domingo, 4 de noviembre de 2012

Escupiendo Rabia- Vamos, vamos, vamos o Tempus a la Fugit



Pues en estas que estaba yo en mi punto de venta de libros/cómics habitual cuando me encuentro con un amiguete, escritor para más señas y compañero de fatigas en esto del mundillo editorial. Un tío ya con una cierta experiencia y con un criterio más que marcado. La clase de persona con la que no siempre coincides en gustos, pero que tiene ya un rodaje lo bastante extenso como para al menos tener en cuenta su punto de vista, aunque no lo compartas del todo, o directamente en nada.

Nada, que aprovechando el encontronazo, decimos de irnos a comer y surgen, cómo no, nuestros apocalípticos debates literato-cinematográficos. En este en concreto sale a colación un tema bastante curioso que lleva ya varios meses dándome vueltas. Es el hecho del tempo narrativo.

Sí, amiguitos distópicos: me refiero a la velocidad a la que se cuenta algo en una novela y la cantidad de contenido que se puede encontrar uno en un capítulo. Resulta interesante que, tanto él (un autor ya experto) y yo (un aspirante a cagamandurrias de decimoquinta fila) hemos coincidido en el hecho de que hoy en día se considera un factor de extrema importancia que en una novela (o en una peli, ya puestos) se estén contando cosas desde la puta primera página y que de ahí no se pare hasta el final. Ni pausas digresivas, ni plantear temáticas secundarias, ni desarrollo de personajes o de trasfondo ni putas hostias.
Vamos, vamos, vamos, que parece que nos cobran por cada minuto leído.

Esto, por supuesto, no tiene por qué ser algo malo por sí mismo. Hay historias que te lo van pidiendo y es necesario un desarrollo más o menos ágil de los acontecimientos. Por ejemplo, novelas cuyo objetivo es principalmente el entretenimiento sin más. Las que, concebidas de un modo más o menos cinematográfico, plantifican una acción que, siguiendo una estructura casi lineal, desembocan en un final.
¿Dónde está el problema, entonces?
Desde mi punto de vista, el problema consiste en la tiranía de la moda.

No me entendáis mal, con esto no digo que las modas sean malas por definición: de no ser por ellas, no habrían surgido las corrientes literarias y, muy probablemente, nos habríamos perdido grandes creaciones de no ser por ellas. El problema radica en el momento en que todo aquello que se salga de la moda, lo mainstream o "lo aceptado comúnmente" se convierte en proscrito. El lector, al que se supone se debe el autor (pero solo a medias, porque en contra de lo que mucha gente piensa, hay autores sin lectores... pero no lectores sin autores, por mucho que le duela a más de uno admitirlo) ya no pide, sugiere o prefiere un tipo de novelas: hoy en día las exige, so pena de crucificar autores u obras, simplemente porque éstos no ofrecen lo que ellos esperan.

"Naaaaada... no es guai, no va a la moda. ¡PUTA MIERDA! ¡A LOS LEONES!"


Sí.
El arte es una industria, pero no hace falta que nos lo recuerden continuamente.
Además, si sólo usamos ese polo del espectro, resulta que la presencia del factor sorpresa desciende a cotas abisales. Pensadlo: ¿Cuándo fue la última vez que una novela o un libro os sorprendió, precisamente por ofreceros algo que no esperabais? ¿Con qué frecuencia os salís de la concepción que os gusta para aventuraros en terrenos desconocidos?
Ese. Ese es el problema de esta tiranía de la moda.

Recuerdo que Neil Gaiman,en los contenidos adicionales de su magistral The Sandman (probablemente toda una lección de narrativa ilustrada) planteó una vez dos formas de concebir una historia: la primera es lo que él llamó "Carrera de bicis", donde toda la trama corre hacia el final; la segunda fue acuñada bajo el término "Mesa de buffet", donde el autor plantea todo un sinfín de "platos" y deja que el lector se entretenga degustando cada uno de ellos. No es el único: cuando iba al instituto, recuerdo una cita... no sé si fue Pío Baroja (si alguien lo tiene más fresco, por favor, que me lo confirme o desmienta) que venía a decir que si una historia era un camino, lo importante no era necesariamente el final de éste, sino más bien permitir al lector que se entretuviese con las flores, plantas y piedras que pudiera encontrarse por el camino.

¿Cuál es la forma "buena" y la forma "mala" de concebir la historia?
Ahí es a donde quiero ir a parar: salgamos de la mentalidad bipolar de una vez, no existen las formas "buenas" o "malas", sino las ideas mejor o peor aprovechadas. Como he dicho arriba, si planteamos una historia que no sea más que entretenimiento, sin querer contar nada más allá, puede resultar algo recargado (pero no forzosamente innecesario, ojo) entrar en diez mil subtramas. Otra cosa es la habilidad del autor a la hora de hacerlo; hay muchos autores que pueden enriquecer una obra precisamente gracias al uso de temáticas secundarias, y otros que se las apañan para distanciarte de ellas precisamente por no saber emplearlas bien e insertar cosas que son directamente insulsas que no dicen absolutamente nada. Sea como sea, lo que sí me parece "malo" es entrar directamente en la lapidación de una obra y tildarla de "mala" única y exclusivamente por ese hecho, como se está haciendo en muchos sectores de la lectura.

Anda que no hemos oído veces eso de "Esto no vale nada. La subtrama en cuestión es supérflua, porque no aporta nada a la principal"
Y aquí, la pregunta: "Ah, ¿pero es que tiene que aportar? ¿Acaso ese axioma aparece escrito en algún tratado de literatura? ¿Existe acaso un único modo, fijo e inamovible, de plantear la escritura?"
Si nos ceñimos a esa especie de dogma que parece haberse apoderado del lector medio desde hace unos añitos para acá, ¿habrían salido a la luz alguna vez novelas de personaje colectivo como La Colmena? Si todo es acción frenética a cada segundo, ¿qué sería entonces de los bildungsroman?
¿Qué sentido tendría el planteamiento clásico de Introducción- Nudo- Desenlace? Todo, desde esta óptica, se reduciría a un simple desenlace con un pequeño prólogo delante y a tomar por culo.
Y si el prólogo sobra, mejor. Que no estamos para perder el tiempo leyendo, coño.


"Es que si no veo relación con la trama principal, me aburro".
Lo siento, amigos. La lectura no siempre es diversión y cachondeo, nos pongamos como nos pongamos. También es arte, es crítica y es filosofía. Es hacerte pensar, reflexionar o simplemente contarte algo por el placer de contártelo. Todo a la vez, sin necesidad de quedarse con nada en concreto o de descartar algún elemento. Podéis negarlo, si queréis, pero eso es como pensar que en la música rock todo son solos de guitarra infernales, ritmos frenéticos y melenudos lanzando berridos hasta escupir las putas cuerdas vocales.

Del mismo modo que no creo que TODA la literatura deba ser todo un despliegue de cultura, accesible sólo para una élite de privilegiados cerebrales, tampoco creo que debamos pasarnos al otro extremo en que valga todo con tal de entretener. En que ahora el formato de la novela se convierta en un despliegue de acciones atropelladas (se cuente lo que se cuente) y todo esté atado y más que atado.
Porque hoy en día, raro es el autor que te dedica varios capítulos a describirte personajes, sin más intención que la de definirlos. Raro es el que en un capítulo no te cuenta nada que no esté intrínsecamente relacionado con el tema de la obra, la trama principal o incluso el título. Raro es el que te plantea subtramas independientes a la trama principal, cuyo único objetivo sea contarte una historia, simple y llanamente. Raro es el que usa ya una historia para plantear una cuestión filosófica ("¡Puaaaj, filosofía, qué asco, qué muermo!") o un dilema moral.
Raros son los autores de este pelaje que publican; y si lo consiguen, se llevan hostias de todos colores porque no son lo que se espera. No tienen un estilo guai, que se adapte a las exigencias (no sugerencias, no expectativas) del público.

Parafraseando al coleguita que inspiró este post, esto explica que hoy en día ya no tengamos la más mínima oportunidad de ver a un nuevo Philip K. Dick en las estanterías de nuestras librerías. Ni un Dickens. Qué cojones, ya puestos ni un Jack Ketchum ni un Ramsey Campbell, para aquellos que me digan que me he ido a épocas literarias muy remotas. Echad un vistazo en qué época escribieron (y escriben) estos dos últimos.

Precisamente es debido a esa tiranía de la masa (lo digo y lo diré siempre: porque sean muchos los que lo dicen, esto no les da por cojones la razón) por lo que pocos son los autores que le echan huevos para arriesgarse. No, si quieren publicar y permitir que sus obras lleguen a un público. Quizás no un público de masas (de eso nos podemos ir olvidando a la de ya), pero sí a un número decente de personas que igual andan también hasta las pelotas de que TODO lo que lean lleve el ritmo narrativo de una peli de Jason Statham.
Luego nos dicen que la gente que lee tienen una mentalidad abierta, ajena al pensamiento único.
Permitid que me ría ante lo ridículo de tal generalización.

Por supuesto, esto implica que pocas editoriales arriesguen en publicar a un señor que no se deja llevar por esa tiranía. Porque, ¿para qué? ¿Para que en cuestión de un par de días, ya surjan los apedreos en cualquier foro literario? ¿Para que se pase del respetable "esto no es lo que yo esperaba" al simplón "valiente puta mierda aburrida"?

Libros o pelis (como este caso) se han llevado hostias de todos colores porque al principio "No pasa nada".
Parece ser que, si uno no se lanza a la arena en menos de tres minutos, todo lo que se cuente después ya no importa.
Porque hay que "entretenerse".
Por huevos, y a toda pastilla.


Y no, no os creáis que exagero: a día de hoy me he encontrado gente con los cojones de soltar que clásicos de la literatura, como pueden ser El Señor de los Anillos o El Quijote son "una mierda" porque "aburren".
Ahí, con un par: obras que han supuesto los puntales de géneros enteros, o bien el estandarte de una cultura entera, sobreviviendo décadas (o incluso siglos) y resulta que son una mierda.
Yo os lo digo así de claro: a esas novelas chuliguais de hoy en día, esas que hacen que el personal se frote la entrepata alabando su altísimo componente lúdico (pero mirando para otro lado cuando se les pregunta por las deficiencias del autor... tales como inconsistencia de la propia línea narrativa, incoherencia de personajes y Dios sabe cuántas cosas más) me gustaría verlas, ya no dentro de cien años. Me gustaría verlas dentro de diez, a ver si han sobrevivido el paso del tiempo y de las moditas.
El Clásico literario, para que nos vayamos enterando, no es el libro que vende. No es el libro que tiene chorrocientos millones de fans en el mundo entero, del que se hace merchandising a mansalva: es el libro que te cuenta algo lo bastante importante como para perdurar en el tiempo.
Y esto no lo hace cualquiera, así que a ver si nos vamos dejando ya de polladas de estas de "Ha nacido un clásico", porque eso no lo determina un señor ni dos. Lo determina la posteridad.

A ver, zagales, antes de que empecéis a echaros las manos a la cabeza, os lo quiero dejar claro: que no os gusten ciertas novelas es algo respetable. A mí hay ciertos clásicos que no me gustan (véase Jane Austen, autora que es superior a todas mis fuerzas, pero a la que respeto) y no pasa nada. Nadie me pone una pistola en la cabeza para que me gusten. Otra cosa es que yo reconozca que, desde el punto de vista literario (la literatura como ARTE existe, os guste o no, queráis admitirlo o no), esos autores que no me gustan escriban sus obras con una calidad que ya me gustaría a mí a la mitad de la puta creación.
Pero si usáis esa limitada visión de "me aburro (YO, YO y nadie más que YO), ergo es una mierda", puede que vuestro criterio literario (desde el punto de vista estrictamente literario, analizando los aspectos OBJETIVOS de la escritura, tanto de contenido como de forma) sea, como poco, subjetivo y, por tanto, tan de fiar como las predicciones de Rappel. Y, sin embargo, todavía no me he encontrado a nadie que profese estas declaraciones de un modo que no sea categórico y sin mucho pie a discusión.

Acción trepidante, sin tregua ni pausa.
Como una montaña rusa.
¿Es esto malo? Pues solo si pretendes que TODA historia, desde El Exorcista a La Colmena, pasando por Dune o El Guardián entre el centeno tengan el mismo ritmo narrativo que Destino Final.


Ahora es cuando me soltaría alguien lo de "pero es que tengo mi opinión" y "para gustos, los colores". Pues bien, el daltonismo literario, a tenor de esto, parece ser que existe y es la hostia de frecuente. Porque una cosa es que te guste algo (a mí hay cosas que son malas de cojones que me encantan y no se me caen los anillos por reconocerlo) y otra ese nivel de talibanismo bipolar que se profesa en base a lo "divertido" que es algo. Porque por esa regla de tres, un manual de medicina (que también es literatura, literatura médica, para más señas) es una mierda porque es aburrido. Y sin embargo, puede resultar de lo más útil.

Volvamos pues, al tema del tempo narrativo.
Esto puede asemejarse bastante al tema musical del que, como ya he hablado en más de una ocasión, tengo cierta experiencia... bien por cuestiones familiares, bien por cuestiones personales. Ante eso, plantead el ritmo de una novela como el de una canción: a veces un tema te va a pedir partes más rápidas, pero no siempre será así. No caigamos en la trampa de los músicos novatos, la de "Maricón el último", donde en el momento en que no sabemos cómo salir de un fraseado, lo tocamos más rápido para que el personal lo flipe.
Si se abusa de esto, o bien si se hace solamente en los momentos en que uno no tiene ni zorra de dónde meterse, lo que da es la sensación de atropello. De torpeza. De querer salir del paso.
Un ritmo rápido, suele decir mi viejo, lo hace cualquier manta que lleva unos meses tocando.
Toca un blues BIEN tocado si tienes cojones.

Y es que, parece que no nos queremos enterar de que, tanto en música como en narrativa, el cincuenta por ciento (que se dice pronto) del ritmo es silencio. La pausa es un elemento tan importante o más que la cantidad de información que se suelta por página. Joder, que lo que estamos es creando UN MUNDO, no somos una puta guía informativa que esté escupiendo X acontecimientos por minuto. Si hay que desarrollar un trasfondo, un personaje, incluso remontarse a un pasado remoto, todavía sigo sin entender quién coño ha decidido que ya no se puede hacer. Que el que lo hace es un plasta aburrido. Que las obras de este corte no tienen por dónde cogerla.

Lo que viene a ser lo mismo: que hay que ir al concepto, sin desviarse un segundo ni andarse con preámbulos ni chorradas.
Igualito que en las pelis porno.


Por eso (y por muchos más motivos, que uno no es Shakespeare), casi se ve claro que uno no va a publicar.  
No en un corto plazo, y si lo hace, más vale ir preparándose para el aluvión de hostias porque ya lo vemos venir: "No me interesa conocer el trasfondo de los personajes, que me aburro mucho". "No me cuentes cómo funciona ese Universo que te has pegado años para concebir, porque yo lo que quiero es que pasen cosas". "Vamos, vamos, vamos, que la lectura es una tarea en la que no se puede estar perdiendo el tiempo en cosas insustanciales".

Y qué queréis que os diga. Llega un punto en que, viendo tal nivel de tiranía y de "porqueyolodiguismo", casi que da igual. Los autores podemos debernos a nuestro público (es cierto), pero no nos engañemos ni caigamos en demagogia barata: también (y, desde mi punto de vista, añadiría que "ante todo") escribimos para nosotros mismos, porque nos gusta. Contamos historias que llevamos dentro, historias que nos satisface contar.
Si dos millones de humanoides no se la menean con ellas, es cuestión de sentido común (o de que te importe todo un huevo) para pensar que cada uno con sus movidas, que es de lo más respetable.
Pero a mí no me gusta que me venga nadie exigiendo que escriba sobre tal tema, o que use tal técnica narrativa más cool, del mismo modo que yo no le exijo a nadie que me lea a mí, o que alabe mis obras si no le gustan, faltaría más. Uno no es mejor ni peor que los demás, y ya tiene asumido que en este mundo de asco, ver tu libro en una librería no significa absolutamente nada: sabes que mucha gente que te mete pasones como escritor publica... pero también mucha otra que, admitámoslo, no son la hostia. Ni siquiera son buenas. Muchos de ellos no son más que un puñado de fanboys que, en un momento dado, se han sabido subir al carro y le han dado a la gente la carne que quieren.
Llamadme borde, pero eso para mí no convierte a nadie en escritor. No en uno decente, al menos. Simplemente en una persona que ha tenido la potra de seguir la moda de turno, ser uno más con la corriente, y que se las ha apañado para meter la cabeza.
Para mí el Escritor, con mayúsculas, es el que tiene los huevazos de arriesgar, experimentar y hacer lo que le sale del culo sin estar pendiente al "qué dirán" o al temita/estilito que está de moda y que hace que el fandom se pajee de gusto hasta quedarse seco. El que tiene una historia alojada en las tripas y no para de currar como un cabrón hasta que eso ha quedado como Dios manda. Sin autojustificaciones, sin la demagogia barata de "yo me debo a mi público". Sin chorradas.
Hostias, haces lo que te gusta y si al público le gusta, de puta madre. Si no es un puñetero fenómeno de masas a escala mundial, no pasa nada... Que parece que ahora, si no contentas a diez millones de personas, eres una mierda.


Y es que en esta puta cultura pop de masas descerebradas se asume que si no te siguen doscientos millones de personas en todo el mundo, que si no te hacen pelis en menos de tres años de haber publicado tu libro, y si no hay todo un mercado de chapitas y gorras con el nombre de tu novela, ya no eres bueno.
Y quiero dejarlo claro: una cosa no tiene nada que ver con la otra. Hay best-sellers que han merecido su puesto en las listas de ventas, y otros que lo único que han tenido detrás para lograrlo ha sido una campaña de marketing bestial.
La calidad literaria va por otro lado, y no tiene absolutamente nada que ver con la falacia de "Si mucha gente lo ha comprado, es porque es bueno".
Pensad en esto: hasta la Tamara mala (aka Yurena, sí, esa de la que nos cachondeamos de lo lindo con lo del "No cambié") en su día fue número uno en las listas de ventas.

Por todo esto, lo digo y lo mantengo: al que me venga en plan tirano, exigiéndome como un niño malcriado que le dé lo que demanda, bajo la soterrada amenaza de bombardearme con críticas destructivas (habiendo cosas en mi forma de escribir que de por sí son criticables, las cosas como son), más le vale tener claro que aquí no se cede a ese tipo de extorsiones, y que uno ante todo también tiene sus gustos (que no sólo valen los de los lectores; los autores también son personas y tienen sus propios criterios, joder; a ver si dejamos de tratarlos ya como meras máquinas de churros con ojos y espabilamos de una vez). Así que, de antemano, le digo a esos emperadorcillos y reyes de la pataleta que berrean cuando ven algo que no es igualito a lo que hace todo Cristo una frase muy sencillita: ya saben dónde tiene la puta puerta.

4 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Pues en general yo sólo le pido a una historia que sea efectiva para lo que es su género o tema. No suele importarme CÓMO lo haga. Por suerte, todavía no he desarrollado un déficit de atención por culpa de la tecnología moderna :-D Y lo mismo trato de ofrecer a mis lectores. No me da miedo tratar de innovar, porque a veces uno no sabe lo que quiere hasta que lo tiene delante.

Rumbo a la Distopía dijo...

Estoy de acuerdo contigo, como la mayoría de las veces:ese es precisamente el miedo que le da a muchos escritores que escriben única y exclusivamente para contentar al público, antes de escribir lo que quieren: el de no innovar, vayan a perder lectores y el de darles única y exclusivamente lo que piden. El de no dar ni una sorpresa a un fandom que cada día está más acostumbrado a que el autor esté pendiente a satisfacer sus deseos...

Y ojo, insisto: que un autor se deba a su público y que escriba literatura comercial es de lo más respetable (incluso necesario, ya que no todo debe ser obligatoriamente literatura de autor o "intelectualmente elevada"). Lo que es discutible es aquel que SOLO escribe para vender y que está más obsesionado en el número de lectores que en ofrecer un material de calidad...

Nieves Delgado dijo...

Estoy de acuerdo con el planteamiento general; un escritor ha de gustarse primero a sí mismo (lo que escribe, claro) y eso ya generará de por sí, con algo de suerte, un grupo de seguidores.

Que no volverá a surgir un Philip K. Dick, eso está bastante claro; el tío era un puto genio. Pero sí hay autores contemporáneos que se atreven a romper reglas y a pasar de las modas, como Foster Wallace, que a mí me parece uno de los grandes de la literatura moderna.

Por otra parte, el argumento de "eso no me gusta porque me aburre", a lo mejor no es tan superficial como te parece. A mí, por ejemplo, El señor de los anillos no me gusta y... sí, me aburre un huevo; ¿pero por qué me aburre? pues porque los personajes me parecen completamente planos y maniqueos, la narración es todo lo épica que quieras pero a mí me resulta cargante, y el argumento es de lo más previsible que he leído desde La Cenicienta; los buenos ganan y los malos pierden, yatá. Cuando uno se aburre con una novela, no siempre es porque "no pasen cosas", a veces hay motivos mucho más elaborados.

Por cierto, me gustaría leer algo de lo que has escrito tú, ¿donde lo podría conseguir?

Rumbo a la Distopía dijo...

Hola, Nieves!

Lo primero, gracias por tu aporte. Como decimos, una cosa es que algo nos aburra (puedo entender que Tolkien aburra, y no me parece descabellado, aunque no me aburriese a mí en su momento)... el problema está cuando se usa eso como argumento para poner en duda la calidad literaria, equiparando "entretenimiento" con "calidad" (para mí esto es un argumento falaz).

En cuanto a lo que mencionas sobre mis escritos... pues de momento soy otro más de esos escritorzuelos sin publicar. Lo único que está a disposición del público está en este mismo blog, en la sección "El Gusano Interior". Son los seis primeros capítulos de mi novela. Los vas a ver un poco cutres en cuanto a forma, pero es que es la versión sin pulir (la buena está pendiente de valoración, crucemos los dedos).

En el post más reciente están los enlaces a todos esos capítulos, sin que tengas que andar de un post a otro ;)