Allá por los años noventa, había una serie que se hizo bastante popular en la televisión de nuestro país, titulada La Doctora Quinn. Era una serie bastante normalita, hija de su época en cuanto a formato y que carecía de la complejidad y la continuidad de la mayor parte de las series que vemos hoy en día. Olvidaos de temporadas trepidantes a lo Juego de Tronos, con giros de guión vertiginosos, o de personajes ultratorturados en plan Breaking Bad. Tampoco había tanto presupuesto en la televisión por aquel entonces para cascarte efectazos especiales o ambientaciones curradas. Como digo, era otra época.
La serie en sí, pues era sencillita a todos los niveles: ambientada en el siglo XIX estadounidense, contaba la historia de una de las primeras mujeres en graduarse en la universidad de medicina y cómo abandona una vida acomodada para irse a un pueblucho fronterizo a ejercer como doctora. Allí acaba (SPOILER) adoptando a tres críos tras la repentina muerte de su madre y (OTRO SPOILER) se acaba enrollando con un melenas a lo Jim Morrison que resultaba ser un mozo bastante apuesto que trabajaba como enlace con los indios que había a un par de barrios del pueblo.
Este pavo.
Come on baby, light my fire...
Lo que me interesa de esta serie como para dedicarle un artículo, como habréis deducido, no es esto, sino una especie de patrón que solía sucederse en muchos capítulos de la serie. Veréis, en cada uno de esos capítulos sucedía siempre algo en el pueblo. Dicho algo tenía carácter de novedad, y revolucionaba a la población, que tardaba entre poco y nada en dejarse llevar; si se trataba de un charlatán vendiendo crecepelo, en diez minutos de episodio tenías a todo el pueblo levantando carpas y bailándole el agua como si no hubiera un mañana; si se quedaba un niño atrapado en una mina, al personal le faltaba tiempo para montar una feria alrededor de la mina e ir a llevarle "sus mejores deseos" al susodicho mientras algunos se partían el lomo con el pico a ver si lograban sacarlo.
Todo el pueblo, claro está, menos la doctora Quinn, cuya función principal, aparte de curar úlceras y untarle pomadas en el toto a las prostis locales, consistía en mirar lo que sucedía con suspicacia y cara de "Si todo el mundo pierde el culo con esto, muy bueno no debe ser".
Y hasta aquí la argumentación.
El resto del patrón es fácil de deducir: la doctora Quinn se intentaba hacer escuchar mientras la masa dominante pasaba de ella como de la mierda. A veces se ofuscaba, e incluso llegaba medio a levantar la voz en un momento dado; los pueblerinos, pues a lo suyo, con sus movidas e historias, dejándose engañar o metidos en cualquier actividad colectiva que, visto desde fuera, no parecía tener sentido alguno. Esto venía sucediendo hasta que, bien la doctora Quinn encontraba la respuesta que desenmascaraba la mentira, o bien alguno del pueblo la acababa cagando de una forma tan estrepitosa que alguien estaba a punto de diñar. Era entonces cuando la doctora aparecía de entre la muchedumbre y se dirigía a la masa, con argumentos más o menos elaborados, para decirles a todos que se habían equivocado y que (esto, entre líneas) no eran más que una panda de putos palurdos que no sabían dónde tenían la cara, mientras que ella no se había dejado llevar y que podía tener la conciencia tranquila. Una vez esto sucedía, el pueblo se quedaba con cara de haber recibido un bofetón con una compresa usada, agachaba la cabeza y reconocían la cagada. El capítulo terminaba aquí y ya podías irte a hacer pipí y luego a la cama.
Menudas meadas las de aquella época...
Veo este patrón en muchísima gente hoy en día. Hay mucha gente que, independientemente de haber visto la serie o no, y más independientemente aún de llevar la razón, se comporta como la doctora Quinn. Cogen cualquier cosa que esté asumida y no es que la cuestionen, que es lo que hace una persona con cierto rigor: directamente la niegan y tachan a todos los demás de palurdos. Para ello se valen de una falacia muy básica, que consiste en asumir que todo aquello que está asumido o que es seguido por un grupo relativamente grande de gente es malo por definición, y les importa un coño zurrido en sobrasada que eso esté asumido porque funcione o que le guste a mucha gente siendo bueno. El absurdo no se queda aquí, sino que va más allá: cuando todos esos que van de Doctora Quinn por la vida declaran la guerra a ese algo asumido, no se limitan a no creer en ello; se pasan todo el puñetero día restregando por la cara que esa mierda mainstream no va con ellos. Se ponen un nombrecito, hacen piña y van de colectivo respetable, aunque lo que defiendan no tenga base, esté postulado desde la total y completa ignorancia o sea a todas luces aberrante. En este mundo digital la cosa no consiste en que tengas razón, sino que te la den. Son cosas diferentes, pero hay a quien le da igual.
—Hay alguien que creo que no piensa igual.
—¿Cómo lo sabes?
—Bueno, no nos ha dado la razón ni ha dicho que nuestra ideología/creencia/cosa es lo puto más.
—¡PUES VAMOS A REVENTARLE LA CARA A ESE HIJOPUTA! ¡TRINCAD PEDROLOS, QUE VAMOS!
Esos grupitos se vuelven ruidosos y exigen ser respetados por cojones, aunque ellos no respeten a nadie. Aunque incluso decidan saltarse las leyes, o pongan en riesgo a otros o a sí mismos. Estos doctores Quinn parten de la base de que algún día pasarán a la historia por haberse rebelado contra el sistema establecido y tienen la esperanza de que si la sociedad o la razón misma no les dan la razón, lo hará la historia algún día. Se creen que son revolucionarios pacíficos y que van a cambiar el mundo con sus consignas o porque tengan muchos amigos en redes sociales que piensan como ellos, pero no nos engañemos: una revolución no es pacífica si agrede a otros (incluyendo la agresión verbal), y no se pasa a la historia solo por hacer ruido aunque tu causa sea una soberana patochada. Es siendo una causa noble y a veces hacer ruido puede empañarla... imagínate cuando encima estás defendiendo una soberana estupidez.
Otros de estos piensan que el hecho de ser minoría es el que les da la razón, porque no están "contaminados" por el pensamiento regente... aunque ni siquiera se hayan molestado en entender por qué ese pensamiento es regente ni en qué consiste. Como digo, no tienden tanto a cuestionar ni preguntarse, sino a negar de manera tajante para sentirse diferentes. Especiales.
Volvemos al tema del narcisismo.
Y es que, cuanto más voy viendo este siglo en el que nos ha tocado vivir, más me estoy dando cuenta de esa necesidad que tienen muchos de sentirse no solo diferentes, sino superiores a la mayoría. Es respetable querer diferenciarte de la masa y buscarte la vida para tener un pensamiento que puedas atesorar como tuyo. Es loable intentar pensar por uno mismo y no dejarse llevar... intentar ser curioso, hacerse preguntas y alcanzar las respuestas por uno mismo es una búsqueda muy digna. Lo que no lo es, es abrazar la ignorancia y llamarla "iluminación", basándose simple y llanamente en el número de seguidores de tal o cual idea. Vanagloriarse de ser minoría es una de las mayores imbecilidades jamás paridas en la sociedad de los últimos años, cuando esa minoría viene respaldada por un sentimiento de identidad basado en la autosegregación, en ponerse etiquetas. En acabar por convertirse en un fanático que mira con desprecio a todos aquellos que no llevan su misma chapita, que no tararean las mismas consignas.
"Yo y los míos molamos. Tenemos la razón. Todos los demás os equivocáis absolutamente en todos. Y además sois mierda".
La era digital se ha convertido en un chiste: se nos lleva años diciendo que vivimos en una época dominada por el flujo de información y que cualquiera puede tener acceso a ella. Sin embargo, existe tal cantidad de desinformación, tal cantidad de ignorancia generalizada, que leer mucho no es en absoluto sinónimo de informarse acerca de algo. Hoy en día, puedes "informarte" acerca de basura ideológica, de mentiras e idioteces varias con tanto volumen de documentación como si fuera real. Presuntos estudios, basados en humo; palabras muy bonitas, pero vacías, que se supone que nos iluminan pero que solo nos sueltan rollos. Solo tienes que descartar cualquier cosa que no dé la razón a tu ideología para encontrarte con un océano de falsas noticias, bulos e idioteces varias que hacen que aquello que creas parezca "cierto". Quizás parece que exagero, pero si no, pensad en cuánta gente hoy en día empieza a volver a ideas medievales como la planicie de la Tierra o a "no creer" en las vacunas. Solo por poner un par de ejemplos de lo "modernos" que nos hemos vuelto en los últimos años...
"¡¡¡Que te pongas algo de ropa, zorra!!! ¡Me das asco, se te ven los tobillos! ¿Así pretendes que se te respete, pedazo de puta? ¿Y esas tetas? Operadas, ¿verdad? ¡Eso es de guarras!"
Como digo, actitudes muy progresistas y tolerantes, dónde va a parar...
Lo triste es que según qué cosas existen o no, independientemente de que uno crea en ellas. Es ahí donde los Iluminados caen en otra idea medieval, o incluso sacada de libro de fantasía: pensar que no creer en algo, por arte de magia, niega por completo su existencia. Y ya puedes razonar con ellos lo que te dé la gana, aportar documentos o lo que quieras. Para ellos eso NO existe y te callas, porque si resulta que estás hablando con más de uno a la vez y te superan en número, automáticamente tienen la razón. Es una perversión de la idea de democracia, que muchos aprovechan para hacer ruido: aprovecharse de una momentánea superioridad numérica (si pillan a alguien que no piensa como ellos a solas, como ya he mencionado), basar sus argumentaciones en la agresividad para "hacerse oír" o repetir la misma patraña una y otra vez hasta que el personal les dé la razón por cansinos.
"¡QUE TE HE DICHO QUE ME DES LA RAZÓN, HIJO DE LA GRANDÍSIMA PUTA!"
Pero existe una cosa mucho más triste aún, y es el hecho de que están ganando terreno. A diferencia de la Doctora Quinn de la serie, estos ni siquiera suelen tener razón... o no se ha demostrado que la tengan. Lo único que tienen es un puñado de teclados y mucho tiempo libre para dar por culo al prójimo. Cada día que pasa, los colectivitos, las legiones de ignorantes y las plataformas de completos palurdos, se van asentando por todas partes y están obligando a los demás a escucharlos. A convencernos de que, solo por el hecho de tener una opinión, ya es digna de respeto. Aunque dicha opinión no venga respaldada más que por un puñado de chapitas, frasecitas molonas prediseñadas por vete a saber quién y... y poco más. Sin una experiencia seria previa. Sin muestras representativas de lo que se supone que defienden. En muchas ocasiones, sin el más mínimo argumento siquiera.
"Meterle el dedo en el culo a alguien mientras cagas es bueno para el corazón. Yo lo hago y nunca me ha dado un infarto. Además, lo pone en un estudio de una prestigiosa universidad"
Todos hemos conocido a gente así en algún momento u otro. Fanáticos, que no pueden ser llamados de otra manera. Seres que nos obligan a tolerar por cojones sus salidas de tono, a que escuchemos su mierda, que nos traguemos sus manifiestos. Que absorbamos su propaganda. Cuando no estamos de acuerdo con ellos, se encabronan, nos llaman ignorantes a nosotros. Nos dicen que tenemos los ojos cerrados solo "por seguir a la mayoría". Llegan a la falta de respeto y al insulto, pero hay que tolerarlos, porque tienen la Prebenda Moral. Su Causa es mejor que la de los demás. Ellos salvarán el Mundo y hay que verlos como los nuevos Profetas de la Iluminación.
Pero no nos engañemos: lo que les gusta, en el fondo, es que los ignoren y los ninguneen. Así pueden sentirse especiales, diferentes. Superiores. Porque... si todo el mundo pensara como ellos y les diera la razón... ¿Acaso no serían la masa?









No hay comentarios:
Publicar un comentario