viernes, 1 de noviembre de 2019

Mondo Chorra- Exilio (VII): La estrella que murió



Antes de empezar a escribir este post, me gustaría hacer una declaración de intenciones acerca de lo que estáis a punto de leer.

1) En primer lugar, me gustaría decir que este post no está escrito desde la rabia. Ni siquiera desde el enfado. Con tanto tiempo ya de por medio, podríamos decir que es más bien otro desahogo. Como he mencionado, el equivalente literario a sacarte un pedazo de cristal roto que tienes clavado en el costado y, como tal, si no lo haces, te pudres por dentro.

2) No va tanto de inculpar o de depurar responsabilidades sobre lo sucedido como de exponer cómo me sentí yo. Como sentí que se me hizo sentir. Lo que viví desde mi óptica personal y lo que se me demostró. En ningún caso expone juicio alguno sobre las intenciones reales de nadie. Solo sobre el efecto que estas, fueran cuales fueran, tuvieron sobre mí.

3) Como siempre, al ser algo de carácter estrictamente personal, no haré referencia a nombres. En buena parte, los nombres no importan, solo los hechos. Los hechos que describo aquí, hasta donde yo puedo decir (o sea, partiendo de la base de que los viví yo) son ciertos, en el sentido de que no me invento nada que no hubiera sucedido. Tampoco creo que haga falta que diga esto, pero me gusta aclararlo de antemano. Para todo lo demás, puedo estar equivocado o mi percepción puede ser muy diferente a lo que realmente pasó, pero doy mi palabra de que así fue como los viví.


Cuento lo que viví. Que vosotros os lo creáis, es cosa total y absolutamente vuestra.


4) Escribirlos en un medio público es mi forma de expresar lo que llevo dentro, a modo de, como he dicho, desahogo o una forma de terapia personal, como lo hace el que escribe canciones sobre sus historias personales y las canta en cualquier medio público, o como el que pinta, o el que las convierte en cualquier otra forma de expresión artística. La gente que no me conoce no tendrá ni la más mínima idea de lo que hablo; la que me conoce, o la que ha sido testigo de lo sucedido, sí. Cualquier otra intención que se quiera interpretar de esto será de quien la interprete, y no mía.

5) En contra de lo que pueda parecer, me resulta extremadamente difícil hablar de cosas como esta, aun pese a haber escrito ya como seis posts previos acerca de este tema. Podéis no creerlo, pero cada post de la serie Exilio ha sido un verdadero suplicio, porque ha implicado tener que escribir cómo me he sentido en una etapa de mi vida que, hoy por hoy, siento bastante oscura. Este post que estáis leyendo ahora mismo, por ejemplo, ha sido reescrito dos veces aquí y alrededor de una docena dentro de mi cabeza. Digo todo esto para que nadie piense que estoy soltando lo primero que se me pasa por la cabeza, o que escribo cuando me da el arrebato. Insisto: es una escritura harto difícil, pero que considero necesaria para limpiarme por dentro. Que lo entendáis o no, ya no entra en el ámbito de mi responsabilidad.


Lo mismo que cuando tienes algo clavado en el cuerpo lo suyo es sacártelo para que no se infecte...
pues esto es igual.
Casi más urgente incluso.




Dicho esto, tomo aliento y empezamos.

Empezar. Es algo realmente difícil, cuando no tienes muy claro el origen de todo. Supongo que esta es una de esas historias que tienen como varios principios. Principios que luego se engarzan en un tronco común y que, tras unas cuantas idas y venidas de argumento, acaban en un desenlace.
Planteo esto como una historia ficticia, ahora que lo pienso. Posiblemente porque me resulta más fácil (o menos duro) hacerlo así. Posiblemente porque, en el fondo, el mundo es un escenario y nosotros meros actores.

Actores.
De ser así, ¿qué papel me corresponde a mí? No me atrevo ni a decirlo en voz alta sin que suene ridículo, vacío o falso, incluso. Tantos años estudiando literatura y ni siquiera veo claro cuál es mi lugar en todo esto. Ni siquiera tengo claro si esta historia es una tragedia o una comedia.


Que si es una comedia, yo no le veo la gracia por ninguna parte.


Hablemos, pues, de uno de esos comienzos.
Supongo que el germen de todo esto comenzó en una época en que yo era un personaje que formaba parte de varias obras a la vez. Saltaba de un universo a otro y, en ocasiones, veía patrones similares a un lado y otro de esa línea que separaba los distintos mundos. En cada uno de esos mundos podía ver estrellas que brillaban con un pulso que entonces consideraba parecido. De modo que, en mi atrevimiento, me decía a mí mismo: "Tal vez sería buena idea que ambas estrellas brillaran juntas", cosa que hice. Con el tiempo, estoy seguro, habría quien pensase que mis objetivos eran bien diferentes pero, como ya he dicho, no tengo intención alguna de mentir. Que el resto del universo piense lo que quiera. Yo sé perfectamente lo que tenía en mente cuando lo hice.

La estrella que encontré en uno de esos universos brillaba con una luz que, en su momento, me pareció muy especial. Era una luz cálida que irradiaba paz, y se esforzaba por conseguir que todos aquellos bajo su luz se sintieran bien. Era la clase de luz a la que era imposible no querer y bajo la cual uno habría deseado prosperar.
Llevé a esa estrella hacia el universo del que provenía yo, para que su luz se sumase a la de la estrella de éste. El resultado, debo decir, me hizo sentir muy satisfecho.


Al menos, por un tiempo


Pero supongo que la satisfacción dura poco. De algún modo, el equilibrio en mi Universo personal se alteró y el Frío no tardó en llegar. Se dijeron palabras de forma muy prematura y se dieron fenómenos que, si se tenía los ojos muy bien abiertos, podían resultar incluso amenazadores. Fue por eso por lo que saqué mis garras y decidí lanzarme al ojo del huracán. Para salvaguardar el orden en mi Universo personal.
Supongo que ese fue el principio del fin, aunque yo mismo no podía saberlo en aquel momento.
No se entendió nada de lo que hice y sufrí reproches de todo tipo. Aquellos a los que intentaba proteger me trataron como si no tuvieran la más mínima idea de la clase de persona que soy, ni de las motivaciones que me mueven a actuar. En mi Universo personal, cada vez que yo he sacado las garras contra alguien, ha sido precisamente para proteger, no para atacar sin provocación previa.
Las palabras que se usaron contra mí fueron "amargado" y "cobarde", pese a que yo no había iniciado el ataque. A que yo no había traído ese Frío. A que no había amenazado a nadie.
Pero fui quien actuó cuando todos miraban para otro lado o fingían que nada malo sucedía.


No era la primera vez que me ensuciaba las manos.
Y esto, todo el que vivió esos años ahí, lo sabe.


Fue muchísimo más doloroso saber que aquella estrella a la que yo había guiado hacia mi universo fue la que con más dureza me habló. La que más me reprochó que hubiese intentado ayudarla.
—Yo puedo defenderme sola —me dijo, sin siquiera reconocer mi mejor intención al hacerlo. Sin darse cuenta de que yo mismo estaba enfrentándome a aquellos que habían estado a mi lado por hacer lo que siempre he hecho: ayudar a aquellos que considero inocentes.

No sé qué fue peor: que no se entendiera, o que aquello fuera la base de toda una reprimenda que, debo decir, me socavó bastante por dentro. En ese momento no reaccioné, pero fue la primera vez que aquella estrella me habló con dureza.
No reaccioné porque no lo esperaba. Porque no tenía fuerzas para hacer nada. Debo decir que interioricé todo aquello que me dijo, y solo fui capaz de sentirme muy triste. Muy triste y culpable.


Y no. No soy Batman ni me creo Batman.
Pero la foto expresa bastante bien cómo me sentí.


El conflicto acabaría por resolverse. Llamémoslo así, porque empiezo a pensar que los conflictos, realmente, no se resuelven. No en aquel Universo, al menos. Simplemente una afrenta se vio compensada, o respondida, por otra al mismo nivel, o incluso superior, en cuanto a rabia y fiereza, a la que no se pudo combatir. En el fondo, creo que nunca se hicieron las paces ni hubo entendimiento mutuo. Solo un pacto de no agresión que consistió en no decir lo que se pensaba abiertamente. Simplemente un distanciamiento, en apariencia prudente, para no hacer correr la sangre.
Pero la sangre ya se había vertido, aunque nadie quisiera reconocerlo, y eso fue el germen de lo que sucedería más adelante.
Y las cosas, aunque nadie lo hubiese visto entonces, ya habían empezado a cambiar.

Por mi parte, respecto a este tema, se me había llamado cobarde porque no atacaba directamente a la persona que para mí había causado el conflicto y simplemente no ocultaba que eso me parecía mal. Porque tenía que hablar con ella y decírselo (al mismo tiempo que me había dicho que podía defenderse solita). Curiosamente, cuando el tema se solucionó y quedó claro que yo no había hablado, porque lo que estaba haciendo era procurar enfriarme yo para no actuar en caliente y decir cualquier cosa de la que pudiera arrepentirme (y que, por tanto, yo había obrado de una manera sensata), en lugar de reconocer que había cierta lógica en mi actuación y admitir un error de juicio al llamarme cobarde, me preguntó por qué no lo había dicho. Le contesté que estaba interiorizando todo aquello, que no era algo que fuera capaz de verbalizar entonces.
La respuesta fue cuestionar mi trabajo como profesor al no ser capaz de verbalizar las cosas al momento.


Que tampoco es que me hartara de llorar por eso, pero sí es verdad
que me sentí muy poco valorado cuando escuché todo aquello.


Pasó el tiempo y los conflictos se fueron sucediendo. Al principio eran cosas sutiles, de modo que era complicado darse cuenta de lo que pasaba. Ahora, pasado el tiempo, me doy cuenta de muchas cosas. De que los conflictos siempre se iniciaban por mi causa, que no por mi culpa. Una palabra que decía yo, como podía haberla dicho desde el principio de los tiempos, y de pronto sentaba mal.
—Ese uso de tu sentido del humor no tiene gracia —lo que se podía traducir como "En mi presencia no vuelvas a decir eso".
—No vuelvas a sacarme ese tema porque me molesta —que venía a significar "Tú no hables de eso conmigo, que yo sí podré hablar contigo de lo que me dé a mí la gana, lo quieras tú no no".
Pero no lo vi.
Ninguno de nosotros lo vio y, si lo hizo, no dijo nada.

Siguió pasando el tiempo y aquella estrella venida de otro Universo buscó otros Universos que explorar. Fue entonces cuando, ya de forma definitiva, dejó de brillar como había hecho hasta entonces. En cierto sentido, podría decirse que esa estrella acabó por morir y dio paso a otra que, pese a parecerse, no era ella.
No era ella en lo más mínimo. Aunque se esforzase por brillar como antaño, su luz ya no era cálida, hasta el punto que podría decirse que ya ni siquiera era una estrella. Era otra cosa, muy diferente, la que había tomado su lugar y nos hacía creer, sin mucho éxito, que seguía siendo la misma.


Este es un recurso de los cómics que en ficción puede ser muy épico.
En la vida real, cuando alguien se transforma hasta tal punto que no consigues
reconocerlo, resulta especialmente doloroso.


Gracias a esa cosa tan diferente a la estrella que antaño brillaba con calidez, es difícil olvidar un episodio realmente triste que supongo que debió marcar otro hito. Difícil olvidarlo, porque se esforzó muchísimo en recordarlo, una, y otra, y otra vez, aunque yo mismo le dijese que, por favor, no volviera a sacarlo más. Algo que, por supuesto, no sirvió de mucho, y acabó quedando como "mi negativa irracional a hablar del tema".
El principio del fin, supongo, u otro paso más hacia el fin. Empezó como un malentendido, pero en cuestión de horas, e incluso días, degeneró en lo que viene siendo un ataque con uñas y dientes. Ataque que, ahora puedo decirlo con claridad, no vino por mí, ya que (y en esto pongo la mano en el fuego o donde haga falta) yo jamás, JAMÁS, habría hecho nada en contra de aquella criatura que había brillado tanto. Empezó, como digo, como un malentendido, pero se convirtió en un episodio que todavía me duele. No por lo que sucedió, sino por lo que viví de aquel suceso. Hubiese las intenciones que hubiese, yo me sentí rechazado, excluido y completamente vejado. La criatura que antaño fue una estrella decía conocerme bien, pero no tenía ni idea (o no le importaba, ahora no lo tengo tan claro) que, de todas las cosas que no soporto en este mundo, una de las que encabezan la lista es que me levanten la voz.


Y, del mismo modo que yo tenía que entender todas y cada una de las cosas
que los demás no soportaban, parece que eso de que me gritaran a mí
tenía que consentirlo. Porque entenderlo, no estoy seguro de que se entendiera.


Creedme, no lo hizo una vez solo. Fueron varias, en una de las conversaciones más humillantes que he tenido en mi vida, donde pasé de hablar expresamente de algo que no me había sentado bien a recibir toda una batería de gritos y reproches. Aquel... aquel ser, a falta de un término más preciso, puesto que no sé ni cómo describirlo a día de hoy, me hizo sentir como la criatura más indigna de toda la creación. Os juro por lo más sagrado que no hice sino intentar razonar con él, manteniendo firmeza en los argumentos que tenía, pero no sirvió de nada; cuanto más hablaba, más fuerte me gritaba.

No importaba lo mucho que intentara explicarme. Daba igual que intentase ser asertivo y decir "A ver, que lo que no me ha parecido bien es esto". Nada de eso importaba. Solo escuchaba gritos y más gritos. Intenté escribirle para disculparme (aunque ahora, pasados algunos años, tengo muy claro que no tendría que haberme rebajado de esa manera. Si ella había sido quien había perdido las formas al gritarme, que fuese ella quien se disculpase) para decir que jamás había querido que la cosa llegara a esos niveles, pero recibí más gritos aún: porque no se le podía escribir. Se la tenía que llamar, o usar cualquier otro medio sonoro, jamás escrito debido a una mala experiencia de la que yo no era responsable. De hecho yo era tan no-responsable que sucedió años antes de conocerme. Y aun así, me estaba haciendo pagar por ella, metiéndome en el mismo saco y obligándome a hacer las cosas de un modo que no me gusta hacer, en el que no me siento cómodo. Sin importarle el hecho de que, si estaba haciendo así las cosas era por un motivo básico: poder decir las cosas pensándolas bien, sin que mis palabras generaran otro conflicto más.
Nunca me preguntó por qué. Tampoco me dejó que le explicara por qué.
Se limitó a decir que esa manera de hacer las cosas era denigrante.


Supongo que, en dicha escala de valores, escribir a alguien para pedirle perdón e intentar
llevar las cosas a buen puerto es más denigrante que perder las formas y ponerse a gritarle a alguien,
de paso tratándolo como si fuera indigno de respeto.


Era como volver a tener cuatro años. Cada grito, cada palabra, era como un golpe que me propinaba. Y os juro que yo ya no sabía que hacer para llevar aquello por buen camino. Hiciera lo que hiciera, dijera lo que dijera, estaba mal. Y, como seguiré contando, estaría mal durante mucho, mucho tiempo después.
Y sí, era incapaz de defenderme usando sus mismas herramientas. Porque yo no soy así. Porque con aquellos que me rodean, no me veo quién para hacer eso.
Hasta tal punto fue hiriente en esa, y en todas y cada una de las conversaciones que ese ser sacó al respecto (lo quisiera yo o no) que hasta casi le di la razón; o, mejor dicho, ya ni me atrevía a llevarle la contraria para que no me volviera a gritar.

Por aquel entonces, en mi Universo contaba con gente que sí creía mi palabra, y solo tuvieron que escuchar la primera de las conversaciones para decirme que no. Que no era yo el que se estaba portando mal; que no era yo el que estaba perdiendo las formas. Y que sí, que era yo el que estaba intentando ser razonable en todo momento, frente a alguien que había perdido por completo el control de lo que decía y de cómo podía sentar.


Y, mientras tanto, yo me veía por completo desbordado.
Incapaz de reaccionar.
Sin saber qué hacer, ni lo que decir.


A partir de aquí, supongo que las cosas se volvieron más oscuras a cada día que pasaba. En su momento no me di cuenta, pero echando la vista atrás sí tengo claro que yo mismo me estaba censurando al hablar. Que, de forma automática, estaba midiendo todas y cada una de mis palabras para que no sentaran mal. Para que no volviera a desatarse el conflicto.
Sin éxito.
Ya habíamos llegado al punto en que no hacía falta que se sacase ese famoso tema para que yo me comiera las iras de aquel ser; bastaba con que yo abriera la boca al respecto de cualquier tema mundano para que cargase contra mí, y con esto no quiero decir que socavase mi opinión; eso ya lo había hecho hacía mucho. Me refiero a que aprovechaba la coyuntura cuando abría la boca para convertirlo todo en una especie de ataque personal, hasta el punto en que una vez llegué a decirle:
—Entonces me callaré para que lo que tenga que decir no moleste.

Por supuesto, eso sirvió para que de pronto esas palabras, dichas con total honestidad, se volvieran en mi contra y ahora yo me estuviera haciendo la víctima.
Hacerse la víctima es algo totalmente voluntario: te sucede algo y tú lo magnificas para que todos los demás lloren al verte. En mi caso, ahora (insisto en el ahora, porque antes no era capaz) me doy cuenta de que no era yo. Cualquiera que fuese testigo de aquello me lo acabó confirmando algún tiempo después: que yo no me merecía que me hablasen de esa manera. Que era incomprensible que pudiese soportar una actitud así.
Y es cierto. Yo mismo me pregunto cómo pude aguantar aquello sin sacar las garras.
La respuesta, ahora que lo pienso, es obvia:
No tenía fuerzas para ello.


Me sentía como tener un cepo puesto en la boca, la mitad de las veces.


¿Alguna vez os ha pasado? Que alguien que, objetivamente no tendría por qué intimidarte o hacerte sentir mal cada vez que abre la boca lo haga, y que no encontréis energías ni para plantarle cara ni para nada que no sea agachar la cabeza.
Si nunca os ha pasado, os felicito y os envidio. Yo no tuve esas fuerzas que tenéis vosotros, de modo que cada reunión se convertía en un episidio bastante dañino: por un lado, las ganas de reunir a mi Universo; por otro, el miedo a que se desatase un conflicto serio por cualquier palabra mal dicha, o malinterpretada; y, por un tercer lado, la tristeza al ver cómo acababa sucediendo de una forma más frecuente de lo que cabría esperar.

Hubo no una, sino decenas de conversaciones para negociar la paz. Decenas de conversaciones en que la sensación general era escuchar excusas (algunas, moralmente discutibles, que no mencionaré aquí) hacia ese comportamiento tan agresivo hacia mí, al mismo tiempo que otros tantos reproches por no haber tenido yo la actitud correcta, o no haber sabido actuar como debiera.
Tras cada conflicto, una conversación.
En cada conversación, excusas y reproches.
Tras cada reconciliación, acababa sintiéndome muy mal, porque todo quedaba como algo que había originado yo y que encima no había sabido gestionar.
La culpa, o bien las excusas que se esgrimían para culparme a mí: mi falta de madurez, no saber hacer las cosas bien, o la obligación de aceptar que, en el fondo, yo estaba pagando por problemas ajenos a mi persona.


Dicho en pocas palabras, me habían hecho cargar con la cruz que debían haber llevado otros.


Respecto a esto último, es quizás una de las cosas que más me dolieron de todo esto. Ya era bastante duro que mis palabras se tendieran a malinterpretar como ataques u ofensas, pero que se dijera que yo era "la gota que colmaba el vaso" de otros problemas fue incluso peor. Tardé bastante tiempo en asumir que, sencillamente, estaba pagando por cosas que ni siquiera me atañían debido a dos motivos: el primero, que yo no me veía capaz de defenderme, lo que me convertía en un facilísimo blanco de las iras de aquella criatura; dos, que esa criatura tampoco era capaz de afrontar sus propios problemas y había encontrado en mí el elemento perfecto con el que pagarlos.
Hasta qué punto esto último es cierto no puedo garantizarlo; pero sí puedo garantizar que todo el comportamiento conmigo no me pudo llevar a pensar otra cosa. Y el esfuerzo por hacerme ver lo contrario, debo decirlo, fue inexistente.


Desde entonces, tengo claro que si alguien me dice que soy la gota que colma el vaso,
eso significa que está pagando conmigo sus problemas.
Y ya, si eso, que me lo justifique como quiera.


La situación evolucionó a cotas muy duras para mí. Llegué al punto de tender la mano a aquel ser cuando se encontraba mal, aferrándome a la vana esperanza de que las cosas pudieran volver a encauzarse. De que pudiera ver que yo era alguien de fiar.
Si todo lo vivido ya me pareció duro, más duro aún me pareció escuchar cómo me dijo que tenía gente mejor que yo con la que contar.
En otras palabras, que la que en su día fuera una estrella que sí me necesitaba y que había contado conmigo en un buen número de ocasiones, había muerto y había dado paso a una criatura para la que yo no significaba absolutamente nada.
Significaba tan poco que ni siquiera fue capaz de decir las cosas de una manera que no resultaba dañina. Simplemente las soltó, como si quisiera deshacerse de mí.
Recuerdo que el resto de aquel día desaparecí y no quise hablar con absolutamente nadie, porque sentí que aquellas palabras tenían razón: sentí que yo no era nadie que mereciese la pena como para poder confiarme nada. Que mi forma de vivir impedía que pudiese tener a nadie a mi alrededor con la que pudiese compartir experiencias de ningún tipo.
En resumidas cuentas, que no estaba a la altura de los estándares de aquel ser.


Ni idea de lo que esperaba, pero estaba claro que, hiciera lo que hiciera, yo no era digno.
Y punto.


Y esto no fue un episodio pasajero, ni mucho menos. Con el tiempo, hablé con más elementos de mi Universo personal y les llegué a confesar que no sabía qué era lo que aquel ser esperaba de mí. Ni uno solo me contradijo al respecto y todos me confirmaron que, en el momento en que buscó otros Universos, cambió de modo radical.
De modo que no eran imaginaciones mías, o no solo mías, al menos.

Las cosas no fueron a mejor. Seguí teniendo que tolerar insultos de todo tipo. Hacia mi forma de ser, hacia lo que hacía o dejaba que hacer, incluso a mi físico. La situación llegó a un extremo tan humillante que la mitad de las veces no sabía si darle un abrazo o saludar de una forma menos cordial. Nuevamente, me sentía mal por algo que ni siquiera era culpa mía, pero que me veía obligado a cargar como si fuera un estigma.
Hacía mucho que había dejado de reconocer a aquella estrella. Lo que había ocupando su lugar resultaba dañino y hacía que mi autoestima descendiera unos cuantos peldaños cada vez que lo tenía delante. Llegados a este punto, era incapaz de medir sus palabras y mucho menos de asumir la responsabilidad cada vez que me hería con ellas.


No sé si lo sabéis, pero soy parcialmente sordo. Y, como tal, yo puedo hacer bromas con mi sordera. Las hago a menudo, cuando no estoy hablando en serio, pese a que es serio que en un futuro posiblemente deje de oír.
Pero me duele muchísimo, que en medio de una discusión, venga alguien y me diga "No me estás escuchando lo que te digo, no sé si es por tu sordera o porque no te da la gana".
Debo decir que, aparte de lo doloroso y lo humillante que es que alguien use una lesión física para socavar tu opinión, resulta bastante curioso que esa misma persona fuese la que me censurase a mí mi sentido del humor.
Y no, no se disculpó abiertamente cuando le dije que se había pasado. Simplemente dijo que esa frase no sonaba tan horrible en su cabeza.
Pues menos mal, porque es muy, muy difícil que suene menos horrible.


Más adelante, incluso llegó a quebrantar una promesa que nos habíamos hecho, cuando acababa de entrar en mi Universo. No contaré los detalles, precisamente porque yo sí soy fiel a mi palabra, pero en su momento dimos un tema por zanjado y consideramos que no hacía falta volver a sacarlo.
Al menos, eso era lo que creía yo, que ya no había nada de qué hablar a ese respecto.
Al final, acabé enterándome de que ese tema, al parecer, no había sido zanjado por su parte y era buena parte de la explicación por la que se portaba así conmigo, como si yo tuviera culpa de nada. Tema del que había hablado a todo el Universo a mis espaldas. Las implicaciones acerca de lo que podía estar pensando de mí a ese respecto, rozaban lo perverso.
Pocas veces en mi vida me he sentido más insultado que cuando me enteré de todo aquello. Por tanto, aunque seguía sin fuerzas para poder plantarle cara, sí empecé a encontrar fuerzas para poner algo de distancia.

Ya no sería el amigo fiel que siempre estaría ahí. Me conformaba con estar en el mismo Universo sin convertirme en el blanco de sus iras, pero por desgracia, creo que la revelación que me llevó a ello llegó bastante tarde. Para entonces, cada pequeño error mío sería visto como una auténtica afrenta imperdonable; y, por el contrario, si yo comentaba algo que me sentaba mal, sería visto como una pataleta.
En resumidas cuentas, que lo que yo hiciera estaría muy mal, y si algo a mí no me gustaba, me tenía que aguantar, usando una vez más el argumento de mi falta de madurez como excusa para justificarse.
Sucedió otras tantas veces: ahora ya habíamos pasado de silenciarme, excluirme o insultarme a directamente culparme de cualquier cosa que pasara, la hubiera causado yo o no.


Para alguien que se esfuerza por ser justo, este tipo de dobles varas de medir resultan
tremendas.


Volvemos a lo del papel en esta obra. No sé cuál sería mi papel aquí, pero está claro que en ningún momento fue el que yo habría querido para mí mismo. Ya puestos, para nadie que me importara. La mitad de las veces que nos reuníamos, o estallaba un conflicto o teníamos el miedo constante a que estallara. Aquella criatura parecía haber perdido el control sobre sí misma y ya no solo me atacaba a mí; también se había atrevido a levantar la voz a otros a los que sin duda respetaba más que a mí. La diferencia es que los otros sí pudieron defenderse, quizás porque no llevaban tanto tiempo recibiendo sus golpes como había estado yo; sea como sea, lo cierto es que solo necesitaron sacarle los dientes UNA vez para que no se le volviera a ocurrir atacarles.
Solo quedaba yo, que ahí seguía. Poniendo un poco tierra de por medio, pero en ningún caso con la garantía de no volver a llevarme más ataques.

Y los ataques no desaparecieron. Tan solo se prolongaron más en el tiempo, a causa de que aquella criatura estaba brillando en algún otro Universo, quizás simulando ser la estrella que había sido antaño. De vez en cuando, reaparecía en mi Universo y, o bien cargaba contra mí, o bien directamente me excluía.
Porque yo ya no era bienvenido en "su" círculo. Esto no me lo invento, me lo llegó a decir abiertamente, en una de las miles de conversaciones que tuvimos, donde me admitió que había cosas de las que no quería hablarme porque no se sentía cómoda. Para ello prefería contar con... seamos honestos, prefería contar con cualquier otra persona.
Siendo maduro, puedo decir que eso es respetable. Nadie obliga a nadie a contar conmigo... pero debe ser consecuente que, entonces, yo puedo hacer exactamente lo mismo y no ver a esa persona como una amistad.


Lo más triste es que yo precisamente no soy de echar a nadie de una conversación en medio de
una reunión donde hay más gente.
Menos aún de hacerlo en su cara.
Sin embargo, cuando me lo hicieron a mí, me tuvo que parecer bien.
O si no, yo era un egoísta y demás excusas.
Porque si otros lo hacen, está bien; de ser yo, me habría echado encima
toda una jauría de perros.


En este punto, donde apenas nos veíamos, empezaron las incoherencias: a todos los efectos, ya me había quedado claro que yo era una persona que no casaba para nada ni en los planes ni en el estilo de vida de aquella criatura, pese a que antaño siempre había contado conmigo y yo no había hecho nada para que dejase de confiar en mí. Y si lo había hecho, jamás me lo dijo de forma abierta (eso sí, a mí siempre me decía que tenía que hablar las cosas, porque callarse era peor). Sin embargo, las veces que nos veíamos, sí era aquella criatura la que venía echándome de menos, como si fuera un buen amigo al que no veía desde hacía siglos.
En ningún momento admitía que, si no me veía en todo ese tiempo era porque ponía la excusa de la falta de tiempo por no admitir falta de interés. Y esto puedo probarlo porque, en otros Universos, estaba ampliamente disponible. Siempre dispuesta a colaborar.
En mi Universo, su principal aportación era el silencio hasta que consideraba oportuno aparecer. Aparecer y darme lecciones de lo que yo había estado haciendo mal.



Lecciones a toro pasado, y ya cuando los cadáveres están incluso fríos.
Porque desde la barrera se ven los toros muy pequeños, y todo el mundo es crítico de arte.

Otra gran incoherencia, y de esto me doy cuenta ahora, fue cuando la criatura tuvo problemas en otro Universo y, según supe, agradeció enormemente que allí hubiera quien se enfrentase a sus propios amigos para defenderla. Pienso en ello y me resulta muy doloroso porque, si lo recordáis, eso mismo fue lo que hice yo casi al principio de esta historia y no solo no se me agradeció; se me reprochó porque podía defenderse sola.
Otro de tantos episodios en los que descubro en que, al parecer, no importa la acción en sí para que sea buena, sino quién la hace.
Yo puse mi mejor intención y me acabé sintiendo fatal por ello, como si hubiera cometido un pecado imperdonable; otros, haciendo exactamente lo mismo, fueron vistos de un modo radicalmente diferente.
Un brutal y doloroso doble rasero.
Es todo con lo que he podido quedarme de esa experiencia.


Y esto, se me explique como se me explique, para mí solo significa una cosa:
que daba igual lo que hiciera.
Las buenas intenciones que tuviera.
Lo razonable que yo fuera.
Cuando sobras, sobras.
Pero también digo una cosa: eso se me pudo decir desde el minuto uno, por las claras.
No tenerme alrededor de tres años en este plan.


Tras las incoherencias, llegó la etapa del secretismo. En esta etapa, se sucedieron cientos de conversaciones, pero ninguna conmigo. Estaba más que claro que yo, ya no es que no le importara en lo más mínimo: es que encima mi presencia le incomodaba. En cada reunión de mi Universo, se daba al menos una vez en la que se llevaba a todo el que podía a un aparte y le contaba sus magníficas aventuras, dejándome a mí en un rincón, plenamente consciente de lo que estaba haciendo. Como había hecho otras tantas veces, lo que había hecho era excluirme y decidir por mí a partes iguales: ella misma había decidido que según qué asuntos, según qué cosas, no eran para mí. En un alarde de educación, no solo hablaba de lo que le daba la gana a mis espaldas. Lo hacía delante de mí, lo que muy discreto no era. Realmente, en este punto, lo que hablara o dejara de hablar con otra gente ya me había quedado claro que me daba igual. Lo dañino era hacerme el vacío y excluirme de una manera tan vulgar.
Hacerme eso a mí. Y encima apañárselas para que, si yo dijera que eso me parecía algo muy feo, apañárselas para hacerme ver a mí como un egoísta o como un metomentodo.


Aquí había ya perdido la cuenta de la de veces que me hacían
sentir a mí como una persona horrible.


Por eso, directamente ignoré todo aquello, pero tomé nota. Llegados a ese punto, empecé a tomar nota de todas y cada una de las lecciones de moral que me estaba comiendo día sí y día también, para el día que tuviera fuerzas, poder recopilarlas todas y dejar claro que, puedo ser una persona paciente, pero eso no quiere decir que mi paciencia sea infinita. Que puedo andar soportando todos los golpes posibles, pero llega un momento en que me harto de recibir golpes y acabo desapareciendo para no volver. Eso mismo lo llegué a mencionar alguna que otra vez, de una forma bastante clara, llegando a decir abiertamente que parecía que no se me quería allí.
La respuesta: "Eso son imaginaciones tuyas".

Cuando empecé a hacer aquello, otra sombra se estaba irguiendo sobre mi Universo. Una sombra que, tarde o temprano acabaría por separarnos. No estoy seguro de que esa sombra llegase a ejercer su influencia para entonces, pero sí fue cierto que orbitó cerca cuando uno de mis puntales en ese Universo cedió y estalló otro conflicto más, otro de un número ya incontable de ellos, por un punto que no podría haber previsto. Dicho conflicto vino por otra parte, sí, pero el resultado fue muy similar: una vez más, se me atacó de una forma muy personal por una razón que no termino de entender del todo, porque nadie tuvo a bien explicarme. Todo lo demás son conjeturas y teorías.


Nadie sabe nada.
Nunca.
Pero luego, todos sí parecen saberlo todo.
Siempre.

El caso es que, cuando esto sucedió, yo estaba ya pasando por una época bastante triste. Me estaba dando cuenta de que mi autoestima y mi percepción del entorno no pasaban por un gran momento. Me sentía como un completo fracasado en todo y como una persona incapaz de hacer nada medio en condiciones. Sentía cómo mis decisiones eran cuestionadas en todo momento y tenía la impresión de que no hacía más que cometer errores una y otra vez. Sentía, de paso, que dijese lo que dijese, que me sucediese lo que me sucediese, era automáticamente culpa mía. De modo que ya no me atrevía ni a hablar de mis problemas en mi Universo personal. Tampoco compartía mis pequeños logros diarios, porque ya estaba notando que siempre había voces que los echaban por tierra.
Sí, tenía miedo a hablar. A decir lo que pensaba.


Yo lo único que quería es que todo estuviera bien.
Pero, al parecer, para eso tenía que acabar pagando con los problemas de otros.
Y mis problemas, ni siquiera podía compartirlos, porque parece que
encima molestaban.
Es posible que hasta diera igual lo que yo mismo pensara o quisiera.


Este último conflicto no fue precisamente positivo en todo lo que estuve viviendo. La aportación de aquella criatura, tampoco. Pese a estar completamente seguro de que yo no tenía ni la menor idea de lo que había pasado para que de pronto las cosas se volvieran en mi contra de aquel modo, la criatura reapareció tras una temporada sin dar, literalmente, señales de vida para hacer lo que había hecho siempre desde que la estrella muriera y diera paso a lo que sería desde entonces: una vez más, me vapuleó verbalmente, cargando sobre mis hombros la responsabilidad de arreglar todo aquello, como si yo hubiera sido el que lo hubiera causado. Fue algo muy irónico, porque pese a que reconoció que yo no era el origen (habría sido ridículo, porque fue a mí a quien dejaron de hablar y no al revés), sí me dijo que era yo quien tenía que buscar a la otra persona y solucionarlo "porque esto se tiene que hablar, y si la otra persona no quiere, tendrás que ser tú quien la busque". Ni que decir tiene que se las apañó para hacerme sentir mal por mantenerme en mis trece en el hecho de que, si era yo al que le habían faltado al respeto (cosa que tampoco negó), lo correcto es que quien lo había hecho era quien tenía que venir a darme explicaciones.


Y ya puestos, si la única solución hubiera sido que me dejara humillar todavía más,
pues lo mismo se me habría dicho que lo hiciera.
Porque como el fin era bueno, los medios, por indignos que fueran,
quedaban completamente justificados.


Por supuesto, desoyó ese argumento y me vino a dar a entender que una amistad es más importante que esa patochada de detalle. Una vez más, mi dignidad parecía traerle sin cuidado y su magnífica solución (la que ella habría tomado, decía, aunque dudo que ella se hubiese dignado a mediar palabra con nadie, en caso de haber estado en mi lugar) era que la obviara y que, hablando mal, me bajase los pantalones con tal de solucionar el problema.
Acepté, pero no porque la idea me pareciera genial. La idea en sí me pareció una aberración y un insulto, pero estaba ya tan harto de todo que acepté sencillamente para que nadie volviera a decirme más, como se había estado diciendo cada vez que abría la boca, que me quejaba y que no ponía medios para solucionarlo.
Aparte, también acepté para dejar claro que sus magníficas ideas también podían ser un completo desastre, como así acabaría siendo ésta.


Una idea tan brillante y constructiva como esta.
Por cierto, si alguno de vosotros está esperando que semejante despropósito
se reconociera como tal, olvidadlo.
Aquí nadie me ha venido diciendo "Vale, fallo mío por presionarte
hasta lo indecible para que lo hicieras".
Porque para qué vamos a reconocer nada.
Aquí el único que ha tenido que reconocer cosas (incluyendo las que no ha hecho)
he sido yo.


Lo más gracioso de todo no es eso, sino lo tristemente gracioso que fue escuchar que, si hablaba con la parte implicada y las cosas salían mal, "tendría que vivir con ello".
Resumamos un poco esto, para que se entienda la jugada:

Punto 1) Alguien, que yo creía de confianza, me deja de hablar de la noche a la mañana sin darme explicaciones, y faltándome al respeto de una manera poco menos que vergonzosa.
Punto 2) Lejos de sentirme apoyado, la criatura decide mediar, pero a su manera: sí dice que yo no he empezado esto, pero sí me carga a mí con toda la responsabilidad de solucionarlo.
Punto 3) La criatura habla conmigo como SEIS meses después del desaguisado, y me reconoce que habló con la otra parte bastante antes. Encima, cuando le pregunto qué ha dicho la otra parte acerca de arreglarlo (porque a mí me sonaba ya a broma que hubiese hablado meses atrás con la otra parte, esta le dijera que no tenía intención de mover un dedo, y que esperase medio año para decirme a mí que lo hiciera yo, aun a sabiendas de que esa otra parte no tenía intención de arreglar nada), me suelta el reproche del siglo diciendo que no piensa hacer de mensajera. Sin embargo, ahí está: hablando conmigo medio año después, y obligándome a hacer algo que los dos sabemos que no soy yo quien debe hacer.
Punto 4) Habida cuenta de que la cosa seguramente salga mal, esgrime el argumento de que pase lo que pase, es cosa mía. Es decir, se exime a sí misma de toda responsabilidad por haberme azuzado a la otra parte; se exime también de toda responsabilidad si la cosa sale mal por haberme azuzado a hacerlo, (recurriendo incluso al llanto), y de paso, me carga a mí con absolutamente todo lo que pueda pasar, pese a que, como digo, no fui yo el que lo inició. Es más, yo ni siquiera sé a qué vino.


Ni lo sabré, vaya.
Me consta que siempre he sido yo el que se ha deshecho en explicaciones,
pero cuando he sido yo quien las ha merecido, la respuesta ha sido NULA.


Evidentemente, la cosa salió mal. La otra parte jamás contestó y, lejos de eso, demostró que todo le importaba muy poco. Años de amistad, de buenas a primeras, desaparecían y eran barridos de la continuidad. Incluso, en lo peor del momento, enseñaba fotos suyas yéndose de fiesta en algún otro Universo.
Pero el malo era yo, según la criatura. Era el malo porque eso de que me pareciera mal que estuviera de fiesta cuando tenía que estar solucionando las cosas, según ella, era egoísta. "Porque la otra parte también tiene derecho a desconectar", decía. Justificando una y otra vez faltas de respeto, desplantes y verdaderas groserías, sin atreverse a reconocer que, eso se lo hacen a ella, y se habría montado el Apocalipsis.
Especialmente si eso se lo llego a hacer yo.


Pero bien liado.


Aquello fue, con toda seguridad, lo que abrió la puerta para que yo abandonase mi propio Universo. Ya es bastante malo sentirte ninguneado, insultado, y completamente aislado de tu propio entorno. Que paguen contigo sus frustraciones es peor todavía, pero quizás lo que es imperdonable es ver cómo te faltan al respeto de esa manera, se justifican entre ellos y tú te comes la peor parte. Ver cómo alguien a quien quisiste tanto acaba por convertirse en alguien irreconocible que usa el poder que tiene sobre ti para pisotearte y machacarte cada vez que le viene en gana es algo muy, muy duro de superar.
Saber que nunca importaste a esa persona, y que desde cierto punto en adelante, todo fue fachada, es algo que me llevó años asumir. Y no fue sino otro motivo más para darme cuenta de que, desde hacía tiempo, aquel ya no era mi lugar.


Como tal, había que ser consecuente.
Tenía que irme de ahí.


Miraba a los ojos de los demás y, cuando no veía que me estaban mintiendo descaradamente a la cara (y esto no es impresión mía, es un hecho, y probado en varias ocasiones), sentía que me miraban como alguien que ya no encajaba en sus vidas. Alguien que quedaba muy por debajo de según qué estándares. Alguien que sobraba, cuando antaño habían confiado en mí cosas que no habían confiado a nadie. Secretos, conversaciones a mis espaldas. Temas que se evitaban delante de mí, porque se mencionaban de pasada para, rápidamente, pasar a otra cosa. Silencios que, poco a poco, comenzaban a ser incómodos.
El Frío se estaba apoderando de nuestras vidas.

Ya no éramos lo que habíamos sido. Lo que se suponía que teníamos que seguir siendo. Yo veía con mayor claridad cada vez que la red de secretos y mentiras que se había tejido tenía un peso insoportable. Que cualquiera que creyese un mínimo en la verdad se asfixiaría en aquella especie de juego enfermizo, donde no se atrevía a decir nada. No a menos que quisiera que lo lanzaran a los perros.
Eso fue lo que viví yo: y sí, intenté advertirlo en varias ocasiones. Cuando no se me dijo que eran imaginaciones mías cada vez que sentía que no se me quería allí (la criatura que antaño fue una estrella usaba eso como mantra cada vez que yo le hacía caso y hablaba de lo que me sentaba mal), directamente se me hacía sentir como si yo hubiera perdido la cabeza. Ya ni recuerdo la mitad de las veces que se me miró como si estuviera enfermo cuando les decía que las cosas no podían seguir así.
A día de hoy, con la mitad de nosotros casi disgregados, y de una manera no del todo amistosa que se diga, estoy seguro de que ninguno reconocería un asomo de razón en lo que estaba diciendo. Si acaso, los veo hasta capaces de decir que todo lo que ha pasado lo provoqué yo.


Como si lo viera.


Aquella criatura tenía por costumbre analizar lo que decía y hallar cualquier defecto en la forma para cargar contra mí y hacerme creer que estaba equivocado en absolutamente todo. Que era mala persona, egoísta y zafio por decir que me sentía mal. Tampoco recuerdo ya la mitad de las veces que he tenido que disculparme por haber dicho exactamente lo que sentía, o lo que pensaba. De todo esto, debo decir con muchísima tristeza, que lo que me quedan son recuerdos bastante empañados, porque por cada buen momento, aparecen junto a él palabras y actitudes que los echan por tierra. Episodios dolorosos que, ahora que me he ido de ese Universo, puedo verbalizar y expresar, no para regodearme en ellos, sino para poder conjurarlos y afrontarlos.
Para, algún día, poder superar todo el daño causado y poder seguir adelante.


Y, aunque ya puedo decir que he recuperado buena parte de mi autoestima y me encuentro muchísimo mejor,
debo decir que todavía me queda una buena parte del camino para recorrer.
Todavía hay muchos demonios interiores que necesito conjurar.
Pero estoy en ello.


Y aun haciéndolo, siempre quedan las voces.
Voces que me dicen que este no es el sitio para hacerlo. Que poner todo esto por escrito no es la solución. Que lo que tendría que hacer es hablar directamente con las personas implicadas y dejarme de tonterías...
Voces que no son la mía, pero están dentro de mi cabeza.
Me esfuerzo por escuchar lo que me diría yo: me digo a mí mismo que este es el sitio para hacerlo porque así lo decido yo y no otras personas. Lo es porque hablo de lo que me sucedió a mí y porque es aquello en lo que creo. Quizás en un año, dos o diez, borre todo esto porque deje de considerarlo. Pero hoy por hoy, es mi decisión, y no la de otros por mí.
Y esto, para mí, a día de hoy, sí es la solución. O parte de ella. Porque para mí expresar aquello que me duele es algo que desde siempre me ha resultado extremadamente difícil. No os imagináis el esfuerzo que me supone cada una de las palabras que estoy escribiendo. Y están siendo muchas, muchísimas palabras. Calculad lo que supone esto para mí; calculad también la necesidad que tenía de ponerlo por escrito. Una vez lo hagáis, tal vez podáis sentiros en posición de juzgarme. Solo tal vez.


Algunos, de todos modos, lleváis haciéndolo desde hace siglos.
Creo que es lo que mejor se os da, visto lo visto.


Y, en cuanto a lo de hablarlo... Han sido demasiadas conversaciones ya. Demasiados malos tragos. Demasiado remover asuntos extremadamente dolorosos para no solucionar absolutamente nada. He tenido que ceder tantas veces... para ver que nadie mueve un ápice; tantas veces que he tenido que asumir responsabilidades que no eran mías... para ver que nadie asumía nada por su parte. Tantas veces que he hablado y, bien se me ha tomado por loco, bien se me ha ninguneado, diciendo que dramatizo... tanto tiempo, tantas energías malgastadas para volver a actuar exactamente igual apenas unos días después...
No.
Ese período de mano abierta ha concluido. Mi paciencia se ha agotado. Y el momento que alguna vez yo mismo había insinuado, en el que acabaría por desaparecer para que no volvieran a encontrarme, acabó por llegar.


Se acabó lo que se daba.


Ahora lo que queda de esto es un puñado de recuerdos amargos. La sensación de no haber aprendido gran cosa, y la necesidad de reinventarme, reconstruirme y de iniciar una nueva andadura, por donde quiera que me guíen mis pasos.
Y de fondo, todavía queda un dolor sordo y amortiguado. El dolor de aquello que se corrompió hasta la médula. El Frío que lo acabó por consumir todo. La hierba que se volvió gris. El eterno crepúsculo y el tristísimo recuerdo de una estrella que murió para dar paso a lo que quiera que sea ahora.

martes, 29 de octubre de 2019

Mis Truños Favoritos- La torre Oscura, de Nikolaj Arcel



En esto de adaptar obras escritas a la gran pantalla tenemos un elemento que se llama el de la creatividad del director. Generalmente, consiste en que un director coge un texto y aporta su visión personal de este, por lo general, potenciando según qué elementos del texto original o viéndose obligado (por cuestiones de metraje, o bien porque sea complicada su adaptación) a hacer ciertos cambios: es el clásico caso de ver cómo dos o más personajes son fusionados en uno solo a la hora de hacer una película, para evitar confusiones, o bien porque resultan redundantes en un formato que abarca apenas dos horas y pico. Si tengo que poner un ejemplo, se me viene a la cabeza Excalibur, la adaptación de La Muerte de Arturo de Malory, dirigida por John Boorman. Aquí varios caballeros de los muchísimos que salen en la extensa obra del autor británico aparecen fusionados en personajes más centrales como Lanzarote o Perceval.



Una película, como ya indico, no tiene que ser EL libro. Para ser EL libro ya está EL libro.
Pero sí creo que deba mantener un mínimo respeto hacia lo que adapta.
Y si no, debe funcionar por sí sola, con coherencia consigo misma y evitando la frase de "Es que si no te has leído el libro es imposible que entiendas esto".
Excalibur es un buen ejemplo de algo hecho con esmero: no es igual a la obra de Malory, pero si leemos a Malory, encontramos que éste no tuvo tiempo de revisar su propia obra y los capítulos, a veces, funcionaban casi como lecturas independientes.
Y hay partes, como las eternas descripciones de duelos de caballeros, que en una película se chuparían como hora y cuarto y que no aportarían gran cosa a la trama principal.
En resumen, hay cosas que se pueden entender en un medio literario, pero no en un medio audiovisual. De ahí las adaptaciones y no transcripciones audiovisuales del texto.


Otros interpretan algún concepto a su manera, dando una versión que, si bien no es del todo fiel al texto original, sí crean una obra coherente consigo misma y que podría verse como una visión alternativa de dicho texto. Quizás el mejor ejemplo podría ser Blade Runner, que adapta una novela del ya de por sí complicado Philip K. Dick. Su director, Ridley Scott, tomó algunas de las premisas  principales de la novela, pero creando algo nuevo al mismo tiempo, de lectura independiente a ésta. Suprimió los elementos más difíciles de adaptar (algunos, bastante surrealistas, como la entidad Mercer y las cajas de empatía que aparecen en ella. Algo que requeriría casi media hora de metraje solo para explicarlo de una forma medio decente... y hay que tener en cuenta que eran elementos secundarios a la trama principal).


El caso de Blade Runner es diferente: aquí entra en juego el pulso entre autor literario y autor cinematográfico (o sea, el director): con según qué obras, o con según qué directores, encontramos cómo estos últimos se esfuerzan en aportar su visión personal y su creatividad a una obra... porque los directores de cine también son artistas y no meros escribas.
Blade Runner difiere bastante de la obra de Dick, y aun así, podemos hablar de una película (aunque a muchos no os guste) dirigida con una impresionante sensibilidad artística.


Y luego tenemos directores que, más que ser creativos a la hora de adaptar un texto, lo que hacen es follárselo por el culo, la boca y los orificios nasales, llamar a sus amigos para que se lo follen también y, después de una buena sesión de sexo grupal, mearse, cagarse y terminar de echar la lefa que les queda en los cojones sobre el pobre texto. Una vez lo han dejado más pringado que la bandeja del horno de mi madre cuando hace un cordero asado, pegarle una paliza, coserlo a puñaladas y tirarlo en pelotas a una cuneta para que los perros también se lo follen por turnos. Eso es básicamente lo que Nikolaj Arcel ha hecho con la novela de Stephen King. Y creedme cuando os digo esto: ni siquiera Stephen King se merece semejante escupitajo, y fijaos en lo que estoy diciendo.



"Pero... ¿qué ha hecho este tío?"
Ahora te cuento, Stephen. Ahora te cuento.


Hablemos primero del texto, no sin antes comentaros que aquí hay DOBLE ALERTA DE SPOILERS, TANTO DEL LIBRO COMO DE LA PELI. Así que si vais a seguir leyendo este artículo, avisados estáis.
Ya sabéis lo que pienso de aquí el Rey. Aquellos que no me conozcáis mucho igual no, así que os hago el resumen en este párrafo y los que ya lo sabéis podéis pasar al siguiente.
Mi opinión sobre Stephen King es que es un autor sobrevalorado, capaz de (en sus mejores momentos) escribirte novelas entretenidillas y ya podemos darnos con un canto en los piños; en el resto de casos, lo que tenemos son chistes de pedos (que a ver,soy fan de ellos, pero NO en lo que se supone que son contextos serios o terroríficos. Si este cabrón escribe comedia de pedos, entonces sí que contaría con mi respeto), descripciones de pajas, animales maltratados o muertos de las formas más crueles y despiadadas posibles, giros argumentales de chichinabo, malotes muy malotes (hago hincapié en esto: no villanos, sino MALOTES) y niños de nueve años que hablan y se comportan como tíos de treinta con pelos en los huevos.


Por si alguien no se ha enterado.


Pero si hay que adaptar un texto, aunque sea de Stephen King, cojones, hazlo de una forma medio decente. Es más, hasta puedes demostrar haberte leído el puto libro y luego ya si eso le das tu toque.
Nikolak, aparte de lo ya mencionado arriba, debía estar en un maratón de rascarse los cojones mientras se estaba leyendo el texto y estaría esperando que un becario le contara el resumen. Otra explicación no se me ocurre para esta movida.

La historia de La Torre Oscura, o al menos de sus primeros libros, tampoco es que sea una obra de extrema complejidad. En el primer volumen de su saga, El Pistolero, desde luego que Stephen no se mata: la historia va de un fulano que persigue a otro por el desierto de un mundo que se ha ido a la puta vete tú a saber cuándo. El pistolero, que como a la mitad del libro o así resulta llamarse Roland, va en pos de otro que va vestido de negro y que resulta ser un hechicero. ¿Por qué? Así visto, ni puta idea: al parecer, Roland se lo quiere cargar, pero los motivos claros tampoco es que nos los aclaren demasiado; la primera mitad de la novela o así, de hecho, se centra en contarnos cómo el amigo Roland se mete en un poblado, se zumba a una camarera, ve a un yonki que ha vuelto de entre los muertos, conoce a una señora gigantesca (la clásica fanática religiosa de las novelas del amigo King) a la que intenta zumbarse para que le dé respuestas acerca del tío de negro y, a causa de la manipulación que la señora gigante ejerce sobre el personal, acaba cargándose a todo el puto pueblo, más o menos por este orden. Le cuenta toda esta movida a un tío que tiene una granja en mitad de la nada y un cuervo que habla sobre tirarse pedos (esto no es coña, os lo aseguro) y este, de un buen rollo que te cagas tras haber escuchado cómo aquí Roland se ha cepillado a balazo limpio a un pueblo entero, le da algo de comida y le desea buena suerte en su viaje.
La gente de campo.
Buena gente.


Fabada buena pa peos buenos.


La segunda mitad de la novela mejora, porque Roland llega a una estación de paso que, al igual que la mayoría de cosas en este puto libro, está abandonada. Eso sí, en el sótano hay un demonio la mar de majo que le deja una mandíbula humana que es cojonuda para protegerse del mal. Aparte de eso, allí hay un chavalín de nueve años como muy avispado. De estos típicos personajes que, más que nueve, como digo, parece tener treinta. La cosa es que Roland desarrolla una especie de sentimiento paterno hacia el crío y lo hipnotiza para que le cuente cómo hostias ha llegado hasta allí. El crío, una vez hipnotizado, empieza a recordar que viene de Nueva York, que iba al cole y que (cágate lorito) el fulano de negro le metió un empellón que hizo que lo atropellaran. Roland se queda con cara de "Cago en la puta, ¿esto qué coño es?", porque nunca ha oído hablar de grandes ciudades en su mundo. Sospecha que el hombre de negro, en un acto de maldad sin límites, ha traído a este chaval allí para que Roland se encariñe con él y tenga que sacrificarlo.
Lo normal.


A juzgar por la escueta descripción, la estación de paso podría ser algo más en plan cabaña de madera estilo viejo oeste... pero si prestamos atención a la estética post-apocalíptica de la novela, bien podría ser así.


Avanzan un poco buscando al tipo este y tenemos algunos flashbacks sobre la vida de Roland. Así contado os resumo que vivía en un castillo y que se estaba entrenando con unos cuantos troncocoleguis para ser pistolero. Su entrenador era un mastuerzo llamado Cort (el prota se llama como una marca de teclados y su maestro, como una marca de bajos. Ole tú, Stephen) que les daba de hostias y los llamaba gusanos cada vez que le salía de los cojones. Como el de la Chaqueta Metálica, pero sin el sombrero.
Los chavales están a lo suyo con sus movidas y un día se enteran de que el cocinero está aliado con un tío de la guardia y que tienen una partida de comida pocha que piensan soltar en el castillo para que diñe todo Dios. O, por lo menos, para que se vayan por la patilla, digo yo. Los chavales dan parte y cuelgan al cocinero. Más adelante, nos enteramos de que la madre de Roland pone los cuernos a su señor esposo con un fulano llamado Marten y que eso, de algún modo, le costaría la muerte al padre de Roland.
A Roland tanto mamoneo parece inflarle los cojones y decide convertirse en pistolero a la de ya, que hay prisa. Trinca el halcón que usaban él y sus troncocoleguis para hacer cosas de cetrería y lo elige como arma para enfrentarse a Cort. El halcón, como no cabría de esperar, tiene una muerte bastante horrible, pero su sacrificio sirve para que Roland le dé de hostias a Cort y se gane sus pistolas.


Aquí Roland.



Aquí Cort.


Volvemos a la trama actual, y el chavalín, que atiende al nombre de Jake, casi lo violetea un espíritu de estos chungos que pululan por el mundo. Roland lo trinca de un puñado y lo saca del círculo de piedra donde vive el espíritu; sacrificándose, se zumba al espíritu, que resulta ser un súcubo y un oráculo a tiempo parcial. Con la pinga en ristre, Roland le saca una profecía a la entidad y le habla de "Tres". Roland se queda con cara de "Este hijoputa me ha tangao", aunque toma nota por si acaso.
El paseo avanza y se encuentran unos túneles, que albergan lo que parecen ser unas vías de tren. Un breve encuentro con unos mutantes deformes que, más que resultar un peligro, casi parece que vienen a preguntarles la hora a estos dos, y a los que Roland les da jarabe de plomo. A ver qué va a pasar con la gentuza, coño.


En fin, si hay que sacrificarse...


Sigue el paseo siguiendo las vías y Jake acaba descogorciándose por un agujero en la vía. Roland avanza hacia el hombre de negro, cagándose en todo lo cagable por haber perdido al muchacho, y lo considera otra pérdida más de las muchas que le han perseguido a lo largo de su búsqueda. Se acaba encontrando con el tío al que lleva como trescientas páginas persiguiendo y éste se lo lleva a una montaña de huesos. Le echa las cartas y le dice a Roland lo que le espera: le habla de los "Tres" y hace referencia a Jake y a dos personajes más. Un yonki y una tipa que parece tener dos caras. Le habla de la vida, de la muerte y de la Torre Oscura que Roland, en algún momento de su vida, ha jurado encontrar. La Torre, nos explica, es el nexo entre el tiempo, el espacio, la realidad y el tamaño. Habla de que los múltiples universos son una cuestión de tamaño y que en un átomo hay un espacio infinitesimal, sosteniendo cada partícula por un campo gravitacional.
A Punset le habría encantado esta entrevista.



"Apasionanteeee..."


El hombre de negro se identifica como un tal Walter, que resulta ser el propio Marten y nos suelta de paso que se crió hace tropecientos miles de millones de años con el puto Merlín, o con un tal Maerlyn, que tiene todas las trazas de ser el mismo de la Mesa Redonda. Si explican por qué es responsable de la desgracia de vida de Roland y por que éste tiene tantas ganas de cargárselo, a mí se me escapó. La cosa es que, al final de la conversación, Roland pierde el conocimiento y se despierta solo en el osario, diez años más viejo, con el esqueleto de Walter a su lado, y allí se queda esperando a su destino. O sea, a encontrarse con Los Tres.



Al menos esto acaba así en la versión "moderna" del libro. Los que nos pillamos en su día las primeras ediciones en castellano descubrimos que Walter y Marten no son el mismo tío, sino que el primero es un subalterno del segundo.
Hubo que leerse la versión reescrita de aquí el genio para luego leerse el resto de libros. ¿Algo que decir al respecto, Stephen?
"Sí, que me lo pensé mejor después de haber publicado el primer libro".
Eso te pasa por escribir a la bulla, so cabrón.


Y aquí termina esto.

Ahora os cuento la peli:

Si bien en los primeros libros de la Torre Oscura se nos da la información con cuentagotas, aquí nada más empezar tenemos un cartelón que nos cuenta lo que es la susodicha torre. De paso, nos cuentan un rollo macabeo acerca de que la mente de un crío puede derribarla.
No llevamos ni diez segundos y ya nos meten otra vez la parida argumental de El Elegido. Era eso o La Venganza. Tengo la impresión de que el cine estadounidense se lo tiene que hacer mirar con esto.


Por favor, otro Neo más no.
BASTA.


La peli en sí empieza con una especie de poblado estilo años cincuenta, con un puñado de críos jugando en la calle. Suena una bocina y tiran todos para una fortaleza a lo Star Wars donde está el Hombre de Negro esperándolos. Amarra a unos cuantos a una silla y usa lo que parece ser su energía vital para pegarle pepinazos a la Torre Oscura, que parece estar a un par de barrios del poblado este.
Yo veo esto y se me tuerce el culo: Walter es descrito como una especie de hechicero, capaz de resucitar a un tío con un par de volteretas y unos dibujillos en el suelo. El de la peli casi me recuerda más al Doctor Muerte de Marvel, con maquinaria de última generación y un puñado de subalternos con cara de estreñimiento crónico.
Lo de los niños y el poblado hace ya que el culo no solo se me tuerza, sino que forme un puto tornado que atrapa hasta la luz. En la puta vida me habría esperado que esto iba a empezar de esta manera.


"Venga, putos, traedme a los críos"


Dichos pepinazos que le pega a la Torre parecen tener ecos en todo el Multiverso y llegan a Nueva York, produciendo unos meneos sísmicos que a nadie parecen llamarle la atención, sobre todo si tenemos en cuenta que, que yo sepa, esa ciudad no está sobre ninguna falla. Aquí encontramos a Jake, que se despierta como me despertaría yo tras haberme metido entre pecho y espalda una pizza familiar de jamón serrano con anchoas: o sea, con el cuerpo bastante sacudido. Y aquí, otra hostia que nos pega la peli: Jake no es un crío de nueve años que iba al cole cuando lo atropellaron; es un chavaleta de casi diecisiete años que vive con su santa madre, su padrastro y un hermanastro bastante enrollado. En el libro, el padre de Jake sencillamente pasaba de él como de la mierda; aquí, por lo visto, murió (más adelante os explico esto) y su madre se lo monta con este señor.


En la cara de espabilao que me pone el chaval durante toda la puta peli es que ni entro.



Este coleguita, aparte de ser un dibujante que te cagas, parece tener el poder de El Resplandor. Sí, el poder que tenía el niño de la historia de King con el mismo nombre. Pero ojo, no a un nivel normal; según nos enteramos, el chaval es un puto Omega, o sea, lo más basto que ha parido madre en mucho, mucho tiempo. Y claro, como tiene ese poder tan putamente acentuado, tiene visiones de lo que sucede al otro lado del Multiverso y ve en HD lo que hace Walter con los críos. Eso, por supuesto, hace pensar a su familia que el chaval está majara perdido y, como buen adolescente americano, tiene sus terapias semanales con el psiquiatra para que le recete medicación guai y se pase todo el día drogado. Mucho mejor que eso de soñar cosas raras, dónde va a parar.
Entre sus muchas visiones, también ve a Roland y, ya que está, como le pega tela de guai a eso de los lapicillos, pues empapela su habitación con las cositas que ve (lo que parece convertirlo en una mezcla de dos personajes de los libros: por un lado, Jake, y por otro, Patrick Danville, que no se uniría a Roland hasta el puto libro VII). De paso, tiene un cuaderno de bocetos tela de molón,con el que va actualizando las cosas que va soñando, o viendo, o lo que sea.
Veo esto y me digo que tengo que aprender tela del chaval; en mi cuaderno de bocetos de campo solo tengo calles, motos y alguna farola.



"Hola, chavales, en mi tutorial de hoy os voy a hacer un speed painting de cómo le petan el cerebro a un puñado de críos. Si os gusta, suscribíos a mi canal y dadle laik a todo"


Jake, después de resolver un caso de bullying clásico en su instituto a hostia limpia, se da un garbeo y se encuentra con los esbirros de Walter, que aquí son unos fulanos que se agencian pieles para disfrazarse (estos tíos no aparecen en los libros hasta pasado el volumen 4 de la saga, en El viento a través de la cerradura; de hecho, solo aparece uno y, por lo que sé, tampoco es exactamente así, lo que me hace pensar que esta es otra sobacada del director). Algo así como el nota aquel que salía en Hellraiser. La diferencia es que ese tío no era tonto y no salía de casa para que lo viera todo Cristo a plena luz del día; aquí los mastuerzos están en plena calle acomodándose el pellejo delante de todo Cristo, con toda su polla ahí. Por suerte para ellos, están en Nueva York. Eso quiere decir que la gente va a su puta bola y tendrían que estar sacándose la chorra para que alguien se escandalizase. Todo el mundo sabe que una polla al aire es algo mucho más terrible que un demonio que se pasea por medio de la calle vestido con el pellejo de alguien a quien se han cargado, seguramente de una forma espantosa.
También aparece un vagabundo con pinta de pirado que, por algún motivo, parece saber todo lo que ocurre y, a diferencia del resto de toda la puta ciudad, sí se ha fijado en que esos esbirros andan por aquí y por allá llevándose chavalines para que Walter haga sus cosas de chorriciencia diabólica con la Torre Oscura.


Llegan a tener esta pinta y sí que se lía parda.


Después del encontronazo surrealista del día, el chaval llega a su casa y ya tiene a su madre y al chorbo de su madre dándole la chapa por lo chalado que parece. La cosa es del tipo "Estamos muy preocupados por ti, hay un centro que hace placas cerebrales y esas mierdas para majarones". Jake como que parece ya hasta los putos cojones de que sus padres estén diciéndole todo el día que a ver si es un pelín más normal y menos friki y se va a su cuarto a que su hermanastro enrollado le haga un par de coñas acerca de su grilladera mental. Nos enteramos, de paso, que el padre de Jake era bombero. Palmó en un incendio como un puto héroe, de modo que Jake parece echar de menos una figura paterna con dos cojones, no como el mediamierda que se zumba a su madre.


Supongo que la idea de ponerte a un padre soplapollas, como muchos de los que hay por ahí, que ven a sus hijos como un puto estorbo, era demasiado insoportable para ponerlo en una peli. Vaya, es que no meten al Auténtico Héroe Americano, dando su vida por salvar a los demás, y caen enfermos.
Porque, claro, en América no hay malos padres.


Después de haber visto a los pellejudos de Walter, Jake decide esconder todos los dibujos que tenía colgados por su habitación en lo que podría ser un ataque de paranoia pura y dura. Luego se pega un siestorro de los guapos y tiene otra visión del hombre de negro haciendo cosas malas con una chulería de cagarse. En el libro, Walter era un hechicero que parecía usar sus poderes principalmente con algún motivo ulterior: es decir, en apariencia, siempre que los usaba, aunque pareciera de forma arbitraria, daba la impresión de beneficiarse de ello. Por ejemplo, si resucitaba a un tío, era para causar cierto grado de fascinación que pondría a todo el mundo en contra de Roland; en la peli, Walter parece usar sus hechizos porque le sale de la chorra, sin más motivo que echar el rato.
Pero no nos desviemos, porque Jake, aparte de soñar con Walter, ve aquí a Roland. Es decir, que antes incluso de verlo en persona, ya sabe quién es.


La actuación del señor McConaughey, por su parte, tampoco es que sea para echar cohetes.
Aquí el amigo le da un rollo medio canallesco, medio de coña marinera al villano que, si no fuera por los hechizos chungos, te daría hasta risa. El tío será todo lo poderoso que quieras, pero eso de verlo por ahí silbando chorradas y haciendo chistes de dudoso gusto mejor se lo dejamos al Joker.


Roland, en el libro, parecía un cruce entre Clint Eastwood y Tom Berenger. El clásico tío duro con una jeta que parece cincelada sobre un pedrusco. A lo largo de la saga, se describe con claridad que tiene los ojos del más frío de los azules. Un tío alto y muy enjuto, con el pelo entrecano tras haberse chupado diez años en la tirada de cartas de Tarot, de pocas palabras y no especialmente imaginativo, pero sí muy práctico para todo. Aparte de eso, se le describe como una persona tenaz y de voluntad bastante alta.
En la peli es Idris Elba.
Obviando lo de que Idris es más moreno que los cojones de Bob Marley (y paso de ponerme a contar lo que me parece eso de las cuotas de Hollywood para que, de la noche a la mañana, los mismos americanos que disparan a negros en sus calles por gilipolleces no parezcan unos racistas), os diré que la elección del actor no es el despropósito más grande de la peli; lo es el guión que le colocan a interpretar.



Que un país cuya policía mata impunemente a la gente en sus calles por ser de raza negra luego venga con lecciones de moral añadiendo actores negros (o de otras razas) en sus pelis aunque los personajes no lo sean dice mucho de una sociedad hipócrita de cojones, más ocupada en paridas como "representación" (o sea, tratar a la gente negra o de otra raza como un puto número) y "visibilidad" (o sea, ponerlos para que se callen) que por poner fin de una vez a todo el racismo de verdad que tienen en su puto país y criminalizar a todos aquellos que discriminan (especialmente de forma violenta) a la gente por cuestiones de raza.


De entrada, Roland no aparece como el último Pistolero, tal y como nos contaba el libro. En el texto de King, el mundo "se había movido" y Roland era lo último que quedaba de una estirpe de... bueno, de señores con pistola. Su papel no se explica a lo largo del primer libro, pero nos da a entender que tenían una especie de código similar al de los antiguos caballeros y que tenían una especie de sentimiento del honor y la palabra bastante férreo. También nos los pintan como tíos bastante chungos que, si tenían que abatir a tiro limpio a sus propios compañeros porque la situación lo requiriese, pues se hacía. Que luego se lamentaba y eso, pero se hacía y santas pascuas.
En la peli, Roland no aparece como el último, como digo, sino como el penúltimo. A su lado hay otro señor pistolero, que resulta ser SU PADRE. O sea, a tomar por culo con la trama aquella de la conspiración palaciega y de los cuernos que le ponía su madre con Marten.


"Es que las cosas de intrigas ya se ven en Juego de Tronos".
Gracias, Nikolaj.


Padre e hijo parecen haberse comido una tormenta de hostias y están como muy nerviosos, a la expectativa de que Walter aparezca y termine de rematarlos. Parece ser que en esta versión, a Walter lo conoce todo quisqui y es una especie de tirano interdimensional que tiene al personal cogido por las pelotas.
Ambos se ponen a rezar la letanía de los Pistoleros, que aquí resulta sonar a chiste: se dice expresamente que el que desobedece las normas de los susodichos Pistoleros "Ha olvidado el rostro de su padre" (una forma metafórica de decir que es un pringao, o incluso podríamos decir que se ha separado del Camino de Dios, o como queramos llamarlo). Al tener al viejo de Roland aquí presente, que ambos digan lo del rostro del padre da ganas de decir "Mira a tu espalda, soplapollas, así no se te olvida".
Es lo que tiene plantificar un concepto del libro totalmente descontextualizado en la peli, que el que está viendo esto y no sabe de que va la tostada se parte el pecho ante la estupidez que parece.
De puta madre adaptado, sí señor.


Hubiera faltado que al encontrarse estos dos soltara alguno
"Que te reviento, paiaso".


Walter aparece y se cepilla al padre de Roland con pasmosa facilidad, para luego dejar a su hijo con vida diciendo que "con él nunca es tan fácil". Nótese cómo Roland sabe desde el mismísimo comienzo quién es el hombre de negro. En el libro la identidad de éste no se revela hasta el final y, aun así, quedan muchas cosas por contar, que solo se dejan entrever. Con las mismas, Walter se larga y sigue con sus cosas de supervillano, dejando al Pistolero con cara de...
Sí, queridos.
Con cara de buscar Venganza.
Junto con el del Elegido, ya tenemos ambos tópicos, unidos en un solo guión.


"SCREEEEAMING!!! SCREAMING FOR VENGEANCE!!!"


Y pasa otra cosa: yo veo esta escena y me pregunto qué cojones gana Walter dándose un garbeo entre sus planes malignos para matar a uno de los dos últimos Pistoleros que quedan. Total, les han pateado el culo a todos (curiosamente, no se ve quién; su enemigo debe ser invisible), y los dos que quedan como que no tienen pinta de causar muchos problemas, especialmente el más viejuno. Aun así, Walter hace CHAS, aparece delante de estos dos y manda al que menos peligroso parece al otro barrio. Así, sin pensárselo. Es más, casi da la impresión de que lo hace por echar el rato. El resto de los mortales, cuando estamos aburridos, nos rascamos los cojones; Walter se aparece vete tú a saber dónde y se carga a alguien diciéndole que no respire.


"Cuando crees que me ves, cruzo la pared, hago CHAS y aparezco a tu laaadooo..."


Con toda su polla, Nikolaj Arcel nos cuenta en una voz en off la famosa frase que da inicio a la saga literaria: "El hombre de negro huía a través del desierto y el Pistolera iba en pos de él". A estas alturas (y eso que llevamos como quince minutos de peli, nada más) esto suena a cachondeo, porque el parecido entre esta peli y el libro que se supone que adapta es como el parecido que pueda haber entre mis cojones y dos caballos de carreras, que diría mi abuelo, los Dioses lo tengan en su gloria.
La frase la suelta Jake al despertarse y tiene la visión de una casa abandonada en Nueva York. Se levanta del siestorro y, en lugar de irse a mear, como hacemos los demás tras haber planchado la oreja después de comer, se pone a investigar sobre la susodicha casa.

Hay algo que no os he contado del Jake de los libros: aparte de tener nueve tiernos añitos en la historia original y ser hijo de unos padres que lo veían más como a un estorbo, resulta que Jake se había criado en Nueva York... en 1977. Como eso de investigar a pelo es un palo, el director de la peli se pasa el detalle por la punta del prepucio y nos plantifica a Jake en nuestra época para que pueda preguntar por la casa en un foro de Internet y al carajo con eso de partirse la cabeza. Total, la casa no aparece en el libro. No en el primero, al menos, así que... que le follen a eso de la cercanía al texto original. Se saca uno la resolución de la manga y arreando, que hay prisa.


Risas mil cuando un minuto después vemos que alguien le contesta en el foro de Internet algo como esto.


Como no cabe esperar otra cosa, la gente del foro se parte el rabo con la pregunta que ha hecho y se ponen a trollear a Jake a lo bestia. Mientras, el padrastro de Jake le informa de que unos tipejos de la clínica esa donde iban a hacerle las placas han llegado a la casa. De esto que dices tú: "Mira qué majos, en vez de atender a la gente en su clínica, donde tienen el equipo y esas gaitas, te atienden a domicilio, para que no se te cansen los huevos por salir de tu puta casa". Jake sale de su cuarto para ver de qué va el percal, esperando que sus padres dejen ya de dar el puto coñazo y se le presentan dos espantajos con tics nerviosos. Algo cojonudo, si tenemos en cuenta que hablamos de supuestos profesionales en eso de la neurología.

A Jake le da por mirar el pescuezo de uno de ellos y ve las marcas de los pellejudos de Walter. Esto lo pone en guardia, pero es cuando ve que alguien le ha contestado en el foro cuando dice "Al carajo", de modo que opta por la solución más socorrida: decir que va a plantar un pino y colarse por la ventana del baño para escaparse, haciendo un poco de parkour del bueno por el barrio. Los dos pellejudos lo persiguen, ante la impasible mirada de sus padres, que deben estar acostumbrados a la idea de que unos simples visitadores de una clínica se dediquen a perseguir fugitivos por las azoteas del barrio.


Topicazo número 3129687: escapar por la ventana del baño simulando que vas a cagar.


Después del momentazo, aquí el chaval se da un garbeo para buscar la casa. Su madre le llama por teléfono y le dice que se deje de hostias y tire para la casa,, que vaya numerito bochornoso ha montado. Antes de que ésta le diga que compre el pan cuando vuelva, Jake le ha colgado porque ha encontrado la casa abandonada que le dijeron por Internet. Debemos recordar que lo más inteligente que podemos hacer nunca es preguntar cosas en un foro lleno de gente de desconocida y seguir sus indicaciones. Total, que se cuela ahí dentro, sin plantearse que eso esté hasta las trancas de okupas yonkis que quieran petarle su tierno ano por turnos, o que esté lleno de entidades satánicas que quieran petarle el ano por turnos, y se pone a echar un vistazo.


—Hola, buenas, he soñado con esta casa.
—Y nosotros con que nos traigan un culo tierno gratis. VEN PA ACÁ.


No está ahí dentro ni dos putos minutos cuando encuentra un panel de alta tecnología perfectamente colocado en la pared. Esto llega a pasar en una partida de rol y tendría que haber sacado un 20 en Buscar para haber dado con algo así; este cabrón se lo encuentra con dar una vueltecilla por la primera puta habitación que se le pone por delante. El panel, que debe tener la discreción en el culo, le explica claramente al chaval que está diseñado para abrir portales a través de todo el puto Multiverso. Solo tiene que apretar un código y podrá ir a donde le salga del cipote.
Como Jake es listo de cojones (o el que programó el panel tonto del culo, que también puede ser), añade en el panel un código que, en sueños, los niños del poblado del principio de la peli habían pintarrajeado por todas partes. Algo cojonudo (descontando que el panel esté tan alegremente a la vista y te diga para qué está diseñado sin que le llegues a preguntar siquiera), eso de que los niños que están a punto de palmarla horriblemente a manos de un supervillano interdimensional vayan poniendo graffitis de las coordenadas de su mundo para que El Elegido pueda abrir un portal sin partirse el cráneo pensando.


"Todo está puto conectado".


De hecho, es justo lo que pasa: ¿os acordáis cuando os dije que Jake había accedido al Mundo Medio de la Torre Oscura del libro MURIENDO atropellado? Pues el amigo Nikolaj dice que eso se lo pasa por el forro de los huevos, como todo lo demás y hace que Jake viaje a ese mundo de guai, por la puerta. Le planta un demonio para que lo ensucie un poco, pero con el que no pasa de un par de meneos. Recordemos que Jake aquí es el puto Elegido, así que le dice al demonio que se deje de hostias y el demonio...
Sí.
El demonio se deja de hostias y, por lo visto, se muere.
Así de fácil.
Jake, al ver que se ha quedado solo y, en apariencia, sin amenazas alrededor, tiene varias opciones: una de ellas es pasar de esta mierda y volverse a su casa para que los Hombres Prepucio esos de Walter lo metan en su máquina satánica; la otra opción es cruzar la puerta como las personas civilizadas, poniendo un pie delante de otro y esperar a ver lo que se encuentra. Pero como aquí Jake hace cosas inexplicables, trinca su mochila y hace una especie de salto cutre para estar a punto de partirse los hocicos contra un suelo lleno de pedrolos.




Un poco de estilo, por favor.


Volvemos a Walter, o mejor dicho, a sus esbirros, que están plantificados delante de las pantallas de sus ordenadores mirando gente. Si tuvieran pinganillos, es así como me imaginaría a los comerciales esos que te llaman de una compañía telefónica en lo mejor de la siesta para darte por culo con ofertas que ni has pedido ni te interesan.
La gente a la que miran, por lo que se entiende, son chavales que pueden servir para la máquina satánica de Walter. Esto me hace pensar dos cosas: una, que el pueblo de los niños grafiteros del principio de la peli o se queda corto o ya están todos fiambres; la segunda es lo pervertido que resulta eso de poner en una peli a un puñado de tíos siniestros mirando chavales en sus ordenadores.
El jefe de estos pringados aparece con un nuevo repertorio de borderías que soltarles y, ya de paso, les pregunta a qué se han estado dedicando mientras él estaba haciendo el gilipollas por ahí. Los subalternos, con la clásica servidumbre sin dignidad alguna que caracteriza a los sirvientes de los villanos de segunda (y a la gente de mi país cada vez que aparece un guiri, por maleducado que sea y borracho que esté), le hacen un informe completo: le enseñan el jetorro de dos chavales que podrían ser Susannah y Eddie, que en la saga literaria no aparecerían hasta el segundo libro.



"Hemosh dado con otraaa, jefeeee, ¿tendrá pelitosh en el coñitooo?"


Digo "podrían" porque el encargado de caracterización de esta peli lo único que ha tenido en cuenta es que ella es negra y él blanco; por lo demás, se parecen como un huevo a una castaña. En los libros, él era un yonki criado en 1987 y ella (o al menos, parte de ella) una intelectual de los años 60. Ninguno de los dos parece lo que se supone que tendría que parecer; aparte de ser todos de la misma época, tienen pinta de secundarios de El Corredor del Laberinto o alguna peli adolescente del mismo rollo.

Pero no nos desviemos de esta apasionante trama y volvamos al día que está teniendo Walter en su curro de ir por ahí usando niños para reventar torres a pepinazos. Resulta que aparece una pellejuda que lleva la jeta de una chorba y le dice a su jefe que ha habido una brecha en la seguridad. Aquí nuestro amigo el hombre de negro pretende seguir siendo borde, pero su respuesta es la de un gilipollas crónico, porque parece no haber entendido lo que eso significa; la chorba pellejuda le viene a explicar que alguien ha atravesado un portal dimensional sin permiso. Él se queda durante un par de segundos con cara de "No me jodas" y decide ir al portal más cercano. ¿Para qué? ¿Para buscar al intruso y matarlo con uno de sus hechizos, como hizo con el padre de Roland?
NO.
Se va para el mundo del que ha venido, para saber quién es él y a qué dedica el tiempo libre.
Práctico a más no poder.


Yo estoy en que es una excusa para usar los fondos que le ingresan del Sindicato de Villanos para irse a Nueva York a hacer turismo.


Jake se pone a dar vueltas por el desierto y ve una luz en un monte. Como no tiene nada mejor que hacer, va hacia ella. En lo alto de una loma, se encuentra a Roland, que estaba ahí asándose unas castañas pilongas o algo. Roland, que es un hombre de lo más sabio, lo primero que hace es encañonar al chaval con sus pistolas.
Porque a ver.
Tienes delante a un chaval desarmado, que no tiene ni media hostia. Tú eres un puto soldado experimentado que podría hacer trizas a un mastuerzo descerrajándole un tiro entre los orificios de la nariz antes de que este parpadease. Lo normal, LO MÁS NORMAL DEL MUNDO es que lo veas como una amenaza.
Claro que sí, campeón.


"El Mal toma mil formas".
Con semejante forma de mierda, Roland, es más que probable que no sea el Mal. Ni el Mal tomaría una forma tan cutre.


Roland en el libro tenía una relación con Jake que empezaba como curiosidad ("¿Cómo ha llegado este niño a este desierto?" "¿Qué extraño lugar es ese del que dice venir?"), y poco a poco se iba desarrollando para verlo como un protegido ("Los Pistoleros cuidamos de los débiles y los indefensos, mi labor es proteger a este niño"), hasta casi llegar a un punto que rozaba el paternalismo. El Pistolero interpretado por Idris Elba tiene poco o nada que ver con esto, y lleva más el rollo (más visto que el tebeo, por otra parte) de "Yo trabajo solo, chico, vete por donde has venido".
Porque aquí para qué va a pensar Roland que Jake no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir por sí mismo en el desierto.
Para qué va a pensar que lo mismo con él está más a salvo que enfrentándose a demonios, mutantes lentos o vete tú a saber qué cosa.
Es mucho más molón que lleve el rollo de chulo de putas en plan "No me creo tu historia de mierda, chaval, dame una sola razón para que no te mate aquí mismo".


"Y antes de morir, cómeme mi rabo negro, ya que estamos"


De hecho, el Roland de la peli parece carecer de algunas habilidades que sí tenía el original. El original, como digo, no era un dechado de virtudes en cuanto a astucia, pero lo compensaba con tesón y experiencia. Este simplemente parece estar de mala hostia.
Pero aparte, hay un factor muy importante, y es el hecho de que el Roland de la peli no sabe hipnotizar, de manera que se pasa por el forro de los cojones lo que le cuenta Jake acerca de sus sueños hasta que éste le dice que sabe cómo se llama. Antes de poder convencerle, este Roland hasta está a punto de matarlo, despeñándolo por un barranco. Y eso que Jake le ha explicado con total claridad que viene de otro mundo, que le ha visto en sueños, le ha enseñado los dibujos que ha hecho basado en ellos y casi está a punto de enseñarle el DNI para probar de dónde ha salido.
Insisto: un Pistolero ha estado a punto de despeñar a un chaval desarmado que no le ha hecho nada, solo porque Roland SOSPECHA que Walter lo ha enviado. En el libro, el Pistolero se había cepillado al pueblo de Tull entero, pero al menos esa gente había intentado matarlo a él.


"Aquí manda mi polla morena".


Walter se da un garbeo por Nueva York y se dedica a malgastar sus poderes jodiendo a todo el que se encuentra a su paso, básicamente para molarse a sí mismo y para dejar claro al espectador que sí, que él es el malo. Se mete en una especie de local pijo tipo Underworld y lo recibe el fulano que hace de Rorscharch en Watchmen. Esto me da pena, es un actor que me gusta bastante y últimamente lo veo embarcarse en cada bodrio que flipas. Entre la serie de Predicador (si tuviera estómago para seguir viéndola, haría un Truño con eso) y esto, el pobre va en caída libre. Aquí es otro subalterno de los muchos de Walter; más bien,una especie de conserje venido a más, porque parece ser el que se encarga de proteger el portal de la casa abandonada.
Debo decir que ha hecho una mierda de trabajo: ya no solo por dejar el portal en una casa en la que puede entrar cualquiera, sino por no ponerle siquiera un puto chapón al panel y tenerlo perfectamente al aire para que el primer mongolo que entre en la casa le dé a los botones y acabe viajando a MundoCoño. Lo que han hecho ha sido montarse un garito en otra parte, montar fiestorros para horteras y dejar que el demonio se encargue de todo.
Los malos han tenido una potra que te cagas si Jake es el primero que ha hecho eso, como parece sugerirse.


Tópico 598985: Malos que montan garitos para organizar fiestas burras.


Jake y Roland llegan a un sitio con niebla sospechosamente parecido al lugar donde Walter mató al padre de este. Yo no tengo claro si es que andaban cortos de presupuesto con los escenarios o es que Roland ha estado dando vueltas en círculos. Allí se encuentran con un grupo de punks que también son esbirros de Walter, a los que acaban dando esquinazo. Se ponen a comer y Jake ve una antigua montaña rusa; le explica a Roland lo que era, ya que dejaron de usarse antes de que el mundo se moviera. Roland se lo pasa por el forro de los cojones, como todo lo que pueda decir Jake.
Ni curiosidad, ni interés, ni leches en vinagre.
Este Roland es más garrulo que mandado a hacer por encargo.

Volvamos a Walter, que sigue en Nueva York haciendo trabajo útil. Insisto: Para qué perseguir a Jake y cargárselo. Que vale, tendrá el Resplandor, pero no sabe ni cómo usarlo. No, se va para los dos pellejudos que decían ser de una clínica y se entrevista con ellos.
Os recuerdo que el Walter del libro era el que se había cargado a Jake en su mundo (al menos, según el primer libro), de manera que llevarlo a Mundo Medio con Roland parecía un plan ulterior para debilitar la voluntad de éste.
En la peli, que Jake llegue a Mundo Medio parece una cagada por parte de Walter, que se ha enterado de todo a toro pasado.
Sea como sea, el Walter de la peli se entrevista con estos dos esbirros para que le digan dónde vive, o dónde vivía. Nótese, una vez más, el despliegue de servilismo exagerado de ellos y la bordería, ya cansina, de él.


"Pues no, no me había enterado de que el chaval se había colado. Es que estaba ocupado improvisando mi repertorio de respuestas bordes".


Roland empieza a explicarle a Jake qué es la Torre Oscura (curiosamente, en el primer libro, en el que se supone que se basa esto, la Torre apenas se menciona; tan solo se dice que Roland va en su busca, pero no se nos explica por qué). Nos cuenta, de paso, que Walter quiere destruir la Torre para dejar entrar a todos los demonios que hay en el exterior del Multiverso.


Si la productora quería hacer una serie de pelis de La Torre Oscura, esta explicación basta para que la serie entera, bien se vaya a tomar por culo, o se tengan que sacar el argumento del resto de las pelis más de la manga aún (si es que es posible): ya no es que vayamos a pedir una fidelidad total a los libros (y menos de Stephen King, que es experto en meterte cada truño con páginas que flipas), pero sí al menos que lo que veas te recuerde a ellos. En los libros, la Torre es algo así como el Santo Grial para Roland, que la busca ya un poco como respuesta a sus preguntas (se da a entender que en el interior de la Torre hay algún tipo de entidad, y se entiende que Roland se ha jurado a sí mismo alcanzarla)... pero es que ya lo de Walter es la repolla: Walter en los libros es subalterno del Rey Carmesí. que viene a ser una especie de Satán en el Multiverso de Stephen King. Es el Rey Carmesí el que quiere destruir la Torre, pero no para dejar entrar ningún demonio en el Multiverso... sino para recrear el Multiverso a su imagen y semejanza. Es el Rey Carmesí el que ha secuestrado niños en los libros, pero no para destruir la Torre a misilazos, sino los Haces (algo así como unos "puentes" de energía que conectan con ella).


Esta es la única mención que encontraréis al Rey Carmesí en la peli.


Aquí podríamos hablar de que bueno, ha habido que resumir y, como mencioné arriba, fusionar personajes. Vale, sí, tampoco nos vamos a poner puristas... Pero coño, que esta movida, en la primera peli, NO HACÍA FALTA. De verdad, El Pistolero es una novela muy sencilla. Tanto que roza lo simple: es una persecución, que concluía con la aparente muerte de Walter, y ya está. El resto del argumento (por qué Roland necesita encontrar la Torre, qué pasó con los Pistoleros, qué pasó al Mundo medio y por qué "se movió", por qué Roland perseguía a Walter, incluso) está envuelto en una especie de halo de misterio y casi todo lo que tenemos son preguntas.
¿Que no quieres dejar tantas cosas al aire para que el público no se te quede con cara de nabo en la sala del cine? Pues coño, vale,  puedes decir que Walter fue el responsable de la desgracia de la familia de Roland. Puedes comentar de pasada que, en su día, se encargó de acabar con los Pistoleros. Si te pones ya exquisito, mencionas la Torre como objeto de búsqueda y ya. Algo tipo:

—He jurado encontrar la Torre.
—¿Y qué harás cuando la encuentres?
(Roland sonríe, de forma críptica).


Sonrisa críptica by Idris.


Pero no: aquí se pasan todo eso por el forro de los cojones y ya no es que nos saquen explicaciones contadas de una forma más que apresurada, mezclando (mal) personajes. Ojalá. Resulta que, además, con sus huevos toreros, el Roland de la peli nos suelta que eso de encontrar la Torre le importa tres mierdas, que solo quiere encontrar a Walter y matarlo. Nada más.
Con lo cual, todo el argumento base, ya no del libro, sino de la puta serie entera (que nos narraría el tránsito de Roland y sus aliados hacia la Torre) se nos va a tomar por culo. Todo este despropósito tiene lugar tan solo en treinta y cinco minutos de peli, ¿vale? Hay que reconocer que tiene mérito.
Ole tu santa polla, Nikolaj Arcel.


"Ju, ju, ju"


Tras la charla entre Roland y Jake, tiene lugar lo más parecido a una escena del primer libro de la serie que nos podemos encontrar aquí. Digo "Lo más parecido" porque las semejanzas son muy, muy leves, y funcionalmente esta escena no pasa de gilipollez. Me refiero a la escena del Oráculo. Como recordaréis unas cien mil líneas más arriba, el Oráculo era un súcubo que llamaba a Jake en sueños y, usando una especie de canto de sirena, lo atraía a un círculo de piedra para... bueno, para zumbárselo hasta la muerte. Rolando aparecía y, usando el amuleto en forma de quijada humana, se las apañaba para "sacrificarse" y arrancarle una profecía al Oráculo en medio de un kiki sobrenatural.
Como esto es una peli familiar y, dicho sea de paso, perpetrada por americanos, la sola idea de algo sexual aquí parece más demoníaca que el hecho de que haya un demonio en sí. De manera que aquí se despierta Jake y a quien ve es a su padre (recordemos que en la peli está muerto). Rolando aparece y despacha al demonio a tiros, de manera que ni profecía ni putas hostias. Acabamos de comernos tres minutos de tiros y efectos digitales para que no haya pasado una puta mierda.


"El verdadero Mal es el sexo prematrimonial. ¡Hay que mantenerse vírgenes! ¡Y que no se os ocurra ver pezones femeninos, maldita sea!"


O sí que pasa... resulta que al final de la escena tenemos otro despropósito argumental del tamaño de la chorra del negro del Whatsapp. Roland nos cuenta que esa cosa era un demonio que, bueno, que es malo y que atrae a la gente con ilusiones. Y que ese bicho ha venido porque ha habido un desgarro interdimensional, cosa que suele darse cuando atacan la Torre... Jake pregunta sí es una de las cosas que vendrán cuando caiga la Torre, a lo que Roland le responde que sí.
En la historia original, los demonios campaban por el mundo, relegándose a ciertos lugares impíos, de manera que había que andarse con relativo ojito por dónde metía uno la pezuña; aquí, nos cuentan una movida que apesta a alegato anti-inmigración; algo del tipo "Uy, si nos hemos comido a este bicho porque se raja un poco el muro, imagínate si no lo tuviéramos, la cantidad de espaldas mojadas interdimensionales que tendríamos que aguantar, quitándonos nuestro trabajo y viviendo de nuestras ayudas".


Donnie approves esta patochada.


Pero tampoco pensemos en eso demasiado, porque ataca otro bicho que ha quedado vivo. Otra gran escena, que acaba con Roland despachando al demonio (esta vez, un cruce entre hiena, velocirraptor y el primo dopado de Marsupilami) al estilo Pistolero.
Lo único de interés que podemos encontrar en esta especie de reprise de la pelea de antes es que ahora Roland trata a Jake como un troncocolegui, con el clásico rollo de "Lo has hecho bien, muchacho".
Fresquíshimo.

Volvemos a Nueva York, donde Walter se cuela en casa de la familia de Jake cuando éstos no están para hacerles la cena. No estoy de coña, os lo aseguro. Cuando estos entran por la puerta, se marca un monologuillo de corte Luciferino en plan "Yo he respondido a tu deseo de deshacerte del hijo de tu mujer" justo antes de despachar al padrastro de Jake. Deja viva a la madre para interrogarla, porque a ésta, en un alarde de discreción e inteligencia, no se le ocurre otra cosa sino reconocer abiertamente que Jake ha dibujado a este fulano que se ha colado en casa. Mediante una especie de hipnosis (porque el Walter de la peli SÍ que sabe hipnotizar) y un hechizo la mar de guapo para descubrir el pasado de un sitio, descubre todo lo que quiere saber.


Walter: estilazo, humor fino, hechicería satánica y además te hace unos nuggets de pollo que saben a puta gloria.


Como la cosa va de hipnosis y de movidas para saber qué leches ha pasado, Roland se lleva a Jake a un poblado para que le miren el disco duro de la chota. Este es el primer punto de toda la peli (y ya vamos por la mitad) en que tenemos la noción de ver un mundo post-apocalíptico, o el segundo si descontamos la escena con el parque de atracciones. Hasta la fecha, el Mundo Medio de la peli eran parajes naturales la mar de guapos. No sé si aquí el director ha querido hacer una adaptación de Tull, porque sería lo más parecido al poblado que sale en el libro. Y digo lo más parecido, porque es un poblado, y Tull también lo era. Y aquí terminan todas las semejanzas.

Si en el único poblado del libro la gente se comportaba como solían hacerlo en los westerns (o sea, corteses, pero desconfiados), aquí tenemos hasta una puta comitiva de bienvenida que sale a recibir a estos dos. Roland, que aquí es más borde que un poli local, se pasa por el forro la conversación y le pregunta al jefe de la comitiva de barrio dónde coño tienen a la vidente del poblado, que hay prisa. La vidente se presenta como Arra, que es una chorba asiática con cara de misteriosa. No tardamos en saber que ella también tiene El Resplandor, pero claro, su Resplandor es una mierda pinchada en un palo comparado con El Resplandor de Jake, que para eso es El Puto Elegido, dónde va a parar.


"Este chaval es bueno.
MUY.
BUENO."


Walter llega a su base y le cuenta a sus esbirros (a los que trata con la punta del pie, pero a los que les da absolutamente todos los detalles de sus maléficos planes) que ha dado con El Elegido y que éste va a ser el que mande a tomar por culo la Torre. Porque para eso es El Puto Elegido. Ahora le toca ir a buscarlo a Mundo Medio y, de paso, darse de hostias con Roland de Eld.
La cosa es que Walter sigue soltando prenda de sus movidas a los esbirros, que escuchan con cara de pasmo, porque si sueltan un bostezo o se largan éste se los carga sin pestañear. Así que ahí están los pobres, aguantando la chapa.

El supervillano este nos cuenta que, por vete tú a saber qué motivo, Roland es inmune a la magia de Walter. Eso explica que sea el último pistolero tras la muerte de su padre. También daría a entender que Roland es Otro Puto Elegido o, como mínimo, es más puto especial que cualquiera de sus predecesores.
En el libro, más que eso, daba la impresión de ser el superviviente de una puta masacre organizada por Walter para acabar con los Pistoleros (o eso es lo que parece darse a entender en lo que he podido averiguar leyendo el resumen de La Batalla de Jericho Hill, del universo expandido en cómic de La Torre Oscura)... pero qué cojones: para qué tener un Elegido pudiendo tener Dos.
Todo este rollo macabeo para que los esbirros manden a otros esbirros al desierto a buscar a Jake.


"Aquí sigue mandando mi polla"


En el poblado, tenemos que a Roland se le ha infectado una herida (porque, pese a lo que él diga, no es Lobezno) y una chorba le pone ojitos a Jake, pero olvidaos si pensáis que se lo va a tirar. Esas cosas de chavales zumbando hasta que sale el sol pasa en los libros de King, pero no en las pelis. Con los tiempos que corren ya es complicado ver adultos remojando el pepino.
A lo que vamos, la Misteriosa Oráculo Asiática le hace un scandisk mental a Jake. Por supuesto, se nos vuelve a decir que El Resplandor de Jake es la puta hostia. Yo algún día quiero que hagan una peli con todos Los Elegidos juntos para ver quién la tiene más grande. Sería algo de lo más bestial.
Hablando de El Resplandor, no falta aquí una escena sacada de la peli de Kubrick, donde Arra habla sin palabras a Jake. Después de este homenaje de dudoso gusto, la Oráculo les dice a estos dos que Walter se encuentra en Las Tierras Baldías del norte. Al ver la cara de picha que se les queda a los dos (porque en Mundo Medio no parecen repartir ni mapas ni guías Campsa, ni parece haber Gúguel Maps), añade que eso queda a tomar por culo.


"¿Aquí no tenéis Uber? ¿Ni Blablacar?"


Como parece que no pueden usar los portales para tomar un atajo (según la Oráculo, Walter controla los viajes a través de los portales), Arra accede a llevarlos de nuevo a Nueva York porque los malos tienen una base allí.
No, yo tampoco entiendo esta mierda de explicación.
Antes de que se vayan, Arra ameniza la cena contándonos el pedigrí de Roland y buena parte de sus intimidades con Walter, ante la atónita mirada de las chorbas del pueblo, que parecen poner cara de necesitar un bidet y un nuevo par de bragas al escuchar esto.
Roland vuelve a insistir que eso de buscar la Torre a él se la suda. Que ya no es un pistolero, que la guerra terminó, que todo se ha ido a tomar por culo y que, básicamente, todo lo que quiere es vengarse, matar a Walter y putas pascuas.
O sea, que cuando lo dijo por primera vez no había sido un despiste del guionista: el hijoputa se folló el argumento de la historia a cuatro patas y encima es reincidente.


"Chupádmela, fans del libro"


A causa de esta cháchara de mierda, pasa lo que tiene que pasar: que los malos tienen tiempo de sobra para entrar en el poblado y escoñar el generador que servía para dar energía al portal. Walter se trinca una Bola de Cristal (también aparecían en los libros, aunque no se mencionan hasta bastante más adelante. Hacia el libro 4, concretamente. Nótese que la Naranja, la que coge, estaba en posesión del Rey Carmesí en la historia original, lo que me vuelve a llevar a la idea de que aquí han fundido a los dos personajes por la puta cara) para ver cómo va la cosa por el poblado. A partir de aquí, nos comemos casi diez minutos de tiros hasta que consiguen abrir el portal para darse el piro hasta Nueva York. Con todo el glamour del mundo, acaban en la cocina de un restaurante más guarro que un döner kebab. A causa de esto, a Walter le da lo que en mi casa se llamaría como un "ataque de cojones" y se carga a la esbirra con cara de buenorra que tiene al lado nada más enterarse de que estos dos se les han escapado.


"¡¡¡Me cago en todoooooo!!!"


Ya en Nueva York, Jake lleva a Roland a un hospital para que le miren la infección que le llega ya hasta el brazo. En la tele tenemos un detallito, en el que se nos muestra a un mapache que habla en un anuncio. Esta es casi seguro una referencia a Acho (Oy, en inglés), que es una especie de mapache que Jake encuentra en los libros, y cuya voz repite la palabra "Muchacho" como un un loro una y otra vez.
Esto podría ser un easter egg, pero yo tengo la impresión de que a estas alturas de la peli, el director ya se ha pasado por el culo cualquier futura idea de hacer una saga cinematográfica de esto y ya se está dedicando a colarnos detalles de cosas de futuros libros que ha visto por ahí para que el que vea esta peli diga "Anda la hostia". La cosa es que no es como creo que este tío piensa: me da a mí de que él las ha colado para que el "Anda la hostia" del espectador sea "Anda la hostia, mira qué detalle"; en cambio, es más un "Anda la hostia, lo que ha hecho el cabrón este".

Tenemos un pequeño diálogo del tipo "Ja, ja y puto ja" con el clásico choque cultural entre Roland y la gente de nuestro mundo, descubrimos que la infección no era tan jodida como nos creíamos y se cura con cinco minutos de antibióticos. Gracias al mundo moderno por los avances sanitarios. Eso sí, la colección de hepatitis y la cantidad de radiación que tiene este fulano en el cuerpazo no hay pinchazo que lo arregle. Roland dice que a tomar por culo con la cháchara de la doctora y se larga con Jake. Cogen el bus y dos jamonas les piden rollo, aunque sea solo por la coña.
Dos cojones tienen estas dos, de irse para un negrazo de metro noventa con dos pistolones colgando del costado, que encima se está atiborrando a pastillas, y tocarle los huevos.


"¿Me estáis vasilando, sorras blancuchas?"


Walter se persona por el poblado e interroga a Arra, para luego cargársela, como está visto que suele hacer. Aquí acabo yo de caer en algo curioso: si bien El Pistolero narraba el relato de cómo Roland persigue a Walter, estoy viendo que aquí es justo al revés: en la peli, es Walter el que está más tiempo persiguiendo al Pistolero y a Jake. Y bueno, si Walter en el libro tenía la habilidad de resucitar gente para sus siniestros propósitos, en la peli es monotema, y allá donde va, se va cepillando a todo bicho viviente, con o sin justificación. Casi parece que está en su contrato de supervillano o algo.

Roland y Jake se encuentran con el vagabundo tarado que vimos al principio de la peli. Nos enteramos de que el susodicho vagabundo era uno de los niños con El Resplandor a los que Walter secuestraba. Me empieza a resultar muy curioso que absolutamente todo el mundo aquí, esté en el mundo que esté, o se haya criado donde se haya criado, llame a sus poderes psíquicos de una forma tan concreta. Todos menos Jake, claro, que es El Más Puto Poderoso De Todos, pero que ni zorra de la movida.
Lo mismo es que a todos los que lo tienen les ha llegado una guía con el nombre de El Resplandor, y con instrucciones precisas acerca de cómo entender sus poderes, y el día que se la iban a mandar a Jake el repartidor de Amazon se equivocó de buzón.


"El Resplandor. Tus poderes y tú. Una guía ilustrada para jóvenes"


No sé si de forma casual, por pura chorra o porque Jake está empezando a probar sus poderes, pero logra hacerle un scandisk al pobre vagabundo, que ya estaba bastante traumatizado de por sí, y le sonsaca el próximo sitio al que ir: un local llamado Dixie, con un cartel con forma de marrano. Aquí el glamour es un no parar. El vagabundo reconoce a Roland como un Pistolero, lo que nos da a entender que viene de Mundo Medio; eso, o que se ha leído el argumento de esta bacalada de peli y sabe tanto o más de todo lo que pasa que sus protagonistas. Yo ya me espero cualquier cosa.

De aquí se van a casa de Jake para ver cómo Walter se ha cepillado a su familia, dejando mensajitos de coña en las paredes, ya que está. Tenemos un rato de charlita psicológica para dejarnos claro que Roland puede ser un mastuerzo, pero oye, es un mastuerzo que también ha perdido gente. Todo el mundo sabe que eso de que se carguen a toda tu familia crea vínculos y tal. Jake, sin embargo, anda muy repercutido por todo esto y se dedica a soltarle una ristra de reproches a Roland, que reacciona mirando al horizonte con cara de "Me haría falta pegarme un peo de un cuarto de hora". Para solucionar el pequeño desencuentro, Roland se va para Jake y le enseña la pistola.
Quiero decir, el arma.
O sea, la que le cuelga del pantalón.
Joder, la que fue forjada con el metal de Excalibur.


"Así de grande la tengo, chaval"


Como las armas unen más que las charlitas psicológicas, le enseña un par de posturitas guapas a Jake  (no sin antes dar a entender que a Roland eso de la Letanía de los Pistoleros se la suda, como todo lo que tiene que ver con su propia puta vida) y se van para el sitio más seguro de toda América.
Sí, chavales: se van a una puta tienda de armas. Ahí pillan munición a cascoporro. Walter aparece justo allí vía videoconferencia y ya tenemos otro enfrentamiento, que implica que Los Dos Putos Elegidos se tengan que separar. La separación conlleva que, evidentemente, Jake es un blanco fácil y los Pellejudos acaban por secuestrarlo. Roland va en pos de él mientras Walter se queda en casa, literalmente, jugando con sus pelotas (las de cristal).
Joder, ahora Roland va persiguiendo a Jake. ¿Pero esto no iba de perseguir al puto Hombre de Negro?

Jake es llevado al Dixie, donde hay un puñado de Pellejudos jaleando como si los putos Judas estuvieran a punto de salir al escenario. También está Rorschach, con cara de "En qué puto momento se me ocurriría a mí participar en este bodrio". Walter se persona por allí, esta vez de verdad, y con un reloj de estos de Gúguel comprueba que, en efecto, el chaval da la talla como Puto Elegido.
O sea, toda la puta película todo el mundo diciendo que es El Puto Elegido. El propio Walter corroborándolo porque se cargó a un demonio guardián solo con mandarlo a cagar; toda la puta película persiguiéndolo a causa de la impresionante huella que deja su Resplandor por todas partes, y aun así necesita un puto reloj de muñeca para confirmarlo.
Eso es tenerlo claro.
Valiente mojón de hechicero.


"Tengo un mal día, ¿vale?"


Roland entra a tiro limpio, cepillándose Pellejudos por aquí y por allá. Algo en plan El Cuervo, pero en versión descafeinada. Si el Roland del libro daba la impresión de ser una puta máquina de matar con dos pistolas, capaz de cepillarse a treinta tíos por minuto, aquí la cosa es más pausada. Se carga a gente, sí, pero casi parece que necesita un rato para quedarse con sus caras. Los malos, además, que parecen superarle en una proporción de una burrada a uno, tampoco es que resulten muy agresivos: se dedican a dar vueltas de aquí para allá, como los patitos de una feria, mientras Roland va pensando a ver a cuál mata. Ya en últimas sí, les da por disparar y eso, pero es verlos y a mí me da la impresión de que para ser monstruos interdimensionales dispuestos a sembrar el caos, no durarían ni cinco minutos frente a cualquier banda de Harlem o El Bronx.
O sea, unos mantas.


"Vais a morir todos"


Walter se lleva a Jake a su guarida de supervillano y lo sienta en la silla de La Naranja Mecánica, decidido a pegarle el pepinazo definitivo a la puta Torre. Ah, ¿os acordáis cuando os dije que había matado a la subalterna buenorra? Pues no, simplemente la dejó inconsciente y le marcó la cara. Va a resultar que aquí el malo satánico este también es un blandurrio de cuidado.

Mientras tanto, parece que Roland ha recuperado la fe en lo que era (¿?) y, en un nada típico acto de cerrar los ojos y respirar hondo, empieza a aligerar en eso de matar malosos a tiros. El tiroteo, sin embargo, sigue resultando flojuno. Si habéis visto la ya mencionada El Cuervo, o Robocop (la original, por favor), o cualquier peli del oeste... esto se queda mamando. No sé si porque el sonido de las balas no suena todo lo brutal que debería, porque la música es más grandilocuente que frenética, o porque estamos en el puto s.XXI y mostrar un tiroteo en plan salvaje ofendería a muchos tontos del culo, pero el caso es que lo ves y no termina de dar la impresión de estar viendo una masacre que digas "TOMA TOMA, MÁTALOS A TODOS", sino más bien "Venga, rapidito, que hay prisa". Para entendernos, la dirección de escena intenta recrearnos lo que debería ser una puta matanza con la misma estética que veríamos en truñazos del tipo Divergente.


Divergente: otra historia de una que es especialita (por supuesto, mejor que cualquiera) y por eso se la quieren quitar de en medio.
¿Soy yo o nos están atufando con el mismo puto guión constantemente?


Esto sigue así hasta que Roland alcanza el portal, donde Walter sale a recibirlo. Se dedica a pegarle tiros, que éste para con las manos y, como es un mago chungo, le tira sus propias balas con las manos con la velocidad de una pistola. También se marca un Darth Vader y le arroja vigas de acero que andan desperdigadas por ahí. Una de ellas parece dejar KO al Pistolero, de modo que aquí el maloso se saca una llamarada de la manopla para hacerle vete a saber qué a Roland.
O sea, nos dice que Roland era totalmente inmune a su magia, pero en ningún momento a Walter se le había ocurrido hacer todo lo que está haciendo ahora, como lanzarle balas, vigas o (posiblemente) achicharrarlo vivo.
Eso es arrastrar los huevos y lo demás son tonterías.


Tópico 25097095: parar balas con la mente. Desde Neo, el mundo nunca volvió a ser el mismo.


Para que Roland recupere el conocimiento, Jake le manda por bluetooth mental la Letanía de los Pistoleros, lo que hace que éste, con la fe ya totalmente renovada, agarre su pistola mientras Walter se acerca. Efectúa dos disparos: uno, directo a su enemigo, que detiene con su magia; el segundo, a una viga de acero, que rebota y hace que impacte sobre la primera bala y se desvíe, despistándolo mientras impacta en su pecho. Aprovechando el Ataque de Oportunidad generado por la treta, Roland efectúa más disparos sobre Walter, cuya Iniciativa se ha visto reducida de forma drástica. Reserva un par de balas más para liberar a Jake, y para cargarse la silla de La Naranja Mecánica. Resulta genial que, al disparar a ésta, toda la puta fortaleza de Walter reviente. Hablamos de una burrada arquitectónica de no sé cuántos pisos, ¿vale? Pues revienta por UN tiro a una puta silla.


Le llega a dar a la bombona de butano y monta Hiroshima.


El portal se cierra, Nueva York es salvada una vez más y estos dos se preguntan qué coño van a hacer ahora. Roland le dice a Jake que tiene que irse de vuelta a Mundo Medio, lo que supone otro absurdo más: se suponía que el único propósito de la existencia del Pistolero (al menos en la peli) era encontrar a Walter y matarlo. Al haberlo conseguido, se debería entender que ya no tiene ninguna obligación que lo ate. Eso sí, sí le dice a Jake que es él quien no tiene nada que lo ate en Nueva York,  y que le vendría bien su ayuda, aunque no nos dice exactamente para qué. La única referencia es que llama "Pistolero" a Jake, lo que podría sugerirnos (ojito) que Roland está dispuesto a rescatar a la Orden de los Pistoleros.
Ni buscar la Torre Oscura, ni putas hostias. De hecho, esta peli se llama La Torre Oscura como se podría haber llamado Dando más vueltas por portales dimensionales que un tonto en una feria. Habría sido, sin duda, un título mucho más honesto.

Este pegote termina con estos dos metiéndose por la cocina del restaurante de nuevo, como Pedro por su casa, y abriendo el portal sin teclear nada (porque en esa cocina no había ni panel), para desaparecer en dirección a Mundo Medio.


"Hala, familia, hasta la próxima"


Con todo esto, tenemos que lo que viene siendo una película tirando a regulera, con topicazos uno detrás de otro (véase lo de usar la ventana del baño como vía de escape, los vagabundos que parecen ser omniscientes y te cuentan todo lo que debes saber, el coñazo de La Venganza y El Elegido como únicos motores argumentales, las movidas de "Yo trabajo solo" y "He perdido la fe en todo hasta que al final la recupero", entre muchas otras), con unos actores que hacen lo que pueden, pero con personajes que son putos clichés y una dirección que parece sacada de distopías cutres para chavales, se eleva hasta la Quintaesencia de la Mierda cuando ya uno se coge el texto original y ve que, no es que el director haya hecho una adaptación libre; es que cualquiera que haya leído el primer libro de la serie (ya los demás ni os cuento) es incapaz de identificar una puta mierda en la hora y media que dura esto.


"¿¿¿PERO ESTO QUÉ ES??? ¿¿¿PERO ESTO QUÉ PUTA MIERDA ES???"


Insisto, que no estamos hablando de adaptar un clásico de la literatura. Ni siquiera estamos hablando de una genialidad de libro. Estamos hablando de una novela del puto King que, vuelvo a insistir, no pasa de entretenida... y en algunos casos (véanse las escenas de Tull) se hace hasta cansina. El Pistolero tenía flecos y cosas sin explicar por todas partes, que luego se iban cerrando, bien en libros posteriores, bien en la serie de cómic inspirada en este mundo. Nikolaj Arcel no parece siquiera haberse molestado en echar un vistazo a algún resumen para ir explicando (si quería) esos flecos; directamente se los saca de la manga, resultando incluso más absurdos que en los libros, y diez veces más tópicos. Se le agradece el intento de plantificarnos lo de El Resplandor, reflejando el concepto de Multiverso que busca King mostrar en sus libros (de los últimos años para acá el hombre se ha estado esforzando por mostrar conectados entre sí, si no todos sus textos, la mayoría de ellos, dando una sensación de "continuidad"); es una buena idea que resulta un truñazo en el momento en que nos convierte a Jake en otro Elegido más, una especie de cruce entre sucedáneos flojos (muy, muy flojos) de Paul Atreides y Anakin Skywalker.


Algunos nos cuentan que esto que se ve en la mochila es el Cuerno de Eld, lo que supondría que la peli tendría lugar TRAS la serie de libros, ya que el Universo fue reiniciado al final de ésta.
Vale, muy bonito. Supongo que eso justifica todas y cada una de las chapuzas argumentales que nos hemos comido aquí, amén de los topicazos y los absurdos constantes.
Yo casi que prefiero pensar que lo del cuerno de Eld no es más que otra vacilada de Nikolaj para meter algún elemento de los libros sin ton ni son y tener a los youtubers con sus teorías chorras.


Lo que habría sido una historia sencilla (al menos, el primer libro), basada en una persecución, la búsqueda de respuestas y la formulación de nuevas preguntas de cara al futuro se transforma en una especie de batiburrillo donde aquí nadie se pregunta nada; las cosas pasan y el personal pone cara de póker hasta que pasa la siguiente.
Claman al cielo los santísimos cojones de Arcel al decir que la peli no es una adaptación de los libros, sino una continuación de estos. Recordemos que la saga tiene una especie de estructura circular y que, cuando Roland llega a su destino, vuelve a empezar todo, con algunos cambios leves.
Leves, Nikolaj.
Me da a mí que lo que ha pasado es que este tío ha tenido que salir por alguna parte después de haber parido por el culo semejante boñiga. Los fans de King (que no existe cosa más cerril y apretada que ellos) se tienen que haber cagado en todo lo cagable; la gente que no había leído los libros (o no todos, como es mi caso) ve esto y se queda con cara de "Pues otra peli de fantasía típica que ya he visto mil veces".
Pero claro, a ver cómo le explicas tú al público que has condensado como ocho putos libros (sin contar los cómics, que también añaden contenido) en hora y media, cepillándote a la mitad de los personajes, fusionando a la otra mitad... y añadiendo una chorra de personajes nuevos que no pegan ni con cola porque, no solo no forman parte de la historia original, sino que aquí directamente parecen excusas argumentales (véase el caso de Arra, metida con calzador, para explicar lo que no se ha podido explicar de ninguna otra manera).


"Es que era una adaptación libre, llena de homenaj..."
NO, NIKOLAJ.
No sigas por ahí, que nos colarías otro topicazo: el del director que la caga y habla de libertad creativa y de una obra maestra que el público no ha entendido.


Más jodido aún es coger todo el material y pasártelo por el culo para crear una línea argumental que es un potaje de todo, pero que en el fondo no cuenta nada o casi nada. El ritmo empieza tirando a lento al principio (lo que tendría sentido para ponernos en situación en una historia que se toma su tiempo en ser contada), pero luego, cuando ya se ha contado todo lo que el director considera que había que contar, es una especie de "Vamosvamosvamos" en el que los personajes parecen ir corriendo de un lado para otro como en un capítulo de Benny Hill.
Pero sin la música, que al menos tenía gracia.


Eran otros tiempos. Con tanto soplagaitas, te echamos de menos, Benny.


Y esperad, que vamos para bingo: el amigo Nikolaj, al parecer, tiene previsto adaptar la genial serie de cómic Fábulas. Si ha sido capaz de semejante despropósito con una historia original relativamente sencilla, cuando a este le toque adaptar eso, me lo veo mezclando todos los arcos argumentales del cómic (que no eran pocos) y spin-offs (de los que hay bastante material también) en otro gazpacho de hora y media que no va a haber Dios que reconozca.
Dicho esto, cierro aquí haciendo el mejor homenaje posible que se le puede hacer a tan gran trabajo de dirección: me voy un rato a cagar.