lunes, 19 de agosto de 2013

Tebeos en Vena- Garras, cadenas y metralletas, o ¡Qué malos fueron los noventa!



En esto que se pone a hablar uno con un colega sobre cómics y me viene a contar de qué va la movida esta que ha sacado DC sobre Injustice: Gods Among Us. Grosso modo, me viene a decir lo siguiente: un día está Superman comiéndose un bocata cuando se entera de que Doomsday (mastuerzo por definición) está en Metrópolis. Allá que va nuestro amigo pues para lo de siempre, para decirle que se vaya para su puta casa, que ahí no pinta nada, que eso se va a convertir en un berenjenal de hostias y no es plan. Como cabe esperar en estas movidas, se lía la pajarraca y Superman acaba mandando a Doomsday al otro barrio... para, ¡Oh, sorpresa, amiguitos! Descubrir que todo ha sido una treta del Joker; aquí el amigo Kal-El NO ha matado a Doomsday, sino a Lois Lane, la cual, dicho sea de paso, estaba embarazada. Ya sabéis, una de estas mierdas ultradramáticas, pseudoépicas, maléfico-oníricas y, si uno usa la lógica, con menos sentido que un guión escrito por Pajares y Esteso.
Que no queda aquí la cosa, amigos. Superman se vuelve, a raíz de esto, CHUNGO. Se va a buscar al Joker, que ha sido detenido por Batman. Nuestro colega de la capa roja se va para el murciélago y le dice: "Te apartas, que lo voy a matar". Bats como que todavía tiene dos dedos de frente y le dice que oye, que eso de matar no está bien, que te iguala a los villanos, bla bla bla. Palizón de muerte al hombre murciélago y hala, matar al Joker a hostia limpia.
Y esto encima te lo tienes que creer. Como hemos estado hablando mi amigo y yo, Superman (al igual que muchos otros) más que un personaje es un icono. Un símbolo. Es decir, que detrás de tal o cual aventura, hay una idiosincrasia y unas premisas que, si bien van evolucionando con el tiempo, más o menos se mantienen constantes con la idea de preservar una identidad. No es que ahora nos vayamos a rasgar las vestiduras diciendo que Superman no debe matar a nadie, nunca jamás y bajo ningún concepto (eso sería pasarse de friki). Es más la idea de que ahora se cambie toda una actitud o un enfoque para convertirlo en el opuesto más radical y, para variar, con poco o ningún sentido.

"Y ahora soy un puto psicópata, ¡TEMBLAD!"

Este tipo de cosas, sin embargo, no son nuevas. Lo de coger cualquier personaje (y cuando digo cualquiera, creedme: es cualquiera, venga a cuento o no) y convertirlo en un chungo es lo que vino a suceder, en líneas bastante generales, en los años noventa. No me malinterpretéis, en los noventa hubo obras realmente memorables, como el caso de toda la línea Vertigo, surgida a partir de la increíble La Cosa del Pantano o, más entrando en la década, The Sandman. Sin embargo, por cada joya que salió en aquella época, hubo que tragarse un sinfín de despropósitos y de lanzamientos al barro de franquicias que llevaban ya una buena temporada dando sus frutos.
Todo viene, como siempre, por la pasta: en esa época teníamos el auge más despiadado del mundo yuppie y da la impresión de que esto se acabó reflejando en el mundo del cómic: los índices de venta siempre habían sido una especie de brújula a la que encaminar las líneas argumentales de las colecciones (no es nuevo y negarlo sería una idiotez); la diferencia es que a partir de aquí la cosa se vuelve extrema. Se llega al punto de que los editores tienen tanto poder que se pasan todo el santo día presionando a los guionistas para que todas las historias encajen según lo que ellos piensan "dictan" los índices de ventas. Dicho de otro modo, la libertad creativa queda por completo coartada en aras del comercialismo más salvaje. Si ahora se llevan los personajes duros, de dientes apretados, con metralletas MUY grandes y matando enemigos, pues se ponen por todas partes, da igual que seas una princesa amazona o que hayas heredado un anillo de poder. ¿Que la cosa no cuadra, porque no hay manera de cuadrarla? No pasa nada, señores. Se usa la técnica más original del mundo, que es cambiar la identidad del personaje. Se pone un chungo que adopte el manto del superhéroe de turno, más acorde "con los tiempos que corren".

Y artísticamente, cómo no: estilización extrema, cara de mala leche, pelorros sacados de Gandía Shore y armas que hasta la fecha no habían hecho ni puta falta.

La cosa es que por cojones hay que innovar, aunque la innovación no tenga ni pies ni cabeza. Hay que ser revolucionario, señores: por eso a un tío como Batman le plantamos un animal de dos por dos y le parte la espalda. A tomar por culo Bruce Wayne y echamos mano de un soplagaitas esquizoide con complejo de mesías que se ponga el traje (porque se ve que no había nadie más chalado para llevar el manto del murciélago) y que, ya puestos, empiece a tunearlo hasta parecer cualquier cosa menos un Batman. Y sí, un Batman más chungo, que le raja su símbolo a los enemigos en el pecho para que se acuerden de él y mete unos hostiazos que mandan a la uvi al más pintao por cualquier chorrada.
Porque hay que ser chungo.

Para mí esto se parece más a un Transformer que a Batman, pero bueno...

Y aquí no queda la cosa, amigos. No basta ya con mearse en la personalidad o el espíritu de un personaje o colección afianzadas durante años... Tenemos que recordar que los noventa es la época de la especulación brutal del cómic, donde se sacaban portadas alternativas del mismo número con la intención de "fomentar" el coleccionismo más absurdo. Esto, lo que en realidad conllevó fue la estafa padre: el público se obsesionó con eso de pillar la portada alternativa no sé cuál que dibujó no sé quién, gastándose en un mismo cómic el triple (comic "normal" más los otros dos o tres con su portada alternativa). ¿Qué pasó entonces con esto? El cómic, con cada una de sus portadas, se vendió tanto que su valor cayó en picado. A los seis meses de haberse publicado, esas publicaciones estaban tan vistas y repetidas que se convirtieron en saldos casi en el momento en que pisaron el kiosco.
Y los que ganaron fueron, cómo no, los de las editoriales, que se forraron con la jugada.
También fue la época de los "crossovers por cojones". Para aquellos iniciados, un crossover no es más que una aventura que, en lugar de aparecer en una única colección, aparece en varias. Esto ya se venía dando en los ochenta, con crossovers tan memorables (o al menos populares) como Crisis en Tierras Infinitas en DC y Secret Wars en Marvel. Como se ve que la cosa vendía y tal, aquí los editores se pusieron las botas y decidieron explotar la fórmula a lo bestia: cada año era un crossover, tuviera o no sentido. El objetivo, preparar algún evento macroburro en el que un montón de superhéroes hicieran... bueno, hicieran algo. Si bien tenemos que DC sacó cosas tan absurdas como Millenium o Armageddon 2001, Marvel tampoco se queda atrás y nos mete de lleno en una franquicia mutante que, desde más o menos 1991, ya estaba disgregándose de una manera, como poco, farragosa.

Millenium, o bien: "Planteamos la amenaza de una raza mecánica alienígena que llevaba ya un tiempo rulando por el Universo DC, los infiltramos en la vida de los superhéroes y de paso metemos un rollo filosófico-existencial-numerológico al tiempo que a los Guardianes de Oa los ponemos a follar con unas macizas espaciales".


Entrando en el caso concreto de Uncanny X-Men, tenemos un buen ejemplo de lo que viene ser coger unas premisas iniciales y mandarlas a tomar por culo sin piedad. Desde finales de los setenta hasta el mencionado año, tenemos que las riendas de la colección las había llevado un señor británico con barba que atendía al nombre de Chris Claremont. Diecisiete años que se pegó el fulano escribiendo la colección, sin demasiados problemas (salvando un pequeño encontronazo con sus editores acerca del final de la Saga Fénix Oscura); por aquel entonces, la editora de la línea mutante era Louise Simonson, señora con la que al parecer se entendía bien y confiaba en el criterio del guionista.
Al llegar a 1991, vemos que las cosas van cambiando. Por esta época entra un fulano conocido como Jim Lee, famoso por sus lápices llenos de rayas y sus tías ultramacizas de piernas interminables y tetas esféricas. Este tío era, por decirlo de un modo suave, "el niño bonito" de Marvel, y como Uncanny se estaba vendiendo de lo lindo, pues hala, para allá que lo mandaron. Ahora el estilo artístico es como más "agresivo", más de chulazos y pericas. Más armaduras fashion y más cambios en estética que te hacen pensar que, más que un cómic de superhéroes en un entorno contemporáneo, te estás chupando un especial de Galáctica. Sin desmerecer a la serie, ojo. Lo que digo es que pasarte de un entorno actual a un futurismo extremo, sin orden de transición, no pega ni con cola.

No olvidemos tampoco el detalle de que no importa que seas mutante. Que tengas superpoderes. Las cosas se resuelven a tiros. Y cuanto más grande la tengas (la pistola, claro), mejor.

Aquí no queda la cosa, porque Louise Simonson termina su trabajo como editora de la línea mutante y meten a un pavo llamado Bob Harras, que viene a coger y pasar por completo de Claremont. Ni se molesta en escuchar lo que este, como guionista consagrado de la colección, tenía que decir, y se dedica a echar por tierra cualquier proyecto que tuviera, para que todo se ajuste a esa "nueva visión" de Marvel.
A partir de este momento, vemos que la colección se disgrega a lo bestia: si bien hasta entonces lo que teníamos era la cabecera principal (Uncanny X-Men) y una serie secundaria (The New Mutants), la cosa se desmadra y nos encontramos ya con X-Factor, recién creada y reformada por completo de arriba abajo, Wolverine en plan spin-off desatado para explotar (aun más) al personaje de Lobezno y una segunda cabecera titulada simplemente X-Men. No incluyo aquí Excalibur por parecerme una serie (al menos durante la mayor parte del tiempo) que se salía bastante de la franquicia mutante en sí y tendía más a ir por su cuenta.
Se duplica, por tanto, el número de colecciones de la línea mutante y se empieza a reformar todo de arriba abajo sin orden ni concierto. En el caso concreto de The New Mutants, vemos como la premisa principal de la serie (más que superhéroes, estudiantes adolescentes, con un rollo de aventuras bastante buenrollista y con una filosofía que se alejaba del título principal para dar variedad y colorido a la línea) se va por el desagüe: los personajes menos agresivos son retirados de la colección, bien asesinados, bien echándolos por las buenas, y se empieza a añadir a otros más embrutecidos. Lo que eran estudiantes se convierten en un grupo de guerrilleros con todas las letras y las historias, otrora divertidas e incluso cándidas (que de todo tiene que haber), se convierten en otro bocata de hostias sin orden ni concierto.

En el caso de Wolverine, tenemos que la "Logansploitation" parte de buenas premisas (es decir, ahondar en un personaje del que poco se sabía en realidad) para convertirse en una cabecera irregular, plagada de situaciones absurdas, giros incomprensibles y, cómo no, garrazos a punta pala. Me viene a la cabeza el caso concreto de la etapa de Larry Hama y Marc Silvestri que, si bien tiene momentos tan memorables como Lobezno ahondando en sus recuerdos para descubrir (sin mucha sorpresa para el lector, todo hay que decirlo) que la mitad de ellos son implantados por los cabrones que le metieron el adamantium bajo el pellejo, tiene partes tan absurdas como encontrarte a Dientes de Sable irrumpiendo cual elefante en cacharrería y gritando al pobre Logan "Soy tu padre" para, acto seguido, intentar matarlo.
Muy lógico todo.

Algo tan original como esto, pero carente del dramatismo o del sentido del giro argumental, sino sonando más bien a chapuza, del tipo:
"Oye, tenemos que buscar algo que sorprenda al lector"
"¿Qué tal si soltamos la bomba de que Dientes de Sable es el padre de Lobezno?"
"No hay cojones"
"¿Que no hay cojones?"

Cuando llegamos a la división de los grupos Azul y Dorado de la Patrulla, nos encontramos el desbarajuste padre, con historias de villanos que se vuelven medio buenos, antiguos secundarios que ahora parecen Robocop (véase Fuego Solar) o apariciones estelares de personajes como el Motorista Fantasma (otro que también sufriría el chunguismo noventero de mala manera) que huelen a colada con calzador a kilómetros. Esto, quieras tú que no, acabaría por hacer que el bueno de Claremont acabase abandonando la colección y cediendo el mando a Jim Lee (que se había hecho, casualmente, culo y mierda con Harras) que guionizaría durante un tiempo. Luego, entrarían Fabián Nicieza y, durante más tiempo, Scott Lobdell. Ninguno de estos con los cojones de sacar adelante y metiéndonos en más berenjenales y crossovers absurdos gracias a las decisiones editoriales de un puñado de tíos que solo se fijaban en las ventas y se meaban en el resto.

Véase el caso de La Canción del Verdugo, el ultra-sonado crossover de la franquicia mutante. Resumismos, así rapidito, para que veáis de qué va esto:
Hecho: Cíclope tiene un hijo con Madelyne Pryor (a la postre, clon de Jean Grey, la cual por cierto palma en Inferno)
Hecho: el hijo, conocido como Nathan Christopher Summers (Christopher por el padre de Cíclope y Nathan, nombre que éste detesta, porque a Madelyne se le puso en el coño, mayormente) es infectado por un virus tecnoorgánico. Cosas que pasan.
Habidos hechos 1 y 2, Cíclope se ve obligado a enviar a su hijo al futuro.
Hecho: en el futuro, gobierna el malvado Apocalipsis, convirtiendo la tierra en su rollito-beibi personal, con gente jodida y eso. Nathan crece hasta convertirse en un endurecido soldado rebelde.
Hecho: Por algún motivo que no pillé, Nathan viaja al pasado y se une a grupos paramilitares chungos bajo el nombre de Cable. En un momento dado, da con los Nuevos Mutantes y los convierte en paramilitares chungos como él. Los llama X-Force.
Hecho: en el futuro, hay un clon de Nathan creado por Apocalipsis, que también viaja al pasado. Forma un ejército terrorista. Porque algo tiene uno que hacer con su vida.
Habidos hechos 3, 4 y 5, el clon de Cable, conocido como Dyscordia, monta un maléfico plan consistente en:
1) Atentar contra la vida de Xavier haciéndose pasar por Nathan.
2) Intentar matar a Apocalipsis
3) Hacerle la puñeta a Mr. Siniestro
4) Crear un virus megachungo que mata mutantes, creado por el propio Siniestro.
Ante el plan, los grupos mutantes de la Patrulla-X y X-Factor se unen para enfrentarse al mamón este: se enfrentan a X-Force buscando a Cable, se encuentran con un Apocalipsis que se ha levantado de la siesta y Mr. Siniestro anda por ahí dando vueltas. Todo acaba con un enfrentamiento en la Zona Azul de la Luna, donde tanto Cable como Dyscordia desaparecen en un bucle espacio-temporal.
Si no habéis entendido nada, tranquilos: es mucho peor llegar a la misma conclusión tras dieciséis números.


Eso sí, al fan desatado estas cosas lo ponían verraco: tías buenas de ojos entornados y dientes apretados, para los chicos melenas sacadas de un concierto de Los Chichos y, cómo no, cazadoras. Cazadoras de cuero por todas partes. Lo ves en esta colección y en casi cualquiera. El Caballero Negro de los Vengadores con cazadora, oiga.
Porque se ve que la cota de mallas no era suficiente.

Esta moda se traspasaría también a DC y veríamos las mismas pintas de macarrillas de poca monta en The New Teen Titans, donde encontraríamos lo mismo que sucedería en The New Mutants (parece que las coincidencias fueron más que en los nombres) y lo que venía siendo un supergrupo de adolescentes que iban a rebufo de otros superhéroes más grandes (en este caso, Batman y compañía) se convertiría en un despropósito de magnitudes épicas, con sagas tan jodidamente absurdas como La Cacería de los Titanes, cambios de alineación para meter tíos superchungos (como Pantha) o directamente ridículos (como Phantasm). Se transforma a personajes con un carisma que te meabas por las patas abajo, como le sucede a Raven, ahora de blanco y la estética de los demás se transforma en la macarrada padre (véase el caso de Changeling/Beast Boy con melenas canis).
Otros personajes ven "reformado" su origen para adecuarse a un universo post-Crisis en Tierras Infinitas (lo que no es malo, porque le pasó a muchos) para resultar que la nueva historia no es que sea diferente... es que es una puta chapuza argumental de cagarse, como le sucedería a Wonder Girl. Si bien antes de la Crisis había sido criada por la Wonder Woman de la Edad de Plata, durante este evento ésta última sería barrida por completo de la continuidad. Dicho de otro modo, la Wonder Woman que surgiera a raíz de la Crisis sería creada desde el origen y no habría conocido nunca a Wonder Girl. Era necesario reescribir su historia. Y si bien la necesidad es la madre de la invención, aquí lo que tenemos es una historia con peluches alienígenas (no es coña) que tendría colofón, no solo el cambio en la historia del personaje, sino una nueva identidad. Esto implicaría corte de pelo, rollo armaduresco hortera, una falda que ni una stripper se pondría y un nuevo nombre: Troia.

Creo que ninguno de estos genios hablaba italiano. Si no, se habrían pensado dos veces el nombrecito...

La cosa es un suma y sigue por todas partes. Nos encontramos excepciones, claro está, como sería la genial JLI de principios de los noventa, que aportaría un elemento de frescura y saber hacer, con un grupo prácticamente autoparódico y situaciones hilarantes. Incluso la división en las dos ramas de esta nueva Liga de la Justicia, la americana y la europea, mantiene la premisa y se opone a todo este desbarajuste durante una temporada... o es así hasta ya entrando en 1993, cuando se marchan Giffen y DeMatteis y entran guionistas como Dan Jurgens. Aquí la Liga empieza a decaer, llegando a cruzarse con patochadas tan enormes como La Muerte de Superman (donde aparecería el ya citado Doomsday, famoso por matar a Superman DE UNA HOSTIA EN LA BOCA) y donde el elemento cómico brilla por su ausencia. Algunos de sus personajes insignias acabarían muriendo (como el caso de Hielo) y otros harían como que desaparecieran (que es lo que le sucedería al estandarte de la Liga, el Detective Marciano). Algo más alucinante es lo que le pasaría a Guy Gardner, el Green Lantern macarrilla, que acabaría por convertirse en Warrior: se le intentaría renovar su origen, poniéndole un rollito alienígena y demás mierdas, para terminar siendo otro mastuerzo más.

Guy Gardner, pinta clásica con el uniforme de Green Lantern.
Guy Gardner como Warrior.
Sin comentarios.

Y es que esta sería la época del nacimiento del sello Image, los grandes señores de la especulación del mundo del cómic y en gran parte (pero no en su totalidad) responsable de la inmensa cantidad de mierda que nos tuvimos que tragar durante esos años. Me explico: Image fue creada por algunos artistas que, hasta la pirula ya de los abusos que las grandes editoriales estaban cometiendo con ellos, decidieron crear un sello independiente que plantase cara a las dos grandes. Así, encontraríamos que algunos "talentos" de la época, de los que flipaban a la chiquillería, tales como Todd McFarlane (que lo petó con su Spiderman) o Rob Liefeld (que sería el ir-responsable gráfico del cambio de The New Mutants a X-Force) se unieron para crear series sin ninguna presión editorial.
Hasta aquí, suena todo chuli.
La guarrada surge poco después, cuando vemos que aquí los "genios" son otros especuladores más. Iguales o peores que aquellos a los que puteaban: McFarlane, por ejemplo (creador de Spawn y de toda una línea de juguetes chulos) se acabaría metiendo en un pleito con Neil Gaiman por los derechos de Angela, no sin antes todo un repertorio de amenazas chulescas del tipo "Te voy a hundir, desgraciao".
Alguna mierda semejante le harían también a un Alan Moore que en su día había jurado y perjurado que no volvería a trabajar con DC. No es de extrañar que aquí El Pelos, cuando entrase a guionizar WildC.A.T.S se pillase otro de sus mundialmente famosos rebotes cuando viera que Image eran otros gañanes de cuidado.

"Me cago en vuestra puta madre. Cabrones".


Casi diez años tendrían que pasar en DC y en Image para que lo que es este tipo de chapuzas empezaran a paliarse un poco. No me refiero a las chapuzas de los editores hacia los artistas, ojalá. Viendo la reciente carta que escribió el gran Paul Jenkins cuando terminó de trabajar para DC queda claro que el mamoneo sigue vigente y no tiene mucha pinta de cambiar. Me refería más bien al hecho de que al menos las tendencias cambiarían ya entrando en principios de los 90 y algunos editores parecerían haber rebajado su dosis de drogas duras a la hora de presionar a los autores. Saldrían así títulos como la JLA de Grant Morrison (no especialmente mi encarnación favorita, pero objetivamente no tengo nada que decir al respecto) o la JSA de Geoff Johns. Sería la época en que Batman se quedaría en una Gotham arrasada por un terremoto (quizás no la mayor genialidad jamás escrita para el hombre murciélago, pero algo sí bastante decente, pese a la enorme extensión de la saga) o el regreso de la Liga de la Justicia de Giffen y DeMatteis con un par de especiales (Anteriormente conocidos como la Liga de la Justicia y ¡No me puedo creer que sean la Liga de la Justicia!) que nos devolverían la risa.
A estas colecciones tenemos que sumar la supervivencia de algunas otras que aguantaron el tirón durante los noventa, como el caso de Starman, El Espectro u Hourman. Dos obras maestras (al menos, lo son dos de estas tres, que he leído y que he podido comprobar por mí mismo) que se integrarían en el universo de la JSA, dando una sensción de cierta linealidad.
En Marvel tendríamos la aparición de la línea Ultimate, que vendría a redefinir el origen del Universo Marvel, desde un punto de vista actualizado. Proyectos tan atractivos como serían 1602 (suponiendo, de paso, el regreso de Gaiman al cómic superheroico) o la New X-Men de Grant Morrison, serie cuyas premisas nunca me han llegado a entusiasmar, pero de la cual soy consciente que las críticas del público son bastante favorecedoras (también tengo que decir que, para aquel entonces, yo ya me había desconectado por completo de la franquicia mutante porque cada cómic que leía me parecía más alucinante que el anterior... y no uso este término precisamente como algo positivo). Kick-Ass, en la línea Icon de Marvel, que se convertiría en uno de los fenómenos más recientes.
No es que todo el monte sea orégano, por supuesto, ya que todavía tendríamos que encontrarnos cosas como House of M, donde se echa mano del trillado recurso de "Redefinimos el mundo y al final de la saga no hay secuelas, porque todo ha sido un sueño" (no exactamente así, pero en esencia no del todo distinto) o Infinity Crisis en DC, que catalogaría como una saga de calidad "discutible" ... pero digamos que la cosa empezaba a remontar.

Es muy importante destacar también la labor de Dark Horse, editorial que hasta la fecha se había caracterizado por distribuir cómics de la franquicia Star Wars y poco más. Con el tiempo, estos tíos se ponen las pilas y empiezan a editar material que, en poco tiempo, se convertiría en una muestra de calidad: como ejemplos, tenemos Sin City de Frank Miller (obra que nunca me ha llamado especialmente la atención, pero a la que reconozco un meritazo de tres pares de cojones a la hora de fusionar el concepto noir con los elementos más propios del cómic), la absoluta genialidad que es Hellboy, dirigida por Mike Mignola y los spin-offs que han ido surgiendo, BPRD (AIDP en nuestro país), Lobster Johnson o Abe Sapien, esta última de creación más reciente. Por último también, la aparición de The Goon, una comedia pulp digna de Troma que, a lo tonto a lo tonto, se ha chupado ya un premio Eisner.
Y, por supuesto, la línea Vertigo que, hasta la fecha (literalmente, porque cualquier día de estos cierran en el plan que está la cosa) nos ha brindado joyazas como Fábulas o Y, El Último Hombre, sin mencionar Predicador, Los Invisibles y otras tantas.
Image, por su parte, cambiaría su política y nos sacaría joyazas tan grandes como The Authority o se saldría de la línea superheroica del todo con colecciones tan aclamadas como The Walking Dead (otra que, lejos de parecerme una genialidad, al menos no me resulta tan insoportable como muchas otras colecciones que he mencionado en este artículo)

Hellboy. Y el que no diga OLE, que se le seque la hierbabuena.

Pero claro, supongo que como en todo, esto se menea por ciclos. Habían sido casi diez años en los que el cómic había gozado de un buen momento. No me atrevo a decir que hubiese más libertad creativa que en los noventa (me remito de nuevo a la famosa carta de Paul Jenkins, la cual reproduzco en un enlace a la página de Zona Negativa: http://www.zonanegativa.com/?p=66063 ), pero, con estos datos que he ido soltando, me veo con el argumento necesario para decir que al menos el resultado sí ha sido bastante mejor. Sin embargo, conforme nos hemos ido adentrando en la década de 2010, lo que hemos ido encontrando ha sido una enorme cantidad de refritos, vueltas y revueltas que, más que en algo complejo, se convierten en un despliegue de complicaciones. Cambiar la idiosincrasia de los personajes de la noche a la mañana. Villanos que se convierten en héroes e incluso se zumban a otros héroes (como el caso de Emma Frost, malosa por definición y que ahora se cepilla a Cíclope de X-Men; todo apunta a que esto se ha hecho para que Lobezno por fin le pueda meter el cipote a Jean Grey y el fan medio compre más tebeos. Sí, sucedió en la década de 2000, pero es un poco la clase de cosas que han venido a convertirse en constantes en los años siguientes y en ambas editoriales de las gordas). Héroes que se vuelven tan chungos que parecen villanos. El Universo DC vuelve a sufrir otro reinicio, poniendo patas arriba todo lo que ya se había visto y creando, una vez más, una nueva continuidad que poco o nada que ver tiene con lo ya visto (nuevo, pero no necesariamente mejor). Vuelve Jim Lee a meter la zarpa (esta vez al mando del equipo editorial, aparte de como dibujante) en todo lo que le sale de sus pelotas. Vuelven aquellos artistas chapuzas que tantas colecciones hicieron que dejásemos de comprar: Scott Lobdell le mete mano a Capucha Roja y los Forajidos; Rob Liefeld, causante de tantos despropósitos pictóricos y catalogado como, probablemente, uno de los dibujantes más sobrevalorados de todos los tiempos, reaparece para encargarse de Halcón y Paloma. Como mencioné al principio del post, Superman se convierte en un asesino psicópata que se pasa el día de mala baba. Power Girl y la Cazadora van a parar a otro universo y la primera pierde su escote y parte de su pechonalidad (premisas físicas del personaje que, en suma a su carácter decidido y feminista -sin llegar al hembrismo desatado y gilipollesco de turno- y sus dotes para el liderazgo, le conferían un carisma único), convirtiéndose en una anodina superheroina más. Personajes como Poison Ivy abandonan su estética habitual para calzarse un pijama de lycra negro con ramas pintadas que parece sacado de las pesadillas de un diseñador de atuendos de aerobic.
Que no es que sea feo en sí. Es que esta tía vestía con plantas, que para eso era una obsesa de la vida vegetal.
Y la pregunta es: ¿Por qué cojones tiene que vestir de negro? ¿Puede alguien explicarlo?


James Robinson o Geoff Johns, hasta la fecha guionistas con una reputación intachable, parecen obligados a bailar al son del "genio" de origen coreano y, desde el reinicio del universo DC hasta la fecha, todavía no he escuchado a nadie que me diga que no han perdido un ápice de su saber hacer. Todo lo contrario, lo único que oigo por todas partes es que no parecen ellos desde que Lee está al mando.
Por lo que respecta a Marvel, tengo que decir que ando muy desconectado de lo que están haciendo en última hornada; he oído bastante buenas críticas, pero cosas del estilo a lo que he venido viendo por encima, como crear unos Nuevos Vengadores formados por Spiderman y Lobezno son la clase de cosas que de entrada me suenan a crear alineaciones más con motivos ultracomerciales que otra cosa (mi concepto de Spiderman, basándome en los casi treinta años de colección que tengo por ahí, es que era un solitario y que no funcionaba bien en grupos... lo que viene siendo el apoyo argumental de que Stan Lee nunca lo quiso formando equipo oficial con nadie; en el caso de Lobezno, siempre se ha dicho que lo han metido en todas las portadas habidas y por haber porque el fanboy de turno, portada que vea con su jeta, portada que se compre, por gorda que sea la mierda que hay dentro). De Bendis, responsable de macropepinazos como Civil War (esta es de 2005-2006), he oído tanto maravillas como pestes en lata, con lo que me genera de escasa a poca confianza. Ya no por cuestiones de gustos, sino por algunas ideas que me han contado que ha llevado a cabo y me han dejado más bien tibio.

Que oye, si queríais ventas, probad con esto, que lo petáis.


En definitiva, un panorama que, a cada mes que pasa y que vamos viendo, resulta cada vez menos halagüeño para aquellos que seguimos una serie por sus premisas. Insisto en que la evolución es buena y necesaria, pero no nos pasemos: no toda evolución es buena por ser evolución; las cosas pueden empeorar o tomar un rumbo que, más que tomarse como un cambio, acaba resultando ser una transformación ridícula e injustificada de cosas que no era necesario tocar. Parece que, conforme va pasando el tiempo, van llegando más y más autores y editores que piensan que son revolucionarios por echar abajo los cimientos de una idea que, hasta la fecha, ha venido funcionando. Que da la impresión de que piensan que el objetivo para subir las ventas es dejar con la boca abierta al lector soltando burradas que no tienen ni pies ni cabeza. Que eso es lo único que se busca.
Parece que, según estos, la solución para ser rompedores es volver a los noventa. A la época de las garras, cadenas y metrelletas. La de los dientes apretados. La de los personajes chulapos sacados de Los Vigilantes de la Playa. La de las macrosagas con viajes temporales y paradojas más gordas que la picha de Nacho Vidal. La de la violencia por el morro, con líneas argumentales pasadas de rosca, tintas cargadas y elementos oscurantoides, pero por completo carentes de fondo.
Evolucionar para irte a una época pasada y, no contento con ello, en vez de tomar lo mejor de esa época (que, insisto, hubo cosas muy muy buenas que incluso superaban a muchas de la década anterior), quedarse con lo superficial. Lo chapucero. La morralla especulativa.

Más de veinte años han pasado ya desde la creación de Image. Desde este desfile de despropósitos y chorradas, que a veces dan la impresión de insultar al público. Diez desde que la cosa remontase y nos encontrásemos con un panorama no solo decente, sino que redimía con creces la cantidad de mierda pura y sin adulterar que nos tragamos en su momento (y de la cual me he limitado a mencionar lo que he visto más o menos de cerca; hay cosas con las que directamente ni me atreví). Diez años en los que editores y autores podían haber aprendido que más no significa mejor. Que innovar no significa necesariamente perfeccionar. Y que si una cosa funciona, ¿para qué coño tocarla?



2 comentarios:

KaTya dijo...

Cualquiera diría que estas enfadado con el mundo. La verdad es que yo nunca he sido fan de comic, al menos no de tener las colecciones (a excepción de Dragon Ball y Sailor Moon como manga japonés y Mortadelo y Filemon de hornada más nuestra). Admito ser fan muy mucho de personajes como Superman y Batman, algo menos de Spiderman y los Xmen, pero mi vision de ellos se resume al cine y las series de tv. No obstante todos los cambios que nos narras se reflejan tb cuando dan vida a los personajes en la pantalla grande. Donde se pongan las pelis originales de Superman que se quite lo demas.
Y a todo esto ¿no somos ya muy viejos para seguir jugando con comics? No me respondas, que ya me imagino la respuesta.

Rumbo a la Distopía dijo...

Jajajaajajajajajaajajaj!

Bueno, como siempre, tengo que decir que NOOOOOOOOOO, que no estoy enfadado con el mundo. Lo que pasa es que soy mucho de usar el espíritu crítico... y eso siempre da lugar a interpretaciones algo distorsionadas. Si te digo que me estaba descojonando mientras escribía esto, te lo creerías? :P

Lo de los cambios que mencionas no está necesariamente relacionado con las adaptaciones al cine: X-Men fue adaptada a principios de 2000, cuando ya se habían hecho barrabasadas una detrás de otra con la colección. Lo mismo un poco con las demás pelis que surgirían después.

En cuanto a la edad... No somos muy mayorcitos para leer terror, por poner un ejemplo? Es básicamente lo mismo: estas cosas no tienen edad, aunque muchos lo crean ;)