domingo, 3 de julio de 2011

Mesa de Autopsias- X-Men: Primera Generación



Recuerdo que, allá por el año 1985, cayó en mis manos uno de mis primeros cómics. Se trataba del número 5 de la sobrevaloradísima serie limitada Secret Wars, escrita por Jim Shooter y Mike Zeck, y que denotaba unas prisas a la hora de hacer las cosas que ríete tú de las pelis de Michael Bay. En ese número podía verse cómo el Capitán América y compañía las pasaban un poco canutas contra los malosos de turno, hasta que aparecía una panda de terceros en discordia: La Patrulla-X. Al ver a un bicharraco azul con pinta de demonio entre ellos, una tía embutida en cuero y peinado mohawk y otra más con un mechón blanco reventando bloques de piedra a hostia limpia, lo primero que pensé fue que esa Patrulla-X eran una banda de punks no tan "buena" como la pandilla del Barras y Estrellas.

Ese fue mi primer contacto con los Hombres-X.

Más adelante, fui recopilando algunos números de Classic X-Men (100% recomendables) y de Los Nuevos Mutantes donde, ya de un modo más tranquilo, me fui enterando quiénes eran estos tipos y cuáles eran sus objetivos en la vida.
Al llegar a los años 90, podía decirse que era un fan del Universo Mutante, aunque esto fue solo para ver como poco a poco la idea se iba corrompiendo hasta convertirse en un tejemaneje de historias a cual más enrevesada, con menos gracia y con más mamporros y tiros sin sentido. Aparecían soplagaitas de la talla de Cable o Apocalipsis que a la gente le parecían la hostia. Para mí no pasaban de mastuerzos de discoteca con armadura y metralletas. Llegados al punto de mamarrachadas como La Canción del Verdugo, La Saga del Legado o Las Eras del Apocalipsis fue cuando me dije que hasta aquí habíamos llegado. Me limité a pillarme los coleccionables con las etapas clásicas hasta llegar a alguna línea argumental que quedase más o menos completa y mi amor hacia los mutantes se convirtió en nostalgia.



Cable y el concepto de comic mutante de los años 90: "¿Para qué coño quiero superpoderes si tengo un metralletón?"
Freud: "Sin duda, la metralleta es un símbolo fálico producido por la falta de afecto de los padres"

Ahora han pasado los años. Tras una película aceptable sobre el grupo (X-Men de Bryan Synger), otra bastante mejor (X-Men 2, también dirigida por Synger) y una tercera directamente vomitiva e insultante (X-Men 3: La Decisión Final, Truñazo donde los haya), mis expectativas hacia la franquicia mutante habían decaído tanto como las acciones de las bayas de Goji. Y sin embargo, cuando vi el trailer de esta X-Men: Primera Generación, decidí probar suerte, a ver qué pasaba.

A veces da gusto equivocarse.

La película arranca justo desde el flashback que nos encontramos en la primera parte: un joven Erik Lensherr es separado de sus padres a golpe de culetazo de fusil por unos soldados nazis en mitad de Auschwitz. Esta escena queda ampliada cuando vemos que al chico lo llevan a ver a uno de los mandamases del campo de concentración para "echar un vistacillo a eso de los poderes que tiene". Al mismo tiempo, vamos viendo qué sucede al otro lado del mundo: un pequeño Charles Xavier recibe una "visita" más que curiosa en su propia cocina. Tal paralelismo de acción, llevado con un ritmo tan alterno y rápido sólo puede hacer llevar pensar al lector en una cosa: los destinos de ambos niños se cruzarán tarde o temprano.

Este hecho de cruzarse, a diferencia de lo que viene sucediendo en las pelis bajo el sello Marvel, tardará bastante en producirse. Antes tendremos que ser testigos de algunos detalles. Por ejemplo, asistiremos a la lectura de tesis de Charles Xavier o a la cacería de antiguos nazis de Erik Lensherr. Caminos bastante diferentes que, sin embargo, pensamos como espectadores que tienen que cruzarse...
Entretanto, veremos a una tercera figura en discordia: Moira McTaggert. A esta ya la vimos algo más mayor en X-Men III en calidad de científica especializada en mutación. En los cómics solía tener un papel similar, hasta que el imbécil del guionista Scott Lobdell decidió matarla de un plumazo tras unos treinta años de apariciones en la serie. Quizás el espectador medianamente familiarizado con el personaje se sentirá un poco extraño al verla como un agente de la CIA, pero si ha estado atento a las primeras apariciones del personaje en los cómics, ella misma cuenta que durante un tiempo sirvió en Scotland Yard, lo cual explica un poco este origen en la película: han cambiado la agencia para la que trabaja, pero lo que es su primer trabajo viene a ser más o menos el mismo...



Moira en su primera aparición en los cómics, dibujada por Dave Cockrum.

Moira nos llevará a un entorno totalmente sesentero (época en la que va a transcurrir la mayor parte de la historia), con un Hellfire Club (o Club Fuego Infernal, como lo conocimos en España en los cómics) más propio de James Bond que de la franquicia Marvel (y con un aspecto además de nostálgico, coherente con la época). Aquí se irán viendo algunos de los objetivos de la película, aunque no lo desvela todo. Esto lo convierte en parte disfrute, en parte anticipación de lo que tiene que pasar.

Conforme va avanzando la historia, vemos como por fin los caminos de Xavier (ahora una especie de asesor de la CIA) y Erik se cruzan, teniendo que unirse ambos (pese a sus diferencias) ante una amenaza común, aunque con distintas motivaciones. Encontraremos por el camino algunos personajes ya conocidos de los cómics, como Banshee y otros no tan conocidos si nos hemos limitado a leer las etapas más clásicas, como es el caso de Azazel o Darwin.
Seremos testigos de la creación de algunos puntales básicos de la serie, como el Pájaro Negro, Cerebro o el prototipo de la Sala del Peligro, explicado todo de una forma nada atropellada, coherente y sin la sensación forzada que producían algunos de estos elementos en otras películas.
No os cuento nada más de la trama y paso a la disección general.


Una foto de la pandilla al completo.


Como precuela que es, debo decir que en líneas generales, respeta bastante la continuidad del resto de la serie (aprende, George Lucas). Los actores, aunque no se parecen demasiado a sus contrapartidas "maduras" y no siempre nos dan la idea de que estamos viendo al mismo personaje, compensan esto con unas interpretaciones bastante notables, que en ningún caso resultan poco creíbles o sobreactuadas. Esto, queridos Distópicos, resulta un hecho muy de remarcar, en épocas en que lo que se pide en un actor es una cara bonita o unos musculazos bronceados, y nada más.
Aparte de los protagonistas, encontramos secundarios más que dignos, de la talla de Kevin Bacon (actor que personalmente me encanta y que considero que nunca ha sido valorado en su justa medida, pese a papelones como el que hizo en Sleepers) u Oliver Platt. Curioso mencionar el hecho de que ambos ya habían compartido papel en aquella película de los 90 que era Línea Mortal (Flatliners). Me habría gustado ver algún guiño a aquella peli en X-Men, pero si lo hubo, no fui capaz de reconocerlo.


Todos los caminos llevan a Kevin.

En esta versión, vemos también cómo se ha "adaptado" el aspecto de muchos de los personajes de los cómics a un formato visual diferente como es el del cine. Por ejemplo, Emma Frost, que en los cómics tenía una pinta que parecía sacada del desfile de Victoria's Secret, aquí luce en ropa interior en la fiesta Bondiana del Club Fuego Infernal; el resto de apariciones serán con abrigos de piel o trikinis, todo de color blanco. Es decir, respeta la estética original del personaje, pero modifícándola para que al verla resulte coherente.


La Emma Frost del cómic, dibujada por el gran Adam Hughes. Si hubieran mantenido la estética al 100%, muy probablemente la calificación por edades de la película habría subido hasta mayores de 18 años... y os aviso de que ésta no es la imagen más erótica que he encontrado de este personaje.

Quizás el fallo más grande ha sido a la hora de caracterizar a según qué personajes. Si bien Mística mantiene su aspecto reptiliano que vimos en la primera película (bastante alejado de los cómics, pero aun así, muy creíble), otros personajes como la Bestia o Azazel tienen un aspecto bastante "falso", dando más la impresión de que vemos un capítulo de Embrujadas que de ver un largometraje de alto presupuesto. Esto, para mi gusto, hizo bajar un poco la calidad de la película en algunos puntos, en lo que al apartado visual se refiere. Y esto, me temo, no aparece compensado por ninguna parte: los personajes así caracterizados no destacan por unas grandes interpretaciones (en el caso de Azazel); o bien pierden los matices al ponerse en modo monstruo (como le sucede a la Bestia)



La Bestia, tal y como aparece en los cómics.

Aquí, tal y como aparece en la peli. Como que no.

Aparte de esto, quizás uno de los puntos más fuertes de la película es lo elaborado del guión, contextualmente hablando: al haberse encuadrado en los años sesenta, el guionista decidió situar esta guerra entre humanos y mutantes (o entre mutantes y mutantes, según se mire) justo en mitad de la crisis de los misiles cubanos, con Kennedy por medio y toda la paranoia de la guerra nuclear que se desató (y con razón) durante los días que duró aquel conflicto. Esto hace que el origen de la Patrulla-X posea unos tintes ucrónicos (muy alejados del mundo que creó Stan Lee en su día, o de revisiones posteriores, que tampoco entraron en muchos más detalles acerca del mundo en que vivían los mutantes) y, pese a la fantasía que desborda la película por los cuatro costados, plausible. En otras palabras, que si hubiesen existido mutantes y se hubiesen empezado a organizar en los años 60, habría pasado algo así.


Magneto, bombas atómicas y submarinos. Todo un clásico.

Es importante hacer referencia al concepto de la continuidad con respecto a los cómics. Aquí lo digo una y mil veces: no esperéis que la adaptación de una serie que lleva desde 1963 contando historias sea fiel al original. No creo siquiera que eso sea una buena opción, considerando las miles de subtramas que hay y la cantidad de manos por las que ha pasado la colección. Ser rigurosamente fiel a todo eso, además de ser una auténtica locura para resumirlo en un par de horitas de peli, produciría confusión, atropellamiento y al final el espectador se quedaría con cara de "vale, muy bonito, pero me falta contenido". Además, que una adaptación ADAPTA, no REPRODUCE. El que quiera leer el cómic, tiene el cómic.
Eso sí, toda adaptación debe respetar las ideas básicas del original. El homenaje debe estar ahí, si se quiere hacer algo decente. Esta X-Men: Primera Generación lo hace; modifica la mayor parte de las tramas originales, pero aun así mantiene todos los puntales sobre amistad, fines, medios, miedos y rencillas de la historia original, llegando incluso a potenciarlos. Además, es de las pocas películas de Marvel donde los chistes y el humor blanco quedan reducidos al mínimo y la historia se centra en contar cosas que no son del todo de guasa (vengar a tus padres asesinados por los nazis, por ejemplo). Los humanos, para variar, no parecen una procesión de idiotas que señalan con el dedo al cielo mientras los héroes están salvando el día; aquí, son investigadores de la CIA o soldados que ven cómo el mundo está a punto de irse al carajo (muy bueno el micropapel del eterno Michael Ironside como coronel del ejército estadounidense. A ese hombre es imposible no tomártelo en serio, ni siquiera viendo Starship Troopers )


No sé vosotros, pero a mí este hombre me impone mogollón de respeto desde siempre.


En resumen, una película muy entretenida, donde los efectos especiales no destacan por empañar el guión (que además es bastante coherente), sino que son un complemento a este; además, no hace falta en absoluto ser un experto en cómics para verla y entenderla: todo queda bien explicado desde el principio y el espectador que jamás ha leído un X-Men puede disfrutarla tanto como aquel al que le ha picado la curiosidad por ver cómo empieza uno de los supergrupos más carismáticos en el universo particular del cine.

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