lunes, 4 de noviembre de 2013

Spanish Bizarro- Cronicas del Yoga: Pedradas Cósmicas



Un año. Un año hemos cumplido ya estirando el pellejo y entonando mantras dos mañanas por semana. Un año en el que, aparte de ejercicio y relajación, te encuentras con casos y anécdotas a cuál más alucinante. Por ejemplo, hace unos días en el que la profesora nos habla de un campo tan curioso y tan ignoto para nosotros como la psicología emocional, y nos comenta que tiene un amigo que se doctoró en esa disciplina. Mi camarada de armas y yo escuchamos con cierta atención, porque bueno, si estamos hablando de una supuesta disciplina de la psicología, no nos vamos a cerrar en banda.
Eso hasta EL MOMENTO.
Ese momento en que nos dicen:

— Sí, es un hombre de mente muy abierta. Lo mismo es doctor en psicología que te dice que en 2040 vendrán naves espaciales a evacuar la tierra y que él pilotará una para llevarnos a Marte.

Imaginad nuestra cara. Porque una cosa es que seas escéptico, y otra coger y faltarle el respeto a gente que bueno, tiene su forma de ver las cosas. No te obligan a pensar nada, de forma que en realidad no están haciendo daño a nadie. Y oye, de paso son felices. No todo el mundo puede decir lo mismo.
Y sin embargo, es complicadísimo contenerte ante algo que te deja tan descolocado. Para dos trolls como nosotros, es casi inevitable pensar en una coña. Si bien yo pienso en mi propio concepto de Marte (ya os lo explicaré algún día), mi amigo o la suelta o revienta, en el momento en que nos dicen que igual nos lo presentan:

— Bueno, siempre podemos llevarlo al programa de Iker Jiménez.

Es entonces cuando decidimos que tenemos que irnos echando hostias, antes de que las hostias nos las estrellen en la cara y nos manden a Marte sin necesidad de nave espacial.

"Tío, ¿Cómo hostias hemos ido a parar aquí?"


La mañana de hoy no ha sido en absoluto diferente. Todo lo más, bueno... podemos decir que ha sido MÁS. Más de todo.
Cada uno llega por su lado y, de algún modo, nos las apañamos para colocarnos juntos pese a que en esta época del año la clase es lo más parecido a un cuartel: el bajo precio de la sesiones de yoga hace que la gente venga en masa a entrenar y no hay un Dios que pille sitio como vengas un poco tarde. Nos colocamos junto a una colega nuestra, a la que llamaré La Crack. Una señora bastante simpática y con caídas bastante agudas.

Empezamos la sesión de entrenamiento, todos algo apiñados, pero no peor que otras veces. Por algún motivo, a nuestra monitora le ha dado hoy por ponernos bastantes ejercicios con los brazos en cruz, tanto de pie como sentados, lo que quiere decir...
Efectivamente.
Manotazos de todos colores. Para colmo, se ve que nos hemos levantado de cachondeo mi camarada de armas y yo y nos pegamos media puta clase arreándonos collejas y guantazos el uno al otro. Una de las mujeres que está al lado de nosotros se ríe y nos mira como diciendo "Vaya cachondeo que se traen los dos mamones estos".
Manotazos e incluso patadas. Sumadlo al hecho de que cuando haces según qué postura, tienes el culo de otra persona a unos escasos diez centímetros de tu semblante.
Es algo que todo el mundo debería probar.


Lo recomiendo.


Tras una hora y algo de tropezones y ojetes apuntando hacia tu boca, llegamos a una parte de la clase que nos habían prometido la semana pasada, y que ya habíamos experimentado el año pasado.
Hablo de los ejercicios con el péndulo.
Básicamente consiste en colocar piedras de cualquier tipo colgando de un cordón y colocarlas por encima de cualquier punto energético de tu cuerpo (los llamados chakras). En teoría -insisto, en teoría-, en el momento en que una piedra entra en contacto con ese punto de energía, empieza a oscilar. Yo ya probé el asunto el año pasado y bueno, tengo que decir que no funcionó en mi caso: mi pulso roza el de un cirujano y cuando sostuve el cordón no había forma humana de que aquello oscilase sobre la cabeza de nadie. Mi camarada de armas, más escéptico que yo incluso, sin embargo, lo probó en su momento y él si dijo haber notado algún tipo de energía al otro extremo del cordón. Algo similar, explicó, a un campo magnético muy muy tenue.


Sí, amigos Distópicos.
Magneto hace yoga.


Pues nada, este año volvemos a la carga. Es sacar la profesora un colgante y empieza el rock'n'roll. La primera en la frente y el colgante no se mueve ni a tiros con la primera alumna a la que se lo coloca. Ni corta ni perezosa, una segunda mujer, con un pelo muy similar a una especie de escarola, saca su pedrolo del monedero y se lo pone a alguien. El cacharro empieza a girar como si no hubiera un mañana. La Crack, a mi derecha, se va para mí y me dice:

— No es por nada, pero— señala a la Mujer Escarola— está moviendo el brazo.

Miro a la señora en cuestión y decir que está moviendo el brazo es un eufemismo. La colega no es que lo esté moviendo: es que le falta hacer el Harlem Shake ahí en medio.
Total, que en el momento en que ve que la cosa ya empieza a no tener ni pies ni cabeza, nuestra amiga La Crack coge sus cosas, se levanta, y suelta algo así como que ya ha tenido suficiente con las piedrecitas. Con las mismas, se larga.
Nuestra monitora se va para nosotros y le da a mi colega el péndulo para que me haga a mí la prueba. Este se las apaña para tener el brazo lo más firme posible mientras la piedrecita cuelga sobre mi cabeza. Intenta buscar ese punto de energía que, asegura, notó o creyó notar el año pasado. Como buen escéptico, procura que las variables (en este caso, el movimiento de su mano o brazo) queden minimizadas a fin de que la experiencia tenga una demostración relativamente práctica.
El puto péndulo no se mueve ni a tiros.

Clavao.

Al ver que la cosa no tira ni para adelante ni para atrás, ya empieza a surgir el corrillo de Creyentes, lideradas por la Mujer Escarola, seguida de una que ha llegado este año a la que conocemos como la Yoguichoni y una tercera mujer a la que no había visto antes.

— Busca el chakra, más hacia la coronilla— dice una.
— No cruces las manos, ni los pies— me dicen a mí.
— Sigue buscando el chakra.
— Relájate— me dicen.
— Estoy relajado— respondo yo. Me he pegado más de una hora estirando todo el puñetero cuerpo y ahora mismo estoy sentado tranquilamente sobre mi esterilla. No puedo estar más relajado, salvo por el hecho de que tengo un péndulo sobre el cráneo y tres señoras de pie, a mi alrededor, discutiendo por qué coño no se mueve.

— No ha conectado con el chakra.
— Eso o que al chakra le pasa algo.
— Lo mismo es que está cerrado.

Mi camarada de armas y yo, al oír esto último, por algún motivo, pensamos en el ojo del culo.

— Tú es que no crees en esto, ¿no?— le suelta la Mujer Escarola a mi amigo.
— No, simplemente es que no estoy moviendo el brazo— responde él con contundencia.
— Pues debería oscilar.
A esto que él ya se harta, recoge el péndulo y le dice:
— Toma, muévelo tú.

Tras un buen rato, el pedrolo ya empieza a girar levemente y, poco después, las tres mujeres se vuelven más o menos satisfechas a sus colchonetas. Sin embargo, en sus rostros se advierte la expresión de suspicacia; creo que empiezan a pensar que tengo un campo de energía extraño. O que me pasa algo en el chakra de la coronilla. Algo.

"Este es un infiel".


Para terminar, nos cogemos todos de las manos y nos ponemos en círculo, con la intención de entonar mantras en conjunto. Nada más colocarnos, la profesora ve que a quien tengo justo a mi izquierda es a mi compañero de fatigas y dice:

— Uy, no, tienen que estar hombres y mujeres alternados.
Los dioses saben por qué coño tiene que ser eso así, porque hay mujeres seguidas, una detrás de otra, y no pasa nada.
— No, si da igual— responde el muy cabronazo—, si este es trucha.

"¡Será cabrito!"


Cachondeo generalizado y dos merecidas patadas en el culo que se lleva, allí en medio. Ni paz, ni no violencia ni putas hostias.
En fin, empezamos el ejercicio. La idea es sencilla: se empieza entonando un mantra y conforme uno termina, toma aire y continúa, para que así el sonido se mantenga lo más uniforme posible durante un rato. En la práctica, la cosa no sale así, y al final pasa lo más evidente: todos terminamos y empezamos a la vez, de forma que uniformidad por los cojones. Y esto, os digo, es todavía más llevadero que lo que hicimos la semana anterior, que consistía en mantras por equipos: unos entonaban uno, y otros otro.
Sí, como en Furor. Llega alguien a gritar "Popurri popurri" y me lo creo.
Este ejercicio en concreto tiene como colofón imaginar que tenemos el planeta Tierra delante de nuestras narices (simbolizado por una bonita colchoneta del Decathlon color berenjena) y desear algo para enviarle nuestra energía positiva.
Sí, habéis leído bien.
Yo, al estar justo a la izquierda de la profesora, soy el primero. Entre mis opciones más básicas ("Exterminar gilipollas", "Masacres de hijos de puta" o "Tebeos más baratos") me quedo con la más políticamente correcta que se me pasa por la chota y suelto "Paz". Hala, con eso he cumplido. Yoguichoni suelta algo que ni me acuerdo de lo que es, y mi colega suelta "Amor". Una cuarta señora está en la inopia y tarda un rato largo en responder. La cuarta llega incluso a dos ratos largos.
De veinte que somos, la palabra "Paz" se ha repetido como cinco o seis veces. Si lo sé, cobro derechos.

El mundo no es ni blanco, ni negro, ni color de rosa.
Es morado.


Llega la hora de recoger, ya descojonados de la risa ante tanta pedrada junta. No porque no creamos en estas cosas (como digo, mi amigo ya había notado el año pasado algún tipo de energía y yo este año creí notar algo similar a un campo magnético también en un ejercicio que hicimos con las manos. No me atrevo a llamarlo "energía" ni a asegurar nada, pero tampoco me veo en una posición como para rechazar el asunto de pleno), sino porque ya empiezas a ver cómo el personal asocia churras con merinas y da por hecho de que para que exista ese tipo de energía hay que creer por cojones. Total, si esa energía -o lo que sea- existe, debería estar ahí, independientemente de tus creencias.
Bueno, nos reímos de eso y de haber pensado en culos cuando nos han hablado de "chakras abiertos". Eso, sin contar grandes frases que podríamos haber soltado, pero que hemos preferido omitir porque total... vamos allí todas las semanas. No es plan de decirles "Si queréis energía, colgadme el péndulo de la punta del nabo". Como que no está bonito.

Como siempre, me despido de mi profesora y aprovecho para pagarle el mes. Mi amigo le cuenta que ha tenido un fin de semana regulero y que la semana pasada estuvo un montón de días en la piscina y que cuenta con no coger un enfriamiento. La profesora le dice que no pasa nada, que hable "con sus bichitos", entendemos, queriendo dar a entender que se comunique con sus propias células, o microbios, o lo que sea, para convencerlas de que no hagan enfermar al cuerpo. Otra explicación no tiene, dado el contexto. Y mi amigo no tiene mascotas.

O igual se refería a esto. Con lo de las naves espaciales, uno ya no sabe qué pensar...


Y es así cómo bajamos las escaleras que nos llevan a la calle, pensando que hemos tenido uno de los días más intensos y alucinantes desde que empezamos a darle caña a eso de la meditación, los chakras, los estiramientos, las posturas raras y todas esas pedradas cósmicas.

4 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Yo no podría ir a clases como ésa, oye. Me las pasaría partiéndome de la risa :-D En cuanto a la energía, bueno, la ciencia sí me dice que cada célula tiene los iones repartidos de tal manera que hay un potencial eléctrico de membrana (positivo fuera, negativo dentro). Y con eso me basta :-D

Rumbo a la Distopía dijo...

Tú ves, yo no conocía ninguna posible base científica, con lo que no me atrevía ni a afirmar ni desmentir nada.
Pero te digo que si estuvieras en nuestras clases te lo pasarías muy bien. Como ves, nunca nos aburrimos! ^^

Gissel Escudero dijo...

Nah, el yoga no es para mí. Cuando yo hago ejercicio pongo metal sinfónico o música bailable, o salgo a caminar unos cuantos kilómetros a buen paso. Para divertirme... me limitaré a leer TUS crónicas sobre el yoga :-D

Ah, se me olvidaba: una vez leí de una persona que recibió una fuerte descarga eléctrica cuando cayó un rayo sobre su casa. Luego de eso, por un tiempo no podía acercarse a algunos aparatos electrónicos sin alterar su funcionamiento. Y no olvidemos que la actividad cardíaca y cerebral pueden medirse en forma remota con electrodos. O sea, cuando tienes una idea, la verdad es que resulta una buena metáfora decir que "se te encendió la lamparita". Nuestro cerebro funciona con electricidad generada químicamente.

Rumbo a la Distopía dijo...

Um, eso explicaría por qué el otro día anulé la banda magnética del billete de metro. DIOSES, ME ESTOY CONVIRTIENDO EN UN MUTANTE CON MI PROPIO CAMPO ELECTROMAGNÉTICO!!!! QUÉ GUAIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!