Vamos a hablar claro.
Aquellos que me conocéis sabéis que puedo tener cien, mil, un millón de defectos, pero sabéis que andarme con rodeos no cuenta entre ellos. Cuando hablo, hablo muy clarito. Tan clarito que a veces hasta molesta, porque tiendo a decir cosas que muchos estamos pensando (esto no me lo invento, siempre llegan confirmaciones bajo cuerda) pero que no todo el mundo se atreve a decir en voz alta, y eso no está bien visto. Al parecer, este mundo va de disimular lo que sentimos, fingir ser lo que no somos y poner buena cara a quien no creemos que se lo merece. Sin ánimo de echarme flores (mi autoestima y mi estado de ánimo no dan para tanto, lo siento), tiendo a ser la voz discordante, que se mantiene firme mientras los demás dicen "muévete". La voz que a menudo mandan a callar, pero no por falta de razón (que no siempre la tengo, pero no es ese el motivo), sino por ser la que tiende a remover aquello que nadie se atreve a remover. Soy quien se ensucia las manos cuando la mayoría no quiere hacerlo y quien acaba cargando con las consecuencias, pese a haber hecho lo que había que hacer, y pese a haber contado con el apoyo de otros.
Y por eso, el mundo en que vivo me parece un auténtico estercolero.
Y por eso, el mundo en que vivo me parece un auténtico estercolero.
Así que supongo que ha llegado el momento de hablar sin tapujos. ¿Qué más da, ensuciarme las manos una vez más, cuando sé que para muchos soy siempre el culpable de todo cuanto pasa, sea responsabilidad directa mía o no? ¿Qué más da, cuando la política general es pagar conmigo un mal día, problemas con terceras personas o situaciones de las que no tengo ni la menor idea hasta que me han acusado con el dedo y me han echado a los perros? Y de todos modos, ¿cuántos de vosotros vais a leer este artículo hasta el final? ¿A cuántos os importa realmente lo que yo diga o deje de decir? ¿Cuántos vais, por una vez en vuestra vida, a poneros en el pellejo del que lo está escribiendo, en lugar del consabido "Ya está este tío, pasándose tres pueblos otra vez"? Porque, vamos a ser claros: desde siempre ha sido muy, pero que muy fácil juzgarme. Juzgar lo que digo, lo que hago; lo que he optado por callarme o lo que no he querido, podido, sabido o atrevido a hacer. Porque siempre resulta mejor lanzar el dedo acusador en lugar de coger y preguntarme "¿Pero qué ha pasado?". No. Siempre es "Lo has hecho mal", "Es que tenías que haber hecho tal y no cual", "La has cagado". Siempre a posteriori. Siempre con la solución mágica en la que yo no he caído, siempre después de que yo ya haya cometido el error. Como si en esta vida nadie más se equivocase, salvo yo. O como si mis errores fuesen siempre los imperdonables.
Y el de la izquierda soy yo. A veces la mano es la mía propia.
A veces la de otros.
La cosa es que tiendo a sentirme culpado con facilidad... y es cuando veo que soy el que más acusaciones se lleva cuando me paro a pensar si realmente soy tan desastre o es que ya se ha tomado por costumbre culparme a mí de todo.
Tiene gracia.
Aquellos que me conocéis sabéis que mis valores, mi exceso de conciencia o como queráis llamarlo me impiden actuar de mala fe sin provocación previa. Jamás me veréis con la intención de hacer daño a nadie sin que considere que esa persona me haya causado algún tipo de molestia previa. No me veréis tomar represalias con nadie que no haya hecho nada antes, bien a mí, bien a gente de mi entorno. Y aun así, con relativa frecuencia siento que se duda de mí constantemente; que cualquiera de mis decisiones se tiene como error de forma sistemática hasta que me toca demostrar que no, que estaba haciendo lo que estaba haciendo por un motivo más que de peso (también puede resultar en error, pero lo curioso es que lo primero que se piensa, ya de entrada, es que la estoy cagando, y luego si eso ya veremos); que cualquiera de mis errores (que sí, que son muchos) es considerado una afrenta, y tratada como si la hubiera hecho a conciencia o a traición; a veces, se tiene por algo incluso más grave de lo que yo mismo considero, lo cual ya es decir (ya he mencionado anteriormente que mi tolerancia a mis propios errores es reducida y tiendo a culparme bastante por ellos, dándoles una importancia que nadie más le da). Es como si, llegados a cierto punto, cualquiera de mis fallos no solo no se viera como eso, como un fallo, y en su lugar recibiese el máximo castigo. Los reproches más duros. El trato más condescendiente.
Me es bastante familiar sentirme así.
De mí a menudo me han llegado juicios de valor sobre mi mentalidad, que por lo que veo nunca es la adecuada; sobre mi forma de ver las cosas, que siempre es errónea; sobre la vida que llevo, que parece ser que es incorrecta de principio a fin y algo sobre lo que todo el mundo tiene derecho a sentar cátedra; sobre mi actitud, que tampoco parece ser la que se espera de mí; sobre la clase de persona que soy, que a veces hace que yo mismo me cuestione la moralidad de mis actos, como si yo mismo fuese una mala persona; sobre la que no soy; sobre la que debería ser; sobre la que jamás llegaré a ser. Algunos de vosotros me habéis medido, evaluado, tasado, juzgado y, en ciertos contextos, declarado indigno. Es algo que solemos hacer, ¿verdad? La ironía consiste cuando vemos que quien más nos lo hace es gente a la que nosotros no se lo hemos hecho. No voluntariamente, al menos. No sin arrepentimiento. En otros casos, es gente a la que jamás se lo haríamos, bien por cariño, por respeto o por ambas cosas.
Eso te lo hace un desconocido y en menos de lo que canta un callo lo mandas al carajo y te dedicas a otra cosa. Sin embargo, duele cuando te llueven golpes de gente a la que bajo ningún concepto te plantearías dañar. Duele cuando resulta que, por lo visto, eso debe parecerte lo normal, y de paso tu lugar en el orden natural de las cosas es escuchar con la cabeza gacha y aceptar absolutamente todo cuanto oyes de ti. Sin importar que no estés de acuerdo. Sin importar que lo que oyes te parezca terriblemente injusto.
Quizás por eso hoy me apetece dejarme de tonterías. Muchos de vosotros os habéis considerado muy cercanos a mí; otros, no tanto. Estos últimos no tenéis por qué sentiros aludidos. Al fin y al cabo, sois conocidos; gente con la que me llevo bien, pero sin más confianza que esa.
La cuestión es que muchos de aquellos que os habéis estado considerando amigos míos os habéis dado cuenta de que he desaparecido a lo largo de los últimos meses. No me he ido ni lejos, simplemente he tomado la determinación de no ser yo quien inicie una conversación. De no ser yo quien os llame. ¿Os acordáis de cuando estabais mal y era yo quien os buscaba para preguntaros cómo iba la cosa? ¿Os acordáis de aquellas largas conversaciones, cuando me contabais vuestros problemas y yo os escuchaba? ¿De cuando me preocupaba por que estuvierais bien? Pues bien, esta vez soy yo el que ha tenido su mala racha. El que lo ha pasado mal. Lo habéis sabido en el momento en que he desaparecido, porque corregidme si me equivoco: ¿No solíais pensar, e incluso decir que siempre estoy ahí? Si a esto añadimos algún comentario que he hecho de vez en cuando, en el momento en que se me ha aludido para alguna cosa diría que ha sido más que revelador; como he mencionado arriba, hablo claro. He estado escribiendo algún artículo por aquí, contando cómo me siento y lo he publicado. No os lo he ocultado a ninguno. Habéis podido leerlo cada vez que os ha parecido, porque eran muy fáciles de encontrar. De hecho, algunos lo habéis leído. Lo sé porque tengo acceso a las visitas de este blog.
Supongo que la mayoría tenéis excusa: que también tenéis vuestros propios problemas, que todos tenemos una vida, que tal y que cual. Las acepto. Pero en ese caso, me queda claro que entonces esto no va en dos direcciones. Con esa actitud ya me dejáis claro que mientras yo he estado para escucharos, para apoyaros, para ayudaros... Mientras yo he estado para soltaros chistes y haceros reír, todo ha ido bien. En el momento en que las cosas han cambiado sus tornas y soy yo el que lo está pasando mal, ya no parezco ser ese amigo tan especial que decíais que yo era. De buenas a primeras, habéis encontrado algo mejor que hacer con vuestras vidas. Porque vuestro tiempo es demasiado precioso para hacer lo que yo hacía con mi tiempo, que era escucharos.
Y eso de sentirme como una persona por completo desechable me tiene que parecer bien.
Una preciosidad, incluso.
Y eso de sentirme como una persona por completo desechable me tiene que parecer bien.
Una preciosidad, incluso.
Con esto no digo que toda persona a la que yo escucho, apoyo o ayudo me deba nada. Si pensáis eso, por favor, poneos en la cola de gente que me juzga sin tener ni la más mínima idea de la clase de persona que soy realmente y desapareced de mi vista inmediatamente porque no quiero saber más de vosotros.
No.
Lo único que digo es que yo baso la amistad en la confianza mutua. Creo que la mayoría de vosotros, al menos aquellos con los que he tenido un trato estrecho, podéis decir que me dejaría matar antes que romper un voto que haya hecho. Que, bajo ningún concepto, rompo una promesa de forma voluntaria. Que hago todo lo posible por ser una persona honrada y en la que se puede confiar. Que soy una persona que, debido a circunstancias personales que no mencionaré aquí, pero que aquellos que me conocen bien entenderán, no tolero el abandono de un amigo. Si te considero un amigo, verás que me resulta inconcebible abandonarte o dejarte en la estacada. Puedo, sí, cometer muchos, muchísimos errores. Todos los que quieras, pero no. No soy un Judas. No abandono a nadie, menos todavía para beneficiarme de ese abandono. No a menos que considere que esa persona ya no me parece digna de apoyo. Lo digo por aquellos que os habéis portado como os ha dado la real gana, sin importaros a quién habéis dañado y luego habéis esperado que vaya yo a apoyaros. Si de verdad esperabais eso de mí, por favor, uníos a los que pensaban que cuando ayudo a un amigo es porque espero que me lo agradezca o me lo devuelva, porque tampoco quiero saber nada de vosotros.
Aquí tenéis la puerta.
Quizás por eso, con aquellos que solo me habéis buscado o solo me habéis querido cerca para contar con mi ayuda, lo único que he visto es un afán tremendo por miraros el ombligo. He sido vuestro paño de lágrimas. Cuando habéis estado mal, habéis sido capaces de llamarme a las dos de la mañana y no me veréis jamás que os haya dado largas. Os he escuchado. Cuando me lo habéis pedido, os he dado mi opinión. Incluso mi consejo. Me he llegado a desplazar a vuestras casas cuando habéis estado mal y necesitabais compañía. Me he preocupado por algunos de vosotros cuando habéis estado enfermos o tristes. Os he dado las fuerzas que he podido cuando creíais que no podíais más. Cuando creíais que todo había terminado.
Sabéis lo que ha venido después, ¿verdad?
Que os habéis recuperado y lo mejor que muchos de vosotros habéis sabido hacer es dejar de contar conmigo de la noche a la mañana. Habéis dado con gente mejor que yo, al parecer; más acorde a vuestras nuevas necesidades, o a vuestra nueva vida, en otros casos. Habéis sabido que me he encontrado mal y... ¿dónde habéis estado? ¿Acaso habéis venido a preguntarme qué tal estoy? He desaparecido y, en lugar de plantearos siquiera lo que me pasa, me habéis juzgado. Habéis dado por sentado que, una vez más, la estoy cagando. Otros, ni siquiera habéis llegado a eso. Habéis tomado otro camino y os ha dado igual. Yo habré desaparecido, pero tal vez vosotros habíais desaparecido antes, ahora que lo pienso.
Que os habéis recuperado y lo mejor que muchos de vosotros habéis sabido hacer es dejar de contar conmigo de la noche a la mañana. Habéis dado con gente mejor que yo, al parecer; más acorde a vuestras nuevas necesidades, o a vuestra nueva vida, en otros casos. Habéis sabido que me he encontrado mal y... ¿dónde habéis estado? ¿Acaso habéis venido a preguntarme qué tal estoy? He desaparecido y, en lugar de plantearos siquiera lo que me pasa, me habéis juzgado. Habéis dado por sentado que, una vez más, la estoy cagando. Otros, ni siquiera habéis llegado a eso. Habéis tomado otro camino y os ha dado igual. Yo habré desaparecido, pero tal vez vosotros habíais desaparecido antes, ahora que lo pienso.
Ya pilláis la referencia, ¿verdad?
Y yo me he tenido que comer todas mis tribulaciones sin más compañía que la de aquellos que sí se han dado cuenta de forma automática. He tenido suerte, porque sí ha habido gente que ha estado ahí, preguntándome cómo me encuentro, apoyándome. Gente que, bien he conocido hace muy poco, (o menos que muchos de los que habéis dicho ser amigos míos), bien ha hecho enormes esfuerzos que agradezco desde aquí. Viviendo en otras ciudades, o incluso en otros países. Saliendo de trabajar después de doce horas y preguntándome, nada más salir por la puerta del trabajo, cómo me encuentro. Gente con empleos puñeteros, con hijos a los que atender. Con la agenda hasta arriba, estando incluso enfermos, y que han dedicado solo un momentito para escribirme o mandarme un mensaje de audio. Haciendo lo posible por animarme en los momentos más oscuros. Tal y como habría hecho yo con ellos. Suerte que los he tenido a ellos y no a vosotros, sí, esos que habéis tenido montones de razones de peso para no hacer lo que yo sí habría hecho por vosotros... porque si de vosotros dependo... Si de vosotros dependo me daría cuenta de que lo que estoy es muy solo y de que la gente a la que he dedicado mi tiempo, mi cariño, mi apoyo y mi confianza es gente que solo ha vivido para mirarse su ombligo e ignorar por completo lo que nos sucede a los que estamos a su lado.
"Pues sí, pedazo de traje llevo"
Quizás por eso este artículo es un agradecimiento a aquellos que sí habéis dedicado un simple minuto de vuestras vidas para preguntarme "Eh, ¿estás bien?" cuando habéis visto que no estaba de humor para subir chistes de culos y tetas. Para aquellos que, sabiendo que he estado pasando por rachas de ánimo más bien bajo, habéis dicho "Voy a escribir un rato a este tío para ver si le arranco una sonrisa". Vosotros, los que habéis estado ahí, sois los que no habéis corrido, ni os habéis escondido, ni os habéis refugiado en una o diez razones, en una o diez personas, para no estar ahí. Sois los que os habéis esforzado, con algo tan sencillo, y me habéis dado fuerzas para no venirme abajo. Para seguir pensando en mis proyectos personales, para que mi trabajo me siga dando alegrías. Os habéis esforzado en hacerme una persona un poquitín más fuerte, en lugar de culparme de todo cuanto me pasa (cosa que, por lo visto, parece ser una tónica constante y al parecer va fenomenal para ayudar a alguien con la autoestima hecha polvo) o de echarme broncas que ya me echo yo solito. Sois los que habéis hecho un esfuerzo titánico por hacerme ver que ni soy un monstruo ni el inútil que muchos otros sí parecen pensar que soy. Tal vez no la persona más resolutiva del mundo, desde luego... pero gracias a los que habéis estado ahí, al menos puedo ver que hay cosas para las que sí valgo. Cosas que sé hacer. Cosas que se me dan bien. Que mi personalidad puede tener sus sombras (como las de todo el mundo, incluido tú, que me estás leyendo), pero también sus luces.
"Ehmmm... No estoy..."
Ya, no hace falta que lo jures.
No obstante, debo decir que esta desaparición que habéis vivido y que a algunos de vosotros os ha importado se va a perpetuar una temporada. Tranquilos, que no me muero ni nada parecido; simplemente, ha llegado el momento de explorar otros universos, otros horizontes. De centrarme en aquello que me hace feliz e ir soltando lastre de todo aquello que no. De abandonar aquellos mundos en los que veo que sobro o donde no me veo como uno más, sino como uno menos. Entrar en un lugar donde lo único que veo son discusiones y la opinión de mierda de aquellos que hablan sin saber de lo que están hablando, y ver como todo se convierte en una plataforma reivindicativa del tema de moda o en una pelea de perros para ver quién chilla más no ayuda. Participar en ciertos círculos donde, se cuenta conmigo a toro pasado o directamente no se cuenta conmigo tampoco es que me haga feliz. A nadie le hace feliz sentirse el ciudadano de segunda clase, el que no es bienvenido en ciertos contextos ni el que solo parece ser de utilidad solo cuando la cosa va de hacer payasadas o únicamente cuando convenga.
Puede que otros os lo acepten. Puede que yo mismo lo haya aceptado. Pero lamento deciros que yo también me canso de que me hagan feos, de que me desplacen para según qué cosas; de ser visto como el tonto de turno al que "si le haces tal o cual, si le dices tal o cual, no le va a importar". Y mucho me temo que hace tiempo que me cansé. Pensé que lo mismo ibais a daros cuenta, pero me temo que os he sobrevalorado. Las cosas me dolían y no lo ocultaba; puede que no lo dijera abiertamente porque sabéis de sobra que odio entrar en conflicto, pero no. No lo ocultaba. Solo teníais que mirarme a la cara. Y aun así, jamás una disculpa, jamás un "Oye, no lo hemos hecho bien contigo". Habéis seguido, a sabiendas de que hay cosas que me duelen. Y no parece haberos importado en lo más mínimo.
Puede que otros os lo acepten. Puede que yo mismo lo haya aceptado. Pero lamento deciros que yo también me canso de que me hagan feos, de que me desplacen para según qué cosas; de ser visto como el tonto de turno al que "si le haces tal o cual, si le dices tal o cual, no le va a importar". Y mucho me temo que hace tiempo que me cansé. Pensé que lo mismo ibais a daros cuenta, pero me temo que os he sobrevalorado. Las cosas me dolían y no lo ocultaba; puede que no lo dijera abiertamente porque sabéis de sobra que odio entrar en conflicto, pero no. No lo ocultaba. Solo teníais que mirarme a la cara. Y aun así, jamás una disculpa, jamás un "Oye, no lo hemos hecho bien contigo". Habéis seguido, a sabiendas de que hay cosas que me duelen. Y no parece haberos importado en lo más mínimo.
Quizás ha llegado el momento de emprender otros caminos, como he mencionado. Mantener el contacto con la gente a la que realmente siento que importo y tratar de superar la pérdida de aquellos que me han demostrado que para ellos no soy más que un chiste que leer, o alguien que solo vale para echarse unas risas. Alguien que sobra en sus nuevas vidas de gente madura, responsable y todo eso que por lo visto yo no entiendo. Porque en el momento en que muchos de vosotros habéis dado con un puesto de trabajo serio, os habéis emparejado, casado o tenido hijos yo he empezado a desentonar en vuestras vidas. Poco a poco, he ido sobrando. Poco a poco, habéis demostrado que no soy suficiente para vosotros; que todo cuanto haya podido hacer por vosotros en el pasado ya queda muy atrás. Sois personas nuevas, al fin y al cabo. Y la gente, cuando crece, tira sus juguetes, o busca otros más acordes.
"Lo siento, ¿decías algo? Es que tu opinión significa muy poco para mí"
Así que no, no me voy muy lejos. Aquellos que habéis tenido un mínimo interés sabéis cómo localizarme. Sabéis dónde encontrarme, como lo han venido haciendo aquellos que sí han estado. Es solo cuestión de que os importe. Muchos de vosotros ni siquiera habréis notado que me he ido, porque, seamos honestos: en unos tres meses desde que desaparecí hasta ahora, a muchos ni se os ha movido la conciencia en saber cómo estoy. No me ha pasado nada grave; es decir, lo he pasado mal pero no he tenido ningún accidente, ni he pasado por ninguna enfermedad que haya puesto mi vida en peligro... pero es que me llega a pasar y vosotros a lo vuestro. A vuestras historias. Es una señal más que clara de lo mucho que pinto a vuestro lado y, como es evidente, no voy a molestaros más. Quizás uno de los propósitos de este nuevo rumbo es dejar de molestar a aquellos que, de forma silenciosa, consideráis que sobro en vuestras vidas. Es otra de mis virtudes, supongo: llegado ese punto, no me molesto en insistir; simplemente acepto que ese ya no es mi lugar y me busco otro donde sí sienta que estoy en mi sitio.
Mantendré, por supuesto, el contacto con aquellos que sí habéis demostrado interés. El resto... Para qué os voy a engañar: a estas alturas de la película, no tiene el más mínimo sentido que os molestéis. Total, no lo habéis hecho hasta ahora. Que vengáis a hablarme ahora, única y exclusivamente cuando digo esto, y tras meses en que, para variar, he sido yo el que no ha dado señales de vida, dice mucho. Muchísimo.
He añadido este artículo en la sección de Escupiendo Rabia pero, para ser sincero, no es rabia mi sentimiento ahora mismo. Tampoco me siento triste, como cuando he estado escribiendo estos meses en la sección de Angst. No es ni lo uno ni lo otro. Es más bien... más bien es cansancio. Cansancio de encontrarme otra vez en esa situación en que gente que me ha estado importando se comporta como si, de pronto, yo fuera un pañuelo usado que puedes tirar cuando ha cumplido su función. Decepción. Decepción porque, pese a mis fallos y mis debilidades, siempre he procurado hacer las cosas con la mejor de mis intenciones, y lo que me encuentro es que o no se ha entendido o que simplemente eso ha dejado de importar. Necesidad de desahogarme y soltar todo lo que llevo dentro desde hace ya una buena temporada. Porque, hasta la fecha, tengo la impresión de que a mí se me ha podido hablar como se ha querido, se me han podido hacer todos los feos que se han querido y la impresión general es que soy como un perrito al que le puedes dar con un periódico en el hocico, que al rato volverá a ti, contento de que le llames. Sin pensar siquiera que a mí las cosas me pueden llegar a doler. Dando por hecho de que, bueno... como hay confianza conmigo, se me puede tratar de cualquier manera. O bien, que si me duele, me aguanto, que para eso estoy.
Como digo, me estoy ensuciando las manos; soy yo el que está escribiendo, largo y tendido. Soy el que está soltando una parrafada tremenda y que, con toda seguridad, no va a importar a nadie. Especialmente, a muchos que han dicho ser amigos míos y me han considerado como tal y que ahora se encuentran en otra longitud de onda. En otro Universo, si quieres. Gente para la que, me duele admitirlo, hace ya bastante que no pinto nada. No, no puedo sentirme enfadado con gente que lo único que me ha demostrado es tener cosas mejores en las que pensar. Ambiciones más elevadas, amigos mejores, entornos más prometedores. Cosas mejores que hacer que escucharme cuando estoy mal. Quizás es por eso por lo que estoy escribiendo aquí. Como el que se saca una esquirla de cristal que se le ha quedado clavada bajo la piel. Algo doloroso, pero necesario. Para desahogarme, y dejar que quien quiera, lea cómo me siento, sin tener que obligar a nadie a hacerlo. Sin ser esa molestia de la que os hablaba. A estas alturas, ya ni espero una oleada de comentarios de apoyo, ni debatir al respecto. Ese momento pasó hace ya tiempo, y aquellos que se dieron cuenta aprovecharon la oportunidad para hacerlo. Ahora, ¿qué me vais a decir? ¿Qué me vais a contar? ¿Qué explicaciones me pensáis dar después de meses? No, ya no necesito que os toméis más molestias por mí. Que finjáis que os importo.
Supongo que ahora debería añadir una forma bonita de terminar este artículo. No sé, una cita célebre, una frase lapidaria, algo así. Me temo que no se me ocurre gran cosa. Tampoco sé deciros sobre qué van a tratar los próximos artículos, porque sí tengo intención de seguir escribiendo. No porque me leáis, me dejéis de leer o lo que sea. Escribo porque me gusta. Porque necesito sacar todo lo que llevo dentro, ya sea cuando me encuentro fatal, o cuando quiero contar algo raro que me ha pasado. No necesito vuestra aprobación, ni que me deis la razón en nada. Ni siquiera necesito sacar un tema para formar un debate al respecto. Quizás lo único que necesite es lo que ya estoy haciendo, ni idea. El tiempo lo dirá.
He añadido este artículo en la sección de Escupiendo Rabia pero, para ser sincero, no es rabia mi sentimiento ahora mismo. Tampoco me siento triste, como cuando he estado escribiendo estos meses en la sección de Angst. No es ni lo uno ni lo otro. Es más bien... más bien es cansancio. Cansancio de encontrarme otra vez en esa situación en que gente que me ha estado importando se comporta como si, de pronto, yo fuera un pañuelo usado que puedes tirar cuando ha cumplido su función. Decepción. Decepción porque, pese a mis fallos y mis debilidades, siempre he procurado hacer las cosas con la mejor de mis intenciones, y lo que me encuentro es que o no se ha entendido o que simplemente eso ha dejado de importar. Necesidad de desahogarme y soltar todo lo que llevo dentro desde hace ya una buena temporada. Porque, hasta la fecha, tengo la impresión de que a mí se me ha podido hablar como se ha querido, se me han podido hacer todos los feos que se han querido y la impresión general es que soy como un perrito al que le puedes dar con un periódico en el hocico, que al rato volverá a ti, contento de que le llames. Sin pensar siquiera que a mí las cosas me pueden llegar a doler. Dando por hecho de que, bueno... como hay confianza conmigo, se me puede tratar de cualquier manera. O bien, que si me duele, me aguanto, que para eso estoy.
Como digo, me estoy ensuciando las manos; soy yo el que está escribiendo, largo y tendido. Soy el que está soltando una parrafada tremenda y que, con toda seguridad, no va a importar a nadie. Especialmente, a muchos que han dicho ser amigos míos y me han considerado como tal y que ahora se encuentran en otra longitud de onda. En otro Universo, si quieres. Gente para la que, me duele admitirlo, hace ya bastante que no pinto nada. No, no puedo sentirme enfadado con gente que lo único que me ha demostrado es tener cosas mejores en las que pensar. Ambiciones más elevadas, amigos mejores, entornos más prometedores. Cosas mejores que hacer que escucharme cuando estoy mal. Quizás es por eso por lo que estoy escribiendo aquí. Como el que se saca una esquirla de cristal que se le ha quedado clavada bajo la piel. Algo doloroso, pero necesario. Para desahogarme, y dejar que quien quiera, lea cómo me siento, sin tener que obligar a nadie a hacerlo. Sin ser esa molestia de la que os hablaba. A estas alturas, ya ni espero una oleada de comentarios de apoyo, ni debatir al respecto. Ese momento pasó hace ya tiempo, y aquellos que se dieron cuenta aprovecharon la oportunidad para hacerlo. Ahora, ¿qué me vais a decir? ¿Qué me vais a contar? ¿Qué explicaciones me pensáis dar después de meses? No, ya no necesito que os toméis más molestias por mí. Que finjáis que os importo.
De verdad, por mí no lo hagáis.
Supongo que ahora debería añadir una forma bonita de terminar este artículo. No sé, una cita célebre, una frase lapidaria, algo así. Me temo que no se me ocurre gran cosa. Tampoco sé deciros sobre qué van a tratar los próximos artículos, porque sí tengo intención de seguir escribiendo. No porque me leáis, me dejéis de leer o lo que sea. Escribo porque me gusta. Porque necesito sacar todo lo que llevo dentro, ya sea cuando me encuentro fatal, o cuando quiero contar algo raro que me ha pasado. No necesito vuestra aprobación, ni que me deis la razón en nada. Ni siquiera necesito sacar un tema para formar un debate al respecto. Quizás lo único que necesite es lo que ya estoy haciendo, ni idea. El tiempo lo dirá.









No hay comentarios:
Publicar un comentario