martes, 17 de abril de 2012

Escupiendo Rabia- Don Emmanuel Goldstein I



Lo dije en su momento, cuando lo de los controladores aéreos.
Lo repetí cuando se lió contra Lucía Etxeberría.
Lo he mencionado mil veces en este blog, con posts que quizás algunos recordéis, como "El País de los Bocachanclas" o "La política del despelleje". Incluso "Emmanuel Goldstein existe".
En su momento dijísteis que ole mis huevos, que qué grandes verdades. Que se podía decir más alto pero no más claro.

¿Y qué me encuentro?
Que lo mismo que os entra por un oído os sale por el otro.
Ya habéis vuelto a la picota. Al apedreo colectivo. Al lanzamiento de lechugas.
Quizás alguno recuerde lo que dije en su momento al respecto. Que me daba igual quién fuese. Que en el momento en que el personal se sumase al carro de lanzar las lechugas podridas, yo iba a pasar. Yo a eso de "Hoy mola putear a quién sea" no juego, por mucha razón que haya al respecto... o se pretenda que haya.

Esta vez le ha tocado al Rey.
Aquí más de uno puede pensar que criticar esta actitud de pueblo encojonado, de antorchas en mano y de horcas de trinchar heno al viento es defender a la Monarquía a ultranza.
Falacia: Si no estás de acuerdo con A/critcas A es que apoyas incondicionalmente a B.
Me meo sobre las falacias. Que en mi casa hayamos vivido en un ambiente monárquico no quiere decir EN NINGÚN CASO que se defienda TODO cuanto hace el rey. Un rey es un ser humano (no un Dios, ni mucho menos un demonio parido por el franquismo, como muchos intentan hacer que piense por cojones), y como humano, comete errores. Mete la pata. Incluso puede llevar a cabo acciones de dudosa calidad moral. ¿Voy a defender a un señor que no me da de comer? Pues va a ser que no.
Pero, usando el principio contrario, ¿porque no me da de comer, voy a sumarme a esa política de hacer leña del árbol caído y me voy a dedicar a esperar a que cometa cualquier error para pedir su cabeza?
Conmigo no contéis.

Lanzamiento de ladrillos en tres, dos, uno...
(Pie de página especialmente pensado para aquellos que creéis que 1984 es el libro profético por definición)

Y es que el asunto no está en ser republicano o monárquico, amiguitos distópicos. Lo que os digo siempre, por mí si pensáis que lo mejor es que nos gobierne una foca con un turbante. Este es un país libre y tenéis libertad de expresión para pensar que tal o cual sistema es mejor que otro.
Pero no me hagáis comulgar con ruedas de molino, porque ando un poco harto ya de conceptos cainitas, donde parece ser que si no enarbolas la bandera republicana ya no molas. Porque si piensas que una monarquía puede tener puntos a favor ya eres partidario de un sistema monstruoso, que aboga por la derogación de los derechos civiles. Que eres (me encanta este argumento) un firme defensor del franquismo.
Sí, amigos, cuando no molas, eres adorador de Paco. Lo mismo que, cuando no apoyabas al Papa en la Edad Media eras un hereje y merecías el Infierno.

En este asunto, como en todo, he visto posturas de lo más coherentes (de hecho, algunos amigos míos que abogan por un sistema republicano me dan motivos y razones que, si bien no comparto del todo, resultan razonados y coherentes), pero también he visto un talibanismo totalmente inaceptable. De escuchar auténticas burradas por parte que, pudiendo apoyar un sistema tan respetable como la República, más bien por lo que abogan es por cortarle la cabeza (aunque sea metafóricamente) al Jefe de Estado, como si esa fuera la única solución a nuestros problemas.
Y gente así pide respeto para sí mismos, ole sus cojones.

Hay crisis: se soluciona cortándole el grifo al Rey, porque todos sabemos que se lleva el 90% de los Presupuestos Generales del Estado y toda la corrupción, la especulación, la administración duplicada, los sueldazos políticos que son incompatibles pero que resultan cobrarse igualmente, y el sinfín de choriceo y estafas que hemos tenido en este país durante los últimos treinta años han sido culpa suya.
Alemania nos pone la soga en el cuello para que recortemos de donde sea: la culpa es del Rey.
Tenemos corrupción: esto no pasaría en una República, porque absolutamente todos los políticos serían superdecentes y honrados.
La calidad del semen español es inferior que la de toda Europa: es que el Rey nos desconcentra mientras estamos practicando el viejo uno-dos uno-dos con la parienta.

"Lo siento, cariño: es que he visto el Mensaje de Su Majestad por Navidad, y ya sabes; por su culpa no lo doy todo"


Mucho me temo que las cosas no son tan simples, amigos: en el momento en que instauremos una República (en el hipotético caso de que así fuera, cosa que me permito dudar seriamente), no seremos más altos, ni más guapos. No desaparecerá la corrupción y los coches no volarán como en Blade Runner. Molaría mucho tener robots en casa que nos hiciesen las tareas y ordenadores superinteligentes que nos hicieran la declaración de la renta... pero las utopías no existen y, al paso que vamos, mucho me temo que no existirán ni de puta coña.
Porque, por mucho que nos pese, nuestros problemas como país no dependen de que tengamos a un señor en el trono por herencia, o que éste haya sido elegido. Ojalá, pero no.
Quitaos de la cabeza esa idea, porque esto no es una cuestión de gobierno: si una república fuese mala por definición, no habría monarcas en Suecia o Dinamarca. Y si una república fuese buena por definición... ¿alguien puede explicarme qué coño pasa en Venezuela o Italia?
Del mismo modo hay monarquías que no terminan de funcionar (a mí el caso británico no termina de convencerme) o repúblicas cuyo papel es más que discutible. Pongo el caso de Francia, que el señor Cosnava ha tenido la amabilidad de permitirme usar como base documental (pero sólo documental) para este post:

"Un Rey-Presidente, siguiendo el ejemplo de la República Francesa, designa al Primer Ministro aunque no tenga la mayoría en el Parlamento, puede convocar elecciones y disolver las cortes, organizar la política exterior y la interior, etc. En caso de cohabitación, es decir, que el partido del Presidente no pueda gobernar de facto por no tener mayoría de diputados, se reparten los poderes entre Presidente y oposición, quedando el Jefe de Estado centrado más en la representación en el exterior y/o repartiéndose bofetadas los unos con los otros".
(Extraído de El Blog de los Escritores Malogrados de Javier Cosnava)

Pero no es el hecho de que una república sea factible o no en nuestro país lo que motiva la creación de este post. Como podéis ver, el señor Cosnava está bastante mejor preparado que yo para eso, y si vais por su blog (http://escritormalogrado.blogspot.com.es/), podréis encontrar argumentos más sólidos que los que os pueda dar. Mi postura personal es que esto depende más de la mentalidad de la gente que viva en el país que del sistema político que haya: en un país de gañanes como España, instaura Monarquía, República o Imperio si te da la gana, que tendremos lo que tendremos. Porque parece ser que tenemos instaurado en el código genético eso del "Pilla el dinero y vuela" o el "Sálvese quien pueda". Recordadlo, nosotros inventamos la picaresca. Pícaro el rey (que lo es), pícaro el gobernante (que no lo es menos), pícaro el pueblo (que también, y mucho). Podemos asumirlo o podemos negarlo; pero buscar un blanco para nuestras iras... conmigo no va.

"¡¡¡¡Mueeeereeee cabróoooonnn!!!!"
"¿Pero qué ha hecho este tío?"
"Emmm, no sé... creo que dijo algo. Alguna cosa acerca de... ¡Bueno, no nos cae bien, y punto!"


No, yo estaba pensando en algo más profundo, más arraigado en nuestra sociedad.
Más peligroso.
Algo que está ahí, acechando entre las sombras de nuestro entramado social y que, bien lo ignoramos, bien lo aceptamos de buen grado. Pero no por ello necesariamente bueno.

Echad un vistazo a lo fácilmente que se encabrona la gente por lo que sea. Puede haber motivos, nadie dice lo contrario... lo del Rey podría encabronar, desde luego... pero puede también que la gente no necesite motivos para montar la de Dios es Cristo. Tan sólo una excusa que, circunstancialmente, sea justa o aparente serlo. Eso es suficiente para que el ser humano se convierta en un auténtico guerrillero, se sume a la Cruzada que sea, y decida machacar todo bicho viviente que no termine de cuadrar con sus románticos ideales.
¿O es que acaso pensáis que, si el Rey no se hubiera escoñado la cadera haciendo el Tarzán por la sabana africana los españolitos de a pie no hubieran buscado a otro con quien pagar la mierda que tenemos encima?
Y la pregunta es: ¿estar jodidos nos justifica?
¿Ser muchos nos da la razón en cualquier cosa que decidamos?
¿El respaldo de las masas implica automáticamente sabiduría?

Supongamos, por ejemplo, que un buen día las masas deciden creerse todo cuanto les planten por la tele. Y que ahí les digan que, por ejemplo, la tierra es plana.
"Si cuentas una mentira el tiempo suficiente, se convierte en verdad" (Goebbels)
Si todo el mundo se cree una mentira, ¿tienen razón por ser más que el que no se la cree?

Pensad en lo del puñetero elefante. Yo desde luego no voy a ser quien apoye matar a un animal a tiros, ni tengo intención alguna de apoyarlo nunca. Pero me resulta bastante fuerte que la gente se rasgue las vestiduras por una foto datada de hace varios años (2008, si la memoria no me falla) y empiecen a protestar por derechos de animales que vienen siendo cazados en Botswana desde hace años, en reservas y de modo controlado y legal. Que eso se haga, insisto, me parece una basura. Pero lleva años haciéndose y ahora es cuando nos damos cuenta. Es ahora cuando nos encabronamos. Cuando miles de animales, de esa especie y de otras, ojo (que no sólo se habrá cargado elefantes el monarca) han palmado a tiro limpio.
Esta sociedad es hipócrita y lo sabemos. Como decía un colega, si en vez de elefantes hubiesen sido niños congoleños, probablemente habrían aumentado vertiginosamente las adopciones de bebés. Si hubiesen sido pumas de la jungla sudamericana, surgirían mil Amigos del Puma de la Jungla Sudamericana de los que nadie había oído hablar.
Quizás os parezca exagerado; puede que sea mear del tiesto, y no voy a negarlo del todo. Pero antes de que ejerzáis vuestro derecho democrático a cagaros en mi puta madre o acusarme de lo que os salga de la punta del nabo, os pongo el ejemplo del Domund de cuando era pequeño para que penséis si esta idea que os planto es realmente tan absurda como parece desde el principio: recuerdo que, allá por finales de los 80, principios de los 90, había que enviar ayuda a Etiopía, lo cual estaba bien.
Luego vino Somalia y la gente se olvidó de Etiopía.
Y luego vinieron otros, y otros y otros. Nunca se ayudó realmente a nadie (sólo mirad las noticias que nos llegan del Tercer Mundo), pero nosotros al menos aliviamos un poco la conciencia ayudando a un país un año, y olvidándonos de él al siguiente. Y la gente siguió pasándolas putas, con hambrunas y enfermedades, no os vayáis a creer que no...
¿Buenos ideales? Sin duda. Nadie lo está discutiendo. Son unos ideales fantásticos.
¿Modas, a menudo pasajeras? Mucho me temo que también.

"Ni puta idea, pasando..."

Y es aquí a donde quiero ir a parar con este post. No va dedicado a defender a nadie, como ya habéis visto: el objetivo, como puede verse, consiste en demostrar que los ideales sufren modas, como el que se pone chaquetas con hombreras o escucha música disco. Y en estas modas también hay fans desatados, que las enarbolan con más pasión que nadie, con más mala hostia que cualquier otro. Seres espeluznantes que, jaleados por una jauría de perros hambrientos de sangre, de una cabeza que cortar, de un granuja al que ajusticiar, andan buscando un Emmanuel Goldstein al que odiar.
Pese a que una gran parte de la gente que protesta tiene razón (motivos no faltan), siempre encontraremos una enorme masa de gente que lo único que busca es ese sentimiento tan humano de pertenecer a un grupo. De sentirse respaldado por las masas. De ver justificadas todas y cada una de sus acciones gracias a unos ideales que, bien conocen a medias, bien no saben ni lo que son. Y esos, amigos Distópicos, esos son los tipos que son verdaderamente peligrosos: aquellos que, amparándose en el hecho de no tener nada que perder, se refugian en cualquier ideología para ser más chungos que los demás. Para gritar más alto. Para pegar más fuerte.
Es por culpa de esas cosas por las que acabamos derivando en intolerancia. En revueltas. Es por cosas como esas por las que acabamos pegándonos puñaladas traperas y llevando a la hoguera a gente a la que ni conocemos.
Y es por esa clase de cosas por las que me dan igual los ideales. Lo digo y lo mantengo: yo no pienso formar parte de esto.

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