martes, 19 de noviembre de 2019

Escupiendo Rabia- Los putos retos, o La moda de decirte lo que tienes que hacer con tu puta vida



Aunque uno anda desconectadillo de buena parte de (la mierda de) ese mundillo que es el digital, todavía siguen llegándole noticias de gilipolleces, payasadas e idioteces varias que se inventa la gente y que va propagando por la red como si fuera la puta sífilis.
Hablo esta vez, por supuesto, de los putos retos de los cojones. Podemos llamarlos challenges, así, en inglés, que suena tope molón y la mierda que nos meten con cucharones huele menos a mierda.

Porque seamos serios, aquí nos intentan vender eso de los retos como algo lúdico, o bien como algo que se hace por una causa, pero no nos engañemos: de un tiempo a esta parte, no pasan de hacer el gilipollas para hacerse los guais y ganarse unos cuantos laiks en tal o cual red social. Ya vimos la soberbia payasada aquella de bajarte de un coche en marcha y ponerte a bailar una canción ya prefijada para que el personal te subiera la autoestima por estar participando en la imbecilidad de moda y así hacerte uno con el rebaño humano. No entro en auténticas gilipolleces como meter la cabeza en un saco de carbón, para acabar de cabeza (nótese el ingenioso juego de palabras) en urgencias o con algún trastorno pulmonar severo.
Ahí, con un par de huevos.


También está la modalidad de asfixiarte con un condón en la cabeza.
Porque pa qué se los van a poner en el nabo y así evitar que esta especie de cretinos se reproduzca.


Pero la cosa sigue yendo a más. La última subnormalidad, porque otro nombre no le encuentro, es la del No Nut November. Para esos que no se hayan enterado de lo que es (como yo mismo, hace cosa de un par de semanas, para qué os voy a engañar) consiste en pegarte un mes de abstinencia sin masturbarse. Al parecer, puedes ver porno y tener erecciones pero no darte leña tú solo. El presunto motivo, sinceramente, a mí me la trae al pairo. Lo habrá, como todo, pero es que me lo paso por el culo. No me apetece leer la paja mental (al parecer esas sí se permiten) de nadie. Por lo que a mí respecta, no es más que otra de las cuarenta mil imbecilidades que algún hijo de hermanos o primos del otro lado del charco se ha inventado para meternos doblada una ideología puritana que, por desgracia, está calando bastante hondo cada día más en nuestra sociedad.


Ya mismo algún hijoputa dirá que eso del cepo para castigar al que se masturba no es tan
mala idea y los tendremos en nuestros centros comerciales.
Eso sí, con uso de pago.
Aquí hay negocio, putos.


Debo decir que esto me da una pena de lo más profunda; hasta no hace mucho, Europa, con todos sus defectos y cosas mejorables, estaba siendo mínimamente coherente ante las chorradas que vienen del mundo anglosajón (especialmente Estados Unidos, que mentalmente andan en el puto s.XVIII) y de sus mierdas de doble moral e hipocresía a espuertas. Hasta no hace mucho, yo tenía compañeros de Erasmus que, una vez en tierras anglosajonas (británicas o norteamericanas) acusaban esa doble moral por parte de los nativos de dichas tierras, donde podían ser todo lo degenerados que les diera la gana, podían emborracharse hasta quedarse muertos en cualquier lugar (por ejemplo, la ducha de una residencia universitaria, como me contaba un compañero) o, ya en según qué sitios, portar una puta escopeta sin que nadie pareciera ni inmutarse. Sin embargo, cualquier cosa que incluyera una mínima alusión sexual ya parecía ser políticamente incorrecta. O, al menos, si esa alusión la hacías sobrio.
Y luego te tenias que comer sus putas lecciones de moral, como si estuvieran en una posición superior, cuando lo mejor que podrían hacer es callarse la puta boca. Hay unos cuantos siglos de historia al respecto que sirven como evidencia de todo esto.


"Ah, los españoles, qué tiranos, qué opresores".
Claro que sí, bonitos. Espera que os recordamos, en un momentito, quiénes fueron los que traficaron con esclavos en el llamado comercio triangular con las Antillas y el Nuevo Mundo. Quién infectó las mantas con viruela para dársela a los indios americanos en el norte. Quién fue imponiendo su santo criterio a hostias limpias allá por dónde ha ido. Quién invadió Irlanda y tratando a sus habitantes como si fueran mierda. Quién se anexionó Escocia por la fuerza.
Quién ha ido tomando territorios saltándose las leyes internacionales.
Quién decidió colocar el estado de Israel donde lo colocó, provocando un conflicto que lleva décadas perdurando.
Pero esperad, que sigo con vuestra magnífica cultura:
Quién ha ido pisoteando al tercer mundo, provocando guerras para que ningún país de Latinoamérica pueda medio sacar la cabeza. Quién ha ido abriendo campos de concentración en su propio país, encerrando a ciudadanos por derecho propio (pero de otra etnia) por considerarlos posibles amenazas.
Quién ha invadido países, desestabilizándolos aún más y terminando de sumirlos en la miseria
por creerse la policía del mundo y luego demostrar que eso no ha sido más que una excusa para satisfacer sus intereses económicos.
Sí, queridos, el cáncer de la tierra somos los españoles.
Para vosotros la perra gorda.



Llegamos al Siglo de los Gilipollas y ahora parece que, al igual que los colegas anglosajones, somos putos monitos que nos escandalizamos por ver una foto de una muchacha en bikini o en ropa interior y tenemos que entrar en otra de las imbecilidades de esos putos hijos de primos a los que Europa echó a patadas hace 300 años por analfabetos: el slut-shaming (otro término chulipiruli, cómo no), que consiste en dar por sentado que una tía que muestra tal o cual parte del cuerpo (para algunos, yo creo que con mostrar los hombros ya cuenta) ya es una fulana ("slut") a la que hay que humillar públicamente para que se comporte como una, ejem, señorita respetable. Porque, según estos desgraciados, el respeto te viene dictado por tu indumentaria. Partiendo de ese principio, está claro que puedes comportarte como un mierda de tomo y lomo, que oye, a ti sí hay que respetarte, aunque vayas llamando "guarras" a las mujeres y las estés obligando a vestir como tú digas.
Algo parecido a ponerle un burka, pero al otro lado de la valla, con la falta de cojones que te otorga el anonimato de la red, y no mencionando a Alá, pero para el caso, los golpes de pecho, la ranciedad y la represión son tres cuartos de lo mismo.


"¡Tápate, zorra! ¿Es que nadie piensa en los niños?"


Esto del No Nut de los putos huevos es un suma y sigue pero disfrazado: ya no te dicen que masturbarte te deja ciego o que a los ojos de Yisus eres una criatura despreciable que merece ir al infierno. Ahora te lo plantifican como un puto challenge de esos y más de uno y más de dos tontos del puto culo habrán caído, no sea que el mundito digital de descerebrados y lloricas no les haga casito.
Nótese la jugada además: el desafío ya no te dice solo lo que se supone que no debes hacer; de paso te da unas indicaciones muy precisas acerca de lo que puedes hacer con tu puta vida sexual.
Como si te estuvieran dando permiso, si lo vemos de cierta manera.

Analicemos esto: algún gilipollas al que no conoces DE NADA, sentado desde su ordenador, desde sus putos ideales de mierda que no tienes obligación de compartir (mucho menos de respetar, si encima viene en ese plan de imponértelos por sus santos cojones) te dice lo que puedes o no hacer con tu pene o con tu vagina. Igual yo es que vengo de un siglo donde las cosas eran más sencillas y le dábamos menos vueltas a cosas que, en el fondo, no dejan de ser una mamarrachada como la copa de un pino... pero es que eso sucede en mis tiempos y a ese tío lo mandamos a tomar por culo con todos los gastos pagados. Y si esa payasada, porque otro nombre no tiene, se la suelta a alguno que es muy bruto, le mete tal hostiaca en la puta boca que se pasa dos semanas buscando los dientes.


Hostia ya.


La diferencia es que ahora todo viene etiquetado y plastificado. Ahora un mascapollas de Wisconsin te dice lo que puedes o no hacer y parece que, como su mierda se ha hecho viral, hay que respetarlo. Algunos hasta se sienten con la imposición social (lo que es triste de pelotas) de hacerle caso, no sea que vayas a ser tú el intolerante.
Porque parece ser que no solo hay que tolerar las absolutas gilipolleces, sino obedecerlas, no vaya a ser que a la masa homogénea de primates le de un cuco y se pongan a patalear. Aunque quede claro que no son más que gilipolleces. Aunque tu sentido común te diga que son gilipolleces. Aunque venga en el diccionario como ejemplo de la entrada "gilipollez". Que no, que da igual, que es viral y hay que respetarlo, obedecerlo y amarlo como al puto Gran Hermano.


Este, no el concurso.
Parece que ahora el Gran Hermano somos todos. Todos nos estamos vigilando los unos a los otros para que nadie se salga del tiesto.
La distopía perfecta. No hace falta temer a un gobierno, porque es más fácil y efectivo temer a la exclusión social.


Esto quizás es uno de los casos más flagrantes, pero no el único. En el mundo del artisteo estoy viendo cada vez más y más retos que, honestamente, ni sé qué utilidad tienen ni me importa una puta mierda.
Por un lado está el inktober, donde todo bicho viviente tiene que dejar lo que esté haciendo y hacer dibujos a tinta durante el mes de octubre, uno por día, si la información no me falla.
Si queréis mi opinión, yo me paso el inktober por el forro de los huevos. ¿Por qué? Porque me toca soberanamente los cojones que me venga nadie a decir qué técnica tengo que usar para dibujar ni cuanto tengo que postear. Me suda el puto cipote postear o no un dibujo al día, porque me tomo el tiempo que necesito, el que tengo y, en resumen, el que me da la puta gana para hacer un dibujo, ya sea a tinta, a lápiz, o como si mojo la punta del nabo en pintura acrílica y lo uso como brocha gorda.
Que sí, que el objetivo es cumplir un reto, lo que os dé la puta gana. Pero es que la idea de reto me parece constreñida y, en resumen, una excusa para posturear. Y yo no dibujo para posturear. Lo hago porque me gusta y no tengo que darle explicaciones a nadie de lo que dibujo o dejo de dibujar.


Y como me vengáis pidiendo explicaciones ya sabéis a dónde puedo mandaros.


Con el tema del dibujo el inktober es el más famoso, pero me voy enterando de más y más retos que van saliendo. Retos que me resultan a cuál más absurdo y ridículo y que, en el fondo, me suenan a que alguien con demasiado tiempo libre parece sentirse lo bastante guai como para decirnos a los demás qué tenemos que hacer. Por ejemplo, uno en que hay que dibujar zorros. ¿Por qué zorros y no comadrejas? ¿O chinches? ¿O ladillas? Pues yo qué coño sé, lo sabrá el que se inventó esto. Por lo que a mí respecta, me pondré a dibujar zorros cuando me salga de los cojones, no cuando venga algún cretino a decirme que lo haga, y sin pagarme encima. Si quieres que te haga un puto monigote, pues me pagas. O te lo regalo yo si me da la puta gana, pero a mí no me vengas diciendo lo que tengo que dibujar, porque me cago en ti y en tu puto pensamiento.


Y me falta váter.


Otro igual con cabezas, y otro con caras. Uno por día también, creo. Así, de guai, para que tengas el tiempo justito para corregir y que te salga un dibujo medio decente, para qué. Aquí lo que importa no es que te esfuerces en hacerlo bien, que corrijas, que pases días enteros buscando modelos de referencia que casen con lo que tienes en mente. Para que te pegues un día o dos solo analizando el boceto antes de meterle tinta, pintura o lo que quieras darle y empezar a definir. Es que todo eso no parece importar, aquí lo que importa es que hagas tu puto monigote y lo subas para que tus follogüers vean que, en efecto, eres dibujante. Porque si no tienes algo que demostrar, no existes.

Voy a contaros un pequeño secreto: al que realmente le importa lo que está haciendo, le suda la entrepierna a chorro intenso que haya una legión de fans a la vuelta de la esquina esperando que subas tu mierda. Tú haces tu mierda porque crees en ella, y si tu objetivo, en lugar de aprender, querer mejorar y buscarte la puta vida para hacer algo que realmente te llene es el que un puñado de desconocidos te den una palmadita en la espalda, estás convirtiendo algo tan sagrado como el arte en una majaronada al nivel de hacerte una foto con un flotador de unicornio o de subir un vaso de mojito de garrafón que te han puesto en el último bar para guiris en el que te has metido y por el que te han clavado 15 pavos. Y oye, eso son majaronadas que no hacen daño a nadie, pero desde la honestidad de que uno sabe perfectamente que son majaronadas. Ir de artista por la vida y que tu único objetivo sea ir cumpliendo retos como el que desbloquea logros de la play es mearse sobre el concepto en sí del arte y de lo que es la expresión de uno mismo como persona, al menos tal y como yo lo veo.


"Hala, lo subo al Jincagram y ya soy artista".
Aro, aro, aro.


"Es que si no me pongo una meta no hago nada", es la excusa típica. Mi respuesta es: ¿y para qué tienes que hacer nada?. Nadie te obliga. Todos queremos ser artistas, al parecer, pero no todos parecemos querer ser conscientes del durísimo proceso de aprendizaje que hay tras ello. Nadie te obliga a pegarte varias horas al día dibujando, o buscando referencias, o haciendo pruebas de técnicas, o dias y noches sin salir, solo porque estás enfrascado en algo con lo que estás a punto de pulsar la tecla correcta. Nadie. Como nadie te obliga a ir publicando todo lo que haces al día en una red social, y sin embargo lo haces. Lo hacéis muchos de vosotros, para que os vean. Para que ese personal al que no conocéis, al que no habéis visto en vuestra puta vida y con el que posiblemente ni habéis mediado palabra se piense que estáis vivos, o que hacéis cosas.
Porque por lo visto tenéis mucho que demostrarle a toda esa gente, antes que a vosotros mismos. Por eso os esforzáis más en agradar a gente sin rostro antes que ser honestos con vosotros mismos y dejar de lado la autoindulgencia.


"Nove, colega, lo he petao."
Aro, aro, aro.


"Bueno, es que esto me sirve para practicar". De puta madre, y no digo que no. Pero hay dos formas de practicar: por un lado, está la práctica reposada, en la que practicas, experimentas y analizas lo que está mal para poder tomar nota de ello en el próximo dibujo y aprender de tus propios errores; por otro, la práctica apresurada, donde parece que la cantidad de lo que se crea prima muchísimo más que la experiencia que se obtiene de ello. Porque parece que si uno no es una puta fábrica de hacer dibujos o lo que sea, ya es menos artista o qué cojones sé yo. De ahí surgen los artistas que se excusan en ser aficionados o en dedicarse al arte por entretenerse, pero que rehuyen esa tarea que consiste no solo en eso, sino en esforzarse y en aprender. En dejar atrás el orgullo y admitir que uno no está ni para exhibirse ni para agradar, sino para buscar el modo de superarse. De ser mejor. De dar los pasos que no se atrevía a dar hace un mes, un año o diez años.


Yo no sé ni la de horas que he podido invertir sólo en quedarme mirando a un dibujo mío solo para ver qué puedo hacer mejor y cómo puedo hacerlo.
De hecho, cualquiera que me conoce os lo puede confirmar: hago de todo menos conformarme con lo que hago.


Mientras tanto, aquí seguimos, convirtiéndolo todo en una modita pasajera, como lo fue decir que uno era vegano y subir platos de champiñones (o cagándose en los muertos de los que no eran veganos con subidas al púlpito, insultos y ataques verbales de lo más preciosos), o decir que uno era republicano y pasarse todo el día diciendo que la salvación a cualquier puto problema de este país (aunque ese problema fuera que nos fuera a caer un meteorito encima) se salvaría con un sistema republicano.
Modita pasajera que sirve, no para otra cosa, sino para que el personal una vez más sacrifique su propio criterio y se someta al de vete tú a saber quién, que le dicta poco a poco, reto a reto, cómo tiene que pensar. Cómo tiene que vivir. A quién tiene que seguir.
A quién tiene que odiar.


"Venga, chavales, a pegarle una dentellada en la garganta al que toca odiar hoy"


Al final todo desemboca en lo mismo: gente sin criterio, gente que parece que prefiere seguir el camino marcado por otros en lugar de buscar el modo de pensar por sí misma o de preguntarse cosas, aunque al final no dé con ninguna respuesta convincente... pero por lo menos la ha estado buscando. Qué va, joder, es más fácil seguir un reto chorra que preguntarse quién coño se lo ha inventado y a santo de qué... o, mejor aún, preguntarse por qué cojones tiene que seguir lo que dice alguien a quien no le ha visto la puta cara y que al que parece que hay que obedecer porque suelta sus polladas en un blog o una red social.

Yo mismo suelto mis polladas en este blog y sé perfectamente que nadie me hace ni puto caso. Francamente, por mí como si el personal decide sumarse a un reto de darse corriente en la punta del cipote y se queda pegado a una toma de corriente de alta tensión. ¿Os creéis que yo iba a echar de menos a veinte mil tontos del culo que se hubieran ido al otro barrio por ser tan imbéciles de seguir una patochada de ese calibre? Veinte mil, cuarenta mil... que sean muchos no los hace más sabios. Solo en veinte mil o cuarenta mil, o los que sean, idiotas sin criterio que prefieren gratinarse el glande antes de decir "Eh, espera, ¿que haga QUÉ? ¿Es que estamos gilipollas?"


"¿Perdona?"


Y, antes de que me venga el clásico tontito redomado, armado de sus argumentitos buenistas que apestan a plexiglás baratuno, pidiendo respeto para estas soberanas estupideces, le diré que no. Que no todo es respetable. Que sí, que todo el mundo está en su derecho de hacer lo que le dé la puta gana, y ahí está lo que he dicho arriba: que por mí como si se dejan la pinga hecha un churrasco o como si se despeñan del tajo de Ronda. Pero yo a esa gente no la pienso respetar, porque no me parece respetable sacrificar la individualidad y el sentido común por hacerse el guai. Me vengan con las excusas que vengan, no existe forma humana de que deje de verlos como un rebaño de zombis. Como tampoco me parece respetable vivir de cara a la galería, para ir quedando bien con gente a la que, honestamente, importáis una mierda. No, cuando encima, sois capaces de querer quedar bien con gente desconocida al mismo tiempo que os comportáis como unos auténticos desgraciados con los que os rodean.
Si eso es respetable, por favor, comedme los huevos.


Hay para todos.


Con esto, ¿qué os digo? ¿Que no os dejéis convencer por soplapollas anónimos que os dicen como hay que vivir? ¿Que si os dedicáis al arte no subáis nunca nada y que lo conservéis para vosotros? ¿Que seáis puto auténticos?
Si de verdad, por un solo instante, os habéis pensado que digo eso, me decepcionáis enormemente. Lo que vengo a decir con este post es que podéis hacer lo que os salga de los huevos, que para eso son vuestros; pero que por lo que a mí respecta, mis huevos, mis santísimos y putísimos cojones, están para pasarme por ellos todas y cada una de las gilipolleces prefabricadas con las que me venís día sí, día también. Y si alguno de vosotros viene con una mínima intención de hacerme pensar lo contrario (esto es, de obligarme a pensar como se espera que piense, según no sé qué criterio dominante), le diré que estoy a punto de soltar una ñorda de medio kilo por el culo porque llevo varios días de atracón. Seguramente será una de esas mierdas anormalmente gruesas, de textura grumosa y endurecida, con tacto pastoso como la arcilla y un olor intenso y penetrante que recuerda a una cloaca abierta. La clase de mierda que, si uno se la metiera en la boca, no cabría entera y harían falta los dos carrillos para poder contenerla y, aun así, llegaría hasta la campanilla.
Pues bien, al que me venga en ese plan, le diré que se meta esa pedazo de mierda en la boca y la mastique muy, muy despacio y que la vaya tragando más despacio aún para saborearla. Y que si pota, que se coma esa puta pota con una cucharita de café.
Entonces y solo entonces...
Qué cojones, entonces me reiré en su puta cara y le diré que ha cumplido el reto del "Cómete mi mojón".
Paz, hermanos.

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