sábado, 8 de julio de 2017

Mondo Chorra- Sobre la existencia del hembrismo y los diversos argumentos falaces que lo acompañan




Que el activismo social se ha convertido en una moda es algo casi incuestionable, si echamos un vistazo a cualquier red social y vemos que todo el mundo tiene algo que defender. Que bueno, eso no es necesariamente malo: todos, o casi todos, creemos en algo y lo defendemos. Quizás el problema es cuando vemos que el personal, de buenas a primeras, empieza a subirse al carro de según qué ideologías (que generalmente nos importaban tres cojones hace algunos años) y ahora somos más papistas que el Papa. Pensadlo: de hace unos años para acá, el radicalismo se ha vuelto tan general, y con consignas tan repetidas que todo lleva a pensar (ya, que sea cierto o no es otra cosa) que hablamos de una doctrina perfectamente dirigida y prediseñada. Miedo me da pensar en las verdaderas intenciones de la gente que ejerce de "ideóloga" de este radicalismo de género.

Independientemente de las razones de esa gente que permanece en la sombra, vamos a quedarnos con los argumentos que van soltando. Argumentos que hemos ido leyendo aquí y allá a lo largo de los últimos años, aparentemente lógicos, pero que caen en unas falacias de cuidado. Ese es uno de los principales motivos que me llevan a pensar (a título personal) que hablamos de algo dirigido y deliberado y no de una "respuesta" al machismo de la sociedad. Existen muchas maneras de responder al machismo que, por desgracia, todavía sigue muy presente en nuestra cultura, pero usar argumentos falaces para apoyar una lucha por la igualdad de derechos (que al final se ha convertido en una simplona guerra de sexos y un concursito de "y tú más") es de todo menos una respuesta civilizada.


Tendemos a pensar que los únicos radicales que hay que temer son los de este tipo.
Pero no. Hay radicales de muy diversos tipos, y que no tengan un cóctel Molotov entre las manos no los hace menos peligrosos.


Dicho esto, vamos allá:

Falacia ad baculum: Este tipo de falacia tiene una base bastante agresiva en ejecución, pero su lógica hace aguas por todas partes. Consiste principalmente en persuadir a la persona con la que se habla de una idea, so pena de algún tipo de amenaza, no necesariamente física. Estos colectivos las usan de una manera muy sencilla: plantean un argumento y todo aquel que no le dé la razón automáticamente se lleva una etiqueta.

Ejemplo:
—Todos los tíos son unos cerdos.
—No estoy de acuerdo.
—¿No me das la razón?
—No.
—Entonces eres un machista que hace apología de la violencia contra las mujeres (la amenaza es, por supuesto, esa especie de "acusación" de ser una especie de monstruo troglodita. A veces, usando medios públicos, como redes sociales, para darle difusión al asunto. No hablemos de los famosos boicots que tan de moda están en los últimos tiempos)


"Y si te endiño, estará hasta bien".


Falacia ad hominem: Consiste en dar por sentada la falsedad de una afirmación tomando como argumento quién la emite, independientemente de que esa afirmación sea veraz o no. Es una falacia muy común por parte de la gente que profesa este tipo de ideología extrema y que, de paso, sirve para postular un bonito "Nosotros (o nosotras) contra ellos" en su argumentación, que siempre suele ser muy efectivo.

Ejemplo:
—La violación me parece algo deleznable.
—Tú no tienes el más mínimo derecho a decir eso porque eres hombre (como puede verse, no se ataca la veracidad o falsedad del argumento acerca de la violación; de hecho, ni siquiera se habla del argumento en sí, sino que se socava la opinión del que la emite)

Falacia ad ignorantiam: Esta falacia consiste en afirmar la veracidad de una proposición en base a su ignorancia. Se usa cuando se desconocen las causas concretas de un hecho, pero aun así se asumen como base para corroborar sus consecuencias. Se puede usar como una versión perversa del principio de presunción de inocencia. Obviamente, puede darse en ambas direcciones, pero sí es cierto que estos colectivos las están usando como caballo de batalla para acusar a muchísima gente sin pruebas.

Ejemplo:

—Esa chica le puso una denuncia a su novio.
—¿Por qué?
—No lo sé, pero algo habrá hecho (en este caso, se asumen ciertas cosas que no aparecen como datos. Para empezar, se asume la culpabilidad de la persona o incluso se puede aludir al delito en sí. Ni siquiera sabemos si la denuncia ha sido por violencia, algún tema monetario o cualquier otra desavenencia)


"Pues ya está, ya lo hemos colgao. Hemos hecho justicia".



Falacia non sequitur: Básicamente consiste en usar un silogismo clásico y retorcerlo de la forma más absurda para que parezca veraz. En teoría, toda falacia responde al principio de non sequitur, lo que supone toda una base para según qué argumentos aparentemente lógicos, pero que son una auténtica locura:

Ejemplo:
—Las violaciones se producen con penes.
—Los hombres tienen pene.
—Conclusión: los hombres son violadores en potencia.

Falacia ad misericordiam: En teoría se trata de una falacia que consiste en afirmar la veracidad de algo que se dice alegando como argumento las circunstancias de quien lo emite, por lo general aludiendo a la piedad o la misericordia. Es el contrario de la falacia ad baculum que comentaba al principio, pero no son mutuamente excluyentes.

Ejemplo:
—Creo que todos los hombres deberían ser castrados.
—Esa es una postura muy violenta.
—Sí, pero recuerda que las mujeres hemos sido oprimidas durante siglos.

Argumento ad nauseam: Este argumento ni siquiera atiende a razones lógicas como tales. Consiste en repetir la misma argumentación (o consigna) una y otra vez a lo largo de una conversación hasta que, ya por puro cansinismo, dicha argumentación se dé como válida. Es uno de los recursos más frecuentes, valga la redundancia.

Ejemplo:
—Las mujeres lo tenemos difícil para encontrar trabajo.
—La culpa es de la sociedad heteropatriarcal.
—Y no tenemos igualdad de derechos.
—La culpa es de la sociedad heteropatriarcal.
—Ese hombre se ha saltado un semáforo en rojo.
—Lo hace porque se cree con derecho a hacerlo. La culpa es de la sociedad heteropatriarcal.
—He leído que dentro de trescientos años, un asteroide se estrellará contra la tierra.
—La culpa es de la sociedad heteropatriarcal.


"Vamos a morir todos por culpa de los hombres".


Argumento ad novitatem: Consiste en asumir la veracidad de algo porque es una idea más moderna. Este planteamiento es quizás de los más sutiles, pero también se da.

Ejemplo:
—Hace cinco años a nadie se le había ocurrido que fuéramos a poner patas arriba la sociedad patriarcal, denunciando al género masculino como lo que es: una ralea de violadores, seres violentos e incultos que son incapaces de sentir empatía por las mujeres y que disfrutan sometiéndolas y humillándolas. Somos la revolución. Y como esto no lo había hecho nadie antes, es una buena idea.

Argumento ad verecundiam: Este es de los más peligrosos y muy, muy frecuente. Consiste en asumir la veracidad o falsedad de algo porque una persona a la que se constituye como autoridad (aunque ni se sepa quién es en realidad, o en qué basa sus afirmaciones) lo ha dicho. Viene a suponer sacrificar el propio criterio para otorgarlo a una tercera persona que piensa por uno. Este tipo de falacia es muy propia de redes sociales, donde se comparten las cosas sin siquiera pensarlas o dando por sentado que la persona que lo ha dicho "acierta" cuando habla y sin cuestionar sus palabras en momento alguno. Los ejemplos son bastante claros, si echamos un vistazo a todas esas criaturas que tienen un blog, página de Twitter o columnas en diarios digitales y que, como si fueran seres sin tacha alguna o jamás se measen fuera del tiesto, ven argumentos a cuál más salvaje y agresivo compartidos de forma masiva. No daré nombres, pero si estáis concienciados con el tema encontraréis unos cuantos ejemplos que ilustran esto a la perfección.

Argumento post hoc: Es el argumento clásico de asumir correlación y causa. A veces podemos encontrar que existen dos hechos que se dan de forma paralela, pero eso no quiere decir que, por definición, uno sea causa de otra. 

Ejemplo:
El machismo en la sociedad ha dado por hecho que la mujer es una persona inferior, pero eso no quiere decir que si un hombre cede su paso a una mujer a la hora de entrar en un sitio sea porque la considera inferior. Ese hombre bien podría ceder su paso a otro hombre, del mismo modo que lo hace con la mujer, por simple y llana educación. Sin embargo, se toman dos hechos paralelos (que vivamos en una sociedad con unos cuantos remanentes machistas, y que el hombre ceda su paso a una persona, en este caso, una mujer) para relacionarlos sin evidencias sólidas.


"No lo entiendo... solo le dije a la señora que pasara ella primero..."


Argumento ad populum: Consiste en dar por sentada la veracidad de algo en base al número de gente que lo cree, independientemente de que esto sea veraz en sí mismo.

Ejemplo:
—Cada vez somos más las que formamos parte de la guerra contra la opresión de los machirulos. Eso significa que la sociedad está despertando y que tenemos razón.

Conclusión irrelevante: En una conclusión irrelevante añadimos un argumento que debería ser válido en sí mismo, pero en la práctica plantea algo que no tiene nada que ver con el contexto que se plantea.

Ejemplo:
—Ella debería tener un cargo en la empresa. Es mujer y se lo merece. (No se plantea en el argumento que esté preparada o capacitada para dicho puesto; se saca de la argumentación y se añade que sea mujer, algo que para un cargo en una empresa debería ser irrelevante en aras de la capacidad para desempeñar ese puesto)

Falacia del hombre de paja: Se usa mucho también. Básicamente, consiste en ridiculizar la opinión del oponente, tergiversando, exagerando o cambiando el significado de sus palabras. La persona cuya opinión es ridiculizada, además, se las ve teniendo que justificar, no sus argumentos, sino los que han puesto en su boca.

Ejemplo:
—Pues yo no creo que los hombres sean la culpa de todos los problemas de la sociedad.
—Dicho por un tío. Claro que sí, guapi. La culpa es nuestra, que somos todas unas guarras.
—Yo no he dicho eso.
—No pasa nada, guapi. Tú a lo tuyo. Anda, un besito.

Falacia ecológica: Las falacias de este tipo toman datos y números y los interpretan a su libre albedrío, obteniendo (casualmente) conclusiones la mar de convenientes.

Ejemplo:
—No veas la cantidad de mujeres que son maltratadas por sus parejas.
—Bueno, sí, pero el maltrato puede ir en ambas direcciones.
—Sí, pero los casos de denuncias a mujeres por maltrato no llegan al 1%. Por tanto, son irrelevantes y no se deben tener en cuenta. (En este caso, no se está planteando que el maltrato en sí esté mal o deje de estarlo; simplemente, se estipula que aquello que no forme parte de un sector poblacional que se considere "relevante" ni siquiera merece atención, por desprotegido que esté. Incluso se justifica su desprotección).

Principio de generalización apresurada: A primera vista, se parece bastante al non sequitur de arriba. Se fundamenta en sacar una conclusión apresurada de pruebas insuficientes. También parte de un silogismo que se retuerce y se pervierte para dar pie a la conclusión que a uno le parezca, o asumir que una parte de un colectivo representa al colectivo completo:

Ejemplo:
Asumir que un hombre, por su condición de hombre, es machista, partiendo de la base de que un determinado porcentaje de hombres lo son (e ignorando de forma deliberada que también hay mujeres machistas) es un buen ejemplo de generalización apresurada. Más claro queda aún si ese hombre ni siquiera ha tenido tiempo de manifestar su postura u opinión al respecto, pero ya se le acusa de serlo.


"¡Pero que yo no he dicho nada, coño!"


Falacia de arreglo de bulto: Esta falacia tiene como principio básico atribuir ideologías en bloques. Es decir, si una persona manifiesta su postura ante un hecho concreto, su interlocutor dará por sentadas más ideas, aunque no las haya manifestado o incluso aunque ni las piense.

Ejemplo:
—¿Tú qué piensas de la discriminación positiva?
—Que no me parece justa.
—Ya, y también piensas que las mujeres deben irse a la cocina a fregar, ¿a que sí?

Falso dilema: Consiste en obligar al interlocutor a posicionarse entre dos posturas muy definidas, sin dar opción a ninguna otra alternativa. Ambas posturas suelen estar muy polarizadas, de manera que o se está con la persona que emite el planteamiento falaz o se está en una posición radicalmente opuesta. Es el "O conmigo o contra mí" más clásico.

Ejemplos:
—¿Tú crees que las mujeres deben regirse por un baremo diferente y más flexible a la hora de optar por un puesto laboral, o eres de esos que piensan que las mujeres solo valen para follárselas, preñarlas y tenerlas a pata partida en casa?

—¿Estás de acuerdo conmigo en todo?
—En todo no.
—Entonces eres machista.

Ningún escocés verdadero: Esta falacia plantea excluir de su concepto a todo aquello que no se ajuste al cien por cien a él. También se las apaña para negar aquello que no conviene, de modo que la ideología permanece "pura" y "sin alterar".

Ejemplo:
—Que vivimos en una sociedad patriarcal se nota en nuestros gobernantes, que son unos tiranos. Con mujeres al mando no pasaría.
—Oh, pero ha habido mujeres al mando, desde la reina Isabel hasta Margaret Thatcher, pasando por Angela Merkel, y muchas de ellas se han comportado como auténticas tiranas.
—Esas no cuentan. Cuando una mujer llega a un puesto de poder, se comporta como los hombres, porque la política es un mundo de hombres. Así que, o se comportan como ellos, o no sobreviven. (Este principio da por hecho que una mujer, solo por ser mujer, no puede tener una posición tiránica sobre la gente a la que gobierna; se alude a que todo lo malo que hace es por influencia masculina y se la saca del concepto de una gobernante mujer; del mismo modo que, cuando un gobernante varón no se comporta como un tirano, tampoco se alude a su género como base de dicha argumentación)


Por supuesto, todos sabemos que la Thatcher fue una mujer de lo más liberal y tolerante, nada autoritaria y siempre dispuesta a dialogar. Se transformó en un monstruo autoritario al llegar a Primera Ministra para que los perniciosos y malvados hombres que la rodeaban no se la tomaran a coña marinera.


Falacia de la regresión: Se basa en añadir una causa infundada a un acontecimiento. Los colectivos radicales tienden a usar esta falacia de forma constante, de manera que todo aquello que no les gusta automáticamente tiene como causa el hecho de haber nacido mujer.

Ejemplo:
—Me he presentado a esta antología de relatos de ciencia-ficción con un relato costumbrista del s.XIX.
—¿Te lo han aceptado?
—No. Eso es porque soy mujer. (como puede verse, ni siquiera se plantea que haya escrito un relato que no tenga absolutamente nada que ver con las bases de la antología; tampoco se plantea que tal vez el relato no tenga la calidad mínima que exigen. Tampoco se plantea que la gente que está valorando su obra sea mujer o feminista. Es mucho más sencillo atribuir una causa como esta)

Falacia "Tu quoque": Como su nombre en latín indica ("y tú más") consiste en "desmontar" una crítica hacia algo solo porque esa persona tampoco predica con el ejemplo, o no lo hace como se espera. Es un argumento recurrente hasta la saciedad, y en caso alguno sirve como argumento lógico para afirmar o refutar una postura (su respuesta no se basa en argumentar, sino en atacar lo posición contraria).

Ejemplo:
—No creo que discriminar a los hombres sea la respuesta contra la discriminación a las mujeres.
—Los tíos lleváis siglos discriminándonos. Tendrías hasta que callarte.

Falacia del efecto dominó: Esta se produce cuando, habidos hechos A y B, que se entienden como "relacionados" y siendo B algo malo, se da por malo A también. Al leer sobre esta falacia, pensé que no se daba, pero luego recapacité y me di cuenta de que sí. En el ejemplo lo veréis claro:

Ejemplo:
—Ya han abusado de otra chica en las fiestas del pueblo.
—¡Qué horror!
—Es que a ver, con esa ropa que me llevan las chavalas de hoy, que les hacen el juego a los tíos, no sé qué se esperan cuando abusan de ellas. (Este principio, esgrimido por muchas que van de "feministas", no puede ser más rancio. Sí, se acusa a los hombres como causantes de la agresión, pero el fondo es juzgar la vestimenta de otras mujeres, aunque luego se revista de ese tufillo falsamente feminista diciendo "que visten así para agradar a los hombres")


Es mucho más fácil eso que coger y pensar que lo mismo una mujer viste como sea porque le sale del coño. Y punto pelota.


Recurso al victimismo: Consiste en argumentar que el interlocutor ataca a uno en el momento en que éste no le da la razón, por lo general aludiendo causas que no se han manifestado de forma expresa.

Ejemplo:
—Que no, que todos y cada uno de los tíos tenéis la culpa de nuestros problemas. Sois una panda de opresores y solo por existir ya nos oprimís a todas las mujeres del mundo.
—A ver, vamos a calmarnos, porque ese argumento está un poco sacado de quicio.
—¿Que me calme? ¡No me vengas con esos discursos paternalistas! ¡No necesito que un hombre como tú me diga cuándo debo calmarme! ¡Y si no estás de acuerdo con lo que digo, ya me dejas muy clarita tu postura! Eso es porque soy mujer y te gusta sentirte superior, ¿a que sí?

Pensamiento de grupo: Muy común también. El pensamiento de grupo se da cuando una persona da por válida su argumentación única y exclusivamente por pertenecer a cierto colectivo o seguir una ideología con un nombre concreto (eso de ponerse una etiqueta se está volviendo especialmente guai en los últimos años). No importa que dicha ideología propugne verdaderas aberraciones, que tengan argumentos que sean abiertamente constituyentes de delitos de odio o que se basen en la radicalización de ideas o en la agresividad de sus términos.

Ejemplo:
—Pertenezco a esta asociación (inserte aquí nombre, logotipo, santo y seña), así que todo lo que diga queda justificado de principio a fin. Hacemos el bien por la sociedad y no importa que intentemos aplastar por la fuerza a la ideología contraria. Somos de tal colectivo y todo aquel que no siga nuestras premisas se lo merece (Puede que no hayáis visto este argumento dicho así, de forma literal, pero se desprende de muchísima gente que, de buenas a primeras, dice haber "visto la luz" en el "feminismo radical" y considera que, solo por ponerse un lazo morado y llevar camisetas con consignas guais puede decir lo que le dé la gana y que debe ser respetado por la fuerza, aunque esté apelando a una violencia verbal salvaje).

Falacia de eludir la prueba de carga: Mucha gente hembrista recurre a ella cuando toda persona que no sea de su credo debe aportar pruebas de sus argumentos (aunque luego, al oírlas esas pruebas "no les valgan"), mientras que la gente que pertenece a estos colectivos radicales da por sentada que su sola palabra basta para sentar cátedra y no necesita respaldarse en argumento o evidencia alguna. Para más inri, a partir de este principio, dan por sentada la veracidad o falsedad de algo.

Ejemplo:
—Dame pruebas de lo que estás diciendo.
—Vale, aquí tienes un informe de datos que...
—Eso no me vale.
—¿Por qué?
—Yo a una marioneta del patriarcado no tengo por qué darle explicaciones. Pero que sepas que lo que dices es mentira.


"Porque yo lo digo. Ese es el por qué".


Y con todo esto, vamos con la reflexión al respecto: creo que existe una enorme diferencia entre creer en la igualdad de género y luchar por que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades o consideraciones en la sociedad moderna, y tener la caradura de ponerse una chapita para luego soltar auténticas salvajadas. Estos grupitos (sí, uso el diminutivo de forma intencionada) parten de un principio bastante falaz también, consistente en que les da la razón todo el ruido que hacen, sin pararse a pensar que todo ese ruido es contraproducente. Todos esos mensajes de odio y esas manipulaciones argumentales no están consiguiendo prácticamente nada. No se ha avanzado nada gracias a esta pandilla de revolucionarios 2.0 que se limitan a soltar manifiestos de odio en redes sociales. No han logrado un solo avance en igualdad de género y lo único que han estado pidiendo desde que surgieron hasta la fecha es censurar cualquier cosa que no venga de su ideología. Organizan boicots, se reúnen para gritar pidiendo la retirada de libros o películas, atacan verbalmente a artistas (llegando incluso a amenzarlos) y se dedican a montar numeritos a cuál más vergonzoso para hacerse notar.
Estos grupitos no han conseguido lo que se ha conseguido a lo largo de décadas, a base de concienciar de forma pacífica y luchar por lo que se cree. Poco a poco y día a día. Con mucho esfuerzo y mucho sacrificio. Estos grupitos, con sus puños en alto y sus protestas, no son los que han conseguido que las mujeres puedan acceder al mercado laboral, que tengan independencia económica o que tengan derecho al voto. Lo que sí están haciendo es montar espectáculos bochornosos, cargados de insultos más o menos sutiles hacia aquellos que no les ríen las gracias (términos tan "tolerantes" como "machirulo" o "marioneta del patriarcado" los han acuñado las personas que pertenecen a estos grupos) y, desgraciadamente, dando la razón a aquellos que han venido pensando que el feminismo es una gilipollez. Gracias a estos grupitos, cada día hay más gente que se siente avergonzada por decir que es feminista, porque con estas pantomimas virtuales, están consiguiendo adueñarse de la terminología y haciendo que asocien a cualquiera que crea en la igualdad de género con una panda de impresentables que se dedican a odiar.


Hay quien piensa que tener libertad de expresión es una especie de carta blanca para soltar discursos de odio. Dicho de otro modo, consideran que odiar es gratis y libre de responsabilidad.
Siempre ha habido quien lo ha pensado, pero lo verdaderamente triste es cuando ahora el odio se pone una chapita y se reviste a sí mismo de una ideología guai que parece justificar todas y cada una de las barbaridades que se sueltan.
"El fin justifica los medios" es una filosofía que han seguido fanáticos y totalitaristas a lo largo de los siglos. Consideraban que SU causa estaba por encima de las demás, y que eso permitía según qué actitudes, según qué acciones.


El feminismo no va de odiar a los hombres, sino de conseguir que hombres y mujeres avancen en la misma dirección.
No va de ir reclamando privilegios solo por tener una vagina entre las piernas, sino de tener las mismas oportunidades y gozar del mismo status social. De conseguir que una mujer sea tan respetada como un hombre, sea el ámbito que sea.
El feminismo no pide automarginar o segregar a las mujeres para que tengan su propia parcelita "segura" a salvo de los terribles violadores con pene, sino de dejar claro que hombres y mujeres pueden llegar a convivir en el mismo espacio sin que haya nada que temer.
El feminismo no impone un credo ni le dice a una mujer cómo tiene que comportarse con los hombres. Ni cómo vestir, ni cómo hablar. No juzga a la mujer si va en jersey de cuello vuelto o en tanga de lentejuelas, sino que asume que una mujer puede vestir, hablar y pensar como le dé la gana.
El feminismo no pone a la mujer como una pobre víctima, nacida sin mácula, que ha venido a vivir en un mundo de monstruos que solo quieren meterse en sus bragas. Parte de la base de que la mujer es tan humana como el hombre y no lo demoniza, del mismo modo que no se santifica a sí misma. No se pone en un pedestal moral ni juzga a aquellos que no comparten su género.
El feminismo no busca negar las diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres, sino que las reconoce como rasgos característicos que hacen único a cada sexo. Tampoco hace uso de esas diferencias para aprovecharse del sistema.
El feminismo no es la antítesis del machismo. No intenta imponerse sobre los hombres, ni ve la sociedad en términos de "guerra". Para el feminismo, la búsqueda del reconocimiento de la mujer no consiste en tener un enemigo al que vencer o aplastar, sino limar asperezas y conseguir que la sociedad avance. Y para ello es necesaria la otra mitad de la población.


"La presencia de segregación es la ausencia de la democracia".
Este cartel se refiere a la segregación racial en los Estados Unidos a mediados del siglo pasado. Hoy en día esto nos parece una barbaridad, como nos lo parecen cosas como el Apartheid y demás.
Sin embargo, hablamos de gimnasios solo para mujeres, con la explicación de que "Así se sienten más seguras" y la idea de fondo es la misma: excluir a un sector de la sociedad porque parece portar el germen de la inseguridad.
O, si lo queremos, demonizar a un sector de la sociedad y santificar al otro, en una dicotomía entre blancos y negros que va más allá de la raza.
En resumen: si la idea es integrar, los que optan por la segregación están tomando la dirección contraria.


Así que, queridos Distópicos, siento contradecir a mucha gente: el hembrismo existe. No es ningún invento por un malvado Consejo Heteropatriarcal en la sombra, que se ríe diciendo "Buajajaja". Cada vez que oigáis a alguien lanzar manifiestos de odio contra los hombres porque, según esa persona, el género masculino, es el culpable de todo mal, está siendo hembrista. Como lo es aquella persona que, hablando con hombres y mujeres, niega razón o se burla de lo que dice un hombre, pero es mucho más condescendiente y tolerante con lo que diga una mujer... aunque ambos digan lo mismo. Veréis hembrismo en alguien que diga que un hombre la oprime solo por existir. Cuando leáis detalles del calibre de que las mujeres no necesitan a los hombres para absolutamente nada por considerarlos del todo inútiles; cuando escuchéis manifiestos de odio o desprecio contra un género entero. Cuando se acuse a todo hombre, solo por ser hombre, de ser violador, acosador o maltratador en potencia. Cuando se apoye que un padre no tenga derecho a ver a su hija tras un divorcio. Cuando se juzgue y condene a cien inocentes solo para capturar a un culpable.
Cada vez que leáis una de estas premisas que os he explicado arriba, veréis que el hembrismo no solo existe, sino que se organiza más y más a cada día que pasa. Conforme van pasando los años, los grupos de odio empiezan a cobrar fuerza. Las consignas empiezan a repetirse hasta el punto de que muchos las están viendo ya como normales. La guerra de sexos, orquestada por vete a saber quién, está funcionando del modo más eficiente posible.
Y yo sigo preguntándome quién se está beneficiando realmente de todo esto.


Si este tipo de cosas os resultan "graciosas" o "feministas", revisad vuestras creencias.


Ante esto, yo veo que tenemos solo un par de opciones: podemos seguir manteniendo la cabeza bien fría y tener muy claro que el feminismo no es lo mismo que el hembrismo. Que el hembrismo, insisto, existe, se organiza y gana adeptos. Que además, está dejando la lucha por la igualdad de género a la altura del betún. Podemos seguir luchando por mantenernos donde estamos, concienciados y consecuentes, sabiendo que hay que seguir paso a paso, poco a poco, avanzando por un futuro que merezca la pena.
Pero también podemos tomar una vía más rápida, más seductora. Podemos tomar esa vía del odio y la rabia que creemos justificada. Podemos excluir al género masculino de nuestra lucha por un mundo mejor. Podemos demonizarlo, automarginarnos y crearnos un Olimpo donde nos creemos la cúspide de la raza humana. Podemos manifestar nuestro odio día sí y día también, y podemos incluso echar la culpa de todas y cada una de nuestras miserias al sexo que consideramos el incorrecto. Podemos llevar la guerra un paso más, y encima ir por ahí diciendo que estamos haciendo lo correcto. Que es la respuesta ante años de abusos, aunque eso sea culpar a gente que, hoy por hoy, no es responsable de lo que hicieron sus antepasados.

La elección es nuestra pero, como siempre, habrá que ser conscientes de las consecuencias. Si el futuro que creamos acaba siendo un auténtico atraso, con la vuelta a la educación no mixta, con negocios y locales solo para hombres o para mujeres; si la sociedad que acabamos consiguiendo es una sociedad sin entendimiento entre géneros y donde las mujeres temen a los hombres, o bien los hombres ni siquiera van a saber cómo tratar a las mujeres, no echemos la culpa a un sistema tiránico y opresor.
Lo habremos conseguido entre todos.






2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ole, ole y ole. Salvo alguna cosilla puntual que ya te comentaré detalladamente, con la que no estoy del todo de acuerdo, chapeau.

Sandra

Rumbo a la Distopía dijo...

Bueno, no siempre se acierta en todo, o no siempre se logra que uno consiga que estén totalmente de acuerdo con lo que se escribe. Pero mientras esto se lea y no resulte un total y completo absurdo, vamos bien :D