miércoles, 21 de octubre de 2015

Escupiendo Rabia- El denostado arte de mandar a cagar




El otro día, hablando con una amiga (y previamente, con un par de amigos más), salió el tema de eso de tener hijos. Ya estamos llegando a una edad o a una situación de nuestra vida (algunos independizados o con pareja estable desde hace algún tiempo, o similares) en que, como si fueran putos hongos, surgen los seres que te preguntan si no te animas a traer vástagos a este mundo de asco. Por lo que a mí respecta, en la actualidad no tengo pareja (aunque la he tenido) y mi situación personal (algunos la conocéis) hacen que ni me plantee dicha idea... Y, sin embargo, cuando he salido con alguien, se me ha llegado a insinuar.
Yo me pregunto a qué cojones viene eso.
Algunos especímenes de este mundo parece que todavía no se han dado cuenta (o bien no se han querido dar cuenta) de que, hoy por hoy, a menos que algún hijo de puta de arriba venga a imponernos la descendencia a sangre y fuego, esa es una decisión ESTRICTAMENTE personal. Dicho de otro modo, el que quiere lo hace y el que no, pues no. Y no hay nada por lo que haya que justificarse, ni dar explicaciones ni putas hostias en vinagre.

Imagino que esto proviene de un axioma, ya rancio y manido, que implica que tener un hijo (o siete, ya puestos) te da la felicidad, de forma automática e innegable. Algo así como que no eres feliz si no tienes un par de enanos o tres correteando por casa, o que tu vida es un sinsentido si no tienes progenie. Es un poco el rollo de la época prehistórica, donde eras más varón si traías más hijos a este mundo y donde una mujer se definía como mujer en base a su fertilidad. Porque de parir una progenie fuerte y saludable dependía el futuro de la especie y había que parir a lo burro para que la humanidad no se fuese a hacer gárgaras.
La cosa es que, si lo pensamos, el mundo actual no es así: no somos una especie en vías de extinción (o no de momento) y esa mentalidad de que nos definimos en base a los hijos que alumbramos debería haber quedado ya enterrada en el puto pasado. Insisto, debería, porque se ve que aún quedan remanentes: vivimos con una superpoblación que flipas y el personal todavía anda con movidas en ese plan, tratando a las mujeres (o tratándose entre sí, que de todo hay) como si fueran fábricas de bebés, úteros con patas o vete a saber qué.


Felicidades, señora: está pariendo, lo que quiere decir, no que usted haya optado por eso de tener un hijo y vea cubierto su deseo, no. Quiere decir que usted ya tiene derecho a llamarse mujer de forma plena. Antes de tener hijos no podía permitirse tal lujo, porque no había cubierto su objetivo en la vida. Porque, recuerde, señora: si usted no trae hijos a este mundo, ¿para qué cojones tiene un útero?


Partiendo de esa premisa, se tienen que escuchar muchísimas burradas acerca de las mujeres que toman la decisión de no tener pareja o hijos. Al no cumplir su "función como mujer en esta vida", ya no solo se las pone en entredicho como mujeres; encima hay que soportar el argumento demagógico de que son unas egoístas, porque hay muchas otras que no pueden tenerlos. Y digo yo, las que no pueden tenerlos, siguiendo este principio... ¿serían fracasos como mujeres o quedan eximidas? Es más: ¿qué cojones pasa con las que los tienen y los tratan como el culo? ¿También quedan eximidas de este juicio por haber parido, o les quitan el carnet de "Mujeres por pleno derecho" por haber desatendido sus responsabilidades como madres?


Dicho argumento de la mujer egoísta porque no quiere parir y es una falta de respeto hacia las que quieren y no pueden me recuerda a lo de "Si no te comes toda la comida piensa en los negritos que se mueren en África".
Pues claro, porque todo el mundo sabe que si te la comes, estás ayudando con el tercer mundo.
En mi tierra, a eso se le llama demagogia, se revista del ideal con que se revista.



Pensad en esos momentos, jóvenes casaderos (este ha sido siempre mi caso más frecuente) en que sois invitados a una boda y, casualidades de la vida, resulta que vais sin acompañante. No es extraño que alguien llegue y nos pregunte, a la hora de sentarnos a la mesa, que si no tenemos pensado tener pareja; pensad, si no sois de esos, en eso de ir con vuestra pareja y que, de buenas a primeras, os llegue alguien preguntando que vosotros para cuándo tenéis previsto casaros, como si por ser una pareja que se quiere, se lleva bien y tiene confianza sois indignos a los ojos del Todopoderoso y haya que formalizar, por putos cojones, la relación con papeles por medio. Pensad en las caras de póker que habéis puesto si resulta que habéis tomado la determinación de no formalizar el asunto porque consideráis que os va bien así, o simplemente porque no se os pone en los putos cojones, que en vuestro derecho estáis. Pensad, si no, en las explicaciones que os toca dar si resulta que ya estáis casados y no os da la puta gana (o a lo mejor no podéis, que también es posible) tener un crío. Siguen siendo preguntas muy personales que determinada gente se empeña en hacer sí o sí. Y por lo visto nos tiene que parecer bien eso.

Últimamente esa raza de humanoides que viven esperando explicaciones de los demás acerca de su vida personal parece estar aumentando. Cada día que pasa, veo con más y más frecuencia cómo, de buenas a primeras, tenemos que andar justificando todas y cada una de nuestras decisiones, simplemente por no amoldarse a lo que se espera que hagamos. Cada día que pasa, veo que eso de seguir el camino marcado por lo tradicional, en lugar de plantearse como un abanico de alternativas, se van constriñendo hacia una dirección bastante determinada. Sin mucho lugar a escoger o, mejor dicho, con opción a elegir, pero teniendo que asumir que te van a preguntar. Que te van a pedir que te expliques por qué has elegido B en lugar de A. Preguntas, preguntas y más preguntas que lo único que demuestran es que el personal parece estar más a gusto interrogándote por tu vida que viviendo la suya.


"¡Habla! ¿Por qué cojones no te has independizado ya?"


Todos hemos pasado por esto, o por cosas similares:

Caso 1, en el bachillerato:
—¿Qué, vas a escoger ciencias?
—No.
—Oh, letras, para morirte de hambre.
(Pues claro, todo el mundo sabe que en el momento en que te matriculas de ciencias ya entras en una base de datos en la que están esperando a que te licencies para darte un trabajo de la hostia)

Caso 2, en la universidad:
—Harás una carrera, ¿no?
—No, yo voy a hacer un módulo.
—Oh, ¿y eso? ¿No te apetece hacer una carrera, que tiene más salidas?
(Nota de universitario: esto es mentira)

Caso 3, al cumplir los veintitantos y estar soltero:
—¿Tú para cuando te piensas echar novia?
(Al parecer esto es obligatorio en la vida, o si no uno es visto como un solterón, o como uno de esos homosexuales, a los que todo el mundo respeta pero que nadie parece querer cerca cuando sale este tema)

Caso 4, al tener veintitantos y tener pareja:
—Ya mismo os iréis a vivir juntos, ¿no?
(Pues claro que sí, con la situación laboral y económica que se vive en estos días, tener veintitantos y tener pareja supone una ecuación que, como única resultante implica irse a vivir juntos)

Caso 5, al tener pareja estable, con la edad que sea:
—¿Para cuándo la boda?
(Sin comentarios, esto me parece una soberana subnormalidad)

Caso 6, al tener pareja estable, con matrimonio de por medio, y ya viviendo juntos:
—¿No os animáis a tener hijos?
(Nuevo caso de subnormalidad supina)

Caso 7, al tener pareja estable, con matrimonio de por medio, viviendo juntos y con un crío:
—¿Para cuándo la parejita?
(Tercer caso en que no hago comentarios)

Caso 8, una vez uno ha terminado la carrera y anda buscando trabajo:
—¿Tú qué, no piensas ponerte a trabajar?
(Pues claro que sí, estoy esperando a que me llegue la lechuza de Hogwarts tras haber recibido mi licenciatura; debería llegar mañana mismo, así que me colocaré, porque como tengo un título el trabajo vendrá a mí de forma automática. Y si no, es porque vivo a la sopa boba)

Caso 9, ya trabajando, aunque en condiciones muy precarias, al ser lo primero a lo que opta:
—¿Con eso que ganas piensas mantenerte toda tu vida?
(Desde luego, tengo ya echado el ojo a un puente que flipas, para que cualquier día menos pensado coja mis bártulos y me vaya a vivir debajo de él).


"¡Que me dejéis en paz ya, joder!"


Y podría seguir (he pasado de omitir los casos en que alguien se ve obligado a confesar su ideología política o religiosa ante alguien que no es afín y se ve, de pronto, abocado a tener que andar explicando por qué piensa de una determinada manera, casí como si fuera incorrecto por definición o como si la otra persona tuviera más razón por cojones), pero queda claro que, aunque mucha gente parece ir con buena intención al hacer este tipo de preguntas (aunque haya otros que directamente vayan a tocar los cojones, que también los hay), en realidad la metedura de pata es máxima. Por lo que concierne a mí, yo me considero una persona extremadamente territorial. Esto se define como que mi vida personal es estrictamente personal: comparto lo que me da la puta gana con quien me da la puta gana y cuando me da la puta gana. Mis decisiones, aciertos y errores son míos, y no considero de recibo tener que andar dando explicaciones acerca de ellos, simplemente porque lo que decido no es lo que se espera.
Con esto último, tengo que decir que "lo que se espera" es un terreno muy amplio. Ya lo hemos visto arriba, que hay casos para dar y regalar; decidamos lo que decidamos, siempre habrá alguien que nos venga pidiendo explicaciones acerca de lo que hemos decidido o lo que no. Siempre habrá alguien que considere que nos estamos saliendo del camino marcado, aunque sea en una minúscula hebra en la que ni nosotros mismos habíamos reparado. Por algún motivo, la sociedad a nuestro alrededor siempre parece andar olisqueándonos, inspeccionándonos, tasándonos y sometiéndonos a tela de juicio, decidamos lo que decidamos. Tenemos, por lo visto, que cubrir un perfil, someternos a esa especie de encuadramiento social. Ser lo que se supone que debemos ser; vivir la vida del mismo modo que lo hace el hijo del vecino, el primo de yo no sé quién o el cuñado de alguien en lugar de la nuestra. Sí, si no queremos ser vistos como ovejas negras, como raros, como hippies o como vete a saber qué.


"Anda, mira, por ahí van los del bachillerato de artes"


La pregunta que yo me hago a este respecto es por qué cojones aceptamos esto. Por qué coño tenemos que andar dando explicaciones a gente a la que, en muchas ocasiones, ni conocemos. O gente a la que conocemos pero que se pasa con eso de las confianzas y meten la pezuña en el terruño de mala manera. Podríamos hablar de machismo, en el caso de las mujeres que no quieren tener hijos porque no les sale del coño, y en gran parte lo es; pero tengo que decir que las mujeres, aunque son las víctimas más visibles de esto, no son las únicas en llevarse los palos. ¿Cuántas veces nos hemos sentido, caballeros, humillados (sin motivo, porque es absurdo) porque alguien nos ha preguntado (y con bastante mala hostia, por cierto) cómo es eso de que nuestra pareja cobra más que nosotros? ¿O por el hecho de que nuestra pareja está trabajando y nosotros en el paro? ¿Cuántas veces nos hemos visto forzado a dar explicaciones acerca de nuestra situación personal a gente a la que, por mucho que quieran decir lo contrario, les importa una puta mierda lo que hagamos con nuestra vida? ¿Cuántas veces hemos tenido que soportar eso de "Tú eres el hombre, así que tienes que mantener a tu familia"?
No, no creo que se limite única y exclusivamente a un caso de género, sino que es algo mucho más amplio, y bastante integrado en la cultura de hoy en día: por lo que se ve, no consiste en comportarse como "hombres que cubren las necesidades de la familia" y "mujeres fértiles que dan felicidad a costa de parir enanos". No es algo tan simple; yo lo veo más bien como una especie de imposición de ser uno más: de ser lo que generaciones anteriores, por el motivo que sea, no han sido... o bien de ser lo contrario, y convertirnos en el remedo de nuestros ancestros.
—A mí me haría ilusión que fueras arquitecto, como tu padre, tu abuelo, tu bisabuelo y tu tatarabuelo.
—Yo quiero que tú seas lo que yo no llegué a ser: un importante abogado.
Y aquí podemos seguir hasta la puta eternidad, poniendo casos.


Lo de Daredevil tampoco es tan raro, si vemos ese detalle:
"Papá, no quiero estudiar ahora. Quiero ir a jugar con los chicos. Puedo estudiar luego"
"No, Matt: Lo harás ahora. Estudiarás cada vez que tengas ocasión, ¿me oyes?"
Al final, es obligar a un hijo a que sea lo que nosotros queremos que sea. Presionarlo, moldearlo y no darle ni una oportunidad de ser lo que quiere ser.
No es educación, ni orientación.
Es encuadramiento.


Para el mundo, debemos seguir una pauta y, en caso de no hacerlo, nos vemos sometidos a juicio. Si no tenemos un trabajo fijo o nuestro trabajo no es más que otro de los pilares básicos de la sociedad, es que no somos nadie en la vida. Si resulta que el ámbito laboral lo tenemos cubierto, los objetivos del juego han cambiado y pasamos a la siguiente fase. Más preguntas, más insinuaciones y más explicaciones. Y nosotros seguimos ahí, en medio, preguntándonos por qué cojones no le decimos a aquellos que se están metiendo donde no les han llamado que se busquen a otro al que tocarle los huevos. Que vivan en su puta vida y dejen de meter las zarpas en la nuestra.
Tal y como decía Palahniuk, tengo la impresión de que si lo hacemos es por evitar conflictos. La gente, por lo general, tiende a evitar una pelea. No discutimos (y esto me parece lo razonable) porque, en el fondo, supone un desgaste emocional bastante fuerte. Andar todo el santo día discutiendo, a medio plazo, nos drena las energías, y lo que es peor: tenemos la impresión de que al final no hemos solucionado un coño.
La alternativa tampoco parece muy halagüeña: podemos quitarnos todos esos marrones de encima diciéndole al prójimo que se vaya a cagar de una vez. Ese denostado arte de mandar a cagar, a corto plazo, es efectivo: no solo lo mandamos a tomar por culo una única vez, sino que al hacerlo, estamos mandándolo a cagar todas esas veces futuras que nos van a venir dando la castaña. Porque, tenedlo claro, queridos Distópicos: si nos dan la castaña una primera vez y no paramos los pies, el fenómeno se repetirá de forma constante e insistente.
¿Es entonces mejor mandar a cagar? Desde mi punto de vista, lo es, pero en parte: sí, nos quitamos de problemas. Evitamos el efecto "bola de mierda acumulativa" de pasarnos meses, e incluso años, escuchando las mismas tonterías. Lo malo es que, muy a menudo, las explicaciones que se nos exigen provienen de gente cercana con la que, nos guste o no, no nos merece la pena andar a la gresca. No a menos que queramos crear un ambiente malsano. Que sí, que existe la asertividad, pero los que habéis vivido esa situación sabéis que ese factor queda por completo descartado en según qué contextos: no importa lo asertivo que seas, porque el personal no va a entender tu postura, de forma que seguirá asediando Troya hasta que des las explicaciones requeridas (y quedar como un pedazo de mierda) o ceder ante las exigencias implícitas y vivir una vida que, en el fondo, no te apetece vivir.


Vivir como salidos todos de una bonita cadena de montaje.
Algo muy distópico, si lo pensamos.


Este post, como puede verse, no plantea ninguna conclusión, sino es más bien una reflexión acerca de la vida que muchos de vosotros (o muchos de nosotros) estamos viviendo en calidad de "ovejas negras" o el apelativo que más se ajuste a lo que somos. Tal vez la cuestión es que no haya forma de ganar, o no ninguna que sea del todo pacífica. Tal vez resulte que las decisiones que hemos tomado (acertadas o no) nos lleven a luchar contra molinos. Que estemos todo el santo día soportando invasiones de nuestro espacio personal y siendo sometidos a juicios sumarísimos. Es posible que, si el objetivo de nuestra vida es buscar la felicidad en un entorno que nos resulte medio decente, tengamos que aguantar cómo otros se dedican a querer darnos lecciones. A decirnos lo que tenemos que hacer, o (mucho peor), venirnos a posteriori diciéndonos lo que deberíamos haber hecho. Porque a veces da la impresión de que solo algunos cometemos errores, y nada más que errores. Solo algunos de nosotros tenemos que andar rellenando las fichas que otros nos imponen.
No podemos vivir felices explicándonos ante los demas... pero tampoco seremos felices siendo lo que ellos esperan de nosotros.

2 comentarios:

Raelana dijo...

No creo que la gente lo haga con mala intención, sino que lo que quieren es ayudarte, piensan que son cosas buenas para ti y que te están animando a que las consigas. De todas formas es peor cuando lo que te dicen es algo que en verdad querrías pero no tienes posibilidad de conseguirlo, porque eso te genera una gran sensación de fracaso y frustración, que cuando es algo que no quieres para tu vida, que entonces puedes ponerte firme y decir: "no,lo que yo quiero hacer es X".

Rumbo a la Distopía dijo...

Yo quiero pensar que la mayoría sí que va con buena intención; sin embargo, algunos de los comentarios que he reproducido en el artículo (todos reales, por cierto), a veces me hacen pensar que muchos lo único que sacan es aumentar su ego a costa de ir pidiendo explicaciones a los demás acerca de por qué no llevan una vida tan ejemplar como ellos...