viernes, 6 de abril de 2012

Escupiendo Rabia- La Guerra Moderna



Estaba yo el otro día hablando con un tipo al que me acababan de presentar, el cual mire usted por donde, resulta que vive en Alemania. Uno de esos miles que, contratado por la empresa Strügenbäjen de turno, está partiéndose los cuernos, currando para los colegas estos que parecen ser el ejemplo de Europa.

Obviando en un principio mis opiniones personales, me interesaba bastante saber qué piensa una persona que vive en el país que ahora mismo está llevando las riendas de Europa. Pensé que, tal vez, alguien que sí que conoce el tema (puesto que este tipo llevaba muchísimos años viviendo y trabajando allí) podía contarme algún punto de vista diferente; algo que entrase en defensa de un país que, cada día más, tiene políticas que están levantando mis sospechas.
Pues el asunto fue para mear y no echar gota.

Cuando se le preguntó cómo vive un país como Alemania la crisis, su respuesta fue bastante clara: "Alemania SIEMPRE vive en crisis, estén como estén". Dicho de otro modo, funcionan como hormiguitas que se ponen siempre en lo peor; de manera que, cuando las cosas van mal de verdad, a ellos les da igual porque no se sale demasiado de lo previsto: mantienen su actitud de "o curramos o nuestro país se va a la mierda" y adelante.
Esa idea no me pareció mal.
Pero no todo lo que reluce tiende a ser oro: si bien esto puede resultar admirable (y lo es), también dijo que son gente que no conocen fines de semana y que su horario de trabajo puede ser... bueno, eterno. Vas un fin de semana a currar para poner a punto alguna cosa, como algo excepcional, y te encuentras al equipo de trabajo en pleno. Incluso se hacen juntas directivas en días tales como domingos.
Esto, si nos ponemos en plan hispanófobo, nos puede parecer una maravilla. Podemos decir que así es como se salva un país, haciendo sacrificios y siendo cada día más competitivos. Y no está falto de razón.
Pero también tenemos que pensar en lo que se obtiene a cambio.

Si bien un servidor no es el más ferviente admirador de China, porque su cultura les inculca trabajar antes que vivir, Alemania no va a sufrir un doble rasero: entendemos, por supuesto, que hay que esforzarse por hacer de tu país un lugar mejor y garantizar prosperidad a la gente que nos rodea, así como a las futuras generaciones.
Pero en esto, como en todo, existen límites. Existe un término medio entre la anarquía que más de uno querría para nuestro país (con jornadas irrisorias y viviendo a tutiplén) y el rollo distópico que se impone en el momento en que un ser humano es considerado una pieza más en el engranaje.


"Cada mañana, con la precisión de seis ruedas, nosotros, millones, nos levantamos al unísono, a la misma hora y al mismo instante. Millones empezamos y terminamos de trabajar al unísono, a la misma hora. Y, fusionándonos en un único cuerpo de millones de manos, en el instante designado por las Tablas de la Ley, nos llevamos la cuchara a la boca..." (fragmento extraído de la novela Nosotros, de Evgueni Zamiatin, donde se expone una distopía -¿ficticia?- en la que la gente no suponen más que piezas reemplazables de un sistema. La foto es de Metrópolis, de Fritz Lang. Más de lo mismo)

Esta es quizás la parte más indiscutible del asunto, y es posible que veáis mucha relatividad en este planteamiento. No digo yo que no, porque yo mismo no termino de posicionarme del todo entre un extremo y otro. Decid lo que queráis, pero nunca me han gustado los extremos. Ni los derechos, ni los izquierdos, ni los de su puta madre.

Hubo otros detalles acerca de la mentalidad germánica y, más concretamente, acerca de su gobierno, que me escamaron. O mejor dicho, cosas que, tristemente, confirmaron mis sospechas.
Pensad en esto.
De todos es sabido que Alemania ahora mismo está ejerciendo como aval para que los países mediterráneos puedan pagar su deuda externa; es decir, están poniendo pelas por nosotros para que, poco a poco, podamos ir pagando la pedazo de deuda que Grecia, Italia, Portugal, Irlanda o nosotros tenemos.

Hasta aquí, podríamos decir que nos están haciendo un favor.
Sí y no.
Si bien nos puede parecer que estos tipos se están portando bien con nosotros y están dando la cara por nosotros ante Europa, no deja de ser una verdad a medias. Sí, es cierto lo del préstamo... pero también son ciertos algunos detalles que convierten esto en la más terrible de las trampas:

1) La bolsa y los mercados funcionan, en gran parte, en base a rumores. ¿Qué quiere decir esto? Que si un buen día la señora Canciller se levanta y dice que no confía en tal mercado, en cuestión de menos de 24 horas, ese mercado se hunde y al país en cuestión le dan por el mismísimo culo. Esto conlleva que la deuda se agrave y ese país esté virtualmente cogido por las pelotas.

Ya lo decían los Beastie Boys...


2) La Unión Europea no funciona de un modo democrático en absoluto: España y el resto de países de la Unión trabajan (en teoría) bajo las órdenes de Bruselas, pero es en realidad Alemania quién, apoyada por Francia, está dirigiendo la batuta de lo que se debe o no se debe hacer. Sin votos que valgan. Al estilo de un monarca absolutista... o de un gobierno totalitarista. Esas medidas que imponen pueden ser buenas, como por ejemplo, la reforma del artículo 135 de nuestra Constitución, donde se pone un límite al gasto público.
El fin es bueno.
Pensad en los medios: estamos hablando de modificar nuestra Carta Magna, que es el texto legislativo más intocable que existe en nuestra cultura. Que luego los españoles se lo salten día sí y día también es cierto... pero nadie de fuera tiene (o debería tener) derecho alguno para decirnos que la cambiemos. Ya puede tener las mejores intenciones del planeta: Alemania NO es quién para decirnos cómo tenemos que gobernar nuestro país de puertas para dentro, ni decirnos qué derechos son los que valen o los que no. Si criticamos en su día a Estados Unidos por autoerigirse la policía del mundo, Alemania está actuando como la policía de Europa. Hablamos de un país que, si dice que no le conviene el gobierno que tiene uno de sus subalternos, es capaz de deponerlo y nombrar a quien quiera a dedo, sin elecciones, tal y como se ha hecho en Italia (país al que, por cierto, tampoco es que le esté yendo mucho mejor con el tecnócrata que tienen como valido de Goldman & Sachs). Y a muchos les está pareciendo fenomenal.
Si esto es una Unión Europea democrática, como diría mi difunto abuelo, mis cojones son dos caballos de carreras.

En comparación, este tío no me parece tan malo.


3) Pongamos por un momento que esas medidas económicas que se nos imponen por cojones son beneficiosas: pues bien, la experiencia nos ha demostrado que son otra trampa.
Desde que se declaró la crisis mundial, allá por 2008, España ha obedecido sumisamente a todas esas medidas impuestas por Alemania (oficialmente Bruselas). Hemos tenido unos cuatro años para mejorar nuestra deuda externa y, si los economistas germanos son tan excelentes como nos quieren hacer creer... ¿entonces sabría alguien responder por qué no hemos conseguido mejorar una mierda? Es más, ¿alguien sabría decir por qué, en lugar de eso, aumentó?
Vámonos a Bélgica, entonces: esos tíos desobedecieron esas medidas durante el año y medio que estuvieron sin gobierno oficial (por razones constitucionales, España no tiene potestad para estar sin gobierno tanto tiempo, de manera que olvidaos de eso) y, casualmente, su deuda se redujo notablemente.
Partiendo de esa base, el principio lógico más razonable sería decir que, o bien los alemanes no tienen ni puta idea de economía (y viendo cómo les va, lo dudo enormemente), o bien se han dedicado a jodernos intencionadamente.
Llamadme paranoico, pues, pero yo me quedo con la segunda.

4) Fijaos además que aquí los amiguetes del país de las würsten no se limitan a decirnos cómo tenemos que arreglar nuestra economía: se meten en cuestiones sociales como nuestros sueldos o nuestro modo de vida, imponiendo que trabajemos más por menos sueldo.
Desde Alemania se ha llegado a decir que los sueldos españoles "son demasiado altos" y (sin informe alguno que lo avale) que "nuestras jornadas son demasiado cortas". Cuando se ha visto el tiempo que un español echa en el trabajo (nos ponemos a parir unos a otros diciendo que somos unos vagos, pero nadie se acuerda del currito que se pega 12 putas horas, de las cuales le pagan la mitad, sólo para que no le despidan) la señora Merkel no ha tenido más cojones que echarse para atrás.
De puta madre, pero ya ha abierto la boca (sin saber) y ya nos ha jodido el mercado.
Si esto no es intencionado, demostraría imbecilidad.
Y la Gorda puede ser muchas cosas, pero de imbécil no tiene absolutamente nada.

Así pasa, que mientras nosotros nos cagamos en la puta madre de nuestros políticos por las abusivas reformas laborales (y además, impuestas prácticamente por cojones, como quien dice), resulta que nadie se da cuenta de que esas reformas, vienen de fuera. Son imposiciones EXTERNAS, ¿adivináis a manos de quién? ¿Os imagináis quién se está encargando de terminar de mandar a tomar por culo nuestro estado del bienestar?

Estos dos.


A menudo se ha dicho que esto es culpa de los bancos y los políticos, y no es del todo falso. Como he dicho siempre, todos tenemos nuestra parte de culpa, el pueblo incluido. Nosotros hemos sido los primeros en agachar la cabeza y creernos que somos inferiores a Alemania, cuando eso es una falacia: Grecia pudo entrar con mentiras en la UE, sí... ¿Pero os creéis que fueron los únicos? ¿Nadie era consciente de que Francia y Alemania también falsearon sus informes? ¿Acaso nadie se da cuenta de que proporcionalmente hablando la deuda de Alemania también es para flipar? Por supuesto, eso no quiere decir que estén hundidos en la miseria; lo que significa es que, pese a que les va bien y pese a que son los que mejor están en Europa, no están tan bien como nos quieren hacer creer. Si no, ¿qué coño hacen llevándose ingenieros, médicos y hasta reponedores de supermercado de media Europa? ¿Qué necesidad tendrían de hacerlo si fuesen tan buenos en todo y si tan perfecta es su economía?
No hablemos de recortes sociales y demás mierdas que mandan el sueño germano a tomar por saco: Alemania fue la primera nación de Europa en implantar los microjobs en los cuales nos estamos cagando ahora. Si os vais a la Alemania del Este veréis unas desigualdades sociales de flipar.
Pero claro, cuando nuestro estado del bienestar se termine de ir al carajo, diremos que esto es España. Que lo que se hace aquí no se hace en ninguna parte. Que si tal que si cual.
Pues mirad bien.

Estos puntos arriba mencionados lo que dan que pensar es que lo que tenemos no es gente que nos esté haciendo un favor realmente: de cara a la galería queda guai eso de soltarnos pasta para que nos recuperemos... pero, si por debajo de eso vemos la constante costumbre de joder nuestro mercado (véase la que liaron con nuestro comercio de agricultura, y ahora abriendo el paso a Marruecos para que comercie con Europa), lo que tenemos es gentuza que a lo que se está dedicando es a sabotearnos.
Dicho de otro modo, lo que tenemos es un vecino que nos presta pasta para pintar una verja, pero que cuando cae la noche, llega, nos la quema y nos pide que devolvamos lo prestado con los intereses que ellos digan. Si podemos pagarlo, genial; si no, tenemos que decirle a nuestros hijos que no tienen paga y pedirle a nuestra mujer que se abra de patas por 20 pavos para poder cubrir lo que debemos.

Esto del préstamo con intereses ya se hacía antiguamente: se llamaba usura y estaba penado con la excomunión. Se ve que hoy en día mola bastante más, porque está permitido e incluso bien visto...


Esta técnica de matonismo económico, de prepotencia y chulería de mafioso de poca monta, lo que deja de manifiesto es un detalle: el concepto de guerra ha dado un giro de 180 grados, tal y como lo dio en la Segunda Guerra Mundial con el concepto del blitzkrieg, los campos de concentración y las matanzas de civiles en las calles. Ahora una guerra se puede hacer sin tanques y sin armas. La guerra se ha convertido en un concepto económico y no militarizado, donde un país no necesita bombardear la capital del otro; simplemente tiene que joderle el mercado y exprimir la poca industria que tenga hasta convertirlo en un lacayo. Hasta minar su dignidad.
Y es ahí cuando se producen las invasiones. Cuando se envían a los Josés Bonaparte a gobernar un país, sin que haya habido un proceso democrático. Sin que la opinión del pueblo cuente una mierda... porque a partir de ahora, el pueblo se convierte en una masa de esclavos. De engranajes que potenciarán la economía de la metrópolis, haciendo que la economía del propio país, la colonia, se reduzca cada vez más.

Lo vemos día a día: desesperados por no encontrar empleo, huimos. Marchamos para trabajar, a menudo, en países donde los fuertes son cada día más fuertes. Donde aprovechan nuestra materia prima (nuestros licenciados que, para sorpresa de mucho hispanófobo, están bastante mejor preparados que en muchos países de Europa) para potenciar su industria todavía más.
Estamos hablando de gente que se aprovecha de los débiles y de la situación de corrupción de países como los Mediterráneos para ponerles el pie en el cuello y evitar que tengan la más mínima oportunidad de desarrollarse: si no es jodiendo el mercado, se emplean directamente medidas de sabotaje descarado, ante las cuales nadie se atreve a decir ni media palabra porque oiga, son los que mandan.

"Y a callar todo Cristo".

En esta guerra queremos convertirnos en simpatizantes del Imperio, aliarnos con los poderosos. Porque mola estar en el bando ganador, ¿verdad? Pero lo que somos incapaces de admitir es que los que gobiernan el cotarro no tienen el más mínimo interés en ello. No cuando cada día más esto se está convirtiendo en una distopía autárquica, y amigos: en la autarquía, cuantos menos estén arriba, mejor.

La invasión comenzó en 2008 y por ahora están ganando. ¿Por qué? ¿Qué hemos hecho nosotros?
El gilipollas, es lo que hemos hecho.
En post anteriores ya he contado la manía que tenemos de agacharnos, bajarnos los pantalones y decir "Sí, bwana, más fuerte, bwana" cuando nos meten el rabo hasta los riñones.
Pero todavía voy a más: si bien Alemania es de todo menos inocente, nosotros no nos quedamos atrás. Sí, nosotros, ese país cainita que todavía se hace pajas mentales pensando en lo malo malísimo que es el gobernante que tenemos ahora y lo chulipiruli que era el anterior (del que nadie se acuerda cuando lo ponían a caer de un burro cuando la crisis, por cierto). Con esta actitud de apuñaladores por la espalda profesionales, pensando en rojos y fachas, en sociatas y peperos y en la puta madre que los parió a todos, a lo que nos dedicamos es a vivir en nuestro País de las Maravillas personal, pensando que es que el gobierno es malo malísimo y nos impone esta mierda por gusto.
Los cojones, nos la impone porque esta mierda viene de arriba. Que luego sean unos corruptos que se merecen dos hostias bien dadas en la boca (o más de dos, y en otros sitios más allá de la boca) va aparte. Aunque fueran los tíos más honrados del planeta, tendrían que imponer estas medidas porque ellos no son los que están mandando en nuestros países. Ya os lo podéis quitar de la cabeza.
O bien conservadlo y seguid pensando en un país de indios y vaqueros, que es lo que os mola. Seguid viviendo en la puta Guerra Civil de los cojones y buscad enemigos en cada esquina. Quemad al que no piensa como vosotros. Quemad al que vota a otro. Que mientras nos la meten por el culo, nos roigamos los intestinos.
Lo que no vayáis a hacer, os vaya a dar una hernia en un huevo, es uniros por encima de las diferencias de credo y dejar claro que España es un país que no debe rendirse ante el ataque de este Cuarto Reich. Seguid cagándoos en la puta madre del de al lado. Coged el dinero y corred. Vivid por encima de vuestras posibilidades y, cuando las cosas se pongan feas, cargadle el muerto a otro. Seguid con la política de votos tradicionales, votos-castigo y demás gilipolleces, que nos han ido fenomenal a todos. O si no, dedicaos a hacer caso a los listos de los sindicatos, que son los que convocan huelgas generales cuando está todo ya pactado, mascado, envasado al vacío y etiquetado. Seguid, seguid todos enarbolando las banderas que mejor os sientan, lanzad vuestros lemas al unísono. Buscad enemigos a los que lanzar a la picota, como si por ello ya fuésemos todos un poquito más libres, mejores personas, o como si así pudiésemos dar sentido a nuestra patética y miserable existencia.

Algo en este plan, pero sin necesidad de hostias.

Pero el día en que nuestro país se termine de ir a tomar por culo, no me vengáis con la cantina de lloricas y perdedores de "Mira lo que nos han hecho". "Qué pobrecitos que somos". "Nos han hundido en la miseria".

No me jodáis, porque lo visteis de venir.
Lo vimos todos.
Pero al propio país no quiere apoyarlo nadie (decimos que el gobierno, que es cierto; pero tampoco se ve mucho interés por parte de un país que se niega a leer libros escritos por autores españoles porque "seguro que es una mierda" o ver películas españolas "porque eso será como Pajares, fijo"); que le den, que eso es de fachas, de pringaos y de reaccionarios.
Mejor lamedle el culo a los que nos tratan como sus putos esclavos, que nos va a ir de puta madre, dónde va a parar.

2 comentarios:

Isi G. dijo...

Como diría mi madre en estos casos: "unos por otros y la casa por barrer".

Un buen post, puto, como siempre.

Saludos!!

Rumbo a la Distopía dijo...

Gracias, Miss Poupée! En ello estamos... la verdad es que tengo más que agradecer al tío que dio origen a este post por la información aportada y por la conversdación que otra cosa :D