En capítulos anteriores de Rumbo a la Distopía...
La historia continúa, cómo no. Y es que uno a veces se plantea si realmente es inteligente, o no es más que un masoca de tres al cuarto con la insana costumbre de arrimarse siempre al ascua que más le quema la entrepierna.
Eso va a ser, porque si no, yo no me lo explico.
Dos años después de que me putearan a base de bien en el épico episodio del DEA, aquí estoy yo otra vez, subnormal perdido, aporreando a las puertas de la Universidad para ver si puedo hacer la tesis doctoral. Claro que, por otra parte, te pones a pensar en las alternativas (una tasa de paro de tres pares de cojones, que no te llamen para currar ni de una puta librería y unas oposiciones que se parecen cada día más a la Batalla de las Termópilas en cuanto a competición, por no mencionar el hecho de que el Gobierno, en su Sacrosanta Sabiduría y en sus Honorables Intentos por Crear Empleo, cierran el grifo de la oferta pública hasta, mínimo, 2014) y dices "en peores plazas hemos toreado". Pues nada, allá que vamos para hacer la tesis.
Como un cordero para el matadero. De todos los que estamos en la foto, yo soy el que sonríe al fondo.
El primer capítulo de esta segunda parte de la Odisea tiene lugar hace cosa de un par de meses. Decidí ponerme en contacto con mi antiguo tutor del DEA para decirle, con toda mi honradez (con toda mi soberana gilipollez, mejor dicho), que no había podido encontrar trabajo y que tenía tiempo de sobra para hacer la tesis. Supongo que a algunos os parecerá un argumento razonable, ¿verdad?
Pues no.
Le pareció una idea penosa, porque (según él) una tesis requiere mucha dedicación y el mero hecho de estar sin trabajo no le parecía suficiente como para iniciarla. Aun así, me citó en su despacho un día y pudimos hablar largo y tendido del asunto.
Le dí (algo más acertadamente que en el correo que le escribí, a mi juicio) esos mismos argumentos que os he expuesto arriba: que ahora me parecía el momento más adecuado para empezar una tesis doctoral, porque tenía tiempo disponible de sobra para investigar.
No me preguntéis qué pasó, porque ni yo mismo estoy del todo seguro: el caso es que, lo que parecía una simple charla para ver qué podíamos ir haciendo para empezar a plantear una tesis se convirtió en una especie de toma y daca de explicaciones. Explicaciones en las que me tuve que deshacer sin comerlo ni beberlo, acerca de temas tan extraños como el hecho de no haber encontrado trabajo. Mi antiguo tutor, aparentemente con buenas intenciones, pero de un modo que me pareció algo desafortunado (pues no era el tema que habíamos quedado en tratar) empezó a preguntarme si no me traía más cuenta meterme en las oposiciones de secundaria en lugar de hacer una tesis. Me preguntó por qué no había probado a explotar la vía de trabajar en el extranjero, con becas como lector, etcétera. Un montón de cosas sobre las que, en otro momento, no me habría molestado tener que hablar; en ese momento, me daba la impresión de que tenía que estar justificándome constantemente y que mi tutor no parecía albergar demasiadas ganas de dirigirme una tesis y parecía más dispuesto a desanimarme que otra cosa. Prueba de ello, el pildorazo que me lanzó diciéndome que para qué me metía en eso si sabía que una investigación como aquella no iba a aportarme nada más que una línea más en mi curriculum (citado casi textualmente).
"Vale, lo confieso. No me he planteado presentarme a las próximas oposiciones. No, no me gusta viajar. Sí, sé que eso es un handicap para mi profesión, especialmente si me dedico a los idiomas. Sé que estoy en desventaja con respecto a cualquier licenciado que quiera hacer una tesis. Mi curriculum no es chupiguai, ¿contento?"
Pero claro, en tu ignorancia te llegas a pensar que eso es lo normal. Que a lo mejor esa es un poco la actitud de cualquier doctor ante algún alumno que les llega. No sé, supongo que para probar que esa persona está dispuesta de verdad a trabajar.
Y así pensaba yo, hasta que un par de días después, vi a un par de amigos que, casualidades de la vida, son doctores. Les comenté el asunto y me arquearon la ceja. Lo siguiente que me dijeron fue: "Cambia inmediatamente de tutor, porque eso huele muy, pero que muy mal". Eso me hizo pensar. Eso y comentarios como que mi tutor me había dicho también en esa conversación que, lo último que quería era que dejase la tesis tirada porque me llamasen para trabajar, me obligaron a hacerme una pregunta:
"Si estoy en paro, malo... pero entonces, si trabajo peor, porque una tesis requiere mucha dedicación; por tanto, ¿quién es la persona apta para hacerla?"
Así que a hacer puñetas. Probé suerte con otros tutores, a ver qué me decían. Si me decían lo mismo y me ponían las mismas trabas para hacer una tesis, mi lado más paranoico haría saltar la alarma de "gato encerrado" y daría pie a pensar en la Teoría de la Conspiración: bien sabido fue que mi DEA no terminó precisamente como en las películas y que la Universidad (palabras textuales de uno de mis amigos doctores) es una corrala donde la mala prensa corre como la pólvora. Tan sencillo como decir que yo no era una buena apuesta en tal o cual departamento y me podría ir olvidando del asunto.
Probé con un segundo tutor. A diferencia del primero, se mostró algo más comprensivo y considerablemente menos reticente ante el tema. Eso sí, al igual que el anterior, no era de mi titulación (lo cual por lo visto es contraproducente ante un tribunal, porque lo primero que dirían es "¿Qué haces defendiendo un trabajo de X si no estás licenciado en X?", de modo que me remitió a uno de los pocos tutores de mi titulación disponibles. Sí, lo habéis adivinado: mi antiguo coordinador y protagonista del post al que remito al principio.
Sí. Hacía buen día, pero esto es lo que vi por la ventana cuando me dijo eso.
Pues nada, allá que voy. A la mierda mi orgullo y mis ganas de sembrar la muerte. Total, el que algo quiere algo le cuesta, ¿no? Me dirijo a él y le escribo; este me responde con bastante brevedad y me cita en su despacho. Allá que llego y le cuento un poco el tema: le digo que he hablado con el segundo profesor (obvié al primero, porque sería entrar en demasiadas explicaciones, y ya ha quedado claro que cuantos menos datos se den, mejor) y le comento que tengo un par de temas que éste me había sugerido. A mi ex-coordinador el asunto no le parece mal ni me pone trabas de entrada, pero me comenta que el tema mejor lo proponga yo. Que trabajar con un tema impuesto por un tutor nunca suele ser buena idea y la mitad de las veces esas tesis no se terminan. El planteamiento me convence y le digo que bueno, que iré pensando entonces en una lista de temas. Hasta aquí bien.
Y llega el momentazo al que, tarde o temprano, teníamos que llegar: mi trabajo del DEA. Nuevamente se vuelve a hacer hincapié de que mi trabajo era escueto y poco extenso. Nuevamente me expone el hecho de que, en comparación con el de mis compañeras, no daba la talla. Nuevamente me dice que el sobresaliente que me puso mi tutor había sido excesivo y que no habría estado tan mal un notable. Nuevamente me dice que ese trabajo no debería haber llegado a tribunal.
Yo todo esto me lo trago tranquilamente (¿Qué otra cosa iba a hacer? Total, ya estaba evaluado con un notable en el DEA... pero venía bien seguir escuchando, por si había alguna información extra).
No me equivoqué. Me informa también de otros detalles interesantes: que, una vez terminada la odisea del tribunal, estuvo hablando con mi tutor (de esto éste último no me comentó absolutamente nada en la entrevista que había tenido con él, curiosamente; de hecho, me preguntó qué pasó, haciéndome entender que él no se había enterado de nada) y le comentó el asunto. También, según parece, le comentó que mi trabajo no daba la talla en cuanto a extensión y que mi tutor entonó un mea culpa (curioso el hecho de que, en mi entrevista con él, cuando le conté lo del famoso mail del post anterior donde se me decía de todo menos bonito porque mi trabajo era demasiado corto, éste se reafirmó diciendo que no había por ninguna parte un mínimo estipulado de páginas, lo cual corroboró en su día la directora de mi carrera).
No me equivoqué. Me informa también de otros detalles interesantes: que, una vez terminada la odisea del tribunal, estuvo hablando con mi tutor (de esto éste último no me comentó absolutamente nada en la entrevista que había tenido con él, curiosamente; de hecho, me preguntó qué pasó, haciéndome entender que él no se había enterado de nada) y le comentó el asunto. También, según parece, le comentó que mi trabajo no daba la talla en cuanto a extensión y que mi tutor entonó un mea culpa (curioso el hecho de que, en mi entrevista con él, cuando le conté lo del famoso mail del post anterior donde se me decía de todo menos bonito porque mi trabajo era demasiado corto, éste se reafirmó diciendo que no había por ninguna parte un mínimo estipulado de páginas, lo cual corroboró en su día la directora de mi carrera).
Particularmente interesante me resulta el hecho de que, según mi ex-coordinador y posible futuro tutor de tesis, me informa de que sí que hay un mínimo de páginas establecido a la hora de entregar un proyecto de DEA (unas cien páginas), así como de tesis, que ronda las trescientas. Al parecer, viene estipulado por ley y, según me cuenta, lo había dicho varias veces durante el curso de doctorado. Fíjate tú, yo no falté a ni una sola de las clases que yo recuerde y eso no me suena ni por forro. Pero bueno, mi memoria no siempre es la hostia, así que lo dejo pasar.
El caso es que unos me dicen una cosa, otros me dicen la contraria, y yo en medio. Llamadme mal pensado, pero empiezo a formular la estrambótica teoría de que alguien me ha estado mintiendo. Ni idea de quién de ellos ni por qué. Pero cuando dos versiones no coinciden, alguien miente. Es cuestión de lógica.
No es necesario haberse tragado todas las temporadas de House para llegar a tal conclusión.
En fin, vuelvo a mi casa, con el objetivo de plantear una lista de temas para el trabajo de tesis, y con la comezón insistente y constante de que, bien mi antiguo tutor, bien la directora de mi carrera, bien mi ex-coordinador, me ha estado mintiendo. Y, llamadme raro, pero es una idea que no me hace ninguna gracia. No sabiendo que, si tengo que empezar a plantear un trabajo de tesis, voy a trabajar en ese mundo.
Vuelvo a mi casa y me pongo a hablar con una amiga, que casualmente es doctoranda como yo; de mi facultad y de mi titulación, pero ella hizo su curso de doctorado en otro departamento. Le cuento el caso y le pregunto si a ella le dijeron algo de un mínimo de paginación en el DEA. Su respuesta es NO. Ni a ella ni a los de un tercer departamento, que presentaron trabajos de investigación tan cortos o más que el mío. Esto, sumado al comentario de mi antiguo tutor y al de la directora de la carrera, me hacen apuntar en una única dirección. Y sigue sin gustarme, además de por los motivos que ya he argumentado, por el hecho de que mi amiga también se las está viendo y deseando para que le digan cuándo y cómo empezar su tesis, lo cual nos hace preguntarnos a ambos qué hostias está pasando en nuestra facultad para que haya tantos problemas y tantas historias raras.
Mi expresión se volvió más o menos así al enterarme.
Demasiadas largas, demasiadas mentiras y demasiadas versiones encontradas.
Y la verdad es que me estoy hartando.
Podeis decir que estoy como una puñetera cabra, que mis ideales están desfasados o que provengo de otro planeta, pero me parece que si hay algún problema con respecto a los trabajos de tesis doctoral, a NADIE debería costarle nada ser transparente y decir con claridad cuál es el problema, en lugar de andar mareando a la gente con secretitos o supuestos decretos que parecen ser como Dios: deben poseer una autoridad irrefutable, pero no todo el mundo reconoce su existencia. De hacernos trabajar (que no nos molesta) para luego ningunear nuestros trabajos (que eso sí toca un poquito la moral). Para ver cómo los mismos profesores se ponen a caer de un burro entre ellos, pero nunca a la cara, haciéndonos a los que estamos ahí (y que no tenemos ninguna necesidad de tener que formar parte de esas intrigas) ser testigos o parcialmente partícipes de sus propios Juegos de Tronos.
Me toca considerablemente la moral, además, que de antemano se de por hecho (o peor, se de a entender) que no soy un buen trabajador o que no me dedico lo suficiente a ello, cuando en más de una ocasión se me ha pedido que no sea tan exhaustivo a la hora de hacer el análisis de algo que me piden. Y me repatea que gente que nos habla de honor y de legalidad a la hora de hacer las cosas no tenga lo que hay que tener para ser consecuente con lo que predica. O bien que tampoco sea capaz defender su propio trabajo y el que ha realizado la gente bajo su tutela, agachando las orejas ante la más mínima situación de conflicto, de paso dejando con el culo al aire a los de siempre.
Pero claro, lo que os digo siempre: todos formamos parte de esto. Sin ir más lejos, expongo el caso en mi casa de un modo quizás más apasionado que como lo estoy redactando (el calor del momento, ya me entendeis) y, ¿sabeis qué respuesta he obtenido?
"Es que eso es así".
Y ya está.
Como eso es así, nos callamos. Esa es la frase mágica. La que da carta blanca a cualquiera para que nos putee, para que nos convierta en emisarios involuntarios de dires y diretes. Para que se mee en lo que hacemos con total impunidad, sin que ni siquiera podamos permitirnos el lujo de la justicia o la retribución. Ni siquiera de poder decirle a quien sea "Vete a tomar por culo" como Dios manda.
Que lo tengais bien claro: cada vez que decimos "Pero es que las cosas son así" lo que hacemos es ponernos el collar de perritos amaestrados. Dejamos que nos marquen el trasero a fuego, como buenas ovejitas. Formamos parte del sistema y pasamos a alistarnos con todos los zombis y los robots que son responsables de que este mundo se parezca cada vez más a una puñetera distopía. Nos convertimos en razones por las cuales no te puedes fiar de nadie. Por la que piensas que vives en una sociedad donde impera la Santa Ley de la Puñalada Trapera. Donde todos los demás (menos nosotros, claro) son unos hijos de puta, pero no nos lo pensamos en lo más mínimo a la hora de joder a otros si nos conviene.
¿Cuántas veces habré oído en mi vida la frase de "Pues cuando tu seas jefe/profesor/inserte-aquí-su-profesión-con-un-pequeño-cargo serás igual"? ¿Tan bien me conoce el homo sapiens medio que piensa que me voy a convertir en lo que más me revuelve las tripas sólo por cobrar más? ¿Realmente es tan simple la raza humana para dar por hecho que cualquier hijo de vecino carece de un mínimo (ya no mucha, sólo un mínimo apreciable) de dignidad? Está bien claro que no podemos decir nunca "De este agua no beberé", pero mucho, mucho, tendrían que cambiar las cosas para que me convirtiese en la clase de persona que me causa vergüenza ajena. Ya no porque sea mejor persona que los demás o porque mis valores valgan más que los de cualquiera. Es que sencillamente no sé actuar de un modo que mis tripas son incapaces de resistir.
"No lo aguantoooorrrggglllglglg"
Si de algo tiene precisamente el haber crecido en el lado no-triunfal de la vida es precisamente el hecho de que, para bien o para mal, valoro lo que es estar abajo y muy especialmente lo que se puede perder. Preguntad por ahí y de mí podrán deciros muchas cosas bastante malas, pero jamás oiréis que no he dado las gracias a alguien que ha hecho algo por mí. Precisamente y por eso mismo, tengo muy claro que una de las últimas cosas que me gustaría hacerle a nadie es precisamente joderle la existencia. Especialmente si no conozco de nada a esa persona. Os pongo el caso de una ex-amiga que quiso abrir una vez una academia y me vino diciendo (como si fuera una puta hazaña, ole sus ovarios) que como a ella la habían puteado toda su vida, ella no pensaba pagar más del sueldo mínimo a sus emplados. Igual por un mínimo de vergüenza no me llegó a comentar su política de contratación. ¿Estuve de acuerdo con ella? Si habéis entendido una sola palabra de lo que llevo escribiendo ya un buen rato, creo que mi respuesta sobra.
En caso de que alguno no lo haya pillado, o simplemente me conozca de menos tiempo diré, con pocas palabras, mi reacción: aquello casi me hace vomitar. Años escuchando a la gente protestar por cómo están las cosas para luego convertirse en gente igual o peor. En gente que, en vez de luchar por mejorar las cosas, aunque sea un poco (tampoco vamos a ir de Mesías por la vida, porque sabemos que tenemos nuestras limitaciones), contribuyen a que este mundo de mierda siga hundiéndose más y más en la miseria. En otra razón más para desear que nos vayamos ya de una vez a tomar por culo como raza y nos sustituyan por fin las cucarachas. No creo que ellas lo hagan peor que nosotros, la verdad.
En fin, llamadme idealista. Decid si queréis que vivo en un mundo aparte. Preguntadme si os da la gana si en ese mundo de fantasía y colorines hay unicornios. La verdad es que con el día que llevo, en que me siento como Eddard Stark en el primer volumen de Canción de Hielo y Fuego, descubriendo la miseria y las mentiras que me rodean, ya me da un poco igual. Pero por favor, la próxima vez que alguno de vosotros le pegue una puñalada trapera a alguien, que se dedique a mentir o a modificar la verdad simplemente para no dar su brazo a torcer o para influir sobre terceras personas y satisfacer sus intereses, cada vez que puteéis a un compañero simplemente porque os salga del culo, o bien os aprovechéis de vuestra posición y de la gente que está por debajo de ella, no me vengáis en vuestra vida a protestar por lo mal que están las cosas. No tenéis derecho alguno a hacerlo, porque sois piezas del engranaje. Habéis puesto vuestro pequeño granito de arena para conseguir que nuestra sociedad se siga convirtiendo, cada día más, en un puto estercolero. En un nido de víboras o en un antro de ratas. Elegid la metáfora que más os guste. No, no vengáis a contármelo; decid mejor que vivo en un mundo de fantasía por pensar que así no vamos a ninguna parte. Putear a otros es más propio de la raza humana.









3 comentarios:
Joder tío, se me han quitado las ganas de entrar en el mundo universitario. Es peor que Los Soprano. Menudo hijoputa tu coordinador y menudo gañán el tutor. Y si, tienes razón, cuando decimos "esto es así, y no hay más", nos convertimos en sumisos y obedientes. Yo también se lo que cuesta que te valoren, que te tengan en cuenta, se lo que es estar abajo y recibir patadas. Por eso me pongo en tu lugar e imagino lo jodido que debes estar. Ánimo Javi, que el tiempo es sabio y un juez mas implacable que el Juez Dredd y pone a cada uno en su sitio. Y a ti te pondrá muy alto y a ellos al ras del suelo. En esta vida no todo son cargos u ostentar poder. La dignidad y el orgullo de decir que vives y actúas arreglo a tus principios está por encima. Tienes talento, y eso jode en ciertos ambientes, piensas por ti mismo, no eres manipulable, y eso dificulta el que te puedan mangonear e impide que puedas lamer su glorioso trasero cual perro apaleado agradecido por una caricia. Vales mas que ellos, lo saben, y eso les asusta, no sea que les muevas la silla. Por eso te menosprecian.
Como siempre, muchas gracias. Ya que todavía no sé quién miente y quién dice la verdad a ciencia cierta (tengo mis teorías, pero todavía no puedo asegurarlo), todavía no me atrevo muy bien a quién llamar gañán o a qué madre mentar. Pero oye, eso de que esto es como los Soprano también lo he pensado esta mañana.
En cualquier caso, lo que me mosquea es que estoy viendo que no sé de quién me puedo fiar, y eso es chungo si tengo que trabajar ahí dentro...
Pero bueno, se agradecen los ánimos igualmente. Habrá que cargarse de paciencia y a ver por dónde sale la historia. En cualquier caso lo digo y lo mantengo: si algún día consigo publicar, el día que me hagan una entrevista y me pregunten por mi formación, no pienso cortarme un pelo al decir que he aprendido mucho en la facultad, pero que el trato recibido ha dejado muchísimo que desear... al que le guste bien; al que no, habérselo pensado mejor antes de tocarme las narices.
Tu párrafo final merece un aplauso. Besotes, G.
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