martes, 27 de agosto de 2013

Escupiendo Rabia- No, no todos podemos




Me vais a permitir que me ponga pedante. Que me ponga literato. Tuercebotas, incluso, pero es que tengo que decirlo.
No todos podemos.

Cada día que pasa, veo más y más gente que DICE escribir. Sacas los hocicos por la ventana y todo el mundo tiene una idea para una historia. Cuarenta mil fulanos que te sueltan que están escribiendo un libro y, tóquese usted los cojones, que va a revolucionar la literatura. Que no va a ser igualado en décadas. Tu vecino de al lado es el nuevo Poe. La señora del cuarto, la heredera de Jane Austen. El chaval que tienes al lado en el bus es el Bukowski español.
Y te lo tienes que creer. Te tienes que creer que tooooooodos esos, desde su inalienable derecho a escribir (el cual nadie niega), resultan tener la habilidad o la tesón para hacer algo tan jodido como es la escritura. Gente que no ha leído en su puta vida ("¿Un libro? Ni puta idea de lo que es eso, pero voy a escribir uno").

Lo mismo os parece que exagero, como siempre. Todavía tiene que salir alguno con complejo de Ygritte diciéndome que no sé nada. Y claro, es una opinión tan fundada y respetable que me tocaría agachar la cabeza y decir que sí, que pobre de mí, que cuánta razón tiene.
JA.
Llevo ya como quince años escribiendo. Tomándomelo en serio, algunos menos... pongamos unos nueve o así, y soy perfectamente consciente de que no lo hago magníficamente. Qué cojones, sé que no lo hago ni bien. Mediocre y gracias. Conozco mis limitaciones y los que me conocéis, sabéis de buena tinta que en mi puta vida le he dicho a nadie que voy a revolucionar una mierda. Que mis textos son la polla en verso. Que mi prosa no será igualada en años. Si os fijáis en mi entorno, procuro rodearme de gente que me lo recuerde constantemente para evitar convertirme en otro de esos gilipollas que fundan séquitos de alabanza a su alrededor y que no ven más allá de su prepucio a la hora de escribir. Por eso se me ha tildado alguna vez de "pesimista", pero si os digo la verdad, prefiero vivir rodeado de hostias sinceras y luego tomar de ellas lo que me interesa a tener una legión de chupaculos que solo me dicen lo que quiero oír.
Creedme cuando os digo que, por mucho que duelan las malas críticas (qué cojones, nos duelen a todos), no puedo sentirme más orgulloso de aquellos que cogen algo que he escrito y me dicen "Se te ha ido la olla a lo bestia" o "Tienes que pulir esto, esto y lo otro".
No pasa absolutamente nada. Estamos en esta vida para aprender, mejorar y perfeccionarnos. Forma parte de esto. Por eso, no importa la cantidad de estudios de literatura que tenga, ni la cantidad de libros que me haya chupado a lo largo de toda mi vida. Sé que no lo estoy haciendo del todo bien y el objetivo es, poco a poco, mejorar. No me importa nada más.

"¿Vivir de la literatura? ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJAJJAAJAJAJAJ vamos, no me jodas!"


Supongo que por eso no deja de alucinarme (tengo que respetarlo por cojones, porque si no soy un monstruo, un talibán o la puta Cosa del Pantano, cágate) que se esté gestando una generación de autores que no han leído en su puta vida... o bien se limitan a las cuatro cosas chupiguais, del tipo "Yo solo leo tal género o a tal autor, que es lo que me mola; lo demás me lo paso por el forro de los cojones" y luego le echan los huevos de ponerse a escribir, como si se aprendiese a algo así por ciencia infusa.
Sí, soy un monstruo, pero suelo poner una analogía clara: si no has escuchado música en tu puta vida, lo último que haces es coger y grabar un disco tú solo, gracias a que has oído UNA canción de... no sé, los Mötley Crüe, por poner un ejemplo. Con eso ya te formas tu propia idea de lo que es la música (en este caso, rock duro) y, a base de imitación pura y dura, te crees que vas a ser la nueva leyenda del metal. Que estás inventando algo. Que eres un puto dios. Más chungo aún es cuando te rodeas de una caterva de energúmenos y besadores de glande que lo que hacen es dorarte la píldora y decirte que no habrá nadie como tú, que eres lo más de lo más. Que nadie superará en mucho tiempo tu inigualable talento... aunque en el fondo, seas sordo, no sepas cómo coño se coge una guitarra y encima desafines más que un par de gatos follando.

Por mucho que se trate de una cuestión de gustos, esto JAMÁS sonará como una ópera de Wagner. Qué cojones, ni como un tema de los Queen. Nos pongamos como nos pongamos.


Hoy en día, gracias al auge de las nuevas tecnologías, cualquier personaje que dice que leer es aburrido se sube al carro de la escritura y, como se ve que el asunto mola, pues oye, se pone a parir un libro. Se ha chupado cuatro pelis de tiros, se ha puesto el último disco que grabaron los Metallica y con eso ya tiene inspiración. Escribe atropelladamente, con faltas de ortografía, sin pensar si lo que está escribiendo parte de conceptos como coherencia o un estilo medianamente cuidado y tira millas. Sin documentación, porque eso es perder el tiempo. Sin repasar siquiera, porque "escribe como le sale". Sin prestar atención al puto corrector ortográfico del ordenador porque "lo de corregir que lo hagan los de la editorial, que lo mío es escribir".
De encontrarte gente que, más que escribir una historia que vaya de A a B pasando por C, tienes una especie de berenjenal que no va a ninguna parte, plagado de escenas que, en el mejor de los casos, no sabes ni qué coño te están contando. Conforme se me ocurre, así lo cago, lo planto en la página y hala, ya tengo el capítulo de hoy. Amadme.
Y oye, si es un hobby, pues tampoco pasa nada. El problema está en el momento en que todos y cada uno de estos seres, armados de la ignorancia necesaria como para pensarse que esto es el sueño americano y que cualquiera puede alcanzar su sueño solo por tenerlo (sin curro, sin esfuerzo y sin una puta mierda), se lanzan a saturar todo lo habido y por haber.
Para más inri, la mitad de estos genios se mueven más por seguir una moda o subirse a tal carro que porque lleven una historia en las tripas y quieran soltarla. Leed blogs y escuchad las historias que estos os cuentan y el tufillo a peli chusquera es siempre el mismo. Hasta puedes ver la cara de Steven Seagal en algunas de éstas... porque ese es un poco el objetivo: aquí la literatura como tal, (no la literatura "elevada" o "culta", sino el objeto literario hecho con un mínimo de curro y saber hacer) importa un cojón. Aquí lo que mola es pegar el pelotazo y que compren tus derechos para hacer una peli. Para que saquen una línea de muñequitos. Para que hagan un puto videojuego.

"Tío tío tío, mira qué videojuego más guapo han hecho de mi novela"


Estos mismos son de los que van de adalides de las letras con su "Yo tengo un libro" pero al mismo tiempo se ríen de gente con las agallas y las tripas de escribir poesía o teatro "porque eso aburre". Si se cruzan con alguien que no escribe el puto guión de una peli de tiros de tercera, es un muermo, un literato, un puto pedante. Porque lo que mola es ir echando hostias. Muchos tiros, mucha persecución. Mucha protagonista tonta que hace palmas con el chichi en cuanto ve por primera vez al amorcito que le va a trepanar el chumino por primera vez, causándole de diez a quince orgasmos, mínimo.
Empiezas a ver patrones que, lejos de la normalidad que estos sugieren (al fin y al cabo, la literatura se ha movido por rasgos característicos a géneros y épocas), se empiezan a trocar en estereotipos. Clichés. Topicazos que convierten las supuestas obras literarias en objetos de consumo facilones, previsibles y escritos con la personalidad de un puto lemming. Novelas harto respetables en el sentido de que escribirlas merece un respeto, y que nadie diga que pienso lo contrario, pero cuya calidad no llega ni a unos mínimos establecidos.
Te partes el ojal cuando ves que algunos de estos tíos, a golpe de arrimarse a otros que son del estilo, pero que han chupado las pollas necesarias, acaban metiendo la cabeza y van colándole su mier... digooo, su respetable material al prójimo. Que oiga, si no le gusta a usted, no lo lea, y hasta ahí todos de acuerdo. El problema aparece cuando ves que no es un caso aislado, sino que la pandilla empieza a crecer y a propagarse como una plaga de piojos en una guardería. Cuando ves que el fandom (gran parte del cual lee lo mismo o menos que estos autores, lo cual ya es decir) lo flipa con las mismas fotocopias del pelotazo de turno que van saliendo, es cuando te das cuenta de que las cosas están muy, pero que muy jodidas.

Decía un amigo el otro día que el panorama literario español, al menos en lo que a género se refiere, está dando pocos frutos decentes, por no decir ninguno. Que prácticamente todo lo que sale, bien es mierda, bien es sucedáneo de la mierda que nos han colado poco antes. Igual es muy exagerado y no lo niego, ya que mi amigo suele ser bastante... exquisito a la hora de entrar a valorar las cosas, pero creo que tiene razón en una cosa: toda esta saturación de "estrellas emergentes", de "nuevos clásicos" de "innegables valores del panorama literario actual" no puede traer nada bueno. De tropecientos mil tíos que salen al mes, cada uno en su subgénero o temática dentro de esto de la "literatura de género", es imposible que TODOS sean tan buenos como nos venden. Qué coño, ni la mitad siquiera. Llamadlo prejuicio, si queréis, pero es una cuestión de estadística; es como si dices que te vas a poner a follar a diario y pretendes hacer creer a tus colegas que más de la mitad de los polvos que echas a diario ponen a la moza a la que te clavas con los ojos en blanco y con la entrepata más mojada que el ojete de Aquaman.
A mí me llegáis con semejante milonga y ya veréis qué cara os pongo.

"YA."


Sin embargo, parece ser que la literatura en este caso tiene como una dispensa o una especie de prebenda; todo el mundo está entrando en esa vorágine de "Publico publico publico", y nadie parece estar entrando en algo tan sencillo como "Vale, que sí, que nadie te quita el derecho, criaturo, pero... ¿De verdad te crees que ESTO merece la pena publicarse?"
Y es que ahora, como he comentado, parece ser que cualquiera puede escribir un libro. Qué cojones, una puta saga entera. Trilogías. Pentalogías. Multilogías. Que esa labor está chupada, basta con tener tiempo libre y, claro, como ahora el paro aprieta, parece ser que teníamos un montón de genios emergentes que, en otras épocas más boyantes no surgían.
Pavos que te dicen que escriben CUATRO novelas al año. Y no novelas cortas, amigos... NOVELONES de los de tocho de padre y señor mío. Acaban uno y se ponen con otro, como si el cerebro fuese una especie de churrería que no parase de engendrar ideas. Creatividad a destajo, cuando el resto de los pobres mortales necesitamos un año para que una miserable idea que tengamos madure y llegue a algo, en el mejor de los casos, decente.
Algunos, según parece, han nacido benditos.

Hay quien me ha comentado en alguna ocasión que esto sucede en el momento en que la población adquiere un nivel educativo medio básico. Que cuando todo el mundo tiene acceso a una educación que medio te enseña a leer, todo el mundo se siente con el gusanillo de las letras y demás.
No puedo estar más en desacuerdo.
Esto no tiene nada que ver con el nivel educativo o cultural del país, pero ni de coña. Ya he mencionado esos autores (tengo que llamarlos "autores" para que no se dediquen a apedrearme... pero para mí son tan autorzuelos como yo mismo, si no de una estofa incluso más baja, que ya es decir) que no leen "por no contaminar su particular estilo" (JAJAJAJAJA), o esos que solo leen libros de colegas para pactarse unas reseñitas positivas (las negativas jamás cuentan). En un país con un nivel educativo medio decente, el libro debería (añado esto en condicional, porque es la puta utopía) ser concebido como un objeto de trabajo y como una obra de arte... más "culta" o más "popular", pero siempre tratado con un cierto rigor y respeto. En cambio, lo que tenemos es un puto objeto de consumo más, que vende en base a lo que se publicita o incluso por lo follable que esté el personaje que te plantifican en la portada. Dicho de otro modo, el marketing sustituye a la calidad y ahora se tiende a asociar cantidad (de libros vendidos, por ejemplo) con calidad. Vemos un top de ventas y asumimos que el señor que está arriba es el mejor escritor que existe en el mundo mundial y los demás, en riguroso orden de ventas, le siguen en calidad.
Puede que esto os parezca una gilipollez, pero para mucha gente es una verdad como un templo.

Uno así de gordo, por lo menos.


Ahora un libro que se considera "bueno" es aquel que, como decía Lois Griffin, "tenga márgenes amplios, la letra grande y te haga sentir inteligente cuando lo lees", aunque en el fondo la historia sea como una puta compresa: que ni marca ni traspasa... o bien la prosa sea sujeto-predicado y ya está. Las metáforas, las descripciones, las pausas digresivas, el simbolismo... todos esos logros de la retórica de los últimos milenios, a tomar por culo con ellos, que aburren. Pam, pam, pam, vamos que nos vamos, que de aquí a seis meses te saco la continuación y el año que viene, una precuela. Porque es mejor venderte tres libros que uno, aunque luego no puedas sacar en claro más que veinte páginas de todos los tochos que te he plantado.
Es un poco el concepto de "lector espectador". El que se cree que leer un libro es como ver una peli, sin pararse a pensar que son formatos diferentes, con lenguajes diferentes. Muchos de estos son los primeros en ir de cultos porque "leen mucho", pero en el momento en que lo que se están leyendo no parece una puta peli lo dejan porque "aburre".
Y ese criterio tan razonado, tan serio y, sobre todo, tan coherente y fundado, es algo que aquellos que nos hemos criado leyendo libros sin pensar en películas, nos tenemos que tragar todos los putos días. El lector de hoy en día (y espero caer en una generalización infundada, porque valiente mundo que nos espera como yo acierte) se está volviendo cada día más vago y más exigente a la vez: exige que todo aquello que se le ponga por delante sea tan sencillito de leer como el folleto con las ofertas del Lidl. Más allá de eso, vienen las pataletas y las rabietas. Las acusaciones de aburrimiento, pedantería por parte del autor y lo de "Es que no entiendo qué significa esta palabra, ahora me enfado, no respiro y me cago en los muertos del escritor".

"¡NO SALEN TIROOOOSSS!"
"A ver, que te estás leyendo una novela ambientada en las cruzadas"
"¡ME SUDA LA CHIRLA! ¡NO SALEN TIROS! ¡ESTO ES UNA MIERDA!"


No, amigos. No todos podemos decir que somos grandes lectores cuando en realidad comemos de lo que nos echan y seguimos la corriente de lo que se supone que tenemos que leer "porque lo está leyendo todo le mundo", "Porque se vende mucho". Cuando muchos no sabemos ni dónde tenemos la cara, no podemos ir de genios de las letras por la vida. O si, venga, podemos hacerlo: podemos ir de revolucionarios e ir por ahí diciendo que somos a los libros lo que los Beatles a la música o lo que Dalí a la pintura. Podemos quedarnos con las chupadas de polla que nos sueltan en los comentarios de nuestros blogs y negar que exista cualquier mala crítica. Podemos engordar nuestra autoestima leyendo peloterías a diario o dejando que los lacayos de turno nos regalen los oídos.
Pero luego, cuando vemos que la literatura de género, como tal, está dejando de tomarse en serio precisamente a causa de estas actitudes, por favor, no vengáis a llorar. Os habéis pasado años lamiéndoos las trancas unos a otros, ensalzándooos mutuamente y elevándoos a los altares día tras día. Cada diez minutos, un genio. Cada veinte, una obra maestra. Cada media horita o así, un clásico que difícilmente se podrá igualar... todo con tal de no decir la verdad, que lo que estáis alabando es algo que os parece una puta mierda, pero su autor dirá lo mismo de vosotros. Luego vendrá el lector, que tendrá dos opciones: comer de lo que le echan y entrar en la misma dinámica porque es lo que se supone que tiene que decir, o bien sentirse estafado y empezar a no tomar en serio este despliegue de baboseo indiscriminado.
Ahora venís con el rollito emo-reivindicativo, asegurándonos que os ha costado mucho esfuerzo escribir lo vuestro. Que también hay trabajo, documentación y demás cosas que pregonáis a los cuatro vientos. Y lo mismo es hasta verdad... pero quien siembra vientos, recoge tempestades. Y todos estos años de peloteo masivo, de mentiras descaradas, de auténticos despliegues de onanismo y masturbación mutua ya empiezan a pasar factura. Los bukkakes ya comienzan a atragantarse y tanta paja está generando callos.
Llorad, llorad, pero vosotros lo habéis creado. Vosotros habéis alimentado al monstruo. Vosotros habéis dado alas a toda esta generación que entra pisando fuerte. Vosotros, lectores, autores, editores, reseñistas y demás, habéis sido quienes habéis dado carta blanca a todo ese ejército. Habéis encumbrado a toda esa gente, diciéndoles lo magníficos que son, y os habéis callado en una cosa básica.
No todos podemos.

viernes, 23 de agosto de 2013

Escupiendo Rabia- ¿Por qué lo llaman "adaptar" cuando quieren decir "zurrir en mierda"?



Seguimos con la movida. No teníamos ya bastante con el articulazo que solté el otro día acerca de toda la MIERDA que nos tragamos acerca del mundo del cómic en los noventa cuando nos cuentan que un tío como Ben Affleck, famoso por haber destrozado, sodomizado y defecado sobre la figura de otro personaje como Daredevil, va a ser la enésima recreación de Batman.
Purismos aparte, no tengo ninguna intención en entrar en la fascinante carrera de uno de los cachorros de Miramax. Me juran y perjuran que ha evolucionado cual pokémon, y no voy a entrar en sus poderes de mutación para pasar de ser un mono-jeta a un crack del cine. Tan solo me limitaré a pensar (y sí, aquí puede entrar el prejuicio) que yo veo le veo la cara a este fulano y puedo pensar en cualquier cosa menos en Batman. Como pensé en su día cuando me dijeron que iba a hacer de Daredevil.

Pero dejemos aparte esta polémica, ya que aquí Bernardito tiene muchos fans y lo mismo se me tiran al cuello con el prejuicio de "No juzgues una peli antes de verla". Y no les falta razón; por eso vamos a ir desglosando la cantidad de MIERDAS que nos hemos venido tragando al respecto para ver que igual no es tanto un prejuicio sino un pronóstico basado en experiencias previas.
Y es que señores, parece ser que aquí la temática (me reservo la etiqueta de "género") del cómic y, muy particularmente, los superhéroes (que no toda peli basada en cómic tiene por qué llevar tíos en pijama, a ver si nos culturizamos un poco), parece la más susceptible de coger y mearse en lo que se cuenta en la historia original para convertirla en un mojón de proporciones épicas. Y luego encontrarte defensas a ultranza de esas mierdas porque "Entretienen" o porque "Es que son para todos los públicos".

Generalmente cuando se adapta una obra a la gran (o pequeña pantalla) sucede como con todo: lo principal es leerse el texto origina y a partir de ahí hacer una ADAPTACIÓN. Al que me esté tachando de purista nada más leer los primeros dos párrafos, le diré que igual es él quien está sacando una valoración precipitada, porque jamás me oiréis despotricar de una película por no ser exactamente igual que la fuente de la que procede. Incluso con una novela, ya que nos ponemos. El cine es un arte y como tal, el director y el guionista también tienen que aportar su punto de creatividad a la hora de hacer una adaptación; por tanto, no saldrá de mi una protesta hacia las adaptaciones cinematográficas de libros como El Señor de los Anillos (sodomizado por mucho gilipollas con argumentos tan alucinantes como "Arwen lleva a cabo un papel que no le corresponde" o "Es que no sale Tom Bombadil y su capítulo plagado de canciones, que funcionarían que te cagas en una película") o de cómics como Watchmen, al que le cambiaron el final, pero no contando necesariamente una gilipollez. Las obras escritas se han adaptado durante décadas y no ha pasado nada: a veces con mejor acierto, a veces con peor. Os lo dice uno que se tuvo que tragar en el doctorado una unidad de adaptaciones cinematográficas de obras shakespearianas y vio cosas tan dispares como las adaptaciones de Hamlet de Laurence Olivier o el Titus de Julie Taymor, partiendo de la objetividad que te da el ver si la adaptación es cercana o no al texto original y si transmite lo mismo. Cosas como la ambientación y demás son secundarias, si el director tiene la maña suficiente para llevarlas a cabo.

Titus, de Julie Taymor. Película sodomizada hasta lo indecible por aquellos que se quedaron en lo superficial, que fue en la estética. Pocos se pusieron a mirarla con frialdad para ver que era una película vaiente que respetaba con gran fidelidad del texto de Shakespeare.


No es esto, sin embargo, lo que viene sucediendo en el cine de hoy. Hoy en día el cine sigue siendo una industria como lo era hace cuarenta o incluso veinte años... con la cosa de que sucede exactamente lo mismo que os conté en mi post anterior sobre el cómic de los noventa: el personal está tan obsesionado en sacar rentabilidad a algo que ni se molesta en querer hacer las cosas medio bien; se fijan en índices de taquilla, números, pasta, público y merchandising y tira adelante sin tener ni guarra de lo que hace. Cuando se adapta una obra escrita, lo que se hace es comprar los derechos y meter a un guionista, si es que tenemos esa suerte; con las últimas huelgas de guionistas y con el rápido auge de las series de televisión (donde hoy en día se encuentra la rentabilidad), lo que está quedando en el cine es un puñado de capullos que viven de la renta de otras pelis que en su día lo petaron, o una tanda de enchufados que están ahí porque son buenísimos comiendo trancas. Llamadme exagerado, pero si no explicadme por qué cuando antes decíamos "El libro está mejor que la película" era algo obvio y ahora es el eufemismo del siglo.

Y es que para adaptar, como digo, no tienes que usar el libro o el cómic como un puto guión estricto del que no te puede salir. Coges pelis como Excalibur, basada en la primera novela impresa en suelo inglés, La Morte D'Artur, de Sir Thomas Malory (sí, con título francés, pa chulo su pirulo) y ves que la adaptación no es coma por coma ni mucho menos: hay personajes que, por razones de volumen, aparecen fusionados en uno solo al realizar funciones muy similares. Capítulos interminables de justas entre caballeros desaparecen para centrarse en la búsqueda del Santo Grial. Algunas de las incoherencias de Malory (las cometía porque no era de los de revisar su propio texto) quedan pulidas y se resuelven algunos errores de "continuidad" amén de ciertas contradicciones, que los había (que nos lo digan a aquellos que leímos este tochazo con el asunto de Mordred y Arturo, que en un momento te decían que era sobrino, en otro te decían que era hijo, en un momento te decían que era fruto de una relación incestuosa y en otro te salían por la vía tarifa). Con esto te sale una película muy directa al concepto de Arturo y el Grial y que, en esencia, respeta la idea de lo que quería decir el texto original.
Y oiga, contándolo a su modo, porque si te lo cuentan exactamente igual que en el libro te puedes morir. No por otra cosa, sino porque hay ritmos y formas de narración que funcionan bien en un texto escrito... pero es que el cine usa sus propias reglas.

Cuando una historia ha funcionado durante siglos, probablemente, es porque esa historia tiene algo. Puedes adaptarla a los tiempos a los que vives, puedes cambiar algún elemento, pero el secreto de la adaptación es que, en el fondo, la historia se mantenga.
Cuando los artistillas de hoy en día ignoran este hecho y van de estrellitas por la vida, pensando que tienen el genio y el arte suficiente como para innovar, revolucionar y romper con todo lo establecido, más que un caso de arte es un caso de ego. El resultado, en el 99% de los casos, es una chapuza como la copa de un pino, que peca de la pretenciosa ridiculez de trastocar cosas que han funcionado desde siempre. Así, lo que dan a luz acaban siendo pestiños olvidables de los que nadie se acuerda tres o cuatro años después de haber sido perpetrados.
Ahí tenéis vuestra posteridad, genios.


Conforme pasan los años, nos damos cuenta de que este arte y este intento de querer contar la historia original de un modo personal van desapareciendo y lo que tenemos es un puñado de iluminados que van por la vida diciendo que han inventado una nueva forma de hacer las cosas o que han creado "La versión definitiva" de una historia que tiene ya unos pocos años de solera, como le sucediera al listo del Burton creando ese aborto cinematográfico que fue Alice para demostrar que, en resumidas cuentas, no había entendido una puta mierda del libro original, si es que se lo había leído. Y ojo, no digo esto por hacer una segunda parte, que eso es lo de menos. Lo digo por convertir un trasfondo surrealista y a todas luces ido de la olla como era el cuento original para convertirlo en todo lo contrario: en un remedo cutre de la puta Narnia, con oráculos, rebeliones y al paliza de Johnny Depp haciendo una vez más de Jack Sparrow disfrazado de alguna cosa, pero con el mismo histrionismo de siempre. También sucedería con la obra de John Boyne, El Niño del Pijama de Rayas, donde el director toma una idea sencilla y la retuerce de tal manera que acaba contando una soberana gilipollez. Ya hablé en su día bastante de estos dos casos, así que no me extenderé más.

Con el tema del cómic, tres cuartos de lo mismo. Parece ser que tanto los amigos de Marvel como de DC han tomado como determinación convertir todos y cada uno de sus personajes en un compendio de chistes de humor blanco y soso, así como de perpetrar guiones que se destrozan a sí mismos. Pongamos el ejemplo más ilustrativo en Iron Man 3, que empieza siendo una película con una temática seria e interesante (el concepto de villano en calidad de terrorismo internacional) y algunos detalles que captan la atención (como ATENCIÓN SPOILERS poner a un villano que recuerda mucho a Osama Bin Laden, para darnos cuenta de que no es más que una simple cortina de humo) para luego acabar por cagarla de una manera estrepitosa (ATENCION, SPOILERS) plantándonos a un Mandarín que resulta ser un actor (hasta aquí bien) pero, no contentos con eso, debe ser un actor graciosito que se pone a corear el gol de un equipo de fútbol mientras lo están interrogando. Todo en apenas una o dos escenas. Hala, a tomar por culo una idea sólida solo "para que los chavales flipen" o "porque es una peli de superhéroes, no le pidas más".

Algo así era mi cara viendo a Ben Kingsley en Iron Man 3.
Y no, no estaba flipando por lo mucho que me estuviese gustando su papel.
Más bien es que no daba crédito a lo que veía.
Eso, tíos de la industria, no siempre es bueno.
Últimamente, casi nunca.


Aquí es cuando entra un poco el concepto del público condescendiente con la temática: ya he denunciado más de una vez cómo el personal, en el momento en que ve a un personaje, da por hecho de que su público es un enano mental o que tienen las capacidades mentales mermadas. En el momento en que se habla de superhéroes, se da por hecho de que (como sucede con la animación) está pensado para chavales y que la historia debe carecer de profundidad. O, yendo más lejos, en un ataque de etimología retorcida, el cómic debe ser "cómico", por putos cojones.
Es por eso por lo que encontramos historias que, al ser adaptadas, pierden su tono original,convirtiéndose en otra cosa que, lejos de mejorarla, lo que hace es ridiculizarlas. No hay más que ver el caso de la segunda parte de Hellboy a manos de un sobrevaloradísimo Guillermo del Toro, que convierte una historia sombría y en algunos puntos melancólica (si tenemos en cuenta cómo viven los seres sobrenaturales el auge del hombre) en una puta comedia de situación, con chistecitos constantes, facilones y carentes de puta gracia. El ejemplo más claro, la escena gilipollesca de Hellboy y Abe clavándose unas cervezas y hablando de tías. Sucede también con Kick-Ass, historia que destacaba por su frescura, su gamberrismo y su forma de mearse sobre todos los tópicos del cómic de superhéroes y que acabó convirtiéndose en su adaptación cinematográfica en una comedia superheroica con final de lo más convencional y (si cabe) ridículo.

Atentos, chavales.
Esto. Es. Divertido.
Toda. Peli. Basada. En. Comics. Debe. Ser. Graciosa.
Ja. Ja. Ja.


Otras adaptaciones, más pendientes a la taquilla que a respetar lo que venía a contar la historia original, son de meter chorradas como una subtrama romántica con calzador, transformando y tergiversando lo que se quería contar. Alan Moore es muy dado a cogerse cabreos y yo no siempre voy a defenderle, pero entendí perfectamente que se cabrease cuando en la adaptación de V de Vendetta añaden una relación amorosa entre V y Evey Hammond... cuando en la historia original esto brillaba por su ausencia y quedaba perfectamente justificado. Al hacerlo en la adaptación, lo que tenemos es un personaje blandurrio que se mueve en gran parte por motivos sentimentaloides, más que por el objetivo que tiene en mente. En resumen, que es coger la esencia del personaje original y, lejos de mejorarla, convertirla en algo convencional y simplón.

Hay casos incluso más flagrantes, porque al menos V de Vendetta medio funcionaba como película, aunque la cagase como adaptación. Pongamos el caso de inútiles tan grandes en la pantalla como Nicholas Cage que, tras años tocando los cojones en Hollywood para hacer una peli basada en cómics (este tío peleó duro por ser el Superman que surgiese a partir de Christopher Reeve, así como perseguir con ahínco el papel de John Constantine) va y se mete a formar parte del proyecto de El Motorista Fantasma. Esta película es de las que demuestran un poco lo que digo, ya que yo no conozco demasiado al personaje (de momento he leído algunas apariciones suyas en cómics y poco más, aunque se le cala bien rápido de qué va) y la he visto acompañado de gente que no lee cómics y el pronóstico es el mismo:
Puta mierda.
Un Cage ridículo y posturero, con cara de perro Basset esperando que alguien le dé una galletita; una Eva Mendes que está para poner la jeta. Situaciones traídas por los pelos como una persecución en moto a la camioneta de la chica para impresionarla. Chistes por todas partes, como un Johnny Blaze babeando delante de Roxanne delante de las cámaras de todo el puto país y dando la impresión de que acaba de recibir una lobotomía. Una transformación en el Motorista que ríete tú de Jim Carrey haciendo el gilipollas en Mentiroso Compulsivo. Unos malos que parecen sacados de un bar gótico de poca monta y que atacan de uno en uno para morir en menos de un minuto.
No contentos con semejante gilipollez de película, van y te sacan la segunda, que es lo más parecido a un corto de La Hora Chanante/Muchachada Nui en largo, rescatando de paso a un Christopher Lambert haciendo de primo monje de Darth Maul y una grúa minera convertida en Moto Fantasma. Sí, no es coña. Una puta grúa minera.

Por no hablar de la Meada Fantasma... pero eso merecería un post aparte.


Con este tipo de mamarrachadas, como veis, ya no estoy entrando en si una peli debe ser fiel al 100% al texto que adapta, sino más bien en el hecho de que lo que esté contando no sea una película pensada para gente con déficit neuronal. El problema es justo ese, el concepto insultante que se está tomando del género de ciencia-ficción o de aventuras en general, y donde se ve que todo vale. Es por eso por lo que encontramos imbecilidades del calibre de Van Helsing o, más recientemente, Hansel y Gretel, Cazadores de Brujas. Pelis que, ya obviando que se basan en personajes literarios o de cuento (la última moda es sodomizar cuentos y convertirlos en versiones matamata de historias populares), como películas no pasan de la consecución de escenas absurdas pensadas en un público, no ya que busca el entretenimiento, sino en un público idiota. Del que come de lo que le echan y ya no va ni a ver una historia sencillita o medianamente bien contada... porque en estas pelis no hay historias. Hay tiros, flechazos, puñetazos y patadas, pero no ves que te estén contando nada. Agujeros de guión del tamaño de Wisconsin, actuaciones chapuceras, con tías buenas con cara de palo (otra moda, la de coger a una tía que gesticula tanto como un bocata de jamón), tíos con cara de "Llevo hora y media con ganas de cagar pero no me sale el truño del ojete" y, sobre todo, muchos, muchos efectos especiales. No importa que no vengan a cuento, se meten por cojones. Que si le metes un tiro a alguien, pues que no se quede la cosa en eso y le reviente la cabeza, aunque le hayas dado con una escopeta de balines.

Es por eso por lo que da la impresión de que, si hoy en día se coge a guionistas en Hollywood (tras ver abortos monumentales como Transformers 2 o X-Men: La decisión final), pasan dos cosas: una, que se ponen a adaptar cosas sin tener ni zorra de lo que son (algo muy similar a cuando te llega un conocido que se las da de escritor y te dice que va a escribir una novela del género tal y no ha leído nada en su vida al respecto... pero te viene con la movida de que va a revolucionar el género. Así, con dos cojones), o bien vienen con tantas presiones de arriba (el productor, ese equivalente al editor gilipollas que ya mencioné en mi artículo sobre los cómics de los 90) que el resultado se acaba convirtiendo en una mamarrachada que:

a) No tiene nada que ver con lo que está adaptando, ni en forma ni en contenido
b) Como película no tiene por dónde cogerla
c) Va dirigida a un público al que se insulta atiborrándolo con efectos especiales, como si eso enmascarase todas las carencias que hay detrás.
d) Además de todo lo dicho, no sirve ni para entretenerse, porque además de ridícula, en algunas partes resulta tediosa, aburrida y absurda.

Definición de argumento: BOOM.
Fin.


Películas plagadas de explicaciones chapuceras que resuelven toda la peli (por ejemplo, la forma de resolver el Daredevil que en su día protagonizase Ben Affleck), o bien historias que parten de premisas interesantes, pero que denotan un afán tan grande por abarcar muchas cosas para luego resolverlas echando hostias con un ritmo que, más que trepidante, es atropellado (el tercer Batman de Nolan, por mucho que me duela, es el claro exponente de esto). Películas que se mean en la idiosincrasia y la identidad de sus personajes, haciendo que el carisma de éstos descienda a ras de suelo y luego añadirle secundarios graciosillos, para terminar de ridiculizar tramas adultas (el inefable Constantine de Keanu Reeves, que podría considerarse uno de los mayores insultos hacia el cómic jamás perpetrados). Actores sin carisma que intentan llevar a cabo papeles oscuros e implacables y se quedan en eso, en el intento (el Punisher de Tom Jane) o tomar obras maestras del cómic y usarlas como reclamo para sacar películas que luego se quedan en agua de borrajas (como sucediera con Elektra, peli que por algún motivo que desconozco me gusta, pero que no dejo de reconocer que es una mierda como la copa de un pino).
Y por supuesto están los chistes. Los chistes por cojones. Vengan o no a cuento. Las clásicas escenitas del ciudadano de a pie mirando al superhéroe como un mongolo, del que luego tendrán los cojones de decirnos que es un homenaje a los Superman de Donner y se quedarán tan panchos. Chistes en Thor (hacerle una foto a un dios y decir "Esto va para el Facebook"), chistes en Los Vengadores (película que no me parece una mierda pero a la que le sobraban elementos cómicos en más de media película). Convertir Green Lantern ÍNTEGRA en un puto chiste de principio a fin.

Este es justo el problema, e insisto: no se habla de que toda película deba ser CALCADA a su texto original. Ya he mencionado antes Watchmen, donde el final cambia sustancialmente; puedo hablar si queréis de X-Men: Primera Clase, que se olvida de la continuidad de los cómics y plantea una historia completamente diferente... pero respetando lo que son las bases y las premisas de la serie original, manteniéndose muy fiel a la idea de la histeria anti-mutante y la inminente guerra entre aquellos mutantes que abogan por la convivencia y los que buscan venganza contra los humanos.
Puedo hablar del Spiderman de Raimi, sodomizado y despotricado por el fandom por asuntos como el no-uso de lanzarredes o el extraño cyber-traje del Duende Verde, pero que mantiene la esencia de los primeros cómics creados por Steve Ditko, con un Peter Parker tan agilipollado como el del original y con una Mary Jane igualmente insoportable.
En el caso de DC hay menos películas en su haber, pero está claro que ninguno de los dos Batman de Nolan, o el Man of Steel de Snyder se mantienen por completo fieles al original; y sin embargo, ahí los tenemos: historias dotadas de no poca coherencia, donde los chistecitos y las guasas se reducen al mínimo y se nota un intento de contar una historia por encima del pijameo de toda la vida. Los personajes, en gran medida, se mantienen fieles a la esencia de los originales (un Batman cuya máscara es Bruce Wayne y no viceversa, o un Superman atrapado en un mundo que no termina de entender del todo, pero que protege igualmente) y las historias, pese a no ser la perfección absoluta (ninguna lo es, haya superhéroes o no), se mantienen en una cierta coherencia y no dan la impresión de que estén insultando al espectador con una explosión o una explicación chapucera.
Tomando además otros ejemplos, tenemos también Dredd que, pese a no tomar todos los elementos de ciencia-ficción del original y pese a reducir parte de su ácido componente satírico, toma como base el concepto de historia de acción y, con menos presupuesto que películas de la misma temática rodadas en estos años, cumple aprovechando lo que tiene por completo: no es una película que intente impresionarte con monstruos gigantes o explosiones monumentales, sino que viene a ser una especie de Jungla de Cristal futurista. Insisto, no es totalmente fiel al original, pero mantiene la idea de mostrar al Juez de Mega City-1 como un tío chungo de cojones que cumple la ley a rajatabla... porque él ES la ley.

Y a callar tó Dios.


Con estos ejemplos y muchos, muchos otros que me dejo en el tintero, llego a la conclusión que he ilustrado a lo largo de este artículo: el cómic es un medio de expresión tan respetable como lo es la novela o el teatro, así que dejemos ya esa concepción arcaica y condescendiente de que es para niños o para tontos. En el cómic existen muchas cosas que son esparcimiento y poco más... pero no necesitamos rascar demasiado para encontrar trasfondos e ideas que tienen poco o nada que envidiar a gran parte de la mierda que se está publicando como "Novelas" (y de esas mierdas pocos o ningunos dicen nada, curiosamente). Que existe el cómic para un público adulto, en el que podemos encontrar tramas políticas, filosóficas,dramáticas y de cualquier tipo. Existen cómics históricos, adaptaciones literarias, temáticas noir. Puedes encontrar una historia de conspiraciones políticas (Los Perdedores) o alegatos contra la discriminación (X-Men). Referentes literarios (The Sandman) o históricos (300, aunque con ciertas libertades creativas). Dar por sentado de que es algo para críos, o que una adaptación al cine de una historia que puede ser tan adulta o más que algo escrito por un novelista, o reírse de la gente que los lee tildándolos de "frikis", amigos Distópicos, no nos confundamos: es la clase más superficial de insulto barato. Decir que una peli, por mala que sea, "es buena porque entretiene" solo porque vemos el sellito de Marvel o DC en los créditos es quedarse en el mero conformismo y no ver más allá. Es coger una historia que, objetivamente, sabemos que podría dar más de sí y quedarnos en el palomiteo barato. En el "Para la mierda en que está basada (que no he leído, pero que llamo mierda igualmente) he echado el rato".

"¿Cómics? ¿Eso qué es, pa frikis gilipollas, no? Pues que hagan cualquier mierda, total"


Lo mismo el día en que cambiemos esta concepción de las cosas los estudios de cine se darán cuenta de que el género de ficción es un género tan respetable como cualquier otro. Con suerte se darán cuenta de que los números no siempre lo determinan todo y que una película, más allá del éxito de taquilla, debería tener una mínima pervivencia en un futuro y no convertirse en un saldo en cualquier tienda de estos que valgan cuatro pavos porque nadie quiere tocar el DVD ni con un palo. No si se quiere rentabilidad... pero claro, esto no es más que una ilusión barata, porque ahora es la época de la chapuza, del hype y la pasta rápida. La de tomar al público por gilipollas, vender humo y luego reírse de él en su puta cara en una sala de cine. La de los planes de producción basados en estadísticas realizadas por vete a saber qué gilipollas, donde "el 90% de los encuestados (en un sanatorio) quiere que Orlando Bloom sea Batman". Es decir, la de coger actores que, en el caso de ser actores y no paquetes que van a poner la cara y poco más, sean medio acordes con el personaje al que representan. Que den la talla. Mezclar churras con merinas en cada puta película y solucionar tramas argumentales a carrera limpia, a tiros o a explosiones.
Igual, amigos Distópicos, dejarán de tomarnos por gilipollas algún día.
Y lo mismo hasta habrá unicornios rosas correteando por las calles.

lunes, 19 de agosto de 2013

Tebeos en Vena- Garras, cadenas y metralletas, o ¡Qué malos fueron los noventa!



En esto que se pone a hablar uno con un colega sobre cómics y me viene a contar de qué va la movida esta que ha sacado DC sobre Injustice: Gods Among Us. Grosso modo, me viene a decir lo siguiente: un día está Superman comiéndose un bocata cuando se entera de que Doomsday (mastuerzo por definición) está en Metrópolis. Allá que va nuestro amigo pues para lo de siempre, para decirle que se vaya para su puta casa, que ahí no pinta nada, que eso se va a convertir en un berenjenal de hostias y no es plan. Como cabe esperar en estas movidas, se lía la pajarraca y Superman acaba mandando a Doomsday al otro barrio... para, ¡Oh, sorpresa, amiguitos! Descubrir que todo ha sido una treta del Joker; aquí el amigo Kal-El NO ha matado a Doomsday, sino a Lois Lane, la cual, dicho sea de paso, estaba embarazada. Ya sabéis, una de estas mierdas ultradramáticas, pseudoépicas, maléfico-oníricas y, si uno usa la lógica, con menos sentido que un guión escrito por Pajares y Esteso.
Que no queda aquí la cosa, amigos. Superman se vuelve, a raíz de esto, CHUNGO. Se va a buscar al Joker, que ha sido detenido por Batman. Nuestro colega de la capa roja se va para el murciélago y le dice: "Te apartas, que lo voy a matar". Bats como que todavía tiene dos dedos de frente y le dice que oye, que eso de matar no está bien, que te iguala a los villanos, bla bla bla. Palizón de muerte al hombre murciélago y hala, matar al Joker a hostia limpia.
Y esto encima te lo tienes que creer. Como hemos estado hablando mi amigo y yo, Superman (al igual que muchos otros) más que un personaje es un icono. Un símbolo. Es decir, que detrás de tal o cual aventura, hay una idiosincrasia y unas premisas que, si bien van evolucionando con el tiempo, más o menos se mantienen constantes con la idea de preservar una identidad. No es que ahora nos vayamos a rasgar las vestiduras diciendo que Superman no debe matar a nadie, nunca jamás y bajo ningún concepto (eso sería pasarse de friki). Es más la idea de que ahora se cambie toda una actitud o un enfoque para convertirlo en el opuesto más radical y, para variar, con poco o ningún sentido.

"Y ahora soy un puto psicópata, ¡TEMBLAD!"

Este tipo de cosas, sin embargo, no son nuevas. Lo de coger cualquier personaje (y cuando digo cualquiera, creedme: es cualquiera, venga a cuento o no) y convertirlo en un chungo es lo que vino a suceder, en líneas bastante generales, en los años noventa. No me malinterpretéis, en los noventa hubo obras realmente memorables, como el caso de toda la línea Vertigo, surgida a partir de la increíble La Cosa del Pantano o, más entrando en la década, The Sandman. Sin embargo, por cada joya que salió en aquella época, hubo que tragarse un sinfín de despropósitos y de lanzamientos al barro de franquicias que llevaban ya una buena temporada dando sus frutos.
Todo viene, como siempre, por la pasta: en esa época teníamos el auge más despiadado del mundo yuppie y da la impresión de que esto se acabó reflejando en el mundo del cómic: los índices de venta siempre habían sido una especie de brújula a la que encaminar las líneas argumentales de las colecciones (no es nuevo y negarlo sería una idiotez); la diferencia es que a partir de aquí la cosa se vuelve extrema. Se llega al punto de que los editores tienen tanto poder que se pasan todo el santo día presionando a los guionistas para que todas las historias encajen según lo que ellos piensan "dictan" los índices de ventas. Dicho de otro modo, la libertad creativa queda por completo coartada en aras del comercialismo más salvaje. Si ahora se llevan los personajes duros, de dientes apretados, con metralletas MUY grandes y matando enemigos, pues se ponen por todas partes, da igual que seas una princesa amazona o que hayas heredado un anillo de poder. ¿Que la cosa no cuadra, porque no hay manera de cuadrarla? No pasa nada, señores. Se usa la técnica más original del mundo, que es cambiar la identidad del personaje. Se pone un chungo que adopte el manto del superhéroe de turno, más acorde "con los tiempos que corren".

Y artísticamente, cómo no: estilización extrema, cara de mala leche, pelorros sacados de Gandía Shore y armas que hasta la fecha no habían hecho ni puta falta.

La cosa es que por cojones hay que innovar, aunque la innovación no tenga ni pies ni cabeza. Hay que ser revolucionario, señores: por eso a un tío como Batman le plantamos un animal de dos por dos y le parte la espalda. A tomar por culo Bruce Wayne y echamos mano de un soplagaitas esquizoide con complejo de mesías que se ponga el traje (porque se ve que no había nadie más chalado para llevar el manto del murciélago) y que, ya puestos, empiece a tunearlo hasta parecer cualquier cosa menos un Batman. Y sí, un Batman más chungo, que le raja su símbolo a los enemigos en el pecho para que se acuerden de él y mete unos hostiazos que mandan a la uvi al más pintao por cualquier chorrada.
Porque hay que ser chungo.

Para mí esto se parece más a un Transformer que a Batman, pero bueno...

Y aquí no queda la cosa, amigos. No basta ya con mearse en la personalidad o el espíritu de un personaje o colección afianzadas durante años... Tenemos que recordar que los noventa es la época de la especulación brutal del cómic, donde se sacaban portadas alternativas del mismo número con la intención de "fomentar" el coleccionismo más absurdo. Esto, lo que en realidad conllevó fue la estafa padre: el público se obsesionó con eso de pillar la portada alternativa no sé cuál que dibujó no sé quién, gastándose en un mismo cómic el triple (comic "normal" más los otros dos o tres con su portada alternativa). ¿Qué pasó entonces con esto? El cómic, con cada una de sus portadas, se vendió tanto que su valor cayó en picado. A los seis meses de haberse publicado, esas publicaciones estaban tan vistas y repetidas que se convirtieron en saldos casi en el momento en que pisaron el kiosco.
Y los que ganaron fueron, cómo no, los de las editoriales, que se forraron con la jugada.
También fue la época de los "crossovers por cojones". Para aquellos iniciados, un crossover no es más que una aventura que, en lugar de aparecer en una única colección, aparece en varias. Esto ya se venía dando en los ochenta, con crossovers tan memorables (o al menos populares) como Crisis en Tierras Infinitas en DC y Secret Wars en Marvel. Como se ve que la cosa vendía y tal, aquí los editores se pusieron las botas y decidieron explotar la fórmula a lo bestia: cada año era un crossover, tuviera o no sentido. El objetivo, preparar algún evento macroburro en el que un montón de superhéroes hicieran... bueno, hicieran algo. Si bien tenemos que DC sacó cosas tan absurdas como Millenium o Armageddon 2001, Marvel tampoco se queda atrás y nos mete de lleno en una franquicia mutante que, desde más o menos 1991, ya estaba disgregándose de una manera, como poco, farragosa.

Millenium, o bien: "Planteamos la amenaza de una raza mecánica alienígena que llevaba ya un tiempo rulando por el Universo DC, los infiltramos en la vida de los superhéroes y de paso metemos un rollo filosófico-existencial-numerológico al tiempo que a los Guardianes de Oa los ponemos a follar con unas macizas espaciales".


Entrando en el caso concreto de Uncanny X-Men, tenemos un buen ejemplo de lo que viene ser coger unas premisas iniciales y mandarlas a tomar por culo sin piedad. Desde finales de los setenta hasta el mencionado año, tenemos que las riendas de la colección las había llevado un señor británico con barba que atendía al nombre de Chris Claremont. Diecisiete años que se pegó el fulano escribiendo la colección, sin demasiados problemas (salvando un pequeño encontronazo con sus editores acerca del final de la Saga Fénix Oscura); por aquel entonces, la editora de la línea mutante era Louise Simonson, señora con la que al parecer se entendía bien y confiaba en el criterio del guionista.
Al llegar a 1991, vemos que las cosas van cambiando. Por esta época entra un fulano conocido como Jim Lee, famoso por sus lápices llenos de rayas y sus tías ultramacizas de piernas interminables y tetas esféricas. Este tío era, por decirlo de un modo suave, "el niño bonito" de Marvel, y como Uncanny se estaba vendiendo de lo lindo, pues hala, para allá que lo mandaron. Ahora el estilo artístico es como más "agresivo", más de chulazos y pericas. Más armaduras fashion y más cambios en estética que te hacen pensar que, más que un cómic de superhéroes en un entorno contemporáneo, te estás chupando un especial de Galáctica. Sin desmerecer a la serie, ojo. Lo que digo es que pasarte de un entorno actual a un futurismo extremo, sin orden de transición, no pega ni con cola.

No olvidemos tampoco el detalle de que no importa que seas mutante. Que tengas superpoderes. Las cosas se resuelven a tiros. Y cuanto más grande la tengas (la pistola, claro), mejor.

Aquí no queda la cosa, porque Louise Simonson termina su trabajo como editora de la línea mutante y meten a un pavo llamado Bob Harras, que viene a coger y pasar por completo de Claremont. Ni se molesta en escuchar lo que este, como guionista consagrado de la colección, tenía que decir, y se dedica a echar por tierra cualquier proyecto que tuviera, para que todo se ajuste a esa "nueva visión" de Marvel.
A partir de este momento, vemos que la colección se disgrega a lo bestia: si bien hasta entonces lo que teníamos era la cabecera principal (Uncanny X-Men) y una serie secundaria (The New Mutants), la cosa se desmadra y nos encontramos ya con X-Factor, recién creada y reformada por completo de arriba abajo, Wolverine en plan spin-off desatado para explotar (aun más) al personaje de Lobezno y una segunda cabecera titulada simplemente X-Men. No incluyo aquí Excalibur por parecerme una serie (al menos durante la mayor parte del tiempo) que se salía bastante de la franquicia mutante en sí y tendía más a ir por su cuenta.
Se duplica, por tanto, el número de colecciones de la línea mutante y se empieza a reformar todo de arriba abajo sin orden ni concierto. En el caso concreto de The New Mutants, vemos como la premisa principal de la serie (más que superhéroes, estudiantes adolescentes, con un rollo de aventuras bastante buenrollista y con una filosofía que se alejaba del título principal para dar variedad y colorido a la línea) se va por el desagüe: los personajes menos agresivos son retirados de la colección, bien asesinados, bien echándolos por las buenas, y se empieza a añadir a otros más embrutecidos. Lo que eran estudiantes se convierten en un grupo de guerrilleros con todas las letras y las historias, otrora divertidas e incluso cándidas (que de todo tiene que haber), se convierten en otro bocata de hostias sin orden ni concierto.

En el caso de Wolverine, tenemos que la "Logansploitation" parte de buenas premisas (es decir, ahondar en un personaje del que poco se sabía en realidad) para convertirse en una cabecera irregular, plagada de situaciones absurdas, giros incomprensibles y, cómo no, garrazos a punta pala. Me viene a la cabeza el caso concreto de la etapa de Larry Hama y Marc Silvestri que, si bien tiene momentos tan memorables como Lobezno ahondando en sus recuerdos para descubrir (sin mucha sorpresa para el lector, todo hay que decirlo) que la mitad de ellos son implantados por los cabrones que le metieron el adamantium bajo el pellejo, tiene partes tan absurdas como encontrarte a Dientes de Sable irrumpiendo cual elefante en cacharrería y gritando al pobre Logan "Soy tu padre" para, acto seguido, intentar matarlo.
Muy lógico todo.

Algo tan original como esto, pero carente del dramatismo o del sentido del giro argumental, sino sonando más bien a chapuza, del tipo:
"Oye, tenemos que buscar algo que sorprenda al lector"
"¿Qué tal si soltamos la bomba de que Dientes de Sable es el padre de Lobezno?"
"No hay cojones"
"¿Que no hay cojones?"

Cuando llegamos a la división de los grupos Azul y Dorado de la Patrulla, nos encontramos el desbarajuste padre, con historias de villanos que se vuelven medio buenos, antiguos secundarios que ahora parecen Robocop (véase Fuego Solar) o apariciones estelares de personajes como el Motorista Fantasma (otro que también sufriría el chunguismo noventero de mala manera) que huelen a colada con calzador a kilómetros. Esto, quieras tú que no, acabaría por hacer que el bueno de Claremont acabase abandonando la colección y cediendo el mando a Jim Lee (que se había hecho, casualmente, culo y mierda con Harras) que guionizaría durante un tiempo. Luego, entrarían Fabián Nicieza y, durante más tiempo, Scott Lobdell. Ninguno de estos con los cojones de sacar adelante y metiéndonos en más berenjenales y crossovers absurdos gracias a las decisiones editoriales de un puñado de tíos que solo se fijaban en las ventas y se meaban en el resto.

Véase el caso de La Canción del Verdugo, el ultra-sonado crossover de la franquicia mutante. Resumismos, así rapidito, para que veáis de qué va esto:
Hecho: Cíclope tiene un hijo con Madelyne Pryor (a la postre, clon de Jean Grey, la cual por cierto palma en Inferno)
Hecho: el hijo, conocido como Nathan Christopher Summers (Christopher por el padre de Cíclope y Nathan, nombre que éste detesta, porque a Madelyne se le puso en el coño, mayormente) es infectado por un virus tecnoorgánico. Cosas que pasan.
Habidos hechos 1 y 2, Cíclope se ve obligado a enviar a su hijo al futuro.
Hecho: en el futuro, gobierna el malvado Apocalipsis, convirtiendo la tierra en su rollito-beibi personal, con gente jodida y eso. Nathan crece hasta convertirse en un endurecido soldado rebelde.
Hecho: Por algún motivo que no pillé, Nathan viaja al pasado y se une a grupos paramilitares chungos bajo el nombre de Cable. En un momento dado, da con los Nuevos Mutantes y los convierte en paramilitares chungos como él. Los llama X-Force.
Hecho: en el futuro, hay un clon de Nathan creado por Apocalipsis, que también viaja al pasado. Forma un ejército terrorista. Porque algo tiene uno que hacer con su vida.
Habidos hechos 3, 4 y 5, el clon de Cable, conocido como Dyscordia, monta un maléfico plan consistente en:
1) Atentar contra la vida de Xavier haciéndose pasar por Nathan.
2) Intentar matar a Apocalipsis
3) Hacerle la puñeta a Mr. Siniestro
4) Crear un virus megachungo que mata mutantes, creado por el propio Siniestro.
Ante el plan, los grupos mutantes de la Patrulla-X y X-Factor se unen para enfrentarse al mamón este: se enfrentan a X-Force buscando a Cable, se encuentran con un Apocalipsis que se ha levantado de la siesta y Mr. Siniestro anda por ahí dando vueltas. Todo acaba con un enfrentamiento en la Zona Azul de la Luna, donde tanto Cable como Dyscordia desaparecen en un bucle espacio-temporal.
Si no habéis entendido nada, tranquilos: es mucho peor llegar a la misma conclusión tras dieciséis números.


Eso sí, al fan desatado estas cosas lo ponían verraco: tías buenas de ojos entornados y dientes apretados, para los chicos melenas sacadas de un concierto de Los Chichos y, cómo no, cazadoras. Cazadoras de cuero por todas partes. Lo ves en esta colección y en casi cualquiera. El Caballero Negro de los Vengadores con cazadora, oiga.
Porque se ve que la cota de mallas no era suficiente.

Esta moda se traspasaría también a DC y veríamos las mismas pintas de macarrillas de poca monta en The New Teen Titans, donde encontraríamos lo mismo que sucedería en The New Mutants (parece que las coincidencias fueron más que en los nombres) y lo que venía siendo un supergrupo de adolescentes que iban a rebufo de otros superhéroes más grandes (en este caso, Batman y compañía) se convertiría en un despropósito de magnitudes épicas, con sagas tan jodidamente absurdas como La Cacería de los Titanes, cambios de alineación para meter tíos superchungos (como Pantha) o directamente ridículos (como Phantasm). Se transforma a personajes con un carisma que te meabas por las patas abajo, como le sucede a Raven, ahora de blanco y la estética de los demás se transforma en la macarrada padre (véase el caso de Changeling/Beast Boy con melenas canis).
Otros personajes ven "reformado" su origen para adecuarse a un universo post-Crisis en Tierras Infinitas (lo que no es malo, porque le pasó a muchos) para resultar que la nueva historia no es que sea diferente... es que es una puta chapuza argumental de cagarse, como le sucedería a Wonder Girl. Si bien antes de la Crisis había sido criada por la Wonder Woman de la Edad de Plata, durante este evento ésta última sería barrida por completo de la continuidad. Dicho de otro modo, la Wonder Woman que surgiera a raíz de la Crisis sería creada desde el origen y no habría conocido nunca a Wonder Girl. Era necesario reescribir su historia. Y si bien la necesidad es la madre de la invención, aquí lo que tenemos es una historia con peluches alienígenas (no es coña) que tendría colofón, no solo el cambio en la historia del personaje, sino una nueva identidad. Esto implicaría corte de pelo, rollo armaduresco hortera, una falda que ni una stripper se pondría y un nuevo nombre: Troia.

Creo que ninguno de estos genios hablaba italiano. Si no, se habrían pensado dos veces el nombrecito...

La cosa es un suma y sigue por todas partes. Nos encontramos excepciones, claro está, como sería la genial JLI de principios de los noventa, que aportaría un elemento de frescura y saber hacer, con un grupo prácticamente autoparódico y situaciones hilarantes. Incluso la división en las dos ramas de esta nueva Liga de la Justicia, la americana y la europea, mantiene la premisa y se opone a todo este desbarajuste durante una temporada... o es así hasta ya entrando en 1993, cuando se marchan Giffen y DeMatteis y entran guionistas como Dan Jurgens. Aquí la Liga empieza a decaer, llegando a cruzarse con patochadas tan enormes como La Muerte de Superman (donde aparecería el ya citado Doomsday, famoso por matar a Superman DE UNA HOSTIA EN LA BOCA) y donde el elemento cómico brilla por su ausencia. Algunos de sus personajes insignias acabarían muriendo (como el caso de Hielo) y otros harían como que desaparecieran (que es lo que le sucedería al estandarte de la Liga, el Detective Marciano). Algo más alucinante es lo que le pasaría a Guy Gardner, el Green Lantern macarrilla, que acabaría por convertirse en Warrior: se le intentaría renovar su origen, poniéndole un rollito alienígena y demás mierdas, para terminar siendo otro mastuerzo más.

Guy Gardner, pinta clásica con el uniforme de Green Lantern.
Guy Gardner como Warrior.
Sin comentarios.

Y es que esta sería la época del nacimiento del sello Image, los grandes señores de la especulación del mundo del cómic y en gran parte (pero no en su totalidad) responsable de la inmensa cantidad de mierda que nos tuvimos que tragar durante esos años. Me explico: Image fue creada por algunos artistas que, hasta la pirula ya de los abusos que las grandes editoriales estaban cometiendo con ellos, decidieron crear un sello independiente que plantase cara a las dos grandes. Así, encontraríamos que algunos "talentos" de la época, de los que flipaban a la chiquillería, tales como Todd McFarlane (que lo petó con su Spiderman) o Rob Liefeld (que sería el ir-responsable gráfico del cambio de The New Mutants a X-Force) se unieron para crear series sin ninguna presión editorial.
Hasta aquí, suena todo chuli.
La guarrada surge poco después, cuando vemos que aquí los "genios" son otros especuladores más. Iguales o peores que aquellos a los que puteaban: McFarlane, por ejemplo (creador de Spawn y de toda una línea de juguetes chulos) se acabaría metiendo en un pleito con Neil Gaiman por los derechos de Angela, no sin antes todo un repertorio de amenazas chulescas del tipo "Te voy a hundir, desgraciao".
Alguna mierda semejante le harían también a un Alan Moore que en su día había jurado y perjurado que no volvería a trabajar con DC. No es de extrañar que aquí El Pelos, cuando entrase a guionizar WildC.A.T.S se pillase otro de sus mundialmente famosos rebotes cuando viera que Image eran otros gañanes de cuidado.

"Me cago en vuestra puta madre. Cabrones".


Casi diez años tendrían que pasar en DC y en Image para que lo que es este tipo de chapuzas empezaran a paliarse un poco. No me refiero a las chapuzas de los editores hacia los artistas, ojalá. Viendo la reciente carta que escribió el gran Paul Jenkins cuando terminó de trabajar para DC queda claro que el mamoneo sigue vigente y no tiene mucha pinta de cambiar. Me refería más bien al hecho de que al menos las tendencias cambiarían ya entrando en principios de los 90 y algunos editores parecerían haber rebajado su dosis de drogas duras a la hora de presionar a los autores. Saldrían así títulos como la JLA de Grant Morrison (no especialmente mi encarnación favorita, pero objetivamente no tengo nada que decir al respecto) o la JSA de Geoff Johns. Sería la época en que Batman se quedaría en una Gotham arrasada por un terremoto (quizás no la mayor genialidad jamás escrita para el hombre murciélago, pero algo sí bastante decente, pese a la enorme extensión de la saga) o el regreso de la Liga de la Justicia de Giffen y DeMatteis con un par de especiales (Anteriormente conocidos como la Liga de la Justicia y ¡No me puedo creer que sean la Liga de la Justicia!) que nos devolverían la risa.
A estas colecciones tenemos que sumar la supervivencia de algunas otras que aguantaron el tirón durante los noventa, como el caso de Starman, El Espectro u Hourman. Dos obras maestras (al menos, lo son dos de estas tres, que he leído y que he podido comprobar por mí mismo) que se integrarían en el universo de la JSA, dando una sensción de cierta linealidad.
En Marvel tendríamos la aparición de la línea Ultimate, que vendría a redefinir el origen del Universo Marvel, desde un punto de vista actualizado. Proyectos tan atractivos como serían 1602 (suponiendo, de paso, el regreso de Gaiman al cómic superheroico) o la New X-Men de Grant Morrison, serie cuyas premisas nunca me han llegado a entusiasmar, pero de la cual soy consciente que las críticas del público son bastante favorecedoras (también tengo que decir que, para aquel entonces, yo ya me había desconectado por completo de la franquicia mutante porque cada cómic que leía me parecía más alucinante que el anterior... y no uso este término precisamente como algo positivo). Kick-Ass, en la línea Icon de Marvel, que se convertiría en uno de los fenómenos más recientes.
No es que todo el monte sea orégano, por supuesto, ya que todavía tendríamos que encontrarnos cosas como House of M, donde se echa mano del trillado recurso de "Redefinimos el mundo y al final de la saga no hay secuelas, porque todo ha sido un sueño" (no exactamente así, pero en esencia no del todo distinto) o Infinity Crisis en DC, que catalogaría como una saga de calidad "discutible" ... pero digamos que la cosa empezaba a remontar.

Es muy importante destacar también la labor de Dark Horse, editorial que hasta la fecha se había caracterizado por distribuir cómics de la franquicia Star Wars y poco más. Con el tiempo, estos tíos se ponen las pilas y empiezan a editar material que, en poco tiempo, se convertiría en una muestra de calidad: como ejemplos, tenemos Sin City de Frank Miller (obra que nunca me ha llamado especialmente la atención, pero a la que reconozco un meritazo de tres pares de cojones a la hora de fusionar el concepto noir con los elementos más propios del cómic), la absoluta genialidad que es Hellboy, dirigida por Mike Mignola y los spin-offs que han ido surgiendo, BPRD (AIDP en nuestro país), Lobster Johnson o Abe Sapien, esta última de creación más reciente. Por último también, la aparición de The Goon, una comedia pulp digna de Troma que, a lo tonto a lo tonto, se ha chupado ya un premio Eisner.
Y, por supuesto, la línea Vertigo que, hasta la fecha (literalmente, porque cualquier día de estos cierran en el plan que está la cosa) nos ha brindado joyazas como Fábulas o Y, El Último Hombre, sin mencionar Predicador, Los Invisibles y otras tantas.
Image, por su parte, cambiaría su política y nos sacaría joyazas tan grandes como The Authority o se saldría de la línea superheroica del todo con colecciones tan aclamadas como The Walking Dead (otra que, lejos de parecerme una genialidad, al menos no me resulta tan insoportable como muchas otras colecciones que he mencionado en este artículo)

Hellboy. Y el que no diga OLE, que se le seque la hierbabuena.

Pero claro, supongo que como en todo, esto se menea por ciclos. Habían sido casi diez años en los que el cómic había gozado de un buen momento. No me atrevo a decir que hubiese más libertad creativa que en los noventa (me remito de nuevo a la famosa carta de Paul Jenkins, la cual reproduzco en un enlace a la página de Zona Negativa: http://www.zonanegativa.com/?p=66063 ), pero, con estos datos que he ido soltando, me veo con el argumento necesario para decir que al menos el resultado sí ha sido bastante mejor. Sin embargo, conforme nos hemos ido adentrando en la década de 2010, lo que hemos ido encontrando ha sido una enorme cantidad de refritos, vueltas y revueltas que, más que en algo complejo, se convierten en un despliegue de complicaciones. Cambiar la idiosincrasia de los personajes de la noche a la mañana. Villanos que se convierten en héroes e incluso se zumban a otros héroes (como el caso de Emma Frost, malosa por definición y que ahora se cepilla a Cíclope de X-Men; todo apunta a que esto se ha hecho para que Lobezno por fin le pueda meter el cipote a Jean Grey y el fan medio compre más tebeos. Sí, sucedió en la década de 2000, pero es un poco la clase de cosas que han venido a convertirse en constantes en los años siguientes y en ambas editoriales de las gordas). Héroes que se vuelven tan chungos que parecen villanos. El Universo DC vuelve a sufrir otro reinicio, poniendo patas arriba todo lo que ya se había visto y creando, una vez más, una nueva continuidad que poco o nada que ver tiene con lo ya visto (nuevo, pero no necesariamente mejor). Vuelve Jim Lee a meter la zarpa (esta vez al mando del equipo editorial, aparte de como dibujante) en todo lo que le sale de sus pelotas. Vuelven aquellos artistas chapuzas que tantas colecciones hicieron que dejásemos de comprar: Scott Lobdell le mete mano a Capucha Roja y los Forajidos; Rob Liefeld, causante de tantos despropósitos pictóricos y catalogado como, probablemente, uno de los dibujantes más sobrevalorados de todos los tiempos, reaparece para encargarse de Halcón y Paloma. Como mencioné al principio del post, Superman se convierte en un asesino psicópata que se pasa el día de mala baba. Power Girl y la Cazadora van a parar a otro universo y la primera pierde su escote y parte de su pechonalidad (premisas físicas del personaje que, en suma a su carácter decidido y feminista -sin llegar al hembrismo desatado y gilipollesco de turno- y sus dotes para el liderazgo, le conferían un carisma único), convirtiéndose en una anodina superheroina más. Personajes como Poison Ivy abandonan su estética habitual para calzarse un pijama de lycra negro con ramas pintadas que parece sacado de las pesadillas de un diseñador de atuendos de aerobic.
Que no es que sea feo en sí. Es que esta tía vestía con plantas, que para eso era una obsesa de la vida vegetal.
Y la pregunta es: ¿Por qué cojones tiene que vestir de negro? ¿Puede alguien explicarlo?


James Robinson o Geoff Johns, hasta la fecha guionistas con una reputación intachable, parecen obligados a bailar al son del "genio" de origen coreano y, desde el reinicio del universo DC hasta la fecha, todavía no he escuchado a nadie que me diga que no han perdido un ápice de su saber hacer. Todo lo contrario, lo único que oigo por todas partes es que no parecen ellos desde que Lee está al mando.
Por lo que respecta a Marvel, tengo que decir que ando muy desconectado de lo que están haciendo en última hornada; he oído bastante buenas críticas, pero cosas del estilo a lo que he venido viendo por encima, como crear unos Nuevos Vengadores formados por Spiderman y Lobezno son la clase de cosas que de entrada me suenan a crear alineaciones más con motivos ultracomerciales que otra cosa (mi concepto de Spiderman, basándome en los casi treinta años de colección que tengo por ahí, es que era un solitario y que no funcionaba bien en grupos... lo que viene siendo el apoyo argumental de que Stan Lee nunca lo quiso formando equipo oficial con nadie; en el caso de Lobezno, siempre se ha dicho que lo han metido en todas las portadas habidas y por haber porque el fanboy de turno, portada que vea con su jeta, portada que se compre, por gorda que sea la mierda que hay dentro). De Bendis, responsable de macropepinazos como Civil War (esta es de 2005-2006), he oído tanto maravillas como pestes en lata, con lo que me genera de escasa a poca confianza. Ya no por cuestiones de gustos, sino por algunas ideas que me han contado que ha llevado a cabo y me han dejado más bien tibio.

Que oye, si queríais ventas, probad con esto, que lo petáis.


En definitiva, un panorama que, a cada mes que pasa y que vamos viendo, resulta cada vez menos halagüeño para aquellos que seguimos una serie por sus premisas. Insisto en que la evolución es buena y necesaria, pero no nos pasemos: no toda evolución es buena por ser evolución; las cosas pueden empeorar o tomar un rumbo que, más que tomarse como un cambio, acaba resultando ser una transformación ridícula e injustificada de cosas que no era necesario tocar. Parece que, conforme va pasando el tiempo, van llegando más y más autores y editores que piensan que son revolucionarios por echar abajo los cimientos de una idea que, hasta la fecha, ha venido funcionando. Que da la impresión de que piensan que el objetivo para subir las ventas es dejar con la boca abierta al lector soltando burradas que no tienen ni pies ni cabeza. Que eso es lo único que se busca.
Parece que, según estos, la solución para ser rompedores es volver a los noventa. A la época de las garras, cadenas y metrelletas. La de los dientes apretados. La de los personajes chulapos sacados de Los Vigilantes de la Playa. La de las macrosagas con viajes temporales y paradojas más gordas que la picha de Nacho Vidal. La de la violencia por el morro, con líneas argumentales pasadas de rosca, tintas cargadas y elementos oscurantoides, pero por completo carentes de fondo.
Evolucionar para irte a una época pasada y, no contento con ello, en vez de tomar lo mejor de esa época (que, insisto, hubo cosas muy muy buenas que incluso superaban a muchas de la década anterior), quedarse con lo superficial. Lo chapucero. La morralla especulativa.

Más de veinte años han pasado ya desde la creación de Image. Desde este desfile de despropósitos y chorradas, que a veces dan la impresión de insultar al público. Diez desde que la cosa remontase y nos encontrásemos con un panorama no solo decente, sino que redimía con creces la cantidad de mierda pura y sin adulterar que nos tragamos en su momento (y de la cual me he limitado a mencionar lo que he visto más o menos de cerca; hay cosas con las que directamente ni me atreví). Diez años en los que editores y autores podían haber aprendido que más no significa mejor. Que innovar no significa necesariamente perfeccionar. Y que si una cosa funciona, ¿para qué coño tocarla?



lunes, 5 de agosto de 2013

Angst- Evolución, cambios y miserias




Si habéis visto la película de Bryan Synger, os daréis cuenta de que empieza con una cita interesante, que viene a decir así: "La mutación es la clave de la evolución" y, si nos ponemos ultracientíficos, nos damos cuenta de que es un axioma bastante claro. O lo es, al menos, hasta que alguien nos venga con otra teoría genial de la manga y mande a tomar por culo no sé cuántos años de dogma de ciencia establecido.
Si nos planteamos este postulado desde un punto de vista algo más filosófico, nos damos cuenta de que las cosas llegan a funcionar incluso al revés. Nosotros no cambiamos. No en lo importante, al menos; lo que suele cambiar es nuestro mundo. Y es esa necesidad, casi obligatoria,de adaptarnos a esos cambios lo que se convierte en la mayor miseria de nuestras vidas, porque nosotros, nos pongamos como nos pongamos, no estamos hechos para cambiar. No en el sentido literal, quiero decir: podemos modificar cosas en nuestra vida, hacer algo nuevo, abandonar algún hábito... pero en esencia, jamás dejamos de ser quienes somos. Lo único que hacemos es pulir o deslucir la carrocería, pero el chasis es el mismo.
De acuerdo, algunos sí lo hacen... pero si nos ponemos a mirar a un nivel general, nos damos cuenta de que son los menos y, de esos pocos que conocemos, podemos decir que al menos la mitad lo han hecho bajo circunstancias muy, muy específicas o bien ante un suceso que les ha cambiado la vida de tal manera, algo tan profundo y radical, que se han visto forzados a hacerlo.

Volviendo a lo mencionado arriba, es cuando notamos que ese universo a nuestro alrededor muta que percibimos el empuje del tiempo. Esta percepción tiende a aumentar cuando nosotros, por el motivo que sea, no vemos que estemos haciendo nada especialmente productivo con nuestras vidas. Cuando, hagamos lo que hagamos, tenemos esa sensación de estatismo o de empantanamiento que he mencionado en algún post anterior.
Movimiento relativo: es al tomar una posición estática cuando el movimiento de los otros se hace patente. Y con el movimiento, el tiempo; todo parece acelerarse, evolucionar a un ritmo endiablado. Intentas pillar las notas básicas de la canción y, cuando te quieres dar cuenta, ya ha pasado el estribillo y la cosa se encamina hacia la apoteósica coda.

"Pero... ¿No van a tocar el Smoke on the Water?"
"¡Esto es un concierto de Nightwish, tía desfasada!"


A tu alrededor, los niños crecen, los amigos se casan, los familiares mueren. Y tú tienes exactamente la misma vida que tenías hace cinco, seis, siete, ocho años.
Nada cambia y sin embargo cambia todo.
Llegados a este punto, la mente tiende a derivar en lo que la psicología llama "Indefensión aprendida". En cristiano, "quedarse observando ya que, hagas lo que hagas, la cosa siempre sale igual, así que ni puta idea de lo que hacer". Es la actitud que suele tomar un animal de laboratorio sometido a experimentos de condicionamiento aleatorios, en los que un estímulo desagradable se le proporciona haga lo que haga. Por definición, el animal toma esa actitud: quedarse en un rincón a esperar a que le vengan más hostias porque, al fin y al cabo, se ponga como se ponga, sabe que no hay nada en esta vida que pueda hacer para evitarlo. Así que se ahorra el esfuerzo, el desgaste de energías y alimentarse de falsas esperanzas. Que venga lo que tenga que venir.

Esto, lejos de ser tan trágico, es algo similar. Desde hace ya varios años sostengo que la vida se parece mucho a una gigantesca caja de Skinner (sí, el fulano aquel que hacía putadas a las palomas dentro de una caja), donde nuestros hábitos en parte vienen condicionados por lo que nos vamos encontrando en nuestra vida. Tenemos una conducta, que puede ser paliada o desarrollada dependiendo de los estímulos que nos rodeen... Pero dudo enormemente que esto se quede en algo tan simple. A veces, dos humanos son sometidos a los mismos estímulos y sus respuestas funcionan de modo diferente: están los que sacan los colmillos y clavan las garras en tierra antes de llevarse la hostia; otros no la ven venir y se quedan con cara de carnero degollado cuando se la han llevado. Dicho de otra manera, somos un poco lo que somos en base a la clase de experiencias que hemos ido encontrándonos por la vida, pero también tenemos algo dentro. Algo que nos llena las tripas de fuego o bien hace que nos corra cemento por las venas. Llamadlo como queráis, pero no creo que sea algo tan fácilmente cuantificable como muchos sostienen.

El mundo como una caja que nos sopla estímulos y nosotros como una paloma dentro de ella, capeando el asunto...


Cuando tus experiencias en la vida llegan al punto más bajo, es decir, que cada día es exactamente igual que el anterior, es cuando surge la gran pregunta: ¿En qué clase de personas nos convierte eso entonces? ¿Es una vida monótona y sin cambios la base de una personalidad paciente? ¿O por el contrario es el primer paso para que tu estabilidad mental y personal se vaya a hacer puñetas? Ver el mundo cambiar desde la barrera, sintiendo que tus posibilidades de participar (por el motivo que sean) ascienden a escasas, ¿es algo sano? ¿Hasta qué punto es positivo ver cómo cada día el tiempo se escapa de entre tus dedos y no sabes qué hacer para evitarlo?

Se suele decir que el futuro pertenece a aquellos que saben adaptarse a su entorno para sobrevivir. Los humanos (y no me salgo del punto de vista filosófico, la ciencia tira por otros derroteros) somos muy de intentarlo. Intentamos superar las cosas, simplemente porque se supone que debemos hacerlo. Nos han enseñado a que lo malo se debe vencer saliendo adelante y ya está. Que las heridas se cierran y todo eso... pero algunos pensamos que en realidad esto no es del todo así: nuestras heridas raramente se cierran; todo lo más, aprendemos a vivir con ellas, y nos podemos dar con un canto en los dientes. Nos hacen la puñeta y oye, si nos la hacen bien jodida, nos acordamos al día siguiente y, si hace falta, años después. Y no es que nos duela menos o que nos haya dejado de doler ni leches: es que nos hemos acostumbrado a eso. Pero si cambiásemos tanto como creemos (o como nos gustaría creer), no nos dolería si nos lo volviesen a hacer.
Sabemos que no es así. Lo que nos duele de verdad, nos duele nos lo hagan una o cuarenta veces. Quizás algo menos por eso de la experiencia, pero la cosa está lejos de ser un cachondeo.

Por algún motivo, tendemos a pensar que los malos acontecimientos son como las cicatrices físicas, que dejan de sangrar en el momento en que nuestras plaquetas empiezan a funcionar. El plano emocional no funciona de esa manera y el concepto de "herida" es algo mucho más permanente que una herida.
Las cicatrices, a diferencia de las físicas, siguen doliendo, solo que no están a la vista.


A veces incluso que haya cosas que sean indoloras tampoco supone una mejora en sí: ver cómo te da la impresión de que, debido a ciertas circunstancias personales, te has perdido muchas cosas en tu vida y (lo que es más fuerte) te las sigues perdiendo no es algo necesariamente doloroso. No del mismo modo que lo pueden ser otras cosas... podemos llamarlo frustrante, desesperante o incluso aburrido. Pero doloroso no es un término que yo usaría, al menos.

Y es que el mundo, en muchos aspectos se parece bastante a una fiesta: unos bailan bajo las luces y se divierten en ella, sacando todo el partido posible, bien porque han tomado las decisiones correctas, porque han sabido aprovechar las ocasiones conforme les han venido, porque no han tenido miedo o porque han tenido ese punto de instintiva imprudencia que conlleva que la suerte sonría a los audaces. Otros, en cambio, no hemos sido tan sabios ni tan audaces; bien por exceso de celo o de prudencia, o simple y llanamente a causa de nuestras dudas y miedos ("traidores", como los llamaba el Bardo) hemos acabado sentados en las gradas del baile, o bien cerca de la mesa con la comida. Intentando hacer como que nos divertimos pero, en el fondo, lo único que estamos haciendo con nuestras vidas es observar y esperar a que alguien nos saque a bailar... Pero, en realidad, muy en el fondo, somos conscientes de que nadie va a hacerlo. Porque nuestro tiempo de hacer las cosas que se suponía que teníamos que hacer ya pasó. Porque cuando lo hicimos, tomamos las decisiones incorrectas. Porque elegimos caminos que en su momento nos parecieron adecuados pero que ahora vemos como otra línea más en nuestra lista de errores. Porque los Hados no nos han sonreído. Porque hemos sido unos cobardes y nos hemos dejado arrastrar por nuestros demonios privados. Porque, de todas las voces que teníamos en nuestra cabeza, no escuchamos a la que decía "¡Vamos!", sino que nos quedamos con la que decía "Mejor no".

"Hoy no".


Algunos, gracias a ese rechazo a formar parte del carrusel, nos hemos bajado de él y hemos perdido el ritmo. Ahora formamos parte de la periferia de la vida, observando a los demás desde las sombras, girando cada vez con mayor velocidad. La música suena cada vez más deprisa. Todo es más confuso. A oscuras, donde nadie te ve, es más fácil sentirse como un solitario. Sentir (o darte cuenta) de que, en el fondo, no perteneces a ninguna parte. Si alguna vez tuviste la oportunidad de hacerlo, asúmelo: la perdiste hace tiempo. Ahora todo va de aquí para allá, con el mundo creciendo, cambiando a tu alrededor.
Todo salvo tú.
Y lo que es peor. Lo que es mucho, mucho peor: por más que te esfuerces, por más intentos que hagas. No importa que luches o, como el animal de laboratorio, te quedes apostado en un rincón.
Sigues sin entender una mierda.