Basta que tenga lugar una tragedia para encontrarnos a lo mejor y a lo peor de la raza humana, con poco o ningún término medio. En estos tiempos que corren, es una pena decir que la falta de empatía y de valores, sumadas a una enorme ignorancia, un tremendo egoísmo y un no menos alarmante narcisismo, hacen que lo peor empiece a empañar a lo mejor. Lejos quedan ya esas muestras de solidaridad, con gente donando sangre cuando hay heridos. O esas muestras de respeto hacia las víctimas de la catástrofe.
El mundo moderno nos está convirtiendo en unos hijos de puta. En unas bolsas de odio con patas. La sociedad en la que nos estamos arrastrando nos está convirtiendo en gentuza de la que, probablemente, hace diez, quince o veinte años, nos habríamos sentido por completo avergonzados de conocer.
Sin embargo, todo el mundo parece encontrar justificación para su odio. Para su ira. Para su falta de humanidad. Todo el mundo parece creerse con derecho a decir cosas que, no hace mucho, habrían garantizado que te llevases un bofetón de tus propios seres queridos. Nuestras madres, al oír lo que muchos están soltando por la boca, se llevarían las manos a la cabeza y se horrorizarían al ver que durante nueve meses llevaron dentro a semejantes seres.
Se ha puesto de moda hablar como auténticos pedazos de mierda con ojos.
Pero con menos gracia que esta.
Me estoy acordando de cuando sucedió la masacre en Londres, no hace mucho. Un chaval, que podría ser cualquiera de vosotros, se dijo en un momento dado que había inocentes en peligro a su alrededor. Armado solo con un monopatín y un valor que, honestamente, yo no creo que tuviera jamás en la vida, se enfrentó a varios de los agresores y dio su vida por la gente a la que estaba protegiendo. Aquel chico sabía que tenía todas las de perder y, aun así, se sacrificó por otros a los que ni siquiera conocía. La mayoría de la gente honrada y decente reconoció en aquel gesto un acto de heroísmo.
La mayoría.
Recuerdo que hubo un ser (me niego a reconocerlo como humano, más allá de los argumentos biológicos) que en su tuiter, cómo no, dijo que aquel chico había sido un gilipollas. Que ahora estaba fiambre por hacerse el héroe. Dio a entender que solo aquellos que se sacrifican por un bien mayor o por proteger a otros lo que buscan es que los revienten vivos. Que lo que había que hacer era salir por patas y sálvese quien pueda. El que habló era uno de esos valientes que parece que tenemos que respetar, de esos que se esconden tras un teclado para propugnar una ideología venenosa, llena de odio, destinada a mofarse de aquellos que sufren o que hacen el bien.
Otro machote más de los que algunos nos sentimos totalmente avergonzados a la hora de pensar que, como ser "humano", goza de los mismos derechos que tú y que yo, y que hasta puede votar. Gente como ese personaje, en el supuesto de que acuda a las urnas, tiene en sus manos la misma decisión que los demás de poner en el gobierno a tal o a cual. Gente así tiene el mismo derecho a la vida que nosotros. No nos gusta asumir una cierta igualdad entre alguien que habla de esa manera y nosotros, pero es así.
Lo único que puedo decir es que su discurso no es respetable. Su opinión no merece respeto. Su ideología es una auténtica basura. Ya sabéis que procuro no soltar algo así sin argumentarlo. Luego os explico, pero dejadme que siga un poco este planteamiento.
Parece que últimamente ha surgido mucho Comediante.
Es decir, mucho nihilista de poca monta que se cree ingenioso, pero no deja de ser un miserable.
La cuestión es que no es el único. Conforme nos encontramos cualquier tragedia (véase la acaecida en Barcelona, como una de las más recientes) he podido comprobar cómo el ser humano saca su lado más despreciable arrimando el ascua a su sardina. Si bien muchos han hecho lo que se debe hacer, que es mostrar su repulsa ante el terror, preocuparse por aquellos que podían haber sido víctimas y lamentar aquellos que han caído en semejante acto (independientemente de que sean amigos, conocidos o no), ha habido otros que han dado un bochornoso espectáculo y han hecho que la gente medianamente honrada se haya sentido asqueada, decepcionada o avergonzada de leer lo que han soltado por la boquita. Puede que incluso todos esos sentimientos a la vez.
Están los que han empezado a arremeter contra la barbarie desde la barbarie más hipócrita: yendo de respetabilísimos ciudadanos occidentales pero al mismo tiempo pidiendo ejecuciones, deportaciones de inocentes o incluso la ilegalización de credos.
Paradójicamente, en nombre de la democracia.
Y a los demás nos ha tenido que parecer bien semejante despliegue de basura ideológica.
Yo soy partidario de mandar más a la mierda.
Me alegra ver que mucha gente estos días ha estado haciéndolo con aquellos que se han comportado como verdaderos animales.
Todavía hay alguna esperanza.
Parece que ya no nos acordamos de cómo nos echamos a la cabeza hace unos cuantos años cuando se abrió Guantánamo, que venía a ser un campo de concentración con todas las letras para todos aquellos "sospechosos" de atentar contra los valores de la democracia. Allí se produjeron torturas y vejaciones de todo tipo, por no mencionar que la mayor parte de los reclusos fueron internados sin juicio. Solo por ser sospechosos.
Y nos pareció horrible. Un insulto para la democracia. Se crucificó públicamente al presidente Bush por semejante ofensa a los derechos humanos.
Década y media después, aquellos que se ofendieron en su día ahora piden que se haga lo mismo aquí. Aquellos que daban lecciones de moral al gobierno estadounidense ahora abrazan esa misma política basada en la venganza (y no en la justicia) y en acribillar inocentes para que no se escape ningún culpable.
Y con la conciencia bien tranquila, serán capaces de irse a dormir por las noches, pensando que ni son racistas ni intolerantes.
Esos mismos probablemente también se rasgaban las vestiduras cuando oían hablar del corredor de la muerte en el mismo país, y quizás también consideren aberrante que en Corea del Norte se ejecute a disidentes. Sin embargo, no parpadean a la hora de pedir pena de muerte para según qué crímenes. Algunos hasta la piden sin juicio. Otros propagan fotos para que se cace a según quién por ser responsable de según qué, propiciando auténticos pelotones de linchamiento, cuando lo de ajusticiar criminales es competencia única y exclusiva de la ley.
Pero parece que cuando el crimen es atroz, la ley no es suficiente y lo único que se quiere es sangre. Ni juicios, ni leches. Ojo por ojo y diente por diente. Esta actitud se vio en el famoso caso de la feria de Málaga hace unos años cuando se acusó a un grupo de chicos de violar a una relaciones públicas en grupo. El juicio acabaría por demostrar que eran inocentes, pero unos días antes la gente ya había estado pidiendo "justicia gitana para ellos". Traducido: que la familia de la víctima pudiera coger y, tan alegremente, cargarse a los acusados. Ya puestos, que se sumase cualquier Charles Bronson de barrio. Los chicos, contra todo pronóstico (la prensa condicionó mucho a la opinión pública, hay que decirlo), resultaron ser inocentes. Imaginad lo que habría pasado si hubieran llegado a esa "Justicia gitana" que se pedía. Cinco inocentes acusados de un crimen que no habían cometido, asesinados para acallar las ansias de sangre de la gente.
Muy racional.
Ahora se ha puesto de moda la filosofía de que si una ley te parece injusta, lo justo es saltártela.
Sumemos a eso esa especie de postureo de unos cuantos de abogar por lo de tomarse la justicia por su mano y lo que tenemos es una olla a presión que cualquier día nos va a dar un susto de los gordos.
Pero volvamos a lo de Barcelona, que es algo más reciente y sigue dando para comentar más cosas. He hablado de esos justicieros de sofá, que cualquier día pasan a la acción y van a acabar cometiendo una estupidez de las gordas, pero no son los únicos. El oportunismo tampoco tiene muchos límites, y ya he podido ver cómo ha habido quién ha hecho política de una tragedia. Los diferentes partidarios de una u otra formación política han aprovechado para putear a aquellos que no piensan como ellos, cargando piedras (dialécticas, de momento) contra esas opiniones cuya existencia son incapaces de admitir. En lo alto de su púlpito ideológico, miran por encima del hombro a aquellos que no votan lo mismo, escupiendo con desprecio y manifestando, una vez más, su odio.
¿Os acordáis de la tragedia en los Pirineos, cuando un puñado de críos empezó a decir que les importaba una mierda que hubiera muerto gente en un avión, que ellos querían ver su programa de la tele favorito y les tocaba los cojones (sic.) que interrumpieran la programación para contar eso? Este caso es muy del estilo, en el sentido de que es una tragedia y a buena parte del personal le está importando un huevo; que a mucha gente para lo único que le está sirviendo es para mirarse el ombligo y encerrarse en esa burbujita de cristal, donde su partido político, su pensamiento molón y sus consignas chachis salvarán el mundo. Porque la mierda de uno jamás huele y los demás no tienen ni puta idea.
"Y yo cago arco iris".
Hay otros que directamente ni se han puesto el moño de ser tolerantes y se han lanzado a la red en plan kamikazes, argumentando que son racistas o xenófobos y no les importa reconocerlo. Esto me recuerda a cómo no hace mucho ya estaba yo elucubrando que eso de ser gilipollas algún día se convertiría en un movimiento social y habría plataformas de gilipollas exigiendo respeto por ser gilipollas. Cambiad la palabra gilipollas por racista (que tampoco es que se diferencien demasiado) y nos damos cuenta de que ese día ha llegado. De buenas a primeras, un país que se llenaba la boca diciendo que era tolerante y moderno, saca la patita en cuanto pasa alguna cosa gorda y nos demuestra que sigue siendo una sociedad atrasada y llena de palurdos, con concepciones medievales y un gusto malsano por la picota y los linchamientos. Partiendo de supuestos a cuál más falaz (eso de coger a un asesino y mirar su nacionalidad es algo tan genialmente absurdo que hasta los telediarios lo hacen cada vez que se se sabe que alguien ha matado a alguien, aunque sea en una riña de bar), lo único que necesitan es una excusa para tener a alguien a quién odiar. No hace mucho, ese odio se disimulaba con argumentos medio discretos. Ahora, en una época en la que parece que nuestra libertad de expresión prima sobre la dignidad de los demás (porque parece que solo nosotros tenemos derecho a mearnos en los demás, y los demás que se jodan) ya ni hace falta. La gente ondea su ira y su odio contra quién le parece y lo exhibe como el degenerado que se abre la gabardina delante de la puerta de un colegio de monjas para que un puñado de inocentes le vean el miembro.
Creo que no existe dibujo que refleje mejor esta metáfora.
Todo el mundo encuentra justificación para sus barbaridades. Para odiar. Para creerse con la categoría moral superior que le permite arremeter contra otros. Son como esos que van de machos por la vida y piensan que pueden insultar a una chica que lleva escote pero que pasa de ellos. A partir de ahí, cualquier intento de llevarse a la susodicha al catre se convierte en un espectáculo para la humillación pública, con insultos de todo tipo hacia su sexo y hacia su persona.
Aunque no es el mismo caso, hay similitudes: una persona incapaz de entender a otros, de respetar a otros, de convivir con otros, al final acaba sintiéndose con el pleno derecho de humillarlos. Cambiad los insultos hacia su sexo y podéis sustituirlos por insultos hacia sus creencias, sus orígenes, o su forma de pensar. En esencia, lo que tenemos es gente que prefiere dejarse llevar por la ignorancia y el odio antes que vivir en armonía.
Están los que se justifican diciendo que ellos son víctimas primero. Que tal colectivo es malo malísimo porque le ha privado de sus derechos, porque se aprovechan del sistema, porque han venido para cepillarse a nuestras hijas y quedarse con nuestras casas. Sin embargo, esos mismos bien que aplauden al cuñao de turno que se las apaña para burlar al fisco. O al que vive de puta madre sin dar un palo al agua, pillando de aquí y allá de tal o cual ayuda, o aprovechándose de vete a saber quién. Vivimos en una sociedad que ha estado toda la vida aplaudiendo al caradura (os acordáis de El Lazarillo de Tormes, ¿no?), pero en el momento en que algo no le cuadra ya está buscando un culpable al que acusar de todos y cada uno de los problemas de su vida.
Esto se complementa con la visión de aquellos que piensan que porque existan otras formas de ver la vida ya la suya corre peligro. Me acuerdo de esos ultraconservadores que en su día se manifestaron en contra del matrimonio homosexual porque "la familia tradicional corría peligro". Como si por el hecho de que haya gente del mismo sexo que se case ahora la gente hetero pierda su derecho a hacerlo. O como si por el hecho de que una pareja se divorcie, todas y cada una de las demás de este país estén obligadas a divorciarse también.
Quizás los que venían con este argumento acerca de que la familia tradicional peligra es que en el fondo les da miedo pensar que sus familias no son tan perfectas como dicen.
Quizás uno de los problemas que tenemos en esta sociedad en que vivimos es que mucha, muchísima gente, no está preparada en lo más mínimo para vivir en sociedad. Vivir en sociedad no quiere decir que todo te tenga que parecer bien por cojones, ni mucho menos. Hay cosas en el sistema que son mejorables, por supuesto... y la convivencia entre personas de distinta ideología, de distintas creencias o de distintas razas no siempre es sencilla. Los choques son un hecho y hasta ahí todos de acuerdo.
El problema surge cuando existe gente que no ve más allá de su ombligo y se sienta en su púlpito desde el cual mira por encima del hombro a todos los que son diferentes. Como un matón de colegio cualquiera (en esto, llamadme raro, pero veo muchas similitudes) toma por banda a aquellos que considera "diferentes" y los vapulea hasta que se queda medio tranquilo. Traza una línea con la que medir a su entorno, diferenciando entre "Nosotros" y "Ellos", y a partir de ahí, ya puede ver la vida en términos simples: los que están a un lado gozan de sus simpatías y los del lado contrario serán el blanco de sus iras. Todo lo que piensen, todo aquello en lo que crean, será digno de escarnio. Pensad en todos aquellos de un partido político que han ninguneado la opinión de alguien sin escucharle, simplemente porque no es de su partido. En aquellos que se han puesto la chapita de una religión y han avasallado a los de otras... o esos otros que no profesan religión alguna y se creen con derecho a decir que toda persona creyente es subnormal (no como ellos, que son el claro paradigma de la inteligencia, dónde va a parar).
Y esto lo vemos a diario, lo que pasa es que con una tragedia como la ocurrida estos días se magnifica y se ve más claro. Pero lo hemos estado viendo y lo hemos dejado pasar... porque hemos pensado que semejante despliegue de odio es tolerable. Porque parece ser que todo el mundo tiene derecho a una opinión, por aberrante que esta sea.
Ya nos hemos acostumbrado a la figura del troll o del hater, que basan la mayor parte de su tiempo en volcar su frustración o su odio sobre otros. Usa discursos humillantes, incluso agresivos. No tiene reparos en insultar o incluso amenazar. Y eso es lo peor: que ya nos parece algo normal.
Quizás uno de los puntos a los que quiero llegar a parar en este post es el hecho de que no todo es respetable, y aquí llego al argumento que os prometí arriba que os explicaría. Alguna vez he hablado que la opinión de una persona que no sabe de lo que habla acerca de un tema concreto jamás puede ponerse a la altura de otra que sí, y que solamente el hecho de que sea una opinión no le da validez ni credibilidad.
Pues llegados a este punto quizás habría que añadir una segunda línea a ese argumento que planteé en su día; y es el hecho de que aunque se debe escuchar y procurar entender cualquier punto de vista, aquellos basados en la intolerancia y el odio son los últimos que deben ser respetados. Y esto, aunque suene paradójico, tiene una explicación que leí unos días por alguna parte. Dicha explicación, acuñada por un filósofo (no recuerdo el nombre, pero si alguien está leyendo este tocho y lo sabe, por favor, que me mande un bonito comentario y me lo indique) venía a sostener que respetar la intolerancia implica permitir que la intolerancia acabe con los demás puntos de vista. Que pisotee el respeto mutuo y que la tiranía del dogma que sea acabe imponiéndose.
Ese es el punto al que creo que no debemos llegar, y al que veo que nos estamos acercando. Ahora, con tanto guerrerito de sofá, tanto revolucionario digital y tanto indignado de postureo, lo que tenemos es un montón de gente que se pone la chapita de una ideología y la blande para pisotear a los demás.
"Ahora vais a pensar lo que yo os diga, hijos de puta. Y al que me tosa le meto dos hostias, ¿estamos?"
Tal vez pensáis que exagero. Ante eso os digo que espero que tengáis razón. De verdad que os lo digo. Pero vamos a ser serios con esto: cada vez que vemos el creciente fanatismo, no necesariamente religioso, es para pensarse esto dos veces. ¿Cuántas veces hemos visto a gente acabar casi a hostias por algo tan absurdo como un partido de fútbol? Recordemos la cantidad de altercados con ultras deportivos que hemos ido viendo a lo largo de este último año y ya tenemos algo más o menos evidente. Pero vamos a cosas más sutiles: gente que es de una forma de pensar y de pronto descubre que esa forma de pensar tiene puesta una etiqueta. Me viene a la mente el caso del movimiento "Antinatalista", que descubrí el otro día y que no es más que gente que, por el motivo que sea, no quiere tener hijos.
Gente que no quiere tener hijos la ha habido siempre y nunca ha pasado nada, pero atentos a la jugada: ahora a esa gente se le pone una etiqueta y ya pueden jugar a defender sus ideales de forma beligerante porque pertenecen a un colectivo. Se buscan a los "natalistas" como sus enemigos naturales y ya la tenemos liada. Pensadlo en aquellos que hacen algo tan respetable como negarse a comer carne y usan su opción alimenticia para adoctrinar a otros, dando lecciones de moral y "abriendo los ojos a aquellos que estaban ciegos". Pensad en esto aplicándolo a cualquier otro colectivo y, si queréis, cambiad la pertenencia a ese colectivo por la pertenencia a un dogma de fe o, yendo a casos más brutales, a una secta. Las frases que encontraréis serán escalofriantemente parecidas:
—Yo tenía una vida vacía hasta que descubrí tal forma de pensar.
—Yo vivía equivocado, pero cuando abrí los ojos a tal ideología desperté.
—El día que descubras que estabas equivocado con esa forma de pensar lo entenderás todo.
Y frases similares que nos hacen pensar que hay mucha gente que no parece contentarse con profesar tal creencia, tal ideología o formar parte de tal grupo. Hay que pregonarlo a los cuatro vientos y comerle el coco a los demás para que piensen como uno. Esparcir la Palabra. Iluminar a aquellos que viven en la oscuridad. Y si se niegan a ser convertidos, entonces que se vayan preparando para la que les espera. Es tan sencillo como coger a tres o cuatro amigotes y empezar a pico y pala hasta que el ese pobre desgraciado, que no tiene ya bastante con ser de la ideología equivocada, se tiene que rendir ante el acoso y derribo de la sabiduría del grupito en cuestión.
"Hora de vuestra conversión, ¡Abrid bien los ojos, mierdecillas!"
Regresando una vez más al asunto de las tragedias, no faltan aquellos que con sus santísimos cojones se las apañan para coger y echar mierda sobre aquellos que encima se llevan las hostias. Como comentaba un amigo esta tarde, se parece un poco al caso de una chica que es agredida sexualmente y siempre tiene que haber algún experto diciendo que eso se lo ha buscado por la ropa que llevaba. Que eso es como el que va contando billetes de 50 pavos en un barrio marginal. Que te acaba pasando por tener pocas luces.
Ante esto suelo decir que la culpa de un crimen la tiene SIEMPRE el criminal, y que no hay circunstancias ni hostias en vinagre. Remitiéndome al ejemplo, no veo el mismo caso: me parece que ir vestido de tal o cual manera no invita a una agresión. Menos si esta se produce, no en un barrio marginal, sino en un sitio público o en el portal de tu puta casa. Creo que el argumento falla porque no se usan los mismos parámetros ni los mismos contextos.
Con las tragedias más o menos multitudinarias suele ser algo del estilo: ahora está de moda decir que si un fulano saca una metralleta mientras estás tomándote un café es tu puta culpa. ¿Por qué? Porque occidente mata a gente a diario en otros países y a ti te da igual.
Algunos parece que se han escapado de un seminario y no han visto nunca una moza con escote.
Para aquellos que acaban de aterrizar, la lección es sencilla: sus tetas no dicen "Tócanos", ni "Dinos guarrerías". Mucho menos "Llámame puta si paso de ti" o "Barra libre, sírvete".
Básicamente lo que dicen es "Visto como me sale del coño".
Y poco más.
Vamos a analizar esto un poco: occidente hace muchas cosas mal, y hasta ahí estamos de acuerdo. Pero no es responsabilidad del ciudadano de a pie lo que hacen sus gobernantes en vete a saber dónde... más que nada porque en eso el ciudadano ni pincha ni corta. En según qué casos, es que ni se entera. ¿O nosotros, los civiles, somos responsables de a quién vende armas nuestro país, cuando ni siquiera tenemos plena noción de ello? Es más, por mal que nos parezca, ¿eso le importa algo a los que sí tienen plena responsabilidad? Básicamente, como se habló en una conversación que tuve hace unos días, somos peones en una partida de Risk. No podemos tener responsabilidad alguna como individuos de algo cuya existencia apenas sabemos.
En cuanto a lo de que no nos importa: pues a ver, esto lo planteo yo con un ejemplo sencillo. Supongamos que estamos en un hospital con un familiar en el quirófano, en una operación de vida o muerte. Mientras el destino de dicho familiar se decide, han muerto seis personas en diferentes secciones del hospital, por diversas causas. ¿Nos importa? Pues a ver, si nos lo dicen, obviamente no nos va a alegrar la existencia, pero seamos sinceros: si tenemos una persona cercana cuya vida pende de un hilo, la elección es clara. Si lo ampliamos a una escala algo más global, tiene sentido que nos preocupemos más por compatriotas o gente de países cercanos que por gente que está en la otra punta del mundo. Pero tampoco vamos a decir "Que se jodan". Obviamente nos parece mal, pero los seres humanos tendemos a priorizar ante estas cosas o nos da un telele. Porque en algún momento hay que parar.
Que a ver, uno si quiere puede responsabilizarse de todas y cada una de las cosas que están mal en el mundo. Si se quiere soportar el peso del mundo sobre los hombros, pues ya es elección propia.
Pero no es muy sano, que se diga.
Lo perverso es usar esto como argumento para dar a entender que si nos matan a alguien en nuestro entorno cercano nos lo merecemos por insensibles o por hipócritas. Creo que es más hipócrita ir de tolerante y luego no serlo, como suele pasar con muchos que usan este argumento. Igualmente hipócrita es irte para un puñado de víctimas, todavía llorando a sus muertos y coger y encima echarles mierda por lo alto para quedar de "concienciado". Me parece que es de muy mal gusto irse para nadie en una situación así y decirle que se lo ha buscado. ¿Que se ha buscado qué? ¿Que te peguen un tiro mientras te tomas una caña? ¿Que te den una paliza mientras vuelves a tu casa? ¿Tener un accidente mortal durante tus vacaciones?
¿Cuál es el argumento que se desprende de este tipo de aseveraciones? ¿Que, por el privilegio de haber nacido donde hemos nacido no podemos hacer lo que nos plazca con nuestras vidas? ¿Debemos marcarnos a fuego con la culpabilidad porque otros pasan hambre o viven en situaciones precarias? ¿Que todo aquello que nos pase es culpa nuestra por vivir en la sociedad equivocada y que lo que deberíamos hacer es vivir en la miseria para saber lo que es el sufrimiento de verdad? ¿Que no merecemos vivir como vivimos?
Si alguno de vosotros piensa eso y me conoce, por favor, quiero que sepa que no quiero tener a alguien así cerca de mí. Está totalmente invitado a desaparecer de mi entorno sin explicación alguna.
Ahí tenéis la puerta.
El culo es gratis.
Es más, si alguno de vosotros se ha sentido identificado o reflejado con todas estas actitudes que acabo de plasmar en estas líneas, quiero que sepa que me causan una terrible vergüenza ajena. En serio, me avergüenza ver cómo aquellos que se dan golpes de pecho contra las ideologías basadas en la ignorancia y el odio usan sus mismas armas. Sus mismos argumentos. Su mismo desprecio.
Es este el único caso en el que no me importa ser intolerante.
Si eres incapaz de tolerar la forma de pensar de otros, la forma de creer de otros, la forma de vivir de otros. Si crees que ciertos grupos de personas, inocentes o no, deberían ser eliminados para salvaguardar su "seguridad"; si crees que la respuesta a nuestros problemas es aplastar a aquellos que se consideran una amenaza, sin el beneficio de la ley, sin juicio y sin pruebas; si piensas que la respuesta es una guerra o un estado totalitario que acabe con los indeseables... por favor, desaparece de mi vida YA. O desapareceré yo de la tuya.












:format(jpeg):mode_rgb():quality(90)/discogs-images/R-2736745-1329786663.jpeg.jpg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario