jueves, 28 de noviembre de 2013

Mondo Chorra- La Crisis de identidad del hombre posmoderno





Para aquellos que no me conozcáis demasiado, os diré que estudié en la Facultad de Filosofía y Letras, donde estudié Filología Inglesa. Allí tuve la ocasión de formarme con dos profesoras de literatura especializadas en literatura que pertenecían a la escuela crítica feminista. Una por la rama británica, que me impartió dos asignaturas desde ese punto de vista (Literatura Inglesa Medieval y una optativa referente en exclusiva a William Shakespeare), y otra por la rama norteamericana, que se centró de modo exhaustivo en este enfoque sobre la literatura, al tiempo que nos descubría a algunas autoras de las que hasta entonces ni yo ni mis compañeros habíamos oído hablar.
La cosa no queda aquí, ya que al terminar la carrera tuve la oportunidad de dar una unidad sobre igualdad de género bastante exhaustiva a manos de dos docentes que tienen bastante experiencia en el asunto en la Confederación de Empresarios de mi ciudad, durante un curso de formación ocupacional en el que invertí varios meses de mi vida. Ahí, estas dos docentes (hermanas, dicho sea de paso, y mejores personas) nos abrieron los ojos a los hombres y las mujeres que estuvimos a su cargo acerca de ciertas concepciones que teníamos asumidas.
Como colofón, tengo que decir además que, debido a circunstancias personales, me he criado prácticamente entre mujeres. A causa de mi formación, donde la ratio de población femenina era más o menos de cinco a uno con respecto a la masculina, he estudiado entre mujeres. Para mí forma parte de mi rutina personal y no tengo absolutamente ningún problema ni me siento incómodo entre ellas.
Creo en la igualdad de género, en el sentido de que creo en la igualdad plena de derechos entre hombres y mujeres. Creo que un puesto de trabajo debe pagarse por igual a una persona, da igual su sexo. Creo que alguien debe ser seleccionado por sus capacidades y por lo que puede aportar a una empresa y cualquier otro factor (salvando alguna cosa concreta) para elegir a alguien para un puesto me parece superfluo. Creo en el artículo 14 de nuestra Constitución, donde se nos dice que todos los españoles somos iguales ante la ley, sin importar credo, sexo o religión, y considero extremadamente importante luchar porque ese derecho se respete y se mantenga, cosa que no creo que se esté haciendo en estos tiempos que corren, con tanto hijo de la gran puta estafando y robando y saliendo de rositas ante el sistema, mientras que otros, por delitos prácticamente ridículos (véase el famoso caso del tartazo) pagan multas desproporcionada, si es que no pisan la cárcel. En estos tiempos donde en un término como "discriminación positiva" se subraya la palabra "positivo" y se obvia por completo que, por "positiva" que esta sea, sigue siendo discriminación y atenta contra la igualdad total, que es lo que debería exigirse. La justicia es la justicia. Como decía Aristóteles, esta consiste en dar a cada individuo exactamente lo que se merece, ni más ni menos pues, al darle a alguien menos de lo que le corresponde, es injusto... pero también lo es si se le da más.
Creo que el respeto en la pareja debe ser mutuo, y que si está mal que un hombre insulte o agreda a una mujer, no me parece ni menos malo ni más justificable que sea al contrario. En este punto, recuerdo el caso de una conocida, que tras un proceso bastante espinoso con su pareja, llegó a esa conclusión: "Si en una pareja UNO DE LOS DOS, sea quien sea, pierde el respeto por el otro, no hay Dios que lo pueda justificar".

Lo que es justo, lo es. Y lo que no, no.
Para mí la Justicia no debería ser ciega, sino, como apuntaba Jonathan Swift, debería verlo absolutamente todo. Precisamente para no obviar nada ni dejarse nada en el tintero.
Para que nada escapase a ella. Ni nada ni nadie.

Creo que nuestra sociedad ha avanzado bastante en la lucha por la igualdad de derechos, pero no creo que esto sea una utopía; sigo viendo unas muestras bastante espeluznantes de sexismo por parte de hombres y mujeres (no, no creo que de esto nos salvemos ninguno) y en varios casos las he denunciado públicamente. Creo que hemos mejorado, pero pienso que estamos lejos de estar todo lo bien que deberíamos, y me parece que todavía nos queda un larguísimo camino por recorrer.
Como hombre, casualmente, el fútbol me parece aburrido y prefiero dedicarme a cualquier cosa relacionada con las artes, como leer o dibujar. La cerveza me resulta demasiado amarga para mi gusto. Alardear en público de experiencias sexuales es algo que me parece de una falta de respeto tremenda hacia los demás y hacia uno mismo. No tengo ambición por liderar en ninguna parte y forzar a los demás a que me tomen como centro de atención es una actitud que considero un desgaste absurdo de energía.
Hace unos días presenté un cómic de corte erótico en el que muestro a las mujeres, no como objeto pasivo de la relación sexual, sino como sujeto plenamente activo; al mismo tiempo, me planteé el reto de no mostrar ninguna figura masculina en la historia, precisamente para demostrar que una mujer puede disfrutar de su sexualidad sin necesidad de un hombre. El resultado ha atraído a no pocas lectoras.
Creo que el cuerpo humano es algo bonito y no tengo problema alguno en que se muestre de forma pública, siempre y cuando el cuerpo sea digno de verse: como hombre, me agrada ver el cuerpo de una mujer, ya sea en una valla publicitaria o donde sea, y ni me considero superior por verlo ni considero que una persona que ha acudido voluntariamente a mostrarlo y que ha sido pagada de forma honrada por ello tenga nada por lo que avergonzarse. Asimismo, tampoco tengo reparos hacia el cuerpo de un hombre. No en el sentido de que mi reacción al ver un torso desnudo en una valla publicitaria, una marquesina o donde sea no hace que me sienta ofendido porque el cuerpo de un hombre se esté usando como reclamo sexual. Todo lo más, lo que pienso es que menuda envidia me da el muy cabrón, por tener un cuerpo que no tengo yo ni de puta coña. Pero no me siento inferior como persona ni humillado si veo un póster con un tío enseñando cacho.


Pues sí: ya me gustaría a mí tener un torso como el de este fulano, para qué nos vamos a engañar... Pero tampoco me pondría a exigir la retirada de publicidad como esta porque me sienta insultado o denigrado.
El cuerpo humano desde siempre ha sido objeto de veneración y toda una obra de arte, y no pasa nada. También ha sido y es reclamo sexual.
Pues sí, pero tampoco veo mal en ello. Este caballero podría ser perfectamente un reclamo sexual, ¿y qué?

Y sin embargo, como hombre, y como creyente en estos valores que se me han inculcado y que he ido asimilando a lo largo de estos últimos años, parece ser que tengo que justificarme. Que dar explicaciones. Que demostrar una y mil cosas. Puede que no sea voluntario (espero que no), pero ante la sociedad, la gente que piensa de esta forma, creyendo nosotros en la plena igualdad y sin basar nuestra ideología en odiar la del contrario, tenemos que andar defendiéndonos constantemente. Y esto, quiero que quede claro (me temo que vais a ver un montón de justificaciones en este artículo, precisamente por lo fácil que es sacar las cosas de contexto y meter palabras que no se han dicho en mi boca) que no es un caso ni de lagrimeo, ni de victimismo ni hostias en vinagre. No es lo típico que estoy escuchando de "Típico, un tío que ahora se hace la víctima". Esto mismo lo vine hablando con una buena amiga precisamente anoche, que venía a sostener tres cuartos de lo mismo que expongo aquí. Ella y unas cuantas más porque, no sé si ha quedado claro cuando lo he dicho arriba: la mayoría de mis amigos más cercanos son mujeres.

Mujeres que hablan de IGUALDAD TOTAL de derechos entre hombres y mujeres, y que me han enseñado un par de cosas con respecto a este tema.
Para mí el feminismo es eso, y algo que cuenta no solo con mi aprobación, sino con mi apoyo más incondicional.


Volviendo al tema de la profesora que tuve en la unidad especial de igualdad de género (una mujer que sabe de este tema bastante más que yo y cuyas palabras me permito reproducir por aquí, más o menos literalmente), nos explicó que el hombre de la sociedad actual se empieza a enfrentar a una crisis de identidad no del todo fácil de superar: el hombre que se ha criado en un entorno concienciado con la igualdad de género no sólo tiene que hacer frente a esos otros hombres que no. Me refiero, claro está, a aquellos hombres que aún encajan en el estereotipo de "macho alfa" (lamentablemente, siguen existiendo) que, por el motivo que sea (probablemente cultural) cuestionan su hombría o su virilidad en el momento en que sale el tema y este hombre concienciado expone su forma de pensar. En esta, así como en cualquier cultura tribal, el individuo (no solo hombre) que se sale de la norma social establecida tiende a ser segregado de un modo u otro; en el caso de los varones, es frecuente que se haga aludiendo a su sexualidad como forma de insulto más básico, aunque no la única. La segregación se produce en un momento tan simple como ese incómodo silencio, alguna risita soterrada y el cambio de tema a algo más banal. A este respecto planteo una experiencia personal que me sucedió justo en el curso donde dimos esa unidad de igualdad: como ya he mencionado, suelo encontrarme más cómodo entre mujeres que entre hombres, por lo que queda claro que yo tenía costumbre de sentarme entre las mujeres en clase (curiosamente, y de forma inconsciente, las mujeres se habían sentado entre ellas y los hombres entre ellos, de forma que yo era el único que estaba haciendo algo imprevisto). Pues bien, hubo alguien que lanzó el rumor de que, SOLO por ese hecho, yo podía ser homosexual... diciéndolo de paso como si una conducta sexual "no standard" (nótese la ironía de mi comentario) fuese algo pernicioso y que afectaría al tratamiento entre compañeros en clase.
Esa persona que lo soltó, antes de que empecéis a elucubrar, no pertenecía a una generación antedeluviana ni poseía valores predemocráticos, o al menos no se tenía constancia de ello. Se trataba de alguien un par de años más joven que yo y que, en la época que pudo soltar aquella sarta de idioteces, debía tener unos veintisiete o veintiocho años. Nadie que se hubiera criado en una cueva o al que hubiesen alimentado a zapatazos desde que tuviese uso de razón. Se trataba de alguien que podría estar sentado a vuestro lado en el autobús.

Sí, incluso ese del fondo, el que se parece a Jesucristo.


Pero no solo se enfrenta al desprecio de su propio género, ni mucho menos: en una sociedad tan enferma como la que vivimos, existen mujeres que son de esa manera de pensar y que juzgan a ese tipo de hombre como "demasiado sensible para ser hombre", llegando incluso a repudiarlo. No en vano, y no tenemos más que ver ciertos valores que están surgiendo, existe toda una subespecie de mujeres a las que les gusta precisamente ese concepto de macho alfa, que las haga sentir seguras o para el cual se desvivan, satisfaciendo sus necesidades. No nos tiene por qué gustar, pero desgraciadamente existe.

Existe un tercer grupo al que este hombre se enfrenta y es al de las mujeres desconfiadas que, por el hecho de tener por delante a un hombre, ya consideran que éste no puede estar concienciado sobre la igualdad de género porque... bueno, porque "es un hombre y los hombres no dan para más". Porque "no los han educado para eso". Aquí, nuevamente, el hombre se tiene que andar justificando ante lo que haga, malinterpretando muestras de educación (como dejar pasar primero, por ejemplo) como muestras de condescendencia (también dejamos pasar primero por educación a la gente mayor y no nos sentimos necesariamente superiores a ellos); no demostrando su hombría, claro, sino que le toca demostrar que, pese a ser hombre, es de fiar. Que va de cara y no es un lobo con piel de cordero. Que su criterio es tan válido como el de una mujer y que su pensamiento no es un sexismo encubierto para quedar bien ante las mujeres, sino que sus valores son realmente esos.

Y es que, por poco que nos guste la idea, si la discriminación hacia las mujeres es una lacra que hemos tenido que soportar durante siglos (y el que me diga que niego esto que se vaya a tomar por donde amargan los pepinos), ahora parece imponerse en ciertos círculos o sectores el caso justo contrario: el del grupo oprimido que, como tal, se siente con pleno derecho a ejercer discriminación en sentido contrario. Ese que, a fuerza de haber sido discriminado, basa su ideología en odiar a aquellos que piensan o actúan de un modo diferente. Grupos que contribuyen a dos efectos colaterales bastante acusados:

Uno, que al hacerlo se convierten en la clase de gente que ellos mismos atacan. Aquellos que denuncian actitudes represivas desde el odio ciego y desde el resentimiento al final solo se acaban distinguiendo de sus "enemigos" por estar "al otro lado" de la balanza. Para todo lo demás, la ideología y los medios viene a ser exactamente la misma. En sentido opuesto, pero la misma, a fin de cuentas. Y por mucho que quieran revestir sus fines con ideales nobles, si estos ideales vienen respaldado con actitudes similares a las que ellos mismos denuncian, no se pueden distinguir de éstos por mucho que quieran.

Dos, una ideología cargada de beligerancia y de actitudes extremistas o aguerridas, al final, lo único que hacen es hacer un flaco favor a dicha ideología: mucho ruido y nueces de peor calidad, porque al tomar la posición belicosa, cualquier movimiento de fines nobles o justos al final se convierte en otro de esos movimientos cargados de odio e intolerancia, cuando es precisamente la intolerancia lo que se supone que combaten. El fuego jamás ha servido para combatir el fuego y los que se valen de esas armas empañan la labor de la gente que lucha por los mismos fines de una forma pacífica (ya sea verbal o físicamente hablando) y usando como armas el diálogo, el sentido común y el entendimiento.


Algunos piensan que la solución a todo problema es identificar al culpable y estigmatizarlo como tal. Ponerle un cartelito de "Monstruo", señalarle con el dedo, tirarle lechugas y enseñar a los niños que SOLO él es malo y los demás no tanto.
Quizás la solución consista en identificar el daño en sí y buscar el modo de remediarlo desde la raíz, en vez de tanto crear figuras de enemigos malignos y terribles.
Porque esa figura al final no es más que un símbolo cutre: "Solo él es malo y todo lo malo viene de él. Los demás ahora podemos sentirnos un poco mejor".
Lo mismo si no actuásemos de esa manera cainita y acusica la historia no se repetiría, como se repite una y otra vez.


Cargar a un único colectivo como responsable último de todos y cada uno de los males de la sociedad, aparte de alimentar este tipo de actitudes, peca de un maniqueísmo extremo: es buscar un Emmanuel Goldstein al que estar odiando constantemente y generar, de paso, un caldo de cultivo de gente que, lejos de solucionar problemas de nuestro mundo, lo que hace es agravarlos al buscar enemigos en cada esquina, sean éstos enemigos reales o no. En el caso del género, quizás este tipo de colectivos no sean la nota dominante, pero ojo: existen y cada día son más, y no por ello deben ignorarse. Sus actitudes, por muy bienintencionadas que sean, desde mi punto de vista, no pueden defenderse ni justificarse en el momento en que se acusa a discreción con el dedo, generando culpables por asociación y usando el insulto gratuito a todos aquellos que no están de acuerdo total y absolutamente con según qué ideales.

Que el patriarcado no es precisamente una utopía es un hecho y no es necesario ahondar en la historia humana para darnos cuenta de ello. Ahora bien, dar por hecho de que su abolición es la respuesta a todos y cada uno de los males (supuestamente) generados por el hombre es como dar por hecho de que todo cambio implica una mejora. Es básicamente negar que el ser humano (hombre o mujer) es hijoputa por naturaleza y, viva en el sistema en que viva, se va a dedicar a tocarle la moral al prójimo. Si no porque el hombre esté al mando, no nos preocupemos: esta especie de monos sin pelo que se bajaron del árbol hace tres días se buscará otro motivo para despreciar a sus semejantes. Si no el género, lo seguirá haciendo con las creencias personales, políticas o incluso físicas: seguirá habiendo bullying en los colegios (donde ahí no se nota demasiado el tema del género, se acosa por igual a niños y niñas, hablando por experiencias personales), los jefes seguirán siendo unos hijos de puta con sus empleados y probablemente putearían a todos por igual, independientemente de su sexo. Seguiría habiendo padres (de ambos sexos) que criarían a sus hijos (e hijas) a golpe de hostia. Que abandonasen o menospreciasen psicológicamente a sus hijos. La gente putearía a sus suegros, robaría y mataría como en este sistema que tenemos ahora. Seguiría habiendo guerras porque las guerras son pasta, y la pasta la necesitan hombres y mujeres. Cambiarían algunas cosas, no lo niego, pero no estoy seguro de que esta fuese la respuesta para salvar esta sociedad de asco. Para mí, pensar que un cambio tan profundo como coger y derrocar un sistema que lleva pululando unos cinco mil años va a ser el paso hacia la utopía es como dar por hecho que el hombre (el varón, quiero decir) es subnormal por naturaleza y no puede hacer otra cosa a derechas que perpetuar la especie. Lo siento, soy escéptico. Y no creo en cosas que vienen respaldadas solo por la fe.


Para mucha gente (incluido yo mismo hasta hace algún tiempo) un tío es básicamente esto: una especie de orangután que no sabe ni dónde tiene el ojete y que va por ahí alardeando de lo gordo que tiene el garrote. Un simio que solo piensa en fútbol, cervezas, follarse tías y en rascarse el sobaco.
Gracias a estereotipo como este, hay hombres que se sienten como si se tuvieran que andar disculpando constantemente SOLO por el hecho de haber nacido con una pirula entre las patas. Y hay mujeres que se sienten con pleno derecho a insultar a un hombre SOLO por el hecho de ser hombre. La misma cosa despreciable que muchos hombres han hecho a lo largo de la historia, pero al revés, en plan venganza pura y dura.
Y por lo visto, según qué grupos y según qué gente, nos tiene que parecer bien. En lugar de luchar para que las actitudes de desprecio contra las mujeres desaparezcan (o al menos se vayan paliando cada vez más), lo que se hace es usar actitudes de desprecio hacia el hombre.
Todo muy sabio y desde el más intenso de los sentidos comunes, dónde va a parar.


¿Estoy defendiendo el patriarcado con esto? Ni de puta coña, y quiero que esto quede claro. Este sistema social que tenemos, como tal, es mejorable en el mejor de los casos y una puta mierda en el peor. El problema y el quid de la cuestión de lo que vengo a decir es que yo no creo en el ser humano, a secas. En esto soy totalmente democrático y los humanos, sin importar raza, credo, religión o género, me parecen una panda de gañanes que viven única y exclusivamente para consumir los recursos de la zona en la que se encuentren. Para explotar a todo bicho viviente que se encuentren para su beneficio propio (incluyendo aquí a los de su propia especie) y, en el momento en que se aburren, joder al prójimo, solo por joder. Personalmente me importa muy poco quién mande (puede que sea hombre, pero no me siento en absoluto privilegiado por mi condición de varón, ya que al creer en la igualdad de género, como he mencionado arriba, me llevo hostias de ambos lados), porque al final quien va a mandar en este sistema es un humano. Un humano, hombre o mujer, pero perteneciente a la especie más falible e imperfecta de todas cuantas se arrastran por este mundo.
Vendedme las ideas de revolución que queráis. Contadme los cuentos de futuros prósperos que nos esperan si marcamos "X" en la casilla que abogue por no sé qué causa. Decidme lo que os dé la gana, como si queréis entrar en la política del insulto o el desprecio por no compartir según qué ideales que a vosotros os parecen la quinta maravilla (no haríais sino dar la razón a todo cuanto vengo diciendo desde el principio del post). Si no podéis demostrarme que esta sociedad va a mejorar con según qué revolución, conmigo no contéis. No es conformismo, es simple sentido común: este sistema necesita mejorarse, y apoyo esa idea: mejor arreglar lo que conocemos, que falta le hace, antes que sustituirlo por algo que no sabemos ni lo que es, ni como va a funcionar. Entrar en ideas de revoluciones a escala global puede sonar bonito, pero no me parece LA solución, por muy idealista que esa solución suene.

Para terminar, la frase que he leído esta mañana mientras iba en el autobús: "Todas las guerras son fratricidas", según decía Adlai Stevenson, y que he visto citada en la novela La Profecía, de David Seltzer. No puedo estar más de acuerdo; ni siquiera en este caso: la guerra entre sexos no deja de ser eso, una guerra. En toda guerra hay bandos que consideran su ideología la correcta. En toda guerra hay ataques desproporcionados, conductas inmorales e injustificables por parte de ambos bandos. En toda guerra hay víctimas.
Si queréis mataros, adelante. Pero no contáis con mi aprobación.

8 comentarios:

KaTya dijo...

Como siempre me dejas sin palabras. No te imaginas la sensación que me ha causado el leer como usas la palabra feminisno con el significado correcto y no como el antónimo de machismo. Pocos hombres he conocido que sepan o se atrevan a llamar las cosas por su nombre. Y me da igual que seas hetero, homo, bailarin o pintor de unicornios, para mi simplemente eres una bella persona.

Rumbo a la Distopía dijo...

Bueno, en primer lugar, quiero darte las gracias. Viendo la beligerancia que estoy descubriendo últimamente por todas partes acerca del tema del género, me parecía correcto dejar claras algunas cosas. Especialmente porque parece que en el momento en que un hombre habla del tema, ya se presupone que, o está equivocado o es un machista. A mí como hombre es algo que me ofende de forma particular, de un modo muy similar a como cuando a una mujer se la menosprecia por ser mujer. En ambos casos se producen prejuicios basados en el género y eso no deja de ser una injusticia.

En cuanto a lo de bella persona... eso es porque no me has visto en un cine despotricando cuando la peli es mala. Probablemente no pensarías lo mismo :P

Gissel Escudero dijo...

Para añadir un punto de vista desde "el otro lado", fíjate lo que me ha pasado a mí con las mujeres: me han cuestionado desde adolescente porque no voy de novio en novio, porque no me interesa andar por ahí maquillada, con falda y tacones, y encima paso totalmente de cosas femeninas como los culebrones y los bebés :-D Al final, últimamente me siento más cómoda con los hombres, a menos que les dé por hablar de fútbol (lo cual sí es muy común en mi país, aunque también hay mujeres que se ponen plastas con el asunto). A menudo siento que los hombres me juzgan menos, aunque más de una vez me ha preguntado alguno si soy lesbiana porque no ando buscando novio :-P

Y la verdad, me gustan las muestras masculinas de cortesía, aunque tampoco me ofendo si un hombre sube primero al autobús porque estaba antes que yo en la fila (lo que sí me molesta es cuando voy por la acera, me topo con dos o más hombres y ninguno de ellos se hace a un lado, obligándome a mí a desviarme hacia la calle o el pasto... cosa que también hacen algunas mujeres, como si estuvieran pegadas por los putos codos; o sea, la cortesía también se agradece cuando viene de parte de mujeres, porque no está bien ir por la vida comportándose en forma incivilizada). Sobre las publicidades con mujeres semidesnudas... en realidad lo que me molesta es que hay más de éstas que de hombres semidesnudos. ¡¡Quiero igualdad en eso!! ¡¡Misma cantidad de carteles con tíos guapos!! :-D

Lo de las cuotas me parece una soberana estupidez. Para eso se debería establecer simplemente que a una persona la tomen por sus capacidades, sin discriminación de sexo. Puestos en ello, bastante hijaputa que es la presidente de Argentina, así que no ha sido mejor que los presidentes hombres sólo por ser mujer. Y en Uruguay hemos tenido unas ministras que no sólo daban miedo, sino que hicieron muy, muy mal su trabajo. Curiosamente, esas ministras eran todas del partido que presume de tener más mujeres en puestos altos. Uf. Para lo que nos ha servido...

Nymeria Solo dijo...

Me ha parecido magnífica tu entrada. Sólo estoy parcialmente en desacuerdo en uno, y destaco el "parcialmente": la discriminación positiva. De acuerdo, es un contrasentido, no debería existir. Pero por desgracia he visto bastantes casos en los que, en igualdad de condiciones, se elige a un hombre por sistema antes que a una mujer, o, entre dos mujeres, se elige a la que no tiene "cargas familiares" (mal vamos si tener hijos se considera una carga). A mí me lo dijeron bien clarito en un trabajo: preferían que fuera soltera y sin hijos porque las mujeres que tienen hijos ponen más pegas a la hora de que les cambien el turno (lo que era probable en ese trabajo). Lo peor es que quien me lo dijo era otra mujer. Así que, al menos en determinados puestos (sobre todo los de responsabilidad), sí me temo que por el momento es necesario exigir una cuota mínima de presencia femenina. Por supuesto, lo suyo es que las mujeres que sean elegidas para esos puestos estén capacitadas para ello, y que no se las escoja sólo por ser mujeres. Ojalá pronto no haga falta, de todas formas.

Por lo demás, por supuesto que una mujer no tiene que ser mejor que un hombre sólo por el hecho de ser mujer; como dice Gissel, la presidente (sí, presidente, es una palabra de género neutro :P) de Argentina lo está haciendo igual de mal o peor que otros presidentes, y en España, concretamente en mi ciudad, Madrid, tenemos dos claros ejemplos de mujeres incompetentes y malas personas como ellas solas: la que hasta hace nada ha sido presidente de la Comunidad, Esperanza Aguirre, y la alcaldesa, Ana Botella (encima no elegida sino nombrada a dedazo).

Y desde luego jamás pensaré que un hombre que no sea el típico "alfa" sea menos hombre por ello. Tengo la suerte de contar a mi lado con un hombre que piensa de forma muy parecida a ti, si no igual, y no puedo estar más feliz con él ^^. Él suele bromear diciendo que es una lesbiana en cuerpo de hombre, y como yo tampoco soy especialmente femenina en muchos aspectos, creo que hacemos la pareja perfecta XD. Si más gente se olvidara de esos estereotipos, no es que se fueran a arreglar los problemas del mundo, pero sí que mejorarían bastante las relaciones personales. Por algo se empieza.

Rumbo a la Distopía dijo...

Gracias por los comentarios! Sí, como ya he querido dejar claro en el artículo, todavía hay muchos puntos que deben solucionarse en esta sociedad... pero sí, hemos conseguido algunos avances. Lo que me escaman son dos hechos fundamentales:

Uno, que generaciones más jóvenes parecen estar volviendo a conceptos más sexistas (esto mismo lo hablé con una amiga con la que me llevo unos diez años y ella también lo está notando)

Dos, que precisamente esta lucha de género está generando un caldo de cultivo que alimenta el radicalismo y la injusticia, meándose sobre el concepto de igualdad y pasando al otro extremo...

Nymeria Solo dijo...

Sí, a mí también me preocupan esos dos hechos, sobre todo el primero, porque es nuestro futuro :(. Yo procuraré educar en la igualdad a mi hijo, pero aun así me preocupa en qué clase de mundo va a crecer y qué otras influencias tendrá...

weiss dijo...

Rumbo a la Distopía dijo...

Dijoooo...?