sábado, 17 de noviembre de 2012

Spanish Bizarro- Crónicas de un profesor particular que está hasta los cojones



Este post bien podría formar parte de la sección que los fans distópicos conocéis como Escupiendo Rabia. Sin embargo, dado el carácter absurdo y rocambolesco de lo que voy a contar por aquí, casi trae más cuenta ubicarlo bajo la sección Spanish Bizarro.

Como muchos de vosotros ya sabéis, ocupo la mayor parte de mi tiempo en el fantástico mundo de las clases particulares, concretamente, de inglés. Llevo en esta situación (a falta de que algún alma cándida me contrate, claro) siete años hasta la fecha y tengo que decir que la experiencia, en general, es bastante buena: me gusta esto de la enseñanza, y tener estudiantes que empiezan prácticamente desde cero y verlos evolucionar hasta tener un dominio más que decente del idioma es una auténtica pasada, para el que no lo sepa.
También he tenido alumnos que ya contaban con un nivel más o menos decentes, a los que he preparado por mi cuenta para que puedan avanzar un poco más del clásico "presente simple-presente continuo-números-colores" al que les tienen acostumbrados en muchos centros educativos.

La relación que he tenido con los padres de mis estudiantes también ha sido bastante buena. Salvando alguna excepción, siempre ha habido buena comunicación entre ellos y yo, lo que ha llevado a un trabajo conjunto más o menos disciplinado en el que cada uno ha cumplido su parte y que ha llegado, la inmensa mayoría de las veces, a buen puerto. O sea, que el chaval o chavala apruebe y que, de paso, aprenda algo útil y sin aburrirse.

Esto, como digo, la mayoría de las ocasiones.
Sin embargo, hay gente que no funciona así y voluntariamente o no (uno nunca termina de estar seguro) te toca los cojones.
Este post está dedicado a la última familia (y casi la única en siete putos años currando) que ha encajado en ese perfil.

Retrocedamos nuestros relojes a unos meses atrás. Principios de mayo, está terminando la semana santa y una noche estoy en el piso de mi hermana, retrepado en un sillón y hablando con ella y mi cuñado de cualquier frikada. Lo que viene siendo lo normal, vaya.
A esto que me suena el teléfono.
Lo cojo y resulta ser una señora que viene por parte de una de las mejores familias para las que he tenido el gusto de trabajar. Esta familia a la que me refiero ha contado con mis servicios durante cinco años ininterrumpidos, y aparte, me ha recomendado (sin exagerar) a más de media docena de alumnos. Lo que podemos llamar gente apañada.

Total, que esta buena mujer me dice que tiene un hijo en segundo de bachiller (amigo de mi alumno, para más señas) que tiene que aprobar en junio, que tiene la selectividad por delante.
Miro la fecha, como el que no quiere la cosa.
Falta algo así como un mes para que se examine.


Mi cara al teléfono fue como la de esta señora.


Por honestidad profesional, no suelo coger alumnos a unas alturas del curso tan avanzadas. Considerando que, por agenda, no puedo dar mucho más de un par de horas por semana, el cálculo es sencillo: de ahí a junio, ese estudiante no daría más de ocho clases hasta que se examine, y eso con mucha suerte. Se lo digo a la madre, pero insiste. Añade además que es consciente de que eso no hay Dios que lo apruebe, pero que quiere hacer todo lo posible para que cuando la cague, no poder decir que no lo ha intentado, al menos.
Visto lo visto, accedo. Más que nada, por venir por parte de la gente por la que han venido. Mi sentido de la responsabilidad me hace pensar que se lo debo a la familia de mis alumnos y lo menos que puedo hacer es aceptar el desafío, con tal de no dejarlos mal.

Así que empiezo a darle clase al chaval (conocido desde entonces como Niñomilagro, por eso de pensar que un profesor particular es una especie de Santo cuya mano cura las posibilidades de suspenso) y, si me habían dicho que hasta hacía muy poco, había tenido una profesora particular, el nivel que tiene me hace pensar un par de cosas: una, que la profesora no se lo había currado demasiado; dos, que por buena que fuese la profesora, con Niñomilagro sus enseñanzas habían caído en saco roto y, tres (mi favorita), que dicha profesora igual ni existía.
Sin problemas, uno es un puto profesional: se arremanga y empieza a darle clase al muchacho aun siendo consciente de que le tendría que comer el potorro a Santa Rita para aprobar en Junio.

En ese tiempo, conozco al resto de la familia: ya he hablado de la madre (me referiré a ella como Madremilagro a partir de ahora); está el padre, que tiene la costumbre de mirarme como si analizase la veracidad de cada una de mis palabras (al que llamaré Papáscanner) y luego un hermano algo más pequeño, que más adelante se convertiría en Niñomilagro II.
Mi contacto con la familia es, como poco, curioso: Madremilagro, pese a ser totalmente consciente de que eso no hay Dios que lo lleve a buen puerto (básicamente porque no hay tiempo suficiente), tiene una especie de mantra que recita casi cada vez que hablo con ella: "Tiene que aprobar, ¡tiene que aprobar!"
Gracias por no presionarme.



"Puedo hacerlo. Soy de la sangre del dragón. Mi cuerpo es un templo. El miedo mata la mente. Fuerte soy por la Fuerza".


Papascanner es harina de otro costal; en conversaciones combinadas no suele hablar, limitándose más bien a analizar la veracidad de lo que digo. Sin embargo, a solas, tiende a preguntar mi valoración del nivel del chaval con frases tan crípticas como "¿En qué nivel consideras que está el niño?"
En momentos como este, echo de menos mis partidas de rol semanal. Lo mismo así podría decirle "Caballero, su hijo es un aprendiz de nivel 1, con un +2 a hacerse la picha un lío con según que frases".
Más alucinante es aún, cuando le digo que al chaval le falta todavía trabajo de base (es decir, estudiar como un cabrón, aparte de las clases que le doy) y me pregunta por "mi método".

- Tal vez lo que tienes que hacer- me dice un día- es dejarle unos esquemas de la teoría.
No respondo directamente a la pregunta. Le digo al muchacho que vaya a su cuarto y que traiga los apuntes que le he hecho. Al enseñarle los folios,en los que he hecho PRECISAMENTE lo que me ha dicho (básicamente mi procedimiento con la teoría es ese), se queda callado. No es que con ello esté reconociendo que estoy haciendo lo correcto, pero se mantiene en un estoico silencio.

Otro día, surge cuando me estoy sentando en clase y me dice:

- Le pones tarea al chico.
- Es lo que hago siempre- respondo yo, sin estar muy seguro de si es una pregunta o una orden.
- Bien.
Con esta palabra, desaparece.

Así, pero de un modo menos luminoso.


Llegamos a Junio. A "petición" de Papascanner, no solo le he metido al chaval el nivel de segundo de bachiller. En la clase semanal que tenemos (amén un montón de sábados y domingos que me ha tocado impartir), me he visto forzado a meterle la mitad del inglés que se supone que debería conocer desde el principio de la secundaria y que, bien lo había olvidado, bien nunca llegó a controlar del todo.
Papascanner me lo había dicho ("Supongo que harás un chequeo del nivel general de la materia"); yo, viendo que ese nivel era básicamente como el mío en matemáticas (jamás me pidáis que os haga una cuenta), no tuve más huevos que hacerlo.
Todo esto en un mes.
Y no, no fue ninguna proeza: para entendernos, esto fue como pegar un jarrón con cola y, antes de que ésta se secase, ponerte el susodicho jarrón bajo el brazo y echar a correr una maratón.
Si el puto jarrón no se te hace papilla en el sobaco sí es una proeza. Todo lo demás es lo esperable.

En mi caso, sucedió lo esperable: Niñomilagro hocicó en Junio, lo que implicó que (contra todo pronóstico) me volviesen a llamar para darle clase en Septiembre. Yo le había dicho que si no veía resultados en mis clases, no me parecía honesto por mi parte esperar que me volviese a llamar.
Pese a todo, lo hizo.

Cuando lo hizo, Madremilagro me llamó con un interesantísimo mensaje de paz y amor para todos los hombres de buena voluntad:

- Tienes que cobrarme lo mismo que le cobras a la familia que nos recomendó.
3 pavos de diferencia, nada menos.
Mi respuesta fue bastante clara: esa familia de la que hablaba eran de mis primeros alumnos, a los que les respeté el precio durante años. Joder, en cinco cursos que dí con ellos me localizaron a unos siete alumnos. Solo les subí el precio una vez en todo ese tiempo, y porque ya veía que el autobús estaba subiendo demasiado.
A Familiamilagro los conocía desde hacía apenas un mes.

En siete años que llevo dando clases jamás he hecho rebaja alguna de precio a nadie, lo cual no ha supuesto jamás discusión con nadie: la gente pregunta mi tarifa, les digo lo que llevo y ellos se apañan con lo que hay; si he tenido que hacer alguna subida de precio, ha sido siempre a un año o dos, mínimo, desde que empecé a dar clases con ellos. Tampoco ha habido quejas.
Accedo a rebajar un euro a mi tarifa con esta familia, porque "la cosa está muy mala". Yo no tengo clases ese verano, así que es mejor eso a no tener ningún tipo de ingresos. Además, voy a dar más de una hora a la semana. Esa rebaja parece (relativamente) razonable, si se tiene en cuenta que mi precio YA estaba rebajado desde el principio.
Llamadlo negociación.

"No discutas. No es profesional"
Claro, León. Tú llevas pistolas y armas hasta en el ojo del culo. Así cualquiera te tose.


Vuelta a empezar: esta vez, mis clases pasaron a por la mañana, durante un par de mesecitos. El chico, pese a tener el nivel que tenía se esforzaba, y hacía todas las tareas que le encargaba. Me dijo que iba a muerte y que quería aprobar.
Madremilagro volvía con su mantra. Lo mismo pensaba que a fuerza de repetirlo la cosa saldría. También me comenta que el chaval que le da matemáticas a Niñomilagro lleva tres euros menos que yo (casualidades de la vida, oiga).
Yo no cedo. Con la rebaja ya les he hecho dos favores, en menos de seis meses de clase (recordad lo de coger un alumno a finales de curso).

Tras todo un verano currando varias mañanas por semana, el chico se examina de selectividad en septiembre. Aprueba, aunque yo no me entero de la nota hasta prácticamente mediados-finales de septiembre. Esta información me llega cuando Madremilagro me llama para que le dé clase al hermano (a éste lo había visto en alguna ocasión: era una especie de muchachote callado que entraba en casa, pasaba por delante de sus padres y de mí y que parecía tener algunos problemas para decir un puto "Hola").
Yo tengo un día libre en mi horario, así que le digo lo que tengo. La madre accede y me planto en Casamilagro una vez más.
Me pregunta si le voy a cobrar lo mismo que le cobré durante el verano.
Ya es que ni me molesto en discutir. Ya tengo bastante con la voz que me susurra que me estoy prostituyendo de mala manera.
El arte de bajarse los putos pantalones, con tal de que no te calienten el melón más de la cuenta.

Empiezo con Niñomilagro II. Otro segundo de bachiller con una selectividad a la vuelta de la esquina.
Fuck yeah.
Este es más o menos como me lo esperaba: igual de silencioso que como se había mostrado y con una curiosa tendencia a mirar hacia el frente cuando le preguntaba algo. Algo así como un soldado en posición de firmes, solo que sentado, y hablando tan bajito que hace las delicias de mi ya dañado nervio acústico.
Este parece tener alguna idea de teoría básica, a diferencia de su hermano mayor. También es algo más creativo, a juzgar por los bocadillos obscenos que pone en las fotos de su libro de inglés (citas tan cargadas de sentimiento y lirismo como "Doctor doctor, mi novio es eyaculador precoz", "¿Me follo al de la polla gorda o al del culo afeitado?" o "Que grande la tenía el negro" han logrado cautivar mi alma de poeta). Sin embargo, no termino de ver del todo claro que lleve bien eso de estudiar. El siguiente ejemplo podría ilustrarlo:

Martes:

Yo: "Vale, pues te dejo tarea: para la próxima clase [sábado, clase extra para preparar un examen] ve organizándote el vocabulario de la unidad 1, que es la parte de codos y que tienes que prepararte por tu cuenta"
Niñomilagro II: "Vale"

Sábado:

Yo: "¿Qué, cómo ha ido ese estudio?"
NMII: "¿Ah?"
No hay más preguntas, señoría.



Llegamos a las últimas semanas. Un día después de haberle dado clases, Niñomilagro II se pone en contacto conmigo para preguntarme si puedo darle clase algún día antes del próximo viernes. Le respondo que imposible, que estoy a tope con las clases y que no puedo hacerle hueco. En nuestra última clase habíamos hablado de vernos el sábado, pero me dice "Bueno, pues ya nos vemos el Martes".

- Vale- le digo yo, pensando que ha cambiado de opinión.

Media hora después o así, me llama Madremilagro. Me dice que no, que la clase del sábado sigue en pie. Pues nada, sin problemas. La doy y ya está.
El sábado doy clase al muchacho, y viendo cómo está, él mismo me pide que le dé clase el domingo también.
Tampoco me opongo. Trabajo es trabajo, y al chico le viene bien tener el mayor número de horas posibles de clase.

Llegamos al martes pasado, día previo a la huelga general que mencioné en mi último Escupiendo Rabia. En la última clase no se habló directamente de ello, pero dije lo que digo siempre: "Bueno, ya vamos hablando", lo que quiere decir (en otras ocasiones lo he mencionado explícitamente) "Nos vemos en la próxima clase, y si le pasa algo a alguno de ambos, llama al otro".
Cuando tienes una clase estipulada con alguien, esto no es difícil de sobreentender.

Llego el martes por la tarde a clase. Toco el portero. La madre me responde, sorprendida por mi presencia.

- ¿No te ha dicho nada mi hijo?- dice.
- No- respondo yo.
"¿Debería?", pienso.
- Es que como mañana hay huelga, ha salido por ahí con la bici.

Imaginad mi cara.
Solo imaginadla.

Algo en este plan.


- Bueno, sube y te pago- me dice.
"Qué menos", me digo.
Madremilagro me paga la clase y, no llevo ni cinco minutos en mi camino de vuelta a casa, cuando me llama otra vez y me recita su letanía de que "la cosa está muy mala" y que esa clase "hay que recuperarla". Yo digo que viendo el nivel del niño, le viene bien, la verdad. Me informa de que ha aprobado con un cinco y medio y yo me digo a mí mismo que, con la idea que tenía, demasiada nota le han puesto.
Total, que hemos quedado para el sábado, aunque cuando cuelgo tengo la cierta impresión de que la señora piensa que con lo que me ha pagado ya ha cubierto la siguiente clase.
Yo empiezo a pensar que si me ha tomado por gilipollas, ha elegido al gilipollas equivocado.
Sin embargo, no me apetece discutir. Hasta los mismísimos cojones que estoy ya de tener que andar negociando con esta familia hasta la última puta cosa, y si eso ya se lo comento el sábado cuando acabemos la clase. Si me paga la clase que he impartido, bien; si no, pues ya me tocará pensarme si seguir dándole clase o no.

El jueves por la tarde me llama la señora, comentándome que yo "no había quedado en nada con Niñomilagro II" y que como dije "ya hablamos", él no se podía imaginar que yo iba a pasarme por su casa el martes. Que por eso no me había llamado.
Ante eso me quedo un poco flipando, ya que para mí el horario es sagrado y,a menos que una de ambas partes se ponga enferma o le pase algo, esa clase se da. Y si la clase no se da por el motivo que sea, una parte tiene la responsabilidad de avisar a otra.
Madremilagro no termina de verlo del todo claro, lo que se traduce con este curioso axioma:

"Mi hijo se larga, no te avisa de que no hay clase, pero en esencia la culpa de que hayas ido el martes es tuya".


"¡EXTERMINAR! ¡EXTERMINAR! ¡EXTERMINARRRRR!"


Pues claro. Qué ocurrencia tan idiota la mía, pensar que un martes previo a una huelga había clase. Mira que soy subnormal por eso de contar con que la clase se iba a dar. Soy tan gilipollas que no se me ocurrió ir detrás del chico para ver si le salía de las pelotas estar en su puta casa un día que teníamos estipulado.

Pues nada, que me dejo de ir por la casa el sábado (por cierto que me han cambiado el horario de las 11 a las 12 sin demasiadas explicaciones. Menos mal que no había planeado nada para después de la clase). Inundaciones en mi ciudad, y de las chungas: para que os hagáis una idea (si no habéis visto ya las fotos que circulan por medio Internet) el Corte Inglés casi con medio metro de agua, y yo sin acojonarme. Mi  intención de plantarme en casa de esta familia es firme. Mi viejo, al ver lo suicida de mi iniciativa (preguntad por ahí y comprobad bajo qué circunstancias falto yo a mis clases... y preguntad a cuántas clases he faltado a lo largo de siete años) se ofrece a llevarme en coche.
Estoy en la casa a las putas doce en punto, como un campeón.
Estaré currando sin contrato, pero a profesional no me gana ni Dios.

Doy mi clase, con la expectativa de que por Dios nadie me comente la historia del martes anterior, porque me puedo cabrear (los que me habéis tratado en persona estos días habéis podido comprobar lo encabronado que me ha tenido el asunto). Ya no porque el alumno me dejase tirado... no es la primera vez que ha faltado algún alumno sin avisar y no me he molestado siquiera, ¿por qué? Porque cuando eso ha pasado, la familia de ese alumno en cuestión se ha muerto de la vergüenza y se ha deshecho en disculpas por haberme hecho perder el tiempo, ofreciéndose a pagarme la clase que no he dado, más que nada por las molestias. Esto, desde luego, saliendo de ellos, sin que yo haya tenido que decirles nada ni pedirles explicaciones ni nada por el estilo.

Por suerte, nadie me dice ni mu al respecto. Doy mi clase, sin más problemas añadidos que los de conseguir que mi alumno se entere de lo que le estoy explicando... y dejándole claro que si quiere que le enseñe lengua española, además de inglés, no puede pedirme que lo haga a tres días del examen y sin haberme preparado yo la gramática que dan en bachillerato (hace siglos que no la doy y no es moco de pavo, si hay que explicarla para aprobar un examen).
Al final de la clase, Madremilagro está hablando por teléfono, de modo que es Papascanner el que me atiende. Le cuento cómo ha ido el asunto, y él me pregunta cuánto me debe.
Son un par de décimas de segundo en que pienso que la madre ha cambiado de opinión. Luego paso de pensármelo y le cojo el dinero. Demasiadas historias, demasiadas discusiones me he tragado ya, por una tarifa que ya estaba rebajada. Currando contrarreloj, sacrificando fines de semana (la noche anterior a esta clase, por ejemplo, tuve que volverme de una cena a la hora de los niños de la ESO porque quería estar fresco para dar mi clase) y comiéndome marrones como el de la huelga para que al final parezca que la culpa de esos marrones es mía.
A la mierda con todo. Cojo el dinero y me voy a mi puta casa.

Cosa de una hora después, ya llegando a casa (no os imagináis lo que le ha costado al autobús atravesar el centro), mi teléfono berrea.
Madremilagro llamándome.
Me pongo a pensar en la cantidad de llamadas a las tantas (cuando me llamó Niñomilagro II, por ejemplo, yo había ignorado deliberadamente una serie de llamadas que había hecho la noche anterior a las once de la noche). En eso de que me llame uno, me diga que vamos a hacer tal cosa y que al rato me llame la madre para hacerme algún cambio.
Me pongo a pensar en la de veces que me han sugerido que rebaje mi precio a la tarifa que lleva el chaval que da matemáticas al chico, como si yo tuviese que organizar mi sueldo en base a lo que lleva un tío al que ni conozco.

En resumen, que durante un par de horas, no quiero historias.


Que no. Que paso.
Que me dejen, coño.


A la hora de comer, (puntería que tiene la señora), el teléfono vuelve a berrear. Han sido ya tres llamadas perdidas y considero que ha llegado el momento de dejar las cosas claras.
La señora me llama pidiendo explicaciones acerca de haber cobrado la hora de hoy (que, viendo lo que ha costado, me he ganado con un par de cojones), que "no habíamos quedado en eso". A esto le pregunto que si entonces el numerito del martes ha salido gratis, porque mi tiempo también vale (creo que ella ni había pensado en eso). Ante esto la señora me suelta que eso se lo tenía que haber comentado yo, porque -agarraos- eso "se lo tenía que haber dicho de entrada", porque ella había entendido que cuando ella me dijo que había que recuperar la clase, se refería a recuperarla ECONÓMICAMENTE.
Yo había dicho que al chaval le venía bien dar la clase esa semana.
Sin embargo, me doy cuenta de que ese argumento no tiene ningún sentido decírselo: me suelta que le he cobrado el doble, por la primera clase que no di y por una segunda que -atentos-NO necesitaba.

Aquí es cuando yo empiezo ya a cambiar de color: el chaval más pajizo que siete. Me trago el jueves la puya telefónica de que se tuvo que preparar solito un examen porque no tengo más días libres (dando a entender que a ver si le cambiaba el día... moviendo a más de un alumno que ya tengo colocado, con clases en la ota punta de la ciudad). Doy la puta clase y le meto el tema del Reported Speech (que acaba de dar), amén de un par de fórmulas de cortesía que le han metido en clase aparte, de las que se usan para sugerir cosas.
Y el chaval NO necesitaba la clase.

"¡Estáis despertando al puto dragón!"


Ante esto mi postura es clara: ya me han terminado de tocar los cojones, porque la insinuación de que no me he ganado el dinero que he traído a casa ya toca mi lado más proletario y me entran ganas de meterle a toda la familia una hoz y un martillo por el culo. Si ya tenía ganas de mandarlos a la mierda, estas ahora aparecen en mi cabeza con un rótulo luminoso que hacen que las putas Vegas parezcan un monasterio de clausura.

- Hasta luego- me dice la mujer al despedirse, tras haberme inflamado las pelotas, haber sacado mi instinto más asesino y haberme puesto de peor leche que desde que vi la versión de Tim Burton de Alicia en el País de las Maravillas. Ha habido gente que, por mucho menos, ha temido pronunciar mi nombre en voz alta-. Nos vemos el martes.
- Hasta luego- respondo yo, aunque no digo nada del martes, porque no he dado mi última palabra.

Y si digo que he colgado de mala leche, me quedo corto.
Pero corto, corto.
Corto de cojones.


Llega un momento en que, cuando te das cuenta de que hay gente que no hace más que pedirte favores y echar balones fuera cuando ellos meten la pata, la cortesía y el hacer las cosas de un modo correcto se convierten en "A la mierda con todo".
Ante cosas como esta, y habiendo mencionado a lo largo de esta última conversación que si no están satisfechos conmigo, no hay obligación de que sigan llamándome para que trabaje con ellos, la dimisión formal la va a hacer quien yo me sé. Porque ya estoy harto ya de chorradas. Estoy harto de tener que estar recibiendo llamadas constantes para calentarme la cabeza con historias que no me competen, teniendo que ponerme en la situación de hacer favores que no le he concedido a gente de más confianza. Harto ya de tener que justificar todas y cada una de mis actuaciones, cuando aquí nadie más lo hace.
Como los novios cabrones, lo que se van a encontrar va a ser un sms.
Sin explicaciones, a última hora y sin cogerles el teléfono después.

Porque uno puede pecar de gilipollas.
Pero cuando le tocan la moral, puede ser diez veces más hijoputa que cualquier bicho viviente que ha parido madre.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Escupiendo Rabia- Regreso a la época de las cavernas



Sé que por el contenido que estoy redactando este post más de uno se va a cagar en mis muertos. Otros, se dedicarán alegremente a ignorarme como persona y puede que solo una inmensa minoría haga un ejercicio de saber estar y haga una crítica constructiva acerca de lo que voy a decir.
Llega un momento en que a todo se acostumbra uno.

Y es que tengo que decirlo:
Veo el comportamiento de este puto país y me causa tal vergüenza ajena que, si fuera un equipo informático, ya estaría buscando los drivers para coger y formatear a toda la sociedad de salvajes que tenemos.
En serio, me tenéis ya más que harto.
No.
Creo que harto no es la palabra.
Me tenéis hasta los mismísimos cojones.

Con esto, quiero que quede claro que este post no se posiciona ni a favor ni en contra de la huelga general que tuvimos ayer. Si estáis esperando que sea uno de vuestros amiguitos y que me dedique a liarla en contra de aquellos que no piensan como vosotros, os habéis equivocado de sitio. Ya dije en su día que aquí no se hacen mamadas y que no se dora la píldora a tal o cual colectivo para que queden como unos señores de actitud inmaculada que ni la cagan ni se mean fuera del tiesto.

A diferencia del cavernícola medio que gruñe y jalea por lo largo y ancho de toda nuestra geografía, yo he tenido el detalle de coger y ponerme en el pellejo de ambas posturas (luego diréis que voy de superior por la vida, pero joder, es que el maniqueísmo de esta sociedad de hipócritas clama ya al cielo), tanto a favor como en contra de la huelga.

Y sí: a mí que se haga huelga me parece bien, porque es un derecho que tenemos como ciudadanos, recogido en nuestra Carta Magna (lo digo y lo diré siempre, la MÁXIMA expresión de ordenamiento normativo que tenemos en este país: si a usted le gusta, fenómeno; si no, caballero o señorita, hay otros fantásticos países en este mundo que tienen leyes que igual cuadran más con su ideología... o si no, le invito a visitar países que ni siquiera tienen una Constitución en la que sus ciudadanos tengan la posibilidad de ampararse. Antes de llorar, vea como está el mundo y descubra que igual su país no es tan tan estercolero como piensa). Un derecho que, salvando los supuestos que contempla nuestra Constitución es de todos los españoles y que el gobierno no está autorizado a quitarnos así como así.

Estoy a favor porque es una forma SIMBÓLICA de protestar contra un sistema que nos viene impuesto desde arriba. No le echemos (toda) la culpa al Barbas y a su séquito, que son unos putos mandaos. Aquí la que gobierna es la Puta Gorda de los Cojones y Marianete simplemente es el lacayo que le chupa el culo.
Como casi cualquier español, no me siento representado por mi gobierno y creo que las medidas que nos vienen impuestas (no sugeridas, ni recomendadas, caballeros: impuestas POR COJONES) son draconianas y orientadas hacia el hundimiento de nuestra economía (y la de medio Mediterráneo, ya puestos) para que se salven cuatro listos.
Estoy en contra del puteo al que nos somete la banca día sí y día también, ordenando a los gobiernos que hagan tal o cual cosa en sus administraciones, y estoy hasta los huevos ya de que aquí no haya nadie que le eche un par de pelotas y le diga a los poderes fácticos que hasta aquí hemos llegado.

Es que es para estar cabreado, joder.


Pero, ¿qué pasa?
Que también me pongo en la otra postura, a diferencia de vosotros, cavernícolas.
También me pongo en el pellejo de ese currante que no está para permitirse perder un día de sueldo porque no tiene cojones de llegar a fin de mes. Para vosotros igual es un cobarde y un traidor que se prostituye ante el poder. Esa es la postura fácil de revolucionario chupiguai que tan de moda está y que tanto me inflama los cojones. Porque generalmente la gente que putea a esos que curran en huelga es gente que se puede permitir perder ese día de sueldo. Gente que considera que si puede hacer ese sacrificio, todo bicho viviente tiene que sacrificarse también. Caiga quien caiga, que se joda quien se joda, pero el caso es que hagan lo que yo, que molo que te cagas.
Me pongo también en el caso de esa criatura que está recién contratada, con muchísimas posibilidades de irse a la puta calle a la más mínima. Si alguna de esas personas que putean a este grupo está currando, se dará cuenta de que no está la cosa como para quedarte en el paro. Si esos escupidores de bilis están en el paro, me parece que ellos deberían ser los primeros en darse cuenta de que no es nada fácil acceder al mercado laboral.
"Es un riesgo que hay que correr".
Esa.
Esa es la postura del tío que solo ve SU sacrificio y no el de los demás. El del que se cree que si él puede (por suerte o por lo que sea), ABSOLUTAMENTE TODOS LOS DEMÁS deben seguir SU credo.

Es esto lo que me da asco de la sociedad de este país, amigos Distópicos: esa puta tendencia que tenemos a ir en modo tribu de las cavernas a todos lados. Esa pasmosa habilidad que tenemos para cagarnos en los muertos del vecino porque no hace lo que nosotros. Ese maniqueísmo galopante y bipolar que nos lleva a pasarnos todo el puto día a la gresca unos contra otros... mientras los de arriba se pasan toda esta movida de huelgas y de historias por el forro de los huevos. ¿O es que acaso habéis visto que la Puta Gorda de los Cojones se haya acojonado porque haya manifestaciones en media Europa?
A ver si vamos espabilando, porque le ha sudado el coño de tal manera que el consumo de toallas se ha disparado.

No. Esto NO es lluvia.


Pero a nosotros nos da igual: si eres un sindicalista eres guai. Eres un guerrero que da su sangre por el trabajador, aun a costa de dedicarte a hacer como hacen muchos, que es reventarle el negocio a otros trabajadores. Amenazando. Insultando (vuelvo a recordar el caso de aquel diputado por Málaga que acabó en los tribunales por haber llamado "fascista" a un autónomo que estaba currando en una huelga para salir adelante y que no se sentía representado por los sindicatos). En plan camorra siciliana, montando cipotes en centros comerciales, porque son unos hijos de puta que nos explotan (aunque nos den trabajo, da igual, son unos cabrones). Hacer como hicieron en mi academia de oposiciones hace dos huelgas generales, que fue dedicarse a joderle la mañana a gente que estaba estudiando para intentar buscarse un futuro. Todos, absolutamente todos esos son unos cabrones fascistas de mierda, según estos salvajes y la medida es violenta. Amenazadora.
Camorrista.

Con esto no digo que TODOS los piquetes de huelga sean así, ni mucho menos. Lo que estoy diciendo es que nos quitemos la venda de los ojos y dejemos de idealizar a unos señores que, nos pongamos como nos pongamos, están cometiendo acciones delictivas (amenazas, vandalismo) y que están saliendo totalmente impunes "porque es huelga".
Que nos dejemos ya idioteces, del tipo "El fin justifica los medios" y "Yo es que tengo derecho a".
La primera actitud es la del salvaje, la del que no tiene nada sólido con el que defender sus ideas (respetables, nadie dice que no) e, incapaz de argumentar, la forma para hacerse notar. Y si encima tiene a un puñado de gachones jaleándole y diciéndole que es un luchador por los derechos del trabajador, aquí ya vienen las pajas de litro. Los orgasmos proletarios.

El segundo argumento, a colación de esto último, es la hipocresía padre: la ceguera crónica de este país da puta risa, porque se nos llena la boca hablando de los derechos del currante, pero solo del currante que concuerda con nuestro pensamiento: si uno es un autónomo y lo que gana viene de lo que curra día a día, nos suda el nardo y nos dedicamos a joderle en una huelga. Porque ese autónomo no es currela. No tiene derecho a trabajar (que también está recogido en la Constitución, oiga), pero nosotros sí tenemos derecho a impedirle que esté en su puesto de trabajo. Tenemos derecho a amenazarle, e insultarle.
Insisto: existe el derecho a huelga, que parece ser, según algunos, que se impone sobre el derecho al trabajo.
Que cojones, para muchos la huelga no es un derecho: es una puta obligación para todo españolito de a pie. Y el que no la acate,que se vaya preparando.

Pero voy todavía más lejos, porque a mí esto del sindicalismo radical me está inflando la polla como el puto zepelín de Good Year. Ahora muchos de estos luchadores por el currito van de héroes, pero aquí nadie se quiere dar cuenta de que en la famosa huelga de funcionarios de finales de 2010 (iniciada por el gobierno anterior, por cierto... gobierno que dijo que era irrevocable e innegociable, dicho por el propio presidente y por sus santos cojones) estaba todo más que atado cuando estos señores decidieron salir a la calle a protestar por los derechos de los funcionarios; hasta entonces, el gobierno les había estado subvencionando (o untando, según se mire) y no convenía ponerse farrucos, les fueran a cerrar el grifo.
Recuerdo aquella época por razones familiares, cuando el pueblo se descojonó de los funcionarios cuando hicieron la huelga porque "vivían muy bien".
Ignorantes.
El funcionario medio tendrá un sueldo fijo, pero no vive bien. Es del que cobra una mierda y tiene que hacer cábalas para llegar a fin de mes porque lleva décadas con el sueldo congelado, mientras que la vida ha ido subiendo.
Pues a ese sector se le puso a caer de un burro. Se le puso en el punto de mira y se lanzaron comentarios bastante despectivos cuando se pusieron en huelga durante aquel inicio de reforma laboral.
Y ahora, dos años después, el pueblo llano exige que el funcionario se sume a una huelga general que afecta a todos. Ahora, cuando lo han puesto a caer de un burro. Ahora son amiguitos. Ahora son "compañeros".
Eso, para mí, es de ser más falsos que el puto Judas.
Luego se cabrean cuando digo que este país es una cuna de hipócritas.

"No puede serrrrr, ¿Hipócritas?"
¿Que no?


Pero no nos confundamos, que el derecho a huelga no es exclusivo de sindicatos, lo que me lleva a otra tendencia que se está dando mucho hoy en día, que es la del "con o contra".
Esta tendencia, recién extraída del Paleolítico, consiste en la falacia de "si no eres de mi tribu eres de la otra, por tanto, pedrada que te crió". Moviéndonos una chorra de años más en el futuro, hasta principios del s.XXI, lo que tenemos no es diferente: ahora todo el que va a la huelga es sindicalista y por tanto, de los buenos. El que no, es un esquirol que apoya al gobierno tirano y opresor, y por tanto, de los malos. Así, a pelo, sin precalentamiento y sin términos medios, que eso no está de moda.
Nada, si no teníamos bastante ya con la eterna lucha entre los del Madrid con los del Barça, con la de los que votan al Pepé frente a los que votan al Pesoe o los que se la menean escuchando a los Maiden frente a los que son más de los Motörhead, ahora tenemos otro frente más con el que darnos de hostias los unos a los otros: huelguista contra no-huelguista.

Y es que yo no sé si estamos ciegos o nos hemos vuelto gilipollas o qué coño nos pasa, pero es que vemos un fenómeno de masas y nos corremos por las patas abajo. Es convocarse cualquier historia, salir cualquier plataforma y ya estamos eligiendo bando como los niños pequeños. Buscando enemigos en cuyas madres cagarnos; usando lemas y coñas marineras para reírnos del contrario. Tragándonos la desinformación como borreguitos: porque está el que se pone de parte de la propaganda oficial y dice que no, que la huelga no se ha secundado aunque vea toda la puta ciudad en la calle (¡Bien!)... pero es que están los que se ponen a subir fotos de supuestos heridos en tal o cual manifestación, sin preguntarse siquiera si esos heridos lo han sido REALMENTE en esa manifestación.

Con esto no digo que la famosa foto de marras del chavalín con la chota abierta de un porrazo sea mentira. Digo que la gente la ha aceptado como totalmente cierta sin lugar a dudas, antes de cuestionarse de dónde ha venido o de preguntarse algo tan básico como qué hacía un niño en mitad de una manifestación en la que había posibilidades que se liara (y que no me digan que no las había, que llevamos una rachita de follones de tres pares de huevos como para hacernos ahora los inocentes, que no cuela).
Para qué nos vamos a preguntar nada: compartimos fotos, puteamos a quienes tengamos que putear, en lugar de preguntarnos quién nos está enviando esto, de dónde ha surgido y con qué intenciones.
Somos más de aceptar las verdades que queremos aceptar sin plantearnos la remota posibilidad de que nos hayan podido estar manipulando. Mucha gente puede estar beneficiándose de este caos reinante en que se ha convertido este país y, ¿qué hacemos nosotros? ¿Pensamos por nosotros mismos? ¿Analizamos las cosas con la frialdad de gente responsable?
Y una leche. A nosotros lo que nos mola es seguir la tradición.
Sí, somos tradicionales. Concretamente nos encantan tradiciones como la de señalar al prójimo con el dedo, como se hacía cuando se estaban cazando judíos, la del ahorcamiento público y la picota (como hasta hace muy poco)... y una de nuestras favoritas: la de liarnos a tiros (aunque sea metafóricos) unos contra otros.
Luego si acabamos matándonos en las tapias de los cementerios vendrán las rasgadas de vestiduras, el "Me duele España" y el "La tragedia de la lucha fratricida".
Pero nadie se acordará de que ha habido una ingente cantidad de soplapollas que, con sus actitudes de "A por los otros" la está pidiendo a gritos.

"¿A quién vais a linchar?"
"Al Paco"
"¿Al Paco por qué?"
"Por lo visto ha votado al X"
"¡Será hijoputa! ¡A ese partido no le debe votar nadie, que está prohibido por el pueblo!"
"Pos a eso vamos, a matarlo a hostias, que es mucho más sabio que respetarlo"
"¡Eso eso, Partido Único ya, y disidentes a la puta hoguera!"


Por eso, y como resumen de toda esta parrafada, digo lo siguiente: tanto ir a una huelga como no ir son derechos amparados constitucionalmente. Digo que el derecho de uno termina donde el derecho de los demás empieza. Digo que si no tienes cojones para defender una idea como una persona civilizada, igual eres tú el que no merece formar parte de la civilización, porque para gente dando por culo todo el santo día, ya tenemos todo un abanico de posibilidades en el gobierno y la oposición.
Os recuerdo que atacar A no implica defender B y que, antes de buscaros un enemigo, os aseguréis de que ese enemigo lo es realmente... porque lo mismo escuchando al que no piensa como tú, aprendes de él, para variar. Y que la virtud se encuentra en el punto medio entre ambos extremos.
Hasta entonces, seguiremos siendo un país cainita, movido por luchas intestinas, donde lo que prima es que "los nuestros" aplasten a "los otros". Ponernos esa medallita mientras los de arriba se descojonan viendo cómo nos matamos mutuamente.
Somos así de inteligentes.
Somos así de responsables.
Enhorabuena, españolitos. Habéis vuelto a lograrlo.
Habéis vuelto a demostrar la pasta de la que estáis hechos.

Fuertes como elefantes, no te jode.


Por último, quiero comentar que es posible que algunos de los que no comparten estas ideas se puedan haber sentido ofendidos por lo aquí expuesto, y que mi lenguaje agresivo y cargado de improperios les haya agriado los chococrispis. Es posible incluso que se hayan sentido ultrajados ante ideas con las que no comulgan  (y que no tenían ninguna intención de escuchar) y ahora mismo se estén acordando de mi santa familia hasta el s.XV. Ante eso, solo puedo hacer una pregunta: Jode, ¿verdad? Pues esto es lo que he tenido que tragarme por parte de la mitad de vosotros cuando habéis levantado vuestros puños, enarbolado vuestras banderas y os habéis meado en la ideología de la gente que no está con vosotros. Esto es lo que he sentido yo cuando os habéis dedicado a insultar y despreciar a aquellos que no votan lo que vosotros, los que no hacen lo que vosotros y los que no entonan vuestros mismos cánticos.
Si pedís respeto, lo primero que tenéis que hacer es ganároslo.

martes, 13 de noviembre de 2012

Spanish Bizarro- Días desastrosos




Es posible que este post de hoy os recuerde a historias anteriores de esta sección, tales como Una Historia de Mierda, o bien al aclamado Crónicas del Yoga. De hecho, pensé por un instante en calentarme la cabeza lo justo y poner un 2 detrás de alguno de estos títulos y contar lo que podría ser la siguiente entrega de cualquiera de ambos.
Sin embargo, conforme van avanzando los días, te das cuenta de que algo tan simple (cosa que por lo general no me parece mal) se queda corta. Especialmente, cuando la Mierda o el Yoga no son más que otro par de piezas de un conjunto.

Día Uno:

La historia de estos Días Desastrosos comienza como cualquier Crónica del Yoga más: con mi camarada de armas y amigo de hace un montón de años, avanzando aislantes en ristre hacia nuestra clase. Mañana fresquita para los estándares de mi ciudad, por lo que decido ponerme unos leggings térmicos bajo el chándal. Asunto solucionado.

Tengo que decir que ya me había levantado con los cables cruzados aquella mañana. La noche anterior, antes de acostarme, descubrí que mi madre, en una de sus incursiones a mi habitación, se había cargado unos palillos orientales que una buena amiga me había traído tras un viaje a Vietnam y Thailandia. Imaginad mi cara cuando veo que, en el estuche de bambú había solo UN palillo y con el cabezal roto. El segundo yacía, igualmente mutilado, a los pies de mi cama.
Una breve inspección confirmó que no era grave. Nada que no arreglase un poco de pegamento de contacto; sin embargo, cuando ciertos objetos adquieren valor sentimental, te cabreas cuando se los cargan. Sumad un +1 al cabreo si encima no hay pegamento en casa.

Gñé.


Así que salí de casa, medio mosqueado, capeando el fresquito mañanero y con el objetivo en mente de comprar pegamento cuando volviera de clase. Nada como tener metas en esta vida.
Me encuentro con mi amigo y empezamos a andar rumbo hacia el centro donde solemos convertir nuestros cuerpos en lo más parecido al pellejo de Plastic Man. Comentándonos cómo nos ha ido el fin de semana y demás, hasta que...
No sé si lo he comentado alguna vez aquí.
Si no, lo hago ahora.
El yoga favorece mi tránsito intestinal.
No es coña ni un chiste fácil, es la pura verdad. Si antes mi digestión era lenta, pero regular, ahora sigue siendo regular pero bastante más rápida. Dicho de otro modo, lo que antes hacía una vez al día, ahora pueden ser dos.

Podía tratarse a eso, o al atracón de madalenas que me había pegado la tarde anterior, o al hecho de que había estado comiendo magro en salsa de tomate a mediodía y siempre suelta un poco el vientre.
Buscad la causa que queráis.
Lo cierto es que, tal y como sucediese en Una Historia de Mierda, me pegó la familiar punzada bajo el ombligo y mi aparato digestivo me dijo sin palabras "Déjate de gilipolleces y busca un baño AHORA".
Justo como en aquel post, la zona por la que nos estábamos moviendo (un camino no muy lejos que el que tomé aquella noche) carece por completo de bares: un parque cojonudamente grande, un colegio, viviendas... pero ningún establecimiento público (abierto) con un fantástico servicio orientado a uso y disfrute de la clientela.

- No pasa nada- le digo a mi colega, cuando le informo de la situación-. No creo que sea peor que la última vez.
Con estas palabras, proseguimos nuestro trayecto y nuestra conversación. Yo, inusualmente callado, debido a que controlar según qué músculos del cuerpo en según qué situaciones, requiere una mente algo más concentrada. Me daba para escucharle con atención, pero no para participar animadamente.

Concentración. Con ella tú poder doblar tiempo y espacio.
O eso dicen.
Fuese como fuese, poco faltó para que mi cara fuese tal que así.
Y no porque tuviese intención de parar el tiempo, precisamente.


Seguimos avanzando unos metros más. La presión (lo siento, no conozco una palabra mejor) de no encontrar un sitio donde poder aliviar mi problema gastrointestinal hace que sienta una sensación (psicosomática) de agobio bestial. Ya sabes, esas cosas que te producen calor y una capilla de sudor por debajo de la ropa.
El efecto psicológico de presión aumenta en el momento en que tenemos el centro donde entrenamos a la vista. Puede haber casi ciento y pico de metros de aquí a allí; no es mucha distancia, pero tu organismo está para pocas coñas. Le digo a mi amigo que voy a correr hacia allá. Todo con tal de acortar el trayecto.

Llego al interior y recuerdo que jamás he pisado los baños. Subo la escalera y miro en una habitación contigua a nuestra clase.
Nada.
No estoy para explorar, así que bajo echando hostias hacia la cafetería, donde me juego el pellejo a que tiene que haber al menos un baño. Un vistazo rápido me lo confirma y me lanzo allí dentro cual bombardero, y lo digo de modo literal.
El aislante rueda por el interior del baño, mi mochililla cae al suelo.
Estallo.

Si sois de esos que tienen la costumbre de merendar mientras lee este blog, os recordaré que necesitáis urgentemente ayuda profesional. Al resto le diré que no es necesario entrar en detalles: basta decir que aquello no había sido una simple urgencia. Algo me había sentado mal.
Peor me sentó el hecho de meter la mano en el cacharro donde guardan el papel higiénico y el cartoncillo me da la bienvenida. Echo mano a la mochila y no tengo absolutamente nada con lo que limpiarme (ni siquiera el flyer de una discoteca, que usé una vez hace algunos años. Otra historia de supervivencia), así que echo mano del teléfono y le mando un mensaje a mi amigo.

Este está dentro de la clase, que ya ha empezado. Según me contaría, estaba en mitad de un ejercicio introductorio de respiración. Dios sabe cómo coño ha podido ver el móvil, ya que tiene la costumbre de dejarlo en silencio. Al ver mi llamada de emergencia, abandona el ejercicio y sale de la clase. Baja a la cafetería, coge unas cuantas servilletas y me las da (os ahorro la imagen que se encontró cuando abrí la puerta).

Todo termina aquí, con la ventaja de que, una vez limpio mi organismo, he dado la que puede ser una de las clases más relajantes de yoga de todas las que he tenido.
No hay mal que por bien no venga.

Lo que viene siendo una especie de sensación de epifanía, pero sin la revelación mística de una verdad universal.
Más bien algo así como "He puesto orden en el caos de mi universo personal".


Después del cachondeo que organizamos en el camino de vuelta, dejo a mi amigo en su casa y voy para la mía, no sin antes pasar por la papelería. El incidente no me ha distraído de mi objetivo del día.
Seis pavos y pico me cobran por un bote de pegamento de contacto. Con sorpresa, me acabo de enterar de que ya no fabrican (o no venden allí, que para el caso el efecto es el mismo) aquellos botecitos de plástico duro con punta en forma de jeringa. Bote con brochita, pues.

Llego a casa y preparo los palillos, así como una miniatura de la Viuda Negra que tenía un brazo suelto. Lo pongo todo en el escritorio que tengo en mi terraza y me dispongo a abrir el paquete con unas tijeras.
No preguntéis cómo coño lo hice, porque yo tampoco me lo explico.
Sea como sea, la tijera bailó en mi mano, cerrándose sobre mi dedo corazón y provocándome un corte superficial. Tanto, que ni siquiera duele.
Lo absurdo es que, para no doler, el hijo de puta sangra como Jesucristo llevándose latigazos. Me presiono con un pañuelo sobre el corte, chupo la herida, pero nada. Ahí sigue, echando una cantidad de sangre algo exagerada para la mierda de corte que es.
Eso no me impide, sin embargo, pegar los palillos y el brazo de la miniatura. Al guardar esta última, pienso que al haber caído sangre sobre su muñón, igual soy el hermano de sangre de una tía buena con metralleta de unos ocho centímetros de altura.


Esta, por si os interesa qué aspecto tiene.

Nos saltamos lo que sucediera luego (una discusión doméstica, de irrelevante importancia para este post, aunque sí algo molesta) para meternos en la historia de después de comer.
Hará cosa de un mes o así, mi grupo literario (sí, los indeseables esos de ACME- Asociación Cultural Málaga Escribe) decidió participar en una ronda de charlas sobre nuestras mierdas (las literarias, no las que suelto cuando salgo- o entro- del yoga). Los que le pegan a la poesía tendrían incluso la ocasión de leer sus epítetos ante el público y todo eso. Algo en plan cultural, pero también lúdico.
A mí me propusieron hablar sobre El Gusano Interior, mi novela de fantasía heroica/oscura/ciencia-ficción hacia el mes de diciembre. El plan era que me presentase la componente del grupo que nos comentó el tema, (y que además es una de las dos personas del grupo que me ha leído, lo cual ayuda para que te presente) y yo iba a llevar una copia impresa del mismo, con una cubierta montada por unos amigos míos, para que aquello pareciese un libro (aunque no haya edición alguna) y no un puerco archivo de texto impreso.
Todo pinta bastante bien, hasta que esta amiga me escribe:

- Sigo mala con la garganta- me dice-, así que mi presentación de este jueves no voy a poder darla.
- Oh, vaya, qué pena- digo yo. La verdad es que me hacía bastante ilusión ir, como suele ocurrir cuando un amigo presenta su obra.
- Sí, lo he estado hablando con la dueña del local [que organiza los eventos] y hemos pensado que igual podíamos adelantar la tuya.
- ¿Para este jueves?
- Sí.
- ¿Pasado mañana?
- Sí.

"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH!"

Imaginad el sonido de la aguja de un disco que salta a lo bestia.
Esa fue toda la reacción que mi cerebro pudo tener durante los diez o quince segundos siguientes.
Lo que estaba previsto a un mes vista, ahora se movía a tan solo unos días. Yo no sabía absolutamente nada de los amigos que me iban a montar la portada; me había puesto en contacto con ellos un par de semanas atrás, pero no me habían comentado todavía cómo iban. Mi amiga, además, estaba con la garganta como un campo de minas, lo que quería decir que tampoco podía presentarme.
Y encima, ese jueves ya tenía clase hasta algo tarde, con lo que tendría que ponerme en el centro en un tiempo récord.
Os recuerdo, además, que no me metí a hacer yoga por gusto: soy una persona con propensión al estrés y con un marco ansioso clínicamente reconocido (un par de visitas a urgencias lo confirman).
Total, que justo en ese momento tengo que irme a clase, de manera que le digo a mi amiga que lo hable con la organizadora y que, con lo que sea, me informe. Uno es un profesional y se mete el estrés por donde le quepa.
Y si hay que hacer la presentación, se hace.

Me voy para clase echando hostias y, por el camino, me pongo en contacto con mis amigos para ver cómo van con el trabajo. Me dicen que lo tienen todavía pendiente y que me avisarán esta semana. Me pongo a pensar cómo coño lo voy a recoger, ya que el miércoles tengo yoga (y además hay huelga general); el jueves y el viernes tengo un asunto familiar en el piso de mi hermana. Las tardes, ocupadas. Que no, que no hay tiempo material.
Una hora más tarde, vuelvo el doble de rápido (o sea, donde echaba una hostia, echaba dos). Justo al llegar, me comentan que nuestros horarios (el de mi trabajo y el del local) son incompatibles y que mi charla se dará en diciembre, como estaba prevista en un principio.
UF.

Solo ha sido un susto.
Pero bastante gordo.


Día Dos:

Llegamos al segundo Día Desastroso. Decido tomármelo con un poco más de calma, tras el trajín de ayer. Me planto en mi salón y me pongo a ver una serie que estoy siguiendo. Al terminar, me dispongo a encender mi ordenador portátil para grabar una cosa en un disco mientras me pongo con las tareas de la casa.
A los tres o cuatro minutos (tiempo estimado de arranque de mi equipo, que también se lo toma con calma), veo que la pantalla sigue más negra que el sfínter de King Kong.
Dentro de lo anormal que es mi equipo, esto es todavía más anormal.

Un buen rato después, la panalla cambia y sale un bonito fondo celeste con una ramita y un pajarito blanco en un lado. Yo, en mi inocencia (=analfabetismo informático integral) me llego a plantear que se me ha cambiado el sistema operativo por la cara.
Casi diez minutos después, el cacharro se apaga.
Vuelvo a encenderlo.
Sale un aviso (debió salir antes, pero estaba haciendo la cama grande y no lo vi) donde me dice que ha habido un problema con el arranque y me da dos posibilidades: una, un chequeo del sistema en busca de errores y otra, iniciar Güindous normalmente.
Elijo la primera.

Vuelve el ojo del culo de King Kong, durante un ratazo. Aburrido, sigo con las tareas de casa mientras el equipo hace las chorradas que tenga que hacer: me da tiempo a hacer las camas, ordenar el salón, ducharme, afeitarme y a poner la mesa.
Dos horas y media después, arranca.

"¡Por supuesto!"
No nos pongamos listillos, Doctor. Que de que esto arrancase nadie nos daba garantía alguna...


Otro susto, en menos de venticuatro horas. Aprovecho para salvar alguna cosilla que no me había dado tiempo a salvar y espero en mi fuero interno que no vuelva a suceder.

Termino de comer. Tras haber grabado lo que tenía que grabar, apago el equipo y tiro para clase. Voy unos cinco minutos tarde, pero no es nada grave en absoluto. Nada al menos por lo que deba agobiarme demasiado; sin embargo, me esfuerzo por no añadir más tiempo de espera y camino hacia allá a ritmo de legionario en Semana Santa.
Llego a casa de mi alumno, la novedad de este curso. Toco al portero y me lo coge la madre.

- ¿No habías quedado con mi hijo hoy?- me dice, con tono sorprendido.
- ¿Cómo?- respondo yo, sin saber de qué está hablando-. No, no me ha llamado- mientras digo estas palabras, reviso mi teléfono. Efectivamente, ni hay mensajes ni llamadas perdidas. Nada.
- Es que como había huelga mañana- me explica la buena mujer- se ha ido con la bici. Se suponía que te iba a llamar para decirte que no vinieras.

He caminado unos cuatro kilómetros, casi recién comido. Esforzándome por no llegar demasiado tarde y poder dar la clase.
Imaginad qué cara se me queda.

Sí, algo así.


- Bueno, sube y te pago la clase, por lo menos.

Pudo ser peor, me digo. No habría sido la primera vez que he tenido que volverme a casa con lo puesto.

Al volver en el autobús, hace apenas un par de horas, me pongo a pensar en eso del karma. Algo inevitable, tras consecuciones tan desastrosas de acontecimientos. Según ese antiguo concepto filosófico, recogemos lo que sembramos. Nuestras situaciones presentes son el fruto de acciones pasadas.
Yo he tenido diarreas matutinas.
Hemorragias digitales absurdas.
Sustazos tirando a gordos.
Aparatos que no funcionan.
Clases que no vas a dar y de cuya cancelación eres el último en enterarte.

En serio, días como este, donde se juntan todas estas cosas, son los que hacen que pierda toda curiosidad acerca de quién coño fui en una vida anterior o qué le hice al prójimo.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Escupiendo Rabia- Vamos, vamos, vamos o Tempus a la Fugit



Pues en estas que estaba yo en mi punto de venta de libros/cómics habitual cuando me encuentro con un amiguete, escritor para más señas y compañero de fatigas en esto del mundillo editorial. Un tío ya con una cierta experiencia y con un criterio más que marcado. La clase de persona con la que no siempre coincides en gustos, pero que tiene ya un rodaje lo bastante extenso como para al menos tener en cuenta su punto de vista, aunque no lo compartas del todo, o directamente en nada.

Nada, que aprovechando el encontronazo, decimos de irnos a comer y surgen, cómo no, nuestros apocalípticos debates literato-cinematográficos. En este en concreto sale a colación un tema bastante curioso que lleva ya varios meses dándome vueltas. Es el hecho del tempo narrativo.

Sí, amiguitos distópicos: me refiero a la velocidad a la que se cuenta algo en una novela y la cantidad de contenido que se puede encontrar uno en un capítulo. Resulta interesante que, tanto él (un autor ya experto) y yo (un aspirante a cagamandurrias de decimoquinta fila) hemos coincidido en el hecho de que hoy en día se considera un factor de extrema importancia que en una novela (o en una peli, ya puestos) se estén contando cosas desde la puta primera página y que de ahí no se pare hasta el final. Ni pausas digresivas, ni plantear temáticas secundarias, ni desarrollo de personajes o de trasfondo ni putas hostias.
Vamos, vamos, vamos, que parece que nos cobran por cada minuto leído.

Esto, por supuesto, no tiene por qué ser algo malo por sí mismo. Hay historias que te lo van pidiendo y es necesario un desarrollo más o menos ágil de los acontecimientos. Por ejemplo, novelas cuyo objetivo es principalmente el entretenimiento sin más. Las que, concebidas de un modo más o menos cinematográfico, plantifican una acción que, siguiendo una estructura casi lineal, desembocan en un final.
¿Dónde está el problema, entonces?
Desde mi punto de vista, el problema consiste en la tiranía de la moda.

No me entendáis mal, con esto no digo que las modas sean malas por definición: de no ser por ellas, no habrían surgido las corrientes literarias y, muy probablemente, nos habríamos perdido grandes creaciones de no ser por ellas. El problema radica en el momento en que todo aquello que se salga de la moda, lo mainstream o "lo aceptado comúnmente" se convierte en proscrito. El lector, al que se supone se debe el autor (pero solo a medias, porque en contra de lo que mucha gente piensa, hay autores sin lectores... pero no lectores sin autores, por mucho que le duela a más de uno admitirlo) ya no pide, sugiere o prefiere un tipo de novelas: hoy en día las exige, so pena de crucificar autores u obras, simplemente porque éstos no ofrecen lo que ellos esperan.

"Naaaaada... no es guai, no va a la moda. ¡PUTA MIERDA! ¡A LOS LEONES!"


Sí.
El arte es una industria, pero no hace falta que nos lo recuerden continuamente.
Además, si sólo usamos ese polo del espectro, resulta que la presencia del factor sorpresa desciende a cotas abisales. Pensadlo: ¿Cuándo fue la última vez que una novela o un libro os sorprendió, precisamente por ofreceros algo que no esperabais? ¿Con qué frecuencia os salís de la concepción que os gusta para aventuraros en terrenos desconocidos?
Ese. Ese es el problema de esta tiranía de la moda.

Recuerdo que Neil Gaiman,en los contenidos adicionales de su magistral The Sandman (probablemente toda una lección de narrativa ilustrada) planteó una vez dos formas de concebir una historia: la primera es lo que él llamó "Carrera de bicis", donde toda la trama corre hacia el final; la segunda fue acuñada bajo el término "Mesa de buffet", donde el autor plantea todo un sinfín de "platos" y deja que el lector se entretenga degustando cada uno de ellos. No es el único: cuando iba al instituto, recuerdo una cita... no sé si fue Pío Baroja (si alguien lo tiene más fresco, por favor, que me lo confirme o desmienta) que venía a decir que si una historia era un camino, lo importante no era necesariamente el final de éste, sino más bien permitir al lector que se entretuviese con las flores, plantas y piedras que pudiera encontrarse por el camino.

¿Cuál es la forma "buena" y la forma "mala" de concebir la historia?
Ahí es a donde quiero ir a parar: salgamos de la mentalidad bipolar de una vez, no existen las formas "buenas" o "malas", sino las ideas mejor o peor aprovechadas. Como he dicho arriba, si planteamos una historia que no sea más que entretenimiento, sin querer contar nada más allá, puede resultar algo recargado (pero no forzosamente innecesario, ojo) entrar en diez mil subtramas. Otra cosa es la habilidad del autor a la hora de hacerlo; hay muchos autores que pueden enriquecer una obra precisamente gracias al uso de temáticas secundarias, y otros que se las apañan para distanciarte de ellas precisamente por no saber emplearlas bien e insertar cosas que son directamente insulsas que no dicen absolutamente nada. Sea como sea, lo que sí me parece "malo" es entrar directamente en la lapidación de una obra y tildarla de "mala" única y exclusivamente por ese hecho, como se está haciendo en muchos sectores de la lectura.

Anda que no hemos oído veces eso de "Esto no vale nada. La subtrama en cuestión es supérflua, porque no aporta nada a la principal"
Y aquí, la pregunta: "Ah, ¿pero es que tiene que aportar? ¿Acaso ese axioma aparece escrito en algún tratado de literatura? ¿Existe acaso un único modo, fijo e inamovible, de plantear la escritura?"
Si nos ceñimos a esa especie de dogma que parece haberse apoderado del lector medio desde hace unos añitos para acá, ¿habrían salido a la luz alguna vez novelas de personaje colectivo como La Colmena? Si todo es acción frenética a cada segundo, ¿qué sería entonces de los bildungsroman?
¿Qué sentido tendría el planteamiento clásico de Introducción- Nudo- Desenlace? Todo, desde esta óptica, se reduciría a un simple desenlace con un pequeño prólogo delante y a tomar por culo.
Y si el prólogo sobra, mejor. Que no estamos para perder el tiempo leyendo, coño.


"Es que si no veo relación con la trama principal, me aburro".
Lo siento, amigos. La lectura no siempre es diversión y cachondeo, nos pongamos como nos pongamos. También es arte, es crítica y es filosofía. Es hacerte pensar, reflexionar o simplemente contarte algo por el placer de contártelo. Todo a la vez, sin necesidad de quedarse con nada en concreto o de descartar algún elemento. Podéis negarlo, si queréis, pero eso es como pensar que en la música rock todo son solos de guitarra infernales, ritmos frenéticos y melenudos lanzando berridos hasta escupir las putas cuerdas vocales.

Del mismo modo que no creo que TODA la literatura deba ser todo un despliegue de cultura, accesible sólo para una élite de privilegiados cerebrales, tampoco creo que debamos pasarnos al otro extremo en que valga todo con tal de entretener. En que ahora el formato de la novela se convierta en un despliegue de acciones atropelladas (se cuente lo que se cuente) y todo esté atado y más que atado.
Porque hoy en día, raro es el autor que te dedica varios capítulos a describirte personajes, sin más intención que la de definirlos. Raro es el que en un capítulo no te cuenta nada que no esté intrínsecamente relacionado con el tema de la obra, la trama principal o incluso el título. Raro es el que te plantea subtramas independientes a la trama principal, cuyo único objetivo sea contarte una historia, simple y llanamente. Raro es el que usa ya una historia para plantear una cuestión filosófica ("¡Puaaaj, filosofía, qué asco, qué muermo!") o un dilema moral.
Raros son los autores de este pelaje que publican; y si lo consiguen, se llevan hostias de todos colores porque no son lo que se espera. No tienen un estilo guai, que se adapte a las exigencias (no sugerencias, no expectativas) del público.

Parafraseando al coleguita que inspiró este post, esto explica que hoy en día ya no tengamos la más mínima oportunidad de ver a un nuevo Philip K. Dick en las estanterías de nuestras librerías. Ni un Dickens. Qué cojones, ya puestos ni un Jack Ketchum ni un Ramsey Campbell, para aquellos que me digan que me he ido a épocas literarias muy remotas. Echad un vistazo en qué época escribieron (y escriben) estos dos últimos.

Precisamente es debido a esa tiranía de la masa (lo digo y lo diré siempre: porque sean muchos los que lo dicen, esto no les da por cojones la razón) por lo que pocos son los autores que le echan huevos para arriesgarse. No, si quieren publicar y permitir que sus obras lleguen a un público. Quizás no un público de masas (de eso nos podemos ir olvidando a la de ya), pero sí a un número decente de personas que igual andan también hasta las pelotas de que TODO lo que lean lleve el ritmo narrativo de una peli de Jason Statham.
Luego nos dicen que la gente que lee tienen una mentalidad abierta, ajena al pensamiento único.
Permitid que me ría ante lo ridículo de tal generalización.

Por supuesto, esto implica que pocas editoriales arriesguen en publicar a un señor que no se deja llevar por esa tiranía. Porque, ¿para qué? ¿Para que en cuestión de un par de días, ya surjan los apedreos en cualquier foro literario? ¿Para que se pase del respetable "esto no es lo que yo esperaba" al simplón "valiente puta mierda aburrida"?

Libros o pelis (como este caso) se han llevado hostias de todos colores porque al principio "No pasa nada".
Parece ser que, si uno no se lanza a la arena en menos de tres minutos, todo lo que se cuente después ya no importa.
Porque hay que "entretenerse".
Por huevos, y a toda pastilla.


Y no, no os creáis que exagero: a día de hoy me he encontrado gente con los cojones de soltar que clásicos de la literatura, como pueden ser El Señor de los Anillos o El Quijote son "una mierda" porque "aburren".
Ahí, con un par: obras que han supuesto los puntales de géneros enteros, o bien el estandarte de una cultura entera, sobreviviendo décadas (o incluso siglos) y resulta que son una mierda.
Yo os lo digo así de claro: a esas novelas chuliguais de hoy en día, esas que hacen que el personal se frote la entrepata alabando su altísimo componente lúdico (pero mirando para otro lado cuando se les pregunta por las deficiencias del autor... tales como inconsistencia de la propia línea narrativa, incoherencia de personajes y Dios sabe cuántas cosas más) me gustaría verlas, ya no dentro de cien años. Me gustaría verlas dentro de diez, a ver si han sobrevivido el paso del tiempo y de las moditas.
El Clásico literario, para que nos vayamos enterando, no es el libro que vende. No es el libro que tiene chorrocientos millones de fans en el mundo entero, del que se hace merchandising a mansalva: es el libro que te cuenta algo lo bastante importante como para perdurar en el tiempo.
Y esto no lo hace cualquiera, así que a ver si nos vamos dejando ya de polladas de estas de "Ha nacido un clásico", porque eso no lo determina un señor ni dos. Lo determina la posteridad.

A ver, zagales, antes de que empecéis a echaros las manos a la cabeza, os lo quiero dejar claro: que no os gusten ciertas novelas es algo respetable. A mí hay ciertos clásicos que no me gustan (véase Jane Austen, autora que es superior a todas mis fuerzas, pero a la que respeto) y no pasa nada. Nadie me pone una pistola en la cabeza para que me gusten. Otra cosa es que yo reconozca que, desde el punto de vista literario (la literatura como ARTE existe, os guste o no, queráis admitirlo o no), esos autores que no me gustan escriban sus obras con una calidad que ya me gustaría a mí a la mitad de la puta creación.
Pero si usáis esa limitada visión de "me aburro (YO, YO y nadie más que YO), ergo es una mierda", puede que vuestro criterio literario (desde el punto de vista estrictamente literario, analizando los aspectos OBJETIVOS de la escritura, tanto de contenido como de forma) sea, como poco, subjetivo y, por tanto, tan de fiar como las predicciones de Rappel. Y, sin embargo, todavía no me he encontrado a nadie que profese estas declaraciones de un modo que no sea categórico y sin mucho pie a discusión.

Acción trepidante, sin tregua ni pausa.
Como una montaña rusa.
¿Es esto malo? Pues solo si pretendes que TODA historia, desde El Exorcista a La Colmena, pasando por Dune o El Guardián entre el centeno tengan el mismo ritmo narrativo que Destino Final.


Ahora es cuando me soltaría alguien lo de "pero es que tengo mi opinión" y "para gustos, los colores". Pues bien, el daltonismo literario, a tenor de esto, parece ser que existe y es la hostia de frecuente. Porque una cosa es que te guste algo (a mí hay cosas que son malas de cojones que me encantan y no se me caen los anillos por reconocerlo) y otra ese nivel de talibanismo bipolar que se profesa en base a lo "divertido" que es algo. Porque por esa regla de tres, un manual de medicina (que también es literatura, literatura médica, para más señas) es una mierda porque es aburrido. Y sin embargo, puede resultar de lo más útil.

Volvamos pues, al tema del tempo narrativo.
Esto puede asemejarse bastante al tema musical del que, como ya he hablado en más de una ocasión, tengo cierta experiencia... bien por cuestiones familiares, bien por cuestiones personales. Ante eso, plantead el ritmo de una novela como el de una canción: a veces un tema te va a pedir partes más rápidas, pero no siempre será así. No caigamos en la trampa de los músicos novatos, la de "Maricón el último", donde en el momento en que no sabemos cómo salir de un fraseado, lo tocamos más rápido para que el personal lo flipe.
Si se abusa de esto, o bien si se hace solamente en los momentos en que uno no tiene ni zorra de dónde meterse, lo que da es la sensación de atropello. De torpeza. De querer salir del paso.
Un ritmo rápido, suele decir mi viejo, lo hace cualquier manta que lleva unos meses tocando.
Toca un blues BIEN tocado si tienes cojones.

Y es que, parece que no nos queremos enterar de que, tanto en música como en narrativa, el cincuenta por ciento (que se dice pronto) del ritmo es silencio. La pausa es un elemento tan importante o más que la cantidad de información que se suelta por página. Joder, que lo que estamos es creando UN MUNDO, no somos una puta guía informativa que esté escupiendo X acontecimientos por minuto. Si hay que desarrollar un trasfondo, un personaje, incluso remontarse a un pasado remoto, todavía sigo sin entender quién coño ha decidido que ya no se puede hacer. Que el que lo hace es un plasta aburrido. Que las obras de este corte no tienen por dónde cogerla.

Lo que viene a ser lo mismo: que hay que ir al concepto, sin desviarse un segundo ni andarse con preámbulos ni chorradas.
Igualito que en las pelis porno.


Por eso (y por muchos más motivos, que uno no es Shakespeare), casi se ve claro que uno no va a publicar.  
No en un corto plazo, y si lo hace, más vale ir preparándose para el aluvión de hostias porque ya lo vemos venir: "No me interesa conocer el trasfondo de los personajes, que me aburro mucho". "No me cuentes cómo funciona ese Universo que te has pegado años para concebir, porque yo lo que quiero es que pasen cosas". "Vamos, vamos, vamos, que la lectura es una tarea en la que no se puede estar perdiendo el tiempo en cosas insustanciales".

Y qué queréis que os diga. Llega un punto en que, viendo tal nivel de tiranía y de "porqueyolodiguismo", casi que da igual. Los autores podemos debernos a nuestro público (es cierto), pero no nos engañemos ni caigamos en demagogia barata: también (y, desde mi punto de vista, añadiría que "ante todo") escribimos para nosotros mismos, porque nos gusta. Contamos historias que llevamos dentro, historias que nos satisface contar.
Si dos millones de humanoides no se la menean con ellas, es cuestión de sentido común (o de que te importe todo un huevo) para pensar que cada uno con sus movidas, que es de lo más respetable.
Pero a mí no me gusta que me venga nadie exigiendo que escriba sobre tal tema, o que use tal técnica narrativa más cool, del mismo modo que yo no le exijo a nadie que me lea a mí, o que alabe mis obras si no le gustan, faltaría más. Uno no es mejor ni peor que los demás, y ya tiene asumido que en este mundo de asco, ver tu libro en una librería no significa absolutamente nada: sabes que mucha gente que te mete pasones como escritor publica... pero también mucha otra que, admitámoslo, no son la hostia. Ni siquiera son buenas. Muchos de ellos no son más que un puñado de fanboys que, en un momento dado, se han sabido subir al carro y le han dado a la gente la carne que quieren.
Llamadme borde, pero eso para mí no convierte a nadie en escritor. No en uno decente, al menos. Simplemente en una persona que ha tenido la potra de seguir la moda de turno, ser uno más con la corriente, y que se las ha apañado para meter la cabeza.
Para mí el Escritor, con mayúsculas, es el que tiene los huevazos de arriesgar, experimentar y hacer lo que le sale del culo sin estar pendiente al "qué dirán" o al temita/estilito que está de moda y que hace que el fandom se pajee de gusto hasta quedarse seco. El que tiene una historia alojada en las tripas y no para de currar como un cabrón hasta que eso ha quedado como Dios manda. Sin autojustificaciones, sin la demagogia barata de "yo me debo a mi público". Sin chorradas.
Hostias, haces lo que te gusta y si al público le gusta, de puta madre. Si no es un puñetero fenómeno de masas a escala mundial, no pasa nada... Que parece que ahora, si no contentas a diez millones de personas, eres una mierda.


Y es que en esta puta cultura pop de masas descerebradas se asume que si no te siguen doscientos millones de personas en todo el mundo, que si no te hacen pelis en menos de tres años de haber publicado tu libro, y si no hay todo un mercado de chapitas y gorras con el nombre de tu novela, ya no eres bueno.
Y quiero dejarlo claro: una cosa no tiene nada que ver con la otra. Hay best-sellers que han merecido su puesto en las listas de ventas, y otros que lo único que han tenido detrás para lograrlo ha sido una campaña de marketing bestial.
La calidad literaria va por otro lado, y no tiene absolutamente nada que ver con la falacia de "Si mucha gente lo ha comprado, es porque es bueno".
Pensad en esto: hasta la Tamara mala (aka Yurena, sí, esa de la que nos cachondeamos de lo lindo con lo del "No cambié") en su día fue número uno en las listas de ventas.

Por todo esto, lo digo y lo mantengo: al que me venga en plan tirano, exigiéndome como un niño malcriado que le dé lo que demanda, bajo la soterrada amenaza de bombardearme con críticas destructivas (habiendo cosas en mi forma de escribir que de por sí son criticables, las cosas como son), más le vale tener claro que aquí no se cede a ese tipo de extorsiones, y que uno ante todo también tiene sus gustos (que no sólo valen los de los lectores; los autores también son personas y tienen sus propios criterios, joder; a ver si dejamos de tratarlos ya como meras máquinas de churros con ojos y espabilamos de una vez). Así que, de antemano, le digo a esos emperadorcillos y reyes de la pataleta que berrean cuando ven algo que no es igualito a lo que hace todo Cristo una frase muy sencillita: ya saben dónde tiene la puta puerta.