Me vais a permitir que me ponga pedante. Que me ponga literato. Tuercebotas, incluso, pero es que tengo que decirlo.
No todos podemos.
Cada día que pasa, veo más y más gente que DICE escribir. Sacas los hocicos por la ventana y todo el mundo tiene una idea para una historia. Cuarenta mil fulanos que te sueltan que están escribiendo un libro y, tóquese usted los cojones, que va a revolucionar la literatura. Que no va a ser igualado en décadas. Tu vecino de al lado es el nuevo Poe. La señora del cuarto, la heredera de Jane Austen. El chaval que tienes al lado en el bus es el Bukowski español.
Y te lo tienes que creer. Te tienes que creer que tooooooodos esos, desde su inalienable derecho a escribir (el cual nadie niega), resultan tener la habilidad o la tesón para hacer algo tan jodido como es la escritura. Gente que no ha leído en su puta vida ("¿Un libro? Ni puta idea de lo que es eso, pero voy a escribir uno").
Lo mismo os parece que exagero, como siempre. Todavía tiene que salir alguno con complejo de Ygritte diciéndome que no sé nada. Y claro, es una opinión tan fundada y respetable que me tocaría agachar la cabeza y decir que sí, que pobre de mí, que cuánta razón tiene.
JA.
Llevo ya como quince años escribiendo. Tomándomelo en serio, algunos menos... pongamos unos nueve o así, y soy perfectamente consciente de que no lo hago magníficamente. Qué cojones, sé que no lo hago ni bien. Mediocre y gracias. Conozco mis limitaciones y los que me conocéis, sabéis de buena tinta que en mi puta vida le he dicho a nadie que voy a revolucionar una mierda. Que mis textos son la polla en verso. Que mi prosa no será igualada en años. Si os fijáis en mi entorno, procuro rodearme de gente que me lo recuerde constantemente para evitar convertirme en otro de esos gilipollas que fundan séquitos de alabanza a su alrededor y que no ven más allá de su prepucio a la hora de escribir. Por eso se me ha tildado alguna vez de "pesimista", pero si os digo la verdad, prefiero vivir rodeado de hostias sinceras y luego tomar de ellas lo que me interesa a tener una legión de chupaculos que solo me dicen lo que quiero oír.
Creedme cuando os digo que, por mucho que duelan las malas críticas (qué cojones, nos duelen a todos), no puedo sentirme más orgulloso de aquellos que cogen algo que he escrito y me dicen "Se te ha ido la olla a lo bestia" o "Tienes que pulir esto, esto y lo otro".
No pasa absolutamente nada. Estamos en esta vida para aprender, mejorar y perfeccionarnos. Forma parte de esto. Por eso, no importa la cantidad de estudios de literatura que tenga, ni la cantidad de libros que me haya chupado a lo largo de toda mi vida. Sé que no lo estoy haciendo del todo bien y el objetivo es, poco a poco, mejorar. No me importa nada más.
"¿Vivir de la literatura? ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJAJJAAJAJAJAJ vamos, no me jodas!"
Supongo que por eso no deja de alucinarme (tengo que respetarlo por cojones, porque si no soy un monstruo, un talibán o la puta Cosa del Pantano, cágate) que se esté gestando una generación de autores que no han leído en su puta vida... o bien se limitan a las cuatro cosas chupiguais, del tipo "Yo solo leo tal género o a tal autor, que es lo que me mola; lo demás me lo paso por el forro de los cojones" y luego le echan los huevos de ponerse a escribir, como si se aprendiese a algo así por ciencia infusa.
Sí, soy un monstruo, pero suelo poner una analogía clara: si no has escuchado música en tu puta vida, lo último que haces es coger y grabar un disco tú solo, gracias a que has oído UNA canción de... no sé, los Mötley Crüe, por poner un ejemplo. Con eso ya te formas tu propia idea de lo que es la música (en este caso, rock duro) y, a base de imitación pura y dura, te crees que vas a ser la nueva leyenda del metal. Que estás inventando algo. Que eres un puto dios. Más chungo aún es cuando te rodeas de una caterva de energúmenos y besadores de glande que lo que hacen es dorarte la píldora y decirte que no habrá nadie como tú, que eres lo más de lo más. Que nadie superará en mucho tiempo tu inigualable talento... aunque en el fondo, seas sordo, no sepas cómo coño se coge una guitarra y encima desafines más que un par de gatos follando.
Por mucho que se trate de una cuestión de gustos, esto JAMÁS sonará como una ópera de Wagner. Qué cojones, ni como un tema de los Queen. Nos pongamos como nos pongamos.
Hoy en día, gracias al auge de las nuevas tecnologías, cualquier personaje que dice que leer es aburrido se sube al carro de la escritura y, como se ve que el asunto mola, pues oye, se pone a parir un libro. Se ha chupado cuatro pelis de tiros, se ha puesto el último disco que grabaron los Metallica y con eso ya tiene inspiración. Escribe atropelladamente, con faltas de ortografía, sin pensar si lo que está escribiendo parte de conceptos como coherencia o un estilo medianamente cuidado y tira millas. Sin documentación, porque eso es perder el tiempo. Sin repasar siquiera, porque "escribe como le sale". Sin prestar atención al puto corrector ortográfico del ordenador porque "lo de corregir que lo hagan los de la editorial, que lo mío es escribir".
De encontrarte gente que, más que escribir una historia que vaya de A a B pasando por C, tienes una especie de berenjenal que no va a ninguna parte, plagado de escenas que, en el mejor de los casos, no sabes ni qué coño te están contando. Conforme se me ocurre, así lo cago, lo planto en la página y hala, ya tengo el capítulo de hoy. Amadme.
Y oye, si es un hobby, pues tampoco pasa nada. El problema está en el momento en que todos y cada uno de estos seres, armados de la ignorancia necesaria como para pensarse que esto es el sueño americano y que cualquiera puede alcanzar su sueño solo por tenerlo (sin curro, sin esfuerzo y sin una puta mierda), se lanzan a saturar todo lo habido y por haber.
Para más inri, la mitad de estos genios se mueven más por seguir una moda o subirse a tal carro que porque lleven una historia en las tripas y quieran soltarla. Leed blogs y escuchad las historias que estos os cuentan y el tufillo a peli chusquera es siempre el mismo. Hasta puedes ver la cara de Steven Seagal en algunas de éstas... porque ese es un poco el objetivo: aquí la literatura como tal, (no la literatura "elevada" o "culta", sino el objeto literario hecho con un mínimo de curro y saber hacer) importa un cojón. Aquí lo que mola es pegar el pelotazo y que compren tus derechos para hacer una peli. Para que saquen una línea de muñequitos. Para que hagan un puto videojuego.
"Tío tío tío, mira qué videojuego más guapo han hecho de mi novela"
Estos mismos son de los que van de adalides de las letras con su "Yo tengo un libro" pero al mismo tiempo se ríen de gente con las agallas y las tripas de escribir poesía o teatro "porque eso aburre". Si se cruzan con alguien que no escribe el puto guión de una peli de tiros de tercera, es un muermo, un literato, un puto pedante. Porque lo que mola es ir echando hostias. Muchos tiros, mucha persecución. Mucha protagonista tonta que hace palmas con el chichi en cuanto ve por primera vez al amorcito que le va a trepanar el chumino por primera vez, causándole de diez a quince orgasmos, mínimo.
Empiezas a ver patrones que, lejos de la normalidad que estos sugieren (al fin y al cabo, la literatura se ha movido por rasgos característicos a géneros y épocas), se empiezan a trocar en estereotipos. Clichés. Topicazos que convierten las supuestas obras literarias en objetos de consumo facilones, previsibles y escritos con la personalidad de un puto lemming. Novelas harto respetables en el sentido de que escribirlas merece un respeto, y que nadie diga que pienso lo contrario, pero cuya calidad no llega ni a unos mínimos establecidos.
Te partes el ojal cuando ves que algunos de estos tíos, a golpe de arrimarse a otros que son del estilo, pero que han chupado las pollas necesarias, acaban metiendo la cabeza y van colándole su mier... digooo, su respetable material al prójimo. Que oiga, si no le gusta a usted, no lo lea, y hasta ahí todos de acuerdo. El problema aparece cuando ves que no es un caso aislado, sino que la pandilla empieza a crecer y a propagarse como una plaga de piojos en una guardería. Cuando ves que el fandom (gran parte del cual lee lo mismo o menos que estos autores, lo cual ya es decir) lo flipa con las mismas fotocopias del pelotazo de turno que van saliendo, es cuando te das cuenta de que las cosas están muy, pero que muy jodidas.
Decía un amigo el otro día que el panorama literario español, al menos en lo que a género se refiere, está dando pocos frutos decentes, por no decir ninguno. Que prácticamente todo lo que sale, bien es mierda, bien es sucedáneo de la mierda que nos han colado poco antes. Igual es muy exagerado y no lo niego, ya que mi amigo suele ser bastante... exquisito a la hora de entrar a valorar las cosas, pero creo que tiene razón en una cosa: toda esta saturación de "estrellas emergentes", de "nuevos clásicos" de "innegables valores del panorama literario actual" no puede traer nada bueno. De tropecientos mil tíos que salen al mes, cada uno en su subgénero o temática dentro de esto de la "literatura de género", es imposible que TODOS sean tan buenos como nos venden. Qué coño, ni la mitad siquiera. Llamadlo prejuicio, si queréis, pero es una cuestión de estadística; es como si dices que te vas a poner a follar a diario y pretendes hacer creer a tus colegas que más de la mitad de los polvos que echas a diario ponen a la moza a la que te clavas con los ojos en blanco y con la entrepata más mojada que el ojete de Aquaman.
A mí me llegáis con semejante milonga y ya veréis qué cara os pongo.
"YA."
Sin embargo, parece ser que la literatura en este caso tiene como una dispensa o una especie de prebenda; todo el mundo está entrando en esa vorágine de "Publico publico publico", y nadie parece estar entrando en algo tan sencillo como "Vale, que sí, que nadie te quita el derecho, criaturo, pero... ¿De verdad te crees que ESTO merece la pena publicarse?"
Y es que ahora, como he comentado, parece ser que cualquiera puede escribir un libro. Qué cojones, una puta saga entera. Trilogías. Pentalogías. Multilogías. Que esa labor está chupada, basta con tener tiempo libre y, claro, como ahora el paro aprieta, parece ser que teníamos un montón de genios emergentes que, en otras épocas más boyantes no surgían.
Pavos que te dicen que escriben CUATRO novelas al año. Y no novelas cortas, amigos... NOVELONES de los de tocho de padre y señor mío. Acaban uno y se ponen con otro, como si el cerebro fuese una especie de churrería que no parase de engendrar ideas. Creatividad a destajo, cuando el resto de los pobres mortales necesitamos un año para que una miserable idea que tengamos madure y llegue a algo, en el mejor de los casos, decente.
Algunos, según parece, han nacido benditos.
Hay quien me ha comentado en alguna ocasión que esto sucede en el momento en que la población adquiere un nivel educativo medio básico. Que cuando todo el mundo tiene acceso a una educación que medio te enseña a leer, todo el mundo se siente con el gusanillo de las letras y demás.
No puedo estar más en desacuerdo.
Esto no tiene nada que ver con el nivel educativo o cultural del país, pero ni de coña. Ya he mencionado esos autores (tengo que llamarlos "autores" para que no se dediquen a apedrearme... pero para mí son tan autorzuelos como yo mismo, si no de una estofa incluso más baja, que ya es decir) que no leen "por no contaminar su particular estilo" (JAJAJAJAJA), o esos que solo leen libros de colegas para pactarse unas reseñitas positivas (las negativas jamás cuentan). En un país con un nivel educativo medio decente, el libro debería (añado esto en condicional, porque es la puta utopía) ser concebido como un objeto de trabajo y como una obra de arte... más "culta" o más "popular", pero siempre tratado con un cierto rigor y respeto. En cambio, lo que tenemos es un puto objeto de consumo más, que vende en base a lo que se publicita o incluso por lo follable que esté el personaje que te plantifican en la portada. Dicho de otro modo, el marketing sustituye a la calidad y ahora se tiende a asociar cantidad (de libros vendidos, por ejemplo) con calidad. Vemos un top de ventas y asumimos que el señor que está arriba es el mejor escritor que existe en el mundo mundial y los demás, en riguroso orden de ventas, le siguen en calidad.
Puede que esto os parezca una gilipollez, pero para mucha gente es una verdad como un templo.
Uno así de gordo, por lo menos.
Ahora un libro que se considera "bueno" es aquel que, como decía Lois Griffin, "tenga márgenes amplios, la letra grande y te haga sentir inteligente cuando lo lees", aunque en el fondo la historia sea como una puta compresa: que ni marca ni traspasa... o bien la prosa sea sujeto-predicado y ya está. Las metáforas, las descripciones, las pausas digresivas, el simbolismo... todos esos logros de la retórica de los últimos milenios, a tomar por culo con ellos, que aburren. Pam, pam, pam, vamos que nos vamos, que de aquí a seis meses te saco la continuación y el año que viene, una precuela. Porque es mejor venderte tres libros que uno, aunque luego no puedas sacar en claro más que veinte páginas de todos los tochos que te he plantado.
Es un poco el concepto de "lector espectador". El que se cree que leer un libro es como ver una peli, sin pararse a pensar que son formatos diferentes, con lenguajes diferentes. Muchos de estos son los primeros en ir de cultos porque "leen mucho", pero en el momento en que lo que se están leyendo no parece una puta peli lo dejan porque "aburre".
Y ese criterio tan razonado, tan serio y, sobre todo, tan coherente y fundado, es algo que aquellos que nos hemos criado leyendo libros sin pensar en películas, nos tenemos que tragar todos los putos días. El lector de hoy en día (y espero caer en una generalización infundada, porque valiente mundo que nos espera como yo acierte) se está volviendo cada día más vago y más exigente a la vez: exige que todo aquello que se le ponga por delante sea tan sencillito de leer como el folleto con las ofertas del Lidl. Más allá de eso, vienen las pataletas y las rabietas. Las acusaciones de aburrimiento, pedantería por parte del autor y lo de "Es que no entiendo qué significa esta palabra, ahora me enfado, no respiro y me cago en los muertos del escritor".
"¡NO SALEN TIROOOOSSS!"
"A ver, que te estás leyendo una novela ambientada en las cruzadas"
"¡ME SUDA LA CHIRLA! ¡NO SALEN TIROS! ¡ESTO ES UNA MIERDA!"
"¡ME SUDA LA CHIRLA! ¡NO SALEN TIROS! ¡ESTO ES UNA MIERDA!"
No, amigos. No todos podemos decir que somos grandes lectores cuando en realidad comemos de lo que nos echan y seguimos la corriente de lo que se supone que tenemos que leer "porque lo está leyendo todo le mundo", "Porque se vende mucho". Cuando muchos no sabemos ni dónde tenemos la cara, no podemos ir de genios de las letras por la vida. O si, venga, podemos hacerlo: podemos ir de revolucionarios e ir por ahí diciendo que somos a los libros lo que los Beatles a la música o lo que Dalí a la pintura. Podemos quedarnos con las chupadas de polla que nos sueltan en los comentarios de nuestros blogs y negar que exista cualquier mala crítica. Podemos engordar nuestra autoestima leyendo peloterías a diario o dejando que los lacayos de turno nos regalen los oídos.
Pero luego, cuando vemos que la literatura de género, como tal, está dejando de tomarse en serio precisamente a causa de estas actitudes, por favor, no vengáis a llorar. Os habéis pasado años lamiéndoos las trancas unos a otros, ensalzándooos mutuamente y elevándoos a los altares día tras día. Cada diez minutos, un genio. Cada veinte, una obra maestra. Cada media horita o así, un clásico que difícilmente se podrá igualar... todo con tal de no decir la verdad, que lo que estáis alabando es algo que os parece una puta mierda, pero su autor dirá lo mismo de vosotros. Luego vendrá el lector, que tendrá dos opciones: comer de lo que le echan y entrar en la misma dinámica porque es lo que se supone que tiene que decir, o bien sentirse estafado y empezar a no tomar en serio este despliegue de baboseo indiscriminado.
Ahora venís con el rollito emo-reivindicativo, asegurándonos que os ha costado mucho esfuerzo escribir lo vuestro. Que también hay trabajo, documentación y demás cosas que pregonáis a los cuatro vientos. Y lo mismo es hasta verdad... pero quien siembra vientos, recoge tempestades. Y todos estos años de peloteo masivo, de mentiras descaradas, de auténticos despliegues de onanismo y masturbación mutua ya empiezan a pasar factura. Los bukkakes ya comienzan a atragantarse y tanta paja está generando callos.
Llorad, llorad, pero vosotros lo habéis creado. Vosotros habéis alimentado al monstruo. Vosotros habéis dado alas a toda esta generación que entra pisando fuerte. Vosotros, lectores, autores, editores, reseñistas y demás, habéis sido quienes habéis dado carta blanca a todo ese ejército. Habéis encumbrado a toda esa gente, diciéndoles lo magníficos que son, y os habéis callado en una cosa básica.
No todos podemos.
No todos podemos.







4 comentarios:
Tan pocas balas...
... Y tan poco tiempo :D
Hombre, yo creo que algo sí tiene que ver que hoy en día todo el mundo esté alfabetizado. Ojo, he dicho alfabetizado, no es lo mismo que culturizado. De ahí que a alguien que ha leído cuatro libros en su vida pueda ocurrírsele, gracias al resto de factores que mencionas (mercantilización de la literatura, generalización de tópicos a través del cine, nuevas tecnologías que facilitan la autoedición, clonación de éxitos editoriales a mansalva, etc.) que es capaz de escribir un libro: sabe juntar letras para formar palabras, sí, pero ¿eso es escribir? Porque el fenómeno de los best-seller no es tan nuevo; supongo que sabrás que en el siglo XVI hubo un boom de la novela caballeresca a raíz de que se acababa de inventar la imprenta y se empezaron a editar en cantidades antes no imaginadas los libros que hasta entonces se copiaban a mano. Así que mucha gente conoció los libros de caballerías porque se imprimieron muchos, y entre esos muchos había bastante morralla, igual que pasa ahora de forma muy parecida en la literatura fantástica, por ejemplo. De eso se quejaba Cervantes en el famoso capítulo del escrutinio de los libros de Don Quijote; el problema es que su crítica fue tan certera y radical que se cargó todo el género, incluyendo lo que tenía de bueno, y ha sido una de las causas por las que luego la literatura fantástica ha cundido tan poco en España hasta hace nada.
Pero hay una diferencia: en el siglo XVI, la mayor parte de la gente no sabía leer: lo habitual era que se reunieran en algún lugar como posadas, casas de personajes notables de la comunidad, etc., y el privilegiado que sabía leer les leyera al resto. En parte por eso supongo que no surgieron más escritores: si no sabías leer, ¿cómo ibas a escribir? Aparte de que entonces no existía el concepto mercantilista que tenemos hoy de la edición de libros, claro.
En fin, seguramente no te estoy contando nada que no sepas ya XD. Sólo quería exponer lo que pienso, y creo que el que la alfabetización (repito, alfabetización, no culturización) esté generalizada sí influye en algo. Por lo demás, totalmente de acuerdo contigo.
Claro, eso sí me constaba, Nymeria, y estoy de acuerdo, aunque en parte. El concepto de best-seller es tan viejo como el concepto de libro en sí y no es algo ni bueno ni malo, en realidad. Hay best-sellers (quiero que esto conste en acta, que luego meten palabras en mi boca a este respecto) que pueden ser muy muy buenos y otros que pueden ser una chapuza como la copa de un pino. Ese término solo indica que vende mucho, nada más.
Quizás el problema no sea que haya best-sellers en sí, sino más bien el hecho de que con un best-seller se produce un boom que no tiene nada que ver ni con la calidad ni con el criterio. Tiene que ser bueno TODO lo que se vende? Es obvio que no, y la literatura de entretenimiento (como en su día lo fuesen los libros de caballería, por poner un ejemplo) es tan necesaria o más que la "culta". Lo malo es cuando el libro deja de ser un libro (concepto que veníamos teniendo hasta hace poco) y se convierte en un objeto de consumo más... lo que conlleva sucedáneos baratos en cuanto a acabado (pero no en cuanto a precio), imitaciones pobres, sobreexplotación y otras tantas cosas que al final, tienen el efecto que la falsificación de dinero: devaluación.
La gente hoy en día, volviendo al tema que mencionas, tiene más acceso a la lectura porque les han enseñado que M con A suena "MA", pero eso no quiere decir que todo el mundo esté capacitado para reconocer un libro escrito en condiciones o para saber que les están estafando. Se toma la idea de "me gusta, ergo es bueno" y se acaba pasando por un nivel de conformismo muy grande.
Insisto, no me refiero al libro malo porque "solo entretiene", esos para mí son respetables: hablo de libros mal terminados, plagados de faltas de ortografía, con tramas chapuceras y demás que lo que implican es un autor que siente muy poco o ningún respeto por sus lectores.
No deja de ser curioso que, en épocas en las que la gente tiene más acceso a la literatura que nunca, se peque precisamente de esa falta de filtro y se acuda al "venga, todo vale"...
Publicar un comentario