jueves, 11 de julio de 2013

Escupiendo Rabia- El derecho inalienable de sobar tetas




Lo he dicho una y mil veces. Nuestra sociedad, la sobrevaloradísima sociedad occidental, no es tan superior a esas "culturas inferiores" como se cree. No en el sentido de que si cogemos el trato a la mujer en cualquier país de A Tomar Por Culo, nos rasgamos las vestiduras cuando vemos violaciones en grupo, lapidaciones y demás. Y sí, están MAL y no seré yo el que defienda ese tipo de salvajadas.
Lo que me mata de todo esto es que nosotros, esos Occidentales tan guais, que presumimos de igualdad y cuarenta mil mierdas, en realidad no somos demasiado mejores. Igual algunas burradas no las tenemos institucionalizadas (véase el caso de la lapidación), pero eso tampoco nos confiere una superioridad moral ni por forro.
En lo que sí somos superiores es en eso de la hipocresía. Se nos llena la boca día sí y día también diciendo que nosotros respetamos a la mujer, que si pitos que si flautas, y luego pasa lo que ha pasado en los últimos Sanfermines o en otros casos anteriores (y no tan sonados) de los que me he ido enterando estos días. Una chica se emborracha, enseña las tetas (o se le salen, que también puede pasar) y ya hay cuarenta subnormales (porque otro nombre no tienen) que se abalanzan sobre ella como si no hubieran visto una mujer en su vida o como si fueran más cabestros que los cabestros que están encerrando por allí arriba.
Pero luego somos todos de lo más respetuosos y cuando vemos alguna burrada como las de la India, nos echamos las manos a la cabeza, mire usted por dónde. Porque violar a una chica que coge un autobús de noche y meterle los dedos en ciertas partes a otra que está borracha son hechos completamente diferentes. Lo primero no tiene perdón de Dios y lo segundo, como se ha hecho en el interior de nuestras fronteras, no es tan grave. No nos parece tan horrible a muchos de nosotros. Porque, para muchos, eso sucede en fiesta. En fiesta, todo vale. Lo que pasa en la fiesta, en la fiesta se queda. Ji, ji, ja, ja y aquí no ha pasado nada. El alcohol, la música, todo daba vueltas...

O podemos decir que sí, que en realidad es algo espantoso. Yo, al menos, lo pienso... Pero echemos un vistazo a la mentalidad del homo hispanicus de a pie, sea hombre o mujer. Ese que tiene el nivel mental de un extra de El Planeta de los Simios, ese que es del de decir que un ladrón que ha robado en la tienda de al lado "También tiene derecho a ganarse la vida" (no me lo invento, eso lo he escuchado yo alguna vez) o que "Más roban los políticos", como si con esos mantras el chorizo en cuestión ya estuviese exhonerado. Como si por el hecho de que haya alguien peor ya está libre de toda culpa.
Esa especie de mastuerzo mental que, en el momento en que una muchacha va medio enseñando el culo por la calle, suelta lindezas tan sutiles, tan respetuosas, tan lógicas y respetables como "Mira la muy guarra cómo viste, luego se quejará si la violan". Cosas tan hermosas como "La muy puta es que va pidiendo a gritos que la empotren". "Esa fulana lo que va es pidiendo guerra".
Dicho de otro modo, que una vez más (como ya he comentado alguna vez en este blog), lo que hacemos es justificar una agresión por medio de desvirtuar y rebajar a la víctima. Eso tiene tanto sentido como si yo voy con una camiseta de los AC/DC y me mata un fan desquiciado por los Metallica y alguien dice que me lo iba buscando. Que iba provocando a los metaleros por llevar una camiseta que los incita a matarme.

"¡Estaba en mi derecho de matarlo a guitarrazo limpio! ¡Si es que no se nos puede ir provocando de esa manera!"

Igual exagero. De verdad me gustaría estar equivocado; os juro que me encantaría que alguien me demostrase que no pensamos así, pero me temo que la experiencia me indica lo contrario. Cuando salía con mis amigas extranjeras, que eran lo más encantador que ha parido madre, éstas vestían como les daba la puta gana: si un día querían ir con escote, lo llevaban y si no pues no. No dejaba de ser alucinante cómo los amigos españoles y yo que íbamos con ellas veíamos las actitudes de nuestros compatriotas en baretos y no podíamos sino sentir vergüenza ajena. No hablo, lógicamente, de situaciones tan desagradables como las descritas arriba... pero tampoco os vayáis a creer que la cosa fuera una balsa de aceite. No en vano tuvimos que soportar auténticas legiones de capullos que rodeaban a las chicas en plan horda de hienas, llegando casi casi al punto de intimidar. Que si una quería ir al baño, poco le faltaba tener que sacar una escopeta porque los tíos ni las dejaban respirar, ni moverse ni leches. Toda la santa noche dando por culo, sin querer darse cuenta de que sobraban.
De llegar a presenciar (y casi tener que intervenir) cuando un tío intenta meterle boca a una chica (al menos dos veces y por cojones) que no tenía absolutamente ninguna intención de mojar esa noche. Y no es que me lo invente, la chica en cuestión tenía novio y que fuese extranjera no quiere decir que fuese una casquivana, como muchos se piensan.
"Claro, han venido a España a beber como cosacas y follar como cerdas".
"Si es que salen a la calle pidiendo guerra".

"Si las enseñan es señal indiscutible de que podemos tocar, porque la que enseña, al hacerlo, no tiene ni voz ni voto. Se expone a que se las toquen".
Y esto nos tiene que parecer lógico y razonable.
Por putos huevos.


Pero claro, es que luego te encuentras la actitud del machito ibérico y te tienes que morder la lengua para no acabar a guantazos limpios una puta noche que vas a salir a divertirte. Cosas del tipo "Si la tía tiene derecho a enseñar, el mismo derecho tengo yo a tocarla (quiera ella o no)". "Si en el fondo todas estas lo que quieren es comerse un buen rabo (sea el mío o no)". Mil cosas más.
De estar bailando con otra amiga, también con novio (por lo general, la mitad de las que conocí estaban emparejadas) y de tener media docena de gilipollas integrales que no te han visto en tu puta vida, que ni te conocen ni leches en vinagre, increpándote para que te enrolles con ella, como una panda de putos simios. De pedirte explicaciones acerca de por qué no lo haces, como si tuvieses algo que demostrar.

Porque la misión de todo hombre, según los típicos machitos de mierda, es la de follarse a toda tía buena que se les ponga por delante. Algunos de estos machitos son tan hijos de la grandísima puta que ni siquiera cuentan con el hecho de que la tía quiera. Según este planteamiento tan hombre, tan varonil, basta con meterle un par de vasos de sangría por delante, que las muy guarras se bajan las bragas a la más mínima.
Y te lo tienes que creer.
Te tiene que parecer bien.

Pero ojo, que pongo el caso de las extranjeras porque es el más evidente... pero no quiere decir que estas pedazo de burradas tengan lugar solo con ellas, ni mucho menos. Toma cualquier espectáculo de masas, toma cualquier chavala que considere que mostrar el cuerpo no es algo ni horrible ni pecaminoso, y aparecerán un puñado de desgraciados que, sin los cojones suficientes para llevarse a una tía al catre por méritos propios, harán de las suyas. Manoseos y demás burradas que no le harían a sus madres. Pero como es una tía buena (y, según el criterio de más de uno, una guarra y además medio tontita), no pasa nada: pista libre para sobar. Si está borracha, el gilipollas eres tú por no aprovecharte.
Muy valientes todos, muy hombres.
Muy machos.
Vuestras madres estarán tela de orgullosas al contemplar la clase de tumores con patas que han sacado de su útero. Seguro que se corren de gusto al escuchar cómo reivindicáis vuestro derecho a sobar borrachas solo por el mero hecho de que se les ve el culo bajo la falda.

Algunos ven algo como esto y en vez de quedarse flipando (lo que vendría siendo lo normal), se lo toman directamente como una invitación. Porque todo el mundo sabe que un culo al aire significa "Ven y soba".
Más claro el agua, dónde va a parar. Estos anormales en el fondo son expertos en semiótica y los demás sin saberlo.


Esta es la clase de cosas que me hacen pensar que no somos un país tan progresista como presume. A veces pienso que vivimos en una sociedad tirando a medieval, donde el cuerpo humano genera ese doble sentimiento: por un lado, el deseo (algo obvio, ya que las hormonas tiran) y por otro el concepto de pecado. El cuerpo humano, cuando se muestra, para muchos, se ve horrible y no físicamente hablando. Hablo de forma moral: enseñas tu cuerpo y eres una persona sucia, pecaminosa. Algunos todavía parece que tienen la sangre de Torquemada corriendo por sus venas y se comportan como si su Santa Polla fuese la Herramienta Sagrada que devuelve las ovejas descarriadas al redil.
La mujer como Origen de Todo Mal, que debe ser sometida como se merece. Esa parece ser la idea subyacente en este tipo de justificaciones.
Para entendernos, es a pollazo limpio como se somete a una zorra, esa es la mentalidad. Y luego se argumenta (si es que se puede llamar argumento) con barbaridades del tipo de que en el fondo lo van deseando. Claro que sí, es ver a un gilipollas y a cualquier criatura con chumino entre las patas se le hace el ídem agua, dónde va a parar.

Supongo que por eso me tengo que reír, cuando luego preguntas por la calle y TODO EL PUTO MUNDO está concienciadísimo de eso de la igualdad de género, a todo el mundo le parece fatal que se maltrate mujeres y algunos hasta ponen velitas por cada mujer asesinada. No deja de ser curioso pensar que, muchos de esos de los que se rasgan las vestiduras en pro de la igualdad, de esos a los que se les llena la boca con los derechos de las mujeres y demás historias, luego vean a una moza de buen ver y empiecen con los comentarios. Que si tiene las tetas operadas, sinónimo de guarra, así. Por sistema y sin vaselina. Que si va por ahí sin sujetador, marcándolo todo, zorrón verbenero. Que si lleva una falda demasiado corta, para que se la metan con mayor facilidad. Que si esa tía es una lagarta, que si tal que si cual.
Porque toda tía buena (o medio buena, que algunos ya ni siquiera hacen distinción) parece dispuesta a que el primer payaso con el que se crucen les meta mano y lo que no sea la mano. Como si una mujer no tuviese ni capacidad de decisión, ni voluntad ni gusto alguno.
Porque según estos, toda mujer con una sexualidad activa es una furcia. Toda mujer que disfruta del sexo es una ninfómana. Una mujer que no tiene pareja estable pero que puede permitirse acostarse con quien quiera y cuando quiera es una casquivana. Una mujer que no vive acomplejada por su cuerpo, una exhibicionista. Si está soltera o divorciada, significa disponible y con ganas de marcha. Si no, con insistir basta. Porque no hay agujero al que no se pueda entrar insistiendo un poco, dicen estos genios de las artes amatorias. El que la sigue la consigue, aunque eso signifique acoso y derribo. Intimidación. Amenaza física. Porque dicen que no, pero en el fondo significa sí, es el lema de estos mierdas.
Y esto, para muchos, es "lo normal". Lo de todos los días. Y ojo, no solo hombres. Hay cada vez más mujeres que se hacen eco de esta concepción machista de la mujer y arremeten contra otras mujeres con este tipo de argumentos día sí y día también. No en vano, pensad en el típico insulto que una mujer suele usar para hablar despectivamente de otra: "Puta", "Guarra" y demás. Lo llevamos, como sociedad, insertado ya en el ADN.

"¡Se le ha visto un pezón! ¡A por ella!"


Echemos un vistazo de nuevo al concepto de la relación hombres y mujeres. Para muchos, una sonrisa es una insinuación sexual. Hablar con alguien ya es sinónimo de "Estoy húmeda y caliente, metémela hasta partirme por la mitad". Todo signo es interpretado como una apertura de patas en toda regla, ya que un hombre y una mujer, según el machito soplapollas de poca monta, no pueden ni ser amigos, ni hablar de una forma civilizada ni hostias en vinagre. Todo enfocado a meter la polla, disfrute la tía o no.
Y si da la puta casualidad de que la tía no está por la labor, resulta que es culpa de ella. Que es una estrecha, una calientabraguetas y una guarra que solo quería poner cachondo al machito. Él, por supuesto, no es ningún imbécil, no: la negativa se la toman siempre como una ofensa personal, como si fuese un insulto rechazar su salami. Porque toda mujer debe estar dispuesta a mojar la almeja nada más verle y a satisfacerle en cuanto él diga "Ven". Obedece y serás una putita; no obedezcas y serás una hija de puta. Una frígida. Una estrecha. Una cerda a la que no se han follado como se merece.

Sí, amigos Distópicos. Puede que los países no occidentales todavía tengan mucho camino por recorrer en eso de la igualdad de derechos y en el papel de la mujer, no digo yo que no. Pero también digo que nosotros, dadas las circunstancias y considerando nuestra actitud en según qué casos, tampoco es que estemos como para darles lecciones de moral a nadie. No a menos que seamos incapaces de mirar nuestro pálido ombliguito y sigamos pensando en ese halo de superioridad que nos creemos que tenemos. No a menos que neguemos lo hipócritas que somos y nos demos cuenta de que ser mujer, en muchos aspectos, también es algo muy jodido en el mundo occidental.
Pero si se me pide mi opinión, para mí el próximo que venga justificando una barbaridad de este calibre y luego ponga el grito en el cielo por cualquier criatura a la que han tumbado en vete a saber qué país, para mí va a perder todo el respeto como persona. Su criterio me va a parecer emponzoñado. Su cerebro, lleno de mierda. Probablemente ese desgraciado, que no tiene otro nombre, pedirá respeto para sí mismo. El respeto que no siente por una víctima al justificar a sus agresores.
Pues a ese lo va a respetar su puta madre.

domingo, 7 de julio de 2013

Escupiendo Rabia- Los Mentalistas o, No sabes nada, Jon Nieve




Hace cosa de unos... tres años o así, conocí a un fulano en mi grupo de intercambio de idiomas. Uno de esos illuminati que, sin preguntarte acerca de tu experiencia sobre algo, vienen dándote lecciones. De los que aseguran venirte con ideas brillantes acerca de cómo mejorar tu proyecto y de cómo convertir una iniciativa personal en un negocio engrasado y listo para ganar más pasta que el puto Rockefeller. Ni que decir tiene que, por lo general, a mí el tema económico me viene muy bien... pero, en según qué cosas, es algo secundario. Este caso, por ejemplo, es bastante claro. Cerca de cuatro años al frente del grupo y ni se me había pasado por la cabeza cobrarle un duro a la gente que, con el tiempo, se acabarían convirtiendo en buenos amigos. Ya he hablado de ellos en posts previos y creo que queda clara mi relación con muchos de ellos, no me extenderé en este punto.
En lo que sí me extenderé un poco más es en el hecho de que, una vez el pavo se hubo instalado en la gestión de mi grupo (camelándose a mi socia por aquel entonces), empezó a atacarme a mí personalmente, esgrimiendo argumentos tales como que a mí me daba miedo apañármelas con un grupo grande; según él, yo estaba acostumbrado a "grupos pequeñitos" y algo mayor como que me costaba.
Este tío no leyó mi artículo sobre las noches con el grupo de intercambio, por lo que se ve. De hecho, este tío no me conoció en esa etapa. Es más, no me llegó a conocer en absoluto... pero se permitió el lujo, en un correo bastante carente de educación (no exagero, el tío no decía ni hola), de hacerme una evaluación psicológica bastante profunda, ahondando en lo que él consideraba mis miedos más profundos, mis fobias y demás.
Tan solo porque manifesté que no me hacía ni puta gracia cobrarle a la gente por un servicio mutuo (al fin y al cabo, nosotros enseñábamos español... pero es que los extranjeros nos enseñaban inglés y unos cuantos idiomas más).
Expresa tu opinión acerca de UN TEMA y sométete a juicio sobre TU PERSONA.

"Sus opiniones acerca de la última peli de Superman dejan claro que es usted un imbécil, un ignorante y un hijo de puta. Se le condena a ver El Padrino hasta que se le caigan los ojos".


No es el único, ni el último. Algún tiempo después, estuve escribiéndome con otro chaval, de estos que viven según los lemas de la Revolución. De esos tan chulis que se aprenden una consigna y la cacarean a voz en pecho, aunque luego te pongas a hablar con ellos y no sepan argumentarla o bien no tengan mucha idea siquiera de qué hostias están defendiendo (lo viví personalmente con este, que me hablaba en plan profético, de una Revolución social que cambiaría el mundo y que haría que todo fuese mejor, con unicornios de colorines y pajaritos cantando). Le preguntas, le cuestionas sus argumentos (porque no los terminas de ver claros, o simplemente porque no comulgas con ellos) y la respuesta es...
Sí, amigos Distópicos.
El ataque personal.
Este genio en concreto, se permitió el lujo de decir que, por el mero hecho de no ver tan claros los principios ultrarrevolucionarios, ultraliberales y antisistema que él destilaba por todos los poros de su idealista anatomía, yo hablaba desde la soberbia. Según él, yo no estaba de acuerdo porque lo mío es llevar la contra de forma sistemática y porque me tengo que sentir diferente a los demás.
Luego, si yo le digo a ese tío que le vaya a hacer un análisis psicológico a su puta madre soy yo el que queda de maleducado... pero joder, es que empiezan a tocar ya los huevos de una manera que ni os lo imagináis. Por lo que se ve, aquí cualquiera tiene derecho a opinar, y hasta aquí todos de acuerdo. Pero claro, parece ser que eso de la opinión es la panacea; que ese derecho nos reviste de una especie de halo personal que nos permite coger y entrar a valorar personalmente a alguien a quien no conocemos. A alguien que lo único que ha hecho es expresar su opinión acerca de ALGO, no acerca de ALGUIEN. Mucho menos, de ti. Casi me echo a reír cuando el pavo, después de haberle señalado que estaba entrando en valoraciones personales, me dice que es que mis opiniones acerca de Su Credo Personal le estaban afectando y que se sentía tan identificado con lo que yo estaba cuestionando que veía justificado atacar a mi persona.
El que no justifica sus carencias, desde luego, es porque no quiere.

Generalmente, esa persona que hace la valoración personal no suele ser alguien cercano. De hecho, ni siquiera suelen ser amigos. Todo lo más, conocidos o gente que no tiene ni zorra ni quién eres, ni lo que sabes del tema. Pongo el caso de una señora que un día tuvo los santísimos ovarios de decir que yo no tengo ni puta idea de cine (que igual es verdad, igual no, pero es que ella no lo sabía) porque, para variar, me gustó el remake de Pesadilla en Elm Street. Tócate los cojones, yo intentando argumentar mi posición (que luego me llaman beligerante y radical, pero si mis posts son largos es por la puta casualidad de que me gusta dar ejemplos y argumentos de lo que hablo; luego os los creéis o no, pero ha quedado claro una y mil veces que a mí la política del "Esto es así porque lo digo yo y mandan mis santos cojones" como que conmigo no va) y va la buena señora y me suelta esto:

- Si hay algo que me revienta son los jóvenes que hablan sobre algo sin tener ni la menor idea de lo que hablan. Yo he visto muchas películas de terror y la original es buenísima.

"No sabes nada, Jon Nieve".


Dos cojones los de la señora.
Mi respuesta, en un día en que estaba ya hasta la peineta de tanto personajillo ejerciendo su derecho a menospreciar tu criterio y hacer menos argumentaciones acerca de nada que un troll de las cavernas, fue algo similar a esto:

- En primer lugar, tú no sabes quién soy. No me conoces y no hemos hablado jamás antes ¿Quién te ha dicho a ti que soy joven? En segundo lugar, te estás dedicando a menoscabar mi experiencia con el cine de terror, basándote en que has visto "Muchas películas", que no sé cuántas son exactamente... pero no me has preguntado en ningún momento CUÁNTAS he visto yo. Tampoco me has preguntado lo que yo puedo saber de cine, ya que podría haber hecho un doctorado sobre ello [de hecho, lo tengo, sobre adaptaciones modernas de obras literarias... lo que incluye análisis de una obra cinematográfica] y tú sin saberlo. Así que, para hablar de lo que no se sabe, igual eres tú la primera que tendría que hacer un examen de conciencia.


Ni que decir tiene que la señora se metió la lengua en el ojete y no me volvió a hablar en toda la conversación. No es que contase como batalla ganada, había dos o tres que me estaban viniendo con el argumento de "En base a tu opinión sobre UNA película ya queda claro que no tienes ni idea".

Y es que, de verdad... esta gentuza empieza ya a cansarme de una manera que me cuesta expresar. Algunos de ellos, y espero que lean esto que escribo, han tenido los huevazos de entrar en valoraciones hacia mi persona única y exclusivamente por lo que han leído en este blog y por algunos comentarios más (dos o tres, no os vayáis a pensar que se han leído mis Obras Completas) que he hecho por otras vías. No deja de ser gracioso, ya que en una conversación puedo ser lo más bestia que ha parido madre, lo reconozco y no se me caen los anillos a la hora de admitirlo. Pero cuando discuto con alguien acerca de algún tema, JAMÁS (y podéis comprobarlo si queréis) me veréis coger y entrar en valoraciones personales hacia la persona con la que estoy hablando solo porque esa persona y yo no estemos de acuerdo. Puedo discutir, argumentar, ironizar, cuestionar o denunciar lo que creo que se hace mal al respecto de algún tema de una forma más o menos apasionada (si hay gente que se da por aludida no es mi puto problema, pero tampoco me veréis ni dar nombres, ya que acusar a personas no es mi objetivo, sino denunciar hechos. El que vea otra cosa ve lo que quiere ver), más o menos beligerante o más o menos cínica.
Pero no me veréis en mi puta vida de decirle a nadie "Tú eres un radical", "Tú eres un ignorante", como sí más de uno ha hecho conmigo, permitiéndose un lujo de tres pares de pollas. Supongo que porque, a diferencia de mucha gente, yo sí trazo la línea entre argumentar sobre algo y atacar o insultar a otra persona. Es una línea clara, no os vayáis a creer... pero a muchos les gusta cruzarla porque les sale del cerete.

"¡Adelante, chicos, entremos en el terreno personal!"


Esto, quiero que quede muy muy claro, no lo digo (como se me ha acusado unas pocas de veces) desde la soberbia. No tengo por qué justificarme, pero la gente que medio se molesta en conocerme sabe que no existe persona más autocrítica y más dura consigo misma que un servidor. No hace falta ni que os fiéis de mi palabra: preguntad por ahí a los que tengo cerca o a los que tratan conmigo y medio me conocen y a ver qué os dicen.
Lo digo porque estoy harto ya. Estoy muy cansado de que aquí el primer mongolo al que le salgan cuatro pelos en las ingles se ponga de buenas a primeras la batita de psiquiatra y venga a hacer evaluaciones sobre mi persona porque "Tiene derecho a opinar". Si quiero un puto psicoanálisis, como le dije a un señor que se pensó que por ser mayor que yo se podía permitir todo un abuso de confianza sin conocerme prácticamente de nada, me busco a un puto profesional y no a un mentalista de poca monta que se cree Freud por estar leyendo lo que escribo. Porque algunos son lo bastante gilipollas (y sí, aquí sí entro en una valoración personal, para que esos genios vean lo que escuece) como para pensarse que TODO lo que aquí escribo es la verdad. Que toda puta palabra expresa un pensamiento que se corresponde con mi forma de ser las veinticuatro horas del día. Que leer tres o cuatro artículos de los míos ya os puede dar un norte de la clase de persona que soy. A ninguno de estos analistas de medio pelo se le ha ocurrido pensar que podría estar fingiendo o exagerando mis artículos, o bien que podría estar usando un tono narrativo concreto. Es mucho más fácil que de cualquier agujero surja una horda de payasos que se crean que lo que digo es cierto. Que soy así. Que vivo cabreado.
Y eso que me duele la boca de escribir en este blog que la gente debería pensar por sí misma, y sacar sus propias conclusiones en base a aquello que pueden argumentar. Que la intuición, la impresión, los pálpitos y demás parafernalia de mercachifle no sirven.

Por si alguno no se ha enterado o no se ha querido enterar (a veces tengo la impresión de que aquí la gente solo lee de mí lo que le interesa), también escribo ficción y alguna vez la subo en este blog. La sección El Gusano Interior, por ejemplo, es una prueba de ello. Partiendo de esa base que muchos usan para juzgarme, me pregunto qué dirán acerca de mi persona si leen los fragmentos de una novela escrita por mí.
Porque todavía hay algunos que se piensan que la mano y la creación son una cosa total, indivisible e intransferible. Es decir, que si escribo sobre un asesino en serie soy homicida en potencia, si escribo desde el punto de vista de una mujer soy transexual y si escribo sobre un neonazi es porque soy de extrema derecha.
Muy lógico todo.


Hay que ser mongolo.
La cosa es que sí, que digo lo que pienso. Cuando tengo las ideas claras acerca de algo, las expreso tal y como creo que son, y me la sopla que lo que suelto no sea lo que mola o lo que queráis oír. Lo hago, a diferencia de muchos cagados de la vida y de muchos cobardes que no tienen las pelotas para hacerlo y que se dedican a regalarle los oídos al mundo, o (más alucinante aún) a sí mismos. ¿Y qué? ¿Es que os pensáis que me creo superior por eso? Por favor. Para mí esto no es una cuestión de superioridad, porque forma parte de mi naturaleza. Yo no puedo maquillar lo que creo que es la verdad porque no sé. Ni sé ni me interesa aprender.
Decir que mi sentido crítico proviene de la soberbia es como decir que me creyese superior por tener los ojos marrones o que tengo cinco dedos en cada mano, panda de tontos del culo.

Pero antes de irme por esa línea, la cuestión que quiero resaltar es justo esa. La misma que he usado en el párrafo que hay justo arriba para ilustrar lo que quiero decir: hoy en día, en el momento en que alguien se queda sin argumentos, lo que hace es entrar en el juicio de valor. En el insulto barato. En trazar la línea que he dicho antes, la de hablar de un tema y la de coger y juzgar a alguien. No sé qué decir para defender mi tesis, ataco al contrario y le digo que es un ignorante, un soberbio, que habla desde el resentimiento. Que es un ogro, que bebe lejía, que sacrifica niños a Satán. Que escucha al puto Justin Bieber.
No deja de ser irónico, que todo el mundo ahora sepa analizar la mentalidad del contrario, sin estudios básicos sobre psicología, psiquiatría o incluso sin tener mucho don de gentes. Veo algo, me parece que es así y me siento con el derecho de coger y juzgar a la otra persona. Pero oiga, el de al lado es un ignorante. Yo no. El de al lado no está en posesión de la verdad, pero yo sí. No deja de descojonarme cómo esos seres, la mitad de las veces, además de la batita de psiquiatra y lanzar sus diagnósticos a cascoporro, luego pregonan cosas como la humildad o la sencillez ("Yo es que cuando no sé acerca de algo, no hablo"... Pues estás hablando sobre MÍ y no me conoces) y demás.
Eso de "En mi modesta opinión" es lo que se suele emplear la mitad de las veces para demostrar a continuación que tu opinión, ni es tan modesta, ni tan abierta de miras como presumes.
Ahora todos somos el puto Sócrates, no te jode.



O el puto Patrick Jane, que te ve tirándote un pedo y, por la forma de disimularlo, sabe que papá te pegaba con la correa cuando eras pequeño.


Lo más gracioso de todo es que seguramente habrá palurdos que, al leer estas líneas, se pensarán que estoy cabreadísimo. Claro, ven lo de "Escupiendo Rabia" y se piensan que cada vez que añado algún post en esta sección es porque estoy conteniéndome para no salir a la calle y liarme a escopetazos. Dos palabritas en la etiqueta de la sección y el personal se monta su película. Algunos hasta me piden que justifique mi estado de ánimo una vez han leído mis artículos, como si tuviera que dar explicaciones no acerca de lo que digo (en muchas ocasiones es necesario, porque hay algo que igual no he explicado bien), sino acerca de mi forma de ser, de pensar, de ver la vida. Como si a vosotros, pequeños vigilantes, pequeños jueces, os importase una puta mierda.
Pero quiero que penséis en ello. Alguien que escribe, en cierto sentido, es un mentiroso. Yo digo lo que pienso, o al menos eso es lo que digo (vosotros ya sacáis las conclusiones que queráis, como siempre), pero... ¿De verdad sois tan ingenuos como para pensar que aquí voy a poner mis pensamientos más íntimos? ¿Mis miedos más profundos? ¿Mis traumas personales? Entonces, si tan maduros sois, si sois gente tan instruida, tan leída y con tanto mundo a las espaldas como decís y vuestra respuesta es "No"... ¿Por qué coño seguís insistiendo en hacerme una evaluación psiquiátrica?
Anda, Mentalistas, sacaos el título y aprended a hacer un diagnóstico profesional. Haced algo con vuestra vida y, si a mí me sale de las pelotas, iré a que me evaluéis con consulta previa. Pero a mí no me vengáis a predicar sobre mi ignorancia porque ni me habéis preguntado cuánto sé realmente sobre algo (lo cual es de ser cínicos), ni os he pedido vuestra puta opinión (lo cual es de tener la educación algo perdida) y porque, seamos honestos, me importa una mierda pinchada en un palo lo que penséis.

viernes, 28 de junio de 2013

Mondo Chorra- Sobre el concepto de envidia y la objetividad




Lo he oído una y mil veces. Todos lo hemos hecho, diría yo. Eso de que alguien te llegue, te cuente una historia que ha tenido con yo no sé quién y resuma la movida con "Es que me tiene envidia". "La envidia le corroe". "Tiene una envidia que no puede con ella".
Envidia, sí. Hay muchos tipos de envidia, según parece: Envidia sana. Envidia tiñosa. Envidia con puto roquefort.
Ese concepto me hace pensar. O igual no es el concepto en sí, sino el uso.

Hará cosa de más de una década conocí a alguien que me explicó ciertas nociones de lo que podría llamarse (a falta de un término más adecuado) "filosofía mentalista". Para entendernos, esto plantea algo tan sencillo como que somos nosotros los que conformamos el mundo que nos rodea. Partiendo de este principio, por ejemplo, una persona en realidad no nos decepciona en sentido estricto, sino que somos nosotros los que lo hacemos: somos nosotros los que nos hemos forjado una imagen de una persona que, obviamente, no se ha correspondido con lo que ha resultado ser.
Conformamos el mundo en base a nuestro espectro de visión y raramente buscamos otro punto de vista.

Con esto, lógicamente, no niego la existencia de la envidia, ni mucho menos. Es una pasión humana como otra cualquiera. Lo que sí vengo a decir es que igual no es tan tan tan tan superfrecuente como algunos nos quieren hacer creer.
Curiosamente, Dante no pone a la Envidia (ni a la Soberbia) como pecados por los que pagar en el Infierno.
Los pone en el Purgatorio.
Soy de pensar que el primero de estos círculos del Purgatorio no estará tan lleno como el segundo...


Con el caso de la envidia viene a ser tres cuartos de lo mismo: cuando alguien me viene diciendo que los demás le envidian, a menudo tiendo a pensar que igual no es tanto un caso de envidia ajena como de soberbia propia. Si piensas que los demás te envidian igual el problema radica en que, en un sentido u otro, te consideras superior a ellos. Los demás no son tan buenas personas como nosotros, no son tan guapos, ni tan listos y no tienen el éxito merecido del que disfrutamos nosotros.
Esta idea, si lo pensamos, se convierte en un argumento que se puede emplear como defensa universal: no en vano, más de uno y más de dos en este mundo miserable por el que nos arrastramos, considera que todo bicho viviente que no le da la razón en algo o que no le admira incondicionalmente lo hace desde la más desatada envidia, sin considerar siquiera que la otra persona pueda tener motivos para actuar de esa manera.

Otros llevan el ideal de "El mundo lo creo yo en base a mi visión del mundo" a un nivel extremo, rozando la ausencia de contacto con el mundo real y eliminando de su vida todo aquello que no les mola o que no sigue sus dictados. Algo similar al pensamiento mágico, o a lo que hemos visto en muchas novelas de fantasía, donde creemos que el Mal (sí, en mayúsculas, personificado en plan chungo de la muerte) existe única y exclusivamente cuando se le menciona. Hay quienes piensan que, por el mero hecho de ignorar algo, ya no existe. Que mientras veamos solo lo bueno de la vida lo malo dejará de afectarnos o de ser un problema. Esto, para la psicología más tradicional, recibe el nombre de "Mecanismo de defensa". Estos mecanismos no son más que formas que la mente humana emplea para afrontar (o no) todo aquel obstáculo que se le pone por delante; mientras unos proyectan sus miserias sobre otros (el caso del violento que denuncia la violencia de otros, por ejemplo), otros directamente hacen como que lo malo o lo que va en contra de sus esquemas no existe. Y no es que lo finjan, es que se lo llegan a creer.

"Nononononono no quiero saber nada más"


Supongo que no es tan raro, entonces, que cuando aquí un servidor haya dicho a lo largo de su vida "No estamos haciendo bien esto" (pongo el caso de cuando tocaba en la que pudo ser la peor banda de rock duro de mi ciudad), siempre haya alguien que te diga "Tú es que eres un pesimista".
Pues no, joder: si tú mismo te estás dando cuenta de que no pillas una puta nota, que el que tienes al lado te está mirando para saber por dónde vas y que el que no está desafinado está improvisando porque se le acaba de olvidar la canción, no es una cuestión ni de subjetividad, ni de pesimismo ni leches. Las cosas no están saliendo bien. No hay coordinación ni soltura. Eso se puede negar si se quiere. Se puede decir "Me he subido a un escenario a pasarlo bien y es lo único que importa". Se puede ignorar que haya gente que te diga "Quillos, hoy habéis sonado nada más que regular, ¿eh?"

Quizás por eso me he ganado a pulso la fama de tocapelotas integral. Puede que sea por mi afán perfeccionista o porque no me gusta vender la piel del oso antes de cazarla. Es posible que sea porque no me contento jamás con halagos fáciles o con una visión chachiguai del mundo. Incluso podría deberse a que me gusta buscar otros puntos de vista diferentes a los míos acerca de tal o cual tema; para ver que, si bien no todo tiene por qué ser tan malo como lo pintan (alguna vez lo he mencionado, aunque vuestro punto de vista no lo haya notado), tampoco creo en las utopías. No creo en "la gente fantástica", ni en esos que lo hacen todo bien. No creo en esos mundos coloridos, llenos de florecitas y unicornios rosas. Me gustaría que existiesen, pero sé que no. No a este lado del Universo, al menos.
Lo mismo es porque estoy acostumbrado a ver las partes más oscuras del mundo y sin demasiado miedo. No es que haya vivido en la miseria ni mucho menos, ni he convivido con gente en el arroyo, pero tampoco me he criado entre algodones. He conocido gente que lo ha pasado mal y gente que ha tenido muchos problemas y, en la medida de lo que he podido, he intentado echar una mano a los que creo que me han merecido la pena.
Pero ignorar este tipo de cosas, poner una sonrisa y decir "No te preocupes, que eso no es nada" no va conmigo. No ha ido jamás, precisamente por eso: porque no creo que quitarle importancia a algo haga que éste, automáticamente, deje de tenerla. Los problemas no se resuelven así. Los problemas, en primer lugar, hay que detectarlos, reconocerlos, asumirlos... y luego, buscar el modo de combatirlos.

Eso, si queremos combatirlos de verdad. Ya he mencionado más de una vez aquella política del "Aversi" ("A ver si me pongo, a ver si lo hago") que tanto se estilaba en mi época universitaria. Nos iban a cerrar la carrera y lo mínimo era hacer algo. No es que fuésemos a salvar el mundo ni mucho menos, ya que estábamos luchando contra gigantes... pero por lo menos, intentarlo. No hundirnos en la apatía. Esto lo he comentado en posts previos, así que no me extenderé; solo diré que la mayor parte de la gente ignoró el problema hasta que fue demasiado tarde y se dio una última reunión informativa donde se contaba lo que, de modo casi inevitable, iba a pasar.
Miré a mi alrededor y, ¿sabéis lo que vi?
Caritas compungidas. Suspiros. Casi me faltó ver puñetazos de indignación sobre la mesa.
Lágrimas de cocodrilo, tíos.

Descripción gráfica.


Mi abuela, que en paz descanse, siempre me pareció una persona de las más sabias que he conocido. No porque fuera más inteligente que los demás ni porque se hubiera criado en el Tibet rodeada de lamas. Mi abuela era de la clase de gente que veía en el interior de los demás y no se asustaba de lo que veía. No lo negaba ni ponía buena cara. Sabía que la gente, en general, es gilipollas y lo tenía asumido.
Igual en ese aspecto he salido a ella, no sé.
El caso es que mi abuela, el bastión de la sensatez en mi familia, solía decir que las cosas o se hacían a tiempo o luego tocaba callarse como putas. Porque quejarse tarde y a destiempo, decía, es de idiotas.

Y no deja de tener gracia; por un lado estoy viendo gente que no hace más que condenar hasta la última de las miserias de este mundo, sin hacer mucho más allá de eso. Ya no hablamos de una denuncia, sino del lloriqueo barato, el Hipogrifo Maldito, que se lamenta de la suerte del mundo y se queja del Destino impuesto por los Hados.
La otra, algo menos poser en cuanto a dramatismo, es el caso contrario. Nuevamente, el ejemplo de bipolaridad de este mundo. Aquí resulta que los males no siempre se niegan (aunque sí muchas), pero cuando se reconocen... bah, eso no es nada. Eso se arregla solito. Solo tenemos que ser optimistas y esperar un mundo mejor. El bien triunfará, el mal será sometido y todos nos pondremos a cantar hossanas en el patio al sol, mientras los pajaritos cantan y las abejas van por ahí chupeteando floripondios. Y es curioso ese momento en que, cuando dices "Joer, esto al menos apóyamelo con algo, que a mi la fe ciega como que no me mola" se lanza el argumento de marras:

- Tú es que eres un pesimista.

O bien, lo de "Tú es que tienes envidia de mi fantástica visión del mundo".
Nuevamente, volvemos a ese concepto religioso, de pensamiento mágico: el nosotros y lo que pensamos, nuestro punto de vista que da forma y sentido al mundo, frente al Mal. Lo que nos contradice, lo que no casa con nuestros ideales.
Conflicto, que suele ser lo normal.
¿Es normal, entonces, que ante ese conflicto nuestra actitud sea la de taparnos los oídos y negar que esa gente existe? ¿Es mentalmente sano decir que nuestra experiencia de la vida es perfecta y maravillosa simplemente porque nos hemos negado a reconocer que lo que no lo es existe? ¿Nuestra vida social es una balsa de aceite porque nos hemos negado a escuchar a todos aquellos que no comulgan con nuestro pensamiento? ¿Somos acaso más plenos en nuestra existencia cuando expulsamos de nuestras vidas a aquellos que no comparten nuestra visión del mundo? ¿O igual esgrimimos ese argumento como arma porque no tenemos nada mejor que decir? ¿Somos acaso tan limitados a la hora de defender nuestras ideas que, en el momento en que las cosas se quieren poner medio complicadas, arremetemos contra aquellos que no comulgan con nuestro credo y limitamos lo que digan a "Me tienen envidia"?
¿De verdad somos así de simples?

"Yo molo. Si no estás de acuerdo, eres malo y me envidias".


Orwell contra Huxley. Ambas historias son distopías, amigos. Y porque en el segundo caso se use la palabra "Feliz" en el título, no nos engañemos. La felicidad no consiste en negar lo malo. No consiste en reducirlo todo a nuestra visión happy-guai de las cosas. Que nos vaya bien a nosotros no quiere decir que a todo el mundo le tenga por qué ir igual (so pena de decir que no lo han hecho bien, que también lo he visto alguna vez). Que otros no vean nada magnífico en nosotros y que nos vean como a seres humanos, desprovistos de cualquier halo de divinidad no quiere decir que nos envidien, ni que nos odien. Es posible que nos vean de un modo mucho más objetivo que esos otros de los que decidimos rodearnos. Sí, de esos que se pasan el día diciendo que somos gente maravillosa. Gente especial. Gente que ha dado sentido a sus vidas.
Es duro reconocer que, en el fondo, no somos Mesías. No llevamos ninguna buena nueva. Nuestra filosofía de vida, con toda seguridad, no es mejor que la de los demás. Puede que ni siquiera sea muy diferente. No hemos inventado nada revolucionario, ya que está todo inventado. No somos los guías de nadie, ni sus maestros. Somos gente tan falible y fallida como el fulano que se sienta a nuestro lado en el autobús. Puede que menos incluso, si pensamos que a lo mejor esa persona nos puede dar lecciones sobre algo que hemos ignorado hasta la fecha.
Pero esa es la clase de cosas que muchos ignoran, ya que están obsesionados con su único punto de vista de las cosas, desde el cual se permiten el lujo de juzgar desde la ignorancia. De sentar cátedra sobre un maravilloso mundo que nos rodea a todos, donde el sol brilla, los pajaritos cantan y las nubes se levantan. De creerse todos esos halagos que los elevan a un altar. Tanto, que ni siquiera se plantean que más allá de las fronteras de su visión, hay todo un Universo. No mejor ni peor, sencillamente diferente. Puede que más completo. Más abierto y más extenso.
Y que ellos no han visto ni la décima parte.

lunes, 24 de junio de 2013

Escupiendo Rabia- Algo huele a podrido en la Industria



Llevo ya una buena temporada hablando con algunos amigos que andan metidos en el mundillo literario. Algunos publicados, otros en la misma situación que yo, viviendo en ese Limbo de los autores noveles que, para muchos, parecemos no valer una puta mierda por eso de no tener un libro en la estantería de una librería. No deja de ser curioso cómo muchos de esos amigos, independientemente de las circunstancias, coinciden.
La industria literaria da puto asco.

Ante esto, seguramente me llegarán miles de justificaciones, diciendo que son tiempos duros, que si tal que si cual... el típico argumento de la gente que no tiene memoria y que parece haber olvidado que las marranadas que hacen las editoriales vienen llevándose a cabo desde antes de 2008, que fue la época en la que estalló esta crisis económica que parece ser la excusa definitiva para justificarlo todo.
También es posible que me llegue gente diciendo que no está bien generalizar, pero amigos: a mí me gusta ser una persona empírica y basarme en mi experiencia. Y tócate los cojones, que llevo ya cerca de tres años por aquí dando vueltas y, de todas las editoriales con las que me he cruzado, el 100% han demostrado ser unos chapuceros. Los que no, unos estafadores. Los que no, unos gañanes. Y el resto, gente que igual tiene muy buena intención, pero que en el fondo no tiene ni zorra de mantener el negocio a flote -o competir con los tiburones y chacales que suponen la competencia- y acaban cerrando.
Que igual es cosa mía, no digo que no. Solo digo que qué buena suerte han tenido algunos y qué mala suerte he tenido yo, que todos los cabronazos me han tocado a mí.

Preguntas por ahí y el panorama, por lo que he visto, no es mucho más alentador: la mitad de la gente que conozco se encuentra con cosas similares o incluso peores a las que yo mismo me he tenido que enfrentar. Así que cuando alguien me dice que no generalice, coño... Lo que me están pidiendo es un puto acto de fe.
Y es que parece ser que en este mundillo solo algunos resultan ser los malos (véase el caso de cierta editorial Insumergible, que sigue aprovechándose de los pobres novatos que, en lugar de informarse acerca del proceso standard para publicar, pagan por hacerlo... que igual no es del todo malo si te lo dicen de antemano, pero que es muy fuerte cuando ves que no solo has pagado, sino que no has visto un puto duro). Pero ojo, que estos no son los únicos en hacerte cabronadas, no nos engañemos. Hay editoriales que he visto por ahí que tienen la fama de ser "Estupendas", "con suma dedicación" y "que cuidan al detalle los libros". De estas que te las pintan tan bien que dices, "Coño, pues habrá que mandarles algo". De hacerlo y encontrarte excusas absurdas de cojones para no publicarte, amén de reconocer que ni se han leído tu manuscrito (porque oye, si me dicen que es malo, me callo como una puta en Cuaresma y me pongo a currar para mejorarlo, como llevo haciendo siete años). Cosas tan irrisorias como el hecho de que ya tienes algo subido a un blog y que no les interesa la prepromoción.
Ya.
Que nos hemos caído de una higuera ahora, señores. Como si luego la promoción no corriese a nuestro cargo, sea con una editorial pequeñita o sea con una editorial grande. Lo he visto varias veces y, a menos que seas uno de Esos Afortunados, por los que una editorial se parte la cara y te publicita, pringas como todo hijo de vecino.

" ¡Hala, curra, cabrón!"


En esa misma editorial, por casualidad, tuve la oportunidad de participar conjuntamente en el proyecto de un amigo, el como escritor y yo como ilustrador. Fue terriblemente curioso enterarme de que dicho proyecto contaría con luz verde por parte de la editorial... si mis ilustraciones eran retiradas. Ante esto, yo comenté que si era por la calidad de éstas, no tenía ningún problema en repetirlas. De hecho, había repetido varias de ellas antes de presentarlo por no haber quedado satisfecho con ellas, y fue mi compañero de proyecto el que me dijo que lo que tenía ya le satisfacía.
Ante mi pregunta, éste me dijo que no era por eso, que la persona al cargo de la editorial consideraba que los dibujos estaban bien. Supuse que se trataba de una cuestión económica, ya que colocar ilustraciones (y estas eran varias decenas) no es barato.
Nueva respuesta negativa.
La explicación fue todavía más extraña: según me contó, la persona que daba luz verde al proyecto "Se enamoraba de los libros conforme los veía, y los publicaba según le gustaría comprárselos".

- Más concretamente- dije yo-, se me quiere apartar del proyecto por razones personales, más que profesionales- Porque eso de "Es que no me gusta con dibujos" (sic.) me parece un argumento que se puede calificar de muchas maneras, pero en caso alguno como "Profesional".

Ni que decir tiene que ese proyecto al final no salió adelante y el libro que teníamos pendiente sacar adelante quedó arrumbado en un cajón, pese a que esta persona dijo que era de lo mejor que había leído en mucho tiempo.
Muy lógico todo.

Puedo hablaros del caso de otra editorial, que ya me dieron mala espina al leer el apartado de "Envío de manuscritos" de su página web. Si los llamo prepotentes me quedo corto, con líneas que insinuaban "No nos hagáis perder el tiempo, panolis de mierda, que no estamos para atender vuestras gilipolleces". Con todo, les mandé un manuscrito, por si era una pose de entrada y luego resultaban ser algo más honestos.
Me equivoqué.
Estos no solo parecían bordes, sino que además, comprobé en su correo que eran unos jetas de cuidado: van los tíos, con todo su morro y me sueltan que no ven mi novela para publicarse en papel, pero que sí la ven como para formato electrónico (¿?) y que se ofrecen, bajo presupuesto, a hacer el montaje digital. Es decir, que aquí los genios me van a cobrar por convertirme un archivo a .pdf, algo que puede hacer medio cualquiera que tenga un programa. O a e-book, que se hace también con otro programa.

Os puedo mencionar el caso también de otros que me pedían un depósito de 125 pavos por publicar, Dios sabe para qué... porque con 125 pavos si te vas a un Copicentro te puedes imprimir y encuadernar unos veinte libros como mucho. Conociendo como ya me conozco además la movida de las coeditoriales, donde la práctica habitual es decirte que tú pagas parte de la edición, pero en realidad estás pagando la edición entera (es decir, ellos te dicen que publican X y que tú pagas X-y, pero en realidad ellos publican X-y y tú has pagado el 100% de la edición), me dio la impresión de que iban a publicar una tirada ínfima (y vete a saber con qué calidad, ya puestos) pagada íntegramente por mí.
Va a ser que uno es novel, pero no necesariamente gilipollas.

Concepto de autor novel según más de uno y más de dos.


De gente que se ofrece a publicar libros de alguien, admitiendo no habérselos leído. Sin filtro editorial alguno, y muy probablemente sin una corrección decente. Joder, una cosa es que algunos quieran publicar y otra cosa es que se dé por hecho de que todo el mundo quiere publicar a toda costa. Algunos de mis amigos, de los que todavía conservan esperanzas en publicar, tienen la honestidad de esperar que el editor o persona encargada se lea su obra y decida si es correcta. No como hacen algunos, que oyen campanas y no saben dónde, les suena que tal escritor es bueno y aceptan las cosas a ciegas.
No. No así.

Gañanerías tan gordas como la típica de mentir al autor sobre el número de volúmenes vendidos ya las hemos oído todos; pero cuando el autor se entera POR UN LECTOR que su obra ha llegado a otros países de habla hispana, es cuando se queda con el culo torcido ante el flujo de comunicación por parte de la editorial. No queráis ni preguntarles cuántos ejemplares se han vendido allende los mares, que vete a saber por dónde te salen. Algunos llegan a nivel premium y, no contentos con este racaneo del dinero que un autor se merece, tienen los santísimos cojones de pedir una participación a una productora cuando una novela da el salto al cine. Dicho de otro modo, no solo no te pagan lo tuyo, sino que encima quieren ver pasta de una cosa en la que no tienen que ver un carajo.

Y se supone que yo tengo que tener fe en todos estos. Se supone que tengo que esperar que hagan bien su trabajo. Se supone que tengo que hablar bien de gentuza que se pasa el día aprovechándose del trabajo de los demás, y justificándose con mil y una gilipolleces: "Que si la cosa está mal para todos", que si tal que si cual. Al mismo tiempo, tengo que ver cómo el mundillo que los rodea (otros autores, lectores, satélites y pelotilleros de muy diversa estofa) me intenta persuadir de que no diga nada. De que tenga fe. Me intentan convencer, sin muchos argumentos, de que todo es guai. De que hay buena gente. De que la industria mola.
Y digo yo: "Mira, no digo que no, pero mi experiencia ha sido una puta mierda al 100%. ¿Qué clase de fe puedo tener en un mundo que me ha demostrado estar poblado por sinvergüenzas?" Cuando TODO lo que has vivido son marranadas, chapuzas e intentos cutres de aprovecharse de uno, decidme: ¿Qué se puede esperar?

Por lo que a mí respecta, yo ya lo único que puedo esperar de la gentuza que lleva a cabo estas prácticas es que se muera de hambre de una puta vez y que se vaya a hacer puñetas.
Que algunos ya estamos hartos de que nos tomen por imbéciles.
Y de que vengan otros detrás a justificarlos y a decir que son chavales estupendos que tienen que ganarse la vida.


De ahí mi falta de fe. Hasta hace unos años, yo pensaba que publicabas como premio por tener un mínimo de calidad. Porque alguien pensaba que lo que habías escrito merecía la pena lo suficiente como para arriesgarse al lanzarlo al mercado. A convertirlo en un producto, que es algo respetable hasta cierto punto. Bastan casi tres años para darte cuenta de que te has estado engañando a ti mismo. De que el concepto de producto enmascara cualquier otra cosa: que el producto que se vende en caso alguno pasa los controles de calidad. Que hay gente que es buena y publica es innegable. Pero que gente que es peor que tú (lo cual manda cojones), gente que no ha leído un libro en su puta vida pero quiere ir de "escritor" por la vida, se suma al carro de cualquier moda dominante y publica auténticos truños, también, y mucha. Muchísima. Bien por eso de ir a la moda o bien por tener algún colega en alguna editorial (de medio pelo, pero editorial al fin y al cabo) que (digan lo que digan) coge y lo publica sin pensárselo.
Ante esto me podéis decir que una editorial no se arriesga a tal cosa, que si tal que si cual. Yo os propongo la experiencia de que os paséis por cualquier librería, pilléis libros de tal género de moda y veáis las pedazo de mierdas que están saliendo: fotocopias de fotocopias de fotocopias de autores ya mediocres, sin un estilo mínimamente personal. Noveluchas baratas, cargadas de tópicos, palabras y expresiones repetidas hasta la extenuación e incluso faltas de ortografía sistemáticas. A eso se están arriesgando no una ni dos editoriales, sino muchas, en nuestra industria.
Y no pasa nada. Todo vale. Todo es guai. Todo es respetable. Mientras aquí unos satisfagan su ego presentando libros en cualquier tiendaza de moda, rodeados de camarillas de pelotas que les digan que son magníficos autores, mejores personas, clásicos indiscutibles que pasarán al Olimpo de la Literatura, todo está bien. Mientras los que han dado luz verde a estos abortos literarios estén ganando pasta a costa de reírse del público (sí, reírte: cuando le cobras a un cliente el precio por un producto de una determinada calidad pero lo que vendes es bazofia, te estás riendo de él), aquí todos contentos.

"¡Y luego todos hacemos sexy time!"


Pero no solo es cosa de editoriales, no. Suelo decir que hay mucha culpa en todas partes, y esto no es una excepción. Pongo el caso de una amiga mía que es reseñista y suele recibir libros de autores y editoriales con la intención de que ella los lea y haga una crítica seria y minuciosa sobre ellos. Se me cae la cara de vergüenza ajena cuando me cuenta que ha habido autores que, con todo su morro, le han llegado a decir que le envían el libro a reseñar de forma gratuita a condición de una crítica positiva. De editoriales que, con todos sus cojones, han intentado presionarla para que su valoración sea mejor de lo que es. En definitiva, forzar su criterio o, dicho de un modo más directo, obligarla a mentir.
Y hay gente que todavía me viene diciendo que está harta de escuchar historias sobre lo podrido que está el mundillo... como si ignorar toda esta avalancha de mierda fuera la solución. Más harto estoy yo de ver cómo amigos míos (autores o lectores) cada día se sienten más estafados, más defraudados y, lo que es peor, más desanimados a la hora de escribir. Gente que es BUENA. BUENA de verdad. Gente que tiene un bagaje literario que ya quisiera más de uno de esos pobres publicados. Sí, de esos que ignoran cualquier crítica negativa, de los que bloquean a aquellos que les llevan la contra o a aquellos que no les bailan el agua. Gente mediocre que carece de las agallas para admitir que son unos mediocres y, por tanto (y aquí viene lo peor), sin el más mínimo afán por mejorar como autores. Gente de mente simple que se contenta con escuchar alabanzas vacías que los comparan a los Grandes Clásicos de la Literatura Universal... y se lo creen. Pobres diablos que viven en su propia Matrix de halagos y aplausos. Tiernos muchachos que se contentan con que les metan la lengua por el ojete dieciséis horas al día (las otras ocho son para dormir) y se piensan que todo eso que les dicen es la pura verdad. Que no han cometido fallo alguno en su puta vida.

Podría decirse que hablo desde la envidia. Es lo que diría más de uno cuando suelto las verdades a la cara. Qué queréis que os diga, a mí no me causa envidia eso de ver cómo la gente chapuza se rodea de pelotas que se pasan todo el día diciéndoles lo magníficos que son. Aquellos que me conocéis, sabéis que me incomoda sobremanera que me hagan la pelota. A veces incluso me molesta, cuando veo que el peloteo es descarado e interesado. Teniendo en cuenta que considero estar como un cencerro, me resulta tela de escamoso que la gente me dé la razón por las buenas y, si lo pensáis, la gente más cercana a mí raramente lo hace. Si yo publicase (cosa que, a día de hoy, ya no me interesa demasiado), me resultaría terriblemente irritante, por no mencionar que me causaría un enorme cargo de conciencia, irme a la cama pensando que me han publicado un libro porque tal es amigo mío en lugar de que porque lo que he escrito merece la pena. Sinceramente, me siento mucho más cómodo sabiendo que soy un autor de segunda o tercera línea y que puedo (y debo) mejorar antes de quedarme solo con el peloteo, creerme el rey del mambo y acabar publicando por méritos que no son míos. Me siento mucho más cómodo sabiendo que, hoy por hoy, lo que escribo no está a la altura de ser publicado porque no quiero estafar a los pobrecitos que me lean. Qué coño, si saco algo al público alguna vez, lo que quiero es dar lo mejor de mí mismo y no defraudar al que se gaste veinte pavos en confiar en mí. Por eso reviso y reviso, y corrijo y corrijo. Por eso lo mismo llevo más de media década destruyendo y reconstruyendo escritos, y pasándoselos a gente que no tiene reparos en decirme qué es lo que les parece una mierda, para así poder mejorarlo. Los pelotas me resultan tan útiles como los pezones de una armadura.

Además de ridículos.


Podría decirse que hablo desde el resentimiento por no haber publicado. Pues lo mismo, pero tampoco estoy viendo que eso sea algo que me quite el sueño últimamente. Viendo el nivel de mierda redomada que pulula por el autoreo y por las librerías, como que casi me causaría vergüenza ajena compartir estantería con según quienes. No con todos, desde luego; hay algunos con los que sí me gustaría... pero no son tantos como yo habría querido esperar. Viendo cómo he visto a unos cuantos subirse al púlpito en el momento en que han hecho DOS presentaciones de libros, dando de lado a la gente que tenían al lado y poniendo pose de "Hola, soy escritor (y tú no)", mira, me parece que prefiero que ni se me presente la tentación de volverme así. O al menos, desde aquí os doy permiso para inflarme a hostias si me vuelvo igual un día de estos. Pero en resumidas cuentas, casi que está mejor uno con su mierda en casita, leyéndola en el sofá o la cama y pasándosela a algún amigo para que te diga "Vale, muy bonito, pero casi mejor te dedicas al ganchillo, tío". Al menos sé que esos son honestos.
O dedicarme a otra cosa que no sea la escritura pura y dura. Como nacido bajo un signo regido por Mercurio, tengo la mente inquieta y puedo dedicarme a varias tareas sin despeinarme. No me considero un genio en ninguna, pero sé que no tengo por qué serlo; con que me haga feliz, es suficiente. Quizás es por eso por lo que ahora estoy dedicándome a una pasión que casi supera a la escritura, tal como es el dibujo. Y no necesito llevar lo que hago a una editorial para que todo el mundo vea lo grande que la tengo. No necesito que me adulen, sino que me digan qué es lo que puedo mejorar. Para dar lo mejor de mí mismo, nada más. Para no tener que soportar a mi conciencia soplándome en el cogote y diciéndome "Aquí has sido muy indulgente contigo mismo, ¿eh, chaval?"

Viendo la cantidad de zurullos que inundan la literatura (puede que no todos, pero muchos más de los necesarios), y viendo el sumo desprecio que tiene la industria por el cómic patrio (no solo los editores, sino también el público, al que ver un nombre español en la portada parece que les causa urticaria o algo), casi me trae mas cuenta la autoedición. Y ojo, no digo esto como una opción que me entusiasme, sino como una única opción de poder medio proyectar un trabajo. Tampoco es que me dé ganas de sacarme el rabo y hacer el helicóptero ver cómo unos cuantos van por la vida creyéndose Dios (más guapos, más molones, mejores personas, con pollas como salchichones) porque han vendido algunos ejemplares en una autoedición digital. No, no es que tenga que contener mis orgasmos cuando pienso que se me puede acabar metiendo en el mismo saco que a estos.
Pero como digo, la idea de publicar ya no me resulta tan atractiva como antaño, pero tampoco pierdo nada por subir un trabajo a una plataforma digital que, puede que no tenga filtro editorial alguno... pero al menos da más oportunidades que el noventa por ciento de la gentuza que me estoy encontrando. Porque igual soy malo (insisto, no tengo muchos reparos en reconocerlo), pero está claro que eso no tiene nada que ver para no publicar. Hoy en día puedes escribir como un puto orangután con lesión en el area de Broca, que si escribes lo que está de moda tienes más oportunidades de proyectar que si no lo haces. Echaos las manos a la cabeza, pero vosotros sabéis que es cierto tanto como yo. Otra cosa es que no haya huevos de reconocerlo. Así que no me habléis de lo chungo que lo tiene un novel, porque sabemos que entre los noveles hay categorías. No es lo mismo un novel que escribe sobre lo que está de moda, que está harto de lamerle el culo a según quién, que tiene amiwitos hasta en el infierno y que se ha pasado lo más grande vendiendo su alma a Satán para hacerse un huequecillo que el que va por libre. El que escribe lo que realmente quiere, sin pensar en "Esto va a molar a mucha gente". El que no se mete en foros, ni discusiones. El que no toca las palmas a quien considera que le va a echar una manita.
Corren malos tiempos para la gente honesta. Eso también lo sabéis igual de bien que yo, y muy pocos de vosotros tenéis los cojones de admitirlo abiertamente.

Lo más interesante es que esas mordazas nos las ponemos por miedo. Por el qué dirán. Por el "No vaya a ser que esto siente mal a gente que me podría echar una mano".
Por mil excusas igualmente absurdas.


Por eso no me vengáis a pedir fe en este mundillo de comemierdas, lameculos, chupapollas, camarillas y pandillitas, porque a mí no me la dais con queso. Me estáis hablando de un mundo ideal en el que las cosas son chulis si agachas la cabeza y te unes al rebaño. Al pensamiento único. A bailar aguas, tocar palmas y a hacerle los coros a los de siempre. Me estáis hablando de conversión, de sumisión y de aceptación ciega, y los que me conocéis solo un poquito sabéis que esas cosas no van conmigo. Sabéis que le he llevado la contraria a buenos amigos simplemente porque no creo que tengan la razón. Que cuestiono absolutamente todo aquello que no considero lo bastante razonado. En algunos casos incluso he llegado a tener roces con gente con la que me llevo muy bien porque considero que han metido la pata hasta el cogote y no me he callado. O bien lo he hecho para no liarla, pero jamás les he aplaudido ni les he dicho "Tío, eres magnífico, te apoyo incondicionalmente".
Me pedís resignación.
Me habláis de sumisión.
Pero oculta en ese disfraz, siempre hay un arma mortal.

Como he dicho arriba, corren malos tiempos para los honestos. Para la gente íntegra, que considera que el triunfo debe reconocer un esfuerzo. Que tras cada logro debe haber un trabajo detrás, y no horas y horas de chupadas de polla. Por cada autor con unos valores medio decentes, o con un sentido de la honestidad, me he encontrado al menos a diez que venderían a su madre por un plato de lentejas, o lo que es lo mismo, por un contrato con cualquier editorial chuliguai. Le comen el rabo a tal un día, y cuando ven que éste no les va a hacer el favor que esperan, lo mandan a la mierda y se buscan a otro. A menudo, haciéndole alguna putada de las gordas, que también lo he visto. Algunos de esos desgraciados, verdaderos inútiles de las letras, ahora mismo están publicando algunas cosas. Y seguramente, creyéndose que están ahí por sus propios méritos. Porque son buenos autores.

Yo creo que sí.


Esta es la clase de cosas que hacen que me dé verdadero asco formar parte (o medio formar parte, porque cada vez me siento más ajeno a todo) de este mundillo. Conservo unos cuantos amigos, que me han demostrado ser gente honrada, que ni me han pedido favores ni me los han ofrecido. Gente que me ha animado en malos momentos, que me han hablado sin pelos en la lengua acerca de lo que debo mejorar y, sobre todo, gente que ha confiado en que soy capaz de hacerlo mejor. Que espera mucho más de mí. Que cuenta con que no los defraude. Eso me vale mucho, mucho más que escuchar esa imbecilidad de "Eres un genio de las letras", "Eres magnífico".
Más allá de esta gente valiosa con la que me quedo, todo lo demás me resulta prescindible. Con el tiempo, el resto de los chupópteros y ansiosos de peloteo acabará por dejar de formar parte de mi vida. Al fin y al cabo, alguien que dice lo que piensa y no lo que quieres oír suele ser alguien que resulta incómodo. Alguien que, a la larga, muchos de vosotros queréis tener lejos porque, coño, anda que no mola que os la chupen. Esa gente acabará por demostrarme a mí y a sí misma, que son gente superflua, que no aporta absolutamente nada. Puede que ellos tampoco me echen de menos.

Pero, como le dije a una amiga mía, que el otro día me contaba lo muy deprimida que estaba por cómo de injustas estaban saliendo las cosas en este mundillo, yo (o nosotros, que somos unos pocos) cuento con algo que sé: que lo poco que consigo, lo consigo yo. Que puedo decir que cada minúsculo paso que doy, lo doy por mis propios méritos. Que soy consciente de mis errores y que pago por ellos, con la idea de aprender y mejorar.
A ver cuántos pueden decir lo mismo en esta Dinamarca particular.

miércoles, 19 de junio de 2013

Escupiendo Rabia- Lo que ningún gobernante diría (pero nos gustaría que hiciese)




"Estimados señores del FMI. Del BCE. Estimada canciller:

Hablando en representación del estado español, me dirijo a ustedes con la idea de exponer el sentimiento generalizado hacia la situación que estamos viviendo, y en especial hacia la gestión que está llevando la Unión Europea al respecto.
Yo me cago en vuestra puta madre.
Por lo general pediría disculpas por el lenguaje garrotero, pero qué coño; este país lleva ya demasiados años aguantando mamarrachadas y gilipolleces de su camarilla de hijos de puta y no nos han hecho ni puto caso. Y cuando lo han hecho ha sido para jodernos de lo lindo: para ponerlos el pie en el cogote, meternos el rabo por el culo hasta que nos salga por los orificios de la nariz y luego para cagarse en nuestra cara.
El estado español, por si no se han enterado, caballeros de baja estofa, está hasta los mismísimos cojones de vosotros. De vuestro sueño de una Europa más a vuestra medida. De vuestras recomendaciones que... venga, vamos a dejarnos de gilipolleces. Vosotros sois los reyes del eufemismo y donde decís que recomendáis nos estáis metiéndonos órdenes unilaterales con calzador. Cipotazos sin vaselina uno detrás de otro.
¿Y todo este despliegue de mierda que nos claváis por el pescuezo? ¿Esto para qué vale? Porque se supone que vuestras "recomendaciones" deberían sacarnos de la crisis y fíjate lo que tenemos: nos cortáis toda puta salida industrial que podríamos tener al tiempo que os enriquecéis, usureros hijos de madre mal follada. No hemos tenido la mejor gestión, eso es fácil admitirlo viendo cómo andamos de corrupción y de mamonadas, pero ojo, que vosotros no sois la polla en verso tampoco. También habéis tenido la vuestra, y fíjate tú, a vosotros nosotros os hemos perdonado las deudas. De no ser por eso a ver dónde coño andaríais. Sí, vosotros, que ahora nos veis como vuestros putos sirvientes. Que nos tratáis con la punta del pie, con esa desconfianza y esa condescendencia, como si tuviésemos que daros gracias por existir.
Enteraos de una puta vez, payasos de mierda: sois lo que sois porque estáis expoliando a todo bicho viviente. Vuestra tecnología proviene de las mentes de nuestros investigadores. Esos investigadores a los que estáis jodiendo la vida en nuestro país, obligándonos a recortar en investigación.
Vuestros médicos, cada día más, están viniendo de nuestros hogares, porque estáis presionando a nuestro país a recortar en sanidad. Vosotros, germanos y vosotros, escoria del FMI.

Imagen cursi para tomar aliento.


Nos tenéis hasta los mismísimos huevos ya con vuestros estudios paridos por un mono retrasado, donde los datos sobre España no pueden ser peores, se haga lo que se haga. Y mira tú por dónde, qué casualidad, que lo que hace España es seguir vuestros dictados al dedillo. Y cada vez que metéis la zarpa en un país (no sólo España, mirad todo el puto Mediterráneo) lo mandáis a tomar por culo. Y pretendéis que os tomemos en serio. Pretendéis que os respetemos.
Es que no se puede ser más gilipollas.
La cagáis en Grecia y no aceptáis vuestra responsabilidad. Aquí nadie la ha cagado, pero los griegos, míralos tú, cada día más jodidos. Pero claro, a vosotros os da igual porque habéis encontrado el modo de beneficiaros de que un país se vaya al carajo.
Si luego Chipre va detrás, pues que se jodan.
Que se joda Italia.
Que se joda Portugal, la cual ahora anda con unos recortes educativos de tres pares de cojones y hace unos meses decíais que eran "el ejemplo a seguir para los países de Europa". Quitaos las máscaras de una puta vez, cabrones de mierda: decid que lo que queréis es que la Europa mediterránea sea vuestra puta esclava, para que cuando os vayáis de putas os salgan tan baratas como en el Tercer Mundo, pero os coja todo más a mano.

Y es que debe ser la leche ser tan guai como vosotros, con esa política del embudo, esa visión unilateral del mundo, donde todo Cristo os tiene que rendir cuentas ante cualquier fallo, pero vosotros os meáis sobre aquellos a los que jodéis deliberadamente. Y no solo los jodéis, sino que los aplastáis, les sacáis todo su dinero. Obligáis a otros países a que se gestionen como vosotros digáis, bajo las condiciones que imponéis. Por cojones, ni recomendaciones ni sugerencias ni putas hostias.

Mientras vosotros os pajeáis de gusto, enriqueciéndoos, en nuestro país, en MI país, la gente las está pasando putas. Tenemos cada día más gente que está pasando hambre y que está comiendo gracias a la caridad y vosotros decís que vivimos demasiado bien. Gente explotada por cuatro perras, estirando un sueldo de mierda para que una familia (con suerte) pueda salir adelante y decís que el español no rinde lo suficiente y que tiene demasiados privilegios. Que se trabajan pocas horas y que se cobra demasiado. Qué cojones más gordos tenéis para decir eso, cabrones. Pero qué gordos que los tenéis. La gente joven (y ya cada vez, menos joven) se las está viendo y deseando para poder encontrar un trabajo, ya no decente, sino un trabajo a secas. Y vosotros, desde arriba, jugando al puto Risk, y diciéndole a tal o cual gobierno (porque le habéis metido la mano por el culo a los que hemos tenido desde hace ya casi una década, si no más) en qué debe recortar. Imponiendo reformas laborales que nos llevan de vuelta al puto s.XIX, donde teníamos que dar las gracias si el amo no nos pegaba por no estar 20 horas currando como desgraciaos. Y cada vez que nos forzáis a imponer una reforma, la gente se cabrea antes de hundirse... pero lo más triste es que no basta con que la aceptemos, porque luego alguno de vuestros amigos, esos hijos de puta de las agencias de especulación o cualquiera de vosotros mismos, saldrá con que "España no genera suficiente confianza" y volvemos a empezar: os sacaréis un listado de la manga donde TODO lo que hagamos será inferior a cualquier cosa que caguéis. Europa mirará con malos ojos cualquier cosa que salga de los Pirineos para abajo y nos meteréis de nuevo, por pelotas, la puta austeridad con la que os la estáis meneando.
Obligándonos a subir impuestos, recortar en derechos básicos y a tener unas condiciones de trabajo antediluvianas, así se hace, cabronazos. Así se genera una masa ingente de esclavos que os chupen las botas y se pasen toda la puta vida ganando cuatro perras que tendrán que invertir para pagar vuestros caprichitos de niños gordos que juegan a las casitas. Nos habláis de una deuda que engorda día a día porque a vosotros se os pone en los cojones: ya no es que sea imposible que alcancemos a pagarla, sino es que ya es imposible que podamos siquiera pensarlo, porque cambiáis las condiciones del juego en el momento en que os aburrís. Sois los putos matones del colegio que, no contentos con robarnos el bocadillo, obligáis a nuestras madres a que se endeuden en la panadería de por vida. Y cuando os aburráis de comer jamón ibérico, no pasa nada, a joder a otro. Pero eso sí, tendremos que seguir pagando.

Otra imagen moñas para descansar.


No, no nos vengáis con esa mierda de construir una Europa plural y que pueda crear una economía fuerte y competitiva, que ya nos conocemos la milonga. Estamos ya más que quemados de mentiras descaradas y de que nos tratéis como si fuéramos idiotas: aquí a lo que habéis venido ha sido a confirmaros como potencia unos, a sacar tajada otros y a joder al prójimo todos. Nos vendéis la milonga, pero no habéis hecho una puta mierda por Europa; nada que no hayáis hecho en beneficio propio y machacando a los demás por medio. Así vais a crear una Unión fuerte por los cojones.
Un puto Imperio es lo que estáis creando, y nosotros ya estamos hartos. No, no sé con qué nos habéis estado amenazando durante tantos años. Sé que tiene que ser algo gordo, porque de lo contrario, ya habríamos dicho antes que no vamos a pagar vuestra deuda. Podríamos haber dicho, junto con media Unión que nos largamos de la Comunidad Económica Europea, del euro y de cualquier gilipollez que tenga la banderita con las estrellas.
Ni lo sé ni me importa. España ha llegado al punto en que está tan harta de vosotros y de vuestro monopolio, de vuestro expolio y de todas vuestras mentiras en que ya nos la sopla todo. Antes de pagar vuestra puta deuda inalcanzable, hemos decidido que vamos a sacar a nuestro país en adelante. Vuestra "ayuda" os la metéis por el culo, que falta os va a hacer cuando veáis que la pasta contante y sonante que tanto esperábais os la va a largar vuestra puta madre follando a cuatro patas. Nosotros somos el chaval debilucho del patio que ahora se ha levantado, se ha hartado de amenazas y os grita en la puta cara: ¿Ahora que, nos vais a pegar?

Porque se ve que con amenazas sois de lo más valiente. Lanzando informes fantasma que apenas os habéis leído, diciendo que en España somos vagos, incultos e inútiles, tenéis una polla de kilo. Pero luego, cuando esa Raza Inferior os dé la espalda y diga que ya no piensa ser más vuestra esclava, a ver si os ponéis igual de gallitos, panda de chulos de piscina. Cuando a vosotros, gentuza del FMI, se os diga por dónde os podéis meter las recomendaciones y os echemos a patadas cuando nos digáis cómo tenemos que gestionar nuestro país (porque España, a día de hoy, no le está diciendo a nadie cómo debe gestionarse... y me pregunto qué pasaría si lo hiciera, qué reacciones habría), de verdad, me pregunto si seréis tan valientes.
Tenéis que enteraros de una cosa, y es que tenéis tanto poder como todos los demás queremos que tengáis. Hemos estado obedeciendo vuestras órdenes porque pensábamos que así se mejorarían las cosas, pero ya habéis demostrado que o bien tenéis la inteligencia de una puta ameba y nos mandáis informes erróneos, o bien sois más listos que el hambre y nos mandáis informes falsos. En cualquiera de ambos casos, es España quien no confía en vosotros. Es España quien, a partir de ahora, se va a pasar por el ojo del culo lo que nos digáis, porque también tenemos economistas. También tenemos expertos. Y, por muy Inferior que sea la Raza Hispana (o eso nos habéis estado haciendo creer durante siglos), ahora le vamos a echar cojones al asunto y vamos a dejar de seguiros el juego. A ver quién resiste más.
Sí, con amenazas sois de lo más valiente. Pero ahora que os estamos plantando cara, ahora que os estamos diciendo que España, por primera vez en mucho tiempo, no piensa rendirse ante vuestro imperio de chupasangres y follaculos de ducha de talego, vamos a ver si sois tan valientes. A ver si tenéis esos huevos que se supone que tenéis y lleváis esas amenazas a la práctica. Y a ver si no nos sigue ningún otro país que también esté hasta los cojones de vosotros, que somos ya unos cuantos.

Dicho esto, señora Canciller, señores del FMI y demás payasos, ya saben dónde tienen la puerta. Ordenadamente y en fila, les 'recomiendo' que se vayan a tomar por culo".