sábado, 4 de mayo de 2013

Mesa de Autopsias- Posesión Infernal: Trilogía + Remake



Hace unos doscientos millones de años, conocí en el colegio al típico chaval. No ese que se pasaba el día tocando las narices al resto (de esos había de sobra) o el que se sabía de pe a pa la alineación de la Sociedad de Justicia de América, sin confundirla con la Liga de la Justica o con cualquier otro (para eso ya estaba un servidor). Me refiero más bien al clásico chaval que muchos hemos conocido, que con escasos diez u once años, se ha visto toda peli de terror que pulula por el videoclub. Hasta la más mala que ha parido madre.
Fue este chaval en cuestión el que me habló (sería 1989 o 1990, como poco) de "La película más terrorífica que había visto en su vida". Según él, ni siquiera era legal y, cuando ibas al videoclub a preguntar por ella, tenías que tener cuidado de que no hubiera un poli cerca.
Hoy en día me imagino la escena, con un comisario advirtiendo a los maderos que patrullasen por delante de un videoclub que estuviesen pendientes de los títulos por los que preguntaba la gente y me descojono; pero en su día uno era más impresionable... o al menos, menos cínico y confiaba en que la gente estuviese menos tarada de lo que realmente estaba.
Ese fue mi primer contacto con Posesión Infernal.

No sería hasta muchos años después, cuando caerían en mi poder las cintas (sí, de VHS) de la saga: ya me habían hablado de que existía una tal Terroríficamente Muertos (esto me lo debió comentar una amiga de mi tía, cuando tendría yo... no sé, doce o trece años ya, pero nunca me llegó a comentar que tenía que ver con Posesión Infernal. No era una experta, así que es posible que ni hubiera visto la primera, o bien que directamente ni lo supiera). Y allá por 1993, coincidiendo con el estreno de El Ejército de las Tinieblas (tercera entrega de la saga), me compré un Fantastic Magazine donde ya contaban toda la movida. Esto explica un poco por qué vi las pelis en desorden: no siempre fueron fáciles de encontrar (hablamos en la época del VHS, donde las pelis antiguas raramente aparecían en los estantes de los establecimientos), e iban llegando a mis manos de forma desordenada.

No ha sido hasta que han sacado el remake cuando me ha dado por verlas todas seguidas y de corrillo. Las había visionado todas varias veces, pero nunca me había dado por ver la serie entera. Hasta ahora.
Vamos a ir analizando un poco lo que es esta trilogía, y cómo ha sido eso de ver el remake.

Chiste sobre la versión original que, lamentablemente, se perdió en el remake.


Posesión Infernal: Corrían los primeros ochenta, la época de los slashers a lo Viernes 13, con su psicópata haciendo de las suyas mientras perseguía chorbas con cintas en el pelo, cuyos pechos (sin sujetador) rebotaban bajo un jersey de algodón en el campo a las tres de la mañana. No mucho antes, ya habíamos visto pelis tan cafres para la época como La Matanza de Texas, donde más colgados (esta vez, motosierra en mano) volvían a amargarle las vacaciones a un grupo de chavales.
Sam Raimi nos plantea, de base, algo muy similar: en Posesión Infernal tenemos un puñado de amiguetes que se van a una casa de campo a echar un fin de semana. Nada más empezar, vemos que la cosa no pinta del todo bien: primero, un amago de accidente en la carretera y un banco de esos cogidos por cadenas en el porche, que está golpeando la pared de la casa hasta en el momento en que uno de los chicos abre la puerta y, mágicamente, se detiene.
Una vez en el interior, vemos que llamar "casa" a semejante chabola es el eufemismo del siglo, pero los chicos se conforman con lo que hay. Una breve exploración por el sótano les muestra algunos enseres de lo más curiosos, como una escopeta, un magnetófono y un libro de aspecto bastante desagradable. Movidos por la curiosidad, deciden llevarse el libro arriba y reproducen la grabación. En esta, descubrimos que el libro no es sino el Necronomicón (con el mismo nombre que usaba el amigo Lovecraft en su universo cósmico-terrorífico, solo que aquí hecho de piel humana y escrito con sangre... y una curiosa carita en la portada) y que la voz, en un despliegue de ignorancia supina, al leer en voz alta un pasaje, ha despertado algo en el bosque. A partir de ahí, cosas más extrañas aún empiezan a suceder: una presencia flotante empieza a rondar la casa y a angustiar a algunos de los que se encuentran allí dentro. La primera en caer sufre un ataque de claustrofobia y echa a correr en dirección al bosque.
Decir que es atacada en ese bosque es impreciso; es mejor decir que es atacada por el bosque, literalmente. Incapaz de hablar tras un episodio tan traumático, es llevada de vuelta a la casa, donde, tras descubrir que el camino de vuelta está bloqueado, tiene lugar la primera posesión.
El exorcismo, según la grabación, es claro: el único modo de liberar a las víctimas del ataque demoníaco es descuartizarlas. Ni falta hace explicar la que se acaba armando allí dentro.



Terroríficamente Muertos retoma un poco la premisa original, pero añadiendo un caso de clara retrocontinuidad: vuelve a contarnos el principio de la historia, con el coche llegando a la casa... pero esta vez no es el grupo de amigos al completo, sino Ash (superviviente de la primera entrega), junto con su novia, Linda. Explicando un poco el palabro que acabo de soltar, se "reinicia" la historia, pero eliminando de la continuidad de la saga ciertos elementos. De esta manera, gran parte de la Posesión Infernal queda resumida en la primera hora de la película (el final, por ejemplo, se mantiene, rodado de nuevo con algo más de presupuesto) y enlazando con la segunda parte. Ash, que parecía morir al final de la primera parte, consigue liberarse de la posesión justo para ver cómo la familia del investigador que había grabado la cinta en el magnetófono aparece para ver qué ha pasado en la casa. El mal se activa de nuevo y volvemos a la carga, con escenas tan alucinantes como la presencia poseyendo (solo) la mano de Ash y haciendo que éste se vea obligado a amputársela a golpe de motosierra, o bien un ciervo de pared que también es poseído y se descojona de lo lindo al ver el percal.



Llegamos así a El Ejército de las Tinieblas, que sí enlaza con la parte anterior (o lo hace más o menos, ya que la continuidad no es del todo estricta), con Ash trasladado al pasado en una especie de desgarro espacio-temporal a causa de un hechizo del Necronomicón. Esto encaja con detalles que se fueron mencionando en Terroríficamente Muertos, lo que hace pensar que hubo una intención de ir preparando una secuela, aunque hubiese bastantes años de distancia entre una y otra (casi seis años las separan).
Esta tercera parte abandona por completo la atmósfera de terror y nos sumerge por completo en una historia de aventuras, más cercana al cine fantástico que a lo que habíamos visto hasta ahora. Ash, como hombre del futuro, se autoerige líder de un puñado de caballeros que se encuentran asediados por una horda de demonios que rondan la zona. Según la leyenda, el hombre "caído del cielo", tendrá que encontrar el Necronomicón en un cementerio cercano, pronunciar las palabras mágicas y liberar al mundo de semejante maldición. Pero claro, no todo es tan sencillo como parece...

Arriba, El Ejército de las Tinieblas. Abajo, Jasón y los Argonautas.



Estos son, a grandes rasgos, los argumentos de la trilogía original. ¿Qué aportan de novedoso estas películas? Bueno, como suele decirse, no hay nada nuevo bajo el sol, y cualquier peli de terror de bajo presupuesto puede considerarse con esa mezcla entre terror-comedia que caracteriza a la trilogía. Quizás es más el concepto de que, en muchos aspectos, la propia historia no se toma en serio a sí misma, creando situaciones que, pese a parecer terroríficas, son realmente divertidas. Hablamos de fenómenos sobrenaturales que rozan el absurdo (por ejemplo, las escenas delante del espejo que aparecen en las tres entregas). Escenas supuestamente desagradables que, al ver la situación (más la precariedad del presupuesto), lo que hacen es arrancarte una carcajada (véase el ojo que sale a presión de la cabeza de una posesa en la segunda parte, yendo a parar a la boca de una de las pobres que pasaban por la casa). Situaciones tan absurdas como ser perseguido por un cuerpo sin cabeza, mientras esta chilla histéricamente en una mesa de carpintero, o bien esa mano amputada que corretea por la casa y te hace una peineta mientras intentas volarla a tiros. Si hablamos ya de la tercera parte, tenemos que el giro hacia la comedia ya es buscado con total intención, sin tapujos. Ash pasa de ser el superviviente de un slasher a convertirse en un (anti)héroe que, al no acordarse de la última de las palabras mágicas que tiene que pronunciar, suelta una tos forzada para disimular, con todo lo que ello conlleva.

Un señor poseso. En esta serie suele haber unos cuantos.


En el apartado visual, tenemos interesantes escenas, como la cámara flotante, que se ha convertido en el buque insignia de la serie: el mal es una presencia incorpórea que amenaza a los pobres que se acerquen al bosque. No ves lo que te ataca, pero sabes que te ataca... y además se mueve tan deprisa que no hay escapatoria posible.
Los efectos visuales, por su parte, no destacan por su gran presupuesto: casi todo está generado a base de maquillaje y efectos en stop-motion, ambos bastante precarios, lo que hace que a uno le cueste creerse lo que está viendo, o al menos de tomárselo como algo terrorífico. Esto, por supuesto, ayuda mucho al concepto de horror-comedia que parece que Sam Raimi quiso expresar en su momento... y si no fue eso lo que quiso, es en lo que se ha convertido con el paso de los años, sin que esto desmerezca la historia (muchas sagas de terror han pretendido ser serias y se han ridiculizado a sí mismas con secuelas supuestamente cómicas, llenas de chascarrillos de segunda y con situaciones que no tienen ni pies ni cabeza. Raimi al menos lo hace con gracia). En El Ejército de las Tinieblas, por ejemplo, vemos auténticos gags que recuerdan a los dibujos animados más clásicos (por ejemplo, en la escena de Ash frente al Necronomicon), lo que demuestra un poco lo que vengo a decir.
El escenario de las dos primeras entregas es sencillo, limitándose a los interiores de la cabaña y al bosque, que parece tener alma por sí solo. No es que sea un bosque especialmente frondoso, pero la ambientación que produce genera una sensación de aislamiento que funciona.

La tercera entrega, por su parte, supone ya una entrada en los años noventa: los efectos especiales no es que supongan un cambio en la técnica (todavía no estamos en la era de los efectos digitales, gracias a los dioses), pero sí se ve que hay un aumento de presupuesto. El maquillaje supera con creces el de las dos películas anteriores, mostrando por ejemplo un villano con la cara quemada que está mejor conseguido que cualquier cosa vista antes en toda la serie. El stop-motion permanece, haciendo que el Ejército de esqueletos nos recuerde a películas de la era Harryhausen, como Jasón y los Argonautas, lo que me hace pensar en un posible guiño-homenaje a este genial animador.
Aquí la ambientación cambia, volviéndose menos claustrofóbica, con un castillo medieval y bastantes exteriores que se contraponen a lo ya visto en la saga. Cabe mencionar también la aparición de un molino de viento que recuerda poderosamente al de la versión original de Frankenstein.

En definitiva, se puede decir que no estamos ante la típica saga de terror, sino que tenemos una serie de películas llenas de frescura, cargadas con un enfoque diferente, casi desenfadado. Del terror de bajo presupuesto al cine de aventuras, manteniendo una línea más o menos definida y sin que dé la impresión de que la esencia original se ha perdido o diluido. Esto quizás es lo que hace que los que hayamos visto la serie de Posesión Infernal en su día reconozcamos un cierto encanto en detrimento de la "destreza para sobrecoger" o para desagradar al espectador. Esta serie, por supuesto, no es ni El Exorcista o El Resplandor... pero presenta unas dosis de entretenimiento puro y duro que rara vez se ven en el cine de terror en condiciones (en el cine malo ya ni entro).



Pasamos entonces al remake.
En primer lugar tengo que decir que a mí el concepto de remake me da totalmente por el culo: soy de pensar que si una historia es buena, entretenida o tiene elementos de frescura, no hace ni puta falta hacer una nueva versión en la que lo único que destaquen sean los elementos visuales, los efectos digitales de poca monta (sí, de esos que no te los crees porque te falta verlos pixelados para terminar de reírte ante lo cutre del digital) y, para colmo, mearse en el espíritu de la versión original, contándote alguna gilipollez políticamente correcta.
Esta era un poco la idea que llevaba en el melón cuando me dijeron que iban a sacar un remake de Posesión Infernal. Ya no es que hablemos de prejuicios, es que cuando ves que prácticamente TODO lo que han sacado en ese plan es MIERDA (salvando, quizás, el remake de Pesadilla en Elm Street, que sí vi superior a una versión original que nunca me gustó), tiendes a pensar "Pues hala, otra más".
Eso hasta que me dijeron que Sam Raimi se había metido en la producción de esta versión. Ahí fue cuando le dí el beneficio de la duda, y lo que dio el pistoletazo de salida para que me diese la curiosidad por verla.

La Posesión Infernal de 2013 parte, grosso modo, de las premisas de la versión original. Los cinco primeros minutos te dejan un poco tibio porque añaden una especie de "mini-precuela", donde te cuentan un poco la movida antes de que la película arranque: todo lo que viene siendo el final del Libro de los Muertos (en esta versión no lo llaman Necronomicon, supongo que para que no parezca un calco, aunque yo lo eché de menos) justo antes de que empiece lo que hemos venido a ver. El libro tiene un aspecto bastante más realista que el que ya habíamos visto previamente, manteniéndose el detalle de la piel humana, pero eliminando la cara de la cubierta y usando la sangre solo para hacer algunas anotaciones del tipo "No sigas leyendo, que te vas a enterar). El resto se muestra como grabados a tinta de los de toda la vida.
Esta versión retoma la primera de las tres partes originales, y nos devuelve a la continuidad al grupo de amigos. Eso sí, hay cambios sustanciales, ya que en esta versión tenemos un motivo diferente por el cual ponen rumbo a la cabaña: una de ellos es una toxicómana que va allí a desintoxicarse. Necesita un entorno aislado y, ¿qué mejor que una casucha perdida de la mano de Dios?
Como novedad, contamos también con la presencia de un perrazo, que no aparecía en ninguna de las entregas de la versión anterior.

Arriba, la casa en la trilogía original. Abajo, en la versión de 2013.




El concepto de la toxicómana en desintoxicación nos abre todo un concepto que aporta solidez a la trama: a diferencia de como sucediese en las entregas originales, aquí los personajes cuentan con un trasfondo relativamente dramático. Incluso las relaciones entre ellos son tirando a complejas: son amigos, sí, pero tienen algunos reproches que hacerse entre ellos, lo que hace que el trato entre sí sea a veces tenso, a veces forzado por la situación. Es decir, que para no mandar a la mierda años de amistad, a menudo se tragan lo que tienen que decirse y hacen de tripas corazón por llevarse bien.
La presencia de la casa también está justificada. A diferencia de como sucediese en la versión de 1981, donde daba la impresión de que era una casa rural (o más bien una casa abandonada que el grupo de amigos había okupado), esta casa sí parece una vieja conocida del grupo. Todo viene explicado, pues, cuando estos entran y descubren que, al parecer, alguien ha estado allí últimamente.
El ritmo, por su parte, es algo más pausado que en la versión original, donde vemos que están sucediendo cosas raras prácticamente desde el principio (mencioné antes lo del banco, y añado por ejemplo la escena en que una de las protagonistas estaba haciendo un dibujo de un reloj de pared y en su mente aparece la imagen del Necronomicón. Estas escenas, en la primera Posesión Infernal, tienen lugar en el primer cuarto de hora de película). Aunque tenemos la escena de "precuela" del inicio, lo que es la trama principal con el grupo de amigos se toma su tiempo antes de entrar en las escenas sobrenaturales.
Conforme va avanzando la película, vamos viendo que una gran parte de los elementos de la primera entrega de la saga original se van manteniendo, o bien aparecen con sutiles variantes: el colgante que Ash regalaba a Linda en la primera película aquí es un amuleto que la toxicómana recibe de su hermano. Esta, por ejemplo, aparece dibujando, tal y como sucedía en la original; el coche de Ash de Terroríficamente Muertos aparece aquí abandonado. Incluso la baraja de cartas que abría la escena de la primera posesa aparece en esta entrega de una forma muy sutil. Todo esto nos hace pensar que se ha buscado respetar en todo momento la primera Posesión Infernal. Hay escenas que, por ejemplo, han sido introducidas casi tomando como base las originales, tales como el principio de la escena de la ducha (ese plano de espaldas, acercándose a la cortina) o la primera bajada al sótano. Los guiños al resto de películas de la saga son sutiles o prácticamente inexistentes, manteniéndose quizás el de la automutilación con la motosierra, que aquí aparece reformada tanto de forma instrumental como en lo tocante al personaje que se la practica. No por ello la escena queda empobrecida, diluida o no respetada.
Lo que vienen siendo los puntales básicos, tales como la cámara flotante, la atmósfera opresiva y las posesiones en plan sorpresa se mantienen, de forma que no cabe duda de que estamos viendo Posesión Infernal y no cualquier idiotez a la que han puesto el mismo nombre para llenar taquilla. Para nota extra, el cartel de la peli original aparece reformado en una de las páginas de el Libro de los Muertos.

Detalles como la ropa del protagonista se han respetado también. Arriba, la camisa de Ash en la versión original. Abajo, la que lleva el protagonista del remake. El diseño no es exactamente el mismo, pero sí es lo bastante parecido (han pasado más de treinta años, es normal que la moda cambie un poco) como para poder reconocerlo.



Hay, cómo no, algunos cambios que la distancian: se pierde el elemento de comedia y el argumento se decanta más por la línea de terror puro y duro. A esto ayuda un maquillaje y unos efectos especiales tomados muy muy en serio, prescindiendo casi en todo momento del apoyo digital (gracias) y haciendo lo que podría decirse "Lo que se pudo hacer en su día y no se hizo por falta de presupuesto". Los posesos recuerdan más a la niña de El Exorcista que a los monstruos de rostro mutable de la versión original. Hay escenas originales que han sufrido diversos cambios, como por ejemplo la del bosque: personalmente eché en falta el elemento nocturno, que daba un carácter más claustrofóbico y siniestro a la escena, pero quedó ampliamente compensado por unas ramas que se movían con tanta naturalidad para atrapar a su víctima que en ningún momento dan la impresión de ser una chapuza visual.
Al ser esta una película más enfocada en el terror, encontramos que la violencia no solo es más explícita que en la serie original; también lo es en relación a muchas películas de terror de hoy en día. Las mutilaciones aparecen en primer plano, con escenas tan brutales como una lengua cortada por la mitad con un cúter o una motosierra que (por fin) se ve con claridad lo que puede hacer. Ni en la primera Posesión Infernal, ni en Terroríficamente Muertos y, ya puestos, ni siquiera en La Matanza de Texas (ni en la original ni en su versión moderna) se mostraba algo así con tanta crudeza. Esto puede hacer que muchos espectadores de estómago sensible mejor prefieran verla en un momento que no hayan acabado de comer.
Es curioso que en esta versión, un apartado tan terrorífico como era la grabación en el magnetófono (sobria y narrada con una frialdad espeluznante, mientras el investigador te cuenta que le ha dado matarile a su señora), aquí no aparezca y la invocación se haga simplemente leyendo en voz alta por accidente. Tan solo tenemos constancia de ella en los créditos finales, donde sí se escucha la voz en off.
La fotografía, por su parte, está mucho más cuidada, mostrándose más sucia aunque algo menos oscura: se echan en falta más escenas nocturnas, centrándose más en las escenas del sótano, donde ahí sí hay unas cuantas masas de negro.

Quizás el apartado más flojo de la película aparece en el último tramo de película, donde el final de la original (fresco y curioso, como mínimo, si uno está acostumbrado a ver pelis de horror de este tipo o slashers) cambia para convertirse en un final bastante más convencional (aparte de por lo de la violencia explícita, claro) en cuanto a fondo. Aquí las cosas sí nos recuerdan más a cualquier peli (nueva o antigua) que a estar viendo una nueva versión de lo que estamos viendo, pero no por ello quiere decir que el final sea una mierda. Sencillamente es algo más predecible (de paso, menos creíble,si cabe) y más parecido a mil cosas que lo que habría cabido esperar, nada más.
Un segundo elemento negativo (o al menos, que la separa mucho de la original) es el hecho de que, hasta bien avanzada la película, los protagonistas ni siquiera se plantean una causa sobrenatural al respecto. En la primera Posesión Infernal había pocas dudas al respecto, ya que la primera posesa amenaza de muerte a todo el grupo mientras levitaba. Aquí la cosa resulta algo más sutil.

Tenemos detalles también como este: en Terroríficamente Muertos, cuando Ash intentaba escapar, el puente de acceso a la zona de la casa aparecía destruido por algo que no podía ser humano. En esta versión, como puede verse, se ha optado por una inundación. Esto hace que el elemento sobrenatural siga presente (porque es mucha casualidad para ser algo natural), pero sin pasarse.
Una mente medio racional puede atribuir esto a cualquier otra cosa, antes que plantearse un ataque demoníaco.

El tercer elemento negativo es el tema de las mutilaciones: vale que estamos viendo una peli de ficción y podemos asumir que un señor no se desmaye cuando se corta un miembro (es tener muchos huevos, pero venga, aceptamos barco). Quizás lo más flagrante es el hecho de que aquí el personal se rebana un brazo o lo que sea y NO sangra. No se hace ni un puto torniquete. Que si te cortan el brazo lo normal es que deba salir un chorrazo de sangre de tres pares. No es algo que arregles poniéndote el muñón bajo el sobaco.

En cuanto a los actores, pues bueno... para mí Bruce Campbell no era precisamente un gran actor, pero sí tenía un carisma especial, lo que le convirtió en uno de los iconos de la serie. En esta versión no hay nadie a ese nivel de carisma... pero la chica que hace de toxicómana, a nivel interpretativo, para mí lo supera ampliamente: tiene varias escenas en que la interpretación que hace, por medio de gestos y miradas y apoyada tan solo con unas cuantas palabras (véase la primera noche en que está pasando el mono, por ejemplo) ya la hacen digna de respeto. Cuando está poseída, ese respeto no hace sino aumentar.

Bruce Campbell.
Carisma por encima de interpretación.



Valoración personal:
En resumidas cuentas, este remake lo que hace es mantener las premisas principales del original, salvando el humor, y potenciando el enfoque terrorífico que ya había en el original. Los elementos que se ve que han podido mejorar se han incorporado. El ejemplo más claro, en el argumento a la hora de añadir un trasfondo a los personajes, aportando un elemento empático con ellos. El apartado visual también ha sido mejorado, gracias a un presupuesto bastante más apañado, prescindiendo de chorradas digitales y haciendo una película "a la antigua", pero con los medios que hay en 2013.


El maquillaje en la primera Posesión Infernal era lo que era. Precario, a causa del bajo presupuesto y (posiblemente) debido al concepto horror-coña que quisieron darle a la historia. En el remake, como vemos abajo, la cosa está mucho más lograda: hay más dinero invertido en la película y el apartado visual se ha enfocado para que muestre escenas de terror.


Con todo esto tengo que decir que, para variar, la versión dirigida por Fede Álvarez ha estado a la altura de la original. No es mejor ni peor, sino que son dos puntos de vista distintos entre sí, lo que permite un visionado independiente. De lo que carece la una, lo complementa la otra y viceversa.
Pese a ello, tengo que decir que esto no es más que una raya en el agua.
Porque si la industria se dedica a refreírnos una y otra vez pelis clásicas, al final lo que tenemos es una falta de originalidad de tres pares de cojones. Tenemos el reino de la fotocopia barata y del CGI más barato todavía. De los actores chapuceros y de las tramas de medio pelo.
Posesión Infernal debería ser el remake que dejase claro que un remake no es algo que pueda hacer cualquier idiota, sino que es algo que debería hacerse una vez cada cuarenta mil años y SIEMPRE sabiendo que, como poco, vas a hacer algo tan digno como el original. Para otra cosa no te metas.

2 comentarios:

Lucía Arca dijo...

Buenísima reseña. Coincido en todo, salvo en lo predecible del final del Evil Dead 2013. Hubo un giro que me pareció muy interesante. Poníamos al chico como protagonista, para descubrir que en verdad ese papel pertenecía a la hermana...

Rumbo a la Distopía dijo...

Hola, Lucía! Sí, a ver, explico eso: es sorprendente con respecto a la original, pero se acerca más a lo típico de cualquier otra peli de miedo :)