domingo, 28 de octubre de 2012

Escupiendo Rabia- Mundofandom



En previas entregas de este blog hemos ido despotricando contra todo aquello que (según nuestra creencia personal, y solo según esta) consideramos está destruyendo la industria literaria poco a poco. Hemos hablado de ese gigante que se devora a sí mismo a base de vender truños a precio de cojón y toda la industria de la gañanería que le rodea. Hemos comentado también como la autoindulgencia de muchos autores, incapaces siquiera de revisar sus propios textos, nos planta delante de las narices truños cargados de incorrecciones, faltas de ortografía y otras lindezas, ante las que se justifican con argumentos tan simplistas como "Mi trabajo es escribir, no corregir".
Nadie les ha dicho que parte del trabajo consiste en escribir BIEN, no COMO SEA.

Hemos hablado también de esos reseñistas-escritores wannabe, ansiosos por hacerse un hueco en el mundillo literario, falsean análisis de otras novelas a golpe de mentiras y peloteos varios, escudándose en una excusa tan pobre como "Es que es mi opinión"... pero una opinión puede ser una mentira como un castillo, soltada con premeditación y alevosía, y ante eso parece que nadie dice nada.
Es más, queda chuliguai, porque expresarse es un derecho y todas esas cosas que quedan fenomenal de cara a la galería.

Pero, como siempre, no hay un solo culpable; desde mi punto de vista personal, soy más de pensar que de esto tenemos la culpa TODOS, del primero al último. Por tanto, toca pegarle un repaso a otro elemento autodestructivo de este mundillo.
Amiguitos Distópicos, hoy vamos a hablar del fandom.

Lo primero que un recién llegado a este submundo de tíos raros y colgaos se podría preguntar es "¿Qué coño es eso del fandom?" Ante esto procuraremos dar una respuesta más o menos genérica. Ya se sabe que luego cada uno es hijo de su padre y de su madre (al menos, que él sepa) y hay de todo como en botica. El plan es hablar del fandom desatado. De ese que es una puta ruina.
El fandom es básicamente la manada de fans de cualquier género/autor/corriente artística; en principio, no hay nada absolutamente malo en ser fan de algo. Todos nosotros, en mayor o menor medida lo somos...

El problema surge cuando el fanboy/fangirl pierde por completo los papeles y se talibaniza. Cuando el fan no ve más allá de sus propias napias y convierte su afición en "Una forma de vida" es cuando comienza el viaje al Reverso Tenebroso y se convierte en un auténtico tirano.
Puede pareceros exagerado, pero echad un vistazo a vuestro alrededor: pasaos por foros literarios, de cómics o de películas. Yo mismo lo he hecho alguna vez (aunque no he llegado a registrarme), gracias a hilos que me han pasado y demás, y digamos que el panorama es absolutamente desolador: gente perdiendo, ya no sólo la objetividad a la hora de hablar de algo, sino el respeto por cualquier opinión que contradiga su Credo Fan. Si el fulano en cuestión es un fan de Tim Burton, ni se te ocurra decirle que hace tiempo que te dejaron de gustar sus pelis, porque te crucifica, macho: ya puedes soltarle una tesis sobre cine o pasarle una declaración jurada firmada por el puño y letra del propio Tim, que te soltará las dos clásicas frases que todo fanboy/girl tiene insertadas en su ADN:

Frase 1: "¿Pero cómo puedes decir eso?"
Frase 2: "No tienes ni puta idea de lo que estás hablando".


La expresión de sus rostros suele ser tal que así.
Algunos incluso lanzan espurreíllos de baba al gritar, y todo.

Da igual que a lo mejor el que les está contradiciendo pueda tener tanta idea o incluso más que él de cine en general (no solo de Tim Burton, por supuesto... hay más directores e infinidad de películas más). Da igual todo, porque el fanboy desatado sólo distingue entre amigos y enemigos. Y casualmente, resulta que todos sus amigos son fans de lo mismo que él, y sus enemigos, los que le llevan la contra.

Esta especie desatada y talibánica de fans es la clase de criaturas que, por las buenas son muy buenos (o sea, cuando les das la razón como a los tontos), pero por las malas son fieras corrupias. No distinguen. No tienen piedad. Son de los que pasan de esa actitud de fingido respeto a lanzar pedradas a diestro y siniestro y no parar hasta aplastar a los Enemigos de la Verdadera Fe. Olvídate de razonar con ellos, porque no se puede tratar con semejantes amigos del Pensamiento Único. Si tienes suerte, serán de los que te ignoren de por vida. Si no, eres carne de aporreo verbal. Porque solo ellos merecen respeto. Los demás son unos mierdas.

Esto lo hemos vivido en toda clase de movimientos, porque todo movimiento tiene víctimas; anda que no hemos visto al jebi descerebrao que da mal nombre a toda una cultura musical: ese fulano (o fulana, que en esto del rebaño humano no se discrimina) que se siente con la superioridad moral para mirar por encima del hombro a todo bicho viviente que no escucha la misma música que ellos; o si lo hace, le mira igualmente porque no lo va demostrando. Porque por lo visto para ser jebi, rapero o fan de la Polka Húngara tienes que llevar toda la parafernalia al uso como si fueras un puto stand de merchandising con patas. Tienes que convertir tu puto gusto personal en todo un sistema de creencias e ir evangelizando a los que no comparten tus gustos.
En plan cruzado.
Porque lo nuestro mola más que lo de los demás, que son todos una panda de subnormales.

El fandom suele ir de pacífico, pero no nos engañemos, amiguitos, que cuando hablamos de gente extremista, ese pacifismo suele ser más de boquilla que de otra cosa. Son de los de crear camarillas de lameculos y chupapollas de tal o cual señor, y automáticamente buscar enemigos en algún autor rival, o simplemente en alguien que haga algo más o menos similar y al que ellos identifiquen como El Enemigo. A partir de ahí los fans se dividen en dos subgrupos bien diferenciados: los que alaban a A y los que beben los vientos por B, sin pararse a pensar que haya gente a las que les pueda gustar ambos, o bien que no les guste ninguno de los dos. No, eso no entra en la mollera del fanboy. A por un lado, B por otro, y punto pelota.
A veces es el propio fandom el que usa la política de patio de colegio y acrecenta el odio mutuo, con comentarios del tipo "Tío tío tío mira lo que ha dicho A", asociándolo sin ningún tipo de duda a un ataque contra A. Los fans de éste, que no son menos, cargan las tintas y se cagan en la puta madre de B, provocando un ataque mutuo que se alimenta a sí mismo, llegando a cotas absurdas de cojones.


"Po po po, mira lo que ha dishooooo"
"¡¡¡A que te meto!!!"

Otras veces, el fanboy suele ir de generalista por la vida, lo que tampoco es una mejora: el fanboy genérico es el de los que se obsesiona en un género concreto (o un tipo de música, o de pelis, o lo que sea) y no se sale de ahí ni con agua hirviendo. Esto ocasiona, claro está, que de vez en cuando se tope con mierdas del tamaño del sombrero de un picador: si te pegas viendo pelis del oeste y no ves otra cosa, acabarás dando con truñazos como Rápida y Mortal o cualquier spaghetti-western de decimoquinta división. Es en ese momento cuando una persona, llegada a ese punto, dice "Vale, el género me gustará, pero lo que me he tragado no tiene por donde cogerlo". No pasa nada, incluso puede gustarte, pero reconoces que es una bazofia de las gordas. No todo lo que nos gusta tiene por qué ser buenísimo.
El fanboy no piensa así.
Según su mentalidad, todo lo que a él le gusta es bestialmente bueno, del mismo modo que lo que no le gusta es una mierda; partiendo de esa base, y haciendo gala de una objetividad que sólo podría medirse en términos negativos, te dirá que no, que en el género que a él le gusta no hay nada malo. Si se pone a leer novelas de zombis, te soltará con orgullo que se ha pillado toda la burrada que se ha venido (sobre)publicando en los últimos años y negará de manera tajante que alguna de las novelas sea mala. Pese a haberse leído casi medio centenar, y no haber salido del subgénero.

"Entretiene, ergo es bueno". De ahí no le saques, porque ese es su único argumento para hablarte de genios, obras maestras y referentes literarios difícilmente superados en cuarenta años, como poco.
Ya hemos hablado de esto antes.

Lo más descojonante no es eso; aquí cada uno puede meterse entre pecho y espalda lo que le salga del cirulo, que no pasa nada. El problema radica cuando esa persona convierte su puta afición en algo de lo que enorgullecerse e ir dando el coñazo a todo el que le rodea con ello, acusándole de "ignorante" y de otras lindezas por el estilo. Luego, si un día te hartas de tanto insulto soterrado y le mandas a tomar por donde amargan los pepinos, se te encojona y lloriquea diciendo que no le respetas.
Y tú te has pegado lo más grande aguantándolo, a él y a su puto pensamiento. Y si no lo has mandado a freír monas antes, ha sido precisamente por respeto.
Nah, eso no se ve. El fandom no ve más allá de eso.
O estás con él o contra él.

Son esa clase de seres coherentes que te pueden defender a tal autor con la excusa de "Le siguen millones de personas en todo el mundo", pero que luego se ríen de la música comercial, tildando de ridícula la música que pueden hacer señores como Bisbal o Ricky Martin y acusando de gilipollas a todos aquellos que la consumen.
Es ridículo porque no les gusta; para todo lo demás, el beneplácito de la masa es ley imperante de calidad, dónde va a parar.


Ojo, que esta sociedad de hipócritas es bipolar, y tenemos también el caso opuesto, que es el que va de intelectual por la vida y te criminaliza cualquier novela que sea un best-seller, porque todo lo que vende es mierda.
El caso es despotricar.

Ahora supongo que os preguntaréis por qué estos especímenes forman parte de esa destrucción del mundo literario, que es a lo que me estoy refiriendo con más hincapié. Mi aseveración no está infundada y, a diferencia del fanboy medio, me gusta argumentar y respaldar mis hipótesis con un mínimo de solidez. De ahí la longitud eterna de mis posts. Así que, vamos allá:

1. El factor pelota: El fanboy/fangirl medio, como ya he mencionado arriba, a menudo no es solo un fan y ya está. En el mundo literario, el fandom que forma camarillas de alabanza extrema suelen ser otros autores-wannabe que intentan hacerse un huequecillo en este mundo de víboras. Este especimen suele considerar que el fin justifica los medios, por lo que piensan que nada como arrimarse a tal o a cual, chuparle la polla hasta que se le quede seca y encumbrarlo hasta la puta estratosfera. El fanboy-escritor-wannabe es del que toma un objetivo y lo pone a la altura de Shakespeare si hace falta. Del que escribe reseñas sobre novelas y parece que se ha leído un clásico Universal de la literatura. Así, a pelo y sin más razones que apoyen tesis de este tipo que "Es que me ha gustado mucho".
Y punto pelota, nunca mejor dicho.

Estos fulanitos son de esos que, con un exceso de morro que podría desafiar a toda genética conocida, son de los que se van aprovechando de esa supuesta "amistad" con el autor al que han elegido como amigo-víctima para luego pedir favorcetes, tales como "Cuenta conmigo para tal antología" o cosas similares. Porque, si bien se dice que en el arte no eres nada sin un padrino, estos lo toman al pie de la letra y se buscan a uno, aunque este no tenga la más mínima intención de apadrinar a nadie.
"Te he elegido a ti y no te podrás deshacer de mí".

Habrá a quien le encante tener un séquito lamiéndole el ojal todo el santo día.
A mí estas cosas me recuerdan a Misery.


2. El factor devaluación: Este factor está íntimamente relacionado con el anterior, y podría decirse que es incluso su consecuencia lógica. ¿Cómo?
Sencillo, cuando se empiezan formar estas camarillas de pelotas, lo que encontramos es gente que rodea a un autor y que se dedica a ensalzar absolutamente todo cuanto haga, lo que conlleva que, si este autor no espabila, se pueda volver muy indulgente hacia sí mismo porque "se debe a los fans". Los fans, que se comen cualquier cosa que perpetre el autor (aunque si lo hiciera otro lo pondrían a caer de un puto burro), lo tacharán de obra maestra, de genialidad y de clásico indiscutible.
Vedlo con Tim Burton, por mantener el ejemplo de arriba: el muy cabrón te perpetra verdaderas mamarrachadas como Alicia y el corrillo de pelotas se la menea de gusto, aunque eso se parezca tanto a Lewis Carroll (obra que supuestamente está adaptando) como Colegialas Húmedas y Calientes a Pokémon: La Película.
Los fans descocados nos sueltan que es una versión personal, que mejora al libro y veinte mil polladas más, que lo único que hacen es un flaco favor a un artista. Porque si un artista la caga, el verdadero amigo, el verdadero admirador es el que quiere que ese artista mejore. Se va para él y le dice "Mira, creo que esto ha sido un error". Eso NO es malo. Es la crítica constructiva que invita a alguien a mejorar.
Lo que es destructivo es el peloteo indebido, donde se argumenta que todo lo que haga alguien es mejor que lo anterior, que es insuperable y demás chorradas.
Si el autor se debe a su público, siempre tiene que mantener un mínimo de objetividad y no dejarse intoxicar por las alabanzas, porque no hacen bien a nadie.

Este factor devaluación tiene todavía efectos más brutales, cuando el fanboy genérico se lía la manta a la cabeza y declara que TODO lo que salga referente a tal o cual género es la hostia untada en mostaza. Llega un momento en que el desatado de turno pierde por completo el criterio y ya te habla de maravillas antes incluso de que se lleguen a publicar.
"Es que es de zombis, así que estará de puta madre"
"Es que salen vampiros románticos"
"Es de la Guerra Civil, fijo que está bien"

Es entonces cuando el fanboy se convierte en un zombi, se come de lo que le echan y se traga cualquier mierda, alabándola. Son de esos coleccionistas que presumen de haberse comprado absolutamente todo lo que se ha publicado de tal género o incluso tal editorial (¿?).
Cantidad por encima de calidad.
Y no es uno, ni dos. Son MUCHOS, y son de los que provocan que las editoriales o los artistas acaben por ceder y empezar a soltar carnaza a la masa. Da igual que esa carnaza sea buena, normalita o una auténtica mierda, porque ellos se van a contentar. Lo van a flipar. Incluso lo van a exigir. Y a ellos les importará tres cojones que lo que les estén metiendo sea un clásico o una mediocridad. El zombi, sin criterio alguno, va a ponerse la gorra con la chapita de "soy fan", alucinará en colores y se masturbará con lo primero que le suelten. No contento con eso, irá de experto por la vida, será incapaz de ver cualquier cosa que cuestione o contradiga su Credo y se rodeará de un puñado de amiguitos que, sumidos en ese Pensamiento Único, se dedicarán a apedrear a todo desgraciado que se les ponga por delante.
En rollo pandillita, y si pueden ser varios contra uno, pues mejor.

"Pichagorda19 dice que se aburrió con el último de Harry Potter"
"Pues le vamos a meter una que se va a cagar. Ese hijoputa no volverá a abrir la boca en su puñetera vida"


Así pasa, que luego hablar sobre libros o cine en cualquier sitio público (véase Internet, donde prima el anonimato), tenemos que echarle más cojones que a meternos en el ala de los Ultra Sur y gritar "Visca Catalunya", porque te pueden matar. Y no porque sus razonamientos sean indiscutibles, sino porque la política es desprestigiar al que piensa diferente, al que no está de acuerdo con lo que se estipula. Reírse del prójimo es el arma, el insulto disimulado una herramienta de lo más utilizada.
Mundofandom es un nido de víboras, donde el personal saca lo peor de sí mismo y se convierte en un hijo de la grandísima puta, que no duda en usar sus malas artes, lanzando puñaladas traperas al que tiene al lado, soltando mentiras sobre aquellos que no son de su "bando" y otras gañanadas que hacen que se te tuerzan los cojones al enterarte.

El fandom, para que nos vayamos enterando, ese fandom desatado de talibanes extremistas y salvajes ideológicos, es un puto patio de vecinas. Una puta corrala de gente que se cree mierda y no llega ni a pedo, de guerrerillos de fin de semana que se creen que lamiendo nabos van a conseguir su sueño de publicar; de soplapollas que se piensan que saben más que nadie y que se dedican, junto a sus amiguitos, a pisotear a los que no agachan la cabeza ante su Religión.
De pobres desgraciados que, en su día, recibían tantas hostias en el patio del colegio como todos nosotros, pero que no han tenido los huevos de superarlo. En lugar de salir adelante y buscar algo con lo que llenar sus vidas (una afición), toman esa afición y la convierten en una Causa que hay que defender cueste lo que cueste.

"¡¡¡Muerte a todo lo no-frikiiiiiiiii!!!"
"Pero illo, tu madre no es friki, ¿la vas a matar?"
"No, pero es que ella cocina que te cagas"
"Am, sí, muy coherente lo tuyo"
"No me estarás llevando la contra, ¿no? ¡A que te meto una hostia, soplapollas!"
"Nonono, Dios me libre"
"¿Has dicho Dios? ¿No habrás querido decir Mercer?"
"¿Mande?"
"Mercer, tío, el de Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas."
"Emmm, sí, claro. Mercer me libre"
"Vale, bien. Ahora me voy a matar a alguien por ahí, aunque sea verbalmente"


Ante esto el autor tiene dos opciones: la primera, la que queda guai de cara a la galería. La postura de "Yo me debo a mi público", limitarse a sus cuatro fans (o cuatro mil, como siempre digo, la calidad debería ir por encima de la cantidad) y no salirse de ahí. No explorar un público diferente ni nuevas cosas, porque el fan te exigirá que seas fiel a ti mismo o te fostia vivo.
También puede pasar que lo haga, que cambie de género y tenga al fandom como una puta lapa, alabándole aunque su andadura por otro género haya sido un error, lo que conlleva a un problema de devaluación similar.

La segunda opción es que el autor esté pendiente de lo que quiere su público, pero que no se deje avasallar por él. En primer lugar, un autor (músico, escritor, etcétera) escribe para sí mismo y porque le gusta. Y si tiene la suerte, el público le elige, pero esa elección en ningún caso es un contrato. Porque se admire a un autor no se implica una obligación estricta a que éste haga lo que el fandom quiere. Porque el fandom, aunque no nos lo creamos, es mutable y perecedero, como cualquier moda que se precie. Los que hoy en día son fans de tal saga de vampiros no acaban de salir de un tanque de hibernación y estaban vivos hace diez años, probablemente siendo fans de alguna otra cosa.

Y una tercera opción es la de no tener miedo. Escribir lo que a uno le gusta, pasando como de la mierda de modas y de ganarse fans como el que colecciona chapitas de La Casera. Hacer lo que a uno le llena (siempre y cuando se mantenga en un ámbito medianamente comercial, si se tiene la intención de vender) y pasarse por el culo esa mafia de lanzaladrillos que ni siquiera representan al público con un mínimo de criterio, que es el que merece la pena tener. No al que se limita a leer y pasa de gilipolleces como formar grupitos para pelearse con otros. No es el que se dedica a chupar culos y a hacer el troll para hacerse notar.

Yo no sé otros, pero mi postura la tengo muy clara.

2 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Esto me hace recordar la vez que me peleé con algunas fans de Crepúsculo en los foros de Amazon... Uf, parecían gatas enfurecidas con las garras desenfundadas.

PD: Empiezo a pensar que tienes como una obsesión con Tim Burton. Pégale a alguien más de vez en cuando, para variar. Como Adam Sandler, que va en picado desde hace rato :-D

Rumbo a la Distopía dijo...

Jajajajaja bueno, a decir verdad he puesto a Tim no porque me reviente (hay algunas pelis suyas que me gustan), sino porque es el claro ejemplo de señor que, haga lo que haga, va a tener una legión de believers que le van a estar chupando el culo sí o sí. La lista es larga, y podrían añadirse seres como Stephen King, Bob Dylan o Bruce Springsteen, de los que parece pecado decir que a uno no le gusta, o que ha visto cosas de ellos que no le convencen ;)