miércoles, 24 de agosto de 2016

Tebeos en Vena- Sobre HarleyQuines, Apocalipsis y demás cosas



No he ido a ver El Escuadrón Suicida.
Básicamente, no me llamaba, como no me llama ir a ver una de las típicas pelis de Jennifer Anniston o alguna de estas basadas en novelas de John Grisham. Es la única explicación que considero oportuno dar a este respecto.
Lo que tampoco he hecho ha sido animar a la gente a que no la vea. Todo lo contrario, cuando alguien me ha dicho que iba a verla, lo que les he dicho es que me cuenten cuando salgan, para ver si mi intuición fallaba o no. He oído de todo, pero la gente cuyo criterio suele ser más afín al mío me ha dicho que no me pierdo gran cosa.
Sigue sin llamarme.

Sin embargo, conforme pasan las semanas, estoy viendo que el revuelo que se está montando por la película roza ya lo ridículo. Y es que parece que ya no se puede sacar una película basada en cómics sin que se arme la marimorena. No necesito haber visto o dejado de ver El Escuadrón Suicida para empezar a pensar que la cruzada contra el cine de ficción y, más concretamente, contra el mundo del cómic, está siendo tomada muy en serio.
El principal argumento (que no el único), el de siempre, el cual comienza a resultar ya un poco manido y trillado: que si las películas basadas en cómics hipersexualizan la figura de la mujer, les ponen unas pintas que parecen objetos (todavía vendrá alguien "concienciado" con la igualdad de género y me dirá que parecen putas,  como si lo viera) y un sinfín de blablablases que, sinceramente, aburren.

Insisto, no voy a entrar en si El Escuadrón Suicida hipersexualiza a la mujer. Como digo, no la he visto; pero también me juego el cuello a que mucha gente tampoco ha visto la película y ha cargado las tintas igualmente contra Margot Robbie por llevar un short de esos en que lleva medio culo al aire.
Y he ahí la gracia.
No sé ya cuántas veces he tenido que escuchar ese argumento rancio de que ese tipo de vestimentas en las que se enseña medio culo son denigrantes para la mujer (casi dando por sentado de que una mujer lleva ese tipo de ropa a punta de pistola), que la que lo lleva es una furcia, marioneta del Malvado Imperio Heteropatriarcal Opresor, Culpable de Todos y Cada Uno de los Males de Esta Sociedad. Echándole más cojones (u ovarios, que nadie me acuse de no usar lenguaje inclusivo, por los Dioses), he llegado a escuchar de gente supuestamente "abierta de mente" y "superconcienciada" que si se lleva ese tipo de prendas que nadie se extrañe luego de que las mozas sean violadas.
Y quedarse tan panchos tras soltar semejante idiotez, porque quien lo dice se ha puesto una chapita con un símbolo feminista y hay que hacer caso de todo cuanto diga, so pena de quedar como machistas si no se les da la razón. Aunque lo que estén diciendo sea básicamente negar el derecho que tiene toda mujer a vestir como le salga del mismísimo coño.


Lo diré las veces que sea necesario: la culpa de una violación recae única y exclusivamente en el violador.
Si alguien me viene con el argumento de que este tipo de pantalones provocan a los hombres para que violen mujeres, le invito a que por favor deje de seguir este blog y, si lo tengo en mi lista de amigos, que me borre y me bloquee de por vida.
Esto lo digo muy en serio. No necesito a nadie cerca de mí que justifique violaciones, se ponga de digno como se ponga.
Puedo pasar por muchas cosas, pero esa no la consiento.


Una vez hemos tomado esta película como punto de partida, vamos a salirnos de ella por un momento. A lo largo del último mes me ha tocado leer una cantidad tremenda de estupideces acerca del personaje de Harley Quinn, de la cual se ha dicho que (y cito de un modo casi textual), "el personaje vende valores de una relación enfermiza con el Joker, basada en la dominación que éste ejerce sobre la chica, y en la que imperan elementos como el miedo". Se alude a una frase de la peli, como guinda, en la que el Joker dice "No voy a matarte; solo te haré mucho daño".
Y es aquí cuando la cabeza me explota ante tanta lumbrera junta que dice "saber leer entre líneas".
Que la relación que antaño (digo antaño, porque esto en el Nuevo Universo DC, por lo que tengo entendido, se ha abandonado y ahora mantiene una relación homosexual con Hiedra Venenosa... algo super misógino y homófobo, como parece ser todo el mundo del cómic, según algunos) mantuviera el personaje de Harley Quinn con un villano con el Joker fuera enfermiza no es ningún secreto. Ahora bien, lo que me parece una meada fuera del tiesto es coger y argumentar que, solo por el hecho de que se muestre una relación de ese tipo, ahora estemos ante un caso de "propaganda machista". En casos como este, da la impresión de que existe gente que da por sentado que TODO lo que aparece en un cómic es automáticamente y por definición apología. Dicho de otro modo, viene a ser algo semejante a decir que, como Superman puede volar, vende a los niños la posibilidad de volar y que los está incitando a tirarse por la ventana. Si alguien se para a leer cualquier cómic donde Harley Quinn mantenía esa relación con el Joker sin prejuicios ni chorradas del tipo "Es que los cómics de superhéroes cosifican a la mujer" (luego voy a eso) y demás gilipolleces, se darían cuenta de que lo que se muestra en dicha relación es la relación entre dos personajes perturbados. Seamos claros, almas de cántaro: el Joker está perturbado... y Harley Quinn también. No cabe esperar que la relación que tengan sea normal.



Stephen Amell en el cartel promocional de Arrow. Si nos ponemos en el mismo plan, podemos decir que está cosificado y que su cuerpo se vende como reclamo. No en vano, prácticamente en todos los capítulos se quita la camiseta.


Esta preciosidad de estatua es el Esclavo Moribundo de Miguel Ángel. Nótese el cuidado por exponer las formas masculinas y... sí, también sus atributos varoniles. Si nos ponemos estrictos, podemos decir que también se cosifica la figura aquí.


Del mismo modo que se podría decir que se cosifica también la Venus de Boticelli por... por mostrar a una mujer desnuda.


Supongamos que cambiamos el tipo de arte y en lugar de una pintura al fresco tenemos un cómic. Pues aquí es donde llegan las críticas, porque por lo visto las únicas que van semidesnudas en los cómics son las mujeres.



Y Estela Plateada va con un jersey de cuello vuelto.
Señalo esto porque parece que hay quien no se ha dado cuenta de que el cómic occidental, en líneas generales, es el arte de dibujar el cuerpo desnudo, pero sin parecer que va vestido. Tanto el del hombre como el de la mujer.
Ir con monsergas en contra del desnudo, a estas alturas de la película, y revestirlas de un presunto feminismo que nadie con dos dedos de sentido común se traga, lo que atufa, es a un puritanismo que flipas.




Pero voy más lejos: el Joker, además de ser lo que llamaríamos fuera del amplio campo de la patología clínica un puto enfermo, además es un villano de lo más cabrón. Como tal, no tiene respeto por nada ni por nadie. ¿A quién se le ocurre pensar que podría tenerlo en una pareja? Yendo más lejos aún: ¿Por qué un villano (hombre o mujer, aquí hablo del concepto de villano genérico) iba a tener respeto por nadie, incluido la persona con la que se acuesta? Es lo que hacen los villanos, y lo que los define: ser unos hijos de la gran puta. La misma crítica y la misma polémica que nos comimos con el famoso cartel de X-Men: Apocalipsis, en el que el villano aferraba violentamente por el cuello a Mística. Volvieron a salir las mismas rasgadas de vestiduras, y allí estuvimos unos cuantos preguntándonos: "A ver, ¿qué esperáis que haga un cabrón? ¿Ser respetuoso con un enemigo? ¿Tener deferencia con alguien que le desafía por ser mujer? ¡No, los cabrones son así! ¡Eso es lo que les hace cabrones!"


Si resulta que ahora un villano solo puede atacar a héroes varones, y si cada vez que esta especie de imposición se rompe la respuesta sea el pataleo y la exigencia de censura, me veo de que de aquí a unos años se van a empezar a prohibir películas y libros como Otelo...
Solo porque un montón de gente es incapaz de soportar ver (o que otros vean) aquello que no quieren ver.
Pero si les preguntas a ellos, qué va: no son intolerantes, ni radicales ni extremistas. Es que luchan por lo que creen... aunque eso suponga coger y empezar a mutilar o cargarse obras culturales.


Es ahí cuando me planteo si verdaderamente el personal sabe distinguir entre realidad y ficción, entre lo que es inculcado y lo que es parte de una trama. En el momento en que ya hay que andar con pies de plomo y un villano ahora solo puede andar arreando a otros villanos de su sexo (y, a ser posible, de su misma condición sexual) es cuando ya empezamos con esa política censora de negar absolutamente cualquier rasgo de oscuridad en la naturaleza humana en la ficción o en el arte. Y, como he manifestado más de una vez, cuando hay radicales cerca, el arte suele contarse entre sus primeras víctimas.
No podemos ver a un asesino en una peli, pero luego nos lo comemos con patatas en un telediario. Encogemos los hombros, decimos "Ay, este perro mundo" y seguimos a lo nuestro.
No podemos consentir que un hombre pegue a una mujer en la ficción, pero sí se consiente mirando hacia otro lado (y algunos hasta lo defienden) en la vida real.
Se ningunea a las mujeres en los medios de comunicación (véase la cantidad de titulares escritos por chimpancés durante las Olimpiadas y su trato hacia nuestras deportistas) y hay a quien le parece lo normal, o no ve machismo ahí. Es más fácil verlo en la ficción. Es más comprometido cargar contra lo que no es real, en lugar de afrontar y combatir lo que sí lo es.
Y así con todo.

Pero volvamos a la peli, que la polémica sigue servida. Esta vez, ya no solo con la pinta de la Harley Quinn y su rollo con el Joker, sea este como sea (probablemente dé igual, porque siempre, siempre, siempre, parece haber un puñado de energúmenos con el puño en alto dispuestos a liarla, se cuente lo que se cuente en una peli basada en cómics), sino ya con las críticas en sí. Volvemos a lo que expuse en el primer párrafo de este artículo, cuando dije que la película no me llamaba y no la vi... pero que tampoco le dije a nadie que no lo hiciera. Algunos no parecen ver más allá de sus narices y han montado un zapatiesto de tres pares, exigiendo el cierre de páginas como Rotten Tomatoes porque las críticas no han sido buenas. Parte de ese fundamentalismo se puede ver en un artículo como este que me llegó hace unos días y que no hacen sino causarme una vergüenza ajena de las gordas. Algo así ya nos encontramos no hace mucho cuando se lió la que se lió con lo del Capitán América y su presunta vinculación con Hydra o como cuando amenazaron de muerte a Joss Whedon tras haber dirigido Los Vengadores: Era de Ultron.


"¡Su puta madreeee!"


Y esto ya no es que no lo entienda: sinceramente, es que no me sale de los cojones entenderlo. Me importa un carajo que la gente use la libertad de expresión como excusa, o que suelte el rollo clásico de que se puede insultar a los hombres solo por ser hombres debido a un constructo social que ha favorecido el ninguneo de la mujer a lo largo de siglos. Todo eso, y quiero que quede muy clarito, me importa UNA PUTA MIERDA. Todas esas presuntas explicaciones, todos esos argumentos que se supone que justifican según qué actitudes, me resultan excusas baratas. La libertad de expresión, lo diré una y un millón de veces si hace falta, no consiste en tener carta blanca para amenazar de muerte a nadie, ni para aplastar la opinión de otro, ni para juzgarlo ni para nada que no sea decir lo que uno piensa y punto. Si su opinión resulta que se basa en ir despreciando, sojuzgando, avasallando o pisoteando a otros, lo sentimos, pero usted no está incurriendo en su derecho a la libertad de expresión: está profiriendo insultos y socavando la dignidad de otros. Y eso está tipificado como delito en nuestro sistema penal, con la misma valía que si se lo estuvieran haciendo a usted, ni más ni menos. Porque en estos casos, cuando se trata de cagarse en los muertos de alguien o en amenezarle con rajarle el cuello en un medio público (tal y como hicieron con un amigo ante mis ojitos hace tan solo dos días), está usted incurriendo en un delito grave. Algo que, estoy seguro que no le gustaría a usted que le soltaran. Así que puede ir metiéndose por donde le quepa la excusa del derecho constitucional a la libertad de expresión, que no funciona así.


"La guerra es la paz.
La libertad es la esclavitud.
La ignorancia es la fuerza"
Y yo que veo estas actitudes y solo puedo pensar en lemas como este...


En cuanto a lo del constructo social... pues, a ver: hay una diferencia muy grande entre reconocer que todavía tenemos muuuucho camino que avanzar en el tema de la igualdad de género, lo que es cierto, y usar ese mantra como excusa. Me explico: es fácil reconocer según qué muestras de sexismo en los medios de comunicación... o fuera de ella. No hay más que ver cómo habla la gente cuando se habla de un caso de violación masiva en fiestas (tema de moda en verano, tristemente) y cómo hay gente que dice estar en contra de la violación... pero al mismo tiempo salen con lo de que la víctima "se lo estaba buscando" y demás. Lo que he mencionado arriba.
El problema recae en el momento en que, en lugar de pedir penas más duras para este tipo de cosas y aplaudir sentencias ejemplarizantes (lo que vendría siendo una forma de actuar más o menos civilizada... lenta, considerando cómo funciona la justicia, pero con vistas a llegar a algo medio serio a largo plazo), el personal se siente con la carta blanca de ir crucificando a un sexo entero. Por el "constructo social" que ha permitido que estas barbaridades se normalicen.
Si hay un constructo social y se es consciente de ello, la primera idea sería no pensar según dicho constructo y educar a los que nos rodean a no seguirlo, o no seguirlo en la medida de lo posible. Lo que no se puede jamás, es usarlo como excusa para pedir la ejecución masiva de hombres solo por ser hombres, porque "se ha hecho con las mujeres y no ha pasado nada". O coger y generalizar sobre el género masculino refiriéndose a este como "el género opresor" de una forma tan salvaje como decir "Un hombre jamás podrá apoyar a las mujeres porque eso es como un blanco que dice que no tiene nada en contra de los negros: no puedes apoyar a los oprimidos desde la clase opresora". Dicho de otra manera: generalizar y prejuzgar la opinión de unos solo porque están en un grupo social que ni siquiera han elegido, y dar por sentado que no pueden pensar diferente, ni desafiar a lo que se supone que se espera de ellos.
Si se quiere respeto para uno, lo principal es tenerlo hacia los demás. Y estas declaraciones, leídas por aquí y por allá, no muestran respeto para nadie. Ni para los hombres, ni para aquellas mujeres con dos dedos de frente que son conscientes de que, ni todos los hombres son unos cabrones hijos de la gran puta, ni todas las mujeres, unas criaturas elevadas nacidas sin mácula. Que hay personas buenas y malas, y que eso no te lo da tu condición de hombre o mujer.



"¡Tiene la marca de la Bestiaaaa!"


Este inciso que he hecho no ha sido por casualidad: sirve para poner de manifiesto que las posturas agresivas y beligerantes, basadas en prejuicios, lo único que hacen es un flaco favor a la causa que se defiende. Diré esto una y otra vez. Las veces que sea necesario. Posturas que he visto en el momento en que se ha estrenado una película que, siendo serios, no es más que entretenimiento. Lo que ha sido el cine y, en general, el arte, desde que el mundo es mundo. El cine, a menos que se trate de películas muy específicas, no viene con la misión de inculcarnos nada, ni de vendernos una filosofía de vida, ni leches en vinagre. Lo que hace, y aquí viene la guasa, es reflejar un poco lo que somos. Lo que es la sociedad, pero no tiene por qué decir "Ey, chavales, esto es lo que mola". No, si la relación que se nos ha mostrado en El Escuadrón Suicida, ciñéndonos al ejemplo que atañe a este artículo, no es la de dos héroes. Villanos, ¿vale? Villanos. Si me aprietas, antihéroes... pero jamás héroes. Que yo sepa, en ningún momento parece que se haya dicho por ninguna parte que sean un ejemplo a seguir, o que haya que aplaudir lo que se ve en una peli. Si alguien, ya con su entrepierna negra (de pelos y no de roña, se entiende), considera que lo que ve ahí es digno de imitarse, no es culpa de la película, sino de una mente perturbada que es incapaz de distinguir realidad de ficción. Si hay una mente que, de antemano, ya está emitiendo juicios de valor sobre la ideología del director, y es incapaz de saber si lo que se muestra es una apología, una denuncia o un simple reflejo, casi lo más recomendable es que no vea películas porque va a acabar con una terrible úlcera de estómago nada más que a base de malos ratos.


 A menos que les mole odiar.
De esos también hay muchos.


Pero hay una cuestión que me escama en esto; como mencioné en uno de los artículos previos en que se hablaba ya un poco de este tema (los que he enlazado aquí), parece que el mundo del cómic se está llevando las mismas castañas que el heavy metal, los juegos de rol, o los videojuegos. Parece que la moda imperante es que, cada cierto tiempo, se achacan los males de una sociedad que lleva ya enferma una buena temporada sobre algo. Una buena excusa para ser incapaces de reconocer que, como sociedad, somos una puta mierda. Que somos incapaces de resolver nuestros problemas y que lo más cómodo es usar algo como cabeza de turco. Todo lo que está de moda y no nos gusta se convierte de forma automática en un caldo de cultivo para satanistas, asesinos en serie, maltratadores, violadores o despojos sociales de cualquier tipo. Si el mundo del cómic hubiera tenido la misma influencia en los años 50 que ahora y hubiéramos tenido Internet, probablemente se habría dicho que también es un caldo de cultivo para comunistas e invertidos.
Ups.
Me equivoco: eso ya pasó en los años 50. Lo escribió un subnormal profundo llamado Fredric Wertham. Pues para que veáis, no hemos cambiado nada, o no lo suficiente; en su momento, aquel pedazo de gilipollas (digo que es gilipollas porque hizo lo que hacen muchos gilipollas en esta vida: sentar cátedra sobre algo acerca de lo cual no tenía ni puta idea, proyectando toda la mierda que tenía dentro de su cabeza y haciendo creer a los demás que era La Verdad Absoluta) metió miedo a la población respecto a los cómics acusándolos precisamente de incitación al comunismo y a la homosexualidad, entre otras cosas. Ha habido otros tontos del culo que han arremetido contra el ocio, como Jack Chick, dibujante de cómics que denunciaba... lo perniciosos que son los cómics (entre otras cosas, como Harry Potter), lo que ya dice mucho de su coherencia. Mensajes llenos de odio y prejuicios, que el personal está abrazando porque parece que es más fácil tener algo que odiar. Es mucho más fácil decir que se tiene una causa, ponerse una chapita para identificarse con según qué grupo y no tener que entender nada. Es mucho mejor sumarse a los Dos Minutos de Odio y lanzar todo lo que uno tenga a mano para cagarse en los muertos de un director de cine, escritor o lo que sea.
Quizás es verdad que para algunos es mejor quemar libros en lugar de leerlos.



El Doctor Jones tenía razón.


He tenido amigos que han disfrutado viendo El Escuadrón Suicida. Tengo amigas fans de Harley Quinn y que me comentan que tienen ganas de disfrazarse de ella en el próximo Halloween. También tengo amigos que la han visto y que me han dicho que ni fu ni fa. Nadie me ha dicho que la peli sea una puta mierda, pero tampoco que sea una obra maestra. Sencillamente, es una película, que te puede gustar más o menos. Te puede interesar ir a verla, o te puede pasar como a mí, que he considerado que los casi ocho pavos que me cuesta la entrada hay que medirlos muy bien antes de meterse en el cine, y sospeches que lo mismo esa peli no los va a valer.
Creo que en eso consiste la libertad de expresión: en que ninguno de los amigos que va a verla, o aquellos a las que no nos llama tengamos que dar explicaciones sobre lo que hacemos o lo que dejamos de hacer. Libertad de expresión es que uno vaya al cine sin que le venga nadie con la gilipollez de que si la ven están contribuyendo a una sociedad machista o vete a saber qué burrada. Libertad de expresión es que una chica quiera disfrazarse de Harley Quinn enseñando el culo o de Green Arrow enseñando pechera y nadie le diga a ella que es una zorra por ir de esa manera o que el otro parece un puto macarra (independientemente de que les guste el disfraz o no, a lo que nadie te obliga). Es no tener que convertir cualquier puta cosa en una guerra entre sexos. Es no tener que convertir la salida de cualquier cine en un espectáculo de ver quién la tiene más grande y desear que se muera el director porque el personaje mostrado en cuestión no es exactamente igual a como uno quería que fuese. La peli te puede parecer buena, mala, o una puta mierda, pero hay límites. Y esas salvajadas (especialmente, cuando se dicen en serio y usadas como amenaza, lo que ya es grave) los sobrepasan, con mucho.

El día en que nos demos cuenta de que lo que no se puede hacer es montar un cipote de este tipo de cosas, lo mismo superaremos eso del radicalismo y el extremismo. Porque no siempre un radical es el que se carga a otro por sus ideas. También lo es el que pide explicaciones al que no comparte su punto de vista, como si estuviera en su derecho de pedirlas. Lo es el que amenaza a otros y el que exige que censuren aquello que no quiere ver.

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