Si habéis visto la película de Bryan Synger, os daréis cuenta de que empieza con una cita interesante, que viene a decir así: "La mutación es la clave de la evolución" y, si nos ponemos ultracientíficos, nos damos cuenta de que es un axioma bastante claro. O lo es, al menos, hasta que alguien nos venga con otra teoría genial de la manga y mande a tomar por culo no sé cuántos años de dogma de ciencia establecido.
Si nos planteamos este postulado desde un punto de vista algo más filosófico, nos damos cuenta de que las cosas llegan a funcionar incluso al revés. Nosotros no cambiamos. No en lo importante, al menos; lo que suele cambiar es nuestro mundo. Y es esa necesidad, casi obligatoria,de adaptarnos a esos cambios lo que se convierte en la mayor miseria de nuestras vidas, porque nosotros, nos pongamos como nos pongamos, no estamos hechos para cambiar. No en el sentido literal, quiero decir: podemos modificar cosas en nuestra vida, hacer algo nuevo, abandonar algún hábito... pero en esencia, jamás dejamos de ser quienes somos. Lo único que hacemos es pulir o deslucir la carrocería, pero el chasis es el mismo.
De acuerdo, algunos sí lo hacen... pero si nos ponemos a mirar a un nivel general, nos damos cuenta de que son los menos y, de esos pocos que conocemos, podemos decir que al menos la mitad lo han hecho bajo circunstancias muy, muy específicas o bien ante un suceso que les ha cambiado la vida de tal manera, algo tan profundo y radical, que se han visto forzados a hacerlo.
Volviendo a lo mencionado arriba, es cuando notamos que ese universo a nuestro alrededor muta que percibimos el empuje del tiempo. Esta percepción tiende a aumentar cuando nosotros, por el motivo que sea, no vemos que estemos haciendo nada especialmente productivo con nuestras vidas. Cuando, hagamos lo que hagamos, tenemos esa sensación de estatismo o de empantanamiento que he mencionado en algún post anterior.
Movimiento relativo: es al tomar una posición estática cuando el movimiento de los otros se hace patente. Y con el movimiento, el tiempo; todo parece acelerarse, evolucionar a un ritmo endiablado. Intentas pillar las notas básicas de la canción y, cuando te quieres dar cuenta, ya ha pasado el estribillo y la cosa se encamina hacia la apoteósica coda.
"Pero... ¿No van a tocar el Smoke on the Water?"
"¡Esto es un concierto de Nightwish, tía desfasada!"
A tu alrededor, los niños crecen, los amigos se casan, los familiares mueren. Y tú tienes exactamente la misma vida que tenías hace cinco, seis, siete, ocho años.
Nada cambia y sin embargo cambia todo.
Llegados a este punto, la mente tiende a derivar en lo que la psicología llama "Indefensión aprendida". En cristiano, "quedarse observando ya que, hagas lo que hagas, la cosa siempre sale igual, así que ni puta idea de lo que hacer". Es la actitud que suele tomar un animal de laboratorio sometido a experimentos de condicionamiento aleatorios, en los que un estímulo desagradable se le proporciona haga lo que haga. Por definición, el animal toma esa actitud: quedarse en un rincón a esperar a que le vengan más hostias porque, al fin y al cabo, se ponga como se ponga, sabe que no hay nada en esta vida que pueda hacer para evitarlo. Así que se ahorra el esfuerzo, el desgaste de energías y alimentarse de falsas esperanzas. Que venga lo que tenga que venir.
Esto, lejos de ser tan trágico, es algo similar. Desde hace ya varios años sostengo que la vida se parece mucho a una gigantesca caja de Skinner (sí, el fulano aquel que hacía putadas a las palomas dentro de una caja), donde nuestros hábitos en parte vienen condicionados por lo que nos vamos encontrando en nuestra vida. Tenemos una conducta, que puede ser paliada o desarrollada dependiendo de los estímulos que nos rodeen... Pero dudo enormemente que esto se quede en algo tan simple. A veces, dos humanos son sometidos a los mismos estímulos y sus respuestas funcionan de modo diferente: están los que sacan los colmillos y clavan las garras en tierra antes de llevarse la hostia; otros no la ven venir y se quedan con cara de carnero degollado cuando se la han llevado. Dicho de otra manera, somos un poco lo que somos en base a la clase de experiencias que hemos ido encontrándonos por la vida, pero también tenemos algo dentro. Algo que nos llena las tripas de fuego o bien hace que nos corra cemento por las venas. Llamadlo como queráis, pero no creo que sea algo tan fácilmente cuantificable como muchos sostienen.
El mundo como una caja que nos sopla estímulos y nosotros como una paloma dentro de ella, capeando el asunto...
Cuando tus experiencias en la vida llegan al punto más bajo, es decir, que cada día es exactamente igual que el anterior, es cuando surge la gran pregunta: ¿En qué clase de personas nos convierte eso entonces? ¿Es una vida monótona y sin cambios la base de una personalidad paciente? ¿O por el contrario es el primer paso para que tu estabilidad mental y personal se vaya a hacer puñetas? Ver el mundo cambiar desde la barrera, sintiendo que tus posibilidades de participar (por el motivo que sean) ascienden a escasas, ¿es algo sano? ¿Hasta qué punto es positivo ver cómo cada día el tiempo se escapa de entre tus dedos y no sabes qué hacer para evitarlo?
Se suele decir que el futuro pertenece a aquellos que saben adaptarse a su entorno para sobrevivir. Los humanos (y no me salgo del punto de vista filosófico, la ciencia tira por otros derroteros) somos muy de intentarlo. Intentamos superar las cosas, simplemente porque se supone que debemos hacerlo. Nos han enseñado a que lo malo se debe vencer saliendo adelante y ya está. Que las heridas se cierran y todo eso... pero algunos pensamos que en realidad esto no es del todo así: nuestras heridas raramente se cierran; todo lo más, aprendemos a vivir con ellas, y nos podemos dar con un canto en los dientes. Nos hacen la puñeta y oye, si nos la hacen bien jodida, nos acordamos al día siguiente y, si hace falta, años después. Y no es que nos duela menos o que nos haya dejado de doler ni leches: es que nos hemos acostumbrado a eso. Pero si cambiásemos tanto como creemos (o como nos gustaría creer), no nos dolería si nos lo volviesen a hacer.
Sabemos que no es así. Lo que nos duele de verdad, nos duele nos lo hagan una o cuarenta veces. Quizás algo menos por eso de la experiencia, pero la cosa está lejos de ser un cachondeo.
Por algún motivo, tendemos a pensar que los malos acontecimientos son como las cicatrices físicas, que dejan de sangrar en el momento en que nuestras plaquetas empiezan a funcionar. El plano emocional no funciona de esa manera y el concepto de "herida" es algo mucho más permanente que una herida.
Las cicatrices, a diferencia de las físicas, siguen doliendo, solo que no están a la vista.
A veces incluso que haya cosas que sean indoloras tampoco supone una mejora en sí: ver cómo te da la impresión de que, debido a ciertas circunstancias personales, te has perdido muchas cosas en tu vida y (lo que es más fuerte) te las sigues perdiendo no es algo necesariamente doloroso. No del mismo modo que lo pueden ser otras cosas... podemos llamarlo frustrante, desesperante o incluso aburrido. Pero doloroso no es un término que yo usaría, al menos.
Y es que el mundo, en muchos aspectos se parece bastante a una fiesta: unos bailan bajo las luces y se divierten en ella, sacando todo el partido posible, bien porque han tomado las decisiones correctas, porque han sabido aprovechar las ocasiones conforme les han venido, porque no han tenido miedo o porque han tenido ese punto de instintiva imprudencia que conlleva que la suerte sonría a los audaces. Otros, en cambio, no hemos sido tan sabios ni tan audaces; bien por exceso de celo o de prudencia, o simple y llanamente a causa de nuestras dudas y miedos ("traidores", como los llamaba el Bardo) hemos acabado sentados en las gradas del baile, o bien cerca de la mesa con la comida. Intentando hacer como que nos divertimos pero, en el fondo, lo único que estamos haciendo con nuestras vidas es observar y esperar a que alguien nos saque a bailar... Pero, en realidad, muy en el fondo, somos conscientes de que nadie va a hacerlo. Porque nuestro tiempo de hacer las cosas que se suponía que teníamos que hacer ya pasó. Porque cuando lo hicimos, tomamos las decisiones incorrectas. Porque elegimos caminos que en su momento nos parecieron adecuados pero que ahora vemos como otra línea más en nuestra lista de errores. Porque los Hados no nos han sonreído. Porque hemos sido unos cobardes y nos hemos dejado arrastrar por nuestros demonios privados. Porque, de todas las voces que teníamos en nuestra cabeza, no escuchamos a la que decía "¡Vamos!", sino que nos quedamos con la que decía "Mejor no".
"Hoy no".
Algunos, gracias a ese rechazo a formar parte del carrusel, nos hemos bajado de él y hemos perdido el ritmo. Ahora formamos parte de la periferia de la vida, observando a los demás desde las sombras, girando cada vez con mayor velocidad. La música suena cada vez más deprisa. Todo es más confuso. A oscuras, donde nadie te ve, es más fácil sentirse como un solitario. Sentir (o darte cuenta) de que, en el fondo, no perteneces a ninguna parte. Si alguna vez tuviste la oportunidad de hacerlo, asúmelo: la perdiste hace tiempo. Ahora todo va de aquí para allá, con el mundo creciendo, cambiando a tu alrededor.
Todo salvo tú.
Y lo que es peor. Lo que es mucho, mucho peor: por más que te esfuerces, por más intentos que hagas. No importa que luches o, como el animal de laboratorio, te quedes apostado en un rincón.
Sigues sin entender una mierda.




11 comentarios:
:(
Deprimentemente real, como la vida misma.
O igual no es real. Igual es lo que vemos cada uno, pero eso no tiene por qué ser la verdad. Ni zorra, para qué os voy a engañar...
Qué deprimente te me pones, querido. No te falta razón, empero. No obstante te corrijo/matizo el corpus de tus conclusiones: hay quien ha nacido con la virtud de hacer de la derrota algo enriquecedor. Yo es que tengo muy buen perder, por eso es que no me he cortado las venas, porque ganas y argumentos los he tenido más de una vez. Pero ya ves: derrota tras derrota, aquí seguimos dando guerra :)
Sí, hay gente así. Lo que no te mata te hace más fuerte, suelo decir... es solo que no todos los días se encuentra uno con fuerzas para poner al mal tiempo buena cara, ya sabes :)
Sí, eso es verdad. Nah, pero a fuerza de costumbre uno se hace al hábito y casi que le encuentra el gusto.
El hábito, sí. El gusto, no sabría yo qué decirte...
Hay que aceptar las cosas como son, estar preparado para las hostias, incluso no esperar nunca nada bueno, pero no te quedes en la periferia, lánzate, vas a pasarlo mal de todas formas, vas a sufrir de todas formas, el dolor siempre lo vas a llevar dentro, como bien dices, pero terminas acostumbrandote a llevarlo y forma parte de ti. Yo no querría perder mi dolor, sería olvidar cosas que he sentido y no quiero hacerlo.
Yo me he pasado la vida siendo cobarde, aceptando lo que venía, esperando que me sacaran a bailar pero nadie nunca lo hacía. Llega un momento en que no puedes seguir mirando, en el que te tienes que decir "puedo bailar sola" Para mí ya es demasiado tarde para muchas cosas, no tengas miedo porque luego te arrepetirás de haberlo tenido. Y las hostias te las llevas de todas formas.
Eso sí, un par de post más así y el Jon Nieve lo clavas fijo :p
¡Un abrazo!!
Ehhhhh... ya vas pillando la esencia del post, Rae! De aquí a nada me puedo ir a vigilar el Muro! ^_^
No sabes lo identificada que me he sentido leyendo este post... Yo también estuve durante muchos años viendo pasar la vida mientras parecía que yo no iba a ningún lado, a salto de mata entre el paro y trabajos que sólo me servían para sobrevivir, sin poder avanzar, sin cambios de un año para otro, todos los días iguales... En parte cobardía mía, sí, en parte mala suerte y falta de oportunidades. Vamos, que ya me veía vistiendo el negro XD. Pero a veces se produce una conjunción de astros y cuando ya no te lo esperas, la vida te cambia. No quiero decir que tengas que esperar a que la suerte decida por ti, tú tienes que seguir haciendo tu vida y procurar ir saliendo a flote en las medidas de tus posibilidades, pero a veces la suerte te echa una mano. No tienes que esperarla, pero tampoco desesperar. Y oye, la vida en el Muro tampoco está tan mal, no creo que Jon Nieve se aburriera mucho :P.
Por cierto, soy Nymeria Solo, pero no me he dado cuenta de que quien tenía abierto su correo era mi chico, así que te sale un tal Carlangas XD XD XD.
Publicar un comentario