No sé si es que estoy desencantado o es que estoy a un paso de convertirme en un sociópata, pero si no lo digo reviento.
Estoy hasta los huevos de la sociedad de este país. Podría decir que de la sociedad en general, pero como he salido poco y este es el país que conozco, me parece que ya sabéis a quién le va a llover la manta de hostias.
Estoy francamente harto de vivir rodeado de hipócritas a los que se les llena la boca con sus posturas cool, políticamente correctas, pero que en el fondo, son más conservadores y están más anclados en el pasado que su puta madre.
No dejo de ver cómo cada día, el personal se rasga las vestiduras con el gobierno de mierda que tenemos. Y no es para menos, oiga, viendo el nivel de desfachatez y el descaro con el que nos penetran el recto a cipotazo limpio hasta dejárnoslo como una puta vía de metro. Y hasta ahí, bien.
Lo que me inflama las gónadas es el hecho de que este gobierno de mierda ha sido elegido por mayoría absoluta, y es aquí donde empieza el chiste. Este es un gobierno al que la gente ha puesto en el poder sin que éste hubiese presentado un programa CLARO; en lugar de eso, lo que nos contaron fue una milonga de tres pares de pollas: una puta varita mágica con la que iban a sacarnos de la crisis en DOS PUTOS AÑOS, sin decirnos cómo. Y millones de tontos del culo se lo creyeron.
O bien, lo que pasó es que lo que había era ganas de echar al gobierno que había, en plan cabreo de niños pequeños, que eso sí que tiene más sentido... y que dice tela de nuestra madurez política.
Y es que ahora parece que no sabíamos nada. Pobrecitos de nosotros, que no nos esperábamos que estos cabrones nos fueran a hacer más recortes que Eduardo Manostijeras. Nos llega un caso de corrupción y ya nos echamos las manos a la cabeza... pero lo más fuerte no es eso.
Lo más fuerte es que a un partido elegido por MAYORÍA ABSOLUTA, ahora da la puta casualidad de que no lo ha votado NADIE.
Y esto me lo tengo yo que creer. Como cuando me tenía que creer en los ochenta que al partido gobernante por aquel entonces tampoco lo votaba NADIE. Tócate las pelotas, amigo, que se pegan unos fulanos veintitantos años en el poder, elecciones tras elecciones, y NADIE los ha elegido. NADIE se acuerda de lo malos malísimos que eran también los anteriores y de las ganas que teníamos que se fuesen ya a tomar por culo (y a los que votaremos como corderitos en las próximas elecciones, como si lo viera). Qué puta casualidad.
Os presento a NADIE. Él tiene la culpa de todo lo que nos pasa.
Pero, política aparte, es que somos así con todo: somos el país de decir una cosa, y de actuar de otra. Si tú coges y empiezas a hacer encuestas a la gente, da la puñetera casualidad de que en este país tenemos un nivel cultural que ríete tú de Finlandia. NADIE ve el Sálvame aunque sea líder de audiencia, pero todo Dios ve los documentales de la 2, el Saber y Ganar, Redes y otras joyas culturales. Las bibliotecas peladas, pero oiga, España es un país lleno de gente CULTA.
Podemos seguir preguntando. Resulta que España no es un país machista, ni mucho menos: somos la quintaesencia de la igualdad, aunque aquí las mujeres sigan en inferioridad social en cuanto a derechos. Eso es obvio, pero NO PASA NADA, amigos, porque para solucionarlo tenemos ideas tan terriblemente cojonudas como la discriminación positiva. ¿Qué coño es esto?, podría decir un lego en la materia. Pues os doy mi punto de vista para explicarlo: la discriminación positiva implica ser consciente de una situación de desigualdad social que se ha venido perpetuando a lo largo de X tiempo. En el caso de la desigualdad entre hombres y mujeres, podemos decir que esto se viene dando desde que la sociedad existe. Ponedle 5000 años, añito arriba, añito abajo.
La discriminación positiva considera que, habida cuenta de todo ese tiempo de discriminación, "compensar la balanza", pero en lugar de luchar por la igualdad REAL (es decir, paridad de derechos entre hombres y mujeres en TODOS sus aspectos), coge y compensa por exceso: dicho de otra manera, da más derechos a mujeres que a hombres, para que la cosa quede equilibrada en plan media matemática. Es como si yo cojo y digo, "venga, las mujeres han tenido menos derechos laborales que los hombres en los últimos cien años, no pasa nada; ahora le doy más derechos a las mujeres que los hombres y dentro de cien años, que alguien calcule la media matemática y esto es como si no hubiera sucedido jamás".
Y si no estamos de acuerdo con semejante medida absurda (para mí es absurda en tanto en cuanto no se busca la igualdad REAL, sino que parece más bien una especie de ajuste de cuentas o una simple vendetta histórica) resulta que somos unos machistas, unos retrógrados y vete a saber cuántas más gilipolleces.
En mi tierra, el concepto de Justicia es que los dos platillos estén a la misma altura y santas pascuas. Cualquier otra cosa que me vendan, con el adorno que usen para revestirlo, me suena a patochada.
Lo que es justo,es justo.
Y lo que no lo es, no lo es.
Con el tema de los homosexuales pasa tres cuartos de lo mismo: tú preguntas por ahí y resulta que la mayor parte del personal es supertolerante hacia el colectivo homosexual, que si tal, que si cual, que si respetan y demás polladas.
El chiste es que, si tenéis amigos homosexuales, ellos te pueden dar una versión completamente distinta: gente que te puede contar que se han llevado insultos de todo tipo por un hecho tan simple como ir de la mano de su pareja por la calle. Y oiga, no necesariamente por parte de gente mayor, o ese colectivo de rancios con camisa y corbata que tenemos como paradigma de la homofobia, ni mucho menos: hablamos de gente joven, chavales del barrio que se supone que se han criado en un ambiente social de igualdad de derechos, de tolerancia y respeto.
Con el tema del racismo ni entro. Es tres cuartos de lo mismo.
Con el tema del racismo ni entro. Es tres cuartos de lo mismo.
Pero nada, se nos llena la boca con chorradas. Nos ponemos muy bien puestos y, si tenemos que escuchar a la opinión pública, somos la élite del mundo. Los elegidos de Dios. Eso sí, al mismo tiempo lo hacemos todo mal: nada que venga de España merece la pena, porque somos la raza inferior. Eso sí, te plantan un anuncio donde te venden la TECNOLOGÍA ALEMANA y te corres de gusto. No te pones a pensar que los alemanes a la hora de crear tecnología ponen la pasta y poco más: que los proyectos que se llevan a cabo en tierras teutonas son, en parte planificados por mentes chinas o por mentes españolas. Nah, que somos unos mierdas, oiga y punto. Vamos a meneárnosla con el último Bemeúve que han sacado esos tíos, que saben hacerlo todo bien.
Porque eso sí, para lloriquear como nenazas y mirar para otro lado cuando tenemos oportunidad de hacer las cosas, somos los primeros: al españolito de a pie lo único que le interesa son sus derechos. Tenemos derechos a cagarnos en los muertos de un señor al que no conocemos, pero vota a un partido diferente al nuestro, o que es de otro equipo. Él no tiene derecho a tener una ideología, la que sea... pero nosotros sí que lo tenemos a ponerlo a caer de un burro porque no piensa igual que nosotros.
Somos la clase de país que es capaz de sabotear su propia industria cultural llenándose la boca con pretextos como la lucha por la cultura gratis. Caiga quien caiga. Da igual que estemos jodiendo a un autor autoeditado, nos sacamos nuestras consignas de la manga, nos ponemos las orejitas que se ponen los burros, no vemos más allá y al final, nuestro objetivo es el de siempre: conseguir lo que queremos. Y sí, esto lo hace todo bicho viviente en el planeta. La principal diferencia, quizás, es el hecho de que en otros planetas la gente es ligeramente más honesta y no se ponen a enarbolar ni banderitas ni ideologías que justifiquen las soplapolleces que están cometiendo.
Porque me tengo que descojonar cuando nos reímos de otros países, diciendo que si son unos bárbaros, que si pobrecitos por ser tan salvajes como son, que si esto, que si lo otro. Nos parece una burrada que haya países que tienen en sus códigos penales cosas tan brutales como la pena de muerte o la lapidación, pero nos parece de lo más normal que, cuando pillan a un asesino confeso, escuchemos "Pues yo a ese le pegaba dos tiros". O bien que se carguen a una señora a puñaladas delante de sus hijos y resulte que sus vecinos habían estado meses escuchando palizas continuas y nadie hubiese hecho una mierda porque "Las parejas tienen que solucionar sus problemas en casa". Escuchamos cosas como "Mi marido me pega, pero solo lo normal", lo que implica hasta qué punto muchos de nosotros tenemos aceptada una realidad tan grave, y luego resulta que miramos con condescendencia a otras culturas.
Según más de uno, cuando la violencia no está institucionalizada, es menos violencia.
O es menos violencia si la sociedad no la respalda de modo oficial.
Llamadme raro, pero para mí la violencia es la violencia. La coloquemos en el lado de la justicia que la coloquemos, haya un caso al año, haya cien, o haya dos mil.
Con un solo caso que haya, ya no somos mejores, porque esto no es un puto marcador en que se mida a ver quién es más guai por dar menos hostias.
Somos auténticos expertos en reírnos de la incultura de aquellos que provienen de los Estados Unidos, de su pérdida total del norte, de su censura o de su hipocresía. En España se han censurado películas de terror (que no dejan de ser FICTICIAS) y se ha llegado a plantear llevar a los tribunales a la cúpula de un festival de cine fantástico por permitir la emisión de una película (insisto, FICTICIA) con imágenes demasiado turbadoras para nuestra impresionable sociedad. Sin embargo, vemos un tiroteo en Israel en las noticias mientras nos estamos zampando un puchero y nos parece normal. Nos cuentan con todo lujo de detalles una violación masiva en la India y nos escandalizamos, pero lo vemos a la hora de comer. Porque nos parece que está dentro de lo previsto. Luego sale una teta en la tele y ponemos el grito en el cielo. Porque es sucio, perverso. Porque atenta contra la inocencia de nuestros hijos. Sí, esos hijos a los que sobreprotegemos decidiendo para qué están preparados y para qué no (como si no tuvieran capacidad de decidir, como si fueran idiotas), pero a los que abandonamos delante de la caja tonta horas y horas. Para que se traguen cualquier basura, porque estamos muy cansados de currar, porque nos resultan molestos. Pero hemos tenido derecho a parirlos y traerlos al mundo.
Partiendo de esta doble moral, todo lo que medio suene a algo inmoral nos suena a aberración y tenemos que atacarla hasta que la opresora Policía nos impida seguir con nuestro sentido de la justicia, guiado por ese oxímoron que es la "Sabiduría Popular". A una concejala, como ya defendí en su día, la pillan sobándose el chumino en un vídeo y setenta gilipollas que no tienen nada mejor que hacer con sus miserables vidas van a increparla como si fuera una criminal, cuando no ha cometido delito alguno. Cuando no se ha demostrado que esté corrupta. Simplemente ha ejercido su libre sexualidad.
Si no hubiera leyes, la habríamos quemado por adúltera.
Nos hemos convertido en el país del juicio paralelo, que dicta sentencia antes que los tribunales ("Porque total, la justicia es lenta y no sirve para nada", dicen). De disparar y luego preguntar. La única diferencia con los Estados Unidos es que aquí es más difícil conseguir un arma. Si no, así os lo digo: nos íbamos a cagar.
Partiendo de esta doble moral, todo lo que medio suene a algo inmoral nos suena a aberración y tenemos que atacarla hasta que la opresora Policía nos impida seguir con nuestro sentido de la justicia, guiado por ese oxímoron que es la "Sabiduría Popular". A una concejala, como ya defendí en su día, la pillan sobándose el chumino en un vídeo y setenta gilipollas que no tienen nada mejor que hacer con sus miserables vidas van a increparla como si fuera una criminal, cuando no ha cometido delito alguno. Cuando no se ha demostrado que esté corrupta. Simplemente ha ejercido su libre sexualidad.
Si no hubiera leyes, la habríamos quemado por adúltera.
Nos hemos convertido en el país del juicio paralelo, que dicta sentencia antes que los tribunales ("Porque total, la justicia es lenta y no sirve para nada", dicen). De disparar y luego preguntar. La única diferencia con los Estados Unidos es que aquí es más difícil conseguir un arma. Si no, así os lo digo: nos íbamos a cagar.
Lo que todavía no sé es cómo coño no nos ha dado por ir cogiendo antorchas para quemar a los disidentes en plena calle.
Estamos hoy en día lloriqueando por nuestra pérdida de derechos (sí, arrebatados injustamente tras años para conseguirlos), pero no pensamos que durante mucho tiempo se han estado instalando cámaras, donde el ciudadano ha estado sacrificando su derecho a no ser vigilado en una vía pública. Todo en aras "de la seguridad". Todos hemos sido controlados y monitorizados, como ovejas en un rebaño o presos en un penal, pero nos ha parecido fenomenal porque nos hemos sentido más seguros. Todo está bajo mayor control, pese a que ahora los de arriba pueden saber a dónde vamos los lunes por la tarde, aunque no tengamos por qué dar explicaciones de ello.
Y nos ha parecido fenomenal.
En el peor de los casos, lo hemos aceptado prácticamente sin reservas.
Cualquier día nos las instalan en casa de modo oficial (porque ya hay empresas de seguridad privada que lo hacen) con el pretexto de salvaguardar la seguridad doméstica y oye, las recibiremos con los brazos abiertos.
Hablamos de las cadenas, pero a veces creo que nos las ponemos nosotros solitos.
Lo más gracioso es que, fíjate tú cómo somos, que estos temas ya los he mencionado en otros posts... y cuando se han compartido, he tenido que encontrarme comentarios tan curiosos como lo vomitivo que es comparar lo que se hace aquí con algo tan terrible como es una lapidación o una ejecución. Esto demuestra, si os fijáis, hasta qué punto estamos ciegos. Hasta qué punto somos hipócritas y cínicos, que somos capaces de ver la paja en el ojo ajeno pero jamás la viga en los propios. Porque todos los demás son peores porque matan más, porque son más salvajes o más sangrientos. Como en un puto partido de fútbol, parece que en el momento en que encontramos algo que es mucho más brutal que lo que hacemos aquí, ya está todo permitido. Ya somos guais, tolerantes y bienintencionados. No se puede comparar el maltrato que hay aquí con el que hay en Nigeria porque allí se mata más y las mujeres no tienen absolutamente ningún derecho.
Y nos ha parecido fenomenal.
En el peor de los casos, lo hemos aceptado prácticamente sin reservas.
Cualquier día nos las instalan en casa de modo oficial (porque ya hay empresas de seguridad privada que lo hacen) con el pretexto de salvaguardar la seguridad doméstica y oye, las recibiremos con los brazos abiertos.
Hablamos de las cadenas, pero a veces creo que nos las ponemos nosotros solitos.
"Ciudadano, se le ha olvidado a usted poner champiñones en la lista de la compra"
"Gracias, Gran Hermano. Qué haría yo sin tu Ojo Vigilante"
"A mandar, estamos para trabajar por ti".
Lo más gracioso es que, fíjate tú cómo somos, que estos temas ya los he mencionado en otros posts... y cuando se han compartido, he tenido que encontrarme comentarios tan curiosos como lo vomitivo que es comparar lo que se hace aquí con algo tan terrible como es una lapidación o una ejecución. Esto demuestra, si os fijáis, hasta qué punto estamos ciegos. Hasta qué punto somos hipócritas y cínicos, que somos capaces de ver la paja en el ojo ajeno pero jamás la viga en los propios. Porque todos los demás son peores porque matan más, porque son más salvajes o más sangrientos. Como en un puto partido de fútbol, parece que en el momento en que encontramos algo que es mucho más brutal que lo que hacemos aquí, ya está todo permitido. Ya somos guais, tolerantes y bienintencionados. No se puede comparar el maltrato que hay aquí con el que hay en Nigeria porque allí se mata más y las mujeres no tienen absolutamente ningún derecho.
Vale.
Entonces estamos diciendo que, como en otros países las cosas están peor, estamos en condiciones de presumir. De mirar para otro lado y de mirar con ese sentimiento de superioridad con el que tratamos a otras culturas. Es como si yo entro en un supermercado, la emprendo a tiros contra todo bicho viviente y, si me llaman asesino, me puedo ya justificar diciendo que en la otra punta del mundo muere más gente a diario.
Esto igual os parece extremo, pero pensad que esta actitud es la que hemos empleado mil veces para defraudar al país. Cuando nos hemos entrampado hasta las cejas y hemos evitado a nuestros acreedores con la habilidad de una puta anguila, cuando hemos pagado parte de nuestros pisos en negro, defraudando al resto del país, cuando hemos currado y cobrado el paro a la vez, nuestra excusa... ¿cuál ha sido?
Sí.
"Más me roban a mí los políticos".
Manos limpias, conciencia tranquila. Porque como hay uno que lo hace todavía peor que tú, ya estás libre de pecado.
Sí, amigos. Hasta poco antes de los recortes educativos, éramos la clase de país que tenía la mentalidad de que nuestro sistema educativo era mediocre. A nadie se le ocurría pensar que la educación empieza en casa y que muchos, muchísimos padres, son de la asombrosa mentalidad de "Yo no tengo tiempo para educar a mi hijo, que lo hagan en el colegio para que eso les pagamos". La mentalidad del cretino que se cree que el país le debe hasta la última puta cosa y que, en el momento en que traen un enano a este mundo de asco, parece que ya tienen derecho a que se lo hagan todo, y no es así: el sistema educativo FORMA, pero la educación, le guste a esos padres o no, tengan el tiempo que tengan, viene de casa. Un crío es educado o un energúmeno en base a los valores que sus padres tienen la responsabilidad de darle. Echarle la culpa al sistema educativo es la echada de balones fuera de turno. La solución fácil.
Lo mismo ha venido sucediendo con la sanidad, hasta que aquí los genios nos han pegado el leñazo en el lomo: hasta ahora, tú ibas a un centro de salud y te encontrabas un montón de gente que ocupaba las consultas básicamente por aburrimiento. Sí, cagaos en mi puta madre, pero fijo que os suena la típica escena de los señores que estaban lozanos y campantes en la sala de espera y que, al no tener nada mejor que hacer, se pedían una consulta para darle el coñazo al médico contándole su vida. Sin contar que eso retrasa todo el sistema de consultas, que bastante copado estaba ya.
Ya he mencionado alguna vez el caso del clásico fulano que va a ocupar los servicios de urgencia en los hospitales porque le duele la cabeza, para hacerse una ecografía si la criatura en cuestión es una chorba que no tomó precauciones la noche anterior y quiere saber si se ha quedado preñada o alguien que le escuece un cojón. Porque nos hemos creído con derecho a ocupar el sistema sanitario para lo que sea, porque pagamos impuestos.
Además que somos los pioneros en sacar de quicio el concepto de protesta: es decir, hay protestas perfectamente razonadas. Pero hay muchas otras, donde tal o cual colectivo minoritario se siente ofendido por cualquier gilipollez (véanse esos colectivos que dicen que la expresión "Verlo todo negro" posee connotaciones racistas y ya hay que empezar a buscar algún otro sinónimo que resulte más igualitario, tolerante y chachiguaish) y empiece a liarla parda causando una controversia que, en realidad, ni siquiera es relevante.
Derechos, para nosotros, todos. Responsabilidades, las pedimos siempre al que está arriba.
Y es que ando un poco harto ya. ¿Por qué? Porque conceptos como la honradez o la conciencia de estado son cosas que en España nos suenan a chino. Somos el país del "tonto el último", donde lo que prima es cubrir nuestras necesidades y el prójimo que se joda. Si yo quiero algo, lo quiero YA, y si eso supone retrasar a la administración, nos la soba. Si tenemos derecho al voto, lo que hacemos con él es convertir la política en un puto Madrid- Barça, obsesionarnos con esa idea de patio de colegio de "Los míos manque pierdan" o "Voy a votar a X para joder al gobierno, a ver si se van ya a la puta calle". A contra B, B contra A. Unos por otros y la puta casa sin barrer, porque estamos convirtiendo esto en un auténtico despropósito y nos lo pasamos por el forro de los huevos: puteamos al Barbas después de su primer año, pero tócate los cojones, que en Galicia ganan las autonómicas y por flamante mayoría absoluta. Nos cagamos en los muertos del Pepé, pero lo votamos masivamente más o menos por la misma época en que se destapaba la trama Gürtel; el señor Camps en la mira de media opinión pública, pero se presenta a unas elecciones... y las gana. Y oye, no es que dé un golpe de estado ni hostias en vinagre. El cabronazo las gana en las urnas.
¿Entonces qué pasa? Que veo manifestaciones, protestas e historias y oye... me parecen dignas de respeto. No voy a ser yo el que diga que la gente no tiene derecho a manifestarse, pero... lo que suelo es decir: "Vale, ¿ahora me venís con esto, pajaruelos? ¿Habéis tenido la oportunidad para salir de esta mierda... o al menos para no caer tan profundamente en este pozo en el que nos hemos metido, y que habéis hecho?"
Habéis mirado para otro lado, o bien os habéis convertido en las clásicas ovejitas. Pensar en cambiar las cosas en base a las herramientas democráticas que tenemos para hacerlo (el voto) no entra en nuestros esquemas. No somos tan progresistas como pretendemos, y cambiar nuestros conceptos preestablecidos es algo terriblemente superior a nosotros. No podemos cambiar nuestra mentalidad, o quizás es que no queremos, no lo sé.
Pero desde luego que me cuesta horrores, y cada día más, empatizar con esta sociedad.
Una sociedad en la que lo último que prima es la coherencia o el sentido común, en favor de la barbarie jamás puede ser algo que yo apoye. Barbarie, sí: cada día más oigo gente decir que lo que tendríamos que hacer es matar a los políticos, que si tal, que si cual... y yo me pongo a pensar: "Muy bonito, los matamos a todos, queda cojonudo así en plan épico, pero ¿luego qué?"
¿Qué hacemos luego?
¿Instauramos un país sin gobierno? ¿Dejamos que la ley del más fuerte impere?
¿Empezamos a pensar ya en ideas utópicas que nadie se ha planteado más que en sus pajas mentales más orgásmicas?
Y es que muchos se creen que luchar contra el sistema es solo luchar contra el sistema, pero sin plantearse cimentar un nuevo sistema desde su origen.
Ven utopías donde no las hay y se montan unos castillos en el aire que encima tenemos que compartir, aunque ni siquiera nos muestren en qué se basan para esas teorías. Aunque no aporten nada más que conjeturas, hipótesis y nada medianamente sólido.
Venga, vamos con movidas tan chuliguais como lo de "Pues abolimos la propiedad privada, mandamos a la mierda el ejército". Muy hippy todo, cuando nos invada algún hijoputa luego me cuentas.
"Esto con una república no pasaría". Pues claro. Yo puedo respetar que alguien tenga ideales republicanos (al fin y al cabo es un sistema político como lo es la democracia, la monarquía o cualquier otro), pero que me vendan un sistema como la puta utopía, donde los coches vuelan, nuestras pollas son más jugosas, las tetas crecen y la esperanza de vida se alarga cuarenta años, me vais a perdonar... pero no me lo creo. En un sistema republicano, viendo la mierda de sociedad de trogloditas en la que vivimos, no va a desaparecer la corrupción. Como mucho, desaparecería la que ya hay en la Casa Real, pero me juego lo que queráis a que surgen unos cuantos más de hijos de puta que, entre unos y otros, se llevarán lo que aquí el amigo Iñaki nos está estafando. No va a haber más consenso político del que hay ahora, porque en un sistema republicano (amigos ultraizquierdistas, enteraos de una puta vez) hay partidos de derechas y de izquierdas... y, viendo el plan, nos pasaríamos el resto de nuestra republicana existencia a hostias unos contra otros, tal y como ahora.
Es decir, si vais a abogar por una república, me parece digno y respetable. Pero por favor, no ofendáis la inteligencia del prójimo vendiéndola como la solución a todos y cada uno de los putos males que asolan nuestra triste existencia, porque no. No es la utopía, ni de lejos.
Ese es quizás el tema que más tristeza y desazón me causa: todo españolito de a pie se ha puesto ya la chapita de revolucionario, pero muy pocos (al menos de los que yo conozca) tiene mucha idea de lo que hacer tras la revolución. Todos esperan aplastar al sistema opresor que nos oprime, pero luego no he escuchado qué alternativas (sólidas) plantean. Todo es una especie de masa gris e idealista, donde todo "irá mejor". Pero, como buen escéptico, todavía espero que alguien me diga CÓMO y en detalle. Nada de ideas vagas, nada de simplezas del tipo "Pues todos seremos más libres". Eso es lo que se planteó en la Revolución Francesa, y NO. No es ningún ejemplo: cuando los franceses aplastaron a la malvada monarquía, lo que aconteció fue la época del Terror. Robespierre y otros hijos de puta se convirtieron en los putos amos y se dedicaron a pasar por la guillotina a disidentes y gente que no veía tan claro que aquello fuese una buena idea. Dicho de otro modo, fue cambiarle el collar al perro, pero el pueblo seguía poniendo el culo para que se lo taladrasen a pollazo limpio.
Y amigos, murió gente. Mucha gente inocente. Gente que, llegada la posteridad, son conocidas como "mártires por la causa" o gente "cuya sangre sirvió para los propósitos de la revolución".
Mis cojones, es gente que palmó convencida que estaba haciendo lo correcto mientras los que manejaban el cotarro se escondían como unas putas nenazas y dejaban que otros muriesen por ellos.
Llamadme cobarde o cómodo, o lo que os salga del culo, pero yo no pienso dejarme llevar por movidas de este tipo. Me gusta seguir pensando por mí mismo y cometer mis propios errores, muchas gracias. No tengo tantas ganas de cambiar el mundo junto a mis amiguitos para palmar por ahí mientras algún hipócrita de medio pelo se alza en el poder y se lleva la gloria de la sangre de la gente que ha usado como escudo humano.
Ahí, a lo Manowar: "Muerte al falso metal, aunque probablemente yo sea más de pega que cualquier otro".
No, no pienso participar en toda esta vorágine de "Únete contra X para salvarnos a todos", porque cada día tengo más dudas acerca de si nuestra sociedad, como conjunto, merece ser salvada. Si un puñado de zombis que siguen al primero que les viene con promesas que son como castillos en el aire (sin cuestionarse la viabilidad de esas promesas, sin plantearse siquiera si les están mintiendo, sin usar la puta cabeza para algo que no sea para abrir puertas o echar tabiques abajo) es la gente que merece la salvación. Esa gente que implora día sí y día también por sus derechos, pero que se ha pegado décadas meándose sobre sus responsabilidades. Esa gente que considera que lo que hay que hacer es aplastar la ideología del contrario porque es malo, en lugar de intentar entender su punto de vista y ponerse de acuerdo para llegar al bien común. Esa gente que considera que primero va lo suyo y luego, si acaso, el bien de la sociedad o del país. Gente que solo se preocupa por cubrir sus necesidades, satisfacer sus deseos y tener el caprichito de turno, pero que luego lloriquea diciendo que todo es una lástima. Gente que con mentar al dictador y decir que era un hijo de puta y que estamos volviendo a su época ya queda de lo más guai, aunque no la haya vivido ni por el forro.
Decidme ahora si una sociedad tan falsa, tan basada en la mentira, la adulación, la bipolaridad, la filosofía del "todo vale", las ideas extremas, los pretextos biensonantes, las posturas políticamente correctas (pero que no son más que una puta fachada) y la chupada de polla incondicional al tío al que ven que les puede dar algún beneficio merece salvación alguna.









3 comentarios:
¡Escupe, escupe, que no estás solo!
Tienes tanta razón que es deprimente.
Pues todavía tengo que editarlo, que me he dejado alguna cosa en el tintero...
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