martes, 5 de julio de 2011

Escupiendo Rabia- Víctimas victimizadas y carroñeros mediáticos



Ya pasó el verano pasado, cuando los hijos de la grandísima puta de Telecinco (y sí, lo digo abiertamente. Me suda los cojones que el subnormal de Paolo Vasile, que se cree con derecho a imponer su Santo Criterio a golpe de censura en este país, venga a decirme a mí lo que puedo o no puedo decir) se dedicaron a hurgar en la miseria de nuestro país cuando decidieron sacar una teleserie sobre el trágico accidente de Spanair. Hubo polémica, pero los muy cerdos, que no tienen otro nombre, emitieron aquella mierda por cojones, obligando a las víctimas a rememorar (quisieran o no) lo que les pasó, bien a ellos o a sus familiares. Oímos justificaciones y demás subnormalidades, pero ninguno tuvo lo que había que tener para decir abiertamente que lo que querían era ganar pasta a costa de las putadas que le pasan a la gente de este país. En resumidas cuentas, unos se joden y otros se aprovechan de ello para hacerse ricos. Ole sus huevos.

El resultado fue que la audiencia se cebó a lo bestia en contra de semejante ejercicio de morbosidad y la susodicha serie fue un descalabro.

¿Podríamos decir que TruñoCinco aprende de sus errores?
La respuesta, ya me imagino que la conoceis.
NO.


En un ejercicio de hijoputismo, si cabe mayor que lo que nos hicieron el año pasado los cabrones de mierda estos, vemos que no tienen otra cosa que hacer que cebarse con la tragedia del 11-M. Muy bonito. Estamos hablando de un atentado que sacudió a la conmoción pública de todo el país, con cerca de doscientas víctimas (concretamente 192) y que ha dejado secuelas en la psique colectiva española para años. Estamos hablando de una masacre con víctimas REALES. No sólo los muertos que murieron en los trenes de Atocha (los cuales, por cierto, pedían POR FAVOR, que no se les filmase para que no apareciesen heridos en las noticias. NADIE respetó esa decisión), sino también aquellos familiares y amigos que viven (muy a su pesar) con el recuerdo, que todavía está muy reciente.
¿Y qué hacen Paolito y su legión de puercos bastardos?
Caja.


Una serie para ganar pasta, ¿apoyándose en qué? ¿Me lo puede alguien explicar? El juicio quedó más o menos en tablas, sin llegar a demasiadas explicaciones. Por eso, ideas como "rigurosidad con los hechos reales" se van a tomar por culo más rápido que un rapper en un concierto de heavy metal. Basura como la que nos han vendido con los trailers (con los que, dicho sea de paso, nos llevan bombardeando un puto mes, si no más) hablan sobre "respeto a las víctimas". Claro que sí. Seguro que a las víctimas les encanta que les recuerden que, bien ellos mismos, bien sus familiares o amigos, se comieron una bomba en un tren. Seguro que a la opinión pública le encanta que nos planten escenas que hicieron que ese día se marcase en nuestras vidas.

¿O es que nadie se acuerda ya de lo que pasó? No hablo de los "hechos reales", ni de los causantes. Llega un momento en que eso te importa una mierda. Te importa una mierda cuando conoces gente que vive en Madrid y que no sabes si está viva o no. Cuando ves que la gente en la calle, al oír las noticias, se sienta en un banco y se echa a llorar. O cuando tu país entero se sume en la confusión y el miedo durante las primeras horas. ¿Es eso lo que realmente nos interesa que nos recuerden?

Por amor de Dios, ¿por qué no echamos ya al hijo de la gran puta de Paolo de una puta vez del país? ¿No ha tenido bastante ya con destruir nuestra televisión a golpe de demandita judicial, cual llorica de colegio? ¿De meternos cada vez más mierda pura con colador? Recordad que este puto desgraciado fue el que borró de un plumazo CNN+ (que podría gustaros más o menos, pero era un canal de noticias 24 horas) porque se le puso en sus cojones para sustituirlo por Divinity, un canal que empezó emitiendo Gran Hermano y luego series que no cuadraban en la parrilla de Su Emporio. Luego llenó Cuatro de mierda, borrando programas a su voluntad (véanse El Hormiguero, Tonterías las Justas o Palomitas, que han tenido que emigrar a otros canales, si no desaparecer). Pues ahora parece que a este payaso se le ha ocurrido que lo que mola es recordarnos los peores episodios de nuestra historia reciente (cito el caso de Spanair o el secuestro del Alakrana). Aquí podría incluir la mierda aquella de Felipe y Letizia; no porque lo considere un hecho trágico, sino porque se ridiculizó el tema hasta un punto que no sabías si sentir lástima por Puigcorbé haciendo de Rey Juan Carlos o directamente te entraban ganas de cometer un regicidio (después de escuchar a ese supuesto actor de renombre cada vez que abre la boca, me entran ganas más de lo segundo, la verdad. Su educación, ha demostrado, está a la altura de sus dotes interpretativas. Y para mí siempre ha sido el Mark Wahlberg español).


Juanjito interpretando.

Juanjito comiéndose la cámara.

Juanjito haciendo gala de sus enormes dotes interpretativas.

Y que no me vengan los telecinqueros a contarme milongas. Si esta miniserie no se ha hecho para fomentar la sed de morbo que parece dominarles, que me expliquen si son capaces a qué viene la sensiblería spielbergiana del trailer, donde nos muestra a la gente feliz cogiendo su tren (joder, tendrían que pasarse por el autobús de línea local para ver la felicidad que destila el personal), niñita de aspecto adorable incluida. Y esos cartelones hablando de lo mucho que se han esforzado por ser respetuosos. Nada hay como justificarse a priori para que nadie te eche cuentas de lo que haces, ¿verdad?
Mi pregunta, por tanto, es la siguiente: Y después de la peli del 11-M, ¿qué? ¿Cuál será el siguiente hecho morboso que querrán reflejar de modo tan "artístico"? ¿El encierro del pobre Ortega Lara en un zulo? ¿La violación, tortura y asesinato de las niñas de Alcásser? ¿Querrán acaso contarnos cómo la pobre Irene Villa perdió las piernas cuando iba al colegio? Venga, hijos de puta, cebaos más cuando podáis en lo malo que nos ha pasado. No os corteis, metednos más y más mierda con embudo.

Pero sería muy hipócrita echarle la culpa sólo a los cazafortunas de TruñoCinco. Ojalá fuesen sólo ellos y todos pasásemos de esa gente como de la mierda que son. Pero no. El afán por querer sentirnos como víctimas está ahí, implícito. Agazapado en los rincones, con ganas de que nos hundamos más y más en la mierda.
Seguramente, llegados a este punto, alguno de vosotros vendrá a hablarme de la proeza del Mundial. Telecinco, en su afán historicista, también hará un especial sobre eso.
Hablemos de ello:
Antes de que ganásemos el Mundial de marras, ¿sabríais decirnos cuántos de nosotros apoyaban a la selección en sus primeros partidos? Yo no lo sé, pero estoy seguro de que eran muchísimos menos que los autoproclamados patriotas que salieron hasta de debajo de las piedras en la final contra Holanda. Retrocedemos unos años en el tiempo, y ¿qué encontramos? Que esa misma gente que iba de patriota por la vida cuando Sudáfrica había sucumbido a la moda de ir por ahí con camisetas de la selección de Brasil o Argentina, que eran equipos con más "caché". Para ponerse camisetas de perdedores como su propio país, que lo hiciera otro. Y el resto de la gente, a pajearse mentalmente pensando en las victorias pasadas como el puto España-Malta, que siempre que había algún partido de chapas había algún imbécil que lo recordaba, en plan mántrico. Es decir, apoyar a los que estaban partiéndose los cuernos en el campo en la actualidad, no. Lo suyo era irse a los últimos que ganaron una mierda, aunque eso fuese hacía casi un cuarto de siglo.


No es brasileña. Es la Toñi de mi barrio.


Y aquí la Toñi de mi barrio, dándolo todo, cuando España ganó el Mundial.

Un país de lloricas. Eso es lo que somos.
Explicadme si no la manía que tenemos con estar recordando continuamente mierdas como la caída de la República, la guerra y la dictadura. Episodios que fueron de lo más lamentable que ha parido madre en este último siglo y los tenemos todo el día en la puta boca. Bien para encabronarnos, bien para putear a los del partido al que no votamos. Que sí, que hay que enterrar a aquellos muertos que están todavía reposando sus huesos en fosas comunes, soy el primero en decirlo. Pero, ¿pensáis que el día que eso se haga el personal dejará de dar por culo con el temita? Disculpadme si no soy tan optimista.

Y es que nos gusta llorar por todo, joder. Somos expertos en coger a una víctima y victimizarla todavía más: si una señora sufre la desgracia de ser maltratada por su marido, o incluso de ser asesinada, esa pobre señora sale en primera plana en el telediario, con su número de ranking para que todo el mundo sepa a cuántas se han cargado antes que a ella. Como la pobre mujer está muerta, nadie le ha preguntado si realmente quiere salir en las noticias, publicándose a los cuatro vientos las numerosas palizas que recibía, o bien la descripción detallada de su asesinato, y encima a la hora de comer, para que todo el mundo (niños incluidos, los eternos protegidos). ¿De verdad a alguien le gustaría irse al Otro Lado siendo recordado por eso?



"Hoooolaaaaa... ¿Alguien recuerda lo bien que tocaba yo el piaaaanoooo?"


Recuerdo todavía las campañas gore de la DGT que, sin duda, debieron ser la inspiración para algunas pelis de terror extremo. Siguiendo la sempiterna filosofía de "El fin justifica los medios", los publicistas se frotaban las manos diciendo que no, que aquello era para concienciar a la gente. Claro que sí. Y por eso las víctimas de accidentes tuvieron que unirse para pedir que por favor retirasen los putos anuncios, porque eran incapaces de ver la tele cada verano. Pensad en eso: tienes un accidente en el que estás a punto de matarte, o bien has perdido gente en la carretera. Llega Junio y lo primero que ves es, con todo lujo de detalles, cómo una familia se desmorra contra un camión. ¿Os sentiríais respetados si cada vez que pusiéseis la tele vieseis mierda similar? Aquí quizás el motivo de la DGT no fuera el de ganar pasta gansa, obviamente. Quizás sus intenciones fuesen hasta buenas. Pero tal vez habría sido todo un detalle preguntar. El respeto empieza por ahí.

Por eso no solemos aguantar a la gente que triunfa. En el momento en que alguien despunta, empezamos a inventar mierdas de patio de vecinas para desprestigiarle. Para decir que en persona es un gilipollas. Para decir que su mérito es inmerecido. Y en resumen, para cagarnos en su puta madre. Eso sí, si ahora resulta que esa persona conocida resulta ser un perdedor (no hay más que vernos en Eurovisión), esa persona automáticamente acaba cayendo bien. Llueven las palmaditas en la espalda y las frases hipócritas de "Lo importante es participar". Luego, volvemos a nuestra costumbre de regodearnos en nuestra propia mierda y hala, a otra cosa.



Todos hemos conocido a esa persona que, aunque pueda solucionar las cosas sin demasiada dificultad, opta por no hacerlo, simplemente para tener algo de qué quejarse. Esa mentalidad es muy typical Spanish.

Por eso nos reímos de Almodóvar. A mí personalmente no me gusta su cine, para qué nos vamos a engañar... pero tampoco voy en plan "Ese tío no se merece el Óscar" o "Nada más que dirige películas de maricones". Por eso últimamente los escritores y cineastas españoles apenas despuntan, porque nosotros mismos somos los que nos echamos mierda a nosotros mismos. Somos un país de payasos que tildan de fascista a todo aquel que lleve los colores del país, pero que aplauden a todo el que lleve la bandera estadounidense, británica o brasileña. Expertos en bajarnos los pantalones ante todo lo que venga de fuera, sea bueno o no, y unos verdaderos maestros en cagarnos en lo patrio, sea bueno o no. Sin criterio específico. Sin detenernos a pensar. Echamos mano de las tijeras y el sarcasmo y listo. Para eso sí que valemos.

Así pasa que nos convertimos en los últimos monos de Europa, porque nuestros líderes son iguales. Expertos en ensalzar el victimismo en lugar de impulsarnos a salir adelante. Los debates son siempre sobre el paro y sobre lo jodidos que estamos. Nos hablan de un futuro prometedor que no se cree ni su puta madre, mientras nuestros investigadores y nuestras empresas cierran o se van a otros países porque su propio país no da un puto duro por ellos. Eso sí, pajotes cuando vienen a pedirnos tal o cual cosa. Lacayos, es en lo que nos hemos convertido. Lacayos sin autoestima que somos incapaces de reconocer que aun sin dinero, somos tan capaces de hacer cosas tan buenas como las que se hace en cualquier otra parte del planeta.
Lloramos, lloramos y lloramos, como los abueletes de Bienvenido Mr. Marshall. Esperamos a que vengan otros a salvarnos el culo y nos ponemos guapos, pero los supuestos héroes pasan de nosotros y al final nos quedamos como el tonto del pueblo, corriendo al final de la comitiva, rezando en silencio para que nos esperen.


"Hala, ya puedes darme"

Y ese es nuestro problema. Que no queremos mejorar. Es mejor vivir pensando en lo víctimas que somos. En lo mal que lo pasamos. En la gente muerta de modo horrible. En los pobres, los débiles y los oprimidos. Con esto no digo que no se recuerde a las víctimas, ni mucho menos. Lo que digo es que sumirnos en el victimismo compulsivo es mucho más fácil que pensar en solucionar cosas. Pensar en los héroes (vuelvo al caso del 11-M) que arriesgan el cuello por esas víctimas. En lo que podemos hacer. No, lo nuestro es putear a las fuerzas del orden y al ejército, sin pensar que a lo mejor si no fuera por ellos, cualquier otro país podría invadirnos alegremente (ya lo han intentado un par de veces y de eso no se acuerda nadie, al parecer). Que sin ser por ellos, viviríamos no en la anarquía, sino en la puta ley de la selva. No pensamos en la cantidad de gente que, día a día, se deja el pellejo por hacer de este país algo medianamente decente: no nos acordamos de los médicos que se pasan el día en urgencias en los hospitales comiéndose un marrón detrás de otro porque están desbordados de trabajo y faltos de medios. Tampoco de la Policía, a la que puteamos en las manifestaciones, pero que trabaja a diario para hacer que vivamos todo lo seguros que se pueda con los pocos medios que tienen. O de los bomberos. O de la Cruz Roja. Día a día hay gente que está salvando vidas en nuestro país y nos importa una mierda.
Porque lo nuestro es llorar.

Ahora, id a ver la puta serie del 11-M para que Paolo os la meta por el culo una vez más. Con eso, ese puto desgraciado amigo de uno de los antidemócratas más grande que ha parido madre (el eterno Silvio) tendrá motivos para ir por ahí de chulito, como va siempre, diciendo que sabe qué es lo que le gusta a los españoles. Seguid dándole motivos para que destruya cada vez más unos medios de comunicación que ya venían mal de serie. Dadle la razón y comed de su mierda. Seguro que él os lo agradece con doble ración.

2 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

A mí me recontra-súper-revientan las pelis y series que explotan las desgracias de la vida real. Estoy de acuerdo en que es morboso y hasta cierto punto inmoral (porque no creo que eso prevenga ninguna desgracia; sólo enriquece a quien se le ha ocurrido hacer la peli/serie en cuestión). Bien dicho lo de la policía, los médicos y etc. Aquí también se putea a la policía, pero yo veo a los pobres tratando de hacer su trabajo lo mejor posible a pesar de los sueldos miserables.

Alejandro Castroguer dijo...

Muy de acuerdo en todo. Con tal de hacer caja... a la mierda el dolor ajeno. Y claro, quien se excusa de alguna manera se acusa. Venga ya. Ni vi la del Alakrana, ni la del avión ni ésta, por supuesto.