martes, 27 de enero de 2015

Mondo Chorra- Especímenes de la EMT




Hará algún tiempecillo, como recordaréis aquellos asiduos a este blog, escribí un artículo en que narraba lo que fue una de las tardes más surrealistas a lomos de un autobús público en esa ciudad que es MalaGotham (aunque imagino que en todas las ciudades será por el estilo). Otros distópicos sin duda recordaréis aquel otro dedicado a las tribus de MalaGotham o, lo que viene siendo lo mismo, la fauna que pulula por esta extraña ciudad.
Pues bien, como usuario usual (valga la redundancia) del servicio de transporte público de la ciudad, ha llegado ya el momento de escribir un artículo que casa lo mejor de los dos mundos: sí, amigos Distópicos, hablo de la catalogación de la clase de gente que puedes encontrarte dentro de un autobús. Toda una anatomía de la raza humana en apenas unos metros de cacharro con ruedas.
Vamos para allá.

1. Los Comentaristas: Los Comentaristas suelen ser personas de mediana edad. Por lo que he podido deducir a lo largo de años de ardua investigación, no llegas a Comentarista sin una preparación previa de al menos cuarenta años, lo que explica que sea tan raro ver a alguno por debajo de los cincuenta y pico años.
Un comentarista es muy fácil de reconocer, ya que no necesitas ni verlo. Son aquellos que retransmiten cualquier puta cosa que suceda, por banal que sea, a tu alrededor. Si un chaval en moto se salta el semáforo en rojo, el Comentarista hablará con su interlocutor (son como los Guardias Civiles, van siempre en pareja) y dirá algo tan profundo como "Mira, se ha saltado el semáforo en rojo". A continuación, se hará una disertación sobre TODOS los motoristas, al más puro estilo comentarista deportivo, que será rápidamente interrumpida si sucede cualquier gilipollez. Por ejemplo, que pase una chica vestida de heavy. Esto dará pie a algo como "Qué pinta lleva" y "Sí, ahora los jóvenes visten así". Hay muchas otras variantes, del tipo "Mira, esa lleva llorando el niño; sí, ahora le da el chupete", o "Anda, mira, una ambulancia; deben llevar a alguien malo dentro".
El Comentarista cesa su función en cuanto llega la parada, no sin antes comentar que no llegan al botón para solicitarla y que el autobús va demasiado deprisa para su gusto, o que están llegando al sitio donde tienen que bajarse.


"Siempre alerta, lo veo todo"


2. La Puta Bomba Biológica con Patas: Especimen desgraciadamente común en nuestros autobuses y una puta lotería, si tienes costumbre de cogerlos con frecuencia. La Puta Bomba Biológica con Patas es esa criatura creada por los dioses para castigar a los humanos. Es un ser que puede ser joven o viejo, hombre o mujer,  remotamente humano o directamente subhumano. Sea del tipo que sea, todos parten del elemento común de abjurar del agua. Para una PBBP el agua no existe, es el enemigo o directamente algo de lo que no han oído hablar (del jabón ya ni hablamos). Los reconoces porque poseen un aura de PESTE A ENTREPATA SUCIA que abarca un área de al menos dos metros, si te ha tocado uno no especialmente experimentado que ambienta el puto autobús entero. Un método fácil para reconocerlos es fijarte antes de sentarte y ver que a su alrededor hay de uno a tres asientos vacíos, y un montón de gente de pie. Si eres desafortunado, la PBBP estará con el autobús lleno y no habrá salida.
Las PBBP se rigen por la ley del puto Murphy, lo que quiere decir que no se bajará del bus hasta que te hayas bajado tú. Además tienen el don de alargar el tiempo: diez minutos al lado de una PBBP se convierten, así a ojo, en tres putas horas de arcadas y asco puro.


¡Qué peste, coñoooo!


3. El Freak: El Freak viene a ser algo así como el servicio de actividades culturales autóctono en un bus de la EMT. Se caracterizan por adolecer por completo de sentido del ridículo y dar por sentado de que todo bicho viviente, (insisto, TODO) es colega suyo. Un Freak puede entrar y dirigirse al respetable como si estuviera dando un monólogo y llegando incluso a hacer las veces de Comentarista, aunque en un tono menos informativo y más surrealista. En ocasiones, puede llevar una radio con chistes de Eugenio (sí, Eugenio) y tenerlos a todo trapo para que el personal se ría. Es más, si ve que el personal tiene la cara tapándole los cojones, los mirará con una sonrisa de oreja a oreja, instándolos a sonreír.
No hay una forma clara de ver venir al Freak, salvo que lo oigas vociferar alguna parida. Entonces ya sabes que puedes dejar lo que estés haciendo y sentarte a presenciar el espectáculo. Lo que suceda a continuación, ya depende del repertorio.


"¡Hola, hamijooooouuussss! ¡Empieza el shoooow!"


4. El Trovador de la Era Digital: El TED suele ser, por contra, algo más joven que lo ya presentado. Si por trovador entendemos aquel que va itinerando de un sitio a otro proveyendo música a los viandantes, éste viene a ser una especie de versión 2.0 de la era del MP3. El TED puede ser hombre o mujer, generalmente no superando los cuarenta tacos y se le reconoce por llevar un apabullante móvil en las zarpas. Un móvil cojonudo de esos modernos, con tropecientas mil aplicaciones y cuarenta mil mierdas.
Cuarenta mil menos una.
Si, amigos Distópicos: hablo de los putos auriculares. El TED considera anatema eso de ponerse una cosa que parece un pene en miniatura en las orejas, vaya a ser que le pase algo. De paso, así comparte su música con los demás. Reggaeton, flamenquito o cualquier mamarrachada que pongan en la radio, no importa; cuanto más pachanga, mejor. Recordemos además que la pachanga es para escucharla a TODO PUTO VOLUMEN, lo que quiere decir que hasta que no satura los altavoces del movil super-pepino que lleva no está contento.

5. El Badoo de Mediana Edad: Esto, más que referirse a un individuo concreto, se refiere a grupúsculos que pululan en el bus. Cuando llevas el tiempo suficiente, te das cuenta de que hay gente que en vez de usar el transporte público para ir de un sitio a otro, lo usan directamente para conocer gente. Esto hasta cierto punto puede tener su lógica, pero cuando ves que el personal (por lo general ya señores de cincuenta años para arriba) empieza a preguntarse a cada uno de qué barrio es y cómo es su familia, te das cuenta de que eso de Facebook y Twitter debió nacer dentro de un bus, hasta tal punto de que, si no fuera porque siempre se bajan en lo más álgido de la conversación (ya cuando ves chistes y tonteos dignos del programa de Juan Imedio), dirías que están a punto de darse los teléfonos.


"Estaba yo en un bus, y..."


6. El Frente Popular de Liberación de la EMT: Esto es muy similar al BME arriba mencionado,solo que menos lúdico y más político. Si habéis visto programas de debate al estilo Al Rojo Vivo, esto es muy del estilo: un puñado de gente ya de mediana edad que expone sus ideales políticos a pleno pulmón (aun sin tener ni puta idea de lo que hablan), a menudo coreándose unos a otros y asintiendo con la cabeza ante lo mal que está el mundo, la mierda de país en que vivimos, la corrupción y demás. El discurso suele finalizar a punto de bajarse de la parada, generalmente con cosas del estilo como "Cualquier día de estos va a pasar algo gordo". Es inevitable imaginarse a un puñado de señores de mediana edad con sus horquillas asaltando el ayuntamiento de la ciudad.


"¡Listos para liarla!"


7. El Pasajero Rebelde: El Pasajero Rebelde suele actuar solo, o como mucho acompañado por alguien que le tira de la manga pidiéndole por favor que se calle o se tranquilice. Es el especimen encabronado, de cualquier edad o sexo, que se queja por la terrible conducción del vehículo. En uno de cada tres casos, suele derivar en discusión con el conductor, lo que conlleva en una absurda pelea a gritos que acaba cuando el Pasajero Rebelde se baja indignado en su parada y sigue vociferando al autobús cuando este se larga.

8. La Sirena Humana: La Sirena Humana es, con diferencia, el más joven de todos los especimenes del bus. Con apenas un año de vida, es la envidia del puto Rob Halford y posee unos pulmones capaces de hacer reventar tanto el vidrio como tus tímpanos. Una Sirena Humana es esa criatura que ves adorable cuando estás en la parada, dentro de un carrito pero que, al subirse a un vehículo, saca su Mr. Hyde personal y empieza a berrear como si no hubiera un mañana. Van por lo general acompañados de su madre o progenitor, pero eso en absoluto los tranquiliza. Son inestables como una bomba y basta con que cualquier humano alrededor estornude o que el vehículo tome una curva para que se desate el caos acústico. Nada los calma, nada los hace dejar de llorar. Absolutamente nada impide que su berrido sónico alcance los 1300 decibelios. Si tropiezas con una de estas, di adiós a tus oídos el resto de la tarde.


Algo así como la puta raíz de Mandrágora.


9. El Tirano: El Tirano es un especimen de avanzada edad que usa su venerabilidad para dar órdenes a quienes tiene alrededor. Lo reconoceréis porque suele estar en los asientos bajos, reservados a embarazadas y señores mayores. Es ese que se planta, se sienta y empieza a decirle a la gente que se siente, y donde: "Usted, siéntese aquí. Usted, se pone aquí". Se entiende que es un poco por educación, ya que se preocupa por que otras personas mayores estén a gusto. Lo que no terminan de entender es que a lo mejor alguna de ellas no quiere sentarse o se va a bajar en la próxima parada y no necesita hacerlo. En ese caso, son necesarios al menos dos minutos de explicaciones para que el Tirano deje de insistir de una puta vez y se vaya a darle órdenes a algún otro incauto que esté pululando por los alrededores.

10. El Niño Tocapelotas: Otro de los más jóvenes el Niño Tocapelotas es ese que piensa que subirte a un puto autobús es como ir al Tivoli World y descogorciarte por la montaña rusa (bueno, a veces es así, pero tampoco es para darlo por hecho). Lo reconocerás porque JAMÁS va sentado junto a sus padres, sino donde le sale del epicentro, lo que conlleva que se comunique con ellos a grito pelado y colocado de rodillas sobre su asiento. También posee una fijación enfermiza por ser él quien le dé al puto botón de solicitar parada, lo que conlleva en un drama de la hostia cuando alguien se les adelanta. Como el Niño Tocapelotas venga con algún hermano, date por jodido.


Algo en este plan.


11. El Anciano Buenrollista: Uno de los especímenes más simpáticos que puedes encontrar. El Anciano Buenrollista alcanza una edad entre Vetusta y Venerable y siempre siempre siempre te preguntará si ese asiento vacío que está a tu lado está ocupado. Si le dices que se siente, debes ser consciente de que ese es el inicio de una amena conversación sobre lo que ha sido la vida de esa persona (a menudo viuda), con momentos audiovisuales como enseñarte fotos de sus nietos y bisnietos. La clase de gente que te alegra una mañana al desearte que te vaya todo bien en la vida y diciéndote que te ha tocado vivir en una época muy jodida, como si la posguerra que pasaron ellos hubiera sido un paseo.

12. Los Pasivo-Agresivos: Son aquellos, de unos cincuenta años para arriba, que se colocan estratégicamente al lado de cualquier humano por debajo de su edad que ya está sentado. Actúan en parejas y suelen hablar entre ellos, con frases sutiles del tipo "Ya no hay educación, antes veían a una persona mayor y te dejaban el asiento", como sin querer decir nada abiertamente al que va sentado, pero lanzando dardos llenos de amor. Lo mejor es que, cuando la persona que está sentada se da por aludida, la respuesta suele ser de rechazo, con la frase: "No, no se preocupe, si yo me bajo en la siguiente parada". Algo probablemente cierto, pero si la otra persona tiene sangre en las venas, el daño ya está hecho.


"No me levanté, tío. No me levanté".


13. Las Cotorras Humanas: Este grupo no tiene edad ni género. Suele abarcar cualquier criatura viva entre unos quince y noventa años, y lo único que necesita son unas cuerdas vocales. Cuerdas que usará y de las que abusará durante todos y cada uno de los putos minutos que dure el trayecto. La Cotorra Humana no calla. No descansa. Qué cojones, a veces parece que ni respira. Te larga su vida, la vida de sus hijos, de sus amigos, de sus vecinos, de todo bicho viviente. Lo hace a un volumen algo más elevado de lo soportable y los seres que les rodean suelen asentir con estoicismo en plan "Si no respondo algún día le dará por callarse". Existe también una variante, que son las Cotorras Móviles, que son las que destrozan las baterías de sus teléfonos en el mismo plan. Es más frecuente que las Cotorras Móviles suelan ser algo más jóvenes que la versión Standard, pero no se descarta encontrarte una Cotorra Móvil de sesenta años. La tecnología está al alcance de todos.

14. El Juez Dredd: Primo hermano del Tirano, solo que más agresivo y más centrado en la disciplina férrea que en la organización. Este suele ser la ley dentro de un autobús. Generalmente varones de cuarenta y muchos para arriba (aunque no se descartan señoras), tienen la costumbre de imponer la paz dentro de un vehículo a base de encararse con los chavales para decirles que no pongan los pies en los asientos. Que no hablen fuerte. Que se levanten para dejar asiento a la gente mayor. Una vez la chiquillería obedece, sabiendo que La Ley ha llegado, pasamos a la segunda parte de la ofensiva, que es el discurso: "¿Qué pasa, es que a vosotros no os enseñan educación, eh? ¿Dónde está vuestra educación, me lo podéis explicar? ¡Así no vamos a ninguna parte, que lo sepáis! ¡Todo el día haciendo lo que os da la gana, que asco de juventud!" Este discurso puede prolongarse ad aeternum, aunque suele interrumpirse cuando se abre la puerta al llegar a su parada. Aun así, el Juez Dredd no se rinde: mientras baja los escalones, sigue con su discurso sobre los valores para que los chavales no lo olviden. Con el dedo índice en alto, para indicar autoridad.


"Yo soy la ley, ciudadano. Más te vale saberlo".


15. El Penas: El Penas es un arquetipo que corresponde a la gente que, más que protestar como el Frente de Liberación, ya ha llegado a la conclusión de que la vida es un valle de lágrimas y que no sabe lo que va a pasar. A menudo es el que vive en un barrio de mierda y se queja de que los tienen como perros allí; en ocasiones, puede ser el señor hipocondríaco que es una especie de vademécum con patas y tiene un registro detallado de todos los conocidos que tiene con cáncer, incluyendo además el estado en que avanza la enfermedad. También ejerce como necrológica e informa a su interlocutor de cómo va el body count de su entorno cercano. Todo esto suele hacerse en tono tremendista, con frases agoreras del tipo "¡Qué vida esta!".
Si dais con un penas se aconseja fervientemente que luego hagáis hueco para iros de cañas, porque si no os da el día.

Y hasta aquí, una selección de los seres más típicos y tópicos que podéis encontrar en un bus de mi ciudad. Como no soy mucho de ir a otras para coger autobuses, imagino que la fauna en vuestras ciudades será por el estilo... Por eso espero que hayáis podido identificar a la mayor parte de los casos. Si no, siempre podéis tomarlo como algo exótico que se puede encontrar en MalaGotham. Y recordad: ojo avizor con lo que encontráis en un autobús.

2 comentarios:

Toni dijo...

Qué más puedo añadir? Ha sido como echar una mirada atrás a toda una vida de usuario de bus y, de golpe, sentir que todas las piezas encajaban.

Rumbo a la Distopía dijo...

Yeah. De vez en cuando es productivo hacer un poco de análisis biológico de los especímenes que nos rodean y eso :D