martes, 6 de septiembre de 2011

Mis Truños Favoritos: Cowboys & Aliens, o "Esto no lo salva ni Indiana Jones"



Pues nada. Que va uno al cine con la intención de ver una peli medianamente decente. No hablo de arte y ensayo ni de tramas ultracomplejas cargadas de intelecto (ya me tragué el otro día por segunda vez a Mr. Nobody y tenía ganas de algo más divertido, o acaso de algo no tan jodidamente sesudo como esa peli). Así que me llama un colega para ir al cine y estábamos entre esa y la última de Almodóvar (señor que no me convence demasiado, pero su último título me llama la atención, nada más que por el ejercicio de huevos de meterse en una película que tiene todas las trazas de ser de terror psicológico, cosa que el manchego que yo sepa jamás ha dirigido). Por ciertos avatares del Destino, echamos un poco a suertes lo que ver y acabamos en Cowboys & Aliens.

"No es cine ultrasesudo", me digo. La premisa de la que parte no es que me llame especialmente la atención (no cuando uno se tragó en su post-adolescencia alguna que otra bazofia perpetrada por el insufrible Roland Emmerich o por el listo de Michael Bay, con marcianos a cascoporro y más efectos digitales que el cuarto de juegos de George Lucas). Pero oye, que es por echar el rato. Que la dirige el fulano que dirigió las dos primera partes de Iron Man. Miro el cartel y veo que, además de Daniel Craig (actor al que considero con cierto carisma) aparece Sam Rockwell (ya le ví en Moon y en Asfixia y me convenció en ambas películas) y Olivia Wilde que, pese a no entrar de momento en mi ranking de actrices que me impresionen especialmente, debo reconocer que me sedujo especialmente cuando la vi en House. Y, como colofón, el todopoderoso Harrison Ford. Indiana Jones. Han Solo. Este hombre no puede defraudarme.


En ese momento me olvidé de que el bueno de Harrison había protagonizado esta mierda hace tan sólo unos años.
Un grave error por mi parte.

Me despatarro en la sala de cine y empiezo a mirotear la peli. No empieza mal, la verdad: Daniel Craig hace de un fulano sin memoria que despierta en el desierto con un brazalete fashion hecho de vete a saber qué metal, pero es bueno de cojones: ni a pedradas se lo quita. Despacha (a lo Bruce Lee) a un par de pavos que se lo encuentran (todo el mundo sabe que si te pegas una siesta en mitad del desierto en el lejano oeste en el siglo XIX lo más probable es que al despertar des con un trío de tíos feos con cabelleras de indios colgando de la silla del caballo -señal inequívoca de cazadores de recompensas, oiga- dispuestos a darte matarile). Sabiendo el título, convence: cualquiera con dos dedos de frente, o bien que haya visto algún que otro programa presentado por Iker Jiménez o Jiménez del Oso sabe que aquí el amigo Bond ha sido abducido. Como digo, una premisa interesante: trasladar el tema ufológico a otra época no es para nada absurdo; no, si echas un vistazo a fenómenos misteriosos a lo largo de la historia y ves que ha habido extrañas luces en el cielo y desapariciones misteriosas durante siglos (para más señas, echad un vistazo a Desapariciones Misteriosas, escrito por Patrice Gaston o No es Humano, de Peter Kolosimo).


"Luces en el cielo en la Arizona rural del s.XIX. Hechos inexplicables para los que todavía no hemos encontrado respuesta. Inquietante"

A partir de aquí, nos olvidamos un poco del tema y nos metemos en la trama western. La ambientación, ni fu ni fa: no tiene el realismo de las películas que ha rodado Clint o las que hiciera en su día Sergio Leone, pero tampoco es una mierda redomada como Jonah Hex. Una cosita de andar por casa.
Daniel Craig, pese a no tener memoria, es más chulo que un ocho, pese a tener un rajón en el costado. Suerte que siempre te puedes meter en la casa del predicador del pueblo (interpretado por Clancy Brown, tío subestimado por Hollywood, y que creo que se merecería más de una buena oportunidad para demostrar lo que vale) y que te lo cosa. Por ahí, como quien no quiere la cosa, nos encontramos a la amiga Olivia Wilde, embutida en un vestido que recuerda poderosamente a un pijama... y con un pistolón colgando del cinturón (¿Perdón?). Aquí Juanito Favreau parece que se ha olvidado del minúsculo detallito de que, en cualquier western de medio pelo, se puede ver claramente que las mujeres tenían PROHIBIDO entrar en los saloons. Mucho menos ir por ahí con una pistola. Eso de montar a caballo a horcajadas e ir por ahí a trote por el monte ni mucho menos. No si querían vivir en el ostracismo (algo como en La Letra Escarlata, pero ciento y pico de años después. La sociedad estadounidense no evolucionó tanto a ese respecto como para ser tan modernitos. Para eso habría que esperar como otros ciento de años y pico).


Tal y como sucede en esta historia de Nathaniel Hawthorne, en aquella época (y hasta hace bien poquito), toda mujer que osase desafiar el sistema puramente patriarcal era segregada de la sociedad, y hombres y mujeres participaban en esta discriminación.

Aquí quizás es la parte que más convincente resulta, pese a los detalles arriba mencionados: rollo western, con forajido amnésico, cacique del pueblo en modo figura en la sombra, frases chulescas, hostiones en la boca y algunos tiros.
Llegamos al momento de la invasión de marras, tras unos cuarenta minutos de presentación de personajes y saber quién es quién (menos Daniel Craig, que no lo sabe ni él, y Olivia, que no sabes si es una señora respetable que va por ahí en camisón o una fulana con pistola. No queda del todo claro). Un momento interesante, porque pone de manifiesto el punto de inflexión de la peli: en mitad de la noche, luces en el cielo, confusión, casas que arden y gente que es capturada por cables que surgen de unas máquinas que sobrevuelan a los pobres cowboys. Para entendernos, es como si trasladásemos la idea de La Guerra de los Mundos a otro continente (recordad que la novela original también es del siglo XIX), un sitio menos civilizado y más duro que la Londres original.

Y hasta aquí es donde funciona la mezcla. A partir de estas líneas, el despropósito padre. AVISO: A PARTIR DE AQUÍ SE DESVELAN ELEMENTOS IMPORTANTES DE LA TRAMA. SI SOIS DE ESOS QUE TENÉIS EL ESTÓMAGO (O LOS HUEVOS) DE QUERER VER ESTA PELÍCULA PESE A QUE ESTOY ADVIRTIENDO QUE ES UNA MIERDA COMO LA COPA DE UN PINO, NO SIGAIS LEYENDO.


Después de haber abducido a medio pueblo, los valientes cowboys se reúnen y tiran hacia el norte (cómo no) para ir a salvas a sus familiares y amigos. Durante la invasión hemos visto que el brazalete fashion del amigo Daniel resulta ser un arma del carajo, que lo mismo reacciona ante la presencia de marcianos que te revienta la pared de un carro de un solo pepinazo. Con eso, más las ganas de venganza, el personal ya se siente lo bastante sobrado como para ir a buscar a los bicharracos (a los que por cierto, todavía no hemos visto explícitamente, cosa muy de agradecer)


"Con esto que tengo encajado en la muñeca, podemos darle en toda la boca a los 13290 bichos que viven tras las colinas"
"Pero oye, si es un invento de esos bichos ¿no tendrá cada uno de ellos otro igual en su muñeca?"
"¡Cállate, gilipollas o te reviento!"

Avance por el desierto y vamos conociendo a parte de la pandilla que se enrola: cosas tan insólitas como meter a un crío en el jaleo o que la propia Olivia Wilde se apunte sin que nadie se descojone (repito: es el siglo XIX) son cosas que, si bien podían pasar hasta ahora en la película(donde quedaban como algo en segundo plano), ahora vemos que, puestas de manifiesto, no terminan de cuadrarnos.
Cabalgamos un poco y vemos un barco de vapor made in Mississippi descogorciado en mitad del desierto. Esto me recordó a Encuentros en la Tercera Fase, donde se veía algo similar al principio, en el Desierto de Gobi. El personal decide instalarse ahí a causa de una tormenta y todo parece apuntar a la típica escena previa a una secuencia de acción: el chavalito se hace colegui de Harrison Ford, que le regala un cuchillo; éste, a su vez, manda a tomar por saco a su subalterno indio y deja entrever su pasado (de mierda) militar. Y, cómo no, posible escena de froti-froti entre Daniel Craig y Olivia Wilde, pero como esta peli no es para mayores de dieciocho, nos dan por saco: al niñito le ataca uno de los bicharracos que, por algún motivo, estaba dándose un voltio por la zona y ya conseguimos ver a la cosa fea. Cómo no, CGI a punta pala y un diseño, a ser posible, rebuscado y hortera para concebir a un bicho que es una mezcla entre los marcianos de Independence Day, un escarabajo pelotero, un troll y posiblemente el cuñado paleto del director.


Un alien de Independence Day.


Un escarabajo pelotero. Aunque no os lo creáis, lo que tiene debajo de sí no es un guión de Hollywood. Es una bola de estiércol.
Pero de estiércol de verdad.
Vamos, del que ha cagado un ser humano.
Bueno, estiércol orgánico, para entendernos.


Un troll.


El cuñado paleto del director.

Como no es plan de matar a la horterada con patas a la primera, los buenos le patean el culo, pero dejándolo vivo para que deje un rastro (aquí la lluvia ya no importa una mierda. El cielo es guai y la sangre verdosa deja un rastro fácil de seguir, alabado sea el señor). Y como la cosa tiene que estar igualada, predicador a tomar por culo. Habiendo cretinos en el grupo y palma el que sabe manejar una escopeta.

Encuentro posterior con bandidos que parecen sacados de Disney más que de un western (¿Ven a Olivia Wilde y lo único que hacen al verla es decir es "Y esta puta quién es"?). Nada como un hostion en toda la boca por parte de Daniel para ponerlos en su sitio (aquí nos enteramos de que ya se conocían de antes, y de que nuestro enésimo James Bond era, no sólo uno de ellos, sino su puto jefe). Pero como el tema ahora son los marcianos, la conversación acaba rapidito con una huída de medio pelo, oportunamente interrumpida por un nuevo ataque alien (aquí es cuando empiezo a pensar que el guionista usa a los bichos estos cuando no sabe qué hacer con una escena). Rollo espectacular, naves guais, tiros, explosiones y el brazalete de Craig arreando pepinazos que, para ser un arma de mano, es lo bastante destructiva como para cargarse aeronaves de una sola hostia. Genial. Escena para que los chavales flipen.


"TOOOOOOMA JEROMAAAAAA"
"¿Pero qué ha pasado? Estaba rebañando el paquete de Conguitos  un segundo y no me he enterado de dónde ha salido esa explosión"
"¿Y qué más da? ¿A que está guapa?"

En un intento fallido de secuestro, Olivia y Daniel se quedan enganchados a una nave que se mete un hostión en un lago que casualmente estaba ahí. Daniel no se mata porque es más duro que la entrepata de Nacho Vidal en mitad de un rodaje. Olivia se hace un interesante boquete en un lado (¡Joder, el mismo sitio donde le cosieron la herida a Craig!) e, indefectiblemente, palma.
O eso es lo que creemos.
Resulta que si los marcianos son oportunos, los indios surgidos de la mismísima nada lo son todavía más. No han llegado a enterrar a la moza los protagonistas cuando llegan estos tíos, los encañonan y se los llevan a su poblado, con muerta y todo (lo mejor es que debe estar la hostia de lejos, porque el ataque se produce por la mañana y llegan al poblado por la noche). A Olivia la meten en un fardo y, como sabemos lo respetuosos que son los indios con eso de los muertos, la tiran a una hoguera...

... Y Olivia renace.
Sí. Como leéis.
Aquí es donde veo yo esto y digo: "Joder, me he equivocado de película y me he metido en X-Men, porque la chavala resulta que se levanta en mitad de la hoguera envuelta en un halo de luz dorada y caminando sensual y lentamente hacia los protagonistas. Por algún motivo que no alcanzo a entender, tanto éstos como los indios no parecen estar demasiado sorprendidos; los indios, de hecho, deberían contar como un pueblo anclado en tradiciones ancestrales... y en supersticiones. Cuando veo la cara del personal ante una escena de ese calibre, da la impresión de estar pensando: "¿Me he dejado el calentador del gas abierto?"
La explicación a tan majestuoso acontecimiento es que la amiga Olivia resulta ser una marciana de otra especie, que ha venido a la tierra dispuesta a vengar la masacre de su propio pueblo. Algo como en Hidden, pero traído por los pelos. O sea, cutre de cojones.


Jean Grey levantándose de la tumba. Lleva treinta años haciéndolo. Lo siento, Olivia, si querías impresionarnos... llegas tarde.

Después de esta movida, nos enteramos del objetivo de los bichos. Gracias, Olivia, por revelar tu naturaleza pasada más de media película y callarte lo importante hasta que te han dado pasaporte. Resulta que los marcianacos estos lo que buscan es oro, ni más ni menos. Unos putos mineros que capturan a los humanos para experimentar con ellos (WTF????). Nuestra amiga nos cuenta además que no ven bien bajo la luz del sol.
Con revelaciones tales, los cowboys y los indios deciden olvidar sus diferencias personales y aliarse para darle una buena tunda a los marcianos. No importa que estén mejor armados, que tengan máquinas voladoras. Que un bicho de esos sea tan fuerte que pueda poner mirando a Cuenca al más pintado cuerpo a cuerpo. Ahí, con un par de huevos. Daniel, por su parte, se va para los bandidos y, en un despliegue de chulería barata, apela al lado más suicida y descerebrado de éstos para que sumen al show. Y lo hacen. Porque uno puede ser bandido, pero antes es un puto colgao.

Y ya tenemos a la pandilla al completo para irse a por los bichos. Llegan a lo que parece ser una nave (a mí me recordó a un juguete de cuando era crío, la Fortaleza del Doctor Muerte) y, tras un par de pepinazos de dinamita hacen salir a los bichos a la luz del día. Estos, como son listísimos, salen a la calle desorganizados, sin protecciones y sin apenas armas (descubrimos que Daniel le mangó la suya a uno de los bichos que quería experimentar con él justo antes de escaparse). La explicación ante esta soberana gilipollez es que, según Olivia, "subestiman a los humanos". Y digo yo, joder, una cosa es subestimar y otra que te vuelen el hangar y salgas a la calle desarmado...

Tiros por doquier, donde se ve que la armadura natural de los marcianos es totalmente aleatoria: a veces es tan dura que no puedes matarlos con un revólver, pero un indio puede cargárselo de un palazo en la cabeza. Otras veces, incluso pueden morir con un par de flechas (¿?). Otras veces, sin embargo, son antibalas. Notables ciertos detalles acerca de la fauna de Arizona, como el hecho de que si consigues apuñalar en el corazón a un marciano, justo cuando este cae al suelo ya tiene una nube de moscas alrededor (joder, que no está ni frío el cadáver) que no pierden la ocasión de aparecer de la nada para ver qué pueden llevarse a la trompa.


"¿Quién se ha muerto? ¿Quién se ha muerto? ¿Quién se ha muerto?"

Mientras pasan cosas tan alucinantes como esta, Daniel y Olivia han decidido darse un garbeo por el interior de la nave. El plan es sencillo: mientras el primero va a buscar a ver si los marcianos no han decidido mandar al otro barrio a los secuestrados del pueblo todavía (que nadie les garantizaba nada, por cierto), Olivia reconfigura el cacharro de éste y se lo queda (atentos a ese impresionante diálogo en que se cae el brazalete al suelo y, por si no nos hemos enterado, él nos dice "Se me ha caído". BRILLANTE). Daniel encuentra a un grupo de desmemoriados que son lo más parecido a unos lemmings, pero consigue hacerlos bajar de una torre de unos diez o doce metros de altura. Olivia desempeña la típica escena de "Cierro la puerta y me sacrifico sin que puedas hacer nada por impedirlo" y usa el brazalete-iPhone nuclear y le pega la madre de todos los pepinazos a la nave, que estaba emprendiendo ya el vuelo para largarse.

Los humanos acaban por ser todos amiguitos: Harrison Ford, hasta ahora cacique, es un tío guai. Los bandidos son tíos guais. Coño, hasta los indios se llevan de puta madre con ellos ahora. Ni Super-8 le echó tantos huevos al final. Daniel decide largarse a lo Lucky Luke y aquí termina la peli.


"Soy un coooowboy solitarioooo, que esta leeejos de su hogaaaar..."


Despropósitos guais: Vale lo de la invasión decimonónica. Vale lo de las abducciones. En cierta medida, podría incluso convencer el concepto de marciano minero de oro (lo mismo si lo hubieran contado de un modo menos cutre, nos habría resultado más creíble). Pero eso del marciano que al mismo tiempo es científico anatómico, chirría un poco. Además, el detallazo de que tiene todas las trazas de estar gestándose una invasión a la Tierra (Olivia lo insinúa cuando dice que ya acabaron con su pueblo y que si no los matan a todos vendrán más)  pero cuyos conocimientos de estrategia militar son lamentables (pese a ir bien armados), no deja de ser una chorrada como la copa de un pino.

Bandidos que según nos informan tenían pinta de ser lo más peligroso desde Jesse James resulta que en el fondo son unos chavales graciosos que sueltan chistes cada vez que tienen ocasión.

Un cacique de pueblo que gustaba de hacer rodar por el monte arrastrados por un caballo a sus sirvientes resulta ser un buen hombre (dicho por su subalterno indio) y que es capaz de hacerse amiguito de todo bicho viviente después de que los marcianos pongan el pueblo patas arriba. Hala, pelillos a la mar, que aquí no ha pasado nada. Hasta el gilipollas de su hijo parece echar cabeza al final de la película (igual por las hostias que le da Daniel Craig al principio, o bien es que los marcianos tienen un programa de reinserción de soplagaitas del carajo)


O igual les ponían la tele, porque la cara de tolais que tenían los pobrecitos míos dentro de la nave era un poema...

Batalla entre indios/vaqueros y alienígeas IGUALADA. Lo que, nada más que por diferencias tecnológicas tendría que haber sido una puta masacre, tenemos que los marcianos son unos pringaos que prefieren usar sus armas para disparar al suelo antes que a los humanos que:

a) Son más débiles
b) Son considerablemente más lentos
c) Son mucho menos ágiles
d) Pelean con pistolas, escopetas, flechas y lanzas
e) No tienen fuerza aérea
f) No todos tienen un entrenamiento militar (salvando Harrison Ford, o bien si consideramos como militares a los guerreros indios)
g) No están del todo organizados (provienen de tres grupos, cada uno con sus líderes)
h) Carecen de una armadura natural, a diferencia de la coraza escarabajoide de los bichos.

Es decir, el mismo argumento que se usó en su día para despotricar de lo lindo contra El Retorno del Jedi (y eso que en ésta peli veías cómo los ewoks caían como chinches ante los fusiles imperiales) parece estar justificado hoy en día por la generación de la hamburguesa cinematográfica, donde todo vale. Donde la excusa de ver ciencia-ficción ya da carta blanca y justifica chorradas de un tamaño como este.
Que no. Que esto no es arte y ensayo ya lo sabíamos. Pero creo que de eso a "gilipollez suprema" hay todo un espectro de término medio que mucha gente está obviando con la excusa del entretenimiento por el entretenimiento.
No todo vale en el cine, nos pongamos como nos pongamos. La ficción no es contar memeces que ni un niño de seis años tomaría en serio. No es meter giros absurdos en un guión. No es explicar los agujeros de argumento (aquí del tamaño de Texas) por medio de perfectas idioteces. No es meter chistecitos para que nos ríamos y no pensemos que la peli hace aguas desde los primeros cuarenta minutos. No hay nada peor que tragarse una bazofia como esta, perder por completo el espíritu crítico y decir "es que como sé que es mentira, como de lo que me echan".
Que oye, si queréis hacerlo, estais en vuestro derecho. Pero no defendais lo indefendible (porque eso y decir "es que yo tengo fe" en un debate sobre religión son argumentos más o menos igual de contundentes... y casualmente, a muchos os parece gracioso que haya personas que no tengan argumentos para explicar sus creencias religiosas. Con eso sí, y con esto no, ¿no? Coherencia al poder) y tened los huevos de decir que os lo habeis pasado bien (yo también me reí viendo esto, que conste) viendo una soberana mierda. No hay nada de malo en admitirlo. Pero no encumbréis la mierda. No empecéis con grandes ideas como "Pero los efectos molan" o "Si me ha entretenido, me ha gustado; y como me ha gustado, ya es buena". Porque esto, no nos engañemos: es un mojón como la copa de un pino que no se sostiene por ninguna parte. Enteraos de una vez que los efectos son el recurso barato (literalmente hablando, por lo visto no son lo más caro del presupuesto de una peli, comparado con el sueldo de un actor) para que la mierda no huela. Es mierda CGI... pero que no huela no hace que deje de ser mierda. Sencillamente es mierda con adornos.


La mierda, aunque pintada de oro, mierda sigue siendo.

El argumento garrulo de "Es que está basada en un cómic, y no se puede pedir más" tampoco cuela. Si os fijais un poco en lo que son las películas basadas en cómics (si al menos os molestais en echar mano de un mínimo de documentación, antes de despotricar contra todo un género como es el de la novela gráfica), encontraréis películas la mar de dignas como Camino a la Perdición, Una Historia de Violencia, Watchmen o El Caballero Oscuro, sólo por citar unos ejemplos. CUALQUIER PELÍCULA puede ser buena si se trabaja en ella poniendo esfuerzo y algo más que la mano a la hora de cobrar. Pero ahí tenemos el argumento del palurdo de los años cincuenta que pensaba que un cómic sólo podía gustarle a los niños y a los retrasados (concepción que ha desaparecido de un modo bastante notable de la sociedad anglosajona, para que luego vayamos por ahí diciendo lo avanzados que somos los españoles en cuanto a nuestra forma de ver las cosas). Harina de otro costal es subirse al Olimpo del tío que, si bien no ha leído jamás un cómic, más bien da la impresión de no saber siquiera de lo que habla. Para eso sí que somos únicos.

 La dirección de Favreau, al que, como he dicho arriba, tenía cierto respeto por las dos partes de Iron Man (muestras de que no tienes que hacer cine sesudo para sacar una película en condiciones, más o menos bien argumentada y con un buen reparto) demuestra aqui una falta de interés por el proyecto de lo más notable (se sabe que muchos directores hacen la película por compromiso con la productora para conseguir dinero con el que financiar la que ellos quieren hacer. Mirad la filmografía de Scorsese, por ejemplo). La pena es que, como ya he contado al principio, parte de una idea muy buena llevada con desgana y torpeza y, pese al esfuerzo de algunos de los actores, hay una cosa que es evidente: este bodrio no lo salva ni Indiana Jones.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Como bien has dicho, Harrison Ford fue capaz de protagonizar la cuarta parte de Indiana Jones, a pesar de que esta enlazaba disparate con disparate.. aunque si algo me traumatizó de verdad, fue la escena de la nevera XD

Gissel Escudero dijo...

Decidí no ir a ver esta peli, así que leí el post completo... lo cual me sirvió para reafirmar mi decisión :-D Ya veo que es el tipo de películas que puedo encontrar entretenidas la primera vez, pero que si las veo de nuevo habrá muchos momentos palma-golpea-frente (como me pasó con "King Kong" de Peter Jackson: ¿El adolescente le limpia los bichos a Adrian Brody con una puta AMETRALLADORA? ¿Sin encajarle unas veinte balas? ¿EN SERIO?).

Rumbo a la Distopía dijo...

That's Hollywood, señoritas...

Gissel Escudero dijo...

Hay que borrar esa excusa del mapa. A misilazo limpio.

Rumbo a la Distopía dijo...

Let's rock!

Anónimo dijo...

Sois peligrosos XD

Menos mal que os caigo bien. Creo.

Rumbo a la Distopía dijo...

Siempre puedes unirte a nosotros y ayudar a provocar el Aputocalipsis. Gissel ya forma parte del Imperio como Verdugo...