Durante cosa de un par de años o así, recibí una especie de bombardeo masivo acerca de la trilogía conocida como Millenium, ejecutada por el malogrado Stieg Larsson. Dada mi grata experiencia con la literatura sueca gracias a Déjame Entrar, de Jon Lindqvist, me las apañé para procurar saber lo menos posible sobre el argumento de la primera novela, Los Hombres que no Amaban a las Mujeres con la idea expresa de tener el menor número de sesgos posibles. Tampoco quise ver ninguna de las películas por lo mismo (a día de hoy, mientras redacto estas líneas, todavía no lo he hecho). Por supuesto, siempre se oyen críticas y comentarios al respecto, pero éstas han sido tan dispares que, más que disuadirme de la lectura, han incitado mi curiosidad.
Pasamos pues al análisis...
Conviene saber que Stieg Larsson se dedicó en vida a investigar acerca de los grupos de extrema derecha que, desgraciadamente, están tomando cada vez más poder en los países nórdicos. Asímismo (y esto es todavía más importante), también hizo lo suyo con el periodismo económico, lo cual sienta una de las bases argumentales sobre las que se sustenta la novela. De hecho, esta arranca (tras el prólogo) con el caso de un periodista acusado de difamación por parte de un gigante corporativo. A partir de aquí, podemos ver que la faceta de investigador del autor se exuda por todos los poros de la novela a la hora de desentrañar el misterio de una desaparición que tuvo lugar allá por los años sesenta.
Periodismo.
Crítica al mundo globalizado.
La investigación de un crimen.
Son tres de los puntales argumentales, pero nos queda un cuarto, que sería la historia de una joven conocida como Lisbeth Salander y sus aventuras y (especialmente) desventuras. Si el lector no ha recibido demasiada información previa antes de leer la novela (por ejemplo, leyendo el texto de la contracubierta), posiblemente se sienta un poco extrañado acerca de esta línea argumental, ya que hasta que pasan casi cuatrocientas páginas no parece tener una relación demasiado estrecha con lo que sucede (aunque hay muchas pistas, teniendo en cuenta las actividades a las que se dedica Lisbeth). Estos pilares se irán sucediendo y alternando a lo largo de toda la obra, como cimientos de un edificio. Conforme vamos avanzando a través de ella, el edificio se va construyendo, sin perder demasiada solidez en el proceso.
Pasando a otro elemento digno de mención en la novela, los personajes son quizás una de las bazas más fuertes de esta: tridimensionales y lejos de los arquetipos, no vemos héroes claros en ella; los protagonistas pueden ser crueles, vengativos e incluso tener debilidades humanas que les lleven a actos que no consideramos del todo morales. Los supuestos villanos sí son más típicos, en el sentido de que algunos de ellos viven tan llenos de odio que no resulta del todo fácil creérselos; por otra parte, en algunos casos hablamos de personajes que viven en el mundo de las grandes empresas, donde la moral queda por completo barrida del mapa en favor de intereses económicos. Eso quizás explica las actitudes de algunos de estos... aunque no de todos.
Así pues, encontramos a Mikael Blomqvist, nuestro intrépido protagonista, que dista muchísimo de ser un personaje fuerte. Para empezar, su relación con las mujeres parece derivar en la mitad de los casos (en la novela tenemos al menos tres) en una curiosa dependencia sexual... simultánea. Esto no siempre se hace con total consentimiento de la otra parte, llegando al punto que una de estas mujeres no se vea capaz de aceptar esa especie de juego multibanda que se trae entre manos el amigo Mikael y acabe por mandarle a hacer gárgaras.
En cuanto a su labor como periodista... aunque en un principio parece tener fines nobles (que los tiene), también se puede ver con claridad que le mueven la ambición y la venganza, llegando al punto de ser cruel con aquellos que se la han jugado en el pasado. Esto le aleja del arquetipo heroico y le convierte en un ser humano que puede ceder a pasiones tan bajas como el rencor. Por otra parte, si tiene algo que le hace destacar y que puede acercarle al lector es el hecho de que es un hombre íntegro que lucha por encontrar la verdad, que asume sus errores y paga por las consecuencias de sus actos, cosa que no todo el mundo es capaz de hacer con esa entereza.
Lisbeth Salander, por su parte, aparece descrita como una gótica con problemas para relacionarse con la gente tan extremos que rozan el autismo. Si realmente sufre un retraso es algo de lo que no vamos a tener mucha idea en toda la historia, ya que Lisbeth es una especie de muro infranqueable del que tenemos la justa información; de hecho, en muchos casos, hará referencia a cosas que no aparecen explicadas y será el propio lector quien tenga que imaginarse a qué se refiere exactamente. Aparte de eso, el personaje no aparece justificado en caso alguno. En muchas ocasiones, la veremos como una vengadora despiadada que no se limita a dar a sus enemigos a probar de su propia medicina: aprovechará todos sus recursos para aplastarle de una vez por todas, sin importarle la ley. En ese aspecto, Lisbeth carece por completo de sesgos o filtros morales, viendo las cosas en un claro blanco y negro. Esto no será necesariamente malo en todos los casos, ya que a veces verá más allá de las cortapisas morales de la sociedad que justifican actos tan atroces por parte de verdaderos monstruos, apelando a circunstancias personales. Lisbeth nos lo deja claro con una frase: "Pueden elegir y no lo han hecho". Eso deja muy claras las ideas del personaje al respecto. Su punto fuerte, por otra parte, consiste en que, al igual que Mikael, no ceja hasta encontrar la verdad; quizás con motivaciones diferentes, pero con resultados tan buenos o mejores que los de éste, quizás debido al hecho de que carece casi casi por completo de cualquier lastre social que la distraiga.
La galería de secundarios es bastante amplia, circunscribiéndose en gran parte al entorno de la familia Vanger, por razones evidentes: gran parte de lo que es el setting de la novela se limita a dicho entorno, por lo que podremos ver una amplia variedad de personajes, pero con la particularidad común de pertenecer todos a la misma familia; así pues, podremos encontrar todo un mosaico de relaciones interpersonales e intrigas. Cada personaje tendrá su propia personalidad, pero se definirá atendiendo a la relación que tenga con el resto de sus parientes. Sumado además al hecho de que todo miembro de la familia es sospechoso en potencia de un crimen, tendrá como resultado un campo fértil donde el lector podrá especular acerca del caso que tiene que investigar Blomqvist.
Quizás el punto negativo a este respecto es que el elenco es tan terriblemente grande que en algunos momentos resulta casi necesario tener que hacerse un árbol genealógico para saber quién es quién. Echando mano de un cálculo rápido, descubriremos que los miembros de la familia Vanger que, por edad, son sospechosos de la desaparición (y más que probable asesinato) de Harriet Vanger asciende a más de una veintena. Por eso, habrá que prestar mucha atención a las descripciones que Henrik Vanger (el hombre que pone a Mikael a investigar) nos va dando para poder distinguir a unos de otros.
La ambientación es un punto interesante de la obra, si no has nacido en Suecia. A ojos de los extranjeros, el país nórdico se nos ofrece como un lugar distante y, en cierta manera, exótico. A mí, por ejemplo, nacido en el Sur de España y con no especial afición por viajar, me resultaba particularmente atractivo ver un lugar en el que se alcancen temperaturas inferiores a los diez grados bajo cero y la gente haga su vida normal sin miedo a morirse. Cosas mías.
Las descripciones de la isla que funciona como marco argumental durante la mayor parte de la novela nos muestran un lugar tan lúgubre como hermoso. Yo mismo me la imaginaba como un sitio apacible, de tonalidades apagadas y no especialmente luminoso, ni siquiera durante el día. Si coincidís conmigo a la hora de haceros esa imagen mental, es posible que esteis de acuerdo al pensar que es la ambientación propia para una historia tan llena de misterio y (a veces) tan escabrosa como esta novela.
Aparte, encontraremos puntos de acción secundarios, tan lejanos y distantes como Londres o Australia. Estos sin embargo aparecen de un modo tan breve que casi parecen algo episódico. A mí personalmente me dieron la impresión de que sobraban, aunque su aparición esté justificada en la historia. Si de mí hubiese dependido, no habría salido de Suecia o de la ambientación nórdica para mostrar esos otros escenarios.
El tiempo y el tempo son dos elementos bastante constantes en la historia. Narrada de un único golpe, sin secuencias de flashback, se nos van contando los acontecimientos tal cual suceden, aunque en algún caso el narrador nos remitirá a algún acontecimiento anterior para ponernos en situación. Estas referencias son tan extensas que en algún momento si podrán parecer flashbacks. Puede que incluso alguien los vea así; para mí, en la mayoría de los casos (salvando quizás toda la explicación del principio acerca del caso Wennerström que, ahora que lo pienso, sí se parece más a una secuencia anafórica pura y dura), son aclaraciones del narrador. Cada capítulo, además, nos va indicando una serie de fechas, para que seamos consciente de cómo van avanzando las investigaciones a lo largo de (más o menos) un año. En ningún momento veremos que las fechas indicadas avancen hacia atrás.
El ritmo narrativo no peca de una excesiva velocidad, llegando a partes (por ejemplo, la mitad de la novela, donde Blomqvist tiene que cumplir con parte de la pena impuesta por difamación) en que éste se ralentiza considerablemente. La investigación del crimen, quizás la línea argumental que pueda suscitar mayor interés en el lector, se ve a menudo interrumpida, lo que hace que en numerosas ocasiones haga falta mucha paciencia (y sobre todo, la curiosidad por encontrar al responsable) para continuar leyendo. Sin embargo, este ritmo se acelera notablemente hacia las últimas cientocincuenta o doscientas páginas, creando una sensación muy similar al atropello, o las ganas de terminar. No llega al nivel de apresuramiento que he podido ver en otras novelas que he leído últimamente (el ejemplo de Carmilla, de Joseph Sheridan LeFanu, sería el más ilustrativo de esto a lo que me refiero), pero aun así, descompensa mucho el ritmo reposado y bucólico que transmite el resto de la historia.
En cuanto al estilo, es quizás el punto más fuerte de la historia, junto con el carisma de los personajes. Larsson escribía con pasmosa facilidad y sencillez, evitando artificios y predominando el uso de frases cortas y anglicismos. Dado que mi único referente hasta la fecha en literatura sueca es Déjame Entrar y en esta novela no he visto que el autor los use, no sé si es que los anglicismos (algunos de ellos sin venir a cuento en absoluto) son algo común entre los nórdicos, que en la versión original de Déjame Entrar también los hubiera y que el traductor decidiese omitirlos, o bien una manía personal de Larsson.
El tono que emplea es bastante neutro y sobrio. Si bien podemos encontrar alguna expresión más coloquial (¿Cosa de los traductores?) como "para mas inri", por lo general veremos que el uso de elementos como la ironía o la hipérbole casi brillan totalmente por su ausencia. De este modo, si bien Larsson no parece ser excesivamente "literario" a la hora de escribir, tampoco da la impresión de que estemos leyendo una novela barata y simplona. Simplemente resulta un autor muy natural para expresarse. Eso, de nuevo, le acerca al público.
Pero no todo en el estilo de Larsson es bueno o aceptable. Para mi gusto, contiene cosas que se podrían haber pulido, de haber sido yo quien hubiese escrito la obra: por ejemplo, la habilidad que tiene para andarse tanto por las ramas mezclando los distintos puntales argumentales que lleguemos al terrible momento en que no sepamos muy bien qué es lo que nos quiere contar. Vale que todas estas tramas argumentales necesiten grandes dosis de información, pero es que esa información aparece distribuida de tal manera que a mí personalmente no ha terminado de convencerme: por ejemplo, si partimos de la base de que se tiene que escribir una crónica sobre la familia Vanger, tenemos claro que serán necesarios muchos datos. Hasta ahí bien; pero cuando Henrik Vanger se remonta a los orígenes de la familia... en el s.XII, es cuando se nos cae el alma a los pies, porque empieza a soltarnos una retahíla de nombres y detalles que no sabemos hasta qué punto nos va a ser útiles recordar. Multiplicad esto por cuatro (es decir, por cada puntal argumental: la desaparición de Harriet Vanger y lo que hacía cada uno de los veinte sospechosos, la guerra periodística contra el imperio Wennerström, la gestión de la revista Millenium y la vida de Lisbeth Salander) y ya me diréis si no tenéis la impresión de que Larsson se anduvo un poco por las ramas para contarnos todo esto. De hecho, el ejemplo más claro es la cantidad de tiempo que se toma para conciliar las tramas de Blomqvist y Lisbeth, que se reunen hacia la página 400. Hasta entonces, cada uno va por su lado.
Un segundo punto negativo (y esto me resulta particularmente gracioso, por cuestiones personales), es la tendencia de Larsson a repetir ciertas ideas. No es que te parafrasee un concepto ya visto por medio de diferentes escenas, o que use deliberadamente la repetición de ciertas frases para crear un efecto (el rollo mántrico de Chuck Palahniuk, por ejemplo); es que te dice explícitamente que Blomqvist está en contra de que la prensa que se dedica a encumbrar a los gigantes financieros que llegan a la cima por medio de acciones ilegales hasta cuatro veces en la novela, empleando casi casi las mismas palabras en todas las ocasiones. También sucede que a veces nos va a decir que Martin Vanger es el hombre encargado de llevar el imperio Vanger en varias ocasiones, y usando prácticamente la misma frase. Yo personalmente entiendo que de vez en cuando tengan que recordar cosas al lector, especialmente en una novela tan extensa y con tantos personajes; pero quizás he echado en falta un poco más de habilidad o sutileza a la hora de hacerlo. Lo bueno es que la mayor parte los casos en que esto sucede viene a tener lugar en la primera mitad de la novela. No obstante, seguiremos encontrándonos alguna cosilla suelta hasta el mismo final de ésta.
En cuanto a mi valoración personal, he de decir que pese a los elementos negativos que he encontrado, he visto una novela ágil y bien construida, procurando en todo momento evitar flecos argumentales o el consabido Deus Ex Machina, algo muy fácil en una novela cuyo mayor aliciente consiste precisamente en conocer la identidad de un criminal. Un autor torpe podría haberse sacado un asesino de la manga que no conocíamos, partiendo de unos datos hábilmente colocados para tal efecto. Si bien encontramos pistas falsas y pistas que dan giros a la investigación, también encontramos un montón de detalles que pueden dar ideas a un lector lo bastante avispado para descubrir al criminal (me temo que yo no cuento entre ellos, aunque algunas de mis sospechas sí que se cumplieron al final de la novela)
Escrita con estilo ágil y con personajes que, aunque no resultan del todo unos modelos heroicos, son lo bastante cercanos al lector como para que la historia enganche, se va conformando de modo sólido. Ladrillo a ladrillo, sobre los cuatro pilares ya mencionados, creando todo un castillo argumental lleno de recovecos. Como ya digo, no es una obra perfecta, pero en caso alguno merecería la etiqueta peyorativa de "best-seller", que más de uno está empleando para mearse sobre cualquier libro que vaya dirigido (o que haya tenido la suerte de llegar) a un gran público.
Dicho esto, sólo me queda soltar una última idea. Como siempre, podéis estar de acuerdo o no. La decisión es vuestra: sabemos que hay mucha mierda entre la llamada literatura "comercial" (yo mismo lo he dicho), pero recordemos también que la mierda existe a todos los niveles, incluido el sobrevaloradísimo estilo "de género". Por tanto, que una novela sea récord de ventas jamás debería verse como un handicap. Muchas veces se trata del típico mucho ruido y pocas nueces... pero a veces, podemos encontrarnos con una novela que merece ser vendida y llegar a mucha gente. ¿Es Los Hombres que no Amaban a las Mujeres una novela así? Tal vez no. Pero creo que he dado argumentos suficientes para dejar claro que tampoco es precisamente una mierda. De hecho, ni se acerca a ser un mal libro, desde mi punto de vista.
Señores lectores, la lectura es precisamente leer. Dejen de fijarse en las ventas de tal o cual libro. Pasen del rollo mediático y de la publicidad. Dejen ya la guerra entre lo comercial y el género. No tiene sentido. Un libro es lo que es por su calidad. Lean. Analicen. Valoren y, sobre todo, piensen por sí mismos.

1 comentario:
Hacía tiempo que valoraba la posibilidad de comprármela y después de leerte me has convencido, intentaré hacerme con ella.¡Saludos!
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