domingo, 16 de febrero de 2014

Spanish Bizarro- Épica Odisea de un sordete en apuros




No es ningún secreto que el fulano que os escribe estas líneas se está quedando más sordo que un calcetín. De hecho, tampoco es una novedad ni nada que un servidor no supiera, ya que me hice mi primera audiometría allá por 2000, y ya me vinieron a decir que todo lo que tengo de canijo lo tengo de sordo. La posible explicación que me dio mi primer otorrino fue que el asunto se debiese a una lesión hereditaria en el nervio acústico, ya que mis tímpanos (cito textualmente) "son de revista".
No, yo tampoco quiero pensar mucho en la clase de revistas que leería el buen hombre mientras estaba plantando un pino tras la comida.

El caso es que pasan los años y la cosa, como supuestamente genética que es, va a más, hasta ese momento en que me presento a un examen de certificación de idiomas y la prueba de listening ya me la podían haber puesto en chino, que yo no oía una mierda. Ante esa movida, comento el tema por casa y vamos planteando la idea de volver a hacerme una nueva audiometría para ver si la cosa ha empeorado, que todo puede ser.
Pido cita en un famoso centro de salud de mi ciudad y veo que la prueba va a tardar un par de meses o así. No es que tenga prisa, pero me encuentro con los padres de una amiga de la familia, que me recomiendan la consulta de un doctor que, para mayor comodidad, trabaja a unos veinte minutos de mi casa a pie, por lo que me digo que no tengo mucho que perder y siempre viene bien tener un par de opiniones.

Este doctor, condenadamente serio, pero bastante apañado, me realiza la primera audiometría en unos catorce años y me confirma que, efectivamente, tengo una caída de mis frecuencias agudas bastante severa. En pocas palabras, puedo escuchar cómo eructa una vaca, pero si suena el timbre de mi teléfono, ni zorra. Visto el plan, me sugiere la idea de plantarme unos audífonos e incluso la de poder ir pidiendo una minusvalía, ya que considera que mi grado de sorduna es lo bastante galopante como para ello. No es que uno vaya pidiendo pasta por estar más sordo que una tapia; en realidad lo planteaba más bien para eso de hacer algún otro examen con listening y que hubiera constancia de que, más que no oír en inglés, es que no oigo bien, ni en inglés ni en español.



"¿Ha dicho 'Fuck'? ¿Eso lo pueden decir en un examen?"
"No, ha dicho 'Luck', so mal pensao"


Total, pasan unos meses y empezamos a mosquearnos por casa porque lo que es la cita para la otorrino de la Seguridad Social, como que no llega. Sabemos que las cosas con la sanidad pública van despacio, pero esto huele a que se están pasando, así que llamamos por teléfono. Nos confirman que, por algún motivo, esa cita se había perdido y no nos habían llamado, así que nos toca concertarla de nuevo. Por suerte, no tardan más de la cuenta y me llaman en poco tiempo. Me hago aquí una segunda audiometría, donde ya empezamos con cosas un poco extrañas, que reproduzco en este diálogo para que juzguéis vosotros si esto os ha pasado alguna vez:

—Hola, buenas —digo, al llegar —vengo a hacerme la audiometría.
—Muy bien —responde una enfermera —, pasa, pasa a la cabina.

Paso a la cabina. Para los que no os hayáis hecho nunca una, es como una especie de TARDIS del Doctor Who, solo que es tan pequeña por dentro como por fuera. En el interior tienes unos auriculares y un mando muy parecido al del juego Buzz. Tienes que apretar el pulsador del mando en cuanto detectas un pitido. En realidad, es una prueba bastante divertida.

—Si quieres, puedes dejar tu abrigo y tu mochila en esta silla —continúa la enfermera.
—Vale.
—¿Todo bien?
—Sí, gracias.
—Si quieres, puedes quitarte algo más. El jersey o lo que quieras.
(Un segundo o así de incómodo silencio)
—Estoy bien, gracias.



Mi cara fue tal que así.


Tras este extraño episodio, llevo a cabo mi audiometría y la simpática enfermera me confirma que, efectivamente, tengo una caída de la hostia en mis frecuencias agudas. Le pregunto si tiene alguna idea de por qué puede deberse. Ya me habían dicho lo del nervio acústico en su día, que quedaba como "Versión oficial", pero ya que estaba, preguntaba. Ella, muy honesta, me dice que no me lo puede decir con seguridad, ya que no es más que una audiometría y que no se atreve a darme un diagnóstico. Ya me llegará la cita con la otorrino.

Algún tiempo después, conozco a la otorrino. Casi tan seria como el doctor que me hizo la primera de mis audiometrías más recientes, me dice que efectivamente tengo una pérdida de audición severa y tampoco le parece mal eso de ponerme cacharritos en el interior de mis orejitas. Para estar más seguros de todo, me comenta, me manda una resonancia. Para ver cómo está la fiesta ahí dentro, se entiende. También coincide en que esto debería certificarse por alguna parte porque mi oído (al igual que dijese el médico anterior) mostraba un envejecimiento prematuro.
Pues muy bien.

Pasa algo de tiempo más mientras uno espera a que lo llamen para hacerse la resonancia. Cuando lo hacen, le dicen que tiene que estar el día X a las once y pico de la noche en una clínica para la prueba. Te quedas un poco hecho polvo al enterarte, pero por lo visto las colas son algo largas y te colocan donde pueden. "Hasta las doce y pico nos hemos quedado haciendo resonancias", nos comentan cuando llamamos para confirmar la cita.
Así que nada, se presenta uno en la clínica y rellena un formulario bastante extenso donde te preguntan de cuarenta mil millones de formas si tienes algo metálico alojado en el cuerpo. Yo respondo que "No" a todo: a menos que tenga alojado un cacho de aguja de alguna operación previa casi cinco años atrás, que yo sepa no tengo más metal en el cuerpo que el que me meto por las orejas cuando pongo el equipo de música.



Es verdad que suelo tener canciones de los Judas Priest berreándome en la cabeza varias horas al día, pero no sé si eso cuenta como "Tener piezas de metal alojadas en el cuerpo"...


Me meten en el tubo. El tío que lleva el asunto no parece mucho más mayor que yo, es bastante simpático y me explica cómo funciona el trasto en el que me voy a meter. Para aquellos que no lo hayáis visto nunca, es un cruce entre lavadora gigante y máquina del tiempo futurista. Según me explica mi anfitrión, esto viene a ser un imán de los grandes, que desprende un campo electromagnético de la hostia. Me explica con bastante detalle cómo funciona el cacharro mientras yo me voy quitando los tenis y cualquier otra cosa metálica que pueda llevar en la ropa.
La prueba en sí no es apta para claustrofóbicos, ya que te tumban, te colocan una especie de escafandra alrededor de la cabeza y te meten dentro del tambor de la lavadora. Por suerte, no da vueltas, pero hace un ruido que ríete tú de los Motörhead en directo. De hecho, a mí me ponen dos tapones en los oídos y, pese a eso, el repertorio de zumbidos me deja bastante desorientado. Son unos dieciocho minutos (seis tandas de tres minutos) oyendo MEC MEC, BLEEEERRRPPP y cualquier otra onomatopeya de cómic de ciencia-ficción que se os ocurra. Para más inri, mi cuello anda en una posición incómoda (yo y mis cervicales, vieja historia) y me veo obligado a mover la cabeza un par de veces. El encargado de realizarme la prueba me pregunta cómo ando y le pido parar un minuto para tomar el aire. Entre el cuello, las fuertes vibraciones y los ruidos siento como si tuviera el cerebro dentro de una puta montaña rusa. Salgo y el tipo me comenta que de momento la cosa ha salido bien, pero hay que repetir las dos pruebas en las que he movido la cabeza. Le digo que vale y me vuelvo a meter en el cacharro, procurando usar las técnicas de respiración que he venido aprendiendo durante mis Crónicas del Yoga y evitando pensar que, como mis poderes de joder aparatos electrónicos funcionen, me voy a reír tela ahí dentro. Mis poderes, por suerte, no funcionan y todo va bien. Para entretenerme en el interior del tubo, me dedico a contar. Hasta ahora lo que había hecho fue recordar canciones mentalmente, pero es cierto que contar funciona mejor. Salgo del tubo con un pitido similar al que podría tener salido de cualquier bareto y me voy a casa.
Los resultados me llegan cosa de una semana más tarde. No tengo mucha experiencia a la hora de analizar las fotos más íntimas de mi caja craneal, pero un vistazo al resumen de los grandes éxitos me dice que no hay daño aparente ni en nervio acústico, ni en cóclea, ni en oído interno ni en ninguna parte aparentemente relacionada con el oído.
Misterioso, ¿eh?



Mira que me gusta a mí Motörhead.
Sin embargo, cuando los vi en directo tenían tal saturación de volumen que me dieron dolor de cabeza.
Chorraditas comparadas con lo que es una resonancia, os lo aseguro.


Seguimos esperando más tiempo hasta que me toca mi cita con el médico. Me toca sacrificar una tarde de clase (dos, si contamos que me había equivocado de fecha y había creído que mi cita iba a ser dos semanas antes, por lo que tuve que llamar a una alumna y decirle erróneamente que no estaría disponible) y tiro para el ambulatorio. Mi médico resulta ser otro diferente a los que me han atendido hasta la fecha. El doctor, al que llamaré Doctor Sincuello, hace que me siente en cuanto llego a la consulta. Le paso mis pruebas (audiometría y resonancia) y, por algún motivo, parece fijarse solo en la audiometría. Pues vale, él es el médico y yo no.

—Bueno —me dice el doctor —, lo que tú tienes es una degeneración auditiva hereditaria —hasta aquí, todo bien. Es lo que han venido a decirme todos los otros médicos —, situada en el oído interno. Concretamente, en el caracol.

Al oír esto, me quedo con cara de "Pues vale". Insisto, no soy médico, pero hay dos hechos que me resultan un poco extraños respecto a este diagnóstico: uno, que contradice a TODOS los médicos que me han visitado hasta ahora, y dos, que (puedo equivocarme) juraría que la resonancia ni la ha mirado y solo se está fijando en la audiometría que, bueno... ahí solo pone que tengo perdidas ciertas frecuencias auditivas, nada más. Sincuello me sienta en una silla, saca un cacharrito para inspeccionarme los tímpanos y al parecer, todo normal ahí. Me sigue explicando que el caracol tiene unas neuronitas que son las que interpretan las vibraciones, las traducen en sonido y que eso es lo que capta mi cerebro, o algo así. Sigo tan extrañado con el diagnóstico que le sigo en lo que puedo. Me enseña la audiometría una vez más y me dice que tengo el oído que debería tener una persona de unos sesenta y pico, setenta años. Le pregunto por ese silbidito que tengo constantemente en el oído y lo llama "acúfeno", que por lo visto suele ser bastante frecuente en lesiones así.
Me envía una nueva audiometría, esta vez para el año que viene, a lo que le pregunto si van a repetir mi resonancia.

—No, eso no es más que protocolo— me responde a esto.
Quizás es por eso por lo que parece no haberle prestado mucha atención. Mientras, pienso que entonces debe ser común que manden una resonancia cada vez que los oídos de alguien se ponen a perder frecuencias y a entonar toda una sinfonía de silbidos y pitidos.
Por algún motivo que solo mi caracol entiende, lo que sí oigo es que mi madre, que se había retrasado, toca a la puerta varias veces para entrar conmigo. El médico me despacha y al abrir la puerta me doy de bruces con mi madre. Le cuento brevemente la jugada y pone cara de póker. Una vez asimilada la información, me pregunta si le he comentado al médico lo de pedir el certificado de porcentaje de minusvalía, en vistas a futuros exámenes de idiomas.

—No tienes una pérdida de oído tan grande como para eso —es la respuesta del médico.



Pues vaaaaleee...


Llego a casa y me pongo a cotillear un poco acerca de la información que tengo. Nada de mirar en Wikipedia, le comento a Isi Poupeé (la única persona de la que hay constancia de que se ha leído TODOS los posts de este blog, enfermera para más señas, buena amiga y mejor persona) lo que me ha pasado. Me comenta (ya que yo de anatomía ando algo pez) que el caracol es la cóclea, a lo que le digo que entonces no entiendo nada porque según la resonancia todo está bien. Insisto, yo no soy un experto, pero Isi me dice que a ella lo que me han dicho tampoco es que la ponga cachonda precisamente. Para más inri, se han quedado con los resultados de mis informes, con lo que pedir una segunda (o, mejor dicho, quinta o sexta, ya he perdido la cuenta) opinión va a ser complicado.
Con las mismas, me planto en el centro de salud e Isi se viene conmigo, por si la cosa se pone fea. Una cola de tres pares de cojones, con un cacharro de tickets igualitos a los de la carnicería que nos indica que nos faltan como cuarenta personas para que nos atiendan. Nosotros, a lo nuestro, haciendo repaso de nuestros asuntos y balance de cómo han sido los últimos meses en Mundofandom. Vamos, lo que viene siendo habitual.
Un señor muy simpático nos da un ticket que le sobraba y gracias a eso subimos como unos quince puestos en nuestra lista de espera. Nos atienden en una mesa y nos comentan que lo que me pueden dar es mi historia, pero claro, está archivada y, al igual que el puto Elvis, ya no se encuentra en el edificio. Nos mandan para otro hospital, situado a unos cinco kilómetros de allí. Añadiendo emoción al asunto, San Valentín es al día siguiente y yo quería haber aprovechado la mañana para comprar un detalle (nada de pijadas de flores ni putas hostias, que conste); Isi y yo, en plan Batman y Robin, tiramos para el centro, compramos el regalo a toda velocidad y luego, para el hospital. Con dos cojones.



"¡Caracoles en su tinta, Batman, esto está hasta la puta pelota de gente!"
"Lo sé, Chico Maravilla, lo sé"


Dos menos cuarto de la tarde y allí estamos. Otra cola que nos toca tragarnos, solo que considerablemente más pequeña. Nos sentamos en unos bancos hasta que nos toca y seguimos con nuestras frikadas. Cuando nos llaman, nos atiende una señora a la que le explico la historia. Ésta me mira con cara rara y me suelta la frase que alguien que lleva cerca de tres horas y pico dando vueltas como un imbécil por toda la ciudad jamás querría oír:

—Esto no es aquí.

El mundo se detiene. Nuestras ansias de matar de forma dolorosa y especialmente sangrienta aumentan. Más si contamos el hecho de que, un minuto antes, hemos estado haciendo un repaso de algunas de las muertes más puto espectaculares del primer libro de Juego de Tronos. En lugar de entrar en furia, los Dioses saben por qué, pregunto entonces a dónde tengo que dirigirme.
Eso, y que no tengo armas a mano.
Podría haber sido peor, ya que nos mandan a Información, donde nos dan un formulario que tengo que rellenar para solicitar mi historial.
Tres horas y media.
No sé cuántos kilómetros recorridos.
Varias colas.
Un calor bastante considerable, si pensamos que estamos en el puto febrero y yo he salido de casa pensando que iba a hacer el mismo frío que en días anteriores.
Y vuelvo a casa con un puto folio.



Yeeeeeaaaaaahhhh...


Al igual que en cualquier sit-com, abro la puerta y le cuento a mis padres la movida. Les comento además que tengo que volver al hospital, llevar copia del formulario relleno, fotocopia de DNI y esperar a que me den una copia de mi historia, cuando eso sea propicio. Ya habéis visto que de vez en cuando hasta se les ha olvidado de darme las citas que me tenían. Si llego a escuchar risas de perro enlatadas, os juro que me lo creo. Tras todo este rollo macabeo que les suelto, mi viejo, que no nació ayer, me dice:

—¿Y no te trae más cuenta irte para la clínica donde te hicieron la resonancia y decir que has perdido el informe para que te den otro?

Silencio atronador.
Silencioso incluso para alguien que no oye una mierda, como es mi caso. Mi madre, en respuesta, se monta un Meryl Streep y llama con esa historia para preguntar si podemos conseguir una copia de la prueba de la resonancia. Al otro lado del teléfono le dicen que sin problemas; eso sí, para conseguir una copia del disco, te tienen que cobrar cincuenta pavos en caso de haberlo perdido. En casa me comentan que en realidad el disco no me hace falta, ya que para quedarme tranquilo lo único que necesito es ver el informe. A estas alturas yo pienso que me da igual pagar esa pasta (no es moco de pavo) si con eso puedo ir a algún otro médico y que vea la resonancia directamente.
Otra mañanita que salgo, para ver si por lo menos puedo solucionar parte del tema (que no todo, ya que el origen de mi sordera queda bastante velado de momento): cojo mi autobús y me dejo de ir para la clínica de la resonancia, con un fantástico paseíto por el paseo marítimo. Es buen día y oye, eso te anima un poco.
Me encuentro un ambiente bastante diferente en la clínica esa mañana: si bien la noche de la prueba aquello estaba bastante tranquilo, ahora la cosa parece una puta oficina del INEM. Una cola más que considerable y un ambiente, como quien dice, "cargadito". Espero mi turno pacientemente (os digo que el yoga mola para estas cosas) y le cuento el asunto a la enfermera que me atiende. Ésta me pregunta si la solicité por teléfono. Yo no lo tengo claro del todo y le digo que creo que sí. A la buena mujer no le consta nada en el ordenador y yo no sé qué responder; se anticipa a mí y me dice que no me preocupe, que es bastante normal que, aunque se pidan las pruebas, te digan que la van a tener lista y luego no la tienen. Me pide que espere y me comenta lo del cargo por la copia del disco. Yo le digo que sí a todo y aguardo mi turno con paciencia de Caballero Jedi.



"Gracias por tu ayuda. Serás recompensada".


Si quieres ver pruebas de lo que es la estupidez humana, la mala educación, o sencillamente la cabezonería, creo que una consulta es un buen sitio para empezar. Puedes desatar todo tu nihilismo, tu cinismo o simplemente tu desconfianza más descarnada hacia una especie que se dice estar en la cúspide de la evolución, y notar que te quedas hasta corto.
Pongo el caso de un señor con cara de pocos amigos, que se planta delante de la enfermera que me había atendido, en actitud Clint Eastwood


—Oiga —gruñe —, tengo una duda con el formulario de la resonancia.

—Dígame —responde la enfermera, disimulando en su rostro la expresión de "Ay, Dios, otro no".

—Es que yo he puesto que sí a que tengo una válvula cardíaca, pero no tengo muy claro lo que me hicieron en la operación.

—¿Que no lo tiene claro?
—Sí, me tocaron ahí —se señala al pecho —, pero no me dijeron lo que me hicieron.
—Hombre, algo le dirían... o algo pondría en alguna parte.
—Buah, yo qué sé —entre paréntesis, "y me importa tres cojones".
—Entonces no podemos hacerle la resonancia.

Al señor se le cambia la cara, pasando de un estado de mala leche contenida a un estado de mala leche más natural.


Algo así.


—¿Entonces voy a perder la mañana o qué?

La enfermera insufla aire en sus pulmones. Su cara manifiesta expresamente: "Pues sí, ya nos ha tocado otro".

—Es que es una prueba peligrosa, ¿sabe? —responde, procurando que sus manos no se deslicen hacia la grapadora más cercana —.No podemos arriesgarnos a meterlo en la máquina ni no estamos seguros de que no tiene una válvula.
—Pues el médico me ha mandado a que venga aquí —léase con tono de "Él sabrá más que tú, mujer".
—¿Después de la operación?
—¡Pues claro! —su tono de "Es que pareces tonta" rezuma una educación que me hace pensar que este tío no debe hacer mucho que se ha bajado del árbol.
—Y no sabe lo que le han hecho —intenta aclararse la enfermera.
—No, pero tengo aquí el papel. ¿Ve? A mí me han operado de aneurisma. Y vea, el médico me ha mandado aquí. Por algo será, digo yo.

La enfermera procura evitar que no se note que está poniendo los ojos en blanco y está intentando que el fulano entre en razón ante algo tan sencillo de que lo van a meter en un puto imán gigante y, en caso de llevar algo metálico, el cacharro se lo va a arrancar de cuajo. Imaginad la gracia si estamos hablando de algo como una válvula cardíaca. Eso, por no mencionar que un accidente de ese calibre, aparte de mandar al señor gruñón al Patio de los Callados, de paso podría joder una máquina que no parece que la vendan precisamente en los chinos.


"Esto es todo cuanto ha quedado del señor aquel"
"Pero tíos, ¿no le dijísteis que con metal en el cuerpo no podía hacerse la prueba?"
"Sí, pero él insistió..."


—Hay médicos que nos han llegado a mandar pacientes hasta con marcapasos. Básicamente porque hay cosas que ellos no preguntan ni miran el historial completo cuando ordenan la prueba —ante estas últimas palabras, por algún motivo, empiezo a acordarme del Doctor Sincuello.
—Pero yo lo que no quiero es venir aquí para nada, que vengo de Fuengirola [localidad situada a unos treinta kilómetros de mi ciudad, para aquellos que venís de fuera]

Yo sigo pensando en la escena de meter a un tío con un cacharrito metálico dentro del tubo de la resonancia y en algo muy parecido a una escena sacada de Alien.
Pero, cierto, al menos el fulano no habría perdido la mañana.

—Emmm —a la pobre enfermera parece darle vueltas la cabeza ya, mientras lee y relee el papel que le ha dado el señor cabreado —, ¿y dice usted que tiene una prótesis?
—¡No, yo prótesis no tengo! —berrea como si la simple pregunta hubiese sido una estupidez —. Me tocaron la válvula del corazón, pero no me colocaron prótesis.

Formulario con unas cuarenta preguntas. En TODAS o prácticamente todas te están preguntando si llevas algún tipo de prótesis, marcapasos o similares. En lugar de preguntar si esa "válvula" a la que se refiere el formulario (que igual no estás obligado a saberlo) es una prótesis, le sueltas un rollo macabeo a la enfermera. La tratas como si fuera imbécil y al final el que queda como idiota eres tú, al confundir una prótesis con la válvula cardíaca natural (que te pregunten eso tiene tanto sentido como si te preguntan si tienes esfínter) y marearla con un despliegue de chulería y mala educación y haber empezado desde el principio, diciendo que no tienes prótesis.
Así se hace, campeón.

—Mmmm —la enfermera toma el formulario y se guarda donde le quepan las ganas de exponerle el párrafo anterior al energúmeno en su cara —, solo ha puesto "sí" en un par de casillas, y el resto está sin rellenar.
—Si no la he rellenado —espeta, ya más chulo que un ocho— es que no.



"Y si digo que NO, es que NO, coño".


Se ve que la parte de "Responda sí o no en cada casilla" se la ha saltado. O igual es que el hombre da por hecho algo así, del mismo modo que da por hecho de que la persona con la que está hablando tiene que saber que lo han operado de aneurisma y que no le han metido cacharro alguno en la caja torácica en alguna operación previa.

—Ejem —concluye la enfermera —, vuelva a la sala de espera y espere a que le llamemos".

Apenas unos minutos después, les llega otro paciente en modo Chulopiscinas, preguntando cuánto falta para su prueba. Otra enfermera le pregunta su nombre, echa un vistazo a la lista y le dice que es el siguiente. En lugar de dar las gracias, éste suelta algo tan humilde y sencillito como:

—Es que soy diabético y me han ordenado esta prueba en ayunas. A ver si no tengo que dar aquí un espectáculo, ¿eh? —por "espectáculo", se entiende, a que tenga un desmayo o algo así. Pero, por mucha razón que tenga el caballero acerca de lo que está diciendo, hay formas y formas de decir las cosas. Y el tonito amenazador en plan "Si me pongo malo y la lío que sepáis que caerá sobre vuestras conciencias", como que no es plan. Menos aún viendo que hay apenas dos personas conteniendo toda una marabunta de energúmenos.


"De uno en uno, cabrones, ¡de uno en uno!"


Un tercero pregunta por no sé quién que, según creo entender, está sometiéndose a la prueba ahora mismo; mi oído no me permite captarle bien el tono de voz (habla más bajito y en otra frecuencia diferente a los dos anteriores, de forma que capto un murmullo ininteligible), pero me llama particularmente la atención el hecho de que, mientras está hablando a la enfermera, está metiendo los pinreles dentro del cubículo-oficina donde ella y sus compañeras trabajan. Con cada palabra, avanza un poquito, de forma que cuando termina la conversación está prácticamente dentro. La enfermera lo despacha y este se vuelve a la sala de espera como si estuviera en su casa.
Un cuarto, con acento extranjero, probablemente británico, le monta un amago de pollo a la enfermera que me estaba atendiendo acerca del ticket de aparcamiento. Esta, con una paciencia que yo no tendría, le indica que el ticket que tiene en la mano es el de entrada y no de salida del parking. Este gira sobre sus talones con un gruñido y se larga.
Todo esto en cuarenta minutos que estoy esperando.

Finalmente, aparece la enfermera con mis pruebas y el disco con mi resonancia. Entre energúmeno y energúmeno se ha disculpado por la tardanza casi media docena de veces. Yo he comprobado que no ha andado precisamente rascándose el ombligo y he respondido a cada disculpa que no se preocupe. Cuando llega, me dice: "Que sepas que no te voy a cobrar la copia del disco".

—Yo no me he quejado —respondo, refiriéndome al servicio prestado. Tengo que reconocer que, pese a la espera, han sido muy amables conmigo en todo momento... y además, yo no tengo demasiada prisa. Hasta dentro de una hora y pico no me necesitan en otra parte, así que sin problemas.
—Precisamente por eso. Eres de los pocos en no hacerlo.


Fuck yeah.


Le doy las gracias a la mujer de nuevo y me marcho como un señor de la sala de espera. Al fin y al cabo, he conseguido lo que quería, que eran los resultados de mis pruebas. No me han cobrado los cincuenta pavos que se suponía que debía desembolsar precisamente gracias a mi paciencia y a mi educación. Supongo que es cierto eso de que con buenos modales se va a todas partes.
Aparte, es viernes y hace un día estupendo. Tengo el paseo marítimo de mi ciudad a quince metros de mi cuerpo serrano y compruebo que tenía razón y que, según lo que reza el informe, mi oído interno no está dañado.
Unos días después, sigo sin tener claro por qué mi oído no funciona todo lo bien que debería, pero al menos tengo mis informes. Gracias a esta Épica Odisea, puedo enviárselos a cualquier otro médico que pueda dar una opinión que sirva para contrastar, confirmar o desmentir lo ya visto. Si la cosa tiene solución o, efectivamente, tendrán que ponerme cacharritos es algo que el tiempo irá diciendo. De momento, tenemos lo que tenemos.

martes, 11 de febrero de 2014

Mondo Chorra- Libritos puto molones de Rumbo a la Distopía



Hará cosa de un rato, una buena amiga y colaboradora habitual de este antro de pervers... digooo, alegre blog, ha echado un vistazo a uno de esos posts donde pongo de vuelta y media lo que viene siendo la literatura como concepto hoy en día, y me ha hecho la crítica constructiva (que son las que merecen la pena) de que podría hablar acerca de lo bueno de la literatura, que también lo hay, y mucho. La idea me ha parecido tan buena que no he podido pasarla por alto y he decidido confeccionar una lista sobre las novelas que más han aportado a este pedazo de salvaje que os escribe sus diarreas mentales cada semana. Con esto, quiero dejar muy muy claro que en caso alguno estamos ni hablando de un ranking ni de los mejores libros de la historia, ni leches en vinagre. Simplemente hablo desde mi punto de vista personal, que es como el culo: lo tenemos en cierta parte de nuestro ser y lo usamos para lanzar nuestra mierda varias veces al día.

Dicho esto, y esperando que quede claro que esta no es más que una apreciación estrictamente personal, vamos a ir espurreando títulos.



El primer título del que me gustaría hablar es 1984, de George Orwell. Quizás no la primera distopía (ya teníamos previamente escrita Nosotros, de Evgueni Zamiatin) y posiblemente no la más famosa, considerando que es un género que no ha desaparecido jamás de las estanterías (véase una de las más modernas, Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collims), pero sí la primera que cayó en mis manos (o segunda, dependiendo si contamos Momo, de Michael Ende como tal o no), quizás más tarde de lo que me habría gustado.
¿Qué tiene de especial esta novela? Quizás el hecho de que es uno de los libros que, bien por el momento particular de mi vida en que lo leí, bien por el motivo que sea, me hizo reflexionar bastante. Es un libro que me enseñó, por encima de todo, a no creer en lo que me dijesen ni los medios de comunicación, ni las masas ni nadie que no pudiera demostrarme las cosas de un modo fehaciente. Esta novela de George Orwell nos muestra precisamente un mundo totalitario, regido por la mentira, y que vive en constante miedo a una amenaza extranjera que "siempre" ha estado ahí. El Gran Hermano es una entidad todopoderosa que vigila constantemente a los ciudadanos, anulando por completo su intimidad "por el bien y la seguridad del Estado". La propiedad privada es un delito, el sexo es un crimen y el odio se convierte en moneda de cambio para que el ciudadano medio tenga cierta sensación de libre albedrío. Vive para trabajar, haz lo que te digan y no preguntes jamás, o desaparecerás del mapa (y de la historia) para siempre. Una novela dura, no siempre fácil de leer, con un tono terriblemente pesimista... y que sin embargo, tiene tantos tintes proféticos (a su modo) como puede ser Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley (que también me permito recomendar). Cada uno con su parte de razón, pero ambas novelas se complementan a la perfección para demostrarnos que igual la sociedad está todavía más enferma de lo que habíamos pensado... y que el futuro que nos aguarda, a menos que movamos el culo, es mucho más siniestro y terrible de lo que creíamos.



El siguiente librito es, cómo no, El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien. Sodomizado, denostado y machacado por los lectores más modernitos (que no modernos) por su profusión de adjetivos y descripciones, es un libro que ha pasado a la posteridad por mérito propio: Tolkien, filólogo y experto en literatura y lengua medieval, tuvo los santísimos cojones de crear un mundo desde su origen (visto en sus notas, que luego su inteligentísimo hijo convertiría en El Silmarillion); tomando fuentes mitológicas de aquí y allá, con especial predilección por los mitos europeos, conformó un abanico bastante amplio de culturas, concepciones de vida, mitos, leyendas, poesías, canciones e incluso varios lenguajes, con sus propias reglas gramaticales y fonéticas. La historia, relativamente similar a lo que podría ser el Canto del Nibelungo u otros mitos de épica clásica, habla de un Anillo que porta, simple y llanamente, todos los Males del mundo juntos. Debe ser destruido a toda costa, lo que conllevará el origen de una guerra que sacudirá la Tierra Media hasta sus cimientos.
Mucho se ha hablado sobre esta obra y su autor, muy especialmente tras sus adaptaciones cinematográficas. Se ha hablado de racismo, machismo y otra serie de soberanas mamarrachadas propias de gente que es incapaz de juzgar una obra desde su contexto original, y ciñéndose a la (muy limitada) visión del modernito del S.XXI, que lo único que hace es sacar las cosas de quicio y ver donde no hay. Si, por el contrario, vemos la obra en su contexto (la obra de un blanco de Sudáfrica que la escribió durante décadas hasta su publicación en 1954), encontraremos todo un icono literario que sentaría en gran parte las bases de la fantasía contemporánea.




Pasemos a libros no tan antiguos, como el caso del siguiente. Hablo, cómo no, de Neverwhere, escrito por uno de mis autores contemporáneos favoritos, Neil Gaiman. No tengo previsto extenderme mucho con este, ya que en su momento hice un análisis más o menos profundo de esta obra; tan sólo mencionar por qué me gusta en particular: Neverwhere es mitología, es magia y es diversión, a partes iguales... Pero aporta el concepto de fantasía urbana, esto es, mezclar los elementos de la fantasía tradicional con los de la vida en las ciudades actuales. En esta novela encontraremos un Londres de Abajo, con reglas propias y con todo un sinfín de personajes secundarios dotados de cierto carisma: vagabundos, buscavidas, truhanes, seres diabólicos e incluso ángeles. Todos ellos conforman un mosaico sobrenatural que se despliega entre paradas de metro abandonadas, túneles y ratas (parlantes, eso sí). Notables referencias literarias (véase Mansfield Park de Jane Austen o, de modo muy tangencial, Lamia, de John Keats) nos demuestran que la fantasía puede (y debe) mamar de otras fuentes para arraigarse de un modo sólido y firme. Prosa sencilla y un argumento no demasiado complejo que garantizan disfrute puro y duro.



Si tengo que quedarme con un libro del siguiente autor, también contemporáneo, lo tendría muy difícil. De hecho, cuando hablo de Chuck Palahniuk me cuesta horrores ser objetivo, ya que es un tipo cuya prosa, gamberra y deslenguada, me cae hasta bien. Fijaos si este puto cabrón me cae bien que tengo previsto leerme todos los libros que publique, a fin de (algún día) hacer un análisis de toda su obra, con sus auges y caídas (que también las tiene). Ahora bien, a la hora de hablar de libros de él que me hayan llamado la atención especialmente... Podría quedarme con cuatro: Club de Lucha, Asfixia, Snuff  y Monstruos Invisibles. ¿Qué tienen en común estos cuatro libros? Mala leche. Palahniuk es la bofetada en la cara a una sociedad que nos obliga a sonreír mientras nos lanzan mierda todo el santo día. Nos muestra como protagonistas juguetes rotos de este sistema social, los retuerce y los convierte en vengadores, a su forma. Gente que se suponía que iban a ser algo, cuya vida dependía de algo concreto (posesiones, aspecto físico, dinero, lo que sea) lo pierde y acaban convirtiéndose en seres marginales. Seres que, una vez dada su condición de desarrapados, se ven obligados a ver su vida de otra manera y buscar una forma de sobrevivir... o de acabar con el mundo que los rodea. Así, se producen todo tipo de situaciones absurdas, que suelen culminar con un giro inesperado unas veces, absurdo otras, pero que nunca deja indiferente. Eso, junto a una prosa sencilla, caracterizada en muchas de sus novelas como "mántrica" (debido a la repetición de ciertos aforismos que van teniendo lugar a lo largo de la historia), confieren un tono bastante personal a este autor.



Vamos a menearnos un par de siglos hacia atrás en el tiempo para hablar de la siguiente novela. Hablo, ni más ni menos que de Drácula, de Bram Stoker. Si bien esta no es la primera novela de vampiros ni de coña (ya tenemos varios antecedentes, entre los que destacan El Vampiro de Pollidori o Carmilla, de Joseph Sheridan LeFanu), sí es la más famosa. Quizás es por esa combinación entre novela epistolar y novela gótica, o bien por eso de basar el vampiro en una figura histórica (Vlad Tepes), lo cierto es que desde siempre me ha parecido de las mejores historias de terror jamás escritas... eso, claro, si salvamos un final que me resulta quizás demasiado atropellado para todo lo que se nos ha ido narrando. Sin embargo, este detalle no hace sombra ni desmerece al resto de la narración. Como grandes escenas de estas que se te clavan en la retina, me quedo con ese momento al principio de la novela en que Jonathan Harker se queda arriado en mitad de la noche, en un cruce de caminos, al pie de la tumba de un suicida. Al fondo, un bosque, las montañas transilvanas y los lobos aullando. Eso es una ambientación terrorífica. Ole tus cojones, Bram.



La Chica de al Lado, de Jack Ketchum, es con diferencia la novela más dura que me he echado a los morros hasta la fecha. Al igual que sucede con Neverwhere, tiene su propio análisis en este blog, con lo que no pienso detenerme mucho al respecto. Tan solo resaltar un par de hechos fundamentales: uno, que el autor se salió del pellejo a la hora de narrarnos uno de los crímenes más crueles que ha parido madre a lo largo de la historia (el de la pobre Sylvia Lykens). Dos, que para escribir terror, esta novela nos deja claro que no hacen falta ni fantasmas, ni alienígenas, ni muertos vivientes ni putas hostias: el terror es algo que puede pasar a tu vecina (de ahí el título). Los Monstruos están ahí, y no son seres sobrenaturales: son seres humanos, de carne y hueso, que nos saludan cada mañana cuando nos los cruzamos por la escalera. Tres, que el Mal es algo contagioso y que solo necesitamos que nos den permiso para sacar la Bestia que llevamos dentro.
Una novela que me ha dejado tan mal cuerpo que no puedo hablar mal de ella porque transmite justo lo que quiere transmitir, ni más ni menos. Pese a ello, no os confundáis: esta novela no tengo cojones de recomendársela ni a mi peor enemigo. Si no me hacéis caso y os da por leerla, me entenderéis.



Seguimos con las distopías y volvemos a Inglaterra. En este mundo alternativo nos vamos a encontrar a un chavaleta que se siente con carta blanca para hacer lo que le da la gana junto con sus amigos: si quiere apalear a un estudiante, lo apalea; si le da por entrar en casa de un escritor, violar a su mujer delante de sus narices y destruir la obra que está escribiendo, pues sin problemas. Hablo, cómo no, de La Naranja Mecánica, de Anthony Burgess. Una obra harto difícil de leer, debido no solo a la crudeza de sus escenas, que aparecen totalmente normalizadas, sino también debido a la jerga creada específicamente para novela (llamada NadSat). Más allá de eso, la novela plantea giros narrativos bastante interesantes en el momento en que el delincuente se convierte en un objeto de estudio por parte del Estado. El que parecía un ser amoral, resulta no ser mucho peor que aquellos que intentan "convertirlo".
Como curiosidad, hay que decir que esta novela, pese a su complejidad y su dureza, fue escrita a una velocidad endiablada (tres semanas, compartiendo velocidad record con Club de Lucha, que fue escrito más o menos en seis), como ejercicio de catarsis después de que un grupo de soldados norteamericanos violasen a su mujer.



Posterior en el tiempo es Clive Barker, aclamado como uno de los referentes de la literatura de terror británica, junto a Ramsey Campbell, y al que quizás vea más acertado en el terreno del relato. Sus novelas por lo general funcionan bastante bien, con personajes más o menos logrados, tramas más que interesantes y buenas atmósferas (véase como ejemplos Hellraiser, Cabal o El Juego de las Maldiciones), pero es con Los Libros de la Sangre con los que este autor ha sabido impactarme de forma especial. Historias como "El Tren Nocturno de la Carne", "Lo Prohibido" o "Rex Cabezacruda", por poner un ejemplo apenas representativo de la cantidad de historias que se pueden leer en los cuatro volúmenes que conforman la edición española, parten de ideas muy sencillas, pero que funcionan gracias a ese manejo del lenguaje, bastante elegante (Clive Barker procede de una formación literaria bastante clásica, todo hay que decirlo) y esa manera de plasmar una ambientación oscura y siniestra. Con todo, si tengo que elegir alguno de los cuatro volúmenes de estos Libros de la Sangre, sin duda me quedaría con el primero íntegro, la mayoría del segundo y, ya salpicados, relatos del tercero y el cuarto.



El siguiente autor del que me gustaría hablar es Richard Matheson, escritor injustamente tratado por el lector medio de género fantástico y su desmerecido desprecio hacia él. Mientras hoy en día la gente pierde el culo con autores como Stephen King o similares (autores que me parece respetable que le gusten a la gente, pero oye, que hay otros aparte de estos), el señor Matheson ha escrito algunas de las historias más interesantes en lo que toca a los géneros de ficción o terror. Una de ellas, sin ir más lejos, es Soy Leyenda, que muchos conocerán por la infumable adaptación que hizo Will Smith en el bodrio cinematográfico aquel. En la novela original (que cuenta ya con tres adaptaciones al cine, de las cuales se salva seguramente la primera, protagonizada por Vincent Price) asistimos a lo que viene siendo el Último hombre sobre la tierra, en un mundo devastado y dominado por una nueva raza emergente: los vampiros.
Esta novela rompe por completo los conceptos tradicionales del vampirismo y nos los sitúa a un nuevo nivel: la del vampirismo planteado como plaga. Sí, lo que veríamos eones más tarde con Blade tuvo aquí su origen, dando de paso la vuelta a esa idea del "Monstruo". Si bien el monstruo en las novelas de terror era una criatura aislada y que planeaba su lucha contra la humanidad, aquí todo esto queda invertido y retorcido poniéndonos al ser humano como ese "monstruo". Así, entendemos que esos "Monstruos" que habíamos visto hasta la fecha no eran sino seres que buscaban su supervivencia en un mundo que ya no les pertenece. Justo lo que le pasa al último ser humano.




Hablando de humanos, me voy a referir a la última novela que mencionaré en este artículo, pero no en el blog (empiezo a ver que la lista de libros que me han cautivado especialmente resulta más larga de lo que cabria esperar y, como en el caso de los comics, va a haber que ir haciendo varias entregas): me refiero a Más que Humano, de Theodore Sturgeon, que en 1953 ya hablaba (a su manera) de los mutantes como el siguiente paso en la escala evolutiva y cómo esta condición de mutación afecta a su relación con su entorno, justo diez años antes de que Stan Lee escribiese la primera historia de X-Men. La nota de mayor originalidad la vemos en el concepto del Homo Gestalt, donde vemos que los diversos mutantes que conforman el reparto principal de la novela se unen entre sí, conformando un único ser, más poderoso que la simple suma de sus partes. Tengo que decir que leí esta novela hace ya bastantes años y, el día lejano que consiga aligerar mi lista de lecturas pendientes, me gustaría volver a leerla de nuevo; de aquella primera lectura, quizás me quedo con el recuerdo del tono, que mostraba cómo estos desarrapados se unían entre sí en un gesto de necesidad, y refugiándose entre ellos (idea que luego veríamos en Cabal, de Clive Barker, aunque representada de un modo diferente). Ese sentimiento de miedo hacia un entorno que se muestra como hostil o que desprecia a los mutantes se convierte en protección en el momento en que entran en contacto unos con otros y sienten que empiezan a pertenecer a algo.

Y con esto, tenemos ya listo el primer artículo de libritos puto molones. Os vuelvo a recordar que esto es solo un listado de libros que me han gustado y por qué; en absoluto cuento con que compartáis ni la mitad de los gustos que manifiesto aquí, y espero que entendáis que los voy colocando por el orden según me voy acordando. En próximas entregas hablaré de Ray Bradbury, Edgar Allan Poe, William Shakespeare, Jonathan Swift, Terry Pratchett, Robert Silverberg, Michael Ende, Oscar Wilde, Neal Stephenson, George R. Martin, Arthur C.Clarke, H.G. Wells, Philip K.Dick, J.K. Rowling, Robert Bloch, Lewis Caroll, Jon Lindqvist, William Peter Blatty y John Kennedy Toole.

lunes, 3 de febrero de 2014

Tebeos en Vena- Sístoles y diástoles del Universo DC. Crisis, recrisis y recontracrisis.



El Universo DC tiene la particularidad de reinventarse a sí mismo cada cierto tiempo. Maniobra comercial o recurso narrativo, lo cierto es que desde que tuviera lugar la primera gran Crisis, allá por 1985, este fenómeno de reiniciar el universo donde se mueven Superman y compañía se ha convertido en una especie de buque insignia de la editorial. Hasta tal punto que, para hablar con propiedad acerca de tal o cual colección o acerca de tal o cual personaje, hay que referirse a qué punto en concreto de la cronología estamos hablando. Porque no hablamos solo de reiniciar un universo desde su origen: con notable frecuencia, esto implica cambiar conceptos, idiosincrasias e incluso reconstruir personajes o ideas desde cero. Esto puede resultar un poco complicado al lector lego, pero este artículo precisamente tiene la intención de hacer un pequeño acercamiento para novatillos en esto de los cómics de la casa DC.

Para empezar a hablar, tendríamos que situarnos en los años 40, donde tenemos lo que podría ser la "primera generación de superhéroes" o Golden Age. Referente a este tema no hay demasiado que contar, salvo que DC sufre una crisis superheroica allá por los años 50 (la era McCarthy o Caza de Brujas, donde eso de gente enmascarada que luchase por el pueblo sonaba a socialista), lo que hace que sus personajes "caigan en el retiro". No sería hasta la llamada Silver Age, allá por los años 60, cuando somos testigos de la primera "renovación" del elenco habitual de la editorial: personajes de la etapa anterior aparecían con un aspecto más acorde con los tiempos... y con identidades diferentes tras la máscara. Salvando ejemplos muy concretos, como sucedía con Superman o Batman, notamos que Flash ya no es el científico Jay Garrick, sino un CSI llamado Barry Allen. Lo mismo sucede con el primer Green Lantern, que pasa de ser Alan Scott a un tal Hal Jordan.

Este hecho podría haberse quedado en mera anécdota si en la colección de Flash no hubiésemos descubierto que no se trataba de un simple "borrón y cuenta nueva": en un viaje que Barry Allen hace aprendiendo a vibrar en distintas frecuencias, se encuentra con Jay Garrick y tenemos a los Flash de ambas tierras correteando juntos. Esto da una sensación de continuidad que no habíamos visto hasta la fecha, mostrándonos que en realidad no es que los cómics de DC de los 40 pasasen al olvido, sino que teníamos DOS mundos bastante diferenciados: Tierra-1 (donde vivían los personajes de la Silver Age) y Tierra-2 (donde habitaban sus contrapartidas de la Golden Age). Este recurso, lejos de quedarse en la mera anécdota, se continúa explotando a lo largo de los setenta, donde encontramos los cruces entre la Liga de la Justicia de América (Tierra-1) y la Sociedad de la Justicia de América (Tierra-2), que tienen aventuras juntos en un mundo u otro, conociéndose posteriormente todo esto como Crisis en Tierras Múltiples. La cosa no queda aquí, y vemos poco a poco que existen otros mundos paralelos, como Tierra-3 (una tierra donde las contrapartidas de Superman y compañía son villanos que fundan el llamado Sindicato del Crimen), Tierra-X, donde la Guerra Civil americana duró cuarenta años, la tierra de los personajes de Charlton Comics adquiridos por DC (Tierra-4) o el mundo de la Familia Marvel (personajes adquiridos a Fawcett Comics) de Tierra-6.


Los Flash de los dos mundos.
El principio del jaleo.


Con todo este berenjenal de tierras, mundos y dimensiones, llegamos a 1985. Se cumplen cincuenta años de vida de DC y el personal tiene en mente hacer alguna cosilla chula para conmemorarlo. Es entonces cuando se coge por banda a un guionista ya con cierto tirón llamado Marv Wolfman y se le propone ir preparando algo especial. El objetivo, "simplificar" este Universo múltiple y reducirlo a algo más manejable, eliminando personajes redundantes (véanse como ejemplos claros los Superman de Tierra-1 y Tierra-2, que andaban repetidos, cada uno en su mundo con diferencias en edad), cancelando colecciones muy minoritarias o fundiéndolas en colecciones que englobasen a personajes algo más marginales.
Es así como surge Crisis en Tierras Infinitas. En este primer macroevento de DC (digo primer porque la primera vez que TODAS las colecciones de la compañía aparecen relacionadas con los sucesos que se cuentan en esta serie de doce números) se cuenta cómo una amenaza de proporciones cósmicas (una nube de antimateria, concretamente) se empieza a cepillar todo el Multiverso plano a plano. Aquí aparece una figura conocida como el Monitor, que se encargará de hacer frente a esta amenaza, y de paso, a un fulano que se hace llamar Anti-Monitor, que dirá que p'a su puta madre.
Durante esta crisis, se consigue frenar la ola de antimateria, pero con un resultado bastante terrible: aparte de que innumerables mundos paralelos han muerto ya, todas las etapas del tiempo coexisten a la vez. Dinosaurios comiéndose cow-boys y hombres futuristas viendo Stukas alemanes sobre el cielo. Es preciso, pues, un cambio desde la raíz.

Es aquí cuando entra en juego otro personaje (presuntamente secundario para muchos) como es Green Lantern. Si bien Flash ya nos abrió la brecha, de forma literal, a un Multiverso, gracias a Green Lantern (o, más concretamente, a los Guardianes que custodian la energía de su Anillo de Poder), descubrimos que el Multiverso se generó accidentalmente, a causa de un Guardián con pinta de cafre llamado Krona. Este tío tocó donde no debía y acabó provocando un Big Bang que, lejos de destruir el Universo, lo dividió en una infinidad de planos de coexistencia.


Krona: "¿Para qué reventar algo cuando puedo reventarlo, literalmente, TODO?"


Pues bien, precisamente eso es una de las cosas que ha tenido como efecto secundario el mandar a cagar a la nube de Anti-Materia: que lo que es el tejido cósmico del Multiverso ha perdido su estabilidad y tiene los días contados. Hay, por tanto, que viajar a los orígenes del tiempo y evitar que ese Big Bang multiversal (que generó a Monitor y Anti-Monitor) se produzca. Héroes y villanos se unen como nunca, y el resultado es que nace UNA nueva tierra, donde las paradojas han quedado eliminadas y donde los héroes de todos estos planos de existencia, si no han sido eliminados de la continuidad (ver casos como el Robin de Tierra-2, por ejemplo), coexisten en el mismo mundo, aunque en diferentes generaciones. Dicho de este modo, si teníamos hasta la fecha una Tierra-1 con la Liga de la Justicia y una Tierra-2 con una Sociedad de la Justicia, ahora lo que tenemos es que hubo primero una Sociedad de la Justicia, se retiró entre los años 50 y 70, y surgió una Liga de la Justicia más adelante que tomó el testigo. Tras esta primera Crisis podemos decir que se "unifica" todo aquel complejo Multiverso y se opta por una única línea cronológica. La mayor parte de personajes sufren, en mayor o menor medida, remodelaciones en sus historias también. Por ejemplo, asistimos a un "relanzamiento" de Superman (a manos de John Byrne), que se nos muestra algo más humanizado y falible que en su encarnación anterior; en el caso de Batman, nos encontramos con un personaje bastante más oscuro (relanzado por Frank Miller y su antológico Año Uno y continuado por otros autores como Mike Barr con Año Dos). Wonder Woman, por su parte, sería recreada desde el origen, con un enfoque mucho más mitológico que en su versión Pre-Crisis.
Pues así, con la mayor parte de la pandilla.

La siguiente macro-saga que se debería mencionar a continuación es Legends. No es tanto una "Crisis" en el sentido estricto de la palabra (los cifostios pentadimensionales no aparecen aquí), pero sirve para poner de manifiesto el primer crossover centrado en la figura de Darkseid, que será importante en eventos posteriores.
Hablemos un poco de este pollo: Darkseid fue creado en los 70 por la bestia parda de Jack Kirby, un señor que tenía una imaginación que ya quisiéramos los pobres cretinos que le pegamos a esto del lápiz. Fue planteado básicamente como una encarnación del Mal Total y Putoabsoluto, una especie de mastuerzo con cara de piedra que gobierna con puño de hierro el planeta Apokolips... Un mundo infernal, donde la esperanza es un crimen que se paga con la vida y toda forma de vida vive y (muy especialmente) muere para servir a Darkseid. Este tiránico líder es famoso por pasarse siglos tratando de resolver la ecuación de la Anti-Vida, que aparte de tener un nombre que de por sí acojona, le daría más poder del que ya tiene.
En Legends, somos testigos de un plan maléfico-conspiratorio por el cual Darkseid decide aplastar a los héroes de la Tierra de una vez por todas, muy probablemente porque simbolizan todo cuanto él aborrece. Para ello, envía a uno de sus subalternos (un personajillo llamado Glorious Godfrey) a que se disfrace de carismático líder de masas para que los héroes de la tierra sean odiados, temidos y despreciados por el ciudadano de a pie. Dicho de otro modo, arrearle a nuestros amigos de la lycra donde más les duele.
Esta historia, que se cruza con algunas series de DC, concluye con lo que sería la creación de la primera Liga de la Justicia Post-Crisis, que sería escrita por Keith Giffen y J.M.M DeMatteis.


Aquí, Darkseid. Todo lo que tiene de feo lo tiene de hijoputa.


Millenium es el siguiente macro-evento de relativa importancia. En éste nos vamos a encontrar cierto matiz místico-numérico de trasfondo, pero quizás lo que tiene mayor trascendencia en las series con las que se cruza es el concepto del plan de los Manhunters.
Como no me gusta dar por sentado que sabéis de que hablo, os comento que los Manhunters estos son una raza de robots chungos de la muerte creados por los listos de Oa (el planeta que, tras el fracaso que los robots estos supusieron, crearía a los Green Lantern). En algún momento, la Liga de la Justicia original los hubo destruido en el pasado, pero ¡Oh, sorpresa!, que estos cabrones estaban muy operativos y coleando, con un planetoide que usan para viajar por ahí. No contentos con eso, los Manhunters han ido enviando a algunos de los suyos para vigilar a los héroes y conocer sus puntos débiles (en el caso de la recién creada Liga de la Justicia, el Manhunter se hace pasar por un miembro del equipo), o bien para lavar el cerebro a amigos de otros héroes (Superman, por ejemplo, descubriría que su amiga de la infancia, Lana Lang, es una simpatizante Manhunter con el cerebro lavado).
Batalla bestial, palizón a los Manhunters, prosigue la mierda esa místico-filosófica, creando a diez personajes para que sean una nueva raza de Inmortales, y tan rápido pasa esto, tan rápido se olvida.


Los Guardianes de Oa (los enanos de la derecha) son famosos por toquetear lo que les sale de los huevos "por mantener la paz" y, muy especialmente, de cagarla. Prueba de ello, los Manhunters (izquierda), que por poco se cargan a todo bicho viviente.


Pasemos a Armaggedon 2001. Tan penco como su evento predecesor en cuanto a argumento y dibujo, pero no tanto como otras de la época (tal es el caso de Invasion, que no mencionaré aquí por no tener tanta relación en estas Crisis), nos habla de un posible futuro gobernado por un fulano llamado Monarch. En este futuro, un científico echa un vistazo al pasado y descubre que a finales del s.XX, el tal Monarch se cepilló a todo héroe de la época, justo después de que todos se volvieran malosos. Monarch manda a este científico al pasado para llevar a cabo un experimento, y éste a su vez decide averiguar qué puñetas pasó en realidad. La resolución, tras muchas idas y vueltas, resulta ser que el asesino de héroes fue Halcón (del dúo de héroes Halcón y Paloma) que, tras la muerte de Paloma se volvió (más) chalado.
Este macroevento, a decir verdad, no pintaría una puta mierda en este artículo, de no ser porque a continuación viene su secuela, Hora Cero. En esta serie, nos encontramos lo gordo de verdad, que es que Halcón, alias Monarch, evoluciona a lo burro con eso de los poderes temporales para convertirse en Extant, que decide "reescribir" el universo desde sus orígenes básicamente como le sale a él de las pelotas. Al mismo tiempo, nos encontramos con otro factor fundamental, que es que Hal Jordan, el Green Lantern más emblemático de DC, se vuelve majara y es poseído por la criatura Parallax, que también parece haberle cogido el gustillo a eso de reescribir la historia desde el principio. Los héroes, cómo no, se van para él con la sanísima intención de darle unas pocas de hostias en los hocicos, pero no sin antes que el amigo Parallax haga de las suyas y algunos "cambios" se produzcan en el universo, que vuelve a reiniciarse de nuevo.
Hora Cero fue pensada para tapar los agujeros que Marv Wolfman se dejó cuando escribió Crisis en Tierras Infinitas. Así, ciertos "detalles" que quedaron colgando en la era Post-Crisis fueron corregidos, a fin de resultar más lógicos, acorde a según qué visión. El caso más claro se puede ver en Batman que, si bien en el universo Post-Crisis vio morir a sus padres a manos de un asesino común llamado Joe Chill, en este universo post Hora Cero, el pequeño Bruce Wayne nunca logró identificar al asesino de sus padres. De este modo, la cruzada del Murciélago se vuelve mucho más obsesiva, ya que nunca logrará saber si ha acabado con el hombre que le arrancó a su familia o no (eliminando de la continuidad, de paso, lo contado acerca de esto en historias como el ya mencionado Año Dos, que se centraba justo en Joe Chill). Otros héroes como Hawkman, que también habían sufrido ciertas contradicciones a lo largo de los últimos eventos, son barridos del mapa para aparecer años más tarde, con un origen ya unificado.


Parallax: "Superman, no me toques los cojones, que te arreo".


Vamos a pasar unos añitos más adelante y nos vamos a meter en Crisis de Identidad. Este Macroevento es llamado "Crisis" básicamente por la cara, ya que no se producen cifostios espacio-temporales, aunque he decidido incluirlo aquí porque tiene ciertas reminiscencias (al igual que Millenium) más adelante. Lo importante que tenemos aquí: Sue Dibny, esposa del miembro de la Liga de la Justicia conocido como el Hombre Elástico, es brutalmente asesinada en casa. Esto salta la alarma de algunos héroes, que desconocen la identidad del asesino y se empieza a hablar de un posible "complot" donde la identidad secreta de éstos haya quedado al descubierto. Por otra parte, se empieza a perfilar la figura del villano de segunda conocido como Doctor Luz como posible sospechoso.
La pregunta aquí sería: ¿Un pringao como el Doctor Luz, sospechoso de algo tan cafre como haberse cargado a la esposa de un héroe en su casa? La respuesta es evidente, en el momento en que nos encontramos con un caso de "retrocontinuidad" (es decir, como el universo ha sido reiniciado ya un par de veces, se tapa un hueco con algo que no se había contado hasta ahora): El Doctor Luz ES un pringao, pero no siempre lo fue; de hecho, aquí nos cuentan que fue peligroso hace años, pero cambió a causa de una lobotomía que le causó la hechicera conocida como Zatanna y encubierta por la mitad de la Liga de la Justicia... tras la brutal agresión sexual que la mujer de el Hombre Elástico sufrió a manos del villano en su propia base de operaciones. No es de extrañar, por tanto, que aquellos que fueron cómplices en la lobotomía ahora empiecen a plantearse si los efectos del hechizo han desaparecido...


Zatanna: "Um, Doctor Luz, delincuente, violador, asesino en potencia... Un formateo en su cerebro y lo convertiré en un cretino de marca mayor".
Atentos al detalle de que Batman está justo detrás...


Esto precisamente empieza ya a sentar las bases del siguiente evento, Crisis Infinita. Éste viene prologado por cuatro especiales conocidos como Cuenta Atrás. En ellos vamos a encontrar cuatro líneas argumentales, aparentemente sin relación entre sí, pero que acabarán desembocando en un tronco común, que será esta Crisis propiamente dicha. Estos arcos argumentales son:

- El Proyecto OMAC
- La Guerra Rann-Thanagar
- El Día de la Venganza
- Villanos Unidos.

Vamos rápido explicando, que si no es fácil perderse.
El Proyecto OMAC es básicamente otra de las pruebas de que nuestro amigo Batman está completamente majara: tras movidones como lo que hemos visto con Crisis de Identidad (donde su memoria TAMBIÉN fue borrada por Zatanna, precisamente por oponerse en firme a la lobotomía del Doctor Luz... pero, por lo que se ve, no fue borrada permanentemente), más otras historias de paranoia mental que no he mencionado aquí (véase JLA: Torre de Babel, por ejemplo), aquí nuestro Caballero Oscuro no tiene otra cosa que hacer que crear un satélite de vigilancia llamado Hermano Ojo, que se dedica a recopilar información de héroes, villanos, personajes varios y posiblemente hasta el butanero de tu barrio. El trasto, para variar, adquiere conciencia de sí mismo y se dedica a crear OMACs, que son nubes de nanomáquinas que se dedican a ir pegándose a la gente. Y de ahí, pues a endiñarle a los superhéroes, que para eso están, para recibir golpes (algo similar a lo ya visto en Millenium, si os fijáis en la analogía). Por medio, nos enteramos de que el satélite en realidad ha sido tomado por la organización Jaque Mate, presidida por Maxwell Lord (antiguo mecenas de la primera Liga de la Justicia Post-Crisis). La movida acaba con una escena preciosa: Wonder Woman rompiéndole el cuello a Maxwell delante de una cámara oculta que retransmite ante el mundo entero.



KRAKA.
Superman: "Pero tía, te has pasado..."
Wonder Woman: "Este le va a tocar er coño a su puta madre".


La Guerra Rann-Thanagar explota la variante cósmica de DC, contándonos que el planeta Rann ha sido desplazado de su órbita y cayendo en la del planeta Thanagar. Unos por otros, la casa sin barrer y todos a tortas. Por medio, los Halcones (Hawkman y Hawkgirl, oriundos de Thanagar... o más o menos) aúnan fuerzas con el héroe de Rann, Adam Strange, para que la cosa no se desmadre más de lo que ya está.

El Día de la Venganza nos cuenta cómo el Espectro, la entidad que viene a personificar la Ira de Dios se vuelve majara en el momento en que la nueva Eclipso lo seduce aprovechando que se ha vuelto a quedar sin huésped humano y le hace pensar que hay que eliminar toda la magia del Universo. Esto provoca que un grupo de segundones de poca monta con cierta relación con la magia se unan donde otros con más "solera" se han arrugado, precisamente para plantarle cara al Espectro.

Villanos Unidos hace referencia a la creación de un Sindicato del Crimen liderado por Lex Luthor. Aquí veremos cómo villanos de mayor o menor alcurnia empiezan a trabajar unidos para intercambiar información y reventarle los morros a los héroes de una vez por todas.

Estos cuatro arcos confluyen en la Crisis Infinita en sí misma, que nos muestra cómo estos cuatro jaleos provienen de una única mano.
Rebobinemos. ¿Os acordáis cuando hablábamos de Crisis en Tierras Infinitas, donde os conté que el Multiverso había sido reiniciado como un único Universo singular, y que los personajes redundantes habían sido eliminados? Bien, esto es mayoritariamente cierto, pero con algunas excepciones: véase el Superman de Tierra-2, la Lois Lane de Tierra-2, el hijo de Lex Luthor de Tierra-3 y el Superboy de Tierra-Prima. Estos cuatro resultaron acabar en una especie de "limbo" o dimensión de bolsillo precisamente para evitar ser barridos de la continuidad. A lo largo de todo este tiempo, han estado observando cómo el Universo DC se ha ido volviendo más salvaje. Resumamos lo ya visto: Sue Dibny, esposa del Hombre Elástico, asesinada y unos años atrás, brutalmente violada. Héroes lobotomizando a un villano. Wonder Woman matando a Maxwell Lord a sangre fría. Batman, majara perdido y conspirando contra sus propios compañeros. Y antes de eso, más cosas bonitas: el propio Maxwell Lord volando la cabeza del héroe conocido como Blue Beetle de un disparo. Superman muerto por Doomsday. La espalda de Batman, quebrada a manos de Bane. El segundo Robin, literalmente molido a palos por el Joker. Green Lantern poseído por Parallax, justo después de que Coast City fuese arrasada. Es un universo cada vez más decadente y el propósito es enmendarlo, trayendo de vuelta Tierra-2. Y si al hacerlo tienen que destruir lo ya establecido y matar a toda forma de vida, pues oiga, para hacer una tortilla hay que romper los huevos.
Ni que decir tiene que esto les sale rana, pero durante la confrontación el tejido del Universo vuelve a quebrarse, dividiéndose en 52 tierras paralelas.


Superboy de Tierra-Prima, hasta los cataplines de ver las burradas de la Nueva Tierra de DC.
En sus ojos podemos leer las palabras: "¡MIERDA DE REALITIES! ¡QUE VUELVAN LOS CONTENIDOS DE CALIDAD!"


52 es justo el nombre del siguiente evento, del que lo único que corresponde decir es que se refiere a las cincuenta y dos semanas que el mundo vive sin sus héroes principales (Superman, Batman y Wonder Woman), que han decidido tomarse un retiro "para pensar", tras la que han ido liando a lo largo de los últimos años.

Llegamos pues a Crisis Final. Nuevamente, el amigo Darkseid salta a la palestra, contándonos que ya ha tenido huevos de resolver la ecuación de la Anti-Vida. ¿Qué hace con ella entonces?
Lo habéis adivinado: joder al prójimo.
Este evento anda relacionado con la guerra que acontece entre los Nuevos Dioses (compañeros y enemigos de Darkseid, así para resumir) y con el resultado nada predecible de que éstos están tiesos y los malos han ganado, aunque Darkseid queda hecho fosfatina. Por tanto, habrá resuelto la ecuación de marras, pero necesita un cuerpo en el que reencarnarse.
Lo encuentra en la Tierra, sitio en el que nos enteramos de que el hijo de Darkseid, Orion (un verraco con bastante mala leche que pelea junto a los buenos) ha sido asesinado de un balazo. Durante la investigación, descubrimos varias cositas más: por ejemplo, que la bala tiene un origen cuántico. Es decir, que te pega un tiro en un año y cuando impacta lo hace cincuenta años antes.
No es el único en palmar, porque casi a la par, lo hace también el corazón de la Liga de la Justicia, el Detective Marciano, a manos de un grupo de villanos de segunda dirigidos por otro villano de poca monta conocido como Libra. El dato curioso, que Libra (creado como un mediamierda allá por los 70) aquí tiene como un tono más "poderosillo" y posee acceso a una tecnología demasiado megachunga para ser humana.
Bingo: es tecnología de Apokolips, el mundo hogar de Darkseid.
Sumad dos más dos.
A esto añadidle el hecho de que las pruebas del asesinato de Orion apuntan, de modo inverosímil, al Green Lantern Hal Jordan, que éste resulta no tener coartada, y ya tenemos la suma matemática hecha:
Conspiración del copón.


Batman: "Os lo estaba diciendo. Joder, os lo estaba diciendo. Que había algo gordo montao por alguna parte, pero como a mí nadie me escucha, así nos va. ¡Así nos va!"


Por su parte, nuestro experto oficial en conspiraciones, Batman, se huele de qué va la tostada y empieza a sospechar de la Green Lantern que acusa a Hal Jordan. Al estar sobre la pista correcta, es secuestrado con un rayo teleportador y nuestro Murciélago favorito es apartado de la movida. Sin embargo, no todo es tan malo, porque en estas idas y venidas regresa de entre los muertos alguien a quien creíamos que no íbamos a ver en mucho tiempo: Barry Allen, el segundo Flash, muerto durante la primera Crisis y al que vimos de pasada en Crisis Infinita, pero por cuyo regreso casi nadie apostaba, en realidad.
La cosa se pone fea a partir de aquí, justo en el momento en que Wonder Woman va a investigar una devastada Blüdhaven a manos del monstruo Chemo. Justo ahí resulta haber un portal dimensional que nos trae de vuelta a una vieja conocida: la heroína antes conocida como Mary Marvel ahora aparece totalmente desconocida, y mucho menos heroína. Su mente ha sido corrompida por el lavado de cerebro made in Apokolips. Se pelea con Wonder Woman y el resultado es que le pone un casco bastante feo con el que consigue controlar su mente. Ahora, no es que su mente pertenezca a Darkseid por culpa del puñetero casco: es que ahora ella ES Darkseid.
Wonder Woman, junto con alguno más, son solo los primeros de todo un ejército de Darkseids que va surgiendo por aquí y por allá, llegando a dejar lo que es la Tierra hecha unos zorros. Por medio nos hemos enterado de que la movida de los cascos solo ha sido una de tantas: también han usado la ecuación Anti-Vida para propagarla por medio de cualquier trasto electrónico y convertir al humanoide medio en un zombi fan de Darkseid.
Ni os imagináis la batalla que se monta.
Mientras Superman anda por universos paralelos salvando gente (otro de los que desaparece durante esta crisis), Batman llega a liberarse de su presidio para enfrentarse a un reencarnado Darkseid... o intentarlo, porque aquí el Caballero Oscuro parece morir fulminado por el villano.
La guerra se recrudece y Wonder Woman es liberada; utilizará su lazo de la verdad para liberar la consciencia de Darkseid de su huésped humano y mandarlo a hacer gárgaras de una vez.
Durante todo esta marimorena que nos encontramos, descubrimos que el Monitor que se sacrificó para salvar al mundo durante las Crisis en Tierras Infinitas resultó no ser tan único como se suponía... y que hay al menos un Monitor por cada una de las cincuenta y dos tierras que surgieron a partir de Crisis Infinita.


Wonder Woman a lomos de un pitbull de guerra gigante y con un casco a la última moda de Apokolips, que tiene conexión a Radio Darkseid las veinticuatro horas del día.
Lo más de lo más.


La Noche Más Oscura surge prácticamente como epílogo de Crisis Final y, al mismo tiempo, de la saga de Green Lantern La Guerra de los Sinestro Corps. De lo que nos hemos ido enterando de este último evento es que el espectro de luz verde que servía como energía a los Green Lantern se ha dividido en un espectro emocional, que corresponde con diferentes colores. Así, tenemos los ya clásicos Verde (Voluntad) y el Amarillo (Miedo), a los que se les suman el Azul (Esperanza), el Rojo (Ira), el Violeta (Amor), el Índigo (Compasión) y el Naranja (Codicia). Al final de esta saga nos enteramos de que, aparte de todos estos, hay un octavo tono del espectro emocional, el Negro, que simboliza la Muerte... Y alguien, aparentemente algún Guardián de Oa rebelde, ha decidido levantar de entre los muertos a todo un escuadrón de Black Lanterns con la intención de aplastar toda forma de vida de la galaxia. Tropecientos héroes y villanos a los que creíamos muertos resucitan con un aspecto bastante macabro para unirse a una guerra sin cuartel. Esto desemboca en la aparición de una Linterna Blanca, que tiene el don de la vida y la resurrección.


¿Qué? ¿Hasta los cojones de zombis? Pues en DC también los tenéis a punta pala. En la foto, el amigo Nekron, jefecillo de toda esta panda de empijamados fantasmales.


Esto nos lleva de cabeza a El Día Más Brillante, donde seguimos los eventos de la Linterna Blanca: gracias a esta, descubrimos que doce héroes y villanos han recibido el don de la resurrección a cambio de que cumplan un propósito específico. Entretanto, tenemos que los Nuevos Guardianes (o sea, los fulanos que recibieron Anillos de colorines en su momento) tienen una misión propia: si bien cada Anillo de Poder, del color que sea, está sujeto a una emoción concreta, resulta que además están sujetos a una Bestia a la que deben controlar. A una de ellas ya la conocemos: Parallax, que es la bestia que poseyó a Hal Jordan, es la que regenta el Anillo Amarillo. Al Verde le corresponde Ion, que es una entidad que ya ha aparecido poseyendo a algún Green Lantern en el pasado, pero de buen rollito. Pues como esas dos, para todas las demás, solo que con bastante mala baba destilada. ¿El responsable de todo esto? Pues, como puede verse, las cosas en el Universo DC raramente se quedan en el tintero: Krona, el que ya metiera la zarpa en su día al crear accidentalmente el Multiverso, reaparece con un cuerpo algo menos mastuerzo que en su encarnación original y sigue dispuesto a dar guerra.



La Linterna Blanca tiene un puntillo a lo Martillo de Thor, la espada Excalibur o la moral del ciudadano medio:
No la levanta cualquiera.


El último macroevento del Universo DC original es conocido como Flashpoint. En este vamos a ver cómo Barry Allen (recordemos, el segundo Flash, fallecido durante la primera Crisis y vuelto a la vida en Crisis Final) anda pelín desubicado. Normal, con la cantidad de jaleos que se ha perdido por haberse pasado muerto casi veinte años. Más desubicado se encuentra al despertarse en un mundo que no reconoce, donde la Liga de la Justicia no existe, Batman en realidad es Thomas Wayne y no su hijo, que murió asesinado en un callejón junto a su esposa, Europa se ha hundido en el océano, y donde lo único que queda del viejo continente son las Islas Británicas, tomadas por las Amazonas. Algo (o alguien) ha cambiado la historia y a Barry le da la nariz de que ha sido el Flash Reverso, que ha andurreado jugueteando con el tiempo por ahí, precisamente para que la creación de la Liga de la Justicia jamás tuviese lugar. Nuestro amigo el velocista intentará arreglar la cosa, pero como ya viene siendo costumbre, nunca se arregla un Universo en una crisis de esta, o no del todo: el resultado es que surge, ¡SÍ! Un Nuevo Universo DC, donde se mezclan las tres vertientes que la editorial tenía hasta ahora: El Universo DC de toda la vida, el Universo Vertigo (la línea para adultos de DC, donde podíamos encontrar a personajes como John Constantine, la Cosa del Pantano o The Sandman) y Wildstorm, que era una línea con cabeceras que iban por su cuenta, sin relación directa con DC (como Planetary o The Authority). Barry Allen, tras haber hecho lo que ha podido, despierta en un Nuevo Universo, pero recordando todo lo sucedido. Como nota curiosa, encontramos que Batman vuelve a ser Bruce Wayne. Gracias a la información dada por Flash, éste supo lo que iba a pasar y sacrificó su vida por su hijo.


Corre, corre, que te van a echar el guante.


Y esto es, yendo muy deprisa y omitiendo detalles de menor importancia, un repaso de todos los eventos gordos que ha ido publicando DC desde 1985 en adelante. Como habéis podido ver, he omitido cosas menores, como el caso de Invasión u Nuestros Mundos en Guerra, para centrarme en aquellos que han causado verdaderamente una huella firme en el Universo de la editorial. Como este artículo está pensado para lectores novatillos, supongo que los más avanzados entenderéis que haya simplificado tanto el asunto. Pese a eso, entiendo que la lectura de este artículo resulte un poco complicada, ya que hablamos de un resumen de una cantidad muy grande de material.
En cualquier caso, si os surge alguna dudilla, no dudéis en plantear cuestiones en los comentarios. Lo peor que puede pasar es que no sepa responderlas y os quedéis igual que como estabais.