vaya a poner a condenar. No lo comparto, pero no me pondría a freir a tiros al que lo quiera; por la misma regla de tres, me parecería lo más justo que ciertos sujetos se hubiesen guardado según qué opiniones acerca de la Monarquía (de fascistas, autoritarios y déspotas no bajaron a la Casa Real) en un ambiente donde se suponía que las opiniones políticas estaban en segundo plano en favor de respetar la Constitución de 1978. En mi tierra, si quieres respeto, tienes que respetar a todas aquellas otras formas de pensamiento que son respetables, aunque no comulgues con ellas. ESO es la esencia de la Democracia y no tener una Monarquía o una República. Y sin embargo, había bastantes pancartas donde se encontraban caricaturas del Rey como uno de los responsables de la crisis. Todo un ejercicio de respeto hacia los Indignados Monárquicos (sin embargo, no vi a nadie que criticase o ridiculizase la idea de una República)

¿Qué pasó entonces? Pues que poco a poco se fueron institucionalizando ciertas posturas: si uno se hubiese subido al pódium y hubiese dicho que la Monarquía Democrática que tenemos no le parecía tan mala, lo abucheaban. Si hubiese aparecido alguien de derechas y lo hubiese manifestado abiertamente, igual se lo habrían comido allí mismo. ¿A esto se le llama democracia? ¿Es que resulta que unas posturas sí son válidas y las otras no? ¿En qué coño estamos pensando?


Ya pasaba en Rebelión en la Granja, de George Orwell: "Todos los animales somos iguales... pero unos animales son más iguales que otros"


Y no quedó ahí el tema. Si creéis que a la gente no se le pudo ir más la olla, llegamos al punto del hippismo fuera de onda, que me resultó tan terriblemente inocente que no supe si echarme a reir allí mismo o pegarme cabezazos contra el suelo.
Llega un tipo, muy bienintencionado él (lo tenía a unos siete metros, de modo que escuché perfectamente lo que decía) y suelta que lo que teníamos que hacer para tener una Democracia en condiciones era abolir la propiedad privada y el ejército. Y así de pancho se quedó el colega, con media plaza aplaudiéndole, como si hubiese bajado el puto Superman tras haber rescatado un helicóptero a punto de descogorciarse contra algún edificio.
El rollito hippy pudo estar muy bien en los sesenta. Lo de renunciar a las posesiones tuvo que ser la polla en verso cuando llegó un fulano nacido en Galilea y se puso a predicar en el desierto mientras los romanos le miraban con cara rara. Lo de abolir el ejército sería una idea de la putísima hostia si el planeta entero se encontrase en total igualdad de recursos y tuviesemos la consiguiente garantía de que los colegas de abajo (o de arriba, que nunca se sabe) no nos van a invadir.
Pero esto es libertad de expresión, amigos. Un derecho fundamental.
Un derecho de cuyas responsabilidades nadie parece ser consciente.
No basta con decir lo que piensas. Sino que es tan importante (o más) pensar antes de hablar (a menos que en tu casa no haya tejado, claro). También tienes que ser consecuente del alcance que tiene lo que dices, ya sea una idea sublime o la gilipollez más grande del planeta.
Ojalá alguien hubiese grabado estas asambleas y le hubiese pasado al plantel de sabios las ideas que tuvieron.
O mejor no. Muchos se reiteran.


Dicen que el ser humano es el único en tropezar dos veces con la misma piedra.
Y tres.
Y cuatro.
Algunos hasta acaban por convertirse en verdaderos profesionales en ello, e incluso hacen gala de semejante habilidad.


Entre eso y la cantidad de pancartas que encontré con las que no estaba de acuerdo, llegué a un punto de cierto escepticismo hacia la Revolución Española. NO retiré mi apoyo (y a día de hoy no lo he retirado del todo, eso que quede claro), pero... digamos que ciertas cosas levantaron mis reservas. Por ejemplo, el hecho de que muchos usaran la Democracia Real y sus ideales para abogar en pos del movimiento okupa. Como si ambas cosas tuvieran relación.
De un modo similar al de la República, no comulgo especialmente con el movimiento okupa. A los dieciocho ya estuve en una reunión que se daba en la Facultad de Psicología al respecto y creedme: lo que oí ahí sería para escribir otro post. Con lo cual, a diferencia de lo de la República, puedo decir que es un movimiento que me la trae totalmente al fresco. Fuerza de razón suficiente como para que me toque las pelotas que me identifiquen con ellos. Pues nada, los pancartones con los símbolos okupas plantificados en la plaza. Y que vale: que a lo mejor ellos estaban en su derecho de ponerlas. Pues muy bien, yo estoy en mi derecho de decir que no me gusta que me impongan una doctrina por cojones.

Podeis decir que no me la impusieron. Que los okupas estaban en su derecho de manifestarse. Sí, por supuesto que sí. Y a mí me gustan los comics y no por ello plantifico una bandera con el logo de Batman en mitad de la plaza. Porque no era el sitio ni el lugar. El 15-M surgió como un movimiento para arreglar las cosas. Sin una ideología específica. Porque si nos ponemos en ese plan, ahora cualquiera puede plantar su bandera ahí; banderas de ideologías contrarias. O incluso enfrentadas. Ideologías en un movimiento apolítico...
Poneos como queráis. Yo no lo veo.

Ya sabeis cómo se desmanteló lo del 15-M. En la mayoría del país fue una retirada acordada y bastante pacífica. A partir de ahí me desvinculé un poco, porque ya el tema se estaba yendo lo bastante de madre y no me apetecía identificarme (o vincularme) con los sectores más beligerantes de la Revolución.
¿Y qué me he encontrado?


Un becario de Rumbo a la Distopía en nuestra hemeroteca. Fue una labor ardua, pero Brutus se las apañó para encontrar la letra C sin sufrir una embolia...


Echad un vistazo a estos casos, información cortesía de una de las colaboradoras más recientes de Rumbo a la Distopía:

Caso 1:

Un señor se compra un piso y llega el clásico punto en que no puede pagar la hipoteca. Por ello, decide poner el piso en alquiler y éste se va a vivir a casa de un amigo. Al piso se va a vivir una señora. Dicha señora se queda en paro y se niega a pagar el alquiler. Así, de chula. Tan chula que ni se larga de ahí, vamos. El dueño del piso, ante la tesitura, no sabe cómo pagar la hipoteca y tiene que tirar de ahorros como puede. La historia va a juicio, declarándose en favor del propietario, que es aquel que ha sido agraviado (os lo explico de un modo más claro: la inquilina firmó un contrato y en el momento en que ésta no paga y se sigue quedando ahí, incumple el contrato. Es decir, no sólo quebranta la ley sino que además falta a su palabra). Por tanto, se tiene que llevar a cabo un deshaucio.
El día que esto se produce, aparecen los superhéroes del 15-M y defienden...
Sí, amigos.
A la inquilina morosa que se niega a pagar y a largarse del piso en el que está viviendo ilegalmente. Y los coleguis en su salsa, llamando hijos de puta a la Policía y enarbolando histéricamente el derecho constitucional a una vivienda digna.
Con dos cojones. Y al tipo que estaba pagando la hipoteca, que le den por culo.

Aquí, el enlace hacia la noticia que recoge el caso, amén de otros más. Podéis leerlos tranquilamente:
http://www.cadenaser.com/sociedad/articulo/paralizado-desahucio-madrid-polemica/csrcsrpor/20110628csrcsrsoc_4/Tes
http://www.elpais.com/articulo/espana/indignados/aplazan/dias/controvertido/desahucio/Vallecas/elpepuesp/20110628elpepunac_3/Tes

En cualquier caso, mi pregunta es la siguiente: mola mucho eso de defender la vivienda y todas esas historias, y que a nadie se le ocurra poner en mi boca palabras que no son: yo también defiendo el derecho a que la gente tenga una vivienda. Pero, ¿qué pasa con el hombre que ha pagado su hipoteca? ¿Tiene él menos derecho a ella sólo porque no es él el desahuciado? Y aun quiero ir más lejos: si vosotros tuviéseis un piso alquilado y os hicieran lo mismo que a él... ¿Lucharíais también contra ese desahucio?
Esta, y no otra, queridos Distópicos, es la pregunta del millón de pavos. Pensad friamente vuestra respuesta y luego me habláis de lo que es justo y lo que no.

Caso 2: Este caso queda un poco al beneficio de la duda, porque mi informadora no ha podido conseguir más datos que los básicos. El resto está basado en sus propias deducciones que (consideramos), si bien no son la realidad, tampoco creemos que ande del todo lejos de ésta.


Dejo aquí enlaces para que os vayais poniendo en situación ante lo que se cuenta:


http://www.elpais.com/articulo/madrid/desahucio/frenado/Malasana/van/elpepiespmad/20110720elpmad_1/Tes
Esta señora de Malasaña, si os fijais, debe recibir una pensión por cuidar de un hijo discapacitado, que viene a ser de unos 900 euros, sumado al sueldo que gana un trabajador de la ONCE, que ronda los 400 o 500 euros. En resumen, tendríamos un ingreso mensual de unos 1300 o 1400 euros, sin saber cuánto se cobraría por viudedad.
Según informa mi contacto, la deuda total asciende a unos 5000 euros. De lo que se calcula que, visto lo visto, el alquiler al mes sale a unos 50 o 60 euros.

De este caso se deduce que tendríamos una casa en que dos personas tendrían unos 1200 pavos para vivir. No es para vivir en la abundancia, pero si partimos del hecho de que hay muchísimas familias más numerosas que dependen de un único sueldo de 1200 o 1300 euros, no salen las cuentas.
Y los Indignados defendieron esto.
Por el derecho a la vivienda digna. Joder, yo también tengo derecho a una vivienda y no me meto en alquileres que no puedo pagar. Y si lo hago y me quedo sin dinero, me marcho, no me quedo a chupar del bote en la casa de nadie.
Pero si hablamos de derechos, venga. Hablemos de derecho. Todo el mundo tiene derecho a comer, y no por ello vamos atracando supermercados para ponernos hasta el culo de chococrispis. Y me tendrían que defender.

Pero es que hay más: ya no hablo sólo de la vivienda. La idea del 15M puede ser buena. De hecho, sigo manteniendo la fe en que es buena. Pero lo que no se puede es autoerigirse en cruzados y dedicarse a putear todo aquello que viene de fuera. Dedicarse a plasmar sus obsesiones y filias/fobias personales en todo cuanto hacen y proyectarlas por ahí.
Pensad en el caso del fulano que se cuela en el metro. Ahí, sin pagar. Porque no tenía pasta o bien porque no le salió de los cojones. Me importa una mierda. Yo estoy en paro y cuando me he quedado sin pasta me he vuelto a mi puta casa andando (de ahí que siempre ahorre un poco de lo poco que ya tengo precisamente para evitar eso). La Policía (de la que siempre nos quejamos cuando nos pasa algo y no están cerca) le ve y echa a correr detrás de él. El fulano sale de la estación de metro y se topa de bruces con un deshaucio impedido por los Indignados. ¿Qué hacen éstos? Lo más sabio del planeta: no preguntar y ponerse sistemáticamente en contra de la poli.

Dejo enlaces con noticias sobre esto; la decisión de creer lo que viene aquí o creer cualquier otra versión es vuestra:
http://maes.blogfree.net/?t=3519925
http://www.rtve.es/noticias/20110705/varias-decenas-personas-increpan-policia-lavapies-cuando-se-llevaban-extranjero/445738.shtml


"DEJADLE EN PAZ, NAZIIIIISSSS"


Aquí es cuando yo me pregunto: macho, ¿en qué cojones estamos pensando? ¿Qué coño queremos favorecer? ¿Nos amparamos en la Constitución y ahora vamos permitiendo la morosidad? Nos hemos pegado años viviendo de la puta hostia sin pagar ni los chuupachups. Viviendo a tutiplén, entrampándonos como cabrones y no ahorrando ni un duro. Luego las cosas se ponen feas y resulta que la culpa es SOLO de los bancos (que sí, que soy el primero en pensar que la banca es una panda de cabrones chupasangres que se han dedicado a la usura más rastrera desde hace años... pero no por eso los demás somos unos pobres corderitos inocentes y vírgenes que no sabíamos absolutamente nada).

Todos nosotros, ABSOLUTAMENTE TODOS, hemos conocido morosos de la puta hostia, que han vivido como reyes, a costa de estafar a todo bicho viviente que se le ha puesto por delante. Y esos tíos, durante años, nos han parecido los listos. Los que viven bien. Los putos amos. Nunca los hemos denunciado, y si lo hemos hecho, la Justicia ha sido más lenta de lo que resultaría una peli muda de Scorsese. Pero en el fondo los hemos envidiado.
Ahora que podemos cambiar las cosas, los defendemos.

Si la gente se cuela en el metro, resulta que no lo consideramos un delito. Lo defendemos también, porque el pobrecito tenía que ir a Dios sabe dónde en metro aunque no tuviera un duro. Pues nada, mañana hacemos lo mismo los demás. Al servicio de transportes, pues como a la Policía: que le den por culo, porque todo lo que venga pagado con nuestros impuestos parece que nos da urticaria. Así que cuando el Metro, el autobús urbano o los trenes de cercanías cierren porque no pueden pagar los gastos ya que todo el mundo tiene derecho a viajar de puta gorra, nos quejaremos. Nos parecerá todo una mierda. Diremos que el Estado es opresor, fascista y reaccionario. Levantaremos nuestros puñitos en altos, diremos que abajo la propiedad privada (aunque luego nos neguemos a renunciar a nuestros coches o nuestras teles) y cuando venga la policía a evitar el consabido saqueo (que acabará por producirse), diremos que son unos cerdos nazis en favor de un sistema que nos oprime.


Venga, va. Todos los días nos arrean con el látigo, se follan a nuestras mujeres e hijas y queman nuestras granjas.


El sistema. Si pensáis que el sistema es la banca, el gobierno y los políticos, vais de puto culo. Estáis viendo la punta del iceberg. Ellos son los poderosos, sí.  La cúspide de la pirámide... pero el sistema lo conformamos entre todos, ¿o es que os pensáis que porque ellos gobiernen nosotros estamos exentos de toda responsabilidad? ¿Que con no ir a votar o votar a quien sea ya estamos libres de pecado? ¿Que la culpa es solo de los de arriba y nosotros, integrantes de la masa votante, podemos lavarnos las manos tan ricamente?
Eso en mi tierra se llama maniqueísmo.
Y luego soy yo el que por lo visto no ha abierto los ojos.


Habláis de derechos que os debe el sistema, pero pensad en los deberes que teneis vosotros para con él. Por eso, cada vez que alguien estafa a la seguridad social, viviendo de ayudas que no merece por haber falsificado información; alguien que tiene dos trabajos, uno de alta y el otro en negro. Alguien que usa mil triquiñuelas para no pagar los impuestos que todo ciudadano tiene que pagar. El clásico que no paga la comunidad de vuestro bloque, pero cambia de cochazo cada seis meses. Todos esos, queridos Distópicos, son tan hijos de puta o más que los que están arriba. Podeis justificarlos. Darme mil explicaciones. Decid lo que os salga de la polla. Pero si defendeis a aquellos que están machacando nuestra economía a causa de vuestros propios prejuicios de clases, ya me estais dejando claro que no pensais por vosotros mismos. Me obligareis a pensar que no sois personas justas y que estais defendiendo a delincuentes y criminales simplemente por el hecho de no ser gobernantes o banqueros.

O bien podeis defenderlos. Enarbolar unos ideales que son superguais para luego pensar que el fin justifica los medios y que en realidad todo vale para cambiar las cosas. Defender a morosos. Justificar a la gente que estafa a su país. Hablar de racismo cuando en realidad tenemos a alguien que no paga un servicio público (usar un argumento tangente a otro es una de las falacias más grandes que ha inventado la demagogia... pero ya he dicho mil veces que la demagogia es lo que tenemos, y que visto lo visto es lo que nos merecemos)Mearse sobre todo lo que implique un mínimo orden, porque el orden (por mínimo que sea) es de fascistas y opresores. Anarquía y birra fría. La ley de la puta jungla. A tomar por culo con todo.
Pues nada. Seguid así, sin pensar en lo que haceis. Luego las cosas saldrán mal y yo seré cruel por decir que tenemos lo que nos hemos buscado.

martes, 12 de julio de 2011

Escupiendo Rabia- Amnesia Histórica, o La Persistencia del Mendruguismo




Que mi país está poblado (y tomado) por una estirpe de imbéciles es un hecho tan claro que ni yo mismo voy a caer en reiterarme (más de lo de por sí habitual) en mencionarlo. Pero que además nos regodeemos en nuestra propia ignorancia y nuestras ganas de convertirnos en unos putos analfabetos es de la clase de cosas que me hacen pensar en por qué no me metí a biólogo para crear un virus mortal que nos barra a todos del mapa.

Ahora la moda es la de mearse sobre el pasado.
Antes de que saquéis vuestra vena libertaria y empecéis a encender las antorchas para perseguirme, quiero remarcar desde el principio el hecho de que soy el primero en reconocer que eso de la Ley de Amnistía a la hora de entrar la democracia fue una total y absoluta cagada por parte de nuestros gobernantes (no la única, claro está, pero más gorda que los cataplines de Godzilla). Eso y tener todavía a los muertos de la Guerra adornando cunetas son cosas que no me parecen bien. Por cultura (seamos católicos o no), todos o casi todos estamos de acuerdo de que todo muerto merece una sepultura más o menos digna. Algo así como lo que nos dice la Constitución sobre la vivienda, pero cuando nos vayamos al otro barrio.

Más que una cuestión religiosa, si os fijais, es una cuestión antropológica: desde el principio de los tiempos se sabe que todo muerto ha de pasar por algún tipo de ritual (depende de la cultura) para que sus restos mortales sean separados de los vivos: bien por medio del entierro o bien por la incineración, o bien por algún otro que ahora mismo se me escapa. El caso es que vivos y muertos no deben, o no deberían convivir. De ahí que los cementerios estén aislados y que la gente más o menos educada no hable de los muertos (por lo general de los que conocía) poco más que un par de cosas y se pasen rápidamente a otro tema.
Casi todas las culturas sobre las que he leído mencionan, de un modo u otro, que ofender a los muertos o no darles una sepultura digna da lugar a los fantasmas.


Ya sabéis: luego los muertos se levantan y pasa lo que pasa.


Esto es así hoy en día.

No hablo, lógicamente de fantasmas en el sentido sobrenatural de la palabra (mis creencias aquí no vienen al caso y ponerme a hablar de ello supondría desviarme mucho del tema que quiero tratar hoy). Cuando hablo de fantasmas me refiero a "Todo recuerdo desagradable del pasado que mantiene una persistencia en el presente" (curioso que el Diccionario de la RAE no recoja esta acepción, más que como "algo que sobrevendrá en el futuro"...)
Esos fantasmas siguen ahí, dándonos la tabarra.

Pero claro, no vamos a cargar la responsabilidad de todo el cipote que tenemos montado aquí sobre unos pobres que se tuvieron que matar entre ellos. Eso sería maniqueo y simplista. Y además, eximiría de responsabilidad al Españolito Gilipollas De A Pie que pulula y se arrastra por nuestro país de asco, esgrimiendo una cantidad de valores que, lo mismo están de puta madre, pero que a la hora de aplicarlos, hacen más aguas que el sótano del Titanic.

Y es que ahora se ha puesto de moda el obviar lo malo. El borrar del recuerdo todo lo que nos ha pasado, aunque sólo para lo que nos interesa.
Me vienen a la cabeza las pelis futuristas estas en que un fulano viaja al futuro y ve que YoNoSéQuién, que inventó la Supermegabomba Putoneutrónica no aparece en ningún libro. Sus estatuas han sido eliminadas de la faz de la Tierra y los humanoides (generalmente una panda de asexuados en pijama de plata) tienen miedo de pronunciar su nombre. El mismo caso de Harry Potter, donde pronunciar el nombre de Voldemort hacía que el mago medio se cagara en los pantalones.
O bien la escena de la lapidación de La Vida de Brian. Si podeis, echad un vistazo a esa película y a esa escena en concreto y ahí los amigos Monty Python os explicarán con mucha más habilidad que yo por qué esa idea es una soberbia gilipollez.



"Ha dicho Jehová!!!!"

Una gilipollez supina, sí, pero como todas, de moda en la cultura moderna y muy especialmente en Españolitolandia, donde nos la pone dura centrarnos en polladas del tamaño de los atributos de Power Girl. Véase la modita de algunos politicuchos de coger el callejero de su ciudad/pueblo/pedanía/montón de roca que se eleva medio metro sobre el suelo y mirar los nombres de todas y cada una de las calles. Nombres que, no sé a vosotros, pero yo no soy un experto en historia. No voy por Liborio García, en mi ciudad natal y me pongo a pensar quién era ese señor. Para mí ahí es la calle donde está la oficina de registro de la Propiedad Intelectual y, por un módico precio, saco el copyright de mis cosas.
Para mí Teatinos no es un lugar cuyo nombre hace referencia a una orden sacerdotal: para mí es donde está el puto campus universitario y donde hay unos bares de tapas bastante apañados.



Power Girl. Me moría por tener la excusa más absurda (ver unas líneas más arriba) para subir un dibujo de ella a este blog. Y no, no tiene nada que ver con el tema, ¿pero a que mola?

Y sin embargo, tenemos liberales como el señor Romero, que se ve que no piensan así.
Explico lo de "Liberal". Aquí el caballerte tuvo hará algunos años una denuncia por injurias que fue a juicio. ¿Sabéis por qué? Pues porque el señor, por aquel entonces líder local de cierto partido político, fue de piquete informativo a una huelga, a decirle a la gente por qué debían marcharse de su puesto de trabajo. Resulta que se encuentra con un señor que dice que no, que se acoge a su derecho a no ir a la huelga (igualmente respetable) y que prefiere seguir trabajando. Hasta aquí, en un lugar civilizado, todo bien. Ambas posturas han quedado claras y no pasa nada, ¿no?
Pues no.
Aquí el tolerante se coge un mosqueo de no te menees y va y llama al otro hombre "fascista" en toda su jeta, lo que produjo un altercado que acabó en juicio.
Con dos cojones, Antoñito, tú si que sabes.

El caso es que el Capitán Libertad de Pensamiento no se debió quedar tranquilo con la hazaña. En un afán reivindicativo (o de exceso de tiempo libre, si me preguntais a mí), este tío presentó la moción de cambiar el nombre del emblemático hospital de Carlos Haya. ¿Por qué? Porque el hospital en cuestión recibe el nombre de un aviador de la Guerra Civil. Este aviador en concreto ha pasado a la historia, no sólo por eso, sino por ser un inventor bastante inteligente que diseña y patenta un integral giroscópico para aviones, así como un corrector de derivas. Fue además piloto deportivo, cubriendo rutas de veinticuatro horas hasta el Sáhara.
Entonces, ¿por qué borrar su nombre del mapa?
Bingo, chicos. Estaba en el bando Nacional. Eso caca. Eso no se hace. Malo malo. Muy malo. Me pregunto qué habría pasado si por alguna casualidad le hubiesen puesto al hospital en cuestión el nombre de algún miembro de la CNT, que hasta antes de convertirse en sindicato, eran un puto grupo terrorista. ¿Habríamos escuchado la misma propuesta? Me permito dudarlo.


Pese a que algún malpensado encuentre cierto parecido físico con el amigo Romero, este señor es Josef Stalin. Lejos de comparaciones, que son odiosas (de hecho, el que diga que comparo a uno con otro más le vale que se meta la lengua en el culo porque ni es eso lo que estoy diciendo ni me parece que el tema del que estoy hablando tenga que ver) , este último tenía la tendencia a decir que todo aquel que no comulgase con su pensamiento era un fascista. Hoy en día, por algún motivo que desconozco, esta forma de actuar parece molar bastante, pese a ser una forma atroz de faltar el respeto a la gente...


Pero no nos pongamos maniqueos. Esta movida no se aplica sólo a los políticos, ni se limita sólo a la Guarra Civil. Sin ir más lejos, me acuerdo de una charla que hubo en la Plaza de la Constitución (con el nombre cambiado a la Plaza de la Libertad, otra vez la manía de cambiar nombres porque les sale de los huevos, aunque el fin sea noble; ¡si lo que hay que hacer es respetar la Constitución, coño!) cuando aparece un exaltado de apenas veinte añitos diciendo que lo que había que hacer era echar abajo la estatua del Marqués de Larios, porque era un explotador y un cacique.
Ole sus huevos.
Este chaval es otro de los que van por ahí viendo una peli medieval y pensando que no veas si son tontos los caballeros, que se mandan palomas mensajeras en vez de dejarse un mensaje por Facebook. O peor, de los que se creen que paridas como Piratas o Águila Roja poseen un exhaustivo rigor histórico que instruye además de entretener.

"Qué tonto del culo era el Aquiles este. Ir en barco cuando podía haber ido a Troya en avión"
(el que no pille el chiste que mire a la parte superior de la foto)


La gente (y aquí entro ya de lleno en el tema de una puñetera vez) parece que no se entera de que no podemos contemplar la historia con los prejuicios del siglo XXI. Como si la democracia la hubiésemos inventado ahora, o como si el resto de épocas fuesen bárbaras y la nuestra no.
Por favor, abramos los ojos.
¿Qué os creéis que era la Revolución Industrial? ¿Qué os creéis que era todo hasta hace unos años? ¿Os suenan de algo las palabras "sociedad de clases" o "sociedad estamental"? Las diferencias entre las distintas clases, por poco que nos guste, han existido hasta hace muy poco. Hoy en día las sigue habiendo, pero la moda es mirar para otro lado y decir que nooooo, que somos todos iguales.
Y una mierda.
Buscad trabajo si estais en paro. Probad a sacaros una carrera si no teneis un duro. Salid a la puta calle y mirad que, por muy guai que sea eso de decir que todos somos iguales, que tenemos los mismos derechos y cascárnosla de gusto con todas esas historias, en la práctica, lamentablemente, no es así. La política del enchufe funciona. La política del peloteo funciona.
El mamoneo.
La titulitis.
Veinte mil mierdas más. ¿Está bien? En absoluto, pero no por eso seáis tan gilipollas de negarlo, porque si hay algo triste de mentir es precisamente creerte tu propia mierda. Eso, además de mentiroso, te convierte en ingenuo.

La Era Industrial se hizo por medio de la sangre y el esfuerzo de miles de trabajadores. Muchos de ellos niños. Le pese a quien le pese, las cosas eran así y ya que han pasado, sólo podemos hacer una cosa: mejorar nuestro día a día para que no vuelva a repetirse. Pero, por amor de Dios, ¿ignorar lo que sucedió? ¿Despreciar el pasado, sin ver las circunstancias sociohistóricas, porque vivimos en una sociedad que (creemos) es más cool? ¿Borrar todo vestigio de ello?


Este caballero con la perilla poco fashion y la ropa no comprada en Zara es Charles Dickens. En su día, escribió largo y tendido sobre la sociedad de su época, denunciando lo que estaba mal.  Las cosas, no obstante, tardaron muchísimo en cambiar, pues todos los cambios sociales profundos necesitan tiempo. ¿Quemaríais sus libros por contar situaciones pasadas que no eran agradables?


Esto es el poema original London, de William Blake. Este autor y grabador (un pedazo de artista completo, como puede verse) también denunció lo que sucedía en su época, describiendo con bastante detalle cómo se vivía en una ciudad industrial y cómo las clases bajas vivían, literalmente, pringadas de barro hasta los ojos.
Tanto como vamos de "abiertos de mente" y de imitar a los demás... ¿alguna vez habéis oído hablar que los ingleses destruyan sus propias obras de arte en función de razones políticas? Pensad en ello.


Muy bien. Vamos a hacerlo, entonces.
Pero en plan bien hecho, nada de paridas. Empezaremos derribando las estatuas (a tomar por culo el valor artístico que tengan); luego lo que decís. Destruimos el Valle de los Caídos piedra sobre piedra y mandamos a tomar por culo un monumento, en vez de usarlo para enterrar ahí a todos los muertos de la guerra que no han sido reconocidos; destruir y olvidarse del pasado, por malo que sea, es mucho mas constructivo que usar lo malo para mejorar el futuro, ¿a que sí? Luego nos vamos al Prado, ¿vale? Le meteremos fuego a los Tizianos y demás porque ensalzaban a reyes que eran unos tiranos. Echamos abajo cualquier edificio histórico, porque lo construyeron obreros por un precio exiguo (en algunas épocas probablemente incluso ni cobraban).
Pero no, no nos quedemos ahí: como Paquito lo hizo absolutamente todo mal menos morirse, vamos a coger y dinamitar todas y cada una de las presas que construyó durante su régimen. A tomar por culo el abastecimiento de agua, los embalses. La energía eléctrica que proviene de ahí.


Venga. De vuelta a la puta Edad Media.


¿A que ahora que igual tenéis que cargar el móvil con dos piedras haciendo chispas os pensáis mejor el rollito reivindicativo?
Con esto, por supuesto, no hago apología política alguna. Más bien todo lo contrario: hago antiapología de la gilipollez. Que sí, que está muy guai levantar vuestro puñito en alto, decir que sois más rojos que el puto Lenin o más de derechas que los gringos. Que mola mucho cagarse en la puta madre del tío que no vota a "los vuestros". Mola mucho mirar hacia atrás y decir "qué tontos que eran mis antepasados", sin molestaros en entender una puta mierda de lo que pasaba. Eso es de putos ignorantes. De garrulos. De paletos. De españolitos de mierda.

Y así pasa. Que luego vamos al cine, vemos mojones como El Reino de los Cielos, Juana la Loca, Destino de Caballero, El Primer Caballero o La Última Legión y nos creemos que antiguamente las cosas eran como ahora. Que las mujeres gozaban de la libertad y la independencia que tienen hoy en día en el mundo occidental. Que la tolerancia religiosa era un hecho. Que pobres y ricos podían convivir de guai. Que cualquier conflicto se solucionaba hablando. Que todo el mundo tenía acceso a una educación, que todo el mundo sabía absolutamente de todo. Pues muy bien. Haceos vuestras pajas y mirad con desprecio a la historia. Seguid pensando que vivís en la cúspide de la Humanidad. Que ya no queda nada por lograr. Que nuestra vida es tan guai que en cualquier momento nos va a dar un síncope de puro gusto.


Historicismo al poder. No hablamos de que cuando se haga una serie histórica tenga que parecer un puto documental; pero coño, existe un término medio entre lo novelesco y lo que directamente llamaríamos "churro pseudohistórico"...

Eso, pequeños inocentes, no es más que el inicio del olvido. Y si no os da miedo, como parece que os da todo aquello que sea malo o que no sea pensar que el ser humano es un ser maravilloso y bienintencionado (o al menos, todo ser humano que sea tan guai como vosotros), recordad que el olvido es el caldo de cultivo para repetir los errores del pasado. Ya hemos empezado con la intolerancia a pensamientos divergentes y con eso de borrar todo vestigio de "maldad". A ver con qué me sorprende la ignorancia de esta especie de putos monos venidos a más.

martes, 5 de julio de 2011

Escupiendo Rabia- Víctimas victimizadas y carroñeros mediáticos



Ya pasó el verano pasado, cuando los hijos de la grandísima puta de Telecinco (y sí, lo digo abiertamente. Me suda los cojones que el subnormal de Paolo Vasile, que se cree con derecho a imponer su Santo Criterio a golpe de censura en este país, venga a decirme a mí lo que puedo o no puedo decir) se dedicaron a hurgar en la miseria de nuestro país cuando decidieron sacar una teleserie sobre el trágico accidente de Spanair. Hubo polémica, pero los muy cerdos, que no tienen otro nombre, emitieron aquella mierda por cojones, obligando a las víctimas a rememorar (quisieran o no) lo que les pasó, bien a ellos o a sus familiares. Oímos justificaciones y demás subnormalidades, pero ninguno tuvo lo que había que tener para decir abiertamente que lo que querían era ganar pasta a costa de las putadas que le pasan a la gente de este país. En resumidas cuentas, unos se joden y otros se aprovechan de ello para hacerse ricos. Ole sus huevos.

El resultado fue que la audiencia se cebó a lo bestia en contra de semejante ejercicio de morbosidad y la susodicha serie fue un descalabro.

¿Podríamos decir que TruñoCinco aprende de sus errores?
La respuesta, ya me imagino que la conoceis.
NO.


En un ejercicio de hijoputismo, si cabe mayor que lo que nos hicieron el año pasado los cabrones de mierda estos, vemos que no tienen otra cosa que hacer que cebarse con la tragedia del 11-M. Muy bonito. Estamos hablando de un atentado que sacudió a la conmoción pública de todo el país, con cerca de doscientas víctimas (concretamente 192) y que ha dejado secuelas en la psique colectiva española para años. Estamos hablando de una masacre con víctimas REALES. No sólo los muertos que murieron en los trenes de Atocha (los cuales, por cierto, pedían POR FAVOR, que no se les filmase para que no apareciesen heridos en las noticias. NADIE respetó esa decisión), sino también aquellos familiares y amigos que viven (muy a su pesar) con el recuerdo, que todavía está muy reciente.
¿Y qué hacen Paolito y su legión de puercos bastardos?
Caja.


Una serie para ganar pasta, ¿apoyándose en qué? ¿Me lo puede alguien explicar? El juicio quedó más o menos en tablas, sin llegar a demasiadas explicaciones. Por eso, ideas como "rigurosidad con los hechos reales" se van a tomar por culo más rápido que un rapper en un concierto de heavy metal. Basura como la que nos han vendido con los trailers (con los que, dicho sea de paso, nos llevan bombardeando un puto mes, si no más) hablan sobre "respeto a las víctimas". Claro que sí. Seguro que a las víctimas les encanta que les recuerden que, bien ellos mismos, bien sus familiares o amigos, se comieron una bomba en un tren. Seguro que a la opinión pública le encanta que nos planten escenas que hicieron que ese día se marcase en nuestras vidas.

¿O es que nadie se acuerda ya de lo que pasó? No hablo de los "hechos reales", ni de los causantes. Llega un momento en que eso te importa una mierda. Te importa una mierda cuando conoces gente que vive en Madrid y que no sabes si está viva o no. Cuando ves que la gente en la calle, al oír las noticias, se sienta en un banco y se echa a llorar. O cuando tu país entero se sume en la confusión y el miedo durante las primeras horas. ¿Es eso lo que realmente nos interesa que nos recuerden?

Por amor de Dios, ¿por qué no echamos ya al hijo de la gran puta de Paolo de una puta vez del país? ¿No ha tenido bastante ya con destruir nuestra televisión a golpe de demandita judicial, cual llorica de colegio? ¿De meternos cada vez más mierda pura con colador? Recordad que este puto desgraciado fue el que borró de un plumazo CNN+ (que podría gustaros más o menos, pero era un canal de noticias 24 horas) porque se le puso en sus cojones para sustituirlo por Divinity, un canal que empezó emitiendo Gran Hermano y luego series que no cuadraban en la parrilla de Su Emporio. Luego llenó Cuatro de mierda, borrando programas a su voluntad (véanse El Hormiguero, Tonterías las Justas o Palomitas, que han tenido que emigrar a otros canales, si no desaparecer). Pues ahora parece que a este payaso se le ha ocurrido que lo que mola es recordarnos los peores episodios de nuestra historia reciente (cito el caso de Spanair o el secuestro del Alakrana). Aquí podría incluir la mierda aquella de Felipe y Letizia; no porque lo considere un hecho trágico, sino porque se ridiculizó el tema hasta un punto que no sabías si sentir lástima por Puigcorbé haciendo de Rey Juan Carlos o directamente te entraban ganas de cometer un regicidio (después de escuchar a ese supuesto actor de renombre cada vez que abre la boca, me entran ganas más de lo segundo, la verdad. Su educación, ha demostrado, está a la altura de sus dotes interpretativas. Y para mí siempre ha sido el Mark Wahlberg español).


Juanjito interpretando.

Juanjito comiéndose la cámara.

Juanjito haciendo gala de sus enormes dotes interpretativas.

Y que no me vengan los telecinqueros a contarme milongas. Si esta miniserie no se ha hecho para fomentar la sed de morbo que parece dominarles, que me expliquen si son capaces a qué viene la sensiblería spielbergiana del trailer, donde nos muestra a la gente feliz cogiendo su tren (joder, tendrían que pasarse por el autobús de línea local para ver la felicidad que destila el personal), niñita de aspecto adorable incluida. Y esos cartelones hablando de lo mucho que se han esforzado por ser respetuosos. Nada hay como justificarse a priori para que nadie te eche cuentas de lo que haces, ¿verdad?
Mi pregunta, por tanto, es la siguiente: Y después de la peli del 11-M, ¿qué? ¿Cuál será el siguiente hecho morboso que querrán reflejar de modo tan "artístico"? ¿El encierro del pobre Ortega Lara en un zulo? ¿La violación, tortura y asesinato de las niñas de Alcásser? ¿Querrán acaso contarnos cómo la pobre Irene Villa perdió las piernas cuando iba al colegio? Venga, hijos de puta, cebaos más cuando podáis en lo malo que nos ha pasado. No os corteis, metednos más y más mierda con embudo.

Pero sería muy hipócrita echarle la culpa sólo a los cazafortunas de TruñoCinco. Ojalá fuesen sólo ellos y todos pasásemos de esa gente como de la mierda que son. Pero no. El afán por querer sentirnos como víctimas está ahí, implícito. Agazapado en los rincones, con ganas de que nos hundamos más y más en la mierda.
Seguramente, llegados a este punto, alguno de vosotros vendrá a hablarme de la proeza del Mundial. Telecinco, en su afán historicista, también hará un especial sobre eso.
Hablemos de ello:
Antes de que ganásemos el Mundial de marras, ¿sabríais decirnos cuántos de nosotros apoyaban a la selección en sus primeros partidos? Yo no lo sé, pero estoy seguro de que eran muchísimos menos que los autoproclamados patriotas que salieron hasta de debajo de las piedras en la final contra Holanda. Retrocedemos unos años en el tiempo, y ¿qué encontramos? Que esa misma gente que iba de patriota por la vida cuando Sudáfrica había sucumbido a la moda de ir por ahí con camisetas de la selección de Brasil o Argentina, que eran equipos con más "caché". Para ponerse camisetas de perdedores como su propio país, que lo hiciera otro. Y el resto de la gente, a pajearse mentalmente pensando en las victorias pasadas como el puto España-Malta, que siempre que había algún partido de chapas había algún imbécil que lo recordaba, en plan mántrico. Es decir, apoyar a los que estaban partiéndose los cuernos en el campo en la actualidad, no. Lo suyo era irse a los últimos que ganaron una mierda, aunque eso fuese hacía casi un cuarto de siglo.


No es brasileña. Es la Toñi de mi barrio.


Y aquí la Toñi de mi barrio, dándolo todo, cuando España ganó el Mundial.

Un país de lloricas. Eso es lo que somos.
Explicadme si no la manía que tenemos con estar recordando continuamente mierdas como la caída de la República, la guerra y la dictadura. Episodios que fueron de lo más lamentable que ha parido madre en este último siglo y los tenemos todo el día en la puta boca. Bien para encabronarnos, bien para putear a los del partido al que no votamos. Que sí, que hay que enterrar a aquellos muertos que están todavía reposando sus huesos en fosas comunes, soy el primero en decirlo. Pero, ¿pensáis que el día que eso se haga el personal dejará de dar por culo con el temita? Disculpadme si no soy tan optimista.

Y es que nos gusta llorar por todo, joder. Somos expertos en coger a una víctima y victimizarla todavía más: si una señora sufre la desgracia de ser maltratada por su marido, o incluso de ser asesinada, esa pobre señora sale en primera plana en el telediario, con su número de ranking para que todo el mundo sepa a cuántas se han cargado antes que a ella. Como la pobre mujer está muerta, nadie le ha preguntado si realmente quiere salir en las noticias, publicándose a los cuatro vientos las numerosas palizas que recibía, o bien la descripción detallada de su asesinato, y encima a la hora de comer, para que todo el mundo (niños incluidos, los eternos protegidos). ¿De verdad a alguien le gustaría irse al Otro Lado siendo recordado por eso?



"Hoooolaaaaa... ¿Alguien recuerda lo bien que tocaba yo el piaaaanoooo?"


Recuerdo todavía las campañas gore de la DGT que, sin duda, debieron ser la inspiración para algunas pelis de terror extremo. Siguiendo la sempiterna filosofía de "El fin justifica los medios", los publicistas se frotaban las manos diciendo que no, que aquello era para concienciar a la gente. Claro que sí. Y por eso las víctimas de accidentes tuvieron que unirse para pedir que por favor retirasen los putos anuncios, porque eran incapaces de ver la tele cada verano. Pensad en eso: tienes un accidente en el que estás a punto de matarte, o bien has perdido gente en la carretera. Llega Junio y lo primero que ves es, con todo lujo de detalles, cómo una familia se desmorra contra un camión. ¿Os sentiríais respetados si cada vez que pusiéseis la tele vieseis mierda similar? Aquí quizás el motivo de la DGT no fuera el de ganar pasta gansa, obviamente. Quizás sus intenciones fuesen hasta buenas. Pero tal vez habría sido todo un detalle preguntar. El respeto empieza por ahí.

Por eso no solemos aguantar a la gente que triunfa. En el momento en que alguien despunta, empezamos a inventar mierdas de patio de vecinas para desprestigiarle. Para decir que en persona es un gilipollas. Para decir que su mérito es inmerecido. Y en resumen, para cagarnos en su puta madre. Eso sí, si ahora resulta que esa persona conocida resulta ser un perdedor (no hay más que vernos en Eurovisión), esa persona automáticamente acaba cayendo bien. Llueven las palmaditas en la espalda y las frases hipócritas de "Lo importante es participar". Luego, volvemos a nuestra costumbre de regodearnos en nuestra propia mierda y hala, a otra cosa.



Todos hemos conocido a esa persona que, aunque pueda solucionar las cosas sin demasiada dificultad, opta por no hacerlo, simplemente para tener algo de qué quejarse. Esa mentalidad es muy typical Spanish.

Por eso nos reímos de Almodóvar. A mí personalmente no me gusta su cine, para qué nos vamos a engañar... pero tampoco voy en plan "Ese tío no se merece el Óscar" o "Nada más que dirige películas de maricones". Por eso últimamente los escritores y cineastas españoles apenas despuntan, porque nosotros mismos somos los que nos echamos mierda a nosotros mismos. Somos un país de payasos que tildan de fascista a todo aquel que lleve los colores del país, pero que aplauden a todo el que lleve la bandera estadounidense, británica o brasileña. Expertos en bajarnos los pantalones ante todo lo que venga de fuera, sea bueno o no, y unos verdaderos maestros en cagarnos en lo patrio, sea bueno o no. Sin criterio específico. Sin detenernos a pensar. Echamos mano de las tijeras y el sarcasmo y listo. Para eso sí que valemos.

Así pasa que nos convertimos en los últimos monos de Europa, porque nuestros líderes son iguales. Expertos en ensalzar el victimismo en lugar de impulsarnos a salir adelante. Los debates son siempre sobre el paro y sobre lo jodidos que estamos. Nos hablan de un futuro prometedor que no se cree ni su puta madre, mientras nuestros investigadores y nuestras empresas cierran o se van a otros países porque su propio país no da un puto duro por ellos. Eso sí, pajotes cuando vienen a pedirnos tal o cual cosa. Lacayos, es en lo que nos hemos convertido. Lacayos sin autoestima que somos incapaces de reconocer que aun sin dinero, somos tan capaces de hacer cosas tan buenas como las que se hace en cualquier otra parte del planeta.
Lloramos, lloramos y lloramos, como los abueletes de Bienvenido Mr. Marshall. Esperamos a que vengan otros a salvarnos el culo y nos ponemos guapos, pero los supuestos héroes pasan de nosotros y al final nos quedamos como el tonto del pueblo, corriendo al final de la comitiva, rezando en silencio para que nos esperen.


"Hala, ya puedes darme"

Y ese es nuestro problema. Que no queremos mejorar. Es mejor vivir pensando en lo víctimas que somos. En lo mal que lo pasamos. En la gente muerta de modo horrible. En los pobres, los débiles y los oprimidos. Con esto no digo que no se recuerde a las víctimas, ni mucho menos. Lo que digo es que sumirnos en el victimismo compulsivo es mucho más fácil que pensar en solucionar cosas. Pensar en los héroes (vuelvo al caso del 11-M) que arriesgan el cuello por esas víctimas. En lo que podemos hacer. No, lo nuestro es putear a las fuerzas del orden y al ejército, sin pensar que a lo mejor si no fuera por ellos, cualquier otro país podría invadirnos alegremente (ya lo han intentado un par de veces y de eso no se acuerda nadie, al parecer). Que sin ser por ellos, viviríamos no en la anarquía, sino en la puta ley de la selva. No pensamos en la cantidad de gente que, día a día, se deja el pellejo por hacer de este país algo medianamente decente: no nos acordamos de los médicos que se pasan el día en urgencias en los hospitales comiéndose un marrón detrás de otro porque están desbordados de trabajo y faltos de medios. Tampoco de la Policía, a la que puteamos en las manifestaciones, pero que trabaja a diario para hacer que vivamos todo lo seguros que se pueda con los pocos medios que tienen. O de los bomberos. O de la Cruz Roja. Día a día hay gente que está salvando vidas en nuestro país y nos importa una mierda.
Porque lo nuestro es llorar.

Ahora, id a ver la puta serie del 11-M para que Paolo os la meta por el culo una vez más. Con eso, ese puto desgraciado amigo de uno de los antidemócratas más grande que ha parido madre (el eterno Silvio) tendrá motivos para ir por ahí de chulito, como va siempre, diciendo que sabe qué es lo que le gusta a los españoles. Seguid dándole motivos para que destruya cada vez más unos medios de comunicación que ya venían mal de serie. Dadle la razón y comed de su mierda. Seguro que él os lo agradece con doble ración.

domingo, 3 de julio de 2011

Mesa de Autopsias- X-Men: Primera Generación



Recuerdo que, allá por el año 1985, cayó en mis manos uno de mis primeros cómics. Se trataba del número 5 de la sobrevaloradísima serie limitada Secret Wars, escrita por Jim Shooter y Mike Zeck, y que denotaba unas prisas a la hora de hacer las cosas que ríete tú de las pelis de Michael Bay. En ese número podía verse cómo el Capitán América y compañía las pasaban un poco canutas contra los malosos de turno, hasta que aparecía una panda de terceros en discordia: La Patrulla-X. Al ver a un bicharraco azul con pinta de demonio entre ellos, una tía embutida en cuero y peinado mohawk y otra más con un mechón blanco reventando bloques de piedra a hostia limpia, lo primero que pensé fue que esa Patrulla-X eran una banda de punks no tan "buena" como la pandilla del Barras y Estrellas.

Ese fue mi primer contacto con los Hombres-X.

Más adelante, fui recopilando algunos números de Classic X-Men (100% recomendables) y de Los Nuevos Mutantes donde, ya de un modo más tranquilo, me fui enterando quiénes eran estos tipos y cuáles eran sus objetivos en la vida.
Al llegar a los años 90, podía decirse que era un fan del Universo Mutante, aunque esto fue solo para ver como poco a poco la idea se iba corrompiendo hasta convertirse en un tejemaneje de historias a cual más enrevesada, con menos gracia y con más mamporros y tiros sin sentido. Aparecían soplagaitas de la talla de Cable o Apocalipsis que a la gente le parecían la hostia. Para mí no pasaban de mastuerzos de discoteca con armadura y metralletas. Llegados al punto de mamarrachadas como La Canción del Verdugo, La Saga del Legado o Las Eras del Apocalipsis fue cuando me dije que hasta aquí habíamos llegado. Me limité a pillarme los coleccionables con las etapas clásicas hasta llegar a alguna línea argumental que quedase más o menos completa y mi amor hacia los mutantes se convirtió en nostalgia.



Cable y el concepto de comic mutante de los años 90: "¿Para qué coño quiero superpoderes si tengo un metralletón?"
Freud: "Sin duda, la metralleta es un símbolo fálico producido por la falta de afecto de los padres"

Ahora han pasado los años. Tras una película aceptable sobre el grupo (X-Men de Bryan Synger), otra bastante mejor (X-Men 2, también dirigida por Synger) y una tercera directamente vomitiva e insultante (X-Men 3: La Decisión Final, Truñazo donde los haya), mis expectativas hacia la franquicia mutante habían decaído tanto como las acciones de las bayas de Goji. Y sin embargo, cuando vi el trailer de esta X-Men: Primera Generación, decidí probar suerte, a ver qué pasaba.

A veces da gusto equivocarse.

La película arranca justo desde el flashback que nos encontramos en la primera parte: un joven Erik Lensherr es separado de sus padres a golpe de culetazo de fusil por unos soldados nazis en mitad de Auschwitz. Esta escena queda ampliada cuando vemos que al chico lo llevan a ver a uno de los mandamases del campo de concentración para "echar un vistacillo a eso de los poderes que tiene". Al mismo tiempo, vamos viendo qué sucede al otro lado del mundo: un pequeño Charles Xavier recibe una "visita" más que curiosa en su propia cocina. Tal paralelismo de acción, llevado con un ritmo tan alterno y rápido sólo puede hacer llevar pensar al lector en una cosa: los destinos de ambos niños se cruzarán tarde o temprano.

Este hecho de cruzarse, a diferencia de lo que viene sucediendo en las pelis bajo el sello Marvel, tardará bastante en producirse. Antes tendremos que ser testigos de algunos detalles. Por ejemplo, asistiremos a la lectura de tesis de Charles Xavier o a la cacería de antiguos nazis de Erik Lensherr. Caminos bastante diferentes que, sin embargo, pensamos como espectadores que tienen que cruzarse...
Entretanto, veremos a una tercera figura en discordia: Moira McTaggert. A esta ya la vimos algo más mayor en X-Men III en calidad de científica especializada en mutación. En los cómics solía tener un papel similar, hasta que el imbécil del guionista Scott Lobdell decidió matarla de un plumazo tras unos treinta años de apariciones en la serie. Quizás el espectador medianamente familiarizado con el personaje se sentirá un poco extraño al verla como un agente de la CIA, pero si ha estado atento a las primeras apariciones del personaje en los cómics, ella misma cuenta que durante un tiempo sirvió en Scotland Yard, lo cual explica un poco este origen en la película: han cambiado la agencia para la que trabaja, pero lo que es su primer trabajo viene a ser más o menos el mismo...



Moira en su primera aparición en los cómics, dibujada por Dave Cockrum.

Moira nos llevará a un entorno totalmente sesentero (época en la que va a transcurrir la mayor parte de la historia), con un Hellfire Club (o Club Fuego Infernal, como lo conocimos en España en los cómics) más propio de James Bond que de la franquicia Marvel (y con un aspecto además de nostálgico, coherente con la época). Aquí se irán viendo algunos de los objetivos de la película, aunque no lo desvela todo. Esto lo convierte en parte disfrute, en parte anticipación de lo que tiene que pasar.

Conforme va avanzando la historia, vemos como por fin los caminos de Xavier (ahora una especie de asesor de la CIA) y Erik se cruzan, teniendo que unirse ambos (pese a sus diferencias) ante una amenaza común, aunque con distintas motivaciones. Encontraremos por el camino algunos personajes ya conocidos de los cómics, como Banshee y otros no tan conocidos si nos hemos limitado a leer las etapas más clásicas, como es el caso de Azazel o Darwin.
Seremos testigos de la creación de algunos puntales básicos de la serie, como el Pájaro Negro, Cerebro o el prototipo de la Sala del Peligro, explicado todo de una forma nada atropellada, coherente y sin la sensación forzada que producían algunos de estos elementos en otras películas.
No os cuento nada más de la trama y paso a la disección general.


Una foto de la pandilla al completo.


Como precuela que es, debo decir que en líneas generales, respeta bastante la continuidad del resto de la serie (aprende, George Lucas). Los actores, aunque no se parecen demasiado a sus contrapartidas "maduras" y no siempre nos dan la idea de que estamos viendo al mismo personaje, compensan esto con unas interpretaciones bastante notables, que en ningún caso resultan poco creíbles o sobreactuadas. Esto, queridos Distópicos, resulta un hecho muy de remarcar, en épocas en que lo que se pide en un actor es una cara bonita o unos musculazos bronceados, y nada más.
Aparte de los protagonistas, encontramos secundarios más que dignos, de la talla de Kevin Bacon (actor que personalmente me encanta y que considero que nunca ha sido valorado en su justa medida, pese a papelones como el que hizo en Sleepers) u Oliver Platt. Curioso mencionar el hecho de que ambos ya habían compartido papel en aquella película de los 90 que era Línea Mortal (Flatliners). Me habría gustado ver algún guiño a aquella peli en X-Men, pero si lo hubo, no fui capaz de reconocerlo.


Todos los caminos llevan a Kevin.

En esta versión, vemos también cómo se ha "adaptado" el aspecto de muchos de los personajes de los cómics a un formato visual diferente como es el del cine. Por ejemplo, Emma Frost, que en los cómics tenía una pinta que parecía sacada del desfile de Victoria's Secret, aquí luce en ropa interior en la fiesta Bondiana del Club Fuego Infernal; el resto de apariciones serán con abrigos de piel o trikinis, todo de color blanco. Es decir, respeta la estética original del personaje, pero modifícándola para que al verla resulte coherente.


La Emma Frost del cómic, dibujada por el gran Adam Hughes. Si hubieran mantenido la estética al 100%, muy probablemente la calificación por edades de la película habría subido hasta mayores de 18 años... y os aviso de que ésta no es la imagen más erótica que he encontrado de este personaje.

Quizás el fallo más grande ha sido a la hora de caracterizar a según qué personajes. Si bien Mística mantiene su aspecto reptiliano que vimos en la primera película (bastante alejado de los cómics, pero aun así, muy creíble), otros personajes como la Bestia o Azazel tienen un aspecto bastante "falso", dando más la impresión de que vemos un capítulo de Embrujadas que de ver un largometraje de alto presupuesto. Esto, para mi gusto, hizo bajar un poco la calidad de la película en algunos puntos, en lo que al apartado visual se refiere. Y esto, me temo, no aparece compensado por ninguna parte: los personajes así caracterizados no destacan por unas grandes interpretaciones (en el caso de Azazel); o bien pierden los matices al ponerse en modo monstruo (como le sucede a la Bestia)



La Bestia, tal y como aparece en los cómics.

Aquí, tal y como aparece en la peli. Como que no.

Aparte de esto, quizás uno de los puntos más fuertes de la película es lo elaborado del guión, contextualmente hablando: al haberse encuadrado en los años sesenta, el guionista decidió situar esta guerra entre humanos y mutantes (o entre mutantes y mutantes, según se mire) justo en mitad de la crisis de los misiles cubanos, con Kennedy por medio y toda la paranoia de la guerra nuclear que se desató (y con razón) durante los días que duró aquel conflicto. Esto hace que el origen de la Patrulla-X posea unos tintes ucrónicos (muy alejados del mundo que creó Stan Lee en su día, o de revisiones posteriores, que tampoco entraron en muchos más detalles acerca del mundo en que vivían los mutantes) y, pese a la fantasía que desborda la película por los cuatro costados, plausible. En otras palabras, que si hubiesen existido mutantes y se hubiesen empezado a organizar en los años 60, habría pasado algo así.


Magneto, bombas atómicas y submarinos. Todo un clásico.

Es importante hacer referencia al concepto de la continuidad con respecto a los cómics. Aquí lo digo una y mil veces: no esperéis que la adaptación de una serie que lleva desde 1963 contando historias sea fiel al original. No creo siquiera que eso sea una buena opción, considerando las miles de subtramas que hay y la cantidad de manos por las que ha pasado la colección. Ser rigurosamente fiel a todo eso, además de ser una auténtica locura para resumirlo en un par de horitas de peli, produciría confusión, atropellamiento y al final el espectador se quedaría con cara de "vale, muy bonito, pero me falta contenido". Además, que una adaptación ADAPTA, no REPRODUCE. El que quiera leer el cómic, tiene el cómic.
Eso sí, toda adaptación debe respetar las ideas básicas del original. El homenaje debe estar ahí, si se quiere hacer algo decente. Esta X-Men: Primera Generación lo hace; modifica la mayor parte de las tramas originales, pero aun así mantiene todos los puntales sobre amistad, fines, medios, miedos y rencillas de la historia original, llegando incluso a potenciarlos. Además, es de las pocas películas de Marvel donde los chistes y el humor blanco quedan reducidos al mínimo y la historia se centra en contar cosas que no son del todo de guasa (vengar a tus padres asesinados por los nazis, por ejemplo). Los humanos, para variar, no parecen una procesión de idiotas que señalan con el dedo al cielo mientras los héroes están salvando el día; aquí, son investigadores de la CIA o soldados que ven cómo el mundo está a punto de irse al carajo (muy bueno el micropapel del eterno Michael Ironside como coronel del ejército estadounidense. A ese hombre es imposible no tomártelo en serio, ni siquiera viendo Starship Troopers )


No sé vosotros, pero a mí este hombre me impone mogollón de respeto desde siempre.


En resumen, una película muy entretenida, donde los efectos especiales no destacan por empañar el guión (que además es bastante coherente), sino que son un complemento a este; además, no hace falta en absoluto ser un experto en cómics para verla y entenderla: todo queda bien explicado desde el principio y el espectador que jamás ha leído un X-Men puede disfrutarla tanto como aquel al que le ha picado la curiosidad por ver cómo empieza uno de los supergrupos más carismáticos en el universo particular del cine.