domingo, 13 de noviembre de 2011

Escupiendo Rabia: Caza de brujas, o "Se ofende, no el que puede, sino aquel al que le sale de los cojones"




Vivimos en un período electoral, época en la que los candidatos de una u otra facción política no hacen sino recordarnos que vivimos en un fabuloso estado de derecho, donde todos somos iguales, nadie está por encima de la ley y en plena armonía con Europa, ante la cual somos todo un ejemplo a seguir.
Yo digo que una mierda para ellos.

Quitémonos la venda de los ojos de una puta vez, porque la hipocresía ofende: somos un país de bárbaros, garrulos y anormales que vivimos, ya no a la par de Europa (ojalá), sino en una época post-feudal, basada en valores ancestrales a cual más obsoleto. Somos expertos en escandalizarnos ante las gilipolleces más grandes que ha parido madre (o cagado, según se mire, porque algunas cosas que he visto u oído no podrían caber en útero humano alguno, sino que serían más propias de una cavidad rectal que de cualquier otra parte de la fantástica anatomía humana), pero mirar para otro lado ante las injusticias; somos expertos en aplaudir criminales y lanzar el dedo acusador contra gente que no ha cometido delito alguno en su vida.

Cuando la gente se hace pajas de órdago pensando en la cantidad de derechos que tiene (pasando de los deberes y las responsabilidades, que son para los demás), resulta que se planta uno un día delante de la caja tonta para enchufarse al canal de cine. En esto que, mire usted por donde, no sólo emiten cine, sino que hay reportajes la mar de interesantes acerca del séptimo arte, y es ahí donde me entero de esto:


Con dos cojones. Censurar una película  de Eva Longoria (actriz que me parece excesivamente sobrevalorada, dicho sea de paso, pero no por ello meritoria de este tipo de actitudes) porque "contiene escenas lésbicas", como si eso fuera ilegal, inmoral, o engordase. Como si ahora el amor entre dos mujeres fuese una cosa prohibida, delictiva, sucia o vergonzosa.
En este enlace no aparece explícitamente, pero en el reportaje que vi se especificó de forma clara que nuestra amiga la Orejas (experta en censurar películas de terror por su contenido violento al tiempo que ella misma dirige películas con contenido de sexo bastante explícito entre personajes menores de edad, que consumen drogas y en general hacen el gilipollas constantemente) no ha tenido nada que ver en esto. Resulta que esta vez ha sido la distribuidora la que ha decidido censurar la película, "recortando" a tijeretazo limpio todas aquellas escenas de contenido lésbico, porque (y agarraos) "la Iglesia Católica podría ofenderse ante lo que se muestra en la película".



Safo de Lesbos (650-510 AC). Esta mujer ya escribía sobre el amor entre mujeres desde algún tiempo antes de que el primer Cristiano hubiese nacido para ofenderse.

Para mear y no echar gota.
Ahora que uno está conociendo los entresijos de la Constitución, se da cuenta de muchas cosas. Para empezar, del hecho de que la Iglesia, por mucha tradición católica que haya en este país de analfabetos, NO es quién para decidir los contenidos de lo que se emite en un medio que no tenga que ver con ella. Asímismo, una distribuidora EN CASO ALGUNO tendría por qué sentirse presionada (directa o indirectamente) por la Iglesia (ni por nadie, ya puestos) a la hora de proyectar una película en nuestro país. Precisamente por un detallito llamado "estado de derecho", en el que queda claro que los derechos de uno no pueden pisotear los de otro. Dicho de otro modo, si a la Iglesia le ofende ver a dos mujeres darse el lote en una película, siempre tiene la opción de no ir al cine o meterse en la sala donde proyecten la peli de Los Pitufos, pero JAMÁS debe consentirse la censura previa (esto último también está regulado por nuestra Constitución, mire usted por donde).

La Conferencia Episcopal ni ninguno de los colectivos sotaneros o amigos de los sotaneros se ha pronunciado aún al respecto, que sepamos; posiblemente porque no lo necesiten, ¿para qué? La distribuidora ya se ha bajado los pantalones y aquellos seres que rezan a un Dios de Amor ya tienen lo que quieren, que es no ver a gente a la que ellos consideran "enferma" o "anormal" demostrar su amor en una película. Porque todo lo que se emita tiene que ser casto, heterosexual, y a ser posible orientado a la procreación.
Estos mismos son los que van pidiendo tolerancia cada vez que alguien muestra un punto de vista diferente a la doctrina católica. Los mismos que lloriquean por los rincones cada vez que se habla de igualdad de derechos para personas del mismo sexo. Los mismos que contienen las arcadas cuando oyen hablar de la palabra "divorcio", pero que ponen la mano para recibir pasta cuando hablamos de "nulidad matrimonial". Los mismos que condenan a madres solteras o (horror de los horrores) a ateos.


Oscar Wilde. En sus obras hacía alusiones hacia la homosexualidad o bisexualidad de algunos personajes, como en El Retrato de Dorian Gray. Fue condenado a ir a la cárcel por su "conducta inmoral". A día de hoy no nos explicamos cómo la Iglesia no ha pedido retirar sus libros de las tiendas. ¿Será porque a lo mejor es UN PUTO CLÁSICO?

Resulta curioso el hecho de que una institución conocida por ser uno de los mejores mecenas de la Historia se alegre con la censura y la mutilación de otras muestras de arte que se salen del (su) tiesto. Aquí, por supuesto, no vamos a atacar al arte sacro, tan necesario como cualquier otra representación artística (al fin y al cabo, todas o casi todas las mitologías de la humanidad han sido representadas por medio del Arte y eso no supone ni más ni menos problema que el arte cristiano); a quienes se va a sentar al estrado de la Distopía es a aquellos que, no contentos con acaparar obras que deberían considerarse patrimonio de la Humanidad (nada más que por tiempo que llevan creadas), se dedican a impulsar la mutilación y destrucción de todo aquello que no casa con sus ideales. Esto ya se ha mencionado alguna vez en este blog, amiguitos: ya sabéis lo que sucede cuando se politiza el arte, ¿verdad?

Exacto: se convierte en propaganda.
Y, partiendo de esta idea, da la impresión de que la Iglesia (o al menos sus sectores más beligerantes) están dedicándose a meterse donde no les ha llamado ni Dios, solicitando (o sugiriendo) prohibiciones o censura en sitios donde dichos conceptos no deberían existir (especialmente en un sitio como España, donde la censura tiene un carácter particularmente negativo, con fundadas conexiones pre-democráticas).
Supongo que llamarlo propaganda os puede sonar exagerado, pero no recuerdo que la Conferencia Episcopal se pronunciase acerca de la violencia explícita en La Pasión de Cristo. Yo no voy a quejarme al respecto, puesto que esa historia debió ser igual de violenta, o más, que como se plantea en la película. Lo que me parece muy fuerte es el hecho de que se censuren, mutilen o incluso prohiban historias no tan violentas en nuestro país por los mismos motivos y no pase nada. Porque no hablan de Jesús. Tócate los huevos.


William Shakespeare: otro posible blanco de las iras de la Iglesia, que podría sugerir el retiro de sus obras por incitar a la homosexualidad entre hombres casados y con hijos (en El Mercader de Venecia) el amor entre mujeres (en Noche de Reyes) o la iniciativa amorosa por parte de una mujer, si entendemos sus Sonetos desde el punto de vista heterosexual. Como la persona poética de éstos no está especificada, podría interpretarse sin problemas el tema del amor homosexual (incluso hay teorías que sugieren que el propio Shakespeare fuese homosexual). Hala, otro para la quema.

En cuanto a los contenidos, ciertos argumentos dan risa: si vamos a prohibir lo violento por nuestra habitual tendencia social a negar lo malo, lo oscuro o lo zafio del ser humano, entonces que venga alguien y me explique (si tiene los cojones bien puestos) por qué el AMOR entre dos personas, aunque sea del mismo sexo está mal. ¿Porque no está orientado a la procreación? Partiendo de esa base, un matrimonio tradicional en el que uno de sus miembros sea estéril rompe la ley de Dios, y por tanto, debe segregarse, ¿no?

Si hablamos de un Dios de Amor, hablamos de Amor. Y lo que debe predicarse es el Amor. Joder, hasta Cristo decía que lo primero que había que hacer para entrar en el Reino de los Cielos era amar a los propios enemigos. No despreciarlos, no llamarlos enfermos, ni antinaturales. Eso suena más propio del credo del que el mismo Hijo del Hombre se separó al predicar su doctrina; aquella religión que hoy en día va de víctima por la vida, pero que en sus escritos más oscuros demonizaba los matrimonios interraciales, el bilingüismo y la sodomía. No diré más respecto a esos amables seres.

Ante la defensa de gente con una mente tan abierta y tan dispuesta a amar al prójimo (o, al menos, al prójimo que agacha la cabeza ante el sistema del mismo modo), no puedo sino maravillarme.
Unos dicen que la Iglesia Católica se encuentra con derecho a tales cosas porque "en España la mayoría de la gente es católica".
Mi respuesta ante eso es que no voy a entrar en lo que es la mayoría, porque:

a) No me han pasado el censo actualizado
b) Lo que sea la mayoría no justifica la falta de respeto con la minoría
c) La Iglesia Católica NO se encuentra (o no debería) encontrarse por encima de la Ley; por tanto, si la Constitución dice que aquí NO tenemos religión oficial y que tenemos libertad para publicar lo que nos salga del culo siempre conforme al arreglo de la ley, ya pueden ofenderse o tirarse desde un puente, que NO tienen derecho a presionar ni obligar a nadie. Se pongan como se pongan.


Otro inmoral cuyas obras podrían prohibirse, si seguimos la doctrina de los amigos de la sotana: Federico García Lorca.

Otros dicen que es que algunas cosas son ofensivas.
Mi respuesta es que ya me están tocando los cojones con eso de la "ofensa" como argumento.
Hoy en día todo el mundo se ofende; hoy en día no se pueden tocar ciertos temas porque el prójimo se santigua escandalizado, se pone a llorar o simplemente empieza a chillar como una folklórica histérica para pedir censura. Ni regulación ni control ni putas hostias. Las cosas por su nombre, y eso se llama censura.

Los terceros son los demagogos, que son los que dicen que los niños pueden acceder a ese contenido y pueden sufrir confusión.
Mi respuesta es que ese argumento, con todos mis respetos, da risa de lo demagógico que es. Para empezar, usar a los niños como arma argumental roza lo despreciable, porque se emplea a personas que no pueden defenderse por sí misma para sensibilizar al contrario. Intentar sacar la lagrimita del contrario, diciéndole "mira qué malo eres, mira a este pobre niño" a mí personalmente lo que me causa es ganas de vomitar.
Lo de la confusión es una ridiculez como la copa de un pino y os explico por qué: si un padre no tiene los cojones de explicarle a su hijo que el amor puede no darse entre personas de sexos diferentes, igual tendría que plantearse revisar sus dotes como padre. Pero más allá de eso, por la misma regla de tres, igual de confuso debería ser que un niño viese a una persona cuyo color de piel es diferente, y por experiencia familiar, os digo que NO lo es. Un niño acepta como normal aquello con lo que se cría; si en su clase hay otro niño de raza asiática o con la piel más oscura, lo ve como normal. Esto dice mucho más en favor de los niños que de los adultos, que nos pasamos todo el santo día pensando en lo que puede confundir o no a un crío, pero luego, como nos comunicamos con ellos la mar de bien, ni siquiera nos molestamos en preguntarles. Dispara y luego pregunta, así lo hacemos.
En tercer lugar, aunque ambos argumentos tuviesen sentido, hay que decir que España goza de un sistema de calificación por edades en sus películas. Esto, lejos de prohibir u obligar, es un sistema de recomendaciones y orientaciones: es decir, un menor podría ver La Matanza de Texas siempre y cuando un adulto vaya con él; en cualquier caso, la responsabilidad es del adulto por meterle en una sala a ver contenido no recomendado a un crío.


Este señor es Percy Bhysse Shelley, al que muchos conoceréis por haber sido el esposo de Mary Shelley, autora de Frankenstein. Ateo y con una vida pecaminosa. Hala, sus libros de poemas, a la hoguera también...

Luego vemos el caso de algunos lumbreras que meten a críos de seis años a ver El Pianista o Kick-Ass (Pongo estos dos ejemplos porque en ambas películas he visto niños pequeños) Pero que uno tenga un padre gilipollas no es culpa de nadie, oiga. No vamos a ponernos a prohibir películas a cascoporro por eso. Ante la facilidad de la ofensa, siempre se tiene la libertad de elegir no ver dicha película: por ejemplo, el tratamiento sobre el vampirismo que se hace en la Saga Crepúsculo me parece simplista, vulgar, maniqueo, retrógrado, sexista e incluso ridículo. Me habreis oido poner a la señora Meyer a caer de un burro como escritora. Habreis leido por activa y por pasiva que su Saga me parece una mierda pinchada en un palo. Pero jamás me habreis dicho que deberían censurarla o prohibirla.

Recordad sin embargo la tanda de payasos que surgió cuando los libros de Harry Potter empezaron a pegar el pelotazo: millones de niños acostumbrándose a leer gracias a una saga que, mire usted por donde, fue acusada de (y cito de modo casi textual) "incitar a los niños a usar la brujería y apartarse de las doctrinas de Jesús".
Supongo que estos son los listos que SÓLO leen la Biblia. A ver, yo me la leí en su día y como libro no está mal; de hecho, tiene sus ventajas históricas (gracias a la cantidad de traducciones que hubo se convirtió en una obra de referencia en lingüística comparada de lenguas muertas, por ejemplo), pero no por ello se debe atacar a cualquier libro que no sea El Libro. Porque incluso en la Biblia se encuentran contenidos no aptos: véanse matanzas (Sodoma y Gomorra), torturas (Deuteronomio) o erotismo puro y duro (Cantar de los Cantares). Si nos regimos por ese baremo, la Biblia debería ser el primer libro censurado. Y nadie se lo plantea (ni yo mismo siquiera).


Charles Baudelaire. Adoraba a Satán en sus poemas. Otro indeseable.

Igual es por el pánico homosexual.
Muchos expertillos en eso de la naturaleza humana, al considerar que no ser heterosexual es una "desviación", se creen que la homosexualidad es una enfermedad contagiosa; que al tolerar los matrimonios lesbogays habrá una especie de epidemia zombi-gay y todos nos iremos a Chueca a bailar por Lady Gaga vestidos en tanga con tirantes y plumas. Muchas plumas.
Viva el puto estereotipo.

Me tengo que descojonar como intentan ser políticamente correctos al mismo tiempo que sugieren la segregación del colectivo homosexual: cómo dicen que "son personas iguales que tú y que yo", pero al mismo tiempo niegan su igualdad de derechos ante la ley. Un homosexual, según ellos, puede casarse, pero "no puede llamarse matrimonio" (toma ya), porque la Constitución dice que el matrimonio es "entre hombre y mujer". Vaya, ahora SÍ aceptan la Constitución; sin embargo, si estamos hablando de igualdad, estamos hablando de igualdad, tal y como expresa ésta en su sección de derechos fundamentales. Si ahora resulta que el matrimonio es exclusivo entre heteros, el concepto de igualdad se va a tomar por culo (no pun intended).


Chuck Palahniuk, estandarte de la literatura contracultural y creador de obras de culto como El Club de la Lucha. En sus novelas a menudo aparecen valores tan inmorales y anticristianos como gays, travestis (Monstruos Invisibles), adictos al sexo (Asfixia), madres solteras (también en Asfixia), terroristas (Nana, El Club de la Lucha) y demás indeseables. Ya mismo sufrirá el tijeretazo, si no prohiben directamente sus libros, al paso que vamos...

Lo cual me lleva a otra cosa que me hace gracia, y es el hecho de adueñarse de un concepto entero. Parece ser que, si una persona se casa con alguien del mismo sexo no puede llamarse matrimonio, porque así parece recogerlo nuestro derecho, basado en el derecho romano y tal. Guai. El derecho romano a ese respecto, según me contó alguien (lo siento, no recuerdo quién fue), parece estar basado en (ajajá) las doctrinas católicas, muy posiblemente porque esa parte fuese redactada cuando el Cristianismo era religión oficial del Imperio. Dicho de otro modo, estas doctrinas se mean sobre los conceptos de igualdad que venimos defendiendo desde 1978 (para empezar, porque nosotros ya NO tenemos religión oficial)... pero veamos en qué creo yo que la pifia este planteamiento.
Para empezar, lo que me mosquea de todo esto es el concepto de "apropiación indebida". Partiendo de esa base, va a resultar que no existieron matrimonios antes del Cristianismo; o bien, si nos ponemos así, da la puta casualidad de que un matrimonio civil, tal y como me contaban los curas de mi colegio, "no es tal ante los ojos de Dios". Dicho de otra manera, "a la manera del clero o a la carretera".
En segundo lugar, es un poco la idea de pillar el canasto de las chufas y encabronarse por todo aquello que no siga los dictámenes de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, cagándose en la puta madre de todo aquel que transgreda sus normativas (¿Oiga? ¿Normativas? ¿Es que ellos ponen las leyes?), pero al mismo tiempo, quejarse de que las iglesias se están quedando cada vez más vacías y que cada vez hay menos gente con fe.


Clive Barker. Otro antinatural, según los cánones de heterosexualidad por cojones. Si habéis leído novelas suyas como Imagica, veremos que no tiene reparo alguno en mostrar personajes protagonistas capaces de establecer relaciones sexuales, digamos, poco usuales (cuando leáis esa novela entenderéis a lo que me refiero); en relatos como "En las colinas, las ciudades", los protagonistas son una pareja gay que se encuentra con algo bastante insólito mientras hacen un viaje en coche.

Yo no sé si estas quejas las hacen en serio, pero espero que eso de que no saben la razón por la cual cada vez hay menos gente creyente en la Secta Oficial sea una pose y no verdad, porque de ser así, me estarían demostrando que son de lo más cortos de entendederas. No puedes pasarte media vida puteando a los demás (me remito a la historia para ver el nivel de tolerancia del Catolicismo hasta nuestros días) y luego esperar que vengan a ti como putos corderitos. Que puede que yo piense que la raza humana no es demasiado lista, pero todavía muchos no han desarrollado tal nivel de gilipollez extrema como para llegar a eso.


Citando libremente al doctor Henry Jones: "Los ignorantes como usted deberían leer libros, en lugar de quemarlos". Esto se puede aplicar a aquellos que imponen la tijera y el rotulador rojo a aquellas obras de arte por miedo a que unos cuantos se cabreen o se rasguen las vestiduras.

Por otra parte, hay mucha gente creyente, lo cual no creo que sea malo. Yo mismo no me considero ateo, aunque os parezca extraño; es tan sólo que, por cuestiones personales, me niego a creer que un templo en Roma sea un país (aunque esté reconocido por la ONU); me niego a creer que una panda de viejales hablen con Dios y que sean representantes de éste en la Tierra. Porque no. Porque no creo que ellos tengan nada que los haga especiales como para eso. Y por último, me niego a reconocer esa superioridad moral de la que presumen, porque me han demostrado en infinidad de ocasiones que no son mejores personas. Que sus creencias a menudo se han usado para justificar la barbarie. Que han mirado para otro lado cuando se han cometido masacres, pero que luego han condenado verdaderas chorradas.
En resumen, me niego a aceptar la autoridad de una panda de hipócritas (y por hipócritas me refiero a la cúpula, que son los que han engañado a miles para que les hagan el trabajo sucio en el tercer mundo; países que, que yo sepa, no ha visitado ningún Papa en su puta vida, o no lo ha hecho con tanta frecuencia como con los países del primer mundo. Igual es porque no hay hoteles guapos, ni caterings con jamón del bueno o langostas)



"NGorongo, dicen que el Papa viene la semana que viene a visitarnos"
"Guai, ¿eso hará que estemos menos jodidos?"
"Bueno, viene a dar una misa y a rezar por nosotros"
"Muy bien, pero ¿pasaremos menos hambre?"
"Dicen que le van a preparar un banquete con más comida de la que veremos nosotros en toda nuestra puta vida"
"Vaya, eso no suena muy bien. ¿Para qué viene, entonces?"
"Pues viene porque nos ama, y porque tiene un mensaje para nosotros"
"¿Ah, sí? ¿Cuál?"
"Que Dios nos ama también"
"Coño, pues para decirnos eso y comerse nuestra comida de toda una vida, ya podría mandarnos un mail y quedarse en su palacio"
"Pero si nosotros no tenemos ordenador"
"Bien, ya lo vas pillando"

Os voy a proponer un experimento.
Suponed, por un momento, que existe un Dios tal y como lo pinta el cristianismo. Los ateos lo tendréis un poco más dificil, quizás, pero haced el esfuerzo. Suponed, por tanto, que teneis por delante un mundo poblado por hormigas, o por células que habéis creado, ¿de acuerdo?
Suponed que esas hormigas o esas células tienen colores diferentes. Suponed que no todas esas hormigas o células procrean; no hacen daño a nadie, pero simplemente se amanceban entre ellas, nada más. Suponed que, si bien en unos sitios la cosa medio va bien, en otros, tenemos hormigas o células que matan a otras. Otras fomentan la superpoblación y la propagación de enfermedades desde sus puestos de poder. Por otra parte, tenemos especímenes que matan, esclavizan o violan masivamente a otros; pequeños insectos que se destruyen entre sí por recursos naturales y que, descubrís un día, que lo hacen por vosotros. Porque, según un puñado de esas criaturillas, vosotros les habéis dicho que tienen que limpiar el mundo de indeseables, de enfermos y de aquellos que desafían a Vuestra Ley.
Pensad esto con frialdad, tomaos el tiempo que haga falta.
Y, una vez hayáis terminado vuestra reflexión, responded a esta pregunta: Si sois un Dios de Amor, ¿exterminaríais a alguien? Y si, decidís hacerlo al que más se lo merece, ¿a cuál de ellos sería?

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Mondo Chorra: Ilusionaria, o Un Soplo de Aire Fresco Ante Tanto Nihilismo



Creo que, a estas alturas de la vida, queridos Distópicos, no es ningún secreto mi particular desencanto con la raza humana en general. No hay más que ver las noticias... o la televisión, en general, ya puestos, para entenderlo. Otra cosa es que estéis o no de acuerdo, pero supongo que al menos sí comprendereis mi punto de vista (no es algo difícil, considerando que en ese aspecto no me considero una persona complicada, sino más bien simple).

Pero claro, las cosas pueden variar dependiendo de la óptica que empleemos. La vida es mierda pura si queremos ver mierda pura y no otra cosa, del mismo modo que, como hemos visto en posts anteriores, podemos encontrar fulanos que encuentran una obra de arte en lo que al resto de los mortales nos parece un mojón de aquí te espero. Hoy vamos a cambiar un poco la óptica y vamos a pasar a lo que podríamos llamar "automolamiento" (si sois malpensados) o directamente "un soplo de aire fresco", tal y como reza el título de este post.
Porque algunos habréis pensado que este blog parece nacido para cagarse en todo y no hacer nada por solucionarlo. Y teníais razón. Por eso conviene pasar a la acción de vez en cuando y trabajar con gente realmente estupenda.

La razón es el proyecto del que quiero hablaros hoy. Y no sólo porque participe yo en él como ilustrador (que también), pero poco; a decir verdad, uno no es más que una minúscula piececita entre los cuarenta integrantes, entre escritores e ilustradores, que hemos hecho girar los engranajes que hay dentro de nuestros cráneos. Y mi trabajo no habría sido nada de no haber sido dirigido por quién ha estado dirigido (su nombre, más abajo, os dejo en la intriga un ratito, si es que no habeis leído aún el nombre que aparece en la carátula, claro) y por Vanessa Benitez Jaime, que es la escritora del cuento que he tenido el orgullo de ilustrar, y con la que fue condenadamente fácil ponerme de acuerdo para plasmar la idea de lo que ella quería contar en su historia. Así da gusto hacer las cosas, lo digo en serio.

Os cuento un poco de qué va la historia y os pongo en situación acerca de los motivos por los cuales nos pusimos cuarenta personas a menear el culete a la vez: todos vosotros habréis oido hablar de Fukushima y del cipote que se ha armado allí con el terremoto, el tsunami y el escape en la central nuclear. Terrible, sin duda, pero no es el primero; quizás los más jóvenes no hayáis oído hablar de Chernobyl ni del accidente que tuvo lugar allí allá por 1986 (yo era un crío y quizás algunos de vosotros ni hubieseis nacido siquiera): una auténtica catástrofe medioambiental que perdura hoy en día a causa de las cantidades masivas de radiación que escaparon al aire libre.

Este proyecto nace precisamente a causa de eso: un tipo llamado Juande Garduño (al que conoceréis por novelas como Y Pese a Todo) se puso hará cosa de un mes, o mes y algo, en contacto con escritores e ilustradores (publicados o no) con la intención de preparar una antología benéfica de cuentos. Su objetivo: recaudar fondos para la asociación Matrioska-Fons Mellaria. Con el dinero obtenido con dicha antología, se cubrirían gastos de desplazamiento y gastos de visados de niños de entre 7 y 17 años de la zona que componen el programa de acogida. Recordad que la radiación tarda siglos en desaparecer, y si es posible que críos que viven por allí puedan pasar una temporadita en España, algo bueno que se habrá hecho.

Dejo por aquí un enlace, donde se puede encontrar la biografía de los responsables que hemos trabajado en esto, así como datos de interés para aquellos interesados en hacerse con un ejemplar del libro. También podreis encontrar información acerca de las diversas presentaciones oficiales de la antología. Todas estas noticias y muchas más podreis encontrarlas en el blog http://ilusionariaantologabenfica.blogspot.com/.

Según he podido cotillear, para recibir el libro, hay que hacer un ingreso de 15 euros en el número de cuenta 2024-0031-493300012444 de CAJASUR. Indicando: Ilusionaria-seguido tu nombre. La cuenta está a nombre de la asociación Matrioska Fons Mellaria. Cuando esté hecho el ingreso, por favor, envíanos en email con los datos de envío y el resguardo de la transferencia, y en cuanto salgan de imprenta se enviará el libro. Esta es la última información que me ha llegado acerca de cómo conseguir la antología, pero atentos al blog, por si hubiese algún cambio.

En fin, como habeis visto, no todo es rabia en Rumbo a la Distopía. Espero que algún día la raza humana sea consciente de que no podemos pasarnos la vida en plan hijoputa. Que cunda el ejemplo.



domingo, 30 de octubre de 2011

Escupiendo Rabia- Esquizofrenia nacional



Pues fíjese usted que me creía yo que habíamos superado ya ciertas cosas. Años y años han transcurrido desde aquel incidente fantasma con cierto cantante latino en un reality, un armario, una fan, un perrito y un bote de mermelada/foie gras (dependiendo de la versión). Yo creía que a estas alturas ya habíamos dejado atrás la rumorología, las leyendas urbanas y, muy especialmente, eso de creernos absolutamente todo cuanto nos cuentan.

O, hablando en términos más directos, creernos todo cuanto vemos por televisión.
Eso, por supuesto, hasta la semana pasada; sólo necesitas mirar un rato la caja tonta y estar atento a las noticias para descubrir, no sin cierta desazón, que tu país está lleno de amebas. De tontitos. De primos. De esquizofrénicos.

Con respecto a esta última palabra, voy a hacer un inciso con intención de explicar el por qué de este término: según lo (poco) que estudié en la Facultad de Psicología, hace unos cientos de años, los trastornos y patologías mentales pueden enmarcarse dentro de dos grupos. Por un lado tenemos los trastornos neuróticos, y por otro, los psicóticos. La diferencia entre éstos, grosso modo, consiste principalmente en si el trastorno provoca la pérdida de contacto entre el paciente y la realidad. Dicho de otro modo, se entiende por trastorno neurótico todo aquel que viene a ser una especie de "desequilibrio emocional", o trastornos derivados de la ansiedad (definición de William Cullen): un trastorno depresivo, una hipocondria, cualquier o casi cualquier parafilia o trastornos del sueño podría responder a esta catalogación.
Un trastorno psicótico, por su parte, vendría a ser "Un desorden mental severo, con o sin un daño orgánico, caracterizado por un trastorno de la personalidad, la pérdida de contacto con la realidad y causando el empeoramiento del funcionamiento social normal" (definición de Stedman). Aquí aparecerían los diferentes tipos de paranoia y esquizofrenia.

La esquizofrenia, propiamente hablando, vendría a ser dicho trastorno caracterizado por alteraciones en la percepción o la expresión de la realidad. En resumen, lo propio de una persona que, bien no ve las cosas como son para los demás, bien ve cosas que no están ahí.
Justo lo que pasó esta semana en cierto programa de la televisión, cuando se invita a un cantante pop, al que me referiré como El Campañitas (por eso de haberse pegado varios años sin dar golpe como músico, pero poniendo su jeta -y poco más- ante cualquier campaña prosocial que se precie o cantando en discos de homenaje; o, al menos, ha venido siendo así hasta que al chaval le ha dado por grabar su primer disco en solitario) y a un mago.


Pero no como Gandalf, sino de los otros. De los de chisteras, conejos y demás.

No es necesario imaginarse que si invitas a un mago a un programa de televisión te va a hacer un truco de magia. Hasta ahí debería llegar el Homo Hispanicus medio. Ojo, pongo debería. Como ya sabéis, el uso de un tiempo condicional en caso alguno implica un hecho real, sino uno que expresa hechos potenciales o hipotéticos.
El uso de este tiempo no está injustificado.

El truco en cuestión es más viejo que mear de pie: le muestran al público una guillotina y pasan zanahorias por la hoja de esta para que CREAMOS que está más afilada que el garramen de Lobezno. Luego el presentador le dice al Campañitas que por qué no se pone en la guillotina. Sólo una ameba con problemas genéticos graves en su única célula pensaría que algo se puede salir de madre. Con un truco tan trillado (eso ya lo hacía Alice Cooper en sus giras en los años 70) lo único que una persona normal puede pensar es "Venga, ya nos van a hacer el paripé de la decapitación". Un servidor, que no es más listo que los demás (puede que menos que la mayoría, incluso), ya se olía incluso el falso error de cámara por parte del equipo. Dicho y hecho, cuando baja la hoja, cae rodando algo que suponemos que es la cabeza del cantante y la cámara gira drásticamente mientras la voz del presentador (que, como actor no es gran cosa, para qué nos vamos a engañar) diciendo que corten la emisión, que ha pasado algo.

En cuestión de minutos, las redes sociales se hacen eco.
Un montón de gilipollas se creyeron que REALMENTE habían decapitado al Campañitas, obligando a la productora y al programa a pedir disculpas y dar explicaciones. El propio cantante tuvo que decir en su Twitter que estaba vivo, para tranquilizar a sus fans.


Estoy de acuerdo con lo que dice arriba.

Y esto, llega un punto en que ni me desconcierta, ni me causa rabia, ni me da ganas de reirme por no llorar. Nada de eso.
Ver como mi país está lleno de cretinos e imbéciles que se creen absolutamente todo cuanto ven en televisión no es para reirse ni para cabrearse. Es para preocuparse, y mucho. Ya empieza a quedar más que claro que, cada día más, nos estamos convirtiendo en una nación llena de gente impresionable, manipulable y, por encima de cualquier otra cosa, carente de imaginación y fácil de engañar.

Pablo Motos no es Robert de Niro.
No es Edward Norton.
Joder, ya puestos no es siquiera Shia LaBoeuf. ¿Ninguno de esos genios se dio cuenta de que estaba fingiendo?

Es más, la magia ni siquiera es magia. Nada de lo que vemos es real; de hecho, ni siquiera se acerca a lo real. Es todo un arte dispuesto para engañar al público, para hacerle creer, por un momento, que puedes decapitar a una persona y que ésta, a los tres segundos, se levanta como si nada. Que puedes entrar por una puerta y salir por otra como si te hubieses teleportado. Clavar espadas en el cuerpo de una azafata vestida con lentejuelas. Creer que un truco de magia tiene la más mínima posibilidad de dañar a alguien tiene tanto sentido como pensar que la gente muere a diario haciendo películas. Sí, existen los accidentes, por supuesto... pero es más probable matarte de un accidente de tráfico que actuando en una peli (exceptuando al pobre Brandon Lee, pero eso es materia de una investigación mucho más severa y que aparenta una cierta intencionalidad en lo que le sucedió)


A este SÍ se lo cargaron durante un rodaje. Pero sucedió allá por el 94. Ha llovido mucho desde entonces y no se ha vuelto a saber de más gente que haya palmado en circunstancias extrañas o accidentales durante el proceso de una película. En ningún caso se puede tener como algo que entre dentro de lo probable.

Pero pongamos el caso hipotético de que el señor Motos fuese la próxima estrella revelación del Actor's studio. Pongamos por un momento la extrama posibilidad de que hubiese el más mínimo indicio de accidente en la susodicha guillotina.
Pensad por un momento DÓNDE lo estais viendo.
Bingo. Lo estais viendo en la tele, patria de la mentira y de la tergiversación de la realidad. Donde absolutamente nada es lo que vemos.

No hablo por hablar. Hace algunos años conocí a la que se convertiría en una buena amiga mía que, por avatares del destino, recibió una beca para trabajar en una de nuestras magníficas cadenas privadas. Como comunicadora audiovisual que era, ya había sido advertida en la carrera de que los medios de comunicación NO son veracidad, ni información: son una manera de dar espectáculo. Y si consideramos que la magia y el cine son parte del mundo del espectáculo, no nos costará nada descubrir que la tele es la mayor fábrica de engaños, mentiras e ilusiones que existe en la actualidad. Ella misma lo comprobó en sus propias carnes cuando vio cómo funciona ese mundo por dentro: cómo, en programas de encontrar pareja, donde se supone que los concursantes no se conocen entre sí y ni siquiera tienen contacto entre ellos, alternaban tranquilamente en los pasillos de la cadena y se ponían de acuerdo acerca de lo que decirse ante las cámaras.
Para dar espectáculo.
Para hacer creer al público que estaban viendo algo real.



Ejemplo número 1 de que NO todo lo que vemos u oímos tiene por qué ser real: Milli Vanilli.


Ejemplo número 2: la modelo polaca Iga Wyrwal. Decid lo que os dé la gana, pero yo sigo sin creerme que esta mujer sea de verdad...

Y con esas, todas: las noticias no empiezan por lo más destacado del día, sino por lo más espectacular; por aquello de lo que va a estar hablando la gente días y días. Y, si os fijais, esa noticia de interés se sigue repitiendo días y días...
¿Una noticia que se repite?
Pensad en ello.

Los medios de comunicación son espectáculo, orientado principalmente a dos objetivos:
1) Orientar al receptor a segun qué ideologías, dependiendo del medio en cuestión (lo que llamaríamos propaganda)
2) Distraerlo de verdaderos problemas y evitar que piense en ellos ("Al pueblo, pan y circo", que diría Juvenal; diecinueve siglos han pasado desde que acuñó esta frase y fijaos: así seguimos y así seguiremos)

Pero no nos confundamos: eso no convierte a los medios en algo intrínsecamente malvado. Nosotros tampoco somos las pobres ovejitas inocentes que vivimos engañadas en un mundo corrupto y cruel que nos exprime el cerebro. Tal aseveración sería de una inocencia tal que tendríamos que adornar este post con fotos de Osos Amorosos y perritos en cestas.
No, joder.
Recordad este dicho popular, atribuido a Anaxágoras, según he leído por aquí (cosa que no termino yo de creerme demasiado, pero no he encontrado otra fuente): "Si me mientes una vez es culpa tuya; si me mientes dos, es culpa mía".


La ceguera no es siempre algo fisiológico. También puede ser voluntario.

Y es a eso a donde quiero llegar. Volviendo al caso de arriba, no es culpable el señor Motos por poner en marcha una farsa como la que montó; tampoco culpa del mago, que hizo lo que sabía hacer. Tampoco del Campañita, por prestarse a ello. Ni siquiera de la cadena, por permitirlo.
La culpa es de toda esa panda de cretinos y críos mentales que dieron por hecho que, por haber sucedido en la tele, era verdad. Ese rebaño humano que se intoxica a diario de mentiras y mierdas y que, no contentos con ellos, se las creen sin reservas. Sin preguntarse nada.

Muchos de ellos son de esa nueva especie de seres inteligentes que van por la vida de ofendidos en cuanto ven un contenido por televisión que no les gusta y, echando mano del argumento demagógico ("tal contenido me ofende y pido que lo eliminen y que no vuelvan a ponerlo nunca más") se dedican a presionar a las cadenas de televisión (vulnerando abiertamente el Artículo número 20 de nuestra Constitución, punto 1d, donde se habla de la Clausula de Conciencia, consistente en el derecho a informar sin recibir presiones políticas o ideológicas) para que contenidos tan "ofensivos" como ver una pareja homosexual o familias no "standard" en una serie de televisión desaparezcan de nuestras pantallas. Esto último sucedió, cuando se supo que la serie de televisión Los Serrano recibió presiones por parte de ciertos colectivos de "telespectadores" (¿En serio la gente tiene tiempo libre para crear colectivos de gente que ve la tele?) por mostrar una familia formada por un viudo y una separada, y la relación no del todo "canónica" entre dos de los hermanastros.


Con lo fácil que habría sido hacer un resumen de cualquier capítulo para argumentar que la serie era un mojón de aquí te espero... lo mismo así nos habríamos ahorrado patochadas como SJK (Santa Justa Klan), los discos de Fran Perea, el auge de El Sueño de Morfeo o aquel último capítulo que anticipaba la crisis de guionistas que nos azota en la actualidad...

Estos colectivos hicieron alguna declaración pública acerca de que la televisión estaba intentando normalizar cosas demoníacas y antinaturales, que atentaban contra los valores cristianos de nuestra sociedad. Aquí me remito de nuevo al artículo 20, punto 1d de nuestra Constitución y al artículo 16, donde queda más que claro que ninguna confesión tiene carácter estatal. Dicho de otra manera, por mucha mayoría católica que haya en España, el credo católico en modo alguno puede imponer su doctrina en la televisión ni en cualquier otro medio de comunicación. Por cultura se puede tener en cuenta, pero eso no quiere decir que nuestros medios de comunicación tengan que pasar por el filtro religioso. No a menos que la Conferencia Episcopal fundase su propia cadena de televisión privada y fuesen ellos quienes decidiesen los contenidos que emiten en su propio canal.

Y no sólo ellos. En este guiso de "me siento ofendido" y "tu contenido ofende, pero no la censura que yo propongo" participan medios y organismos que, por regla general, suelen ser bastante respetables. ¿Por qué? Quizás porque la estupidez es contagiosa; quizás porque, con la intención de hacerse notar y salir en la tele hay que pasar por el aro del circo. O quizás, horror de los horrores, porque en el organismo más respetable del mundo también hay idiotas que no saben distinguir la realidad de la ficción y usan la demagogia y el pataleo para dejar bien claro que la soplapollez es una forma de vida que hay que defender a capa y espada.
¿Que no me creéis?
Sólo mirad las noticias acerca del cartel de la película Larry Crowne.


Ya os lo pongo yo.

A primera vista, no hay nada ofensivo en dicho cartel: Tom Hanks llevando a dar un paseo a Julia Roberts, ambos felices y sonrientes...
Pues que sepáis que este cartel ha sido denunciado, amiguitos.
Por la DGT.
Los actores salen en un cartel conduciendo en moto y no llevan casco, lo que consideran "incita a inflingir las normas de circulación".
Con dos cojones.
Otros que tampoco distinguen realidad de ficción. ¿Qué será lo próximo? ¿Prohibir la emisión de Mad Max?
O igual otros se apuntan a la movida y empiezan a pedir sanciones de todos colores para ganar pasta por la cara. Pongamos que un día yo digo que me ofende ver cómo Schwartzenegger mata gente en Terminator porque, joder, matar está penalizado.
Pero nada, amiguitos Distópicos. Así funciona el tema: ahora todo es demagogia; todo ofende y hay que escuchar al colectivo más minoritario y disparatado, dándole explicaciones de cosas que a lo mejor no serían ni necesarias. Dichos colectivos, cuya moral es tan discutible, son los primeros en usar a los niños como arma argumental diciendo que sus hijos están en serio peligro moral a la hora de ver según qué contenidos; aunque ese contenido sea algo como ver a un señor de raza negra besando a una chica blanca.


De esto ya mejor ni hablar.

Ante eso, sólo se pueden usar argumentos contundentes: es cierto que todas las opiniones son o deberían ser opiniones válidas; pero oiga, para tener una opinión no basta sólo con convertir oxígeno en dióxido de carbono. La opinión de uno debe (o debería) estar basada en unos argumentos medianamente sólidos que impliquen saber medianamente de qué coño se está opinando. Es como si te van a operar a corazón abierto y el médico te pide tu opinión (sin que tú seas médico) acerca del mejor modo de operarte. Una persona de a pie con un mínimo de sentido común no abre la puta boca al respecto y, todo lo más, busca una segunda opinión... de otro médico. Pero no entra a discutir acerca de algo para lo que no está preparado o debidamente informado.
Pero el Homo Hispanicus medio no es así. Es del que entra a matar, cual torero en un ruedo: chilla, berrea y actúa sin pensar. Ataca aquello que no entiende y pide su prohibición tajante y expresa, haciendo que nos retrotraigamos a siglos atrás, cuando quemábamos y ahorcábamos (o puede que no lo hiciésemos realmente, como indican algunos historiadores, pero desde luego que no lo consentíamos) toda aquella muestra de pensamiento divergente; y cuando otros le preguntan a qué viene tanto jaleo, chilla que son los demás los que no lo entienden y que son unos inmorales.


"Nadie esperaba a la Inquisición Española".
No, si a veces piensa uno que nunca se han ido, que tan sólo se han escondido un poco...

Antes he hablado acerca de lo de la esquizofrenia, y he aquí donde viene la verdadera preocupación: el concepto de realidad depende de la campana de Gauss: en otras palabras, tendemos a considerar "normal" (por ejemplo, ver una percepción como "real") cuando la mayoría de individuos de una población la entienden como tal; de esta manera, los casos patológicos serían aquellos que quedarían en los bordes de la campana.

O sea, esto.

Partiendo de este supuesto, me gustaría que pensáseis en una cosa. Pensad en lo que sucede cuando, por el motivo que sea, la mayor parte de la población ya empieza a comportarse así y cada vez menos es la gente que actúa de un modo medianamente racional o que se para a pensar y analizar lo que está viendo, leyendo o escuchando.
Imaginad por un momento un país que, en su mayoría, considera que todo, absolutamente todo cuanto sale en los medios de comunicación, es una verdad irrefutable e indiscutible. Considerad qué lugar tendrían artes como el cine, el teatro o la literatura en un mundo donde la gente carece de imaginación y se ofenden ante la más mínima muestra de humor negro, sarcasmo, ironía, violencia (verbal o física, implícita o explícita), sexo (implícito o explícito) o escepticismo ante el futuro de la raza humana.
Pensad en lo que sería un mundo donde la gente se toma demasiado en serio cosas que en absoluto tienen la mitad de importancia de lo que deberían. Donde todo aquello que no sea políticamente correcto deba ser mutilado, silenciado, "adaptado a todos los públicos" (eufemismo donde los haya, muy presente en nuestra televisión) o directamente retirado.
No sé a vosotros, pero una sociedad así a mí me pone los vellos de punta.

lunes, 24 de octubre de 2011

Mis Truños Favoritos: Tetsuo, el Hombre de Hierro o "Justificar la mierda llamándola arte"



Si sois fans de aquel programa llamado La Hora Chanante o La Muchachada Nuí (para mí eran el mismo programa, pero con distinto nombre), los tipos que lo llevaban hicieron una vez un sketch acerca del arte o, lo que ellos llamaban "Esa panda de sinvergüenzas", hablando de la cantidad de timos que se han cometido a lo largo de la historia (especialmente contemporánea) y que han tenido lugar con la excusa de "crear un arte transgresor".

En algunos casos, no voy a negar que la transgresión y romper los conceptos preestablecidos sea una forma más de hacer arte (de no hacerlo, negaría que el arte es algo estático que está en cambio constante, y va a ser que no pienso eso); pero también es cierto que no sería la primera vez que algún cretino ha puesto en un museo dos pintadas en la pared de un wáter y ha montado una exposición gracias a eso (cuando eso lo hemos visto cada vez que nos hemos sentado en el trono en un sitio público y, o bien nos hemos reído, bien nos ha parecido una soberbia marranada, bien hemos apuntado el número de teléfono que aparecía ahí, dependiendo del caso y la persona), o algún hijoputa ha cogido un perro callejero y lo ha amarrado en un museo y lo ha dejado morir de hambre en aras de la transgresión, la creación de nuevas formas de expresión y mil polladas más con las que su puta madre se hará un dedo muerta de orgullo.

Pues no.

Aquí seré un obtuso, pero lo digo y lo mantengo: el arte no es cualquier cosa, y llamar arte a lo que no lo es tiene tanto sentido como decir que cagarse en la cara de tus padres cuando duermen la siesta no es una marranada. Pues oiga, sí que lo es, lo llame usted como le salga de los huevos y justifíquelo usted como quiera.

Esa misma es la impresión que me llevé cuando vi la peli que toca despellejar hoy.
Tetsuo, el Hombre de Hierro.
Calificada en su día como "pionera del cyberpunk", nos narra una historia que, desde el principio, ya demuestra tener tanto sentido como dialogo. Y creedme, en esta peli se habla del mismo modo que se folla en España: poco, mal y sin gracia.
Básicamente se nos cuenta que un señor totalmente carente de luces es chatarrero en sus ratos libres; y como vive en el puto Japón, donde la gente vive más triste y alienada que en ninguna otra parte del planeta, expresa su angustia vital rajándose el pellejo y metiéndose cachos de chatarra por debajo de éste.
Todo el mundo tiene un hobby. Al parecer, cuando un director quiere quejarse acerca de lo mal que se vive en su país, expone uno que sólo un cretino integral puede llevar a cabo. Especialmente cuando lo que se vemos que se mete es un puto tubo-tráquea, de los que usamos para meter cables, sin lavar y sin nada.


Bueno, se los pasa por la boca antes de metérselos bajo el pellejo. Seguramente leyó por alguna parte que la saliva es antiséptica.

Como es natural, pasan un par de días y el tubo se le infecta bajo el muslo. Y como el tío es gilipollas perdido, echa un grito al ver los gusarapos que le salen de la herida y echa a correr. Salga usted a pegar chillidos a la calle como un puto histérico y cruce la carretera sin mirar para que un yuppie nipón le atropelle. Huelga decir que, hasta esta escena, todo lo que hemos escuchado es música chatarrera; cuando el coche le pasa por lo alto al gilipollas, suena música guai, con saxofones. Por la puta cara.
Aunque siempre estoy abierto a explicaciones... pero por favor, no uséis el argumento de "Tú es que no lo entiendes", que ya empieza a ser cansino. Suena al típico argumento del que no tiene argumentos. Se valorará la creatividad.
Y si esto os ha parecido absurdo, entonces no sigais leyendo, porque entonces es cuando la peli desvaría de verdad. Avisados quedais.

Pasan unos días y hay una elipsis de argumento que más adelante quedará rellena (que no explicada, no es lo mismo). El gilipollas que se mete chatarra bajo el pellejo ahora mismo parece estar en su zulo habitual, rodeado de cables, mierdas y demás cosas (nada de tecnología ni cyberpunk. Esto en mi barrio es lo que llamamos "un puto chatarrero") y la acción se centra en el yuppie.
Impresionante dialogo telefónico que refleja la incomunicación en el Japón actual, que transcribo aquí:

"¿Diga?"
"¿Hola?"


Un tío diver.

Repítase unas seis o siete veces y ya tendremos el dialogo al completo. Yo no sé a vosotros, pero a mí la crítica a la incomunicación y la sociedad alienada, aunque no me desagrada por lo general, me toca un poco los cojones cuando el "artista" de turno se pone conceptual y va por ahí en rollo pretencioso, creyéndose que por repetir un diálogo hasta que el espectador empiece a pegar cabezadas ya está haciendo una denuncia o que está inventando algo. Lo que está es dando por culo y convirtiéndose en un puto plomazo.

Después de este impresionante diálogo, muestra de ingenio por los cuatro costados, el yuppie plantifica su culo oriental en el banco de una estación de metro. A su lado una señora. Ésta está en lo suyo hasta que ve un cacharrajo en el suelo (a mí me recordaba a las máquinas estas que aspiran el suelo solas). La señora, como es otra intelectual, coge un bolígrafo e intenta tocarlo, como si fuera una cosa viva.
Pues bien, da la puta casualidad de que, para variar, la cosa que está viva y parece contagiar a la señora de una especie de virus chatarroide (me niego a llamarlo tecno-orgánico), que hace que a la señora en cuestión se le ponga cara de chunga, los pelos de punta y le salga una zarpa raruna en lugar de mano. Cómo no, ataca al pobre yuppie que tiene al lado y le persigue por toda la estación (en la que, por algún motivo que nadie me ha explicado, está vacía de repente) hasta los wáters, donde le cuesta tela deshacerse de ella.


Señora Chunga vs. Yuppie aburrido.
Round 1.
FIGHT!


He olvidado mencionar que, entre el superdiálogo y el ataque de la Mujer-Chatarra al yuppie le ha reventado un gránulo en su inmaculada jeta. Lo chachi es que el forúnculo en cuestión se parece bastante a un condensador. Si os acordáis de la escena de los pelos de insecto en La Mosca (salvando las insondables distancias) os podreis hacer una idea de lo que hablo. Este detallito viene al caso porque, justo cuando la Mujer-Chatarra deja de ser útil para el guionista, al fulano le crecen un par de tubos-tráquea de los tobillos, de manera que ahora puede ir por ahí deslizándose por la calle (escena en stop-motion que te deja con el culo torcido al verla). Así, llega a casa para poder practicar el noble arte del froti-froti con su señora.


Forúnculo de metal.

Pero ojo, que esto es Tetsuo y aquí ni un puto kiki es normal. En dicha escena, el colega parece tener una especie de visión transfigurada de la realidad y ve a su señora a lo Marilyn Manson con un tubo-tráquea saliéndole de su honorable chochete.
Luego los nipones se quejan de que los llamen pervertidos y rarunos. Pero coño, ya era bastante bizarra la peli como para ver a la Señora Aspiradora meterle el tubo al Señor Yuppie Con Acné Metálico meterle el tubajo por el recto.


Esto.


Escena de 2069: A Sex Odissey. Ya puestos a hablar de homenajes, al crítico gafapastoide medio se le olvida decir que Tetsuo homenajea a esta película. No hay más que verlo.

A todo esto, en casi media hora de peli que dura esto nadie ha dicho más de dos palabras seguidas, y lo que no se ha dicho... bueno, ya veis el sentido que tiene.
Al señor, después de esta movida (o antes, la cronología se me escapa un poco con tanto chasquido audiovisual y tanta imagen de ruido blanco insertada) le crece también otro cacharraco en el brazo. Para calcular el tamaño, pasaos por el supermercado; trincad una caja de galletas de las medianas y ponedla sobre vuestro antebrazo.
Enhorabuena, ya habéis calculado el tamaño del chatarrajo que le sale al señor Yuppie del brazo.
Y aquí es donde digo yo:
Vale que sea un virus.
Vale que de algún modo se haya contagiado del rollo chatarroide del tío al que atropelló.
Pero, ¿alguien puede explicarme qué cojones le pasa a la mujer que no ve ni ese mamotreto ni los dos cachos de tubo-tráquea que le salen de los tobillos?


Discreto.

Pues nada, que esto continúa.
Nuestro colegui empieza a encontrarse mal (no es para menos) y en vez de ir a un hospital (¿tan chunga es la Seguridad Social en Japón?) va a donde iría cualquier idiota que es protagonista de una peli de terror mala: al baño.

Y si os creíais que ya lo habíais visto todo, os advierto de nuevo: no sigais leyendo.

Porque al salir del baño, a este señor se le cae la churra y en su lugar aparece un magnífico taladro con el que intenta empotrar a su esposa.
Nueva genialidad del director con la frase: "¿Quieres probar mi taladro?"


Una picha-taladro. No es coña.


"Yo llamo Decker a mi polla. Ya sabe, como Black & Decker, las taladradoras". ¿Habrá visto el director de esta mierda Las Aventuras de Ford Fairlane?

La señora, lógicamente dice que tururú, y hasta que no le mete al menos 220 veinte voltios en canal por medio de un enchufazo a su marido, la cosa no deja de dar vueltas (taladro cipotil con percutor de los guapos, oiga, ni Black & Decker)
Y aquí es cuando descubrimos que ella también es gilipollas.
No ha tenido bastante con ver cómo su maridito se ha convertido en un depredador sexual con un cimbrel de metal que da vueltas capaz de destrozar una puerta. Como parece ser que es una especie de adicta al sexo, pues va y se mete semejante chirimbolo por el potorrete (por el de verdad, no por la versión onírica en forma de aspiradora) produciendo un desgarro tan cafruno que sale sangre por todas partes, y consecuentemente, la muerte de dicha señora.

Poético.
Transgresor.
Pura metáfora visual.

A estas alturas de la historia, el yuppie ya es medio hombre, medio chatarra. Le salen cablajos llenos de mierda hasta del sobaco y su cabeza, vista de lejos, recuerda a una masa de papel albal arrugado. El que dijo que el concepto del cyborg implicaba brillantes prótesis metálicas y alta tecnología, desde luego que nunca se echó unas birras con el tipo que parió semejante peli.


A mí, personalmente, más que a un hombre-máquina, me recordó a un hombre-tabique-recién-echado-abajo. Esos tubos y esos cables me hacen pensar más en un montón de escombros que en un robot o en un organismo cibernético...

Por si se os había olvidado (yo mismo lo hice durante un buen rato; de hecho, durante un buen rato de peli me vi obligado a desconectar y admirar lo bonita que es mi lámpara de mesita de noche), la peli empezaba mostrándonos a otro tipo. Sí, el gilipollas que se metía chatarra oxidada bajo el pellejo.

Pues vuelve a la carga, mire usted por donde.
Ahora, sin ningún tipo de transición, orden, concierto o explicación que valga, o ni siquiera un pie argumental, se nos plantifica un flashback que rellena lo que ha pasado entre el atropello a ritmo de saxofón y el yuppie en modo Teletubbie cuando habla por teléfono con su señora.

Resulta que el gilipollas fue atropellado y recogido en el coche por éste; ya puestos, recoge a su señora y, en vez de llevarlo al hospital (me reitero: ¿qué coño pasa en Japón con la Seguridad Social?), como ven que el fulano está palmando lo llevan al bosque para dejarlo morir allí y no tener que dar explicaciones a la pasma. Ya que están, echan un polvete delante del moribundo.
Eso pasa a diario, ¿que no?

Pues nada, nos enteramos que el colega no se muere, de manera que SÍ. Le tenían que haber llevado al puto hospital. Lo más descojonante es que el gilipollas se ha recuperado él solito y, en vez de denunciarlos a la poli, se vuelve a su zulo chatarril a planificar su venganza. Deducimos entonces que ha sido él quien ha enviado a la Señora Chatarra y el responsable de que al otro le salgan pernos hasta en la punta del pito (literalmente) y parece ser que, después de la transformación total en Chatarreitor, decide tirar para su casa.
No, no me pregunteis cómo coño sabe dónde vive el yuppie. Yo tampoco conseguí averiguarlo; el caso es que tira para allá, también con unos tobillos-tubo-tráquea de lo más molones y se deja de ir para allá, oxidándolo todo a su alrededor (porque es guai, o porque le sale de los cojones, no sé). Por algún motivo que tampoco entiendo, aparece con la cara pintada a lo Gene Simmons, de los Kiss.


Aquí, el colega.

Aquí, Gene Simmons. Los fans de la peli dirán que es un homenaje. Y si sale hablando un tío por teléfono, también será un homenaje a Poltergeist II. Ahí también salía un teléfono.

Llegamos a la alucinante escena final.
Cójase a Godzilla.
Cójase cualquier peli o serie japonoide serie Z.
Añádase pretenciosidad al modo de mostrar la pelea.
Réstese sentido.
Ya tenemos la batalla del yuppie contra el gilipollas.
El clímax final de esto tiene lugar justo en una nueva escena onírico-gilipolloide donde volvemos a escuchar la puta cancioncita de saxofones y ambos fulanos se funden en una especie de útero. ¿Qué sucede a continuación?
Pues lo obvio: Ambos se fusionan en un monstruajo mecánico que es mitad Godzilla, mitad Virgen de la Macarena, mitad picha (sí, nuevamente la obsesión fálica de los japonacas vuelve a la carga) que va por ahí echando lapos que oxidan las cosas.


Lo dicho, el final de esta peli es la polla.

"Destruyamos este jodido mundo", dice el gilipollas, en la parte superior del bicho.
"De acuerdo", dice el yuppie un poco más abajo.

Y aquí termina esta mierda.

He leído críticas al respecto de esta peli, y hay seres que son capaces de encumbrarla, pese al aburrimiento de muerte que produce y a la mierda que realmente cuenta. Lo primero ya ha quedado patente con el resumen. Pasemos a lo segundo.

Que los japoneses viven alienados en una sociedad que alaba la tecnología por encima de todo es una obviedad tan grande como decir que cuando los ves en un museo usan cámaras de fotos y no paran de usarlas. Usar esta sarta de gilipolleces como metáfora de una obviedad hace que el concepto que supuestamente plantea esta película caiga por su propio peso. Es como si yo me enfoco cagando y digo que la vida es una mierda. La misma genialidad hay en ello.


¿Lo veis?

Además, a mí personalmente empieza a quemarme eso de "crítica contra el mundo alienado", cuando luego haces encuestas o preguntas a la gente que vive en lugares así y TODOS están contentos que te cagas con sus modus vivendi. Cuando la mayor parte vive con ese concepto de sociedad insertado en su código genético. Hacer esas críticas constantes (y ojo, aquí hablo a título personal; seguramente muchos no estareis de acuerdo conmigo, y puedo entenderlo. Yo tampoco estoy siempre de acuerdo conmigo al 100%) a lo que me suena es a lloriqueo continuo y muy poquitas ganas de cambiar la manera de pensar. Polémicas aparte, en lo que sí es más probable que esteis de acuerdo conmigo es que se está conviertiendo cada vez más en un tema terriblemente trillado y que muchos están usándolo para justificar continuas mamarrachadas pseudoartísticas.
Ahí lo dejo.

Otros lumbreras han comparado esta historia con películas de directores de la talla de David Cronenberg o David Lynch, diciendo que Tetsuo está lleno de homenajes a películas como Videodrome o Cabeza Borradora. No he visto (aún) la segunda, pero con respecto a la primera, me gustaría decir que, si el director tenía intención alguna de hacer un homenaje (primero que venga él y me lo diga si tiene huevos), creo que habría que explicarle que, para causar impresión en el público (o al menos una impresión, digamos, que no sea la de haber perdido el tiempo viendo este pegote) hace falta algo más que poner cables saliendo de un tío.

Luego tenemos a los pseudo-psiquiatras, que van por ahí hablando de penetraciones freudianas en el hecho de rajarse una pierna y meterse un cable dentro. Si precisamente la mayor crítica a Freud (pese a que personalmente comparto muchos de sus planteamientos) consistía en el hecho de que veía (y justificaba) motivos sexuales incluso donde no había por ninguna parte (véase asociar un collar de perlas al esperma humano, o el fuego con la enuresis en Ensayo sobre la Histeria: Caso Dora) resulta, como poco, acojonante que unos ciento y pico años después venga gente con las mismas teorías, a cual más discutible y menos razonada ("Es que esto es Freudiano", sin más no cuela, lo siento) para dar explicacion a lo que el homo sapiens de a pie califica como simple y llana "chorrada".

En películas como Videodrome SÍ se ve una crítica hacia lo que es una televisión obsesionada por transgredir (y en lo que acaba por convertirse esa obsesión), y vamos viendo una historia con pies y cabeza hasta prácticamente el final, donde se nos inserta el concepto de la Nueva Carne que, bien puede fliparnos, bien puede parecernos una mamarrachada, pero tiene su sentido. No es dos gilipollas conectados por cables oxidando el mundo. No es lloriqueo constante porque la sociedad es caquita. No es un par de imbéciles que deciden cargarse el mundo porque de pequeños les pegaban en el colegio o porque no estaban a la altura del modelo ultracompetitivo que se esperaba de ellos. Es coger lo peor del ser humano y exponerlo al espectador y decirle: "¿No te gusta eso? Pues que sepas que todos somos así. La violencia nos gusta, y tú si quieres, puedes mirar para otro lado y negarlo."
ESO es hacer una crítica. No limitarse a decir "El mundo me odia y yo odio el mundo, bua bua bua".

Como tampoco estas cosas son el equivalente del surrealismo.
El surrealismo es romper las barreras de la realidad, creando sueños y pesadillas que tienen que ver con lo más profundo del espíritu humano. Si que tu picha se convierta en un taladro es un sueño, sugiero encarecidamente que visites a un psiquiatra. Tu señora te lo agradecerá.


"¡Pepaaaaaa, ven p'acaaaaa!"

Y es que en esto del arte tenemos a los gafapastas y los metafóricos que van por ahí sacando interpretaciones incluso de aquello que no tiene por dónde cogerlo. Los que magnifican las patochadas, ensalzándolas hasta sacar conclusiones que ni el director de la peli se había planteado.
¿Por qué?
Buena pregunta. Os dejo por aquí mi teoría: existe un viejo proverbio que dice que "No hay peor ciego que el que no quiere ver"; yo os digo que, del mismo modo, "No hay peor visionario que aquel que ve cosas donde no las hay".
Tetsuo a mí me ha demostrado que en este mundo hay gente que zurre las paredes de mierda y que la llama arte, lo cual no está mal, si ese alguien es feliz. Lo descojonante es cuando hay veinte mil ovejas justo detrás defendiendo ese "arte" a capa y espada por sentirse más guais. Más intelectuales. Más entendidos; los demás, aquellos escépticos, pobres granujas que sólo vemos mierda untada en las paredes, somos tachados de obtusos, de ciegos. De no querer ver las cosas como realmente son. De no tener ni idea de nada.

Ante eso, no puedo decir mucho. Tan sólo me remitiré a un cuento popular al respecto.
Se llama El Nuevo Traje del Emperador.

martes, 18 de octubre de 2011

Mondo Chorra- Arqueología Distópica, o Escupiendo Rabia: El Origen



A menudo han llegado preguntas a Rumbo a la Distopía acerca del tono ácido, corrosivo y mordaz de este nuestro blog. Especialmente, acerca de la sección "Escupiendo Rabia" que, con el tiempo, parece haberse convertido en uno de los buques insignia de este paquebote cibernético.
Si queréis conocer las razones, mucho me temo que sería muy difícil ponerlo todo por escrito: aunque uno no vive cabreado las veinticuatro horas del día (imaginaos que aburrimiento, todo el santo día igual), es cierto que hay cosas que indignan. Cosas que te hacen pensar en lo absurdo que es este mundo. Cosas que hacen que pierdas fe en la raza humana.

Pero tampoco vamos a ponernos catastrofistas. También hay que usar la rabia para reírse; la risa, como ya sabéis, es un modo de catársis que nos ayuda a... bueno, a no acabar zurriendo en napalm a este puto planeta de asco (posiblemente, una de las grandes razones por las cuales a día de hoy no nos hemos ido a tomar por culo).
Como no hay una única respuesta para esas cuestiones que se han planteado alguna vez, os dejaré un escrito que redacté hará cosa de varios años, mucho antes de la creación de este blog. Podéis llamarlo si queréis el primer Escupiendo Rabia de todos los tiempos.


Algo así como La Broma Asesina de Batman, por Alan Moore y Brian Bolland, pero más cutre y con más palabrotas.

Os pongo un poco en situación: tras pegarme toda la vida soportando a una criatura deleznable en mi bloque, llegó el día en que ésta se largó por fin, aunque no de buenas maneras; tras una serie de desventuras que no vienen al caso (baste decir que nos jodió bastante), elevó su puño y juró venganza. Sigo sin saber por qué, porque los agraviados fuimos los demás.
Esta venganza consistió en lo que vino a continuación: la Gárgola no tuvo bastante con largarse por las bravas, sino que además buscó sustitutos dignos de su altura. Una raza de seres que debían padecer de sordera, a juzgar por lo fuerte que ponían los equipos de música, el home cinema y por la que liaban a las dos de la mañana, hora magnífica (dónde va a parar) para ponerse a jugar con el perro o poner una lavadora a toda hostia.
Como la convivencia es difícil, hubo algún que otro roce, concluido con negaciones rotundas de los magníficos escándalos que montaban, o directamente cerrando la puerta. Y te tienes que joder.
Hasta que un día se me inflaron las narices.


Bastante menos cachas que este, y sin armas... pero oye, con la misma mala leche o más.

La noche anterior habíamos estado en una boda y habíamos llegado tardecillo a casa; a la mañana siguiente, no apetecía nada más que levantarse un poco más tarde. Fin de semana y en tu casa.
Pues no.
A las nueve de la mañana (o antes), música a toda hostia y no exagero: cuando estos tíos ponían música la escuchabas desde el cubo de la basura que hay a unos doce o trece metros de la puerta del bloque. Imaginaos qué guasa si vivis justo debajo.
Cabreado como estaba, arranqué el ordenador de casa y me puse a teclear absolutamente todo lo que pensaba de estos colegas. A punto estuve de colgarlo en el portal, de no ser porque mi madre me agarró del pescuezo argumentando que me podría meter en un lío de tres pares de cojones: aunque la carta era anónima y no se daban nombres, parece ser que no hay mucha gente en mi bloque capaz de escribir más de dos palabras juntas sin cometer faltas de ortografía, lo cual me habría delatado automáticamente (no es soberbia, sino un hecho. Pasaos un día por aquí a conocer a mis vecinos y lo entendereis). De manera que, como es natural, no pude publicarla.


Así me quedé.

Han pasado ya varios años de esto: aquellos vecinos se acabaron largando y dejando el piso en alquiler a una familia de búlgaros colgaos (y lo digo con conocimiento de causa: no era la primera vez que veíamos a la señora de la casa hablando sola por el barrio; o estaba colgada o le gustaban los soliloquios). Éstos acabaron por marcharse también, dando paso a gente de nacionalidades sin identificar. Finalmente, el piso fue embargado y ya no vive nadie ahí. Los dueños que la liaban parda se fueron a vivir lejos y ya no queda prácticamente ningún afectado de esta misiva, de manera que ha llegado el momento en que salga del cajón y vea la luz pública. Total, siguen sin darse nombres ni datos concretos, por lo que podemos decir que cualquier identificación con alguna persona viva conocida es fruto de la paranoia del lector.

Sin más, os dejo el escrito de protesta, para que lo disfruteis.


"¿Sabes lo que pasa cuando jodes a un desconocido? ¿Lo sabes? Prepárate para conocer el dolor"
Pero antes de eso, leed bien el aviso de John Goodman: Si seguís leyendo, ya sabéis dónde os metéis.


"QUERIDOS VECINITOS: en vista de que en este bloque hay “gente” que es totalmente incapaz de entender el lenguaje articulado y someterse a un mínimo de normas de convivencia, me veo obligado a redactar este escrito, empleando su mismo lenguage grosero y soez, cargado de improperios y exabruptos para CAGARME EN LA PUTA MADRE de los vecinos del cuarto (léase el enano paticorto, la gorda mongola de su novia y la mega gorda inmunda de la hermana de ésta, también conocida como “la compañera de piso”, merdellones sin igual todos ellos), porque desde que esta gentuza indeseable plantó la zarpa en el bloque no han hecho más que joder a los demás; nos tienen a todos hasta los COJONES con su mierda de música, todo el santo día dando por culo, creyéndose los reyes del mambo por el simple hecho de ser más ordinarios y escandalosos que los demás.
La última es que encima los angelitos se sienten ofendidos cuando se les dice que por favor que bajen el reggaeton de los cojones (o como coño se llame), que los demás tenemos NUESTRAS PROPIAS VIDAS y no tenemos por qué enterarnos de cuando a ellos les apetece menear las mollas por toda la casa al ritmo del perreo (que, además, cuando lo hacen, SUENA DEL CARAJO). Pues bien, señores: si a vosotros os molesta que os llamen a la puerta, nosotros estamos HASTA EL CIPOTE ya de escuchar vuestras mierdas a las diez de la mañana un fin de semana o a la hora y el día que sea. Cuando queramos escuchar música tenemos la NUESTRA propia.


Esta foto moñoide la he puesto para que toméis un poco de aliento antes de seguir.

Asímismo, estamos también HASTA LOS MISMÍSIMOS HUEVOS YA de que a las dos de la mañana (o a la hora y el día que sea, también), entréis en el edificio dando portazos, subáis y bajéis las escaleras trotando como si formárais parte de una estampida (o como si vosotros fuérais la misma estampida, ya puestos) y os pongais a jugar con el perro a las dos de la mañana. Manda cojones lo vuestro, panda de anormales; ya nos ha tocado hacer el número de Indiana Jones y el Arca Perdida huyendo de la bola de piedra gigante escaleras abajo más de una vez, porque con el plan que lleváis seguro que machacáis a cualquiera por la escalera y, o bien ni os enteráis o bien os importa una mierda. Si lo que queréis es portaros como ANIMALES, esta comunidad os invita a que os vayáis a la puta África, que la población de gorilas bigotudos de lomo plateado anda algo escasa (eso sí, allí no hay electricidad, así que tendréis que meteros vuestro home cinema por el culo, pero seguro que os cabe), o bien al Polo Norte, donde Cristo se pilló la chorra con la cremallera, donde no os escuche ni ídem. Con suerte, algún oso polar en celo os meterá el nabo por el culo repetidas veces confundiéndoos con algún pariente y se os quitarán las gilipolleces en cuanto os revienten las almorranas (no hay nada como un trauma para madurar en esta vida). Si lo ponéis por escrito, se estudiará que vuestros amables vecinos hagamos una colecta para compraros los cacahuetes y los panchitos al queso para que no paséis hambre durante el viaje (viendo el tonelaje que gastáis, fijo que os alimentáis engullendo mierdas a trocho y mocho).



Por otra parte, hay más detalles de los que me gustaría hablar en este escrito: por ejemplo, recordar que cuando se friega una meada de perro (a los cuales, por cierto, hay que sacarlos a pasear, panda de ignorantes) en una terraza, lo que no se debe hacer BAJO NINGÚN CONCEPTO es fregar hacia fuera (el puñetero cubo de fregar está para algo, hostia). Si sabéis lo que es la fuerza de la gravedad (lo que hace que estemos pegados al suelo y no salgamos volando), el PIPÍ NO FLOTA, de modo que cae sobre la gente que está abajo, llegando hasta el garage. Y otra cosa más: es amarillo y huele, así que si os vienen a deciros que está cayendo bloque abajo, la respuesta “imposible” (que como podéis ver, se escribe sin “h” y con “m” antes de “b”) no vale. NO TODOS SOMOS IGUAL DE ZOQUETES.

Una norma de educación básica es que, si un vecino os llama a la puerta, lo mínimo que hay que hacer es ABRIRLA. Hacerse el loco cuando todo el mundo oye vuestra música es de una simpleza mental tan grande que es demasiado incluso para vuestras mentes oligofrénicas. Abrir una rendija como si el vecino en cuestión fuera un asesino en serie o el Cobrador del Frac tampoco dice mucho de vuestros modales. Bueno, sí que dice: dice que tenéis la misma educación que cuarto y mitad de carne de ternera (y ya que estamos, un aspecto proporcionalmente parecido).
Otro detalle interesante es dejar claro que hasta el gilipollas más grande sin tener ni puta idea de labores del hogar sabe que cuando uno tiende sábanas, SE DOBLAN POR LA MITAD con la idea de que no cubran el resto de las casas. Cuando queramos poner un toldo que ocupe media fachada, lo pondremos.


También me gustaría decir, que el home cinema es de uso PRIVADO. Es decir: si os ponéis una puta película, os la tragáis vosotros; si os gusta, pues ole vuestros huevos, y si no, os jodéis. PERO NO nos hagáis a los demás de tragarnos los efectos especiales. Algunos preferimos ver otra cosa que no sea lo vuestro, coño. Se os dicen las cosas por activa y por pasiva y a vosotros os suda la polla. Seguro que cuando vivíais de solteros en vuestra puta casa con vuestros putos padres no tenían que soportar vuestras putas niñaterías de reyes del tunning. Pues esto es más o menos lo mismo, sólo que vivís rodeados de más gente, panda de zopencos. A ver si os enteráis que vuestra libertad termina donde empieza LA DE LOS DEMÁS y que, si vosotros sois lo bastante soplapollas como para creeros que podéis convertir vuestra casa en la puta Botellita, nosotros podríamos estar en el mismo derecho de creernos que vuestra puerta es la letrina comunal del bloque y empezar a descargar meadas y zurullos (la mayoría dedicados a vuestra puta madre) hasta que Sanidad os eche de ahí. Total, gracias a otro despliegue de subnormalidad congénita, habéis cortado el bajante del cuarto de baño y nuestros servicios ya huelen que apestan (a saber quién ha sido la mente pensante que os ha inspirado, porque semejante acto de idiotez no puede venir de una sola cabeza: hay que ser rematadamente tonto para cometer una gilipollez tan grande, y ya se sabe que dos soplapollas hacen subnormalidades más grandes que uno solo). Si os mola la democracia (buscad esta palabra en el diccionario, junto con “convivencia”; es el libraco en el que se explican lo que son las palabras... y un libro es una cosa gorda llena de páginas que para vosotros sirve para apuntalar muebles), ahora os váis a enterar de lo que es la igualdad, cuando la puerta de vuestra casa huela como Calle Beatas.
Y sin más, amablemente, os invito que os vayáis A TOMAR POR CULO de una santa vez y que cuando arréeis el portazo (que lo pegaréis, nos consta) no os déis con la puerta al salir en vuestros michelines.
Eso es todo."
Paz, hermanos.