lunes, 13 de enero de 2014

Mis Truños Favoritos- Elephant, de Gus Van Sant o "¡Hey, chavales, esto es una peli independiente!"



Este pasado fin de semana llegó a mis manos la peli Elephant, dirigida por el (a mi juicio) irregular Gus Van Sant, que lo mismo te dirige El Indomable Will Hunting que te hace un remake de Psicosis. En esta peli, el amigo Gus le echa más cojones aún y se dedica a rizar el rizo con una historia basada (o inspirada) en la tragedia de Columbine. Sí, esa de los dos chavales que trincan un par de metralletas y mandan al otro barrio a doce compañeros de clase y un profesor. Con esto imagino que Gustavito se ganaría su consabida dosis de polémica, por eso de que el tema sigue siendo candente en los Estados Unidos y todo eso... Pero lo más acojonante es que te pones a ver la película y, cágate lorito, si ha habido polémica no lo entiendes. ¿Por qué?

Pasemos a analizar cómo se cuenta esta historia, pasito por pasito, y así vais pillando el concepto. Como siempre, aviso que esta crítica hace un desguace COMPLETO de la película. Si vais a seguir leyendo, estáis advertidos de que se desvelan elementos principales y finales de la trama, así que os sugiero que no sigáis leyendo a menos que ya hayáis visto la película o bien os dé igual saber cómo acaba. Pero claro, si esto está basado en lo que está basado, ya lo sabéis de antemano...

Empieza la peli. Lo sabemos porque tenemos un plano interminable de un poste de teléfono y los créditos en letra Arial. Esto, sumado al hecho de que no hay banda sonora (es más, no hay banda sonora prácticamente en toda la película) nos hacen pensar que tenemos ante las napias una peli de esas INDEPENDIENTES (sí, en mayúsculas, que tiene que notarse), que huye del comercialismo hamburguesero de Hollywood y todas esas chorradas aprendidas en Jueves que los gafapastas de turno usan para dar el coñazo y hacernos creer que son más guais que tú y que yo.

Nos pegamos un rato mirando el puñetero poste (no, no sabemos por qué tanta insistencia en él ni lo que expresa), cuando al director se le pone en los cataplines cambiar la cámara de sitio de una vez. Lo hace poniendo el nombre de un chaval, con fondito negro y letras blancas (en Arial, de nuevo). Con esto la maestría de Gus(y Luz) nos enseña que lo que tenemos por delante no es una película al uso, sino una obra coral, donde confluyen los puntos de vista de diferentes personajes.
Vamos, como pasa en Juego de Tronos, pero sin ir de transgresor por la vida.


Así empieza esto. Dos minutos de peli o así viendo el poste.


Lo primero que vemos es un fulano con un Mercedes que pasa por una residencial callecita americana rayando coches y estando a punto de atropellar a algún crío en bici. Tras un par de catástrofes a punto de tener lugar, un chaval con pelo tipo fregona Wileda puesta del revés, le dice a su padre que pare el coche, que ya conduce él si eso. El padre aparece con cara de "Menudo pedo llevo", esforzándose tela en que el pobre espectador, que parece que no se entera de nada, entienda que está muy muy borracho. Le falta llevar una lata de birra en cada mano para que no nos pueda quedar más claro... Pero en fin, son los primeros cinco minutos de peli (cuatro de ellos se han ido en los créditos y en el puto poste), no hay que adelantar acontecimientos. Niño-fregona conduce el coche hasta el instituto (por medio tenemos un insustancial diálogo, carente de expresión, que por algún motivo parece indicarnos que de lo que hablan es algo profundo, pero no nos engañemos. Lo que sueltan tiene tanto interés como el prospecto de una etiqueta de champú, algo de irse a cazar a no sé dónde), donde tenemos un fantástico plano-secuencia de los de dos minutos completos con la cámara siguiéndolo por la espalda y llegando hasta una cabina de teléfonos.El director del centro se materializa de la nada, diciéndole a niño-fregona que se va a cagar por llegar tarde mientras este habla por teléfono con vete a saber quién diciendo que su padre está pedo.
Cara de niño-fregona en plan "Mi vida es una mierda".


Acostumbraos a ver gente de espaldas andando. En Elephant os vais a hartar.


Después de esto, se ve que la vida de este fulano deja de importar y nos vamos a otro chaval (insertado cartelito negro con su nombre, que no falte). En este caso, uno con una cámara de fotos que está dando vueltas por un bosquezuelo y se encuentra a una pareja de rockeros. Sabemos que son rockeros porque la chica lleva unas medias como de rejilla, hay alguna muñequera de pinchos y llevan cazadoras como de cuero. Les falta un cartel de neon que diga "Hey, chavales, estos son dos rockeros" para que lo pillemos del todo, pero creo que con eso nos bastamos. El niño-cámara les pide hacerles un book de fotos y los otros, tras un diálogo basando en poco más que monosílabos, tira para el instituto. Todo como muy diver.

Llegamos al instituto, donde ya vimos a Niño-fregona y donde se ha metido Niño-cámara. Ahora encontramos a Niña-niño, que es una criatura extraña con gafas, bastante incómoda de ver y que destaca por vivir mirando al puto limbo. Niña-niño se pega buena parte de la peli sin decir ni mu; tampoco es que importe demasiado, porque tiene menos carisma que el alambre de un pan Bimbo. Se supone que es buscado, para que entendamos que el personaje es un cero a la izquierda socialmente hablando, una marginada, un símbolo que refleja la alienación en nuestras aulas y...
Mira, paso. El personaje no tiene trasfondo; carece de motivación, historia o lo que sea. Y aburre.


"¡Mira al cielo con cara de soñadora redomada, que parezca que aspiras a una vida mejor que la que tienes!"


Pasamos a alguien con más carisma, que es Niño-guaperas. Este, como su mote indica, es un guaperas. Entra en el instituto y, nada más entrar, encontramos a tres pencas (ya hablaré luego de ellas) que se lo comen literalmente con los ojos. Ni sutileza ni putas hostias; si Niño-Guaperas se agacha a amarrarse los cordones de los zapatos, estas tres, nada más viendo la descaradísima expresión de sus rostros, lo cogen y lo violan repetidas veces ahí mismo hasta dejarle el pirulo más seco que un palito de merluza.
¿He dicho que Niño-Guaperas tiene carisma? Olvidadlo. Quería decir que es el que más carisma tiene en toda la película, cosa que a decir verdad no significa absolutamente nada. En realidad lo unico que hace en toda la puta peli es pasearse como a cámara lenta por el instituto (característica que comparte, por cierto, con Niño-fregona) con su novieta (Niña-guaperas) y tener diálogos insulsos (también hablaré de esto más adelante).

Volvemos a Niño-fregona. Sale en el cartel de la peli, asi que entendemos que tiene más importancia que los demás (yo todavía sigo intentando encontrarla, pero bueno). Como buen emo, se va a una habitación que por algún motivo absurdo está vacía y se pone a lloriquear cual nenaza. Aparece aquí Niña-pasada-de-rosca, que le pregunta si está llorando. La llamo así porque se mueve y habla como si tuviera ocho diazepanes en el cuerpo. Él le dice que sí, pero nah, no tiene importancia. Por lo que se ve, es frecuente que el pringao este se pase el día llorando por las esquinas. Porque la vida del instituto es dura y tal, ya se sabe, y hay que recordarlo a cada puto minuto. Así el tonillo de denuncia social y de dramatismo absurdo quedan bien patentes.


"Tú no tienes culpa de ser así. Ni tampoco de llevar el toro de Osborne en la camiseta".


Niña-pasada-de-rosca tira millas y se va a un club de debate en alguna habitación contigua. Ahí empiezan a hablar de los "gais" (ver esta peli doblada es molón, porque pronuncian gay tal y como se lee, lo que hace pensar en el paletismo crónico del que dirigió el doblaje), en un supuesto debate cargado de intelectualidad, análisis crítico y profundidad social.
La conversación deriva a comprar carneros que cuestan quince mil pavos y que se follan por culo entre sí, y llevar muñequeras con un arco-iris.
No, yo tampoco lo entiendo.

A estas alturas de la peli ya hemos visto como tres o cuatro planos secuencia que siguen a un personaje por las espaldas.


Como este de Niño-guaperas, entrando en el instituto.


Nuevo cambio de escena. Aparece Niña-niño saliendo de una clase de gimnasia, en la que la profesora le pregunta por qué no se ha puesto pantalones cortos. Ella (o él) responde que no quiere hablar de eso, a lo que la docente le suelta que si no se cambia los pantalones la tendrá que suspender.
Yo tampoco entiendo a qué coño viene eso. Sabía que las clases de gimnasia son duras en algunos institutos, pero esto es ridículo.

Clase de física, en la que vemos una apasionante lección sobre los electrones, la masa y su puta madre. Alguien hace una pregunta, con la correspondiente pausa, supuestamente dramática o supuestamente trascendental, entre pregunta y respuesta, como para darnos a entender que todo es como muy importante. En realidad, es más bien aburrido y la impresión que da es de que el director es más pretencioso que la leche. A nivel visual, un travelling a lo largo del aula donde la cámara se detiene sobre un personajillo que está dibujando no sé qué en la última banca. Alguien le lanza un pegote blanco y espeso que espero que sea yogur. Pringado hasta las cachas (lo de pringado imagino que es una metáfora de eso de ser un pringado social, que esta peli se supone que es PROFUNDA) se va al baño a limpiarse.

Niño-fregona sale en un (por lo menos) sexto plano secuencia de estos del instituto (no, tampoco yo tengo idea de a dónde coño va, si se supone que acaba de entrar) y, en la puerta, se encuentra con dos fulanos vestidos de militar y entrando en el centro con una bolsa llena de armas, por la puerta principal y a plena luz del día, muy discretos ellos.


Ves a dos tíos que parecen sacados de un Call of Duty entrando en un instituto.
Discreción total.


— Hola, tíos— dice Niño-fregona—, ¿adónde vais?
— Vete de aquí y no entres— le dice uno de ellos—, que va a pasar algo gordo.

Si nos fijamos bien, descubrimos que uno de los dos que están entrando es el chaval al que pringaron de yogur. Esto nos demuestra que la peli, al ser coral, nos cuenta la misma escena desde unos seis o siete (y no exagero) puntos de vista. Los pistoleros han aparecido, para echar cuentas, en los primeros treinta y cinco minutos de película.
Queda casi una hora por delante.

Volvemos a Niña-niño. Otra pobre criatura marginada que tiene la desgracia de estudiar en el instituto con la gente menos discreta del país. Para entender la falta de discreción, recibe insultos de sus compañeras de clase, algo que suele ser tristemente normal. Lo que no es normal es que las compañeras estén cuchicheando a dos putos metros de ella y a plena voz. Esto, como se intuye, rompe por completo las Normativas Internacionales del Cuchicheo, que exigen que haya un mínimo de distancia y nivel auditivo para que la otra persona tenga, como mínimo, que esforzarse para saber que están hablando mal de ella. Aquí lo único que hace falta es que la añadan en la conversación y le pidan su opinión.

Pasamos a Niño-cámara, que ya ha entrado en el instituto. Lleva las fotos que ha sacado de los dos rockeros y se pone a revelarlas. Lo hace a plena luz y sin guantes, lo que nos indica que en Estados Unidos el proceso de revelar fotos es totalmente contrario a como se hace en cualquier otra parte del planeta.
Ya hemos visto casi media docena de planos secuencia siguiendo a tal o cual personaje. La verdad es que perdí la cuenta hace rato.


A Van Sant le deben gustar los cogotes. Si no, no me lo explico.


Aparecen tres personajas nuevas. O mejor dicho, reaparecen. ¿Os acordáis de las tres Barbies que vimos al principio mirando a Niño-guaperas con cara de desmedido deseo? Pues ahora empieza su subtrama. Si hasta ahora los diálogos habían parecido insustanciales, eran dignos de Shopenhauer en comparación con lo que viene ahora. El súmun, la quintaesencia de la insustancialidad aparece aquí. Se supone que esto debería demostrarnos la superficialidad de ciertos sectores de la población adolescente estadounidense y tal, pero se queda en un "Mira, no le veo ni pies ni cabeza a esto". Casi cinco minutos. Cinco minutos de cháchara absurda que no va a ninguna parte. Al menos con el debate sobre los "Gais" te reías en el momento en que hablaban de los carneros sodomitas. Esto de lo único de lo que te da ganas es de irrumpir delante de ellas y arrearles con un calcetín sudado o, en su defecto, con una lorza de panceta. Lo primero que tengas a mano con tal de que se callen de una santa vez.
Más topicazos en el momento en que las tres se piden una ensalada en la cafetería y la dejan después de haber pegado solo dos pinchadas al plato. Acto seguido, se meten en el baño a vomitar al unísono (incluso cerrando las puertas a la vez), con tanta discreción y de una forma tan poco forzada como los dos fulanos entrando metralleta en mano.
En resumidas cuentas: he estado en conciertos de rock duro que suenan menos fuerte que el sonido de las arcadas de estas tres.


"¡Oh, my God, es Niño-guaperas! ¡Como su novia se distraiga lo pongo mirando a Alabama!"


Salimos del instituto, y nos metemos en casa del chaval que estaba dibujando en clase. Por algún motivo, ha vuelto a su casa sin que se la líen como se la liaron a Niño-fregona por algo menos grave, como es llegar tarde. Lo tenemos tocando el Para Elisa al piano, que se convierte en la única música que suena en toda la película. Aparece el otro muchacho (al que vimos vestido de militar con su pertinente metralleta), se sienta en una cama y se pone a jugar a un juego similar a un Counterstrike, pero con la originalidad de que los muñecos que aparecen no están ni armados. Lo que viene siendo un mata-mata, pero un mata-mata de verdad. Con esto imagino que se nos quiere decir "Hey, chavales, fijaos, este tío es realmente chungo. Un psicópata alentado por la ultraviolencia salvaje de los videojuegos de última generación, que no tiene el menor respeto por la vida. El Mal encarnado".


La puesta en escena del juego es impresionante, así como su variadísima selección de fondos.


Sigue sonando el Para Elisa.
Y sigue.
Y sigue.
Imagino que esta escena debería contarme algo, pero yo solo veo a un tío tocando el piano. Cuando crees que la cosa no podría ser peor y contarte menos, la escena cambia y ves un bonito plano de un cielo azul con sus nubecitas.
Un minuto.
Dos.
Para cuando quisimos llegar a esta parte de la película, mi pareja ya había pasado estas escenas, con la paciencia perdida por completo. Tengo que decir que además las pasó VARIAS veces. Así de largas eran.


Y otro cogote más. La novedad está en que este no se mueve por un pasillo.
La mala noticia es que se pega arreándole a la pianola más tiempo del que nadie con la justa paciencia podría aguantar. Especialmente tras una hora y algo en que no ha pasado nada de nada.


Nos vamos para el instituto, una vez más. A estas alturas de la peli, el edificio empieza a parecer el de la Bernarda, con gente entrando y saliendo de allí constantemente. La acción en este caso nos lleva a Niño-guaperas. Su novia, Niña-guaperas, se va para él y nos habla de no sé que historia romanticoide digna de Disney en una acampada, donde al parecer perdió la virginidad con él y ahora tiene un retraso en la regla de dos semanas. Todo como muy natural, sin parecer tópico ni forzado...


La Parejita Guaperas. Nótese la emotividad y la expresividad de ambos a lo largo de toda la película.
Menos mal que son adolescentes enamorados, de llegar a los cuarenta habría sido para verlos.


Niña-niño tiene trabajo en la biblioteca, colocando libros, lo que tampoco es tópico, qué va.

De vuelta a casa de los niños pistoleros. Todo sutil y sin forzar estereotipos de asesinos múltiples, están tan tranquilamente viendo un documental sobre Hitler (con la gran frase "¿Hitler quién es? ¿Ese de ahí?") cuando les llega un paquete. Al ver esto, yo bromeo diciendo que lo mismo es la metralleta que han comprado por E-Bay.
No sé si reírme o llorar cuando descubro que, efectivamente, es una metralleta que han comprado por E-Bay. En todo un despliegue de discreción e inteligencia, la prueban en el garaje de la casa con la puerta cerrada, abriendo fuego sobre unos leños.
Deben vivir en un barrio con vecinos más sordos que un servidor, porque si no, no me explico que no tengan a los maderos (los de la poli, no los que están acribillando) rodeando la casa.

En el instituto, vemos la escena de salida de Niño-fregona del centro (que, por cierto, acababa de entrar, ¿por qué coño salía?) desde al menos tres puntos de vista diferentes: el de Niño-fregona, el de Niño-cámara y el de Niña-niño, que echa a correr absurdamente por el pasillo en cuanto ve al segundo fotografiar el culo del primero.
Llevamos más de una hora de película y aquí nadie ha matado a nadie.


No es coña, le fotografía el culo.


Planificación de la masacre. Los dos asesinos tienen un mapa del instituto y visualizan cómo harán la masacre. Luego, a modo de preparación pre-belicista, uno se mete en la ducha y se pone a pensar en lo que va a hacer. Mi pareja bromea diciendo que fijo que el otro se le mete en la ducha con él.
Más risas al ver que el topicazo de asesino múltiple-marginado-psicópata-amante de los videojuegos-artista-neonazi que además tiene tendencias homosexuales se cumple a rajatabla.
Me permito sugerirle a Van Sant que, ya puestos, los podía haber puesto satanistas, fans del heavy metal, de religión islámica y de ideología comunista (que contradice la mitad de lo primero pero, qué mas da, joder. Así quedan retratados del todo)

Hora y pico de peli y empieza el rock'n'roll.
Si pensabais que ibais a ver una peli típica de matanzas en un instituto, con el caos sembrado, gente chillando y demás, ya os podéis ir olvidando: esta peli es transgresora hasta para eso. De hecho, no podréis ver un tiroteo más tranquilo y menos caótico que el que se muestra aquí. Los pavos, metralleta en mano, se meten en el pasillo principal y resulta que no se encuentran a nadie. Bueno, aparece un tío al fondo, pero imagino que no le disparan porque está lejillos y no es plan gastar balas en un fulano que tiene un pie en la puerta. Para pillar blancos en masa, tiran para la biblioteca. Una vez allí, se encuentran con Niña-niño y Niño-cámara... y unos tropecientos más, que ven a dos tíos entrar armados hasta los dientes y los miran sin decir absolutamente nada. Joder, más que eso, es que todo el mundo está de lo más tranquilo.
Si os alucina esto, más basto es la reacción de los dos personajes presentados previamente: Niño-cámara, en un alarde de coherencia, nada más verlos, les saca una bonita foto (supongo que por eso de que es fotógrafo y, como tal, pues tiene que hacer una foto de lo primero que se le ponga delante de los hocicos); Niña-niño se salta todas sus carencias en cuanto a habilidades sociales, se acerca a ellos y dice "Chicos". A juzgar por su expresión, casi dirías que no parece darse cuenta de que llevan más armas encima que el puto Rambo. Es más, podrías decir que está a punto de decirles "No habléis en voz alta, por favor, que esto es una biblioteca".
La respuesta es obvia: tiro que te crió para estos dos.


Durante el tiroteo tampoco faltarán imágenes de los pistoleros caminando seguidos por la cámara.


Aquí es donde lo más alucinante de la película tiene lugar: nadie, y cuando digo nadie, quiero decir ABSOLUTAMENTE NADIE, grita. Todos, en silencio, y menos rápido de lo que cabría pensar cuando se trata de salvar el pellejo, echan a correr. Ves mucho derrape y algún que otro empujón, pero la sensación general que se tiene al ver aquello es la de demasiado orden, demasiada tranquilidad. Parece que el tiroteo se ha producido en el instituto más huevón de toda América.
Si este hecho os parece absurdo, agarraos, que la cosa se desmadra. ¿Os acordáis del equipo de debate? Sí, el de los carneros sodomitas. Pues bien, resulta que, tras haber escuchado unos pocos de tiros, uno de los chavales que participaba en él se levanta muy tranquilo en plan "Joder, qué ruido hace la gente ahí fuera", pero sin echar muchas cuentas de que lo que está oyendo son disparos. Se asoma a la puerta y recibe un bonito disparo que... vaya, no deja NINGUNA herida en su serrana anatomía. Eso sí, el chaval se desploma y deja un charco de sangre debajo de su cuerpo (supuestamente, recibe el tiro a bocajarro en el torso, cae de espaldas y la hemorragia parece salirle del culo). El profesor, otro sangre de horchata, se va para él y le dice una frase tan brutal como "Levántate", como si el chaval simplemente hubiese resbalado o, qué leches, como si se hubiese tumbado a dormir la siesta.
Claro que si no ves la herida igual piensas que no le han disparado y se ha muerto del susto.
Igual la sangre no es sangre y es que se ha caído sobre una bolsa de ketchup.

Llevamos más de hora y pico de peli y AHORA nos presentan un nuevo personaje. Un chaval afroamericano, con su pelo trenzado y sus andares made in the barrio. El tío oye tiros, ve gente corriendo a punta pala. Incluso ve a Niña-pasada-de-rosca saltar por una ventana del primer piso. ¿Su reacción ante todo esto? Coger y seguir paseando por los pasillos, como si un tiroteo fuera lo más normal del mundo. No contento con esto, llega hasta el sitio donde uno de los asesinos tiene a sus pies al director del centro, al que recrimina "haberlos puteado".


¡También tiene su plano independiente caminando de espaldas al espectador!

Ante esto, Niño-de-barrio tiene dos opciones: una, intentar hacerse el héroe y aunque sea hablar con el pistolero para salvar la vida del director del colegio y, de paso, la de sus compañeros, o dos, darse media vuelta y correr en busca de ayuda.
Elige una tercera: acercarse al pistolero sin más razón aparente que ver el asunto más de cerca y llevarse una ráfaga de disparos en el pecho por idiota.
Personajes que destacan por no tener una historia de fondo, ni siquiera una línea de diálogo, para encima morir absurdamente en menos de dos minutos. Chúpate esa, George R. Martin.
Luego la culpa es del espectador, que no ha logrado empatizar con según qué personajes.


"Ves a un tío con una metralleta a diez metros de ti, ¿qué haces?"
"Me acerco hasta tenerlo a tres."
"¿Y luego?"
"Espero a que me dispare".


Avanza el tiroteo. A estas alturas de la peli, ha palmado ya medio reparto, incluyendo a las tres Barbies o Niñas-cotillas que babeaban por Niño-guaperas. Se podrían haber salvado, si una chica que estaba huyendo y se escondió en uno de los aseos del baño en que estaban éstas, hubiera dicho algo. En lugar de eso, esta secundaria aparece, las mira raro, se esconde en un reservado y deja que estas tres petardas mueran acribilladas.
Fuera, Niño-fregona ha ido avisando a todo el que ha pillado por los alrededores del centro de que no entren, que "algo gordo está pasando". Pero no os creáis que se da mucha prisa o que se altera al hacerlo. Él, tranquilito y a su ritmo: si se encuentra con alguno, pues se lo dice, pero tampoco es que se le vea más nervioso de la cuenta al hacerlo; de hecho, un profesor ignora su aviso y, en el momento en que se aleja un par de metros, él sigue a lo suyo tras haberse encogido de hombros.

En el interior, los asesinos llegan a la cafetería, donde se supone que han caído ya unos cuantos estudiantes. Digo "se supone", porque te encuentras toda la puta cafetería vacía y en perfecto orden. Para haber estado llena y haberse evacuado en apenas unos minutos a causa de una emergencia de vida o muerte, las sillas están tan bien colocadas que uno de los asesinos tiene que sacarla de su sitio al lado de una mesa para sentarse un rato. Solo sabes que ha habido un tiroteo ahí porque ves un cocinero muerto por alguna parte. Todo lo demás, impecable: la comida perfectamente colocada en cada bandeja, nada por el suelo o fuera de lugar.


Comprobadlo: sabemos que ha habido un tiroteo porque a la izquierda hay un señor muerto. Si no, cualquiera lo diría.


Volvemos fuera. Niño-fregona, al ritmo trepidante que lleva, habrá podido avisar a la friolera de seis o siete personajes que se encuentre por los alrededores. Justo en ese momento, aparece su padre; tenemos suerte de que no lo atropelle con el Mercedes, viendo cómo conducía al principio de la película. Es precisamente gracias a esta aparición cuando descubrimos que la sangre de cemento del chaval es algo hereditario: su padre ve una columna de fuego salir del edificio (durante el tiroteo los asesinos han quemado una taquilla) y dice, con toda la parsimonia del mundo: "Algo se está quemando en el instituto". El chaval, que sigue sin alterarse en lo más mínimo, le cuenta que ha visto a dos compañeros armados entrar en el centro y, de nuevo, "algo gordo está pasando".

Que sepamos, parece que solo Niño-guaperas y su novia quedan en el centro. Uno de los asesinos, los dioses saben por qué, ha matado a su amigo y se dispone a darse una vueltecilla. Su instinto asesino de monstruo despiadado (o igual ha sido la potra) le lleva hacia la cámara frigorífica de la cocina (por toda la cara, sí), donde se encuentra a la Parejita Feliz. Ellos suplican por su vida, y aquí el chaval cierra la película con la gran frase "Pito, pito, gorgorito, dónde vas tú tan bonito..."


Plano en el que en realidad no ves nada.
Tampoco se sugiere.
Sencillamente, la peli termina antes de que pase.
De hecho, termina incluso antes de que termine la frase que está diciendo.


Y aquí es donde termina semejante majadería.
Majadería, no por la temática, que podría ser una interesante denuncia hacia el uso de las armas de fuego en Estados Unidos, o contra la alienante sociedad que envuelve al mundo adolescente. Una crítica sobre lo que es la violencia en las aulas, el preocupante tema del bullying académico o sobre una sociedad que parece más preocupada en ensalzar valores como "Conviértete en una estrella del rock, ten éxito o sé un fracasado que no merece vivir". En lugar de eso, tenemos una película lenta, aburrida y pretenciosa en cuanto a forma, más interesada (o más bien obsesionada) en bombardearnos con interminables planos secuencia que carecen de contenido alguno. Imágenes supuestamente simbólicas, pero que se quedan en la postal. Diálogos que parecen pretender impresionarnos, pero que se quedan en diálogos inflados, banales y superficiales, cargados de pretenciosidad pero que en el fondo dicen tanto como el resto del apartado formal.
Los personajes, que podrían estar caracterizados como víctimas o verdugos (o incluso ambas cosas a la vez, viendo un tema tan complejo como este), se quedan en meros arquetipos, planos y tópicos a más no poder. Por carecer no solo carecen de un mínimo de carisma con el que se nos permita empatizar; también carecen de historia, trasfondo y (lo más grave) motivación alguna que nos permita medio entenderlos. A menudo actúan de forma incoherente, por no decir absurda. En algunos casos, se pasa del arquetipo al estereotipo y elementos que podrían ser serios o dramáticos se quedan en el cliché más previsible y forzado, casi rozando la caricatura. Y lo más grave es que esto último no parece hecho adrede, sino conseguido de forma accidental.


El cartel de la peli en España. Se ve que tuvieron claro lo que querían mostrar.


En resumidas cuentas, si se supone que teníamos que sentirnos conmocionados o impactados por una película que se supone refleja los asesinatos producidos en Columbine (o, al menos, se inspira en ellos), Elephant es un ejercicio de mucho ruido y pocas nueces, donde el director parece más centrado en impresionarnos con su dominio de la cámara (o eso se supone, ya que la dirección de escena tampoco resulta ser nada memorable) a base de mostrarnos una escena irrelevante desde al menos seis puntos de vista diferentes, en lugar en transmitir algo con ella.
Un tema muy serio, tratado de la forma más superficial posible y dirigido con ese tufillo de "Hey, chavales, esto es una peli independiente" destinado al público gafapastas que es capaz de sacar una interpretación metafísica y sesuda de una sucesión de líneas argumentales vacías, donde no solo apenas sucede nada; lo poco que sucede es un cliché predecible y ridículo, que ni siquiera viene respaldado con un trasfondo sólido del que se pueda echar mano.

6 comentarios:

Gissel Escudero dijo...

Obviamente no has entendido la genialidad metafísica de esta película (modo sarcástico ON, y yo pensando que es otra de esas películas que no veré en mi vida).

Rumbo a la Distopía dijo...

Jjaajajajaaj sí, es que los que no medimos las pelis por su no-mainstreamismo (sello indiscutible de calidad) no entendemos de cine. Es lo que tiene :P

Unknown dijo...

Muy bueno, muy gráfico y muy divertido. Los nicks son desternillantes

Rumbo a la Distopía dijo...

Gracias, Istel! Es que si no echaba el rato poniendo motes a los personajes, no podría haber hecho este artículo: principalmente porque me habría aburrido tanto viendo la peli que me habría quedado dormido a la mitad :D

Mike Urrestarazu dijo...

La verdad que sí, está hecha con bastante cara dura, es claramente oportunista por el tema de los dos adolescentes asesinos además de que lo estira como el chicle y no da para mucho más; es más,utiliza los tics típicos de cine de autor, los silencios y todo eso para revestirlo de cine de culto, pero me temo que es un poco engañabobos y como que no nos la cuela. Luego, la temática gay secundaria está un poco metida con calzador, parece que Gustavito como le dices la tiene que meter por cojones.
Lo que te comentaba, que a mí me encanta el cine llamado "independiente" y el de autor (que hay diferencias), -o coño, el comercial bueno a la vez que entretenido,bienvenido sea- pero encuentras mucho engendro pretencioso con alarde de interesante y cuesta dar con una peli que verdaderamente lo sea. A Van Sant lo ponen en los estantes como representante de este cine y de momento, la única que no me aburrió y me gustó algo fue "Mysterious Skin", ésta es tediosa, prescindible y con mucha pretensión. Menos mal que no duraba mucho jeje.

Rumbo a la Distopía dijo...

The Mike, creo que has definido a la perfección lo que quería decir con este artículo: usar los silencios, la estética "aséptica" y los planos secuencias hasta sobrepasar el abuso tiene toda la pinta de ser un intento descarado de engañar al personal, pretendiendo hacer creer que ha parido "cine inteligente", cuando se queda básicamente en la pose... por no mencionar, como bien indicas, temáticas forzadas (tú aludes a la de la homosexualidad, que coincido que está metida con calzador. Yo la veo y subo a la de la bulimia, que me pareció simplemente esperpéntica) y tópicazos uno detrás de otro. Habrá quien considere esto como una "obra maestra" (de hecho, muchos críticos lo dicen).Yo ando ya hasta los mismísimos de que a cualquier chorrada pretenciosa le pongan esta etiqueta. Es un cliché sobre el cliché.